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El Mito del Santuario


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580 respuestas a este tema

#241 Killcrom

Killcrom

    Paso a paso

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Publicado 25 febrero 2015 - 05:56

Buenos días, don Felipe. Aunque en la lista te tenía de los últimos, he decidido adelantar tu comentario porque siempre eres de los primeros en darme retroalimentación. Es mi pequeño agradecimiento. Digo pequeño porque debería comentarte cinco capítulos de seguido y solo estaré haciéndolo de uno.

 

Sin más dilación, voy a tu capítulo Seiya III.

 

Comenzaré por el argumento, mencionando el notorio cambio argumental que he visto justificas en el comentario previo a tu siguiente capítulo. Mientras conservas los encuentros entre santos de bronce, no los encajas en el contexto del absurdo "Galaxian Wars".

 

La forma en que traes el combate de Seiya contra Geki es todo lo pertinente que podía pedirse, considerando que se da en mitad del arco de Ikki y no antes. Combinar este combate, además, con Shiryu y Nachi, le da un toque de dinamismo y emoción.

 

Ahora bien, no todo es bueno. Aunque el combate es lo suficientemente dinámico como para generar tensión y sensación de que realmente está habiendo golpes, centrarse en 4 personajes en tan corto espacio juega en tu contra. Habría sido necesario ahondar un poco más en ambos combates. ¿Por qué digo esto? Bien, piensa en la primera parte, cuando Seiya lucha con esos fantasmas de Fénix. Es de suponer que ellos son más débiles que un santo de bronce y ponen en apuros a Seiya. ¿No te parece entonces que solucionas con demasiada facilidad el enfrentamiento contra Geki? Vale que has respetado lo que ocurre en el manga, pero con tu habilidad deberías haber redactado esta escena un poco más, aunque hubiese quedado largo el capítulo. La ocasión lo merecía.

 

Lo mismo puedo decir de Shiryu y Nachi. Podías haberte explayado. De todas formas, la escena está muy bien. Solo sé que te ha limitado el hecho de haber tenido antes una escena entre Miho y Seiya. Desde mi experiencia te digo que no te preocupes por la extensión. Simplemente, a cada escena lo que necesite.

 

Ahora, retrocediendo un poco, comentaré el principio del capítulo. Que Seika haya muerto me parece un cambio acertado después de leer tu justificación, por lo que no voy a comentarte más. Sí quiero mencionar, en cambio, que la escena entre nuestro burro alado y la señorita Miho me gustó. Quizá esté llevada más por la acción de los diálogos que por la descripción, lo cual no es malo en absoluto. Tan solo lo comento porque sabes que me gustan los pequeños detalles en abundancia exagerada.

 

Me gustaría hacerte una pregunta sobre Miho y Seiya. ¿Tienen ambos la misma edad? Creo recordar que sí, pero no sé si en tu historia lo mantienes.

 

Yendo ahora a Seiya, creo que morir atropellada habría sido mejor. Cuando mencionas que murió de un paro cardíaco, aunque lo has justificado, me he sentido algo incómodo. No sé por qué, no acaba de gustarme esa decisión. Igualmente, esto es solo mi opinión y no tienes que estar de acuerdo con ella.

 

Por cierto, quería ver (o leer) las braguitas de Miho. ¡Me dijeron que en este fanfic había ecchi! ¡Me has decepcionado! ¡Quiero mi dinero de vuelta! (Nah, tan solo quería decir que fue un buen detalle lo de "levantarte la fa…"). Otro genial detalle es que la pareja se coja la manita y luego Miho piense que Seiya le va a hacer algo marrano, como robarle un beso. ¡Lástima que fuera por los compañeros de Ikki!

 

Iba a comentarte refiriéndome a la escena del combate de Seiya contra estos esbirros que mantenías los niveles de cosmos muy bien equilibrados. Cómo se desarrolla luego la escena, como te he comentado, me parece demasiado apresurado. Recuerda lo de Geki.

 

Por último, uno de tus logros en este capítulo ha sido crear una situación complicada tanto para Seiya como para la lagartija verde. Eso hay que reconocerlo y felicitarlo. Añado mención al comentario de Seiya que dice que los otros bronces tienen el cerebro "hecho pulpa". Eso me hizo pensar… ¿Seiya? ¿De verdad? ¿Estás diciendo tú que alguien tiene el cerebro hecho pulpa? A modo de homenaje a nuestro amigo Martin, me permito la expresión: "le dijo el cuervo al grajo". XD

 

Entrando en consideraciones de estilo, voy a centrarme tan solo en la descripción que haces de Shiryu y su armadura.

 

Utilizas un narrador Point of View o como se diga. Gran parte del capítulo lo refleja. Y en la descripción de Shiryu encontramos esto:

 

Su cabello negro le llegaba hasta el final de la espalda, tenía un rostro afilado, ojos aguamarina que entregaban sosiego y paz, como un estanque de aguas eternamente en calma. Su Manto Sagrado poseía el color de las esmeraldas, y se componía de una multitud de piezas parecidas a escamas de reptil, montadas una sobre otra formando algo ridículamente sólido.

 

¿Qué ocurre? Las partes en que narras su aspecto físico son correctas. La referencia sobre sus ojos también, pero ¿no te parece esta una buena ocasión para introducir una frase que narre lo que Seiya ve en él? Me refiero a algo del estilo a "y sus ojos aguamarina, esos estanques en que Pegaso solo veía tranquilidad". Esto te lo digo porque la alusión a que los ojos entregaban sosiego y paz parece más del narrador omnisciente que de Seiya o un narrador PoV. Quizá estoy siendo demasiado injusto, pero siempre se puede perfeccionar un relato.

 

Ahora entraré en puntos gramaticales y dedazos. Como siempre te digo, esto puedes haberlo solucionado en los más recientes capítulos. Si es así, ignora mis palabras.

 

1.- "Estaba con una irónica suerte" me suena raro. ¿Qué tal "tuvo una irónica suerte"?

 

2.- "Ojos esmeraldas" me parece incorrecto. Te diría que añadieses la palabra omitida "color" para que comprobases que la expresión quedaría "ojos de color esmeralda". Pero eso sería incorrecto, porque si cambiamos el color, sí se permitiría un plural (ojos rojos, ojos azules…). A pesar de todo, ojos esmeraldas, quizá por el sustantivo que usas, me suena muy mal. Yo optaría por "esmeralda" a pesar de que hay un error de número. Recuerda expresiones como "el agua", que llevan artículo masculino a pesar de ser sustantivos femeninos, tan solo por estética.

 

Si no te convenzo, no pasa nada. Es solo una opinión.

 

3.- Cuando hablas del mármol en que está escrito el nombre de Seika, usas la palabra "contener". Me parece que por connotación, contener hace alusión a algo que está dentro, en el interior, por lo que se me hace más correcto otra palabra del tipo "grabado, escrito…".

 

4.- Luego, hablas del orfanato y dices "estaba silencioso". Me suena raro. Yo utilizaría un rodeo para describirlo de forma más elegante: "estaba sumido en un silencio abismal".

 

5.- El puño derecho "sensible" de Seiya no es una expresión incorrecta. Tan solo parece que la sensibilidad no sea la sensación adecuada para una mano herida. Yo optaría por "resentido".

 

6.- Recomiendo evitar, en la medida de lo posible, expresiones acabadas en -mente, sobre todo cuando ya has utilizado una en el mismo párrafo.

 

7.- En la siguiente oración empiezas con pasado y acabas con presente. Intenta homogeneizar los tiempos verbales:

 

El Meteoro era una técnica que utiliza el Cosmos para enfrentar a muchos enemigos a la vez, entregando rápidos puñetazos dispersos.

 

8.- Cuando hablas de Nachi dices que llevaba "corazas turquesas". Esto debería ser singular.

 

9.- Luego, cuando hablas de los materiales de que están hechos los mantos, lo expresas en femenino. Si hablas de mantos, lo correcto es emplear el masculino.

 

10.- Cuando Shiryu ataca a Nachi dices que tiene "cabeza de perro". Es obvia tu intención, pero sabemos que no es su cabeza, sino su casco. ¿Por qué no usar mejor la palabra "casco" entonces?

 

11.- Shiryu derrota a Nachi y escribes: "El yelmo acabo destrozado, y terminó junto al gigante que ya había vencido". Esta frase alude al Dragón, por lo que parece que dices que es este quien derrotó a Geki. Creo que se te olvidó una palabra para terminar con "ya había sido vencido".

 

12.- Termino con la cadena acabada en prisma de Andrómeda. Puede que hayas usado "prisma" de forma intencionada, pero te recuerdo que un prisma no es una forma, el prisma puede ser triangular, pentagonal… Deberías haber usado otro término como "rombo". Quizá me esté equivocando…

 

Con esto termino. Ha salido el review un poco largo, pero con la de tiempo que llevo sin visitar tu historia creo que está justificado. La mayoría de observaciones sobre expresiones es mera opinión, por lo que puedes perfectamente no estar de acuerdo con ellas.

 

Por último, en este capítulo también abusas de las comas en un par de frases. Supongo que esto ya lo has intentado resolver en capítulos futuros, por lo que no me meteré en ello.

 

Un abrazo y gracias por tu apoyo, Felipe. 


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(Parte 2 de 3)

Publicado: 14 de marzo de 2017


#242 Presstor

Presstor

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Publicado 25 febrero 2015 - 09:15

una de las cosas que me gustaria ver antes en algun momento de mi vida es una peli

de imagen real donde cuenten esas historias jamas contadas de saga y aioros

como se entrenaron,como ganaron sus armaduras,la amistad que hubo,sus hazañas de juventud

sus amores,ver el inicio de la locura de saga

presentaria de forma magistral el mundo de caballeros del zodiaco a la gran audiencia

con saga de protagonista principal

creo que de ahi se podria sacar una gran historia para la gran pantalla.

 

en cuanto al otro punto de la capacidad de lucha de ikki,estoy de acuerdo es el menos versatil

de los 5,que compensa con fuerza bruta...pero un caballero deberia darse cuenta de esto;

que hay rivales que no les ganaras con fuerza bruta,y necesitas tecnica y estrategia

al menos es la idea que siempre eh tenido.

creo que si kurumada hubiese seguido con la serie en su dia,le habria dado otra tecnica

basada en fuego...no ya en las 12 casas,pero si despues.

ya sea enseñada por alguien o creada por el mismo eso tendria mucho sentido

por el tipo de personaje que es.

 

hasta el proximo capitulo llegando al climax de la historia!!

 



#243 T-800

T-800

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Publicado 25 febrero 2015 - 09:33

Estuvo bien el repaso de la vida de saga :s96:

 

Por otra parte:

 

sobre la actitud del patriarca francamente no se si alabarlo por su valentía al saber que

uno de los dorados mas poderosos iba a matarlo y tomarlo con naturalidad

 

 o pensar que es un verdadero

tara#% por no crear un plan para evitarlo aun sabiéndolo de antemano

 

 

creo que esa parte no tiene mucho sentido  :doh:

 


felices-pascuas-prospero-ano-nuevo-2011-

 

Cuestionario navideño

 

 

 

 

 


#244 carloslibra82

carloslibra82

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Publicado 25 febrero 2015 - 14:00

Hola, amigo Felipe, me perdí bastante tiempo, estuve de viaje por un mes y sin acceso a internet. Te doy ahora los reviews desde donde había llegado.

Shiryu vs Shura: Como siempre, el dragón pensando en la seguridad de los demás. Y ese Shura era bastante testarudo, pero al final entendió su error. Me gusta como lo caracterizaste, aunq yo no he leído el episodio G ( debo hacerlo), tiene un carácter muy definido. Me gusta la forma como pones en su justa proporción el poder de los santos de oro, siempre creí q la pelea del anime y del manga había sido muy pareja, tú la expresaste muy bien.

Hyoga vs Camus: Me encanta la frialdad de Camus, y la actitud de Hyoga. Son un gran maestro y un gran discípulo. Y la forma como hiciste pasar a Seiya y Shun fue muy creativa, no me parecía lógico en el clásico que Camus simplemente los haya ignorado. El final de la batalla fue muy emocionante

Shun vs Aphrodite: Justamente pensaba en como un caballero de plata como Daidalos, q se decía q era casi tan fuerte como los santos de oro y q había hecho sudar a Milo, fuera muerto por una sola rosa roja. Aquí Aphrodite tuvo q usar las rosas negras. Pregunta, ¿de dónde sacaste a Caph? ¿Es creación tuya o tienes alguna fuente? Tal vez lo dijiste, pero no me acuerdo, jejejeje. No sé si me agrada el papel de Aphrodite engañado y no malo, pero es tu creación, jajajaja. Al menos, ambos se ven como hombres, contrario a como se les pinta habitualmente.

En relación a lo demás, no sé si los shakistas estarán de acuerdo en q su héroe se vea tan vulnerable y agotado, pero tu lo has mostrado más humano, aunq igual de poderoso. También me gusta a personalidad de Mu, q es mi santo de oro favorito. Y la impulsividad de Aioria es tal como me la imaginaba. También es lógico q los caballeros dorados hayan empezado su recorrido antes. Y también lo de q el reloj de fuego aún estuviera en Acuario tras la derrota de Aphrodite. También me encantó y emocionó el recorrido del Fénix hasta llegar donde Saga.

En cuanto al loco de Saga, lo mostraste aún más despiadado y loco. Me pregunto si en la saga de Hades también tendrá problemas de doble personalidad. Sólo me asalta una duda: cuando Saga discute con el mismo, dice q el sería un Dios, y q no sufriría derrotas como anteriores reencarnaciones de Athena. Yo tenía entendido (o quería creer) q Athena nunca había perdido una guerra santa, sino, el dios q la hubiera vencido se habría quedado con el mundo, o no? Espero me puedas responder eso

Bueno, me he puesto al día, perdón por escribir tanto, me parezco a killcrom, jajajaja. Espero con ansias el final de las doce casas, y prometo pronto ponerme al corriente también con Alpha. Saludos!!



#245 -Felipe-

-Felipe-

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Chile
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Masculino
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Publicado 27 febrero 2015 - 16:40

La respuesta a killcrom la voy a poner en spoiler, para que no quede tan largo el post xD

Spoiler

 

Spoiler

 

una de las cosas que me gustaria ver antes en algun momento de mi vida es una peli

de imagen real donde cuenten esas historias jamas contadas de saga y aioros

como se entrenaron,como ganaron sus armaduras,la amistad que hubo,sus hazañas de juventud

sus amores,ver el inicio de la locura de saga

presentaria de forma magistral el mundo de caballeros del zodiaco a la gran audiencia

con saga de protagonista principal

creo que de ahi se podria sacar una gran historia para la gran pantalla.

 

en cuanto al otro punto de la capacidad de lucha de ikki,estoy de acuerdo es el menos versatil

de los 5,que compensa con fuerza bruta...pero un caballero deberia darse cuenta de esto;

que hay rivales que no les ganaras con fuerza bruta,y necesitas tecnica y estrategia

al menos es la idea que siempre eh tenido.

creo que si kurumada hubiese seguido con la serie en su dia,le habria dado otra tecnica

basada en fuego...no ya en las 12 casas,pero si despues.

ya sea enseñada por alguien o creada por el mismo eso tendria mucho sentido

por el tipo de personaje que es.

 

hasta el proximo capitulo llegando al climax de la historia!!

¡De hecho lo había pensado! jaja Hacer una especie de "gaiden" que contara el pasado de Aiolos y Saga, sus batallas, pero por ahora solo hay que quedarse con el flashback de Muu, que es más "reciente".

Sobre lo de Ikki... me has hecho pensar. Voy a meditar sobre el si darle una técnica o no, y con esto no estoy diciendo de ninguna manera que el Fénix sobrevivió a Saga jajaja

 

 

Estuvo bien el repaso de la vida de saga :s96:

 

Por otra parte:

 

sobre la actitud del patriarca francamente no se si alabarlo por su valentía al saber que

uno de los dorados mas poderosos iba a matarlo y tomarlo con naturalidad

 o pensar que es un verdadero

tara#% por no crear un plan para evitarlo aun sabiéndolo de antemano

creo que esa parte no tiene mucho sentido  :doh:

Paso a explicar la actitud de SIon, ya que sabía que alguien iba a preguntarlo. Como se verá más adelante, le di cierto detalle a la personalidad del viejo carnero. Es un creyente CIEN POR CIENTO en el destino. Para él es totalmente inmutable, no importa lo que hagas, porque ya todo está escrito. Él iba a morir asesinado por Gémini, según sus creencias no había nada que hacer para evitarlo. Sin embargo, sí arregló el contarle la info a los otros maestros para que estuvieran atentos, aunque eso le salió mal y todos creyeron que fue Sagitario. Así que cuando reviva (si es que lo hace...), va a dejar en claro que tenía razón, ya que aunque avisó, nadie pensó que fue Saga.

 

 

Hola, amigo Felipe, me perdí bastante tiempo, estuve de viaje por un mes y sin acceso a internet. Te doy ahora los reviews desde donde había llegado.

