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Los reinos de Etherias


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50 respuestas a este tema

#1 SagenTheIlusionist

SagenTheIlusionist

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 09 febrero 2020 - 17:45

Buenas tardes tengan todos, sí incluso los que lean esto de mañana o noche. El día de hoy vengo a colocar sobre la mesa, una muy desprolija y horrible mesa, unos cuantos papelitos referentes a una nueva historia de su servidor.
 
A algunos de ustedes podrá sonarles el nombre Etherias, unos sabrán que mi persona en el 2015 era un simple desgraciado que tomaba conceptos de nuestro G.P. (Guilty Pleasure) favorito, Fairy Tail; otros en cambio podrían relacionarlo con un viejo fanfic que, como habré adelantado, publiqué como por el 2015. Un pobre esperpento de historia que, sin querer queriendo, dio nacimiento a mi tendencia de escribir en prosa. ¡Oh, maravillosos tiempos! (Agradecimientos a Marcus, entre otros, que me impulsaron en esta tendencia). Continúo. Recordarán la historia básica, o tal vez no por lo viva y hermosa que está la actual zona fanfic y lo horriblemente muerta que está esa historia Etherias en el subconsiciente del lector de estas palabras.
 
La idea de este Re-Make es volver a tomar la idea original de esos días, pero cambiandola a personajes que ya he ideado previamente, escribiendola en una prosa más legible, menos escalofríante y cringe, y divertirme mientras redacto la aventura de Athena, y quizás, no solo Athena. Y, por supuesto, reeditando dicha historia desde el comienzo para que el lector pueda disfrutar envolviendose en la realidad de este nuevo mundo, no solo creyendose lo que el antiguo Sagen escribía, donde A iba a B solo porque sí sin más. 
 
Una cosilla más, antes de comenzar. La historia será publicada a mediados y finales de cada mes, dos veces por mes en resúmen. ¿Para qué hago esto? Pues por mi carente habilidad como escritor y la inmensa cantidad de tiempo que necesito para poder entregar un trabajo medianamente decente y, como diría un cierto Pallasite, interesante para ustedes. Este post primero no tiene más finalidad que tratarse de una introducción básica y de un muy bonito índice que tarde o temprano acabaré quizás abandonando por pereza (espero que el señor Felipe me recuerde actualizarlo tanto como lo hace su persona con el maravilloso fanfic que es Mito del Santuario). 
 
La introducción escrita a continuación no tiene relación con las palabras escritas en la historia, dicho de otra forma, no se trata de un prólogo que anteceda a la historia. Es más bien una ayuda al lector para ponerlo un pelín en contexto y no permitir que se pierda en la mala escritura de la que un Sagen puede presumir.
 
 
Introducción.
 
'Los reinos de Etherias' es una historia que desde su comienzo tomó como idea base el hacer que los doce dioses olímpicos que todos conocemos y amamos (los cuales me costó decidir, pues la Wikipedia no me había considerado a Hades y tuve que hacer algun que otro recorte) pelearán en una no tan encarnizada guerra. ¿El motivo? Conquistar todo el mundo conocido. ¿Para qué? Solo ellos mismos lo saben.
Esta idea básica fue concebida mientras me hallaba jugando el no tan querido Pokemon Conquest (1. Oh, mi muy querido juego de pseudo-estrategia que siempre se me borraba la partida de emulador antes de acabarla historia principal) (2. Este juego está basado en los Periodos Sengoku y Azuchi-Momoyama. Es decir, los tiempos de Nobunaga, Ieyasu, Hideyoshi, etc, en la historia japonesa. Un muy interesante pasaje de esa parte del mundo). 
 
No existen ni U.S.A., ni Japón o la U.R.S.S. (aunque esta última no exista tampoco acá, muajaja (?  ). En el mundo de Etherias, se vive dentro de una enorme masa continental, que nosotros por historia nuestra podemos considerarla una Pangea. Considérenla, por favor, la extensión de este mundo como si fuera el nuestro. Quizás me olvide yo mismo, pero es un detalle de la dominación mundial de aquí los compañeros dioses olímpicos. En Etherias, el mundo se ha separado en doce países reinos diferentes (Cada uno tiene su nombre diferente, algún día publicaré un mapita geográfico, quien sabe...). Algunos toman el combate a la orden del día, otros no, pero nunca hay día en que no corra sangre en el amplio mundo donde acontece esta historia.
 
El mundo en que nosotros vivimos día a día es un tanto diferente al que plantea esta historia. Tan solo como mención de datos, las armas bélicas como tanques y cañones obviamente no se dieron el lujo de ser creados al vivir en una sociedad donde impera el cosmos y los sentidos que no siente una persona normal. Podría decir que por conveniencias de la escritura existen la mayoría de electrodomésticos que uno podría conseguir en su propia casa, mas no hay la necesidad de fabricar automóviles o cualquier vehículo motorizado (idea tambien basada en la importancia de la velocidad del guerrero y de lo imprescindible que a veces resulta una teletransportación). 
 
Esas son las ideas básicas. Si me olvido alguna o si considero algo nuevo en el transcurso de la escritura lo verán allí.
Eso es todo, agradezco el que hayan leído hasta aquí y espero que sigan y comenten la historia que con mucho esfuerzo ando escribiendo incluso en estos momentos que redacto tambien estas palabras.


 

 







 

Saludos.

 

 
Mapa Geográfico de Etherias
 

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Índice. (actualizado hasta el capítulo 9)
 

Capítulo 1: El Oráculo de Delfos                          (14/02/2020)
Capítulo 2: El recado de Nadeko                          (29/02/2020)
Capítulo 3: La reunión dorada                             (16/03/2020)
Capítulo 4: La recámara de las diosas                 (01/04/2020)
Capítulo 5: Un nuevo Patriarca                            (15/04/2020)
Capítulo 6: El trono de Atlantis                            (30/04/2020)
Capítulo 7: La bienvenida de Nessa                     (15/05/2020)
Capítulo 8: La expedición nocturna                     (30/05/2020)
Capítulo Especial 1: Miare - Exiliado del reino   (10/06/2020)
Capítulo Especial 2: Entrenamiento en Aquos    (20/06/2020)
Capítulo 9: La audiencia de Poseidón                  (01/07/2020)

Capítulo 10: El primer encuentro: Kraken           (11/07/2020)
Capítulo 11: La barrera del Hipocampo               (21/07/2020)


Editado por SagenTheIlusionist, 21 julio 2020 - 20:21 .

Aviso de desinterés público...


...si es que deseas leer un fanfic, puedes darle un vistazo a mi nueva historia:

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                              "Los Reinos de Etherias"      Ya disponible el Cap. 8

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#2 Kael'Thas

Kael'Thas

    Here's to the ones that we got

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Publicado 10 febrero 2020 - 09:08

Estare atento al fanfic y suerte.


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#3 Patriarca 8

Patriarca 8

    Miembro de honor

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Publicado 10 febrero 2020 - 14:35

¿sera un remake o un reboot ?

 

remake es una nueva versión de la historia original que intenta parecerse bastante a la anterior pero con un estilo mas pulido deshaciéndose de los aspectos que no fueron del agrado del autor o que son innecesarios ,es decir los personajes principales y la trama principal se mantienen pero algunos acontecimientos varían

 

 

 

reboot es prácticamente reiniciar desde cero una historia se crea una nueva historia que va tomando  algunos elementos de la historia original como personajes o situaciones que se dieron pero la trama principal es distinta ya que aunque tenga elemento de la version original su estructura principal es otra

 

 

 

 

PD:  Mucha suerte en tu fic


Editado por Patriarca 8, 10 febrero 2020 - 14:36 .

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#4 SagenTheIlusionist

SagenTheIlusionist

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 14 febrero 2020 - 15:00

La idea original era comenzar a publicar el primer capítulo en la quincena, pero ya que no tengo nada que hacer el día de hoy y siendo día catorce, un día que sería mitad de mes en todos los años menos los bisiestos, pues estoy aquí... Así es Sagen, primero dice unas horas antes el capítulo, luego dirá que unos días antes el capítulo y así seguiremos hasta que no haya más capítulos que publicar... Bien Sagen, arruinándolo todo desde tiempos immemoriables.
 
Les agradezco mucho por comentar este nuevo fanfic, T, Mystoria. Y a usted también le agradezco Lord Feli, no crea ni por un segundo que se me ha escapado de la vista ese discreto like que le dió al post inicial.  
 
Por si no ha quedado claro, el nombre del mundo en sí es Etherias, siento que se me olvido recabar más en ello. Es como decirle a nuestro planeta "Tierra", algo así. Al releer la introducción me di cuenta de que quizas no podía entenderse la importancia del termino "Etherias" en lo que respecta al fanfic, por lo cual este párrafo explica ello brevemente. En realidad solo las dos primeras oraciones lo explicaban, el resto es simple relleno.
 
Espero que mis actuales destrezas como pseudo-escritor les puedan convencer una vez más y se sientan atraídos a seguir la historia. Sé que anteriormente ya lo había dicho, pero ya que es el primer capítulo de la historia, ¿qué menos que eso? Dicho todo, que de comienzo este proyecto...
 


Capítulo 1. El oráculo de Delfos

 

          Como era costumbre, los quince de cada tres meses se celebraba una reunión entre los doce dioses olímpicos, a la cual asistían sin falta ellos acompañados de uno de sus más leales sirvientes. En el caso del reino de Atmetis, su representante había asistido en esta ocasión acompañada de un rostro nuevo por esos lugares, la Santa Dorada del signo Aries, Nadeko. Ella nunca antes había asistido a los concilios celebrados en la isla neutral de Delfos, lugar donde se asentaba un oráculo al que en tiempos de guerra los dioses acudían por cuenta propia en busca de consejo. Pero esta vez había sido la excepción: ella era la única que podía haberla acompañado.
          La autoridad de la pitonisa del oráculo de Delfos era reconocida como la única en toda la faz de Etherias capaz de comunicarse con la voluntad de la Madre Gaia, la cual permitía a todos los seres existir y vivir en armonía con el planeta. Quien oficiaba como la actual sacerdotisa era una joven mujer que no aparentaba más de los veinte años. Debajo del velo con el que se cubría gran parte del rostro ella ocultaba un cabello de tonalidad lila, que se veía un poco desprolijo, pero, a su vez, no descuidado. A pesar de su posición, ella nunca se debía hacer presente en la habitación en la cual los doce dioses y sus respectivos ayudantes se mantenían expectantes ante las palabras que debía profesar. Solo su voz era necesaria allí, mas no su presencia, pues, a pesar de todo, el recipiente de los conocimientos de la madre Gaia era una simple mortal quien no debía relacionarse en los asuntos de los demás dioses.
          La dinámica que se mantenía era simple: Cada uno de los invitados debía llegar mediante la teletransportación a la isla de Delfos pues los mares que le rodeaban en cada uno de sus extremos eran feroces adversarios y, por ello, ni siquiera la embarcación mejor preparada de todo Etherias podría haber surcado a través de aquella barrera que la mantenía como una tierra casi virgen. No solo eso era un impedimento, sino que, desde la era del mito, se había mantenido oculto en la isla un muy potente inhibidor de cosmos del cual todos sabía, pero a la vez desconocían su apariencia o si en realidad era eso. Era prácticamente intrascendente para los dioses, pues solo acudían allí cuatro veces al año y ello tenían más de un problema que resolver día a día.
          Cuando tanto la diosa como su guerrera llegaron a la habitación, Athena se adelantó unos pasos y como hacía usualmente saludaba cordialmente a cada uno de los dioses presentes tomándoles de la mano, como una señal de “tregua” como usualmente se hacía tan solo en ese lugar. En cambio, con los guerreros, de haberlos, solo bajaba levemente su cabeza —como hacían comúnmente con ella quienes la veneraban—. A Nadeko aquella habitación le pareció un tanto extraña en principio, pues, en ella, ella se había fijado en que había una permanente iluminación que no provenía de las velas que estaban permanentemente encendidas y ubicadas en cada una de las columnas de mármol. Cuando la diosa finalmente se sentó en su respectivo lugar, Nadeko se colocó detrás de ella, con las manos detrás de sí —tal y como había visto que hacían el resto de los guerreros de otros reinos— esperando a que sucediese algo.
 

