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Prisioneros de Mannaheim


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84 respuestas a este tema

#61 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 14 mayo 2018 - 12:12

Ya se que la vida a veces puede ser algo difícil pero las drogas no son la solución XD

 

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Kyouka me recuerda al Joker cuando amenaza a los lectores XD

 

Apoyo la nocion del autor con violencia hay que torturar a los que se encargaron de hacer alma de gordo 

 

pobre Nereida de Acuario que me late que sera una triadora

 

si es es multimillonaria díganle que done algo para la tercera temporada de lost canvas

 

 

no entendí la referencia al manga llamado Yomotsu Hirasaka

 

si entendi la referencia a lost canvas

 

¿Pokemon? eso si no me lo esperaba

 

 

PD:si bien es cierto no es muy común que los autores de fics se animen a romper la cuarta pared , es un recurso

 

habitual en las series o comics ,te salio bien este capitulo


Editado por T-800, 14 mayo 2018 - 12:12 .


#62 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 15 mayo 2018 - 11:47

Quién es ese tal.... """Sagen""" del que habla el autor, que no es Sagen? Se llama Yliaster, pero aquí aparece un tal "Sagen" hablando de animes modernos de los que creo que nunca he escuchado y de... para.... NEREIDA SUIREN?

316559.jpg

 

Really? REALLY? Ok, no me importa si esta nueva e interesantísima no-tan-inspirada-en-otros-anime Bicha se pone en el camino...

 

mano-que-sostiene-el-encendedor-54441804

 

 

No, no, nonononononono, no... para qué nos vamos a poner violentos y pirómanos? No es la idea... es solo una referencia a Pokémon y nada más.

 

Ah, en qué estaba?

 

 

Ah, sí... no soy particularmente fan de los dramas y romances y qué se yo, pero supongo que quedó bien hecho con lo de la bicha y el cangrejo. La que mira supongo que es Virgo? O es demasiado obvio y es otra? O quizás otrO? Quién sabe, ni siquiera este tal """""Sagen""""" del que tanto hablan en las calles...

 

Pero sí me gustó bastante el capítulo anterior de Nadeko, que no comenté porque soy un pésimo lector. Me gustó, me sigue gustando Nadeko incluso en flashbacks, e incluso aunque es víctima de comentarios ofensivos, yo la banco! Le da motivación y toda la cosa, y desarrolla un poco más su personalidad. En fin, buen capítulo, que leí recién pero que cuenta igual... aquí me tienes, leyendo tres capítulos al hilo para comentar como corresponde. Es el tercero un capítulo o una manera para que el autor (Yliaster, claro) explique cosas que quizás los lectores notamos de todas maneras, exceptuando las referencias a animes modernos que creo que nunca he escuchado y....

para, para.... ¿Una referencia a Placebo en la intro del segundo capítulo?

 

Ok, that's it!

 

mitos-del-fuego.jpg


Editado por -Felipe-, 15 mayo 2018 - 11:49 .

25solfo.jpg

(by Placebo)


#63 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Souldgodiana de corazón

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Publicado 18 mayo 2018 - 15:43

OMG! Ya no te voy a dejar que te juntes conmigo Sagen. Ya te contagie de mis mañas y tendencias a escribir desvarios  :lol:

 

Es broma, es broma.

 

Ya en serio, me causa curiosidad saber que te animó a escribir este capitulo. Un capítulo un tanto peculiar, cuyo valor radica en que nos compartieras un poco de lo que hay detrás del fic, de su proceso de elaboración, del por qué de ciertos personajes.

 

Si bien, en tus respuestas a nuestros comentarios nos vas dando cuenta de ello, me pareció muy original- gracioso (y también algo fumado) que decidieras un capítulo como este. Así que,me agrada y espero que se repita la idea.

 

Sobre posibles plagios de otras historias no te preocupes por mi, porque no tengo la menor idea de los animes que son tu referencia. La verdad es que no soy muy aficionada al anime y solo conozco lo que menciono en mi perfil. Aunque, creo que si sería conveniente poner un pie de página especificando algún hecho del fic que retomen algo de otro anime o fic,sobre todo para darle sus respectivos créditos.

 

Por último, podrías pedir a mi nombre un autográfo del tal Sagen? Si, di que si  :lol:

 

 

Saludos


ZVUEAsd.jpg?1

 

"Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final"


#64 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 03 junio 2018 - 16:26

Me alegra que gustase el capítulo :lol: 
Tengo una cierta emoción de que les haya parecido bien un especial que salió de casualidad :lol: (por no decir que fue tambien para que no quedase olvidada la historia...)
 
Hoy es un gran día. Un día de mucha dicha. Hoy es...
 

¡ El día en que entramos al segundo arco argumental !

 

 

Bueno, bueno...
Historia 100% nueva de aquí en adelante :sonaro:
Aunque bueno... Este es el capítulo que quería escribir antes de que... sí, ese día fatídico en que no continuó más...
 
Peeero... antes de mostrar el capítulo del día, un par de aclaraciones enumeradas en una lista porque no tengo mucho tiempo ahorita. :ninja:

  • Nereida no es el verdadero nombre de Nereida. Así como Parsath no es el verdadero nombre de Parsath. De igual manera Nadeko no se... Ah no, espera ella sí se llama Nadeko.
  • Y quizás pensé que había metido muchas cosas cuando solo mencioné Mirai Nikki y Pokemon... Así que... No exageres Felipe :unsure: , de hecho creo que por ahí saltó la palabrita meliodas en el capítulo 3, de algo que a ti tanto te gusta actualmente... Claro que como palabra y no nombre...
  • Para información, solo digo que ambos personajes en las sombras en los últimos capítulos son mujeres... no vengas con tus conspiraciones...

Entre otras informaciones nada relevantes ya creo haber definido el número de protagonistas principales de esta historia... Que por el momento son 5 si es que no me retracto y agrego alguno más...
 
A lo que venía... El capítulo.
 
Narrado por Haloid, dirigido por Haloid y protagonizado por el mismísimo Haloid nos encontramos una historia en que Haloid salva unos gatitos que estaban atrapados en un árbol y les llama Haloid a cada uno de ellos :lol: . Fue difícil encontrar la oportunidad de meter esto en la anterior versión... Hoy les presentamos la historia de Haloid y Haloid :lol:
 

 

 


ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XII – Haloid. Legado de un amigo.

 


“Así como un día bien pasado nos trae dulces sueños, una vida bien empleada nos trae una muerte feliz”.
Leonardo Da Vinci



 

 

          Con los recientes acontecimientos no pude pensar más que en mi muerte. Ser el Patriarca conlleva tener una de las posiciones más riesgosas en el Santuario. Quisiera poder serle más ayuda a Athena y no una carga, pero también debo comprender que no soy tan joven como antes. Ya no puedo vestir una armadura ni luchar por más de una razón. Debo mantenerme con el pensamiento de que esto es en lo que más puedo apoyar a la causa. Debo enfrentar a quienes se oponen a nuestra diosa y lo haré hasta el último de mis días. He dicho.

          Sé que ya sea en el pasado, en el presente o en el futuro, habrá quienes se crean superiores a otros. En el pasado mitológico fueron los dioses, como Loki. En el pasado más cercano fueron los reyes tiranos y dictadores, aunque en el presente tampoco es tan distinta la cosa. ¿Acaso la jerarquización también conlleva a la presencia de ínfulas de poder? Mira quién lo dice, el Patriarca de un Santuario, quien tiene poder sobre muchas personas.
          Pero sé que eso no va conmigo. Quizá en mis tiempos como Santo Dorado tenía pensamientos sobre cómo sería mi yo como Patriarca, con un poder que sobrepasase mis límites y pertenencias invaluables. Pero desde hace tiempo que no pienso de tal forma. Quizá esa fue una de las enseñanzas que me legó la guerra. O quizá no. Tal vez fue alguien quien me enseñó que la vida es efímera y que nada que posea aquí lo tendré allá.
          Con los recientes acontecimientos no pude pensar más que en mi muerte. Ser el Patriarca es tener una de las posiciones más riesgosas en el Santuario. Quisiera poder serle más ayuda a Athena y no una carga, pero también debo comprender que no soy tan joven como antes. Ya no puedo vestir una armadura y luchar por más de una razón. Debo mantenerme con el pensamiento de que esto es en lo que más puedo apoyar a la causa.

 


* * *
 

          Fue hace alrededor de unos veinte años cuando me dio su última enseñanza. En ese tiempo ya no pensaba en muchas cosas.
          Fue recién en el setenta y tres cuando nos pidieron involucrarnos en un conflicto bélico verdadero. Aquella infame guerra en Vietnam había sido una campaña dura y, además, sufrimos más bajas de las esperadas. Pero aun así tanto yo como él sobrevivimos. Apenas volvimos al Santuario hubo dos compañeros de rango que abandonaron sus armaduras. En sus expresiones se notaba que la crueldad humana que habían presenciado sus ojos había sido demasiada.
          Como seguía diciendo, incluso hasta el final, él y yo continuamos siendo Santos de Athena. Sin un Patriarca al cual seguir, quienes aún quedaban en el Santuario acordamos que él sería un digno líder, pero me cedió el cargo. Nadie entendió su decisión hasta que un par de años más tarde decidió dejar atrás todo. El Santuario, sus amigos, su armadura, todo. Algo que no podré olvidar son las cartas mensuales que le mandaba a su tierra natal. Después de todo, fuimos buenos amigos.         
          A mediados del año ochenta, en el mes de junio, recibí una noticia. Me mencionó en una de sus cartas que él iba a ser padre. Pero no fue hasta tres años más tarde cuando me citó a encontrarnos en un cierto lugar. China. Más específicamente, en una región alejada de cualquier ciudad o pueblo, rodeada de un bosque brumoso y ubicado en la cima de una colina verde y bella —según él me describía—. Pese a mis labores de Patriarca, accedí a ir.
          Apenas llegué al país oriental, él me recibió tras bajar en el terminal del aeropuerto. El viaje fue muy incómodo si me permito decir, ahí me prometí no subir a otro avión nunca. Nunca. Caminamos hasta dejar atrás la ciudad. Apenas dimos medio paso en el bosque circundante, usamos nuestra velocidad a favor. Como Santos Dorados, se dice que nuestra rapidez es similar a la que posee la luz. Siendo sincero creo que es una exageración.

 

          —¿Cuánto nos falta para llegar? —Le pregunté.
          —Menos de lo que imaginas, Haloid. Sigues tan impaciente como siempre, por lo que veo. Ya te conté el porque me retiré del Santuario, ¿no es así?
          —Solo me mencionaste que fue a causa de la muerte de tu padre, pero muy fugazmente en una de tus cartas. Lo que no puedo comprender hasta ahora es la razón por la cual nos abandonaste. ¿Fue por el luto acaso?
          —No, te equivocas. Y mucho, de hecho. Cuando lleguemos lo entenderás viejo amigo.

 

          Sinceramente no me podía entender a mí mismo en ese momento. Cada uno tiene sus motivos para hacer una u otra cosa, motivos de valor. Así que, bajo ese precepto, poco debería haberme importado el que abandonase a su armadura hace años. Pero no era así. Sentía curiosidad. Algo más que eso. Pienso que la amistad que habíamos forjado en aquel entonces era lo que me motivaba a seguir insistiendo con el tema. No mencioné más sobre aquello, pero en mi mente seguían revoloteando como mariposas y fastidiando como mosquitos.
          Nuestra conversación tomó otros rumbos mientras en nuestra realidad trepábamos por las salientes de una montaña. Unas cuantas piedritas se desprendieron, pero no había nada que temer. De hecho, incluso si se hubiera desprendido la roca de la cual colgaba, no habría nada que temer. Una que otra lesión… No importa, después de todo me paso todo el día sentado en un trono de piedra incómodo apenas moviéndome revisando el papeleo que me entregan. Esto no me lo habían mencionado al asumir el cargo. Aunque eso es ya salirme del recuerdo.
          Al pasar una hora aproximadamente llegamos al lugar que él me había descrito como la octava maravilla de su mundo —aunque después descubrí que era la décima o undécima—. Sabía que había transcurrido más de sesenta minutos aunque no había hecho uso de mi reloj de pulsera en todo el viaje. Culpa del cambio horario. No voy a mover las manecillas hasta acomodarla para un par de días que iba a respirar esos aires.

