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Prisioneros de Mannaheim


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88 respuestas a este tema

#81 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Peru
Sexo:
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Cancer

Publicado 20 agosto 2018 - 16:30

pobre Tiana termino en la zona friends 

 

y todo el mundo se  puso a darle consejos

 

solo faltaba que el sensei heroico la ilumine con su sabiduría XD

 

 

me pregunto de que forma se resolverá este lió sentimental


Editado por T-800, 20 agosto 2018 - 16:30 .


#82 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

  • 9,883 mensajes
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Chile
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Publicado 25 agosto 2018 - 09:52

Ahhh... ahora entiendo a qué venía tanta queja de una deuda. Como te ibas de hiatus, no sabía que ya habías vuelto. Mish.

 

Bueno... el capítulo está interesante, sin duda, lleno de una muy bien trabajada y profunda descripción psicológica. Si bien, permíteme la crítica constructiva, siento que la trama de las mayoritariamente guerreras contra Loki está un poco estancada. Tal vez la historia en sí transcurre en este laberinto y no se supone que tengan que salir, sino lidiar con sus propios dilemas personales. En ese caso, ese "estancamiento" no tendría nada de malo, sino que sería positivo para darle una atmósfera de encierro al asunto.

 

Ahora, personalmente no soy precisamente fan de los tríos amorosos, dramas románticos, líos del corazón, personajes tan insoportablemente inseguros (menos cuando son la élite de su ejército srmado), y por eso tal vez me fui perdiendo mientras leía. Eso es pura sinceridad, y no tienes por qué tomartelo negativamente, Sagen, pues es, llamémoslo, un defecto mío. Pero admito que el drama se puede palpar, y que la prota en este caso está muy bien trabajada, se nota que te esforzaste con ella y te resultó como querías. Eso es simplemente algo que puede notarse.

 

Siento que faltó un poquitín de misterio aquí, pero resalto especialmente el asunto de Orfeo, su destino con "Eurídice" y, por lo tanto, su no-destino con otras personas. Hay harto jugo que puede sacarse de allí.

 

Disculpa si soné muy negativo xD Como te digo, el asunto "romanticón" no es mi fuerte y me es difícil evaluarlo jaja


25solfo.jpg

(by Placebo)


#83 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 09 septiembre 2018 - 18:09

Sé bien que ya han pasado tres semanitas que no publico capítulo, pero bueno. Aquí estoy.
Mejor tarde que nunca.
Sé que no es mi deber comentar todo lo que sucede, pero bueno, me quedé sin un capítulo. No porque se me haya borrado, que podría haber sido, sino porque considero que ese capítulo podría venir bien para el siguiente arco. Ya sabéis como es eso, se te ocurre algo nuevo y tienes que cambiar todo. Un bendito lío.
Siento que ahorita le estoy dando demasiada cámara a Nadeko, siendo que hay otros 11 amarillos tan importantes como ella, ¿pero que más importa? Si despues de todo ella es protagonista de este arco. Creo...
Muchísimas gracias por los comentarios.

 

(Esto... hubieron un par de párrafos que no se quisieron separar... mil disculpas...)



ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XVII – Nadeko. El dolor que guardo.


“…Mira la destrucción que forjábamos mientras desviábamos la mirada… Escucha esos errores que acumulamos con los oídos tapados…”.

 

          Cada vez que recuerdo quien soy, caigo en cuenta que estoy rodeada de supuestos desconocidos a quienes no estaría enlazada ni por sangre ni por sentimientos. Desconocidos, ¿no? Muy a pesar de que mis palabras puedan parecer ello, me encuentro rodeada de gente que en muchos casos llamaría grandiosa. También está Miare, pero como bien dicen por ahí: “Uno es ninguno”.
          Llevaba ya un par de horas caminando sin nada con lo que deleitar a mis preciosos ojitos. Porque sí, yo valoro mucho a mis ojos. Los quiero más que a nada en el mundo. Sin ellos no podría contemplar toda la magnificencia que tienen dentro de sí las armaduras. Por ello les estoy agradecida, por mostrarme qué es lo que se escondía más allá de la fría coraza que podrían parecer tener cada uno de estos aparentemente inertes amigos que ahora día a día protegen nuestra vida.
          Es una relación mutua. Ellos cuidan de mí, así como yo cuido y me preocupo por ellos. Hace tiempo escuché una leyenda que decía que la Armadura del Cisne se encontraba encerrada en una translúcida prisión del más frío y resistente hielo que encontrarías en las tierras nórdicas de Siberia. ¡Vaya monstruos! ¿Es que acaso no pensaban en lo que sentía el pobre Cygnus? Miles de años sin poder sentir el aprecio humano… Vaya detestable sujeto el que le encerró.

 

          —Nadeko. Tenemos que hablar.

 

          La voz de Parsath era ligeramente ronca, quizá la que más me resultaba así en el Santuario, excluyendo claro a mi padre y a Veiss. Mayormente nos veíamos más por cuestiones de hobbies que laborales. Yo no tengo ni idea de medicina. A mi siempre una gripe me ha parecido algo a lo que no darle mucha importancia. Sin pensar mucho en lo que desencadene. Por ello es una suerte que él esté aquí. Así como él es un experto en esos temas, yo también lo soy en lo de las armaduras.

 

          —¿Qué es lo que pasa Parsath? ¿Taurus no se encuentra bien? No recuerdo bien la última vez que lo trat…
          —Nadeko no es por eso. Aunque tal vez hayan pasado dos meses sin que lo revises. Quizás fuera buena idea que… Nadeko, otra vez me has hecho desviarme del tema. A lo que iba. Tengo que decirte algo que sé no te gustará.
          —¿Que votarías por Bush en las últimas elecciones? Me has decepcionado torito…
          —No tiene que ver con política… Nadeko, esto es serio.

 

          En sus facciones podía verlo, tenía la mirada bien puesta y sus ojos me miraban fijamente a mí. En sus labios se dibujaba una expresión neutra, pero con ellos me decía todo lo que no quería escuchar. Con las tormentas de arena a nuestro alrededor sin casi darnos cuenta nos habíamos apartado del resto. En parte eso me alegraba, en parte. Parsath sin darse cuenta ya me había dicho mucho, por no decir todo.
 

          —¿Es sobre Cyan? O… ¿sobre ella? —Pregunté, aunque claramente sabía la dolorosa respuesta.
          —¿Kyouka te mencionó algo de su situación?
          —Solo me mencionó que estaba mal y que tú debías revisarla. Nada más. Es una infeliz, mira que hacerla pasar por eso sabiendo que está muy débil.
          —Creo que te equivocas. Ella prácticamente la salvó. Quizás si lo miras con tus ojos acusadores no te sea fácil comprenderlo, pero es así. No creo que Kyouka haya sospechado que fuese una espía, sino que sospechaba que algo le pasaba. No sé como explicarlo realmente, es el método ese que usa para interrogar.
          —Pero… ¿Qué tiene que ver eso con lo que me quieres decir? No entiendo. —Estaba conmocionada, no entendía nada. ¿Kyouka siendo así en estos días? Es raro.
          —Sabes que hay una infinita variedad de enfermedades, ¿no es así? Existen aquellas que las recibes desde tu nacimiento y otras que adquieres de una u otra forma. Unas que pueden ser tratadas, otras que no. Que pueden ser mortales y otras que no. Lamentablemente, el halo de la muerte ha clavado sus garras en ella.
          —Lo que quieres decir es que ella… ¿morirá?
          —Sí. —Hizo una larga pausa antes de continuar—. Eso me temo.