          — Señorita Ariadne, ¿es seguro que yo esté aquí? —preguntó desconfiada en voz baja la Santa Dorada, quien se había inclinado un poco hacia adelante para que nadie más que ella le escuchara—. No soy digna de estar presente en esta reunión, debería permanecer afuera esperándola.
          — Nadeko, amiga mía, únicamente me puedo mantener tranquila si tú estás aquí para protegerme. Sé bien que es muy incómodo estar rodeada por desconocidos provenientes de los otros reinos. Las primeras veces también sentí un pequeño temor de ello, es normal, pero por favor no te vayas —dijo la diosa Athena mientras trataba de pasar el tiempo jugueteando con sus dedos sobre su propio regazo moviéndolos de arriba abajo una y otra vez—. Es de tu conocimiento la situación por la que Atmetis está pasando ahora mismo…
          — Lo entiendo, diosa de mi devoción. Discúlpeme por hablar de más, de mi boca ninguna queja saldrá a partir de ahora —rápidamente ella había descubierto que le había dicho, en otras palabras: “estamos rodeados por enemigos, por favor protégeme”. No le quedó más opción que tragarse su incomodidad en aras de mantener a salvo a su diosa.
 

          Ambas trataban de no hacer demasiado ruido como para molestar a cualquiera de los otros once dioses que se encontraban en la habitación en sus respectivos asientos, pero eso no quitaba que les hayan lanzado más de una mirada incómoda. La reencarnación de Poseidón, quien se encontraba sentado inmediatamente a su lado solo se había limitado a ver la escena en silencio sin hacer ningún comentario al respecto. Su guerrero, quien portaba una armadura anaranjada con algunos detalles en dorado —las cuales ya antes había observado muy de lejos en el campo de batalla—, había captado ya la completa atención de Nadeko. Él no era el más bello de los doce reinos, ni el más formidable oponente de todo Etherias, solo tenía una hermosísima Scale que sobresalía de entre todas esas armaduras azules y verdes que repletaban el reino de Atlantis.
          La guerrera de Athena, aunque seguía distraída por la armadura, no descuidó de ver siquiera de perfil a quien gobernaba uno de los reinos vecinos, el dios de los mares Poseidón. Ella solo lo observaba, pero podía decir bien que tenía unos treinta, máximo unos treinta y cinco años. Su mirada parecía perdida, aburrida de la situación quizás, y que marcaba una notable diferencia de la de Athena quien, a pesar de encontrarse en la misma situación, se mantenía decidida. El líder de los atlantes era medianamente musculoso, no exagerado, de una talla promedio —ella consideraba como promedio el metro ochenta que ella no alcanzaba por unos míseros siete centímetros—, piel clara, ligeramente bronceada y tenía el cabello corto y rizado. Era su opinión personal, pero a Nadeko le parecía ligeramente guapo. Y era una suerte que ella estuviese más interesada en las armaduras que en las personas quienes le rodeaban, porque de haber sido cautivada por su hermosura no hubiese tenido ningún reparo hasta conseguir ser castigada con la misma penitencia que tuvo que cargar Medusa tiempo atrás.
          A su otro costado, parada, había una joven, quizás de su edad, portando una Triticum, una de las armaduras de los guerreros del reino de Delusia, las tierras de la diosa agricultora Deméter. Su desatinada fascinación le impidió fijarse bien en la amenaza que tenía a su costado, solo pudo pensar en lo bella que era también esa armadura, no tanto como su querido Arietis —nombre con el que cariñosamente llamaba a su más fiel compañero de peleas, quien también le acompañaba en dicha reunión— o la Scale de aquel atlante. Ella suponía que, por la presencia de la guerrera delusiana, quien se encontraba delante suya, en el asiento, era Deméter. Quien era, para su sorpresa, otra adolescente, al igual que su querida Athena. En sus manos llevaba una consola de penúltima generación la cual pasaba casi desapercibida entre las grandes mangas de una enorme casaca color mostaza —casi dos tallas más grandes del debido—, la cual envolvía su pequeño cuerpo.

          Las luces principales de aquella habitación de pronto se apagaron, dejándolos a merced de la oscuridad. Las luces de las velas, que hasta el momento habían parecido un vano intento de decoración fallida, tomaron mayor importancia ahora que era la única iluminación posible dentro de ese cuarto. En ese momento las sombras no le permitían a Nadeko ver nada más que a su diosa quien se encontraba delante suyo. Ella sintió como una mano trataba de agarrarla. Era la de su diosa: había olvidado por un momento que la joven Ariadne, quien era la reencarnación de Athena, era una chica que le tenía un muy común temor a la oscuridad.
 

          — La Madre Gaia os da su bendición nuevamente a ustedes, dioses olímpicos.
 

          Al escuchar las palabras la guerrera atmetiense intuyó que aquella voz le pertenecía a la pitonisa. Ella la había visto pasar una sola vez mientras acompañaba a su diosa hasta la habitación donde ahora estaban. Era un ejercicio inútil, pero en ese momento Nadeko se estuvo mentalizando la figura de aquella sacerdotisa y tratando de que su voz encajara con la imagen que tenía de ella mientras la hacía hablar teniéndole que mover los labios a la enviada de Gaia, como si de un títere se tratara.
 

          — Antes de comenzar, desearía pedirles a los cuatro presentes en esta sala que están ridiculizando mi posición como sacerdotisa de la madre Gaia dentro de su mente que dejen de hacer fluir su activa imaginación mientras trato de canalizar correctamente el mensaje de nuestra diosa suprema, por el cual nos hemos reunido en esta ocasión. Gracias.
 

          La santa de Aries se sentía culpable, pues aquella advertencia había corrido por ella, pero también estaba curiosa de saber quiénes eran los demás. Podría haber sido bien el combatiente atlante que tenía al costado, pues, por lo que había visto, tenía un rostro incapaz de contener la más mínima burla. Otro de ellos debería haber sido el pícaro de Hermes, el dios menos serio que ella había conocido, pero por lo mismo era de los más peligrosos. El reino de Maiestas, propiedad suya, se había convertido en el peor de los enemigos posibles para Atmetis desde hacía cuarenta años, la misma fecha de cuando le dieron la total potestad de decisión a un ahora anciano quincuagenario Hermes.
 

          — El mundo que ahora conocemos se sumirá más temprano que tarde en el caos más absoluto que nunca se ha visto. Uno de ustedes será el detonante que genere la mayor de las guerras, la cual destruirá los cimientos de muchos de los reinos etherianos.
 

          La guerrera atmetiense tomó aire un momento y ella pensó entonces que se había armado demasiado revuelo por unas simples palabras, pues un intenso murmullo se escuchaba en los alrededores que ella no podía ver. Lo que ella no conocía era que la predicción de la pitonisa nunca fallaba, es por ello que los dioses más cautos se sorprendieron al escuchar tales palabras, Athena incluida. Los dioses mellizos, quienes se habían caracterizado siempre por su desconfiada personalidad empezaron a impacientarse apenas la iluminación proveniente del techo regresaron. Habiendo acabado la participación de la profetisa, ellos se quedaron viendo de lado a lado con una mirada fulminante pensando en quien de todos los dioses sería el primero en rebelarse.
          Varios de los dioses presentes, algunos visiblemente más preocupados que otros, se retiraron a toda prisa de la habitación sin quedarse a cumplir con las formalidades impuestas. Ariadne tomaba las cosas con calma por lo cual, estando pensativa, se quedó casi solitaria dentro de aquellas ocho paredes.
 

          — Nadeko, ya podemos retirarnos —le dijo de repente su diosa, quien ya se había parado y acomodado el vestido.
          — ¿Tanta prisa tienes, Athena? —Le dijo un chico que parecía poco mayor que su diosa, quien vestía una camiseta de entero color lila pálido, casi llegando a parecer grisáceo, y unos shorts de color azul marino.
          — Me siento honrada de que el mismísimo Hades, gobernante de Tártaros, se acerque a conversar conmigo…
 

          Cuando la guerrera volvió a observar al dios de los muertos, su apariencia le llegó a desconcertar. Si sus cálculos no le fallaban, debía de tener unos diecisiete años, apenas dos más que Ariadne. Su puesto como rey de los muertos le dio extrañeza pues se veía como un chico común y corriente, exceptuando su antinatural y despeinado cabello plateado y su piel pálida. Detrás de él, una de sus sirvientes se hallaba observándoles fijamente a los tres. Se le notaba un poco de miedo que pasaba desapercibido a primera instancia, debido al resguardo detrás de su gran armadura de tonos oscuros el cual a evocaba la muerte misma.
 

          — Dejémonos de formalidades Athena, sabes bien que en tu reino hay algo que yo quiero y que no me detendré hasta conseguirlo. ¿O acaso lo olvidaste? —Preguntó él mientras cruzaba los brazos frente a la diosa de Atmetis.
          — Entonces, ¿tú eres de quien habló la profecía, Hades?
          — ¿Quién sabe? Podría desencadenarla, sí, pero… Esto es un asunto que nos compete solo a nosotros dos, Athena, y quizás a la gentil Deméter que “generosamente” nos prestará su reino, quiera o no, como campo de batalla —Sus ojos no dejaron de tener la misma fuerte intensión en ningún momento, él no iba a dudar en ningún momento hasta concretar su ambición.
          — ¿Qué quieres decir, Hades? —Por primera vez en su vida la santa de Aries notó en el rostro de Ariadne el temor de alguien que conoce la verdadera faceta del dios de los muertos.
          — Hay reinos que buscan la guerra contra otros, no me digas que no lo has notado. El incompetente de Hermes, por ejemplo. ¿Crees también que mi hermanito Zeus se va a quedar quieto teniendo en las fronteras de su reino a la repudiable de Hera? ¿O que el borracho ese toma las mejores decisiones cuando se pasa de copas?
          — Entiendo tu punto, Hades, pero no sé porque has venido a hablar conmigo. Podrías confiar también en Poseidón, tu otro hermano.
          — ¿De verdad crees que es equiparable hablar de estas cosas con una chica bonita que con un sujeto que a la mínima que me equivoque me podría partir fácilmente la columna con esos aborrecibles músculos? Yo paso de dialogar con él.
          — Sigue siendo hermano suyo, no creo que le pase nada.
          — Ay, Athena, Athena, Athena… ¿Olvidas que Hera también es mi hermana? Sabes perfectamente que ella me odia, yo la odio y vivimos más que tranquilos así. Con Deméter tampoco me llevo de las mil maravillas, ¿sabes? ¿Quieres saber cuántas bajas ha tenido que soportar ella por querer pelear conmigo cada vez que quise ir pacíficamente hasta Atmetis por lo que me corresponde? Maldita niña tenía que ser berrinchuda y caprichosa encima. Dudo que con Poseidón podamos estar tranquilamente en una habitación tomando un café sin querer destruirnos mutuamente
          — Entonces, ¿por qué precisamente conmigo, Hades?
          — Ya te lo he dicho, Athena. Porque quiero tomar lo que me corresponde. No deseo que pierdas una guerra contra cualquiera de tus alrededores, quiero que pierdas una guerra contra mí, que me dejes tomar aquello que quiero de tus tierras y marcharme sin más. ¿Para qué más debería desperdiciar la energía mía y de mis soldados? ¿Dominar el mundo? Eso es muy trillado, Athena. De nada me sirve tener un bonito gran pedazo de tierra con nombre.
          — Nunca lo conseguirás, Hades, yo voy a impedir a toda costa ello, aunque me cueste la vida. Detendré esa ambición tuya de una vez por todas.
           — ¿En serio? ¿Lo dices en serio, Athena? Vaya, otra más en mi lista de “dioses con los que me es imposible dialogar pacíficamente”. Espero que des una buena pelea, diosa de Atmetis, llegada la hora indicada eso es lo que definirá finalmente si tu cabeza rodará elegantemente sobre una alfombra roja cuando te asesine o si solo será un amasijo de cabellos, sangre y retazos de piel cuando la patee como si fuese un balón de fútbol. Te veo luego —se dio media vuelta mientras metía las manos en el bolsillo de su pantaloncillo—. Emony, es hora de marcharnos.

