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Prisioneros de Mannaheim


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89 respuestas a este tema

#1 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

  • 4,451 mensajes
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Chile
Sexo:
Masculino
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Cancer

Publicado 15 diciembre 2017 - 00:04

Buenas.

Regreso a esta sección, después de un largo, muy largo, más largo de lo que esperaba... período. Esta vez lo que les presento no es nada nuevo, ¿o sí? Es un intermedio entre ambos. ¿Porqué digo eso? Me explico.

Este tema es el remake de mi anterior fic. Si no lo leyeron anteriormente, considero que no se pierden de mucho. Comparando ambas historias, me refiero. Por supuesto que le tengo un amor a ambas que nadie más que el autor puede comprender...
Luego de varios problemas que me planteé, doy a conocer esta nueva versión de mi historia.


Una cosa más.

Como podrán haber comprobado quienes seguían mi anterior fanfic, un par de capítulos los escribí en primera persona. Esta historia también será relatada en primera persona casi en su totalidad. Cada capítulo poseerá un narrador diferente, aunque bien puede uno serlo dos capítulos seguidos. Solo esa cuestión.

Por lo demás, dejo abierto el tema, sin prólogo alguno, para en un futuro no tan lejano poder dejar un índice debidamente establecido.

Ah, esperen, esperen, me olvidaba. El tiempo entre capítulo y capítulo será de dos semanas. Como adicional, y porque me da la gana, durante lo que queda del año publicaré un capítulo semanalmente. Todo ello se harán los domingos (el día puede variar según la franja horario, claro), aunque puede estar sujeto a cambios por cualquier imprevisto.


Índice:




Saludos.


Editado por Sagen of Atenas, 19 agosto 2018 - 17:21 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#2 Shiryu

Shiryu

    Miembro de honor

  • 1,249 mensajes
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Masculino
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Soria, Spain

Publicado 15 diciembre 2017 - 05:35

Suerte con tu aventura

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#3 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Souldgodiana de corazón

  • 2,250 mensajes
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Mexico
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Virgo

Publicado 15 diciembre 2017 - 12:05

Pues te deseo mucha suerte y harta inspiración para esta nueva aventura (me gusto esa frase compañero Shiryu).

Por aquí estaremos acompañándote en ella Sagen.

Saludos.

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"Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final"


#4 Jápeto

Jápeto

    No importa el color del cielo. Quien hace el día bonito eres tú

  • 6,305 mensajes
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Tauro

Publicado 15 diciembre 2017 - 22:03

Deseo buena suerte en el fanfic y me interesa 


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#5 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 14,405 mensajes
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Sexo:
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Cancer

Publicado 15 diciembre 2017 - 22:07

Mucha suerte en este nuevo remake


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B AZ  Fic terminado

 

Multiverso Zodiacal: Fic terminado

 

 


#6 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

  • 4,451 mensajes
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Chile
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 17 diciembre 2017 - 10:22

Lo prometido es lo prometido. Tal como dije que esto iniciaba el 17, acá está el primer capítulo. 
Una cosa. Este fanfic no tiene prólogo. Quizá los dos primeros capítulos actúan como tal, pero realmente no lo son. 
Sin más dudas que aclarar, aquí está.
En el título del capítulo se colocará el nombre del narrador. Por si acaso...
 
 
 

ARCO DEL DÍA PRIMO
I – Shiou. Érase… ¿un día normal?

 

 

“Nosotros somos prisioneros. Prisioneros de un mundo el cual olvidó nuestra existencia hace tiempo, prisioneros de nuestro propio deseo de aceptación, prisioneros de un lugar que realmente no existe, prisioneros de Mannaheim”.

 

 

 

 
          Antes de pensar en mi actual situación, creo conveniente rememorar qué fue lo que pasó hasta llegar a este punto. Aún se me es confuso de interpretar en su integridad, pero trataré de hacerlo para así buscar una solución a nuestro predicamento.
          Hace algunas horas —y digo horas en lugar de días porque mi cuerpo lo presiente. Presiente que no ha pasado mucho desde aquel entonces— yo me había reunido junto a los demás dorados con el Patriarca y la joven Ariadne en el templo de Athena, aquel templo que se encuentra más allá de las Doce Casas. Tenía que ir pues era mi obligación asistir. En aquella reunión no se habló casi nada fuera de lo común, siendo lo más interesante que hubo la repartición de las misiones. Contrabandistas, indicios de guerra, ajustes de cuentas que tenían los dueños del Bajo Mundo… Pero aparte de ello, nada interesante.
          Cuando culminó aquella reunión, aproximadamente unos cuarenta y cinco minutos más tarde, el Patriarca me pidió personalmente que me quedase un rato más ya que tenía que conversar conmigo. Como un Santo Dorado y, aún más, como alumno suyo no podía ignorarlo. Ignorarlo sería considerado una falta de respeto, así que me acerqué a él.

