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Los Caballeros del Zodiaco vs Los Campeones de Grecia -Remake-


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10 respuestas a este tema

#1 Jeczman15

Jeczman15

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Publicado 21 diciembre 2020 - 23:09

Capítulo 1

El cielo seguía oscuro, una leve luz solar se asomaba del eclipse, sin embargo, a pesar de la derrota de Hades, por algún motivo se detuvo, impidiendo que el Sol se asomara en toda su gloria. Los 4 santos de bronce tenían un semana de haber regresado del infierno. 


-Shaina, ¿Cómo sigue Seiya?-


La caballero femenino de Plata de Ofiuco observó a Shiryu y negó con su cabeza.


-No entiendo que es lo que hicimos mal, se supone que después de vencer a Hades, todo volvería a la normalidad, sin embargo el cielo sigue semioscuro.- El Santo de Dragón volteó donde el enorme ventanal, unas ligeras gotas rozaron su rostro. -¿Llueve? Es como cuando enfrentamos a Poseidón-

-¿Han visto a Athena?- Tanto Shiryu como Shaina voltearon al fondo de la cámara del Patriarca de donde venía una voz, con un ligero acento ruso, las enormes puertas se cerraron fuertemente.


-¿Hyoga? ¿Eres tu?- Gritó Shiryu, sin embargo, contempló que no había una silueta, sino dos.

-Ya buscamos en Siberia, en los 5 viejos, picos, en la fundación Graude y ¡nada!-  Había dicho otra voz, suave, dulce, pero varonil.

-¡Hyoga! ¡Shun!- Shiryu corrió donde sus amigos, los cuales venían con unas caras llenas de tristeza.

-¡No hemos encontrado a Saori! Algo tuvo que haber pasado en el momento en que salimos del inframundo, ¿pero qué?-  Todos se quedaron callados al escuchar a Shun

-Athena no pudo haber desaparecido, recuerdo que cuando ustedes regresaron- Shaina se acercó lentamente donde los demás Santos- varias esferas de luz salieron despedidas al cielo, al principio creí que, esas eran las mismas esferas en las que habían llegado, pero ahora que lo pienso, algo salió de ahí con ustedes.-

-¿Algo?- Murmuró Hyoga

-¿Espectros que quieran vengarse de nosotros?- Volteó Shun mirando a ver los ojos azul celeste del Cisne

-¡No es posible!- Cisne, Andromeda y Shaina voltearon a ver a Shiryu  -Recuerdo haber escuchado al Maestro Roshi decir que, Shaka había utilizado su rosario, el cual tenía 108 cuentas.-

-Ahora que lo dices Shiryu, mi hermano me platicó que, justo cuando entró al muro de los lamentos, Pandora, que era parte de los espectros, murió al entregarle su propio collar.-

-No son espectros- Al momento de escuchar esa voz grave, un relámpago cayó cerca del Santuario.

Los demás voltearon donde un enorme ventanal, la silueta se fue acercando, hasta dejarse ver por completo.

-¡Hermano!- Shun corrió donde Ikki, abrazándolo, el Fénix lo correspondió pero lo alejó casi de inmediato.

-Ikki ¿Qué tienes?- Shun sintió la perturbación de su hermano.

-No tengo idea que fue lo que salió del infierno, pero lo que sea que haya sido, sentí una energía terrible de odio hacia todos nosotros.- 

Justo en ese momento cientos de rayos cayeron donde estaba la estatua de Athena, todos salieron al patio donde Seiya había derrotado a Saga en la pelea de las doce casas. Observaron la espalda de un hombre de dos metros de estatura, cubierto en una túnica azul, con un cinturón de tela, su cara estaba siendo cubierta y traía en brazos a Seiya

-¡Seiya! Shiryu saltó sin pensar, realizando en el aire una patada voladora de frente, la figura, sin siquiera voltear, pudo moverse de lado, en el momento exacto donde Dragón habría conectado. Cuando Shiryu tocó el suelo, se inclinó para impulsarse, quedando de frente, los dos, tanto el enorme hombre, como Shiryu se quedaron viendo. Pero el extraño ser, alzo la mano derecha 

-¡Alto! ¡No vengo a lastimarlos!-

-¿Quién eres?- Antes de decir nada, el corpulento ser, entregó a Seiya a los brazos de Shiryu, y se volteó donde los demás santos, los cuales se acercaron de inmediato.

-¡Caballeros! Mi nombre es Kryon, es un honor conocerlos- Se quitó la capucha de tela de su rostro, sus facciones eran de un joven adulto, cercano a los 28 años, su cara tenía cicatrices en los dos ojos y parte de su cachete izquierdo, su pelo era color amielado, similar al del Santo de Oro de Leo, sus ojos eran azules, sin embargo, contenían una tristeza indescriptible, como si hubieran contemplado miles de batallas sin final.

Después de decir su nombre, se puso de rodillas, puso sus manos sobre el piso en señal de respeto.

-Me honra estar ante verdaderos Santos que protegen con su vida a Athena, en agradecimiento, he ayudado al Santo de Pegaso a regresar a la vida.-

-¿Cómo dices?- Gritó exaltado Hyoga

Kryon se incorporó totalmente –Seiya estará listo el día de mañana, no se preocupen-

Todos estaban felices en torno a Seiya, tanto Shun como Hyoga lo tomaron de los hombros. Kryon comenzó a alejarse, sin embargo, una mano super veloz lo tomó del hombro.

-¿Qué es lo que pasará mañana Kryon?- Fénix ancló su mano en el hombro de Kryon, aquel hombre, no volteó solo cerró sus ojos. –Ya lo verás Fénix, descansa- 

Una luz incandescente envolvió a aquel extraño ser, y desapareció del Santuario.

-¿Acaso se teletransportó? No es posible, ni siquiera, Mu quien tenía el mayor poder de telequinesia, nos comentó que ni él podía tele transportarse por el Santuario, debido al cosmo de Athena, a menos que …… -


-A menos que ¿qué? Shiryu-


El Santo del Dragón se volteó dónde estaba Shaina y los demás Santos de Bronce –A menos que otra persona igual a Saori, esté en el Santuario-

-Una persona como Saori ¿Un Dios?- La frente de Ikki comenzó a sudar

Todos se quedaron callados durante lo que pareció durar una eternidad, hasta que Ikki, con voz resquebrajada continuó hablando.

-Recuerdo que Saori nos había comentado, después de vencer a Poseidón, que la furia del Olimpo caería en el Santuario tarde o temprano, al parecer ese día a llegado- 


Todos se quedaron callados, el Santuario comenzó a alejarse, hasta verse lejos, muy distante, en la cima de otra montaña, se veía un hombre, armado totalmente con su armadura, primero se veían las partes de las piernas, luego, la falda de la cintura, después se veía en su pecho un pegaso y al final la tiara que cubría su cara. Era Kryon, quien veía todo lo que pasaba desde muy lejos, sintiendo la fuerte brisa helada en su rostro, sus cabellos se movían de manera incontrolable, como presintiendo la terrible batalla que se avecinaba.


FIN DEL CAPITULO

#2 Kael'Thas

Kael'Thas

    Here's to the ones that we got

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Publicado 01 enero 2021 - 15:31

Muy interesante capitulo 


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#3 Jeczman15

Jeczman15

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Publicado 03 enero 2021 - 02:11

Hola Kael'Thas, que bueno que te haya parecido interesante el capítulo, un saludo.






Capítulo 2
La mañana de un nuevo día llegó, pero no así el poder de los rayos del Sol, el cielo seguía ennegrecido y la lluvia se había vuelto mas fiera. El Santuario de Athena resistía los embates de la naturaleza, dos figuras, que permanecían atentas, se encontraban dentro de la seguridad de la casa de Aries, que ahora permanecía triste y sola.
-Señorita Shaina, ¿Qué cree que vaya a suceder ahora?-
-No lo sé Kiki, pero nunca había visto a Ikki tan angustiado, estoy segura que, estamos a las puertas de una nueva guerra santa. Sin embargo, fuera de Hades o Poseidón. El santuario jamás ha visto la luz de ningún guerrero de otra índole, a excepción …..-
-¿A excepción de que, Señorita Shaina?-
La Santo de Ofiuco volteó a ver al Apéndice de Aries
-A excepción de la era del mito, Kiki, los Santos jamás han peleado contra ningún otro Dios. Presiento que, lo que pase el día de hoy, hará temblar los cimientos mismos de este Santuario.-
En ese instante, cientos de trompetas comenzaron a sonar desde muy lejos, después llegó un silencio y al cabo de unos segundos, el sonido de tambores, al cabo de unos minutos, los tambores cambiaron al sonido de flautas.
No tardó mucho tiempo para que la casa de Aries se llenara de las presencias de Shiryu, Hyoga y Shun.
-¿Regresó Kryon?”- Kiki volteo a ver a Shiryu
-Estamos tan confundidos como ustedes-
Un tronido comenzó a sentirse en el piso
-¡Están atacando el santuario!- Hyoga tranquilizó al Aprendiz de Aries en cuanto lo tomó del hombro.
-No Kiki, esas son formaciones de batalla- El aprendiz de Aries sintió un nudo en la garganta.

No tardó mucho para que a lo lejos, gracias a la altura de la casa de Aries, vieran como una multitud venía caminando, enormes cantidades de soldados, lo curioso, es que algunos de ellos, venían cargando lo que parecía un enorme piso, y arriba del piso un trono, donde descansaba un hombre de cabello rubio, con una tiara que parecía de cristal, y cara entre enfado y aburrimiento.
Con enorme esfuerzo, toda esa armada recorrió las escaleras de la casa de Aries hasta llegar al umbral de la misma. Los Santos, vieron aquel espectáculo, y veían fascinados como todos los hombres que venían en ese grupo, tenían una lanza con el emblema de un rayo.
-¿El emblema de un rayo? Oh no, estamos en problemas-
Todos voltearon a ver a Shaina
-Si mal no recuerdo, el único Dios que tiene el emblema de un rayo …. Es el Padre de todos los Dioses ….. ¡Zeus!-
Kiki tremendamente asustado, voltea de nueva cuenta donde aquella enorme armada -¿Zeus? ¿Eso quiere decir que aquel joven que viene encima de ese trono es Zeus?-
-¡Silencio!- Gritó uno de los oficiales que estaban cerca del trono, enseguida, aquel joven rubio caminó hasta el borde de aquel enorme piso, y varios soldados se formaron en una sola fila, hasta semejar una escalera descendente, del cual, aquel joven iba descendiendo, antes de llegar al final, el joven, irritado gritó
-¡Kryon!-
-¡Si su majestad!- El corpulento hombre que habían visto el dia anterior, estaba envuelto en ropas muy desgastadas, se encontraba descalzo y al llegar donde el joven rubio, le puso con mucho cuidado unas botas cristalinas, en forma de rayo en sus dos lados.
-¡Acompáñame criadete!-
-¡Si mi señor!- Reverenció Kryon la orden de aquel imponente personaje.
El joven rubio y Kryon llegaron hasta donde estaban los Santos de Athena.
-Asi que ustedes son los Santos de Athena, esperaba algo mas, a juzgar por todas las habladurías acerca de ustedes en el Olimpo.-
-¿El Olimpo?- Pensó Shun en voz alta, pero se tapó la boca con su mano llena de nervios.
El joven rubio lo volteó a ver iracundo, y cerró su puño haciéndolo temblar, todos los Santos contemplaron eso, un momento de tensión se sintió en el ambiente, sin embargo, el puño de aquel hombre se abrió y carraspeó.
-Como les decía, ustedes no son nada ante el poder del Olimpo, el Dios más débil de todos, sería como enfrentar al Hades y al Poseidón terráqueo. Por fortuna para ustedes, ellos no estaban peleando en su cuerpo original, de haberlo hecho, habrían perecido como las moscas que son. Sin embargo, ustedes han sido moscas demasiado molestas, y en el Olimpo no toleramos la insubordinación, ni de su Diosa Athena, ni de ustedes.-
Aquel joven rubio, vestido por completo con una túnica blanca, dos rayos se asomaban de color dorado incandescente, uno del lado derecho y otro del lado izquierdo del pecho.
-Se me había mandado originalmente a exterminarlos a todos, pero al parecer, el Padre del Olimpo ha intercedido por ustedes.-
-Entonces ¿Tú no eres Zeus?-
El joven rubio volteó a ver al Aprendiz de Aries, notablemente irritado.
-¡Estúpido niño! ¡No he terminado de hablar!-
El joven rubio alzó la mano, y como si de un relámpago se tratase, Kryon se interpuso entre Kiki y el joven Dios, recibiendo toda la golpiza.
Shiryu intentó moverse, pero Hyoga lo detuvo en el acto, cuando ambos se quedaron viendo, Hyoga negó con la cabeza. Shiryu estaba que le hervía la sangre por ver el castigo que Kryon estaba recibiendo
Cuando el joven rubio hubo terminado, se acomodó la túnica. Kryon estaba sangrando de la cara, los brazos y el pecho, totalmente lastimado. Se incorporó e hizo una reverencia donde el joven Dios, hasta ponerse nuevamente detrás de él.
-Cómo iba diciendo …… No soy el Padre de los Dioses, mi nombre es ¡Hermes! Uno de los Doce principales Dioses del Olimpo. Y yo iba a ejecutarlos, como los criadetes basura que son, pero Zeus ha dispuesto un ultimátum para ustedes.-
Un enorme silencio inundó la casa de Aries, Hermes les dio la espalda y los vio de reojo
-Tienen permiso para hablar-
Shiryu no pudo mas y se abrió paso hasta encontrarse al frente de todos, Hermes seguía inmutable, y les dio totalmente la espalda.
-¿Dónde está Athena?-
Hermes no contestó, volvió a ver de reojo a los Santos de Athena, y se regresó caminando a su trono, los guardias formaron una escalinata que llevaron al mensajero de los Dioses de vuelta al enorme piso, siguió caminando, hasta descansar en su trono. Al estar ahí, siguió viéndolos con aburrimiento, con su mano derecha hizo un gesto, y las tropas comenzaron a retirarse.
Cuando Hermes iba bajando las escaleras de Aries con sus tropas, Kryon se acercó a todos ellos.
-Estimados y valerosos Santos de Athena, disculpen la rudeza de mi amo, si quieren saber todas las respuestas a sus preguntas, vengan al Monte Olimpo, ahí los estaremos esperando.-
-¿El Monte Olimpo?-
-Kryon asintió con la cabeza –Si, joven Maestro Cisne, ahí los estaremos esperando, no falten, Hermes no es misericordioso como Zeus, vayan con sus armaduras, las necesitarán-
Kryon comenzó a correr, y antes de desaparecer en las escalinatas los volteo a ver –Éxito-

FIN DEL CAPITULO

#4 Jeczman15

Jeczman15

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Publicado 08 enero 2021 - 19:33

Capítulo 3

Los Doce Dioses del Olimpo estaban de pie, orgullosos, deslumbrantes, con un poder tan tremendo, que nada podría interponerse en su camino. Ahí de pie, recibían con orgullo al tercer santo de la nueva orden de Athena.

-Sed bienvenido al templo de los Dioses, pequeño amigo, acércate y deja que todos recibamos con orgullo al Santo de Pegaso-

Aquel corpulento hombre entró de pie después de recibir la orden de Zeus, con mirada orgullosa pero decidida, su piel era bronceada y su cabello, negro como la noche, sin embargo, algo había diferente y eran sus ojos de un tono violáceo, era intrigante ver a un hombre de piel oscura con esos ojos.

Los Dioses del Olimpo eran mucho mas altos, de 10 metros de estatura, tremendamente imponentes a la vista.

-Athena- indicó Zeus –Ten la gentileza de presentarnos a tu nuevo caballero, me intriga esta idea tuya de formar guerreros guardianes, habrá que platicar más a profundidad, pero, adelante, la palabra es tuya.-

-¡Gracias Padre! Este hombre fuerte, lo he nombrado Santo de Pegaso y su nombre es … ¡Kryon!-

Los Dioses del Olimpo comenzaron a aplaudir, Kryon se arrodilló, y al poner sus manos en el piso dijo: -¡Venerados Dioses, es un gusto conoceros! Me honra saber, que seré un Santo y juro proteger con mi vida a Athena.-
Los aplausos comenzaron a escucharse por un minuto, hasta que el Padre de los Dioses los detuvo.

-¡Gracias Kryon! Puedes retirarte.
-A sus órdenes Poderoso Zeus-

El enorme Santo, era casi tan grande como Aldebarán de Tauro, antes de retirarse, Pegaso inclinó la cabeza y se alejó del recinto.

Hasta detenerse fuera del imponente templo, donde se reunían los Dioses para dar las nuevas noticias a sus vasallos.

-Athena, fue maravilloso nombrarlo Pegaso, justo como el Caballo que tiene Perseo-

-¡Gracias Artemisa! Siempre me gustó la idea de tener un caballo con ese nombre-

-¡Hermoso tu sentido del humor Athena! Así es como debes de ver a toda esa peste, como criadetes, es para lo único que sirven, si yo llegara a tener un criado, lo estaría atormentando todo el tiempo jaja- Las dos hermosas Diosas, vestidas de gala, voltearon con cierta irritabilidad donde aquella voz varonil, con cabello rubio, tiara cristalina en su frente, ojos azules como el cielo y una túnica púrpura con truenos dorados dibujados en su pecho.

-Hermes, no sabía que nos estabas escuchando- Volteando a ver a Artemisa –Es de mala educación meterse en las pláticas ajenas, y más, cuando es el perro favorito de Zeus quien viene a espiar todo lo que hago.- Hermes quedó inmutable, solo contestó con una débil carcajada.

-Pero ya me retiro, estas fiestas son muy aburridas, te veo luego Artemisa.-

La Diosa de la Caza se limitó a responderle con un gesto de despedida con la mano, luego entonces, acercó su copa de ambrosía, sorbió un trago y se reunió con Apolo, dejando solo al mensajero de los Dioses.

El Dios del Sol se encontraba dando un pequeño concierto musical, al lado de su arpa, emitiendo sonidos suaves y delicados, acompañados de ninfas que cantaban a la par de su música.

Mientras Hermes contemplaba en silencio, como Athena salía de aquel magnífico templo, hasta perderla de vista por completo.

La Diosa de las Guerras justas, justo al salir, se reencuentra con su valeroso Santo.

-¡Kryon!-

-Si mi Señora- El santo flexionó la rodilla y dejó caer su cabeza hasta mirar el piso.
-¿Me eres fiel?-

-Con mi propia vida Mi Señora-

-Quiero que vayas a los aposentos del Templo de Hermes, y destruyas la villa que se encuentra bajo su protección. No quiero que quede nada, ¿me escuchaste? Lo quiero destruido…. ¡Todo!-

Kryon sin voltear a ver a Athena, abrió grandemente sus ojos, pensó por unos segundos el pedido que le había hecho su Diosa. –Mi Señora, solo para confirmar, quiere que destruya la villa, incluyendo las personas ….-

-¡Dije todo! Y quítate el ropaje de Pegaso, no quiero que sospechen quien fue.- Athena se alejó, dejando al joven Caballero aun con la cabeza baja.


………
La noche había caído en la villa de Fedora en Arcadia, la mayoría de las personas estaban totalmente borrachas por las fiestas que habían hecho en honor a Hermes, una enorme estatua de Mármol, cubierta de Plata estaba en el centro. De la nada, la estatua explotó, hasta dejar únicamente los pies. La mayoría de la gente, se despertó al contemplar la estatua destruida y corrió despavorida. Sin embargo, comenzaron a caer muertas como moscas.

-¡Hades! ¡Hades ha venido por nosotros! ¡Dejó escapar a los espectros!- Grito desde lo alto de una torre, una persona totalmente cubierta, en una capa bastante dañada, de color café oscuro.

La gente corrió hasta sus casas, sin embargo, la figura que estaba en la torre, formó diversas esferas de energía de color violeta y las dejó caer totalmente en la villa, sin piedad, la ciudad fue completamente masacrada.

Al cabo de unos minutos, solo se veía humo, cientos de cadáveres se veía por todos los caminos, aunque, algunos habían logrado escapar a un refugio, al final de la villa.

-¡Darius! ¿Qué logras ver?-

-Shh calla mujer, no digas nada.-

La joven pareja estaba agazapada, totalmente cubiertos dentro de un pequeño refugio de piedra y madera, trataban de no hacer ruidos, para evitar la cólera de los espectros de Hades.

O eso es lo que ellos habían escuchado. Darius y Tatiana tenían cortadas en brazos y piernas, pero apenas habían podido escapar de aquel inframundo. Su vestimenta era muy pobre, apenas alcanzaba para cubrir sus partes esenciales. Darius se atrevió a asomar el ojo, en el rabillo de la puerta. Intempestivamente, la puerta fue destrozada, Darius salió volando de repente, hasta caer a dos metros del refugio.

Se dolía completamente la espalda. Sin miramientos, una enorme tenaza de piel oscura lo sujetó del cuello.

-¡Ten piedad!- Pero aquellos lamentos llegaron sordos, la tenaza comenzó a apretarlo, hasta que una figura femenina lo montó por la espalda, tirando golpes tan suaves como la brisa helada de la noche.

-¿Por qué? ¿Por qué nosotros? ¿Cuál ha sido nuestro pecado, que a desatado la furia de los Dioses?- Gritaba Tatiana, llorando, con rabia, todas las mañanas dedicaba una oración a Hermes, agradecía por todas las pocas cosas que ella tenía, sin embargo, era feliz con Darius, por las tardes, el acostumbraba entrar en ella y sin embargo, eran felices, sabían que no había que comer, en ocasiones ayunaban por días, pero la gente se portaba benevolente y ella era feliz. Hasta ese dia.

-¡Piedad por favor! ¡Haremos lo que nos pidas!- Imploraba Tatiana
-Deja que ella viva, no importa si yo muero, pero déjala vivir, haz conmigo lo que quieras, pero ten piedad de mi esposa!-
Kryon sofocó a Darius hasta dejarlo sin vida, abrió la enorme tenaza y este había caído como fardo.

Se volteó donde Tatiana, que comenzó a correr para tratar de escapar. Sin embargo, una enorme bola purpura se impactó en ella, dejándola sin vida. Kryon se quedó un minuto en la villa, tratando de sentir cualquier rastro de vida, pudo escuchar en su mente una voz de auxilio, dentro del refugio, entró de manera sigilosa, para terminar con la vida de esa persona que estaba ahí, busco por todo el refugio, hasta que tiró de una manta, y ahí estaba, un pequeño bebé, quien aparentaba escasos días de haber llegado a la vida.

Kryon se quedó totalmente inmóvil, sus manos estaban temblorosas y su frente llena de sudor, el niño sintió la agresividad del Santo de Pegaso, y comenzó a llorar con desesperación, buscando la tranquilidad y el cobijo de su madre.

El Santo de Athena, cargó gentilmente al niño, salió afuera del refugio, contempló con un nudo en la garganta el cadáver de Tatiana, y acercó al niño hasta el pecho de su extinta madre. El pequeño dejó de sollozar, comenzó a reir, todo su rostro exudaba amor.

Kryon se quedó totalmente inmóvil, al cabo de un rato, que le había parecido una eternidad, el Santo de Pegaso, emprendió el regreso al Santuario de su Diosa. Dos imagenes taladraban su mente mientras corría de regreso.

-¿Me eres fiel?-

-Con mi propia vida Mi Señora-

-¿Por qué? ¿Por qué nosotros? ¿Cuál ha sido nuestro pecado, que ha desatado la furia de los Dioses?-

FIN DEL CAPITULO

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Publicado 16 enero 2021 - 19:01

Capítulo 4

El Palacio de Athena, era el segundo más lujoso y grande de todo el Olimpo, casi tan grande como el del Padre de todos los dioses. Las columnas y techo estaban recubiertas de oro, así que, cuando el sol pegaba directamente, brillaba con la intensidad de mil estrellas. Una pequeña ciudad se había formado dentro del templo, solo la gente más allegada y fiel podía disfrutar del placer y las comodidades que ofrecía Athena misma, había un pequeño canal de agua cristalina, que comenzaba con una enorme fuente antes de la entrada, y terminaba en un desagüe justo al final. A los lados de las columnas, enormes plantas semejaban sujetar las columnas, así como una variedad casi infinita de flores, todas obsequiadas por La Diosa Cloris.

Los años habían pasado, y Athena había formado a una guardia personal, la cual sería presentada ese día con gran honor. Los Doce Dioses del Olimpo se habían reunido en el palacio de Athena, para dar inicio a un nuevo ciclo. La Diosa de las Guerras Justas subió unas escaleras, estaba investida en un largo vestido blanco de seda, y arriba de su larga cabellera castaña oscura, tenía una tiara dorada, con perlas y rubies, en medio, de las piedras preciosas, se asomaba un diamante, que brillaba por encima de las demás. Sus ojos eran una combinación de gris con violeta, su nariz era respingada, sus chapas estaban perfectamente rosadas, y sus labios eran carnosos de un color carmesí. Su figura era esbelta, no asi sus pechos, los cuales eran más grandes de lo normal. Su vestido en la parte del pecho era una V perfecta, asi que, las carnes de sus pechos se asomaban dejando ver la perfección de sus medidas. Athena al llegar al último escalón, se volteó donde sus invitados. Los murmullos se acallaron una vez ella llegó a esa posición y Athena comenzó a hablar, decidida, con energía.

-Queridos amigos, hermanos, me honra contar con su presencia, hace 5 años tuve un sueño, contar con una fuerza de guerreros que nos ayudara a los Dioses a cumplir nuestras obligaciones con los humanos. Si bien es cierto, Zeus, en el pasado, contó con esta ayuda, era para detener las ambiciones personales, la venganza, el odio, los celos. Sin embargo, estos Campeones se encontraban solos, el dia de hoy, el sueño se ha materializado y todos ellos lucharan ahora, bajo una misma bandera, les presento a los Campeones de Grecia:

Asclepio, Jason, Hercules, Perseo, Aquiles, Teseo, Quiron, Eneas, Ganímedes, Eros, Héctor, Odiseo, Diomedes, Orfeo.

Todos y cada uno de ellos, paso delante de Athena hasta formar una línea de 14 guerreros, todos estaban investidos por una túnica blanca las cuales tenían escrituras de oro en todos los bordes, un cinturón de tela de oro sujetaba la parte de la cintura, y algunos contaban con una capa que les colgaba o del hombro derecho, o del hombro izquierdo, los primeros siete, lo tenían a la izquierda de color rojo sangre, el segundo grupo de siete, la capa estaba en el hombro derecho y de color azul cielo.

Todos los Dioses, y los humanos privilegiados que vivían en la Ciudad de Olimpia aplaudían con júbilo, felices de ver reunidos, a los héroes más grandes de Grecia.

Una cuadrilla de sirvientes llegó donde Athena y con la cabeza baja, transmitieron un mensaje a la Diosa –Los platillos están listos mi Señora- acto seguido, caminaron hacia atrás tres pasos con la cabeza baja, hasta voltearse y regresar.