 

          —Observa —dijo él señalando hacia adelante con un rostro lleno de orgullo.
 

          Su casa era… Para comenzar bien, diré que no era una casa. El termino mansión se alejaba levemente de su cometido, pero era más apropiado de utilizar que el primer término pensado. Era, por decirlo así, como una pequeña ciudad. A lo que me refiero es que en el centro estaba la mansión y rodeándola casas pequeñas con todo y tod… Bueno, yo me entiendo y eso es lo que importa.
          Apenas dimos unos pasos en aquel territorio los habitantes que en ese momento circulaban por lo que parecía el sendero principal nos saludaron con un extraño término que en ese entonces no entendí, pero que luego él me explicó lo que significaba. Su significado era algo así como “buena suerte en tu día”. Ante todo era cordialmente sorpresivo.

 

          —Este es el motivo por el cual me quedé en este lugar, Haloid. ¿Lo ves ahora?
 

          Más tarde, ya estando en su hogar, él me explicó su situación. Su padre había sido, hasta sus últimos días de existencia, el líder de aquel clan tan alejado de la sociedad. Le contactaron a él poco antes de la muerte y llegó, por suerte, para observar los últimos atisbos de vida de su progenitor. En su lecho, su padre le confió como su último deseo el clan que ahora estaba frente a mis ojos. Era su padre, así que él aceptó. Aceptó y por ello abandonó a los pocos compañeros que aún tenía en el Santuario.
 

          —¿Les sirvo algo de té? —preguntó una criada de no más de dieciocho años, que por lo visto era feliz de servir allí.
          —Sí, gracias —respondí yo.
          —Que sean dos, y con doble de azúcar, por favor —añadió él haciendo un gesto con la mano como acompañamiento.
          La jovencita hizo una venia en señal de respeto hacia su líder y se retiró con una bandeja plateada en manos. Un par de minutos más tarde regresó con dos humeantes y aromáticas tazas de té. Las colocó a ambos lados de la mesa con una ligera pizca de gracia en sus movimientos y tan rápido como entró en la habitación se retiró luego de volver a escuchar un nuevo par de “gracias” por nuestra parte.

 

          —¿En verdad no puedes dejar tu clan? Considero que serías mejor Patriarca que yo.
          —Ya te he dicho, Haloid, que no puedo. Tengo tres razones para quedarme en este lugar y hasta que el destino no diga lo contrario me quedaré en este sitio.
          —¿Tres? Estoy seguro que una de esas razones es la promesa que le hiciste a tu padre, pero, ¿y las otras dos?

 

          Él se dio media vuelta en su asiento y apoyando uno de sus brazos sobre el respaldar de la silla llamó a una persona.
 

          —Jasmine, ¿podrías traerlos por favor?
          —¿Jasmine? ¿Ella no es…? —pregunté con curiosidad, mas no me dejo terminar pues simplemente intuyó lo que iba a decir.
          —¿Qué comes que adivinas, querido amigo? Sí, es ella. Muy buena gestión en alimentos estás haciendo en nuestro querido hogar —él rio como en antaño, igual que antes de que ambos fuésemos a aquella infortunada nación sumida en caos. Desde ese día nunca le había visto siquiera esbozar una sonrisa que no fuese mayormente una fachada.

 

          Recuerda que mencioné que después de la guerra hubo muchos decesos y unos pocos sobrevivientes. Uno de los casos más excepcionales fue ella, Jasmine. Ella fue una de los dos únicos Santos de Plata que sobrevivieron a la cruel guerra. Está claro que desistió del cargo apenas volvió al Santuario. Sin embargo, nunca me esperé que entre los dos hubiese algo más que una relación de respeto.
 

          —Ay, querido… Sabes que a ella no le gusta salir de su habita… Haloid… es una grata sorpresa verte por aquí.
 

          Ella seguía bella como siempre, o al menos eso era lo que me dictaba la imagen que tenía de ella en su último día en el Santuario. Exceptuando unas ojeras poco marcadas en su rostro, producto de la edad, se mantenía como siempre. Su largo cabello negro que le llegaba hasta la espalda media. Sus ojos del mismo color, pero a pesar de su oscuridad, siempre relucientes como luceros. Sus labios no tan marcados, pero sí finos y delicados. Un par de arrugas se asomaban en su rostro, pero no eran tan pronunciadas. Ella se había mantenido muy bien a pesar del crudo paso del tiempo.
          Ella venía acompañada de dos niños. Uno mayor que el otro. No soy experto en reconocer el género de un bebé solo viéndolo tal como hacen otras personas con resultados más satisfactorios que los míos. El mayor de ellos, debería haber tenido al menos unos dos o tres años de edad. Se prendía del fino vestido de su madre para caminar. El menor —la menor, como me corrigieron después— unos meses, un año a lo mucho. Ella estaba en los brazos de Jasmine, acurrucada, con los ojitos bien cerrados y su cuerpecito envuelto por una manta blanca.
 

         —Lo mismo digo, Jasmine. Nunca esperé que te volviese a encontrar, mucho menos junto a él. A propósito, ¿no te dijo que me pidió venir a verle?
          —No, no me mencionó nada al respecto.
          —Sí te lo dije, querida —interrumpió él.
          —Me lo habrás mencionado cuando estaba cuidando a los niños. Como tú debes hacer tus cosas como líder del clan los dejas el noventa por ciento del tiempo a mi único y exclusivo cuidado —comentó ella, aunque no demostraba ni una ligera expresión de enojo.
          —Lo siento. Debes estar cansada de cuidar de los niños. Si quieres pue…
          —Ni te molestes querido. Lo que más quiero en el mundo ahora es cuidar a mis dos angelitos. Es mi razón de ser, así como la tuya es liderar y ser un buen padre a la vez —una sonrisa tranquilizadora se formó en su rostro.

 

          Ella se acercó junto a los dos niños hacia mí. El mayor de los dos, se escondía detrás de su madre, con miedo de mi persona, miedo claramente comprensible al ser un completo desconocido para él. Jasmine le tomó de la mano en un afán de tranquilizarlo. Se notaba que su intención era decirle “no te preocupes” con esa empatía maternal que había adquirido.
 

         —Él es un viejo amigo nuestro, su nombre es Haloid —le hablaba con un tono lento y dulce para apaciguar su intranquilidad.
          —Bu-buenas tardes señor ¿Ha-Haloid? —murmuró el pequeño. Aún sentía un ligero temor.

 

          Luego de presentarme a ambos, ella se retiró junto con los dos infantes a una de las habitaciones contiguas, dejándonos solos a mi viejo camarada y a mí. Conversamos por horas hasta que la luna se posicionó justo en el centro del cielo. Hablamos lo que no pudimos en los largos años que no pudimos estar cara a cara. Recordar viejos tiempos, criticar nuestro presente y predecir nuestro futuro. Después de cenar —y he de decir que la comida de Jasmine estaba exquisita—, me fui a dormir temprano porque al día siguiente debía volver al Santuario.
          En el año ochenta y cinco se desencadenó la tragedia. Hasta aproximadamente el mes de agosto había recibido y almacenado todas y cada una de las mensuales cartas de mi amigo. En setiembre no llegó ninguna. Recordé entonces sus palabras: “Nuestro clan tiene algunos problemas con otros, así que si no recibes una carta mía en los primeros tres días del mes, ven a este lugar”. Ya era el día tres por la noche. Me alisté lo más rápido que pude para partir.
          Cuando llegué, aquel magnífico y esplendoroso lugar no era más que ruinas. Me recordaba a las zonas devastadas por la guerra que había visitado en antaño, pero siendo un lugar tan apreciado, sentí un pesar mayor. Mientras más me adentraba en lo que había sido el territorio de un próspero clan, decenas y decenas de cadáveres ensangrentados y mutilados se esparcían por los alrededores. Ni niños ni mujeres se habían salvado ante tal masacre. Todos yacían allí, tendidos en el suelo. Nunca podrían descansar en paz más allá del Yomotsu.
          Apuré mi paso y entré en lo que aún quedaba de la mansión de mi viejo amigo. Las paredes de madera y las decoraciones de tela estaban completamente destrozadas. La cocina, las habitaciones, la sala… Todo había sido devastado. Y lo peor de todo fue… Fue verlos a ambos tirados en el suelo. Él había sido quien más ataques había recibido. Varias puñaladas, innumerable cantidad de flechas habían perforado su espalda e incluso había recibido disparos en ambas piernas. Por la coloración de su cuerpo podía ver que incluso le habían envenenado. Aun así, en su rostro podía verse una sonrisa. Era inconcebible para mí, y pensé que solo era una alucinación mía.
          Lamenté su pérdida. Jasmine también yacía en dicho edificio en ruinas, en una habitación lateral. Su cuerpo estaba menos herido que el de su marido, pero al igual que todos, la fatalidad se había apoderado de ella. Lloré en silencio por ambos hasta que escuché unos golpecitos provenientes del lugar donde se encontraba. Toc toc. Quizá estaba demente. Quizá, pero estaba seguro de que los había oído. Toc toc. Volví a escucharlos. Esta vez sí estaba seguro de que no era mi imaginación.
          Moví el cuerpo sin vida de mi antigua compañera y pude ver que bajo ella había una escotilla. De ahí salían los golpecitos. La abrí lo más rápido que pude y pude ver qué era lo que causaba aquel ruido milagroso. Escondidos bajo el suelo se encontraban los dos niños que Jasmine me había presentado aquella vez. El mayor cuidaba de la menor, procurando que se encontrase lo mejor posible. De acuerdo a mis cálculos, ellos debieron haber estado allí al menos unos cuatro días. Era increíble de ver que aquellos pequeños tuviesen tal resistencia.

 

          —Gracias a Athena están bien —mis lágrimas brotaron en aquel entonces. Estaba feliz, era un sentimiento indescriptible de pérdida y esperanza mezcladas entre sí.
 

          Recogí a los dos pequeños y traté de calmarlos. Por suerte el niño me reconoció y con ello tranquilizó a la chiquilla. Los cargué en mis brazos y salimos por la puerta trasera, puesto que no pensé prudente que ambos viesen la masacre de su clan. Ahí detrás, para sorpresa mía, se encontraban cientos no, más de mil personas asesinadas. No formaban parte del clan, por lo que podía intuir de sus características ropas. Posiblemente eran quienes habían causado la destrucción que mis ojos habían presenciado. Todos y cada uno habían muerto al mismo tiempo. Ese era el poder de un Santo Dorado. Esa era la fuerza de mi camarada caído.
          Aquel niño que recogí fue el primero de una larga lista de quienes ahora rondan nuestro Santuario. Él, precisamente, fue quien me sucedió en el cargo de Santo Dorado del cuarto Templo Sagrado, Shiou. Aquel a quien el aciago destino quiso castigar y torturar a tan corta edad. ¿Será que aquellos quienes compartimos un lazo con nuestra desdichada constelación estamos tan cercanos a la muerte?

 


* * *
 

          Mientras veía como todos se preparaban para partir, inconscientemente observaba a mi joven alumno. Preocupado por trivialidades dignas de su edad. Yo tenía otras preocupaciones como por ejemplo el destino que de ahora en adelante veríamos ante nuestros ojos. Era posible que la primera parte fuera tan solo un preludio de lo que veríamos luego.
          Lo más seguro es que, como le dije a Shiou, no pueda sobrevivir a esta cruzada y por ello quiero que todos ganen conocimiento y experiencia. Quiero que sean buenos líderes todos y cada uno. Ese es mi pobre deseo como el padre que ellos me consideran. Eso es lo único que le pido al destino. Eso es lo que implora un pobre viejo a quien las canas no dejan en paz.