 

          —Shiou, no he querido revelarlo en la reunión, pero he estado en Star Hill últimamente. Aquel lugar en donde como únicos invitados son Athena y el Patriarca tal como las reglas dictan —hizo una pausa algo prolongada para mi gusto—. Las estrellas nos auguran un futuro muy incierto.
 
          Se le notaba serio, más de lo normal, aunque no podía verle el rostro gracias al áurico casco distintivo que portaba el líder de los atenienses. Su forma de hablar me lo decía todo. Tras más de dos décadas siendo su discípulo había aprendido a comprender mucho acerca del Patriarca Haloid, pero por más que pensaba que lo había conseguido, siempre tenía un aura de misterio que rodeaba sus palabras.
 
          —¿Pasó algo que le asegure ello? —pregunté con curiosidad.
 
          Sabía que si Star Hill le revelaba algo a mi maestro era de gran importancia. Muchas Guerras Santas en el pasado habían sido advertidas gracias a la lectura de estrellas que únicamente podían saber el Pontífice del Santuario y unos cuantos allegados más. Después de todo,  pocos eran los escogidos para visitar dicho sacro lugar a miles de metros sobre el nivel del mar, tan solo siendo superado en altura por el imponente Monte Olimpo en Grecia.
 
          —Nada más que un ligero presentimiento, es por ello que no lo mencioné en la reunión. Sin embargo, me resulta extraño. Es un peligro inminente el cual, ciertamente, oculta entre las sombras su verdadera magnitud bajo una capa de incertidumbre.
          —Entonces, si solo son supuestos, ¿cuál fue la razón para que me llame?
          —Es algo simple, Shiou. Dudo que, si el peligro inminente que enfrentamos resulte ser una Guerra Santa, yo sobreviva. Así que quiero que seas un mediador, el encargado de ceder el puesto que actualmente ocupo a alguien que creas capaz de llevar el Santuario bajo sus hombros y que los lleve a una próspera victoria.
          —Maestro… No diga eso, sé que usted sobrevivirá a cualquier adversidad que tenga enfrente.
          —Con mis largos cincuenta y seis años de vida dudo que pueda ser tan veloz y fuerte como en antaño, como cuando sucedió… ya sabes.
 
          El ambiente era tenso.
          Un cosmos cálido se acercó a nosotros dos. Este solo podía provenir de una sola persona: Ariadne. Una bellísima joven de cerúleo cabello y una tez clara como si de nieve estuviese hecha. La joven reencarnación de Athena quien apenas hace poco más de quince años descendió nuevamente a nuestro mundo. A pesar de su corta edad cargaba con las responsabilidades conferidas como diosa, las cuales afrontaba con la sorprendente sabiduría que fue potenciada gracias a sus dos hábiles consejeros.
 
          —Haloid, ¿hay algún problema? Si es así, quiero que me lo cuentes.
 
          Como muchas personas a su edad, ella era impulsiva. Quiero decir, sus impulsos de ayudar a los demás eran grandes, más que los de cualquier otro en el Santuario, incluyéndome. Sin embargo, gracias a esta impulsividad muchas veces se nublaba por completo y su juicio era parcialmente erróneo, a mi parecer.
 
          —Nada, señorita Ariadne. Un simple presentimiento, pero eso es todo.
 
          El Patriarca hizo una venia antes de retirarse —esa era nuestra forma de expresarle respeto a la señorita—. Volvió caminando lentamente a sus aposentos, los cuales se encontraban dentro del templo en el cual había sido la reunión.
 
          —Shiou, ¿me dirás qué es lo que estabas hablando con tu maestro? —me preguntó, el ansia la devoraba por dentro
          —Ya se lo dijo, no era nada que le deba preocupar en este momento. Vaya a descansar mejor, señorita.
          —Shiou, sé bien que ocultas algo. Lo veo en tu mirada.
 
          Su mirada era penetrante, aunque no me afectaba. Ver miles de almas pasar cerca de mí cada vez que visitaba el Yomotsu por tanto tiempo me había conferido una especie de habilidad. Con un término más preciso diría que me confirió la capacidad de no inmutarme por nada que suceda frente a mis ojos.
 
          —¿No tienes nada mejor que hacer que molestar a tu pobre consejero?
          —No.
 
          Era común que yo mantenga ese tipo de conversaciones informales con ella, cosa que no estaría bien vista a ojos de otros que no supiesen de nuestra relación de tutor-tutelada. Aun así, me lastimó su sinceridad. Se le notaba aburrida y no era de extrañar, pues poco había que hacer en este Santuario vacío.
 
          —¿Quieres que llame a Tiana de tu parte?
          —Sí. Así mi aburrida vida no sería tan… aburrida.
          —Bueno, te veo mañana.
 