 

          ¿E-e-ella…? ¿en serio eso dijo Parsath? ¿No estoy soñando? Espero estarlo, sino no creo que… No. No debo mentirme... Parsath es el médico más confiable que conozco. Así que no es una mentira por más que quiera evadir la verdad… No… No… Violet morirá… No lo puedo creer… No lo quiero creer… Violet… tú no…

 

          —Nadeko, ¿te encuentras bien? Estás llorando —dijo él lentamente, como si tratase de calmarme. Tomó mi mano y me dio su hombro como apoyo, mas él sabía que eso no bastaría para sentirme mejor.
          —¿Lágrimas?... ¿E-estoy llorando? ¿Po-po-porqué se me entrecorta la voz? Yo… Yo no les dije que… No…

 

          Me palpé el rostro en la zona sobre mis mejillas. Estaban húmedas, con un flujo casi constante de aquel líquido que reflejaba el claro sentimiento de dolor que cargaba. Parsath estaba ahí, frente de mí, viéndome atentamente en el único momento en que yo había demostrado siquiera un ápice de debilidad desde el día en que nos conocimos. Supongo que mis ojos a estas alturas ya estarán rojos. No puedo disimularlos, ya es bastante tarde para ello. Y quizás para salvar a Violet también…

 

          —Así que ya se lo dijiste, ¿eh? Quizás debí haber sido menos brusca al comentarte sobre esto Nadeko, perdóname. —Un tono arrepentido se escuchó de alguien a quien pensé no volver a oír así jamás.
          —Kyouka… ¿Por qué te disculpas? Tú últimamente has sido así, si vas a disculparte que sean por los últimos siete años. Además… ¿Por qué justo apareces en este momento? Eres muy inoportuna.
          —Hace un par de minutos Tiana me acaba de botar del lado de Ariadne, he de decir que me sorprendió. Solo vine para ver si Parsath ya había hablado contigo al respecto.
          —Dímelo… ¿Como alguien como tú pudo descubrir que ella va a morir…? ¡Dímelo!
          —Shiou tan solo me lo comentó. Yo solo quería corroborar sus palabras. Supongo que no lo sabrás, pero Shiou ha desarrollado una especie de habilidad que le gusta llamar Sombra de la Muerte. Resumiendo, él puede ver cuando alguien está destinado a morir. Se puede evitar ese futuro, pero muchas veces es tan cercano que es casi imposible. Según me ha dicho puede ver la sombra de alguien unos cuantos minutos antes de ser asesinado y siete días antes de fallecer.
          —Entonces, si lo sabías… ¿por qué le atacaste?
          —Sabes bien que no nos podemos fiar de casi nadie. Yo solo confío en trece personas en este mismo momento—. Sabía perfectamente a quienes se refería, pero preferí escuchar su burda excusa—. ¿Quién sabe si alguno de los nuestros fue elegido como Slyther? Nadie. Y nosotros tampoco tenemos prueba alguna. Cualquiera podría haberla asesinado en un rango de tres minutos, así que me aseguré de que nadie se nos acercara. Sabía que si su sombra estaba presente es porque algo iba a pasar. Pero pese a ello no ha sucedido.
          —¿Y las agujas? ¿Para que eran necesarias? No probarías nada.
          —Eso no es del todo cierto. Necesitaba una excusa para que pusiera en práctica mi Lenguaje de Sangre. Pude confirmar que la sombra no estaba atada a un asesinato, sino a una enfermedad. No es prudente olvidar que Sagitario no es el único que puede asesinar a distancia.
          —Aun así, llegaste muy lejos, Kyouka. —Me dolían los ojos de haber llorado, sentía un poco de ardor en ellos, pero no me impidió confrontar cara a cara a mi compañera.
          —Lo sé. Lo sé y me arrepiento. Tras lanzarle las agujas escarlatas tuve miedo de convertirme realmente en su verdugo cuando lo que quería evitar era su asesinato. Puede que no lo creas, pero yo aún tengo una moral que cumplir.
          —Ya terminen su discusión que ahora no es tan importante. ¿Qué es lo que haremos con ella?

 

          Parsath, quien se había mantenido callado hasta ahora, intervino en medio de una situación incómoda con una de sus compañeras arrepintiéndose y la otra estando desconsolada como nunca él había visto antes. Debía ser una escena muy peculiar. Pero tenía razón, ahora no había que discutir causas sino como poder ayudarle. Solo dije lo único que soltó mi boca en ese preciso momento.

          —Parsath, por favor… cúrala… tú has hecho maravillas antes, has una ahora.
Fue tonto, lo sé.
          —No puedo —respondió tajantemente. Me dejó más fría que si hubiese recibido una Ejecución de Aurora de Nere.
          —¡Hazlo! No sé cómo, pero te lo recompensaré. Pero, por favor, por lo que más quieras, sálvala. Es mi culpa que ella esté así. Es mi culpa… No puedo dejar que muera. Ayúdame Parsath.
          —Ya te he dicho que no puedo —Cerraba sus ojos para evitar mirarme. Hacía varios gestos con su boca, tratando de hablar, pero se rectificaba varias veces que no salía ni una sola sílaba. Respiró hondo y habló por fin—. No es que no quiera, es que no tengo los implementos ni materiales necesarios para un tratamiento específico. Kyouka, ¿estás segura de que solo tenemos una semana?
          —En el peor de los casos ni un día —Desviaba la mirada. Tal parece que ella en verdad sentía pesar por nuestra situación.
          —Entonces… es un hecho que… morirá… ¿no es cierto? —Una segunda oleada de lágrimas iba a lanzar su ataque. No podía hacer nada. Nada.
          —No… aún hay una posible opción, pero conlleva un riesgo importante a tomar en cuenta. Podemos meterla en un ataúd de hielo. Ya sabéis, si la criogenizamos aún seguirá con vida hasta regresar al Santuario —Kyouka intervino, no tenía la seguridad que siempre demostraba en su voz. Ella dudaba. Lo que decía no era descabellado, pero no tenía fe en sus propias palabras.
          —Podría funcionar, pero… ¿cómo nos la llevaremos? – comentó Parsath.
          —No puedo emplear telekinesis todo el tiempo.
          —Si mandamos el “ataúd” al Yomotsu podremos usarlo como puente entre este mundo y el nuestro. Dado que es una locación atemporal podremos sacarle de allí con el tiempo suficiente para salvarle la vida. Si le mandásemos allí tal cual está ahora, quizás no sobreviva en ese horrible paraje, por ello es por lo que les recomiendo que Nereida nos ayude en este plan.
          —Ya veo, si así son las cosas, mi ética como médico me dicta salvar la vida de un paciente a casi cualquier costo... Pese a que no creo que sea la mejor opción para el paciente, es lo único que podemos hacer para poderle ayudar.
          —Hagámoslo, ¡ya!
          —Nadeko, convence tú a Nere, sé que si voy yo a hablar con ella me hablará con ese indiferente tono de desprecio que tiene reservado para mí. No nos va a querer apoyar si se lo pido yo, pero si lo hace alguno de ustedes es más probable que acepte.
          —Está bien Kyouka, solo esperemos que no te equivoques con tu plan —concluyó Parsath.
          —Yo también espero eso —mencionó en voz muy baja mientras se retiraba dándonos la espalda.