 

          —Patriarca, ya estamos listos para partir. Espero que usted ya se sienta mejor.
          —Sí, Miare. Ya estoy mejor, muchas gracias por el antídoto. Eres un buen muchacho aunque no te lo digan muy a menudo.
          —Como sea. Apúrese.


Editado por Sagen of Atenas, 03 junio 2018 - 22:04 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#65 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 03 junio 2018 - 21:12

Ohhh...

 

Ohhhhhhhhhhhhhhhhhh...

 

¡OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!

 

¡¡¡PLOT TWIST!!!

 

:s35: :s35: :s35: :s35: :s35: :s35: :s35:

 

 

Así que era el origen de Shiou... vaya, le diste un gran trasfondo SoA, te felicito.

Gran forma de empezar el segundo arco, se notan las ganas y energías. A pesar de que todavía no has editado el primer post con el índice (desde hace bastaaaaaaaaaaaaante). Eso indica flojera, y culparé al maldito cambio de horario por ello.

¿Habrá alguna razón para que no mencionaras al papá de Shiou por nombre? Estará por verse, pero que lástima que cayera de esa manera, tan trágica, junto a su tradicional esposa. ¿Y la hermana quién es? Tal vez es alguien conocido y se me pasó... En general, lo gramatical está intachable. Muy buen capítulo!

 

Solo me queda un asuntito, que no me había detenido a comentar antes porque no se me ocurrió hacerlo... pero meter a Vietnam y todo eso, sí, me parece genial. Pero imposible que no me pregunte en qué época está ambientado esto. Digo, es evidente en qué época, lo que significaría que esta es una versión alternativa a la historia de Seiya y los demás. Muy muy interesante, lo apruebo.

 

Saludos, SoA


25solfo.jpg

(by Placebo)


#66 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

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Publicado 03 junio 2018 - 22:17

Bueno, ya que lo mencionas, creo que es conveniente aclararlo de una vez, así todos sabemos en que época se desarrolla la historia.

Haloid lo que relata en este capítulo es un entreverado de fechas... Que incluso yo me pierdo conforme leo...
No perderme en sí, porque sé mi cronología, pero... cuando hago cálculo de fechas las ideas se me hacen un lío.

En un resumen rapidísimo:

Vietnam ocurre años antes de lo que narra Haloid como última enseñanza de su amigo. Es un recuerdo en el recuerdo.
Si digo que en aquel momento Haloid tenía unos veinticuatro años... significa que ahora no está tan viejo como él relata :ninja:
Tengo profesores que le superan en edad :ninja:
(Lo que sufrí para meter Vietnam... hasta tuve que meter flashback en flashback...)

Y como bien dices Felipe, en esta linea temporal no existen ni Seiya ni sus amigos. Además que con esto puedo mover un poquito los tiempos para dejar el año actual en la curiosa cifra de... 2005.

Con lo cual quiere decir que:
  • Shiou tiene actualmente 25 años
  • Haloid tiene unos 56 años de edad. Y se llama viejo... Ni siquiera llega a la cuarta parte de Shion!
  • Como dato extra, en 1998 es cuando Nadeko salva a los pequeños Cyan y Violet. Año en que ella tenía unos 20.
Creo que con eso quedaría aclarado.

Saludos.

Editado por Sagen of Atenas, 04 junio 2018 - 10:05 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#67 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Souldgodiana de corazón

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Publicado 04 junio 2018 - 19:52

Antes que nada: Muchas felicidades al autor por hacer posible lo que parecía imposible o lo que creo que sólo quedaría en un dicho, es decir, continuar el segundo arco del fic. Tenía el temor que decidiera empezar de nuevo (otra vez!) o que desistiera (algo de eso leo entre líneas en el presente capítulo).

Si, lo sé, sueno a mujer de poca fe, pero me alegra estar equivocada y que me hayas dado una cachetada con guante blanco Sagen. Espero que sigas con el entusiasmo y la inspiración para continuar tu historia (y por mi propio bien, porque como duelen esas cachetadas).

En general, lo considero un muy buen capítulo. Si bien es destacable que nos relates un poco del pasado y orígenes de algunos personajes, así como los detalles que menciona Felipe, en lo personal me llega hasta al fondo del alma por tres cosas: 1) la frase de introducción; 2) la percepción que Haroild tiene de la vejez y 3) la persistencia.

La frase resume algo que he venido aprendiendo en mis reteartos años de trabajo con adultos mayores. Tantos testimonios y experiencias de vida compartidas o vistas a través de ellos y todas te llevan a esa frase o a otra parecida: "lo que siembras cosechas". Por cierto, ignoraba la existencia de esa frase. Me la robo.

La percepción de Haroild sobre la vejez aglutina lo que prevalece en el imaginario social sobre los viejos:los viejos son una carga, por consecuencia, la vejez es la etapa más desagradable de la vida. Antes pensaba lo mismo, pero la vida misma me ha enseñado lo contrario y me ha llevado por el camino adecuado por cambiar esas ideas en mi misma y en mi entorno. Por cierto, Haroild se queja por nada y eso que todavía ni llega a los 60 años (como que se parece a alguien que conozco).

La persistencia. En este caso lo vemos reflejado en los santos de Athena, es que si se pone uno a pensar (y lo muestras en el capítulo) en todo a lo que tienen que renunciar, esto es, sacrificar el vivir una vida "normal", no es nada nada fácil. Agregando lo que tienen que ver en un campo de batalla, no bueno, yo me vuelvo loca, me deprimo o hago lo que ese Santo de Oro, renunció! Aquí acoto que tú Santuario es bastante ligth en ese sentido, porque según recuerdo en el de Kurumada a los desertores se les mataba.

Regresando a lo de la persistencia, considero que los santos son al respecto un gran ejemplo para nosotros los fans (ejem, me dolió la autopuñalada)

Agrego por último, eso que llamamos destino o Gran voluntad. Ese Santo de oro y su esposa huyeron del suyo; sin embargo, el destino ya tenía preparada una treta para que sus hijos lo cumplieran? Uuuhhh, sentí escalofríos.


Eso es todo.


Saludos!


PD: Qué paso con mi autógrafo?

ZVUEAsd.jpg?1

 

"Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final"


#68 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 05 junio 2018 - 10:58

-El Patriarca del santuario tiene una curiosa forma de razonar

 

-La guerra de Vietnam fue una de las mas devastadoras en la historia no precisamente por el numero

de muertes sino mas bien por la tácticas inhumanas que usaron ambos bandos para ganar .me pregunto

¿que te motivo a introducirla en tu fic?

 

-buena escena familiar la de ese duo de saints retirados

 

-fue triste la muerte de ambos y la de los miembros de su clan 

 

-Se ve que el Pontífice es una buena persona



#69 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 08 junio 2018 - 10:53

Buenas.

Creo que mas conveniente ahora es que postee las respuestas a los comentarios, porque se que en algun momento se me va a olvidar algun detalle x o y cuando intente postear el capitulo de mi fic, ademas que me demoro mas de lo previsto... Por eso mejor ahora.

Bueno Girl, me alegra que te haya gustado el capítulo. Tambien me alegra por ustedes Felipe y T, pero como caballero debo mencionar a la dama primero.

Empezare comentando que... creo que en serio me duele que tengan tan poca fe en mi. Yo tampoco la tendria, para ser sincero. Pero como dicen que la tercer historia posteada es la vencida, pues por algo será (?).

En cierto aspecto no sabia como reaccionarian ante este flashback, pues meti mucho palabreo al principio que ya admití, me mareaba numerosas veces. Me gustaba el toque que le di de nuestro mundo, eso no lo vuelve un mundo tan utópico el lugar donde viven los Santos, sino mas bien un lugar podrido como el nuestro.

La frase de introduccion yo tampoco la conocia, y a dia de hoy, al igual que muchas frases que se pueden encontrar, dudo que haya sido dicha por el personaje al que esta referido... Pero eso no quitó que con ella se acentuara un punto que queria remarcar en la sonrisa del difunto padre de... No lo menciono por si alguien intenta leer mi comentario antes del capitulo. A leer la historia...

Quiero resaltar una cosita... Que el nombre es Haloid! Como... quisa lo diga en el siguiente especi... Spoilers no.

Y de hecho creo que al final Haloid o el autor se equivocaron, pues la leccion es mas o menos de la pareja y no tanto solo del padre de... Digo, Jasmine protegio a sus pequeños... y eso es lo que se le pego a Haloid hasta dia de hoy.

Por otro lado no creo que mi santuario sea tan light como mencionas. Simplemente no creo que Haloid se haya querido enfrentar a su amigo y compañero de rango... En esos mil dias de enfrentamiento no habria nacido ... a lo mejor ella si... Ademas que no creo haya sido prudente que el amigo de Haloid se quedase siendo dorado aun cuando quizas no volviese a pisar el Santuario nunca mas. Algo asi como Dohko que retuvo su armadura 200 años...

Y de hecho, no solo la vida de los Santos de Oro es complicada. A Vietnam fueron decenas, 3 decenas como mucho :ninja: , pero decenas al fin y al cabo. Imagina cuantos tuvieron que ver a sus compañeros morir. Cuantos tuvieron que ver la masacre que desencadenaba la tecnologia humana. Yo creo que la que podria haber salido mas traumada era Jasmine... Gracias a sus dos angelitos que le devolvieron la cordura!

Sobre lo del destino, como punto de vista mio como lector podria decir que al final ellos quiza ya lo tenian calculado. El amigo solo se comunicaba mediante carta con Haloid y solo con él. Ademas que ya le habia advertido la suerte de su clan. Mientras que Jasmine fue precavida a ultimo momento y protegio a sus dos hijos en ese espacio secreto. El que los encontrase Haloid era como una señal de que el Santuario seria el mejor lugar para ellos si es que morian sus padres. No se que opines al respecto.

¿No te llegó el autografo? Vaya que el correo va fatal. A lo mejor tengo que enviarlo mediante paloma mensajera...

Saludos.

Pd. Mi mensaje numero 3500 :sonaro: (?)

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#70 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 17 junio 2018 - 13:14

Buen domingo tengan.
Tengan buen domingo.
Sorprendente que tengan casi el mismo tamaño pese a que la T ocupe menos espacio aparente. 
Ehm... disculpen. Es que no tengo nada que hacer como preludio al capítulo pues los comentarios ya están respondidos... Arma, I need your review now! (?
 
Como decía, este es otro de los capítulos particulares. Que ni yo sé si guste... :ninja:
Acá el capítulo.
 
Ariadne, la diosa no odiosa. Ella es la narradora de este capítulo. Vaya que quería usar el juego de palabras entre diosa y odiosa que bien le quedan a Saori... Bueno, eso. El capítulo 13.
 




ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XIII – Ariadne. Calidez del desierto.

 



          —Bueeeeenos días —dije casi bostezando. Como no escuché respuesta alguna imaginé que había soñado pronunciar esas palabras.

 

          Estaba adormilada. Sentía los ojos algo pesados. Ni recordaba hacía cuanto me había acostado. Los rayos de sol fastidiaban cada intento que yo hacía por abrirlos, así que tan solo por un momento me cansé de intentarlo y traté de ver qué pasaba a mi alrededor con mis demás sentidos. Mi brazo derecho estaba sobre el cuerpo de alguien, no podía saber quién era. Con las yemas de mis dedos palpaba de arriba abajo su cuerpo, pensando en que así descubriría algo.
          Escuché un casi imperceptible gemido, ¿o había sido un bostezo? El tono con el que había sido emitido me indicaba que se trataba de alguien de mi mismo género. Exploré con mi mano su delicada figura hasta toparme con su cabello, largo y sedoso, el cual se extendía uno o dos dedos más que el límite que sus hombros deberían haber impuesto. Lentamente exploraba su figura sin tratar de toparme con su brazo, quizá era ello lo que sentía que se apoyaba suavemente en mi cintura. Escalé un poco más hasta poder sentir su incipiente pecho.