          Me despedí rápidamente de ella y bajé templo por templo hasta llegar al de Tiana. Ella es la Santa Dorada de Virgo y como tal, estaba defendiendo la sexta casa del Santuario. Siendo tan frágil y amable, muchos se extrañarían al enterarse que dicha muchacha perteneciese a la Élite Ateniense. Ella, por más que quien lo dijese le conozca desde hace varios años, era considerada como la más débil entre nosotros los dorados.
          Cuando llegué al Templo de la Doncella, la encontré en su habitación, ubicada en la parte posterior del templo a un costado de este. Había dejado la puerta entreabierta dejando una ligera franja de visión. Tratando de que no note mi inesperada visita, observé silenciosamente lo que hacía. Ella estaba concentrando su cosmos en una esfera aural dorada que mantenía prisionera en su mano derecha.
 
          —Tiana.
 
          Fui repentino y lo sé. En dicho momento, ella se asustó dada mi inesperada voz. Y la esfera de cosmos se desestabilizó hasta explotar. El poder de aquella explosión fue pequeño, pero la energía que emitió desordenó, casi por completo, la pequeña habitación.
 
          —Shi-Shiou, ¿Qué haces aquí? Pensé que habías vuelto a Cáncer —se escuchaba nerviosa, desconozco el motivo de ello.
          —Aún no lo había hecho… estaba con Ariadne y el Patriarca… conversando… A propósito… Ariadne me pidió que te llamase...
          —Voy en un momento. Gra-gracias por venir.
 
          Su voz era tan tenue, casi como si murmurara cada vez que hablaba conmigo. A propósito, es cierto también que nunca le he oído levantar la voz a nadie. Es extraño, sabiendo que ella entrenó en las más duras pruebas encomendadas por el Patriarca, quien precisamente no destaca por su bondad —a lo que me refiero es en el momento de enseñarle a alguien, no en la cotidianeidad—. Tan solo decir que su forma de ser tan delicada difería de nosotros por mucho, es un aspecto que remarcaba sus diferencias con los demás once. Eso, pese a hacerla extraña en cierto sentido, también la hacía bella.
          Como seguía recordando. Luego de que abandoné Virgo, me enfrasqué en mis pensamientos en la pequeña alcoba subterránea de mi templo que apenas había amueblado con un escritorio de madera que adquirí en la aldea contigua al Santuario, Rodorio. Además de una serie de velas que alumbraban lo suficiente como para leer cómodamente, aunque sea por un momento muy breve. No importaba si en ese momento hubiera amenaza alguna que osara enfrentarnos a nosotros doce para llegar al Templo de Athena, yo confiaba en la habilidad telepática de la Santa de Aries para que nos advierta en caso de algún peligro que se acercase.
          Me quedé dormido. Con esas tres simples palabras describiría lo que pasó a continuación sin necesidad de extenderme con nimiedades de si moví mi almohada de un lado a otro o si la vela incendió mi escritorio… cosa que no sucedió.
          Repentinamente me desperté sin saber la hora en que lo hacía. No fue pura casualidad, fue un instinto. Tal como me había mencionado el Patriarca, sentí un peligro acercándose rápidamente. De un momento a otro, el Santuario completo se rodeó de un ofensivo cosmos gigantesco. Como puedo ver ahora, ese fue el preludio de algo aún más grande.
          Cuando me di cuenta, estábamos todos encerrados en una habitación completamente blanca. Por más que moviera mis brazos de un lado a otro no podía verlos, aunque sabía que se encontraban justo frente a mis ojos. Entonces entendí lo que pasó. No estábamos precisamente en una habitación blanca, sino que nuestros ojos habían sido impedidos de ver más que ese vacío infinito. Blanco. Siempre he pensado que es interesante que pese a ser antónimos, tanto blanco como negro sean metafóricamente usados para una situación en común, el vacío... Despierta Shiou, sigue recordando.
 
          —¿Dónde esto…? —Me permití interrumpirme para hace una ligera corrección—. Quiero decir, ¿dónde estamos?
 
          No me encontraba solo. Sentía que los cosmos de mis compañeros se encontraban cerca de mí.
 