-¡Sean bienvenidos!- dijo Athena con orgullo y alzando su cabeza, lo más alto que pudo. Las visitas pasaron hasta un enorme salón, donde había múltiples mesas llenas de comida, frutas, verduras, carnes. Todos estaban riendo, hablando y degustando los alimentos, el plato principal de la conversación, era el grupo de guerreros que había creado Athena. Ares se encontraba solo en una esquina, tomando una enorme copa de ambrosía. El Dios de la guerra sangrienta, era igual de alto que su omnipotente Padre, de todos los Dioses era el que más se le parecía físicamente, solo que, contrario a Zeus, su pelo y barba eran negros como la noche, su coraza del pecho era dorada, dos monstruosas cabezas de Dragón sobresalían de sus hombros y sus ojos los cuales mostraban cierta irritabilidad y envidia, eran de color gris, iguales a los de su curvilínea hermana, la cual estaba riendo y hablando con Zeus. Sus pensamientos se interrumpieron de repente por la presencia de un pequeño dios, de cabellera rubia, tiara cristalina y envuelto en una capa azul con truenos en el pecho de color dorado.

-Se te nota muy feliz, que Athena se llene de hombres, tal vez alguno de ellos le quite por fin la virginidad.-

Ares tomó un sorbo mas grande de la ambrosía, y comenzó a alejarse de Hermes.

-Espera Ares-

-Que quieres, perro de Zeus- El dios de la guerra se quedó quieto, sin voltear a ver al mensajero de los Dioses.

-¿No sería desafortunado, que Athena fuera atacada, o incluso vencida, justo en el momento exacto en que sus amados Campeones estén combatiendo con alguna fuerza desconocida?-

Ares seguía sin dirigirle la mirada

-¿Qué es lo que tramas basura?-

-¿No te gustaría ser el favorito de Zeus?- Ares volteó de reojo ante aquella última frase de Hermes.

-¿Y si en vez de ser el favorito, fueras el Rey del Olimpo?- Los ojos de Ares se llenaron de ambición, su cara titubeo por un momento, pero, sin decir nada, salió de la enorme estancia.

-¿Qué es lo que tramas Hermes?- Una voz femenina que provenía detrás del Dios, se posó sobre los hombros de Hermes, luego entonces, acercó sus carnosos pechos hasta embarrarlos en la espalda de Hermes, hasta finalmente acercar sus labios hasta los oídos del mensajero de los Dioses.

-Te he extrañado mucho-

Hermes se alejó molesto de la Diosa, al volverse, comprobó quien era

-Pues yo no, Eris, mi tiempo lo ocupo en cosas realmente importantes.-

La Diosa de la Discordia interrumpió el paso, era casi tan alta que su hermano Ares, su piel era blanca, ligeramente bronceada, sus cabellos eran castaños, ligeramente dorados y sus ojos azules como los de su madre Hera. Ataviada en un vestido verde esmeralda. Con terminados dorados en los bordes y un adorno de oro en su cuello. Sus dos muñecas estaban revestidas con brazaletes de oro, dos enormes topacios al centro de los brazaletes.

-No te vayas pequeño, ayer que saliste de mi cuarto, no te veías tan ocupado y molesto como hoy.-

Hermes volteó a verla con sorna. –El día de ayer tenía comezón, lo único que hice contigo, es quitármela- Tomó una copa de ambrosía, se tomó medio vaso y siguió caminando. Eris sin embargo se quedó callada y visiblemente enojada.
La escena cambió donde Zeus estaba platicando con Athena

-Hija, pensé que lo que tu querías, era una guardia personal, un grupo de guerreros fieles y leales a ti solamente. Es por esa razón, que te he dado a los mejores guardianes de Grecia, para hacer tu voluntad con ella.-

-Y tienes razón Padre, ellos serán mi voz, pero también quiero, que si veo alguna injusticia, esta sea destruida de inmediato.-

Zeus quedo callado por unos segundos, luego tomó un sorbo de ambrosía, y al término de esta, continuó con su relato.

-¿Justicia como la que impartiste hace cinco años en la villa de Hermes? ¿Dónde mataste a toda esa gente inocente porque Hermes se burló de ti?

-¿Qué?- Athena se volvió donde Zeus, el cual tenía una enorme barba y bigote blanco, las cuencas de sus ojos estaban vacías, reemplazadas por un tono blanco, de vez en cuando ligeros destellos eléctricos salían de los mismos. Zeus era igual de musculoso que Hércules, tanto el como el Leon de Nemea y Ares, tenían la misma imponente estatura. Recubierto por una túnica dorada clara, con bordados blancos en las orillas. Y su capa era también de color blanco, con la parte interna, de un azul pastel.

-No creas que no se todo lo que haces, tu enfermiza competencia contra Hermes, está llegando a otros niveles, y no voy a tolerar eso.- Zeus tomó gentilmente a Athena de la mano.

-No sé como es que pudiste apuntalarlo como tu brazo derecho, es un inútil.- Athena se quitó bruscamente la mano de su Padre.

Zeus se quedó en silencio, y exhalo aire de forma exasperada. –Ustedes dos son los pilares del Olimpo, si yo llegara a faltar, tu serías la siguiente en línea, la Reina del Olimpo. Hermes entonces se convertirá en tu brazo derecho, la ayuda que me ha brindado, ha sido crucial, para la larga paz que se ha sentido en el Olimpo. Es gracias a él, que todos estamos unidos como la gran familia que somos. Y no voy a permitir, que tu destruyas esa paz.-

Athena no respondió nada, solo se limitó a tomar un sorbo de ambrosia.

Después de un largo silencio, Zeus continuó con su plática.

-Athena, hay algo que no entiendo, ¿porque tu guardián Kryon no estuvo presente?-

-Como te decía Padre, mi interés es el bien común al igual que tú, que se siga preservando la paz en Grecia, espero que la fiesta haya sido de tu agrado.-

Athena sin más, se aleja del Padre de los Dioses, Zeus intenta seguir a Athena, pero Afrodita y Hestia le cortan el paso, para platicar con él, Zeus algo triste, contempla como Athena se aleja hasta salir del gran salón.

La Diosa de la Guerra Justa llega hasta su Santuario, una enorme residencia, donde solo ella podía estar, compuesta mayormente por una cantidad ilimitada de criados. Justo al entrar al altar de Athena contempla como su caballero más valeroso se encontraba ahí, lleno de sangre en todo su cuerpo. Completamente arrodillado y con las manos puestas en el piso.

-Antes de entrar a mi casa, ten la inteligencia de limpiarte toda esa sangre, no quiero que nadie sospeche.-

-Disculpe mi Señora, he sido un estúpido-

-Asi es, lo eres, ¿hiciste lo que te dije?-

-Si mi Señora, la villa del Santuario de Ares, quedó completamente destruida.-

-Muy bien, no voy a permitir que los demás Dioses hagan lo que les plazca, mi Padre no sabe que he sido yo, quien ha fomentado la paz, he destruido en silencio a todos esos rebeldes en contra del Olimpo. ¿Me eres fiel Kryon?-

-Con mi vida entera, mi Señora-

Athena salió del Santuario donde se erigía una enorme estatua, en medio de una gran explanada, donde solo Athena tenía entrada. Antes de salir de la enorme explanada, volteó de reojo donde Kryon. –No te quiero volver a ver lleno de sangre, límpiate antes de que vengas a verme- Y salió sin mas.

Kryon se paró y desapareció del recinto.

Una hora después, el Santo de Pegaso, que se encontraba limpio y con su armadura de cuero llegó donde el gran salón, donde los Dioses reían y bebían felices. Jason se acercó a Kryon –Hermano, es de este lado- señalando donde estaban todos los Campeones de Grecia. Kryon no dijo nada, solo veía en silencio todo lo que sucedía a su alrededor. Tomó una pierna de pavo y comenzó a comerla, mientras calmaba su hambre, pudo ver a lo lejos a Hermes golpeando a un niño. Kryon quiso intervenir, pero Jason lo detuvo, lo volteó a mirar y Jason negó con la cabeza.

Una voz de trueno le dijo -sigue comiendo pequeño- La ronca voz pertenecía a Hércules, el cual, doblaba la estatura de Kryon. Era una imponente montaña de músculos, el color de su cabello y barba eran de un café oscuro, tenía una tiara de cuero que le cubría la frente, dos imponentes cabezas de león cubrían sus hombros, y una ligera pieza de metal cubría su pecho, en el cual se encontraba dibujado una cara de León.

Hermes de repente se alejó del lugar y Kryon corrió donde el pequeño.

-Mala decisión- Dijo Hércules en voz baja, y se metió a la sala destinada a los Campeones de Grecia, a seguir devorando los alimentos.

Kryon llegó corriendo donde el pequeño, el cual estaba llorando, pudo comprobar que la cara del niño estaba totalmente hinchada por la golpiza del mensajero de los Dioses.

Kryon sin decir nada, le ofreció parte de la pierna de pavo, el niño, que parecía tener la edad de 5 años, devoró sin pensar la enorme pierna. El niño se veía muy delgado, y desde la ventana de sus ojos, reproducía un mundo de miedo e ira. Kryon se sintió desconsolado por percibir todo esto en el niño, el cual no decía palabra alguna.

-¡Semihaza!- Los gritos de aquel abusador, golpeador de niños reapareció ante los incrédulos ojos de Kryon. Hermes estaba echo una furia al ver como el niño se había rezagado sin seguirlo.
-¡Semihaza! ¡Te dije que vinieras! Eres un inútil, no sirves para nada criadete.

El niño comenzó a ir en dirección del mensajero de los Dioses, nervioso, sabiendo su cruel y desafortunado destino. Hermes se movió a una velocidad superior y al llegar, cacheteó con crueldad pero cuál sería su sorpresa, que no era el cachete de Semihaza, sino de Kryon quien se había puesto enfrente a recibir el castigo.

Hermes se había quedado boquiabierto, no de la forma en como recibió el castigo Kryon, sino en la enorme velocidad que aquel caballero sagrado había empleado para proteger al pequeño, lo cual, hizo retroceder con temor al mensajero de los Dioses, sin embargo, su ira pudo más, al ver que aquel hombre, protegía a su criado.

-¡Quítate de mi camino criadete de Athena, o no responderé!-

-¡No! ¡No lo hare!- Desde hacía años que Kryon no podía quitar de su cabeza, la imagen del niño que había abandonado a su suerte en la villa de Fedora, donde había acabado con la vida de sus Padres, la villa de Ares no fue diferente, mucha gente inocente había estado muriendo últimamente por su culpa y necesitaba expiar sus pecados, incluso si tuviera que recurrir a la furia de un Dios para lograr su cometido.

Las manos de Hermes se cerraron fuertemente, su cara estaba totalmente llena de ira y rabia

Justo en ese momento, Athena apareció en el enorme salón.

-¡Kryon! ¿Qué demonios estás haciendo?-

-¡Athena! Tu estúpido criadete se interpuso a mi furia, el niño es mio y solo yo se lo que se debe de hacer-

-Kryon, levántate y vámonos-

-Mi Señora- Puso sus manos y cabeza en el piso –Le pido permiso para recibir el castigo del niño-

Los Campeones de Grecia se quedaron boquiabiertos, varios Dioses comenzaron a rodear el lugar, Hermes gesticulo una sonrisa, hasta que Zeus mismo apareció.

-¿Qué está pasando aquí?-

-Su ilustrísima, este valiente guerrero de Athena a pedido en nombre del niño, recibir el castigo.-

Zeus volteó a ver a Hermes -¿Y cual es el problema? Si el quiere recibir tu castigo, que asi sea-

-Pero ¡Padre!-

-No voy a permitir Athena, que nadie, ni tu ni tus Campeones se interpongan ante la voluntad del Olimpo, te dije que Hermes es mi mano derecha, mi voz, asi que, asi sea, que reciba el castigo, además, fue el quien lo pidió correcto Athena?-

-S-si-

Zeus volteó nuevamente donde el mensajero de los Dioses

-¿Hermes?-

-Es correcto su ilustrisima-

-Adelante, tienes mi permiso-

Athena comenzó a llorar de rabia, de impotencia, volteó a ver a Hermes, quien la veía con cara triunfal.

-Athena, antes de que te vayas- Le dice Hermes con los ojos cerrados. –Es una lástima que Hades no se encuentra aquí, sino, comprobaría de primera mano cómo descargaré mi furia por lo que le hizo a mi villa hace cinco años, a él o quien sea que haya sido el responsable.-

Athena trastabilló y se quedó en silencio, como presintiendo que el mensajero de los Dioses ya sabía la verdad.

Hermes miraba a Athena como un Halcón mira a su presa. -Nunca voy a perdonar este acto tan cobarde, espero que todos estén mirando lo que voy a hacerle a este criadete, es lo mismo que haré a quien se ponga en mi contra.-

La Diosa de las Guerras Justas evitó aquella última mirada del Mensajero de los Dioses y se alejó sin decir más.

Athena al ir saliendo del Palacio, escuchaba la violencia con la que Hermes imprimía en sus golpes una y otra vez en el Guardián de Pegaso. Los quejidos de Kryon le taladraban en la cabeza, hasta que no pudo mas y salió corriendo.

FIN DEL CAPITULO

#6 Jeczman15

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Publicado 23 enero 2021 - 21:53

Capítulo 5: La Tormenta
Kryon de Pegaso se encontraba encadenado, cubierto por una túnica azul cielo, totalmente descalzo, los pies y manos ennegrecidos, se podía ver pequeñas heridas en la parte del tobillo y muñecas por las cadenas, se encontraba escribiendo unas palabras en la pared de la prisión.
-Nemi-
Kryon volteó del lado izquierdo, donde se encontraba un personaje sombrío, su sola presencia le provocaba la piel de gallina, su mirada era penetrante, como si estuviera estudiando todos sus movimientos a toda hora y en todo momento. Se le veía muy paciente, pero Kryon sabía que, si bajaba la guardia, su vida terminaría de inmediato. La gruesa voz, que recordó el nombre de la persona mas importante de Pegaso, no era otro, sino de Dragnoss del Miedo, el Berserker de Ares mas sanguinario y perverso de todos.
-Asi que, piensas constantemente en ella, ¿correcto?- Kryon no pudo evitar tenerla en sus pensamientos, hizo un esfuerzo sobrehumano para no llorar en ese momento, la sola idea de recordarla, provocaba una tristeza inmensa en su corazón.
-Ah, entonces si era importante en tu vida, ya veo jaja, ojalá pudiera tenerla entre mis manos, para destrozar su carne lentamente, y mientras lo hago, abusar sexualmente de ella, y ver como te retuerces por dentro, estoy seguro que, de esa forma, podrías darme la batalla que siempre he deseado.-

-Ella ya está muerta Dragnoss, por desgracia, nunca podremos saber quién es el más fuerte de los dos.-
Un silencio incómodo siguió, hasta que, al cabo de unos minutos, el Berserker de enorme cabellera carmesi, enormes colmillos, tez tremendamente palida y ojos amarillos, habló en voz alta. -No te me vas a ir vivo Kryon, después de que pelees contra esos caballeros de bronce, le pediré a su ilustrísima que nos ponga a los dos en la arena, quiero probar tu carne y sangre, voy a matarte lentamente, lo voy a disfrutar jaja, el solo hecho de pensarlo hace que me excite.-
Kryon prefirió evitar la mirada constante de Dragnoss, decidió poner su espalda en una de las columnas de mármol, que se encontraban dentro de la prisión, y cerró los ojos, quería contemplar los zafiros celestes de Nemi en su mente. De repente, Kryon de Pegaso regresó hasta esos momentos del mito, donde las cosas, eran totalmente diferentes.

-¡Semihaza! ¡Semihaza! ¿Dónde estas?- La pequeña niña de ojos y cabellera azul estaba buscando impaciente a su joven amigo, de repente un niño de pelo amielado y ojos azules apareció en escena, asustando a la pequeña
-¡Me asustas!¡Eres muy malo!- El niño estaba riendo y acercaba su mano como si se tratara de un león, queriendo desgarrar el rostro de la pequeña. Cada vez que lo hacía, la pequeña ponía sus manos en el rostro, para evitar cualquier embate, el niño sin embargo, reía cada vez más fuerte.
De repente, un Campeón de Grecia, que se encontraba cerca intervino de forma tajante.
-¡Mocoso! ¡Suelta a la princesa Nemi!-
La pequeña niña se interpuso entre su recién conocido amigo y el Campeón, el cual se encontraba angustiado, al ver a la pequeña, ya que estaba al cuidado de la Diosa Athena.
-¡No! ¡Alto! El no me está haciendo nada, estamos jugando.-
-Las órdenes de Athena son absolutas pequeña Nemi, quien ose tocarte, merece la pena de muerte- Kryon de Pegaso tomó al pequeño del cuello hasta lanzarlo a un enorme árbol, el pequeño comenzó a sangrar de la boca.
-¡Te vas a arrepentir mocoso!- Kryon tomó a Semihaza del cuello, con la intención de sofocar su vida rápidamente. Nemi se trepó a la espalda de Kryon como pudo. El Santo de Pegaso no pudo evitar recordar que esa era la segunda vez que vivía una escena parecida, la primera en el pueblo de Hermes, donde había masacrado al pueblo entero, en esta ocasión, sin embargo, eran dos pequeños, un niño y una niña que suplicaban por su vida.
-¡Kryon! ¡Ten piedad!- El Santo de Pegaso sintió como su cuerpo templaba de miedo –Semihaza es huérfano, Hermes lo acogió porque fue el único sobreviviente de Fedora.-
-¿Cómo? ¿Qué has dicho? ¿Fedora el pueblo de Arcadia?-
-Encontraron a Semihaza al lado de su madre, que estaba muerta.- Dijo suplicante Nemi, con lágrimas en los ojos.
Una punzada taladró el cerebro de Kryon, el cual soltó a Semihaza de inmediato, Kryon estaba completamente pálido, sus manos sumamente temblorosas, una lluvia de sudor había invadido su frente. Y recordó aquellos gritos que no lo dejaban dormir por las noches
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Kryon volvió a poner sus manos en la cabeza, cerró los ojos completamente angustiados.
Nemi se acercó a Semihaza, el cual se encontraba inconsciente, su boca llena de sangre, la pequeña rompió parte de su toga, y comenzó a limpiarlo.
En ese momento varios Campeones de Grecia llegaron, junto a Hermes y Athena, los cuales estaban tratando los planes futuros del Olimpo y la Tierra.
-¿Y ahora que hizo ese inútil criadete? Desde que llegó aquí solo ha causado problemas, he tenido paciencia con el mocoso, por ser el único sobreviviente del pueblo más fiel a mi, pero ya estoy harto de él. No permitiré que haya insolencias con mis invitados.- Nemi se puso de pie y corrió donde Hermes, llorando pidiendo clemencia por Semihaza, que había sido su amigo más querido desde que tenía recuerdo de si. Antes de que Nemi pudiera siquiera tocar a Hermes, varios guardias olimpianos le cerraron el paso con sus escudos.
-¡Nemi!- Gritó Athena, visiblemente confundida y agobiada, ya que, las relaciones con Hermes eran increíblemente tensas.
-Descuida Athena, no le voy a hacer nada a esta pequeña ….. ¡aun!- terminó la última palabra con sarcasmo. Le pidió a los guardias que se hicieran a un lado. Se acercó hasta Nemi y la tomó entre sus brazos. Athena corrió donde Hermes, su corazón se había apretujado.
-¡Tranquila Athena! A Nemi no le haré nada, solo quiero que observe con cuidado, que es lo que pasa, cuando alguien decide desobedecer en mi reino. Paren al niño y atenlo al árbol.-
Los soldados olimpianos tomaron a Semihaza, que aun estaba débil, y lo ataron con las manos en alto, descubriendo su espalda. El Soldado Olimpiano volteó a ver a Hermes, esperando su orden. Hermes asintió, y el soldado comenzó a lanzar varios latigazos a Semihaza, el niño estaba llorando del dolor.
Hermes acerco su boca hasta los oídos de Nemi –Recuerda pequeña, que desobedecer las órdenes de un Campeón de Grecia o de un Dios del Olimpo, es lo mismo que desobedecer a Zeus mismo, la ley lo es todo, sino existe un orden, no existe respeto, y sino existe respeto, la gente se vuelve rebelde. ¿Lo has entendido?- Nemi, con los ojos llorosos asintió, Hermes la bajó hasta el piso, la niña se arrodilló donde Hermes, puso sus manos en el suelo, y sin dejar de mirar el piso y llorando, suplicó por la vida de Semihaza.
-¡Benevolente Hermes! Te pido por mi amigo Semihaza, que tengas piedad.-
Los latigazos continuaban y los aullidos de dolor del niño seguían sin parar, después de dos latigazos mas, Hermes alzó la mano, y el soldado detuvo su castigo. Nemi corrió lo más rápido que pudo donde Semihaza, lo desató y se lo llevó a rastras hasta apoyarlo en una maleza, lo tomó entre sus manos y comenzó a emitir una oración, todos los espectadores, contemplaron boquiabiertos, como la niña emitía un aura tremendamente poderosa que se posó en Semihaza hasta curarlo por completo. Athena corrió con todas sus fuerzas donde la prodigiosa niña, hasta quedarse cerca de ella, sintiendo los ojos envidiosos de Hermes en su espalda.
-Athena, no tenía ni idea que tenías una sirvienta tan útil a tu lado, ¿Dónde la encontraste?-
-El y su hermano son huérfanos, los encontramos en Cabos Union, estaban dentro de un barco muy dañado, todos los tripulantes muertos, asi como sus Padres. –
-¿Serán hijos del Todopoderoso Zeus? Acabas de describir la trágica historia de cualquier Campeón de Grecia jaja, no tiene importancia.-
Hermes gesticuló con su mano una señal, y todos los guerreros olimpianos lo siguieron, hasta desaparecer en el imponente templo de plata.
Kryon de Pegaso se acercó hasta donde Athena y se inclinó quedándose cerca de ella, veía con ojos llorosos el pequeño cuerpo de Semihaza.

Tiempo después en el Templo de Athena, en la fiesta donde se había presentado a los Campeones de Grecia como los protectores de Athena y del Olimpo.
-Su ilustrísima, este valiente guerrero de Athena a pedido en nombre del niño, recibir el castigo.-
Zeus volteó a ver a Hermes -¿Y cual es el problema? Si el quiere recibir tu castigo, que asi sea-
-Pero ¡Padre!-
-No voy a permitir Athena, que nadie, ni tu ni tus Campeones se interpongan ante la voluntad del Olimpo, te dije que Hermes es mi mano derecha, mi voz, asi que, asi sea, que reciba el castigo, además, fue el quien lo pidió correcto Athena?-
-S-si-
Zeus volteó nuevamente donde el mensajero de los Dioses
-¿Hermes?-
-Es correcto su ilustrisima-
-Adelante, tienes mi permiso-
Athena comenzó a llorar de rabia, de impotencia, volteó a ver a Hermes, quien la veía con cara triunfal.
-Athena, antes de que te vayas- Le dice Hermes con los ojos cerrados. –Es una lástima que Hades no se encuentra aquí, sino, comprobaría de primera mano cómo descargaré mi furia por lo que le hizo a mi villa hace cinco años, a él o quien sea que haya sido el responsable.-
Athena trastabilló y se quedó en silencio, como presintiendo que el mensajero de los Dioses ya sabía la verdad.
Hermes miraba a Athena como un Halcón mira a su presa. -Nunca voy a perdonar este acto tan cobarde, espero que todos estén mirando lo que voy a hacerle a este criadete, es lo mismo que haré a quien se ponga en mi contra.-
La Diosa de las Guerras Justas evitó aquella última mirada del Mensajero de los Dioses y se alejó sin decir más.
Athena al ir saliendo del Palacio, escuchaba la violencia con la que Hermes imprimía en sus golpes una y otra vez en el Guardián de Pegaso. Los quejidos de Kryon le taladraban en la cabeza, hasta que no pudo más y salió corriendo.
Al cabo de unos minutos y con la cara llena de sangre, Kryon habló sin mas
-Mi Señor- Interrumpió Kryon de Pegaso, Hermes hizo pausa a la paliza que le estaba dando en nombre de Semihaza, -disculpe que lo interrumpa descargando su furia en mi, quiero pedirle que me dé a este niño, quiero tenerlo bajo mi cuidado-
Hermes cerró los ojos por un momento y luego los abrió con furia -¿Y que podrías darme a cambio, valeroso Campeón de Grecia?- Kryon de Pegaso se incorporó por completo –Le ofrezco uno de mis ojos como ofrenda por el niño-
-Ya veo, quieres a un vástago que continúe tu leyenda, ¿es eso?-
-Si su ilustrísima- inclinándose, los Campeones de Grecia veían conmocionados todo lo que ocurría, todos menos Hércules, que volvió a meterse a la cocina, a seguir comiendo.
De repente, Kryon de Pegaso proyectó su dedo derecho como un misil donde su ojo, sacándoselo y ofreciéndole la ofrenda a Hermes. El mensajero de los Dioses ordenó a uno de sus soldados tomar la ofrenda, y sin decir mas, se alejó.
Semihaza volteó a ver a Kryon de Pegaso con ojos llorosos
-Nunca nadie había hecho eso por mi- Y lloró aun mas fuerte, Kryon lo tomó entre sus brazos –Te prometo pequeño, que nunca mas, sentirás miedo, haré todo de mi parte, para que seas muy fuerte.-
Los meses pasaron y Semihaza entrenaba todos los días junto a su mentor, saltando entre enormes barrancos, destruyendo enormes piedras, meditando sobre una cascada, Semihaza saltaba haciendo patadas voladoras, destruyendo todo lo que estaba a su paso.
-Semihaza, recuerda que la base de todos los caballeros, se encuentra en el cosmo-
-¿El cosmo Maestro?-
-Si, el cosmo es lo que nos da fuerza, somos fuertes porque conocemos la naturaleza verdadera de nuestro cosmos, quien domine el verdadero poder del cosmos puede hacer lo que sea.-
Kryon comenzó a concentrarse y un cosmo luminoso de color blanco lo envolvió por completo, Semihaza pudo ver como dentro del cosmos, había cientos de estrellas, cuando el Santo de Pegaso abrió los ojos, dio un poderoso pisotón en el piso, y la tierra se abrió a sus pies. Semihaza estaba sumamente sorprendido, luego entonces, Kryon disparó un puñetazo al cielo, y las nubes se partieron a la mitad.
-Este es el verdadero poder de los Caballeros que protegen a Athena.-
Kryon se volvió a ver a su discípulo. –Ahora inténtalo tu Semihaza-
El joven caballero se concentró, pasaron algunos segundos y abrió los ojos, comprendió que no había pasado nada. –No funciona Maestro-
-Semihaza, presta atención, tienes que concentrarte, imagínate una situación donde estén secuestrando a Athena, ¿lo permitirías? No ¿verdad? Pues eso es lo que quiero que hagas, concéntrate e imagina que Poseidón o Hades secuestran a nuestra Diosa, imagina que le quieren hacer daño y que tú los vas a detener, no importando que sean Dioses.-
-Semihaza imagino a Nemi en esa situación, siendo raptada por Hermes, como aquella vez, donde lo golpearon, y humillaron ante la mujer de la que estaba enamorado, aquella mujer de nobles sentimientos, la mas buena y pura de todo el mundo, queriendo ser mancillada por el asqueroso Hermes, al cual despreciaba con todas sus fuerzas. Algo paso en ese momento, la ira era tan tremenda, que una pequeña explosión salió de su cuerpo. –Vas bien Semihaza, haz explotar tu cosmo, explótalo como si fueras a enfrentar a Hades!-

Semihaza gritó con todas sus fuerzas y sus ojos estaban cubiertos de una energía oscura, el cosmos del discípulo de Pegaso se hizo tan grande y tan intenso, que el Campeón de Grecia, pudo ver con claridad, como salían galaxias y soles enormes de ese cosmo.
-¡Por los Dioses! ¡Que es este cosmos tan poderoso! Es tan sobrecogedor como el de los Dioses, pero no siento calidez en Semihaza, sino el poder de la destrucción, la destrucción de todo.- El Santo de Pegaso fue muy inteligente en posar sus manos en los hombros de su discípulo de una forma muy suave, tranquila casi amorosa.
-Semihaza, Nemi está bien, acabo de sentir su presencia.- Semihaza se detuvo al instante que escuchó a su Maestro, no pasaron ni diez segundos, y la hermosa Nemi se puso enfrente de ellos.
-Semihaza, sentí que algo malo te estaba pasando y corrí a verte-
-Nemi-
El discípulo dejó de emitir ese horrendo cosmo y corrió hasta la hermosa princesa de cabello azulado, los dos se quedaron abrazados por varios minutos. Kryon se quedó preocupado, no le gustaba lo que había visto.
-Esto es un mal augurio, esto que acabo de ver no es coincidencia, este es el inicio del fin.- Dijo en silencio al tiempo que veía como aquellos dos transpiraban amor, que no pasaba desapercibido por nadie.