 

          —Señorita Ariadne, buenos días. Disculpe, ¿hasta cuándo va a seguir manoseando el cuerpo de mi alumna? —mencionó una voz conocida.
 

          Me exalté y traté de pararme lo más rápido posible, mi pulso iba más rápido de lo normal y la vergüenza me invadía por completo.
 

          —Ehm… esto… —dije casi tartamudeando, las palabras no salían de mi boca.
          —Descuida, la mayor culpa la tiene Sylene por haberse acurrucado de esa forma contigo anoche. Aunque he de decir que ella le ayudó a devolverle el calor corporal y le evitó una hipotermia. Ariadne, ¿por qué te separaste del Patriarca ayer? Dime, te escucho.
          —No lo recuerdo. En verdad, no recuerdo nada de ayer. Nada después de que nos separásemos ustedes y nosotros dos.
          —¿No recuerdas que le dijiste a Nadeko que encontraste a alguien más en la nieve? —Preguntó con curiosidad—. ¿No recuerdas que Parsath te trajo todo el camino como el saco de provisiones de Berud?
          —¿Nieve? —Dije como si estuviese aturdida, después de todo no me había despertado por completo—. Espera, ¿eso último es en serio?
          —Ya veo que estás pérdida, Ariadne. Debes estar sufriendo amnesia. Quizá la diosa en tu interior no quiere recordar cómo casi muere de una hipotermia. Una diosa muriendo por una variación de la temperatura. Debes admitir que es gracioso —comentó en tono sarcástico.
          —Sí, es algo gracioso… —No estaba convencida de mis palabras.
          —Ariadne, escúchame bien y abre bien tus oídos. Sabes bien que nosotros no estamos en un parque de juegos y que cada decisión que tomes, la afrontaremos como podamos. Pero, por favor, no te expongas así al peligro. Estuvimos preocupados por ustedes dos. Y nos hubiésemos preocupado mucho más si hubiésemos sabido que ni siquiera sabían dónde estaba el otro. —Él colocó una mano sobre mi hombro y me dio unas palmaditas antes de revolverme el cabello—. Y, ¿te divertiste explorando Sylenelandia?
          —Shiou, algo más de respeto, ¿no te parece? Soy tu diosa después de todo —elevé la voz hasta tornarme de un tono pedante que ni yo misma me creía.
          —Oh, disculpe señora mía. —Desvió su vista hacia su alumna—. A propósito, Sylene, ¿seguirás fingiendo que estás dormida? Déjame decirte que actúas muy mal cuando crees que nadie te observa.
          —Perdón —dijo extendiendo la letra “o” por varios segundos con lo cual me reí al ver la cara de decepción que tenía Shiou en ese momento.

 

          Sylene era una de mis mejores amigas en el Santuario —aunque tampoco es que tuviese en otros sitios—. Tras tantos años de lecciones en los que me decían una y otra vez que una diosa no debe tener preferencias entre sus leales, se notaba que les hacía mucho caso. Eso también era el habitual discurso que nuestro padre me repetía en cada ocasión que me iba a jugar con ella en mis aposentos en lugar de prestarle atención a Shiou en sus enseñanzas —con Tiana no pasaba esto, pues ella no era maestra de Syl. Además, Ti me cae bien—. Supongo que a nuestro padre le incomodaba también la presencia de la alumna de su alumno, pues sabía que él debía entrenarla en algún sitio y… ¿Qué había mejor que el amplio y resistente salón del trono patriarcal?
          Shiou se retiró haciendo una venia y se llevó a rastras a su alumna, jalándole de la oreja mientras ella trataba de pararse con la cierta dificultad añadida de estar en un constante caminar. Más tarde que temprano ella lo logró, pues debía prepararse para toda situación de combate posible y otras cosas que me explicó mi tutor muy a la ligera. No sería de extrañar que esto entre en sus rutinarios entrenamientos. Aunque… él seguía jalándole de la oreja y diciéndole cosas algo enfadado por lo que pude ver. Era una reprimenda.

 

          —Veo que ya despertó.
          —Oh, Parsath, que tengas buenos días. ¿Ocurre algo?
          —Nada, Señorita. ¿Se siente algo mejor? Ayer nos preocupó mucho a todos.
          —Lamento que haya ocurrido algo así.
          —Descuide. Todos nosotros hemos sido entrenados para servirle a usted. Espero comprenda. Pasamos varios años para manejar situaciones que no estuviesen bajo nuestro control, tal como ayer. Pero aún así es nuevo para todos nosotros el enfrentarnos a una deidad.
          —No solo a un dios, ¿verdad? ¿Qué hay de sus súbditos? ¿Tiene alguno? Poseidón, Odín, Ra, todos ellos poseen guerreros quienes les son leales, así como ustedes. Pero nunca escuché hablar sobre un ejército que tenga a él como líder supremo.
          —El día de ayer nos encontramos con una de ellos. Se hacen llamar “Slythers” y son solo un puñado. No pueden hacer nada contra nosotros, o almenos eso espero. Aquella a la que mencioné aún permanece entre nosotros. Si quiere hablar con ella puede hacerlo, pero considero que usted debe estar acompañada cuando quiera hacerlo. Quien sabe que puede haber planeado “ese”.
          —¿Hubo enfrentamiento?
          —Sí. No hubo pérdidas. Nadeko se encuentra estudiando la armadura que llevaba nuestra enemiga y reparando la de su alumno, quien enfrentó en combate a la Slyther. Y bueno, nuestra antigua enemiga ahora se encuentra recuperándose. Ayer Kyouka realizó un interrogatorio. Y según recuerdo, salió peor parada que en su enfrentamiento contra la Lira.
          —¿Ella está bien?
          —Digamos que está estable. Ya sus heridas están casi curadas y tras descansar toda la noche, sus niveles de sangre ya deben rondar lo normal. Solo fueron cinco de las quince agujas escarlata. Considero que sin llegar a las diez la hubiese asesinado…
          —Eso es horrible, pero aún así supongo que era deber de Kyouka hacerlo. Sé que en el interior a ella no le gusta hacer eso. —La conocía por más de diez años así que tenía una cierta certeza en mis palabras.
          —Permítame cuestionarlo. Aunque por lo que he escuchado de algunos, ella fue quien interrumpió su propio interrogatorio. Quiero creer que aún lleva algo de humanidad en su ser y no que lo haya hecho para tener a alguien a quien torturar día a día…
          —¡Parsath! Eso fue muy cruel de tu parte. Discúlpate con ella apenas la veas. Más pronto que tarde le preguntaré si lo hiciste, y si la respuesta es un no, tendrás una sorpresita en aquel instante en que la veas.
          —Solo fue una pequeña broma, Señorita. Aunque veo que a usted también le gusta jugar con aquel asunto.
          —No lo decía de broma, discúlpate con ella. Y llámala de mi parte, quiero hablar con ella.
          —En fin… —suspiró—. Lo haré, Señorita. Con permiso.
          —Puede retirarse, valeroso Parsath.

 

          Había pasado más de una quincena desde la última vez que había hablado con Kyouka. Había estado en una serie de misiones y trabajos que le habían ocupado su agenda durante tanto tiempo. Era una costumbre suya que casi todas las quincenas e inicios de mes los pasara en el Santuario, por lo cual aprovechaba esas fechas para hablar con ella.
 

          —¿Mandó llamarme, Señorita? —comentó Kyouka desde un punto en que mi vista no le alcanzaba a ver.
          —Sí, me alegra que hayas acudido ispo facto a mi llamado.
          —Ipso facto, Señorita, Ipso facto. No hay ningún problema. A propósito… ¿hay algún motivo para el que el torito se haya disculpado conmigo? Apuesto a que debe ser obra vuestra, ¿no?
          —No, para nada… —Era pésima para mentir, y con solo un vistazo rápido ella me descubrió—. Escuché de Parsath que ayer realizaste uno de tus trabajos.
          —Preferiría no hablar de eso, Ariadne. —Ella me revolvía el pelo como tratando de que evitase pensar en ello, pero sabía que no podría evadir mi curiosidad—. Bueno. Sí, ¿qué quieres saber?
          —Si te gustó hacerlo. Quiero saber qué piensas cuando realizas tus interrogatorios.
          —Pues… es algo muy comprometedor… Creo que lo más prudente sería decirle que trato de encontrar la información que necesito y por ello debo pensar qué dosis usar con mis “colaboradores”. Si me excediese podría matarlos por casualidad y si no descubro lo que ocultan, sería un fallo a mi misión.
          —Ya veo. ¿Pero por qué no continuaste ayer? —Pregunté.
          —Digamos que hubo dos factores. El primero de ellos es que averigüé algo que quizá no debía enterarme. No soy experta en esos aspectos, quien debería hablar de ello con mayor extensión de conocimientos es Parsath. —Pude observar que su mirada se perdía mientras me decía esto, ella estaba ligeramente preocupada por algo —. El segundo es porque no quiero llevarme peor con Nadeko de lo que ya hago.
          —Comprendo...
          —¿No tienes alguna otra preocupación, Ariadne? Considero que no es lo único por lo que me llamaste.
          —Ayúdame a caminar por hoy, por favor.

 

          No tenía la menor duda de que mis extremidades las sentía pesadas. Un dolor soportable pero intenso me dominaba y no permitía siquiera mover un músculo fácilmente.
 

          —Así que te sigue doliendo que te hayan tomado muestras de sangre mientras dormías… Eres más frágil de lo que pensaba Ariadne.
 


* * *
 

          Tras pasar un buen rato que ni me daré trabajo a recordar —pues fue básicamente una monotonía de caminar, unos cuantos saludos de mis caballeros y un ligero desorden mientras se realizaban los preparativos para nuestra partida—, nos pusimos finalmente en marcha hacia la dirección en la que vislumbrábamos la copa de un gran árbol a incontables metros de altura de diferencia comparándolos con aquellos que nos rodeaban al amanecer.
          Con Kyouka a mi lado recorrí desde aquel paisaje incierto en el que había una abundante vegetación y, extrañamente, nada malo hacia nosotros, hasta adentrarnos en un extremadamente caluroso desierto. Creo que no era una exageración decir que todos aquellos quienes estábamos ahí lo podíamos sentir, como con cada paso que dábamos nos adentrábamos en un infierno. Ahora no solo metafórico.

 

          —¿Ariadne, te encuentras bien? —Dijo al verme alentar aún más el paso y secarme el sudor que mi frente manaba en ese entonces.
          —Sí, no te preocupes tanto por mí. Tan solo hace un poco de calor. —Un “poco” era una descripción errada, pues hacía unos segundos lo comparaba con un infierno.
          —Tienes razón. Hace calor, pero no es tan excesivo. Es fácilmente poder evitar pensar en él si ya estás algo acostumbrada. Aruf debe estar de goce en estos momentos… —Creo que ella ya estaba observando en mí que se me dificultaba cada vez más avanzar— Ahora que lo pienso, nunca has estado en un desierto como tal. Te debe ser difícil, pues solo conoces las máximas y mínimas temperaturas del Santuario, mas en otras partes del mundo hay sitios en los cuales eso no es nada.
          —Ya me imagino.

