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Prisioneros de Mannaheim


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76 respuestas a este tema

#21 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 22 enero 2018 - 10:57

Ok, después de sobrevivir a duras penas a la mantanza de mensajes, me topo con que el segundo capítulo fue publicada a fin de año, y yo ni enterado. A rasgos generales, como ya te comentaron, el capítulo es muy bueno, dentro de los parámetros del "arco introductorio" donde nada queda muy claro, y lo mejor es la descripción de sentimientos, emociones, acciones, lo subjetivo...

 

Me detendré un poco en este punto. En parte estoy de acuerdo y en parte en desacuerdo con lo que menciona Girl sobre la diferencia de géneros en la descripción de un fic. Hay diferencias, pero no creo que tengan que ver mucho con que sea un chico o una chica quien escribe, de hecho, he visto muy buenos escritores varones que narran más sentimiento que lo visibile, y chicas que hacen lo contrario, lo que no implica que haya una inclinación evidente hacia un lado u otro por razones culturales. Sin emabrgo, creo que en este caso se debe más bien al formato del autor (el tal Sagen.....), que se enfoca en la perspectiva personal en primera voz, lo que como dije en mi primer post, es dificilísimo, pero de manera natural lleva a la narración subjetiva.

 

Pasando a otro lado, aparte de la japonosería obvia (xD) noté algunos "clichés" en las tres damas protagonistas de este capítulo. ¡Cuidado! Puede ser una coincidencia, pero el cuchicheo, la curiosidad extrema, la debilidad, el agarrarse del brazo del maestro, el hablar de libros... tod@s lo hacemos de alguna manera u otra, pero siguen siendo clichés de los personajes femeninos que lamentablemente están muy pegados en nuestra cultura occidental, y la idea es no caer tanto en ello. Afortunadamente lo compensas con la jugada feminista de la abolición de la ridícula ley de la máscara, una de las ideas más absurdas de Kuru. ¡Bien jugado!

 

Aquí no hay mucha descripción de otros personajes, aunque aparecen Capricornio y Tauro como cameos. Es curioso que a ellos los menciones por nombre y no a la misteriosa maestra extraoficial de la protagonista... de la que aparte de su nombre y rango, no sabemos su constelación tampoco. La intriga está genial, Sagen, debido al asunto ese de la narración subjetiva, pero no nos vayamos a los extremos tampoco xD Si el par de cameos con cuernos apareció con nombre y todo, parecería lógico que la interlocutora de la prota mereciese el mismo trato.

 

Espero con ansias el tercer capítulo, donde tal vez te enfoques en la trama general... o si vas por la particular, disfrutaremos de la descripción mental de un nuevo protagonista, en cualquier caso va muy bien esto.

 

Saludos.


25solfo.jpg

(by Placebo)


#22 Shiryu

Shiryu

    Miembro de honor

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Publicado 22 enero 2018 - 20:01

Me gusta mucho tu atención y esfuerzo que tienes en hacerlo

   Shiryu_Libra_perfil.gif


#23 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Cancer

Publicado 26 enero 2018 - 19:44

Primero que nada, debo agradecer a Mystoria y a T por los comentarios que dejaron al capítulo 4. Comentarios que fueron extraviados por el lío espacio temporal que afectó al foro.  --También con estas palabras afirmo que postee el capítulo en su día, para más pesar de Felipe. :ninja:
 
Continúo. Gracias por los comentarios Felipe y Shiryu. 
Y.. Sí, mi error no mencionar a la Santa por su constelación siquiera. Juraba que en algún momento lo había mencionado, pero tal parece que no fue así. :t420: En el capítulo del domingo podrás ver su nombre y constelación :D 
(Nota de Sagen: El capítulo lo escribí hace mucho así que no recuerdo exactamente cuales palabras uso en cada uno xD. Esp0ero no equivocarme)
Pdta: Felipe estás retrocediendo un capítulo mi historia D: ¡Este que comentaste ya es el tres!
 
Y como es mi deber como autor de esta historia y, debiendo reponer las crueles consecuencias... Les traigo el capítulo número cuatro de esta historia. 
Siento que ya había dicho esa última frase antes...

 

Espero que no me haya olvidado de colocar unas ciertas palabras en cursiva... Si es así, lo siento mucho.

 


ARCO DEL DÍA PRIMO
IV – Nereida. Hipócrita de dos mundos.

“¿Sabes quienes te dicen las verdades y quienes las mentiras? ¿Es que acaso que no sabes? Pues yo tampoco.”



 

 

          Han pasado unas cuatro horas desde que el Patriarca y la Señorita partieron y se alejaron de nosotros. Apenas hace una hora, más o menos, pudimos lograr que todos atravesaran a salvo esa maldita cosa o ilusión. Nos tomó más de lo necesario, debido a que nuestro cosmos podrá ser grande, pero aun así no nos alcanzaba para poder donarles a cada uno una cantidad que tendría que ser muy generosa… Si es que a nosotros nos tenían como malditos esclavos haciéndonos débiles una y otra vez por una simple estupidez como esa.
          Tranquilita Nereida, recuerda lo que te decían siempre. “Las damas nunca por nada del mundo deben decir palabras mal sonantes.” Por supuesto que todo ello se podría ir a un cierto rinconcito de mi mente y desaparecer sin dejar el menor rastro… Venga, que te tranquilices Nere. Eres lo suficientemente fuerte como para que esos impulsos no te impidan comportarte como todos te ven. Debes controlar tu ser o sino caerás ante tus más primitivos impulsos. Como ocurrió con tu engendrador, progenitor, incluso llamarlo “x” o “y” no cambia la situación, solo es un sustantivo reemplazable.
          Como seguía diciendo, llegamos hasta este lugar apenas hace una hora, para ese punto ya se había hecho de noche completamente y la oscuridad reinaba todos y cada uno de los centímetros cuadrados a nuestro alrededor. Gigantes e imponentes muros nos rodeaban, era una habitación hecha únicamente de piedra pulida y sin imperfecciones. Gracias a la imponente luna sobre nuestras cabezas podíamos observar, no con toda la comodidad posible, pero algo era algo.
          Tenían grabados, algunos tonos rojos, otros azules y unos pocos de colores varios que no eran los ya mencionados. Según veía yo, trataban de transmitir un mensaje, pero ni la luz, ni el forzado deterioro de la pintura ayudaba a descifrar sus silenciosas palabras. ¡Hubiésemos podido descubrir algo! ¡Esto es tan frustrante!
          Un golpe. Eso resonó en los pasillos de aquella construcción, que mientras la exploramos descubrimos que era un laberinto. No fue solo el sonido de un golpe, el de unos cuantos fragmentos de hielo chocando contra mi puño también. Estaba enfadada, pero no podía hacer nada respecto al tiempo. Debía mantener mi mente fría y pensante. Inspira, espira… Inspira, espira… Pensamientos positivos dentro, pensamientos negativos fuera…
 

          —¿Estás bien, Nere?
 

          Sus palabras eran entonadas con una tímida voz, tan simple e imperceptible, de no ser que la escuches desde el fondo de tu ser. Tiana era la única que podía traspasar la comúnmente llamada “fría coraza” que, según muchos, me rodeaba. La pequeña Ti” —que era como normalmente le llamaba—, era unos cuantos meses mayor que yo, pero eso no había sido nunca un impedimento para forjar una sólida amistad. Sí, tan sólida como el ataúd de hielo en el que puedo meter a cualquiera que llegue a colmarme la bendita paciencia.

 

          —No te preocupes por nada, Ti. Es un simple… mosquito. Son tan molestos cuando pican, así que mejor ocuparse de ellos, ¿no crees?
          —Sí… eso creo… Pero, aquí no hay mosquitos, Nere —incluso cuando lanzaba una mirada tímida podía penetrar más allá de mí.
          —Ti, querida… Aun te queda mucho por aprender de las personas…
          —Nada de eso. Di me qué es lo que sucede Nere. Sabes que puedes contar conmigo en lo que sea.
          —Ya te dije que no es na… —en cuanto le vi directamente a los ojos supe que no podía seguir mintiéndole—. Escucha Ti, por más que hable contigo, vuelven y vuelven esos problemas que siempre he tenido. Por favor, no le digas a nadie. Mucho menos al Patriarca.
          —Descuida, como ya te he dicho varias ocasiones, eso es normal, Nere. Solo debes ser tú misma y ya. Nadie te conoce mejor que tú misma. Eres la única que puede resolver el conflicto formulado y amasado por varios años.
 

          Tenía razón ella. Siempre la tenía, pero siempre lo negaba aludiendo a que no conocía bien la psique de las personas ya que era muy compleja a comparación de lo que ella formulaba. A pesar de ello podría afirmar, sin temor a equivocarme, que ella conocía mejor a las personas con solo verlas unos pocos minutos que cualquier psicólogo por más doctorados y reconocimientos que este tuviese. Este no era más que su propio mérito, y un gran logro sin dudas, considerando que ella dejó atrás al mundo desde que llegó al Santuario para nunca más retroceder.
 

          —Y para cuando harás eso… esta oportunidad es perfecta para ti —dije.
 

          Su rostro se sonrojó, más de lo que es común en una persona, quizás eso se debía a que resaltaba más en su piel blanca. Si hablara estrictamente en proporciones pienso que sería un uno a tres de color piel a blanco, respectivamente. Ella única y exclusivamente se ponía así cuando sus sentimientos eran el punto de la conversación a tratar. A excepción mía, nadie en el Santuario conocía sus más íntimos secretos, ni Nadeko, a quien consideraba alguien excepcional; ni Ariadne, de quien era tutora; ni mucho menos a Kyouka, a quien le temía por más de una razón.
 

          —Bue-bueno, la-la Se-señorita n-nos estará espe-perando. De-deberíamos buscarla lo-lo an-antes posible.
          —Anda tranquila Tiana, ya estoy mejor. Y por cierto, no sabes disimular bien cuando estás así de sonrojada. Respira hondo un poco y verás cómo cambia todo.
          —Y tú sonríe un poco más. Verás cómo todo mejorará, Ice Mask.
          —Sabes bien que eso no es verdad —dije murmurando mientras ellas se alejaba de mí.
          —Tú solo sonríe —comentó ella, al parecer me había escuchado.
 

