SKIN © XR3X
x

Jump to content


* * * * * 1 votos

Sueños y Luz


  • Por favor, entra en tu cuenta para responder
54 respuestas a este tema

#41 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 01 agosto 2018 - 20:34

Me pregunto que es lo que estara planeando Hilda y para

 

que necesita la presencia de Athena en asgard

 

al parecer Thor empieza a sospechar que algo extraño esta pasando en asgard

 

me agrado la forma en que narraste el pasado de Thor  fue algo emotivo

 

creo que usaras la version de Shura del manga clasico en el cual el si sabia la verdad sobre Athena



#42 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 12 agosto 2018 - 21:45

Otra actualización más. Espero que disfruten el capítulo. Un gran saludo.

 

11

El Laberinto de la Luz y la Sombra

 

Japón

 

‘¿Qué sucede?’, el caballero de plata de la constelación de Orión preguntó. ‘Se ven sorprendidos por mis palabras. ¿Acaso creyeron que su pequeña competencia iba a pasar desapercibida?’.

 

‘Entonces eso quiere decir que el caballero del Cisne fue enviado por el Santuario’, Shiryu dijo, dándose cuenta de la situación.

 

‘Así es’, Hyoga respondió. ‘Lo que dice el caballero de Orión es cierto’.

 

‘Lo más seguro es que ellos lo hayan enviado con la intención de recuperar la armadura de oro perdida’, Jäger comentó. ‘Era de esperarse, después de todo’.

 

Seiya se encontraba impactado por las palabras del supuesto caballero de plata. ¿En verdad el Santuario había encargado a ese sujeto Hyoga de recuperar la armadura de oro? Entonces el quería decir que el caballero del Cisne les había mentido a todos acerca de sus intenciones.

 

‘No me importa de qué demonios estés hablando’, Ikki dijo, ‘pero no dejaré que escapes de este lugar con vida. Acabaré contigo antes de ocuparme de los demás’.

 

‘Me gustaría verte tratar de hacer cumplir tus palabras’, Jäger de Orión le contestó a Ikki con una sonrisa. ‘Aunque confieso que no creo que tengas éxito’.

 

‘Yo me encargaré de este insolente, señor’, el caballero negro que acompañaba a Ikki intervino mientras se acercaba rápidamente al caballero de Orión. ‘Si realmente eres tan poderoso, entonces no te importará luchar contra un caballero negro’.

 

‘Qué molestia’, Jäger de Orión dijo, frunciendo el ceño. ‘No me agrada la idea de perder mi tiempo luchando contra pobres diablos. Pero, ¿qué más da? ¿Quien sabe? Tal vez pueda divertirme un poco contigo’.

 

‘¡Entonces comencemos!’.

 

El caballero negro arremetió contra el caballero de plata y le lanzó un veloz golpe. Sin embargo, antes de que su ataque pudiera conectar, Jäger de Orión se aparto del camino del ataque con una velocidad casi imperceptible.

 

{¿A dónde se fue?}, Seiya pensó. La respuesta no tardó en llegar en forma de una carcajada.

 

Seiya miró hacia arriba. Para su asombro el sujeto Jäger de Orión se encontraba en el aire. Aparentemente él había saltado sin ser percibido por ellos.

 

‘¡Miserable!’, el caballero negro gritó al verlo. ‘No dejaré que te burles de mí’.

 

A pesar de los esfuerzos del caballero negro por golpearlo, una vez que Jäger de Orión cayó al suelo, él esquivo cada uno de sus golpes con una facilidad desconcertante. Seguidamente, el caballero de plata arrojó su capa al rostro del caballero de negro, haciéndolo distraerse del combate. Luego, con la misma feroz velocidad, Jäger pateó al caballero negro en el rostro y lo hizo caer al suelo inconsciente.

 

Increíblemente, Jäger de Orión había a uno de los caballeros negros de Ikki sin ninguna dificultad.

 

‘Eso fue una pequeña muestra de la distancia que separa a un caballero de plata de un caballero de bronce’, Jäger les dijo. ‘Mientras que ustedes apenas pueden moverse a la velocidad del sonido, nosotros los caballeros de plata podemos movernos muchas veces a esa velocidad sin el más mínimo esfuerzo. Díganme, ¿cómo piensan enfrentarme si ni siquiera pueden golpearme?’.

 

‘Se ve que te gusta hablar de más’, Ikki le dijo con una sonrisa. ‘En cualquier caso, no tienes por que sentirte tan orgulloso de haberte encargado de uno de mis hombres. Yo mismo derroté a un gran grupo de caballeros negros antes de obtener mi armadura’.

 

‘Ah, sí, casi lo olvidada’, Jäger dijo con una sonrisa. ‘Tuviste mucha suerte en obtener ese armadura… o quizás realmente eres un sujeto digno de portarla. Pero aun si lo fueras, eso no importaría. No tienes ninguna oportunidad de vencerme, Fénix’.

 

‘Ya has dicho eso varias veces’, Ikki notó. ‘Creo que es hora de que me lo demuestres’.

 

Jäger adoptó una postura de combate. ‘Puedes empezar cuando quieras, Fénix’.

 

Seiya podía notar la tensión en el ambiente. Tanto Ikki como ese sujeto llamado Jäger parecían totalmente confiados de sus habilidades. Todo indicaba que ninguno de los dos se sentía amenazado por el otro.

 

Luego, menos de un abrir y cerrar de ojo, Ikki y Jäger entraron en combate. Rápidamente, ambos intercambiaron varios golpes y patadas feroces. No obstante, se volvió claro que ninguno de ellos parecía estar obteniendo la ventaja. Cuando Jäger bloqueaba un golpe de Ikki, él procedía a contraatacar, y cuando Ikki bloqueaba el contraataque, él retomaba su ofensiva.  La pelea era un completo empate.

 

Seiya quería aprovechar el momento para recuperar la armadura, pero desafortunadamente él no sabía hacia dónde rayos Ikki y sus hombres la habían llevado. Sin tan sólo él supiera su ubicación, Seiya estaba seguro de que todo terminaría. A él no le importaba el destino de Ikki o el del caballero de Orión. Por la única razón que él se encontraba en el callejón era para recuperar la armadura. Al hacerlo, el torneo podría volver a comenzar y Seiya tendría la oportunidad reunirse con su hermana Seika una vez que él resultara campeón.

 

‘¡Toma esto!’, Ikki gritó súbitamente, al tiempo que él hacía arder sus cosmos. ‘¡Alas del Fénix!’. El ataque envió volando a Jäger de Orión por los aires con gran fuerza. Sin embargo, algo extraño ocurrió. El aura en llamas de la técnica pareció extinguirse por una especie de remolino.

 

Seiya volvió a escuchar la risa del caballero de Orión. ‘¡Ahora es mi turno, Fénix!’, él dijo. ‘¡Choque Megatómico de Meteoro!’.

 

Jäger cayó en la dirección donde se encontraba Ikki, haciendo girar su cuerpo sobre sí mismo, adoptando la apariencia de un meteorito que emanaba una energía violeta. El caballero de Orión descendió como un proyectil a toda velocidad sobre el caballero del Fénix y una vez que él se encontró lo suficiente cerca de Ikki, en el último momento, Jäger deshizo la bola que su cuerpo y extremidades estaban formando, y terminó el movimiento lanzando su pie hacia adelante para golpear de lleno con una fuerte patada el estómago del Fénix, quien salió impulsado varios metros hacia atrás hasta chocar brutalmente contra uno de los muros de callejón.

 

{¡I-increíble…!}, Seiya pensó. {¡Ese sujetó derrotó a Ikki con un sólo golpe de su técnica…!}.

 

‘Debo admitir que me sorprendes, Fénix’, Jäger le dijo a Ikki, respirando con algo de dificultad. ‘Me distes mucho más problemas de los que había pensado’. El caballero de plata sonrió. ‘Pero creo que al final yo tuve la razón. No fuiste lo suficientemente fuerte como para derrotarme’.

 

‘¡Hermano!’, Shun gritó.

 

Jäger avanzó hasta Ikki. ‘Ahora, ¿que te parece si me dices dónde ocultaste la armadura de oro de Sagitario, Fénix? No quiero seguir perdiendo el tiempo inútilmente, así que terminemos con esto’.

 

‘¿Acaso crees que dejaré que te lleves la armadura de oro?’, Seiya le gritó al caballero de plata, llamando su atención. ‘He trabajado mucho y pasado por muchas pruebas como para dejar que un sujeto como tu se burle de mí. No me importa si eres un caballero de plata o no, pero te derrotaré cueste lo que cueste’.

 

‘Valientes palabras, Pegaso’, Jäger le dijo. ‘Ahora quiero verte intentar cumplirlas’.

 

Grecia

16 años atrás

 

‘¡¿Acaso te volviste loco, Shura?!’, Aiolos exclamó, sosteniendo fuertemente a Athena en sus brazos con la esperanza de mantenerla a salvo. ‘¿Cómo puedes decir una tontería como esa? ¿Realmente piensas que te entregaré a Athena?’ El llanto de la bebé se hizo más intenso y desgarrador. ‘¡Maldición! ¡Eres un caballero de oro! ¡Actúa como tal!’.

 

‘¡Silencio!’, Shura dijo con su ceño fruncido. ‘Veo que no quieres hacer esto de la manera fácil, Aiolos. Está bien. Entonces tendré que obligarte. ¡Recibe el poder de Excálibur!’.

 

Aiolos nuevamente vio la enorme cuchilla proveniente del brazo de Shura acercarse a ellos a una velocidad tremenda. Sin embargo, esta vez él estuvo preparado para el golpe de su camarada. Aiolos ágilmente saltó a un lado para esquivar la espada Excálibur y seguidamente él contestó el ataque con una de sus técnicas.

 

‘¡Flecha Sombra!’, Aiolos dijo, materializando su cosmos  en la forma de una flecha, la cual se adhirió a la sombra de Shura, provocando una parálisis en todo su cuerpo.

 

La Flecha Sombra era una técnica defensiva que Aiolos había diseñado con la intención de neutralizar a su oponente sin causarle daño. La técnica era una especie de as bajo la manga, ya que ni Saga ni Shura, ni siquiera su hermano Aiolia, conocían de su existencia.

 

¿Qué demonios está pasando?’, Shura preguntó, tratando de moverse. ‘¡Maldito Aiolos! ¿Qué técnica es esta?’.

 

‘Es inútil, Shura’, Aiolos le dijo. ‘No podrás moverte por más que lo intentes. Mi flecha se encargara de mantenerte inmovilizado’.

 

‘¡Tu pequeño truco no podrá detenerme por mucho tiempo, Aiolos!’, Shura exclamó, intentando zafarse del poder de la flecha. Él tenía razón.

 

Una vez conectada, la Flecha Sombra tenía dos puntos débiles muy simples: el paso del tiempo y el cosmos del enemigo. La efectividad de la técnica lamentablemente tenía una duración muy corta, apenas de unos cuantos minutos con algo de suerte. Sin embargo, si el cosmos oponente era lo suficientemente fuerte, el efecto de la flecha podía verse reducido considerablemente. Y algo de lo que Aiolos estaba seguro, era que Shura poseía una cosmoenergía considerable.

 

‘Antes de que te derrote, quiero saber el porqué’, Aiolos dijo acercándose cuidadosamente a Shura, con Athena aun en sus brazos. ‘¿Por qué traicionaste al Santuario, Shura?’.

 

Sin embargo, su compañero no le contestó. Él sólo siguió intentando moverse. Aiolos no vio más opción. Antes de que el efecto de la flecha se terminara, él arremetió contra Shura y lo golpeó fuertemente en el rostro, dejándolo caer al suelo casi inconsciente.

 

Aiolos salió corriendo de la casa de Capricornio con dirección a la casa de Sagitario. Ahora que él sabía que Shura y Saga estaban trabajando juntos, las probabilidades de Aiolos de poner a salvo a Athena estaban disminuyendo.  Sin embargo, él aún tenía una última esperaza: el antiguo caballero de oro de Libra. El sabio maestro Dōko de los cinco picos de China era quizás el único hombre tan sabio como el mismo Patriarca. Él seguramente sabría que hacer con Athena.

 

Al llegar a la casa de Sagitario, Aiolos se permitió el lujo de detenerse por solo unos pocos segundos para tratar de recobrar el aliento. Después, el cuidadosamente puso a Athena en un rincón de su templo mientras él convocaba a su armadura. Mientras lo hacía, algo sucedió. Un resplandor comenzó a emanar a pocos metros de él, justo donde Athena se encontraba. La luz era completamente segadora, como nada que Aiolos hubiera visto antes en su vida.

 

{¡Es Niké…!}, Aiolos dio cuenta. Niké era la diosa de la victoria que siembra había acompañado a Athena desde tiempos inmemoriales. Ella había tomado la forma de un cetro completamente dorado. La forma del detalle en la parte superior se asemejaba a un águila que tenía abiertas sus alas las cuales se juntaban en la parte superior formando una circunferencia cerrada.

 

Todo parecía indicar que Niké había sido llamada por Athena desde su lugar de reposo en el Santuario. De ser así, entonces eso quería decir que aún había una oportunidad recuperar el Santuario de las manos de Saga y Shura.

 

Aiolos tomó el cetro, no pudiendo evitar sonreír por lo que había sucedido. Tal vez Athena aún estaba resguardando a sus caballeros. Sin embargo, eso no podía decir que él debía confiarse. Antes de marcharse, Aiolos decidió asegurarse de dejar algunas cosas  en la casa de Sagitario en caso de que él no lograra sobrevivir la noche.

 

Al terminar, Aiolos se colocó su armadura y salió huyendo con Athena a toda velocidad del templo del aquero. Él atravesó sin mayores problemas las casas de Escorpio, Libra, Virgo, Leo y Cáncer.

 

Sin embargo, al llegar a la casa Géminis y entrar en ella, Aiolos sintió una extraña sensación. El templo obviamente se encontraba vacío, pero aun así el lugar parecía estar emanando una especie de aura misteriosa que inundaba cada rincón de él. Era como si otra presencia además de ellos se encontrara en la casa. Saga le había contado acerca de las características del templo de los gemelos, el cual estaba diseñado con la intención de confundir y perturbar a cualquiera que entrara ahí.

 

No obstante, ese no era el momento para ponerse a pensar en cosas como esa. El tiempo apremiaba y Athena necesitaba lograr salir del refugio ilesa. Aiolos respiró profundamente y procedió a recorrer por los pasillos de la casa. Mientras lo hacía, él no pudo evitar volver a pensar acerca de lo que acababa de suceder. Aiolos aún no podía comprender cómo Saga, a quien el consideraba tanto su mejor como el caballero más noble en el Santuario, había podido atreverse a usurpar al Patriarca e intentar matar a Athena. Eso no tenía ningún sentido.

 

Poco tiempo después, al llegar al centro del templo, Aiolos notó que la armadura de los gemelos se encontraba ahí, brillando intensamente. El ropaje que representaba a la constelación de Géminis, era una figura con dos cabezas y cuatro brazos, la cual representaba a gemelos fusionados por los hombros y las piernas.

 

 Aiolos se quedó mirándola por unos instantes antes de proceder con su camino.

 

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que él notara que algo estaba mal. Aiolos se dio cuenta de que por más que avanzará, él no podía vislumbra la salida de la casa. No había explicación, pero Athena y él parecían haber estado dando vueltas inútilmente por el templo. El hecho de llegar nuevamente al centro de la casa, en donde la armadura de Géminis se encontraba confirmó los temores de Aiolos.

 

¿Qué estaba pasando? Aiolos había atravesado varias veces el templo de los gemelos con anterioridad. Sin embargo, él nunca se había encontrado con ese extraño laberinto ¿Acaso era posible que Saga estuviera haciendo eso? ¿Era ese el secreto de la casa de Géminis del cual tanto su amigo le había hablado?

 

De pronto, sin la menor advertencia, la armadura de Géminis comenzó a ensamblarse por sí sola, como si ella estuviera cubriendo el cuerpo de Saga. La figura del ropaje vacío era desconcertante. De pronto, una voz se hizo presente en el templo.

 

‘Jamás podrán la casa de Géminis’.

 

Aiolos reconoció inmediatamente la voz de su camarada, la cual parecía provenir directamente de la armadura.

 

‘¿S-Saga…?’.

 

‘¿Acaso creíste que los iba a dejar escapar tan fácilmente, Aiolos?’. Aiolos sintió un gran cosmos recorrer el lugar. ‘Ahora mismo me desharé de ustedes ¡Los enviaré a un lugar del cual no podrán volver!’.

 

‘¡¿Qué…?!’.

 

 ¡Tomen esto! ¡Otra Dimensión!’.

 

Aiolos sintió un horrible cosmos envolver su alrededor. Luego, casi inmediatamente, él vio algo imposible de creer. Repentinamente la casa de Géminis se había vuelto una especie de oscuro vacío, como si en ese lugar se hubiera abierto un agujero que daba hacia el espacio exterior. Seguidamente, Athena y él fueron succionados por el terrible efecto de la técnica de Saga.


Editado por Arquero Dorado, 22 agosto 2018 - 21:06 .


#43 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 13 agosto 2018 - 11:35

El caballero negro fue usado como carne de cañon

 

me agrado el combate de Ikki y Jäger

 

al parecer  Ikki  habia alcanzado el nivel de caballero plateado

 

me pregunto porque  Shura se habra vuelto un traidor

 

El caballero de Junini si que es fuerte XD


Editado por T-800, 13 agosto 2018 - 11:36 .


#44 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 27 agosto 2018 - 19:39

He logrado subir un nuevo capítulo antes de lo planeado. Espero que sea de su agrado. Un saludo.

 

12

La Salida del Santuario

 

Japón

 

‘¡Toma esto!’, Seiya exclamó, encendiendo su cosmos al máximo mientras avanzaba hacia el supuesto caballero de plata que los había atacado. ‘¡Meteoros de Pegaso!’.

 

Él estaba más que conciente que ellos debían derrotar a su oponente si querían recuperar la armadura de oro. Si Jäger de Orión lograba apoderarse del ropaje, Seiya perdería la oportunidad de reencontrarse con su hermana. Era por esa misma razón que Seiya tenía que luchar con todas sus fuerzas hasta al final sin importar las dificultades en su camino.

 

Sin embargo, a pesar de atacar al caballero de plata con todo lo que él tenía, Seiya vio cómo de Orión increíblemente precedió a bloquear el golpe de todos y cada uno sus meteoros fácilmente, usando nada más que sus manos desnudas.

 

‘¡Tu ataques son muy lentos, Pegaso!’, el caballero de plata le dijo entre risas. ‘Lamento decirte que no tienes ninguna oportunidad de vencerme. ¡Es inútil que lo sigas intentando!’. El caballero de Orión nuevamente adoptó una posición de lucha. ‘Observa, te mostraré la diferencia entre nuestras fuerzas’.

 

Seiya no estaba seguro de que hace ahora que sus meteoros habían fallado. Lo mejor sería que él encontrara otra forma de superar a su oponente y rápido. Mientras Seiya se encontraba pensando sobre qué hace, el caballero de plata de Orión encendió su enorme cosmos y saltó por los aires a una gran velocidad, justo como lo había hecho con Ikki.

 

‘¡Cuidado, Seiya!’, Shiryu le gritó, al parecer dándose cuenta de lo que estaba por venir.

 

‘¡Choque Megatómico de Meteoro!’, Jäger gritó mientras él descendía hacia a Seiya.

 

La velocidad del golpe probó ser demasiada como para esquivarla, así que Seiya recibió de lleno en su pecho la técnica del caballero de Orión. El impacto fue lo suficientemente brutal como para no solo arrojarlo al piso al borde de la inconciencia, sino también para provocar un grave daño en su armadura.

 

Era increíble. Seiya jamás había sentido un poder tan basto. Ni siquiera mil años de entrenamiento con Marín en Grecia podrían haberlo preparado para esa clase de potencia. Ese sujeto simplemente era demasiado fuerte para ellos.

 

‘¡Seiya!’, Shiryu y Shun gritaron al mismo tiempo.

 

‘¿Ya tuviste suficiente, Pegaso?’, Jäger le preguntó, acercándose a él.