Shiryu vs Shura: Como siempre, el dragón pensando en la seguridad de los demás. Y ese Shura era bastante testarudo, pero al final entendió su error. Me gusta como lo caracterizaste, aunq yo no he leído el episodio G ( debo hacerlo), tiene un carácter muy definido. Me gusta la forma como pones en su justa proporción el poder de los santos de oro, siempre creí q la pelea del anime y del manga había sido muy pareja, tú la expresaste muy bien.

Hyoga vs Camus: Me encanta la frialdad de Camus, y la actitud de Hyoga. Son un gran maestro y un gran discípulo. Y la forma como hiciste pasar a Seiya y Shun fue muy creativa, no me parecía lógico en el clásico que Camus simplemente los haya ignorado. El final de la batalla fue muy emocionante

Shun vs Aphrodite: Justamente pensaba en como un caballero de plata como Daidalos, q se decía q era casi tan fuerte como los santos de oro y q había hecho sudar a Milo, fuera muerto por una sola rosa roja. Aquí Aphrodite tuvo q usar las rosas negras. Pregunta, ¿de dónde sacaste a Caph? ¿Es creación tuya o tienes alguna fuente? Tal vez lo dijiste, pero no me acuerdo, jejejeje. No sé si me agrada el papel de Aphrodite engañado y no malo, pero es tu creación, jajajaja. Al menos, ambos se ven como hombres, contrario a como se les pinta habitualmente.

En relación a lo demás, no sé si los shakistas estarán de acuerdo en q su héroe se vea tan vulnerable y agotado, pero tu lo has mostrado más humano, aunq igual de poderoso. También me gusta a personalidad de Mu, q es mi santo de oro favorito. Y la impulsividad de Aioria es tal como me la imaginaba. También es lógico q los caballeros dorados hayan empezado su recorrido antes. Y también lo de q el reloj de fuego aún estuviera en Acuario tras la derrota de Aphrodite. También me encantó y emocionó el recorrido del Fénix hasta llegar donde Saga.

En cuanto al loco de Saga, lo mostraste aún más despiadado y loco. Me pregunto si en la saga de Hades también tendrá problemas de doble personalidad. Sólo me asalta una duda: cuando Saga discute con el mismo, dice q el sería un Dios, y q no sufriría derrotas como anteriores reencarnaciones de Athena. Yo tenía entendido (o quería creer) q Athena nunca había perdido una guerra santa, sino, el dios q la hubiera vencido se habría quedado con el mundo, o no? Espero me puedas responder eso

Bueno, me he puesto al día, perdón por escribir tanto, me parezco a killcrom, jajajaja. Espero con ansias el final de las doce casas, y prometo pronto ponerme al corriente también con Alpha. Saludos!!

Gracias por pasarte de nuevo, se extrañaban tus comentarios :)

 

Primero, comentar sobre Caph. Ella sale mencionada en los primeros capítulos de Shun como la maestra de June y antigua Santo de Casiopea, su nombre basado en una estrella de la constelación. Por lo demás, el personaje es creación mía.

 

Lo del reloj era ABSOLUTAMENTE necesario. No tenía sentido que en una hora pelearan Shun, Seiya e Ikki al mismo tiempo. En el animé es aún peor cuando todos aparecen para pelear con Saga, no más de una hora después de la derrota de Shun.

 

Ahora, lo más importante. Un detalle que se me ocurrió a último minuto. ATHENA HA PERDIDO GUERRAS. Bueno..., en cierta forma. Ha tenido momentos en la historia en que le ha ido pésimo, y otro dios se ha apoderado del mundo (como menciona Saga, las pruebas son las peores catástrofes de la historia: Eris y Ares han sido los más triunfadores), pero Athena (o sus Santos, más bien, ya que ella incluso ha muerto), siempre terminan dando vuelta las cosas, derrotando al mal pero DESPUÉS  de terminar las guerras, dejando al mundo en pésimo estado. Solo ha ocurrido en pocas ocasiones, pero es el motivo de que Poseidón, Hades y los demás no se hayan rendido después de tantos siglos, es porque saben que Athena PUEDE PERDER.

Ejemplos, las guerras mundiales, las pestes en Europa, las persecusiones religiosas, la caída de imperios...

Ha perdido, pero de alguna forma, MUY A DURAS PENAS, sus Santos han logrado dar vuelta el asunto. El caso es que hay esperanza para los dioses malos.

 

Además... que siempre gane es aburrido, ¿no estás de acuerdo? xD

 

 

Ahora, el penúltimo capítulo.

SEIYA VI

 

22:00 p.m. del 11 de Septiembre de 2013.

Se desplomó en lo que parecía ser el enorme pie de la estatua, cuya base se perdía en una dimensión extraña más allá de un precipicio, flotando sobre el vacío, y cuya cabeza chocaba contra las estrellas del firmamento. Al fin había comprobado que la dichosa estatua existía, y que era más grande de lo que hubiera imaginado en sus más delirantes sueños, pero no pudo quedarse a admirarla con lujo de detalle.

La mujer de piedra —no muy similar a Saori— tenía la mano derecha alzada y abierta, pero no había nada allí. La mano izquierda, sin embargo, sostenía un escudo perfectamente redondo, diez, o tal vez cien más veces más grande que el Templo Corazón, se le hacía difícil medir las distancias allí. Era casi completamente pulido, con excepción de la zona central donde se hallaba en relieve el dibujo de una estrella dorada de ocho puntas, tal vez el sol.

Al verlo, al reflejarse en él, corrió con todo el Cosmos que le había entregado Saori a último momento, a pesar de la herida abierta de su pierna y todas las demás que le causó Saga, hasta llegar al borde del precipicio y saltar. Alrededor de la estatua solo había noche, una que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, por lo que no sabía dónde caería, pero no le importó, a sabiendas de que el tiempo se terminaba.

 

Tras salir de la habitación que habría pertenecido a Saori si la historia hubiera sido distinta, ella se comunicó con él a través del Cosmos. Un último mensaje.

Cuento contigo, mi querido Seiya.

—Saori...

No me queda tiempo, lamento que pasaras por todo esto para ayudarme, pero nada de eso importa ahora que has logrado milagros. Me despido de ti, Pegasus Seiya, disculpándome por todo que te hecho sufrir desde niño, y te entrego mi Cosmos, mi último rastro de energía, para que luches contra lo que se viene, para que pelees en mi lugar también contra Saga. Defiende al planeta que amo, por ambos, ¿está bien? No. También Por Shiryu, Hyoga, Shun e Ikki, con quienes me disculparé pronto.

Qué voz tenía, tan hermosa, tan cálida, tan humilde, tan... No. No quería eso, con un grito intentó impedir que hiciera una estupidez. No era necesario, aun había una esperanza.

—¡No, espera Saori! —Sin embargo, su súplica pareció inalcanzable.

Adiós Seiya, y muchas gracias. Por todo.

—Saori, no lo hagas, ¡detente! —rogó cuando recibió las gotas postreras de su Cosmos agonizante, lo que aceleraría su viaje a la tumba. Ella no lo escuchó.

Y así como Ikki se había sacrificado para darle tiempo, ella también lo hizo con la excusa de pedirle disculpas. Tal vez Saori esperaba que fuera a usar ese poder —inmenso, por cierto, lo suficiente para subir al Ateneo— y derrotar a Saga, pero no sería el caso. Si ella no tenía esperanza, él lo compensaría con toda la que siempre le sobraba.

Esperanza. Esperanza para salvarla antes de que se apagara la última llama de la Torre Meridiano, y para arruinarle los planes al Santo de Géminis. Y por la forma en que Saga lo agarró del cuello y lo arrojó nuevamente a la plaza, iracundo como una bestia impulsada por instintos primitivos de sadismo y venganza, al parecer lo había logrado, así que todo lo demás carecía de importancia.

—¿Cómo pudiste., Pegasus? ¿¡Por qué!? —rugió la silueta colérica de Saga. No lograba distinguirlo bien ni con la luna encima, estaba perdiendo la consciencia.

—Je, je —logró reír, a pesar del dolor en el pecho—. P-por favor no llores...

—Tú... hijo de...

—C-con esa lengua besas a tu... ¡¡¡Ahh!!! —Saga le propinó un rodillazo en el estómago con tanta fuerza que el piso bajo ellos se rompió. Le había quebrado las costillas y despedazado algunos órganos, y como antes, ignoró la barrera de energía natural a su alrededor. ¡Por eso era tan poderoso!

—Por tu culpa no me convertiré en un dios, ¡has condenado a este mundo a ser gobernado por una chiquilla insulsa! —Siguió con un puñetazo a su destruida pierna, y presintió que no volvería a caminar.

—¡¡¡Ah!!! —«Tranquilo, Seiya, aguanta hasta que te mate. De todas formas ya le arruinaste la fiesta», se dijo.

—¡Te convertiré en cenizas!

Saga le agarró la cabeza y la azotó cientos de veces a la velocidad de la luz contra el suelo. Seiya pensó que podría haber sentido solo uno a esa rapidez, pero percibió todos, cada uno de ellos, horripilantes, como sabía que su Meteoro nunca sería. Todo le dio vueltas, quedó al borde de la inconsciencia, pero de alguna forma, Saga controlaba la situación para que no se durmiera. Para que sufriera.

—Uh... ah... —Nuevamente no podía hablar. No podía hacer nada.

—No logré apoderarme del Cosmos de Atenea, pero tú sí, ¿verdad? ¡Tú sí!

Saga lo lanzó hacia arriba, y desde allí, lo atacó con una descarga de fuego y rayos de energía que le causó el mayor dolor que un hombre pudiera sentir, algo que le destruía en el interior, además de hacer pedazos a Pegasus, el caballo alado que tanto lo había acompañado, y que irónicamente recibió del hombre que ahora lo golpeaba despiadadamente con algo superior a su Meteoro, como si burlara. Solo el rosario resistió intacto, y lo desplazó un lado con una patada sutil.

Su corazón le indicaba que se relajara, que esperara lo inevitable, y él trató en la medida de lo posible. «Qué más da, ya cumplí con mi trabajo. Puedo morir de una vez, ¿no crees, Seika?»

—Si te mato... sí, ja, ja... —rio Saga como si saboreara cada palabra. ¿De qué diablos estaba hablando?—. Tal vez... ¡Tal vez aún logre conseguirlo si te mato!

—¡¡¡No te atrevas!!! —intervino otra voz, grave y agotada, pero rodeada por un aura de fuego que entibió su pecho sangrante. Parecía pertenecerle al Fénix, pero eso se veía poco probable.

 

Al caer como un desparpajo, Seiya abrió los ojos para confirmarlo.

—Tú... ¡Imposible! Te acabo de enviar a Otra Dimensión.

—Lo siento, pero es difícil apartarme mucho rato de la acción. —Llevaba su nueva armadura reluciente, y su aura ardía como las llamas del infierno. Ikki volvía de la muerte como si fuera fácil, ojalá le hubiera enseñado el truquito alguna vez.

—¿Volviste para morir otra vez?

—Te lo dejaré claro. —Ikki saltó y dirigió su puño llameante hacia Saga—. ¡No voy a permitir que mates a Seiya!

Saga lo detuvo, y ambos contendientes se enfrascaron en una lucha intensa a altísimo velocidad que Seiya no podía seguir, aunque la sangre de Fénix salpicaba a todos lados como una casa en un tornado. Saga era un hombre temible, un dios de destrucción que una o dos veces imitó su Aleteo Celestial para amedrentarlo, pero Ikki no se rendía ni por un segundo, y contraatacaba con su propia explosión de energía.

Seiya, puedes vencerlo, ¡vamos! —susurró alguien en su cabeza.

—¿Quién...? —Se parecía a Shiryu, pero eso tenía nula lógica.

No vas a dejarte morir así como así, ¿verdad? —Otra voz, más dulce y gentil, acompañó el eco de la primera.

—¿Shun?

Nosotros hicimos todo lo que pudimos, combatimos hasta el final contra los Santos de Oro y pagamos con la muerte, pero tu corazón aún late.

—¡Hyoga!

 

Ikki bramó cuando un Santo de Géminis le dio un rodillazo directamente en la nuca, y otro Saga, delante de él, le destruía el peto. Seiya no supo si era otra de sus habilidades, o estaba simplemente viendo doble.

—¡Aprenderás a no interponerte en mis planes, Fénix! —Con una ráfaga de poder que estampó violentamente contra su rostro con la mano encima, Saga hizo estallar a Ikki, y causó una ola de energía que hizo temblar el Ateneo, y arrastrar a Seiya al borde del vacío, a la vez que el Aleteo Celestial contraatacaba a costa suya.

Pero ni así el Fénix se rindió.

—¿¡Vas a continuar!? —Saga, sangrando del labio y el cuello, formó una gran bola de fuego entre las manos, que irradiaba calor y deformaba el espacio alrededor. Se tomó su tiempo para incrementarla aprovechando lo débil que estaba Ikki tras conseguir golpearlo un par de veces, de rodillas sobre un charco en ebullición.

«porqueria, no es justo, vete de aquí, Ikki», pensó Seiya, a sabiendas de que no le saldría la voz.

—Levántate —pidió el espíritu de Shiryu—. Busca los restos de mi Cosmos y haz uso de ellos para ponerte de pie.

Es cierto, Seiya, recuerda que estamos contigo —dijo Shun—. Como prometimos en el Templo del Centauro, pelearíamos juntos como hermanos de las estrellas hasta el final.

¡Pelea, Seiya! —animó Hyoga desde un universo congelado.

—Hazlo de una vez, no va a cambiar el curso de esta batalla —añadió Ikki a través del Cosmos, rodeado por sus llamas ardientes y dispuesto a resistir.

—¡Muere, Fénix! —gritó Saga. Sus ojos escarlatas proyectaron un haz de luz que lo rodeó hasta tornarse en aros de fuego dorado, mucho más calientes que los de Ikki, que abrasaban el aire y hacía caer ceniza sobre ellos.

El viento se llenó de vapor negro, el aroma a quemado se confundió con el aire frío, y cuando Saga carcajeó una vez más, golpeó agresivamente a su objetivo con la bola de energía en sus manos.

Ikki fue aplastado, su sangre salpicó los pisos sagrados del Ateneo, Phoenix se hizo trisas a pesar de que relucía como nueva hacía pocos minutos, y la polvareda producto del ataque cubrió a los luchadores como una cortina gris, cuyos actores perdieron el libreto de la siguiente escena. Solo el olor a chamuscado era evidente.

—¡¡¡Ikki!!! —consiguió mover la lengua al fin, demasiado tarde.

—No te preocupes tanto —dijo Saga, su silueta oscura se acercó amenazante a Seiya entre los humos—. Sufrirás igual que él en unos... ¿¡Qué!?

—No...

Cuando la niebla se disipó un poco pudo vislumbrar a Ikki, de rodillas con los brazos abiertos y la cabeza gacha entre Géminis él. No emitía Cosmos alguno, parecía inconsciente, pero...

«Aún en ese estado busca protegerme».

Saga se limpió el hilo escarlata de su frente las manchas en sus antebrazos y el poco del cuello. ¿Eso lo enfurecería más?

—Seiya, toma mi Cosmos...

—¡Deprisa, Seiya, mi hermano no está en condiciones!

—Véncelo antes de que sea peor. Si te mata, podría absorber lo que tomaste de la flecha.

—Ja, ja, ja, vaya, eres persistente, e hiciste algo digno de alabanza. Nadie me había hecho sangrar así. Creo que... sí, no tengo otra opción. —Saga sonrió cual demonio, se rodeó de llamas doradas, las separó y las agarró con ambas manos, separadas una de otra—. Te convertiré en polvo cósmico.

—Espera... ¡Saga! —Seiya trató de ponerse de pie, lo que ofrecían sus amigos era útil, pero necesitaba tiempo y no quería que Ikki se lo comprara—. ¡Hazte a un lado, Ikki, con una porqueria!

Seiya se tropezó y sintió la aplastante presión de la técnica que Saga iba a usar en él antes de que Ikki interrumpiera, en el Templo Corazón. Concentraba dos bolas de un Cosmos abrumador que acercó lentamente, como si disfrutara el momento. Al mismo tiempo, estrellas y planetas se agruparon alrededor de él como si salieran de su aura, y temblando, se aproximaron a ellos. ¿Había conseguido materializar los cuerpos celestes con la Otra Dimensión? ¡Era monstruoso!

—Los destruiré a ambos con mi mejor técnica. Requiere de gran parte de mi Cosmos, pero es necesario, y será agradable de ver, ja, ja. —Saga dejó ambas palmas muy cercas una de la otra sobre su cabeza, como creando expectación—. Soy aquel capaz de destruir las estrellas, ¡contemplen la Explosión de Galaxias!

Géminis cruzó las manos y sus muñecas crearon un ruido ensordecedor al chocar una contra otra. Una ola de fuego devastadora se proyectó como el estallido de una supernova. Fue como si enormes cuerpos celestes se acercaran, dispuestos a aplastarlos, como botas humanas ante insectos.

La presión era insoportable, tanto poder de fuego en un hombre era criminal; la plaza se destrozó y todo el Santuario tembló, lo sintió en sus entrañas. Seiya sintió náuseas, y su temperatura aumentó hasta que su sangre hirvió.