 

          Ambas observaron como el dios del inframundo se retiraba tranquilamente del lugar por la puerta grande, seguido de su escolta. Habiendo desaparecido de su vista, ellas le siguieron al retirarse de allí. Al llegar a la recepción, donde una serie de monumentos con una disposición inconsistente se agrupaban al aire libre, ellas se adentraron en un pilar de luz que se encontraba en pleno centro de estos. El haz de luz que se dibujaba desde más allá de las nubes era el único punto de la isla desde donde podían usar la teletransportación de Nadeko, tanto de ida como de regreso.
          Concentrándose fijamente en el punto donde debía volver, aquel que durante años había sido como un segundo hogar para ella, pues allí también era un lugar donde fácilmente se podría conseguir el preciado polvo de estrellas con el que ella reparaba cada una de las noventa y una armaduras que ella tenía bajo su jurisdicción. La colina de las estrellas, aquella sobre la cual se ubicaba el gran templo de Athena. La Santa de Aries le tomó de la mano, esta vez olvidándose de las formalidades pues ya había pasado un par de horas repletas de la formalidad con la que debería dirigirse a su diosa. Ahora solo quería volver a casa y descansar un poco.
          Solo un par de segundos transcurrieron en los que cambió completamente el lugar donde ellas se encontraban. A veces era bien sabido que quedarse con los ojos abiertos durante las teletransportaciones causaban una innumerable cantidad de mareos por año en todo Etherias, y se quiera o no, era una cifra muy preocupante. Y por un simple error a causa del cansancio, ahora ella formaba parte de las estadísticas. Estaba confundida y cansada al volver a pisar el suelo de Atmetis, por ello no pudo comprender bien lo que le dijo Ariadne al oído mientras sus dos acompañantes de siempre venían en búsqueda de su diosa, a quien no pudieron seguir hasta la Isla del Oráculo.
          La Santa Dorada le habló en el mismo tono que tenía cuando ella se pasaba unas cuantas gotas de alcohol —era una tortura cada reunión con ella y su baja tolerancia a la bebida— pero sin la irreverencia que era costumbre en alguien que estuviese igual de mareado. Ella le pidió que repitiese sus palabras la diosa, disculpándose mucho al respecto. Sus acompañantes, de nombres Pallas y Nike, llegaron en el momento justo para escuchar lo que la diosa Athena debía decir.
 

          — Creo que debemos de ser nosotros quienes unifiquen los doce reinos de Etherias… Y, si es necesario, iremos a la guerra para evitar la catástrofe de la que se nos advirtió.

 

 

 


Aviso de desinterés público...


...si es que deseas leer un fanfic, puedes darle un vistazo a mi nueva historia:

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                              "Los Reinos de Etherias"      Ya disponible el Cap. 8

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#5 Patriarca 8

Patriarca 8

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Publicado 16 febrero 2020 - 14:45

Capítulo 1. El oráculo de Delfos

 

 

¿la Santa Dorada del signo Aries, Nadeko sirve a athena?

 

esa reunión es muy peculiar

 

¿athena se llama Ariadne?

 

esa santa tiene la mente de una loquilla XD  :lol:

 

me pregunto que tramara Hades

 

 

 

 

 

 


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#6 -Felipe-

-Felipe-

    Bang

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Publicado 20 febrero 2020 - 20:40

He decidido que cada vez que lea la palabra Etherias, desde este mismo momento, leeré y escribiré Tierra. No pienso referirme a... eso. Ya sabes. Esa cosa. En fin. ¿Nadeko no era la ariana del otro fic también? ¿Hay continuidad? ¿La ciudad de Delfos es ahora una isla? ¿Los dioses tienen calendarios como los humanos, con bisiestos y todo? Tantas preguntas y solo estamos comenzando.

 

y como hacía usualmente saludaba cordialmente a cada uno de los dioses presentes tomándoles de la mano, como una señal de “tregua” como usualmente se hacía tan solo en ese lugar. 

Cuida la repetición de palabras, estimado Sagen. El español requiere sinónimos, y siempre tenemos que andar con el diccionario en la otra pestañita, porque sino, es señal de que no tenemos el mismo IQ que ya sabes jaja... dios, y ahora esos dos son BFF, ¿cómo diabloss llegamos a esto y ajshgakjshajkga?

 

Ejem. En fin. El comienzo va muy bien, tomando una zona neutral para divinidades es un buen concepto, porque en SS generalmente vemos a los dioses como seres poderosos que quieren destruirlo todo, en lugar de entidades que representan... bueno, el mundo. La Tierra, como la llamas muy adecuadamente. Me recuerda al Concilio del Anillo en el Lord of the Rings, todos con su representante mirando. Lo más llamativo, sin duda, es como las distintas "áreas" del mundo están separadas, cada una con su nombre. Entiendo los mares, pero ¿qué separa a Démeter de su sobrina? Será interesante descubrirlo. La interacción de esta versión de Hades con Atenea... está bien, solo que no me convence para nada este dios del Inframundo. Aún. Será porque yo lo soy, quién sabe. Se parece al de Destripando la Historia eso sí xD

 

Bueno, gran motivación para dar inicio. Aquí no es ir a la guerra, sino detenerla, porque andan todos hartos. Original, aprobado.

 

Saludos!


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#7 SagenTheIlusionist

SagenTheIlusionist

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Publicado 21 febrero 2020 - 10:52

Muchísimas gracias por sus comentarios Felipe, T. Ahora pasaré a responder algunas cosas.

 

 

He decidido que cada vez que lea la palabra Etherias, desde este mismo momento, leeré y escribiré Tierra. No pienso referirme a... eso. Ya sabes. Esa cosa. En fin. ¿Nadeko no era la ariana del otro fic también? ¿Hay continuidad? ¿La ciudad de Delfos es ahora una isla? ¿Los dioses tienen calendarios como los humanos, con bisiestos y todo? Tantas preguntas y solo estamos comenzando.

 

No es mala decisión, Señor Felipe, después de todo sigue siendo el mismo planeta de la Via Lactea que nosotros conocemos. Eth... Tierra es un nombre correcto para interpretarlo, descuide. Lamento traerle malos recuerdos de... esa cosa.

Si se ve desde un punto de vista, podemos decir que sí. Podría decir que los guerreros del universo 1(El otro fic: Mannaheim) y del universo paralelo 2 (Este fic: Etherias) son los mismos porque están destinados a servir a Athena y blablabla... Peeeero tambien debo admitir que es mi notoria falta de creatividad con respecto a personajes y características de estos. Realmente, en la versión 2015 de este fic habían otros personajes (como un tal Miare que fungía de Aries. Sí sé que le sonará el nombre xD), pero ni la sucesión de hechos, ni los personajes me atraían. Creo que es por haber pasado tanto tiempo ideando personajes para Mannaheim, pero me encariñé con muchos de estos y pues... los saqué de la prisión y los metí en este universo.

Igual voy a desarrollarlos poco a poco de nuevo, reformulando cosas que en este nuevo mundo obviamente no pueden existir (tal que Nadeko vaya a Japón por una misión... Porque, bueno, aquí no existe ese ni el resto de países.) y añadiendo otras cosillas que ya van a ver conforme se desarrolle la historia.

 

Lo más llamativo, sin duda, es como las distintas "áreas" del mundo están separadas, cada una con su nombre. Entiendo los mares, pero ¿qué separa a Démeter de su sobrina? Será interesante descubrirlo. 

 

Realmente... es más como la frontera que usan nuestros países para delimitarse, están ahí pero no significa que haya una enorme cordillera que dibuje naturalmente la separación de reinos. No es como la Argentina al otro lado de la cordillera, Señor Felipe :t420:

 

Quizás quite un poco el sueño esto... Peeeero, igualmente debería dejar aquí un pequeño mapita con la ubicación geográfica de cada uno de los doce reinos que los antiguos dioses del Olimpo protegen.

 

mapaeterias___losreinosdeetherias___fanf

 

Sé que hay cosas mejores sí... Pero para ilustrar básicamente cómo el mundo de Etherias es repartido se los dejo. Fue una de las primeras cosas que realicé cuando pensé en desarrollar este fic porque con tanto tiempo que voy a pasar en este mundo sería un error garrafal marearme con las ubicaciones xD

 

Esto... Como pueden observar cada reino tiene un nombre en particular que, como trivia, está relacionado con epítetos de los dioses correspondientes, o a veces con otros nombres relativos a ellos. Sí, no soy muy creativo, I know it. Si gustan pueden jugar a adivinar qué dios gobierna qué reino :t420:

 

 

Cuida la repetición de palabras, estimado Sagen. El español requiere sinónimos, y siempre tenemos que andar con el diccionario en la otra pestañita, porque sino, es señal de que no tenemos el mismo IQ que ya sabes jaja... dios, y ahora esos dos son BFF, ¿cómo diabloss llegamos a esto y ajshgakjshajkga?

...

Se parece al de Destripando la Historia eso sí xD

 

¿En verdad cometí ese colosal fallo? Oh dios mio, apiádate de mi alma... ¿alma? Esto... No dije nada... No quiero que meterme en esos asuntos (?)

Voy a tener más cuidado y releer los capítulos ya hechos para no publicar esos errores. De hecho tambien tengo que corregir mi fallo de que repito mucho terminos como "ella" o "él" en las narraciones. Espero que no tengan que ver eso más adelante... 

 

Me creería que recién despues de su comentario vi el video de Destripando la Historia? xD Oh vaya... que... interesante canción xD

 

Saludos señor Felipe.

 

 

Capítulo 1. El oráculo de Delfos

 

 

¿la Santa Dorada del signo Aries, Nadeko sirve a athena?

 

esa reunión es muy peculiar

 

¿athena se llama Ariadne?

 

esa santa tiene la mente de una loquilla XD  :lol:

 

me pregunto que tramara Hades

 

1. Sí amigo, no he cambiado las denominaciones. Los Santos sirven a Athena, los Marinos a Poseidón y los Espectros a Hades.

3. Sí, traté de aclararlo en algunos párrafos.

5. Continúa leyendo lo que sigue del fanfic en próximas publicaciones, aunque dudo que ese misterio se resuelva en lo que queda del 2020...

 

 

Bueno, gracias nuevamente por haberle dado una oportunidad a mi historia. Espero no decpcionarles. 

El próximo capítulo estará disponible entre el 28 y el 29 de febrero.  


Aviso de desinterés público...