          En cuanto ella se fue, tratando de evitar una conversación de tal calibre, volví en mí. El enojo que hace unos instantes me había invadido por completo, desapareció de mi cuerpo como si fuera arte de magia. Cosa que era imposible, pues la magia no existe, pero el cosmos sí y he ahí mi respuesta. A excepción de unas contadas ocasiones, supongo que con los dedos de las manos me bastaría —un pie extra a lo mucho—, nunca había visto un ataque de Ti, claro que me refiero a uno como mi Ejecución de Aurora. Pero las habilidades de Virgo eran un completo misterio. Un misterio que solo sus orbes aurales podían responder.
          Hablando específicamente —y rememorando unas cuantas cosillas más—, recordé que Virgo era el signo más peculiar del Santuario. Siendo que el antecesor de Tiana era un tipo budista de nombre D’Alama. Y unas cuantas generaciones más atrás lo fue una creyente del Shinto. En una conclusión, algo forzada, podía decir que el Templo de Virgo había sido, desde tiempos inmemoriales, el templo con más variedad de credo en el Santuario. El signo de más incertidumbre en cuanto a técnicas se refiere también sería un buen nombre. No está demás decir que sería raro que Tiana, una creyente católica —y sí, es raro eso dado el politeísmo que implica ello y ser una guerrera de Athena—, use ataques de su predecesor, los cuales tenían un gran y claro trasfondo budista.
 

          —Nere, date prisa.
 

          El Santo de constelación guardiana Cáncer se acercó por detrás de mí y murmuró dichas palabras.
 

          —Shiou, convenientemente has venido. Vaya. ¿Qué es lo que buscas? Estando a mi lado, me refiero.
          —Nada, Nereida. Solo venía a informarte que dado a que hemos confirmado cuatro caminos distintos, hay que separarnos en grupos para abarcar todas las posibilidades y encontrarlos a ambos. En dos horas pudieron haber llegado lejos.
          —O pueden estar en peligro.
          —Esta también es una posibilidad. Así que, como ya lo mencioné, lo que creo más sensato es dividirnos en grupos, y…
          —Voy contigo. Ya lo he decidido.
          —Per… Nereida, estaba pensando que cada tres signos de dorados exploráramos un camino diferente. Es decir, tú irías con Miare y Mizael. Así que lo siento, pero…
          —Iré contigo Shiou. Y con Tiana. Que Aruf vaya con Miare, después de todo esos tres se llevan bien. Más que bien diría yo.
          —Como quieras. Arréglatelas con él.
 

          No tenía razón alguna para no ir con Mizael y el otro espécimen de humano, pero sí tenía razones más que suficientes para ir con Tiana. Comenzando por el simple hecho de la estúpida “Guerra Civil” entre los dorados —refiriéndome a los bandos opuestos a los que pertenecían Shiou y Aruf—, y terminando con la exquisita excusa de que quería pasar más tiempo con mi preciada amiga.
          El tiempo de estar todos juntos acabó, y cada uno escogió el camino a donde seguir. El grupo uno iría hacia el norte y así sucesivamente en dirección anti-horaria correspondidos por los puntos cardinales. Si tuviera que dar un número aproximado de personas por grupo, serían dieciocho. Y mi grupo estaba conformado por Shiou; Tiana; la alumna esa de Shiou, Cirene si mal no recuerdo —ni me importa—; catorce personas, entre Santos y personal del Santuario —que se habían colado a esta fiesta—, que no me interesaban; y, por supuesto, yo.
          El oeste fue la dirección que tomamos, esa era la que nos correspondía. En dicho camino, los muros continuaban con las extravagantes pinturas rurales que había en el lugar donde inicialmente aparecimos. Aun no podía descifrar a cabalidad todo lo que decía, pero ciertas cosas me resultaban simplemente conocidas. Un lobo, una mano, rojo sangre. De entre todas las figuras, eso era lo que podía rescatar mientras avanzábamos a paso rápido por el laberinto.
          Varias pisadas metálicas se escuchaban, todas corriendo a un compás y velocidad excelsa. Shiou nos advirtió, antes de adentrarnos en este laberinto, que deberíamos portar nuestras armaduras, cosa que hicimos. Diecisiete, dieciocho, diecinue… Espera, ¿realmente iba a decir diecinueve?... ¡¿Veinti?!¡Treinta! Atrás.
 

          —Shiou, nos siguen.
          —Ya lo noté —respondió él sin dignarse a dar la vuelta y comprobar mi teoría—. Deja que ellos se encarguen. ¡Cerbero, Auriga, Lobo!
          —¡Sí, señor! —dijeron ellos.
 

          Nosotros continuamos avanzando dado a que nuestra prioridad era encontrar a Ariadne. Ellos dos se plantaron frente a los muchos enemigos que nos perseguían, a los cuales no pude ver bien. Solo veía sombras moradas, a menos que realmente hayan sido eso. Ya varios metros atrás nuestro se podía escuchar como gritaban cosas como: “Discos Cortantes de Auriga” o “Cadenas de Cerbero” y otras voces se quejaban del dolor. No volvimos a saber de ellos.
          Luego de unos cuantos minutos llegamos a una bifurcación: derecha o izquierda. Elegimos ahí la única opción sensata en una exploración así y, tras un acuerdo en el que nadie dijo palabra alguna, se decidió que, en adelante, primero investigaríamos el camino cuya posición se encuentre más a la izquierda, y luego dirigirnos uno por uno hacia la derecha. Una especie de experimento de ensayo y error.
          Tras elegir primeramente la izquierda, hubo una y otra bifurcación sin ningún intervalo aparente de tiempo entre ellos. Muchos de los caminos nos llevaron a un callejón sin salida y, exceptuando por los que separaron a Auriga y a los otros dos, no hubo nada más que sea importante y digno de contar.
 

          —¿Cuánto más estaremos en este laberinto? —pregunté, usando un tono de voz seco e inexpresivo con el que todos estaban familiarizados.
          —No seas impaciente Nere.
          —Sería mucho mejor si pudiésemos encontrar a Ariadne y a nuestro padre.
          —Alguno de los grupos los encontrará. No te preocupes. Nosotros solo representamos un cuarto de las posibilidades. Si no hubiésemos venido…
          —Que sí, te entiendo. Cubrir más posibles caminos.
          —Ojalá la encontremos antes de que…
 


* * *
 

          En una habitación oscura, no por falta de luz sino que su iluminación misma era extrañamente proporcionada por las sombras, se encontraban siete tronos, cada uno ubicado a igual distancia uno de otro. Formaban un círculo perfecto, cuyo centro común era un pedestal, ahora cubierto por sombras y misterio.
          Una luz tan tenue que apenas iluminaba lo suficiente para mostrar la existencia de personas en dicha sala, las cuales estaban sentados en los tronos, cada uno de una manera diferente —con el oscuro manto de sombras cubriendo casi por completo la habitación no se podía observar esta característica—. En el pedestal, hecho de mármol fino y alisado con detalles que le concedían una increíble antigüedad poco comprendida por los presentes, se hizo presente el líder de estos seres que vivían bajo una continua influencia de la oscuridad: Loki.
 

          —Señor Loki, ¿para cuándo vamos a tener la diversión que me ofreció? —Preguntó uno de ellos, cuya voz era evidentemente la de un varón joven.
          —Señor, ya ha pasado mucho tiempo desde que me prometió eso. Se agota el tiempo —Comentó una fémina, cuyos hermosos ojos lilas eran revelados por uno de los rayos luminosos.
          —Todo a su tiempo, todo a su tiempo. Antes que nada. Ustedes, Nasch, Giragu. Os necesito, ha llegado vuestro momento. Tenéis la mayor de las suertes, sois los elegidos para ser mis primeras piezas en jugar. Mis equinos de combate. Diríjanse al Laberinto donde se encuentran sus futuras víctimas —se dio un tiempo para rebuscar algo entre el espeso manto blanco que cubría su cuerpo—. Y por cierto, Nasch, este es el camino que te corresponde —dijo mientras le entregaba en su mano las coordenadas del lugar donde esperaría a los Atenienses.
          —Señor. No le defraudaré —ella respondió a su gesto con una referencia simple con la cabeza antes de teletransportarse.
          —¿Y yo señor? ¿A dónde iré para complacerle? —preguntó uno de los individuos, quien antes no había mencionado palabra alguna y quien presumiblemente respondería por el nombre de “Giragu”.
          —Elige tú solo. Tienes libertad para elegir entre los otros caminos posibles.
          —Como ordene —Sin despegarse de su silla ni hacer gesto alguno, se teletransportó hacia otro punto del Laberinto.
 

          Un momento de silencio, no muy largo, invadió aquella sala tras la salida de aquellos dos. Un hombre ya mayor, quien también era uno de los que ocupaban un trono, se pronunció, no sin antes toser un poco, que según él, servía para aclarar su voz.

          —Mi señor Loki, ¿cree que ellos lo lograrán? Por qué no mandarme a mí y acabar de una vez por todas con esa maldita insensata de Athena. Es un desperdicio.
          —No, no, no, Durbe. Lo entiendes todo mal. Nasch fue la escogida para entretenerlos y ser un señuelo. Quien en verdad debe considerarse un peligro es Giragu. Únicamente usando el poder con el que nació es capaz de mucho. Son dos matices de una misma verdad. La verdad de que los Slythers, pese a su inferioridad numérica, sois mejores que esos patéticos intentos de guerreros de los Santos.
          —Eso ni como dudarlo, Su Excelencia. Está bien. Esperaré. Solo un poco más —comentó finalmente Durbe.


Editado por Orihara Izaya, 26 enero 2018 - 19:45 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 12: Legado de un amigo"

 

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#24 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Cancer

Publicado 26 enero 2018 - 19:50

ambas amazonas son muy extrañas en su forma de actuar


Editado por T-800, 26 enero 2018 - 19:50 .

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B AZ

 

Multiverso Zodiacal

 

 

 


#25 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Encantada y feliz

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Virgo

Publicado 30 enero 2018 - 21:11

Creo que son "extrañas" porque ambas esconden algo (sobre todo Tiana) y cada una a su manera decidió mostrar una careta al mundo. Me preguntó que es lo que ocultan .

Destaca para mi la frase "las damas nunca por nada del mundo deben decir palabras mal sonantes". Sin entrar en polémicas, es una entre tantas normas que determinan sobre lo que se espera del comportamiento de una mujer y a veces pesa, tal como parece ser el caso de Nereida.