Pero Seiya no sentía dolor. Ikki estaba absorbiendo todo el daño...

 

El mundo volvió a la normalidad poco a poco. Finalmente no se destruyó, pero era viable pensar que estuvo cerca de ello. Seiya respiró para comprobar que estaba vivo, pero no halló a Ikki por ningún lado, ni por la vista ni por el Cosmos ni por nada. El Fénix había cesado de existir en ese mundo.

—Se hizo polvo, pero aguantó lo suficiente como para que tú no murieras; deberías estar agradecido, Pegaso. —Saga estaba a centímetros de él, de pie donde antes estuvo Ikki, cuyos trozos fueron arrojados al viento—. Pero ahora no tienes a nadie que te proteja, estás acabado, y cuando te mate...

—S-Saori está...

—Quizás murió aún a pesar de tus esfuerzos, poco importa.

«No. Es cierto. Tengo el Cosmos de Saori en mi cuerpo, y también el de mis compañeros». Los ideales de Shun, el valor de Shiryu, la determinación de Hyoga, el poder de Ikki, los sentimientos de Saori.

Probó hacer arder la llama de su vida, su Cosmos. Solo un último esfuerzo apoyado por las energías que arribaron desde los palacios más abajo. Y su universo interior estalló, no de forma progresiva, sino una sola explosión que llenó sus venas con la vida y la creación.

¡Un Big Bang!

 

—¿¡Qué es esto!? Este Cosmos... ¿¡Qué demonios es esto!?

Seiya logró ponerse de pie a pesar de que ni siquiera sentía las piernas, ni ninguna otra parte de su cuerpo. Había tantos universos a su alrededor que podía tocarlos con solo desearlo, un mundo congelante, otro rugiente, uno brillante, otro en llamas, y uno más, bello y cristalino. Los conocía bien, y podía usarlos.

También sabía exactamente cómo hablar. El Séptimo Sentido estaba más allá del gusto, de todas formas.

—Mientras el fuego de mi vida arda, mi Cosmos se seguirá elevando, ya que como mi maestra siempre dijo, el Cosmos es inmortal.

«Mi Cosmos es vida».

 

—Ja, ja, ja, ja, eso funciona para todos los Santos, siempre puedo superarte, ¿¡no te das cuenta, estúpido!? —Saga desplegó cientos de golpes en un segundo. No, miles, lo azotó con olas de fuego y cenizas sofocantes, pero el aura acumulada de sus compañeros lo protegía.

—No puedes elevar más tu Cosmos que yo, porque estás limitado por tus dudas —replicó manteniendo la verticalidad, de la cual era consciente solo porque veía a Géminis a la misma altura que antes. Iba a seguir hablando, pero un puñetazo en el estómago lo interrumpió, aunque también hizo arder más su fuego interno.

—Mis dudas, ja, ja, ja, ¿de qué rayos estás hablando?

—Tu otro yo no permitirá que me superes, ¡por eso venceré! —«Tenía razón cuando lo conversaba con Saori, este hombre es un ángel y un demonio, pero estoy seguro de que por vez primera, el bueno está ganando la batalla».

Seiya se impulsó para darle un puñetazo cargado de los sentimientos de sus compañeros a su oponente, conociendo exactamente dónde le dolería más. Saga lo esquivó con facilidad, pero logró prever su movimiento con el Séptimo Sentido que había estallado gracias a Saori, a Seika... ¡A tanta gente!

—¿Qué es ese Cosmos que hay tras de ti, Pegaso? ¿¡Por qué sigues con esto!? No te has muerto, no decrece tu energía, y tu aura se sigue elevando. —El rostro de Géminis esbozó una mueca de horror y confusión; por primera vez era amenazado por un oponente—. ¿¡Cómo puedes seguir!?

—No sé rendirme, siempre me levantaré si existe la posibilidad. Aun no voy a morir. —Ya había decidido que no era su hora, no podía dejarse morir como lo había estado haciendo desde que clavó la saeta en el escudo solo porque ya había cumplido su supuesta misión.

Todavía había mucho que hacer, que crecer, que honrar... Deseaba vivir, eso era lo importante, y lo haría por todos quienes habían caído para abrirle el camino. Nada era imposible si lo deseaba.

 

“¡¡¡Voy a vivir!!!”

 

Proyectó su Cometa. A esa distancia y velocidad Saga no podría esquivarlo. Lo intentó, su pie se movió unos centímetros hacia un lado, también su torso, pero no fue suficiente.

El Séptimo Sentido, la esencia del Cosmos, el aspecto primordial del mini universo que todos los seres humanos tenían en su interior, que permitía destruir hasta los más pequeños átomos de la materia, solo podía despertarse con esfuerzo y la determinación, y se traducía como el deseo de vivir, de proteger a los demás, y de construir un futuro.

Saga fue propulsado por el rayo de luz a la titánica estatua de Atenea, y rozó bruscamente el borde del escudo. Siguió su curso en ascenso hasta que se perdió de vista producto de la niebla que sumía a sus ojos en un anochecer.

Seiya perdió su Cosmos acumulado, finalmente cedieron sus músculos y sus huesos, y se desmoronó esperando que su esfuerzo hubiera valido la pena. Deseaba vivir, pero su cuerpo no estaba de acuerdo con su gran idea.


Editado por -Felipe-, 20 febrero 2016 - 15:07 .

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Publicado 28 febrero 2015 - 15:29

vaya seiya le dio muy buena pelea al poderoso drogado dorado de géminis,aunque con

un poco de ayuda de todos.

 

que me late que cuando saori se sienta mejor solo le va agradecer exclusivamente a el XD :t420:


felices-pascuas-prospero-ano-nuevo-2011-

 

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Publicado 02 marzo 2015 - 08:23

este es el combate final que me hubiese gustado ver en la leyenda del santuario

me ha resultado muy epico,aunque creo que deberias haber dejado el cuerpo del fenix

(esi si,con el cuerpo hecho papillaXD) para no abusar de esa "inmortalidad" como hace kuro. hace al personaje

demasiado poderoso...y sobre todo nunca lo ha explicado bien ni que riesgo conlleva

por semejante poder deberia tener un precio....

y hablando de poderoso, que bestia es saga siempre me ha parecido el mejor villano de esta serie

cuando escribes que seiya no era capaz de seguir los movimientos de ambos

me eh imaginado el ecenario , solo viendose las ondas espansivas del intercambio de golpes(al estilo dragon ball) ah estado bastante bien.

 

aqui reflexciono como podrian sentirse los que estan subiendo por la eliptica

y vean el rastro de caos y destrupcion que han dejado 5 jovenes de bronce

los dorados admiracion,viendolos como sus iguales, aqui espero que no les bajes

el poder y sigan con sus septimos sentido despertado y los de bronce

antre la admiracion y un poco de envidia.

 

aqui siempre me ha gustado el punto de vista de gente normal que se topan

con situaciones que sobrepasan cualquier logica.

 

como esa yuli de sextante una jovencita de bronce sin mucha capacidad de lucha

vea a alguien tan magestuoso como shaka en su posicion de loto

y toda la casa de virgo este hecha un solar...

 

....eh disfrutado bastante tu version de la batalla de las doce casas

asi que tengo ganas de leer ese arco que estas preparando

 

un saludo y hasta el capitulo final.

 

 

 



#248 -Felipe-

-Felipe-

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Publicado 03 marzo 2015 - 12:56

vaya seiya le dio muy buena pelea al poderoso drogado dorado de géminis,aunque con

un poco de ayuda de todos.

 

que me late que cuando saori se sienta mejor solo le va agradecer exclusivamente a el XD :t420:

De verdad Athena es despreciable a veces, ojalá que la mía no resulte tan así jaja

 

este es el combate final que me hubiese gustado ver en la leyenda del santuario

me ha resultado muy epico,aunque creo que deberias haber dejado el cuerpo del fenix

(esi si,con el cuerpo hecho papillaXD) para no abusar de esa "inmortalidad" como hace kuro. hace al personaje

demasiado poderoso...y sobre todo nunca lo ha explicado bien ni que riesgo conlleva

por semejante poder deberia tener un precio....

y hablando de poderoso, que bestia es saga siempre me ha parecido el mejor villano de esta serie

cuando escribes que seiya no era capaz de seguir los movimientos de ambos

me eh imaginado el ecenario , solo viendose las ondas espansivas del intercambio de golpes(al estilo dragon ball) ah estado bastante bien.

 

aqui reflexciono como podrian sentirse los que estan subiendo por la eliptica

y vean el rastro de caos y destrupcion que han dejado 5 jovenes de bronce

los dorados admiracion,viendolos como sus iguales, aqui espero que no les bajes

el poder y sigan con sus septimos sentido despertado y los de bronce

antre la admiracion y un poco de envidia.

 

aqui siempre me ha gustado el punto de vista de gente normal que se topan

con situaciones que sobrepasan cualquier logica.

 

como esa yuli de sextante una jovencita de bronce sin mucha capacidad de lucha

vea a alguien tan magestuoso como shaka en su posicion de loto

y toda la casa de virgo este hecha un solar...

 

....eh disfrutado bastante tu version de la batalla de las doce casas

asi que tengo ganas de leer ese arco que estas preparando

 

un saludo y hasta el capitulo final.

La "inmortalidad" de Ikki tiene una explicación que se va a revelar más adelante, MUCHO más adelante, pero de que se va a mencionar, se va a mencionar. Solo ten paciencia (aunque no sé si la explicación convenza a todos)

A mi me gustó mucho escribir esa parte de la pelea que Seiya no puede ver, qué bueno que no fui el único.

Bueno, el último capítulo será de Saori, así que no saldrá qué piensan exactamente los otros Golds, pero se harán algunas menciones.

 

Muchas gracias por haber seguido esta historia hasta acá.

 

 

 

El último capítulo, como dije, será de Saori Kido (así como el último de la primera parte). Curiosamente aquí resultaron 40 capítulos, uno menos que la parte anterior.

Para continuar la historia me dará un breve tiempo, ya que estoy un poco ocupado con el trabajo, y tengo que arreglar algunos detalles (además de que por fin terminaré mi otro fic), así que pido paciencia.

 

También paso a mencionar que dejaré una guía en el primer post, donde saldrán los links y muy breves resúmenes de cada capítulo, por si quieren leer alguno en particular, vayan directamente desde allí :)

 

Ahora sí. Un capítulo que, a diferencia de los previos, está más basado en el animé que en el manga.

 

 

SAORI II

 

22:25 p.m. del 11 de Septiembre de 2013.

—Seiya, ¡Seiya! —gritó, desesperada, al verlo tirado, destrozado y manchado de sangre en el piso. Ese chico arrogante que de niña lo desesperaba, ese joven que había odiado a su abuelo, y que perdido a su hermana por las malas decisiones, por el designio implacable de las estrellas.

La había rescatado de las sombras de la muerte junto a los demás, tal como había visto en el Oráculo. La bestia de feroces colmillos que ascendía a los cielos era Shiryu, pero de alguna forma había regresado a la Tierra. Estaba quebrado, no podía respirar, tenía graves y muy profundas heridas en todo el cuerpo. Le suplicó que no usara esa técnica suicida, pero era demasiado noble, aunque aún tenía esperanza de que la inmolación no se completase. Lo dejó a cargo de Jabu y Ban.

El ave que salía del ánfora era Hyoga. Cuando lo vio, entendió que había creado más hielo que nunca, y que lo usó para vencer a su maestro Camus; pero su corazón no latía, estaba congelado, igual que el resto de su cuerpo. Ichi y Geki se lo llevaran inmediatamente a un sitio cálido.

La doncella que se cortó con una espina era la princesa etíope representada por la constelación guardiana de Shun. Saori le rogó con todas sus fuerzas que se levantara, pero no que muriera luchando. Estaba desangrado, envenenado y delgado hasta los huesos, había gastado todo lo que tenía para acabar con el Santo de Oro cubierto por rosas multicolores. June se lo llevó tan rápido que no tuvo tiempo para saber si estaba aún vivo, y Nachi la acompañó.

El caso es que no quería creer que estuvieran muertos. De ninguna manera podía ser cierto, era injusto, triste, y cruel. ¿Por qué el Señor del Cielo le había dado una misión tan miserable? Aceptó en Delfos que era una diosa con un objetivo, pero no aceptaría que para cumplirlo, esos chicos tuvieran que sufrir así. Tres de ellos le abrieron el paso a Seiya a costa de sus vidas, Ikki también había regresado, pero no hallaba rastro de su Cosmos; y todo para que ese chico también sucumbiera frente al Santo de Géminis, perdido en el firmamento.

—Seiya, despierta por favor, ¡Seiya! —Se arrodilló para tomarlo en sus brazos y acunarlo como a un bebé. Hubiera deseado hacer eso con todos sin importarle qué dirían, pero de Seiya al menos sabía que seguía vivo, su corazón aún latía y se notaba en su aura su terquedad para no morir bajo ninguna circunstancia.

Al tocar sus manos con las suyas, recuperó el Cosmos que le había prestado cuando se rindió, a diferencia de él. Se unía al que había vuelto a su corazón después de que destruyera la flecha en su pecho. Seiya de Pegaso, el corcel blanco que según el Oráculo la llevaría sobre su lomo, y que siempre estaría allí con ella.

¿Se le permitía pensar así sobre uno o más de sus Santos? No lo sabía, no lo preguntó en Delfos... y no le importaba. Para Saori, en ese momento, esos cinco jóvenes eran lo más querido de su alma, quienes se sacrificaron para protegerla y le dieron sus vidas solo por ser una diosa.

No fue solo por eso, Saori —le susurró Seiya. Pero no había movido los labios ni abierto los ojos. Con sus manos sujetaba su rostro cubierto por las lágrimas que derramaba su corazón. ¿Le había hablado a su Cosmos por la conexión que habían tenido en la última batalla? ¿O había sido su imaginación?

—No hables, Seiya —sollozó—. Ahora debes descansar, por favor.

—No puedo creer que lo lograra. Inconcebible —admiró Milo de Escorpio, uno de los Santos de Oro sobrevivientes. Hizo una magnífica reverencia apenas la vio llegar a su palacio, pero se notó avergonzado, como si se sintiera culpable.

Tal vez los demás sentían lo mismo, pero Saori no era quien para juzgarlos, habían actuado engañados. Se limitaron a exclamaciones de asombro similares.

—Sigue sin estar bien. Mira a Seiya, está destrozado, apenas deben funcionar sus órganos internos; no le queda mucho tiempo, y todo porque no supimos ver a nuestro enemigo frente a nuestras narices —masculló enfurecido Aiolia, cerrando los puños. Quien le había jurado lealtad en el bosque junto al hospital, se arrodilló junto a ella, quizás temiendo que no pudiera mantenerse en pie todavía—. ¡No fue justo que pasaran por todo esto!

—Son Santos —replicó Shaka de Virgo, un hombre misterioso que mantenía los ojos cerrados. No había dicho ni una palabra hasta ese momento—. Al igual que nosotros saben que su vida estará llena de peligros y riesgos.

—¿¡Y eso qué!? ¡Van a pelear, claro, pero no contra nosotros, Shaka! Tú, yo y ellos, ¡todos remamos para el mismo lado!

—Ya basta —interrumpió Aldebarán de Tauro, que la había cargado todo el camino mientras iba despertando y recuperando vitalidad, viendo a los chicos que amaba al borde de la muerte—. Hay que llevar a Seiya a urgencias, o a la Fuente, lo que sea. Lo demás lo discutiremos después.

—¡Uy, dejen de llorar, me dan náuseas, niñitas! —clamó alguien desde la oscuridad de la noche.

—¿Pero qué...?

—¿¡Quién...!?

—¡No puede ser!

 

Un hombre de armadura dorada cayó junto a ellos como una estrella fugaz, dejando un cráter en la plaza cuyos escombros fueron repelidos por las capas de los Santos de Oro. Era alto y robusto, tenía largo cabello negro y ojos de sangre, como un demonio iracundo que volvía a cobrar su venganza.

Gemini Saga, a quien Seiya supuestamente había derrotado, estaba frente a ellos con varias heridas en el rostro, algo de sangre coagulada en la frente... y poco más. El relajo que se sentía en el ambiente se destruyó como el cristal, aplastado por un tanque hecho de fuego y ruina que se burlaba a carcajadas de su infortunio.

—¡Saga! ¿Cómo es que...?

—Ja, ja, ja, ¿de verdad pensaron que un simple escupitajo de un Santo de Bronce moribundo acabaría conmigo? —se mofó el Santo de Géminis, limpiándose la cara. Su Cosmos salía de sus poros... y era extraño.

—Tal vez él no, pero te juro que no correrás la misma suerte conmigo, Saga —amenazó Aiolia, dejando una estela de furiosa electricidad en su avance.

—¡Aiolia, no tan cerca de Atenea! —advirtió Muu, y el viejo amigo de Seiya se vio forzado a detenerse. Nuevamente por su culpa.

¡Su culpa!