 

{M-mi cuerpo… mi cuerpo no quiere moverse…}, Seiya se dio cuenta. {¿C-cómo puedo luchar contra un sujeto así…? S-su poder es… increíble…}.

 

‘Parece que has entendido la gran distancia que nos separa’, el caballero de plata le dijo. ‘Muy bien. Entonces no te haré sufrir más. Ahora mismo de apartaré de tu dolor’. Seiya pudo sentir a  Jäger elevar su cosmos. ‘¡Muere, Pegaso!’.

 

‘¡Alto!’, una voz gritó. La voz de Hyoga de Cisne. ‘Detente’.

 

‘¿Qué quieres, caballero del Cisne?’, Jäger preguntó. ‘¿Acaso está pensando en enfrentarte a mí?’

 

‘No, no es eso’, Hyoga respondió. ‘Sólo quiero que sepas que el Santuario me encargó la tarea de recuperar la armadura de oro. Tú y yo tenemos la misma misión. Pero si estás aquí entonces… eso quiere que el Patriarca no confío en mis habilidades’.

 

A pesar de encontrarse a punto de perder la conciencia, Seiya pudo ver a Jäger sonreír ligeramente. ‘Estás equivocado, caballero Cisne’, él dijo. ‘Yo no he venido aquí por órdenes del Santuario. Yo estoy aquí por mi propia cuenta’.

 

‘¿Qué dices?’, Hyoga preguntó.

 

‘Siento decirte que las órdenes del Santuario no son mi prioridad. Honestamente la voluntad del Patriarca me tiene sin el menor cuidado’.

 

‘¿Entonces no planeas devolver la armadura al Santuario?’, Hyoga preguntó.

 

‘¿Quién sabe?’, Jäger de Orión contestó. ‘Aún no decido qué hacer con el ropaje de Sagitario. Tal vez me lo quede como un trofeo’.

 

‘No puede creer lo que estoy escuchando’, Hyoga dijo. ‘¿Acaso eres un traidor?’.

 

‘Lo que pienses de mí no me importa, caballero Cisne’, Jäger dijo. ‘Ahora, apártate de mi camino o prepárate para sufrir las consecuencias.

 

Seiya notó de que el caballeo del Cisne tardó un momento antes de responder. ‘Parece que no tengo otra opción’, él finalmente dijo. ‘Tendré que derrotarte para asegurarme que la armadura vuelva al Santuario’.

 

‘Si ese es tu plan, entonces adelante’, Jäger dijo. Adelante, Hyoga. Demuéstrame lo que Camus te enseñó’.

 

Mientras él trataba inútilmente de levantarse, Seiya pudo sentir un gélido cosmos brotar del cuerpo del caballero de Cisne. Él estaba preparándose para atacar.

 

'¡Tú lo quisiste!’, Hyoga finalmente exclamó. ‘¡Polvo de Diamante!’.

 

Grecia

16 años atrás

 

Aiolos se encontraba completamente desesperado. La terrible técnica de Saga los había enviado a Athena y él a una especie de oscuro vacío sin fin aparente, el cual los seguía arrastrando con una fuerza tremenda hacia un destino incierto. Él debía encontrar la manera de que ambos escaparan ese horrible lugar a toda costa. De lo contrario, ellos seguramente morían una muerte agonizante. Aiolos trató de pensar en algo, cualquier cosa, pero absolutamente nada se le venía a la mente. La Otra Dimensión de Saga parecía ser totalmente ineludible.

 

Sin embargo, luego del transcurso de unos segundos, los cuales se sintieron como toda una eternidad, algo extraño sucedió. La técnica de Saga súbitamente pareció perder su efecto, y Aiolos cayó estrepitosamente al piso, para encontrarse de vuelta en la vacía y lúgubre casa de Géminis.

 

Eso no era todo. Por alguna extraña razón, la armadura de Saga había quedado inmóvil, casi como si él detenido su ataque hacia ellos. Aiolos no podía encontrarle una explicación a lo que había sucedido. ¿Acaso su camarada había decidido rendirse? No obstante, él sabía que el porqué detrás ese hecho tan extraño no era importante. Lo importante es que ellos habían conseguido escapar de la Otra Dimensión. Sin perder tiempo, Aiolos decidió aprovechar la oportunidad para contraatacar.

 

Con uno de sus kens, él golpeó el ropaje tan fuerte como pudo y lo hizo caer al piso en forma de simples piezas inertes. Aiolos inspeccionó la armadura por un instante antes de de escapar con Athena del lugar tan rápido como le fue posible. Afortunadamente, a diferencia del templo de los gemelos, las casas de Tauro y Aries no ocultaron ningún obstáculo en su interior, así que él pudo atravesarlas sin ningún problema. El camino estaba despejado. Aiolos podía finalmente divisar la salida del Santuario.

 

Fue entonces que la potente cuchilla de cosmos seccionó repentinamente un enorme trozo del suelo delante de él, evitando así que Aiolos pudiera continuar su avance.

 

‘Parece que llegué a tiempo’, la voz le dijo. ‘Un poco más y habrías logrado escapar’.

 

Aiolos dirigió rápidamente su mirada hacia atrás. Al hacerlo, él pudo ver a su antiguo amigo saliendo de la casa de Aries. ‘¡Shura!’.

 

‘Te dije que tu tonto truco no me contendría por mucho’, el caballero de Capricornio le dijo mientras caminaba hacia él. ‘Cometiste un grave error, Aiolos. Y ahora lo vas a pagar caro’.

 

{Demonios}, Aiolos pensó. Shura había demostrado ser capaz de zafarse de su técnica con más rapidez de la que a él le hubiera gustado. Pero de no haber sido por el tiempo que Aiolos había perdido por culpa del laberinto de la casa de Géminis y los trucos de Saga, él seguramente habría podido salir del Santuario sin ningún otro problema.

 

Shura levantó su brazo rápidamente y concentró su cosmos en él. ‘¡Es tu fin, Aiolos!’.

 

‘¡Flecha Sombra!’, Aiolos exclamó, lanzando nuevamente su técnica con la esperanza de atrapar a Shura por segunda ocasión.

 

Sin embargo el gesto resultó ser inútil. Shura cortó la flecha en dos sin mayores problemas usando su Excálibur. ‘Tú mejor que nadie que una misma técnica difícilmente funciona dos veces contra un caballero de oro’, él le dijo. ‘Sobre todo una tan patética como esa. Acéptalo, Aiolos: no tienes salida’.

 

{Es posible que él tenga razón}. ‘Entonces tendré que luchar contra ti, Shura’, Aiolos dijo, ocultando a Athena en una de las rocas que él tenía a un lado con el fin de protegerla de la lucha. No obstante la idea de tener que lastimar a su antiguo amigo le era casi insoportable. {¿Cómo pudo haber pasado esto? Se suponía que nosotros debíamos luchar unidos en defensa de Athena}.

 

‘¡Que así sea!’, Shura exclamó, preparándose para atacar. ‘¡Excálibur!’.

 

Aiolos rápidamente saltó por los aires, esquivando el golpe de su compañero. Él sabía muy bien que aún contando con la protección de una armadura de oro, la espada Excálibur de Shura era sumamente de cuidado. Pocas técnicas entre los caballeros de Athena eran tan letales al impactar a quema ropa.

 

‘¡Ahora es mi turno!’, Aiolos gritó al caer al suelo, haciendo estallar su cosmos. ‘¡Trueno Atómico!’.

 

Shura saltó y esquivó el ataque por poco… justo y como Aiolos había esperado. Sin embargo, la onda de choque y los relámpagos producidos por la explosión de la técnica lograron alcanzar al caballero de Capricornio, causándole daño y derribándolo durante unos segundos, al tiempo que las rocas a su alrededor se volvían polvo, provocando que varios escombros cayeran en la zona.

 

Aiolos trató de aprovechar la oportunidad para buscar a Athena y así poder salir huyendo de lugar. Era ahora o nunca. Sin embargo, lamentablemente la voz de Shura no tardó en hacerse oír nuevamente.

 

‘Fallaste, Aiolos’, él le dijo, levantándose del suelo con algo de esfuerzo. ‘Pero no te preocupes. Puedes estar seguro de que yo no lo haré’. Aiolos se preparó para el inminente contragolpe de Shura, el cual no tardó en llegar. ‘¡Excálibur!’.

 

Nuevamente Aiolos logró esquivar milagrosamente el ataque de su compañero, pero él estaba conciente de que no podría mantener ese ritmo por mucho tiempo. Tarde o temprano, una de dos cosas sucederían. O Shura finalmente lo alcanzaría con su Excálibur… o Aiolos se vería obligarlo a matar a su camarada.

 

Mientras él seguía considerando ambas horribles opciones, algo inaudito sucedió. De pronto, un intenso rayo de luz comenzó a emanar del templo de los gemelos. No tardó mucho para que Aiolos se diera cuanta de que se trataba de la armadura de Géminis, la cual se dirigía velozmente hacia ellos. Al encontrase justo por sobre sus cabezas, el ropaje comenzó a ensamblarse por su cuenta, justo como lo había hecho hacía unos pocos minutos atrás.

 

‘¡S-Saga…!’, Aiolos exclamó. De alguna manera el caballero de Géminis había logrado controlar la armadura y enviarla al lugar del combate.

 

‘Te dije que no permitiría que dejaras el Santuario con vida, Aiolos’, la voz de Saga le dijo, haciendo eco en la vacía armadura. ‘Shura, es hora de terminar con esto de una vez por todos.

 

El caballero de Capricornio asintió lentamente. ‘Sí’.

 

{Maldición}. Aiolos pensó. Todo parecía indicar que el peor de sus temores se había hecho realidad. Él tendría que enfrentarse contra dos de sus camaradas caballeros de oro al mismo tiempo.

 

A Aiolos sólo le quedaba una única opción, quizás su última esperanza. Él aún tenía la flecha de Sagitario… pero Aiolos no quería usar ese recurso, al menos no contra sus camaradas. Al tratarse de una armadura vacía, Saga seguramente no corría peligro, lo cual haría del gesto de utilizar la flecha algo innecesario. Shura, por otra parte no contaba con esa ventaja… pero el matar al caballero de Capricornio era algo que Aiolos no quería hacer, especialmente en vista de que la guerra santa se estaba aproximando a ellos con cada día que pasaba.

 

‘¡Muere, Aiolos!’, la voz de Saga exclamó súbitamente mientras que la armadura vacía de Géminis arremetía contra él.

 

Aiolos esquivó el ataque de Saga rápidamente y luego contraatacó con uno de sus kens, haciendo retroceder al ropaje de oro unos cuantos metros. Sin embargo, justo en ese momento, Shura aprovechó la oportunidad y le lanzó un golpe brutal, impactándolo con su Excálibur directamente en el pecho. Aiolos cayó al suelo, sintiendo un enorme dolor recorrer su cuerpo. No obstante él rápidamente volvió a incorporarse, justo en el momento preciso para evitar ser aplastado por la poderosa patada de Shura.

 

‘Son unos miserables…’, Aiolos dijo, sangrando considerable a través de su armadura. De no haber sido por la protección de su ropaje, el ataque de Shura seguramente lo hubiera partido en dos. ‘¿Cómo se atreven a rebelarse contra Athena? ¿Acaso han olvidado su juramento? ¡Están deshonrándose a ustedes mismos! ¿Qué les da el derecho de olvidar sus deberes?

 

‘No tenemos por qué darle explicaciones a un hombre muerto’, Saga le contestó.

 

Por más que él odiara admitirlo, Aiolos debía reconocer que el caballero de Géminis probablemente tenía toda la razón. Su destino estaba sellado. Él difícilmente sobreviviría para ver otro amanecer.

 

‘No hagas esto más difícil de lo que tiene que ser, Aiolos’, Shura le dijo, casi rogándole. ‘Ríndete y acepta tu muerte con honor’.

 

‘No me hagas reír, Shura’, Aiolos replicó. ¿Cómo te atreves a hablar de honor?

 

‘Suficiente’, Saga dijo. ‘Shura, encárgate de Athena. Yo terminaré con Aiolos’.

 

Shura pareció dudar antes de responder. ‘Como digas’. El caballero de Capricornio se dio media vuelta y se dirigió hacia las rocas en donde se encontraba Athena. Aiolos trató de impedirlo, pero Saga se interpuso en su camino.

 

‘No correré el mismo riesgo dos veces, Aiolos’, el caballero de Géminis le dijo. ‘Esta vez te exterminaré de un solo golpe’.

 

Súbitamente Aiolos pudo sentir un enorme cosmos hacerse presente en el lugar. La cosmoenergía no parecía estar proviniendo de la armadura en sí. Más bien, el cosmos aparéntenme estaba siendo canalizado por medio del ropaje.

 

{¡Increíble…!}, Aiolos pensó.

 

‘¡Muere Aiolos!’, Saga exclamó. ‘¡Recibe mi técnica suprema!’.

 

{¡N-no puede ser…! ¿A-acaso esto es…?}.

 

‘¡Explosión Galáctica!’.


Editado por Arquero Dorado, 28 agosto 2018 - 19:59 .


#45 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 28 agosto 2018 - 19:49

Jäger de Orión si que es un rival poderoso

 

asi que Hyoga es leal al santuario

 

 Aiolos prácticamente lucho a la defensiva

 

 



#46 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 06 septiembre 2018 - 23:21

He logrado subir un nuevo capítulo. Espero que sea de su agrado. Un saludo.

 

13

El Despertar de Sagitario

 

Japón

 

 

‘¡Polvo de Diamante!’, Hyoga gritó, desatando la poderosa técnica que su maestro Camus le había ensañado contra Jäger, el caballero de plata de la constelación de Orión. En un principio él ingenuamente había pensado que ese hombre había estado siguiendo las órdenes del Santuario, pero, para su sorpresa, Jäger no resultó ser nada más que un renegado preocupado solamente por su persona.

 

‘¡Tonto!’, el caballero de plata le dijo mientras esquivaba su ataque al saltar velozmente por los aires. ‘No importa que seas el alumno que Camus! ¡Un simple caballero de bronce jamás podrá derrotarme!’.

 

Jäger descendió hacia Hyoga para luego golpear su rostro con una feroz patada. La fuerza del impacto hizo que él perdiera el equilibrio. Sin embargo, Hyoga estaba muy lejos de ser derrotado por algo tan simple. Después de que él logró retroceder y esquivar la segunda patada del caballero de Orión, Hyoga rápidamente concentró su cosmos y comenzó a irradiar a todo el callejón con un gélido aire, esperando que las bajas temperaturas disminuyeran la velocidad de su oponente. Él estaba confiado en su capacidad de obtener la victoria. Sumado al hecho de que Hyoga había sido entrenado por quien probablemente era el caballero de oro más poderoso, él también había visto con anterioridad la forma de combatir del caballero de Orión, la cual parecía estar basada en su potencia de ataque y agilidad de moverse libremente por el todo el lugar. Esas características tan peligrosas seguramente debían de estarse reduciendo gradualmente a causa del intenso frío.

 

{Ahora veremos cual será tú próximo moviendo, Jäger de Orión}, Hyoga pensó. {Me gustaría ver que puedes hacer contra el aire que todo lo congela}.

 

‘Veo que estas intentando usar tu cosmos en mi contra’, el caballero de Orión notó, esbozando una de sus sonrisas. ‘No está nada mal, caballero Cisne. Veo que te entrenaron bien. ¡Pero no lo suficiente!’. Increíblemente Jäger aún podía moverse y atacar con el mismo ritmo abrumador. Lo que era aún más preocupante para Hyoga era que la armadura de plata de su oponente no parecía haber sufrido el efecto del gélido aire.

 

‘¡Cuidado, Hyoga!’, la voz de Shiryu, el caballero del Dragón le gritó. Sin embargo la advertencia vino demasiado tarde. Jäger de Orión comenzó a golpear a Hyoga con una velocidad y potencia casi indescriptibles. La fuerza del caballero de plata estaba probando muy superior a la suya. Hyoga no podía explicarse como la brecha entre ambos podía ser tan amplia. Eso sólo quería decir que comparado con un caballero de plata, su maestro Camus debía de ser casi un dios.

 

Hyoga intentó contraatacar a Jäger, pero su oponente parecía estar fuera de su nivel en cuanto al combate cuerpo a cuerpo se refería. El caballero de Orión siguió castigando su cuerpo con sus poderosos golpes por lo que pareció una eternidad antes de detenerse abruptamente.

 

‘¡Cae, Cisne!’, Jäger exclamó, elevando nuevamente su cosmos y saltando por los aires. ‘¡Choque Megatómico de Meteoro!’. Al cabo de unos segundos Hyoga experimentó el indescriptible impacto de la técnica de Jäger de Orión, la cual lo hizo caer al suelo tanto aturdido como extremadamente adolorido. Sólo unos pocos segundos pasaron antes de que él perdiera completamente la conciencia.

 

Grecia

16 años atrás

 

Aiolos se encontraba en el suelo, apenas conciente y con su cuerpo seriamente lastimado. Él había recibido el terrible impacto de la técnica de Saga. La sangre parecía brotar incesantemente de sus heridas y su cabeza parecía querer partirse en dos.

 

Lamentablemente él había fracasado en su intento por escapar ileso del Santuario de Athena. Pero eso no podía detenerlo. La bebé debía de ser protegida a toda costa, aun si eso lo llevaba al límite su resistencia y fuerza de voluntad. Con eso en mente, Aiolos hizo un esfuerzo por ponerse en pie. Mientras lo hacía, él pudo escuchar la voz de Saga a la distancia. El caballero de oro de Géminis parecía encontrarse sumamente enojado. Sin embargo, Aiolos notó que Saga no le estaba hablando a él.

 

‘¿Qué estás esperando, Shura?, él estaba preguntando. ‘¡Deja de perder el tiempo! ¡Acaba con Athena ahora!

 

‘Yo…’. Aún con sus heridas, Aiolos podía escuchar claramente la duda en la voz del caballero de Capricornio. Eso quería decir que él no estaba del todo de acuerdo con las acciones de Saga. Quizás aún había esperaza…

 

‘Alto’, Aiolos dijo, levantándose lentamente del suelo. ‘N-no lo permitiré, Shura…’. Cada movimiento de su cuerpo era una agonía para él. Incluso el acto de respirar le traía un inmenso malestar.

 

‘¿Aún sigues vivo, Aiolos?’, Saga preguntó a través de la armadura vacía.

 

‘T-tú sabes tan bien como yo que lo que estás a punto de hacer te deshonrará para siempre’, Aiolos le dijo a su camarada. ‘Aún no es tarde para desistir, Shura. Todavía puedes redimirte’.

 

‘¡Silencio, maldito!’, Saga exclamó. ‘¿Cómo te atreves a seguir interponiéndote en mi camino? ¿Realmente piensas que tienes oportunidad de detenerme en esa lamentable condición en la que te encuentras?’.

 

‘Shura, por favor...’, él rogó.

 

Repentinamente el caballero de Capricornio volvió a atacarlo con su Excálibur, tirándolo al piso y provocando nuevas y profundas heridas en el cuerpo de Aiolos a pesar de estar portando un ropaje de oro.

 

‘Ríndete, Aiolos’, el caballero de Capricornio le dijo. ‘Ya no tienes más opción’.

 

{Debo salvar a Athena a toda costa…}, Aiolos se recordó a sí mismo, sintiendo una agonía casi indescriptible. ‘T-te dije que cumpliría con mi deber de proteger a Athena, Shura…’, él dijo, levantándose del suelo nuevamente. ‘N-no importa si h-hacer eso me… cuesta la v-vida…’. Aiolos comenzó a elevar lentamente su cosmos hasta llevarlo a su punto máximo.

 

‘¡Esta vez no te salvarás!’, Saga le dijo. ‘¡Probarás nuevamente mi poder y te convertirás en polvo! ¡Explosión Galáctica!’.

 

Aiolos hizo estallar su cosmos violentamente, totalmente determinado a llegar hasta el amargo final. Este, después de todo, sería su último golpe. ‘¡Trueno Atómico!’. Al colisionar, ambas técnicas se anularon mutuamente, pero no sin antes provocar una poderosa onda expansiva de choque, la cual prácticamente devastó todo el lugar, además de hacer que todos ellos salieran disparados varios metros atrás.