          —Mannaheim… Mannaheim… Mannaheim…
 
          Una voz resonaba en mi mente, no era Nadeko, es más, no era la voz de una mujer, sino la de un hombre joven que tenía un tono intermedio entre ser aguda y grave que se acercaba a la perfección, según mi parecer. Repetía esa misma palabra con una intensidad distinta en cada ocasión, sin olvidarse del ligero tono sarcástico que poseía. En ese momento me planteé que era más que posible que fuese la voz de quien nos había dejado en esta situación.
          En aquel momento se agudizaron mis demás sentidos. “Al perder uno, los demás se hacen más precisos”, eso es lo que siempre se dice de las personas que sufren discapacidad en alguno de los cinco principales sentidos que se considera que poseen las personas. Estábamos rodeados de un campo de hierba, eso es lo que me decía el inconfundible, y odioso, aroma a césped cortado. Era una suposición sin más base que esa, pero estaba completamente seguro de dicha afirmación.
          El problema de qué nos rodeaba pasó a un segundo plano cuando la voz que nos repetía el mismo nombre se silenció y al mismo tiempo nuestra vista recuperaba la capacidad de observar los vívidos colores que todos los días pasábamos casi por alto.
          Giré mi cabeza de un lado a otro. Mis compañeros formaban una especie de circunferencia cuyo punto central era Ariadne. Siendo tan solo una curiosidad o quizás algo premeditado, era, en cierto punto, gracioso ver cómo, incluso estando cegados, nuestra voluntad nos pedía y exigía cumplir nuestra promesa. Aquella promesa de lealtad y fidelidad que sellamos con el juramento pronunciado al momento de asumir nuestra posición como Santos de Athena.
 
          —¡¿Chicos, están bien?! —gritó preocupada nuestra diosa.
 
          Todos asentimos con un gesto de confianza, y quizá una pizca de vanidad, en nuestro rostro. Estábamos preparados para cualquier cosa que se avecine, ya sea un ejército entero o un dios con un espíritu asesino indomable, nada podía detenernos en ese momento.
          En apenas un parpadeo Athena estuvo en peligro. En un momento en que nos confiamos, una sombra extraña se acercó a ella. Había ocultado su presencia, su cosmos, su instinto asesino.
 
          —¡Ahhh!
 
          Tan pronto como escuchamos el agudo grito de la señorita, desviamos la mirada hacia donde estaba ella. Era presa de un raro muchacho cuya apariencia no le confería más de treinta años. Le llevaba al menos una cabeza y media de diferencia, por lo cual le era más sencillo sujetar la afilada hoja de su arma contra el cuello de Ariadne. Tanto su pelo enmarañado —que si no estoy mal de la vista, era de un color guinda intenso—, como su gran sonrisa burlona me inspiraban desconfianza. Eso sin contar la túnica blanca con hombreras doradas encima de esta y en medio de ambos, una capa azul marino. Era una vestimenta muy particular para ser alguien cualquiera.
 
          —Bienvenidos, Santos de Athena. Me alegro que hayan llegado sanos y salvos a este lugar. Mi querido paraíso.
 
          En aquel momento lo comprobé. Era la misma voz que hacía unos momentos nos había repetido una y otra vez el término “Mannaheim”. Estaba más que seguro que este era el individuo que nos había trasladado del Santuario a este lugar. Nuestro enemigo estaba frente a nuestras narices.
          Silenciaba a Ariadne con la típica onomatopeya “shhh”, mientras su dedo jugueteaba con los delicados labios de la Señorita. Con su otra mano seguía amenazando con hacer más de un profundo corte al cuello de la señorita. Estábamos seguros de que si dábamos un paso en falso, el ente no dudaría en asesinarla. Debíamos evitar ese futuro a toda costa.
 
          —Aléjate de Athena —exclamamos—. Mata a cualquiera de nosotros antes que a ella.
 
          Quizás para suerte nuestra, ni nosotros ni nuestra diosa morimos en aquel momento.
          Tal como cuando apareció, su instinto asesino y él mismo se desvaneció en el ambiente, liberando a la cautiva Ariadne de sus garras.
          Nos elevamos unos centímetros del suelo, tal como si voláramos con el polvo de hadas que aparecía en el cuento de Peter Pan. Estábamos desconcertados flotando sin saber cómo era que lo hacíamos. De un momento a otro fuimos transportados a otra parte de aquel misterioso lugar. Allí se encontraban desmayados otros de los nuestros, aproximadamente unos cincuenta, desmayados en la hierba.
          Aquel que había amenazado a Athena hacía apenas unos instantes, volvió a aparecer, esta vez frente a todos y proyectándose como una figura enorme. Aun estando inconscientes, el ente manipuló a nuestros compañeros como si fueran simples marionetas, y cada uno de ellos abrió los ojos pese a que su mente estaba no habida. Lo comprobé en ese momento: éramos simples juguetes para ese ser que nos mantenía prisioneros.
 