Por lo visto Loki ya decidio mover sus piezas. Si que es muy cruel este Dios.

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Y yo te seguiré, donde quiere que vayas tú y me quedaré, a tu lado


#26 Jápeto

Jápeto

    El ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona

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Publicado 31 enero 2018 - 21:07

De partida de nada y me esta encantando tu fanfic, realmente algun dia me gustaria escribir asi bien como tu 

 

Ahora con la historia y veamos trama Loki 


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#27 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Cancer

Publicado 01 febrero 2018 - 17:28

Con una tardanza de... 4 días ni más ni menos. Aunque fuese mejor si fuese menos... La verdad si fuera menos sería utópico... Pero qué se va a hacer...

 

Para aquellos a quienes les interese, ya llevo hasta el capítulo 12 :sonaro: (?) Superé mi record :sonaro: (?)

Como siempre, agradezco sus comentarios en el capítulo anterior. :lol:

 

Les presento ahorita mismo el capítulo 5 de esta historia. Tratando de apurarme antes que nada, pues ya les debo desde hace varias lunas y no me he dignado a postearlo. Soy muy malo para establecer horarios... No, para establecerlos tal vez no... ¡Para cumplirlos! He ahí el detalle...

 

(Como siempre, me disculpo si faltan algunos términos en cursiva. Recuerdo que las cursivas resaltan los nombres de técnicas y apodos y nombres nombrados por primera vez... Así que perdón.)

 

 

 

ARCO DEL DÍA PRIMO

V – Aiza/???. Sentimiento de locura.
 
 
“…No todo es lo que parece pues, a primera vista, la realidad puede fundirse dentro de una ilusión, así como también una simple ilusión puede ser verdad visto de otra manera…”
 
 
 
          Lo que esté a punto de contar aquí no es una ficción, ni prueba irrefutable de una cordura poco a poco cayendo en decadencia absoluta. Este es un recuerdo irrevocable de mi estadía en aquella prisión laberíntica hija y fruto de una prisión mayor, la cual pese a esfuerzos, vanos por cierto, es aún imposible de abandonar. Testimonio fiel de que escuché a Ariadne dentro de aquel laberinto, es que mis compañeros de equipo escucharon también aquella melodiosa y sagrada voz. Mas a ella nunca vimos cara a cara en dicho perverso sitio, creado con el más malévolo de los fines.
          Como parte inalterable de mi memoria, y como parte inevitable para que comprendan la situación en la que me encuentro, me daré la tarea no tan agradable de darle paso a los recuerdo de minutos e incluso de la hora que precedió a aquel suceso simplemente extraño que aconteció ante mis compañeros y mi persona. Procuraré desde este momento, no solo dar testimonio de los hechos acontecidos a mi alrededor, sino también de lo ocurrido en psique mía, pues ahí esté quizá los indicios de una demencia en lento, pero peligroso, avance.
          Me tomaré la libertad de establecer como punto base de este recuerdo y, por qué no decirlo, como un inicio del cual no hay ni la más mínima duda acerca de su fidelidad. Apenas pisamos el duro suelo pavimentado, hecho de buen material —según pude dar cuenta era marfil, de un alisado casi perfecto si me permito acotar—, pude sentir la eminente y malévola presencia de aquel que ejercía un papel antagónico en nuestra curiosa aventura. Aquel sentimiento de pavor inmediato inundaba en su totalidad el complejo y cretense laberinto.
          A partir de un determinante momento, fue por estratégica decisión el motivo de nuestra repentina separación. Uno de los mayores exponentes que el Santuario debería de enorgullecerse de tener era el jovial y capacitado estratega Shiou, quien fue el autor intelectual de tan comprensible y, posiblemente criticable, idea. Docto en el arte del pensamiento como pocos aunque la oscuridad que albergaba esa máquina de pensar tan hermosa, como era su cerebro, salía a flote en cada inequívoca ocasión en la cual trataba frente a frente con su rival de mayor consideración.
          Regreso a lo que compete mi narración. Respecto a su apresurada decisión la creo en varios aspectos correcta, pues nuestra misión, encomendada por generaciones, es proteger tanto a Athena, la diosa que reencarnó varias veces en pos de salvar este marchito planeta; como al Patriarca, quien, encargado de velar por nuestra Señorita, ha sacrificado numerosos años en los cuales el esplendor del que alguna vez pudo jactarse, decayó y por ello nos enseñó día y noche a ser dignos portadores de esta valerosa misión. Con la presencia de cuatro demonios, representados por inexorables pasillos, nuestra agrupación se dividió en equitativos y justos equipos comandados por mi persona, guardián del sacro e inmaculado templo de Libra; Miare, guardián del venenoso Piscis; Nadeko, guardiana del magnífico Aries y Shiou, guardián del tenebroso Cáncer.
          Decidimos entonces que los grupos tomarían orden enumerándolos del uno al cuatro y que, correlativamente, nombraríamos a cada uno de los caminos de la manera misma en que llamamos a cada punto cardinal, dígase norte, sur, este u oeste. De esa forma el equipo uno, comandada por la Santa de Aries, iría por el pasillo que denominamos “Norte”. Los equipos siguientes continuaron con esta sucesión, en base a las siglas del desconocimiento, las cuales no podrían ser un producto más que maravilloso de nuestro idioma.
          Habiendo partido los demás grupos, retuve por un momento al mío, motivado principalmente por el desconocimiento primero de los miembros que componían el equipo que comandaría. Excluyendo a Kyouka, Berud y Sophie, los demás me resultaban completos desconocidos, quizá eso era producto de la falta de caminatas por el Santuario o, como mínimo, era debido a la falta de importancia con la que consideraba el salir de mi habitación siquiera una hora. Eso hablando de las veces en las que no me encontraba en una misión, por supuesto.
 
          —Aiza, es momento de irse. Apresúrate. Ya ninguno de los demás se deja ver por los corredores. ¿Qué es lo que piensas? —comentó la Santa Dorada de Escorpio.
          —Kyouka, ¿crees acaso que alguno encuentre a Ariadne? Pues pienso en este momento en que quizá y tan solo quizá sea pertinente dilucidar sobre las posibilidades que tenemos de encontrarla. Comenzando por estos cuatro caminos, los cuales podrían dividirse en más de…
          —Si nos quedamos aquí parados, no los encontraremos. E incluso si se da el caso de encontrarlos mientras esperamos a ver que el aire tenga una partícula más de polvo, nosotros estaríamos lejos aún de la salida.
 
          Asentí. Mi orgullo en aquel momento se sentía herido por la interrupción, aunque claro, era tan solo una nimiedad causada únicamente por la dichosa situación en la que, sin embargo, nos encontrábamos. Tomé su consejo de buena gana y comandé entonces al grupo, el cual me siguió.
          Atravesamos unos contados cuatro pasillos, cuyo final era imposible de alcanzar por nuestra vista. En ninguno de ellos no existía nada particular. Solo eran corredores vacíos con una variedad de mosaicos multicolores cubriendo sus paredes. Si estos mosaicos nos trataban de transmitir un mensaje de cuya importancia pronto se nos revelaría, lo obvié en dicho momento, así como lo sigo obviando en este momento.
          En aquel momento, cuando desvié tan solo un segundo mi vista del mural y me enfoqué en lo que se encontraba frente a mí, creí verla.
          No lo podía creer. Saqué mis lentes de su estuche, el cual llevaba en el bolsillo derecho de mi pantalón. No me gustaba guardarlos ahí, pues me resultaba incómodo al sacarlos. Si fuera por mí los usaría todo el tiempo pero tanto el oftalmólogo al cual recurría, como mi experiencia en combates me decía que no podía. Eran de esos lentes cuyo borde metálico superior resaltaba a comparación de lo demás del  armazón. En su totalidad las gafas no resaltaban, pero al ser de los pocos en el Santuario que las utilizaba…
 
          —Ariadne… —murmuré para mí mismo, o eso creía.
          —¿Decías algo, Aiza? —Comentaron a la vez Berud y Kyouka.
 
          Ambos tenían un oído muy agudo según parecía, aunque también podría haber sido que yo “murmuré” demasiado alto. No me acuerdo muy bien de lo que hice en aquel momento.
 
          En aquel momento me coloqué las lentes y volví la vista hacia donde supuestamente había visto a Ariadne hacía unos momentos. Ella no se encontraba allí. ¿No nos habrá reconocido? No lo creo. Aunque también podía haber pensado en que éramos ilusiones generadas por el laberinto o por su amabilísimo creador.
 
          —¿Ustedes no vieron nada allí delante? —Pregunté aquella vez, pues creía que era casi imposible que yo fuese el único que hubiese presenciado esa escena.
          —No. ¿Qué debíamos ver acaso? —Me respondió Berud.
          —¿Qué es lo que viste Aiza? Dínoslo.
 
          Ya estaba adoptando que, por la respuesta de Kyouka, o era el único que había visto a Ariadne en dicha ocasión, la cual fue tan solo la primera de muchas. En aquel momento decidí callar mis hallazgos, pues en aquel momento no me encontraba seguro de que hubiese sido ella, ahora tampoco estoy tan seguro de hecho.
 
          —No, nada. Quizá solo fue mi lente que se habrá ensuciado. Olviden lo que dije, por favor.
          —Como quieras —me respondieron ambos.
 
          Seguimos avanzando, pues mientras desarrollábamos nuestra corta conversación no dimos ni un paso hacia adelante. Al menos nosotros tres. Nosotros caminábamos rápido de lo normal, o quizá los demás de nuestro grupo caminaban más lento. Hay personas cuyo rápido andar es, como ya dije, veloz, pero también es torpe y tienden a tropezarse rápidamente. Nosotros no. Avanzábamos a paso firme, con una celeridad mayor a la normal, pero aun así, no nos tropezábamos. Quizá era una suposición y quizá no se aplicaba a todos nosotros los Dorados, pero en la mayoría sí.
 
          Aquella conversación era una excusa casi perfecta para esperar a los demás quienes aún se estaban acercando a nosotros. Volvimos a nuestra misión tras ese momento de descanso. Otros dos pasillos, larguísimos si puedo acotar. Habíamos doblado la primera vez hacia la derecha y la siguiente hacia la izquierda. No había sido elección nuestra, pues solo era un único camino.
 
          —¡Santos dorados! —exclamó una vocecilla con mucha alegría.
 