 

          Podía pronunciar aquello con la boca, pero lo cierto es que mis capacidades cognitivas estaban impedidas para ese entonces. Calor… Mucho calor…
          Lo único que me confortaba en esos momentos era sentir la fina arena que entraba dentro de mis sandalias abiertas y me daba un gustillo imperceptible para los demás, pero que era curioso. Quizá porque nunca había caminado en un desierto no podía saber qué era pisar una suave y perfectamente cálida arena. Calor… Mucho calor…
          Una tormenta de arena se gestó frente a aquellos que iban en cabeza de la columna de viajeros que éramos. Quienes se encontraban más adelante se tapaban la cara con ambos brazos, evitando que las pequeñas partículas entraran en sus ojos. Las corrientes de aire eran demasiado fuertes, Kyouka me rodeó con sus brazos y me sostuvo para evitar que fuese arrastrada por los vientos. Mis piernas en este momento eran tan frágiles como el papel y apenas podía mantenerme. Mi cabello cerúleo y mi blanco vestido ondeaban cual si fuesen banderas.
          En cuanto amainó, Loki se mostró frente a nosotros, quienes estábamos atrapados entre una serie de dunas gigantescas que se formaron a nuestro costado en los pasados treinta segundos. Era lo último que deseaba en aquel momento.

 

          —Oh mi querida invitada Athena. Veo que en ti se ha gestado una opinión muy errónea sobre mi ser. Déjame enmendarme, maravillosa diosa guerrera. Quizá creas que soy alguien muy cruel y tal vez pueda que eso digan de mí. Quiero que sepan que no es así. Muchas historias he oído en que yo soy el malo y quienes se me oponen los buenos —Loki se mantenía flotando a un par de metros sobre nuestras cabezas, observándonos con inferioridad. Lamento que esos prejuicios hayan manchado mi nombre desde hace miles de años. Por ello les daré una salida.
 

          —¿De qué hablas, ser maldito? —exclamó con todas sus fuerzas mi padre Haloid, quien apenas podía mantenerse de pie solo, y peor aún con el pesado yelmo sobre su cabeza.
          —Como te llamabas… Haloid, ¿cierto? Veo que estás muy herido… Quizá lo que les vaya a decir también te pueda ayudar. No todos los dioses que no sean Athena somos unos infelices que quieren ver a la humanidad caer. Como prueba de ello, les premiaré por llegar hasta aquí.
          —¡Nada bueno puede venir de tu boca! ¡Por tu culpa mi líder está así! ¡Por tu culpa hemos venido a este lugar! ¡¿Qué de bueno puede provenir de aquella lengua viperina que tienes?! —Exclamó Aiza, expulsando en ese instante todo enojo que tenía dentro de sí.
          —Si me dejaras hablar, humano, sería más fácil para ustedes —Dio un chasquido de dedos y dos pilares de luz emergieron entre dos dunas ambas se unieron y mostraron una especie de visión en la cual se observaba el Santuario, Rodorio, y otros sitios que para algunos debían de tener alguna importancia—. Solo piénsenlo le concedí uno de sus mayores deseos a aquella chica —señaló a la antigua Slyther—. Así que les daré una opción. Les regalaré vuestra libertad. Tan solo deben salir por esa puerta si es que no quieren arriesgar sus vidas más adelante. Les doy mi palabra de que no tramo nada.

 

          Unos cuatro caballeros de bronce y tres soldados que nos habían acompañado hasta este punto se dieron media vuelta y marcharon hacia allí, no sin antes rendirme una reverencia y soltar unas cuantas lágrimas de arrepentimiento. No tenían porqué hacerlo. Yo no podía obligarles a hacer aquello que no querían y esta fue su elección. Les despedí con una sonrisa y un gesto de aprobación con la cabeza.
          Corrieron hacia el portal a toda la velocidad que sus cuerpos podían otorgarles. Podía ver que ellos querían regresar con todos sus anhelos hacia el sitio de donde provenían.
          Tan solo parpadear un segundo sus cuerpos cayeron inertes frente a mis ojos. Siete tajos le bastaron a Loki para acabar con sus vidas a traición. Su daga de empuñadura negra se bañó con la sangre de los siete cuyas vidas se apagaron en ese instante. Esa misma daga estaba a solo centímetros de mi cuello cuando terminó de hacer su fatídico espectáculo. Kyouka se mantenía fuerte, pero cedió un paso al tener tan cerca a nuestro enemigo

 

          —Vaya… Solo siete. Esperaba que hubiesen sido algunos más… Tienes bien adiestrados a tus mascotas, Tonthena.
          —Pero… Tú les prometiste… Nos diste tu palabra… —murmuré con un llanto silente en mi interior. No podía exteriorizarlo.
          —Por estas cosas es que tu “sabiduría” y gentileza son una idiotez. No eres una verdadera diosa.

 

          Simplemente desapareció.


Editado por Sagen of Atenas, 17 junio 2018 - 13:15 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#71 T-800

T-800

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Publicado 18 junio 2018 - 20:46

Esa Athena se comporta de forma algo......extraña y sospechosa

 

Jajaja Kyouka tiene fama de psicopata entre sus camaradas

 

pobre toro Athena lo trata como su sirviente y luego se quejan cuando hay traidores XD

 

Los cuatro caballeros de bronce y los  tres soldados fueron usados como carne de cañon

 

Ese Loki es un villano sadico



#72 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 01 julio 2018 - 18:37

Te dejo un review corto para que después no te quejes. Y porque me estoy muriendo (y, debido a ello, tal vez esté más ácido de lo acostumbrado)... Sagen baka, ¡cumpleañero desconsiderado! Aquí tienes el comentario:

 

"Me gusta Shiryu, así que voto por Shiryu de dragón"

 

 

 

 

....

 

 

Ahora sí. Buena representación de los pensamientos de Athena, mientras se planta en su humanidad que obviamente escandaliza a los que abren temas sobre otros sin preguntar. También Cáncer, pero me centraré en la buena caracterización de Escorpio.

 

En tanto, Loki es un reverendo hijo de mil p*tas, y me alegro que sea así. No quiero un villano complejo, con tintes de bondad y maldad que luchan entre sí (o al menos, no al principio), quiero un villano maldito. Bien ahí con el dios de los engaños (cómete esa TOEI)

 

Lástima por los pobres sin-nombre, eso sí. Al menos da una explicación breve sobre ellos y no te pongas tan amarillo-lover...

 

Buen capítulo xD


25solfo.jpg

(by Placebo)


#73 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

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Publicado 01 julio 2018 - 19:38

Bueno, bueno, bueno. Otro capítulo nuevo de mi querido fanfic.

 

Antes que nada agradecer a T y a Felipe por sus comentarios, que me alegran cada vez que los leo. :lol:

 

@Felipe: Que no soy amarillista... solo que son los personajes que mejor tengo desarrollados, ... por ahora..., y los aprovecho para que la historia tome forma. Nada más...

 

Solo por esta ocasión no voy a hacer tan larga la introducción (?) Y paso a mencionar que este es otro de los capítulos que me gustan y que más disfruté escribir de los 14 :ninja: sobretodo porque la narradora es mi personaje fav... No Sagen, no. Con favoritismos NO. Recién vas 14 caps... NO HAGAS LA KURU. Como decía, porque es narrado por el personaje que me parece tiene mucho que dar. (Así sí, Sagen. Que si no la siguiente guerra serán entre Nadekistas y Kyoukistas, comandada por el tal Felipe). (?)

 

Bueno, aqui el cap.

(Me disculpo si me olvidé remarcar en cursiva algún término... Problemas del proceso de copiado y pegado...)

 

 

 

ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XIV – Kyouka. El descenso de Athena.



 

          Aun puedo ver cómo la Señorita Ariadne observaba con sus propios ojos la verdadera crueldad del mundo en que nos vimos involucrados. Estaba horrorizada. Supongo que yo también lo habré estado cuando vi por primera vez una muerte frente a mis ojos, pero eso pasó hace tanto tiempo que ya ni recuerdo qué pensé en aquel entonces. No me quedaba más motivo que ser comprensiva con su actuar, pese a que al aceptar el trato del dios del engaño era sabido que ésta era la letra pequeña.
         Se cubría la boca con las manos, tosía intempestivamente, y gesticulaba como si tuviese un súbito ataque de náuseas. Le veía y cada vez más me rompí por dentro, algo que si fuese otra persona podría obviar, pero se trataba de Ariadne. Los gestos solo quedaron en gestos y tras un momento difícil para su respiración, se recompuso. Cómo pudo adaptarse tan rápido es algo que desconozco y eso es mucho decir, pues conozco a tan variada cantidad de personas en mis veinticuatro años, que debería haber siquiera un caso así en mi memoria. No lo hay, estoy segura.

 

         —Ariadne… —murmuré para mí misma.
 

         En los casi quince años que conozco a nuestra joven Diosa, nunca le había visto así de decidida. Tan decidida que en sus pensamientos obvió que la muerte danzó alrededor de tres de sus Santos y se los llevó de una manera horrible. Siempre había sido una niña —ahora persona en edad de la pubertad… psicólogos decídanse de una maldita vez…—. Siempre había actuado como tal y por eso me extrañaba. Creo que debía suponer que en algún momento iba a crecer. No hacerlo fue mi error y el de Loki.
 


* * *
 

         Aquel día desperté como si fuera uno más en mi incierta corta o larga vida. En ese entonces, nosotros cinco dormíamos en una casa alquilada a las afueras del Santuario, en plena villa Rodorio. Aún la recuerdo, allí apenas había unas contadas seis habitaciones, contando dos baños, dos dormitorios, una cocina y una pequeña pero acogedora sala. Creo que está demás la aclaración de que había habitaciones para cada género. En un dormitorio, el que consideraba el más cómodo y espacioso, dormíamos nosotras tres. En ese tiempo no había resentimiento alguno que se interponga. El otro lo ocupaban Aiza y Shiou.
         Como acostumbraba cada semana, daba un paseo a primeras horas de la mañana los domingos e iba caminando por cada sendero que formaban las construcciones de aquel viejo lugar que había acogido a varias generaciones de Santos de Athena. Conocía cada ruta, letrero, cada piedra en el camino. Nada me resultaba nuevo, aunque me gustaba pues me ayudaba a despejar la mente de los entrenamientos a los que nos sometía el Patriarca.
         Me demoraba mis buenas dos horas en dar una vuelta completa por cada rincón existente de Rodorio. Antes de que el sol cubriese de luminosidad yo ya me encontraba fuera de aquella casa y volvía para la hora en que habíamos acordado preparar juntos el desayuno con una flor en la mano, regalo del señor dueño de la floristería.

         —Ya volví —comenté al momento de abrir la puerta. Esperaba encontrármelos caminando de un lado a otro en ese frenesí que llamábamos cocinar.

         Los cuatro estaban apretados sentados sobre el mismo sofá que estaba posicionado frente a la puerta, el antiquísimo televisor y un asiento de cuero que generalmente se encontraba vacío. Pero ese día no lo estaba. Se encontraba justo en la esquina, por lo que no pude ver que sucedía, aunque por cómo actuaban ellos intuía algo.

         —Ah, Kyouka. Justo te estaba esperando. Vayamos todos al Santuario —saludó el Patriarca. En ese momento se ponía de pie y se colocaba el casco tan característico que venía con su cargo.
         —¿Al Santuario, padre? Hoy no es día de entrenamientos. ¿Sucede algo? —comenté.
         —De camino hacia ese lugar les contaré todo. Ya saben que hay demasiado tiempo de este punto al otro.
         —No quiero ir al Coliseo, padre. Ya hemos tenido toda la semana de entrenamiento. Shiou ya puede usar su cosmos, Aiza ya fue aceptado por su armadura y Nadeko ya puede lanzar destellitos por las manos. ¿Un día de descanso es tanto pedir?
         —Ay, Kyouka… Yo en ningún momento les dije que iríamos al Coliseo —mencionó con una sonrisa dibujada en su rostro. En aquel tiempo aún no tenía tantas arrugas como las que hoy presumiría.