 

Aiolos nuevamente cayó al suelo, con las pocas reservas de su cosmos agotándose rápidamente. Sus heridas eran graves. Muy graves. Aun así, él realizó un enorme esfuerzo y logró alzar su vista. Athena milagrosamente parecía encontrase a salvo cerca de los escombros de unas rocas, llorando sin cesar de una manera desgarradora. Al parecer la explosión había hecho que Shura la soltara. Sin embargo, el caballero de Capricornio no había tenido la misma suerte, ya que él al parecer se encontraba en el suelo aturdido, justo al igual que Aiolos. El cosmos de Saga, por su parte, había desvanecido casi por completo, dejando atrás la ahora vacía e inerte armadura de Géminis.

 

Esa era su oportunidad. Aiolos sabía que ese era el momento perfecto para tomar a Athena y salir huyendo del lugar. No obstante su esperanza pronto desapareció cuando el enorme cosmos de Saga nuevamente comenzó hacerse presente. Aiolos vio con horror como el ropaje de oro de Géminis comenzaba ensamblarse por tercera ocasión en la noche. Saga había vuelto y con él sus ambiciones de dañar a Athena. No paso siquiera un par de segundos antes de que la armadura de de Géminis dirigiera su atención hacia la bebé en el suelo.

 

‘¡Suficiente!’, la voz de Saga gritó, mientras su ropaje nuevamente comenzaba a canalizar su poderosa cosmoenergía. ‘¡No pienso correr más riesgos! ¡Desaparece, Athena!’.

 

{¡Maldición!} La idea de presenciar la muerte de su diosa momentáneamente llenó a Aiolos de nuevas energías. Él no iba a fallarle Athena bajo ningún motivo.

 

‘¡Explosión Galáctica!’.

 

Aiolos se levantó rápidamente del suelo, llegó hasta Athena, la sujetó entre sus brazos y trató de apartarse del camino del ataque. Sin embargo, el efecto de la técnica de Saga llegó meras milésimas de segundo después que él. La fuerza del golpe de quien alguna vez había sido su mejor amigo envió a Aiolos y a su diosa hasta el fondo de un oscuro y profundo precipicio cercano.

 

Japón

 

Shiryu sabía que él se encontraba en un grave aprieto. Tanto, Ikki, el caballero del Fénix, como Seiya y el caballero Hyoga de Cisne habían sido derrotados con relativa facilidad por Jäger, el caballero de plata de la constelación de Orión, el gran cazador.

 

Shun de Andrómeda se encontraba dentro del área defensiva de su cadena, protegiendo el cuerpo del aún inconsciente Jabu de Unicornio, quien parecía haber recibido graves heridas por parte de Ikki y sus caballeros negros.

 

Shiryu sabía que sus posibilidades de tener éxito eran mínimas, especialmente considerando el tremendo poder de su oponente. Era por esa razón que él debía ser cauteloso en su accionar.

 

‘¿Qué sucede, caballeros de bronce?’, Jäger les preguntó con una sonrisa. ‘¿Acaso se han dado por vencidos?’.

 

‘No’, Shiryu respondió. ‘Eso jamás. Nosotros nunca nos rendiremos. Al menos no sin antes verte completamente derrotado’.

 

‘Vaya, parece que ustedes quieren seguir desafiándome’, el caballero de Orión notó. ‘Está bien, los complaceré. Me encargaré de enseñarles la misma lección que sus amigos recibieron’.

 

Shiryu respiró profundo y comenzó a elevar su cosmos. {Maestro, permite que tus enseñanzas me ayuden a encontrar la manera de vencer a este enemigo}.

 

‘¿Estás listo, caballero del Dragón?’, Jäger le preguntó, preparándose para atacar.

 

‘¡Cuando quieras!’, Shiryu le respondió al caballero de plata, adoptando una posición de defensa.

 

‘¡Entonces comencemos!’, Jäger de Orión exclamó mientras arremetía contra él.

 

Shiryu había estudiado la forma de atacar de Orión, lo cual él esperaba que le diera algo de ventaja en la lucha, sin importar cuán mínima esta fuera. El primer golpe del caballero de Orión casi logró conectar en el rostro de Shiryu, pero él milagrosamente logró apartarse del camino del puño a último momento. No obstante, esa pequeña muestra de velocidad fue suficiente para convencerlo de que una batalla pareja no sería posible con el nivel que ambos ostentaban. Shiryu estaba perdido de no funcionar la estrategia que él había elaborado.

 

{Necesito lograr ponerle las manos encima}, Shiryu pensó mientras él retrocedía unos cuantos pasos en busca de un espacio en el cual maniobrar. {Sólo así podré tener esperanzas de inmovilizarlo}.

 

‘¿Qué sucede?’, Jäger le preguntó. ‘¿Acaso ya estás asustado, Dragón? Vamos, ¿en dónde quedó tu valor?’.

 

{Debo mantenerme calmo}. Shiryu, pensó. {Ese sujeto sólo está provocándome. Si lo ataco sin primero pensar cuidadosamente mis pasos podría ser mi fin. Ya lo tengo…}.

 

‘Estoy esperando por ti, caballero’.

 

‘¡Muy bien!’, Shiryu exclamó. ‘¡Recibe el Dragón Volador!’. Él tomó impulsó para luego saltar por el aire y así poder soltar una poderosa patada hacia el cuerpo de Jäger.

 

Desafortunadamente su oponente no se vio afectado por su técnica. Él simplemente bloqueó el golpe con sus brazos, sujetando la pierna de Shiyu fuertemente para después arrojarlo a través del callejón. Para su suerte, él logró caer al suelo de tal manera que su cuerpo no sufrió ningún daño.

 

{Maldición. Este sujeto es incluso más fuerte de lo que imaginaba. Es imposible que le pueda ganar por mi cuenta}.

 

Jäger sonrió. ‘Veo que te has dado cuenta de lo inútil que es seguir luchando. Me alegra. Comenzaba a imaginar que serías tan tonto como el resto de tus camaradas’.

 

Escuchando la palabras del caballero de plata, Shiryu decidió que era el momento de unir fuerzas con el caballero de Andrómeda. ‘Shun’, Shiryu dijo, sin apartar la mirada de Jäger, ‘por más que me avergüence decirlo, me temo que voy a necesitar de tu ayuda en esta pelea’.

 

Sus palabras obviamente tomaron al  caballero de Andrómeda por sorpresa. ‘Pero, Shiryu…’.

 

‘Puedo ver que no te gusta lastimar a las personas, Shun’, Shiryu le dijo. Eso quedó más que claro en tu combate contra Seiya… pero si no luchas, es probable que todos nosotros muramos en este lugar. Es por esa razón que quiero que utilices tu cadena en contra de este sujeto en cuanto te dé la señal’.

 

‘Pueden elaborar todas las estrategias que quieran’, Jäger de Orión les dijo. ‘Pero eso no cambiará el resultado de esta pelea. Les resultaría más fácil si aceptaran su derrota de una vez por todas, ¿no lo creen? De esa manera se ahorrarían un inmenso sufrimiento’.

 

‘Ya basta’, Shiryu dijo, sintiendo la furia apoderarse de su cuerpo. ‘No voy a dejar que te burles de nosotros, ni mucho menos permitiré que un sujeto como tú se lleve la armadura de oro de Sagitario. En ese momento Shiryu hizo estallar su comos. ‘¡Caballero de plata o no, ahora mismo probaras el golpe del puño más fuerte! ¡Dragón Ascendente!’.

 

‘¡Tú ataque no tendrá efecto sobre mí!’, Jäger exclamó, poniéndose en guardia.

 

En menos de un segundo Shiryu golpeó el rostro del caballero de Orión tan fuerte como su técnica se lo permitió. Sin embargo, eso apenas pareció causarle daño a Jäger, quien sólo necesitó retroceder un par de pasos para recobrar su compostura.

 

{¡Increíble…!}, Shiryu pensó. {¡Este sujeto resistió mi Dragón Ascendente sin ningún problema…!}.

 

‘Nada mal, caballero Dragón’, Jäger le dijo, ‘limpiando una pizca apenas visible de sangre de su labio. ‘Me has sorprendido. Golpeas con fuerza. Especialmente considerando el hecho de que no eres nada más que un simple caballero de bronce. Pero ya basta de halagos. Es hora de que te elimine definitivamente’. El caballero de Orión de preparó para atacar. ‘¡Muere, Dragón!’

 

Jäger arremetió violentamente contra Shiryu, lanzándole un violento golpe, el cual pasó sólo a milímetros de su rostro. Shiryu sabía que ese era el momento de poner en marcha su plan.

 

‘¡Andrómeda, ahora!’, él gritó, esperando que su camarada obedeciera.

 

‘¡Cadena Nebular!’, Shun exclamó casi al instante.

 

En ese momento la cadena de Andrómeda velozmente se dirigió hacia Jäger y comenzó a rodear su cuerpo como una enorme serpiente constrictora. Shiryu fue testigo de cómo, al verse envuelto, el caballero de plata de Orión se dedicó a forcejear con la cadena en un intento por escapar de ella.

 

‘Es inútil que intentes zafarte, Jäger de Orión’, Shun dijo. ‘Lo único que lograras con eso es que la cadena de Andrómeda te identifique como una amenaza y te proporcione una poderosa descarga eléctrica’.

 

{Lo logramos}, Shiryu pensó, aliviado de que todo hubiera terminado. Después de tantos problemas, todo parecía indicar que la enorme amenaza que el caballero de plata de Orión representaba para ellos había sido neutralizada.

 

No obstante, Jäger parecía no pensar lo mismo. ‘Están muy equivocado si creen que me detendrán usando una simple cadena’, él les dijo con una sonrisa. ‘Después de todo,  ni siquiera Albiore con todo su poder podría lograr tal cosa’.

 

‘¿Qué dices?’, Shun preguntó. ‘¿A-acaso conoces a mi maestro Albiore?’.

 

Jäger de Orión rió ligeramente antes de sujetar la cadena de Andrómeda fuertemente y lanzarle una poderosa ráfaga de cosmos a Shun, quien salió disparado por los aires a cause del terrible poder del caballero de plata.

 

Increíblemente el caballero de Orión había logrado zafarse de la temible cadena de Andrómeda. El plan de Shiryu había fracasado. Ahora era casi seguro que él perdiera el combate contra Jäger. Sin embargo, el orgullo de Shiryu le impidió bajar los brazos. No importaba cuales fueran las consecuencias, él iba a seguir luchando esta el final. Fue por eso que después de calmar su mente, Shiryu volvió a ejecutar su Dragón Volador con la esperanza de hacer retroceder al caballero de plata.

 

No obstante Jäger de Orión simplemente se apartó del camino de su patada y dejó escapar una pequeña risa. ‘Caballero del Dragón, quiero que me demuestres que tan fuerte es ese escudo que portas’, él le dijo. ‘He escuchado que el escudo del Dragón es el más fuerte entre las armaduras de bronce. ¡Pongamos esa reputación a prueba!’. El caballero de Orión saltó por los aires, encendiendo su poderoso cosmos.

 

Shiryu sabía lo que estaba por venir. {¡Maldición…! ¡E-esto es…!}.

 

‘¡Choque Megatómico de Meteoro!’.

 

La técnica de Jäger no tardó en impactar contra el brazo de Shiryu, quien casi instantáneamente escuchó un sonido aterrador. ‘¡No puedo creerlo!’, él exclamó al ver el daño que su escudo había recibido. ‘¡H-has c-conseguido resquebrajar el escudo del Dragón…! ¿C-cómo es posible…?’.

 

‘Ya te lo dije, Dragón’, Jäger le contestó. ‘La diferencia que existe entre un caballero de bronce y un caballero de plata es abismal. No importa cuánto lo intentes, jamás vas a poder hacerme ningún daño considerable. Tu destino fue sellado en el momento en que decidiste hacerme frente. Ahora lo único que puedes hacer es esperar una muerte rápida. Deberías agradecerme, caballero. Comparado conmigo, el resto de los caballeros de plata con gusto te torturarían por desafiar las reglas del Santuario.  El caballero de Orión sonrió, adoptando una posición de ataque. ‘Ustedes nunca debieron haber venido a este estúpido torneo’.

 

La palabras del Jäger tenían sentido. Todo lo que ahora estaba sucediendo era producto de su decisión de asistir a la competencia organizada por Saori Kido y su fundación. Aun así, Shiryu decidió continuar el combate. Ya era muy tarde como para que él se arrepintiera de decisiones que ya habían sido tomadas.

 

Sin perder tiempo, Shiryu encendió su cosmos y nuevamente se dispuso a atacar a Jäger. ‘¡Dragón Ascendente!’.

 

Para su frustración, esta vez su golpe falló en conectar el cuerpo de su oponente. Jäger de Orión había logrado moverse rápidamente fuera del camino de su puño.

 

‘Qué interesante…’, el caballero de plata dijo. ‘Dragón, para un simple caballero de bronce, tu técnica realmente es sorprendente… pero creo que he descubierto un pequeño pero fatal punto débil en ella’.

 

‘¿Qué dijiste?’, Shiryu preguntó, todavía en guardia. ‘¿Un punto débil?’.

 

Jäger sonrió. ‘Así es’.

 

‘Estás mintiendo’, Shiryu dijo. ‘Mi técnica no tiene ningún fallo’.

 

‘¿Estás de seguro de eso, Dragón?’, Jäger le preguntó. ‘Si lo estás, te pido entonces que me ataques nuevamente’.

 

{¿Es posible que el caballero de Orión esté diciendo la verdad?}, Shiryu pensó. {Si mi Dragón Ascendente tiene una debilidad que yo no haya notado con anterioridad… Maldición. Incluso si eso fuera cierto, no puedo simplemente rendirme. Ese sujeto nos mataría de todas formas. No tengo más opción. Debo arriesgarme}. Él suspiró. ‘¡Muy bien, aquí voy!, Shiryu exclamó, haciendo arder sus cosmos al máximo. ‘¡Dragón Ascendente!’.

 

Él estaba depositando todas sus fuerzas y su esperanzas en ese ataque, concentrado en su puño. De alguna manera u otra, los siguientes segundos del combate iban a ser decisivos, Shiryu estaba seguro de eso. Lo único que él pedía era que su cosmos pudiera demostrar ser digno de un alumno de Dōko, el antiguo y venerable maestro del monte Lu.

 

Súbitamente, Shiryu sintió el impacto sobre su pecho del puño del caballero de plata, quien había esquivado el golpe de su Dragón Ascendente con una increíble rapidez. Luego, un par de segundos después, Shiryu se desplomó al suelo, escupiendo una cantidad alarmante de sangre.

 

‘Listo’, Jäger le dijo. ‘Estás acabado. Te he golpeado el mediastino’.

 

Shiryu trató de levantarse, pero las fuerzas de su cuerpo lo habían abandonado, justo al igual que su aliento. {¿Q-qué… qué demonios está sucediendo…?}.

 

‘Caballero Dragón, lamento decirte que tu punto débil es más que obvio. Al momento de soltar tu Dragón Ascendente, tú involuntariamente bajas la guardia por un instante. Has recibido un daño posiblemente fatal en tu corazón. No me sorprendería si murieras en cualquier segundo’. Aun siendo víctima de la horrible sensación que azotaba pecho, Shiryu pudo ver a Jäger de Orión sonreír. ‘Ahora terminare con ustedes’.

 

Grecia

16 años atrás

 

Aiolos comenzó a escalar el precipicio con uno de sus brazos mientras que con el otro él sujetaba a la bebé Athena, quien continuaba llorando incesantemente. Por un momento Aiolos había pensado que el fin de ambos había llegado. La fuerza de la última Explosión Galáctica había sido descomunal y las heridas que ella había causado en él eran mortales. Si bien era cierto que milagrosamente Aiolos todavía se encontraba respirando, su tiempo se estaba acabando. Él podía sentir como con cada segundo su cosmos comenzaba apagarse.

 

{S-sólo un poco más…}, Aiolos pensó, apenas consciente. {S-sólo un… poco más….}.

 

Al lograr salir del precipicio, El amanecer había llegado y no había rastro alguno de Saga o Shura por ningún lado. Eso al menos un consuelo. Sabiendo que sus momentos en la Tierra estaba terminando, Aiolos comenzó a caminar fuera del Santuario, guiado más por su voluntad que por sus fuerzas, con la esperanza de encontrar a alguien a quien confiar el cuidado de Athena.

 

Cerca de una hora después de comenzar su travesía, Aiolos estaba punto de morir. Su visión se había tornado borrosa, su corazón ya no latía con tanta intensidad y un frió abrumador había invadido su cuerpo a pesar del brillante sol por sobre su cabeza. Pero él no podía rendirse. Athena aún no se encontraba fuera de peligro. Si Aiolos moría, lo más probable era que la bebé pronto lo seguiría. Era poco probable que Athena resistiera mucho tiempo en un lugar tan desolado sin nadie que la protegiera.

 

Justo en ese momento, sucedió algo que pareció responder sus súplicas. A unos cuantos metros de él, apareció un hombre de edad avanzada, quien se encontraba de paseo por el lugar a juzgar tanto por su apariencia como por las ropas que él estaba usando. Esa persona era su última esperanza de evitar que las manos del mal se apoderaran completamente de Santuario. Con algo de suerte, el anciano cuidaría de Athena esta que una nueva generación de caballeros surgiera y la ayudaran a recuperar lo que por derecho le pertenecía. Aiolos un esfuerzo por acercarse al hombre. Al llegar a él, Aiolos se desplomó al suelo. Él intentó explicarle al ahora alarmado hombre lo que había ocurrido, pero sus palabras le fallaron. Lo único que Aiolos pudo hacer fue pedirle al anciano que se encargara de proteger a Athena y resguardar la armadura de Sagitario. Después de hacerlo, él finamente sucumbió antes sus heridas. Aiolos de Sagitario se despidió del mundo implorando por que sus esfuerzos no fueran en vano.

 

Japón

 

Seiya se encontraba devastado. Ni el caballero del Cisne, ni Shun de Andrómeda, ni siquiera Shiryu de Dragón habían podido detener a Jäger, quien se encontraba a punto de darles el golpe de gracia a todos. Pero ese no podía ser el fin.

 

‘No lo permitiré’, Seiya dijo, levantándose del suelo. Él no iba a dejar que ese sujeto se hiciera con la armadura de oro.

 

‘¿Aún quieres recibir más castigo, Pegaso?’, Jäger le preguntó, desviando su atención de los cuerpos Shiryu, Shun y Hyoga. ‘Tanto coraje es digno de admirarse… pero eso no cambia nada. Tú no eres más que un simple gusano intentando dañarme. Si lo que quieres es que te envíe al otro mundo primero que a tus amigos, con mucho gusto cumpliré tus deseos’.

 

‘¡T-te derrotaré aunque sea lo último que haga!’, Seiya exclamó, encendiendo su cosmos nuevamente. ‘¡Toma esto! ¡Meteoros de Pegaso!’. Una vez más Jäger de Orión resultó capaz de bloquear cada uno de sus golpes, saliendo totalmente ileso de su ataque. El caballero de plata seguidamente contraatacó ferozmente y le propinó una certera patada en el rostro.

 

Seiya cayó al piso, esta vez totalmente inmóvil. Su cuerpo se había dado por vencido. Todo parecía una horrible pesadilla, pero al parecer no había nada que ellos pudieran hacer frente al caballero de plata. ¿Acaso realmente este era el fin de todos? Seiya moriría poder reencontrarse con su hermana Seika.

 

De pronto, justo en ese momento, Seiya sintió un extraño cosmos. Una especie de cálida energía estaba invadiendo el callejón, iluminando desde el cielo el oscuro lugar con una brillante luz dorada.

 

{¿Q-qué es eso…?}, Seiya pensó.

 

‘Imposible…’, Jäger dijo.

 

Seiya levantó su mirada. Al hacerlo, ahí estaba. La armadura de Sagitario había aparecido delante de ellos, emanado un intenso cosmos que parecía abarcar todo a su alrededor. Él se quedó mirando el imponente ropaje, totalmente sorprendido. Seiya no podía explicar lo que estaba sucediendo. Súbitamente la armadura descendió hacia él y comenzó a cubrir su cuerpo. Era increíble, pero cierto. Al cabo de pocos segundos, Seiya estaba portando la armadura de oro de Sagitario, sintiendo sus fuerzas totalmente renovadas.