          Yo y, en realidad, todos los que estaban en el grupo sabíamos que dicha voz pertenecía a Ariadne. Al final de ese pasillo vimos cómo se asomaba la cerúlea cabellera de la jovencita en la que había reencarnado nuestra diosa Athena. No había duda, debía ser ella.
          Los tres, sin esperar a los demás, corrimos hacia donde creímos se encontraba la Señorita. Tratábamos de alcanzarla, mas cuando llegábamos al final del pasillo ella se encontraba en el final de un nuevo pasadizo. Si hasta dicho preciso momento no habíamos atravesado una bifurcación, ese fue el punto de inicio.
 
          —¡Ariadne, somos nosotros! —Exclamó Berud mientras corríamos hacia donde se encontraba ella. Sus gritos no llegaron a ella.
 
          Continuábamos tratando de llegar a donde ella se encontraba, pero ella nos lo impedía. Cada vez que ella llegaba al final de un pasillo y nos “esperaba”, soltaba una risilla que podría describir como risueña. Con ello no tenía muchas dudas, sin duda esa risa debía pertenecerle.
          Ni recuerdo ya cuantos caminos diferentes y rutas tomamos hasta este momento, y por ello no sé en dónde se encuentren los valerosos Santos de los que debía cuidar, entre los cuales se encuentra mi preciada alumna. Soy un desastre como comandante.
          Cuando volvimos a recapacitar, ante nosotros continuaba un camino sin salida. No entendía. ¿En qué punto nos pudimos haber equivocado? ¿Dónde estaba Ariadne? ¿Dónde?
          Y este es el punto donde actualmente me encuentro. Quisiera decir, que sería fácil volver sobre nuestros pasos y reencontrarnos con los demás, pero eso es tan cierto como que un laberinto fuese igual visto desde un punto que visto desde otro. No me fije en que decisiones, o más bien, en que caminos seguimos al perseguir a dicha presencia que se parecía a Ariadne.
 
          —Solo nos queda volver. Puede que haya sido tan solo una ilusión. Si fue así, entonces somos… No, soy más idiota de lo que pensé —dije, agachando la cabeza de frustración.
          —Tranquilízate Aiza —me dijo Berud mientras me daba unas cuantas palmaditas en el hombro—. Ariadne va a estar bien, eso espero.
          —Ahora solo debemos encontrarlos. Aún siguen siendo nuestra responsabilidad.
          —Tienes razón Kyouka. Ahora debemos velar por la seguridad de los que tenemos a nuestro lado y no preocuparnos por las adversidades que engendré este laberinto.
          —Eso deberías, o más bien, deberíamos, haberlo pensado antes de meternos en todo este embrollo. Imagina que nos encontramos al Patriarca. La que se nos va a armar… —musitó Berud.
 
          A pesar de que ahora digo a los cuatro vientos que en aquella ocasión no era Ariadne quien nos hablaba, sino una ilusión, siento que no era por completo una ilusión. O al menos sigo dudando de que el laberinto por sí solo creara una ilusión tan perfecta. Con ello estaría alabando a nuestro captor, Loki, por dotar de increíbles características a su creación, pero eso no era lo que quería.
          Una ilusión perfecta, ¿no? Dotada de una increíble humanidad. Sentimientos, emociones. Incluso el más perfecto ilusionista sobre la faz de la tierra no puede crear semejante hazaña, pues las ilusiones son solo eso: ilusiones. Pero no. Aquella ocasión no se trataba de una ilusión, o eso es lo que me dicta mi raciocinio.
          Espero equivocarme, o de equivocarme, espero no volver a ver algo así. Algo que nuble por completo mis capacidades y envuelva con su inexistente realidad todo mi ser de tal forma que me vuelva inútil. Es vergonzoso perseguir una imagen que no está ahí. Pero, ¿en verdad podría decir que no estaba ahí?
 
* * *
 
          Fue sencillo, he de decir. ¿Quién en su sano juicio creería que los Santos de Athena, protectores de la susodicha, serían tan fáciles de engañar? Y no, no me refiero a los pardillos esos que apenas satisfacen mis expectativas. Hablo por supuesto de ellos, la élite que debería de jactarse ser incapaz de caer en una simple ilusión.
 
          Nasch debería tener fácil su trabajo, después de todo, son de la misma tanda de crédulos a los que me enfrenté.
 
          Pfff. Los Santos de Athena, ¿no? Creí que sería más que satisfactorio el engañarlos. Pero no han cumplido con mis expectativas. Mi trabajo no ha terminado. Aún no. Pero quizá sea hora de que me retire. Es suficiente gasto de cosmos por el momento manejar una Ilusión Perfecta.
          Este laberinto me ha conferido una discreción inimaginable, pues quién en su sano juicio esperaría que alguien los esperase en este nada placentero lugar.
          Aún la Ilusión Perfecta no se desvanece. Sigo teniendo tanto el cabello celeste, como los rasgos de aquella pequeña. La mitad de mi cuerpo me vuelve a pertenecer, pero la otra mitad comparte los rasgos de esa tal “Ariadne” a la que tanto mencionaban esos tipejos. La “Desilusión Express”, a pesar del nombre que le coloqué, es un proceso lento, mucho más que la ilusión en sí.
          Quizá, y solo quizá, debería haber asesinado a ese anciano con el que iba la jovencita. No se lo hubiese esperado y hubiese sido la guinda sobre el pastel. Pero ya no me queda más poder.
 
          —Es hora de volver con los demás.

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 12: Legado de un amigo"

 

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#28 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 02 febrero 2018 - 15:43

asi que la Ariadne que vieron solo fue una ilusion


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B AZ

 

Multiverso Zodiacal

 

 

 


#29 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 04 febrero 2018 - 22:20

Ah, me faltaban dos capítulos entonces. Bueno, en resumen, el 4 es bueno, con una protagonista desagradable como todos los Acuario y algo caprichosa, peligrosamente cerca del cliché femenino. Recuerda la advertencia, Sagen.

Lo mejor de todo fue la aparición de un trozo de capítulo no narrado en primera persona, sino que mostrando desde arriba por primera vez a Loki con su gente. Es un traviesillo...

 

Más adelante damos un brinco a la fantástica, pero engañosa travesía por una de las sendas de este dantesco, extenso y sinuoso laberinto incubado por uno de los hombres de Loki, reseñada y referida por el refinado, elocuente y retórico guardián del templo de la balanza, rodeados por un aura de misterio y recelo, en la que la dominante perplejidad de los integrantes de una cuadrilla que, bajo toda luz de evidencia, no se han familirizado totalmente entre sí. Al colofón de su pesquisa tras la sapiente divinidad regente de la Tierra, no consiguieron su cometido determinado, más allá de que desconocemos su locación; sin embargo, se ha gestado un fruto incuestionable, al darse a conocer el peligro de un ilusorio metamorfo.

 

 

 

 

Así que wen capítulo oe. Le pone más suspenso a la cuestión. :devil:


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(by Placebo)


#30 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Encantada y feliz

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Publicado 07 febrero 2018 - 00:08

Creo que con su "engaño ilusorio", Nash les hizo un favor a los santos. Salvo que el autor del fic dicte lo contrario, esa ilusión revive y reafirma su misión y esperanza. Esos aspectos deberán ser su arma para sobrevivur en esta desquisiante prisión.

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Y yo te seguiré, donde quiere que vayas tú y me quedaré, a tu lado


#31 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 12 febrero 2018 - 18:03

Gracias por vuestros comentarios T, Felipe y Girl. En serio se les agradece mucho que sigan esta historia. :lol:

 

Una aclaración antes de comenzar. Cosa que se me pasó por la cuestión de ser "el que lo sabe todo de la historia" y una clase ególatra de "todos saben lo mismo que yo". 

 

Nasch no es el enemigo al que Aiza y compañía se encuentran, sino Giragu, el otro tipo que también fue enviado ahí. 

 

El indicio que había en el capítulo 4 es que uno debía elegir a qué camino ir y el otro iba a esperar en otro punto. Punto es la palabra clave. Bueno, no es mayor spoiler pues eso se sigue en este capítulo. Es comprensible perderse entre tantos nombres y frases irreevantes :ninja:

 

Así que sin más preámbulo, les dejo el capítulo que debería haber posteado ayer  :unsure:

Espero les guste.

 

 

ARCO  DEL  DÍA  PRIMO
VI – Nadeko. La doncella del laberinto. 
 
“…Juzgar es algo que no podemos hacer. Todo tiene una causa y un efecto. Dependiendo de la situación es que se vuelve oportuno o no…”
 
 
 
 
          Mi misión es sencilla: cruzar este laberinto y/o proteger tanto a Ariadne como al Patriarca en caso de encontrarlos. En términos generales es algo fácil. Lo único que no me gusta es que me nombren a mí como la comandante de este grupo. Pero aun así no tenía otra opción, pues Parsath generalmente era de pocas palabras y por ello había una incertidumbre en cuanto a su ser. Unos le temían y otros no, dejándolo en términos simples.
          Con Dreud no pasaba ello, él podía haber sido un mejor comandante que yo, pero a él no le interesa dar órdenes ni nada de ese estilo. Y la única que quedaba para el puesto era yo, y por descarte me habían designado como tal.
          El Pasillo del Norte, al igual que los otros tres era aburrido. Solo era un enorme camino con paredes, bifurcaciones al final de los caminos, y bifurcaciones más allá de esas primeras bifurcaciones. Avanzábamos por sus caminos a paso tranquilo. No con una calma abrumadora, lo cual me habría estresado mucho más, pero tampoco con una velocidad como la que me hubiese gustado si estuviese yo sola.
 
          —Y… ¿Se conocen alguna canción para amenizar el camino? —pregunté con un tono que se podría decir era animado.
          —No —respondieron algunas voces detrás de mí.
          —Venga ya, Orfeo, toca algo. ¡Hay que improvisar! —Comenté con una cierta alegría falsa, pero aun así eso animaría a alguno en esta situación.
 