—Ja, ja, ja, ve con cuidado, León, no querrás dañar a la princesita; además, recuerda que puedo convertirte en mi esclavo nuevamente, y tu hermanito no va a estar... m-muy orgulloso de... —Las palabras le salieron a tropezones, sudó su frente sin verse tan cansado.

«¿Qué pasa? Presiento algo, pero no sé qué es.»

—Saga, lo que has hecho no tiene nombre ni perdón, ya sabemos que nos has engañado todos estos años —dijo Aldebarán, delante de Saori.

—¿Ah, sí? —El Santo de Géminis sonrió con sorna—. No lo entienden. Soy el más apto para hacerme cargo de este mundo y defenderlos, ¿o realmente confiarás en esta niña, Toro?

—¡Claro que sí! —repuso el aludido, y chocaron chispas entre sí.

—Soy el más fuerte, y por tanto el mejor capacitado para dirigir al Santuario contra las invasiones del Olimpo, ¡no importa nada más!

—Ella está colmada de bondad y justicia, pero en ti siento solo avaricia y arrogancia —repuso Shaka, adelantándose con los ojos cerrados, pero pisando con precisión, sin tocar una sola piedra.

—No opinaste lo mismo estos dieciséis años, Virgo.

—¡Deja de burlarte! —tronó la voz del León—. Primero asesinaste al Sumo Sacerdote, luego trataste de matar a un bebé, ordenaste la muerte de mi hermano, y finalmente hiciste lo mismo con los Santos de Bronce. —Del puño dorado de Aiolia saltaban chispas con tanta ira contenida que Saori tembló, y que si liberara podría destruir todo a su alrededor, sin importarle nada con tal de acabar con el asesino de su hermano—. ¡No hay forma de que te dejemos vivo, gusano!

—¿Qué? Lucen furiosos, ¿van a enfrentarse todos contra mí a la vez? Qué valientes, ¡ja, ja, ja, ja, ja! —Saga caminó de un lado a otro, como si estudiara a sus oponentes, y meditara a cuál atacar primero—. Supongo que teniendo a la verdadera Atenea tan cerca de mí, sería cosa de buscar la Daga y aprovechar la oportunidad de asesinarla, para convertirme en un dios —dijo más para sí mismo que a los otros.

 

Saori observó la estatua, una representación de sí misma en la que no quiso tomar mucho reparo, pero notó un vaho oscuro humeando desde una parte de ella. Un aura negra como una nube tormentosa.

—¿¡Eso tramas!? —Aiolia dio tres pasos al frente y Milo lo siguió. La tensión era tan delicada que podía cortarse con un cuchillo, pero Saori veía algo más. Lo estudió, aprovechando que Saga estaba más atento a los Santos de Oro que a ella.

—A ustedes dos, tarados sin cerebro, los haré caer en Otra Dimensión. Les seguirás tú, Toro; y a los otros dos, que poco se han atrevido a decir, los exterminaré con la Explosión de Galaxias por traicionarme.

—Puedes intentarlo, Saga. —El Santo de Escorpión hizo crecer una de sus uñas y la cambió a un tono carmesí refulgente—. Me dará gusto hacerte sufrir.

—No nos subestimes, Géminis —amedrentó Aiolia, colérico.

—Esperen, por favor, Milo, Aldebarán —decidió ordenar.

Se puso de pie tratando de parecer firme, pues casi no tenía fuerzas, y tras dejar a Seiya suavemente recostado, tomó el báculo que traía Muu. No dudaría. Si alguien tenía que pelear con ese monstruo de dos rostros, sería ella, no iba a permitir que más personas intervinieran en un trabajo que le correspondía por derecho.

—¿A-Atenea? ¿Q-qué intenta? —preguntó Aldebarán, trémulo.

—¿Debería tenerte... miedo, Atenea? —Nuevamente el titubeo en su cara y el sudor más abundante. Esta vez se sumó un tic en el ojo.

—Dices que el más fuerte es el más apto para gobernar, sin importar el amor y la justicia igualitaria. ¿Esa es tu forma de pensar, Géminis? —Saori se adelantó a Aldebarán, que apoyó su gigantesca mano sobre su hombro.

—Atenea, p-por favor, n-no se le acerque más.

—Gracias por preocuparte, pero no temas, no me pasará nada —le aseguró. El Santo de Géminis optó por reírse nuevamente.

—¡Ja, ja, ja, ja! Amor, sentimientos, justicia, ¿crees que esas cosas le importan a tipos como Hades o Ares, o incluso Poseidón? ¡No seas ilusa, chiquilla de porqueria! Apenas te puedes limpiar sola el culo, ¿y vienes con que puedes liderar un planeta entero? ¡No seas imbécil!

—¿Cómo te atreves a insultarla así? —rugió Aiolia, y junto con Aldebarán y Milo hicieron el ademán de atacar, pero los detuvo con la mano.

Saori no recordaba que alguna vez la hubiera insultado así, ni siquiera Seiya en su niñez cuando lo torturaba como una malcriada, pero por alguna razón no le afectó en lo más mínimo. Al contrario, le ayudó a esfumar su cansancio y mostrarse más resuelta.

—Creo firmemente en ello, así como en que tú deberías ser eliminado.

—¿Qué? —preguntó Saga, bloqueado momentáneamente por su decisión, como había esperado. El otro debía aprovechar la situación, era el momento preciso.

—¡A-Athena! —se sorprendió Milo, y Aldebarán contuvo un gemido.

—No hay forma de que obtengas la victoria. Cinco jóvenes Santos de Bronce ya lo han comprobado —continuó, acercándose cada vez más con el bastón dorado de la Victoria en alto—. Tu derrota fue inevitable desde que pisaron el Santuario.

—Niké... s-si obtengo a N-Niké... —Saga extendió la mano temblorosa hacia el cetro, como lo había planeado. Sus ojos tenían tamaños distintos, el tic no paraba.

—¡Atenea! —advirtieron Aiolia y Aldebarán, inquietos.

—Tranquilos —les detuvo Muu con calma. Debió descubrir la treta—. Saga es capaz de atacar a la velocidad de la luz como nosotros, ya debería haber llegado al báculo, ¿no les parece?

—¿P-por qué...? ¿Por qué no puedo...? —Como si un lazo invisible tirara de su brazo en alto, el Santo de Géminis estaba inmovilizado. Se llevó la otra mano a un costado de la cabeza y se la agarró vehemente, como si le doliera—. Ah... ¡Ahhh!

—Saga, ¿no lo entiendes aún? ¿No te sientes mal?

—¿Qué le pasa? No me digan que se viene a acobardar a estas alturas.

—No es eso, Aiolia —intervino Muu—. Mira el escudo.

—¿El escudo? Qué debo... ¿¡Pero qué es eso!? —exclamó el León cuando notó el Cosmos oscuro, concentrado en el borde de la Égida.

—Cuando Seiya lo golpeó, impactó con eso —explicó Shaka, que podía ver perfectamente a pesar de sus ojos cerrados, al parecer.

—P-pero... e-eso... —El brazo derecho de Saga decaía, no parecía listo para atacar, aunque se rompió un vaso por luchar contra sus propios músculos y empapó el suelo de sangre—. I-imposible... n-no puede ser...

—Así es, Saga, se supone que este escudo elimina todo el mal, lo oí en los pensamientos de Seiya cuando nos conectamos —dijo Saori, inclinando el cetro a centímetros de los dedos de Géminis—. ¿Cuántas veces lo trató de hacer tu otro yo?

—¡Siempre lo detuve! No es justo... ¡no es justo! —chilló Saga, que derramó lágrimas carmesí, en su luchaba incesante consigo mismo.

—Tu enfermedad no es común, es como si hubieran metido impurezas en tu alma que no puedo explicar, pero lo sé —reflexionó Saori antes de mirar hacia atrás, al chico agónico en los brazos de Aldebarán—. La Égida debilitó tu lado maligno, Seiya te dañó mucho más de lo que crees, y el otro al fin ha logrado escapar de la prisión en la que lo pusiste y retomar el dominio de tu cuerpo, así que... tú, Saga de la constelación de Géminis...

—No..., no, no... ¡No! ¡¡¡Cállate!!!

Saori proyectó su Cosmos por el cetro —no supo cómo, pero resultó fácil— y emitió un resplandor con la intención de exorcizar a su enemigo y ayudar a su lado bueno a recuperarse.

—Vuelve a ser tú mismo. Pelea junto a mí.

Por un breve lapso vio a otra persona junto a Géminis, un doble casi exacto de no ser por los ojos de otro color. La visión se desvaneció cuando el guerrero de ojos de fuego los hizo arder como erupciones de magma, y la atacó.

Saori se había acercado tanto que los otros Santos de Oro no alcanzarían a llegar para escudarla, y cerró los ojos por reflejo. Conocía el resultado de la acción impulsiva de la mitad endemoniada de Géminis, o al menos creía conocerlo...

—¡Cuidado, Atenea! —advirtió Milo.

—¡¡¡Te destruiré, Saga!!! —gritó Aiolia.

—¡Tranquilos, todos! —calmó nuevamente Muu. Saori sintió el calor de los Mantos de Oro a su alrededor, y abrió los ojos para ver el lado bueno de Saga en completo control—. Esto se acabó.

 

«¡No!». No había esperado eso. Pensó que solo se detendría, que en el último momento se convertiría en el hombre de la justicia de antaño, eso fue lo que creyó. Pero lo que enfrentó fue tan... triste, tan cruel, y tan emotivo que la hizo llorar sin detenerse, llevándose la mano a la boca para no gemir.

—¡Saga! ¿P-por qué tú...?

—Atenea, p-perdón... Atenea, yo...

Era un hombre de hermosos y tristes ojos verdes, cuyo puño derecho estaba a centímetros de su rostro, pero el izquierdo yacía al interior de su propio pecho desnudo, cubierto por una manta roja que se derramaba por el Ateneo. El peto de Gemini, adornado con lunas y soles, se había separado de él en el interludio de su parpadeo, y ahora era una placa dorada en el piso mecida por el viento.

El Santo de Géminis original, un guerrero justo y valiente, retiró la mano que había destrozado su corazón causando una hemorragia caudalosa, cayó de rodillas, y Saori con él para sostenerlo. Saga lloraba desconsolado, y la abrazaba con su brazo sin sangre pidiendo sus disculpas, sin cesar.

—Perdóneme, Atenea, t-traté de hacer t-todo lo que pude, p-pero...

—Tranquilo, calma —sollozó Saori, acariciando su cabello, intentado que sus últimos segundos fueran en paz.

—T-traté de detenerlo... L-lo intenté tantas veces, y nunca p-pude decir...

—Calla, Saga. No digas nada.

¿Por qué todos tenían que morir en nombre de la diosa Atenea? Seguía sin recordar qué le llevó a decidir reencarnar como humana, a sabiendas de que todos podían perder sus vidas por ella. ¿Qué clase de desalmada era en realidad?

—C-con esto no se repararán mis errores, p-pero siempre... quise... —Sus latidos caían con suerte cada tres segundos, y hacía lo posible por alejar el caudal de su sangre de ella para no ensuciar su camisa, aunque ésta ya tenía manchas por culpa de la saeta. Ese hombre... ¿Quién pudo convertir a ese hombre tan sincero y gentil en un monstruo tan despiadado?

—Te creo, tranquilo... Saga de la constelación de Géminis... —Trató de hallar las palabras y las encontró de repente, como si siempre las hubiera sabido. Tal vez era el caso, un recuerdo de su vida pasada—. Saga, puedes descansar en paz como el noble guerrero que terminaste siendo. Ya eres libre.

Aquel que había hallado las fuerzas necesarias para derrotar a su otro yo y ordenarle a Gemini que se apartara de su corazón en menos de un suspiro, le sonrió por última vez, cerrando los párpados con lentitud.

—G-gracias, mi querida diosa... Perdóname, Aiolos...

Y finalmente, expiró.

***

Epílogo

 

Hicieron un minuto de silencio que se hizo eterno; solo el viento frío sobre ellos existía, soplando con agonía, reflejo del vil destino que se pagaba por luchar contra las maldades de la humanidad.

—Saga de Géminis —rezó Muu—, padecías de una doble personalidad tan grave que tal vez fuiste quien más sufrió en esta guerra, confinados tus deseos de justicia por un hombre sumido en la maldad.

—¿Pero quién...? —musitó Milo—. ¿Quién pudo causarle esto de la noche a la mañana?

—Eso no importa ahora, esto terminó.

—Hay que llevar a Seiya a un hospital. ¡Vamos, Aldebarán!

—Iré con ustedes...

—Lo siento, Atenea, no puedo permitírselo —la atajó Aries cuando trataba de bajar tras Aiolia y Aldebarán.

—¿Por qué me detienes?

—Por muchas razones. —Muu agachó la cabeza con tristeza, inquietud... y algo de notoria culpa—. Pero la principal es que debemos presentarla al Santuario lo antes posible, o la incertidumbre de los soldados hará que todo se salga de control.

—¿Presentarme? Pero, Seiya... ¡debo estar con ellos!

—Usted es Atenea, en realidad no puedo oponerme a sus órdenes o deseos —reconoció Muu, levantando la mirada y clavando sus ojos verdes, quizás juiciosos, en ella—. Solo le sugiero que piense bien su decisión.

Y ella estaba de acuerdo. Sabía perfectamente que Muu de Aries tenía razón, lo prometió en el Oráculo de Delfos, juró a su padre celestial que se haría cargo de sus deberes divinos, de proteger a la Tierra. Pero no por eso dejaba de ser injusto.

—¿Qué decide? —preguntó Shaka, algo cortante tal vez. En su mano llevaba el rosario que encontraron tirado en el piso.

—Hace unas horas te pedí que me ayudaras, Muu —rememoró Saori con ojos llorosos—. Así que dime ¿qué debo hacer?

—¿En palabras sencillas? Lo que indique su corazón.

Comprendió perfectamente las palabras de Aries. «No haga lo que dicta su corazón, sino que lo correcto para el mismo».

 

00:01 a.m. del 12 de Septiembre de 2013.

“¡Por la diosa Atenea!”

Ese fue el grito que resonó como un eco desde las gargantas de cada uno de los Santos y soldados que se reunieron en el Santuario. Aldebarán se encargó de proclamarla como la nueva gobernante del recinto sagrado en medio de los vítores de quienes se alinearon en el Coliseo.

Tras asegurarse de que los Santos de Bronce ya descansaban en un hospital cuyo nombre no mencionaron, se presentó a las doncellas que le servirían como acompañantes. La vistieron con un delicado y bello vestido de seda blanco, una tiara dorada con alas en los costados y un adorno de corazón en la frente, y sandalias de estilo griego mientras intentaba recordar sus nombres, aunque se le hizo sumamente difícil con todo lo que había ocurrido, y no pudo más que sentirse culpable por ello.

Kiki, el pequeño discípulo de Muu, le entregó el báculo cuando se subió a la tarima en el área alta del Coliseo. Los cinco Santos de Oro se arrodillaron delante de ella e hicieron sus juramentos en nombre de los Santos de Plata, Bronce y guardias que imitaron la reverencia, alumbrados por la luz de decenas de antorchas apostadas en las galerías, y la luz de la luna, llena y rodeada de estrellas.

—Yo, Aries Muu, me encomendaré a repeler todo mal que se le acerque, y asistirla en lo que requiera.

—Yo, Taurus Aldebarán, prometo cuidar de usted, y en su nombre, proteger a los habitantes de este planeta.

—Yo, Leo Aiolia, juro dar hasta mi vida por usted y su causa, e iluminar toda oscuridad que alcancen mis colmillos hasta extinguirla.

—Yo, Virgo Shaka, la guiaré por el camino de la justicia y la verdad para el bien de nuestra gente.

—Yo, Scorpius Milo, me encargaré de exterminar las fuerzas que acechen al Santuario, y así mantener la paz.

—¡Por Atenea! —terminó gritando el Toro, poniéndose de pie y dirigiéndose a la multitud con un vozarrón que sacudió todo el recinto.

—¡¡¡Por Atenea!!! —corearon todos aquellos de los que sería responsable; entre ellos logró ver a Jabu, Geki y tal vez a Nachi. Los cuervos negros que alguna vez la habían raptado ahora volaban por doquier celebrando su divinidad.

 

Saori no pensaba con claridad, sufrí un bombardeo de ideas y sensaciones, pero sabía perfectamente qué hacer: sería la diosa protectora de la Tierra, defendería a los habitantes de aquellos que acecharan su libertad, mantendría la paz y traería la justicia a quienes carecieran de ésta. Ese era su deseo, su propósito, su misión en la vida, su objetivo con tal de que nadie más sufriera...

Pero su corazón humano tenía una petición, y alzó la voz para compartirla al tiempo que la mayoría cesó sus vítores. Sabía perfectamente lo que tenía que decir, aunque se le ocurrió un segundo antes de abrir la boca.