Diez años después

-Vamos Semihaza, necesito que pelees contra mi, eres un hombre muy fuerte, sin embargo, nunca has podido vencerme, es momento de que lo logres. Quiero que te conviertas en el siguiente Santo de Pegaso.-
Semihaza bajó las manos, bastante deprimido. –Ser Santo de Pegaso no significa nada para Athena, solo somos sus sirvientes, no me interesa servir a una persona asi.-
-Te equivocas, ser un Campeón de Grecia, es el mayor honor que puedes lograr en esta vida- Semihaza contemplo sus manos y las bajó con tristeza. –No creo que pueda Maestro, no creo que pueda nunca.-
De repente, sintieron una energía tremendamente agresiva.
-¡Maestro! ¿Qué es esta energía tan terrible que siento?-
Ambos sintieron como se les paraban los pelos de los brazos, Kryon sintió una ráfaga electrostática que le comenzó desde la parte trasera de su cabeza, hasta bajar por la espalda. De entre los árboles aparecieron dos figuras masculinas.
-¡Ares!-
-¡Todopoderoso Ares para ti esclavo de Athena!-
Kryon se arrodilló de inmediato, Semihaza seguía de pie, visiblemente enojado, desde la época en que servía a Hermes, y este lo atormentaba cuando era un niño, Semihaza sentía un odio irrefrenable por los Dioses, especialmente por Athena, la cual siempre los trataba como servidumbre. Nemi siempre estaba con Athena, no la dejaba sola con nadie, incluso cuando Semihaza la visitaba, no pasaba mucho tiempo y Athena aparecía de la nada. Era como si Nemi fuera la reencarnación del mal. Por eso la odiaba tanto, nadie podía ver a Nemi como esa mujer dulce y comprensiva, desprendía un amor incondicional a todos los que estaban con ella, ni Athena ni nadie podía comprender que Nemi era el ser humano más puro y bueno sobre la tierra.
Kryon que aún seguía hincado, instó a Semihaza a hacer lo mismo, pero este último se quedó de pie.
-¡Ah! ¡por fin alguien con valor!-
Dijo una figura que estaba al lado del imponente Ares, salió de las sombras, descubriendo su figura, tenía enorme cabellera carmesí, enormes colmillos, tez pálida, casi blanca, ojos amarillos y portando un peto y falda escarlata con tintes negros en las orillas de la falda y Peto.
-Siempre he querido medirme contra los Campeones de Grecia, de quienes se dice, son los guerreros más fuertes de todo el Olimpo- El Berserker de Ares se agarró de las manos, y tronó sus dedos a modo de prepararse para una pelea.
-El muchacho no es un Campeón de Grecia, Dragnoss, sino su Maestro.- El Berserker volvió su mirada a Semihaza, y se relamió los labios, como si viera un estofado de carne.
-Entonces mucho mejor para mi, jaja, te enseñaré niño a ser respetuoso de los Dioses.- El Berserker se giró donde Ares, se inclinó con la cabeza baja y dijo –Bendecido Ares, Todopoderoso Dios de la Guerra, solicito tu permiso para encargarme de esta basura.- Ares no se movió ni inmuto, Dragnoss comprendió después de unos segundos, que el permiso estaba concedido.
-Que el poder y la brutalidad de la Guerra se manifieste en mi.-
El Santo de Pegaso se levantó de inmediato
-¡Eres un imprudente Semihaza! los Berserkers de Ares, son los guerreros más sanguinarios de todos, no podrás derrotarlo. Ni yo sé si pueda detenerlo.-
-Maestro, recuerda que los Campeones de Grecia, somos los guerreros más poderosos de todos, me has dicho, cientos de veces, que la batalla siempre se decide quien haga arder más su cosmo.-
Kryon recordó aquel día donde Semihaza desató el poder de su verdadero cosmo, y sintió escalofríos de que un Dios lo presenciara.
-Haz tu mejor esfuerzo Semihaza, recuerda sentir tu cosmo-
Antes de que se pudieran separar, Dragnoss propinó una patada voladora al rostro de Semihaza, el cual salió disparado hasta rebotar en un enorme árbol. Aun de rodillas, dolido por el golpe, subió la cabeza para ver en donde estaba el Berserker, pero aquel joven protegido de Ares, ya estaba metiendo su puño profundamente en su estómago haciéndolo volar por los aires. Semihaza se impactó en la roca, antes de caer, Dragnoss llegó hasta el y siguió hundiendo su puño cientos de veces, en el cuerpo del Discípulo de Pegaso.
-¡Semihaza! ¡tu cosmo! ¡haz arder tu cosmo!-
-Jaja escucha a tu Maestro niño, escucha con atención como te pide que te inclines ante Ares, nunca olvides que los Dioses son tus amos.- Dragnoss después de impactar cientos de golpes en el cuerpo de Semihaza, explotó su pierna en la cabeza del Aprendiz.
-¿Qué? ¿Qué es este cosmos que siento?- Semihaza había tomado la pierna de Dragnoss, su cuerpo estaba llena de cosmos. –Los Dioses … Nos son mis Amos- Semihaza gritó con todas sus fuerzas hasta que una gran explosión inundo su cuerpo y Dragnoss salió volando por los aires.
-¿Cómo se explica esto? ¡Nunca nadie ha detenido mis golpes!- El Berserker de Ares pudo estabilizar su caída. Al tocar el piso, salió explotando con su cosmo donde estaba Semihaza, al llegar a el impactó su puño, el aprendiz dibujó una cruz con sus brazos, salió volando hacia atrás, pero con sus pies se fue deteniendo. Los dos comenzaron a golpearse a una gran velocidad, hasta que los dos impactaron su puño derecho, quedando el golpe detenido de los dos por unos segundos, y la energía del embate los hizo rebotar.
-¡Que! ¿Qué es esta sensación? Me siento vivo, mi cuerpo esta totalmente encendido, estoy totalmente excitado.- Dragnoss observó como le comenzaron a crecer las garras de sus manos.
-Voy a comerte asqueroso campesino, voy a comer tu carne y beber de tu sangre, no dejaré nada de ti.- Los colmillos de su boca crecieron desmesuradamente, su cara comenzó a tener facciones de un lobo sediento de sangre. Semihaza por el contrario, sus ojos desaparecieron por completo, y fueron reemplazados por unos de color negro, dentro de la negrura de sus ojos, podía contemplarse el brillo del cosmos, de un color blanco plata.
Kryon pudo darse cuenta de ello, estaba completamente temeroso, su corazón no pudo mas y se lanzó donde Semihaza, al cual empujó y sacó de balance. Dragnoss aun seguía con su trayectoria, pero Kryon se arrodilló y puso sus manos en el piso.
-Bendecido Ares, acepte mi vida como ofrenda, por el desacato de mi discípulo.-
Dragnoss se detuvo por completo y volteó a ver a Ares, este último se teleporto donde su Berserker.
-Trae al campesino, quiero que el vea que pasa, cuando desacata a los Dioses.- Dragnoss fue por Semihaza, quien estaba confundido. Al traerlo, Dragnoss lo aventó donde Kryon.
-Arrodíllate niño- Semihaza frunció el ceño, pero sintió la mano de Kryon en su hombro.
-Tranquilo, deja que yo hable Semihaza.-
Entonces, Ares miró con despreció al discípulo de Kryon
-Perro de Athena, te perdono-
-¿Qué?- Dragnoss volteó a ver a Ares, sumamente sorprendido y visiblemente enojado. Pero de inmediato agachó su mirada, al contemplar su furia, Ares no toleraba el desacato.
-¡Gracias Poderosísimo Ares!-
Kryon se puso de pie, y ayudo a su aprendiz a pararse, ya estaban iéndose de ahí, cuando Ares abrió su boca.
-Kryon, antes de que te vayas, quiero que me digas la verdad, estas ante un Dios, yo sabré si mientes, la mentira será pagada con tu muerte y la de tu aprendiz.-
-Si mi Señor, con gusto hablaré con verdad.-
-¿Fuiste tú quien destruyó la ciudad de Fedora?-
Semihaza volteó a ver a su Maestro, aturdido por la pregunta, mayúscula fue su sorpresa, cuando escuchó la respuesta.
-S-si mi Señor, fui yo quien destruyó la ciudad.-
-¿Tú mataste a los Padres de tu discípulo?-
Semihaza comenzó a llorar, Kryon tardó algunos segundos en responder, pero respondió al final con decisión.
-S-si mi Señor Ares, fui yo quien los mató-
El discípulo de Kryon estaba profundamente decepcionado, no podía creer lo que estaba oyendo, pudo ver en su mente, todo el entrenamiento que pasó con Kryon, como este se había sacado su ojo para salvarlo, como lo sostenía aquel fatídico día, cuando fue azotado por haber jugado con Nemi.
-Ahora lo entiendo todo, fuiste tú todo el tiempo, fuiste tú quien me dejó huérfano, quien mató a mis Padres, fue tanta tu deshonra, que por eso estabas tan extraño el día que me azotaron, por eso te sacaste el ojo y lo ofreciste a Hermes, ¡Porque no podías con la culpa! ¡Eres una maldita basura! ¡Te Odio! Toda mi vida es una mentira, ¿que se supone que ibas a hacer conmigo? ¿A convertirme en una marioneta? ¿Cómo tú? ¿Qué asesina familias por los caprichos de una Diosa?-
Kryon no respondía, estaba totalmente en silencio.
-¡Mátalo Semihaza! ¡Mátalo y conviértete en un hombre libre! He visto tu potencial muchacho, puedes hacer mucho más, conmigo puedes sentirte libre de hacer lo que quieras, matar a quien quieras, violar a quien quieras, soy Ares, la Guerra, y en la Guerra, todo se vale.-
Las palabras del Dios calaron hondo dentro de Semihaza quien alzó su puño para ultimar a su Maestro. Kryon no se defendía solo se le quedó mirando, sin decir una palabra, Semihaza comenzó a llorar mientras veía en su mente, como Kryon se interpuso a la golpiza que Hermes le estaba dando, como entrenaban juntos, meditaban, comían, y como Kryon lo abrazó fuertemente cuando extrañaba a sus Padres por las noches. No podía quitar de sus cabezas esos recuerdos amorosos que le taladraban en la cabeza. Hasta que no pudo más y bajó su puño.
-Dragnoss- El Berserker de Ares se movió por instinto cuando el Dios de la Guerra dijo su nombre, y se lanzó contra Semihaza, para asestarle el golpe final. Sin embargo y con una velocidad prodigiosa, Kryon se interpuso entre el golpe y su aprendiz, hasta sentir como su pecho se llenaba de sangre, las enormes garras de Dragnoss habían sacado su corazón. El Santo de Pegaso cayó como fardo de espaldas donde Semihaza se encontraba, el discípulo logró sostenerlo, hasta caer los dos al piso.
-P-per … perdóname, t-te amo, h-hijo-
Semihaza veía como su padre adoptivo, su maestro y mento yacía muerto en sus brazos, sus manos llenas de sangre, al voltear a ver a Dragnoss, pudo ver como este, se encontraba comiendo el corazón de Kryon.
-Delicioso, el sabor del dolor y el sufrimiento, son los mejores manjares que puedes degustar pequeño, siento como la sangre me hierve de éxtasis.-
Los ojos de Semihaza se hicieron negros por completo y un enorme cosmo explotó de su cuerpo al tiempo que gritaba con furia.
-¿Pero qué demonios es esto?- Dijo Ares para sus adentros.
-Jajaja, Si Si, desenfrénate pequeño, pelea con todas tus fuerzas, pelea hasta que los dos estemos muertos, hasta que no quede nada de nosotros jaja-
Ares veía como Dragnoss estaba en un extasis desenfrenado, su Berserker no alcanzaba a comprender lo que estaba pasando en ese momento. Ares sintió por primera vez en su vida, un miedo que le inmovilizó las piernas. Sin embargo, pudo recobrarse y sin pensarlo se arrojó hasta donde estaba Kryon y desató todo el poder de su cosmo en su puño, pegándole a Semihaza en la boca del estómago, tanto el cómo su Maestro, fueron arrastrados por un viento de fuego negro cobrizo y electricidad, hasta hacerlos desaparecer.
-¡No Maestro! ¿Por qué me negó esta victoria?-
-Vámonos, no lo volveré a repetir-
Dragnoss desapareció junto a Ares, hasta dejar aquel enorme bosque hecho pedazos, el bosque se fue alejando hasta que apareció el azul del cielo, donde se dibujaba la imagen de Kryon, sosteniendo al pequeño Semihaza entre sus brazos.
FIN DEL CAPITULO

#7 Jeczman15

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Publicado 31 enero 2021 - 13:59

Capítulo 6: Los Caballeros del Zodiaco vs Los Campeones de Grecia


La lluvia torrencial y la oscuridad se había vuelto mas profunda en el Santuario de Athena, lo que hacía más extraña la mañana. Los tres Santos de Bronce, Hyoga, Shun y Shiryu con sus cajas de Pandora a la espalda, se encontraban nerviosos, dispuestos a partir al monte Olimpo. Los acompañaban Shaina y Kiki, encontrándose todos a las faldas de la entrada de Star Hill.

-Ojalá mi Maestro Dohko estuviera vivo para pedirle consejo, me siento mas nervioso que de costumbre.-

-No eres el único Shiryu, mi hermano Ikki no me habló en toda la noche, este evento será mucho más decisivo que las batallas que sostuvimos con Poseidón y Hades.-

Todos se quedaron en silencio al escuchar a Shun de Andrómeda.

-¿Y Seiya? ¿Cómo se encuentra Kiki?- Las palabras de Hyoga sonaban un tanto desesperadas, Cisne no se hacía a la idea de ir ellos tres al encuentro de lo desconocido al Monte Olimpo.

El Aprendiz de Aries estaba triste, cerró los ojos, se cruzó de brazos y al cabo de un rato miró fijamente al Caballero de Cisne. –Seiya se encuentra bien, sus signos vitales están normales, pero sigue dormido, no sabemos la causa por la cual se encuentra así.-

-Espero que Seiya se una a nosotros cuando despierte.-

Shiryu giró a donde estaba Shun de Andrómeda. –Vas a ver que si Shun, Seiya no se rendirá jamas, el estará ahí para apoyarnos, ya lo verás.-

Dentro de Star Hill, muy cerca de la orilla oeste, habían unas escaleras de piedra que subían a lo que parecía a alguna otra parte, pero no tenían conexión con nada, solo el aire, si uno llegara hasta ese punto, caería sin remedio al suelo a una distancia de 2500 metros, sin embargo, se podía percibir como si algo invisible estuviera esperando al otro lado. Los Santos de Bronce, Shaina y Kiki voltearon justamente a esa parte, cuando un zumbido se produjo cerca de esas escaleras de piedra. Un enorme portal dimensional se abrió de repente, incontables estrellas se veían dentro.

-Ya es hora- Todos voltearon a ver a Shaina –Buena suerte Caballeros- Kiki y la Santo de Ofiuco observaron cómo los tres santos de Bronce cruzaron la puerta con cierto miedo, el primero en cruzar, fue Shiryu de Dragón, luego entonces Hyoga de Cisne, al final Shun tocó suavemente el portal –Se siente como si estuviera hecho de agua- Andrómeda tocaba una y otra vez la textura del portal, al final se despidió de Kiki y Shaina.

-No se preocupen, venceremos.- Y cruzó el portal, que quedó abierto, como si intuyera la cantidad total de participantes.

El Portal dimensional se abrió a las faldas del Monte Olimpo, donde se veía un enorme Coliseo, con estatuas de los Doce Dioses Olímpicos alrededor. Los Santos de Bronce se quedaron sin palabras al ver aquella colosal estructura de mármol y metal. De repente, una voz ronca se escuchó por detrás de los asombrados Caballeros.

-¡Sed Bienvenidos honorables Caballeros de Athena!- Shiryu, Shun y Hyoga voltearon en posición de combate, cuando vieron a esa enorme montaña de músculos, su vestimenta era muy básica, unas botas de piel de venado adornaban sus piernas, una falda con un cinturón de tela de color café como el de los troncos de los árboles. Y en sus hombros, dos enormes leones asomándose furiosos, aullando de forma aterradora. Y una tiara de tela oscura, rodeando su frente, su cara a pesar de verse intimidante, escondían a lo lejos unos ojos cafes castaños que decían todo lo contrario.

-¿Están listos para la Batalla Sagrada?-

-¿Batalla sagrada?- Dijo Shiryu desconcertado

-Así es, usualmente, las Batallas Sagradas se hacen desde la época del mito con un solo propósito.-

-¿Cuál es ese propósito? No tenemos idea de lo que estás hablando.- Respondió Hyoga nervioso al no entender lo que sucedía, nadie de los Santos de Bronce imaginaba lo que estaba a punto de suceder.

-¿Cómo? ¿No saben lo que es esto?- El enorme Hércules estaba incrédulo, sus ojos reflejaban una tristeza profunda y antes de que pudiera responder. Se escucharon unas trompetas que venían desde el umbral del Coliseo.

Tres jóvenes se acercaron lentamente hasta llegar donde los Santos de Athena

-Bienvenidos Santos de Athena, estoy seguro que el Legendario Hércules acaba de recibirlos con los honores que se merecen. Mi nombre es Atlas y mi signo es el de Karina Quilla, ellos dos son mis compañeros, Jyao de Lince Leopardo y Belenger de la Cabellera Berenice. Nosotros tres fuimos Santos de Athena como ustedes en el pasado, pero, después de la Batalla Sagrada, ahora somos la elite sagrada del Señor Apolo.

-¿Tú eres Atlas de Karina Quilla? ¿Fuiste un Santo de Bronce?- Los tres guerreros comenzaron a reir tan solo de escuchar al joven Shun de Andrómeda.

-Nosotros de Quilla, de Leopardo y de Lince, no fuimos clasificados del bronce, la plata o el oro, ¿sabes porque? Porque fuimos escogidos desde el principio, como dije antes, después de la Batalla Sagrada, en la época del mito, por nuestro Dios Sol, Apolo. En otras palabras, la armadura sagrada que utilizamos todos los Campeones de Grecia está muy por encima de cualquier armadura hecha en la Tierra. Lo que sea que vengan a hacer aquí, requerirá más que poder y fuerza.

Los tres Santos de Bronce se quedaron paralizados de lo que estaban escuchando, sin embargo Hércules fue el que terminó con el silencio.

-Vamos Atlas, deja en paz a los Santos de Athena, ya llegará el momento en que te midas contra ellos, si es que así lo decide su ilustrísima Hermes.- Atlas de Karina solo se quedó viendo a los Santos de Bronce de forma retadora, al cabo de unos segundos, cerró los ojos y alzó la mano. –Síganme, la Batalla está a punto de comenzar.-

Todos entraron por el imponente coliseo, los Santos de Bronce fueron guiados hasta quedar en medio de la enorme arena. Podían ver como el escenario estaba abarrotado principalmente, por la gente de más alto rango de la Ciudad de Olimpia, y en el centro, en el trono, Hermes, arropado con telas de seda blanca, en su pecho, dos enormes rayos bordados en oro, y en su frente, una tiara de cristal. Su cabellera dorada volaba por el viento que hacía en esa mañana, oscura, tan solo unos pequeños rayos de sol podían divisarse.

-Bienvenidos Caballeros de Athena, están aquí presentes, porque el Gran Zeus ha hablado, ustedes han cometido muchos pecados en contra de nuestra estirpe. Athena misma se ha rebelado en contra del Olimpo, ayer me preguntaron ¿dónde estaba su Diosa? Ella está aquí.- Hermes sacó una vasija, muy similar a la que Athena había utilizado para guardar el espíritu de Poseidón, la vasija se encontraba sellada por el mismo Zeus.-

-¡Athena!- Los tres santos de bronce corrieron hasta pararse debajo del Trono del Coliseo, prácticamente, hasta el fondo.

-¡Deténgase!- Los Campeones de Grecia se movieron tan rápido, que, cuando Hyoga, Shiryu y Shun quisieron hacer algo, ya era muy tarde, se encontraban rodeados por completo, sin manera de moverse.

-Si hacen una estupidez, morirán por mi mano, recuerden que soy uno de los Doce Dioses del Olimpo.- De la mano derecha de Hermes comenzó a generarse una energía eléctrica y la mano comenzó a vibrar tan rápido, que desapareció de la vista de los caballeros. –Sería tan fácil matarlos en este momento, tan fácil, que ni se han fijado que ya los he herido.-

-¿Qué?- Hyoga, Shun y Shiryu se miraron incrédulos entre si, cuando de repente, sintieron un ligero rasguño, que desbordó ligeras gotas de sangre, Hyoga del cachete derecho, Shiryu del cuello y Shun de su brazo izquierdo.

-No puede ser, ¿en qué momento se movió?- Shun estaba realmente atemorizado, hacía mucho tiempo, que no sentía como su cuerpo se entumecía del miedo, ni siquiera en presencia de Hades o Poseidón.

-Los Dioses del Olimpo, son realmente poderosos.- Pensó Hyoga, quien no podía moverse aunque quisiera.

-Veo que ya tengo su atención criadetes, me gustaría que pudieran ver sus rostros en este momento, ese es el rostro que la humanidad me presentará próximamente.- Hermes alzó su mano izquierda e hizo un ademán como indicando que se alejaran de su vista. De inmediato, los Campeones desaparecieron tan rápido como llegaron.

-Traigan a mi esclavo.- Las puertas se abrieron, y de entre la puerta, salió una pequeña cárcel, del tamaño de un hombre, dentro del mismo se encontraba Kryon de Pegaso, encadenado de pies y manos, se le veía mojado del cuerpo, como si acabaran de limpiarlo para el evento. Los guardias lo dejaron cerca de donde estaban los Santos de Bronce.

-¿Kryon?-

-Hola Dragón- El Santo de Pegaso respondió de forma amigable y amistosa, aunque los ojos de Kryon delataban una historia diferente, ya que, una enorme tristeza se desbordaba por sus ojos.

-Muy bien, todas las fichas están en su lugar, como les decía, tengo a Athena conmigo, Zeus me ha permitido ejecutar el castigo divino, para lo cual, se desata la Batalla Sagrada.-

-¿Qué es eso de Batalla Sagrada?-

Hermes comenzó a reír por las palabras del Dragón Lavanda.

-La Batalla Sagrada se hace desde la época del mito, con el propósito de retar a quien ostenta el poder y el control de la Tierra. Usualmente la pelea es entre los Dioses del Olimpo, sin embargo, cuando un Dios es derrotado, lo único que queda, es continuar con el ritual.-

-¿Cómo es que Athena fue derrotada?-

-No me interrumpas joven Andrómeda, como les decía, una vez que su Diosa es derrotada, en este caso Athena, lo único que queda, es que ustedes, sus fieles vasallos peleen contra mis guerreros designados hasta el final. Gana quien queda vivo, si ganan ustedes, les regresaré a Athena. Si pierden …- Hermes se quedó callado por un segundo, y dibujó una sonrisa en su rostro. –Cuando pierdan, mataré a Athena y ejecutaré el castigo divino designado por el Padre del Olimpo.-

-No, Athena- Kryon tocó los barrotes de la celda, sus ojos estaban increíblemente furiosos, su vista tratando de taladrar a Hermes.

Hermes volteó a verlo de forma retadora, no le dijo nada, solo le mostró la vasija donde Athena estaba atrapada, y la movió varias veces, dando a entender que él era el amo y señor de la situación en la que todos se encontraban.

Hyoga comenzó a gritar con todas sus fuerzas y la armadura del Cisne, reparada previamente por Kiki de Appendix lo envolvió al instante. Dio un poderoso salto al centro del Coliseo

-Hermes, yo seré tu oponente.-

El Dios Olimpico sintió como la sangre le llegaba hasta el cerebro, la ira era demasiado intensa, le molestaba que los humanos no le rindieran el respeto que él se merecía, pero todo cambiaria una vez que acabara con ellos. El Dios se paró de su silla y antes de que se quitara su capa, un Campeón de Grecia se puso enfrente de Hermes, se arrodilló completamente y puso sus manos en el piso.

-Su ilustrísima, permítame pelear contra este insolente.- Hermes se sentó y asintió con la cabeza, el Campeón de Grecia voló hasta la mitad del coliseo.

-¡Hyoga!- Shun tomó del brazo a Shiryu y se retiraron hasta quedar fuera del coliseo, el cual se quedó vacío por completo, la jaula donde estaba el Santo de Pegaso la habían subido hasta dejarla al lado de Hermes.

-Observa Kryon, te he traído aquí conmigo para que contemples el espectáculo, y veas como destruyo a los Santos de Athena, quiero que seas testigo, de cómo destruyo a la orden que juraste proteger, y aquella misma orden que alguna vez quisiste destruir, aquella Diosa a quien juraste matar.-

Kryon se quedó callado, solo tocó las barras de aquella prisión y se quedó mirando al Cisne.

-Te haré sufrir como nunca criadete, y después que acabe con Athena y el Santuario, te mantendré vivo el tiempo suficiente para que veas como destruyo el mundo, y ya, cuando hayas sufrido lo suficiente, te echaré de nuevo al fondo del Tártaro, para que el resto de tu existencia, lo vivas en la oscuridad absoluta, con la certeza de que, yo el todopoderoso Hermes te derroté a ti, miserable basura, a ti que quisiste vencer a Hermes, al humano que quiso ser un Dios.-

-No importa lo que hagas Hermes, los Santos de Athena, vencerán-

Los ojos de Hermes estaban inyectados de sangre.

-Mi Señor, estamos esperando su orden para dar comienzo- El Dios olímpico se dio cuenta que todos estaban atentos a él, se tranquilizó, con suavidad se sentó en el trono e hizo el ademán que señalaba el principio de la pelea.

-¿Tú quién eres?-

-Santo del Cisne, mi nombre es Jason, el líder de los Argonautas, y el primer Santo de Aries-

-¿Cómo? ¿Fuiste un Santo de Athena? ¿Un Santo de Oro?-

Jason y Hyoga se quedaron mirando, los gritos de los Olimpianos se escuchaban por todo el Coliseo, el comienzo de la Batalla Sagrada había dado comienzo.