          Orfeo era mi alumno y por ello podía tener una cierta familiaridad en mi trato hacia él. Su constelación guardiana correspondía a Lira y, aunque eso no lo hacía obligatoriamente un músico que envidiar, era un músico a gusto propio. Su pasión por la música se remontaba a muchos años en el pasado, incluso desde antes de venir al Santuario. Lo rememoraría ahora, pero prefiero recordar aunque sea la melodía de alguna canción.
          Comenzó con sus toques de lira. Sus melodías eran hermosas. Era su maestra referente a su manejo de cosmos y las técnicas que el use, pero nunca lo he sido en el ámbito musical. Sus aprendizajes eran producto de unos cuantos libros que me vi obligada a comprarle, de su propia práctica y su personalidad autodidacta.
 
          —Yo quiero encontrar mi razón de ser. Basta de jugar a no perdeeer…
 
          Por supuesto yo no era la octava maravilla del mundo en cuanto a canto se refería. Aunque emitía más agudos que un soprano en plenas funciones, con la única diferencia de que uno era más desafinado que el otro. 
          Dreud y Parsath por su parte hacían un gran trabajo ignorándome. Era una demostración muy importante de resistencia mental e impedimento del sentido auditivo. Como siempre, mis buenos compañeros de rango enseñándoles lecciones valiosas a los demás. ¡Qué generosos! ¡Compartiendo sabiduría!
          Seguimos avanzando mientras todos, exceptuando a mis dos compañeros ya mencionados y, por ello, “queridos”, entonaban aquella canción que era casi popular por el Santuario y sus alrededores. Aunque decir alrededores implicaba decir la aldea Rodorio y otros dos pueblos más pequeños que se encontraban en las cercanías. 
          No entendía por qué Dreud miraba con tanta atención los murales que cubrían por completo las paredes. Encima, obviando que eran unas pinturas bien feas, les observaba con una atención casi inalterable. De seguro habría descubierto algo que yo no. Sí, eso era lo más seguro, después de todo, a él le gustaba este tipo de cosas y a mi otro tipo de cosillas.
 
          —… ¡Nos llevarán al Reino de Athen-aaatchís! 
 
          Estornudé. Era un momento bastante inoportuno. Volteé y miré a los chicos. Les lancé una amigable sonrisa y, mientras continuaban cantando esa melodía, les dije:
 
          —Si a alguno de ustedes se le ocurre o si se le pasa siquiera por la cabeza e remedar mi estornudo, le parto la mandarina. 
          —Espera, Nadeko, detente. ¿No sientes que la temperatura ha descendido en comparación de hace algunos minutos? —me comentó Parsath con voz baja, pero perceptible para mis oídos.
          —Ahora que lo dices es cierto. Y creo que el frío aumentará en magnitud según vayamos avanzando. Lo presiento.
 
          A pesar de que aquel frío era paralizante, avanzamos paso a paso. Como comandante, era mi misión el encargarme del bienestar de los demás.  Por orden mía nos colocamos nuestras armaduras, pues nuestras ropas, si bien nos protegían de las bajas temperaturas que por estos días asolaban al Santuario, estas tenían un límite. Portando las armaduras este límite aumentaba gradualmente según el rango al que cada una de estas.
          El frío no hacía más que incrementar progresivamente con cada paso que dábamos. Unas centésimas de grados menos, unas décimas, grados enteros incluso. Cuando llegamos al otro extremo del camino, donde habíamos empezado a sentir el descenso de temperatura, comenzó la ventisca. 
 
          —Maldición. 
 
          Pasillo tras pasillo que recorrimos a partir de ese punto acumulaban una cantidad inimaginable de nieve. Y no inimaginable porque alcanzase proporciones épicas. Todo lo contrario, pese a que la ventisca asolaba muy fuerte contra nosotros, podría decir sin equivocarme que la nieve no variaba ni en lo más mínimo en su volumen. No aumentaba, pero tampoco disminuía. 
          Era como una bola de nieve. Me refiero a esas que se ven tan comúnmente por fechas navideñas y que si las agitas, la escarcha en su interior, que simula ser nieve, se vuelve a elevar y cae nuevamente. 
          Vagamos sin un rumbo fijo, doblando por donde se me daba la gana porque ver tanta nieve me desesperaba. Blanco. Blanco. Blanco. ¡Quiero color en mi vida! La ventisca impedía mucho la labor de mis ojos. Por ello cuando vislumbré lo que parecía una apertura en el laberinto, animé a los demás a que vayamos con prisa hasta allí.
          Vaya decepción me llevé. No era una salida, sino una habitación. Una amplia habitación sin un techo que le resguarde. Pero vaya sorpresa fue una: Ahí, a pesar que la ventisca seguía arreciando sobre nuestras cabezas, parecía que amainaba únicamente en un determinado perímetro. Cualquiera que no sea habitual en este mundillo diría que era magia. 
 
          —¿E-eres tú, Na-Nadeko? —Una voz tiritando trataba de hablarme. Sin duda alguna era la voz de Ariadne.
          —¡Ariadne! ¡Ariadne! 
 
          Fui corriendo. Me importaba bien poco entrar en territorio extraño. Mi misión primordial como ateniense es, por supuesto, servir y proteger a Athena. No. Esto no viene solo por ser una misión impuesta por un cargo, es mucho más que eso. Si le preguntase a cualquiera que llevase más de quince años en el Santuario, sin dudarlo diría que la única razón por la que se quedase allí sería Ariadne.
 
          —¡Na-Nadeko! ¡Brrr!
 
          Ariadne estaba apoyada en un troco seco que se encontraba a unos cuantos pasos de mí. Una parte de ella, estaba cubierta por un poco de nieve. Se notaba que ella había estado tratando de quitarse la nieve de encima, pero o bien sus esfuerzos habían sido muy pocos o bien sus resultados eran desproporcionales.
 
          —Tranquila Ariadne. Ya estamos aquí —Con un gesto que hice con la mano llamé a Parsath. Si Ariadne sufría de hipotermia él era el único que podría haberle ayudado en aquel entonces.
          —Na-Nadeko, a-allí hay o-otra pe-pe-persona —dijo señalándome hacia una columna inclinada que estaba clavada en la nieve. 
 
          Ella dijo persona. Nunca se referiría al Patriarca así. Ella preferiría llamarle padre Haloid —como algunos acostumbrábamos hacerlo, me incluyo en este grupo—. Por ello sabía que no era uno de nosotros. ¿Un prisionero más de Loki? No, lo más probable un mercenario enviado por él.
          Giré mi mirada de un lado a otro, siempre observando hacia la dirección que me había mostrado Ariadne. Les hice señales a los demás para que me acompañasen a buscar a la misteriosa persona que se escondía entre las sombras. 
 
          —Parsath, quédate aquí con la Señorita —le dije mientras avanzaba con dificultad por una empinada montaña de nieve.
          —No te lastimes. No tengo suficientes medicamentos para todos, así que deja de ser egoísta y pide ayuda de vez en cuando —me respondió.
 
          Por supuesto que no me voy a lastimar, Parsath tontito. Eso fue lo que pensé gracias a su comentario.
          Con los demás nos acercamos al pilar. Cuando llegamos a él, desde la punta del pilar bajó una persona. Saltó desde unos cuatro metros de altura hasta clavar las suelas de su armadura —la cual no había visto, pero suponía que tenía— en la nieve.           Estaba cubierto por una capa que ocultaba todo su cuerpo, y lo único que dejaba ver era su rostro. Pero quien se encontraba frente a nosotros se encargaba de agachar su cabeza para no ver sus facciones.
 
          —¿Quién eres y porque te presentas así frente a nosotros? Déjame adivinar. Te envió Loki a impedir que avanzáramos más allá de este punto, ¿o me equivoco?
          —No fui enviada por nadie, vine porque quise. Incluso a este lugar porque tuve la opción y pude. Solo es eso. Lo único en lo que no te equivocas es que vine a zanjar sus vidas con mis propias manos.
 
          Su voz era delicada. Tanto eso como unos largos rizos de cabello anaranjados me indicaban que era una mujer. Si su objetivo al ocultar su rostro era que no supiese que era un ella, pues había hecho un mal trabajo ocultándolo. 
 
          —No entiendo por qué sigues tratando de ocultar tu cara. Ya descubrimos que eres una mujer.
          —Nadeko, sigues siendo la misma de siempre, ¿no? Con unos sinsentidos como palabras y unas idioteces como argumentos. 
          —E-Espera, ¿cómo sabes mi nombre? Aunque, podrías saberlo porque Ariadne lo dijo hace unos momentos y tú pudiste haber estado observándonos. Pero por tus palabras puedo pensar que ya nos conocíamos de antes. Solo que no tengo ni ide… 
          —Muere —susurró, quizá no era su idea, pero eso fue lo que finalmente hizo.
          —¿Dijiste algo? —pregunté tontamente. Había estado distraída recordando quién podría ser que no escuché sus palabras.
          —¡Que te mueras, maldita seas! 
 
          Ella elevó su anaranjado cosmos el cual se emitía con una ira sin precedentes. Era comparable a una llama de fuego, pero esta combinaba la luminosidad del naranja como el calor del azul. Cogió algo que llevaba bajo su capa. A primera vista no sabía bien qué era, hasta que me atacó con ella. Era una preciosa lira de ébano de un impecable color negro. Sus cuerdas se desprendieron de una de sus ataduras, aumentaron su largo, y con ello me atacó, primero rozándome una mejilla —la izquierda—, así como la única parte del brazo que tenía desprotegida.
          Durante una fracción de segundo pude verle el rostro mientras lanzaba su ataque. Y solo por ello pudo superar mi velocidad, porque pude averiguar su identidad. Sus rizos naranjas me dieron una pista y redujeron mucho el amplio espectro de conocidos que poseía. Pero lo que pudo completar mi deducción fue solo una cosa, algo que en muchos casos sería obviado, pero en ella la hacía única. El color de sus ojos.
 
          —Bien Nadeko, ya que aún no sabes quién soy, ¿no crees que tengo una ventaja aquí? Además, ya estás herida y la sangre fluye sobre tu armadura.
          —Yo no diría eso, después de todo, me atacaste mientras estaba distraída. Por ello no puedes afirmar que en una batalla contra mí podrías salir victoriosa así como así.  Además, tienes razón. No sé quién eres. No sé quién es mi oponente, así que no sé a lo que me enfrento —observé que una sonrisilla se asomaba bajo su capa—. ¿O me equivoco, Violet?
 