—Como ya saben, no me crie en el Santuario, hay mucho que desconozco y, siendo honesta, necesitaré de todos ustedes para llevar a cabo mi labor —confesó el primer punto importante. No sería tan hipócrita como para aparecer frente a todos ellos como si nada hubiera pasado. Era preciso dejar eso en claro, aunque tal vez no esperaban ese comienzo, dado el silencio tan... no supo seguir ese pensamiento—. No será fácil, el poder es una gran responsabilidad, a veces causa tentación, el mal puede apoderarse de nuestros corazones y puede conducirnos por un mal camino en cualquier momento, como han atestiguado estos años. —Recordó los rostros de sus amigos, de Hyoga con las manos entrelazadas, Shiryu elevándose, Shun con una rosa clavada en el pecho, la sonrisa de Seiya. Eso le dio la inspiración que necesitaba—. Quiero compartir una lección de vida que deseo todos atesoren. Esa lección vino de los Santos encargados de mi seguridad. Su Cosmos los hace fuertes, sí, pero además poseen gentileza, poseen nobleza, y esa cualidad es para mí invaluable, algo único. Así que... —Era el momento de ser sincera, de compartir su humanidad—. Sépanlo, usaré siempre el corazón, como Atenea, nada es más importante para mí que eso. Voy a cuidarlos antes que cualquier cosa, porque nadie merece sufrir como tantos ya han sufrido por las tentaciones de la oscuridad. Es una promesa, ¡mi misión de aquí en adelante será protegerlos!

Y dichas esas palabras, para su incomodidad, no recordó de dónde habían salido, ni si podría replicarlas en el futuro, se oyó tan fácil, a pesar de su honestidad. El silencio la dejó en blanco, e irónicamente se le subieron tonos rojos al rostro; ¿quizás esperaban un grito de guerra? ¿O tal vez no le correspondía decir nada?

«¿Qué diría Seiya?». Para su sorpresa, fue la voz de Jabu la que se alzó sobre todos desde la primera fila.

—No diga esas cosas, señorita, ¡es nuestra misión el protegerla! ¡Estaremos siempre con usted!

Los demás aplaudieron, prometieron cosas similares, y tres o cuatro guardias silbaron. Saori no pudo sentirse más agradecida, les pagaría su apoyo hasta que sus fuerzas la abandonaran. Después de todo, hace unas horas habían estado intentando matarla, pero tuvieron que reconsiderar todas sus creencias, y aun así le juraron su apoyo. Esos eran los hombres y mujeres que dejaban de lado sus vidas normales por la causa del Santuario, seres humanos nobles que ponían al mundo en primer lugar.

Encendió su Cosmos por última vez, tal como le había pedido Muu, y ellos bajaron la cabeza, preparados para continuar con sus labores. Era incómodo que tanta gente la tratara como diosa, tener esa atención, muy distinto a ser simplemente la dueña de las empresas Kido, pero supuso que era normal y debía acostumbrarse, aunque no estaba en sus planes una lejanía en la jerarquía. Todos tenían los mismos derechos, al fin y al cabo, así la educó su abuelo.

Finalmente bajó del podio y se acercó a quien la había comprendido mejor durante la guerra, que hizo el ademán de arrodillarse hasta que lo detuvo.

—Sé que hay mucho que hacer, Muu, pero...

—La entiendo —respondió él, adelantándose a su petición con una tenue sonrisa—. Nos haremos cargo mientras tanto.

—Solo serán unos días, lo prometo.

—Debe arreglar los asuntos de su vida como heredera de los Kido, y además quiere ver a Seiya y los otros —adivinó Aiolia, con una expresión alegre digna del Santo de Pegaso—. Créame, también yo, pero en su caso es mucho más importante.

—Tómese su tiempo, Atenea, nosotros cinco nos haremos cargo —prometió Milo, intentando reparar aún sus errores del pasado.

—Se los agradezco de todo corazón.

 

Los Santos de Oro muertos fueron enterrados, incluyendo a Saga, con todos los honores, en el cementerio del Santuario. También los guardias asesinados en el conflicto de sus dos personalidades, y el antiguo Sumo Sacerdote, que fue bajado del Monte Estrellado por Muu con ayuda de una bendición de Saori y del rosario que alguna vez le perteneció.

Shiryu de Dragón, Shun de Andrómeda, Hyoga de Cisne, y Seiya de Pegaso no contaban entre los decesos. Y eso no podía poner más feliz a Saori Kido.

 

 

 

 

***

Fin del Volumen 2


Editado por -Felipe-, 20 febrero 2016 - 15:09 .

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Publicado 03 marzo 2015 - 22:34

me parecio muy emotivo el final

 

aunque no entendi esta parte: :06:

 

—Saga de Géminis —rezó Muu—, padecías de una doble personalidad tan grave, tal vez fuiste quien más sufrió en esta guerra, atrapados tus deseos de justicia por un hombre lleno de maldad.

—Pero quién... —musitó Milo— ¿Quién pudo haberle causado algo así de la noche a la mañana?

—Eso no importa ahora, al fin esto terminó.

 

¿saga estaba drogado loco o poseido  por alguna deidad? :s96: o el "temor" a la venganza del heroico por matar al patriarca lo puso en ese estado :s46:

 

muy buena idea del indice  y finalmente decirte que en forma general  me parecio un buen fic  :smile5: 

 

PD:ojala te animes y hagas una secuela ya sea siguiendo la continuacion de toei (S.de asgard) o la continuación del manga (S.de poseidon)

 

 

 

 

 

 

 


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Publicado 09 marzo 2015 - 20:52

me parecio muy emotivo el final

 

aunque no entendi esta parte: :06:

 

—Saga de Géminis —rezó Muu—, padecías de una doble personalidad tan grave, tal vez fuiste quien más sufrió en esta guerra, atrapados tus deseos de justicia por un hombre lleno de maldad.

—Pero quién... —musitó Milo— ¿Quién pudo haberle causado algo así de la noche a la mañana?

—Eso no importa ahora, al fin esto terminó.

 

¿saga estaba drogado loco o poseido  por alguna deidad? :s96: o el "temor" a la venganza del heroico por matar al patriarca lo puso en ese estado :s46:

 

muy buena idea del indice  y finalmente decirte que en forma general  me parecio un buen fic  :smile5: 

 

PD:ojala te animes y hagas una secuela ya sea siguiendo la continuacion de toei (S.de asgard) o la continuación del manga (S.de poseidon)

Saga estaba... ¿?

La explicación de lo que realmente le pasó vendrá más adelante.

 

Sobre lo demás, el fic NO HA TERMINADO XD Solo la segunda parte.

 

La tercera, que narrará la Saga de Poseidón, ya comencé a escribirla hace unos cuantos días, pero quiero llevar una buena cantidad de capítulos antes de empezar a subirlos para cubrir los errores o contradicciones que salgan entre medio.

 

 

1. Algunos otros asuntos. Arreglé algunos diseños de algunas imágenes, por ejemplo Yuli, Daidalos y Saga, especialmente Cefeo necesitaba algunos arreglos.

 

2. Tengo intención de hacer pronto un pdf con la primera parte de la saga (Platas) totalmente revisado, con todos los arreglos y correcciones necesarios (por ejemplo los que me ha señalado Killcrom tan amablemente) y todas esas cosas que se ponen en un fic más formal jaja

 

3. Dejo aquí imágenes combinadas de mis diseños de los 12 Santos de Bronce de las dos partes de Mito del Santuario. Dejé afuera a Izar de Boyero (el que es envenenado por Ichi durante la pelea con Capella y Algol), Venator de Delfín, Gliese de Tucán (también lucharon durante esa batalla y sobrevivieron, tendrán un papel más relevante en los capítulos que vienen) y Nesra de Pez Austral (quien lucha contra Shaina y los Bronce secundarios)

 

 

Primer grupo (SEIYA, SHIRYU, SHUN, HYOGA):

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Segundo grupo (JABU, JUNE, GEKI, ICHI)

2cxzly.png

 

Tercer grupo (BAN, NACHI, YULI, IKKI)

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En unos días pondré las de los Platas, supongo.


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#251 maryeve

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Publicado 09 marzo 2015 - 22:40

que buen facfic  :smile5:  es genial


Amor y Paz  :smile5:

 

 

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#252 -Felipe-

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Publicado 14 marzo 2015 - 11:44

Gracias Maryeve :D

 

Y ahora... voy a dejar el Prólogo de la próxima saga, la tercera parte de Mito del Santuario. No sé aún si voy a ir posteando los capítulo cada 3 días como venía haciendo, tomen esto como una prueba. Tengo ya varios capítulos en el tintero, pero quizás aún necesiten arreglos, así que solo dejaré el Prólogo del punto de vista de un personaje inédito en SS, hasta ver como se desarrolla la cosa.

 

Espero sus comentarios.

 

*Muchas de las palabras están en atlante, pero se irán develando los significados con la lectura y el tiempo.

 

 

 

EL MITO DEL SANTUARIO III

PRÓLOGO

 

15 de Octubre de 2013

«Después de tantos siglos, al fin se ha vuelto a empezar a manifestar»

Era el mejor momento posible. El Santuario salía de una guerra civil, y había rumores de que la diosa protectora no estaba ni siquiera en Grecia. ¿Podía haber una mejor oportunidad? Definitivamente los grandes dioses eran sabios.

El mar se parecía al cielo, una de las tantas maravillas del mundo creado en el seno de la divinidad. Podía asemejarse a un páramo deshabitado, ya que los peces y demás criaturas marinas no eran, en general, capaces de atravesar la cúpula que iba creciendo poco a poco con cada segundo que corría, a la misma velocidad que lo haría sobre las aguas. Una especie de burbuja que se expandía desde las más pequeñas, individuales bajo los Siete. El Gran Señor atravesaba las barreras dimensionales del tiempo y el espacio para bajar de los cielos y sentarse nuevamente en su trono. Le tomaría tiempo, pero valdría la pena.

La cúpula creciente les permitía respirar, y así contemplar la majestuosidad del Reino Submarino. Un pasaje normalmente muy silencioso repleto de escaleras de piedra, caminos con baldosas irregulares blancas y columnas de estilo dórico con materiales atlantes, similares a las que se encontrarían en los templos griegos como el de la diosa Athena. Las construcciones cruzaban las rutas creadas para los sirvientes del makit, rodeados por bellísimos arrecifes de coral de todos los colores, montañas rocosas entrecruzadas tan deformes que hasta desafiaban la gravedad, algunas cuantas cascadas que caían sobre lagunas submarinas, y diversos riscos y precipicios que llegaban hasta zonas que aún el Mok Bipan, Salem de Dragón Marino, podría llegar a temer.

---¡Ustedes! Envíen un escuadrón a Luk, falta más gente allí, y que lleven más anclas a Sha —ordenó a unos soldados ociosos que no parecían comprender en su totalidad la importancia de tener todo listo para la llegada de su Makit.

---Gran General, ¿acaso vendrán ya los demás? ----preguntó el capitán de la guardia del norte con un tono de duda difícil de disfrazar. Su jerarquía solo se reflejaba en una cinta roja colgando del yelmo azulado, mecida por las suaves corrientes marinas, ya que estaba tan poco al tanto de la manifestación celestial del Gran Señor como cualquier soldado raso.

---Un General ante ti, y un Guía limpiando el interior del Templo, ¿qué más necesitan tus ojos para creer en la Verdad?

---No confío en el señor Mikhail, gran Bipan ---respondió usando el término atlante para “General”, rara vez usado entre los kokas.

---Yo lo entrené, y por lo tanto, dudar de él es como dudar de mí. El Gran Señor se acerca y todos deben estar a su disposición con fe ciega en su poder, y su voluntad para limpiar al planeta de la peste que inunda sus cielos y tierras.

---Sí, Gran General ---asintió el capitán de la guardia, alejándose al inmenso azul que cubría los alrededores como un tinte sobre el cuadro. Los demás también se dispersaron, dejándolo en la soledad de la belleza zafiro.

Salem miró hacia atrás para fascinarse otra vez con la espectacularidad del Templo. No importaba cuántas veces lo hiciera, seguía llenándolo de orgullo solo observar una simple columna o incluso un muro, como una energía sanadora que llena los pulmones reemplazando el aire y relaja el corazón como sangre divina.

Una construcción de varios niveles repletos de escalinatas, como un monte gigantesco que se debe escalar para llegar a la cima representada por el inmenso edificio que albergaba el Cosmos del Emperador, fabulosamente ornamentado con dibujos florales y detalles de batallas en relieve en el frontón del techo triangular, en el cual destacaba más que los demás una figura que representaba un tridente, el símbolo por el que todos darían hasta sus vidas.

Simétrico, el palacio tenía su entrada de siete metros de altura al centro más allá de tres filas de una decena de pilares atlantes con frisos decorados en la parte superior cada una, que servían como primera barrera, bordeados por esculturas hermosas de oricalco de caballos marinos, sirenas y tritones. Las naves alargadas desde el centro alcanzaban casi los cincuenta metros de longitud, solo visibles en cuanto a sus gruesas columnas, y en altura vertical, el techo tocaba el límite de los veinte metros sin contar la montaña de escaleras debajo, lo cual llevaba hasta a triplicar la medida.

Le gustaba entrar. A pesar de que su deber como Mok Bipan era esperar a los demás líderes del ejército, siempre en el exterior, encontraba demasiado bello el caminar por los pasillos interiores y apreciar las cascadas que no parecían venir de orígenes racionales, el hogar digno de un dios. Pero usando toda su fuerza de voluntad nuevamente desistió, y solo se dedicó a observar. De todas formas, Mikhail estaba adentro, y aunque el destino los había llevado a convertirse en maestro y discípulo, no podía decir que apreciara mucho al Guía de Leviatán. Era arrogante, presumido y egoísta. Muy poderoso, pero no parecía importarle usar esa fuerza más que para sí mismo, cuando realmente le correspondía al Señor. Su deber, como el de los demás Tolem, era dirigir las tropas invasoras a las trampas en las que debían caer por la osadía de oponérseles, además de patrullar y espiar los movimientos enemigos en terreno, pero Mikhail solo se dedicaba a reír y a bromear sobre cuánto tiempo le tomaría derrotar a un superior, o qué debía hacer para comprarse una de las Escamas Superiores, como la que Salem llevaba.

Las Escamas eran las armaduras del ejército submarino, pero solo siete de ellas tenían gamanio y oricalco en gran proporción y estado puro, fueron las primeras corazas de la historia en construirse gracias a los artesanos en las tierras de Mu, de deslumbrante color dorado anaranjado como el sol que se asomaba como un amanecer a la vez que el atardecer terrenal. Cubrían todo el cuerpo menos el rostro, eran absolutamente indestructibles para cualquier rival, lo que las convertía en las armas que envidiaban los ejércitos olímpicos. Pero Mikhail y los otros seis Guías usaban Escamas Medias, de color púrpura y escarlata, no eran tan resistentes como su Dragón Marino, Shomdewil en atlante, el idioma oficial, pero de igual manera eran capaces de resistir golpes de los mejores soldados de cualquier ejército, estaba seguro que hasta un Santo de Oro de Athena se frustraría al luchar contra alguien usando una, era igualmente un orgullo llevarlas en honor al Emperador.

---¿Ya se quedó mirando el Templo otra vez, mi señor Salem? Espero con toda sinceridad que jamás nos ataquen mientras eso ocurra, dependemos mucho de usted y su insuperable fuerza ---dijo el hombre que se asomaba desde atrás de una columna en la segunda fila, en lo alto. Su voz se oía con tanta claridad como si hablara por sobre las aguas, y seguía siendo desagradable, un tono altanero disfrazado con falsa humildad, una máscara de cortesía fingida.

---¿No deberías estar fortificando las defensas del palacio, Jano? ---preguntó mirándolo directamente a los ojos a pesar de la distancia y altura que los separaba.

---Con el permiso del señor Mikhail estoy tomando un breve descanso, mi señor ---contestó el hombre con una ligera inclinación de cabeza. Era la persona de menor rango en todo el ejército atlante, por lo que apenas llevaba unas hombreras, perneras, y un cinturón de cuero especial como armadura.

Era muy alto, se veía robusto, con músculos marcados incluso por sobre la humilde camisa azul, fruto de un entrenamiento severo en la superficie. Era mayor que él, aparentaba casi cuarenta años. Tenía un rostro de rasgos duros, casi eran cuadrados, con labios rectos sin curvas, una nariz afilada pero gruesa en la base, y pómulos que nunca se deformaban con las palabras. Era de larguísimo cabello gris muy oscuro, pero no negro, entre ondulado y liso que caía sobre su frente con una partidura al medio. Contaba con un par de ojos verdes que reflejaban secreto, misterio, intriga y experiencia, pero también dependencia, poca inteligencia y falta de voluntad.

Jano era el guardián del Templo, la única persona que estaba el cien por ciento del tiempo en su interior. Pero a pesar de la apariencia era alguien débil, no intentaba jamás oponer resistencia a los mandatos de otros, solo se dignaba a obedecer con su falsa cortesía y ser oprimido por las fuerzas que gobernaban el universo, las que su Makit quería eliminar. Si quisiera ser entrenado para formar parte de las filas de los soldados rasos, él mismo podría entrenarlo, tenía potencial, pero ni siquiera lo intentaba.