 

         ¿En verdad había insinuado lo que yo pensaba? Desde hace mucho tiempo mi sueño había sido adentrarme en las profundidades del Santuario de Athena. Recorrer como era debido cada uno de los doce templos que protegían a la diosa de la que tanto habíamos escuchado. Conocer cada monumento que Veiss, un viejo compañero del Patriarca, contaba en una historia. Pero, sobre todo, la estatua de Athena con Nike y escudo en manos. Varias leyendas se forjaban a su alrededor.
         Apenas salimos de la casa, y mientras nos dirigíamos a las entradas del Santuario, cada uno de los habitantes saludaba con la mano a nuestro “padre”. Todos conocían —o tal vez no lo conocían, sino que le saludaran por su imponente y característica forma de vestir. Como si cada generación dijese a la siguiente: “Saluda con una sonrisa a todo el que vista así”. —, que él era el Patriarca, protector de las tres aldeas circundantes a la montaña en la que se encontraba el misterioso Santuario. O tal vez lo saludaban por ser una persona valiente por llevar a la intemperie un casco de oro sabiendo que en los últimos tiempos ha habido un incremento en el valor del oro. Mucho más en el que ya está trabajado. Aunque si les dijesen a aquellos que osaran siquiera robarla que es una aleación con polvo de estrellas dudo que pudiesen calcular el verdadero valor de esa protección áurica.
         El camino hacia el templo de Athena era largo y muchas veces tedioso, pues debíamos subir una cantidad inhumana de escalones tan solo entre una casa y otra. Y las vistas no eran muy diversas, siendo sincera. Una montaña aburrida, con unos ciertos rastros de sangre en ciertos puntos —espero no hayan sido producto de cabezazos que gente se dio al caer en la desesperación más absoluta tras haber recorrido un largo trayecto y apenas vislumbrar el emblema del templo de Géminis— y del otro lado un abismo sin fondo visible.
         —Como sabréis desde hace un buen tiempo, nuestra diosa, la grandiosa Athena quien antepuso su corazón bondadoso hacia la humanidad a su orgullo como diosa. Ella fue quien fundó este Santuario hace más de dos milenios junto con hombres a los que ella dio la confianza y el poder para ser sus guardianes —comentó el Patriarca mientras descansábamos sentados en la habitación secreta que había en la casa de Géminis.
         —Eso ya nos lo ha contado muchas veces Patriarca. ¿Qué tiene que ver eso con que nos haya traído? —preguntó Aiza, el mayor entre nosotros cinco.
         —Athena, al ser una diosa, no puede estar siempre en el mundo humano y es por ello que cada cierto tiempo desciende en forma de una niña recién nacida.
         —La trae la cigüeña, ¿no es así? —comenté inocente.
         —Ehm… En este caso no… —en su rostro se veía que ocultaba algo por cómo desorbitaba la mirada—. Athena con su poder divino, desciende suavemente de entre las nubes y con una aureola arcoíris y aparece frente a la imponente estatua de piedra esculpida grandiosamente por los artesanos más grandes que este Santuario pudo albergar nunca.
         —¿Usted ya ha visto eso con sus ojos Patriarca? —intervino tímidamente Tiana, quien tendría más o menos mi edad.
         —No seas así, pequeña. Athena desciende una vez cada doscientos años aproximadamente. Eso quiere decir que, si yo la hubiese visto antes, yo tendría unos doscientos treinta y algo años —respondió con una sonrisa—. No me veo de esa edad, ¿no?
         —Por cómo lo describe usted, parecería que ya lo hubiese visto antes —dijo entre risas Nadeko.
         —Entonces, ¿cuándo se cumpliría el lapso, padre? —preguntó Shiou.
         —Esta noche —respondió rápidamente el Patriarca.
         —¡¿Esta noche?! ¡¿En serio?! —gritamos todos al unísono. La sorpresa nadie se la esperaba, pues nuestro padre Haloid siempre se iba por las ramas cuando hablaba así, ¿quién hubiera pensado esto?
         —Sí. Las estrellas me lo dijeron hace poco y pensé que sería una gran idea traerlos para que lo presencien con vuestros propios ojos. Después de todo, ustedes cinco formarán parte de su élite.

 

         Me había quedado sin palabras. Era demasiada información para procesar en tan poco tiempo. Athena descendiendo hoy. Yo siendo parte de la élite. Explorar el Santuario entero. Era simplemente maravilloso, esperaba que no fuese un sueño que me hubiese envuelto tan profundamente.
         Continuamos con nuestra caminata sin dar mucha más conversación. Unos cuantos comentarios que a todos nos parecían graciosos por parte de Nadeko amenizaban la larga travesía hasta la cima de la montaña. Habíamos partido poco después del amanecer, y ya eran las seis de la tarde y apenas íbamos por el templo de Capricornio. El Patriarca podría haber llegado hace mucho tiempo, pero había decidido mantenerse a nuestro lado todo el camino.

 

         —Patriarca. ¿Usted sabe de la existencia de esos maravillosos inventos llamados ascensores? Nos hace falta uno aquí.
         —Nadeko, tú más que nadie deberías recordar la influencia de las ondas electromagnéticas en esta montaña y su influencia directa en los artefactos metálicos que necesitan de electricidad para su funcionamiento.
         —Ah, claro, claro… ¿Cómo pudo habérseme olvidado? —Por su tono sabíamos que no había entendido ni la mitad de lo que el Patriarca dijo, pero aun así fingía.

 

         Llegadas ya las nueve de la noche, llegamos a la entrada del templo de Athena. Imponente como siempre lo habíamos visto desde hacía varios años —aunque ese “siempre” es en realidad dos o tres veces—. Nos adentramos en la construcción que era sujetada por grandes pilares cilíndricos cuyos laterales poseían un relieve particular, casi similar al de esas cartulinas que le gustaba usar a Tiana para sus manualidades y que me encargaba comprarle porque no le gustaba hablar con desconocidos. Aunque si no hablaba con ellos, seguían siendo desconocidos, así que… ¿quién podría entenderla?
         El salón del Patriarca, donde nos había dicho muchas veces que se celebraban ahí las reuniones doradas, estaba arreglado con una larga alfombra roja carmesí que se extendía desde la entrada hasta el trono ubicado simétricamente en el centro de la habitación apenas a un metro de la pared posterior. El trono medía casi metro y medio —tan solo unos decímetros más bajo que el Patriarca mismo—, cuya mayor altura correspondía al respaldar. Estaba completamente hecho de piedra, pulido cada uno de los bordes de este. Poseía unos cuantos encajes de piedras preciosas de bellos colores.

 

         —Esto es… alucinante… —murmuré.
         —Whoa… —mencionó Shiou con cara de atontado.
         —Asombroso, ¿no les parece?

 

         Salimos por una de las puertas traseras del templo, que se ocultaba tras una serie de pasillos que conducían a numerosas habitaciones de distintas funciones. El tono purpura del que se había tornado el cielo en este día era muy particular. Frente a la estatua de nuestra diosa, cada uno de nosotros se postró y mostró su devoción a ella con una reverencia uno por uno.
         Nos sentamos en el suelo esperando a que ocurriese lo que tuviese que pasar. El Patriarca no nos había mencionada una hora exacta, solo había dicho aproximadamente a las doce, cuando acababa el día. Tal parece que el entender el lenguaje de las estrellas que podían verse desde Star Hill no significaba que te den una hora exacta.

 

         —Durante estos meses que sigan, sus entrenamientos van a ser más enfocados al autodidactismo. Así que descubrid por vosotros mismo lo que podéis hacer. Vuestro potencial interno —dijo de repente Haloid.
         —Patriarca, ¿no es que acaso usted va a darse un tiempo libre de nosotros para cuidar de una infanta? Díganoslo de frente, por favor.
         —Bueno. Aiza tiene razón. Voy a dejar de ser su maestro por el momento, dado que alguien debe ser responsable de cuidar al dulce bebé que desde ahora será responsabilidad mía —añadió.
         —Es razonable. A pesar de ser la reencarnación de una… no, de nuestra diosa, ella sigue siendo una infanta. Indefensa de los innumerables peligros que habitan este mundo —comentó en ese entonces Nadeko.
         —En algún punto ustedes también hubiesen tenido que entrenar solos. Creo que será una buena oportunidad para que descubran sus técnicas propias. Aquellas por las que vuestra constelación guardiana velará de ahora en adelante. Aiza, ya que conoces tu constelación guardiana mantente vigilante ante cualquier cambio en el cielo o en la tierra. Proteger a Athena es, desde ahora hasta nuestros últimos atisbos de vida, nuestra misión primordial.
         —Como ordene Patriarca.

 

         Aiza se separó de apartó y se sentó frente aún más cerca de la estatua de piedra que representaba una imagen de nuestra deidad. Quién sabe si en alguna reencarnación fuera semejante a como la habían modelado.
         El Patriarca aclaró su voz tosiendo unos cuantos segundos antes de hablar.

 

         —Nadeko, tú serás la guardiana de Aries, el carnero. Tienes la misión de proteger e impedir que cualquier persona traspase el primer templo que conforma al Santuario. Confío en que harás un espléndido trabajo. Continúa entrenando para ser digna de la armadura que te corresponde.
         —No le defraudaré, Patriarca. Se lo juro —respondió Nadeko con una convicción envidiable.
         —Shiou, tu constelación guardiana corresponde a Cáncer, el cangrejo. Tu misión es proteger al Santuario y serle leal a Athena ante cualquier motivo. Sé un digno sucesor de quienes portamos orgullosos esa armadura tiempo atrás. Sé uno de los pilares que sostengan la paz en nuestro planeta.
         —Como usted diga, maestro —Shiou se sentía contento, pero en ningún momento exteriorizó ese sentimiento más que soltando unas cuantas lágrimas de alegría.
         —Tiana, el Templo de la Virgen, Virgo, te corresponde a ti. Confío en que con el pasar de los años podrás reconocer todo el potencial que veo que posees. Serás la encargada de guiar a Athena y ser una de las personas más cercanas a ella. No lo veas como una misión, sino más bien como una invitación a que le abras tu ser a la pequeña. Sé que lograrás mucho si es que te lo propones.
         —Gra-gracias pa-padre. —Quizá tartamudease por no haber esperado algo así, pero se le notaba muy emocionada.
         —Por último, tú, Kyouka. Serás la inamovible protectora del octavo templo, Escorpio. Aún te falta mucho camino que recorrer, pequeña, pero confío en que pronto este puesto lo ocuparás merecidamente. En algunos años más te daré tu misión, pero ahora disfruta de tus entrenamientos y trata de ganar toda la experiencia posible.

         Por más que quise responder, mi voz no llegaba a exteriorizarse. Quizá estaba muy tensa y había caído en shock. Pero dentro de mí solo cabía una respuesta…

         —¿Estás bien Kyou…? —Padre había colocado su mano encima de mi cabeza, acariciándomela para no sentir miedo.
         —¡Sí! ¡Prometo defender a nuestra diosa a toda costa! Sentía que detrás de mí habían quienes sonreían dando aprobación a mis palabras.
         —Bien. Me alegr…
         —Patriarca, debería venir. Ustedes también chicos. Bueno… chicas y Shiou.

 

         Un enorme pilar de luz blanca y brillante se extendía desde los cimientos de la Estatua de Athena hasta sobrepasar la altura de las nubes y perderse entre ellas. Tras unos segundos esta desapareció y a los pies de Athena estaba una niña recién nacida, envuelta en una manta blanca. Nos acercamos hasta tenerla casi al alcance de nuestras manos.
 

         —Es… preciosa — alcancé a murmurar.
 

         Con una pequeña y tierna sonrisa en su diminuto rostro ella irradiaba un haz de luz dorado y un cosmos cálido que nunca antes pude sentir. Era una ternura ver como un ser tan frágil podía tocar nuestros corazones apenas verla. Cuando Tiana le acarició tímidamente su mejillita, ella sonrió.
 