          —Ahora que están todos reunidos, veo la oportunidad perfecta de presentarme. Soy un dios, una deidad, como quieran llamarme. Mi nombre es sinónimo de traición y engaño. Quizás con ello ya se den una pista de quien les está hablando.
          —Loki… —mencionó Dreud, otro Santo Dorado.
          —Bien, atenienses… Se nota que han hecho bien su tarea. Ahora, tristes humanos, les contaré qué es lo que deben hacer para poder librarse de mí. Simplemente quisieran seguir su vida, ¿no? Simplemente quieren olvidar mi presencia, ¿no? Pues no les será fácil hacerlo. Quiero que superen… ciertos obstáculos. 
          —¿Nos has traído hasta aquí únicamente por capricho tuyo? —preguntó el Patriarca.
          —Calla anciano. Continuaré. Antes de doce días, ustedes deberán llegar a Yggdrassil. Desde aquí no es visible, pero conforme vayan avanzando, sucia escoria, lo verán. Es un magnificente…
          —…árbol —interrumpió Dreud.
          —¡Silencio! Si alguien me interrumpe una vez más, ninguno de ustedes saldrá de esta parte Mannaheim. ¡Oh Mannaheim! Es mi bellísima creación. Una tierra maravillosa cuya existencia es desconocida para los inmundos humanos y cuyo tiempo y espacio es manipulado a mi inesperado antojo. Esta será su prisión. ¡Que el juego comience!
 
          Cuando terminó de pronunciar aquel último sinsentido, la presencia de Loki desapareció y es aquí donde me encuentro ahora, recordando lo que nos sucedió este día. Voy a reunirme con mis compañeros ahora a discutir sobre nuestra actual situación y planear qué es lo que debemos hacer para salir de esta situación.         


Editado por Orihara Izaya, 17 diciembre 2017 - 14:31 .

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#7 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 17 diciembre 2017 - 15:05

-¿De que signo es Shiou?

 

-me pregunto si Ariadne  sera igual de caprichosa que saori cuando era niña

 

-no me esperaba que la Santa Dorada de Virgo fuese considerada la mas debil

 

-¿Que es el Mannaheim?

 

-Para mi que Loki es fans de la saga saw--XD


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B AZ  Fic terminado

 

Multiverso Zodiacal: Fic terminado

 

 


#8 Jápeto

Jápeto

    No importa el color del cielo. Quien hace el día bonito eres tú

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Publicado 18 diciembre 2017 - 11:51

Me sorprendido bastante y me esta bastante interesante la trama. Los personajes se ven me gustaron


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#9 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Souldgodiana de corazón

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Publicado 20 diciembre 2017 - 22:50

-¿De que signo es Shiou?

-no me esperaba que la Santa Dorada de Virgo fuese considerada la mas debil


No soy el autor (perdón por responder por ti Sagen), pero por lo que entendí Shiou es del signo Cáncer.

Y nada es lo que parece, al menos creo que ese será el caso de la Santa de Virgo.

Pasó ahora a agradecerte y reconocerte Sagen que cumpliste tu promesa, tenemos remake de tu fic y estas publicando como lo acordaste.

Se nota que este capitulo está más trabajado en todos los aspectos. Nos brindaste una idea sobre que tratará la historia, presentaste muy bien y de un forma concreta a los personajes y nos dejaste con la expectativa de que seguirá.

Lo que más me gustó es que retomaste esa relación de confianza que tiene Athena con sus santos, al menos eso parece ser con Shiou y Tiana.

Sobre Ariadne, pienso que más que impulsiva ella exigió (como diosa que es) que no se le oculte nada. Bueno si yo estuviera en su caso pensaria que ese par está confabulándose sobre algo. No sé, que se van a ir de parranda y no me quieren llevar ^^.

Es broma esto último.

Muy bien Sagen.

Desconozco si ya andes de vacaciones y si leas mi mensaje en estos días. Pese a ello, me permito que desearte que disfrutes de estos días en compañía de tus seres queridos.

Feliz Navidad!

ZVUEAsd.jpg?1

 

"Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final"


#10 ♒ Armagedon ♒

♒ Armagedon ♒

    Miembro de honor

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Publicado 21 diciembre 2017 - 18:43

Bueno, bueno. Antes que nada, comenzaré felicitándote nuevamente por seguir con este fic, de darle forma a tus ideas. Esta vez mejor pensado. Un remake. Veremos hasta dónde llegas y si lo terminas o no.

El primer capitulo es una introducción. Por lo tanto, no tengo algo novedoso que comentarte. Nos revela de qué va la trama junto con algunos personajes que supongo poco a poco comenzaras a profundizar en ellos. Ariadne es la diosa inexperta pero gentil, Shiou un agradable sujeto que cumple con su rol de Santo, Haloid el viejo, la que causa más curiosidad es Tiana con su personalidad fragil que alguna razón tendrá. :ninja:

 

Loki no más que hasta el momento, al igual que la versión anterior, da la impresión de ser un villano genérico, algo así como "kukuku, soy bien malo" claro, esto recién comienza. Buena suerte, Sagen. Estaré leyendo y comentaré cuando se me quite la flojera. 