CONTINUARA

Editado por Jeczman15, 31 enero 2021 - 14:00 .


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Publicado 07 febrero 2021 - 03:42

Capitulo 7: Hyoga de Cisne Vs Jason de Argos

Un niño se encontraba llorando, estaba cerca de la villa de Rodrio, sus puños estaban llenos de sangre, la gente no se atrevía a acercarse al niño, ya que, sabían que cerca de ese lugar, se encontraba el Santuario de Athena.
-¡Mi-s mis manos!-
Un joven lugareño de Rodrio, tuvo compasión del niño y se acercó hasta él.
-Niño, ¿estás bien?-
El pequeño se frotó los ojos con las manos vendadas llenas de sangre.
-Me duele, cada vez que intento romper la roca, me duele.-
El joven lugareño vio las manos del niño y las tomó entre las suyas.
-¿Cómo te llamas pequeño amigo?-
-Seiya-
El misterioso joven le regresó la tristeza al joven Seiya, con una sonrisa.
-Seiya, ¿alguna vez has sentido el cosmo?-

Seiya se despertó bastante exaltado, comprobó que estaba en una cama, no reconocía el lugar, sin embargo, sabía que estaba dentro de las 12 casas, probablemente cerca de la cámara del Patriarca, donde peleara contra Saga de Géminis.
En ese momento entró Shaina de Ofiuco
-¿Seiya?-
-¡Shaina!-
-Espera Seiya, aun te encuentras convaleciente por la herida que te hizo Hades aunque no se vea, Kiki me dijo que te quedaras acostado un tiempo mas.-
-No, no puedo quedarme aquí, tuve un sueño.-
-¿Un mal presagio?-
Seiya se acostó nuevamente en la cama, miró a Shaina un tanto preocupado
-Tuve el mismo sueño antes de que llegaran los espectros al Santuario, y no logro comprender porque.-
Shaina se quedó en silencio, no quiso agregar nada. Sin embargo Kiki, que venía con Marin de Aguila se apareció en el cuarto donde reposaba Pegaso.
-Espero que Seiya se recupere pronto, tenemos que decirle.-
-¡Kiki!-
El aprendiz de Aries se quedó callado cuando Shaina le alzó la voz con bastante furia, ignoraba porque la regente de Ofiuco se había puesto asi.
-Decirme que, Kiki-
Tanto Marin como Kiki entraron al cuarto donde se encontraba Seiya, que había por fin despertado.
-¡Seiya! ¡Por fin despertaste!- El aprendiz de Aries se acercó a abrazar al Santo de Pegaso, los dos reían porque al fin se había evitado la tragedia.
-Me da gusto verte bien Seiya.-
-Gracias Marin, pero ¿Por qué están tan preocupadas? ¿Dónde están Shiryu y los demás?-
Las dos Santos de Plata se miraron fijamente sin decir nada, Seiya solo se quedó observando con bastante preocupación, algo había pasado y tenía que saberlo lo antes posible. Sin embargo, no pudo dejar de recordar aquel sueño, algo en el lugareño le parecía bastante familiar, pero no podía descifrar que.

*****************

El Coliseo en las faldas del Monte Olimpo, donde se estaba gestando la primer pelea de la Batalla Sagrada entre Hyoga de Cisne y el Campeón de Grecia Jason.
-¿Tú quién eres?
-Santo del Cisne, mi nombre es Jason, el líder de los Argonautas, y el primer Santo de Aries-
-¿Cómo? ¿Fuiste un Santo de Athena? ¿Un Santo de Oro?-
-No honorable Caballero, nosotros los Campeones, nunca fuimos clasificados dentro de las tres categorías. La Diosa Athena, se basó en nosotros los Campeones de Grecia para formar la orden de los Doce Santos de Oro. Como te podrás dar cuenta, la vestidura que traigo, es de una cabra, el vellocino de oro.- Jason era un hombre de piel bronceada, con una barba y bigote negro, tenía una túnica blanca que le cubría el cuerpo, sandalias de piel y una túnica de color azul con bordes dorados que le atravesaban diagonalmente el pecho, encima de sus hombros, tenía cargando el vellocino de Oro, y cubriendo su frente, una tiara de oro.
El Santo del Cisne estaba sudando, era la primera vez que enfrentaba a un guerrero de la época del mito, por el cual, se habían forjado leyendas e historias. Leyendas de las cuales todo el Santuario hablaba en un sinnúmero de ocasiones, ¿Cómo medirte ante los Héroes del Pasado? Aquellos mismos héroes de los que se dice, lograron toda clase de milagros y venciendo toda una columna infinita de obstáculos.
-Hyoga, sin Athena ni Nike presentes, será imposible vencernos.-
-Eso ya lo veremos.- Hyoga comenzó a realizar una danza con sus manos y pies, al final de la danza, se vió un enorme cisne proyectándose en el cuerpo de Hyoga. -¡Polvo de Diamantes!-
Jason cerró los ojos, encendió su cosmos que era de un color dorado púrpura y recibió el poder del polvo con su mano izquierda, el polvo se iba deshaciendo con facilidad.
-Es inútil, nosotros no somos los Santos Dorados de las doce casas, o las Marinas de Poseidón, o los Espectros de Hades.-
Hyoga seguía emitiendo el poder del Polvo de Diamantes, hasta que decidió apagarlo completamente.
-¿Esto es todo el poder de los Santos de Athena?-
Hyoga estaba enfurecido por la arrogancia de Jason
-No, aun falta lo mejor- Hyoga volvió a realizar una danza, pero esta vez disparando el Polvo de Diamantes hacia el cielo, el cual se oscureció mucho mas cuando incontables motas de Hielo, aparecieron por doquier.
-¡Hyoga!- Shun de Andrómeda gritó el nombre de su amigo, lo veía igual de ofuscado que en la batalla contra la armadura de Géminis. Shun sabía que era mucho mejor peleador, cuando se encontraba con mente fría, sin embargo, las emociones que estaba presentado, sacaban lo peor del Cisne.
-Asi que vas a lanzar un super ataque joven Cisne, espero que esta vez me sorprenda.-
Hyoga estaba totalmente ofuscado y disparó primero su puño derecho, luego el izquierdo, incontables polvos de hielo, salían de ambos brazos, hasta que decidió unir las manos entrecruzándolas. –Ataque de Relámpago Aurora, el ataque más grande del Cisne Hyoga- Cisne disparó incontables veces el poderoso relámpago, pero Jason que, se movía a lo que parecía la velocidad de la luz, lo evadia una y otra vez, el Cisne corrió de forma desesperada donde su oponente, saltó y desde arriba descargó nuevamente su ataque. -¡Ataque Relámpago!-
-Es inútil- Jason saltó donde Hyoga, chocó la palma de la mano contra el pecho de Hyoga, la cual estaba abierta y llena de energía purpura, y disparó con toda la intensidad que pudo, Cisne cayó de cabeza al piso.
-Ha terminado.- Jason cayó al piso, pero sintió como este se encontraba muy resbaladizo y no pudo equilibrarse correctamente, alzó la vista para buscar al Cisne, pero este ya se encontraba corriendo rápidamente, Hyoga tomó los pies de Jason hasta congelarlos
-¿Qué? ¿Todo fue un truco?-
Hyoga sonrió, acumuló el poder de su cosmo en su puño derecho y manifestó el poder del ataque relámpago, en un golpe ascendente. Jason se encontraba a la deriva, Hyoga lo alcanzó en el aire y gritó nuevamente –Ataque relámpago- Y la furia de los vientos de Siberia, golpearon por completo el cuerpo de Jason, que cayó pesadamente al piso, formando un pequeño cráter.
-¡Hermes tu eres el siguiente!- Gritó muy confiado el Caballero del Cisne. Hermes seguía con cara de aburrimiento, ni siquiera le puso atención al Cisne cuando este lo retó. Fue Kryon quien lo alertó.
-¡Hyoga! ¡detrás de ti!-
Cisne sintió su cuerpo entumecido, estaba seguro que había golpeado a Jason, pero pudo sentir como este se encontraba detrás de el.
-Te felicito Hyoga, nunca nadie me había sorprendido como tu, déjame corresponderte como te mereces. ¡Luz de Arayana!-
Jason puso la mano izquierda en la espalda de Hyoga, era una inmensa luz dorada la cual explotó en la parte de la armadura, esta se destruyó al instante, Cisne cayó al piso, su cara embarrándose en la arena del coliseo.
Hyoga sintió como la espalda le ardía terriblemente, al cabo de unos segundos, pudo oler a quemado, al voltear a la parte trasera, se dio cuenta que la piel de su espalda se encontraba ligeramente quemada.
-M-mi armadura-
-De no ser por tu armadura, habrías muerto de inmediato.- Hyoga, que aún se encontraba en el piso, volteó a ver a Jason bastante frustrado, el Campeón sin embargo, lo veía como un Padre jugando con su hijo. –Lo has hecho bien Cisne, pero no lo suficiente, ríndete, y le pediré clemencia a Hermes.-
-¡No! ¡Jamás!-
Los ojos de Cisne tenían la misma determinación que su hermano Xeles, la mente de Jasón se nubló hasta llegar a la época del mito.
-Ven hermano, entrenemos fuerte para algún día alcanzar la gloria y convertirnos en Campeones de los Dioses.-
-Si Xeles- El pequeño Jason se encontraba enfocando el poder de su energía interior hacia un árbol, el pequeño gritó con todas sus fuerzas y le pegó al árbol, pero su mano se llenó de sangre. El niño comenzó a llorar.
-Tranquilo Jason, llegara el dia que lo logres, somos hermanos y tenemos el mismo tipo de cosmo, enfócate una vez más para lograrlo.-
El pequeño Jason volvió a preparar su puño. –Hermano- Le dijo Xeles a Jason –Recuerda que somos hermanos, si yo lo logre tu también.- El pequeño Jason se quedó por varios segundos viendo el árbol, recordó una y otra vez lo que acababa de decirle Xeles, preparó su puño y una energía púrpura salió de su cuerpo, hasta proyectarla en el árbol, destruyéndolo por completo.
-Hermano, l-lo hice- Los dos hermanos estaban riendo, de repente, una fuerte explosión sonó cerca de ahí.
-¿Qué fue eso?- Xeles miró a Jason preocupado
-No te preocupes hermano, no le pasó nada a nuestros Padres, vamos.- Los dos se fueron corriendo. Pasaron varios minutos, el corazón de Jason estaba latiendo fuertemente, esperaba que nada hubiera pasado en la granja donde vivían, su vida era pacífica, nunca habían tenido problemas con nadie, sin embargo, sabían que eran especiales, desde siempre habían mostrado signos de fuerza superiores a la gente que estaba con ellos, y poco a poco, Jason fue desarrollando una energía interna que, hasta ese momento había explotado al máximo. Cuando llegaron, se dieron cuenta que la explosión venía de la casa de sus Padres, la cual estaba destrozada.
-Padre, Padre- Xeles llegó primero y tomó gentilmente el cuerpo de su Padre, el cual presentaba heridas por todo el cuerpo. El Padre logró ver por última vez el rostro de su hijo mayor, las lágrimas salieron de sus ojos y soltó un vaho de la boca, señalando el fin de su vida. -¡No! ¡Papá!-
Jason llegó finalmente donde su hermano, y al ver el cadáver de su Padre, sus ojos se llenaron de lágrimas.
De repente, unas pisadas y risas inundaron aquel recinto, Xeles volteó a ver a un hombre, muy alto y corpulento, tenía a cuestas lo que parecía la piel de un borrego dorado. Jason se quedó hipnotizado al ver esa piel, algo tenía, que le parecía fabuloso. Al lado de aquel corpulento hombre, habían dos hombres más, que reían de las fechorías del hombre con el Vellocino de Oro. Xeles estaba furioso y lanzó su puño al pecho del hombre con piel de borrego, el corpulento ser tomó el brazo derecho de Xeles y atrajo su cuerpo a su puño, dejándolo desmayado al instante. Jason trató de correr, pero fue alcanzado por una ráfaga de energía, cayendo débilmente al suelo, pudo ver como sus captores se acercaban a el, riendo, hasta que todo se hizo de color negro.
Jason se despertó luego de un tiempo que el sintió habían sido horas, y pudo ver con horror, como su hermano Xeles, estaba totalmente amarrado de pies y manos, su cuerpo presentaba innumerable cantidad de golpes, la cara de su hermano estaba hinchada y llena de sangre, parecía que iba a explotar en cualquier momento.
-¿Q-quienes son ustedes?-
-Yo soy Finis y estoy cumpliendo los deseos de mi Dios Ares.-
-N-no entiendo-
-Jaja pequeño, es lógico que no puedas entenderlo, Ares me ha dado la oportunidad de ser su esclavo, y poseer sus favores a cambio de la destrucción, la muerte y la corrupción.-
-¿Corrupción?-
-Si, la corrupción de dos almas inocentes.- El musculoso Finis lo señaló directamente. Con su enorme mano, agarró el pequeño cuerpo de Jason y lo puso delante de su hermano Xeles. Su hermano mayor estaba amarrado completamente de pies y manos, y una soga en su cuello, apenas estaba parado de puntas en la base de una silla de madera.
-Lo único que tienes que hacer, es apuntar con tu mano, invocar el poder de tu cosmo, y atinarle a la base de la soga, asi de fácil pequeño jajaja.-
Jason estaba con los ojos llorosos, con un miedo e impotencia de estar en esa situación imposible.
-Vamos hermano, yo confío en ti, se que lo podrás lograr, recuerda maximizar tu cosmo, y atinarle a la soga, r-recuerda que tenemos el mismo tipo de cosmo, hermano, confío en ti, pase lo que pase, yo confío en ti.-
-Jaja, vamos hombrecito, salva a tu hermano.- Finis comenzó a tocar una melodía con la flauta, muy triste, sombría, parecida a la sinfonía de muerte final de Sorrento de Sirena. Jason volteó a ver al musculoso Finis, y luego giró a ver a su hermano, su mano temblaba.
-V-vamos Jason, s-se que tu puedes, adelante hermano, no te preocupes por lo que pase.-
Jason disparó un pequeño rayo con su puño, la silla se derrumbó, asi como el cuerpo de Xeles que cayó estrepitosamente al suelo, sin cabeza, la sangre salía a borbotones del cuello que estaba totalmente destrozado, y la cuerda al lado del cuerpo sin vida de su hermano. Jason cayó al suelo llorando sintiéndose morir por aquel siniestro suceso. Solo escuchaba las carcajadas de Finis, el cual se alejó junto a sus secuaces.
-Vámonos, el Dios Ares debe de estar satisfecho por este acto, ahora seré más poderoso que antes jaja.-


Los años pasaron y Zeus dispuso que, para entrar al panteón de los Dioses y lograr el favor de cualquiera de ellos, los humanos tendrían que robar el vellocino de oro de las manos de una cruel bestia sanguinaria, totalmente sedienta de sangre, una masa de músculos rojiza al cual nombraban, el destructor, quien servía fielmente al Dios de la Guerra, Ares.
Dos hombres que estaban dentro de una posada, bebían grandes cantidades de Ouzo, una bebida de sabor anizado, cardamomo, clavo, regaliz y alcohol. Los dos estaban bastante felices, chocaban sus copas en armonía.
-Ares a sido bueno con nosotros, tenemos todo lo que hemos soñado, dinero, mujeres, jaja, el mundo es nuestro, nadie podrá nunca contra nosotros.-
-Asi es, Finis a sido bueno con nosotros, no hay nadie que se nos oponga.-
La puerta se abrió fuertemente, toda la gente que estaba dentro, vio en silencio como un hombre, enfundado en piel de Pantera, con dos lanzas, y sandalias de cuero, cruzaba el pasillo en silencio. Al llegar a lo que parecía una barra, hizo señas a la persona que atendía el lugar. El tendero, le sirvió una copa de Ouzo. El joven, se tomó de un trago la bebida, y se quedó sentado, de repente la gente comenzó a hablar, la bulla de las voces resonó.
-Estúpido niño, piensa que nos va a asustar con esas tonterías, le voy a enseñar.-
Antes de que se parara de su mesa, el joven comenzó a tocar una melodía con la flauta.
-¿Qué es eso?- El otro guardián de Ares se paró de inmediato –Vámonos, no me da buena espina, esa melodía la he escuchado antes y trae mala suerte a quien la escucha.-
Cuando los dos siervos de Ares se disponían a salir, una enorme mesa cayó en la entrada de la posada.
-¿Quién?- Cuando voltearon, el joven estaba al otro lado viéndolos.
-Maldita basura, te voy a hacer pedazos-
El joven los señaló con el dedo índice
–He venido, porque Ares me ha dado la oportunidad de ser su esclavo, y poseer sus favores a cambio de la destrucción, la muerte y …. la corrupción.-
Los dos siervos se quedaron totalmente paralizados del miedo, antes de que reaccionara, las dos lanzas habían caído en el pecho de cada uno, cayendo al piso, sin misericordia. Los dos contemplaron como el joven se acercaba sin piedad y los veía hasta que sus ojos se quedaron sin vida.
Los meses pasaron y el heroico joven, vestido con piel de pantera, dos lanzas en cada mano y tan solo una sandalia en su pie, salió del barco de los Argonautas, para recibir el favor de los dioses, en su cuello, tenía una pequeña flauta de madera. Cuando llegó a la cima de la cólquide, donde estaba el vellocino de Oro, pudo contemplar como un hombre musculoso se apareció a recibirlo.
-Jaja, ya han pasado cientos de hombres, pequeñito, y nunca nadie a podido vencerme, no importa a cuantos mas envíen los Dioses, nunca podrán vencerme.-
El temerario hombre dejó caer sus dos lanzas, se quitó de un cuajo la flauta de madera que tenía en el cuello y la llevó a sus labios.
-Jaja, ¿entonces me vencerás con una pequeña flauta?-
El joven comenzó a tocar la melodía que se parecía a la sinfonía final, el musculoso hombre se quedó callado y escuchó con detenimiento.
-He escuchado esa melodía antes, pero no recuerdo donde ni con quien.-
El joven seguía tocándola con intensidad.
-¿Q-quien eres? Y-yo …. Yo te conozco, pero no recuerdo de donde-
El Destructor estaba tan abrumado en sus pensamientos, que el joven se quitó la piel de pantera y la sustituyó con la del vellocino de oro, de repente, una cosmo energía abrumadora salió del cuerpo del joven, tan poderosa, que los truenos cayeron en el cielo.
El joven dejó de tocar la flauta –He venido, porque Ares me ha dado la oportunidad de ser su esclavo, y poseer sus favores a cambio de la destrucción, la muerte y …. la corrupción.-
El Destructor abrió grandemente sus ojos –N-no, no puede ser, tu eres, tu …. Tu eres ….- Pero el poderoso destructor no pudo terminar la frase, la mano de Jason comenzó a brillar como un sol, hasta posarse en el cuerpo de Finis. –Yo soy Jason, Finis, mi hermano Xeles te envía saludos.- Finis observó como todo su ser desaparecía de la intensidad y del brillo del Sol, hasta desaparecer por completo.-

De vuelta en el coliseo griego, donde se gestaba la Batalla Sagrada
-No puedo dejar de pensar, que esa mirada, tan tierna, pero tan tenaz y poderosa del Cisne, me recuerda a mi querido hermano Xeles, no entiendo porque en este momento, te estas apareciendo hermano, ¿Qué es lo que me quieres decir?-
-Tus pensamientos te han traicionado Jason- El campeón volvió en si, y veía que estaba envuelto con tres círculos de hielo.
-No puedo moverme-
Hyoga alzó la mano derecha e incontables copos de nieve comenzaron a salir de ahí.
-Camus, dame la fuerza para hacer este ataúd de hielo, tan poderoso como el tuyo- La energía de cisne envolvió a Jason, hasta convertirlo en un enorme cubo de de Hielo.
-Lo he logrado, ¡pude hacerlo! Bien, no le daré tiempo de nada, es ahora o nunca.-
Hermes observó como el Santo del Cisne había logrado tal proeza. –¿Venció a Jason?-
-No, aun no, siento el poder de Jason, tratando de destruir aquel muro- Hermes volteó la mirada donde Kryon de Pegaso.
-Bien, por un momento pensé que todo había terminado, gracias por hablar criadete, denle un latigazo por hablar cuando no se lo he permitido- Kryon sintió como un fuertísimo latigazo golpeaba su piel, en la punta, tenía pequeños clavos de metal, que desgarraron la piel del antiguo Santo de Pegaso.
Hyoga comenzó a alzar sus dos manos, todos los Campeones observaban con asombro, como una mujer con un cántaro se asomaba detrás de la espalda del Cisne.
Jason gritó y su cosmo destruyó el ataúd de hielo, acto seguido, el Cisne gritó con todas sus fuerzas.
-¡Ejecución Aurora!-
Un poderoso rayo congelante salió disparado donde el líder de los Argonautas, quien con una proeza, digna de los libros de historia, detuvo con sus dos manos el poderoso ataque. Jason gritó con todas sus fuerzas. –Sol de Arayana- El tremendo rayo destructor derritió el poder congelante de la Aurora, Cisne observo como su armadura, desde la tiara, hasta la del pecho, la de sus brazos, e incluso la de su cinturón, eran destruidos como si de barro se tratase.
El Caballero del Cisne cayó estrepitosamente al suelo, con quemadas en todo su cuerpo, doliéndose por el poderosísimo ataque.
Jason alzó la mano en son de victoria y toda la gente de Olimpia aplaudió el acto soberbio, digno de un Héroe mitológico.
-¡Hyoga!- Shiryu de Dragón gritaba desesperado al ver como el cosmo de su amigo, se extinguía como la luz de una vela.
El Cisne escuchaba entre las sombras de la inconsciencia a sus amigos, que trataban de apoyarlo. Su mente viajó al pasado, tal vez, los famosos flashes antes de morir, pensó, y contempló, como estaba ahí, parado enfrente del enorme muro de hielo, antes de recibir la armadura del Cisne.
-¿Qué es lo que piensas hacer Hyoga? ¿Cuándo intentarás destruir el muro de Hielo?-
-No creo estar preparado, Maestro, no creo tener el poder suficiente para obtener la armadura del Cisne.-
Camus observó a Hyoga, cerró los ojos meditabundos.
-¿Sabes Hyoga? Mi Maestro, el valeroso Caballero Varkyansk de Acuario, me dijo en alguna ocasión, que él, al igual que tú, tenía muchísimas dudas acerca de su poder congelante, sin embargo, me contó que cuando tuvo dudas de si mismo, recordó las enseñanzas de su Maestro, de ponerse en un peligro tan extremo, que rozara entre la vida y la muerte, que se quedara totalmente inmóvil con una mente tan fría como la región de Siberia, y que en ese momento, saldría a relucir su verdadero poder congelante. ¿Crees poder hacer eso Hyoga?-
El joven Santo comenzó a reir –No creo que haya necesidad de poner mi vida en riesgo, Maestro Camus.-
-Hyoga, quiero que recuerdes por siempre esta lección, si llegaras a vivir un acontecimiento tan terrible, donde estés al borde de la muerte, quiero que entiendas esta lección, podría salvarte la vida, recuérdalo.-
El recuerdo comenzó a alejarse hasta hacerse pequeño, Hyoga quedó en una total oscuridad.
-Maestro Camus, tu siempre ayudándome, aun en la muerte, sigues apoyándome.- Los ojos de Hyoga derramaron varias lágrimas, se las secó completamente y se quedó totalmente inmóvil.
-Maestro, haré esta última técnica, aunque me cueste la vida.-
La arena seguía en júbilo por la victoria de Jason de Argo. Sin embargo el público enmudeció al observar como Hyoga, que presentaba quemaduras por todo el cuerpo, sangrando e hinchado de la cara, se levantó con bastante dificultad.
Jason al verlo, no pudo dejar de pensar en su hermano Xeles, cada vez que veía a Hyoga, podía ver a su hermano, hinchado, sangrando, amarrado de pies y manos, los recuerdos le venían fuertes en ese momento.
-¿Qué es esto? ¿Por qué hermano, porque estas apareciendo en Hyoga? ¿Qué es lo que tratas de decirme?
Hyoga estaba totalmente inmóvil, no presentaba cosmo, es como si estuviera ahí parado, para recibir el golpe de gracia.
Hermes se levantó de la silla del trono, claramente irritado.
-Ya, termina con la vida de esa mosca, Jason, ya mátalo, solo quiere que le des el golpe de gracia, ¡Hazlo! O los destruiré a los dos.- De los ojos de Hermes comenzó a salir energía eléctrica hasta verse totalmente blancos.
Jason estaba dubitativo, la imagen de su hermano seguía en el cuerpo de Hyoga. –No, no puedo flaquear, no me importa, si tengo que destruir la imagen pura de mi hermano Xeles, tengo que seguir las órdenes de los Dioses, no importando si mi hermano está ahí para detenerme.-
Hyoga seguía totalmente inmóvil, la sangre continuaba cayendo de su cuerpo sin cesar.
-Xeles, perdóname, pero tengo que hacerlo, no me importa si tengo que destruirte, adiós hermano, ¡Sol de Arayana!- El intenso sol salió de las dos manos de Jason, el potente rayo se había convertido en una especie de nova solar, que cegó a todo el público, Hyoga se encontraba totalmente inmóvil, esperando, al acecho, las palabras de su Maestro Camus sonaban fuerte en su cabeza –Quédate totalmente inmóvil Hyoga, ante el peligro extremo- La nova comenzó a ralentizarse y Hyoga seguía inmóvil, las palabras de Camus volvieron a llegar a su mente. –Quédate como el muro de los hielos eternos, aunque tu vida este en el punto exacto de la vida y la muerte.- La nova seguía su camino, lentamente Hyoga veía como esta se encontraba enfrente de si. Las palabras de Camus seguían en su cabeza –En el momento exacto, tu verdadero poder congelante, saldrá a relucir-
Las llamas del Sol comenzaron a extinguir el cuerpo de Hyoga, este alzó su brazo derecho y con su mano izquierda, sujetó el codo derecho, la pose, era similar a la Ejecución de Aurora, pero en vez de un cántaro de agua, salió un enorme volcán en erupción, lo que salía de la boca del Volcán no era fuego, sino un hielo tan blanco que lastimaba a la vista.
-¡Ejecución Magma!-
Hyoga hizo explotar de su mano derecha un rayo congelante grande, poderoso y tan blanco que lastimaba a la vista, este apagó por completo las llamas de la nova del Sol de Arayana. Jason contempló como aquel enorme rayo chocaba en todo su ser.
-Xeles, perdóname, perdóname hermano por no haberte escuchado, perdóname por haber sido cegado por los Dioses del Olimpo, perdóname por haber dejado mi humanidad, y mi amor hacia ti y los humanos.- El poderoso Magma deshizo por completo a Jason, la armadura, su cuerpo, todo su ser desapareció por completo.
Hyoga que aún estaba de pie, pudo ver como todos los ahí presentes estaban incrédulos ante el poder tan grande que había emanado el Santo del Cisne.
-Ganador, El Santo del Cisne, Hyoga-
-No puede ser, ¿cómo es posible? ¿Cómo se explica esto? Athena no está, Nike no está, ¿Por qué ha ganado? malditos humanos.- Hermes volteó irrito a ver a Kryon, el cual estaba triste de ver a su hermano Jason, completamente desvanecido.
Al centro del Coliseo Cisne pudo contemplar en el cielo, como una estrella en el cielo comenzó a brillar con intensidad. Hyoga estaba llorando, viendo aquella estrella intensa, la cual desapareció por completo.
-Jason, cuando muera, me gustaría regresar a la vida como tu hermano y quererte toda la vida.-
La estrella que se había apagado, se transformó en el pequeño Jason, jugando y sonriendo al lado de su hermano Xeles.