         —Padre. Una duda, ¿cómo se llamará? —preguntó enrojecida Tiana.
         —Es verdad. No lo he pensado aún. Pensé que la primera palabra que dijera sería suficiente indicativo para darle un nombre adecuado.
         —No creo que “Aguahagg” sea un nombre adecuado para una diosa de la Sabiduría —comentó sarcástica la recién nombrada guardiana de Aries.
         —Buen punto. Alguno tiene una idea.
         —Esto… Un buen nombre podría ser… Ariadne —comentó Tiana— Como la del mito del minotauro.

Aquella que con su luz nos guie a pesar de habernos perdido en la más oscura oscuridad.
 

         Todos reímos y por ello se avergonzó, trató de excusarse y de retirar lo que había dicho, pues le parecía que todos pensaban que era una tontería. Aunque simple y llanamente nos reímos por esa “oscura oscuridad”.
 

         —Descuida, creo que es una gran idea. ¿Quién más lo cree así? —preguntó el Patriarca.
         —De hecho, es una maravillosa analogía Tiana. No debes ruborizarte por ello. Ni a mí se me hubiese ocurrido un nombre tan perfecto —dijo el guardián de Libra.
         —Por mí está bien —añadió Shiou. Los demás nos limitamos a asentir.

 

         Entonces el Patriarca se llevó a la pequeña niña adentro del Templo de Athena. Nosotros le seguimos a través del laberíntico espacio que existía tras el salón del trono. Entró en una espaciosa habitación con una gran cantidad de sábanas de seda y de las más finas telas que podrías encontrar en la faz de la Tierra adornando la cuna en la que pasaría sus primeros años la joven Ariadne.
 

         —Espero me disculpen —dijo el Patriarca casi en silencio mientras arropaba en su cuna a la bebé—. Sobre todo tú, Shiou.
         —Descuide. Ahora nos vamos.
         —Descansen aquí esta noche, vais a resfriaros si vuelven a estas horas a Rodorio. Coman algo y échense a dormir. Hay un par de habitaciones para invitados al final del corredor.
         —Nos levantaremos a primera hora y volveremos a casa. Gracias por su hospitalidad, padre.

 


* * *
 

         —Vayámonos de este lugar mientras podamos. Ahora no hay opción a fallar. No podemos dejar que el sacrificio de ambos sea en vano —ordenó la Señorita.
         —¿Qué su sacrificio sea en vano? Si ellos siete fueron traidores a nuestra causa. Athena, no puede decirlo en serio —exclamó el Santo de Mosca, un joven no tan destacado que ostentaba una armadura del más bajo rango.
         —Aun cuando no hayan querido seguir con nuestra empresa, sus vidas son y serán mi responsabilidad mientras estemos en este lugar. Es mi culpa el haberlos involucrado en esto —se lamentó Ariadne.

 

         No podía hacer nada más que sentir lástima por nuestra Señorita, pues, a pesar de todo, seguía culpándose una y otra vez por lo acontecido. Fuimos nosotros quienes aceptamos seguir este juego junto a ella. Tenemos la misma carga que ella, pero no quiere que lo sintamos así. Sé que es parte de ella el velar por nosotros, mas no deseo que ella se clave todas las estocadas sola. Me mantuve cerca de ella.
 

         —Señorita, estoy aquí para servirle. Así que, si se siente sin las fuerzas necesarias para seguir adelante, debe decírmelo —dije.
         —Está bien, Kyouka. Ya me siento algo mejor. —A pesar de ello, sus lágrimas derramadas acompañadas de una sonrisa hipócrita hacia sus sentimientos me hacían preocupar.


Editado por Sagen of Atenas, 19 agosto 2018 - 17:01 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#74 -Felipe-

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Publicado 01 julio 2018 - 23:45

Aquí de nuevo...

 

Voy leyendo y me equdo con, primero, un pequeño errorcillo. Hay 6 o 2 habitaciones en la casa?  Y qué tienes contra los psicológos, ah, ah, ah??? Como decía... ejem.... uh, me gusta esta señorita :D Me agrada un alacrán, nada mal (aunque sigo prefiriendo a Aries y, en parte, el maldito de Piscis). Me gusta ese descaro que tiene, incluso con sigo misma.

En particular me gusta mucho ver su perspectiva de su visita al punto central del Santuario, un asunto muy interesante que las obras de SS no tocaron demasiado. Es una montaña en el corazón del Santuario que solo algunos pueden subir... montaña que a veces aparece y otras no. A veces es grande, imponente y misteriosa, y otras una colinita con casitas. Me gusta tu visión de la cosas, desde la perspectiva de la audaz Escorpio. Y más en un día tan especial, el "nacimiento" de Athena junto a una estatua de piedra que podría o no ser la armadura de la diosa. Guiño guiño. Y con mantitas incluidas, que quien sea que la tiró del Olimpo no era un desalmado.

 

Así que por eso no tienen escenarios. Vamos, di lo tuyo: "plot device", ele o ele equis de. Y esa nominación express, podría quejarme de ello, pero en realidad estuvo tan bien hecha, y se notó tanto la "ceremonia" detrás que me es imposible. Aries, Cáncer, Virgo y Escorpio, estuvieron muy bien representados, como siempre. Solo Libra está quedando todavía muy al debe.

Pero particularmente estuvo muy bien centrarse en la bastante compleja Kyouka.

 

Saludos, y buen trabajo... y mirá, te dejé el capítulo en la parte de arriba, incluso por sobre el mío recién publicado. Si eso no es un buen regalo de cumple, no sé qué será.


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Publicado 02 julio 2018 - 15:30

Esa escena del inicio del capítulo 13 me hizo pensar mal de Ariadne y que bien que le hayas dedicado dos capítulos para conocer un poco más de la Athena de tu fic.

 

Me pregunto si para lo del autodidactismo de los  golds te basaste en lo que vimos en el Episodio Zero, cuando los chibis dorados se fueron a seguir con su entrenamiento.


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Publicado 02 julio 2018 - 15:55

-los psicólogos solo son buenos para inventarse  cosas y cobrar

pero no para aconsejar adecuadamente a alguien XD

 

-Kyouka se toma demasiadas libertades con el Patriarca

 

-si visitara algunas zonas de mi país ,algunos delincuentes sin lugar a duda

intentarían arrebatar ese  casco de oro

 

-El Patriarca dio buenos consejos a los futuros caballeros y amazonas de oro

 

-menos mal que no había ningún ebrio como DM o Dohko al momento de elegir nombre XD

 

-buena narración de Tiana  sobre ese hecho mitologico

 

-el Santo de Mosca tiene un buen punto en su observación de la situación


Editado por T-800, 02 julio 2018 - 15:57 .


#77 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

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Publicado 22 julio 2018 - 13:07

Buenas.

 

Quizás me he desaparecido de este temita un poco, un poco mucho he de decir. Pero es que entre las ocupaciones que tengo y tal, pues se me pasa mucho tiempo... más del que quisiera.  Así que aquí acaba el fic...

 

 

 

 

Wa-wait! ¡No me den el pésame por la historia! ¡No es lo que parece!

 

 

Solo digo que me voy a dar un tiempo razonable de descanso hasta que termine mi ciclo y quizás un par de semanas más que corresponden a mis vacaciones, para ya ir escribiendo de corrido lo que seguirá en la historia. Ya lo tengo algo mentalizado, así que me debería ser más sencillo. Me disculpo por dejarlos sin capítulo unas cuantas semanas, malos cálculos míos. Pensé que con lo que tenía aguantaría hasta fines de este mes y, pues no pasó así. El fic volverá recargado, ¡lo prometo!

 

Ahora quiero agradecer los comentarios del anterior capítulo. En verdad me hacen muy feliz. :lol:

Gracias Feli por comentar el mismo día dos capítulos. En verdad gracias, que detallazo por mi cumpleaños. :lol:

(Por cierto... quizás K no me deje decirlo... y me lo eche en cara en el siguiente extra... pero en un par de capítulos... Aiza... marinos... Ariadne... Creo que mucho dije.)

Gracias Girl y T por sus comentarios (ya me parece que redondo mucho los gracias). Y, la verdad no me basé en el episodio Zero, solo vi lógico el hecho de que si el Patriarca estaba ocupado, sus alumnos deberían buscar la forma de conseguir poder ellos mismos. Además de que sería raro que el Patriarca conociese como realizar tooodas las técnicas de sus antiguos camaradas dorados.

 

Espero regresar a este tema en un par de quincenas como mucho ya con nuevos capítulos dentro de un saco, lo cual no indica que vaya a esperar a que Santa me lo traiga, no señor.

 

Saludos.


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#78 -Felipe-

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Publicado 24 julio 2018 - 12:36

Y yo pensando que te debía review...

 

Mal ahí, Feli, mal ahí.


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#79 girlandlittlebuda

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Publicado 24 julio 2018 - 21:33

Bueno, ya que. Ni modo. Sufrir me tocó a mí en esta vida. A esperar hasta que Santa me haga el milagro de tener la continuación del fic. Mientras aprovechare las vacaciones que como lectora me da Sagen.

Ya en serio. Espero que este tiempo de asueto lo descanses, lo disfrutes y te relajes Sagen.

Si te vas de paseo a algún lado, espero que no te olvides de los cuates y me traigas un pequeño souvenir.

Hasta la próxima.

PD: Una promesa es una promesa que conste y lo digo por lo de que regresaras recargado y gracias por avisar.

Editado por girlandlittlebuda, 24 julio 2018 - 21:35 .

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#80 Sagen of Atenas

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Publicado 19 agosto 2018 - 17:00

Tras muchos días. Y en realidad sí son muchos... mes y medio, vaya...
¡Volvemos!
Espero no se hayan olvidado las palomitas ni los pañuelos. Porque el capítulo de hoy es... corto.
Bueno, mañana acaban mis vacaciones, tengo 4 ... 5 capítulos para publicar seguidos, así que no creo tener mucho problema... puedo terminar esos dos entre clase y... ah sí, el fic.
 
El capítulo de hoy quizás no sea lo esperado tras volver de la larga espera, pero... ¿A quién engaño? Si Kurumada tampoco hace lo mismo y sus esperas son más largas.
 
 

ARCO DEL AMANECER DE LA LUNA ROJA
XV – Tiana. Oasis.

 


 

“Sabes que te necesito. Es este un sentimiento tan infinito que parece un inmenso dolor”.


 

 
          Aquello fue en lo que pensé esa noche. Mi mente era cruel conmigo y castigaba mi característica debilidad con esos duros recuerdos que me atormentaban. Quisiera olvidarlos, pero la pena que conlleva y que quedó impresa como sello de agua en mi frágil pensamiento no me deja. Quisiera que aquella valentía que me había asediado durante esos segundos en que decidí buscar a Shiou no hubiese desaparecido en el instante que observé a ambos.
          Las chicas grandes solo lloran cuando se les está rompiendo el corazón. Creo que esa frase la había escuchado en algún lado y justo en este momento me describía a la perfección. Quiero estar sola. Cada segundo que llevaba caminando desde la mañana trataba, con pesar, de mantener aunque sea una pequeña sonrisa. Solo para no llamar la atención. Quiero estar sola.
          Le conozco desde hace veinte años, de los cuales llevo once viviendo esta mentira. Y… aún así… fue bello creer en que él sentía algo por mí todo este tiempo.
Sentía que, como anoche, la tristeza cubría cada paso que daba y acrecentaba con solo sentir que estaba tras de él. Que estaba siguiendo los pasos que él había marcado segundos antes en la arena y que, pese a que se habían desvanecido, sabía que seguían allí. Estaba tan cerca de poder decírselo, pero fui una cobarde todo este tiempo y cuando por fin me armé de valor, vi que ya era demasiado tarde.