...si es que deseas leer un fanfic, puedes darle un vistazo a mi nueva historia:

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                              "Los Reinos de Etherias"      Ya disponible el Cap. 8

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#8 SagenTheIlusionist

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Publicado 29 febrero 2020 - 19:21

Capítulo 2. El recado de Nadeko


          Durante toda su vida siempre había pensado en la inmortalidad de las tortugas, o en el verdoso césped que coexistía con él bajo la suela de sus zapatos. Con la calma y tranquilidad con que el mundo transcurría día a día no tenía por qué preocuparse más que de ello. Con veinticinco años en su haber, lo más interesante que había ocurrido a su alrededor eran las ridículas, y hasta graciosas, riñas que había entre pobladores y comerciantes locales por un simple error en el cálculo de sus intereses al consumo. O quizás eran aquellas veces donde la vecina de enfrente se iba a visitar a su sobrino nieto a la nación contigua y entonces toda su no tan pequeña ciudad comenzaba a marcarse rumores que no bajaban del calibre de: “esa vieja loca del setenta y uno conspira para asesinarnos a todos”, entre otras sutilezas.
          Muy a su pesar de que ya llevaba varios años fungiendo como uno de los Santos de Athena, su única misión se limitaba a solo observar, mirar, vigilar, comer sin hacer ruido alguno y beber de a sorbos más que cortos. Sí, ese era el deber de Shiou, uno de los dos guardianes de la ciudad occidental de Aquos, y aquel cuya constelación guardiana representaba un simpático cangrejo en el nocturno cielo sobre ellos. En más de una ocasión ya se había imaginado durante sus rutinas nocturnas que este le cantaba: “Bajo el mar, bajo el mar”, muchas veces inventándole más de una continuación posible a aquellas letras que no recordaba donde antes las había escuchado.
          Dentro del territorio de Atmetis, reino regido por la diosa Athena, el irregular territorio había sido repartido en cuatro ciudades, tres de las cuales se encontraban estratégicamente ubicadas en mitad de los caminos que comunicaban con los reinos vecinos regidas por Poseidón, Deméter y Hermes. La última ciudad, y, de hecho, la más importante de ellas, era la principal urbe del ejército y pueblo ateniense. En ella la diosa olímpica se encontraba asentada junto a su séquito, y era ahí desde donde ultimaba todos y cada uno de los detalles que debían verse tanto para mantener la paz de Atmetis como la tregua con los demás once reinos.
          Caminando despacio por detrás de él, su compañera de guardia Kyouka de Escorpio, se le acercó sin hacer ruido alguno. Él miraba el horizonte desde aquel balcón al que estaban confinados los dos la mayoría de su tiempo. Le abrazó por la espalda mientras él seguía apoyado en la barandilla. Sus labios besaron la parte posterior de la cabeza de su compañero.
 

          — Kyouka, querida hermana, ¿ya compraste el pan?
          — ¿Ves cómo no me haces ni pizca de caso, hermano mío? Te había dicho que bajaba para visitar a la amable señora del setenta y uno que la semana pasada regresó de su larguísimo viaje hasta la capital de Atlantis.
          — ¿Ah sí? ¿Y qué cuenta la amable viejecilla? ¿Ya tuvo noticias de sus nietos recién nacidos?
          — Te equivocas hermanito Shiou, eran los sobrinos mellizos de la hija menor de su hermana mayor los recién nacidos, no los nietos de ella. Descuida, querido, no gritó demasiado —comentó ella con la suficiente tranquilidad para que sus palabras pasaran desapercibidas.
          — Me alegro… Espera, ¿qué? Explícame palabra por palabra lo que acabas de decirme, Kyouka —atónito él por la sorpresiva respuesta de su hermana, abrió los ojos cuando la apatía del momento dejó de apoderarse de él.
          — Que… no… gritó… demasiado… —Dijo ella con la suficiente pausa entre cada palabra como para que Shiou pudiera entenderle sin causarle ninguna duda de por medio—. Los informantes de las calles tenían razón, hermano mío, esa señora de quien todos y nadie sospechaba era una traidora hacia nosotros. Les vendía información a los atlantes sobre nosotros, incluso les dijo que me gustaban los helados de fresa tan rojos como la sangre y tan deliciosos como ella. Quizás exagero un poco esa parte, pero sí, ella ya nos había causado un daño a nosotros y debíamos… intervenir.
          — Bueno… Siempre es de agradecer un traidor menos entre nosotros. Ahora, pasando a lo importante, me imagino que habrás cumplido con tu misión, ¿no Kyouka?
          — Sí hermanito. Recogí la llave del lugar, tendí las sábanas, coloqué las almohadas en su sitio, y coloqué en la puerta un cartel de “Se alquila”, pero solo con tinta roja, no creo que alguien lo quisiera después de saber estaba escrito en sangre —Se tocó la barbilla mientras pensaba en otro comentario medianamente ingenioso—. Aunque, bien es un sitio céntrico muy bonito, cerca de muchas comodidades y tal. Seguro alguno hubiera picado el anzuelo, siempre hay de esos.
          — Me alegro hermana mía, imagínate perder un predio así en estas épocas primaverales tan bonitas para hacer mudanzas —Se detuvo un momento en sus vanos pensamientos, tomando de todas las palabras de su consanguínea lo que a él le convenía—. ¿Hace cuántas horas eliminaste a la traidora? ¿Una? ¿Dos? Por favor dime que menos de seis horas.
          — Eh… pues supongo que recién se habrán cumplido las tres horas y media hermano mío. No tiene caso, Shiou. Su alma a pesar de tener guardados esos sentimientos tan aberrantes como el supuesto odio y rencor hacia nosotros, era un odio cobarde que no te va a beneficiar en nada, hermano. Desperdiciarás tu energía solo para aumentar tu colección de almas humanas en uno. Cuando capturemos a uno de los Marines de Poseidón, o incluso a uno de los Pléyades de Hermes valdrá la verdadera pena.
          — Eres muy soñadora, Kyouka, ¿crees que a ese patético esperpento impulsivo de Miare le importaría ello? ¿O acaso que a cualquiera de los otros le importa? No, a nadie le importa, hermana. Solo a ti y a mí… Déjame ampliar mi colección en tiempos de tregua… Algún día quizás pueda demostrarles la belleza que yo veo en ella.
          — Ay, hermano mío… ¿Belleza en unas almas arrebatadas? Creo que necesitas salir más a menudo de aquí. Si mañana nuestra pequeña alumna Sylene me invita a comer galletitas de jengibre allí en la plaza te voy a obligar a acompañarme… Te lo advierto desde ya, hermano.
          — Está bien, Kyouka… —Comentó él en respuesta mientras continuaba viendo el horizonte que se mantenía invariable ante el paso del tiempo.
 

          La tranquilidad, que hasta entonces era un placer para ambos hermanos que disfrutaban de las cuestionablemente agradables vistas de aquella torre, fue interrumpida cuando una figura conocida por ellos dos hizo acto de presencia en medio de la espaciosa habitación. Como parte de su entrenamiento, Nadeko de Aries había aprendido a manejar las técnicas telequinéticas y el teletransporte, quizás fue por esto último que se le designó como mensajera en las situaciones de riesgo. La última vez que un comunicado oficial había sido emitido de tal forma, era para informar acerca de la muerte del Patriarca. Esto debería haber alarmado tanto a Kyouka como a Shiou, pero lo cierto era que en innumerables ocasiones anteriores ella solo había ido a comprar chocolates de una tienda casera que incluso la reconocía como “Clienta del mes” siendo que “apenas la visitaba” —según les decía a ambos—. Pero algo era diferente esta ocasión, pues el afable rostro de Nadeko no contenía la habitual sonrisa a la que ellos estaban más que acostumbrados.
 

          — Buenos días honorables compañeros fervientes seguidores de Athena, en esta bella mañana nuestra diosa me ha honrado con la mis… —Se detuvo por un momento antes de recomponerse, ella no tenía ganas de volver a pronunciar dichas palabras por quinta vez en el día—. Shiou, Kyouka, cuánto tiempo, ¿no?

          — Nadeko, no te hagas la desentendida… sabemos que vienes cada quincena a comprar dulces en la tienda esa que está frente a la plaza central —comentó Shiou mientras observaba que en la mano de su compañera había un sobre blanco con un despegado sello dorado que emitía un cosmos único y divino—. Supongo que has venido por esa cosa que tienes allí, ¿o me equivoco?
          — Pues sí… —respondió ella con todo el desgano que tenía acumulado.
          — Y, ¿por qué el sobre está abierto, querida compañera? ¿No sabes que las comunicaciones privadas deben ser eso? Ya sabes… ¿privadas? —Añadió Shiou.
          — Tenía curiosidad, Shioucito, descuida… Los doce hemos recibido la misma carta de puño y letra de la pequeña Ariadne. Nos está citando para una Reunión Dorada. Y si bien conozco el motivo, creo que es menester que ella se los informe en persona. Y antes de que digas algo más, esto… ¿dónde dejé mi excusa? Ah, sí… los leí porque sabía que gente como Aruf y Dreud quizás no las leyesen antes de la fecha, con lo ocupados que son…
          — Está bien… Entonces, ¿cuándo es la reunión, Nadeko? —Intervino por fin Kyouka.
          — Dame un segundo para revisar mi reloj —hizo un gesto de observar su muñeca izquierda en la cual evidentemente no había accesorio alguno—. Pues… es dentro de unos veinte minutos supongo, si es que no he sacado mal la cuenta…
 

En ese momento ambos Santos guardianes de la ciudad de Aquos se miraron mutuamente y a Nadeko mientras no podían creer aquello que estaban escuchando su boca.
 

          — Espera, espera, espera… ¿veinte minutos? —Preguntó la joven Santa de Escorpio—. ¿Y para qué era la carta entonces?
          — Formalidad supongo yo —las penetrantes miradas de sus compañeros se habían posado en ella como centro de su atención. Ya no podía ocultárselos—. La verdad es que… desde hace tres días nuestra diosa me encomendó dicha misión, con ello todos tendrían tiempo de llegar hasta la capital. Pero… digamos que las coloqué en uno de los cajones de mi mesita de noche, lo cerré, me fui a dormir porque estaba demasiado cansada de reparar las armaduras que me traían de Ventus… y recién hoy después de que Ariadne y las demás mencionaran el temita de la reunión en mitad de nuestro desayuno me di cuenta de que me había olvidado entregar las cartas. Quería hacerlo lo más pronto posible, pero hoy había panqueques en el menú y desde el mes pasado que no los servían…
          — Nadeko… esto… tienes suerte de que sepas reparar armaduras, porque si no te hubieran despedido de tu rango hace mucho… —comentó Shiou casi entre dientes porque eran bien conocidos los repentinos arranques de ira de su amiga de la infancia.
          — Más bien, ustedes alístense rápido. Haremos un viaje exprés al templo de la diosa en la capital de Atmetis. ¿Están listos? —Preguntó mientras se acercaba a ellos dos y les colocaba una mano en el hombro a cada uno sin que estos se diesen cuenta—. Los veo dentro de un rato muchachos. Suerte.
          — Nadeko, ni te atre… — Kyouka ni pudo terminar de quejarse, pues en ese momento ella desapareció de su vista. O más bien, ellos desaparecieron de la vista de Nadeko pues ya habían llegado a su destino.
 

          Los dos hermanos de un segundo a otro aparecieron casi frente a los otros Santos Dorados, a algunos llevaban demasiado tiempo sin verlos que apenas les reconocían con un poco más de vello facial del que acostumbraban usar en tiempos de paz —como era el caso de Dreud de Géminis con ese gracioso bigotillo que empezaba a formársele por encima del labio y que cada vez que alguien le mencionaba al respecto decía que ya se lo iba rasurar—. Con los ojos recorrían ambos de izquierda a derecha el amplio salón donde se requería la presencia de ellos doce, casi no había cambiado nada desde la última vez que habían estado allí.
 

          — Ya llegó el patético este, al fin… ¿Y cómo está Aquos? ¿Ya fue destruida por tu incompetencia cangrejo de pacotilla? —habló uno de los Santos Dorados que estaba apoyado sobre una de las columnas de mármol que sostenían el techo, aunque realmente eran puro decorado.
          — Hola a ti también, Miare —saludó Kyouka haciendo un gesto con la mano al Santo de Piscis porque sabía bien que su hermano no dudaría en iniciar una “guerra de mil días” si le dejaba a sus anchas.
          — Kyouka, cuánto tiempo sin verte. Deberías venir más a menudo por estos lares —sorprendente era su cordialidad hacia ella, pues era más que conocido el hecho de que Miare detestara todo lo relacionado con Shiou—. Cada día te ves más… sanguinaria… supongo.
          — Oh, gracias querido. Hoy acabo de matar a una ancianita —comentó ella en respuesta con una nada coherente sonrisa en su rostro.
          — Eh… Esto… Eso está bien… Creo… —dijo un desconcertado Piscis sin saber cómo reaccionar correctamente.
 