 

Saludos.


       cF7i0x0.png                  




#11 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Cancer

Publicado 24 diciembre 2017 - 11:52

Buenas!

Espero que estén pasando bien este tiempo de fiestas, nada de excesos entre mis lectores y visitantes. 

Aunque si es exceso de lectura de mi fic para hacer teorías de conspiraciones...  No, nada de excesos, aunque me gustaría una tesis doctoral analizándola... Que no, ya dije que nada de excesos.

 

Dentro del spoiler están las respuestas a los comentarios del anterior capítulo.

 

Spoiler

 

ARCO  DEL  DÍA  PRIMO
II – Haloid. La convicción de Athena. 
 
“…defendimos al planeta más de una vez… Y lo volveremos a hacer…”
 
 
 
 
          En este día recordamos lo que era oponerse abiertamente a un opresor. Loki era eso, un opresor. Manteniéndonos prisioneros no me permitía tener otra concepción acerca de su actuar. Esto es lo que quería desde un comienzo: quería apresarnos, pero… ¿para qué? ¿Para qué haría semejante esfuerzo siendo nosotros simple escoria para él? Sé bien que no soy yo quien deberá darles respuesta a dichas interrogantes sino el tiempo, quien es más sabio que mi persona en la relativamente larga y efímera vida que se me ha concedido. 
 
          —Patriarca.
 
          Una dulce voz me llamaba. La había escuchado antes miles de veces, pues fue una de las muchas a quien crie, aunque la única con la que necesité algo de ayuda. Aquella que entre caprichos y travesuras logró ganarse un espacio en mi no tan frio corazón. Ariadne me estaba llamando casi insistentemente y, de no ser por su casi angelical voz, me hubiese perdido entre los pensamientos que uno por uno llegaban al pensar acerca de la situación en la que nos encontrábamos.  
 
          —Vamos, padre Haloid. Vayamos con Shiou y los demás. Es importante.
 
          Es raro. Siempre tenía un extraño sentimiento cuando alguien me llamaba así: padre. Aún, después de más de diez años no he podido acostumbrarme. Ella no es la única en llamarme así, después de todo, tanto Mizael como Nadeko y los demás, en un peculiar sentido, también lo hacían. Pero la Señorita era diferente. He de suponer que mi extrañeza provenía de sus orígenes místicos, siendo yo un simple vasallo suyo. Sentí como la limitada fuerza de Ariadne trataba de jalarme de la mano para obligarme a acompañarla —sin lograr algún resultado visible—. Con una sonrisa en el rostro, mi cabeza respondió a su comentario con un sí silencioso. Al menos, dándole una respuesta —por más monosílabo que sea—, ella se mantuvo más tranquila.
          Valiéndose de sus Cajas de Pandora como asientos y habiéndose apartado de aquel pseudocementerio que se había formado, ellos doce conciliaron el hacer una reunión, como aquellas que se celebraban en el Templo de Athena. Dispusieron de tal forma sus Cajas que estas formaban una circunferencia. Supuse que por dicha distribución, tanto yo como Ariadne estaríamos situados en el centro del círculo. 
          Tras unos contables diez pasos que Ariadne dio hacia donde se reunieron los doce Santos Dorados, dos de ellos se pusieron de pie. Nadeko y Aiza se acercaron a ella y, moviendo sus dos Pandoras doradas, las dejaron en medio, justo donde nosotros debíamos estar. Antes de sentarse, ellos dos con una impresionante gentileza nos invitaron a tomar asiento. Ambos procedieron a sentarse sobre el oscuro pasto sin queja alguna. Hasta que nos sentamos, ninguno de ellos doce dijo palabra alguna. Quizás era porque no querían hacer obvias las infantiles grescas que, ilusamente, trataban de mantener en secreto y que desde hacía tiempo conocía sin falta de detalles. 
 
          —Comencemos con la reunión. Joven Consejero del Santuario, de una opinión al respecto.  
 
          Quizás estaba condenando a Shiou dado a que era el único al que le había revelado los augurios que me confirieron las estrellas. Quizás es contradictorio que me diga eso cuando quiero escuchar una opinión sincera de él. Una evaluación a su definición de justicia no sería salirme del tema que nos apremia, ya que, después de todo quien me seguirá…
 
          —Su Santidad, ¿de qué quiere opinión mía? ¿De nuestra situación? ¿Que nosotros no seamos los únicos? —Comenzó así, sin dejarme continuar con mis pensamientos propios—. Bueno, estamos cautivos y tenemos doce días para liberarnos. No conocemos ninguno de los obstáculos que podamos encontrar, ni tampoco su peligrosidad. Tenemos con nosotros, aparte de ustedes dos, Señorita, Su Ilustrísima, a Santos de Plata y a un puñado de Bronce. Lo más probable es que mueran muchos. Probable… No, la palabra que buscaría sería: seguro. ¿Prosigo?
 