«Merece irse con los demás»

---Recibí noticias de la superficie ---avisó mientras descendía lentamente las innumerables escaleras de piedra alba, con la espalda algo encorvada y las manos en los bolsillos de los raídos pantalones café--- El señor de Sirena prepara su viaje hacia acá y su discípula, la Nereida, ya está pronta a arribar.

---Eso significa que Dut será el segundo pilar custodiado después del mío, me parece correcto.

Dut” era “dos” en atlante, y se conocía por ese término al pilar gigantesco que sostenía la parte sur de todo el océano atlántico. Salem y Mikhail custodiaban el del norte, “uno” en atlante, “Din”, y por eso sentía que la fortuna del orden y los números también estaban de su parte, nada iba a salir mal.

Mientras la voluntad del Gran Señor dormía en el mundo de los humanos, esperando en las sombras del Olimpo, solo había ocho lugares en el mar donde se podía respirar y organizar un ejército submarino: bajo los siete pilares, y en el Templo. Allí, los Bipan y Tolem entrenaban durante largos años de su vida para servir a su rey, pasando generaciones incluso donde la voluntad no se manifestaba y los elegidos entrenaban sin conocer a su Señor. Pero aún así valía la pena, era en su honor, en su búsqueda de la Verdad divina que limpia al mundo, en la eterna vigilia que al fin llegaba a su término.

Salem de Dragón Marino y Mikhail de Leviatán fueron los primeros en presentarse en el Templo, en su calidad de líderes de los Generales y Guías respectivamente, apenas sintieron como las burbujas bajo los pilares comenzaron a expandirse buscando unirse con las demás para formar la cúpula que sostuviera a todo el océano. Jano era la única persona allí, y juntos comenzaron a llamar a los marinos y pescadores escogidos de la superficie que portarían las Escamas Inferiores y se volverían los soldados rasos de la armada, los kokas.

---¿Necesita que prepare algo para la llegada de la Nereida, mi señor?

---Tengo entendido que es una mujer totalmente devota al Gran Señor, no necesita un desfile ni nada, no seas tonto, solo servimos a nuestro dios.

---Sí, mi señor ---contestó cerrando los ojos e inclinando la cabeza otra vez, aunque en esta ocasión no pudo ocultar la sonrisa perversa que indicaba que no le gustaba que hubiera más gente ahí con él, que debía obedecer a personas que no respetaba sin ningún intento de rebeldía.

Le despreciaba.

---Si continúas con esa actitud, será muy difícil evitar que seas parte de la limpieza del mundo, Jano ---se decidió a decirle.

---Con todo respeto, no le he pedido tal cosa, mi señor ---respondió cuando finalmente llegó al nivel inferior---, si el Gran Señor desea que sea parte, lo seré.

---No eres un soldado, tienes la opción de no morir luchando por el ideal que se nos ha impuesto, ¿no deseas acaso ver el mundo que creamos con nuestras fuerzas? ---preguntó cerrando el puño y quitándose el yelmo para verlo mejor.

---Me gusta aquí, supongo que la Tierra se volverá algo similar, mi señor.

---Será un mundo idílico, puro y sin mancha. Solo los fuertes sobrevivirán y construirán un planeta con solo calor y paz, libre de toda la basura que azota las costas, los océanos y sus propias tierras. Como aquí, pero con toda la luz del sol disponible para alimentar las nuevas vidas, ¿no quieres ver eso?

---Lo vea o no, carece de importancia, solo soy el cuidador del Templo.

---Definitivamente tienes pocas posibilidades, eres débil.

---Así parece, mi señor, así parece ---y nuevamente sonrió, como quien desmiente lo que sus labios dicen, como quien oculta una idea contraria a la que el aire transmite.

 

De repente, el Templo se deformó. Salem se sintió mareado como si le faltara el oxígeno creado bajo las aguas por la gran Voluntad, el palacio y Janos dieron media vuelta y rápidamente volvieron a su lugar original. Fue algo momentáneo, de un solo segundo, pero puso al General de inmediato a la defensiva. Miró al guardia con desdén, molestia y una pizca de vergüenza.

---¿Se siente mal, mi señor? ---preguntó Jano sin cambiar su postura patética de falsa humildad. No sonreía, pero lo observaba fijamente, directo a los ojos.

Eso era algo nuevo, no solía hacerlo.

---Debe haber sido una falla con la unión de las atmósferas, nada más.

---Pero... yo no he sufrido nada, mi señor.

---No..., verdad que no.

Las corrientes marinas se hicieron densas, los oídos se le taparon, el vientre se le hizo pesado. ¿Acaso le estaban afectando las profundidades del océano ahora que la gran Voluntad estaba manifestándose después de más de dos siglos? ¿Tenía un simple problema de presión y falta de oxígeno? ¡Pero él era el Mok Bipan!

---Quizás debería volver a Din, mi señor ---Jano seguía sin moverse de su sitio, su voz sonó algo distorsionada, como quien habla bajo una cascada.

---¿Cómo propones algo así, imbécil? Soy el Gran General, mi deber es esperar a los otros seis, esto es solo culpa del cambio atmosférico.

---Yo no he sufrido nada, mi señor ---repitió Jano.

---No..., es raro ---notó que se había llevado la mano a la cabeza, le pesaba y dolía, ¿Por qué el guardia no estaba igual? Era una sensación perturbadora que lo mareaba, que debía estar en todos lados, casi como un...

«Cosmos»

---¿Escucha eso? Parece que las trompetas están sonando a lo lejos, están anunciando ---no alejó sus ojos verdes de él, ya no parecían tan dóciles ni débiles, sino que astutos y fieros ---La Nereida debe estar ya en las cercanías.

Salem no oía nada más que un murmullo grave muy lejos, resonando en la tierra submarina cubierta de algas.

---Tú... acaso tú... ---la sensación desagradable provenía de él, y nuevamente se deformaba su rostro, así como el hermoso Templo. Cosmos.

---Iré a recibirla, no se preocupe, mi señor ---al fin dejó de mirarlo y pasó a su costado, no supo cuál, parecía haberse duplicado. Al darle la espalda Salem recobró algo de fuerzas, no iba a permitir esa insolencia.

---¿Cómo te atreves a hablarme desde atrás? Y eso de recibir... ¡Ese es mi trabajo! ¿Cómo piensas...? Ah... ---voltearse tan bruscamente tuvo sus efectos, se sintió pésimo, una de sus rodillas chocó con el piso ruidosamente.

---Le advertí que se fuera, mi señor Salem, ahora aténgase a los efectos de su sabia decisión.

---Irrespetuoso, no mereces salvarte de la limpieza del mundo, ¡¿quién te crees que eres?!

---¿Yo? Soy Dragón Marino, por supuesto ---Jano giró la cabeza para clavar sus ojos mentirosos y altaneros en él, adornado con una sonrisa maliciosa, poco digna para servir a un dios---, no te preocupes, me ocuparé de todo desde ahora.

---¿Qué estás...?

---Nos encargaremos del Santuario.

«Cosmos. Horrible Cosmos..., pero deseo ver a mi Señor» se volteó casi por instinto al pensar en eso.

 

El azul y el Templo tras él fueron reemplazados por un espacio totalmente oscuro, una nada perfecta. Jano lo llamó con un carraspeo ronco, molesto, astuto, y el volvió a girarse.

Y por más extraño que fuera, en el lugar contrario al espacio exterior, bajo las olas marinas, entre las corrientes oceánicas, Salem vio las estrellas explotar.


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#253 T-800

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Publicado 14 marzo 2015 - 20:54

Este.............ya se que diran que soy muy inteligente :wacko:

pero admito que no entendí quienes eran los personajes ni la mayor

parte de términos que usaban

 

 

solamente creo que al final apareció Kanon pero no estoy muy seguro :06:

 

 


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Publicado 14 marzo 2015 - 21:56

Me parece entender lo q pasó en el prólogo: creo q el objeto era presentar al ejército de Poseidón completo (Generales y Capitanes, o Guías en este caso) y al verdadero Dragón del Mar, así como su fin y suplantación hecha por Kanon, q creo q es Jano. Es lo q yo creo, aunq la última palabra la tiene Felipe. Interesante el prólogo, me gustó, sigue así



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Publicado 15 marzo 2015 - 06:03

 

buenas!! has vuelto antes de lo esperaba.

sobre el final de las doces casas,me ha gustado mucho como la has presentado

su desarrollo y desenlace me ha parecido bastante ameno y entretenido

y me alegra saber que lo pondras en pdf

 

y sobre prologo....interesante esperando los siguiente capis

un saludo.



#256 Ivan de Virgo

Ivan de Virgo

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Publicado 15 marzo 2015 - 09:24

muy entretenido 

en mi pais no venden mangas de saint seiya pero queria ver o leer a Aioria de niño

bueno el fic  :s55:


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Rexomega

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Publicado 16 marzo 2015 - 17:18

Saludos

 

A lo que yo he entendido:

-Makit: dios de los mares.

-Mok Bipan: Gran General (que al parecer coincide con el Dragón de los Mares).

-Bipan: General Marino, como los siete que todos conocemos.

-Tolem: Guía, al parecer el segundo rango en el ejército de Poseidón de esta historia, con armaduras que hasta a un santo de oro le costaría destruir. Dicen que la Nereida (¿Tetis?) es discípula de Sorrento, así que podría ser una Tolem. 

-Kokos: soldados rasos.

-Shamdewil: Dragón Marino.

 

Din (uno), Dut (dos), Luk, Sha, son nombres para los Siete Pilares. Los dos primeros hacen referencia a los que custodian Dragón Marino y, creo, Sirena (Sorrento).

 

De todos modos no me hagan mucho caso, ya decidirá Felipe_14 cuándo dejarnos vocabulario.

 

***

 

Del final de la temporada 2 (más que reseñar, y eso que ni he empezado XD), no me convenció que permaneciera lo de enviar a los protagonistas a un hospital. Me agrada más el concepto de la Fuente de Atenea.

 

También, cuando dicen que los Santos de Oro fueron enterrados, ¿eso incluye a Deathmask y Shura? Quizás es que ese par tuvo una muerte distinta a la del Anime/Manga y no recuerdo, porque si no es el caso, ni Deathmask ni Shura deberían tener cuerpo que enterrar.

 

***

 

Para el inicio de la tercera temporada tengo sentimientos encontrados. Por un lado, es interesante ver al ejército de Poseidón ampliado, y adecuada la perspectiva para introducirlo. Pasé medio capítulo pensando que el personaje tenía que morir*, y que era extraño que el Dragón Marino se llamara Salem (me imaginé un gato negro en armadura hablando de dominar el mundo); incluso cuando apareció Jano, aunque enseguida pillé la referencia, tardé en atar cabos y saber lo que podía implicar. ¿Es Kanon, o un giro que sorprenderá a todos los lectores? En el futuro lo sabremos.

 

Pero aunque es bueno que Poseidón tenga más que siete guerreros destacados bajo su mando, junto a Tetis, que los protagonistas tengan todavía más batallas no lo es tanto. Claro que me estoy adelantando a los hechos, ¿quien me dice que los Tolem vayan a ser rivales para Seiya & compañía? De nuevo, se sabrá en el futuro.


Editado por Rexomega, 16 marzo 2015 - 17:19 .



#258 -Felipe-

-Felipe-

    Knight

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Publicado 17 marzo 2015 - 16:28

Este.............ya se que diran que soy muy inteligente :wacko:

pero admito que no entendí quienes eran los personajes ni la mayor

parte de términos que usaban

solamente creo que al final apareció Kanon pero no estoy muy seguro :06:

Tranquilo, no importa que no entendieras en realidad, de hecho no se suponía que lo hicieran jaja, al final es solo un prólogo y hay que darle tiempo :) Más cuando esta historia no va a seguir literalmente lo que cuenta el manga, ni siquiera el animé.

 

Dicho eso, paso a explicar algo. Como recordarán algunos les pregunté hace un tiempo su opinión sobre qué debería ir después de las 12 casas. Tenía cinco opciones:

1. Salto directo a Poseidón, cosa que descarté porque sería aburridísimo y demasiado corto.

2. Continuidad animé (Asgard), cosa que también descarté aunque era la más atractiva por el desarrollo de personajes y lo bien hecho que está (sin saber que saldría en SoG xD), pero es más largo que Pose, y sigue el mismo estilo de trama, como bien apuntó en ese momento Rexomega.

3. Continuidad manga (Bluegraad), tenía el problema de que en sí, a pesar de ser "canónica", la historia es incoherente con el resto del manga, donde sale un Hyoga post doce casas (sabe usar la AE) pero llevando la V1, lejos del hospital donde debería estar. Además no tenía relación alguna ni con la saga anterior ni menos la posterior, y un solo protagonista para peor.

4. Continuidad película (la otra Asgard)... sin spoilear nada, atentos en este punto xD

5. Otra, y esa es la que tomé. El prólogo a Poseidón será largo, llevará a los Santos de Bronce alrededor del mundo separados para realizar misiones que tienen que ver con la saga, así que es algo inédito que no ha salido ni en manga ni en animé, pero de lo que estoy muy ansioso por mostrar.

 

 

Me parece entender lo q pasó en el prólogo: creo q el objeto era presentar al ejército de Poseidón completo (Generales y Capitanes, o Guías en este caso) y al verdadero Dragón del Mar, así como su fin y suplantación hecha por Kanon, q creo q es Jano. Es lo q yo creo, aunq la última palabra la tiene Felipe. Interesante el prólogo, me gustó, sigue así

Muy bieeeeeeeeeeen :D

Por cierto, para los que leyeron Alpha, sí. Los Capitanes ahí son los "Guías" acá, pero no tienen para qué leer ese fic para entender lo que ocurre.  Les cambié el nombre porque se relacionaba más con el trabajo de una de ellas (Tethys) y porque no veía por qué había capitanes y generales pero nada entre medio xD, y los cree para que el ejército submarino no se viera tan pobre.

 

 

buenas!! has vuelto antes de lo esperaba.

sobre el final de las doces casas,me ha gustado mucho como la has presentado

su desarrollo y desenlace me ha parecido bastante ameno y entretenido

y me alegra saber que lo pondras en pdf

y sobre prologo....interesante esperando los siguiente capis

un saludo.

 

Muchas gracias, espero sigas leyendo :)

Y ya he empezado a arreglar y renovar los capítulos de la primera parte para pasarlos a pdf.

 

 

muy entretenido 

en mi pais no venden mangas de saint seiya pero queria ver o leer a Aioria de niño

bueno el fic  :s55:

Gracias por pasarte, espero verte por acá leyendo los demás capítulos :D

 

 

-Makit: dios de los mares.

-Mok Bipan: Gran General (que al parecer coincide con el Dragón de los Mares).

-Bipan: General Marino, como los siete que todos conocemos.

-Tolem: Guía, al parecer el segundo rango en el ejército de Poseidón de esta historia, con armaduras que hasta a un santo de oro le costaría destruir. Dicen que la Nereida (¿Tetis?) es discípula de Sorrento, así que podría ser una Tolem. 

-KokAs: soldados rasos.

-Shamdewil: Dragón Marino.

Din (uno), Dut (dos), Luk, Sha, son nombres para los Siete Pilares. Los dos primeros hacen referencia a los que custodian Dragón Marino y, creo, Sirena (Sorrento).

 

Del final de la temporada 2 (más que reseñar, y eso que ni he empezado XD), no me convenció que permaneciera lo de enviar a los protagonistas a un hospital. Me agrada más el concepto de la Fuente de Atenea.

 

También, cuando dicen que los Santos de Oro fueron enterrados, ¿eso incluye a Deathmask y Shura? 

 

Para el inicio de la tercera temporada...

 

Pero aunque es bueno que Poseidón tenga más que siete guerreros destacados bajo su mando, junto a Tetis, que los protagonistas tengan todavía más batallas no lo es tanto...

Bingo!!!!!!!!!!!

Iba a poner el "diccionario" de lo anterior al principio de este capítulo, pero veo que no habrá necesidad jaja

Solo la corrección de makit, que no es dios de los mares, sino que Rey. En todo lo demás, PERFECTO.

 

Voy a usar esos términos un poco a menudo, la lengua atlante es para darles más identidad a los súbditos de otro dios, siento (y espero no equivocarme) que es más interesante :) Ojalá no sea demasiado tedioso.

 

-Lo del hospital... espera y verás muajajajaja

-Lo de DM y Shura, solo Shura no fue enterrado. En este fic el cuerpo de DM sigue en Cáncer, es su alma (o parte de ella, al final) la que es enviada al infierno.

 

-¿Me creerás... que me acabo de dar cuenta que Salem comparte nombres con el gato ese? xD Y sobre las peleas de los Tolem contra los Bronce, igual que en lo del hospital: sin adelantarse jaja

 

Muchas muchas muchas gracias a los que han decidido continuar con la lectura del fic :D

 

***

 

Y ahora seguimos. Este es por amplio margen el capítulo más largo de la saga, ojalá no se les haga molesto porque a mí me encantó escribirlo, a pesar de ser de la hippie.