ESTA HISTORIA CONTINUARA

Editado por Jeczman15, 07 febrero 2021 - 03:44 .


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Jeczman15

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Publicado 14 febrero 2022 - 13:50

Capítulo 8

En las inmediaciones del Santuario de Athena, cerca de la cámara del Patriarca, el Santo de Pegaso caminaba con dificultad, la noticia que había escuchado, lo había dejado sumamente abrumado.

-¿Entonces a quien le debo la vida, es a otro Santo de Pegaso?-

-Al primer Santo de Pegaso que existió- Corrigió Marin de Águila, quien se acercó a cargar a Seiya entre hombros, ya que, se encontraba muy débil para seguir en pie. Marin lo llevó suavemente hasta la cama, donde Seiya se quedó sentado, meditando sobre el desafío de Hermes y la extraña aparición del Pegaso mitológico.

-¿Y Athena? ¿Acompañó a los demás?-

Las dos Santos de Plata y Kiki se quedaron callados, el apéndice de Aries miró hacia el piso, cabizbajo, tratando de evitar la mirada de Pegaso. Seiya sintió que las fuerzas lo abandonaban al contemplar ese silencio que pareció durar una eternidad. Y comenzó a caminar muy lento rumbo a la cámara del Patriarca.

-¿Qué pretendes hacer Seiya?- Shaina le cerró el paso decidida.

-Quítate de mi camino Shaina, no me voy a quedar aquí, descansando, Athena y mis amigos me necesitan.-

-Si quieres ir con tus amigos, primero tendrás que vencerme- La Santo de Plata sacó unas enormes garras de sus dedos. –Si lo logras, te dejaré ir-

Seiya se puso en posición de combate, sin embargo no habían pasado ni dos segundos y comenzó a ver a dos Santos de Ofiuco. Hasta que no pudo mas y calló sentado a la cama.

-Lo sabía, aun no estás preparado.- Seiya observó molesto a Marin, sintió una enorme impotencia, no estaba listo aun para rendirse.

-¡Seiya de Pegaso!-

-¿Qué fue eso?- Dijo Kiki bastante asustado, Marin y Shaina fueron directo a la pequeña ventana que estaba en el cuarto de reposo de Seiya. Las dos Santos de Plata, pudieron contemplar tres figuras humanas, totalmente cubiertas en túnicas de color carmesí.

-¡Seiya de Pegaso! ¡Sal y pelea por tu vida!-

-¿Quiénes son? ¿Enviados de Hermes? Pero Hyoga, Shiryu y Shun ya están en el Monte Olimpo.-

Seiya se levantó nuevamente, le inquieto ver a Marin preocupada, ese era el momento que estaba esperando.

-¡Seiya! Por tu bien, quédate aquí, Shaina y yo nos ocuparemos de esto, Kiki si Seiya intenta salir, golpéalo con tu telekinesis.- Kiki tan solo trago saliva, e incontables gotas de sudor se formaron en su frente.

-¡Marin! ¡Shaina!-

Las dos Santos de Plata hicieron oídos sordos, y salieron corriendo fuera de la entrada de la cámara del Patriarca, la cual era una enorme explanada de mármol, con varias columnas de piedra, que rodeaban el centro, dentro del mismo, se podía dibujar en el piso, la figura de la Athena mitológica. El día era extremoso, un viento muy fuerte soplaba en la cima del Santuario, los pocos rayos de Sol iluminaban a estas tres furtivas figuras, que estaban en la cima de las escaleras, las cuales conectaban si uno descendía, hasta la doceava casa de Piscis.

-¿Dónde está Seiya de Pegaso?-

Marin comenzó a acercarse hasta la figura masculina de en medio, que era el que buscaba con desesperación al Santo de Pegaso.

-¿Quién lo busca?-

La figura masculina soltó una pequeña risa, la cual sonaba burlona, sin mas preámbulos, la figura de en medio se quitó la capa, y de inmediato, sus dos compañeros le siguieron de la misma forma. El de en medio saltó con fuerza, en el aire, subió sus brazos y sus manos formaron una pequeña esfera de fuego, Marin y Shaina se pusieron en guardia, pero tarde fue su reacción, cuando fueron atacadas de los dos flancos, por las otras dos figuras, una de ellas lanzó lo que parecía un leopardo de fuego, el otro, soltó cabello envolviendo a Marin, la cual quedó totalmente inmóvil, Shaina supo que estaban perdidas si no hacía algo, y alzó la mano para desatar el poder de la Cobra, pero la tercera figura masculina, la que estaba aun en el aire, disparó su bola de fuego, la cual, junto al leopardo y la cabellera formaron una pequeña explosión de fuego. Marin y Shaina veían como sus armaduras se destrozaban por completo, Shaina cayó sin remedio su cuerpo lleno de sangre, la máscara cayó sin remedio al piso, quebrándose por completo. Marin del Águila sin embargo, cayó de rodillas, detrás de la máscara, Marin sintió como la sangre salía de su cara, sentía como la vida se le escapaba. -¡Seiya!- Fueron las últimas palabras de Marin la cual cayó al piso sin vida.

Seiya, que aun estaba en el cuarto, sintió la agonía de ambas Santos femeninos, las cuales, eran tremendamente importantes en su vida. Seiya gritó en el cuarto, su grito era una mezcla de ira y tristeza, la armadura de Pegaso destrozó el techo del cuarto y cayó hasta el Santo de Pegaso, hasta cubrirlo por completo, una poderosa energía azul salió irradiada. Kiki se tapó los ojos de la cegadora luz azul.

-¡Kiki!- Seiya se veía tremendamente enojado, y el Apéndice de Aries simplemente se quitó de su camino, Seiya comenzó a correr como si no tuviera nada, Kiki iba corriendo detrás de él, su corazón latía fuertemente, cuando Seiya saltó en medio de aquella explanada, Kiki se limitó a observar a hurtadillas desde uno de los pilares.

-Conque por fin apareces, Seiya de Pegaso-

-¡Malditos! ¿Quiénes son ustedes?-

-Mi nombre es Atlas y soy el gran guerrero de Karina Quilla-

El caballero de armadura azul, con un lince en su pecho, y cabellera carmesí interrumpió a Atlas –Yo soy Jyao de Lince Leopardo.- De la espalda de Jyao, apareció un joven de cabellera muy larga, dorada como los rayos del Sol, y una armadura verde esmeralda. –Mi nombre es Belenger y soy del signo de la Cabellera Berenice.-

Atlas camino hasta interponerse entre sus dos compañeros

-De hoy en adelante nosotros seremos los únicos que protegeremos a la tierra bajo las órdenes de nuestro señor Apolo.-

-¿Por qué atacaron a Marin y a Shaina?- Seiya estaba muy irritado, a pesar de que se encontraba convaleciente, la furia le permitía seguir de pie.

-¿No es obvio? Nosotros te queremos a ti, al supuesto asesino de Dioses, toda esta tontería de la Guerra Sagrada se ha hecho por ti, porque los Dioses te temen, si yo te venzo el día de hoy, entraré al círculo del Trueno Divino, le he prometido a mi Señor Apolo tu cabeza.-

Seiya estaba conmocionado por todo lo que había escuchado ¿Los Dioses le temían? ¿A que se refería Atlas a la Guerra sagrada?¿Dónde estaban Shiryu y los demás? Y fue en ese momento que un rayo cruzó su mente, en todo este tiempo no había visto a Saori ¿Por qué? Seiya comenzó a vibrar en un cosmo azulado que lo envolvió por completo.

-¿Dónde se encuentra Saori?-

Los tres caballeros de la Corona del Sol se miraron mutuamente, Atlas que estaba bastante irritado fue quien contesto.

-Después de todo lo que dije, lo único que preguntas es, ¿Dónde se encuentra tu Diosa? Voy a hacerte pedazos malnacido.-

Seiya seguía envuelto en un cosmo azulado, listo para atacar a sus oponentes.

-Fuera de mi camino, tengo que ver a Saori.- Seiya incendió su cosmo hasta el límite –¡Estrella de Pegaso!- Cientos de golpes en forma de meteoro salieron de su mano derecha. Todos y cada uno cayeron ante Atlas sin embargo, este se encontraba con las manos en alto, una energía de fuego envolvía a su cuerpo, al final Seiya pasó corriendo por delante de Atlas, estaba boquiabierto al comprobar que sus ataques fueron inútiles. -¿Qué? No pude traspasarlo.-

-Eres tan débil que deshonras a los sagrados caballeros de Athena, veamos si resistes mi corona de fuego.- Atlas succionó el fuego que tenía por todo el cuerpo, y lo atrajo a las palmas de su mano, que formaron una poderosa bola ígnea, la cual salió despedida, una vez que el Campeón de la Corona del Sol lo lanzara en dirección a Pegaso.

La enorme bola se metió en el cuerpo de Seiya y al cabo de un segundo, salió externamente por todos los poros de la piel de Pegaso, al final solo un fuego es lo que envolvió a Pegaso, derrotando su cosmo por completo.

Atlas se acercó hasta donde el Santo de Athena, que apenas si podía moverse, aquel poderoso ataque lo había dejado agotado de fuerzas. Cuando Atlas llegó donde Seiya, pisó su mano derecha con crueldad. Seiya se dolió totalmente y levanto levemente su cara, la cual reflejaba una combinación de angustia y desesperación.

-Pegaso ya deberías haberte dado cuenta de la verdad, Athena esta muerta y no hay nada que puedas hacer aunque seas su caballero más poderoso.-

-¿Qué? ¿Athena esta ….?- Seiya sintió como su corazón latía con mucha fuerza, tenía que hacer algo y pronto, no podía permitir que las cosas terminaran de esa forma, su espíritu de lucha se lo impedía.

Atlas observó como Seiya, con voluntad férrea se levantaba, estaba sorprendido que ese ataque no hubiera terminado con Pegaso, sin embargo, estaba seguro que ya casi lo había conquistado psicológicamente, asi que prosiguió por ese camino. -Además, considerando tu estado actual Seiya, es natural que Athena te haya abandonado.-
Seiya sintió una ligera parálisis de terror, sin embargo, por alguna razón su mirada llegó hasta los cuerpos inertes de Marin y Shaina, y su voluntad comenzó a hacer fulgurar su aura azul. Seiya señaló a Atlas con determinación.

-El cosmo de Saori no puede morir y te juro que no voy a permitirlo, y voy a vengar a Marin y Shaina- Seiya comenzó a mover sus manos por las trece estrellas de Pegaso, Atlas agudizó la vista, y sin esperar al final del rito de Seiya para lanzar su ataque, junto nuevamente sus manos por arriba de la cabeza generando un calor ígneo que cubrió todo su cuerpo. Seiya seguía incendiando su cosmo, tratando de llevarlo hasta su límite, y por otro lado, Atlas seguía concentrando todo su poder en un solo punto, tanto los ojos de Seiya como los de Atlas, se quedaron fijos esperando el momento oportuno de lanzar sus ataques, los dos vibraban con un cosmo muy poderoso, de repente, la tierra se abrió entre ellos. Atlas saltó detrás de si, donde estaban Belenger y Jyao, sin embargo, Seiya que estaba lastimado, no pudo evitarlo y cayó dentro del enorme agujero, solo podían escucharse los gritos lastimeros de Seiya por su Diosa.

-¡Athena!-

De las profundidades del abismo, siete luces de diferentes colores, salieron proyectadas a la superficie, y una de ellas alcanzó el cuerpo de Pegaso. Atlas observó la majestuosidad de aquellas luces, las cuales parpadeaban en las pupilas del Campeón del Signo de Karina. Su cuerpo se estremeció al ver aquel espectáculo, y un temor profundo lo envolvió, no solo a él, sino también a sus dos compañeros, los cuales estaban perturbados. Cuando aquellas luces tocaron el piso, así también cayeron rayos del cielo, tan blancos y poderosos como los del mismo Zeus.

Los rayos tomaron forma humana, todos estaban envueltos en túnicas blancas, sus cabezas, estaban adornadas con coronas hechas de hojas de laurel doradas.

Una voz cavernosa y ronca salió de entre el más alto de aquellos enigmáticos personajes, igual en altura que Thánatos, el Dios de la Muerte. Solo que, a diferencia del Dios Menor del Hades, la piel de este era de color durazno. Su larga cabellera era dorada casi blanca y sus ojos no tenían pupilas, eran áureos.

-¡Atlas!-

Belenger y Jyao se inclinaron de inmediato, pero Atlas se quedó de pie, mirando retadoramente a aquel hombre, cuyas facciones parecían las de un ángel.

-¿A qué has venido Diómedes? ¿No me digas que tú también vienes por la cabeza de Seiya?-

El escultural hombre de cabellera dorada, casi blanca, cerró los ojos, haciéndose un silencio que pareció durar por años.

-¿Quién te ha dado la orden de matar a Seiya?- Los ojos áureos de Diómedes desprendieron una energía cósmica que chocaron en el cuerpo de Atlas, haciéndolo retroceder. Jyao y Belenger estaban ahora si, en pánico total.

-No te tengo miedo, pelea contra mi, por la gloria de Zeus.-

Diómedes dejó salir una ligera carcajada, sus ojos volvieron a centellear, pero esta vez, los tres Santos de la Corona del Sol quedaron atrapados en lo que parecían ser unos pilares de luz. Diomedes levantó la mano y los tres pilares quedaron flotando en el aire. El hombre de piel beige volteo a ver a sus compañeros y tres de ellos salieron disparados por los aires, cogieron cada uno los pilares de luz, y desaparecieron envueltos en un rayo.

-Hazte cargo-

Dice Diomedes al final, a otro de los enigmáticos personajes, para luego desaparecer por completo dentro del rayo.

El personaje que se había quedado con Seiya, era el mismo que lo había rescatado, el Santo de Pegaso veía borroso, sus ojos estaban llorosos y solo balbuceaba el nombre de su Diosa.

-Ten Seiya, bebe esto, o morirás- El enigmático personaje sacó una pequeña botella con un líquido dorado, al beberla, Pegaso pudo comprobar como todas sus heridas desaparecían, incluso la dolencia que aún sentía en el pecho por la espada de Hades, desapareció por completo. Le tomó varios minutos recobrar todas sus fuerzas, el extraño no solo le ofreció a Pegaso, sino también a Marin y Shaina, las cuales revivieron de las garras de la muerte.

-¡Marin! ¡Shaina!- Seiya corrió efusivo a abrazarlas, los tres estaban llorando por el milagro ocurrido. Kiki, que se había mantenido escondido todo este tiempo, salió corriendo donde el grupo, hasta quedarse todos abrazados. Sin embargo, al final Seiya se dio cuenta, que el enigmático personaje seguía aun de pie, esperando con paciencia a hacer su aparición.

-¿Cómo es que seguimos con vida? ¡Seiya!- Dijo Marin –Dime que fue Athena quien nos salvó-

Pegaso puso una cara triste al escuchar ese nombre.

-Athena esta …. Esta muerta- Kiki, Shaina y Marin ahogaron su alegría con un silencio devastador.

-No honorables Caballeros, Athena sigue con vida.-

Todos voltearon donde el enigmático personaje, el cual estaba dándoles la espalda, su cabellera era rizada de color pardo, vestía una túnica blanca, sin embargo, Pegaso notó que los bordes de la túnica estaban impresas con una tela de oro y una media capa recorría el hombro izquierdo del personaje. En la capa púrpura, bordado en oro, se podía leer una leyenda, Pegaso fijó su mirada y cuál sería su sorpresa cuando leyó el nombre –Perseo-

El personaje se volteó donde las Santos de Plata, Kiki y Seiya

-Es correcto valeroso amigo, yo soy Perseo, el Rayo del Heroísmo.-

Seiya no pudo pronunciar palabra alguna, estaba cara a cara frente a un Héroe mitológico, ¿estaba ahí para ayudarles? ¿O estaba ahí para destruirles? Tanto Perseo como Seiya se quedaron en silencio largamente, viéndose a los ojos, los pequeños destellos de Sol de ese día, fueron desapareciendo por la espesa negrura de las nubes. Algo estaba a punto de ocurrir.

Fin de la 1era parte del Cap 8.

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Jeczman15

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Publicado 14 febrero 2022 - 14:02

Capítulo 8 -2nda parte-

Perseo tenía la piel trigueña, su complexión era atlética, sus ojos eran de un color ámbar y tenía la misma estatura que el Dragón Shiryu.

-Seiya, Santos de Plata, sé que tienen varias preguntas, y con mucho gusto les ayudaré a resolverlas.- Perseo puso sus manos por detrás de su espalda hasta abrazar sus dedos, mientras caminaba en línea recta paralelo donde estaban los Santos de Athena.

-Yo pertenezco a la poderosa guardia del Trueno Divino y el Rayo Celestial, es decir, somos los guardianes del Padre de los Dioses.-

-¡Zeus!- Dijo Shaina abrumada, la cual volteó a ver a Marin, y las dos se quedaron en silencio, escuchando las palabras de Perseo.

-Los otros que viste, Teseo, Aquiles, Belerofonte, Deukalyon, Ganímedes, somos parte de ese mismo grupo, y el que encerró a Atlas es nuestro Líder, Diómedes. Es el más poderoso de todos nosotros, tal vez, incluso más que Hércules.-

Seiya, Marin, Shaina y Kiki se voltearon a ver entre sí, y continuaron escuchando atentamente a Perseo.

-Lo que usé para ayudarte a ti y a tus amigos, fue rocío de ambrosía, no pensé que fuera a usarla tan pronto.-

Perseo se detuvo y volvió a darles la espalda

-La razón por la que estoy aquí, Seiya, es para castigarte por órdenes de Zeus.-

-¿Cómo? ¿Por qué? Si lo único que he hecho, es proteger a Saori, a Athena.-

Perseo seguía dándoles la espalda y con los ojos cerrados, luego entonces, el Rayo celestial abrió los ojos y volteo a confrontar a Seiya.

-Ofendiste a Zeus al matar a Hades y sellar a Poseidón.- Seiya caminó hasta acercarse a Perseo, tenía que convencer al Trueno divino de que estaba en un error.

-Pero si todo lo que hicimos mis compañeros y yo fue salvar a Athena, y a la Tierra de las ambiciones de estos Dioses mezquinos. Athena es una Diosa que cree en el amor y la humanidad.-

Perseo se quedó callado, cada palabra que decía Pegaso lo entristecía mas.

-Zeus decretó a Poseidón y Hades la aniquilación de la Tierra Seiya, esta tierra se encuentra podrida, y nosotros estamos aquí para asegurarnos de que ese mandato se cumpla.-

-No, debe haber un error, Athena ama a esta tierra mas que a nadie, todo lo que hizo fue por la salvación de todos.-

-Pero ella no es quien decide valeroso amigo, es Zeus, es por eso que Athena se encuentra sellada en una vasija, de la misma forma que Poseidón. Athena nunca regresara a la vida, no en cientos de miles de años, ese será su castigo, por desobedecer la voluntad de los Dioses.-

Seiya comenzó a perder la paciencia, no podía creer la terquedad de un Héroe que el mismo consideraba su ídolo.

-No Perseo, nosotros luchamos por la paz y la justicia.-

-¿Llamas a este caos, justicia?- Perseo invitó a Seiya a contemplar el cielo, que se encontraba demasiado oscuro, asi como la leve llovizna que comenzó a penetrar en el Santuario de Athena.

-No querido amigo, la verdadera justicia es la que les caerá hoy a todos ustedes. He venido con el firme propósito de hacerte reaccionar, pero veo que será inútil, por el respeto que le tengo a la orden de Athena, por la cual serví durante muchos años te daré el derecho a defenderte, te curé a ti y a tus compañeros, porque no quería pelear sino era en igualdad de condiciones. Prepárate para la batalla Seiya. Un poderoso rayo cayó justamente donde Perseo, la luz fue cegadora, y Seiya y los demás apenas si pudieron cerrar los ojos, para cuando los abrieron, vieron que de aquella bruma y humo, había salido Perseo enfundado en su armadura mitológica.

Seiya comenzó a sudar de la frente, sabía que aquella pelea no sería fácil, recordó como Atlas lo había vencido fácilmente con aquella esfera de fuego, no imaginaba ahora, como serían las cosas, con un Héroe mitológico.

-Seiya, yo también fui alguna vez un Santo de Athena.- Perseo llevó su vista hasta el cielo ennegrecido. –Yo fui el primer Santo Dorado de Capricornio-


-¿El primer Santo Dorado de Capricornio?- Seiya recordó a Shura y como este tenía en su brazo derecho, la poderosa espada Excalibur. Las piernas de Pegaso comenzaron a flaquear, recordó como Shiryu les había mencionado lo difícil que había sido librar la batalla contra Shura.

-Alístate Seiya-

Pegaso observó a Perseo quitarse la capa que colgaba de él, y de inmediato la mano del Semidios se iluminó, Seiya no pudo procesar el movimiento super rápido, hasta estrellarse con el.

-¿F-fue un rayo? Se sintió como uno de los relámpagos de Aioria.-

Perseo dejó de iluminar el brazo, Seiya contempló como solo el dedo anular del Semidios estaba iluminado. –Ese ataque que hice, fue disparado al 10% de su intensidad. Esa fue una advertencia Seiya, ríndete, o sentirás mi furia-

Perseo se quedó mirando a Seiya, el cual trataba de levantarse, se encontraba sumamente dolido por el ataque, a pesar de que Marin, Shaina y Kiki lo apoyaban, el santo de Pegaso encontraba difícil el simple hecho de pararse.

Por todos los gestos de dolor que hacía Pegaso, la mente de Perseo retrocedió a cientos de años en el pasado.

-Vamos Perseo, levántate, tu dijiste que querías darle un gran regalo a tu madre, dijiste que le obsequiarías una manzana dorada del jardín de las Hespérides, ¿ya se te olvidó tan rápido?-

Perseo, apenas si podía levantarse, el ataque que había recibido lo había dejado muy debilitado, no sentía la fuerza para ponerse de pie.

-Vamos hermano, me juraste que estarías a mi lado, cuando el gran Arion, se vuelva el Héroe mas famoso de todos. La gente entera cantarán canciones y odas acerca de Arion y Perseo, el escudero fiel.-

-¡Cierto! Yo te protegeré hermano, yo estaré ahí para defenderte de cualquier ataque.- Perseo se incorporó y voló como saeta donde su hermano, con su puño extendido, pero esos ánimos renovados fueron intercambiados por otro devastador golpe de Arion, quien hizo volar al hijo de Danae por el cielo.

-Excelente hermano, lo estás haciendo bien, ya te falta muy poco.- Arion era un adolescente de 16 años que tenía el cabello marrón y piel de marfil, su musculoso brazo se extendió hasta la mano delgada y frágil de un joven Perseo, de escasos 10 años. –L-lo siento hermano, disculpa que no he sido de mucha ayuda.- Arion le guiño el ojo, de repente el cielo oscureció y comenzó a llover, los dos jóvenes corrieron al centro de la Isla de Serifos, justo al Palacio del Rey Polidectes. Los guardias les impidieron la entrada, cruzando las lanzas.

-Déjennos pasar, soy el hijo del Rey, ¿recuerdan?- Pero los guardias hicieron caso omiso, uno de los guardias personales del Rey, se llevó de las orejas a los dos jóvenes, hasta empujarlos a la cámara del Rey, quien los esperaba.

-Príncipe Arion, ¿se puede saber en dónde estabas? ¿Por qué has escapado a tus deberes de estudio nuevamente?-

-Mi Señor, me estaba preparando para ser el Héroe más poderoso de Athena.-

El Rey Polidectes se paró de su asiento muy molesto y llegó hasta su hijo.

-Ya basta de estas tonterías, estoy harto de tus desacatos, y de que sigas todos los consejos de este plebeyo- El Rey señaló a Perseo claramente enfadado. –No es sino a partir de que llegó, tú también cambiaste, y eso no lo voy a permitir. Castiguen a Perseo.-

Los guardias tomaron al pequeño, pero Arion los detuvo y con su enorme fuerza los tumbó al piso.

-¿Qué es esto Príncipe?-

-Nada mi Señor, he sido yo el que ha envenenado a Perseo con estas locuras, así que yo recibiré el castigo.-

-P-pero hermano-

Arion le guiño el ojo y se colocó los grilletes que desembocaban en sólidas cadenas para la gente desobediente a la corte.

-Estoy listo, Rey Polidectes, para recibir mi castigo.-

El rey cerró el puño con fuerza, y ante la corte y los nobles que lo estaban viendo, no tuvo otra opción más que acceder al castigo auto impuesto de su hijo. El verdugo tiraba con fuerza del látigo, la violencia que empleaba era superior a la de los castigos normales, pero Arion nunca gritó, solo se limitaba a respirar y sentir la fuerza del castigo.

Perseo que, llevaba poco más de una hora en la prisión del palacio, observó cómo Arion había sido echado sin piedad, con la espalda sangrante.

-H-hermano!

-No te preocupes por mi querido hermano, esto… me ha servido de entrenamiento, ahora… mi espalda se ha hecho más fuerte, te juro… que algún día, seré tan… poderoso como los Dioses.- Arion se desvaneció en la inconciencia, Perseo gritaba el nombre de su hermano una y otra vez en vano.

Los años habían pasado y Perseo había cumplido la mayoría de edad, por azares del destino, el Rey Polidectes quien siempre había estado enamorado de Danae quería quedarse con ella, no así con el molesto hijo de ella, Perseo, el cual estaba seguro, había envenenado la mente de su hijo con una serie de cuentos para ser un Héroe olímpico, en vez de prepararse para sucederlo. El Rey había hecho una ceremonia ese día, con todos los habitantes de la isla, y los nobles del lugar, el Rey quería dar un anuncio, algunos murmuraban si podría ser la sucesión de Arion, otros, hablaban del compromiso del Rey con alguna Princesa de Grecia.

-Amigos míos, gente noble, los he reunido el día de hoy, porque anuncio mi compromiso con la Princesa Hipodamia, la cual a aceptado ser mi futura esposa.- La gente hizo un enorme bullicio y celebraron con felicidad y aplausos la decisión del Rey. Polidectes levantó las manos, haciendo callar a la gente y continúo.


-Amigos míos, gente noble, lo único que les pido a ustedes es que me honren con los mejores regalos, al que me diera el mejor de todos, lo esposaré con la hija que tenga con Hipodamia, y pertenecerá a la corte del Rey.-

Todos estaban sorprendidos por aquel enorme honor que el Rey estaba dispuesto a dar, sobre todo Perseo, que sentía la necesidad de por fin redimirse ante los ojos del Rey, el cual siempre lo veía con desprecio y petulancia.