          Las bisagras rechinaron al abrirse de par en par las enormes y pesadas puertas de piedra blanca con detalles dorados que separaban el exterior de la sala del trono, el lugar donde se encontraban actualmente. Acompañada de sus dos compañeras, quienes eran bien conocidas por todos ellos, se aproximaba la diosa vistiendo un vestido impecablemente blanco el cual le cubría por completo las piernas e incluso acababa levemente arrastrado por la alfombra roja que dibujaba un camino hasta el trono de la diosa al otro extremo de la habitación.
          En el salón solo debían escucharse los pasos de la bella Ariadne, quien había decidido dejar su lacio cabello castaño oscuro caer sobre sus hombros libremente aquel día. Con la elegancia que ella debía tener, caminó lentamente con la sonoridad que le proporcionaban aquellos tacos —los cuales habían sido directamente prestados del armario de su compañera Pallas— que debían de aumentarle unos siete centímetros a su estatura normal, pues era un poco baja a comparación de sus Santos sirvientes y no quería verse mal para la ocasión.
          No estaban muy acostumbrados a reunirse, pues casi nunca había la necesidad de hacerlo, pero por las palabras de Nadeko, la única ausente en ese momento, era una situación de suma importancia y debía ser tratada como tal. Los once Santos Dorados presentes, mientras la diosa Athena iba caminando, ellos formaban dos filas a su alrededor, a cada lado de la alfombra sin llegar a pisarla. De un lado iban ordenados las primeras seis constelaciones de la elíptica, empezando desde Aries; del otro iban el resto, empezando desde Libra. Solo quedaba un espacio vacío al lado del vigoroso Santo de Tauro
          Con la elegancia debida, en el último segundo antes de que los grandes portones se cerraran, Nadeko de Aries hacía su entrada triunfal en el salón tratando de no ganarse el odio de sus compañeros por haber llegado tarde. Se quedó de pie allí mismo mientras esperaba que el trío de deidades llegara a sus tronos correspondientes. Apenas se sentaron ella se arrodilló frente a ellas, en señal de respeto, para pedirles disculpas por su imperdonable tardanza.
 

          — Me alegra que hayas regresado pronto, Nadeko —dijo Ariadne con una sonrisa en el rostro repleta de la compasión de una diosa
          — Espero sepan disculpar mi ausencia durante unos minutos, diosas nuestras, compañeros míos. He estado haciendo en Aquos un reporte de los últimos sucesos ocurridos en la frontera compartida con el reino de Atlantis. Cuando culmine la reunión se lo entregaré, diosa Athena.
          — Espero hayas hecho un magnífico trabajo, Nadeko. Confío en que tu criterio haya sido el mejor para la tarea que te encomendé realizar. Ansío ver tus resultados, querida mía.
 

          La Santa de Aries se colocó de pie y, siguiendo la alfombra roja, cruzó frente a la mirada de sus compañeros hasta llegar al sitio que le correspondía al lado de Parsath de Tauro. Quienes habían sido hábiles observadores pudieron ver cómo las mentiras de Nadeko eran develadas por una simple envoltura que ella había guardado mal en el bolsillo trasero de su pantalón verde. No era la primera vez que ella se excusaba de una tardanza por causas similares, pero sí lo era frente a una Reunión Dorada.
          Entre pensamientos malos de unos y otros, la diosa de la sabiduría tomó la palabra sin que nadie en el salón se lo esperase. Y, por el tono de su voz, la situación era más seria de lo pensado.
 

          — Estando ya todos los involucrados presentes, me incluyo, creo que es un buen momento para comenzar esta Reunión Dorada.
 


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Publicado 01 marzo 2020 - 13:47

Capítulo 2. El recado de Nadeko

 

La gente de esa ciudad me recuerda un poco a las extrañas formas de vida que son fans extremos de personajes de saint seiya

 

 

a Shiou le toco un trabajo peor que al del heroico Dohko

 

 

¿ Kyouka de Escorpio es hermana de Shiou ?

 

 

asi que Nadeko de Aries usa sus poderes de teletransportacion para beneficio personal

 

 

 Nadeko es mas despistada que seiya 

 

 

 

 

 


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#10 SagenTheIlusionist

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Publicado 16 marzo 2020 - 14:48

Muchas gracias por tu comentario T. Sí amigo, Kyouka es la hermana de Shiou, siempre lo ha sido y siemprelo será. Y, bueno... Si Nadeko quiere hacer uso de lo que se demoró aprendiendo cientos de días, bien por ella. Cualquiera podría hacerlo.
Muchas gracias a ti tambien Kael, vi los likes que dejaste a tu paso, amigo. Espero que te esté gustando la historia. :lol: 
 
 
 
Capítulo 3. La reunión dorada
 
 
          — Santos Dorados, ustedes que me juraron lealtad ahora deben escuchar mis palabras. En el día presente, dos temas de vital importancia serán confiados a sus manos, esperando siempre que ustedes decidan lo mejor para el bien nuestro, el bien de Atmetis —exclamó Ariadne en ese momento, tomando un tono solemne en su voz. 
 
          La élite del ejército de Atmetis quedó levemente desconcertada por unos segundos pues, pese a lo que les había anticipado la Santa de Aries, había un segundo hecho del que incluso ella desconocía. 
 
          — He de suponer que la mayoría de ustedes ya sabe el motivo por el cual ha venido. Era previsto de que Nadeko hubiese mencionado algo, así que ocuparemos ello como primer tema. Santos Dorados, ¿ustedes qué opinan de unificar los doce reinos de Etherias?
 
          Una mano se levantó, pidiendo así el permiso de hablar ante las diosas presentes. A pesar de lo que ellos pensaban, los Santos Dorados decidieron guardar silencio.
 
          — Diosa Athena, espero disculpe mis palabras —dijo Mizael, Santo de Capricornio—. Estoy seguro de que no hablo solo por mí, sino en representación de muchos de mis compañeros. Unificar Etherias es una idea muy descabellada, diosa mía. 
          — Lo sé perfectamente, Mizael. Gracias por confirmarme vuestros temores. Es cierto, incluso yo le tengo desconfianza a esa iniciativa, pero es lo que debemos hacer. Por supuesto, se hará si ustedes piensan que es lo correcto. No es mi deber obligárselos, cada uno es libre de decidir.
          — Diosa Athena, si me permite la pregunta, ¿cómo es que usted llegó a tal decisión? Usted generalmente no trata de incitar el conflicto, sino más bien de resolverlos. Es por ello que mi ser se encuentra confundido y pensativo acerca de lo que ocurre. Podría, diosa nuestra, concedernos esa explicación —intervino Aiza, el Santo de Libra, mientras se acomodaba los lentes de lejos.
          — Es una predicción del Oráculo de Delfos, Aiza. Uno de los doce dioses olímpicos destruirá los cimientos de nuestro mundo —interrumpió la Santa de Aries— y Ari... nuestra diosa Athena lo que quiere es impedirlo.  
          — Es tal cual dice Nadeko, es nuestro deber hacerlo. Debemos ser nosotros de quienes hable la predicción, y que, si bien vayamos a la guerra, nunca olvidemos que nuestra misión es únicamente el tratar de unificar Etherias para conducirla a un futuro donde haya menos odio entre los reinos, donde el mundo pueda respirar un nuevo ambiente de paz que dure lo más posible. 
          — Diosa Athena, si bien usted está en lo correcto, pienso que usted va a poner en peligro a muchos tomando dicha decisión. No hablando por nosotros, sino también por usted, por la señorita Pallas, la señorita Nike, y por todos los habitantes de Atmetis —Ante las palabras de Miare el asombro de algunos de sus compañeros se hacía notar, pues él siempre se había mostrado como el egoísta que es. 
          — Es cierto lo que dice mi compañero el pesc… Miare —por más que Shiou de Cáncer trataba de mencionar su nombre con total normalidad, la costumbre le hacía añadir alguna ofensa inconscientemente—. Nuestras tierras sufrirán el castigo de los dioses una y otra vez, muchas bajas serán reportadas desde todos los rincones de Atmetis. Cuando una incontable cantidad de batallas se den en nuestro territorio, esto será imposible ocultarlo. Es entonces que tendremos de enemigos tanto a los dioses como a nuestra propia gente harta de nuestra egoísta lucha. 
          — Es un riesgo que debemos correr, Shiou —dijo Athena desde su trono, tomándole fuertemente la mano a Pallas, quien estaba a su izquierda—. Lo comprendo, sé que ello es inevitable, pero es inevitable también que tarde o temprano otros dioses iracundos por miedo a las predicciones de Delfos nos ataquen. Debemos tener nosotros la iniciativa, de forma que nuestros ciudadanos no se vean tan afectados.
          — Sus palabras me han abierto los ojos, diosa mía, pero… ¿de qué forma piensa usted que hagamos todo esto? Se trata de enfrentarnos a los once dioses olímpicos y a todos sus ejércitos —intervino Aiza, ya había tomado una posición correcta a su forma de pensar, pero aún había detalles en los que él quería recabar. 
          — Eso… No lo sé. Estaría mintiendo si te dijera que tengo un plan detallado. Puedo decir que conozco de apariencia a todos ellos, pero solamente con dos o tres he hablado en alguna ocasión. Primero solo quiero asegurarme un as bajo la manga, necesitamos del apoyo de otro de los dioses olímpicos. Eso es seguro, pues en tiempos de guerra esta será cruel y necesitaremos de todas las fuerzas de las que dispongamos.
          — Por nuestra posición, le recomendaría que el primero que usted tenga a consideración sea al enemigo número uno de Aquos, el rey de Atlantis, Poseidón —dijo Shiou mientras se mantenía pensando con la mano sobre la boca—. Necesitamos a alguien impetuoso, pero que pueda recurrir pronto en nuestra ayuda. Es decir, debe ser alguien que reine en una de nuestras fronteras. Las fronteras con Atlantis desde hace tiempo se han mantenido pacíficas, por lo cual me permito hacerle dicha sugerencia.
          — Como encargado de la provincia de Ventus, es mi deber el informarle, diosa Athena, que últimamente Hermes ha estado muy activo en sus intentos de invasión. No creo prudente que trate de dialogar con él —insistió Mizael mientras se quedaba de brazos cruzados esperando que su diosa tome una decisión.
          — Y yo como, encargado de Pyrus —dijo Aruf de Leo con esa voz animosa de alguien que todavía tiene diecinueve años y poco conoce de la cruda vida adulta—, le informo que la diosa Deméter de Delusia apenas ha deseado invadir nuestras tierras. Quizás eso sea buena señal, pero quizás también indique que está centrando sus fuerzas contra el dios Hades. Mejor sería no entrometernos.
          — Entonces, debemos ir primero al reino de Atlantis —concluyó la diosa tras pensarlo un buen momento. 
 
          Dentro del salón del trono todos los presentes ya habían aceptado las palabras de la diosa, por lo cual asintieron y aplaudieron la decisión que ella había tomado.
 
          — Diosa, está bien su propuesta, pero permítame sugerirle que solo un grupo pequeño pueda ir a su lado. Siendo más llamaríamos la atención del enemigo, o de otros enemigos en el peor de los casos. Escoja usted quienes deberían acompañarle —añadió el estratega de Atmetis, Shiou.
          — A ver… Pallas, Nike, ¿quieren venir conmigo? No las obligaré. A quienes sí obligaré serán… nuestro Patriarca, luego… —dijo la diosa Athena
          — ¿Patriarca?… Diosa Athena, permítame recordarle que Su Ilustrísima Haloid falleció repentinamente por una enfermedad desconocida apenas hace dos meses. No hay un Patriarca con el cual usted vaya a… —interrumpió sorprendido Parsath al escucharle.
          — Oh… Creo que me anticipé un poco a los hechos. Está bien. Discúlpenme si no les mencioné esto antes, pero… El segundo tema a tratar hoy era la selección del nuevo Patriarca de Atmetis. Quizás no sea el momento más pertinente, pues en mi corazón aún siento su pérdida, pero es necesario que designemos uno nuevo si queremos avanzar con nuestra misión.
 