Editado por Arquero Dorado, 06 septiembre 2018 - 23:26 .


#47 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 07 septiembre 2018 - 14:31

me agrado el combate entre Jäger y Hyoga

 

se observo la diferencia entre los niveles de poder de acuerdo al rango

 

pobre Aiolos

 

los protas del clasico ya están como los de omega XD

 

el escudo del dragón siempre es destruido  :lol:

 

buen fic

 

 



#48 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 01 octubre 2018 - 22:53

He logrado actualizar un nuevo capítulo. Espero que les guste. Un gran saludo.

 

14

El Arquero y el Cazador

 

Grecia

 

Seiya se encontraba nuevamente parado frente al misterioso caballero de plata Jäger de Orión, quien había derrotado a todos sus compañeros uno por uno con una facilidad impresionante. Esta vez, sin embargo, la situación había dado un giro inesperado. Seiya estaba portando la armadura de oro de Sagitario, la cual se había abalanzado sobre él después de cobrar vida propia. Un intenso y cálido cosmos estaba recorriendo el cuerpo de Seiya, brindándole una sensación casi indescriptible de poder como jamás él había experimentado en su vida. ¿Era esto lo que sucedía al portar una armadura de oro? La cosmoenergía que residía en el ropaje era realmente enorme. Seiya se sentía casi invencible, como si nada en el mundo pudiera detenerlo en ese instante.

 

{¿Qué está sucediendo?}, Seiya se preguntó. {¿Cómo pudo la armadura de oro moverse por su cuenta? ¿Es este otro de los trucos de ese sujeto? ¿Acaso el caballero de plata está tratando de engañarme?}.

 

Sin embargo, ese no parecía ser el caso. El caballero de Orión aparentemente se encontraba tan sorprendido como él por lo sucedido. Algo le decía a Seiya que, fuera cual fuera la causa de ese extraño evento, la mejor sería aprovechar el súbito cambio de su fortuna.

 

‘¿Cómo demonios puede estar pasando esto?’, Jäger preguntó. ‘Pegaso, ¿cómo te atreves a portar esa armadura? Un caballero de bronce cómo tú ni siquiera debería ser digno de mirar uno de los doce ropajes de oro’. Seiya guardó silencio, lo que hizo que el caballero plata frunciera el ceño y se pusiera en guardia. ‘Muy bien, si no piensas decir nada, entonces espero que al menos seas lo suficientemente valiente como para demostrarme nuevamente tu fuerza. Veremos si hay alguna diferencia ahora que estás usando esa armadura’.

 

Seiya imitó la posición de su oponente, preparándose para la inevitable confrontación entre ellos. ‘Está bien, tú lo quisiste’, él le dijo, elevando su cosmos. Al hacerlo, las dudas que habían invadido su mente comenzaron a disiparse. Por más extraño que sonara, la armadura parecía estar ayudándolo a canalizar su voluntad de una manera extraordinaria.

 

Las historias que Marín le había contado acerca de los caballeros de oro, los doce guerreros más poderosos al servicio de la diosa Athena, parecían ser absolutamente ciertas. Todo indicaba que portar una armadura de oro era el máximo honor que un caballero podía recibir. Eso sin contar la increíble fuerza que esta le aportaba.

 

‘¡Vamos, Pegaso, adelante!’, Jäger le gritó.

 

‘¡Muy bien, prepárate!’, Seiya dijo, concentrado su cosmos en su puño. Esta era sería la hora de la verdad. Dentro de pocos momentos, el destino de todos en callejón se decidiría. ‘¡Meteoros de Pegaso!’, él finalmente exclamó, desatando su técnica con una nueva determinación y potencia.

 

Seiya notó instantáneamente que la velocidad de sus golpes se había incrementado considerablemente. Ahora sus meteoros eran muchos más rápidos que la velocidad del sonido. No había comparación posible entre su nivel anterior. Los golpes viajaron por el aire en un abrir y cerrar de ojos, como finas estelas de luz apenas perceptible incluso para él. Sin embargo, sorprendentemente Jäger nuevamente no tuvo mayores problemas para bloquear sus meteoros con sus brazos. Ni siquiera uno solo de sus golpes logró atravesar la formidable defensa del caballero de plata. Impresionante. Aun con el gran incremento de poder y velocidad que Seiya había adquirido, la pelea parecía estar muy lejos de terminar. Jäger de Orión estaba demostrando ser un oponente realmente temible.

 

‘Justo como lo imaginé’, Jäger le dijo con el ceño fruncido, una vez que él terminó de desviar los meteoros. ‘Parece ser que la velocidad de tus golpes ha aumentado… pero lamento decirte que tú aún no alcanzas completamente el verdadero poder de los caballeros de oro’.

 

‘¿Qué dices?’, Seiya preguntó, todavía conmocionado por el fracaso de su ataque.

 

‘Pegaso, el usar una armadura de oro ha elevado tu cosmos, pero vas a necesitar algo mucho mejor que eso para realmente igualar el nivel de los guardianes de las doce casas’.

 

¿Podía ser verdad lo que el caballero de plata le estaba diciendo? ¿Acaso Seiya había sobrestimado su recién obtenido poder? Lo menos que el necesitaba en esos momentos era descubrir que su suerte no había cambiado para nada.

 

{Demonios…}.

 

‘Será mejor que termine con esto de una buena vez’, Jäger dijo. ‘No pienso jugar más contigo. Esta vez te derrotaré’. El caballero de plata sonrió. ‘Fue una suerte que la armadura haya aparecido tan repentinamente. Al menos ella me ahorró el esfuerzo de buscarla por todos los rincones de este lugar’.

 

{No puedo permitir que ese sujeto me derrote}, Seiya pensó. {Especialmente en esta circunstancia. Debo usar todo el poder de la armadura de oro}. ‘Yo no lo creo’, él dijo, justo antes de volver a encender su cosmos. No importaba cuán difícil pudiera resultar, Seiya estaba dispuesto a conseguir la victoria costara lo que costara. ‘¡Meteoros de Pegaso!’. Seiya volvió a disparar sus golpes a la mayor velocidad que le fue posible.

 

‘¡Tú estúpida técnica no funcionará conmigo!’, Jäger le gritó, adoptando nuevamente una posición defensiva. ‘¡¿Acaso aún no lo entiendes?!’.

 

Mientras Jäger se encontraba bloqueando los golpes, Seiya notó una pequeña oportunidad de atravesar su defensa. Era arriesgado, pero, de funcionar su estrategia, la batalla podría llegar a su fin. Seiya finalmente decidió. Él concentró su cosmos y arremetió contra Jäger, desatando su golpe final a tan sólo pocos pasos de él.

 

‘¡Cometa de Pegaso!’.

 

‘¿Qué?’, Jäger exclamó. El recién formado cometa atravesó violentamente la defensa del caballero de plata, quien fue expulsado hacia atrás debido a la fuerza del impacto.

 

{¡Lo logre!}, Seiya pensó.

 

Mientras Jäger caía al suelo, Seiya se dio cuenta de que trozos de su armadura salían desprendidos de su cuerpo. Su golpe había logrado romper la armadura de plata de su oponente. Al cesar su ataque, Seiya se acercó al cuerpo inerte de Jäger, quien, aunque derrotado y herido de gravedad, todavía se encontraba conciente.

 

‘E-esplendido, Pegaso…’, Jäger le dijo, prácticamente susurrando sus palabras. ‘T-te felicito… T-tú realmente eres un verdadero… caballero de Athena…’. Momentos después, el caballero de Orión cerró sus ojos.

 

{Ya todo ha terminado}, Seiya pensó, sintiéndose repentinamente exhausto. Él tenía la impresión de que su victoria en gran parte se había debido a ese extraño y poderoso cosmos que había guiado su mano durante el combate. La armadura de oro de Sagitario parecía estar llena de secretos, aunque era difícil decir con certeza a qué se debía todo eso.

 

Después de asegurarse de que Jäger realmente estuviera muerto, Seiya intentó dirigirse hacia sus compañeros, quienes alarmantemente seguían inconscientes. Sin embargo, antes de que él pudiera hacer eso, algo llamó la atención de Seiya. El cuerpo de Ikki había desaparecido del lugar. Increíblemente, el caballero de Fénix se había esfumado sin dejar rastro alguno.

 

Esa fue una enorme frustración para Seiya. Después de todo lo que todos los problemas causados por él, Ikki al parecer había logrado escapar impunemente. Seiya estaba decidió a que ese no sería el fin. De alguna manera u otra, él haría que el caballero del Fénix pagara por sus crímenes.

 

Mientras se daba vuelta para ir donde se encontraba sus amigos, Seiya notó algo curioso. Un extraño medallón con forma de una estrella de cinco puntas se encontraba tirada en el suelo. Él lo recogió y miró una extraña inscripción la cual decía: Tuyo por siempre. Sin embargo,  Seiya en ese momento no le dio mucha importancia. La condición de sus compañeros era de mayor interés para él.

 

Shun de Andrómeda se encontraba recostado contra una pared del callejón con su cadena no muy lejos de su cuerpo. Sin duda alguna el ataque de Jäger lo había aturdido. Seiya sacudió el cuerpo de quien tan sólo una hora atrás había sido su oponente en el torneo galáctico. Por suerte, Shun no tardó mucho en dar señales de querer despertar.

 

‘¿S-Seiya…?’, el caballero de Andrómeda preguntó mientras abría lentamente sus ojos. ‘¿Q-qué sucedió…?’.

 

‘Me alegro que estés despierto’, Shun, Seiya le dijo con una sonrisa. ‘Empezaba a temer que fueras historia’.

 

‘Seiya, ¿qué paso con el caballero de plata…?’. De pronto, Shun pareció darse cuenta de algo. ‘L-la armadura… la armadura… Seiya estás usando la armadura de oro…’.

 

Seiya asintió. ‘Sí, eso parece’.

 

‘¿Cómo…?’.

 

‘Es una larga historia. Te le explicaré en un momento. Primero tengo que asegurarme de que todos se encuentren bien’.

 

‘E-está bien…’.

 

Seiya dejó a Shun recostado en el lugar y se dispuso a revisar la condición del resto de sus camaradas. Hyoga de Cisne parecía también estar a punto de abrir los ojos. Sin embargo, al llegar al cuerpo Shiryu y examinarlo, Seiya se dio cuenta de algo terrible. El corazón del caballero del Dragón se había detenido por completo.

 

‘¡Maldición…!’, Seiya dijo. Jäger de Orión debía de haberle causado un daño enorme al cuerpo de Shiryu. ‘No pienso dejarlo morir’. Shiryu había arriesgado su vida por ellos. Lo menos que Seiya podía hacer era ayudarlo en esos momentos tan difíciles. Seiya tuvo una idea. Él retrocedió uno cuantos pasos y luego desató una ráfaga de su técnica. ‘¡Meteoros de Pegaso!’.

 

Los golpes reiniciaron los latidos del caballero del Dragón, quien lentamente comenzó a recobrar la conciencia, casi al mismo tiempo que Shun de Andrómeda y Hyoga de Cisne se ponían de pie y comenzaban a acercarse a ellos. Justo en ese momento, la armadura de oro nuevamente pareció cobrar vida propia y comenzó a abandonar el cuerpo de Seiya para después tomar la forma de un imponente centauro portando un arco y flecha.

 

{¿Qué demonios fue todo eso?}, Seiya se preguntó, sintiendo como el poder desaparecía rápidamente de su interior.

 

‘Seiya, ¿estás bien?’, Shun le preguntó.

 

‘Sí, eso creo’, Seiya contestó. ‘Pero será mejor que revises a Shiryu, Shun. Él es quién necesita ayuda en estos momentos’.

 

‘Pegaso’, Hyoga le dijo. ‘Dime la verdad ¿acaso fuiste tú quien derrotó al caballero de Orión portando la armadura de oro?’. El caballero del Cisne dirigió sus ojos hasta el cuerpo inerte de Jäger por un instante antes de voltear su atención al ropaje de Sagitario.

 

‘Así es’, Seiya le dijo. ‘Eso fue lo que sucedió’.

 

‘Imposible’, Hyoga le replicó. ‘Eso no tiene ningún sentido. ¿Cómo podría un caballero de bronce como tú portar un ropaje de oro por su cuenta?’.

 

‘No tengo la menor idea’, Seiya dijo. ‘Lo único que sé es que la armadura súbitamente decidió cubrir mi cuerpo y ayudarme en el combate’.

 

‘No mientas. Fui enviado por el Santuario para recuperar el ropaje de oro de Sagitario, ¿y ahora intentas decirme que él simplemente se movió por su propia cuenta para luchar por ti?’.

 

‘Sí, ese es exactamente el caso’, Seiya dijo, mirando detenidamente a Hyoga. Él obviamente no creía en sus palabras, aunque eso en sí no lo más indignante del asunto. Después de todo, era el mismo caballero del Cisne quien les había mentido a todos acerca de sus razones para participar en el torneo galáctico organizado por Saori Kido.

 

La hostil tensión entre los fue cortada por el sonido de unos quejidos a unos cuantos metros detrás de ellos. Al parecer el tonto de Jabu estaba despertando de su siesta.

 

‘¿Q-qué d-demonios sucedió…?’.

 

‘Esto no ha terminado’, Hyoga le dijo a Seiya.

 

Un par de minutos después, una vez que Jabu y Shiryu se sintieron lo suficientemente bien como para hablar, Seiya les contó acerca de lo sucedido.

 

‘¡Eso es ridículo!’, Jabu dijo. ‘¿Realmente esperas que creamos esa historia tan absurda, Seiya?’.

 

‘Ya te lo dije, Jabu, eso fue lo que pasó’.

 

‘¡Mientes!’.

 

‘A-alto…’, Shiryu intervino, al parecer todavía algo débil. ‘E-es posible que Seiya esté diciendo la verdad...’.

 

‘¿A qué te refieres con eso?’, Hyoga preguntó.

 

‘Mi maestro me habló acerca de las armaduras de oro y de la voluntad de sus portadoras. Él solía decir que a veces la fuerza de voluntad de un caballero de oro resultaba tan inmensa que una parte de ellos podía residir en sus armaduras y unirse a ellas en una especie de vínculo’.

 

‘¿Tú maestro…?’, el caballero del Cisne preguntó. ‘Imposible. ¿Caballero Dragón, acaso no serás…?’.

 

‘Así es, Shiryu dijo. Yo soy el discípulo de Dōko, el viejo maestro del monte Lu y el antiguo caballero de oro de Libra’.

 

‘¡¿Qué…?!’.

 

Seiya no pudo evitar compartir la sorpresa del resto de sus compañeros. Shiryu jamás había hablado de su maestro desde que él logró regresar de su entrenamiento en China.

 

‘Así que es eso…’. Hyoga dijo, casi susurrando. ‘Ya todo está cobrando sentido…’.

 

Seiya apartó su atención un momento de la conversación y miró a su alrededor. Shun al parecer se encontraba buscando algo en los rincones del callejón. Él cuidadosamente dejó al resto del grupo discutiendo y se acercó al caballero de Andrómeda.

 

‘¿Sucede algo, Shun?’, Seiya le preguntó.

 

‘N-no es nada, Seiya’, Shun le dijo. ‘E-es sólo que… perdí algo’.

 

‘¿Perdiste algo? Un momento…’. Justo en ese instante, Seiya recordó el extraño medallón que el había encontrado tirado hacía unos minutos atrás. ‘¿No te estarías refiriendo a esto por casualidad, Shun?’, él dijo mostrándole el objeto al caballero de Andrómeda.

 

‘¡Lo encontraste!’, Shun exclamó, tomando el talismán. ‘Te lo agradezco, Seiya’. El caballero de Andrómeda sonrió y abrió el medallón. 'Al hacerlo, Seiya pudo notar una fotografía en su interior. Al parecer se traba de Ikki cargando a un pequeño bebé.

 

{¿Acaso ese es…?}.

 

‘Este es el único recuerdo que tengo de mi madre’, Shun le dijo. ‘No sabes cuánto significa para mí el hecho que tú lo hayas recuperado’.

 

Seiya sonrió. ‘No tienes por qué agradecerme, Shun’.

 

Otro par de minutos más transcurrieron antes de que Seiya y sus compañeros decidieran dejar el muelle y dirigirse de vuelta al coliseo propiedad de la fundación Kido con la recién recuperada armadura de oro y el cadáver de Jäger de Orión.

 

‘Es una lástima que ese miserable Fénix se haya escapado’, Jabu dijo. ‘Me hubiera gustado poder darle una lección’.

 

Seiya sonrió. El tonto caballero del Unicornio seguía tratando de pretender ser más fuerte de lo que en realidad era.

 

‘¿Qué me dices tú, Hyoga?’, Shiryu preguntó. ‘¿Vendrás con nosotros?’.

 

El caballero del Cisne tardó un momento en responder. ‘Sí, él dijo. Aún no estoy seguro de lo que haya sucedido y admito que tal vez sea posible que yo me equivocara al confiar en el Santuario tan ciegamente… pero misión sigue siendo la misma. Iré con ustedes para asegurarme de que la armadura de oro permanezca a salvo’.

 

‘Muy bien’, Seiya dijo. ‘Entonces en marcha, todos’.

 

Al llegar de nuevo al coliseo, el cual parecía estar vuelto todo un desastre, Seiya advirtió que Saori estaba haciendo unas llamadas por teléfono, acompañada por el idiota de Tatsumi. Al verlos, la hija de Mitsumasa y su mayordomo se acercaron rápidamente a ellos.

 

‘Finalmente han aparecido’, ella les dijo al verlos entrar. ‘¿Dónde se supone que han estado todo este tiempo?’.

 

‘Es una larga historia’, Seiya contestó.

 

‘No me interesa oírla’, Saori les dijo. ‘Lo único que me interesa es la armadura de oro. ¿Tuvieron suerte encontrándola?’.

 

Seiya sonrió. ‘Podría decirse que sí’.

 

‘¿A qué te refieres con eso?’.

 

‘Te lo explicaré más tarde. Ahora necesito que atiendan a mis… amigos. Ellos necesitan cuidados médicos’. Seiya supuso que después que todo lo que ellos habían pasado, el resto de los caballeros de bronce, a excepción de Hyoga, cuyo comportamiento seguía siendo sospechoso, podían considerarse sus amigos.

 

Sin embargo, sus palabras no parecieron gustarle a Tatsumi, quien avanzó hacia él. ‘Insolente…’. El mayordomo trató de ponerle las manos encima, pero Seiya fue más rápido y atrapó el antebrazo de Tatsumi para seguidamente apretarlo con gran fuerza.

 

Ese idiota mayordomo siempre había sido un verdadero patán desde que Seiya lo había conocido. Tatsumi solía dedicarse a atemorizar a todos los huérfanos, Seiya incluido, mientas ellos crecían. El paso de los años no había cambiado esa actitud en él. Pero eso no importaba. El perro rabioso de Mitsumasa Kido se llevaría una enorme sorpresa si él se atrevía a buscar problemas.

 

‘Chiquillo miserable’, el mayordomo le dijo mientras se sobaba su brazo.

 

‘¿Qué sucede, Tatsumi?’, Seiya preguntó con una sonrisa. ‘Te ves adolorido. ¿Te encuentras bien?’.

 

‘¡Me las pagarás…!’.

 

‘Basta, Tatsumi’, Saori intervino.

 

El mayordomo se detuvo y miró a su ama. ‘Pero, señorita…’

 

‘Este no es el tiempo para comenzar una pelea’, Saori le dijo. ‘Además, Seiya tiene razón. Míralos bien, todos se encuentran heridos. Será mejor que los llevemos a la enfermería antes de hacer otra cosa’.

 

‘S-sí, señorita. Como usted diga’.

 

Seiya suspiró profundamente y miró a sus amigos. Ellos se encontraban más que agotados, pero desafortunadamente algo le decía que esa larga noche aún no había terminado.

 

Asgard

 

Frey se encontraba caminando por los extensos y solitarios pasillos del palacio Valhalla en busca de Freya, su hermana menor. Ella se había escondido de la vista pública desde hacía un tiempo, aunque no sin tener una buena razón para hacerlo. Desafortunadamente la actitud de Hilda en los últimos días se había vuelto más errática. Ahora todo rastro de la dulce mujer que su hermana mayor alguna vez había sido parecía haber desaparecido por completo.