          Parsath y yo continuamos hablando por un rato. Lo único que concluimos en nuestra charla fue que no podíamos optar por nada más que la opción de Kyouka. Era extraño… hace tiempo que no había nada por lo que debiese agradecerle a ella… pero justo ahora, tras unos siete años, había acontecido lo que desde hace tiempo creía imposible. Kyouka… ¿por qué haces esto? ¿Qué tienes en mente?
          Acordé con mi compañero que Chris sería la indicada para vigilar cualquier cambio en la condición de la antigua Slyther. Solo debía ser ella, no tenía nada de confianza en lo que podría hacer Loke. Antes de que ella comenzase con su trabajo quise hacer algo: conversar con Violet. Quería saber más de la situación sin que Cyan sospechase. Si él se involucrase, sería más difícil de lo pensado. Lo sé. Lo presiento como maestra suya.
          Los encontré a ambos juntos, conversando con una tranquilidad que sería imposible de imaginar tras lo acontecido un par de horas atrás con nuestro dios captor. Violet parecía tener más energías que nunca, le veía vestir su bella armadura mientras regularmente jugueteaba con el carácter de Cyan. Parecían dos niños tal cual yo les encontré hace siete años. En cuanto volteó y me vio no sé que orden le di a mi alumno para que se retirara, quizás que Ariadne necesitaba de su músico más preciado. Sí, quizás fue eso. Le mentí, pero como a Ariadne le gustaba escuchar las melodías que emitía la lira de su Orfeo eso me daría el tiempo suficiente para actuar. Perdóname por excluirte de esto, pero es algo con lo que debo lidiar yo como responsable.

          —Violet, ¿no quieres hablar un rato? Sé que quieres hacerlo. Vamos, di qué te preocupa.           —Trataba de disimular mi tristeza, y podía… pero todo tiene un límite.
          —No, no pasa nada Señorita Nadeko. Solo perdóneme por lo de antes.
          —No es nada. Soy una Santa Dorada, debo lidiar con golpes más mortales que los tuyos muchas veces al mes. Lo tuyo no fue más que unas cosquillas —reí, no sé como ni con qué ánimos lo hice, pero lo hice. Sonaba fingida, tanto yo como ella lo sabíamos, pero… no sabía como hablar con ella de eso.
          —¿Se encuentra bien, Señorita?

 

          Mi límite se encontraba cerca. No podía mantener una conversación con ella sin querer desviar la mirada. Yo sabía mucho acerca de lo que no debería y por ello me pesaba. Sentía que en cualquier momento me rompería. Pero eso no era cierto: ya me había roto desde hace un buen rato.
 

          —¡Violet, dime que no es cierto! ¡Por favor dímelo! ¡Dime que no morirás!
 

          No podía creer lo que estaba saliendo de mi boca. Mis latidos habían aumentado de manera exponencial mientras la observaba con mi ser destrozado. Su rostro se ensombreció y confirmé mis temores. Por más que trataba de ser fuerte, caía una y otra vez en la constante lucha que tenía. Era extraño, pese a que ella era la que iba a morir, yo era la que se comportaba así, parecía como si lo hubiese asimilado hace tiempo. Me debería haber avergonzado de mi actitud.

          —¿Cómo lo supiste? —Dijo en un tono seco, resentido y con pesar en su voz.
          —Entonces es cierto… Pero… ¿No me estarás mintiendo no es así?... Sí… eso debe ser… No puedes haber sido tan… como para venir a este lugar…

 

          Sabía la verdad. Pero como todos dicen, el primer paso es la negación. Es mi culpa. Yo desencadené todo esto.

          —Esa fue la principal razón por la que vine, Señorita.
          —Ya veo… Entonces no puedo hacer nada… Perdóname Violet. Perdóname. ¿Yo causé esto no es así? Esto es mi culpa.
          —De no ser por usted hubiese muerto hace siete años. “Por su culpa” yo sobreviví y se lo agradezco mucho. Agradezco que Cyan y usted también sigan vivos. Agradezco que especialmente usted me haya ayudado esa vez.
          —No sigas… Por favor, no sigas…

          ¿Agradecerme a mí? Cada vez se me hacía más difícil asimilar la situación. Ella siendo la afectada lo tomaba con más madurez de la que me la estaba tomando yo siendo mayor que ella por casi una década.

          —No es su culpa para nada, solo mía.
          —Estás equivocada… Si tu madre te hubiese criado, no estarías pasando por esto. Es mi culpa… Es enteramente mi culpa que no te hayas preocupado por tu salud en estos últimos años. Es mi culpa… Es mi culpa… Por favor, perdóname… por asesinar a tu madre…


Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#84 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 10 septiembre 2018 - 21:36

Que me late que Nadeko fuma de la mala o es fans del maestro Camil

 

pobre Violet 

 

ni siquiera los que dominan el cosmos se salvan de las enfermedades

 

y prueba de ello son Ilias de leo y Kardia de Escorpio

 

 

asi que Kyouka es compasiva despues de todo

 

me pregunto si el plan de Kyouka funcionara

 

no entendi la parte final,¿porque motivo Nadeko ejecuto a la madre de Violet?

 

 



#85 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 13 septiembre 2018 - 17:26

Plot twist!

 

Más allá del gran capítulo, con muchas habilidades nuevas para los Santos, para una buena descripción de emociones y pensamientos, para una buena explicación a la inseguridad y "por mi culpa" de Aries (casi me quejo por eso hasta que me encontré con una buena razón), etc. Tauro me agrada.

 

Sin embargo, me quedaré con algo del inicio. Con la reflexión de la reparadora de armaduras sobre Cisne. No se por qué, pero me gustó mucho. Kudos a Sagen.


Editado por -Felipe-, 13 septiembre 2018 - 17:28 .