Arion veía con cara de aburrición la ceremonia, los últimos meses habían sido difíciles, ya que, su Padre lo había obligado a atender sus deberes como futuro sucesor. Arion se había convertido en una montaña de músculos, tenía cicatrices por todo su cuerpo, excepto la cara, tenía una extraña fijación por mantenerse limpio lo más posible de esa parte. Al voltear a ver a su hermano, mucho más pequeño y lánguido, vio como estaba hecho un manojo de nervios.

-¡Por fin! Honraré a tu Padre, el Rey con el mejor de los regalos.-

-No sabía que tenías ambiciones por la corona de mi Padre.-

-No, no me interesa la corona hermano, ni tampoco casarme con una Princesa, quiero asegurarme que tu Padre por fin me acepte, que me tenga respeto, siempre lo he visto con un intenso odio hacia mí. Esta es la oportunidad que estaba esperando, solo quiero ser tu fiel escudero, y protegerte con mi vida si es necesario.-

Arion soltó una ligera carcajada, sin embargo, no era para nada con malas intenciones, sabía de la fidelidad que le prodigaba su hermano menor, siempre lo había defendido de todos y de todo, Incluso de la furia de su Padre que lo odiaba con la intensidad de mil soles. Arion sabía que toda esta farsa de la boda, era solo eso, una farsa, Polidectes en realidad estaba profundamente enamorado de Danae, la madre de Perseo, también sabía que su Padre despreciaba al niño, el cual siempre había tenido un “algo”, Arion no podía discernir exactamente qué, pero había algo en Perseo que, cuando se enfadaba, algo sucediía, es como si algo o alguien se metiera dentro de él, como cuando jugaron mal intencionadamente con un Toro, Arion cayó mal al suelo, y estuvo a punto de ser embestido de no ser porque Perseo se interpuso y le gritó con todas sus fuerzas al Toro, que él era su hermano y que no iba a permitir que nada le pasara, el toro se detuvo por completo y pasó de largo. Ese tipo de cosas inexplicables hacían a Perseo extraño, y más raro aun, que la mayoría del tiempo, se presentara tan débil. Arion sabía que Perseo poseía una fuerza descomunal, solo esperaba que no fuera demasiado tarde cuando la usara.

-¡Hermano! Ya sé que le voy a regalar a tu Padre, estoy seguro que con eso, me aceptará.-

-Perseo, espera, cuéntame que es lo que piensas regalarle a mi Padre, ¡Perseo!- Pero era demasiado tarde, el flacucho hermano de Arion, había salido despedido como un demonio donde el Rey. Para cuando Arion llegó donde su Padre y su hermano, el Rey Polidectes sostenía una sonrisa triunfal, Arion no veía tan contento al Rey desde hacía mucho tiempo.

-Amigos míos, gente noble, quiero hacerles de su conocimiento este maravilloso regalo, que mi querido hijastro Perseo, ha prometido con su vida darme.-

Perseo fue donde Arion estaba sonriendo, se sentía lleno de vida, de felicidad, de fe. El sucesor del Rey tomó a Perseo de los hombros, a agitarlo de forma desesperada.

-¿Pero qué hiciste hermano? ¿Qué le prometiste al Rey?-

Polidectes continuó su relato –Mi querido hijastro Perseo, me dará la cabeza de Medusa.-

-¿Qué?- No solo Arion, sino todos los ahí reunidos se quedaron mudos por unos segundos, pero después el lugar fue llenado por algarabía y gritos de felicidad.

-¿Te has vuelto loco? ¿La cabeza de Medusa?- Perseo salió corriendo del Palacio, el Rey Polidectes seguía feliz, era la mejor noticia que le habían dado en años. Arion llegó sumamente enojado a enfrentar al Rey.

-¡Maldito seas!-

-Cuidado con hablarle así a tu Rey, recuerda que voy a casarme muy pronto, y si te sigues comportando como una bestia, te desterraré de Serifos.-

-No quiero tu corona, esta maldita y llena de muerte, por fin se lo que ambicionas, desde siempre has estado enamorado de la Madre de Perseo, y quieres deshacerte de el a como dé lugar. Pero cuídate Rey Polidectes, que yo acompañaré a mi hermano, y traeremos esa cabeza de Medusa.-
El Rey sintió como toda su felicidad se evaporaba de inmediato.

-Si sales por esa puerta, no solo te quedarás desterrado, sino también sin reino.-

Arion siguió caminando, hasta salir de aquella enorme fortaleza. El Rey Polidectes estaba hecho una furia. Entró directamente a su cámara oculta, donde le rendía tributo a Hades, pidiéndole ayuda, venganza en contra de sus enemigos, esperando que el Rey del inframundo respondiera a su llamado.

Habían pasado ya varias semanas desde que Arion y Perseo fueran en búsqueda de Medusa, los dos habían pasado penurias con las grayas, las cuales pudieron darles la locación exacta de Medusa en un hoyo muy profundo, que se decía, llegaba hasta el inframundo. De no ser por la astucia de Perseo de robarles el único ojo y diente que ellas tenían, habrían sido los siguientes en el menú de aquellas desagradables ancianas.

-Mira hermano, creo que por fin hemos llegado- Arion señaló donde una torre oscura, donde podía percibirse un hedor a muerte, una espesa neblina es lo que obstaculizaba el camino hacia el enorme agujero que los llevaría a Medusa.

-Perseo, espérame aquí, no te muevas, voy a verificar que no haya peligro por aquí.- El hijo de Danae asintió con la cabeza y observó cómo su hermano desaparecía en la neblina, Perseo se sentó en una roca, su determinación por la cabeza de Medusa, ya no era tan entusiasta como antes, ahora ya lo único que le importaba, era salir con vida de aquella precaria situación.

Perseo no se dio cuenta, que un viejo se había sentado justo al lado de él.

-Joven señor, disculpe que lo incomode, creo que me he perdido y tengo mucha hambre y sed, ¿tendrá algo para este viejo?-

Perseo no pudo entender como alguien tan viejo, podía llegar hasta ese lugar tan siniestro, que, algunos decían, era territorio de Hades, pero, por las circunstancias que el viejo presentaba, y a sabiendas de que el mismo había pasado hambre y penalidades cuando más joven, no pudo más que tener piedad por ese anciano. Perseo al ver sus provisiones, se dio cuenta que solo le quedaba un pedazo de pan y algunos tragos de agua en su pipeta de piel de venado.
-Seguramente voy a morir en este lugar –pensó el hijo de Danae- bueno, de ser así, al menos que sea dando la vida por mi hermano.- Sin pensarlo más, le dio toda su comida y agua al anciano.

-¡Albricias! ¡Bendito sean los Dioses! Por obsequiar esta comida a un venerable anciano.- Después de comer y tomar el agua, el anciano se levantó y movió del lugar, antes de alejarse por completo volteo a ver a Perseo.

-Querido amigo, no es mucho, pero te obsequio este medallón de Platino.- Perseo aguzó la mirada, un tanto extrañado. –No buen Anciano, no se preocupe, no quiero sus riquezas, vaya con bien.- El anciano estaba sonriendo como si se tratara de un orgulloso Padre, regodeado por las hazañas de su hijo. –No joven amigo, yo insisto, por favor, quédate con él, cuando las cosas se pongan tremendamente difíciles, úsalo como tu último recurso.- Perseo se quedó extrañado, se le quedó viendo a esa moneda, y al acercarla pudo ver que las letras Z.E.U.S. estaban inscritas en la misma. –Anciano como hare para…. Usarlo- Pero el Anciano había desaparecido como si de humo se tratase, justo en ese momento, su hermano Arion había llegado.

-¿Qué haces Perseo? ¿Con quién hablabas?-

-Había un Anciano aquí hace unos momentos.-

-¿Qué?- Arion volteo en todas direcciones, pero no había nada, solo una espesa niebla.

Arion no quiso hacer comentarios y siguieron caminando hasta llegar a una torre vieja y abandonada, muy dañada de tantas batallas que viviera en el pasado, en la base de la misma, se encontraban unas escaleras, las cuales descendían por un enorme abismo, el descenso duró por varios días, hasta llegar al último piso. Se dieron cuenta que había un fuerte olor a podredumbre, habían varios esqueletos regados por lo que parecía un templo en ruinas, varias columnas estaban tiradas, y la construcción se veía maltratada y vieja.

Escucharon a lo lejos lo que parecía el sonido de una sonaja, sonaba demasiado lejos, pero se dieron cuenta que habían llegado por fin al lugar donde moraba Medusa. Antes de que siguieran caminando, un ente oscuro se apareció delante de ellos, estaba totalmente envuelto en una coraza de ónice.

-Bienvenidos deliciosos mortales, yo soy Caronte de Plutón y han entrado a la antesala de la morada de Hades ¿De parte de que Dios han venido?- Los dos hermanos se quedaron mudos, sin saber que decir, hasta que Perseo recordó el nombre del Dios que estaba grabado en la medalla que el viejo Anciano le había regalado.

-Nos ha mandado Zeus- Arion miró a Perseo extrañado

-Hmm conque Zeus ¿eh? ¿Y conque derecho Zeus decide intervenir en el inframundo? Aquí ni su palabra, ni su ley cuentan.- Los dos hermanos se quedaron en silencio, a lo lejos se escuchó un cascabel, el corazón de Perseo latía con más fuerza.

-Ah- Dijo Caronte, sus ojos se posaron inquisidores, nuevamente en el hijo de Danae. –Asi que ustedes en realidad vienen por Medusa, ¿verdad?- Los dos hermanos se voltearon a ver de reojo, Caronte no pudo evitar reírse sardónicamente. –Si sabían que la Medusa convierte en piedra a todos los que la miran directo a los ojos, ¿cierto?-

Caronte se movió tan rápido, que ni Arion ni Perseo se dieron cuenta del momento en que el regido por el Planeta de Plutón, los había tomado por el cuello, corrió hasta el enorme templo semi destruido de Medusa y los arrojó sin piedad, donde el cascabeleo se escuchaba cercano. De inmediato se refugiaron en uno de los varios pilares semi destruidos del que alguna vez, fuera un majestuoso templo, el rostro de Athena, reposaba dibujado en la parte más alta del templo, dando a entender quien había sido la encargada de dejar caer esa maldición en la Gorgona.

Caronte se encontraba molesto de ver agazapados a los jóvenes guerreros. -No, así no se puede jugar, ustedes lo hacen todo demasiado lento, voy a tener que acelerar las cosas.- Caronte se movió muy veloz y apareció enfrente de Arion, y usando su dedo índice, lo colocó en la frente del joven guerrero, transformando el color de sus globos oculares de castaño claro a ónice.

-Maestro, estoy a sus órdenes- Arion se arrodilló por completo. Caronte festejó con una sonrisa. –Arion, mata a Perseo, él quiere matar a la medusa para ser el Rey de Serifos, quiere quedarse con tu Reino.-

El hijo de Polidectes endureció su rostro, no estaba dispuesto cederle a nadie, lo que por legitimidad le pertenecía. En ese momento, Perseo que se había resguardado en uno de los pilares, salió de su escondite al escuchar la voz de su hermano.

-Arion, yo…-

Antes de que terminara la frase, el futuro regente de Serifos lo tomó y presionó del cuello, como si de una tenaza se tratara.

-Her…ma…no-

Arion saco una enorme espada que tenía en la espalda.

-Siempre te creí parte de mi familia, te ayude, te cuide, te protegí, pero esta traición nunca te la voy a perdonar, ¿me escuchaste? ¡Nunca!-

El hijo de Danae tenía los ojos totalmente abiertos, incrédulos, confusos a lo que estaba escuchando, no entendía que es lo que estaba pasando, su corazón se agitó cuando vio cómo su hermano, empuñaba aquella enorme espada.

-Te llegó el fin maldito bastardo- Y la encajó por completo en el pecho de Perseo.

-Jujuju Excelente trabajo Arion, lo has logrado.- Las manos cadavéricas de Caronte, se posaron en los hombros del hijo de Polidectes, que veían como Perseo comenzaba a ahogarse en su propia sangre. Sin embargo, comenzó a sudar de la frente.

-Per … ¿Perseo?-

Caronte agudizó su mirada, se quedó sorprendido de la voluntad tan poderosa que contenía Arion, en realidad, en todo el tiempo que había sido guardián de la antesala del Inframundo, muy pocos eran los que podían contar la hazaña, de haber salido de su control mental.

-No, no pequeño, no harás nada, te quedarás observando como gracias a ti, muere tu hermano jaja-

Caronte apretó con todas sus fuerzas al hijo de Polidectes, el cual veía con desesperación la muerte de su joven hermano.

Perseo se encontraba en el umbral de la muerte, su vista comenzó a tornarse borrosa.

-Hermano, ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?- El hijo de Danae cayó pesadamente al suelo, podía ver como un líquido rojo carmesí comenzaba a bañarlo de la cara, comprendió que su vida estaba por llegar a su final.

-No siento dolor, ¿es este mi final? Mama, no pude darte un regalo digno de ti, como me gustaría volverte a ver y decirte que te amo con todas mis fuerzas y que solo quiero verte feliz. Has dedicado toda tu vida a cuidarme, quisiera… quisiera poder hacer lo mismo, pero ya es tarde, ya es muy tarde para mi.-

Perseo observó como el amuleto que el viejo le regalara estaba ahí, justo enfrente de él, brillando con luz propia, las palabras del viejo comenzaron a refrescarle la mente.

-Cuando las cosas se pongan tremendamente difíciles, úsalo como tu último recurso.-

Perseo leyó con dificultad lo que decía en el pendiente

-Zz .. Ze ….Zeu ….. Zeuss-

Un relámpago traspasó la roca, hasta envolver el cuerpo maltrecho de Perseo, inundándolo de una luz cegadora.

-Nn … no, no lo creo- Caronte estaba totalmente inmóvil, un escalofrío recorrió su espalda, agarro a Arion y lo tiró por los aires en dirección contraria al rayo, tenía que ver de cerca aquel milagro, se acercó con mucha delicadeza, el rayo había sido tan poderoso, que formó un enorme cráter, el humo aún continuaba, por lo que no se veía nada del otro lado. Caronte siguió moviéndose como una serpiente. Un brazo salió de entre la niebla, hasta sujetar a Caronte por el cuello, el regido por el planeta Plutón sentía que su vida se extinguía en cuestión de segundos, aquello que lo estaba sujetando, tenía la fuerza de 100 hombres.

-Vas a pagar por lo que le hiciste a mi hermano-

Caronte estaba crispado de los nervios, reconoció la voz una vez que la escuchó

-P..Per.. Perseo-

De entre la bruma, Perseo había salido, enfundado en una coraza de oro, que lo cubría totalmente de pies, manos, y pecho, pero los bordes eran de negro azabache, su casco cubría parte de su cara y a los lados, en la sien, tenía unas pequeñas alas, y otras más en la cubierta del pie, donde se encontraba el tobillo. De la mano de Perseo comenzó a manifestarse un fulgor blanco, hasta convertirse en un rayo.

-El rayo …. ¡El Rayo de Zeus! -

-Cállate miserable-

Perseo enterró el rayo en el pecho de Caronte, haciéndolo volar y destruyendo varios pilares

-Tu…. Tú no eres cualquier mortal- El regido por el planeta Plutón sentía como todos sus huesos estaban rotos, su cuerpo empapado de sangre, apenas si podía ponerse de pie.

-¡Perseo!-

El hijo de Danae observó cómo su amado hermano se acercaba a él.

-Hermano, discúlpame-

-Arion, no hay nada que disculpar, sé que no eras tú.-

-Perseo, como le hiciste para obtener esa brillante armadura. Te ves diferente, fuerte y poderoso.-

-¿Qué?- El hijo de Danae no había reparado, que aparte de la brillante armadura, detrás de su cuerpo tenía un poderoso escudo, y una espada adamantina. Eso no era todo, contempló que el casco tenía una especie de lentillas similares a las que tiene la armadura del Fénix y al bajarlas, cubrían sus ojos.

-Perseo, ¿Dónde estás? ¡Desapareciste!-

El semidios subió las lentillas y reapareció ante su hermano.

-¿Te acuerdas que te dije que me había encontrado a un anciano? El me dio un medallón, los cuales tenían grabada la palabra Zeus.- Perseo tomó el medallón que tenía en el cuello,

Arion por fin comprobó que Perseo era algo más que humano, ya antes había escuchado de los favores de los Dioses, pero estos siempre recaían en los hijos de ellos, su madre y el habían llegado abandonados en un bote, y Danae nunca hablaba del Padre de Perseo. Arion se sintió más tranquilo, sabía lo que todo ello significaba. Por desgracia, la momentánea felicidad se había desvanecido en cuanto escucharon como Caronte gritó de dolor, seguido por un cascabeleo, el regente de Plutón llegó ante ellos.

-Me .. Me …- Sus palabras se cortaron, ya que, a pesar de que había hecho el esfuerzo de llegar ante ellos, su cuerpo se solidifico hasta hacerse de piedra.

-¡Medusa!- gritaron los dos

La enorme cola de medusa se impactó en ambos haciéndolos volar, Arion se golpeó fuertemente la cabeza, mientras que Perseo perdía su collar con el pendiente de Zeus, volviendo su cuerpo a como era anteriormente, y no solo su cuerpo, la armadura brillante que poseía, desapareció así como todos los regalos de los Dioses. –Mi pendiente- El collar voló hasta el borde del piso marmoleado donde desembocaba en un enorme y oscuro hoyo.

-Tengo que ir por el-

Perseo movió ligeramente su cuerpo fuera del pilar, pero 4 flechas cayeron en el suelo, haciéndolo retroceder.

-¿Cómo se puede vencer a alguien a quien no puedes ver?-

El semidios escucho un sonido que venía en su dirección, para cuando se dio cuenta, reaccionó demasiado tarde, era la cola de Medusa arrastrando todo a su paso, para cuando Perseo quiso escapar, era demasiado tarde siendo arrastrado por la destrucción hasta caer pesadamente al piso. Después de que el polvo se hubo despejado, el hijo de Medea vio con horror que Medusa estaba enfrente, no pudo mirar hacia arriba, tan solo veía lo que parecía la cola de Medusa, finalmente la cola enrolló al Semidios hasta estrujarlo. Perseo gritó y sintió como si sus huesos tronaran.

Arión sujetó a Medusa por la espalda, la Medusa comenzó a gritar de la desesperación y soltó a Perseo.

-¡Hermano! este es el momento, no habrá una segunda oportunidad, es ahora o nunca, mata a Medusa.-

Arion, como pudo, arrojó la espada que traía cerca de su hermano, Perseo la tomó de inmediato, sin embargo, su mente se nubló de dudas.

-¿Y si clavo la espada y mato a mi hermano?-

Arion se sintió desfallecer de la fuerza de la Gorgona y comprobó la duda en la cara de Perseo.

-He-Hermano, no te preocupes por mí, no importa si yo muero, mata a la Medusa, sino, ella nos matará a los dos.-

Los ojos del semidios recobraron su brillo, y sin miramientos corrió con todas sus fuerzas donde la Gorgona, gritó y clavó la espada lo mas fuerte que pudo en el cuerpo de la Gorgona. Arion gritó de dolor, Perseo estaba asustado. La Gorgona volteó su cuerpo en el momento exacto en que el semidios clavara su espada, para dejar que el hijo de Polidectes recibiera el embate completo. El dolor fue tan insoportable, que soltó a la Medusa. Esta, no solo activó el poder de su mirada, sino también les dio un coletazo terrible, que derribó a Perseo y a Arion hasta la boca del precipicio, donde cayeron.
Los reflejos de Perseo lograron sujetar al hijo de Polidectes con su mano derecha, Perseo no lograba sentir su brazo izquierdo, mayor fue su sorpresa y horror, al comprobar que su brazo izquierdo estaba convertido en piedra.

-La Medusa, cuando nos golpeó, debí ver algo de su mirada, pero no me transformó por completo.-

-He-Hermano, su-suéltame, no tiene caso, si no me sueltas, ambos moriremos.-

-No Arion, nunca te soltaré hermano, no importa lo que pase.-

-Hermano, no seas testarudo, observa tu brazo de piedra.-

Perseo vió como el brazo de piedra comenzaba a romperse, era un milagro que se hubiera sujetado a una enorme piedra que se encontraba en el umbral de aquel enorme abismo.

-No es posible, los Dioses ….. Los Dioses nos han abandonado.-

-A ti no hermano, pe-pero a mi …-

El hijo de Polidectes sujetó la espada y usó toda su fuerza, sacando solo la mitad, tomó aire y nuevamente como pudo y gritando de dolor sacó el resto de la espada, su cara estaba totalmente pálida, sentía la presencia de la parca muy cerca.

-He-hermano … Perseo, no …. N-no me cabe duda …. Que serás …. E-el …. El héroe mas grande de … Grecia, recuerda …. Recuerda que … Te amo hermano.- Arion tiró como pudo la espada cerca del brazo izquierdo de piedra.

-No hermano, no te atrevas, no te atrevas a dejarme solo, no quiero que me dejes, quiero que estés conmigo y me protejas hasta el final.-


-S-si s-siempre estaré…. A tu lado.- Arion se soltó cayendo al enorme abismo sin fondo, justo en ese momento, el brazo izquierdo de Perseo, se destrozó por completo, y con su mano derecha, se sujetó milagrosamente a la espada que se había quedado clavada.

-¡Hermano!- El semidios estaba llorando de impotencia, todo su cuerpo le dolía, como pudo, hizo un esfuerzo sobrehumano para que, con ayuda de la empuñadora de la espada, pudiera llegar al borde del risco, e incorporarse como pudo, al llegar a tierra firme, sacó la espada clavada. La sorpresa fue mayúscula, cuando vio que su pierna derecha, estaba totalmente entumida.

-No puede ser, mi pierna, mi pierna también está convertida en piedra.-

Perseo escuchó el cascabeleo de la Gorgona muy cerca de ahí.

-¡Por los Dioses! sino logro ponerme de pie, la muerte de mi hermano, habrá sido en vano.-

Como pudo, Perseo logró incorporarse, cuando alzo la vista, pudo ver como una enorme cola se impactaba en su pecho haciéndolo volar por los aires, cayendo derrotado en uno de los pilares, cuando su cuerpo sintió el piso, su pierna derecha se destruyó por completo. Perseo gritó de desesperación, en ese momento una lluvia de flechas llegó donde él estaba, y seis flechas se impactaron en su pecho y pierna.

-M-maldición… voy a morir…. Voy a morir aquí, la muerte de mi hermano fue totalmente en vano.- Perseo tosió sangre por la boca, el dolor que lo producían las flechas era insoportable. Se venció por completo hasta quedar totalmente acostado en el piso.

-Ven maldita Medusa, termina con mi miserable vida, no valgo absolutamente nada, soy un inútil, no merezco seguir viviendo. Hermano, lo siento, no pude cumplir mi promesa de… vengarte, este es el fin.-

Perseo observó un rayo de sol que se había colado por uno de los agujeros de aquella enorme cueva.

-¿Pero .. Qué es eso?-


El escudo que trajera Arion, se encontraba reflejando la luz del sol en el techo, en el, pudo ver como la Gorgona se acercaba hasta donde él estaba. La esperanza regresó a los ojos del Semidios.

-A-aun… aún hay una oportunidad.-

Como pudo se incorporó, las flechas enterradas en el pecho y pierna le hizo sentir un dolor sobrehumano, pero tuvo que callarse, sabía que si gritaba, su última oportunidad sería en vano. Utilizó su pierna y la espada de Arion para ponerse en pie, y como pudo, saltó hasta el borde del pilar, donde veía en el techo, el escudo que reflejaba a la Medusa, la cual se acercaba sigilosa, la frente de Perseo se llenó de sudor, sus nervios estaban tensados para ese único estoque, para cuando Medusa se acercó al pilar, Perseo saltó donde la Gorgona, la cual no vio como la espada rebanaba su cuello, la Medusa alcanzó a lanzar dos flechas más que se impactaron en el pecho de Perseo, que cayó como fardo al suelo, este último se plasmó de sangre por las heridas mortales del semidios.

-H-her-hermano… te pude vengar, lo hicimos… ma-matamos a la Medusa.- La cara de Perseo estaba cubierta de un líquido rojo carmesí, la vida comenzaba a abandonarle. De la sangre de Medusa, nació una pequeña bola de pelo, la cual fue creciendo desmesuradamente. Perseo como pudo, trató de incorporarse, pero el dolor era demasiado intenso hasta caer nuevamente al piso.

-Ma-maldición, nació otra… otra Medusa…. Estoy perdido, no hay manera de ganar.- Perseo alzó la mirada y observo que el hilo del sol se hizo aún más grande hasta hacerlo deslumbrante, la luz era tan poderosa que Perseo se dolía del brillo, sin embargo, un ser con alas comenzó a bajar hasta donde se encontraba.

-Pe-pero ¿Qué es eso?-

El caballo blanco con alas llego donde estaba el semidios, y emitió un bramido que lo regresó a la realidad.

-¿Un caballo?- La visión de Perseo se ajustó hasta ver delante de si al animal.

-E-es …. ¡E-es un Pegaso!- La potente luz solar seguía al Pegaso, como si aquel animal tuviera un poder sobrenatural, cuando se acercó hasta Perseo, tenía un collar en la boca, la cual soltó cerca de su mano.

Los ojos de Perseo se llenaron de lágrimas, al parecer, aun no era su hora, al tocar el pendiente, un enorme rayo cruzó la cueva, hasta impactarse en el semidios, cubriéndolo por completo. Cuando el humo se hubo disipado, el cuerpo del hijo de Danae estaba totalmente recuperado. Perseo comprobó que todo había regresado a la normalidad, el cuerpo no le dolía, su brazo y pierna estaban totalmente recuperados, sentía una enorme fuerza y poder dentro de sí.

-Bendito seas amigo Pegaso, así que fuiste tú quien nació de la sangre de la Medusa, ahora, hay que tomar la cabeza de la Gorgona y regresar a casa.-

Perseo regresó a Serifos, justo en la coronación del Rey Polidectes, el caballo Pegaso, le había contado toda la traición del Rey y como este había fraguado la muerte de su único vástago. Perseo no se tentó el corazón y enfrente de todos, cortó la cabeza del Rey, regresando ese mundo de tiranía, al mundo de la justicia. El bien había triunfado así como el nacimiento, del Héroe más grande de Grecia: ¡Perseo!

-Ya veo- Dijo Seiya al pararse por completo, entonces fue el Pegaso el que te ayudo a sobrevivir aquel infierno.

-Asi es Seiya, sin embargo, ahora es mi turno de ayudar a Pegaso y hacer que entre en razón.-

Seiya hizo caso omiso y comenzó a mover sus manos por las trece estrellas de Pegaso.

-Tu poderoso ataque no me hará nada, ¿No escuchaste el relato? ¡Soy invencible!-

Seiya siguió concentrando el poder de su cosmo, haciéndolo crecer lo más alto que pudo.

-Muy bien Seiya, si tu insistes.- Perseo se quitó completamente la capa, debajo de la misma, se podía ver como en su espalda tenía un escudo, en su pierna derecha una espada adamantina, sus pies tenían las sandalias de Hermes, y el casco que se puso para iniciar el combate era el casco de invisibilidad de Hades. Todos los objetos divinos que Perseo había adquirido para destruir al mal dondequiera que se encontrara.