          La confiada sonrisa que me había mostrado hace unos momentos desapareció, quizá porque le arruiné su fantasía. Pareciese que el que hubiese descubierto su identidad frente a todos hacía que su capa fuese inútil. Se despojó del oscuro manto morado que le cubría y un fuerte viento la mandó a volar muy lejos, tanto que la perdí de vista. 
          Cuando ella develó su rostro frente nosotros, muchos del grupo de cavernícolas que comandaba se asombraron de la belleza de quien se encontraba frente a nosotros. Y es por ello que la humanidad no avanza… Y claro, quienes no hacían ello, solo éramos unos contados: Yo, por supuesto; Orfeo; Dreud; y las demás chicas en el grupo, unas tres. 
          Vi como Chris le daba un buen golpe a su compañero Loke en la cabeza. Quizá su fuerza no era tanta, pero ya se conoce que con las emociones que uno posee, esta puede cambiar de un momento al siguiente. Ambos, siendo los únicos alumnos de Parsath, entrenaban juntos y por ello su fuerza no se distanciaba mucho. Aunque claro, sus estilos de pelea eran muy diferentes y uno siempre estaba por encima del otro. 
          Entre quienes no estaban cautivados por los encantos femeninos, Orfeo destacaba. Conocía bien las razones de porqué él estaba tan extraño, sobre todo después de haber escuchado el nombre de nuestra oponente. Era una historia muy larga a la cual trato de no recordar ahora, pues más importante es el salir con vida de este lugar. 
 
          —Violet, ¿a qué has venido a Mannaheim? Por tu… ejem… armadura, puedo deducir que eres una guerrera de ese dios nórdico. ¿No es así? ¿Por qué caes tan bajo? 
          —Yo solo vine por algo que era mío y trato de recuperarlo. Lo recuperaré aunque eso implique asesinarte, Nadeko. 
          —¿Y se puede saber qué es eso tan importante como para renunciar a tu libertad? ¿Es un objeto o algo así? No creo que la chica que conocí sea tan estúpida como abandonar su vida normal por una sincera idiotez. ¿Acaso es porque sabías el plan de Loki? Sabías lo que ello implicaría y que él estaría aquí. ¿O me equivoco, Violet?
          —N-no, te equivocas Nadeko.
          —Tu forma de hablar te delata, Violet querida. Y si no fuese así, serías una idiota, el más bajo nivel intelectual que describió alguna vez la psicología.
          —¿Y si es así qué? —Su cara se sonrojaba mientras su enojo, ¿crecía? Nunca entendí estos amores tan extraños—. No digo que lo sea, pero si fuese así, ¿qué problema habría?
          —Ninguno en verdad, solo tienes que ser sincera contigo y di porque estás aquí. Dependiendo de tu respuesta puede que sea más o menos generosa contigo. Tic… Tac… Mi paciencia acaba… Tic…
          —Vine… ¡a detener su avance y matarlos! 
 
          No me dejó más opción, pues se lo advertí. Mientras ella se preparaba para lanzar una gran cantidad de cuerdas con su técnica con la lira, me permití darle un golpe en la zona del vientre. Con una fuerza sobrehumana pero sin llegar a ser mortal. Aún en territorio enemigo, tenía piedad de mi oponente, quizá eso en algún momento me cueste la vida, pero sé que ese momento no es ahora.
 
          —Señorita Nadeko —me dijo, su voz no se oía debilitada tras el golpe—, quizá sea usted la que deba observar mejor.
 
          Ella no había recibido el golpe que supuestamente debía noquearle. Un solo segundo antes de que le impactase, ella había colocado su lira como obstáculo. Su lira sorprendentemente no sufrió mucho daño. Su material debía ser muy resistente o…
Su dedo. A pesar de haber tratado de defenderse del golpe con su instrumento, ella había antepuesto uno de sus dedos para que su lira no sufriera un daño considerable. Estaba sangrando, y no sé que tan dañado se encontraba. 
 
          —¿Por qué Violet? Si ya habías esquivado el golpe, ¿por qué lo recibiste? Idiota —estaba enojada… conmigo misma.
          —Un músico no debe permitir que su instrumento se dañe. Su instrumento es su ser, su vida. Espero entiendas mi decisión, Nadeko —me decía con una mirada llena de confianza. No solo era confianza, era un desafío.
          —Está bien. No impediré que lo veas. Puedes quedarte aquí a charlar con tu querido amigo, pero a ninguno de los demás los toques, pues ellos son externos a nuestra situación. ¿De acuerdo?
          —Está bien, Nadeko. Pero si Cyan muere por mis manos, iré tras ustedes para continuar con mi misión.
          —Si eso te complace, hazlo. Por mí no hay ningún problema. Puedes morir sin que yo tenga que manchar mis manos de tu sangre ni de culpa.
 
          No quería que ella muriese. Creo que ella es una oveja que ha ido por el mal camino. La maldad en su corazón no existe, sino que es un acto desesperado el que comete. Hasta cierto punto era comprensible, pero como la comandante del grupo en todo momento debía mostrarme fuerte. 
          Les indiqué a los demás del grupo que avanzasen sin mí y sin Orfeo. Yo me quedaría tan solo un rato más, volviendo sobre mis pasos y avisándole a Parsath que avancemos en nuestro camino. Él cargando sobre sus hombros a Ariadne, quien cubierta por la arrancada capa del toro, se veía del todo cansada y destrozada.  
Junto a Parsath y Ariadne pasé frente a la joven Violet. Ella me vio y a pesar de que yo no debía importarle, se acercó a mí y me detuvo por un momento. 
 
          —Por cierto, Nadeko. Tan solo para darles alguna esperanza les diré una cosa. Cada uno de los caminos iniciales tiene una salida por un mismo punto del laberinto. Tan solo es… para que sepan que no van en una empresa sin sentido.
 
          No dije nada. Le hice un gesto, que supuse que entendería como un “gracias”. Y me fui, dejando solo a mi alumno y a nuestra oponente. Quizá no fue una decisión inteligente, pero aun así me marche de ese futuro escenario. 
          En cuanto volvimos a pisar un pasillo avanzamos con tranquilidad y, aunque me preocupaba lo que pasase con Orfeo, no miré atrás y tan solo avancé. 
Cubrí mi oído derecho con la mano del mismo lado y me concentré. Traté de que mis sentidos se unieran y que los demás se unan. Inicié una comunicación telepática, la cual ni tenía idea de si funcionaría en este laberinto. La respuesta fue que sí funcionó, para suerte nuestra.
 
          —¿Me escucháis? ¿Aiza? ¿Shiou? ¿Miare? ¿Alguno de ustedes puede entender mis palabras?
 
          El silencio único que diferenciaba a las comunicaciones telepáticas de las normales era infernal. No sabía con certeza si estaba funcionando o no, hasta que de pronto Aiza habló.
 
          —Sí Nadeko. Es un grato placer que tu inusual comunicación telepática funcionase. En este momen…—fue interrumpido… por un desagradable ser, al que prefería no considerar humano.
          —Tonta, di rápido qué es lo que quieres. Aquí tenemos una situación complicada.
          —Miare. Como siempre tan fastidioso. Nadeko, nosotros ya llegamos a la salida. Espero que no tengan que retroceder —comentó Shiou.
          —Tonta incomparable, apresúrate… estoy apurado —continuó Miare con su tono molesto de siempre.
          —Escuchen compañeros —dije— todos y cada uno de los caminos que elegimos tienen una salida en un mismo punto, eso implica que unos caminos sean más largos que otro, pero eso no les debe quitar esperanzas. Me alegra que ya hayas encontrado la salida, Shiou. ¿Los demás en qué situación se encuentran?
          —Si eso es todo ya me retiro de esta conversación… rayos… —seguía comentando fastidiado Miare.
          —Miare, no sé qué te aquejará, pero yo creo que voy a demorar un rato más dentro del laberinto. Estoy seguro de que Ariadne sigue por estos lares, escapa de nosotros como si fuésemos cazadores y ella nuestra indefensa presa. Espero poder alcanzarla y que escuche lo que le decimos —intervino Aiza.
          —Aiza, Ariadne está con nosotros —le dije en un tono serio y sin rastro alguno de burla—. No sé qué estarás persiguiendo, pero desde ya te aviso que no es lo que crees.
          —Me irritas. Corta ya la conversación conmigo. No me dejan pensar —seguía diciendo el Santo de Piscis.
          —¿Qué es tan importante que te obliga a usar más de la neurona única y habitual que siempre usas?  —comenté.
          —El Patriarca fue envenenado.
 
 
 
 

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 12: Legado de un amigo"

 

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#32 Jápeto

Jápeto

    El ignorante afirma; el sabio duda y reflexiona

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Publicado 12 febrero 2018 - 18:19

Yo me puse al día con el fanfic y bueno el final de este cuando dice el Patriarca fue envenenado 


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#33 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 13 febrero 2018 - 15:39

¿Quien era la maestra de Orfeo?

 

¿Porque llaman al Patriarca como padre Haloid?

 

pobre Loke  no lo dejaron mirar bien--Jajaja

 

no entendi mucho sobre el pasado de Violet

 

el final fue intrigante


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#34 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

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Publicado 13 febrero 2018 - 21:42

Fue gracioso imaginarse a Nadeko cantando.

Su escuadrón me contagio de su flojera que se cargaba. Lo bueno que apareció el "enemigo" para ponerle acción a esto.

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Y yo te seguiré, donde quiere que vayas tú y me quedaré, a tu lado


#35 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 23 febrero 2018 - 09:03

Ja, cameo de Realm of Athena. Me recuerda a cuando Kurumada dibujó a un aldeano de Rodorio cantando Pegasus Fantasy xD

No me alargare porque estoy desde el cel. Capítulo intrigante más que nada, mostrando más de la actitud de Aries y sus compañeros en menor medida, con una breve batalla con una mina que no quedó muy clara, pero que imagino que esa era la intención.

También destaco mucho el final, pues da a entender que la actitud de Piscis no es cualquier cosa. Eso si, tengo dos críticas constructivas.

1. Vamos, estos no son cualquier ser humano de cantina, Sagen jaja son Santos entrenados. Comprendo la intención detrás, pero no pueden simplemente distraerse como "cavernicolas" por ver a una mina bonita.. ni Seiya cuando vio a Euridice!

2. Creo que debiste mostrar un poco más a Orfeo. Es el centro de la conversación final pero no tiene ni una sola palabra en el asunto, las dos chicas terminan decidiendo por un Santo de Plata. No me parece justo.