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(by Placebo)


#86 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Cancer

Publicado 30 septiembre 2018 - 16:55

Han pasado 3 semanas y eso significa: Nuevo capítulo.
Sé que antes había establecido que cada dos sería el posteo de un nuevo número de este fanfic, pero entre que va a iniciar mi semana 7 creo... y que me he quedado con solo 1 capítulo en la manga... Bueno, uno a continuación de este, porque un poquitin más adelante hay otro... PEro bueno... De acá a tres semanas posteo el nuevo capítulo... El 19 ya, que locura...
 

 

ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XVIII – Violet (Nasch) / Vector . Déjame sonreír.


 

“…Amor, pecados y sueños en unión se van a convertir en un solo ser. Y cuando llegue a ser ya por fin la fusión, lo que vendrá será positivo…”.


 

Violet.
 

          Vine a este lugar porque estaba sola, añoraba mis tristes recuerdos, sobre mi vida, sobre mi ya fallecida madre, pero por sobre todas las cosas, sobre mi único y verdadero amigo de la infancia, Cyan. Ansiaba de verdad encontrarme con él ya que guardaba en su existencia los únicos vestigios de mi felicidad en aquellos tiernos años. Quise rememorar esas experiencias por última vez y sentirlas en carne propia como último deseo.
          Aún recuerdo como mi habitación desapareció un día y desperté en un inexplicable paraje cósmico. Ese día fue cuando conocí al único que me devolvió esperanzas tras varios años de triste existencia. Loki supo de mi deseo y se me presentó sin ningún tipo de disfraz o ilusión de por medio. Me prometió todo tipo de cosas como incalculables toneladas de oro o inestimables cantidades de joyas, pero yo no quería nada de eso. Incluso me prometió curar mi enfermedad, aún así no acepté ello. Solo deseaba una cosa en el mundo.
          Desdeñó desde el primer momento mi anhelo, mas con una amplia sonrisa en el rostro me convenció de seguirlo para verlo cumplido. Siendo una tonta como únicamente podía serlo en aquel momento acepté y él me llevó consigo a una habitación oscura con siete tronos de piedra dispuestos de tal forma para que rodearan una esfera de cristal en el centro. Volvió a observarme y eligió uno de los que se encontraban vacíos. Me hizo coger el emblema ubicado sobre el respaldar de este e inmediatamente se materializó sobre mi cuerpo la armadura que ahora porto y que tanta fascinación le había ocasionado a Nadeko.
          Era de esperarse que iba a arriesgar mi vida por aquel al que dedicaba mi tiempo mas preciado. Es lo que cualquier heroína haría por quien considera importante para ella, y que no descansaría hasta tenerlo a salvo. Así como Nadeko consideró una vez por nosotros dos. Aún no sé porqué me metí en esta guerra entre dioses, o que dicen llamarse eso, tan solo porque él estaba aquí. Quizás fue lo que dictó mi corazón en aquel ya lejano día.
          Me enfermaba ver a aquella mujer que tanto respeto había infundido en mí desde hacía ya varios años llorar por alguien como yo que la odié hasta casi mis últimas consecuencias. Saber que llevaba remordimiento dentro de ella por mí fue lo más tonto que había escuchado en mi vida entera, pero también fue bello saber que le importaba a alguien.

 

          —Señorita Nadeko, por favor, ya no se lamente más. Sé bien que usted no quiere esto.
 

          Bajó su mirada cuanto se secó las lágrimas con un simple roce de su antebrazo, parecía ser alguien diferente en ese entonces. Me tomó de ambas muñecas, las agarraba con fuerza, la suficiente como para retenerme, pero no para arrancarme aquellas extremidades. Podía sentir extrañamente como su pulso era más rápido de lo que su temple indicaba.
 

          —Violet —me dijo directamente, no mostraba ninguna emoción en ese momento—. Dime, ¿tú prefieres morir? ¿O que nosotros hagamos nuestro trabajo? Yo quiero que tú puedas ser feliz, que puedas vivir mucho más tiempo del que quizás yo viva, pero por ahora el destino te lo impide. Te extenderé una mano por última vez. Nuestro médico dice que puede haber una pequeña esperanza de que en el Santuario, donde nosotros vivimos, tenga los implementos necesarios para curar tu enfermedad. No está completamente seguro de que te salves con ello, pero… es mejor que no hacer nada. ¿Qué dices? Sé que te estoy preguntando esto muy de repente, pero es que no tenemos tiempo. Quiero protegerte a toda costa, así como si fueras una de mis alumnos… Pero es finalmente tu decisión. Responde únicamente cuando no haya opción a retractarte.
          —Mientras usted también crea en esa posibilidad, yo creeré. Y si en verdad existe, quisiera intentarlo. En verdad hay tanto que quisiese hacer… pero sé que mi cuerpo no dará más de sí un día de estos.
          —¿Eso es un sí? ¿O un no? —dijo ella sin verme directamente a los ojos pese a que siempre lo había hecho antes.
          —Es un sí, señorita Nadeko.

 

          Luego de aquella conversación, ella me relató el plan que habían tramado entre sus compañeros y qué era lo que debía hacer únicamente. Para asegurar que pudiese vivir hasta llegar allí, me dijeron que debía ser criogenizada en un ataúd de hielo esta misma noche. Era extraño, pero a la vez interesante. Nadeko me dijo muchas cosas más, de que no estaba en verdad segura de si funcionaría de acuerdo a lo que se había acordado y muchas otras inseguridades. Podía notar su preocupación en su voz. Y me dijo, que por mucho que yo quisiese, no le comentara ni una sola palabra a Cyan.
          La señorita sabía que si su alumno se involucraba, él sería el primero en dos cosas: o decir que no, o acompañarme en ese Ataúd de Hielo. Con todo el dolor que eso le provocaba, me dijo que no se podía permitir de ninguna forma que un Santo de Athena abandone en esta situación que los comprometía a todos. Pensando en ello, me dio un par de somníferos, dijo tan solo que los usase para aquella larga noche. Cyan no nos lo perdonará por ahora, pero algún día comprenderá el porqué lo hicimos.
          A mediados de las seis de la tarde, cuando ya habíamos atravesado el desierto entero, nos adentramos en un bosque de cerezos que me recordaba aquellas tardes de otoño en las cuales salía del colegio con Cyan de la mano y corríamos bajo el caer de sus hojas. Recuerdos que perduraron en mi, pese a todo lo que pasamos ambos en los últimos siete años. Se lo comentó y sonrió.
          Cuando llegamos a la última parada del día, pues los atenienses ya habían agotado sus fuerzas de aquel día y también merecían un descanso. El que Cyan me indicó como el Santo de Capricornio, dio un grandioso espectáculo esa noche, donde combinó hermosamente el arte y su cocina.
          Comimos y bebimos a eso de las siete menos cuarto, y fue entonces que le di a Cyan, ya triturado, el somnífero mezclado en su agua. Tras casi unos diez minutos hizo efecto en él, y sintió sus párpados pesados.