          A mi ver, es un resumen casi preciso de lo que él consideraba como incertidumbre. Estaba de acuerdo con lo que decía, había pensado en muchos factores que influirían en las próximas dos semanas. Aun así le faltaba algo, muy importante por cierto: un ápice de humanidad. Decía todo tan fríamente que pareciese hablar de cifras únicamente, como si fuese la tasa de mortalidad de un país o el resultado de una encuesta de la televisión. A veces pensaba que él olvidaba que detrás de cada uno de esos números había una persona, única como podía serlo. No había cambiado en nada ese aspecto desde el día en que culminó su entrenamiento. 
 
          —Prosigue —es lo único que atiné a decirle.
          —Bien. Hay algo que aún no me convence para nada y es Yggdrassil. Lo más probable es que ese no sea un punto de llegada donde acabe nuestra travesía, sino el inicio de nuestros verdaderos problemas. Siento que con el Dios del Engaño en nuestra contra, no sería ilógico pensar que nuestra meta sea pacífica. Eso es todo lo que puedo decir sin temor de equivocarme. 
 
          Como siempre, sus deducciones son acertadas. Me impresiona el hecho de que antes de poder llamarse a sí mismo un adulto, él había conseguido desarrollar una gran habilidad que lo hacía capaz de percibir en las palabras lo que otros no podían con mucho esfuerzo. Pensaba de igual manera. ¿Por qué Loki se tomó la molestia de incluirnos en este mundo etéreo si solo debíamos llegar a un lugar determinado? Había piezas que faltaban en el rompecabezas.
 
          —Shiou —hice una pausa—. Gracias.
          —Una duda, una duda.
 
          Apresurada como siempre, y con un ligero tono de inocencia, la Santa Dorada guardiana del primer templo, Aries, intervino. 
          
          —¿Qué haremos con los demás? Ya saben, quienes están inconscientes. 
          —Los llevaremos con nosotros —Ariadne tomó el mando en la discusión. 
 
          Ella no vaciló en su decisión, y dijo de tal forma que pareció un acto reflejo. Su respuesta fue cortante y, dada su categoría de diosa, era irrefutable. 
 
          —Ellos son nuestros preciados compañeros. Ahora solo debemos explicarles la situación en la que nos encontramos y estoy super segura de que ellos nos apoyaran en nuestra travesía.
 
          En su rostro sonriente se nota su convencimiento. Ella está completamente segura de que sus súbditos atenienses tendrán la misma respuesta que nosotros. En mis años como Patriarca he conocido a varias clases de Santos, entre ellos a quienes no dudarían en abandonar a su “diosa” en un momento de dificultad. No tenían malas intenciones, pero sí un terrible miedo a la muerte. Creo que criamos a Ariadne en un entorno casi alejado de la cruda realidad y ese es el problema de su exceso de esperanzas.
 
          —¿Por qué deberíamos traerles con nosotros? Van a ser unos estorbos —comentaba el Santo de Piscis.
 
          El guardián del duodécimo templo, Miare, siempre se comportaba así. Petulante y con el ego por las nubes, así es como lo describen sus compañeros. Esa forma de ser tan peculiar lo convertía automáticamente en el enemigo público número uno del Santuario. Asimismo era uno de los causantes de la polarización de los Santos Dorados. El otro, por supuesto, era aquel a quien consideraba su más grande némesis, su mayor adversario, Shiou. Entre ellos dos perturbaban la tranquilidad del Santuario con cada roce. 
 
          —¿Acaso lo dices en serio, Miare? Ya escuchaste a Ariadne.
 
          Nadeko cambiaba de un momento a otro su personalidad risueña a una en la que se notaba claramente un temperamento totalmente diferente. Ella era una de los pocos que se mantenían neutrales en esa “guerra civil” que se daba el Santuario, pero era más que claro que no se llevaba bien con el Santo de Piscis. Su actitud le molestaba desde que le conoció y siempre se mantuvo en esa postura hasta hoy en día.
 
          —Ya lo dije, tonta. Solo pienso decirlo una, y solo una vez más. Ellos nos van a retrasar. Muchos de ellos ni siquiera han peleado contra un enemigo de verdad, nunca han sentido el estar en la delgada línea entre la victoria y la muerte.
          —Eso no tiene nada que ver. De no ser por sus ridículas trifulcas tú estarías en la misma situación, maldito idiota —respondió Nadeko.
          —Eh-eh tran-tranquilos chicos. No es mo-mo-momento de pelear entre no-nosotros. 
 