 

SAORI I

 

06:00 a.m. del 30 de Noviembre de 2013

Era el día para cambiar de aires, aunque quizás sería brusco. En Japón se mantenía el tibio otoño, pero en Atenas, cuna de la civilización occidental, era pleno invierno y llovía a cántaros.

Al despertar por, quizás, vez última en su cómoda cama en la mansión, se encontró con su fiel mayordomo abriendo las cortinas a pesar de que afuera aún estaba oscuro. Le informó que las lluvias en Grecia durarían quizás una semana y suplicó que esperara hasta que se calmara el tiempo. Pero ella ya no iba a retrasar más su destino, además era una fecha especial, ese debía ser el día de su viaje.

El rostro de Tokumaru Tatsumi se veía enternecedor cuando encendió la lámpara en la mesa a su lado. Trataba de mantener la firmeza y desviar la atención lo más posible de su mentón tembloroso con bruscos movimientos de mano mientras abría el armario y sacaba pantalones y camisas para que ella escogiera qué ponerse. Se había ofrecido a llevar él mismo esas ropas al Santuario, así como también joyas y otros objetos que se multiplicaban entre sus posesiones, pero ella lo consideraba innecesario. Tendría los servicios básicos necesarios para sobrevivir con cierta comodidad en Atenas, y no le parecía correcto que una diosa se vistiera como una muchacha común y corriente (o más que solo común, en realidad), probablemente tendría que acostumbrarse a usar esos vestidos largos y blancos con que las doncellas de Rodrio la habían vestido cuando se presentó ante el Santuario. Seguía sin recordar los nombres de esas niñas.

 Se levantó y caminó al baño para ducharse. Al entrar se miró en el espejo, contempló sus ojeras y cabello revuelto y le provocó una risita irónica. No se parecía en nada a una joven japonesa como las que había conocido a montones en las escuelas privadas a las que había asistido: tenía ojos grandes y redondeados, piel bronceada, cabello castaño tirando a rubio. ¿Cómo es que nadie le cuestionó por qué no se parecía siquiera un poco a su abuelo en toda su vida? Quizás estaba prohibido hacer preguntas...

Se vistió con unos gruesos pantalones de tela blancos, zapatos negros que apenas la elevaban un centímetro de estatura, una camisa de algodón celeste sobre una camiseta liviana, y un gran abrigo de lana gris con sombrero que se extendía hasta sus rodillas. Como siempre, ató en su muñeca la pulsera de flores que su abuelo le había regalado, flores que jamás se marchitaban.

---Señorita..., no se vaya mucho tiempo, vuelva cuando pueda... ---tembló la voz del mayordomo al despedirse de ella en el aeropuerto privado de los Kido.

---Tatsumi, no me voy para siempre, parte de mis nuevo trabajo es recorrer el mundo visitando gente, y aún tengo algunas responsabilidades como heredera de la familia ---le sonrió con el más cálido de los gestos, aunque también tenía ganas de llorar. Era dejar todo atrás. Por un bien mayor, claro, pero no dejaba de ser difícil---, por ahora quedas a cargo.

---Sí, señorita... ---el vigoroso hombre de casi dos metros bajó la cabeza con lentitud, se veían sus ojos llorosos. Él no podía ir con ella en el avión, habían llevado a cabo todos los procesos jurídicos para que fuera el representante legal y encargado de las finanzas de los Kido en su nombre. Solo tuvieron algunos inconvenientes con la aparición en los registros de un tal Mei Kido, de quien ni siquiera Tatsumi tenía conocimiento pero que se suponía era el sucesor legal de Saori. El único Mei que ella conocía era uno de los huérfanos que fueron enviados por armaduras a distintas partes del mundo, pero del que nunca se supo nada más. De todas formas, el tal Mei Kido no tenía paradero en ninguna parte, y lo tomaron como un error en los registros legales, pero lamentablemente eso retrasó mucho su regreso a Grecia.

---Tranquilo, estaré bien ---se acercó sin vacilar para darle un abrazo con fuerza a quien la había cuidado y criado como un segundo padre... o un tercero, dependiendo del contexto.

---Vuelva pronto, por favor.

---Sí.

 

18:50 p.m. del 1º de Diciembre de 2013

Cerca de las siete la avioneta aterrizó en las cercanías del Partenón, un lugar exclusivo preparado para su llegada. Después de despedirse del piloto Saori se adentró a solas, cargando un par de maletas, entre las montañas de Atenas, pasando junto a los pocos turistas que se asomaban para tomar fotos de la historia en una tarde tan lluviosa. El cielo estaba gris, apenas se distinguía el sol poniente como una mancha blanquecina luchando para que sus débiles rayos de luz se adelantaran en el escenario atravesando las nubes negras que se amontonaban impulsadas por los fuertes vientos de la zona. El Santuario era un cúmulo de cerros y montes de entre los cuales el más alto alcanzaba más distancia al cielo que el mismísimo Everest, pero desde fuera solo se veían algunas montañas menores. Para encontrar el camino había que saber dónde buscarlo, le había dicho Seiya cuando fueron juntos a enfrentar al Sumo Sacerdote y los Santos de Oro.

«Seiya...»

Él los había guiado a ella, Shun y Hyoga por las rutas secretas, exclusivas de Atenas entre medio de picos difíciles y riscos peligrosos, cruzando la Acrópolis, más allá de los edificios turísticos típicos y las cadenas montañosas donde los jóvenes se reunían para hacer distintos deportes.

El piloto se había ofrecido a conducirla a través del difícil recorrido pero ella le prometió que no iría sola, que alguien la esperaba. Mintió. La travesía era algo que debía recorrer en soledad, para probarse a sí misma su divinidad, era lo mínimo que debía hacer...

 

Llevaba una hora caminando cuando perdió la ruta. Las lluvias se habían puesto más fuertes, también los vientos, y a esas alturas no iba a funcionar su teléfono para pedir una guía. No había nadie allí, ni siquiera algún campesino que pudiera orientarla.

Estaba a medio camino de un monte oculto entre otros dos mucho más grandes, y si su memoria no le fallaba, debía pasar a través de un túnel al interior de un cerro cuya forma asemejaba a un rostro de perfil, mirando al cielo que en esa ocasión estaba soleado. Pero ahora había luna nueva, su poca luz no alcanzaba a serenar las alargadas sombras que abrazaban los colosos a su alrededor, ni tampoco a atravesar las nubes de tono negro. Una niebla creciente hacía imposible que hallara la fisura o la montaña correcta. ¿Tal vez debía regresar?, ¿se habría equivocado de rumbo?

Un crujido parecido al rugido de una bestia la alarmó. Dio un paso hacia el costado y trastabilló. Aterrada se sujetó de una saliente para no caer a uno de los precipicios pero el brusco movimiento alteró el equilibrio del monte e intensificó el crujido. Algunas piedritas cayeron sobre su cabeza, y al empinar el rostro se dio cuenta que una gigantesca roca temblaba sobre su cabeza, como dudando, como asustada de lanzarse a una piscina helada.

«Oh no». Finalmente la piedra se decidió.

Saori gritó y en un breve segundo se dio cuenta de que había sido osada de más al tratar de entrar sola al Santuario, solo usando la memoria para recordar los caminos de aquella ocasión tres meses atrás. Era peligroso, un lugar creado para los Santos, no para una diosa humana, ¿en qué había estado pensando?

---Tal vez no debería presionarse de más, mi señora.

---¿Eh? ---Saori abrió un ojo primero, se aseguró que aún estaba de pie en el mismo valle oscuro. Abrió el otro para mirar hacia arriba a aquel que le había dirigido la palabra con tanto respeto. Las gotas de lluvia no impidieron que viera y se asombrara de la situación.

La roca aún estaba allí, era del porte de un autobús, pero se había quedado a medio camino. Era soportada sin dificultad por la mano de alguien: un hombre enorme vestido con un grueso gabán cuya capucha le tapaba totalmente el rostro, oscureciéndolo. Sus botas y guantes parecían de cuero de búfalo, y eran adecuadamente tan grandes como él.

---Debería haber llamado a alguien, menos mal que andaba en las cercanías y me percaté de su presencia ---el hombretón dejó caer la pesada roca de su mano izquierda hacia el fondo del precipicio, y luego con la otra se quitó la capa para que la lluvia reflejara su rostro.

Era de tez morena y rasgos duros, ojos grises, nariz ancha y redondeada, una incipiente barba en el mentón y largo cabello negro. No fue difícil recordarlo, era quien la había cargado mientras agonizaba durante la travesía por la Elíptica.

---Eres... ¡Aldebarán!

---A su servicio ---contestó el gigante inclinando la cabeza con una increíble reverencia--- Y ahora, si me lo permite, la conduciré hasta su Santuario.

 

Resultaba que la fisura estaba en la misma montaña donde estaba parada, solo tenía que caminar unos pasos dándole la vuelta para encontrarla. Al cruzar el túnel divisó de inmediato el coloso sagrado cuya cima era imposible de ver desde el mundo terrenal. Con ayuda del Santo de Oro de Tauro no fue difícil recorrer los caminos empinados y rocosos hasta alcanzar la ruta que llevaba al Coliseo. Esta vez, Saori se preocupó de memorizar bien la senda a la vez que disfrutaba la compañía de un Santo muy conversador.

En pocos minutos aprendió que Aldebarán era un hombre dedicado a su trabajo, sin esposa ni hijos, pero a cargo de un montón de niños de favelas al ser uno de los dueños de un orfanato en Brasil, su país natal. También supo que llevaba catorce años como Santo y uno de sus grandes objetivos -y sueños- era escoltar alguna vez a la diosa.

---Eres muy amable, Aldebarán ---le sonrió cuando ya entraban al Coliseo. Había poca gente a esa hora, solo algunos guardias que no se percataron de su presencia al ser opacada por el tamaño del Toro y sus propias ropas gruesas que le hacían parecer un habitante más del Santuario, seguramente. También se podían divisar varias cabañas y centros de entrenamiento a lo largo y ancho, a pesar de la lluvia, niebla y oscuridad, muchas tenían antorchas encendidas en las entradas.

---Creo que lo correcto es que me llame Taurus, aunque no sé, me agrada mi nombre, no sé cómo será el protocolo en estas situaciones, ¿usted me llamaría Taurus? Aldebarán es mi nombre, y el de la principal estrella de la constelación de Tauro, coincide, así que quizás sería lo mis...

---¿Aldebarán?

---¿Sí?

---Así te llamaré. Por cierto, tengo una duda ---aventuró aprovechando la cercanía mutua, ya le habían negado la información antes de partir, era su deber saberlo--- ¿Podrías decirme a qué lugar llevaron a los Santos de Bronce?

---¿Se... Se refiere a Seiya y los demás? ---preguntó con un notorio titubeo, Saori vio una gota de nerviosismo caer por su rostro a pesar de la gran diferencia de altura--- Yo..., no lo sé, quizás los demás sepan.

---Mi fundación buscó su registro en todos los hospitales del mundo. Hablo en serio, son capaces de eso, pero no encontraron nada sobre Seiya, Shun, Shiryu o Hyoga, ¿dónde están?

---Se lo diré después de nuestra reunión, se lo prometo ---contestó alguien en lugar del Toro de Oro.

Sin darse cuenta ya habían llegado a la torre del reloj que había marcado las horas de vida que le quedaban hace tan poco tiempo. Era muy grande y podía verse desde cualquier punto de la Elíptica, a veces como si estuviera a unos metros de distancia, uno más de los misterios de un lugar que ella misma había creado hace unas decenas de vidas pasadas.

En la base del Meridiano los esperaba un joven de apariencia extraterrenal, un ser de tez blanquecina como la porcelana, rasgos delicados, puntos rosas en vez de cejas y ojos tranquilos como aguas estancadas, su cabello violeta caía por su espalda atado con un moño rojo. Estaba ataviado con una larguísima capa blanca que lo cubría completamente desde el cuello hacia abajo, aunque se notaban unas extrañas protuberancias cerca de su pecho.

---Muu.

---Athena, me alegro de que esté con nosotros nuevamente ---el reparador de armaduras inclinó la cabeza con respeto y abrió una puerta en la base piramidal de piedra de la torre, junto a él. Entró, y Aldebarán le indicó que fuera con ellos con un gesto generoso con la cabeza.

 

Adentro había dos grandes puertas de hierro más, una a la izquierda y otra adelante. La primera se veía común, solo tenía un dibujo en relieve de una flama ardiendo, su acompañante le informó que llevaba a través de una escalera de caracol hacia los mecanismos del reloj, ya fuera para encender las llamas o para hacer reparaciones, y que cualquiera podía entrar allí, aunque de todas formas se pedía autorización. Pero ellos debían entrar por la segunda, por la que Muu ya había pasado. Era más alta que la otra, del mismo tono plateado, pero no tenía ni picaporte ni cerradura, ni se veían bisagras, parecía ser parte del muro que tenía enfrente y se extendía por su derecha. Tenía esbozado el dibujo de un sol con múltiples rayos y un rostro al centro, con una boca y ojos cerrados.

En el dintel, una inscripción rezaba “Qalamoz Hlioz” en letras de oro. “Cámara del Sol”.

---¿Cómo...? ---Saori buscó con la mirada algún pomo oculto, la puerta no cedía empujando.

---Le enseñaré. Nuestras auras toman variados colores dependiendo de nuestra personalidad y aptitudes desde el nacimiento, y es el tono de la luz que irradiamos cuando encendemos nuestros Cosmos ---Aldebarán dejó que un brillo amarillento iluminara la pequeña salita de espera, sus ropas oscuras tomaron tonos menos opacos---, pero al llevar Mantos de Oro por mucho tiempo, nuestras auras comienzan a tomar tintes dorados, y eso es lo que reconoce esta puerta, porque solo los Santos de Oro pueden entrar aquí, además del Sumo Sacerdote y Athena.

Aldebarán le tomó la mano y la hizo avanzar hasta la puerta que seguía igual que antes. Su Cosmos era cálido y gentil, el frío que había sentido por el invierno griego se disolvió de un instante a otro.

En lugar de chocar contra el hierro, Saori se encontró al interior de una gigantesca sala circular alumbrada por múltiples antorchas de llamas amarillas incrustadas en el único muro de color negro. El techo era iluminado por las luces, parecía un inmenso tapiz de color azul oscuro decorado con estrellas blancas, un espectáculo maravilloso ya que parecían moverse, pero no era el cielo real.

Pensó que incluso si las antorchas hubieran estado apagadas, aún así se vería por la segunda fuente de luz tal vez más intensa que la primera. Doce esculturas doradas se distribuían alrededor del perímetro de la Cámara, ligeramente más grandes que un humano promedio, montadas encimas de pedestales plateados de medio metro. Las más lejanas no podía distinguirlas bien, parecían una mujer y una pesa, pero al mirar a la derecha se encontró con un fantástico carnero de oro en actitud pasiva, y más allá con un refulgente toro gigante con una pata levantada a punto de emprender la carga. A su izquierda, dos bellos peces se entrelazaban con un hilo que salía de sus bocas, y le seguía la estatua de un joven desnudo con ojos en blanco que sostenía una jarra sobre su hombro entre sus manos.

Al centro de la habitación, una larga mesa de ébano tan limpia que parecía de metal. A su alrededor contó catorce sillas de estilo medieval, como las que uno leería en leyendas artúricas, con altos respaldos oscuros terminados en triángulo marcados con un símbolo en la parte posterior, en este caso, los signos zodiacales. Las que estaban en los extremos eran ligeramente más grandes y decoradas, de un color más tirado hacia el rojo, especialmente la más cercana a la puerta. Ésta estaba decorada con bellos y variados detalles florales, y fue a donde Aldebarán la dirigió. Tenía una almohada cómoda, se alivió del agotamiento del viaje como si nunca lo hubiera efectuado.

Cuatro sillas ya estaban ocupadas, resplandecían con los reflejos dorados de las armaduras. Muu de Aries a su derecha, ya desprovisto de la capa blanca, con elegancia y respeto la miraba sin exponer sus pensamientos. Aiolia de Leo y Shaka de Virgo al otro extremo, uno le sonreía con gentileza, era muy parecido a Seiya, la invitaba a sentirse cómoda con sus ojos sinceros, mientras el otro no la miraba directamente, hasta podría haber pensado que estada durmiendo en su silla si no se hubiera enterado que cerraba los ojos por voluntad propia. Frente a Leo, Milo de Escorpio representaba un semblante serio pero no antipático, parecía sentirse orgulloso de su puesto en la asamblea dado el pecho inflado tras su Manto de Oro. Aldebarán tomó su silla junto al Carnero, quien tomó la palabra.

---Athena, en nombre de todos le doy la bienvenida al Santuario de nuevo. Esta es la Cámara del Sol donde solo nosotros podemos entrar, un lugar secreto hasta para muchos de los Santos de Plata.

---Nos sentimos mucho más a gusto con su presencia aquí, el Santuario se alegrará de verla ---le comunicó amistosamente el León.

---Gracias, Aiolia. Debo reconocer que es un cambio brusco, pero estoy decidida a cumplir mi labor como protectora de la Tierra junto a ustedes, espero ganarme su confianza.