 

          —Que descanses bien, Cyan —dije en ese momento antes de que él perdiera la conciencia sabiendo dentro de mí que al día siguiente no lo iba a volver a ver.

 

          Cuando por fin cerró ambos ojos, apareció caminando su maestra tras de él, junto con otras tres personas que nos rodearon a ambos en ese momento. Por lo que escuchaba de una conversación entre ellos, la única a quien desconocía era a la tal Nereida. De los otros dos... ya había tenido el placer, o desagrado de tratarlos con mucha cercanía.
 

          —Orfeo no despertará hasta después de esto que vamos a hacer —dije—. Ya no nos preocupemos por su interferencia.
          —Nadeko, no parece tan mala chica como la pinta Miare —dijo en un tono que me llamó la atención aquella Nereida, luego cambio su voz por uno más serio—. Pero... ¿que hace “ella” aquí?
          —Holi Nere —comentó aquella, que me había amenazado varias veces el día anterior, y a quien tenía un extraño miedo respetuoso, haciendo un saludo con su mano derecha.
          —Te lo dije, Nere. Ahora no es momento de que peleen. Estamos aquí para salvar una vida, muchachas —Nadeko había vuelto a llevar esa sonrisa tranquilizadora con la que le conocí.
          —Vayamos a ese lugar que les dije. Acá seremos interrumpidos por estar en medio de un festival —dijo por último Kyouka— Vamos torito, cárgala en tus hombros. Dale ese último paseo.


 

 

* * *

Vector.

          La fría sala de reuniones estaba en el punto más álgido de su tensión, teniendo en boca de todos los insultos y despectivas lanzadas hacia Nasch por habernos traicionado. Estaban en lo cierto, ella había jurado a la causa de nuestro señor Loki. Sin embargo, le deban exagerada importancia al asunto, como si ella fuese el centro de todo. Como si fuese culpa suya únicamente. Fue culpa de todos nosotros por haberla aceptado como una verdadera compañera.
          En el fondo conocía que ella no era una simple traidora que se vendería al mejor postor. Por supuesto que no podría decirlo a viva voz, pues los otros cinco irían en mi contra por aceptar tales comportamientos que acabábamos de presenciar. Todo había sido un espectáculo ya armado por él para llegar a este punto. Era fácil de saberlo, mas todos habían caído en el engaño fácil. Sin palabras.
          Aquella que solíamos llamar Nasch, era una joven bella, cabello naranja que le llegaba a cubrir casi media espalda, ojos rasgados característicos de alguien nacida en tierras orientales, nariz y boca pequeñas, de estatura mediana, pero fuerte emocionalmente como muchas veces pude comprobar antes de que fuese al campo de batalla. Ella era la más digna de llamarse una Slyther. Alguien que ansía algo lo suficiente como para abandonarlo todo, así como yo.

 

          —Deberíamos eliminar a esa inútil buena para nada —Oía decir a otro en medio de la reunión. Un hombre fornido ya entrado en años con el cabello cano y una armadura que aumentaba su robustez exponencialmente.
          —Caeremos en vergüenza por ella —comentó otra. Poseía un cuerpo fino delicado y, casi escultural, si me permitía decirlo, lo que contrastaba con las hirientes y repulsivas palabras que lanzaba hacia la que era nuestra camarada. Su cabello de color azul cerúleo largo y sedoso caía como ríos sobre el respaldar de su trono. Por su armadura, ella había adoptado el nombre de Merag.
          —Interesante nada más como ella ha renunciado al deseo que le concedería el Señor Loki cuando ganemos. Nada más que interesante… Solo quiero ver como se desenvuelven los acontecimientos ahora —dijo otro, que parecía de mi misma edad, aunque me llevaba un par de años. Él era el único de quien conocía su verdadero nombre, el cual era Athos.

          —Esa harpía no hizo más que facilitar mi trabajo, ahora que he descubierto más facetas suyas podremos alzarnos con la victoria rápidamente si es que el siguiente en ser elegido soy yo. Ya verán como cada uno caerá ante mi Berserker —comentó otro sin, para sorpresa mía, lanzarle puyas a Nasch. Giragu era alguien temible capaz de cambiar su aspecto con la misma naturalidad con la que uno respira. Ser su enemigo debía ser peligroso.
          —¡Déjenla ya! Nos abandonó y punto. Es una traidora más, como si no hubiese más gente así en el mundo —dije duramente tratando de desviar la conversación—. Yo me encargaré de eliminar personalmente a aquella que era de los nuestros. Sentirá el grandioso filo de mi hacha.
          —Uh… Miren quien va a dar caza a la ladrona… el leñador va en busca de su Blancanieves. Nada más que interesante, mi buen amigo Vector —Veía en el rostro de aquel que decía llamarse Athos en su vida pasada un aire de malignidad que se escapaba entre la comisura de sus labios.
          —¡Déjenlo, Mizhar, Durbe, Merag, Earith! ¡Hay que dejar que se encargue de Nasch. Será divertido ver como pelea con ese afamado príncipe azul por el corazón pútrido de aquella harpía! —exclamó de repente Giragu con la misma aura risueña que le caracterizaba.
          —Tráenos su corazón, para que los perros puedan devorar su corazón y deja que “esos” se alimenten de sus carnes insípidas aderezadas con toques de agonía —sentenció burlonamente Merag. En sus ojos observaba la crueldad de cien infiernos.
          —Eres una maldita bruja, Merag —siguió comentando entre carcajadas Athos.
          —Haré que pague la misericordia de Loki con su vida —contesté sin mirar a ninguno de ellos, que en aquel momento solo me causaban el más sincero repudio que pude haber sentido.
          —Que así sea —comentaron al unísono mis cinco compañeros.

 

          Nuestro señor se apareció en frente nuestro sobre aquella bola de cristal que nos había permitido hasta ese entonces ver sucesos en los que quienes hacíamos llamar enemigos habían participado, como si fuéramos adivinos prediciendo el futuro. Loki me miró directamente y me encomendó uno de los Zafíros Legendarios, que también había cedido a Nasch, e hizo que lo colocara en la ranura del protector de la cintura de mi armadura.
 

          —Te dará un poder que puede aniquilar a varios de ellos de un solo golpe, como si fueran meros insectos. Úsalo sabiamente, solo tienes una oportunidad para demostrarme que eres digno de ser un Slyther.
 

          Me retiré de la sala en dirección a aquella habitación que fungía de teletransporte inmediato hacia ciertos sectores previamente indicados por mi dios.
 

          —No le fallaré, mi señor —respondí al irme.
          —No podrás, sino todos esos sueños se desvanecerán en una pesadilla eterna ocasionada por mi ser. Anda y tráeme sus cabezas —dijo él antes de desvanecerse.

 

          Ahora que cargaba en mis oídos aquellas palabras, estaba seguro de una cosa y es que debía rescatar a Nasch de ambos bandos. Cueste lo que me cueste.


Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#87 T-800

T-800

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Publicado 30 septiembre 2018 - 20:18

me pregunto que es lo que deseaba ¿una armadura?

 

al parecer sus antiguos compañeros intentaran eliminarla por traidora

 

 



#88 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

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Publicado Ayer, 13:14

Aunque crean que ha pasado una infinidad desde la publicación del último capítulo, solo han pasado 3 semanas.
Eso es causado de que casi no hayan comentado (?)
Bueno, agradezco el comentario de T antes que nada y ahora procedo a postear el capítulo. Ando un poco justo de tiempo y por eso disculpa no poder responderlo debidamente.
 
 

ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XIX – Cyan. El caer de la luna roja.


 

“…Ah, las hojas escarlata caen una tras otra tristemente y yo solo quiero verte a ti, mi enamorada. Las frágiles hojas escarlata lloran sin cesar mientras yo te sigo esperando en este lugar…”.


 

 

          Es de noche y acabo de despertar. No recuerdo cuando fue que me quedé dormido, mis recuerdos sobre aquello son muy vagos. Aunque tengo el presentimiento de que Violet está tras de ello. Es más, ahora que lo recuerdo, ella me dio algo en la boca justo antes de que mi memoria no tenga información sobre ello. Una pastilla, eso era. Fui un estúpido por dejar que ella lo hiciera.
          Ella no está, ella ahora se ha ido de mi lado. Quién sabe lo que pueda pasarle, me preocupa mucho ella, pues ahora se encuentra rodeada de personas que quieren verla muerta para sentir seguridad en este inhóspito lugar.
Las hojas rosadas de los sakuras alrededor mía caían inspiradoramente, pero no era tiempo para pensar en ello. En medio de la noche cualquier sitio es inseguro y es mi deber como su… amigo, preocuparme cada vez que ella esté en esta situación. Me puse de pie en dicho momento, aunque mis piernas me lo impedían, pues aún se encontraban medio dormidas. Maldita Violet, ¿por qué haces mi trabajo más difícil?

 

          —¡Violet! ¡¿Dónde estás?! —exclamaba yo mirando de un ladoa otro, pero era inútil, ella no estaba por ninguna parte.
 

          En cuanto intenté volver a llamarle por su nombre, sentí cerca mío el sonido de las hojas moviéndose. Me escondí como pude tras el árbol más próximo y observé desde la lejanía lo que estaba pasando varios pasos más allá. Allí estaban ellas dos, Nadeko y Violet, juntas. Mi maestra iba apoyando su brazo sobre ella. No comprendía bien qué era lo que ocurría, pero se dirigían hacia un lugar, eso era seguro. Les seguí de cerca procurando que no notaran mi presencia.
 

          —Violet, hiciste aquello que te pedí, ¿no es cierto? —preguntó mi maestra con un tono sombrío que nunca pensé viniese de ella.
          —Sí, él ahora está dormido. Todo va de acuerdo a sus órdenes, señorita Nadeko —respondió ella.

 

          En mi cabeza lo único que pensaba en dicho momento era en que tanto mi maestra como ella estaban involucradas en algo. Tramaban algo dejándome a mi fuera de ello, como si no pudiese ayudarlas, como si fuese solo un estorbo. Iba acercándome más, pero no podía saciar mi curiosidad con solo ello. Necesitaba más para saber qué era lo que no podían hacer conmigo allí.
          Ambas se dirigieron hacia una vieja construcción, parecía un templo antiguo, de madera ya roída, construido adrede en medio de un claro rodeado por sakuras de diferentes tonalidades, unos de hojas más oscuras y otras de tonos más claros y pálidos. Justo en el punto donde me encontraba estaba frente a un gran escenario tras —o delante— de aquella construcción. Sobre ella esperaban tres personas a las que no pude reconocer en el momento, por lo que fui avanzando en dirección antihoraria, de forma que la luz de la luna revelase ante mis ojos sus rostros.

 

          —Pe-pero ellos son… —la impresión de aquél momento me había dejado atónito. No pensé que ellos se involucrarían en los planes de mi maestra. Mis planes casi se habían visto arruinados por el grito que iba a escapar de mi boca— Nereida de Acuario… Parsath de Tauro… y… ¿Kyouka de Escorpio? ¿Qué hacen ellos reunidos con Violet? ¿Qué es lo que piensan hacer con ella?
 

          No podía mantenerme quieto en mi lugar, pues siempre tenía en mente la escena donde encontré a Violet tras su interrogatorio con aquella amenazante y temible Santa Dorada, Kyouka. Era extraño que precisamente ella y el médico de nuestro Santuario se reuniesen frente a alguien que era una enemiga nuestra hace poco más de un día. Pero… ¿Nereida? ¿Qué era lo que necesitaba hacer allí? Aunque la pregunta más importante era: ¿porqué mi maestra aprobaba esto? ¿Es que acaso ella considera que no han sacado suficiente información a Violet?

          No. Si me mantenía parado en ese lugar esperando a que los sucesos ocurriesen sería peor. Debía actuar, y pronto. Estoy seguro de que no traman nada bueno entre manos. Creo que esta será la primera ocasión en que desafíe las decisiones de mi maestra y le ataque tanto a ella como a los otros tres santos dorados. Si no lo hago, será demasiado tarde para Violet.
 

          —Es el momento preciso… de que tanto el sol como la luna caigan en un profundo trance que no se desvanece y permanece en silencio... Ni los insectos se moverán, ni las aves cantarán… Y tanto el día que nos alegra, como la noche que nos cubre con su manto serán hoy presa de mis melodías... Serenata Mortal
 

          Tras empezar a tocar cada nota que componía mi técnica, que debería dejar dormidos a todos aquellos que yo desease, observé como mi maestra tomó mi mano, deteniéndome en el acto sin dejarme tiempo a pensar que aquello era obra de su velocidad característica. Ella me observó a los ojos con una sonrisa que me dejó desconcertado y colocó su brazo, rodeándome y acercándome a donde ellos cuatro y Violet se habían reunido. Caminábamos lentamente y eso le dio tiempo a hablar conmigo antes de llegar a ellos.
 