También veo que esta historia, más que de peleas (que son breves, sin técnicas locas y cosas así) es de misterio, intriga, humor, y esa descripción psicológica interna de los protagonistas. Es un cambio positivo a lo que tenemos, me gusta mucho.

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(by Placebo)


#36 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 25 febrero 2018 - 17:11

Luego de una semana complicada... iba a decir media semana, pero no, toda la semana estuvo complicada... Pero la historia que ustedes quieren leer no es esta, sino mi fic. Así que perdonen la introducción xD
 
Para comenzar agradezco vuestros comentarios y me detendré un poquito en el de Felipe.
 
Punto 1. Quizas no se especificó allí, pero no es que sean de cantina, sino que estan en esas edades en que se enamoran a simple vista. :ninja: Ya sabes, las hormonas :ninja: (?
 
Punto 2. Tranquilo Felipe, tranquilo. Te anticipo desde ya que tendrá su propio capítulo. Descuida. Puedes bajar esa lira. Eh, Flipe, no tienes porqué encender tu cosmos... ¿Felipe?... Respira... Inhala, exhala, inha...
(Ehm... si ven que en dos semanas no hay capítulo llamen a la policía (? )

 

Pd. Me disculpo si el capítulo no satisface vuestras espectativas (?

 


ARCO DEL DÍA PRIMO
VII – Miare. Mordaz cual veneno.

“…Si quieren talento, deberían eliminar a los débiles y elegir a los fuertes…”

 

 

          Conozco solo una verdad universal y es que tan solo los elegidos podemos ser salvados. El poder es lo único que nos puede salvar, así como es lo único por lo que podemos distinguirnos. Después de todo, los humanos una vez fuimos bestias, bestias asesinas, impulsadas por una fuerza inconcebible. Tan solo aquellos con talento podemos sobresalir entre tanto bulto inservible. Dar un golpe no es nada especial, lo que causa aquel golpe es lo que lo caracteriza. Una herida, una fractura, un asesinato, una masacre. Todo ello puede ser realizado bajo un mismo hecho inicial, tan solo el talento propio es lo que los diferencia.
En el momento en que acordaron separarnos me molestó mucho. A ver… Mizael no es un problema, es más, por un momento consideré que él fuese el único que me acompañase. Nereida, por otra parte, es una sincera molestia. Es solo un maldito ser sin sentimientos, sin ambiciones. ¿No es eso molesto? Es irritante. Y ni qué decir de la carne de cañón de rangos inferiores.

          —Oye, eslabón defectuoso, voy a cambiar de lugares con Aruf. Mejor para ti, ¿no?

          Las palabras de Nereida se clavaban como si fuesen estacas contra mi paciencia. Sus palabras tan apáticas no eran para nada de mi agrado y ahí estaba ella, parada tres pasos detrás de mí, con su tan irritante tono.

          —Ah eres tú, molestia. ¿Tienes algún motivo para no venir con nosotros? ¿Acaso me odias? —Reí de forma sarcástica.
          —Claro. Claro. Lo que digas. No te incumben mis razones.
          —Como quieras, insípida. Por cierto, ¿en algún momento de tu maldita vida vas a dejar de hablar con esa como una sosa simplista? Ya llevas más de siete desgraciados años con esta estupidez. Reacciona.
          —Al menos no soy una molestia como tú, desperdicio irracional de carne podrida —comentó con su típico tono inerte.
          —Pero sí eres un derroche de espacio, marioneta sin emociones. Me enfermas.
          —Gracias por tus muestras de cariño, pececito muerde anzuelos.
          —Oh, de nada, acaudalada maleducada.
          —¿Cómo lo sup…? Nada. Suerte con Aruf en tu dichoso grupito. Espero que no tengas problemas, porque tú como líder no eres lo suficientemente capaz como para ejercer las funciones de uno.

 

          Su rostro inmutable pronunciaba palabras que ella misma pensaba dentro de sí, y las exteriorizaba, mas no conseguía expresar como se sentía. Si le ponía tanto énfasis a ello era para que se diese cuenta que a casi nadie le agradaba esa forma de ser tan particular que poseía. Y por mucho tiempo que lo hiciese, nunca conseguía cambio alguno. Por ello me parecía irritante hablar con cierta personaje.

          —Jefe, ¿tan temprano y ya está peleando con alguien? ¡¿Cómo puede ser eso posible, jefe?! —El tono animoso del Santo de Leo era característico en él.
          —No es nada, Aruf. Esa dice que vas a estar con nosotros, ¿no? Con el mejor equipo posible.
          —El mejor grupo es el de Aiza, jefe.
          —Eso último podías habértelo guardado muy en tus adentros.
          —Como usted diga, jefe.

          El Santo de Leo, Aruf, era uno de los pocos que me entendían en el Santuario. A pesar de que casi cada vez que hablase me llamara “jefe” —cosa que por cierto me molesta—, era un buen compañero.
          A Aruf lo caracterizaba su apariencia “faraonil”. Quiero decir, su piel era de un tono oscurecido, y su cabello poseía un estilo único siendo corto, negro y lacio, asemejándose a como se ilustran a los faraones en las fotografías esas de hace miles de años. Los posters mal hechos esos que dejaban en sus paredes coloreados con mala tinta que ahora casi todos están en un estado deplorable. Estos antiguos egipcios eran muy raros siendo sincero.

          —Trae a Mizael a este lugar. Partiremos en cuanto los demás se hayan ido. Moriré del aburrimiento antes de terminar de averiguar quiénes serán los infelices que tendrán el privilegio de venir conmigo como su comandante.
          —¡Sí, mi señor! —respondió sin siquiera meditar mis palabras. Me gustaba que entendiera mis órdenes a la primera, no como las demás lacras que decían servirme.

          Gracias a su contextura delgada, Aruf era capaz de pasar con cierta facilidad en medio de la multitud que se interponía entre yo y los demás Santos Dorados. En menos de dos minutos, se sumergió en la multitud que no paraba de moverse como los gusanos y las serpientes que la conformaban, cogió a Mizael de improviso y lo trajo ante mí sin darle explicación alguna —por lo que comentó algún rato después—. El ceño fruncido que le dedicaba nuestro cocinero al león era más que espectacular.

          —¡¿Por cuánto más tiempo vas a estar molestando?! ¡Preferiría que todas las cucarachas del Santuario comieran antes de darte algo para que siquiera lo olfatees! —En el rostro de mi egipcio amigo se podía observar cómo se sentía lleno de orgullo pese a los regaños que recibía en aquel momento—. ¡Y suelta mi ropa de una vez! ¡Hazlo si no quieres que use mis Knife contigo!

          En aquel momento él soltó la desabotonada camisa blanca que Mizael usaba sobre una camiseta estampada sin un diseño relevante como para dignarme a interpretarlo. Al ser el cocinero del Santuario, a él le gustaba vestir con su inmaculada camisa con botones llenos de detalles en dorado. Su orgullo como chef se reflejaba en esa prenda y por nada del mundo dejaba que alguien la tocara. Tal parece que como siempre, Capricornio estaba enojado porque las impuras manos de alguien habían conseguido atrapar su preciado tesoro y osar a contaminarlo. Vaya tonterías.

          —¿Qué es lo que quieres, Miare?
          —Nada, solo le decía que te llame para reunirnos en este punto cuando todos ya se hayan ido.
          —Como tú digas. En un rato vuelvo, tengo que llamar a mi alumna. Ustedes deberían hacer lo mismo. Nunca es mal momento para enseñar algo por más simple que sea, ¿no creen?
          —Nah, no tengo tiempo para desperdiciar con el estorbo que es mi alumno. Cuando no anda actuando de lamebotas, anda coqueteando por ahí. Es un vago que ni merece estar en el Santuario.
          —A pesar de eso, tú sigues allí. —Mizael hizo una pausa antes de toser muy sospechosamente—. Digo, tú sigues allí para él porque aún no presentas tu carta de renuncia como maestro suyo.
          —Es solo por formalidad. Si no le enseño a nadie, no facturo a final de mes. Y si no cobro lo que me merezco, todas esas pobres señoritas de Rodorio no tendrían a quien les… les compre las bellas rosas que venden. —Hice una pausa e inhalé y exhalé por la boca despacio —. Sí, eso.
          —Vaya… Y uno que hace las cosas por amor al arte de la enseñanza… —comentó para sí mismo el Santo Dorado de Capricornio.

          Unos veinte minutos pasaron hasta que nos movilizamos por fin. Eran desesperantes estos inútiles. Hacía diez minutos que todos los demás se habían ido y justo a mi grupo le correspondían los típicos estorbos que solo piensan en sus tractos digestivos y urinarios. Tuve que obligarlos a que se escondan tras el primer muro que encontraran en cada camino hasta que terminaran de hacer sus idioteces.

          —¡Escuchadme estorbos! A mí no me importa nada qué les pase a vuestra vida y, siendo sincero, a ellos dos tampoco —señalé a mis compañeros Dorados—. Si queréis hacer una estupidez de aquí hasta salir del Laberinto este, recibiréis una muerte asegurada. Todo va por nuestra cuenta, así que no se preocupen. Si no hacéis nada fuera de lugar, vuestras vidas no correrán peligro. Os lo prometemos.

          —Sí, sí, lo que dice el jefe —acotó Aruf.
          —Tranquilos, no vamos a asesinarlos… Ehm, Miare, ¿dónde quedó eso que hablamos sobre que “Athena los necesita a todos” y que “son vitales para nuestra victoria”? —Comentó Mizael.
          —Ah, me olvidé. Pensé que no sería algo importante. —Por supuesto que eso no lo iba a decir.
          —Esa era la parte más importante del discurso…
          —Lo dicho, dicho está, jefe. Ya no se haga problemas —El Santo de Leo me daba palmaditas en la espalda mientras hablaba.

          Las paredes en el laberinto eran todas iguales. Eran muros con una serie de diseños tan solo hechos en alto relieve. Verlos por más de una hora por supuesto que era cansado y pensando en todo el tiempo que iba a estar encerrado con todo este grupo de seres no pensantes. Era más que desesperante pensarlo.
          Caminábamos lentamente, Mizael colocaba sus manos en la cintura, por debajo de la camisa. Aruf por su parte miraba hacia cada lado. Una y otra vez, una y otra vez. Y al ver que no encontraba nada, observaba hacia adelante y atrás. Sino, jugueteaba con sus dedos o realizaba intensos duelos de piedra, papel o tijera consigo mismo. No entiendo cómo le podía hacer para enojarse consigo mismo por perder o empatar siempre pero no ganar. Supongo que el aburrimiento podía causar tales extremos.
          El "faraón" miró hacia delante de la misma desesperante manera en que ya lo había hecho hace un momento, pero esta vez él llamó mi atención.