 

Sin embargo, Frey no se encontraba solo. Syd, el feroz guerrero divino de la estrella Mizar, lo estaba acompañando por órdenes directas de Hilda. A pesar de que él había intentado aparentar su resignación con la situación en Asgard para así ganarse nuevamente la confianza de su hermana, esa estrategia al parecer no resultó del todo exitosa. Hilda seguía vigilando cada uno de sus movimientos constantemente, usando a los guerreros divinos como espías.

 

Siegfried de Alioth, Fenrir de Dubhe, Mime de Benetnasch, Syd de Mizar, Hagen de Merak, Thor de Phecda y Alberich de Megrez. Todos ellos se habían convertido en nada más que simples agentes de la impredecible voluntad de Hilda.

 

Pero eso no era lo más extraño del caso. Después de todo, los siete guardines de debían seguir fielmente las órdenes de los representantes terrenales de Odín. Lo más extraño, sin mencionar inquietante, era el hecho de que Hilda le hubiera pedido permiso al mismísimo dios de las tierras del norte para despertar los ropajes de los guerreros divinos en un tiempo de aparente paz. Se suponía que los guardianes de las siete estrellas principales de la constelación de la Osa Mayor sólo debían ser convocados en situaciones de emergencia, cuando Asgard y sus habitantes se encontraran en peligro… lo cual no estaba ocurriendo. Las acciones de su hermana simplemente no tenían ningún sentido. Hilda los estaba conduciendo hacia un potencial desastre. ¿Por qué nadie podía darse cuenta de eso?

 

Finalmente ellos llegaron a los aposentos de su hermana, localizados en una de las alas exteriores del palacio. No obstante, antes de entrar en la habitación, Frey observó a Derbal, el mayordomo de Hilda, al otro lado del pasillo. Él estaba hablando con su aprendiz, Andreas, quien se encontraba sumamente ansioso a juzgar por la expresión reflejada en su rostro. Quizás eso se debiera a los hechos que estaban ocurriendo en Asgard, pero Frey de alguna manera lo dudaba.

 

Extrañamente, durante el transcurso de los últimos días, tanto Derbal como Andreas se habían convertido en los consejeros más cercanos de su hermana. Hilda les había otorgado ciertos privilegios y autonomía dentro de las filas del personal del palacio Valhalla, mucho mayores de los que Frey alguna vez ostentó. Ni siquiera el poderoso Siegfried de Alioth, el líder de los guerreros divinos y guardaespaldas personal de Hilda, podía presumir de contar con tanta confianza por parte de ella.

 

Al notar su presencia, el mayordomo y su aprendiz inmediatamente pararon de hablar. Frey vio como ellos se quedaron observándolo por unos segundos antes de comenzar a aproximarse a él.

 

‘Ah, Frey’, Derbal le dijo con una sonrisa. ‘Es bueno poder verte nuevamente en el palacio. Me alegra saber que al fin has hecho las paces con la señorita Hilda’.

 

Frey asintió. ‘Muchas gracias, Derbal. Agradezco tus palabras’. A pesar del hecho que el mayordomo del palacio jamás había sido muy querido por su hermana Freya, Frey nunca había tenido problemas con él, al menos no personalmente. Lo cual le hacía preguntarse por qué Hilda estaba tan dispuesta a mantenerlo de su lado. Ella últimamente vivía en un extraño estado de paranoia, incapaz de confiar en nada ni nadie por mucho tiempo antes de imaginar lo peor. De todas las personas en Asgard, Derbal era la última que Frey hubiera esperado que pudiera convertirse en la mano derecha de Hilda, especialmente en vista de las actuales circunstancias.

 

‘Justo en ese momento Andreas y yo estábamos a punto de reunirnos con nuestra honorable sacerdotisa’, el mayordomo le dijo. ‘¿Qué me dices tú, Frey? ¿Te gustaría venir con nosotros?’.

 

‘Me gustaría poder hacer eso’, Frey contestó, ‘pero temo que en estos momentos debo hablar con Freya. Tengo algo muy importante que discutir con mi hermana. No me agrada el hecho de que ella se haya aislado de todos’.

 

‘Sí, eso es lamentable’, Derbal le dijo, mirando brevemente la puerta de la habitación de Freya antes de volver su mirada hacia Frey. ‘Debo admitir que la señorita Hilda me ha expresado su gran molestia por el comportamiento de su honorable hermana. La señorita Freya haría bien en abandonar los confines de su habitación’.

 

‘Haré todo lo que esté en mi poder para convencerla de salir nuevamente’, Frey dijo.

 

‘Eso sería esplendido. La señorita Hilda sin duda alguna apreciaría ese gesto de tu parte, Frey. Pero creo que ya estoy perdiendo más tiempo del necesario’. El mayordomo volteó hacia su aprendiz. ‘En marcha, Andreas. No debemos hacer esperar a la señorita Hilda por mucho más’. Derbal volvió su mirada hacia Frey con una sonrisa. ‘Espero que podamos seguir esta conversación mas tarde. Por favor, saluda a la señorita Frey de mi parte. Oh, y dile que Hagen está ansioso por verla de nuevo. Él todavía está esperando por esa cabalgata por el bosque que elle le había prometido’.

 

‘Lo haré’, Frey dijo, mirando como ambos hombres seguían su camino.

 

Pocos momentos después, Frey entró a la habitación junto con Syd. Al hacerlo, él miró a su hermana. Ella estaba sentada y orando, con una expresión de tristeza y vacío plasmada en su rostro.

 

‘¡Frey!’, Freya exclamó al verlo. Ella corrió hasta él y lo abrazó fuertemente.

 

‘Hola, hermana’, Frey dijo, abrazando de vuelta a Freya. Qué gusto me da verte de nuevo.

 

‘Temí que Hilda te hubiera encerrado o algo peor’.

 

‘No te preocupes’, Frey le dijo, tratando de borrar esa posibilidad de su mente. ‘Ya todo está arreglado. Hilda me ha aceptado de vuelta en el palacio’.

 

‘¿Lo dices en serio, Frey?’, su hermana le preguntó.

 

‘Sí. He hecho las paces con nuestra hermana’.

 

‘Pero, ¿cómo…?’.

 

‘Es una larga historia’, Frey le dijo.

 

‘Cuéntamelo todo, por favor’.

 

Frey miró hacia atrás. ‘Syd, puedes darnos unos momentos a solas, ¿por favor?’.

 

El guerrero de la estrella Mizar negó con la cabeza. ‘Me temo que eso no es posible, él dijo. La señorita Hilda me dio órdenes muy claras de mantenerme cerca de ti, Frey’.

 

Las palabras fueron un duro golpe para Freya. Syd…

 

‘Entiendo a lo que te refieres, Syd’. Frey dijo. Él miró a su hermana fijamente a los ojos. ‘Freya, quiero que sepas que todo estará bien a partir de ahora. Te lo prometo’.

 

‘Frey…’. Era obvio que su hermana dudaba de sus palabras. Ella siempre había podido ver a través de él como si fuera un trozo de cristal.

 

Frey sonrió y besó la frente de Freya antes de despedirse. Por más que le molestara el hecho de mentirle a su hermana, él no veía otra opción. Lo mejor que Frey podía hacer en esos momentos era jugar el juego de Hilda mientras él elaboraba un plan para recuperar la cordura de su hermana.

 

‘Ten cuidado’, hermano.

 

Frey asintió y se despidió de Freya.

 

Al salir de la habitación, Frey miró al guerrero divino a su lado y le habló. ‘Syd, ¿crees que Hilda me permita visitar a Freya más seguido?’.

 

‘No podría responder eso con certeza’, el guerrero divino le dijo. ‘Tal vez’.

 

Esas dos últimas palabras obviamente habían sido un intento de Syd por darle ánimos, pero Frey sabía que el guerrero de Mizar conocía muy bien la perturbada personalidad de su hermana. Como uno de sus protectores, él la había experimentado de primera mano cuán impredecible Hilda se había vuelto.

 

Frey salió del palacio. El atardecer se encontraba nublado y unas grandes nubes de tormenta parecían estar formándose en el horizonte. Un invierno muy duro se estaba acercando a ellos. Mientras recorría las instalaciones exteriores, Frey se encontró con Siegfried, quien extrañamente parecía haber salido de la sala del trono del palacio Valhalla. Sin embargo, el rostro del guerrero de la estrella Alioth era una máscara serena que no traicionaba intención alguna.

 

‘Siegfried’, Frey dijo, ‘¿puedo hablar contigo a solas por unos momentos? Es realmente importante’.

 

‘Me temo que debo oponerme’, Syd dijo. ‘La señorita Hilda-’.

 

‘Sé muy bien lo que la señorita Hilda ordenó’, Siegfried le dijo a su camarada. ‘No te preocupes por eso, Syd. Después de todo, ¿quien mejor que yo para vigilar a Frey?’.

 

Syd no estaba seguro de qué hacer, eso era obvio para Frey. No obstante, después de unos cuantos segundos de aparente reflexión, el guerrero divino de la estrella Mizar asintió y se retiró del lugar. Syd había decidido dejar a Frey a solas con Siegfried, aunque él sin duda volvería pronto.

 

‘Siegfried, escúchame, por favor’, Frey dijo, mirando al imponente guerrero de Alioth a los ojos. ‘Tienes que ayudarme a averiguar que le sucedió a mi hermana. Tú mejor que nadie conoces a la perfección el carácter Hilda. Debes haber notado el cambio en su personalidad. Hay que  hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que mi hermana recobre el juicio. Te lo pido no sólo en mi nombre o en el de Freya, sino también en nombre de todo Asgard’.

 

A pesar de escuchar claramente sus palabras, Siegfried no pareció inmutarse por ellas. ‘Mi deber como guerrero divino es seguir las órdenes de la señorita Hilda al pie de la letra, él le respondió fríamente. Mi honor depende de eso. Incluso si estuvieras en lo correcto, Frey, y ella estuviera errada, yo me vería obligado a seguirla hasta el otro mundo de ser necesario’.

 

‘Pero, Siegfried…’.

 

‘Ya es suficiente’. El guerrero de la estrella de Alioth se dio media vuelta. ‘Por tu bien no le comentaré nada a Syd o a Hilda acerca de esta conversación. Aunque si fuera tú, Frey… yo trataría de ser más discreto. Recuerda que pocos secretos escapan a los oídos de Odín o de sus representes’.

 

Frey no tuvo otra opción más que ver cómo el hombre más valeroso de Asgard se alejaba, dejándolo sólo con sus confusos pensamientos y su enorme frustración. Él alzó su vista hacia cielo en un intento de buscar tontamente una señal de que hacer, pero justo como sospechaba, ese gesto resultó ser inútil. Cada día que pasaba, la luz de las estrellas de Asgard parecía apagarse más y más.


Editado por Arquero Dorado, 01 octubre 2018 - 22:53 .


#49 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 02 octubre 2018 - 15:05

-menos mal que en la version de tu fic seiya si sabe que son 12 caballeros dorados

 

-me agrado la forma en que narraste el poder que se alcanza al portar una armadura dorada

 

-excelente combate

 

-la sabiduría legendaria del sensei heroico evito que los protas lucharan inútilmente entre si

 

-el poderoso Tatsumi fue derrotado XD

 

-me pregunto que tramaran Derbal, el mayordomo de Hilda y su aprendiz, Andreas

 

-Siegfried es bastante terco

 

 

-Es un buen capitulo aunque algo largo



#50 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 11 noviembre 2018 - 23:08

Una nueva actualización . Espero que les guste el capítulo. Un enorme saludo.

 

15

El León y el Sacerdote

 

Japón

 

‘Esa armadura le pertenece al Santuario’, Hyoga de Cisne les estaba diciendo. ‘No puedo quedarme de brazos cruzados sin hacer nada mientras sujetos como ustedes pierden el tiempo con un objeto tan valioso’.

 

‘Deja de decir tonterías’, Seiya le respondió. ‘Tal vez no lo hayas notado, pero es obvio que esa armadura es más que un trozo de metal. Tengo la impresión de que está viva. Además, si el ropaje en verdad quisiera regresar al Santuario, ¿no crees que lo haría por cuenta propia?’.

 

‘¿Tienes una idea de cuán ridículo suena lo que estás diciendo?’, Hyoga preguntó. ‘Parecen los disparates un loco’.

 

‘¿Qué dijiste?’

 

El caballero del Cisne estaba determinado a llevarse la armadura de oro consigo. Sin embargo, Seiya no estaba dispuesto a dejar que eso pasara, especialmente en vista de los recientes acontecimientos. Algo en su interior le decía que era necesario mantener el ropaje con ellos. Ya ni siquiera se trataba de obtenerlo con el objetivo de encontrar a su hermana Seika. Lo que estaba en juego era algo incluso más grande.

 

‘Ya basta, muchachos’, Shun intervino. ‘No es necesario que discutan. Lo menos que necesitamos ahora es otra pelea. Intenten calmarse, por favor’.

 

‘Shun tiene toda la razón’, Shiryu dijo. ‘De nada servirá luchar. Lo mejor que podemos hacer en estos momentos es tratar de averiguar con exactitud qué sucedió anoche en ese callejón’.

 

‘Yo sigo sin creer por completo lo que nos contaste, Seiya’, Jabu le dijo. ‘¿Por qué la armadura decidió elegirte a ti en lugar de Shiryu o el caballero del Cisne? A diferencia de ti, ellos sí fueron entrenados por un caballero de oro’.

 

‘No tengo la menor idea, Jabu’, Seiya le contestó al caballero del Unicornio. La actitud de Jabu era más que molesta. Por alguna razón, él seguía empeñado en dudar de sus palabras. Para alguien que no había ayudado mucho en la lucha por recuperar la armadura de oro, Jabu ciertamente tenía un aire desafiante.

 

No obstante, por más que él quisiera ser capaz de responder las preguntas de sus amigos, Seiya debía admitir que él estaba tan perdido como ellos. La armadura de oro de Sagitario simplemente había cobrado vida propia y decidido cubrir su cuerpo, ayudándolo así a derrotar al caballero de plata de Orión. Seiya no podía recordar ningún evento fuera de lo común antes de ese suceso. Durante el torneo, el ropaje no había dado señales de estar vivo, ni mucho menos de ser capaz de moverse por su cuenta.

 

Pero ahora, después de experimentar el enorme poder de un ropaje dorado, algo le decía a Seiya que eso no había sido un hecho aislado. Algo o alguien le había estado brindando su ayuda durante el combate. El cálido cosmos que residía dentro de la armadura era prueba de eso.

 

‘¿Acaso será posible que el espíritu de quien sea que haya sido el caballero de oro de Sagitario haya sido el responsable?’, Shiryu preguntó.

 

‘¿Aún sigues creyendo eso?’, Hyoga de Cisne le preguntó, como si la sola idea fuera una locura. ‘Incluso si aceptáramos que eso fuera verdad, eso todavía deja la duda de por qué la armadura decidió elegir a Seiya cómo su portador. El caballero del Unicornio tiene razón. Piénsenlo bien: ¿qué hace que el caballero de Pegaso sea tan especial?’.

 

‘Temo que no puedo responder eso’, Shiryu dijo. ‘Pero si de algo estoy más que seguro, es que la armadura realizó esa elección por su cuenta, y ella debió de tener buenas razones para hacerlo’.

 

'Seiya apreció el gesto de apoyo el caballero del Dragón. A pesar de haber estado al borde de la muerte a causa de las heridas que él había recibido en la lucha contra Jäger, Shiryu afortunadamente parecía estar recuperándose satisfactoriamente.

 

‘Bueno, sea como sea, creo que tenemos un asunto más importante entre manos’, Jabu les dijo.

 

‘¿A qué te refieres?’.

 

‘El caballero del Fénix’, Jabu contestó. ‘¿Qué creen que deberíamos hacer con él? No podemos dejar que ese miserable se escape de nuestras manos’.

 

‘Es verdad’, Seiya dijo. Por más que él lo odiara, Jabu tenía toda la razón. Pensar que Ikki había logrado escapar era realmente perturbador. Algo me dice que él no se quedará de brazos cruzados sin hacer nada.

 

‘Es posible que tengas razón’, Hyoga dijo. ‘El caballero del Fénix seguramente aún debe tener planeado robar la armadura de oro. Si es así… les sugiero que nos preparemos para esa posibilidad’.

 

‘Estoy de acuerdo’, Shiryu dijo.

 

Seiya notó que el caballero de Andrómeda se encontraba con el ánimo bajo desde hacía un tiempo. Al parecer, el ver a su hermano después de tantos años había sido duro para él.

 

‘Si no les molesta’, Shun dijo, ‘me gustaría ir en busca de mi hermano’.

 

‘¿Estás hablando en serio, Shun?’, Seiya preguntó.

 

‘No estoy seguro que sea buena idea hacer eso, Andrómeda’, Hyoga le dijo. ‘Su lazo de sangre no pareció ser un impedimento para el caballero del Fénix. Ese sujeto parecía estar dispuesto a matarte sin siquiera dudarlo un momento’.

 

Seiya suspiró. ‘Shun, Hyoga tiene razón’, él dijo. ‘Estarás más seguro si te quedas con nosotros aquí. Creo que eso es lo mejor que puedes hacer por el momento, en todo caso’.

 

Shun tal vez no quería aceptarlo, pero Seiya sabía que Ikki ya no era el mismo joven que hacía largos años atrás se había dedicado a proteger a su hermano menor. Fueran lo que fueran las cosas por las que Ikki había pasado en la isla de la Reina Muerte, la experiencia sin duda alguna debió de ser una realmente horrible para él.

 

‘Pues yo propongo que salgamos al Fénix, Jabu intervino. ‘Si los cinco unimos nuestras fuerzas, ese miserable no podrá hacer nada para defenderse’.

 

‘¿Y cómo propones hacer eso si ni siquiera sabemos en dónde demonios se encuentra Ikki?’, Seiya preguntó. ‘Vamos, dímelo’.

 

Justo en ese momento, antes de que Jabu pudiera siquiera intentar responder la pregunta, Saori Kido y su mayordomo Tatsumi entraron en la habitación. Ellos habían pasado gran parte de la noche anterior asegurándose de instalar un perímetro de seguridad alrededor de la armadura. La fundación Kido ciertamente no quería volver a pasar de nuevo por la humillación de perder el ropaje de Sagitario.

 

‘Me alegra encontrarlos’, Saori les dijo. ‘Espero que se sientan bien. Tengo algunas noticias que tal vez les interesen’.

 

‘¿Noticias? ¿Qué noticias?’. Seiya dudaba que ella pudiera haber averiguado algo de valor en tan poco tiempo.

 

‘La armadura de oro parece encontrarse en perfectas condiciones’, Saori dijo. ‘Realizamos algunos exámenes rápido y ella no pareció presentar ninguna clase de daños o desgaste’.

 

‘Eso es un alivio’, Shun dijo.

 

‘¿No has notado nada extraño?’, Seiya preguntó, intentando indagar si la joven Kido se había dado cuenta del extraño comportamiento que la armadura había exhibido la noche anterior.

 

‘¿Algo extraño?’, Saori dijo. ‘¿Exactamente qué intentas decir con eso, Seiya?’.

 

‘¿Acaso la armadura no ha intentado… no lo sé… moverse por su cuenta?’

 

‘¿Hablas en serio?’, Saori preguntó, mirando a Seiya como si él se hubiera vuelto loco. ‘¿Qué clase de pregunta es esa?’.

 

‘Sólo quiero saber si todo está bien con la armadura’.

 

‘Ya te lo dije, Seiya, la armadura está perfectamente sana. ‘No hay nada extraño que nuestros equipos hayan detectado. Eso no me preocupa. Lo que sí me preocupa es el cuerpo de ese extraño hombre que ustedes trajeron. ¿Tienen alguna idea de quién él pudo haber sido?’.

 

‘El sujeto mencionó que él era un caballero de plata’, Hyoga de Cisne dijo, interviniendo en la conversación.

 

‘¿Un caballero de plata? ¿Por qué querría un caballero de plata hacerles daño?’.