-Perseo, siente la furia de los ¡Meteoros de Pegaso!-

Cientos de meteoros salieron despedidos donde el Semidios, este sin embargo, comenzó a correr donde los meteoros, evadiéndolos uno a uno, Seiya disparó una nueva tanda de meteoros pero Perseo podía leer la trayectoria de los mismos, la velocidad que poseía, era milagrosa. Seiya observó con horror como Perseo estaba enfrente de él, aun incluso en ese momento, los meteoros seguían saliendo del puño de Seiya, pero estos rebotaban en el Pecho del hijo de Danae, Perseo estiró su brazo derecho hasta impactarlo en el rostro de Seiya, el cual salió volando hasta llegar a uno de los pilares de la antesala de la Cámara del Patriarca.

Perseo alzo sus dos brazos y el cielo comenzó a tronar, diversos rayos cruzaron los cielos cientos de veces, hasta que dos de ellos llegaron hasta las manos abiertas de Perseo, cuando los tocó, disparo los dos rayos donde estaba Seiya. El Santo de Pegaso, pudo saltar hacia adelante en el último minuto, Perseo corrió como saeta donde Seiya, hasta pegarle varias veces en el estómago, al final terminó con una patada en el rostro, haciendo que Pegaso cayera al piso.

-¡Seiya! Te daré tiempo de que reflexiones mientras intentas levantarte.-

El Santo de Pegaso, trataba de incorporarse, con dificultad, al final lo logró, con bastante dificultad, Pegaso se dio cuenta con horror que su vista estaba nublándose. Perseo se dio cuenta de ello, y cerró los ojos.

-Es demasiado pronto para morir, antes de hacerlo, te quiero contar algo rápido. Tú crees que eres el hombre más fiel a Athena, pero no es así.-

-¿C-cómo? ¿Por qué dices eso?-

-Athena me ha otorgado la espada adamantina, capaz de traspasar cualquier ropaje, las armaduras de oro palidecen al poder de mi espada.- Perseo sacó una hoja adamantina que se encontraba en su pierna izquierda, era brillante y sumamente delgada.

-Athena se ha encargado de inmortalizarme en este Santuario, sé que has recorrido las doce casas, por lo que, es seguro que has visto mi estatua.

-No sé de qué me hablas Perseo, jamás he visto tu estatua, a menos que ……- La mente de Seiya retrocedió en el pasado, hasta llegar a la décima casa, donde Shiryu de Dragón peleara contra Shura de Capricornio, en la entrada, se divisaba a la diosa Athena cediéndole una espada a un hombre que se encontraba arrodillado. Los ojos de Seiya se abrieron grandemente.

-No…… no es posible.-

-Así que lo has descifrado- Perseo abrió los ojos para posarlos en Seiya.

-¿Entonces….. Entonces tu eres aquel quien está recibiendo a Excalibur?-

Perseo soltó una pequeña carcajada –¿Así que, así es como llaman a la espada en estos días?-

Perseo movió el brazo donde tenía a la espada. Seiya vio una onda expansiva que se dirigía a él, con unos reflejos asombrosos saltó y giró en el aire evitándola por completo.

-Bien, veo que ya te recuperaste…. ¿Estás listo?- Perseo y Seiya se quedaron mirándose el uno al otro. Hasta que Perseo comenzó a mover su espada de forma errática, Seiya corrió donde Perseo y evitaba todas las ondas expansivas. El Santo de Pegaso estaba muy cerca de llegar, saltó y durante el viaje, Perseo alzó sus manos y los truenos viajaron muchas veces en el cielo, hasta que uno de ellos, cayó directo al brazo derecho de Perseo. Seiya, que aún se encontraba en el aire no podía hacer nada para desacelerar su caída, así que, disparó nuevamente el poder de sus meteoros. Perseo evitó todos los embates, y cuando vio al Santo de Pegaso a un metro de distancia disparó el trueno, que impacto en el cuerpo de Seiya, tomó la espada con sus dos manos y la movió varias veces donde el Santo de Pegaso, el cual recibió varias veces el embate, hasta hacerlo volar dentro de la Cámara del Patriarca, la armadura de Pegaso estaba bastante dañada, a pesar de ser más poderosa, innumerables grietas viajaron por los hombros, pecho y brazos del Santo de Athena.

Perseo salió disparado donde Seiya, el Santo de Pegaso, a pesar de que tenía varias cortadas en los brazos y piernas. Hizo explotar nuevamente su cosmo destruyendo los escombros en los que se encontraba. Perseo volvió a mover la espada de forma horizontal, Seiya lo esquivo se agachó y deslizó por debajo, hasta conectar con su puño la quijada de Perseo, haciendo un golpe ascendente. Perseo detuvo su caída, pero había perdido el equilibrio por lo cual tiro la espada adamantina al suelo y decidió terminar las cosas con sus puños. Seiya que estaba tocando el piso, se giró donde el semidios, atrapó su brazo, hasta colocarse detrás del hijo de Danae. Seiya sujetó el pecho del Campeón con sus dos brazos,

-¿Qué intentas hacer Seiya?

Y explotó su cosmos gritando con todas sus fuerzas.

-Golpe Rodante de Pegaso-

-¿Qué?- Perseo abrió grandemente sus ojos, y ambos fueron transportados fuera de la cámara del Patriarca, volaron unos cuantos metros, hasta que Seiya empujó a Perseo con el impulso, haciéndolo estrellar en una de las paredes de roca que estaban fuera de la Cámara del Patriarca. Seiya se alejó hasta llegar al piso. Sin perder más tiempo comenzó a mover sus brazos para pasarlas por las trece estrellas de Pegaso, su cosmos estaba totalmente incendiado.

-Cosmo de mi corazón, permíteme alcanzar el séptimo sentido, aunque sea por unos segundos, Pegaso, dame la fuerza para vencer a Perseo.- El cosmos de Seiya se hizo de un dorado intenso.

El semidios pudo caer de pie, parecía que aquel ataque no había surtido efecto, o eso creía el, sin embargo, se tocó la cara y pudo ver que varias gotas de sangre salían de su rostro y como si nada, salió disparado totalmente colérico. Cuando llegara con el Santo de Pegaso, pudo ver el enorme cosmo dorado, no se intimidó y siguió su recorrido, estirando su puño, Seiya estiró también su puño hasta chocarlo con el de Perseo, luego entonces ambos dispararon el otro puño volviendo a chocar, cada vez que los puños pegaban entre sí, salían ondas de electricidad con energía. Perseo se volteó nuevamente donde Seiya, pero Pegaso había disparado sus meteoros, esta vez, viajaban a la velocidad de la luz, Perseo comenzó a esquivarlos, hasta que le pegó uno, siguió esquivando y luego le pegaron tres, lo ignoro y seguía esquivando, hasta que Seiya gritó y su cosmo se hizo de un dorado intenso, los meteoros de Seiya se asemejaron al plasma relámpago de Aioria, los meteoros se convirtieron en miles de haces de luz que chocaron con todo el cuerpo de Perseo. El Campeón de Grecia cayó de espaldas al piso, al ser arrastrado, levantó toda la piedra del piso. Seiya sin embargo, no se detuvo y del enorme cosmo dorado disparó su ataque más letal.

-Perseo, siente la furia, del ¡Cometa Pegaso!-

Perseo, al cual le seguía fluyendo sangre por la boca, vio una enorme esfera de energía dorada cayendo arriba de él. Alzó sus manos al cielo, cientos de relámpagos surcaron los negros nubarrones, hasta que uno de ellos cayó en la mano del Campeón de Grecia, Perseo saltó donde el cometa Pegaso hasta chocar su puño contra la enorme esfera de energía, el golpe fue tan brutal que la enorme esfera fue empujada donde Seiya. El Santo de Pegaso se quedó pálido al ver como la esfera de energía iba en su dirección, con todo el poder de cosmos que le quedaba estiro sus brazos hasta tocar la esfera y con enorme esfuerzo la detuvo, tanto Perseo como Seiya se habían quedado empujando la esfera, los dos tensaron sus músculos al máximo, tratando de ganarle al otro. Perseo, que aún se encontraba con la energía del rayo en su mano derecha, golpeó la esfera con todo su poder, la energía del rayo impactó en Seiya y el enorme cometa de Pegaso, choco en él, hasta ser arrastrado nuevamente a la cámara del Patriarca, provocando una enorme explosión destruyendo esa parte del santuario por completo

Perseo se acercó tomándose el brazo derecho, el cual estaba totalmente bañado en sangre, así como su boca. Su brazo dolido, se encontraba totalmente ennegrecido por haber estallado su puño en el cometa.

-Por fin ha terminado.-

Seiya se encontraba en lo más profundo de los escombros, su cuerpo estaba totalmente herido, la tiara ya no existía, y su frente estaba llena de sangre.

-No puedo creer lo fuerte y poderosos que son los Héroes Mitológicos, nunca sentí tanto miedo como en este momento, ni en las Doce Casas, ni con Poseidón ni en el Inframundo. Los Campeones de Grecia están en otro nivel completamente diferente, no creo que pueda derrotarlos, y Athena, Athena no está para ayudarnos.-

-¿Vas a rendirte tan fácil?-

-Esa voz… ¡Aioria!-

-Nos hiciste una promesa Seiya.-

-¡Saga!- Los ojos de Pegaso estaban abiertos y llenos de lágrimas.

-Juraste en el muro de los lamentos, que nunca te darías por vencido.-

-¡Aldebarán!-

-Juraste en la casa de Sagitario salvar a Athena.-

-A.. ¡Aioros!-

-De pie Seiya, recuerda que si crees en ti, lograrás cualquier milagro.-

-A… ¡Athena!- Los ojos de Seiya comenzaron a derramar más lágrimas de sus ojos

-¡Incéndiate cosmos! asciende hacia el infinito- El cuerpo de Seiya comenzó a brillar como la luz del Sol

Perseo se acercó hasta lo que quedaba de la cámara del Patriarca, estaba totalmente asombrado del poder de Pegaso, al cabo de un rato, percibió la fuerza de una cosmoenergía que comenzó a crecer infinitamente, hasta que esa poderosa aura destruyó todos los escombros, de entre los mismos, salió la figura de Seiya, el cual tenía la armadura de Pegaso semi destruida. A pesar de la protección, su cuerpo se veía ensangrentado y bastante dañado, las piernas de Seiya temblaban, apenas si podía estar en pie, los ojos de Seiya estaban cubiertos por su cabello.

El cosmos gigantesco había desaparecido, solo estaba el Santo de Pegaso, ahí de pie, el simple hecho de ver a Seiya de esa forma, hizo retroceder a Perseo, algo había en Seiya que provocó temor en su corazón como hacía mucho no sentía.

-¡Seiya! ¡Detente! Ríndete en este momento, o si no, me tendré que ver obligado a destruirte.- Perseo, tomó el escudo de Medusa que estaba en sus espaldas, con dificultad, y utilizando su brazo sano, lo saco como pudo, hasta tenerlo enfrente de él.

-Seiya, no hay nada que pueda contra el escudo de Medusa.-

-Perseo, ¿No te has dado cuenta de la maldad de los Dioses a los que sirves?- La mirada de Seiya era muy diferente, parecía otra persona, sus ojos no tenían dudas, Perseo podía percibir la honestidad en las palabras de Pegaso.

El Semidios tenía sus manos temblando y su corazón latía a una gran velocidad. Su mente regresó a la época del mito.



*Palacio de Athena en el Monte Olimpo*
La todopoderosa Athena se encontraba sentada en una enorme silla de oro, de las puntas del trono se veían las figuras de una pequeña diosa alada, Nike, la diosa de la victoria, el piso donde estaban era de mármol y Perseo estaba de rodillas en una enorme alfombra roja, la cual llegaba hasta el inicio del templo.

-Perseo, te mandé llamar por tu hijo-

-¿Arion?-

-Así es, nuevamente está envenenando al bondadoso rebaño de Olimpia, con ideas absurdas de que los Dioses somos malvados. Nosotros siempre velamos por la paz y la justicia y eso es lo que siempre has llevado a cabo, cuando te he mandado a acabar y destruir a todos aquellos que se atreven a quebrar la paz. No podemos permitir que nuestras queridas ovejas sigan escuchando los preceptos mismos que atentan contra la estabilidad del Olimpo y de los Dioses.-

-L-lo siento mucho mi Señora, por favor haga lo que usted desee de mí-

Athena, que aún seguía con la frente ceñida, se levantó encolerizada

-No te vas a salvar con golpes esta vez Perseo, detén a tu hijo, sino lo detienes tú, lo haré yo. Si cuando lo detengas, veo que nuevamente mueve a la turba, mataré a tu esposa y tus demás hijos ante tus ojos, y te aventaré a lo más profundo y oscuro del Tártaro por levantarte en contra de los Dioses. ¿Me has escuchado? No me importa que seas hijo de Zeus, es a mí a quien sirves, y así lo harás hasta el día que mueras.-

Perseo se quedó totalmente inmóvil, seguía con la mirada en el piso, sentía que su corazón iba a reventar en cualquier momento.

-No te escuche Campeón de Grecia, ¿Me has entendido?-

-S-si Mi Señora, se hará como usted me pide.-

Athena desapareció del lugar, dejando a Perseo solo, que permaneció en ese templo con la mirada baja.

*Olimpia, hogar de los humanos escogidos por los dioses*

-Bendecido Pueblo, escuchen mis palabras, no vamos a dejar que los Dioses sigan controlándonos, los Dioses nunca nos han querido, somos hormigas para ellos, pero si vamos juntos al templo del Gran Zeus, no le quedará de otra más que liberarnos de esta tiranía.-

El cielo se oscureció por un momento, y una figura a lo lejos alzó las manos hasta que los rayos cayeron en sus manos, esta persona aventó los rayos donde estaba agrupada la gente de Olimpia, de inmediato, la gente corrió despavorida, todos menos Arion, el primogénito de Perseo.

El Campeón de Grecia, corrió rápidamente hasta llegar enfrente de su hijo.

-¿Qué demonios estás haciendo Arion? Te dije que desistieras de hacer esto. Los Dioses están muy enojados por lo que haces.-

El hijo de Perseo vio con cara de aburrimiento a su Padre, estaba harto de que tratara de convencerlo con moralinas huecas.

-Eres tú el que está ciego Padre, tu no lo puedes comprender, porque eres una maquina asesina a su servicio, antes, te idolatraba porque representabas la justicia, ahora, que he crecido, me he dado cuenta que vivimos en el lado equivocado, todo lo que hacen los Dioses, es provocar tristeza y miseria, solo los que vivimos en Olimpia tenemos una ligera ventaja, pero ¿has visto como es todo allá afuera? Los malditos Dioses se la viven controlando a la gente de Atenas y Esparta, desprecian a quienes no los veneran, y los pocos que los veneran, los tratan como basura. Como marionetas, dejan a los humanos sin Padres, los hacen pasar pruebas absurdas y ya que pasaron sus pruebas, los premian viviendo una vida desgraciada con la mujer de su peor enemigo o quedar ciegos y estar enamorados de sus propias Madres, esos son los Dioses a los que sirves, seres sin escrúpulos que nos usan en sus ratos de ocio, cuando no están borrachos o violando a cuantas mujeres pueden. Te repudio, te repudio a ti y a ellos, si pudiera matarlos a todos lo haría.-

Perseo se quedó en silencio, sus manos estaban temblorosas, su cabeza estaba siendo taladrada por las palabras de advertencia de Athena.

-Arion, no lo voy a permitir.-

-¿Qué? ¿Qué siga hablando basura de los dioses? Vas a tener que matarme para hacerme callar.

Perseo tenía la frente llena de sudor, abría y cerraba sus manos, su corazón latía cada vez más fuerte. Hasta que, decidido, tomó el escudo de Medusa y lo puso enfrente de sí.

-Así que, me vas a convertir en piedra, nunca creí que lo fueras a hacer Padre, es triste ver, cuando tu héroe se convierte en villano.-

-Dije que te calles maldito mocoso, si vuelves a deshonrar a los Dioses, voy a darte el castigo que te mereces, no tendré piedad de ti.-

-Padre, ¿No te has dado cuenta que los Dioses a los que sirves son malvados?-

Arion corrió donde su Padre, quería desesperadamente tomarlo entre sus brazos y decirle que despertara de esa burbuja llamada sueño, que abriera los ojos a la verdad que él veía. Sin embargo, Perseo alzó el escudo de forma instintiva en defensa propia, pensando que su hijo lo golpearía olvidándose por un segundo que era el escudo de Medusa el que traía en el brazo.

El escudo de Medusa se activó al servicio de su amo. Perseo no escucho más ruidos o movimientos, para cuando hubo bajado el escudo, contempló con horror como su hijo estaba hecho de piedra.
Las lágrimas salieron de los ojos del Campeón de Grecia, se acercó muy lentamente donde su hijo, pasó su mano muy suave y gentil en el rostro, la figura de piedra se desmoronó por completo al sentir el toque del Campeón, las enormes rocas comenzaron a hacerse polvo, hasta desaparecer todo por completo, Perseo se quedó solo y triste, sentía como su corazón se destruía a pedazos. La Diosa Athena apareció delante del Campeón.

Perseo se agacho de inmediato, no quería que su Diosa lo viera llorando.

-Muy bien Perseo, una vez más has hecho lo que se te pide, la gente debe entender su lugar en este mundo, algunos existen para servir y nosotros para ordenar, ¿te imaginas sino estuviéramos aquí? ¡Todo sería un caos!- Athena llegó donde se encontraba aun una pequeña roca de lo que había sido su hijo, la tomó y su mano se embarró de ceniza, la Diosa Athena se irritó de ver su mano sucia.

-Perseo, hazme el favor de que cuando hagas mi voluntad, tengas la gentileza de no ensuciarlo con la sangre o carne de los insurrectos.-

Y Athena desapareció del lugar, dejando solo a Perseo, con un enorme vacío y llorando la pérdida de su querido hijo Arion.

*Epoca actual en los escombros de la Cámara del Patriarca*

-Seiya, por la voluntad de los Dioses, haré que todo el peso del castigo divino caiga en ti.- Perseo agarró con fuerza el escudo de Medusa.

El santo de Pegaso no dijo nada, comenzó a caminar en dirección al Semidios como un muerto viviente. El hijo de Danae contempló como de repente el cosmos de Seiya en vez de hacerse pequeño, comenzó a aumentar de tamaño, su cosmos azulado se hizo de oro. El semidios estaba abrumado porque en el cosmos de Seiya, podían verse los Santos Dorados de Tauro, Géminis, Leo, Sagitario y detrás de ellos a la estatua de Athena.

-¿A-Athena?-

Los ojos de Perseo se llenaron de lágrimas, recordando aquel fatídico momento, donde Athena no tuvo misericordia de su hijo. Se limpió las lágrimas y con decisión se acercó hasta colocarse cara a cara con Pegaso.

-Seiya, este escudo de Medusa, es el escudo de la Justicia, si tienes el valor, ataca de frente, si te conviertes en piedra, querrá decir que mi Justicia triunfó. Pero si todo lo que me dijiste es cierto, entonces este escudo será incapaz de dañarte.

Seiya, al escuchar esto, elevó su cosmo como nunca antes, era tan fuerte, que Kiki, Marin y Shaina, que habían observado todo, se quedaron inmóviles del poder de Pegaso. Perseo sin embargo, no tenía ningún miedo, solo se quedó esperando a que Seiya mordiera el anzuelo.

-Perseo, prepárate a sentir el puño de la justicia de la verdadera Athena-

-Vamos Seiya, dalo todo en este golpe-

El cosmo de Seiya siguió elevándose, el Santo de Pegaso volvió a cruzar sus manos por las trece estrellas de Pegaso. Perseo solo veía como el Caballero de Athena estaba haciendo todo lo posible por lograr un milagro.

-¡Dame tu fuerza Pegaso!-

El semidios preparó el escudo, los ojos de Medusa comenzaron a abrirse lentamente

No salieron cientos de meteoros, solamente uno, que salió velozmente en dirección al escudo de Medusa. Los ojos de la Gorgona se abrieron por completo y Seiya recibió el ataque en su totalidad, con los ojos abiertos. La poderosa luz de la Gorgona, envolvieron por completo el cuerpo de Pegaso.

-¡Perdóname Seiya!-

Hubo un segundo de silencio que pareció durar una eternidad, luego entonces, el escudo de Medusa se partió en mil pedazos.

-¡No! ¡No es posible! El escudo … el escudo de la justicia-

De la retina de Perseo, se vió como Seiya siguió su curso hasta introducir su puño en el pecho del Semidios, el golpe había sido devastador, pero Perseo con una fuerza descomunal tomo con su mano el puño de Seiya y ayudo a hundir el puño de Pegaso hasta desgarrar la carne y entrar a su corazón, haciendo que un mar de sangre, saliera de su cuerpo.

-Perseo, ¿Por qué?-

-Seiya ….-

-No Perseo, no te mueras-

-Seiya…. Por fin pude entender… que la justicia de los Dioses está equivocada, el escudo de Medusa así lo confirma. Además … estoy … expiando mis culpas, mi hijo ….. Murió por culpa de mi ceguera….. No pude protegerlo, fui un cobarde que le dio la espalda a su hijo, como puedo llamarme un Campeón de Grecia, sino pude ayudar ni a mi estirpe….. Merezco la muerte.-

Perseo se desmoronó para caer al piso, pero Pegaso lo detuvo hasta poner su frente en el pecho de Pegaso.

Perseo pudo sentir como un cosmo amoroso y lleno de paz lo abrazaba, el Semidios pudo distinguir como detrás del cosmo de Pegaso, la estatua de Athena lloraba intensamente por el dolor inflingido al semidios

-¡Athena! ¡Mi querida Athena!- Los ojos de Perseo y Seiya se llenaron de lágrimas, el Santo de Pegaso abrazó amorosa y amistosamente el cuerpo de Perseo, el cual veía como la vida del Campeón iba desapareciendo lentamente.

-Seiya, el dia de hoy me has demostrado el auténtico poder y valor de los Caballeros de Athena, El Pegaso nuevamente me salvó como aquella vez contra Medusa, ahora, ahora tu…. Ahora tú eres Un Campeón de Grecia.-

Perseo cerro los ojos y Seiya lo apretó fuertemente, hasta que sintió como la vida del Semidios se desvanecía por completo.

Kiki, Shaina y Marin llegaron corriendo donde Seiya. El santo de Pegaso, se limpió las lágrimas y volteó donde el apéndice de Aries.

-Kiki, trae la espada, el casco y los fragmentos de lo que queda del escudo de Medusa- El Aprendiz de Mu se llevó consigo todos los objetos de poder, Marin y Shaina acompañaron a Seiya el cual llevaba cargando el cuerpo inerte del semidios. Pegaso recorrió las casas del Santuario, de forma descendente hasta llegar a la casa de Capricornio, donde estaba la estatua de Athena, dando la espada a su caballero más valioso.

Marin y Shaina fueron a la parte trasera de la estatua y abrieron una puerta secreta de piedra, Seiya se introdujo y dejó en el piso el cuerpo inerte del Semidios.

-Kiki, deja las armas de Perseo ahí dentro.-

-Pero porque Seiya, tú las ganaste, las armas son tuyas.-

-No Kiki, no me pertenecen, esas armas las ganó Perseo a base de sudor y sangre, no puedo quedarme con algo que no es mío.-

Con pesar, Kiki metió las armas de Perseo dentro de la pequeña cámara, y Seiya cerró la puerta.

Todos se quedaron observando el cielo, Seiya pudo divisar como encima de la constelación de Pegaso, estaba Perseo con su pequeño hijo Arion, volando hacia una nueva aventura.

ESTA HISTORIA CONTINUARA

#11 Jeczman15

Jeczman15

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Publicado 15 febrero 2022 - 17:24

Capitulo 10: Shiryu Vs Aquiles

Shiryu salió corriendo a la arena, Hyoga había caído al suelo, sumamente malherido.

-Espera Shiryu- Shun no le quedó otro remedio más que seguir al Santo del Dragón, que ya había llegado donde el Cisne.

-Déjame ayudar también- Dijo Andrómeda al poner uno de los brazos de Cisne en su hombro.

-Shun, hay que hacerlo despacio.- El santo de Andrómeda vio a Shiryu y asintió.

Los espectadores aun seguían mudos, ante la demostración y valentía de un Santo de Athena, los Campeones de Grecia se encontraban molestos por la derrota de Jason, pero nadie fue por él. Al final Kryon se puso de rodillas ante su Dios.

-Su ilustrísima Hermes, su santidad, permítame ir por…- No había terminado palabra alguna cuando un enorme hombre, tremendamente corpulento salió a escena, y sin decir nada fue por el cadáver de su compañero de armas.

-¡Hércules!- Gritó Hermes exasperado -¿Quién te dijo que te movieras?-

El Semidiós se volteó ligeramente y sin decir más, volvió a caminar hasta llegar donde Jason.

-¡Hercules!- Hermes estaba totalmente lleno de ira, pero, no pudo hacer nada, desde tiempos mitológicos se decía que Hercules rivalizaba en poder a su omnipotente Padre, era la única persona en el Olimpo que podría entablar una batalla con cualquiera de los Doce dioses y vivir para contarlo.

El corpulento hombre, agarró el cadáver de Jason y lo llevo donde unos guardias Olimpianos, quienes habían ya preparado unas sábanas de seda, para llevarse al Campeón caído.

-Prepárenlo por favor, llénenlo de honores en Olimpia, no tardare mucho.-

Los guardias asintieron con la cabeza y se fueron.

-¿Qué es lo que van a hacer con ese cadáver?- Hermes se levantó exasperado de su silla dorada, el Campeón de Grecia lo vio con cara de aburrimiento y se regresó a las filas donde se encontraban sus camaradas.

-Bueno ya, sigamos con la Guerra sagrada, pero antes, voy a darles en donde más les duele a esta basura.- Kryon siguió con la mirada, dentro de su jaula, la conversación exasperada de su amo, y se quedó pensando en que podría ser eso, que les dolería a los Santos de Athena.

Shiryu y Hyoga habían llegado al final de la arena, descendieron por unas escaleras y pusieron a Hyoga recostado en un montículo de paja. Hermes consideraba a todo el que no era un Dios, como campesinos y por lo mismo, les daba los mismos “lujos”.

-Hyoga, Hyoga- Shiryu le dio unas ligeras palmadas en la cabeza al Cisne, como tratando de revivirlo, pero este solo reaccionó diciendo.

-¡C-Ca … Camus! ¡M-maestro!

-No te preocupes Shiryu, yo me quedo a cuidarlo.- El santo de dragón volteo a ver a Andrómeda con cara de agradecimiento.

-Eres un verdadero amigo Shun, muchas gracias, me hierve la sangre y ya no puedo seguir mirando, la pelea de Hyoga me ha inspirado a terminar con esto y recuperar a Saori.-

De repente se comenzó a escuchar un ruido ensordecedor.

-¿Qué es eso?- Shun tomó fuertemente a Hyoga, porque el piso cimbró tan fuerte que parecía que todo se iba a caer a pedazos encima de ellos.


-No te muevas Shun- Shiryu salió corriendo a la explanada, lo que vio lo dejó sin palabras

-¡Shiryu! ¿Qué sucede? ¿Qué pasa?- El Santo de Andrómeda se levantó, porque el Santo del Cisne se había levantado con dificultad, había percibido todo.