          —Miare. Mira ahí adelante.
          —Si eso era algún tipo de juego de palabras, no me interesa.
          —No, no. Te digo que observes ahí. ¡Esa es la capa del Patriarca!

 

          Ambos corrimos hacia ese lugar mientras que nuestro cocinero se quedaba con los demás para no agotarlos demasiado según él. Ahí yo no me meto… mas bien no quiero meterme, que es algo distinto.
Al llegar a donde Aruf me indicó, pudimos comprobar nuestra teoría. Esa era la túnica que usaba el patriarca, pero estaba levemente desgarrada. Atravesada por algo a una velocidad considerable. ¿Un proyectil? No creo, el hoyo era más amplio que cualquier calibre que pudiera imaginar —venga, que yo tampoco soy un experto en armas de fuego—.

          —Si su vestidura está aquí, eso significa que hemos escogido el camino bueno, jefe —se contentó el Santo de Leo.
          —Corrección, si su vestidura está aquí, significa que el Patriarca está en peligro. No hay tiempo de hablar —Observé detenidamente la situación.

 

          Si había una rasgadura pero no algo que la causara cerca, significaba solo una cosa: El Patriarca aún tenía consigo aquello que lo había atacado. Pero, ¿de dónde salió? Si ni el Patriarca pudo detener que lo atacara era un indicio de que en verdad era un peligro o de que ya está viejo y sus sentidos no funcionan a cabalidad.

          —Aruf, anda con cuidado, puede haber más de estas cosas que atacaron al Patriarca.
          —Está bien, jefe. Habrá que dividirse si lo que queremos es encontrarlo rápido. Escuche, jefe. Si lo encuentro, lanzaré un golpe de cosmos hacia el cielo. El estruendo podrá escucharlo. Si lo encuentra usted, haga lo mismo.
          —Buena idea. La tomaré como mía.

 

          Cogí la capa de nuestro padre y nos fuimos por diferentes caminos en cuanto hubiese una desviación. Acordamos que yo iría por la izquierda siempre y él por los aledaños. No era buena idea considerando que estábamos en un laberinto y alguno de los dos se iba a perder.
          Nos tomó un tiempo, pero el que lo encontró fui yo. Lo vislumbré tendido y apoyando su espalda sobre uno de los muros del laberinto. Lo revisé de cabeza a pies y su brazo apenas estaba herido. Tal parece que había podido esquivar lo que le había atacado. Palpé su herida y descubrí qué era lo que había pasado. Una flecha seguía perforando su piel, pero esta era invisible. Por las características que tenía, podía ver que era envenenamiento. ¿Una flecha envenenada? ¿Dónde habré visto tan rara técnica para destruir a tu enemigo?
          Lancé un golpe al cielo, tal como le había prometido a mi compañero de rango. Debía revisar el estado real en el que se encontraba el Patriarca. Su herida era pequeña, un raspón causado cuando la flecha rozó su piel, pero aunque solo fuera eso inicialmente, alrededor sus músculos flácidos se habían tornado de un color purpura, como el veneno de muchas especies en el planeta. Pero eso debería ser imposible.
          Su cosmos. No lo había notado hasta ese momento por haber estado pendiente de otras particularidades, pero su cosmos había descendido a casi la mitad de lo que normalmente podía sentir en él. No cualquier veneno puede causar un descenso tan radical en el cosmos.
          En aquel momento, mientras trataba de recordar cuál podía ser una de las tantas causas, fui interrumpido. El canal mental que había abierto Nadeko en momento tan inoportuno me impedía recordar con precisión lo que necesitaba saber. Peor aún con las voces de todos en mi cabeza. Mientras todos discutían como los inoportunos que eran, trataba de apurarlos. Escuché un par de veces que encontraron a Ariadne, y me alegré por solo un par de segundos. Debía estar pendiente de mi misión. Solo mencioné la situación que me tenía preocupado y obligué a la Santa de Aries a que cerrara su canal mental sobre mí.

 

          —Maldita sea, ¿dónde están los demás cuando se les necesita? —comenté enojado para mí mismo.
          —Miare…
          —¡Patriarca Haloid! No hable por favor, eso consume muchas de sus fuerzas.

          Avanzaban a paso de tortuga, pero podía escuchar sus pasos cerca de donde estaban. No había tiempo, así que regresé sobre mis pasos e informé a Mizael de lo sucedido. Solo así apresuraron su paso y observaron al Patriarca en tan deplorable estado. Si alguno esbozaba sonrisa por más pequeña que sea, iba a masacrarlo sin importar qué me dijese Athena o el Patriarca. Nadie lo hizo por suerte.
 

          —Aruf aún debe seguir ahí atrás. Te encargo el cuidado de nuestro padre. Iré a buscar la salida, porque si hay algún antídoto, debe estar cerca. Eso espero.
          —Apresúrate, nosotros te alcanzaremos más temprano que tarde. Confía en nosotros.
          —Lo siento Mizael, pero eso es algo que no puedo hacer.

          Con la velocidad sobrehumana que nos caracteriza a los Santos Dorados, recorrí cada rincón del laberinto. Tomando las cosas con prisa pude encontrar la salida pronto, pero el gran enigma ahora era solo uno. ¿Qué había envenenado al Patriarca? Saqué uno de los tres libros que siempre llevaba en mi bolso lo revisé hoja por hoja hasta encontrar una especie que prometía todo para ser válida.
          La “Cosumicus envienitus”. Esperé encontrarla en aquel campo boscoso que encontré a las afueras del laberinto. Busqué por todos los rincones posibles, pero era demasiado para yo solo. Los segundos pasaban y más me frustraba el hecho de saber que mi fallo iba a causar más que la pérdida de un líder, sino la pérdida de nuestro padre, quien siempre estuvo ahí para nosotros.


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#37 girlandlittlebuda

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Publicado 26 febrero 2018 - 21:07

Parece ser que tras ese arrogante, petulante y sarcástico Miare, hay uno que tiene su corazoncito y se preocupa por el que considera su padre.

Me pregunto que les pasaría al Patriarca y Athena.


Es curioso imaginarse a un Gold Saint como chef. Cocinará sabroso Mizael?

Supongo que el rol de Aruf de fungir como subordinado de Miare es porque es más jóven que el pisciano y al parecer es el único que lo soporta.

Resulto interesante saber sobre los pensamientos de Miare, un personaje a mi parecer bastante peculiar.

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#38 T-800

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Publicado 26 febrero 2018 - 21:42

-Nereida tiene un caracter belicoso

 

-capricornio como cocinero--esa si que fue una idea muy pragmatica

 

-Mizael--es un troll que le gusta mandar indirectas a sus camaradas

 

-al parecer el patriarca si que es estimado 


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#39 -Felipe-

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Publicado 27 febrero 2018 - 18:32

Capitulón, mis felicitaciones Sagen of Athena (nombre que, en mi modesta opinión, deberías ponerte en vez de Yl... Ylas... como sea). Quizás tiene que ver con el protagonista, que en esta ocasión es un personaje tremendamente profundo a pesar de que, en sí mismo, no muestra nada de esa profunidad. De los protas de capítulos (Cáncer, Athena, Aries, el Patriarca, etc) este es lejos el que más me ha gustado, es como una versión de fanfic (nunca mejor dicho) y extrema del clásico Afrodita. Es un pedante, arrogante, molesto, desagrable, antipático, irritante, mal compañero... un dolor en el trasero, básicamente, y el tipo con los mejores y más creativos insultos que he visto en muchísimo tiempo. Me agrada. Porque los usó en una hielina.

 

Nah, aparte de eso (de hecho, con lo poco, me gustó Nereida, a pesar de su pequeño desliz en su hasta el momento perfecto repertorio de frialdad Camuista), Miare funciona como protagonista, en especial cuando es PdV, porque si bien en esta parte uno debería ver sus verdaderos pensamientos, muy contrarios al exterior insoportable que muestra, nos encontramos con alguien que DE VERDAD es un pain in the ass. Pero con algún espacio por ahí para "apreciar" cosas, como el Patriarca o Atenea. Bien construido, porque no cayó en el cliché de "odio a todos, sin excepción", sino que es "no soporto a la gente... excepto a quien me 'educó' y la diosa a la que debo mi respeto".

 

También fue genial que mostraras otro punto de vista de la misma situación que vimos en el capítulo anterior al final, eso le da profunidad a la obra y muestra que está cuidada. Además, como siempre, la intriga es el punto fuerte, ya van siete capítulos dando vueltas por un laberinto, sin apenas avanzar, y continúa conservándose bien el misterio. Y hablando de eso, que con siete capítulos y Miare, en dos segundos, salga del Laberinto es para darle una golpiza al tipo. De hecho, eso lo hace más agradable.

 

Mi único mal sabor es Leo, pero no malentiendas. Está bien hecho, es un personaje simpático con personalidad marcada, así que no es ninguna critica hacia ti (y no encuentro ninguna, de hecho... tremendo capítulo), sino que ese "tipo de personas" tan lamebotas, es casi insoportable para mí, me molestan mucho. Pero quizás y este hace que cambie de parecer xD

 

Por ahora, me recuerda a este.

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Saludos.


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(by Placebo)


#40 ♒ Armagedon ♒

♒ Armagedon ♒

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Publicado 11 marzo 2018 - 18:10

Hola. Vengo a trollear a Sagen para que piense que le voy a comentar el fic :s46: :s46: :s46:




























Es broma. Aunque sí es verdad que no me he puesto al día, ya sabes, como terminaron mis vacaciones ironicamente ando con màs flojera que nunca, sin embargo, no cambia que cuando publicas un nuevo cap le doy una vistazo rápido, para no estar tan perdido. Después de todo, en cierta forma igual anduve involucrado un poquito con este proyecto :ninja:

Se nota que mejoras a buen ritmo con la narración. La vez que hice mi intento fue completamente desastrozo jaja, pero cuando queda bien como ahora es genial leer. Sigue así, cuando publiques el final lo leeré, si es que llega algún día :t420:

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