 

 

          —Tiana, veo que estás preocupada por algo. ¿Qué pasó? No eres la misma de siempre que nos llena de felicidad con cada sonrisa —comentó mi padre al llegar al lado mío y tocar mi hombro con su pesada mano.
          —No… No es nada, padre. Solo pensaba en la crueldad de aquellos que dicen llamarse dioses.
          —Cada uno de ellos es libre de pensar como quiere, Tiana. A nosotros nos parecerá cruel, y lo es, pero en su retorcida mente puede ser mero entretenimiento.
          —Aún así… es injusto.
          —Es injusto, lo sé. Ya he visto muchas injusticias en mi vida, y quizás esta no sea más que otras que por mis ojos han pasado, pero sigue siendo una de ellas. Aún así, Tiana —mi padre empleaba su tono comprensivo—, sé bien que no es eso lo que te abruma. Puedes contármelo, después de todo, nada me haría más feliz que ustedes sean felices.
          —Es solo que… no puedo.
          —Comprendo, Tiana —se acercó a mi oído y murmuró—. Es sobre Shiou, ¿no es cierto? Descuida, que permaneceré callado como una tumba sobre esto.
          —Tiene razón, como siempre. ¿Es que acaso soy tan fácil de leer? —Dije apenada, pues pensaba que hasta ese momento había podido engañar a todos los que habían pasado por mi lado durante las últimas horas.
          —Un padre debe ponerse en el lugar de los hijos cuando tienen problemas. ¿No crees? Te escuché decir eso en alguna ocasión.
          —Estoy mal, padre. Ya no puedo continuar con esta farsa. Estoy odiándome de mil maneras diferentes y no sé qué hacer.
          —¿Qué pasó, Tiana? Dímelo. Sé que puedo, y debo, entenderte en estos momentos que consideras difíciles, pero también es cierto que no soy omnipotente como para saberlo todo. Yo únicamente sé lo que sé y con ello puedo ayudarte si es que así lo deseas. Pero debes confiarme lo que albergas duramente en tu mente.
          —Estaba pensando en… decirle de una vez por todas a Shiou lo que siento...
          —Supongo que tras tantos años ya no puedes dejarlo ir, ¿cierto? Estoy seguro que en alguna ocasión leí en un pergamino guardado en la biblioteca de Aiza que no se permitían relaciones sentimentales entre dos Santos. Supongo que era porque nublaría vuestros pensamientos. Pero… Creo que podríamos hacer una excepción con ustedes.
          —Pero él… estaba con Kyouka esa noche y… no pude… —proseguí pese a que las palabras ya no querían ser pronunciadas por mi boca.
          —No te preocupes por ella, Tiana. Mis presentimientos indican que aún eres la número uno en la mente de Shiou.
          —Pero es que ellos…
          —Lo que sientes ahora es tan solo una repercusión del sentimiento de no decirle ni una palabra sobre el asunto al otro. Créeme, yo también sentí eso alguna vez hace mucho, mucho tiempo. Más del que yo quisiera y quizás aún sienta eso muy dentro de mi corazón.
          —Padre…
          —Bien, dicho lo que tenía que decirse, avancemos. Parece que aún queda mucho por llegar a Yggdrasil, Tiana. Sé que te será difícil avanzar en este campo de guerra con este sentimiento dentro, pero no eres la única. Así como yo, tal vez Shiou ansíe lo mismo que tú, o quizás otros estén preocupados por diferentes razones que me sería imposible enumerar en su totalidad. Y más allá de este mundo, existe gente que no conoce a Loki, y que si fallamos, ellos también cargarán la cruz que les impondremos si fallamos ahora.
          —Es cierto… —No podía contradecir algo que también pensaba yo, pero el sentimiento que me generaba dicha escena era muy doloroso. Quizás como lo que sintió Nuestro Señor en el Via Crucis.

 

 

          Cerca nuestro no caminaba casi nadie. Estábamos tras de todos y recién me había dado cuenta de ello. Unos pasos delante mío se encontraban Orfeo y su amiga, quien también estaba débil como mi padre. Pero con verla a ella me recordaba aquel interrogatorio de ayer y, por consiguiente, a Kyouka. Supongo que no podía escapar de dicho tormento.
En medio de dichos recuerdos, podía ver como Orfeo y la Slyther se trataban como amigos, o más que eso si era posible de concebirlo así.

 

 

          —Padre, cree que ellos…
          —Es lo más probable, Orfeo desde la mitología siempre ha sido un músico apasionado el cual amaba por sobre todas las cosas a su querida Eurídice, musa de sus afamadas melodías. Quizás ella es la destinada a convertirse en su Eurídice. No he cambiado ese presentimiento desde hace siete años.
          —Entonces, pese ha haber sido separados… ¿ella había almacenado en su corazón lo mismo que yo guardo ahora?
          —Es lo más probable, ya que por causas nuestras fueron separados una vez. Supongo que ya no quiere que una segunda vez exista.
          —Quizás haya sido obra de Dios que ambos se pudiesen reunir nuevamente, ¿no cree?
          —No —su respuesta fue corta y certera—. Según lo que he escuchado, y tú también, ella fue elegida por Loki, por su fuerte deseo de encontrarle. Aunque quizás también pudo haber sido por el deseo de tomar venganza contra Nadeko.
          —Ya veo. Es muy triste ello. Saber que solo están juntos ahora porque él lo quiso así. Ahora ella es un peón roto que está pronta a ser reemplazada.
          —No lo digas así, Tiana.
          —Lamentablemente así es. Sobre este tema no puedo mentir, padre. Debemos hablar con propiedad.
          —Lo sé. Aún así, quien sabe quienes puedan escuchar tus palabras. Puede que hayan agudizado su oído para que tus palabras no les sean indiferentes.
          —Perdón, padre.

 

 

          No, ellos no nos habían escuchado, en absoluto. Ambos se encontraban inmersos en su infantil conversación, mientras se hacían pensar que nosotros no estábamos ahí detrás. Hubiese querido ser así con Shiou siquiera una vez. Siento que aquello hubiese sido muy disfrutable para mí. Quizás Shiou en estos momentos estaba con ella disfrutando de la caminata… Shiou…

 

 

          Tras un buen rato de caminar, el viejo Veiss se acercó a nosotros y nos informó que quienes estaban en la delantera, es decir Miare y sus impacientes compañeros, habían encontrado un estanque en medio del implacable desierto. Donde la vegetación florecía extrañamente en sus alrededores y palmeras rodeaban la escena en búsqueda de una visión más tropical. Eso claro, según lo que el Santo explorador había comentado.
          Ya habían pasado varias horas seguidas en que mi rostro había recibido constantes ataques de los granos de arena que furiosos golpeaban mi rostro en medio de una tormenta de arena que constantemente nos arreciaba. Era un placer casi imaginario haber llegado a aquel oasis lleno de vida. Estaba ya convencida que el desierto no era un lugar para mí. Aunque me convencí de que aquel pensamiento venía impulsado por los sentimientos que cargaba.
          Me senté, ya habiéndome quitado la Cloth de Virgo, bajo la sombra de una palmera junto al Patriarca. Seguidamente, mis demás compañeros Dorados se acercaron a nosotros. Estábamos allí los catorce. Kyouka y Shiou estaban a ambos costados de Ariadne. Reían y hablaban como si no hubiera pasado nada aquella noche, como si no hubiesen notado mi presencia.
          Una mirada bastó para hacerme notar que estaba equivocada. Ella desvió su vista hacia donde yo me encontraba sentada mientras yo me encontraba mirando con tristeza hacia Shiou y ella me mostró una sonrisa cargada de mensajes. ¿Acaso ella también podía leer mis pensamientos? Quedé atónita por unos cuantos segundos, pero desvié la mirada al notarla. Segundos después ella continuó con su charla e hicimos que nada había ocurrido.

 

 

          —Sabes, Tiana. Mucho de lo que asedia tu mente no son más que sentimientos infructíferos que deberías abandonar. No te hacen bien.
          —Nere…
          —Eres irritante, ¿sabes? Cuando se te mete en la cabeza no terminas de pensar en ello hasta que ha pasado mucho tiempo o… —hizo una pausa— hasta que lo haces. Por ello te estás condenando. Él no es alguien de fiar. Después de todo, ya traicionó tus sentimientos.
          —Sentimientos que nunca le he confiado personalmente.
          —Sentimientos que cualquiera en el Santuario podría notar si se toma la molestia, querida "Ti". Sabes bien, que él comparte más en común con ella que contigo, así que mejor anda olvidándote de todo esto, lo único que hace parecer es que no toma en consideración lo que sientes por él.
          —Esto va más allá de lo que pueda obligarme a decir. No puedo obligarme a decir la mentira de que no le amo.
          —Tiana… A veces eres muy terca… ¿Cómo puedes ser tan ciega como para seguir diciendo eso a pesar de haber visto como él rechaza todo tu ser con su acción de ayer.
          —Pe-pero él…
          —No me importa que digas haya hecho él hace un siglo o hace tres milenios. Lo que me importa es que mi querida amiga no salga herida por un idiota como él. Estoy haciendo esto por tu bien, Tiana. Deja ir ese pensamiento.
          —No. No puedo.
          —Acepta la realidad. Él estuvo con Kyouka anoche, se acostó con ella y no volvieron hasta ya acaecido el alba. No existe peor ciego que el que no quiere ver y eso es exactamente lo que ocurre contigo. Por favor, reacciona.
          —Nere…
          —¿O acaso aún piensas en decírselo a pesar de lo que viste con tus propios ojos anoche?
          —Creo que sería lo más correcto. Debería cerrar este capítulo de tal forma que no me arrepienta, ¿no crees?

 
          Una sonrisa falsa que se observaba en mi rostro era la mayor mentira que había dicho ese día. Lágrimas se me escapaban mientra trataba de demostrarle a Nereida que todo estaba bien, que yo podría recuperarme y que volveríamos a la paz que caracterizaba nuestros días en que no hablaba de Shiou. Estaba segura de que mi ser se rompería antes de transcurrir los doce días pactados por Loki. Estoy desesperada.

 

 

          —Ay Tiana… Ni para mentir eres buena… —oí salir de su boca—. Si no queda más remedio… deberé ayudarte hasta que cumplas lo que me acabas de decir. Así que primero marca tu territorio. Demuéstrale a Kyouka que tú también eres fuerte. Hazlo, y no tengas remordimientos.
          —Esta noche… Esta noche le diré eso.
          —Otra vez con eso… Otra noche… qué manera de seguir aplazando todo. Has tenido más de diez años con este cuento y, ¿vas a seguir así? —sentenció Nere.
          —Dame solo esta noche. Sé que podré hacerlo.
          —Está bien. Pero si no lo haces deberás resignarte a… a… a que Sophie escriba un poema sobre tu desventura amorosa. Sí, eso es. Es perfecto —quizás Nereida nunca cambiaba su actitud de chica reservada y callada frente a los demás, pero esta vez rió por apenas unos segundos aunque sea.

 
          Tras pasar una hora, repusimos la marcha y continuamos avanzando por el duro desierto. Ella seguía estando al lado de Ariadne. Respiré hondo y me acerqué a paso decidido hacia ambas. Trataba de mantener mi respiración tranquila, pese a que sabía que esto no era buena idea. Respiré pausado unas cuantas veces más antes de llegar hasta ellas. Le tomé a Kyouka de la muñeca y ella me vio sonriente.
          En dicho momento me armé de valor y soltando todo aquello que había acumulado todo este tiempo dentro de mí le miré frente a frente y sin romper mi calma le hablé sin cortarme.

 
          —Kyouka, es mi turno de estar con Ariadne, así que por favor, déjanos a solas.
 
          Ella me enseñó otra amplia sonrisa antes de despedirse de Ariadne revolviéndole el cabello y dándose la vuelta, no sin ante decir unas cuantas palabras que para los demás fue tan solo un murmullo entre la arreciante tormenta de arena, pero que pude escuchar perfectamente en medio de todo ese estruendo.
 
          —Eso fue perfecto, Tiana.


Editado por Sagen of Atenas, 19 agosto 2018 - 17:20 .

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"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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