          —No me esperaba que el somnífero hubiese sido inservible contra ti —dijo ella tranquilamente y mostrándome su sonrisa, pero observaba con curiosidad su mirada perdida. Eso no era buen indicio—. Supongo que el destino quiere que estés aquí.
          —Maestra, por favor respóndame… ¿qué es lo que trata de hacer?
          —Quería que no lo supieses. Esperaba que durmieses apaciblemente mientras los hechos acontecían y que, al acabar esto, pudiese hablar más tranquila contigo. Pero no fue así, y si te dejo tirado aquí, inconsciente, me odiarás más e incluso serías un estorbo para nosotros, es por eso que te traigo. Para que escuches las palabras que nunca comprenderías de mi parte y que quizás puedan tranquilizar tu ser. Palabras... que provengan de una voz que podría quedar solo en tu memoria si fallamos…

          Aquella maestra que me había acogido los últimos siete años bajo su tutela y crianza, aquella a quien admiraba, respetaba e idolatraba… ¿cómo había sido capaz de decir todo ello con una sonrisa? Comprendí allí que quizás yo no fuese el que se sentía más impotente de esa escena. Trataba de mantenerse fuerte, al igual que muchas veces en el pasado había observado, pero esta ocasión no lograba vencer esos sentimientos que le causaban debilidad. Maestra…
 

          —Debe ser duro para tí, Cyan, y quizás esto te haya dejado desconcertado, pero a pesar de que lo pienses así, nosotros no nos hemos congregado para despojar a una enemiga de su vida. Hemos venido a salvar la vida de nuestra camarada.
          —Maestra… —No sabía qué decir, tampoco a qué se refería con “vida”, pero estaba seguro de que la respuesta no me gustaría.

          El camino lento y tortuoso hasta llegar a aquella plataforma desde donde nos observaban me confundía cada vez más. Y con cada palabra de mi maestra, un nuevo término se añadía a la tormenta de ideas que asolaba mis pensamientos. Trataba de relacionar todo, pero mis conclusiones no llegaban a ninguna parte y en todas ellas hacía ver a mi maestra como una enemiga que iba cometer un acto que me afectaría tanto a mí como a Violet.
          Subimos los nueve peldaños de madera que separaban al escenario del césped que crecía alrededor. Los tablones varios de madera que cubrían uniforme el suelo bajo nuestros pies se veían sucios y llenos de polvo, pero en buen estado y de una resistencia considerable. Las vallas que cercaban el perímetro de la plataforma tenían alrededor de unos tres pies y medio de altura y estaban compuestas por originalmente dos tablones colocados horizontalmente que habían sido labrados y componían figuras que se repetían cada dos o tres secciones.
          En el centro de todo ello se encontraba Violet, tan bel… tan única como solo ella puede ser. Ella estaba con los manos juntas, entrelazando sus dedos, esperando a que volviese Nadeko de lo que había ido hacer tan solo un minuto atrás. Creo que se sorprendió al verme allí y se entristeció. Era extraño pero, de todo lo que había pasado hasta ahora, solo me deprimió ver como aquella a la que consideraba musa de mis melodías se destrozaba con mi presencia.

 

          —Cyan, tú… —escuché salir de boca de Violet—. Imposible...
 

          Ella se aferró a mí en cuanto estuve cerca suyo. Lloró sobre mi hombro y me nombró varias veces antes de separarse de mí. Me odiaba a mí mismo en ese momento, pues no podía hacerle feliz de ninguna manera y solo podía estar ahí, parado sin decir palabra alguna. Se tomó su tiempo, pero me explicó como pudo todo lo que le había ocurrido hasta llegar a este punto. Lo ocurrido con su madre, lo que ella sufrió estos siete años, y sobretodo, su enfermedad…
 

          —Lamento no habértelo dicho antes de esto, Cyan. Por favor, perdóname —dijo ella con lágrimas en sus ojos. Me sentía un tonto por haber irrumpido en todo esto.
          —No, discúlpame tú a mí. Soy un idiota por no haberlo notado antes. A decir verdad, debo reconocer que te extrañé estos últimos siete años. No quisiera perder tu compañía los días que me quedan…
          —Cyan…
          —Bonita conversación, pero… ¿nos apuramos? —dijo interrumpiéndonos Kyouka—. Los demás no tardarán en advertir nuestra ausencia.

          La ceremonia estaba a punto de comenzar. Tanto Parsath como Nereida estaban posicionados tal como Kyouka lo había planeado. La brillante y blanca luna había ascendido a su punto más alto en aquel momento.
          Aconteció un estruendo tras de nosotros, en dirección al campamento improvisado que habíamos armado hace apenas unas horas. Volteé a ver la luna nuevamente, pero ahora estaba distinta, podía notar cómo poco a poco esta comenzaba a teñirse de un color rojo casi igual que el de las manzanas rojas. Que quede constancia que lo mío es la música y no las analogías de último minuto. El punto es decir que nos llamó la atención tal evento e hizo que dejáramos de lado nuestras acciones en dicho momento.
          Varios gritos desesperados se acercaban hacia nosotros, y unos cuantos se vieron opacados por el silencio tétrico que les acompañó luego. Alguien estaba emboscándonos. Estaban acabando con nuestros compañeros de armas, pero no podíamos hacer nada. Debíamos continuar aquí pase lo que pase, era una cuestión de vida o muerte para Violet. Habían árboles precipitándose unos cuantos cientos de metros cerca nuestro, desde aquel lugar podíamos ver muy poco de ello, pero las torres de polvo que levantaban eran más que notorias.
          Se escuchaba como gente venía, algunos por tierra, otros por encima de las ramas de los árboles. Más tarde que pronto veíamos cómo uno de nuestros compañeros se arrodillaba y exhalaba frente a nuestra ubicación, pero un haz de luz que era más veloz que mi vista le arrebató la vida en aquel momento al decapitarle parcialmente la cabeza. Se escuchó el crujir de los huesos de su cuello al casi ser partidos en aquel impacto. En cuanto se desplomó por completo, pudimos observar que aquello que le causó muerte había sido un hacha de doble filo, con un borde afilado y plateado reluciente —ahora manchado de sangre—, y un mango de diferente composición que morado y contenía grabados varios detalles que no describiré ahora. La diadema del Eridanus se encontraba a unos cuantos centímetros de su portador, quien ahora yacía sin vida en el suelo, producto del impacto.

          —¿Qué rayos está pasando allí? —Volví la mirada hacia el lugar donde estaban muchos de nuestros compañeros. Estaba atónito, los ojos no los podía cerrar del miedo. No podía tranquilizarme.

          Oleadas de nuestros compañeros aparecían rodeándonos, aunque más bien rodeaban el camino que había seguido nuestro camarada caído. El único que siguió dicho camino era un desconocido. Un muchacho alto, de contextura bien proporcionada que protegía su cuerpo con una armadura morada, del mismo tono que el arma homicida, y que, en su mano izquierda, cargaba un hacha a juego con la que descansaba en el cuerpo inerte de quien no había sido más que un conocido en aquellas inhóspitas tierras del Santuario, pero aún así había sido otro Santo al fin y al cabo. Era uno de ellos, un Slyther.
          Nuestro enemigo llevaba su cabello moreno y corto, pues apenas podía verse fuera de aquel casco raro que tenía dos grandes ojos rojos y varios pequeños cuernos, que de su centro bajaban en hilera hacia atrás, que protegía su cabeza.