---¿Su confianza? ---interrumpió Milo, aún con cortesía--- Eso se lo ganó al sobrevivir a los múltiples atentados de Saga, no se preocupe.

---¿Aún estás tan enfadado con él?

---¿Tú qué crees, León? Casi matan a aquella que juré proteger y no hice nada para evitarlo.

---Bueno, eso es algo que cumpliremos a cabalidad desde hoy ---Muu clavó sus serenos ojos verdes en ella--- Pero lo primero será apurar ciertos asuntos, por eso la trajimos aquí.

----¿Asuntos? ---preguntó, aunque por alguna razón supo de inmediato a qué se refería el Santo de Aries.

---Usted no ha vivido en el Santuario como sus reencarnaciones anteriores, por lo que hay mucho que debe aprender. Ahora que estamos en un periodo de paz temporal, le enseñaremos todo lo que debe saber.

---Entiendo... ---asintió, sabiendo que detrás del rostro aparentemente sin emociones del primer guardián del Zodiaco había en realidad un guerrero noble totalmente preocupado de su bienestar, igual que los demás--- Me informé de varios asuntos gracias a las notas de investigación que mi abuelo hizo del Santuario y de Sagittarius, pero sé que aún debo aprender muchas cosas.

---Nosotros los Santos de Oro nos hemos encargado de la organización del Santuario durante su ausencia, algo así como Pontífices regentes, pero con usted aquí las cosas resultarán mucho mejor..., y es necesario, en realidad ---admitió Aiolia con un dejo de pesar.

---¿A qué te refieres?

---Por la guerra que libramos contra Saga, y a su vez contra los Santos de Bronce, nuestro número se ha limitado mucho ---el León indicó con la mirada los asientos vacíos a lo largo de la mesa, los Santos de Oro que habían muerto durante el gobierno de Saga, empezando con su propio hermano Aiolos de Sagitario---, y con tan poca gente, no sé cómo nos afectará la batalla que está por venir.

---Cada doscientos años más o menos se rompe el sello que usted puso a la oscuridad, lo que trae caos y calamidades a nuestro mundo ---explicó Muu antes de que Saori preguntara a qué se refería---. La Guerra Santa.

---¿Una batalla entre dioses?

---Así es. Normalmente esa guerra la ha ganado usted, y durante los años que le siguen el Sumo Sacerdote prepara su ejército principalmente para el día en que el sello se rompa de nuevo, pero con un número tan disminuido...

---Será difícil esta vez ---lamentó Aldebarán, por los tonos de voz parecían estar casi desahogándose, cosa que comprobó un segundo después---, no les contamos esto a los más jóvenes, pero la próxima Guerra Santa contra la oscuridad se avecina, la última fue hace dos cientos cuarenta y tres años según mis cuentas, y solo sobrevivieron dos Santos. La necesitamos al tope de sus habilidades para que podamos fortalecer nuestro ejército y que esté listo para enfrentar algo que... se ve difícil ---repitió.

---¿Contra quién...? ---y de repente, antes de formular la pregunta, lo supo. El dios a quien debía enfrentar, como si lo hubiera recordado, un escalofrío le recorrió la espalda como un centenar de pequeños insectos corriendo por su piel, se le erizaron los vellos de la nuca ---Oh.

---Por culpa de la locura de Saga el Santuario pasa tiempos oscuros, de verdad la necesitamos, Athena ---dijo Milo con penetrantes ojos celestes que hasta atravesaban su alma.

---¿Cuántos Santos de entre los Ochenta y Ocho tenemos en la actualidad?

---Le pedí a Yuli que hiciera el registro después de que anotáramos las fechas de defunción de Saga, Camus y los demás ---Aiolia se puso a rebuscar en un bolso que tenía a sus pies y sacó unas cuantas hojas blancas antes de mirarla con algo de divertido nerviosismo, como un niño que ha hecho algo malo y lo han atrapado--- Aunque no podemos traspasarlo al Libro Dorado, pues al no haber Pontífice, ese es su deber Athena, je je.

---Oh, ya he hecho trabajo de papeleo, no hay problema, ja ja ja ---rió Saori, y su sonido hizo eco en el salón, cosa que sin querer le subió los colores al rostro.

---Muu, Athena te eligió como el próximo Sumo Sacerdote, ¿no? Tú lee ---Aiolia le pasó las anotaciones por medio de Aldebarán con una expresión pícara.

---Eso es algo que ella aún tiene que decidir formalmente ---repuso Muu.

---Sí, sí, como sea, lee.

Muu soltó un pesado suspiro y sacó un par de anteojos que se puso con prisa, con lo que parecía un ligero tono rosa en su rostro, no tan intenso como el que debía tener Saori, pero aún así... Una risita por lo bajo hizo eco a lo largo de la mesa y ella vio a Aiolia, Aldebarán y Milo mirando a su compañero con la mano casualmente en la boca y los ojos medio cerrados, como evitando soltar la carcajada. El mismo Muu presentó su primera sonrisa mirando hacia abajo, y el ambiente se relajó en seguida.

Y así Saori lo comprendió. Notaron su nerviosismo, especialmente después de su breve golpe de risa, e hicieron todo lo posible para aliviarla y que se sintiera cómoda, hasta esos más mínimos detalles. Incluso Shaka había curvado sus labios sutilmente, comprobando que no estaba dormido después de todo.

---Bien, bien, ejem ---carraspeó Muu para concluir el momento de relajo, tomó las notas y las leyó--- Por cierto, Athena, Yuli de Sextante es una de las cuatro oficiales del Santuario. Aunque le corresponde encargarse del observatorio le pedí que se ocupara de la biblioteca, trabajo que normalmente pertenece al Santo de Plata de Altar, que no tenemos desde hace casi catorce años. De todas maneras, hasta que usted aprenda a leer el destino en el Monte Estrellado creo que podemos prescindir de la oficial de astronomía.

---Ah... sí ---«Vaya, ese es un trabajo interesante» pensó Saori, aunque no se le ocurría cómo iba a hacer algo así.

---De los cuatro oficiales, como dije, hay tres presentes. De los soldados rasos, hay mil ciento cinco.

---Muy pocos ---comentó Aiolia, y los demás asintieron.

---A día de hoy hay seis Santos de Oro, pero solo cinco presentes en el Santuario ya que Dohko de Libra reside en retiro en LuShan ---comenzó Muu, explicando las anotaciones de la Santo de Sextante.

---Todavía no sé qué tanto hace allá, debería descansar y pasar el Manto de una buena vez ---se quejó Milo.

---Somos Santos de por vida o hasta que decidamos retirarnos, no podemos obligar a nadie a algo así, además se merece nuestro respeto como uno de los dos sobrevivientes de la Guerra Santa anterior ---repuso Aldebarán.

---Hay seis Santos de Plata de veinticuatro, sin contar a uno desaparecido hace dos años, fueron nuestras mayores bajas en número--- continuó Muu la lectura--- Además, una de las seis no responde los llamados del Santuario aún.

---Es cierto, ¿podrías avisarle a tu discípula que el gobierno cambió y que sería respetuoso presentarse ante Athena? ---inquirió Milo, dirigiéndose al Santo a la derecha de Aiolia.

---Ya lo hará... ---fue la primera, corta y vaga respuesta de Shaka, aunque siguió con el rostro hacia abajo.

---El más reciente es el Santo de Cruz, ¿cierto? ---preguntó Aiolia, sin esperar la respuesta---, lleva tres años en el cargo, creo que ya sería bueno formar un nuevo grupo después de que tantos como Sirius, Misty y Daidalos murieron.

---Eso lo conversaremos más adelante con Athena ---Muu bajó la mirada a las notas otra vez--- Finalmente, hay veinticinco Santos de Bronce, de cincuenta y dos, el más reciente fue certificado hace solo tres días. Además se cuenta con uno desaparecido en acción.

---Fue atrapado por la Explosión de Galaxias de Saga, sería imposible...

Milo se calló al atrapar la mirada de Saori. Ella no sentía haber cambiado su expresión hasta ese momento, pero el recuerdo del sacrificio del valeroso Fénix seguía afectándola, así como el de todos los demás. Sentía un molesto cosquilleo en los dedos, se los chocaba unos contra otros sin parar bajo la mesa, y sus pensamientos iban constantemente a los rostros de aquellos que se habían roto la espalda por su salud. Ya eran casi las nueve, debía ser ese día.

---Muu, ¿puedo saber dónde están Seiya y los otros?

---Athena, esto...

---Hasta que no me lleves con ellos, no puedo estar tranquila ---Saori buscó las palabras correctas, debía convencerlos... las encontró de golpe, se sentía muy inspirada--- Mi deber es estar al tanto de la salud de todos mis Santos, así que...

«Te ordeno que me lleves con ellos» siguió, pero eso no salió de sus labios, él debió haberlo entendido. Sabía el motivo de tanto secretismo, se suponía que la diosa Athena no podía tener favoritismos por uno o pocos de sus guerreros, pero ellos habían sido sus más leales, era lo mínimo que les debía.

---Como diga ---aceptó el Carnero quitándose los anteojos con un tono que Saori no reconoció ni como negativo ni como positivo.

---Después de verlos, haré todo el papeleo y todas las cosas que ustedes me digan que haga, se los juro.

---Yo la llevaré, Muu ---se levantó Milo, sus uñas parecían bastante normales a diferencia de cuando las vio en la discusión con Saga, rojas y largas--- No te hagas, sé que haces todo esto por protocolo, pero aquí todos queremos que ella los vea, quizás... hasta los ayude a despertar.

«¿Despertar?» Sin esperar respuesta, el Escorpión abrió la puerta y dio por terminada la asamblea, al menos temporalmente.

 

21:05 p.m.

Salieron a la oscuridad de la noche. La lluvia había amainado, se había convertido en un suave y débil chubasco aunque el firmamento seguía cubierto por nubes grises. La brisa era refrescante, se dio cuenta que en la Cámara del Sol no había aire acondicionado o nada similar.

En lugar de tomar el camino a la Elíptica, Milo guió a Saori dando la vuelta por la izquierda, rodeando la montaña. De frente se veía un monolito enorme del que no se había percatado en su primera visita, pero dedujo que era el Monte Estrellado del que le habían hablado, donde el Sumo Sacerdote veía el curso del destino en las estrellas. Su cima se perdía entre las nubes, tal vez era tan grande como la Elíptica, su base se ocultaba en un frondoso y oscuro bosque donde veía pinos y robles muy altos. En el camino había varias estatuas de héroes de la antigüedad y edificaciones de todo tipo, con algunas cabañas estándar y otras estructuras de diversos diseños. Milo le informó que los más pequeños eran los hogares de los Santos, y los más grandes eran centros de entrenamiento, armerías, comedores y cocinas. También, una estatua de... ella misma, marcaba un templo subterráneo que servía como biblioteca pública donde normalmente el Santo de Altar, asistente del Pontífice, archivaba todos los registros sobre los asuntos del Santuario y el resto del mundo.

Pero ellos siguieron caminando más allá de los puntos de vigilancia de los guardias que saludaban con marcadas reverencias. El camino pedregoso y gris se tornaba más verde a cada centímetro que pisaba, el olor a humedad y plantas era mucho más intenso al interior del bosque.

---Por eso no los encontré en ninguna parte, están en un hospital de aquí del Santuario ---advirtió Saori a medida que el coloso vertical se hacía cada vez más imponente, aunque camuflado por las largas y altas ramas de los bellos árboles que se iba encontrando, cientos de ellos.

---Es más que un simple hospital, Athena ---corrigió Milo, siempre mirando al frente---, nuestra meta está en lo más profundo del Bosque de los Dioses.

Cuando ya pensaba que el objetivo estaría subiendo el Monte Estrellado, el Escorpión se detuvo y dobló por una ruta que se dividía a la izquierda, alejándose más de la Elíptica pero bordeando el observatorio del Sumo Sacerdote.

 

Nunca se había sentido tan relajada en su vida por algo que veía y oía. El sonido de los riachuelos recorriendo el pequeño monte y cayendo sobre las lagunas entre los matorrales era como un coro de ángeles, se les sumaba un canto de aves que no podía reconocer, eran pequeños y multicolores, volaban por todos lados como mariposas. Había una loma de dos niveles, todo decorado con afluentes, ríos, un sinfín de árboles y varias plantas aromáticas, y un templo en el punto más alto bordeado por estatuas de doncellas de las épocas mitológicas.

El templo era cuadrado y sin muros, quizás del tamaño del Erectión o similar. Un techo de piedra, granito y mármol blanco y pulcro era soportado por una veintena de firmes y gruesas columnas en perfecto estado. En un segundo nivel se hallaba una pequeña cúpula circular de donde salía un Cosmos níveo, puro, relajante, placentero, suave e infinitamente tranquilo. Al interior todo estaba luminoso, la luna parecía haber encontrado su habitación allí adentro.

No perdió tiempo ni dejó que Milo le explicara nada. Corrió sin cuidado por las piedras mojadas, cruzó las plantas notando que ninguna tenía espinas y saltó por sobre los riachuelos. Una joven con Manto rosáceo, alas de ave y una máscara en la boca estaba en la puerta, pero al reconocerla se hizo a un lado con una ligera inclinación de reverencia. Lamentaba ser tan irrespetuosa, pero llevaba tres meses sin saber de ninguno de ellos, no podía esperar más.

Había varias camas distribuidas a lo largo y ancho del gran palacio. Entre sí estaban separadas por cortinas de delicada tela blanca que junto al color de las columnas le daba un aspecto celestial a todo el lugar. Una decena de doncellas iban de un lado para otro caminando con lentitud y elegancia, todas vestidas de blanco como seres angelicales. Algunas cargaban instrumentos que se verían en un hospital, pero no los suficientes como para que se le reconociera como tal.

En la primera cama a la derecha, tapado hasta el cuello por sábanas blancas había un chico de tez morena y revoltosos cabellos castaños conectado a un respirador artificial. Una jovencita se alejó al ver a Saori y le permitió el paso. En un segundo, Seiya ya estaba entre sus brazos.

---Gracias a los dioses, sabía que seguías vivo, Seiya... ---sollozó mientras luchaba contra sus deseos de levantarlo y abrazarlo con más fuerza, pero sabía que no podía ser muy brusca en ese estado. Aún así, acarició su rostro con ternura mientras se mojaba con sus lágrimas--- Lamento haber tardado, pero qué bueno que llegué antes de las doce ---sonrió al oír los latidos de su corazón--- Muy feliz cumpleaños, Seiya.


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Publicado 17 marzo 2015 - 21:02

mientras los dorados estan preocupados por la guerra contra hades,saori

esta mas preocupada por seiya XD

 

aunque teniendo encuenta que ya lo ha derrotado en varias ocasiones y que ademas cuenta con el dorado mas poderoso de todas las generaciones es normal que se confie. :s46:

 

 

me extraña que Mei no sea recordado por Tatsumi ,segun recuerdo en la historia de la gigantomachia

si sabia de su existencia.

 

PD.

 

-no entiendo como creian que saori era nieta del viejo si el viejo no tuvo hijo o hija legitimizados y peor aun saori en tu fic no tiene facciones japonesas sino griegas.

-buen capitulo

 


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Publicado 18 marzo 2015 - 17:25

en este capi ya me pregunto yo por que saori no tiene una mucama,es que me cuesta imaginarme

a un hombreton como tasumi sacandole la ropa a una adolecente...ya sabeis a lo que me refiero XD XD

ahi creo que habria molado ver a una saintia,tambien me lleva a preguntarme,,,por que tu saori no tiene

la figura de "mejor amiga" con la cual pueda desahogarse  por todo lo que le esta pasando

 

tambien otra duda que tengo es donde ella esta  reunida con sus dorados,alguno de estos no

pone sobre la mesa la idea de acender a alguno de los legendarios a dorados

siempre que estos se recuperen...

sobre todo teniendo en cuanta que dos de ellos si podrian optar a armadura en este caso seiya y hyoga

por que lo es voluntad y poder no les falta.

 

otra cosa, de donde viene el dinero para mantener una organisacion como la de los caballeros

me gustas como planteas la forma en la que funciona el santuario,cosa que nunca llegaron a explicar bien

espero que sigas indagando en ese tema

 

y shunrei?,aqui creo que deberia estar al lado de shiryu,y tener un momento con saori

nunca se ha tratado del todo bien como se podrian sentir una mujer normal enamorada de un caballero

a sabiendas que su destino es morir en combate por otra mujer que es encima una diosa viviente

has comentado la solteria de aldebaran....eso me resulta interesante

estaria bien que algun dorado estuviese casado y con hijos...y cuanto mas dramatico sea, mejor

algo asi como la viuda de shura con sus dos hijas encontrandose con shunrei

en ese hospital del santuario.

 

aqui me imagino a alguno de ellos despertandose rodeado de chicas monas y preguntadose si eso es el cielo XD

me gusto esa parte....

 

y me gusta la idea de cada uno haciendo misiones por el mundo,me molaria leer teem-ups de bronce-dorado

puede ser una dinamica interesante y por nada del mundo hagas que ikki salve a shun XD

 

en definitiva me gustado el capitulo,un saludo y hasta el preximo.






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