          El Patriarca Haloid había sido el más querido por ellos, después de todo, no solo había sido una autoridad o un maestro, él había sido como un padre para ellos doce y, cuando crecieron y se volvieron mayores, un amigo también. Dentro del deber de un Santo el sentimentalismo no era lo más correcto, pero ellos hicieron caso omiso al no querer designar ningún Patriarca inmediatamente después de su muerte. Nadie podría llenar el vacío que él dejó.
 
          — Sé que debe ser difícil, incluso para nosotras es difícil, pero debemos avanzar, demostrarle, dondequiera que esté, que nos ha criado bien, que nosotros hemos aprendido de sus enseñanzas. Por ello, ustedes escogerán un sucesor digno de entre los doce, quien tomará las riendas de Atmetis en sus manos. Sé que es una elección difícil, es por ello que les haré la siguiente pregunta. ¿Desean que les conceda más tiempo? ¿Con una hora será suficiente?
          — Una hora es un tiempo prudente, sí —respondió Aiza mientras observaba de un lado a otro los rostros de sus compañeros.
          — Entonces que así sea, los veo dentro de una hora.
 
          Nadie quedó en el salón en dicho momento, la joven Ariadne tomó su propio camino acompañada de las otras diosas mientras que los Santos de Oro se reunieron en el lugar donde siempre habían celebrado sus fiestas, una habitación del otro extremo del entramado laberinto subterráneo del que estaba conformado el Templo de Athena. Completamente amoblado, con estanterías donde cada uno de ellos había escondido más de una cosa en alguna ocasión, algunos electrodomésticos básicos y seis sillones bipersonales —dispuestos de forma simétrica sin interrumpir el paso por las puertas tanto de la entrada como del baño—, con sus respectivas mesitas, en donde se sentaban a charlar y descansar cada ocasión que tenían que pasar la noche allí en la capital.
          — Se nota que hace tiempo que no venimos todos a este lugar —dijo Nadeko mientras contemplaba cada urbanización arácnida que se había formado en las esquinas del techo.
          — Vamos a ver si ese vino tinto que compré hace un año sigue en tan buen estado como siempre… —Kyouka se acercó a uno de los refrigeradores que había en un extremo de la habitación. Apenas abrió la puerta, lo vio ahí con su maravillosa etiqueta completamente húmeda por haber transcurrido tanto tiempo a unos perfectos doce centígrados en los cuales su sabor se mantendría igual de exquisito como siempre.
 
          Conociendo las costumbres generosas de su hermana, él buscó en una de las repisas las doce copas que usaban siempre para las celebraciones de año nuevo, donde olvidaban cualquier diferencia y bebían como si fuesen hermanos de toda la vida, aunque después de la resaca se odiasen más que nunca. Él colocó las copas y su hermana sirvió en ellas la bebida alcohólica. Solo por cortesía ellos les entregaron a cada uno desus compañeros, para que pudiesen disfrutar un poco de ese soberbio toque mientras deliberaban. Ellos agradecían —aunque por ahí se coló un “sigue así cangrejo, sírveme como el ser inferior que eres”—, pero nadie dio ni un sorbo hasta que quienes servían tomaron asiento. 
 
          — Y bien, ¿ahora qué debemos hacer? —Dijo Nereida de Acuario mientras bebía de su copa, agitándola de vez en cuando sin ningún motivo razonable. Odiaba admitirlo, pero Kyouka había tenido una buena intuición al escoger esa cosecha. 
          — ¿Quieren decidirlo a la suerte? ¿O escogemos al que nos plazca en gana? —Intervino graciosamente el Santo de Leo, Aruf. 
          — Hay que escoger un nombre en estos treinta minutos que aún tenemos. Hay que usar el criterio que a nosotros nos parezca el mejor, no uno solo en concreto. Ganará el que haya sido nombrado por la mayoría en el recuento —Aiza se mantuvo sereno en su asiento, el cual compartía con el Santo de Capricornio. 
          — Está bien. Si me permiten decir algo… Les pediría a ustedes que no me considerasen para el puesto. Como bien saben, no soy buena para estas cosas y prefiero tener un perfil bajo… Además, no podría vivir sin la compañía de mi hermano —añadió finalmente Kyouka.
          — Yo tampoco quiero ser nombrado —dijo Shiou mientras tomaba un largo trago de vino, como tratando de ahogar su propio dolor—. Yo tampoco podría vivir sin la compañía de mi querida Kyouka. Lamentaré decepcionar a mi viejo maestro, pero es lo correcto.
 
          Habiendo dejado ya las copas sobre la mesa al costado de su hermano, Kyouka acostó su cabeza sobre el hombro del Santo de Cáncer. Estaba más que contenta de escuchar que él siempre estaría para ella, aunque se volviese una mentira en el momento en que Shiou se enamorase verdaderamente de alguien. Pensaba disfrutar todo el tiempo posible hasta que llegara lo inevitable así que ella acomodó por su cuenta el brazo de su hermano para que así la rodease y se sintiera bajo su protección una vez más.  
 
          — Entonces yo debo ser el Patriarca, si este inútil cangrejo no puede asumir la responsabilidad, es mi turno de hacerlo. Denme vuestra confianza y aplastaremos a este pobre bicho raro amante de la muerte —entre risas y provocaciones Miare logró conseguir lo que más ansiaba: enfadar a su rival.
          — Ya sabía que el bueno para nada iba a hablar. Como quieras, con los votos de tus tres allegados y tu cobarde y soberbio autovoto únicamente cuentas con cuatro. Los suficientes como para perder patéticamente —dijo en respuesta un enojado Santo de Cáncer.
          — Síguele hablando a la nada como siempre haces, ¿vale? Yo a diferencia tuya sí me relaciono con la gente, no con la sombra que dejan cuando su boca ya no puede moverse más y su corazón deja de latir —A Miare le encantaba la situación, cualquier momento en que la discordia reinase era bueno para él. 
          — Ya cálmense un poco, chicos… —intervino Kyouka, pero fue casi ignorada por la disputa entre ambos Santos Dorados. Intentaba acariciar la mano de su hermano, pero eso no fue lo suficientemente efectivo como para detener su ira.
          — Esto… Yo tampoco quiero ser… —tímidamente sin querer resaltar dijo Jasmine de Virgo, mas fue interrumpida también por la discusión de ambos dorados. 
          — ¡Escúchame bien pedazo de inútil! Tú tienes la vida bien fácil quedándote aquí lejos de todo peligro, mientras que nosotros nos podrimos en el campo de batalla. Eres un cobarde que huyó ante la primera señal del peligro. ¿Aun así te haces llamar Santo Dorado? Solo eres un vil chiste —Miare estaba a punto de pararse, pues las palabras de su rival, aunque no quería hacerlo ver así, habían colmado su paciencia.
          — Oh, esto te va a doler como no te imaginas, crustáceo… —En las manos del Santo de Piscis, él ya había materializado una rosa blanca como la nieve que, en el papel, debería teñir sus pétalos al absorber hasta la última gota de cosmos del Santo de Cáncer.
          — ¿Así que piensas atacarme? Cobarde como siempre, lo dicho. Entonces no me quedaré atrás, venga, inicia una lucha sin sentido. Qué más da perder mil días de mi vida si así puedo exterminar a esta plaga —Shiou extendió su dedo índice derecho en dirección a Miare. Alrededor de este comenzó a formarse un vórtice de fuegos fatuos con el cual debería mandar al Santo de Piscis a sus dominios, el mundo de los muertos. 
 
          Aunque estaba muy tentada a clavarle una de sus afiladas uñas en la pierna a su hermano para evitar que haga un desastre ahí, en cierta parte le fascinaba verlo combatir. Indecisa como solo ella podía estar en su situación, finalmente no logró hacer nada hasta que Nadeko se puso de pie. La Santa de Aries no intentó en lo más mínimo detenerlos, solo pasó sin miedo entre los rivales apuntándose a muerte mutuamente. De una de las estanterías en el lado opuesto de la habitación ella sacó, ante la expectante atención de todos, dos bolsas de frituras, de considerable tamaño, que habrán llevado ahí guardadas quién sabe cuánto tiempo. Sin que nadie lo previera, ella las lanzó apuntando hacia las cabezas de sus dos conflictivos compañeros. No tenían más opción que desistir de sus ataques si querían atraparlas antes de que aterrizasen en sus caras y que eso le diera una oportunidad al otro de atacar.
          Nadie atacó, ambos atraparon las bolsas con su diestra y las abrieron tranquilamente. El ambiente se había apaciguado. De otra repisa, la Santa de Aries saco un cuenco de vidrio de gran tamaño —fácilmente podría superar el diámetro de cualquiera de sus cabezas— y lo manipuló usando su telekinesis llevándolo primero con Miare para que vierta el contenido de la bolsa, repitiendo su misma acción con Shiou. Mientras ella llegaba y se acomodaba en su asiento, usando su mente para mover el bol de un lado a otro, pidiéndole cortésmente a sus compañeros que se sirviesen.
 
          — Nadeko, eso fue del todo innecesario. Podrías haber hecho todo esto allá, ¿no crees? —dijo para sí Shiou mientras degustaba el sabor de la fritura.
          — Innecesario como vuestra pelea —dijo sonriente mientras con su mano agarraba un buen puñado de patatas fritas de una cierta marca que le encantaba.
 
          Por algún extraño motivo, el ambiente se había vuelto jocoso nuevamente entre los sorbos a las copas y las nuevas peleas que se daban porque algunos se disputaban la custodia de aquellas frituras. Parecía que la pelea nunca hubiese estado por ocurrir.
 
          — Llamadme loco, o como queráis —dijo Aiza de Libra de repente—, pero ya tomé una decisión. Sé quién quiero que sea mi futuro Patriarca. 
 

Aviso de desinterés público...


...si es que deseas leer un fanfic, puedes darle un vistazo a mi nueva historia:

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                              "Los Reinos de Etherias"      Ya disponible el Cap. 8

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#11 Lairiel99

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Publicado 25 marzo 2020 - 09:28

Hola, Sage. Disculpa que coloque el mensaje aqui, pero no me deja en tu perfil xD.
No se si te acordaras de mi, por alla por la época de Nuevo Olimpo.

#12 SagenTheIlusionist

SagenTheIlusionist

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Publicado 26 marzo 2020 - 05:39

Hola LES, ¿cómo olvidarme? cuanto tiempo sin oir de ti. ¿Cómo has estado? ¿Qué te trae por aquí?

También me disculparé porque no me deja contestarte por privado ya que eres user nuevo, pero bueno... 

Supongo que podrías pasar por ahí abajo, a donde dice un tema llamado "cuenta del millón". No sé, para hablar mientras no tienes activa esa funcionalidad xD

 

Y bueno... como antes te gustaban los fanfics, no sé, si quieres lees este ya que estamos. Porque publicidad no es ya que es en este mismo tema xD

 

Bueno, eso, saludos  ^_^

 

 

 

 

 

 

 

 

* Aviso para lector habitual, o no*

(El siguiente capítulo será publicado el día 31 de marzo del presente año en curso. Y sí, es el número 4. Así que así.)


Editado por Sagen of Atenas, 26 marzo 2020 - 05:41 .

Aviso de desinterés público...


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#13 Lairiel99

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Publicado 26 marzo 2020 - 08:29

Claro, voy a echarle una ojeada, se ve interesante. Veo que ambos también hemos cambiado el estilo de escritura.
Como pasa el tiempo...
Apenas pueda hablarte por privado lo hare.
Un saludo, cangrejin.