 

‘Para recuperar la armadura de oro’, Seiya dijo. ‘Parece ser que a alguien no le gustó que hayas usado ese ropaje como atracción principal de tu torneo’.

 

‘Lo importante es que ese sujeto ya no nos molestará más, señorita Saori’, Jabu dijo, esbozando una tonta sonrisa. ‘Como ese es el caso, no veo ninguna razón por la que nosotros no podamos reanudar la competencia’.

 

‘Yo no estaría tan seguro de eso si fuera tú, caballero del Unicornio’, Hyoga dijo. ‘Ya se los dije, esa armadura por derecho le pertenece al Santuario’.

 

‘Pues si lo que quieres es apoderarte de ella, primero tendrás que vértelas conmigo’, Jabu respondió.

 

‘Por mi está bien’, Hyoga dijo, acercándose a Jabu. ‘Tú no representas ningún problema para mí’.

 

‘¡¿Qué dijiste?!’.

 

‘Creo que ya me escuchaste’.

 

La ira en el rostro de Jabu era más que notable. ‘¡M-miserable…!’.

 

Seiya no pudo evitar sentirse algo entretenido por la actitud de Jabu. Verlo enojado era casi una forma de entretenimiento para él.

 

‘¡Basta!’, Saori dijo. ‘No permitiré que ustedes luchen como unos tontos en este lugar’.

 

‘¡Ya escucharon a la señorita Saori, buenos para nada!’, Tatsumi les dijo. ¡Deténganse ahora mismo!

 

Como siempre, Jabu le hizo caso a los deseos de Saori. Él retrocedió y guardó silencio. Sin embargo, Hyoga no sentía la misma clase de respeto hacia la heredera de Mitsumasa Kido. El caballero del Cisne miró a Tatsumi fijamente antes de darse media vuelta. Hyoga no era alguien a quien Saori pudiera controlar, lo cual se le dio la impresión a Seiya que tal vez el caballero del Cisne podía ser su próximo oponente. De ser así, sería mejor que él estuviera preparado para tal eventualidad. Lo menos que ellos necesitaban era que Hyoga aprovechara la oportunidad para hacerse con la armadura de oro.

 

Después de un corto tiempo, Saori y Tatsumi dejaron la habitación. Ellos aún tenían cosas que resolver en la fundación. O al menos esa fue su excusa. Seiya sabía que ninguno de los dos estaba interesado en quedarse en la enfermería mientras ellos se recuperaban de la batalla.

 

‘Vaya, eso si que fue interesante’, Seiya dijo.

 

‘Lamento traer esto a colación tan pronto, Seiya’, Shiryu le dijo, mirando hacia la esquina de la habitación, ‘pero hay algo que no podemos ignorar por más tiempo’.

 

Seiya siguió la mirada de Shiryu y observó el lugar en donde sus armaduras dañadas estaban reposando. El combate contra el caballero de plata había sido increíblemente brutal. Las armaduras de bronce de Pegaso y del Dragón lamentablemente  recibieron la mayor parte de los impactos. Con toda honestidad, Seiya no sabía que hacer con los ropajes. No había pasado mucho tiempo desde aquella competencia en Grecia en el cual él se había ganado el derecho de portar la armadura de Pegaso y ahora… La sola idea de perder su ropaje le resultaba más que devastadora.

 

Seiya no pudo evitar que la depresión se apoderara de él. Maldición…

 

Un día después, Seiya y los demás seguían sin obtener respuestas acerca de lo sucedido. Ellos se habían topado contra una especie muro. Eso sin mencionar el hecho de que el torneo galáctico había sido suspendido por Saori hasta nuevo aviso.

 

Mientras él desayunaba en el comedor de la fundación junto a los demás, Seiya no pudo evitar sentirse como un completo inútil. Quedarse de brazos cruzados no le agradaba para nada. Mientras más tiempo pasara, más altas eran las probabilidades de que Ikki se escapara lejos de su alcance. Luego estaba todo el terrible asunto de las armaduras dañadas…

 

Fue en ese justo momento que Shiryu se acercó a ellos con una idea.

 

‘¿Ya has decidido que hacer con los daños que nuestras armaduras sufrieron, Shiryu?’, Seiya le preguntó al caballero Dragón, esperando que la respuesta fuera una buena. La sola idea de haber perdido para siempre sus armaduras era insoportable.

 

‘Eso creo’, su amigo contestó. ‘Creo que existe una posibilidad de recuperarlas’.

 

Las palabras avivaron de nuevo las esperanzas de Seiya. ‘¿Lo dices en serio, Shiryu?’, él preguntó.

 

El caballero del Dragón asintió. ‘Sí, pero es algo arriesgado. Tengo que ir a Jamir a ver Mū, el famoso reparador de armaduras’.

 

‘¿A Jamir a ver Mū?, Seiya preguntó. Los nombres le eran completamente desconocidos.

 

‘Mi maestro solía contarme historias acerca un hombre que vive en la frontera entre China y la India’, Shiryu le dijo. ‘Según los rumores, Mū se ha dedicado al arte de restaurar armaduras dañadas durante varios años. Si alguien puede ayudarnos con este problema, ese es él’.

 

‘Vaya, entonces supongo que ya está decidido, Seiya dijo. Iremos a Jamir en busca de ese tal Mū’.

 

‘Si no te importa, creo que será mejor que vaya yo sólo, Seiya’, Shiryu le dijo.

 

‘¿Qué? ¿Estás seguro, Shiryu?’

 

‘Sí. No es necesario que ambos vayamos a ese lugar. Creo que yo solo podré arreglármelas’.

 

Seiya no sabía que pensar. Un viaje tan lejano seguramente debería de ser un problema para su amigo. Aun así, él decidió confiar en el caballero del Dragón. Después de todo lo que Shiryu había hecho, Seiya le debía al menos el beneficio de la duda.

 

Antes del mediodía, Shiryu ya estaba listo para marcharse de la fundación. Seiya sabía que ellos tenían que confiar en su amigo. Si más problemas llegaran a presentarse a causa de la armadura de oro, todo ellos necesitarían de la ayuda del caballero Dragón y de sus ropajes.

 

‘Suerte, Shiryu’, Seiya le dijo. ‘Espero volver a verte pronto’.

 

‘Ten cuidado’, Shun dijo.

 

‘No se preocupen, amigos’, Shiryu les respondió. ‘Les prometo que conseguiré esas reparaciones cueste lo que cueste’.

 

Seiya y los demás vieron cómo Shiryu se marchaba. Si todo salía bien, él no tardaría en volver con las armaduras. Una vez que su amigo desapareció por completo en el horizonte, Seiya miró al resto de sus compañeros. Ahora dependería de ellos proteger la armadura de oro a toda costa.

 

Grecia

 

Aiolia se encontraba en las cercanías del Santuario, viendo a los soldados marchar por el lugar con un ritmo acelerado. En los últimos días la tensión había continuado creciendo en el refugio. Desde que el Patriarca les había informado del hecho que la armadura de oro de Sagitario, perdida hacía tantos años, finalmente había sido encontrada, todos los caballeros de oro se habían puesto en alerta.

 

Él no podía entender cómo el ropaje de su hermano había terminado en las manos de una joven muchacha en Japón. ¿Acaso Aiolos había tenido ayuda la noche que el decidió traicionar al Santuario? Esa era la única explicación que se le venía a la mente.

 

A Aiolia le habría gustado ir a Japón personalmente, pero el Patriarca había sido muy claro con sus órdenes: el aprendiz de Camus de Acuario sería el elegido para traer de vuelta al Santuario la armadura de Sagitario. Eso seguramente sería una especie de prueba para el joven. A través de la historia, los Patriarcas del Santuario habían asignados a caballeros de bronces a misiones extraordinarias con el fin de probar su valor. Muchos de ellos habían muerto tratando de cumplir su deber. Otros, más tontamente, habían decido aprovechar ocasiones como esas para intentar escapar del Santuario y su deber como caballeros, lo cual eventualmente terminaba por decretar sus muertes.

 

Cerca del anochecer, Aiolia comenzó a escuchar extraños rumores de la boca de algunos guardias. Al parecer el Patriarca se encontraba sumamente molesto. Él había le ordenado a su personal más cercano que lo dejaran a solas.

 

Intrigado, Aiolia le preguntó a uno de los siervos del Patriarca qué había sucedido. El hombre le dijo que su Santidad había recibido noticias perturbadoras de Japón. Eso hizo que Aiolia sospechara acerca de la armadura de oro.

 

Sin perder tiempo, él decidió dirigirse a la cámara del Patriarca para averiguar cuán ciertos eran los rumores. No obstante, al llegar al lugar, algunos de los soldados que estaban haciendo guardia se rehusaron a dejarlo pasar hasta nuevo aviso.

 

Aiolia se vio obligado a amenazar a los guardias con graves consecuencias para poder entrar al lugar. A pesar de que los caballeros de oro en teoría no deberían tener algún problema para desplacerse libremente por los alrededores del Santuario al abandonar sus respectivas casas, las órdenes del Patriarca siempre tenían prioridad absoluta. Como representante y consejero de Atena en la Tierra, toda voluntad proveniente del pontífice debía cumplirse. Desafiar o incluso negar este hecho significaba traicionar a la mismísima Atena. No obstante, de ser realmente necesario, los caballeros de oro podían exigir una audiencia con el Patriarca aun a pesar de sus indicaciones de no ser molestado. Hacer tal cosa siempre era arriesgado, pero a veces las circunstancias lo pedían.

 

Una vez en los aposentos del Patriarca, Aiolia fue saludado por Phaeton, el jefe del estado mayor del Santuario, quien últimamente había pasado más tiempo en el refugio de lo que le era habitual. Él le informó que el Patriarca se encontraba meditando y que su Santidad había dejado órdenes explícitas de no ser perturbado por algunas horas. Aiolia trató de averiguar cualquier información posible, pero Phaeton se rehusó a responder sus preguntas. Fuera lo que fuera que hubiera pasado, ciertamente todos en el lugar querían mantenerlo en secreto.

 

Sin embargo, eso no iba a detener a Aiolia. Él iba a descubrir lo que había sucedido a toda costa.

 

Por suerte, casi inmediatamente después de escuchar la palabras de Phaeton, un sirviente del Patriarca apareció ante ellos. Su Santidad finalmente había terminado su meditación, lo cual le permitió a Aiolia entrar en su cámara de audiencias sin forzar su entrada.

 

El Patriarca se encontraba completamente solo en la lúgubre habitación, a excepción de su mayordomo Gigas, quien extrañamente parecía más callado y apacible de lo usual. Ese anciano era un dolor de cabeza la mayoría de las ocasiones debido a su actitud tan arrogante y hostil.

 

‘¿Qué estás haciendo aquí, Aiolia?’, el Patriarca le preguntó, su profunda voz haciendo eco en la cámara. ‘Creí que estarías en la casa de Leo cumpliendo tu deber’.

 

‘Lamento interrumpirlo, Santidad’, Aiolia, arrodillándose y bajando la cabeza como gesto de reverencia. ‘He venido aquí porque he estado escuchando extraños rumores’.

 

‘¿Rumores?’, el Patriarca preguntó ‘¿De qué clase de rumores estás hablando, Aiolia?’.

 

‘Es acerca de la armadura de oro’, Aiolia respondió.

 

El Patriarca guardó silencio por unos instantes antes de responderle. Los ojos de su máscara parecían observar a Aiolia detenidamente, casi como si el sacerdote pensara cuidadosamente qué decirle. ‘Ya veo…’.

 

‘¿Ha sucedido algo, Santidad?’.

 

‘No tienes por que preocuparte, Aiolia’, el Patriarca le respondió. Su tono le indicó que él no tenía ninguna intención de aceptar objeciones. ‘He enviado un grupo de caballeros de plata a Japón con el fin de recuperar la armadura’.

 

‘¿C-caballeros de plata…?’. Eso ciertamente tomó por sorpresa a Aiolia ‘¿Qué sucedió con el discípulo de Camus, Santidad?’.

 

‘Parece ser que él no pudo obtener la armadura’, el Patriarca respondió. ‘Cometí un error en confiarle una misión de tal importancia a un simple caballero de bronce’. Aiolia pudo notar que el sacerdote apretaba sus manos fuertemente. ‘Pero eso ya tiene importancia. Los caballeros de plata cumplirán con su misión y recuperaran el ropaje de oro de Sagitario sin ningún inconveniente, de eso puedes estar seguro, Aiolia’.

 

A pesar de sus dudas, Aiolia asintió. ‘C-como usted diga, Santidad…’.

 

Él no sabía que pensar. Un grupo de caballeros de plata era algo sumamente excesivo incluso para una tarea de ese tipo. El Patriarca ciertamente no había querido correr riesgos. Sin embargo, a Aiolia le preocupaba que la elección del sacerote pudiera poner al descubierto la existencia del Santuario para el resto del mundo. El poder de un caballero de plata, aunque muchas veces inferior al de un caballero de oro, seguía siendo notable, especialmente para las personas comunes. Aiolia sólo esperaba que ese grupo de individuos fueran lo suficientemente sensatos como para procurar mantener un bajo perfil una vez que ellos llegaran a Japón.

 

‘Ahora regresa a tu casa, Aiolia’, el Patriarca le ordenó. ‘No tienes nada de que preocuparte. En cuanto la armadura de oro regrese al Santuario, tú serás el primero en saberlo. Quiero que de eso no te quepa la menor duda’.

 

‘Sí, Santidad’.

 

Aiolia se levantó y le hizo una última reverencia al Patriarca antes de abandonar su cámara de audiencias, sintiéndose algo perturbado por la relevaciones que el había recibido del sacerdote. Recuperar la armadura de oro de Sagitario era vital para enmendar el error que su hermano Aiolos había cometido al traicionar al Santuario. Después de que él decidiera levantar su mano contra Atena, su nombre había quedado manchado para siempre ante todos. Era por eso que Aiolia había tratado por largos años de enmendar las terribles acciones de su hermano obedeciendo las órdenes del Santuario al pie de la letra.

 

Al llegar a la casa de Leo, después de recorrer los siete templos anteriores, Aiolia decidió quedarse por un tiempo en ella antes de salir a inspeccionar las instalaciones exteriores del Santuario en un intento por despejar su mente. Él aún podía recordar la primera vez que se había instalado la quinta casa. Las entonces recientes noticias de la traición de su hermano habían destruido su mundo, pero, a pesar de ese hecho, el Patriarca había sido lo suficientemente misericordioso como para permitirle ocupar su lugar entre los caballeros de oro.

 

Aiolia consideró que esa oportunidad no podía desperdiciarse bajo ningún motivo. Él tenía que demostrar que era digno de ser uno de los doce caballeros de oro de Atena. Si en verdad era cierto que la siguiente guerra santa se estaba aproximando a ellos, Aiolia sabía que mucho dependería de la sabiduría del Patriarca. Sólo él conocía el mejor curso de acción a tomar por el bien de Atena y de la Tierra.


Editado por Arquero Dorado, 31 enero 2019 - 22:38 .


#51 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 13 noviembre 2018 - 18:55

-Hyoga de Cisne es muy terco

 

-Jabu molestando sin haber ayudado en nada  XD

 

-a Saori y Tatsumi les importa un comino la salud de los protas XD

 

-se ve que Aiolia  se preocupa por el secretismo de la Orden y esta obsesionado

con borrar el recuerdo de la traicion de su hermano


Editado por T-800, 13 noviembre 2018 - 18:55 .


#52 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 29 diciembre 2018 - 21:26

Una nueva actualización . Espero que les guste. Un gran saludo.

 

16

La Aparición de los Terribles Caballeros

 

China

 

‘Es una verdadera tragedia lo que ocurrió’, el viejo maestro de Libra le dijo a Mū, con una enorme tristeza brotando de su voz. ‘Todo parece indicar que parecer el mal se ha apoderado del Santuario de Atena’.

 

Incluso con el ruido proveniente de la imponente cascada detrás de ellos, Mū podía percibir la enorme impotencia del noble y anciano caballero. No debía ser nada fácil para él permanecer en la cascada sin poder hacer nada a causa de la misión que Atena le había confiado. Especialmente sabiendo que su antiguo amigo había sido asesinado.

 

No era un secreto que el caballero de oro de Libra y maestro de Mū, el antiguo caballero de oro de Aries, habían sido tan cercanos como hermanos, incluso antes del inicio de la anterior guerra santa contra el dios Hades. Los sucesos que habían ocurrido durante ese terrible conflicto sólo habían servido para fortalecer en intenso laso de amistad que existía entre ellos, los dos únicos sobrevivientes de ese terrible conflicto que pertenecían al rango de los caballeros de oro.

 

‘¿Qué propone que hagamos ahora, maestro?’, Mū le preguntó, esperando que el sabio y viejo caballero le brindara una respuesta que tranquilizara su mente.

 

Dōko de Libra suspiró. ‘Esto debe de tratarse de una prueba para Atena’, él declaró. ‘Lo único que podemos hacer en estos momentos es esperar que ella pueda superar este obstáculo’.

 

‘¿Qué? ¿Está hablando en serio’?, Mū preguntó. ‘Maestro, ¿no cree que sea muy arriesgado quedarnos de brazos cruzados?’.

 

‘Lo es’, el anciano caballero admitió. ‘Sin embargo, Atena siempre ha conseguido imponerse ante las dificultades. Estoy más que seguro que ella logrará salir adelante a pesar de todo’.

 

Mū no sabía que pensar. ¿Acaso el viejo caballero de Libra estaba en lo correcto? Dejar que la situación siguiera su curso natural podía ser muy irresponsable. El principal deber de los caballeros de oro era el de proteger a la diosa Atena a toda costa. Dejarla indefensa ante los posibles ataques del hombre quién había usurpado el puesto de Patriarca de su maestro Sion era algo que Mū apenas podía concebir en su mente. Lo más sensato a su parecer será ir con Atena y ofrecerle sus servicios con el fin de ayudarla a recuperar el Santuario de las manos siniestras que se habían apoderado de él.

 

Mū no tenía duda de que todo apuntaba a que la nueva guerra santa se estaba aproximando más rápido de lo imaginado. De ser así, entonces Atena debían ser encontrada y el refugio recuperado antes de que fuera demasiado tarde. Si los enemigos del Santuario llegaran a enterarse de la actual ausencia de Atena, ellos no dudarían en atacar… y el daño que un hecho como ese podía causarle a la Tierra sería más que catastrófico. La sola idea era más que escalofriante.

 

Sin embargo, Mū decidió seguir el consejo del viejo maestro, al menos por el momento. ‘Entiendo’, él dijo, justo antes de llamar la atención de su joven aprendiz, quien se encontraba charlando con Shunrei, mostrándoles sus habilidades psíquicas. ‘Kiki’.

 

El niño detuvo su demostración y volteó hacia él. ‘¿Sí, señor Mū?’.

 

‘Creo que ya es hora de irnos’.

 

‘¿Tan pronto, señor Mū?’, Kiki le preguntó.

 

Mū asintió. ‘Así es. Creo que no es necesario que sigamos infortunado al maestro de Libra por mucho más. Es hora de despedirnos’.

 

Mū estaba seguro de que Dōko de Libra se mantendría expectante a los sucesos que estaban por acontecer. Después de todo, el viejo caballero había pasado incontables años en la gran cascada meditando acerca de su rol en la siguiente guerra santa. Atena había depositado una gran confianza en él, y Mū confiaba plenamente en la sabiduría de su diosa.

 

‘Está bien’, Kiki asintió, algo decepcionado. A pesar del hecho de que su joven y travieso aprendiz aún tenía mucho por aprender, Mū sentía que el sería un muy buen caballero cuando el momento llegara. Kiki tenía talentos para la telequinesia y la teletransportación, aunque estos todavía no se habían desarrollado al máximo de su potencial. Sin embargo, eso no era nada que el entrenamiento no pudiera remediar. Después de todo, el mismo Mū alguna vez también había sido un simple aprendiz de caballero sin ninguna clase de experiencia.

 

‘Mucha suerte’, maestro, Mū le dijo al caballero de Libra con una leve sonrisa.

 

‘A ti también’, caballero de Aries.

 

Ambos se retiraron de la cascada y abandonaron el hermoso monte Lu, caminando una corta distancia antes de decidirse a teletransportarse de vuelta a Jamir.