 

          —Así que aquí estás Nasch… —dijo él mientras recogía el hacha del cadáver que yacía ante sus pies. Lo arrancó a la fuerza y la sangre salía goteando de aquella arma asesina—. Solo he venido por ella, Santos. No se entrometan en mi camino a menos que quieran morir.
          —Oh vaya, un nuevo Slyther se muestra ante nosotros. Oh, asesino cuya arma dio fin a uno de nuestros camaradas ahora caído en plena batalla injusta —se burló Kyouka dando unos pasos hacia él—, ¿cuál es el nombre de aquel impresentable que osó atentar contra una vida en base a cobardía?
          —Eso no es de tu incumbencia —esas palabras habían hecho divertir, por ello llamó a Escorpios para que el individuo temiese—. Vaya, así que eras una de los doce que brillan con la fuerza del sol… Es una lástima que no sea mi política asesinar mujeres. Una pérdida. Pero mira qué tenemos detrás… Un toro dorado.
          —Nereida, Nadeko, Kyouka. Ustedes ocúpense del asunto al que vinimos, creo que es momento de que les gane algunos minutos —dijo con una sonrisa en labios Parsath, quien pese a que ostentaba el mismo rango que mi maestra nunca había visto en combate.
          —No tan rápido amigo mío, Parsath. Escuché por ahí que la hora de la cena se arruinó por culpa de este engendro. Déjalo todo en mis manos —comentó uno de los recién llegados, aquel Santo que responde al nombre de Mizael.

          Sobre la rama de un árbol, oculto entre las sombras que formaba el intenso follaje, se encontraba el cocinero de nuestro Santuario, vistiendo la impecable camisa blanca que se jactaba de usar siempre y el delantal pulcro con el que había preparado la comida que habíamos ingerido. Mizael, el Santo de Capricornio llamó a su armadura en ese instante, justo antes de saltar y colocarse a tan solo un metro de nuestro enemigo.
 

          —Acaso no sabes que la hora de cenar es sagrada —comentó él con su ánimo calmado, pero un temperamento increíble—. ¡Excalibur!

          Lanzó su ataque como un tajo vertical. Su ataque se veía potenciado ante aquella acción del enemigo que consideraba una osadía hacia su arte. Tres o cuatro árboles más allá del escenario donde estábamos tuvieron la mala suerte de ser podados ante el incomparable poder de la legendaria espada de Arturo. Tan solo ese corte marcó profundamente el suelo de la plataforma donde estaba parado el Slyther. El templo detrás nuestro tras ello comenzó a destruirse en ciertos puntos, y más allá de lo que podíamos observar. Era un ataque impresionante.

          —¿Eso es todo lo que tienes Caballero Dorado? —dijo con cierto aire de superioridad.
          —Ja, ja. Sí, es todo —contestó Mizael dejando su mano derecha tras de él.

 

          Había sido un esfuerzo inútil el del señor Mizael. Pese a aquel potente y deslumbrante ataque, no había sufrido casi ningún daño su oponente. Detrás mío, los cuatro Santos Dorados continuaban con lo suyo, tratando de concretar el plan que habían tramado con tal de salvar aquella vida que tan solo mi maestra Nadeko y yo apreciábamos realmente.
 

          —Orfeo, muévete —dijo bruscamente Nereida—. Mi técnica quizás le afecte, por ello mejor es que la sedes. Usa aquello que ibas a emplear con nosotros hace un rato. Puede que nos ayude.
          —No… Voy a estar bien, señorita… —murmuró mi amiga haciendo un espacio pues no sabía el nombre de quien estaba frente suyo.
          —Nereida —respondió fríamente—. Entonces, no me haré responsable si sufres mientras se crea alrededor tuyo el ataúd. Avisada estabas, Slyther. No sé ni porqué me molesto en cooperar con esa infeliz de Kyouka…

 

          Parsath tomó el pulso de Violet en aquel momento, e hizo unos rápidos cálculos en la cabeza por lo que me pude imaginar, pues lo siguiente que dijo fue…

          —Nere, date prisa, tenemos poco menos de dos horas.
 

          Comandados por el Santo Shiou, y por su Santidad, llegaron los demás atenienses que habían rodeado el claro para evitar ser atacados y se mostraron frente a nosotros y, por supuesto, frente al enemigo. La Señorita Ariadne llevaba a Nike en manos, y usaba su cosmos para apaciguar nuestra intranquilidad frente a este problema. Ella se acercó a nosotros y dialogó con Kyouka sobre lo que ocurría con Violet. Ella comprendió fácilmente y se quedó junto a sus cuatro guerreros de élite.
          Con un chasquido de Shiou, tanto Dreud como sus alumnos, quienes representaban a los tres canes — y que por dicho motivo habían sido nombrados como equipo bajo un apodo curioso—, llegaban con los cuerpos de los caídos en combate que escuchamos gritar con desesperación hacía un rato, sus cuerpos tenían consigo varios cortes de hacha y algunos habían sangrado tanto que me era imposible reconocer sus identidades de no ser por sus armaduras. Llevaban consigo los cadáveres, pues pese a ser ahora un estorbo, en vida habían sido guerreros leales a nuestra diosa y merecían el respeto póstumo que no habían tenido en sus últimos minutos de vida.

 

          —Tenemos cuatro… cinco bajas —comentó el Santo de Cáncer tranquilamente luego de ver a nuestros pies el quinto cuerpo— ¿Te estás divirtiendo por allá, Mizael?
          —Como no te imaginas, Shiou —comentó con una sonrisa en labios, mientras tiraba su casco con cuernos que le había cubierto en cuanto llamó su armadura. Argumentaba que no era su estilo usar casco simplemente.

 

          Ambos eran, por decirlo así, “enemigos” pues en cada contienda a la que me llevaba mi maestra a contemplar, siempre habían estado en equipos diferentes, mas en aquel momento, como siempre acostumbraban a hacer durante una crisis, los doce Santos Dorados olvidaban cualquier diferencia que hubiese entre ellos en tiempos de paz.
 

          —Orfeo, espero comprendas ahora todo lo que ha sufrido tu maestra Nadeko por llegar a este punto. Ni ella lo ha querido así, pero es lo único que le queda —me dijo el señor Shiou— La sombra que se forma sobre ella ahora es muy grande. Su vida pende de una única oportunidad, y es por eso que pelearemos nosotros. Ella estará bien. Espero...
 

          Con cada segundo de combate que pasaba, más me preocupaba lo que sucediese con ella. Cualquier técnica lanzada podría dañarle y eso no podía permitirlo. Estoy aquí para ella, y es por eso que podré detener cualquier técnica que ose interferir con la “ceremonia”. Me juego la vida en ello.


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"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#89 T-800

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Masculino
Signo:
Cancer

Publicado Ayer, 21:17

Spoiler

 

 

XIX – Cyan. El caer de la luna roja.

 

Cyan seguramente pensó que planeaban orturan hasta eliminar a Violet

 

el personaje es valiente al intentar  luchar aun estando en desventaja numérica

 

a Kyouka  le falta un tornillo en la cabeza

 

¿Porque se demoran tanto en hacer la ceremonia,acaso no la iban a congelar nada mas?






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