#14 Lairiel99

Lairiel99

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Publicado 26 marzo 2020 - 08:41

Tambien disculpa por haber dejado el mensaje aqui, soy muy simio para esto de los foros xDDDDD
Tampoco se donde esta el chat privado :'v

#15 Lairiel99

Lairiel99

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Publicado 31 marzo 2020 - 15:32

Saludos, cangrejin.
Dado a que voy a demorarme leer el fic entero, por celular es incomodo y que intento zanjar el asunto por el que vengo antes de que se me olvide, dejame consultarte: ¿Algún lugar donde podamos conversar en privado? Intento revivir los viejos tiempos y ha sido grato poder contactar contigo, pense que no lo conseguiria. Supongo que ya te daras una idea de que se trata.

Otra vez, disculpa, me siento un inadaptado sejando mensajes aqui que no vienen al caso :'v

#16 SagenTheIlusionist

SagenTheIlusionist

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Publicado 01 abril 2020 - 05:25

Saludos, cangrejin.

 
Saludos LES, esto... Estuve pensándolo por un rato largo, y creo saber cómo podríamos hacer. Podrías crearte una cuenta en MyAnimeList y agregarme. Creo que no hay tantos impedimentos para mandarme un Privado por allí, al menos para los nuevos, sino por los comentarios en el perfil allá.  
En el link que te coloqué, abajo de mi avatar sale mensaje, intenta por allí. xD
 
Ah, y sobre el fanfic, descuida. Tomate tu tiempo, aún queda para largo esta historia.
 
 
 
 
Ahora sí, con un día de retraso (de publicación y del autor), les presento el capítulo cuarto de la historia. Espero les agrade las ideas propuestas para este capítulo, y bueno, el capítulo en sí, claro.  Por favor, disculpen los cuatrillones de párrafos de Slice of Life que abundarán en el fanfic xD Espero que pronto puedan ya ver algo de acción (?

 


 Capítulo 4. La recámara de las diosas

 

          Era muy poco conocido fuera de las tierras de Atmetis, que el séquito que siempre acompañaba a la diosa Athena estaba formado principalmente por dos diosas menores cuyos destinos siempre habían estado ligados a ella desde la era del mito. Siempre siguiéndola a todos lados, Ariadne pensó correcto, a muy corta edad, llamarles hermanas. Ambas vivían junto con ella en una habitación dentro del templo principal de Athena, el cual se ubicaba a los pies de la majestuosa cordillera que se interponía entre la ciudad capital y el inmenso e inexplorado Océano de la Perdición, en una zona denominada la Colina de las Estrellas.
          Pallas era el nombre de una de las diosas. Ella había reencarnado veinte años atrás en espera de la llegada de la bebé que sería llamada luego como Ariadne, pero a pesar de tener cinco años de diferencia con ella, nunca dejaron de considerarse las mejores amigas y hermanas. Pallas estaba dotada de gran belleza, con un cuerpo de piel clara bien proporcionado al metro setenta de estatura que siempre se dejaba ver usando esas sandalias marrones de tacón bajo. Su cabello rubio lo llevaba corto, apenas rozando sus hombros, pues decía que, si bien era el deber de ella verse radiante, el tener cabello largo le perjudicaba en sus entrenamientos de combate. Muy a pesar de lo que decía, siempre había sido considerada como la más bella de entre los límites de Atmetis.
          Por otro lado, Nike era el nombre de la segunda de las diosas. Ella, a pesar de haber reencarnado al mismo tiempo que lo hizo Pallas, se veía de la edad de una adolescente de la edad de Ariadne. El destino como diosa guardiana de Athena, le concedió la maldición de la juventud eterna a una muy corta edad lo cual le impidió desarrollarse físicamente como debería haber sido. En las historias que estaban narradas en los textos antiguos, la diosa Nike siempre había acompañado a Athena en forma de un báculo sagrado. No porque ella hubiese reencarnado de tal forma, sino porque su cuerpo se transformaba en ello.
          La apariencia jovial y aniñada de Nike había sido producto de un descuido de Ariadne al descubrir sus poderes como diosa a la temprana edad de nueve años. Ese día fatídico, la joven Athena estaba muy contenta y ansiosa por mostrarle sus nuevos poderes a su hermana Nike. Ella le tomó de la mano para que pudiese sentir más de cerca ese cosquilleo que ella misma sentía cuando le rodeaba su magnífico cosmos. Era inocente en aquel entonces, y por ello cuando el cuerpo de Nike se convirtió en el báculo sagrado del que hablaban las leyendas, la pequeña Ariadne se asustó y lloró desesperada por la desaparición de su hermana. Cuando el Patriarca Haloid descubrió lo que había sucedido, él se lamentó por haber sido tan despreocupado. Pudo resolver aquel asunto, pero desde ese día Nike nunca más envejeció, ni tampoco creció un centímetro más. Estaba condenada a vivir el resto de su vida con su estatura de metro cuarenta, con el cabello largo hasta media espalda que nunca más le iba a crecer si se lo cortaba, y con el poco atractivo físico que una adolescente promedio podía poseer.
          La reunión dorada aún estaba en pleno acontecer, pero la diosa regente había decidido darle a sus Santos Dorados un receso de una hora porque habían cosas que debían deliberar tranquilamente y tanto ella como su séquito de diosas no iban a soportar el frío y duro asiento de piedra que a alguien del pasado le había parecido buena idea construir —obviamente no era la misma persona que tenía que quedarse varias horas sobre él, porque de lo contrario hubiese sabido que dentro de su pensamiento había unos detalles no considerados—. Mientras que sus guerreros se habían marchado a la sala de reuniones, ellas tres prefirieron regresar a su habitación donde podrían descansar tranquilamente, al menos por un momento.   
 

          — ¡Al fin pude salir de allí! —Decía Ariadne mientras se estiraba, tan solo con media hora allí se le habían adormecido un poco los brazos—. Ay, por dios… Cómo odio hacer esto… Pallas, son nuestros amigos… ¿En verdad es necesario que tenga que hablar de esa manera tan antinatural?
          — Ariadne, por favor, ya te lo he dicho muchas veces. Por tus venas corre la sangre de una diosa, y no de una diosa cualquiera. Tú eres Athena, una de las doce gobernantes de los reinos de Etherias y por ello tienes que comportarte como tal, aunque sea en ciertas ocasiones —respondió ella mientras sacaba de su mesita de noche el último chocolate que tenía allí y lo desenvolvía para comérselo—. Díselo, Nike.
          — Nuestra hermana Pallas tiene razón, tú debes comport… Espera, Pallas, ¿eso que acabas de meterte a la boca es un chocolate? —Sus ojos estaban fijos puestos sobre la otra diosa. Nike no era diferente del resto, a ella también le gustaban los dulces, pero nunca había probado uno de esos chocolates—. Vas a engordar si sigues así, mejor será si me lo das…
          — A diferencia tuya, querida Nike, yo sí entreno, es decir, gasto más calorías que tú. No te preocupes por mi peso y figura, ya de eso se ocupa Parsath que me dice todas las semanas que mi salud sigue estando tan perfectamente bien desde el día en que reencarné —Sin remordimiento alguno dio una mordida con la que desapareció más de la mitad del chocolate.
          — ¡Pallas! —Gritó ella en un tono caprichoso— No seas mala y convídame un poco de chocolate. ¿Sí?
          — Es una lástima, ya me lo acabé —no era cierto obviamente, la pequeña Nike podía ver como aún tenía entre sus manos el dulce. Mientras observaba en el rostro de su hermana el deseo de querer obtenerlo, le dio varias mordidas pequeñas hasta que no quedó más de él—. ¡Oh, tan delicioso como siempre!
          — Yo quería probarlo, Pallas. Eres una mala persona —dijo inflando sus mofletes al no haber conseguido su objetivo.
          — ¿Probarlo? ¿Nunca antes los has probado? Espera, ¿me vas a decir que toda esa bolsa que había el mes pasado debajo de la cama de Ariadne con no menos de cuarenta chocolates se los acabó ella sola? ¿Nuestra Ariadne? —Volteó a ver a quien había estado al margen de la conversación. Entre sus manos tenía un libro de su autor favorito, Aiza, aunque este usaba un seudónimo bajo el que los publicaba.
          — Esto… Si sirve de algo te puedo invitar uno, Nike. Justo hoy día Nadeko me ha dejado bajo la cama una nueva provisión de chocolates, así que… ¡A comer se ha dicho! —Dijo la reencarnación de Athena mientras dejaba el libro a un costado y, aún tendida sobre su cama, buscó una bolsa que debía estar bajo esta. Ese era el lugar donde la Santa de Aries los teletransportaba generalmente para no mantener sospechas de las otras diosas.
          — Hoy, hoy, hoy… —Pallas se quedó pensativa hablando en voz alta—. No me digas que el motivo por el cual ella llegó tarde a la reunión fue por eso. En serio, Ariadne, dime que no hiciste eso…
          — Esto… miren Pallas, Nike, justo hay cuarenta chocolates —Ariadne colocó la bolsa sobre su cama, y desató el lazo rojo con el que lo habían cerrado—. Repartidos equitativamente significan treinta para mí, y cinco para cada una de ustedes.
          — Ariadne… —dijo Nike en forma de reproche mientras observaba directamente a la diosa que debía acompañar—. ¿En verdad te puedes comer tamaña cantidad?
          — En mi defensa, en Aquos hacen unos chocolates muy deliciosos, Nike. ¿A que sí, Pallas? —preguntó Ariadne mientras los sacaba de la bolsa y los iba separando sobre su cama de acuerdo a las cantidades que le correspondían a cada una.
          — Son una maravilla, Nike —Pallas se sentó en el borde de su cama y se agachó para buscar algo que se encontraba dentro de su mesa de noche. Era una caja, la cual le mostró a su pequeña hermana.
          — Ni una sola vez los he probado, esperaba que Ariadne algún día me invitara y por ello siempre me he hecho la ciega frente a su adicción a los dulces… —En sus brillosos ojos se empezaron a formar unas pequeñas lágrimas por haber sido olvidada una vez más—. Nunca me esperé esta traición de ti, Pallas.
          — Ariadne nunca me ha invitado nada. Es una glotona, tal parece ser. Ni un miserable chocolate tampoco me ha convidado en todo el año que Nadeko se los ha traído en ofrenda. Si no fuera porque Shiou tuvo la amabilidad de traerme algunos para mi cumpleaños, nunca hubiera conocido ese amargo tan exquisito que tienen.
          — ¿Te los trajo Shiou? ¿Quieres que te recuerde que cumplimos años el mismo día? A mí nunca me trajeron ni uno… —Las lágrimas en sus ojos habían empezado a correr, producto de la tristeza de una pobre Nike. 
          — ¿De qué te quejas, Nike? Si Kyouka te trajo ese bonito vestido rosa pálido que tienes en el armario —ella apuntó con el dedo el mueble de madera ese que se encontraba casi al lado de la única puerta de la habitación—. Vaya… Sabes perfectamente que los niños no saben apreciar los chocolates tanto como una adulta como yo.
          — Pallas, tenemos la misma edad. ¡Deja de tratarme como una niña! —Exclamó furiosa la pequeña diosa, aún con los ojos repletos de lágrimas.
          — No lo decía por eso. Tus papilas gustativas están muy poco adaptadas a la belleza que posee la amargura de un chocolate de verdad. Tus golosinas esas que compras en la tienda de la esquina de la plaza no se comparan para nada. Tú no sabes apreciar un verdadero chocolate, Nike.
          —Ya hermanas, tranquilícense un poquito… —comentó Ariadne cuando se decidió el ser mediadora en ese pequeño conflicto entre sus dos hermanas mayores. Estaba pensativa de si entregarles ya los presentes, pero mejor no lo hacía hasta que se calmasen las aguas.
 

          En su interior, Pallas sabía que ella era un poco conflictiva. El que le gustara estar presente en primera fila del campo de batalla tampoco ayudaba mucho, es más, en situaciones como esta le impedían comportarse como la tierna y amable hermana mayor que debería y quería ser.
 