 

Japón

 

Seiya se encontraba recostado en la cama de la habitación que Saori Kido le había asignado. Siendo honesto, él se encontraba algo perdido. Lo sucedido en los últimos días había sido toda una locura. Seiya debía admitir que esa sensación de ansiedad seguía rondando en el interior de su mente. A pesar de que él mismo había comprado que la armadura de oro se encontraba resguardada, después de insistirle a Saori que lo dejara ver el ropaje, ese hecho no aplacó para su nerviosismo. Él tenía la impresión de que más obstáculos se presentarían en su camino. Seiya sólo esperaba que su amigo Shiryu tuviera suerte en su misión de reparar sus armaduras. ¿Acaso él ya habría llegado a Jamir? Él ciertamente así lo esperaba. Con los ropajes del Dragón y de Pegaso, Seiya sabía que sus posibilidades de defender la armadura de oro se incrementarían considerablemente.

 

De pronto, Seiya escuchó a alguien tocar la puerta de su habitación. Él se levantó lentamente debido a su cansancio y procedió a abrirla. Ver el rostro de Saori Kido lo tomó por sorpresa.

 

‘¿Qué estás haciendo aquí?’, él le preguntó a la chica

 

‘Seiya, me alegro que te encuentres aquí’, ella le dijo. ‘¿Sabes dónde está Shun?’

 

‘¿Shun? ¿Por qué me preguntas por él?’.

 

‘Verás, lo he estado buscando por todas partes desde tempranas horas. Él no estaba en su habitación y ni Jabu ni ese chico Hyoga lo han visto. Estoy empezando a preocuparme’.

 

‘¿Qué dices?’ Seiya no tenía idea del lugar en el cual su amigo pudiera encontrarse. Las palabras de Saori no tenían ningún sentido. ¿Por qué habría Shun decidido desparecer? Fue en ese justo momento que Seiya recordó lo que el caballero de Andrómeda le había dicho hacía un par de noches atrás acerca de ir en busca de su hermano por su cuenta.

 

El miedo comenzó a apoderarse de Seiya. Si Shun realmente había escapado de la fundación para buscar a Ikki, ellos tenían que encontrarlo antes de que fuera tarde. El peligro al que él se estaba exponiendo era realmente enorme. El caballero del Fénix no era un sujeto en su sano juicio, a juzgar por lo poco que Seiya pudo ver de él. Eso sin mencionar el gran odio y rencor que su cosmos emanaba, los cuales parecían crear un aura desagradable de hostilidad a su alrededor.

 

‘Tenemos que encontrarlo, Seiya’, Saori le dijo.

 

‘No te preocupes por eso’, Seiya le respondió. ‘En este instante iré con Jabu y Hyoga. Saldremos a buscarlo y lo traeremos de vuelta sano y salvo a toda costa’. Seiya no podía dejar que uno de sus amigos fuera lastimado si había algo que él pudiera hacer para impedirlo’

 

Sin embargo, al hablar con el caballero del Unicornio y del Cisne, Seiya se llevó una amarga sorpresa al escuchar que ellos estaban algo reacios a prestarle su ayuda.

 

‘El caballero de Andrómeda sabía muy bien las consecuencias de sus actos cuando decidió marcharse de este lugar’, Hyoga le dijo. Si el resulta herido o peor, no es responsabilidad nuestra.

 

‘¿Cómo puedes decir eso?’, Seiya le preguntó. ‘Shun es un caballero al igual que nosotros. Piensas dejarlo a su suerte aun cuando tenemos la posibilidad de prestarle nuestra ayuda’.

 

‘El caballero del Cisne tiene razón’, Seiya, Jabu dijo. ‘Lo mejor que podemos hacer es quedarnos en la fundación para proteger a la señorita Saori y a la armadura de oro’.

 

‘¿Tú también, Jabu? Debí suponer que siempre seguirías siendo el perro faldero de Saori sin importar qué’.

 

‘¡¿Qué has dicho?!’, Jabu exclamó. ‘¡Te reto a que lo repitas, Seiya! Vamos, adelante!’

 

‘No importa’, Seiya dijo, no dándole importancia a las palabras de Jabu. ‘Si ustedes no quieren ayudarme, entonces supongo que tendré que ir sólo en busca de Shun’.

 

Seiya abandonó la fundación enojado con la cobarde actitud de Hyoga y Jabu. Era indignante que esos sujetos si hicieran llamar a sí mismos caballeros cuando ellos ni siquiera estaban dispuestos a ayudar a sus semejantes. ¿Qué clase de entrenamiento les habían impartido sus maestros para inculcarles tales ideas?

 

Mientras recorría sin rumbo los alrededores de la fundación, Seiya se vio obligado a pensar acerca del posible paradero de su amigo. Tenía que existir algún lugar al cual él se hubiera dirigido con la esperanza de encontrarse con Ikki. Seiya se detuvo y se concentró por varios momentos en busca de una respuesta. Si él fuera Shun, ¿a dónde se dirigiría?

 

La respuesta vino a su mente tan rápido como uno de sus meteros: el callejón de ese viejo muelle. Ese lugar era el perfecto punto de reunión para Shun y su hermano. Sin perder tiempo, Seiya emprendió la marcha hasta ese punto, esperando que aún no fuera demasiado tarde para evitar una posible tragedia.

 

No obstante, al llegar a la zona de los muelles y notar lo concurrida que esta se encontraba, Seiya tuvo la sensación de que su primera deducción podía haber estado errada. La vista de varias personas transitando por el alguna vez solitario callejón terminó por confirmar sus temores. Maldición. Si Shun no se encontraba ahí, entonces, ¿a dónde demonios él pudo haberse dirigido?

 

Seiya tenía que encontrar la respuesta a esa angustiante pregunta y rápido. La vida de Shun podía depender de eso.

 

_________________________________________________________________________________

 

Hyoga no podía creer la insolencia y falta de sentido común del caballero Pegaso. Él había salido de la fundación a toda prisa busca del caballero de Andrómeda. A pesar de haberle explicado la situación claramente, Seiya simplemente había decidido ignorar sus advertencias. Hyoga supuso que si ese sujeto resultaba herido o lastimado a causa de su impulsivo carácter, eso solamente sería culpa suya. Abandonar la relativa seguridad de la fundación Kido para dirigirse hacia el peligro era decisión que Hyoga jamás podría comprender. Después de todo, proteger la armadura de oro era lo que más importaba.

 

Unos cuantos minutos después de que Seiya se marchara, Saori Kido y su mayordomo vinieron a buscarlo.

 

‘¿Qué sucede?’, Hyoga les preguntó.

 

‘Hyoga, dime la verdad’, Saori le dijo. ‘Seiya se ha ido de la fundación, ¿no es así?’.

 

‘Sí, así es’, él respondió. No tenía ningún sentido ocultarle lo sucedido a la joven chica. ‘El caballero de Pegaso se marchó en busca de Shun de Andrómeda. Traté de advertirle que no lo hiciera, pero él no me escuchó’.

 

‘¿Por qué no nos dijiste nada?’, Saori preguntó. ‘Pudimos haber intentado detener a Seiya si hubiéramos sabido lo que él estaba pensando hacer’

 

‘Eso lo dudo’, Hyoga respondió. ‘Incluso un ejército de todos tus guardias serían inútiles contra un caballero, incluso si dicho caballero fuera uno de bronce’.

 

Los caballeros de Atena en cada uno de sus rangos eran simplemente superiores a cualquier ser humano común y corriente. Seiya de Pegaso podría deshacerse de todo el personal de Saori Kido por cuenta propia si él así lo quisiera. Hyoga sabía que de ser necesario, él mismo podría derrotar a Seiya sin muchos problemas. Especialmente ahora que él se había quedado sin su armadura. Sin embargo, lo que el caballero de Pegaso hiciera lo tenía sin cuidado.

 

En ese momento, Jabu de Unicornio entró en la habitación.

 

‘Señorita Saori, escuché todo lo que usted dijo. Si usted así lo quiere, saldré a buscar a Seiya y a Shun de inmediato’.

 

‘¿Hablas en serio, Jabu?’.

 

‘Por supuesto, señorita’.

 

Hyoga no pudo evitar sentir cierto rechazo por la actitud del caballero de Unicornio. Ese sujeto parecía estar completamente obsesionado con Saori Kido. Lo más seguro era que él estuviera dispuesto a seguir cualquier orden que la muchacha le diera, sin importar cuán ridícula esta fuera. Hyoga casi sentía pena por él.

 

‘Muy bien’, Saori dijo, después de considerar su respuesta un tiempo. ‘Jabu te encargo por favor que encuentres a Seiya y a Shun y los traigas de vuelta sanos y salvos’.

 

‘Lo haré señorita’, el caballero de Unicornio respondió. ‘Tiene mi palabra’.

 

‘Tatsumi, ¿por qué no vas con Jabu y lo ayudas? Estoy segura que ustedes dos podrán lograr abarcar una zona más extensa si van juntos’.

 

‘Preferiría no hacerlo, señorita’, el mayordomo contestó. ‘Mi deber es acompañarla y mantenerla a salvo. Su abuelo fue muy explicito en sus órdenes’.

 

‘No se preocupe por mí, señorita’, Jabu dijo con una sonrisa. ‘Yo puedo cuidarme solo’.

 

_________________________________________________________________________________

 

 

Los alrededores del lugar parecían encontrarse lo suficientemente pacíficos. Del bosque adyacente sólo emanaba el sonido de las aves cantando dulcemente. El día parecía ser como cualquier otro. Sin embargo, Shun sabía mejor que nadie que las apariencias podían ser engañosas. Incluso el cielo más claro y las hojas más verdes podían esconder secretos.

 

El enorme árbol a pocos pasos de él era muestra de ello. Justo ahí, hacía tantos años atrás, Shun y su hermano Ikki habían dedicado gran parte de su tiempo a charlar y contarse historias de lo que les había sucedido durante la jornada. En ocasiones Ikki incluso había usado el árbol como objeto de práctica. Su hermano mayor siempre solía tratar de entrenar su cuerpo para cualquier posible eventualidad, todo eso con el fin de protegerlo y resguardarlo del peligro.

 

Toda la vida Ikki había hecho todo lo posible para evitar que él sufriera, por lo cual Shun estaba más que agradecido. Saber que su hermano se encontraría mirándolo y buscando siempre su bienestar era un sentimiento verdaderamente indescriptible. Era por esa razón que Shun no podía darle la espalda a Ikki ahora. Después de todos los sacrificios que él había realizado, Ikki se merecía por lo menos una segunda oportunidad.

 

Shun esperó un tiempo que pareció extenderse por horas antes de recibir una señal.

 

‘Veo que aún recuerdas este lugar, Shun’, la voz de su Ikki le dijo.

 

Shun se dio vuelta y pudo ver a su hermano parado a unos cuantos pasos, justo detrás de unos árboles cercanos.

 

‘¡Ikki!’, Shun exclamó. ‘¡Hermano, qué alegría me da verte!’.

 

‘¿Lo dices en serio?’, Ikki preguntó. ‘Vaya… si es así, entonces eres un tonto más grande de lo que pensé’.

 

‘Hermano…

 

‘¿Acaso has olvidado lo que te dije? Me cansé de preocuparme por un sujeto tan débil y frágil como tú’. Su hermano salió de entre los árboles. ‘No debiste haber venido aquí solo’.

 

A pesar de sus crueles palabras, Shun sabía que su hermano realmente no estaba expresando lo que él realmente sentía. Muy dentro de su ser, aún existía una gran bondad en Ikki. Su hermano era una de las personas más desinteresadas que Shun jamás había conocido. Ikki había estado dispuesto a dar su vida por él sin la menor vacilación. Shun recordaba cómo una noche, poco antes de ser separados para ser enviados a entrenar a lados opuestos del mundo, su hermano le había jurado que si se le diera la oportunidad de nacer de nuevo, él elegiría volver a nacer como su familia, para siempre poder cuidarlo y brindarle su ayuda.

 

‘Ikki,’ Shun dijo, ‘te conozco perfectamente. No importa cuántas veces intentes negarlo, yo sé que tu compasión por las personas aún sigue intacta’.

 

‘¿Estás seguro de eso?’. Sin advertencia alguna, Ikki se puso en una posición de combate y comenzó a elevar y hacer arder su cosmos. Una enorme aura en llamas comenzó a materializarse justo detrás de él. Shun podía sentir una gran agresividad sin límite aparente provenir de ella.

 

‘Hermano…’.

 

En ese momento, Shun sintió una especie de proyectil impactar su cuerpo. Él perdió el equilibrio a causa del golpe y cayó al violentamente al suelo con su cabeza dándole vueltas. Alguien lo había atacado.

 

‘Debiste haberle hecho caso a tu hermano, caballero de Andrómeda’, una extraña voz le dijo. ‘Ahora pagarás por tu insolencia’.

 

Shun alzó la mirada lentamente y contempló a un extraño hombre parado justo delante de él, vistiendo una armadura tan oscura como la noche. Otro de los caballeros negros de su hermano había aparecido.

 

{J-jamás creí que aún hubiera más de esos sujetos…}, Shun pensó, tratando de recuperar rápidamente su compostura. {Acaso Ikki lo habrá llamado}.

 

‘¿Quiere que nos encarguemos de Andrómeda, señor?’, otra voz dijo.

 

Shun desvió un poco su mirada hacia la izquierda y miró atónito cómo otro caballero negro salía en entre los árboles, seguido por otro… y otro… y otro más. Cinco nuevos caballeros negros habían aparecido. Lo que era más extraño y preocupante, era que cada uno de ellos vestía una copia casi exacta de las armaduras de sus compañeros. Pegaso, Dragón, Cisne, Unicornio… incluso una réplica oscura del ropaje y cadena de Andrómeda. ¿Qué estaba sucediendo?

 

‘No, Shun es mío’, fue la respuesta de Ikki. ‘Ustedes vayan a la fundación y recuperen la armadura de oro. Si los compañeros mi hermano intentan detenerlos… encárguense de ellos’.

 

‘¡Sí, señor!’.

 

Shun vio con horror como los cinco caballeros negros salían en dirección a la fundación Kido. Él tenía hacer algo. Shun debía advertirles a todos acerca del enorme peligro que se dirigía hacia ellos.

 

A pesar de sentir su cuerpo todavía algo débil, Shun reunió todas sus fuerzas con el fin de ponerse en pie. Sin embargo, antes de que él pudiera ir en persecución de los seguidores de Ikki, su hermano dejó escapar una perturbadora carcajada.

 

‘No tienes caso que lo intentes, Shun’, Ikki dijo. ‘Los cinco caballeros negros son oponentes casi tan terribles como yo. Tus amigos no tienen oportunidad alguna de ganarles. Pronto la armadura de oro que ese miserable anciano tanto cuidó será mía’.

 

‘Hermano, ¿cómo puedes decir esas cosas?’.

 

‘Ya te lo dije, Shun. En lo profundo de mi ser sólo existe más ira, odio y sed de venganza. Mi estadía en la isla de la Reina Muerte me liberó de todos esos sentimientos estúpidos. ¡Ahora en su lugar sólo queda el poderoso cosmos del Fénix!’.

 

‘¿Qué es esto…?’. Shun pudo sentir el aire a su alrededor volverse más caliente. El poder de Ikki estaba haciendo que los alrededores del bosque comenzarán a tornarse en una especie de caldera, la cual parecía imposible resistir por más de unos cuantos momentos. No había duda alguna de que su hermano era un individuo realmente intimidante.

 

‘¡Toma esto, Shun!’, Ikki exclamó, disparando una apenas perceptible ráfaga de comos. En cuestión de unas cuantas fracciones de segundo, Shun nuevamente se encontró en el suelo, con su cuerpo aun más lastimado y adolorido a causa del terrible ataque. ¿Podía ser cierto? ¿Acaso la buena persona que su hermano Ikki había sido alguna vez realmente había desaparecido?

 

_________________________________________________________________________________

 

 

Jabu estaba a punto de marcharse de la fundación para ir en busca del caballero de Andrómeda y del tonto insolente de Seiya. La señorita Saori se encontraba sumamente preocupada por ellos y él odiaba tener que verla padecer una angustia tan enorme debido a esos sujetos. Sin más remedio, Jabu supuso que lo mejor sería cumplir su palabra y encontrar a esos dos antes del anochecer, lo cuál él supuso no debía ser tan complicado. Aunque de encontrarse con el miserable de Ikki, el caballero del Fénix, las cosas podían tornarse difíciles.

 

La memoria de esa fatídica noche estaba más que fresca en su memoria. Jabu aún podía sentir una gran humillación al recordar cómo los cómplices de ese sujeto lo habían golpeado salvajemente. A pesar de que él había luchado con todas sus fuerzas, Jabu poco pudo hacer ante los caballeros negros. Lo más terrible de todo era que, a juzgar por la manera tan disciplinada en que ellos lo seguían, esos bastardos eran más débiles que el propio Ikki.

 

No obstante, Jabu no iba a dejar que eso lo detuviera. La próxima vez que él encontrara con el Fénix, Jabu tomaría venganza por todo lo sucedido. Él le daría una lección a ese miserable que jamás pudiera olvidar.

 

‘Veo que insistes en ir en busca del caballero Pegaso y el caballero de Andrómeda’, la voz del caballero del Cisne le dijo.

 

Jabu se dio vuelta y confrontó al arrogante sujeto. ‘Escucha, si crees que me asustas con tu acto de superioridad, estás muy equivocado. Tienes suerte de que tenga que marcharme ahora mismo’.

 

‘¿Ah, sí? ¿Por qué?’.

 

‘Porque de lo contrario te demostraría todo de lo que soy capaz’, Jabu contestó.

 

El caballero del Cisne dejó escapar una leve sonrisa. ‘Espero por tu bien que no tengas ninguna clase de problemas, Jabu de Unicornio. Lo digo en serio. No te deseo ninguna clase de daño. Después de todo, un sujeto como tú no es más que una simple molestia para mí’.

 

Jabu apenas pudo evitar estallar en cólera. ‘¡Eres un…!’ Por suerte, su aprecio por la señorita Saori lo hizo contenerse de iniciar una confrontación. El momento simplemente no era el apropiado. Ya habría tiempo después para el ajuste de cuentas entre ambos.

 

Fue en ese momento que Jabu notó que la expresión plasmada sobre el rostro del caballero del Cisne cambiaba rápidamente. La sonrisa de ese sujetó se había desvanecido. En su lugar, Hyoga de Cisne parecía encontrarse algo confundido y conmocionado.

 

‘Alguien viene hacia aquí’, él dijo. ‘Son varios sujetos’.

 

¿De qué demonios estás hablando?

 

‘Puedo sentir cosmos aproximándose a la fundación. Uno… dos… tres… cuatro… cinco’. En total son cinco individuos con poderes extraordinarios’.

 

‘¿Qué dices?’ Jabu trató de enfocarse y escuchar a sus sentidos, tal y justo como él había aprendido a hacer durante su entrenamiento en África. Sin embargo, el ruido de los cristales de las ventanas de la mansión quebrándose rompió su concentración.

 

‘¡Maldición!’, Hyoga de Cisne dijo. ‘¡Ya llegaron!’

 

‘¡Imposible…!’

 

La situación completamente por sorpresa a Jabu. En un momento él estaba preparándose para partir y al otro un grupo de sujetos comenzaba a atacar la mansión. Su mente comenzó a volverse un completo caos. Sus pensamientos se tornaron erráticos. Su instinto no quería darle ninguna indicación acerca de qué hacer. Sólo las palabras del caballero del Cisne parecieron ayudarlo a entrar de nuevo en razón.

 

‘¡No te quedes ahí parado, Jabu! ¡Esos sujetos deben estar buscando la armadura de oro! ¡Tenemos que asegurarnos de que ellos no le pongan las manos encima!’.

 

‘¡S-sí…!’.

 

Justo después de decir las palabras, Jabu pudo escuchar varias detonaciones provenientes de uno de los pisos superiores de la mansión. Los guardias de seguridad se estaban enfrentando a los invasores.

 

‘¡En marcha!’, Hyoga le ordenó, corriendo en dirección al lugar de los disparos.