-¡No vengan por favor!- Sin embargo Cisne, que se sentía morir, se fortaleció al oír las palabras de angustia de Shiryu y junto a Andrómeda llegaron a la cima del coliseo, efectivamente se quedaron boquiabiertos al contemplar el enorme muro. Un muro muy singular, era el mismo muro que habían visto en el Hades.

-¡El muro de los lamentos! ¿Pero, cómo?-

Los tres Santos veían como la única persona en el coliseo reía como un maniaco.

-Esperen Caballeritos, aquí viene la mejor parte.- Hermes movió la mano y comenzó a voltear el muro hasta quedar la cara oculta visible, cuando lo hubo hecho, Shiryu, Hyoga y Shun comenzaron a llorar con intensidad.

-L-los Santos de Oro- Gritó Shiryu

-Mi Maestro C-Camus y Milo- Los rostros de los Santos de Acuario y Escorpión aparecieron en el espectro de visión de Hyoga.

-Y no solo ellos, también Mu, Shaka, Aioria y los demás.-

Los tres estaban llorando pesadamente al ver como sus compañeros de oro se encontraban como unas estatuas vivientes pegadas al muro que había sido traído directamente desde el Hades.

-¿A que ninguno se esperaba esto? Jajajaja, son una basura Caballeros, he puesto aquí a los Santos mas poderosos de Athena para demostrarles el poder que el Olimpo tiene, y lo mejor, si se dan cuenta, aun hay espacio en ese muro, 5 lugares para ustedes. Voy a unirlos a ese muro, junto a sus hermanos y ponerlos en el Santuario de Athena como muestra y lección de que los humanos, nunca deben alzar los puños en contra de sus amos.-

Shiryu estaba totalmente enojado, sus puños estaban tan apretados, que sus palmas comenzaron a sangrar.

-¡Hermes! ¡Te reto a luchar contra mí! Ahora si has despertado, ¡La Cólera del Dragón!-

Hermes simplemente se sentó, y sin decir nada, otro guerrero de entre los Campeones salió con un escudo y una lanza.

-Me gustan los retos, Dragón, tus palabras, me han inspirado para dar un paso al frente y siento tu espíritu de lucha, esta es la pelea que he estado esperando ¿te atreves a enfrentarme?-

-¡Shiryu!- El Santo del Dragón volteó a donde estaba Kryon, quien había gritado y desde su jaula le advirtió. –El hombre al que vas a enfrentar se llama Aquiles, quien hizo temblar hasta el mismo Ares. Lucha con todo tu poder, no le des ninguna ventaja.-

Shiryu comenzó a sudar de la frente, las palabras de Kryon lo hicieron dudar.

-¿Qué pasa Caballero? Hace un momento querías enfrentar la furia de un Dios, ¿te empequeñeces ante un hombre insignificante como yo?-

Shiryu volteó a ver el muro de los lamentos donde estaba Dohko de Libra, y pudo escuchar a su maestro decir su nombre. -¡Shiryu!-

-¡Maestro! Tengo que salvarlo a usted y a Athena.- Cerró sus ojos y después de una gran respiración, se movió con mucha tranquilidad hasta el centro de la arena.

-Eso es Caballero, muy bien, comencemos.- Aquiles estaba totalmente lleno de vigor y saltó hasta el centro de la arena, donde Shiryu y él se vieron las caras uno muy cerca del otro. Aquiles encendió su cosmo y expulsó una presión de aire tan poderosa que hizo retroceder a Shiryu varios metros.

-¿Qué es este cosmos tan poderoso que siento? ¡AGH!- El Santo del Dragón cayó de rodillas al suelo.

-¡Shiryu!- Andrómeda estaba asustado cuando vio a su amigo de rodillas, sangrando por los brazos y las piernas, las heridas habían sido hechas por un objeto punzocortante

-N-no he podido ver ese movimiento, ha sido demasiado rápido, pero ¿Cómo?- Dragón estaba jadeando aire muy rápidamente y su campo de visión se centró en Aquiles, que aún se encontraba inmóvil, pero la figura de Aquiles comenzó a verse borrosa.

-Es muy rápido para rendirse Dragón- Aquiles sonrió satisfecho -Ante ti, tienes la lanza más sólida del mundo que es la que te produjo esas heridas tan insignificantes y este, es el escudo más poderoso del mundo. Creo que ya conoces y de sobra la leyenda de estas dos armas, que se enfrentaron entre si- Aquiles comenzó a caminar lentamente hasta llegar a donde se encontraba Shiryu

-Con ellas, soy prácticamente invencible, no ha habido nadie que me haya derrotado nunca teniendo estos dos objetos, ni siquiera Perseo, pudo hacerle nada a mi escudo.- Aquiles estaba frente a Dragón que aún seguía tomándose de las heridas, y sin piedad lo pateó tan duro que lo hizo estrellar en una de las paredes del coliseo.

-Es evidente que ninguno de los Caballeros está a mi nivel, no existe aún ningún ser que pueda derrotarme. ¡Ni siquiera tu Kryon!- Aquiles levantó su lanza y la dirigió al Antiguo Santo de Pegaso, que se encontraba atento en su jaula. –Cuando termine con esta basura, voy a pedirle a Hermes un duelo contigo, siempre quise medir mis fuerzas contra ti, mata dioses.-

Kryon cerró los ojos –Primero tendrías que vencer a Shiryu, y no creo que eso pase.-

Aquiles dejó salir una leve carcajada y centró su vista donde su oponente. Agarró su lanza y la tiró al piso, lo mismo su escudo. El público hizo un sonido de asombro, Hermes frunció el ceño ante esta actitud tan deliberada del Campeón de Grecia.

-No necesito mis armas para derrotarte Caballero.- Aquiles agarra su casco, se lo quita y lo tira al suelo. –Quiero hacer este duelo mucho más entretenido, ahora no tengo armas, ven a pelear Dragón.-

Shiryu estaba sumamente enojado, se sentía deshonrado al ver como un oponente se despojaba de sus armas, quizá porque veía en él, un oponente débil y eso lo hizo rabiar a tal punto que se levantó e hizo explotar su cosmo al límite.

-Eso es, ven, lánzame tu ataque más poderos, quiero sentir tu furia.-

Un cosmo con forma de dragón de color verde salió de la espalda de Shiryu, el dragón se encontraba furioso y decidido a destruir todo a su paso.

-El Dragón asciende al Monte Lushan- Shiryu salió disparado con toda la fuerza de su dragón, Aquiles esperó el tiempo suficiente hasta que vió el puño del Dragón lo suficientemente cerca para tomar con sus dos brazos el brazo de Shiryu y lo giró tan bruscamente, que rompió el brazo derecho del Dragón. El Santo de bronce cayó al suelo gritando de dolor.

-Asi que, ¿este es el famoso dragón ascendente que aprendiste del Santo de Libra? Muy impresionante, si eres un aspirante a Caballero.- Aquiles volteó a ver a Hermes y este le regresó la mirada con una de satisfacción. Estoy seguro que nunca nadie, a evitado tu poderoso Dragón o lo que sea, de esa forma, ¿cierto?- Aquiles se acercó al cuerpo de Shiryu y piso con todas sus fuerzas el brazo destrozado de Shiryu, el cual gritó con mucha más fuerza.

-¡Shiryu!- Andrómeda estaba saliendo de la arena, extendió su cadena lo más fuerte que pudo, pero antes de lanzarla, Hyoga se interpuso y negó con la cabeza. –P-pero …- Shun comenzó a llorar y entendió lo que Hyoga estaba haciendo.

-Ven Andrómeda, pueden luchar los tres contra mí si quieren, no tengo ningún problema.- Y volvió a pisar con más fuerza el brazo malherido de Shiryu. Tanto Hyoga descendieron las escaleras. Y Aquiles se mostró bastante enojado. Y volvió a lanzar otra pisada, pero esta vez, Shiryu tomó el pie de Aquiles con su brazo izquierdo, su cuerpo estaba lleno de cosmo.

-A-aun, es muy temprano pa-para cantar victoria.- Empujó con violencia la pierna del Campeón, pero este giró en el aire y cayo con bastante tranquilidad al piso. –¿Qué más trucos tienes Shiryu? Quiero esa furia que proyectaste al retar a Hermes, vamos, dame ese espíritu de pelea.-

Shiryu corrió a toda velocidad donde Aquiles, de repente el Campeón comenzó a latiguear su brazo derecho y del mismo salieron ondas expansivas, Shiryu pudo sentir una briza cerca de su cuerpo, pero detuvo su recorrido en seco, cuando viera como la armadura de Dragón, comenzaba a cortarse en pedazos. -¿Cómo?- Los ojos de Dragón veían con sorpresa como se había quedado sin armadura, en la parte del pecho, cintura y cabeza solo las de las extremidades y su poderoso escudo sobrevivían.

-¿Qué clase de arma tienes en la mano?-

-Jajajaja no es ningún arma niño, es el poder de mi convicción en batalla, soy tan poderoso, que he logrado despertar en mi brazo, el poder de mi lanza, sin tener que usarla físicamente, la lanza y yo hemos estado tan unidos durante mucho tiempo, que ella deposito su confianza en mí, y yo en ella, eso es lo que sentiste al principio de la batalla. No necesito nada, porque ya he ganado.-

-Q-que fuerte convicción de pelea tiene Aquiles.- Pensó Shiryu

-Dragón- El santo de bronce volteó donde Kryon nuevamente y escucho atento sus palabras. –Usa todo tu poder, tienes que usar todo tu poder al máximo.-

-Jujujuju si, hazle caso a esa basura, vamos Dragón, ¡Pelea!-

Shiryu nuevamente energizó su espalda al máximo, sacando al dragón color jade. -¡Aquiles! Esta, es ¡La Patada del Dragón!-

El Campeón de Grecia observo nuevamente un torrente color verde y detrás de él, a Shiryu proyectando toda su energía, pero el Campeón de Grecia se movió ligeramente a la izquierda, tomó la pierna de Shiryu que estaba en el aire y le clavo su brazo derecho, que atravesó el muslo por completo, logrando brotar un manantial de sangre. El Santo de Dragón cayo maltrecho al piso y Aquiles levantó los brazos en son de victoria. La gente aplaudía fuertemente al Campeón Griego.

Shun y Hyoga veían con horror como Shiryu se dolía en el piso, sentían su dolor como si fuera el propio.

De repente, Shiryu comenzó a escuchar unas voces en su cabeza.

-Shiryu, aun tienes a Excalibur en tu brazo izquierdo, recuerda que juraste proteger a Athena, recuerda todo lo que sufriste en la batalla de las doce casas, ¿te has olvidado acaso del juramento que me hiciste?-

-¡Shura!- Los ojos de Shiryu se abrieron grandemente.

-Shiryu, aun tienes el séptimo sentido, recuerda, que el séptimo sentido es el último cosmo, vamos de pie. No puedes deshonrarnos de esta manera.- Las imágenes de la pelea contra Mascara Mortal se aparecieron, así como la de Shura. –Recuerda todas las batallas que has tenido Shiryu, recuerda como el séptimo sentido ha estado ahí para ti.-

El Santo del Dragón contempla las peleas contra Fenrir, Alberich, Siegfried, Krishna de Chrysaor y en el muro de los lamentos contra Queen, Gordon y Sylphid. Al final Shiryu recuerda como le da la mano a Shura antes de partir del muro de los lamentos para así pelear contra Hypnos y Thanatos.

-E-el séptimo sentido.- Shiryu comenzó a levantarse

-Sí, el séptimo sentido.- Terminó Shura diciendo, dejando totalmente en silencio la mente del Dragón.

Del cuerpo de Shiryu comenzó a salir un cosmo dorado que explotó y su fuerza hizo volar a Aquiles, el cual cayó estrellado en una de las paredes del coliseo, cayendo al piso.

Shiryu se lanzó corriendo donde Aquiles, y de su mano izquierda salieron cientos de ondas expansivas, Aquiles se movió lo más rápido que pudo, y saltó para llegar al otro extremo del coliseo, estaba todo nervioso y sudando de la frente, cuando de repente, varias heridas se abrieron en todo su cuerpo. Pero esto no hizo más que enfurecerlo, tomo un poco de la sangre que salía de su cuerpo y llevo su dedo a la boca, y la probó.

-Bien, por fin comenzaremos a pelear de verdad.-

Tanto Shiryu como Aquiles lanzaron sus brazos al unísono, ambos corrieron y ambos sacaron de sus brazos cientos de ráfagas expansivas hasta que al final, cuando ambos llegaron a estar de frente, los dos chocaron con toda su fuerza sus brazos, los cuales quedaron por unos segundos chocando, hasta que de repente, Shiryu observó cómo su brazo izquierdo se rompía. Cayendo al piso.

-Era de esperarse Dragón, no es que la espada que usas no esté funcionando, es que tu convicción no es la suficiente para ganarme.

Los ojos de Aquiles se cerraron y el ver a Shiryu tan lleno de heridas, le hizo recordar un evento lamentable de su propio pasado.


-Olimpia, Ciudad de los Dioses-

Quilas, Capitán de la guardia imperial de la ciudad de Olimpia, se acercó hasta dos pequeños pero aguerridos soldados los cuales habían logrado grandes hazañas desde pequeños.

-¡Soldados! El dios de la Guerra ha venido en persona para verlos pelear, ustedes dos Aquiles y Janos, de entre todos los niños guerreros, han sido escogidos para un duelo, el que gane, será Capitán de los Berserker de Ares y brazo derecho de su ilustrísima. Solo cantarán odas de victoria al ganador, el perdedor, será borrado de la historia.-

-Si Capitán- Los dos niños gritaron decididos, tanto Janos y Aquiles, habían logrado destacar de entre todos los niños de Grecia, al grado de provocar terror entre soldados de bastante rango y experiencia. Nadie quería enfrentaros, los dos eran imbatibles.

Los dos niños fueron llevados ante el Salón de la Guerra en Olimpia, el cual era una enorme explanada, y varias columnas intercaladas pero paralelas entre si. Unas eran de color negro, otras eran de color blanco. Ares estaba ahí, enfrente de los niños sentado en su silla, en esta ocasión solo llevaba una enorme toga naranja, sus antebrazos eran cubiertos por brazaletes de oro, su negra cabellera sobresalía, parecía un león furioso, tenía una enorme barba y bigote, la sola presencia de tenerlo enfrente, era de un completo terror y estrés

La cara de Ares era de enorme aburrimiento, así que decidió entretenerse -¡Soldados! ¿A que han venido?-

Janos contestó rápidamente -¡Por la gloria, Mi Señor!

Ares asintió con la cabeza, complacido, luego dirigió su vista al otro niño el cual parecía estar soñando. –¿Y tú niño?-

Aquiles miró altaneramente a Ares –Quiero un verdadero reto-

Ares enarcó la ceja y aplaudió la firmeza del niño. Luego entonces, Ares los dejó salir del salón de la guerra e impuso una serie de pruebas a los dos. Los niños combatieron juntos en incontables batallas, haciendo la voluntad de Ares. Los niños se convirtieron en jóvenes y después en adultos.

-Aquiles, solo quiero decirte, que este día, es el día donde su ilustrísima va a escoger a uno de nosotros, ha sido un largo viaje para ti y para mí, solo quiero desearte buena suerte y que gane el mejor- Janos estiró su mano donde Aquiles, y este la rechazó con soberbia.

-Este día Janos, comienza la leyenda de Aquiles, no lo olvides.-

Los dos entraron nuevamente al Salón de la Guerra, el cual no visitaban desde que eran unos niños, al llegar, Ares sin decir nada se levantó de la silla, bajo unas escaleras y vio los regalos que habían traído los dos. Janos había acarreado todas las armas que había colectado, contrario a Aquiles, que había traído todas las cabezas de sus adversarios. Ares miró con desagrado las ofrendas que los dos habían puesto en su presencia y molesto se regresó, subió las escaleras y se quedó de espaldas, bastante molesto.

Aquiles no pudo aguantar más como era tratado el mayor tesoro de Grecia y con furia tomó su lanza y se lanzó hasta donde Ares, quería cortarle la cabeza y convertirse en un Dios. Cuando hubo asestado el golpe, era la espada de Janos con la que se había encontrado.

-¿Estas demente Aquiles? ¡Este es nuestro Dios!-

-¡Pues no es el mío!-

Ambos golpearon en incontables ocasiones, pero fue la espada de Janos la destruyo la lanza de Aquiles, el cual se había quedado de rodillas y sangrando por todo el cuerpo.

-¡Mátalo!-

Escuchó Janos a sus espaldas

-¡Esta es la prueba!- Janos abrió grandemente los ojos, sobrecogido de terror, tenía que matar a su compañero de años de armas para lograr la gloria que el tanto había anhelado. Con titubeos sube la espada y la baja con todas sus fuerzas. Al ir bajando Janos observa como los ojos de Aquiles están fijos a los de él, y llenos de sed de sangre. Al final detiene su espada y no logra moverla, está totalmente inmóvil como cuando se está enfrente de un cazador y su presa. La convicción de Aquiles, había sido tan poderosa, que ni siquiera su oponente, teniendo todo para ganar, pudo hacer algo.

Aquiles lanza con violencia su puño, atravesando el pecho de Janos, al final cuando Janos cae solo pueden verse en sus ojos tristeza y miedo por lo ocurrido.

Aquiles bañado en sangre se acerca hasta Ares y baja la mirada.

-Bien bien pequeño, tu leyenda comienza en este momento.-

Aquiles regresa hasta la batalla contra Shiryu el cual sigue herido y lleno de sangre al perder a Excalibur.

-Ya no tienes nada, pequeño Dragón, los hombres como tú, solo merecen morir.- Aquiles se acercó a Shiryu, lo tomo de uno de los brazos y lo lanzo por los aires, luego entonces hizo chocar su rodilla en la espalda de Shiryu y luego rematarlo con los dos brazos hasta hacerlo caer pesadamente en el piso.

Shiryu estaba maltrecho en el piso, su cuerpo lleno de sangre, su armadura totalmente hecha pedazos, el escudo de dragón todo maltrecho y lleno de agujeros.

-¡Shiryu! ¡Shiryu!- el santo de Dragón volteo hasta donde venía la voz, sus ojos derramaron lágrimas al ver como su viejo Maestro, desde el muro, sacaba lágrimas de sangre.

¡Ma-Maestro! Y cerró los ojos sintiendo una deshonra tremenda, pero fue en ese mismo instante, que entendió, volvió a ver a Dohko y al fijarse en las lágrimas de sangre sus ojos se abrieron completamente.


-5 picos de Rozan-

-Shiryu, apenas si pudieron vencer a Poseidón, sin embargo, la pelea más peligrosa, será en contra de Hades.-

El Santo del Dragón estaba sentado, observando a su viejo Maestro, el cual veía hacia el horizonte, siempre pendiente de un lugar en particular.

-Shiryu, me temo que en la batalla contra Hades, pueda ser la última para ti y para mí.-

-No diga eso Maestro, estoy seguro que lo lograremos.-

El anciano Maestro se quedó en silencio unos segundos y continúo su conversación.

-¿Te he platicado de la técnica del Dragón Carmesí?-

-¿El Dragón Carmesí Maestro?- El Santo de Libra asintió con la cabeza, pero Shiryu parecía confundido.

-Esta técnica nunca la he puesto en práctica, de hecho fue mi Maestro Teng Fu de Libra quien la aplicó en una época muy gris para el Santuario. Ares había derrotado a casi todo el Santuario, solo quedaba mi Maestro Teng Fu de Libra, Chaya de Sagitario y Rictor de Tauro. La armada de Ares era impresionante y muy peligrosa. Phobos había sido el verdugo de todos los santos de Oro, junto a sus berserkers. Y Teng Fu uso la técnica del Dragón Carmesi, la cual consiste, en usar toda la energía de tu vida y propulsarla en un golpe tan poderoso, que no hay nadie que pueda resistirla.
A diferencia del ultimo Dragón, esta sin embargo, puede tener una falla, sino se tiene la convicción suficiente, puede provocar la muerte, antes de siquiera usarla.-

-Co-¡convicción!-

-Asi es Shiryu, la característica de que estas usando esta técnica de forma adecuada, es que lloraras abundante sangre de los ojos. Utilízala solo si es para salvar a Athena.-

La visión de Dragón lo regresó a la realidad, y confirmó que su Maestro Dohko, al estar llorando sangre desde aquel muro de los lamentos, confirmaba la utilización de su técnica más prohibida.

-Maestro Dohko, se testigo de mi convicción.- Shiryu quien aún se encontraba tirado, comenzó a expandir su cosmo, hasta hacerlo de color dorado.

-Jajaja ese cosmo de oro no puede vencerme Shiryu, ni siquiera los Santos de Oro, podrían derrotarme, no existe nadie en la tierra, que pueda vencerme.-

Sin decir nada, Shiryu comenzó a incorporarse hasta que comenzó a gritar con todas sus fuerzas, el dragón de oro comenzó a cambiar de color.

-¿Qué es esto que veo? El Dragón … El Dragón de oro se hizo …. ¿Carmesi?- Aquiles sintió algo en su pecho, algo que no había sentido desde hacía muchos años. –No no no no ¿pero qué es esto?-

Shiryu abrió los ojos y estos comenzaron a llorar sangre, sus pupilas estaban completamente rojas. Aquiles trastabilló cuando vio aquella escena, su mano derecha comenzó a temblar de forma incontrolable.

-¿Pero qué es esto que siento? Hacía muchos años que no tenía esta sensación- No era miedo lo que Aquiles sentía, sino unas ganas terribles de pelear con todo su poder.

-¡AAH!- Aquiles encendió su cosmo hasta el límite, se sentía libre, de poder usar todo su poder sin miramientos. –Vamos Dragón, peleemos hasta el final.- Aquiles disparo incontables puñetazos de energía, los cuales levantaron una enorme polvareda, pero cuando la bruma se hubiera disipado, Shiryu seguía ahí, inmóvil. Aquiles entró en cólera y uso su brazo derecho y lanzar su lanza que tenía en la mano derecha, la disparo incontables veces, pero Shiryu seguía ahí inmóvil, sin ningún daño.

-N-No … ¡no es posible! Aquiles temblaba de las manos, y sin pensárselo dos veces, tomó su escudo y lanza, que habían permanecido en el mismo lugar, se acomodó su casco y se lanzó nuevamente donde el Dragón que estaba sin poderse mover.

-Shiryu, ahora me enfrentas con todo mi poder.-

El Santo del Dragón intercepto la estocada de Aquiles con su mano izquierda y de un poderoso puñetazo destrozó el escudo. Aquiles apenas pudo esquivar el poderoso ataque, cayendo de pie. Cuando se reincorporó vio con horror como sus dos armas estaban completamente destruidas, pero no solo eso, su casco comenzó a agrietarse hasta romperse, cuando mira detrás de si, pudo ver un enorme hoyo que había perforado el coliseo. Aquiles volteó a ver a Shiryu que seguía inmóvil y comenzó a sudar profundamente por la frente.

-¿Pero que es este poder tan terrible?-

-Es el Dragón Carmesí-

-¿E-el Dragón Carmesí?- Reviró Aquiles

-Así es, mira- El cosmo de Shiryu explotó y una cantidad impresionante de sangre salió de su cuerpo impactando en todo Aquiles.

-¡ARGH! ¿Es … sangre? ¿Cómo puede esta sangre dolerme tanto?- Aquiles trató de encender su cosmo, pero vio que su intensidad iba apagándose. -¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué me hiciste maldito?-

Shiryu extendió su brazo derecho y señalo a Aquiles, de los dedos salió un disparo tan poderoso que tumbó al Campeón de Grecia haciéndolo estallar por dentro. Haciendo que la sangre saliera por todos sus poros.

-Y-ya … ya entiendo Shiryu, esa técnica del Dragón Carmesí, es realmente terrible, no solo destruye el cuerpo …. Sino …. Sino también el cosmo. El que hayas, llevado tu vida hasta el límite, solo por derrotarme, no hace sino querer regresarte el favor. Sé que moriré, ya no tengo dudas, pero si lo hago, voy a hacerlo con mi última técnica ¡voy a destrozarte!-

Aquiles encendió su cosmo lo más alto que pudo, era tal la opresión del cosmo de Dragón, que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para incendiar su vida al límite y cuando hubo llegado hasta la misma intensidad del Dragón Carmesí, salió corriendo por última vez.

-Dragón, tú ya tienes mi vida, pero yo también tengo la tuya, esta es la técnica más poderosa de Aquiles : ¡Colisión Infinita!- Cientos de soles comenzaron a ser engullidos por Aquiles, hasta quedar como una estrella nova, en sus últimos segundos de vida. Saltó lo más alto que pudo y cayó donde Shiryu como una colección de soles a punto de estallar.

Shiryu, con toda la calma del mundo, incendió toda la fuerza de su dragón escarlata y explotó lo que restaba de cosmo en su último ataque: -Este, es el ataque más poderoso de mi Maestro, Los 100 Dragones de Rozan.-

Los 100 dragones quedaron chocando contra la fuerza abrasiva de la colisión, Shiryu se dio cuenta que la fuerza era la misma. Pero Aquiles que estaba con su cuerpo quemándose había lanzado toda su vida hasta aplastar a los 100 dragones. Shiryu había caído al piso sintiendo toda la fuerza del ataque quemándolo por dentro.

-Maestro, Shura, Athena, Seiya, Shun, Hyoga, esto es por ustedes, mi vida no ha sido vivida en vano, porque los tengo a ustedes en mi corazón.- Shiryu grito con todas sus fuerzas, moviendo el poderoso ataque con su cosmo.

-¡No! ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede estarse moviendo con ese cuerpo tan lastimado, sintiendo el calor abrasivo de mi último ataque?

-Un verdadero guerrero jamás reniega de sus amigos, jamás los lastimaría, nunca les haría daño, al contrario, un verdadero guerrero daría la vida por ellos.- Aquiles abrió grandemente los ojos al escuchar las palabras del Dragón.

Shiryu con toda la fuerza de su comos lanzó su súper ataque por última vez : El dragón asciende al Monte Lushan.

Shiryu traspasó el súper ataque de Aquiles así como al llegar a él, destrozó todo su pecho de un súper puñetazo. Aquiles iba a caer al piso, pero Shiryu no lo permitió, lo tomó hasta el final y los dos cayeron al piso.

-Shiryu, nunca había tenido un amigo, el día de hoy lo he ganado, has sabido interpretar perfectamente bien mi deseo, el que me hayas derrotado de esta manera, significa mucho para mí, el morir con honor y en contra de una persona tan honorable como tu, me llena de felicidad- Aquiles, comenzó a llorar tratando de abrazar a Shiryu.

-Nun-Nunca te rindas, eres grande Dragón, ahora … ahora entiendo, porque los Dioses, les tienen tanto miedo.-

-Aquiles- Shiryu quedó impactado de las palabras del guerrero.

-Gracias Dragón, e-eres, eres un verdadero Santo de Athena.- Aquiles cayó de espaldas con su boca y cuerpo lleno de sangre.

Shiryu cayó al piso totalmente debilitado y casi sin pulso. -Gracias Maestro, gracias caballeros dorados, gracias a mis amigos. Aquiles, espero algún día podamos volver a encontrarnos y cuando eso pase, me gustaría pelear a tu lado, como un Santo de Athena-

ESTA HISTORIA CONTINUARA




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