          — Ven y échate un rato en mi cama, Nike, conmigo, como en los viejos tiempos —dijo ella invitándole a acercarse con un gesto de su mano—. Vamos, no te enojes. Sabes que era una pequeña broma, hermanita.

 

          Nike ya no quería decir nada más. Pensaba que su silencio podría servir más que cualquier disculpa a su hermana, por lo que solo se sentó junto a su hermana en la cama ubicada del otro extremo de la habitación. La maldición de Nike y la fuerza de Pallas permitieron que en ese momento ella pudiese alzar a la pequeña colocándola encima suyo, dejando que así se acurruque allí mientras ella le hacía todos los mimos necesarios para demostrarle su cariño.
 

          — En cierto sentido tuviste suerte, Nike. De haberse activado la maldición mucho antes, hubieras sido una niña eternamente. Una muy linda muñequita con la que Ariadne y yo podríamos jugar todo el día a la comidita sin que pudieras quejarte.

          — Sabes que tu comentario no es lo que más me molesta ahora… Sino ese pecho tuyo contra el que me estás apretando… Sabes la envidia que me das y aun así lo haces a maldad, ¿cierto?
          — Claro que lo sé, Nike querida. ¿En verdad pensabas que me iba a dejar ganar? —Dijo Pallas con un ligero tono de maldad en su voz.
 

          Las tres diosas se rieron al darse cuenta de lo absurda que era la situación en la que estaban. Era lo que les faltaba, un momento de verdadera paz antes de embarcarse en una misión casi suicida como lo era el declararles guerra a los otros once reinos de Etherias. En el fondo, ellas sabían que, tras la guerra, nada sería como en aquel entonces.
          Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando alguien tocó apresurado la puerta de su habitación. Del otro lado de la puerta, quien se encontraba allí se identificó como Miare de Piscis. Pallas podría haber pecado de confiada al abrirle a un desconocido de no ser porque ella conocía el cosmos que emitía el Santo Dorado. Sacó el seguro de la puerta y la abrió tratando de que el picaporte no chocara contra el armario donde ella y sus hermanas guardaban sus prendas.
 

          — Buenas tardes, diosa Athena, diosa Pallas, diosa Nike —dijo el joven Santo de veintitrés años tratando de ser cordial por alguna vez en la vida— disculpen la intromisión.
          — Miare, me alegro mucho de verte —dijo la pequeña Nike quien, para guardar las apariencias, ya había regresado a su cama y se había sentado en ella. Hubiera sido terrible que le hubiese visto comportarse como una niña.
 

          El joven no respondió al comentario. Mantenía su mirada fija en el suelo mientras caminaba recto en dirección de la joven diosa Athena. Él se inclinó hacia el frente, y comenzó a murmurarle algunas palabras al oído a Ariadne, levantando un aura de misterio en la habitación
 

          — Ariadne, sé que aún no es la hora de continuar la reunión, pero… ¿puedo hablarte un momento en privado? —dijo Miare.
          — Con gusto, Miare —respondió la diosa—.  Por favor hermanas, ¿podrían dejarme un rato a solas con nuestro querido Miare?  
 

          Las dos diosas que siempre acompañaban a Ariadne salieron de la habitación sin hacer queja alguna. A pesar de ello, Nike se sentía ligeramente mal por dentro: Miare no había correspondido su alegría de verlo. Cerraron la puerta tras de sí, mas no se marcharon del lugar, sino que se quedaron a escuchar lo que el Santo de Piscis tenía que decirle a su diosa Athena. Mas bien, Pallas fue la única que colocó su oído esperando entender algo de lo que se decía en la habitación contigua, mientras que Nike acostada sobre su regazo miraba al vacío pensando en quien alguna vez fue su amigo Miare.
 

          — Ariadne, mira… te debo pedir algo, no lo tomes como un favor, sino como una súplica de alguien quien siempre te será leal. Por favor, protege a Nike.
          — Siempre lo he hecho y siempre lo haré, descuida Miare.
          — Esta vez estoy hablando en serio, Ariadne. Iremos a la guerra, y lo quieras o no, Nike es, en cierto sentido, tu arma. Estaremos en el campo de batalla, donde infinidad de peligros acecharán, y tú tratarás de protegerte con su ayuda, pero eso solo cambiará el objetivo del daño, de ti a ella. Por eso te pido que la cuides.
          — Comprendo tus temores Miare, y aunque en tu cabeza ronde la idea de que nunca he pensado en ello, lo he tenido como uno de mis demonios personales desde que tomé la decisión de pelear.
          — Nunca he perdonado que la sola existencia de Nike haya sido considerada una maldición, una broma de los dioses. Y usted, como principal causa de su actual condición, en algún momento no pensé, me dejé llevar por los instintos, y la odié. Pero eso ha quedado atrás, diosa Athena, he venido a suplicarle que me perdone.
          —Supongo que es normal eso, Miare. No te lamentes. Cuando el Patriarca me confirmó mis temores hace algunos años, yo tampoco podía dejar de culparme. Sin que nadie lo supiera lloraba cada noche hasta que acepté que quizás no había más que yo pudiera hacer, y que, si Nike descubriera mis lágrimas, peor hubiese sido para ella.
          — Yo también hubiera deseado impedir eso. Siempre pensé que, de haber escapado exitosamente junto con Nike aquella vez cuando podía, quizás ella hubiera seguido viviendo de forma normal hasta su adultez. Aunque fui considerado todo un traidor, no me hubiese importado en lo absoluto si realmente con ello podía detener sin saberlo, aunque sea un poco, ese desgraciado destino que le aguardaba.
          — Miare, tú… ¿sigues amándola?
          — No digas tonterías, Ariadne. Nike es una de las diosas a quien le he jurado lealtad y fidelidad, solo eso. Hace tiempo le hice una promesa y pienso cumplirla, solo eso. No vuelvas a repetir esas palabras, mucho menos frente a ella. Te lo pido, Ariadne.
          — No lo haré. Quédate tranquilo, Miare.  
          — Espero que cumpla su palabra, diosa Athena —dijo él mientras hacía una venia antes de marcharse de dicha habitación.
 

          Al escuchar los pasos del otro lado de la puerta, Pallas forcejeó el brazo de la otra diosa esperando que se parara por su propia cuenta. Hubiera habido un problema mayor con Miare si él se enteraba que había estado espiando algo que no debía de oír ella. Su estatuto como diosa le salvaba de cualquier técnica que él pudiese haberle lanzado en represalia, pero el hecho de que desconfiara de ella podía hacerle más castigo que unas simples rosas envenenadas.
 

          — Levántate Nike, es hora de que nos marchemos de aquí.
          — No tendríamos que pasar estas vergüenzas si es que a alguien no le gustara espiar las conversaciones de nuestra hermana Ariadne —dijo Nike mientras, ya parada, se sacudía el polvo del vestido que llevaba puesto.
          — Sabes que no confío demasiado en Miare, él es un tanto extraño. Siempre me ha parecido que, a pesar de que nos juró lealtad tiempo atrás, nunca me ha visto con buenos ojos.
          — Miare es un chico bueno, Pallas. Él dijo que nos protegería a las tres, y hasta ahora no nos ha mentido. Y pues… aunque haya cambiado con los años, pienso que en el fondo puede tratarse del mismo Miare que yo conocí, por lo que solo quiero creer en él.
          — Ay, Nike… Si tan solo supieras la suerte que tienes… —dijo ella para sí misma mientras le observaba siendo tan pequeña, frágil e incapaz. Incapaz de entender la razón detrás de la forma en que Miare la trataba ahora. 
 

          Ellas ya estaban del otro extremo del corredor cuando Miare abrió las dos puertas de la “recámara de las diosas”. Observó a sus dos lados antes de salir impetuosamente de allí y se dirigió en la dirección en que se encontraba la hermosa Pallas y, casi resguardada entre sus brazos, la pequeña Nike. Caminaba relajadamente, como un matón promedio, siempre con una actitud hiriente y con una mirada que hacía daño a cualquiera con quien se cruzara. Él solo se limitó a hacer una venia de respeto cuando tuvo a las dos diosas frente a él. No les dirigió ni una sola palabra, solo continuó siguiendo el pasadizo hasta perderse nuevamente dentro del gran laberinto de paredes que tenía delante suyo.
 

          — Extraño al viejo Miare, Pallas. En verdad lo extraño…


Editado por Sagen of Atenas, 07 abril 2020 - 13:53 .

Aviso de desinterés público...


...si es que deseas leer un fanfic, puedes darle un vistazo a mi nueva historia:

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                              "Los Reinos de Etherias"      Ya disponible el Cap. 8

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#17 Patriarca 8

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Publicado 01 abril 2020 - 09:48

Capítulo 3. La reunión dorada

 

¿quien es Atmetis?

 

Ojala que esta Athena sea una lider competente durante la guerra que se avecina

 

Kyouka tiene muchos vicios

 

esos caballeros y amazonas son peores que politicos en campaña presidencial XD

 

 

 

 Capítulo 4. La recámara de las diosas

 

 

Nike tiene la maldición de un vampiro XD

 

la discusión de Nike y de Pallas es igual a la que suelen tener las saintias ,que me late que pronto harán una fiesta de piyamas y cantaran canciones de disney mientras bailan  <_<

 

no entendí cual es el problema con Miare  


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#18 unikron

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Publicado 01 abril 2020 - 19:34

buen capitulo

 

saludos



#19 Lairiel99

Lairiel99

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Publicado 01 abril 2020 - 20:37

Saludos, cangrejin.

 

Finalmente me digné a leer el primer capítulo, dejame decirte que me alegra ver como tu estilo evolucionó tanto con el tiempo; me saco el sombrero ante ti.

La trama es interesante, y como te digo, me encanta el estilo de escritura que estás adaptando. Por lo demás, dejame dejarte unos consejos que puedan servirte mas adelante:

-Intenta evitar los verbos terminados en "-mente", puedes ser mucho mas creativo con las palabras. ¡Si nos deleitas con descripciones tan precisas, puedes encontrar una forma de cambiar aquellos verbos!

-Intenta no repetir la misma palabra varias veces; tienes sinónimos y otros recursos que puedes utilizar.

-Ten cuidado con la manera de hablar de los personajes, intenta de que sea lo mas acorde a su personalidad posible.

-Lee, relee y reedita: así irás evolucionando, corrigiendo tus propios errores y avanzarás de una forma en la que no te imaginas.

 

Con respecto a la cuenta de MAL; tampoco me deja enviar mensaje hasta tener mínimo tres dias de logueo :'v.

Si tienes discord, podrías agregarme si quieres, asi podemos hacerla mas corta y comenzar a ponernos al día. Encontré dos sobrevivientes mas, asi que pronto podremos juntarnos nuevamente en algun chat.

 

Mi cuenta de discord es lairiel99#6959 (va con esos numeritos).

 

Nada mas que decir Sage.

Un cordial saludo y estariamos hablando en estos dias.



#20 Lairiel99

Lairiel99

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Publicado 14 abril 2020 - 21:57

Cangrejin, un saludo.

 

He leido hasta el cap 4 del fanfic (entre los entretiempos que se me dan en el trabajo), y quiero felicitarte por como estas hilando la historia, lo haces perfectamente.

La quimica entre tus diosas es excelente; tus personajes se sienten muy humanos, en especial tus Saints Dorados (cosa que ni el clásico pudo conseguir tan bien). El hilo de la historia va bien, avanzas a pasos lentos pero destapando cosas interesantes en cada capítulo. Tu prosa es impecable, muy pulcra y con un gran valor estético (mi prosa es mas desaliñada y directa; la tuya llega a rozar la lírica sin tocarla, y eso la hace tan bella).

 

 

No veo la hora de que empiecen los madrazos, estate seguro que tienes un nuevo seguidor.

 

Nada mas que decir, Sage. Un saludo y sigue escribiendo.






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