 

Jabu siguió al caballero del Cisne, esperando que ellos pudieran llegar a tiempo para evitar que los sujetos se apoderaran de la armadura de oro. Bajo ningún motivo esos miserables podía llevarse el ropaje. Especialmente después de todo el sufrimiento que Jabu y los otros habían pasado por recuperarlo la primera vez.

 

Una que ambos llegaron al piso en donde la señorita Saori había guardado la armadura, Jabu notó inmediatamente a los guardias tirados en el suelo, totalmente inmóviles. Lo que era aun más preocupante, la puerta de la bóveda se encontraba abierta.

 

Hyoga le indicó que entraran y se enfrentaran a los sujetos, lo cual Jabu hizo inmediatamente. Fue entonces que un feroz golpe lo impactó justo de lleno en el rostro, aturdiéndolo por completo y nublando su vista. Lo siguiente que él sintió fue una patada en su estómago. A pesar de su intento por mantenerse en pie, Jabu cayó al suelo totalmente adolorido.

 

Por más increíble e indignante que pareciera, esos miserables intrusos habían logrado encargarse de él en un abrir y cerrar de ojos. Por suerte, el caballero del Cisne tuvo mejor suerte. A juzgar por la conmoción que sus oídos estaban logrando captar, Jabu supuso que ese sujeto se encontraba dándole una feroz batalla a los asaltantes. El cosmos de Hyoga se elevó considerablemente, justo antes de que él exclamara y ejecutara uno de sus ataques. Por esa misma razón, Jabu decidió levantarse. Él no iba a dejar que el caballero del Cisne fuera el único que defendiera la armadura de oro. Jabu protegería el ropaje hasta las últimas consecuencias.


Editado por Arquero Dorado, 31 enero 2019 - 22:39 .


#53 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 31 diciembre 2018 - 09:36

16
 
La Aparición de los Terribles Caballeros
 
 
-el viejo maestro de Libra  posee una gran sabiduría
 
 
-va a ser bastante difícil que Shun logre hacer recapacitar a su hermano
 
 
-la actitud fria e indiferente del cisne ante la suerte de sus compañeros es similar a la de Camus
 
 
-pobre Jabu ,ni siquiera en los fics se salva de seguir  ciegamente las ordenes de Saori
 
 
-el unicornio negro apareció ,este fic se pone cada vez mas emocionante
 
 
-posiblemente Jabu logre despertar su armadura divina en el proximo capitulo
 
 
-Te felicito ,tu fic es bastante bueno


#54 Arquero Dorado

Arquero Dorado

    Miembro de honor

  • 753 mensajes
Pais:
Venezuela
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Caracas, Venezuela

Publicado 31 enero 2019 - 22:37

Nuevo capítulo. Espero que les guste.

 

16

La Respuesta del Santuario

 

Japón

 

Hyoga miró con cautela a los cinco caballeros negros que se encontraban frente a él. Ellos estaban intentando desarmar la armadura de oro para así transportarla fuera de la mansión de una manera más sencilla. Algo notable era que esos sujetos no parecían ser caballeros negros comunes y corrientes, puesto que ellos estaban portando armaduras casi idénticas a la de Andrómeda, Pegaso, Dragón, Unicornio… incluso su propia armadura del Cisne.

 

{¿Qué significa todo esto?}, Hyoga se preguntó, justo antes de adoptar una posición de combate. ‘No los dejaré escapar’, él dijo. Jabu aún se encontraba en el suelo, así que por el momento todo dependía de su persona. Hyoga comenzó a elevar su cosmos y se preparó para arremeter contra los intrusos. ‘¡Polvo de Diamante!’.

 

Los cinco caballeros negros se hicieron a un lado, logrando esquivar su técnica sin muchas complicaciones. Eso le confirmó a Hyoga que esos sujetos eran distintos a los otros caballeros negros que él había enfrentado en el oscuro muelle hacía unas cuantas noches atrás. Todo parecía indicar que él tendría que incrementar su cosmos y luchar con todas sus fuerzas.

 

‘Nunca podrás derrotarnos a los cinco, caballero Cisne’, uno de esos sujetos le dijo con una sonrisa. Es inútil que trates de combatir contra nosotros. Nuestras fuerzas son muy superiores a la tuya. Te propongo un  trato: si te rindes, prometo ponerle fin a tu vida de manera rápida e indolora’.

 

‘Basta de tonterías’, Hyoga le respondió. ‘No esperaba tener que pelear tan pronto con los demás seguidores del Fénix, pero que eso ya no importa. Supongo que es inútil llorar por la leche derramada. Ahora tendré que derrotarlos a los cinco al mismo tiempo de ser necesario’.

 

Luchar contra múltiples oponentes a la vez podía ser peligroso, especialmente teniendo en cuenta lo habilidosos que esos sujetos eran. Lo más sensato sería luchar de manera inteligente y no dejar que los caballeros negros se agruparan. Para eso tal vez sería necesaria una especie de distracción. Quizás una ráfaga de su Polvo de Diamante podría cumplir esa tarea. Era hora de averiguarlo.

 

‘Espera’, una voz dijo. Hyoga desvió su mirada por un instante y miró a Jabu de Unicornio levantándose lentamente del piso.

 

‘¿Aun sigues con vida, caballero Unicornio?’, uno de los caballeros negros preguntó. Creí que ya habías muerto.

 

‘No me derrotaran tan fácilmente…’, Jabu dijo.

 

Hyoga podía apreciar que al caballero del Unicornio tenía dificultades para mantenerse en pie. Los golpes que él había recibido aparentemente habían resultado devastadores para su capacidad de lucha. Si él no se recuperaba pronto, en lugar de ser una ayuda, Jabu simplemente sería un estorbo para Hyoga.

 

‘Entonces yo, el Unicornio negro, me daré a la tarea de eliminarte de una vez y para siempre’. La contraparte oscura de Jabu dio un paso al frente y se puso en guardia. ‘Te enviaré al otro mundo, ya lo verás. Luego será tu turno caballero Cisne’.

 

‘Eso lo veremos’, Hyoga dijo, retomando su posición de guardia, justo antes de que los sujetos se abalanzaran hacia ellos.

 

Gracias a sus reflejos, Hyoga logró esquivar velozmente un par de golpes que esos caballeros maldecidos le lanzaron, pero, a pesar de que el Unicornio negro había decidido enfocarse en luchar contra Jabu, cuatro contra uno seguía siendo una desventaja demasiado grande como para ser ignorada. El cuerpo de Hyoga fue impactado por una serie de ataques, los cuales lo hicieron retroceder violentamente por todo el pasillo de la mansión. La estrategia que él había formulado dependía de obtener el factor sorpresa, pero desafortunadamente los caballeros negros se le habían adelantado.

 

‘¡Vas a morir, caballero Cisne!’, el caballero negro que portaba la copia de la armadura del Dragón le dijo, lanzándole una veloz ráfaga de puñetazos al rostro, los cuales Hyoga apenas pudo contener milagrosamente.

 

‘¡Tú y el caballero Unicornio, serán los primeros en despedirse de este mundo!’, el Pegaso negro agregó, soltando una serie de feroces patadas las cuales estuvieron a punto de impactar su rostro.

 

Sin otra opción más que retroceder para evitar ser aniquilado por la ofensiva conjunta de sus oponentes, Hyoga le ordenó a Jabu que abandonará mansión. Luego, justo inmediatamente después de que él esquivara uno de los potentes golpes de parte del caballero negro de Andrómeda, Hyoga dio unos rápidos pasos hacia el costado y saltó por la ventana del piso en que se encontraba, con dirección a los jardines exteriores de la residencia.

 

Los caballeros negros no tardaron en seguirlo, soltando una ráfaga de veloces golpes en su dirección mientras caían. Hyoga se hizo a un lado, logrando evitar ser impacto por los ataques de su oponente. Justo en ese momento, Jabu cayó por una de las pocas ventanas que aún se encontraban intactas. El caballero del Unicornio había recibido un daño considerable en todo su cuerpo en un tiempo verdaderamente corto. Todo parecía indicar que el Unicornio negro era muy superior a Jabu. No había duda. Hyoga tendría que enfrentarse prácticamente solo a esos cinco sujetos.

 

‘Intentar huir también será inútil’, el caballero negro de Pegaso dijo. ‘Acéptalo, caballero del Cisne: ustedes ya están muertos’.

 

_________________________________________________________________________________

 

Marín no podía evitar sentirse un poco nerviosa al encontrarse en compañía de un grupo caballeros de plata tan experimentados. El Patriarca en persona les había encomendado la tarea de recuperar la armadura de oro de Sagitario, así como de también castigar a los caballeros de bronce que habían roto el código del Santuario al usar sus armaduras para provecho personal.

 

Como maestra de una de los rebeldes, Marín había recibido órdenes de acompañar y guiar a los tres caballeros que habían sido elegidos por el sacerdote para llevar a cabo la misión.

 

A pesar de no estar de acuerdo con el Patriarca, Marín sabía que desafiarlo abiertamente significaría su sentencia de muerte.

 

‘Creo que será mejor dividirnos’, Misty de Lagarto, quien era el líder del grupo, dijo.

 

Todos en el Santuario sabían de la reputación de ese caballero de plata. Las historias contaban que Misty jamás había sido lastimado en combate. Marín notó que eso podía ser cierto. Después de todo, su cuerpo se encontraba prácticamente libre de cualquier cicatriz o señales de heridas. El Patriarca ciertamente había sido muy cuidadoso con su elección.

 

‘Algo me dice que esos insolentes no se encuentran muy lejos’, Moisés dijo. El caballero de plata de la constelación de Ceto poseía una fuerza descomunal, quizás solamente superada dentro del rango de los caballeros de plata por el mismísimo Algethi de Hércules. Incluso uno solo de sus golpes debía ser un impacto potencialmente letal para cualquier otro caballero, a excepción de los doce guardianes dorados de cada una de las antiguas casas del Santuario.

 

‘En cualquier caso, no hay que perder la paciencia’, Misty dijo.

 

‘Tienes toda la razón’, Algol le contestó. ‘Tarde o temprano esos traidores recibirán su merecido’. El caballero de la constelación de Perseo tal vez había sido relegado a un puesto secundario dentro de la jerarquía del grupo, pero eso no cambiaba al hecho de que él seguía siendo tal vez el caballero más peligroso dentro de la orden de plata.

 

Algol no sólo era tan poderoso como Misty, sino que él también contaba con un accesorio temido por la mayoría del personal en el Santuario. El famoso escudo de Medusa poseía una característica realmente aterradora para cualquier enemigo. De los tres caballeros de plata que habían venido con ella a Japón, Algol era quien más temor le causaba a Marín. Un solo vistazo a su escudo y todo se terminaría para ella.

 

‘Propongo que nos dividamos’, Misty dijo, mirando atentamente la playa en la que ellos se encontraban. ‘Moisés, quiero que te quedes en estos alrededores. Tengo el presentimiento de que algo sucederá pronto aquí’.

 

‘Como digas’, Moisés respondió.

 

‘Y por favor…’, Misty agregó, ‘… trata de no llamar la atención. Recuerda que debemos mantener nuestra presencia oculta del resto del mundo’.

 

Moisés asintió. ‘Está bien’.

 

‘Odiaría tener que lidiar con gente entrometida’.

 

Marín sabía que cualquier alma que fuera lo suficientemente desafortunada como para descubrir acerca de la existencia de los caballeros de Atena o del Santuario, debía ser silenciada permanentemente.

 

Misty dirigió su atención hacia su otro camarada. ‘Algol, por qué no vas a la cuidad e intentas averiguar lo que puedes acerca de estos traidores’.

 

En ese momento, el caballero de Perseo le dirigió una mirada inusual a Marín, la cual casi hizo que se le helara la sangre. ¿Qué hay de ella?

 

‘No te preocupes por Marín’, Misty le dijo con una sonrisa. ‘Ella me acompañara a esa supuesta fundación Kido para ayudarme a buscar a su rebelde discípulo. Eso es lo más apropiado, después de todo. ¿Qué castigo más apto para ese traidor que ser asesinado por su propia maestra? ¿Estás dispuesta a darle su merecida lección a tu antiguo estudiante, querida Marín?’.

 

Sin más opción, Marín se vio obligada a asentir. ‘Sí, Misty’, ella respondió. ‘Lo estoy. Seiya debe sufrir las consecuencias de sus actos’.

 

‘Me alegra escucharte decir eso’, Misty le dijo con una ligera sonrisa. ‘Si ese es el caso, entonces será mejor que procedamos con el plan. Moisés, Algol, ya saben que hacer’.

 

‘Sí’, ambos caballeros de plata contestaron al unísono. Una vez que ellos se marcharon, Marín procedió a seguir a Misty hacia la fundación Kido.

 

Mientras recorrían el camino velozmente, ella comenzó a planear en su mente el mejor curso de acción a tomar. Incluso atacándolo por sorpresa, Marín sabía que Misty muy bien podía rechazar sus golpes usando su impresionante defensa en forma de una barrera prácticamente impenetrable. Pero no había muchas más opciones. Seiya jamás podría sobrevivir un encuentro con un caballero de plata, sobre todo si su oponente resultaba ser alguien tan temible como el caballero del Lagarto. Lamentablemente Marín tendría que arriesgar su vida si ella querer proteger la de Seiya. Después de todo, justo como él le había dicho la noche antes de marcharse de Grecia, su antiguo alumno aún tenía una muy importante meta que cumplir.

 

Al aproximarse a cada vez más su destino, Marín comenzó a sentir algo curioso. Varios cosmos parecían encenderse súbitamente, como si una lucha estuviera a punto de comenzar. Marín miró a su izquierda y pudo notar el rostro algo sorprendido de Misty. Él debía de estar sintiendo lo mismo que ella. En un abrir y cerrar de ojos, Marín vio su misión tornarse aun más complicada. Sin embargo, eso quizás podía ser ventajoso. Si la situación realmente se había vuelto tan caótica como ella suponía, tal vez existía la posibilidad de salvar la vida de Seiya gracias a la conmoción. Pero, para que eso tuviera éxito, Marín tenía que estar lista para actuar en cualquier momento.

 

Una vez en los terrenos exteriores de la mansión, los responsables de esos cosmos se hicieron evidentes. Marín observó atónita a un grupo considerable de caballeros negros atacando a un par de caballeros de bronce, quienes sin dudas eran los camaradas de Seiya.

 

La presencia de esos caballeros negros realmente era un enigma, un suceso realmente inesperado. Se suponía que esos sujetos eran caballeros a los cuales Atena había maldecido debido a sus acciones. Los caballeros negros siempre habían sido hombres que renunciaban a su honor como servidores de Atena para seguir sus ambiciones personales y usaban sus armaduras para cumplir esa horrible meta.  

 

Al notar su presencia, los caballeros negros detuvieron sus movimientos y dirigieron su atención a Marín y Misty.

 

‘¿Quién demonios son ustedes?’, un caballero preguntó. Él estaba usando una réplica negra de la armadura de Pegaso. ‘¿Acaso han venido a morir junto con estos tontos?’.

 

‘Parece que no somos los únicos que quieren eliminar a los caballeros de bronce, Marín’, Misty le dijo con una extraña sonrisa. ‘Jamás imaginé que los caballeros negros aún siguieran con vida. Creí que el Patriarca había ordenado su destrucción’.

 

‘No es tan fácil deshacerse de nosotros’, el caballero negro de Pegaso dijo.

 

‘Ah, ¿en serio?’, Misty dijo, acercándose lentamente al grupo. ‘Me pregunto si estás dispuesto a demostrarme eso’

 

Marín sabía lo que Misty estaba pensando si que él se lo dijera. Si bien era cierto que algunos caballeros negros tenían un poder superior a un caballero de bronce convencional, ni siquiera el más fuerte de esos sujetos era rival para un caballero de plata, especialmente uno tan terrible como lo era Misty de Lagarto.

 

Si él luchaba en serio, Misty podía acabar con todos esos sujetos y con ambos caballeros de bronce al mismo tiempo.

 

‘Prepárense, miserables’, el Pegaso negro les advirtió, adoptando velozmente una posición de combate. Acabaré con ustedes antes de que se den cuenta. ‘¡Tomen esto! ¡Meteoros Negros de Pegaso!’.

 

Marín observó los golpes del caballero negro viajar a través del aire, justo antes de que Misty los detuviera con sus manos en un simple abrir y cerrar de ojos. La velocidad del caballero del Lagarto fue tal, que su oponente ni siquiera fue capaz de ver lo que sucedió.

 

‘Quiero que entiendan algo’, Misty les dijo a los caballeros negros. ‘La distancia que existe entre ustedes y nosotros es enorme. No importa cuánto lo intente, jamás podrán escapar a la muerte. Todos y cada uno de ustedes no son más que gusanos tratando de combatir contra un león’.

 

‘¿Qué dices?’, el caballero negro preguntó. ‘¿Somos unos gusanos? ¿Acaso escuché bien?’.

 

‘Tonterías’, el Cisne negro dijo, avanzando hacia ellos. Sólo eres un hablador. Esta vez todos nosotros te atacaremos al mismo tiempo y te enviaremos directo al otro mundo.

 

‘Adelante’, Misty les dijo a los caballeros negros. ‘Yo nunca he sido herido en un combate, y ustedes no serán los primeros en hacerlo. Les daré una oportunidad. Si toman sus vidas voluntariamente, les ahorraré el temor que pasarán si deciden enfrentarme. El suicidio en este caso sería la opción más honorable para sujetos tan condenados como ustedes’.

 

‘Sigues diciendo tonterías’, el Pegaso negro dijo, justo antes de abalanzarse ante Misty. ‘¡Meteoros Negros de Pegaso!’.

 

‘¡Como quieran!’, Misty dijo, usando su barrera de aire para nuevamente desviar los ataques sin problema alguno

 

Marín sabía que los caballeros negros estaban perdidos. Misty no era un sujeto piadoso. Él siempre cumplía con sus misiones sin la menor vacilación. Sin embargo, el caballero del Lagarto tenía algo de razón.

 

Se suponía que el Patriarca había enviado a un grupo de sus caballeros más confiables para destruir la isla de la reina muerte. Todos los caballeros negros en el lugar debieron ser aniquilados por completo. Ciertamente ere algo curioso ver a esos sujetos frente a ellos. No obstante, eso no importaba ahora. Misty se encargaría de terminar el trabajo con la mayor brevedad que le fuera posible.

 

Marín recordaba su incredulidad al escuchar los rumores acerca de ese caballero tan peculiar. A simple vista, Misty de Lagarto no parecía como la clase de sujeto que tuviera mucha experiencia en los combates. Sin embargo, su rostro inmaculado escondía su verdadera fuerza. Dentro del rango de los veinticuatro caballeros de plata, pocos podían presumir ser un oponente más peligroso que Misty. Su vasta experiencia y sus habilidades con el cosmos hacían al caballero del Lagarto alguien que podía convertirse en la peor de las pesadillas para cualquiera que fuera lo suficientemente tonto en ser su contrincante.

 

‘¡Muere!’. Los caballeros negros se abalanzaron hacia Misty, quien con una velocidad impresionante, se hizo a un lado y esquivó los golpes y patadas de los sujetos.

 

¡Tomen esto, gusanos!’. Misty hizo un gesto con su mano y los cinco caballeros negros salieron volando a una distancia considerable del lugar. Marín casi podía sentir un poco de compasión hacia los sujetos. Verlos intentar golpear al caballero del Lagarto inútilmente era una vista realmente triste. Misty en cierta manera parecía estar jugando con ellos, aunque una gran ira parecía estar oculta en su interior. Era obvio que para él, como el resto de los caballeros leales al Santuario, la existencia de los caballeros negros era una ofensa intolerable.


Editado por Arquero Dorado, 31 enero 2019 - 22:40 .


#55 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,917 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 17 febrero 2019 - 15:25

Buen detalle lo de llorar  por la leche derramada. XD :lol:

 

se ve que el cisne subestima al gran Jabu XD

 

pobre Seiya al parecer su maestra  Marín no tenia mucha fe en sus habilidades

 

Que me late que Marín sufre de alucinaciones

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PD: Los capitulos de tu fic son buenos aunque a veces algo largos






1 usuario(s) están leyendo este tema

0 miembros, 1 invitados, 0 usuarios anónimos


Este tema ha sido visitado por 21 usuario(s)