          Tiana intervino, con su voz temblorosa, siendo tímida como siempre. No gustaba de hablar en público, o de discutir con otras personas. El miedo que sentía por dentro, no era impedimento para tratar que sus compañeros evitasen de pelear, y, por muy extraño que suene, pese a las constantes injurias pronunciadas por Miare, era la única capaz de detener a la egocéntrica bestia. 
          Ambos se calmaron. 
 
          —Vayámonos, pronto. Quiero desintegrar a Miare apenas volvamos a dar un paso dentro del Santuario.
 
          Sin terminar la reunión aún, Nadeko se puso de pie, se sacudió ligeramente el polvo que se había adherido a su pantalón y se marchó en dirección a donde estaban los demás. No dijo ni una sola palabra más hasta que desapareció de nuestra vista pero en su forma de caminar se notaba que su enojo interno iba fluctuando. Ella era temible cuando se enfadaba y ni yo, siendo el Patriarca, puedo ayudarle. Me lamento por dentro, pero no tenía otra opción, yo no era precisamente el más indicado para calmar a una persona.
          La reunión continuó sin ella, pero no ocurrió nada significativo. Se resolvieron un par de dudas más pero eso fue todo. Volvimos a donde se encontraban los nuestros. Aún había algunos inconscientes, pero otros se encontraban somnolientos, quienes apenas estiraban sus brazos o se sobaban los ojos, como si despertaran de un plácido sueño. Nadeko se encontraba con ellos, pero estaba sentada cerca de un Santo de Plata, por supuesto no llevaba su armadura, pero yo le reconocí personalmente. Ella se encontraba hincando con su dedo índice el adormilado rostro de su alumno.
 
          —Nadeko —tan solo la llamaba.
          —Perdone por retirarme, Patriarca Haloid… Es solo que no soporto a Miare. Y la ira y el enojo salen por si solos… Es una sensación increíble… mala, pero increíble… 
          —¿Ya te encuentras más tranquila? —pregunté. 
          —Sí. No fue nada. Prosiga y réstele importancia a mis actos. No asesinaré a Miare, descuide, al menos no por ahora. Ariadne necesita toda la ayuda posible para superar este obstáculo y con él fuera, solo seremos doce. Aunque yo y todo el Santuario le odiemos, es necesario. Es raro ser contradictoria conmigo mismo, pero sé que debo priorizar nuestros deseos de victoria en momentos como este.
          —Nadeko…
 
          No podía decir nada más que su nombre. Ella estaba sacrificando su propio ego, su orgullo como Santa con cada insulto que recibiría de ahora en adelante, todo para que salgamos victoriosos ante Loki. Pensaba en los demás antes que en ella misma, eso no era nada nuevo. Colocaba cada carga sobre su espalda y con una sonrisa aceptaba llevarla sin pensar mucho en la repercusión que podría tener. Simplemente me sorprendía como podía cargar con todo eso a su corta edad —seguía pensando que tenían una corta edad, pero lo cierto es que la mayoría ya había llegado al cuarto de siglo o al menos se acercaba.
          Mientras me encontraba conversando con ella, todos y cada uno de los que se encontraban regados por el suelo despertaron a un ritmo no constante, incluso el alumno de Nadeko, al cual ella no dejo de fastidiar en la amplitud de nuestra conversación. Él se quedó viendo a su maestra, con la misma conciencia que si hubiese continuado durmiendo. Sus ojos están adormilados y apenas puede comprender qué es lo que se supone que está haciendo su dichosa maestra.
          Pasaron un par de horas antes de que hiciésemos algo. En todo ese tiempo, pusimos al tanto de la situación a todos y nos preparamos para dar inicio a nuestra aventura. Con Pandora Box en hombros avanzaron paso a paso. Nos abrimos camino entre el campo de hierba sin mantener un destino fijo. Loki ya nos lo había mencionado, nuestro destino era Yggdrasil, el fresno del universo, pero que desde nuestra ubicación actual ni siquiera podríamos vislumbrar las hojas correspondientes a aquel magnificente árbol.
          Fue entonces que volvió a aparecer frente a nosotros, con amplia y burlona sonrisa incluida. Extendía su mano, como si hiciésemos un pacto con él dado que aceptamos su pequeño jueguecito tan fácilmente. 
 
          —Así que... Athena, ¿aceptarás lo que te propongo o me veré forzado a asesinarlos de las más horrendas, espantosas e inimaginables formas posibles? Tú decide, es su futuro o el tuyo.
          —Piensas matarme de todos modos, ¿no es así? Entonces prefiero poner mi vida en riesgo antes que la de ellos, es mi culpa haber nacido como Diosa, pero no la de ellos por haberme seguido. Ellos deben salvarse, no yo.
 
          Esa respuesta que pronunció con sus delicados labios cargaba consigo una firme convicción. Ella siempre, a pesar de los múltiples caprichos y berrinches que hacía, anteponía la vida de los demás antes que la de ella misma. Yo me encontraba simplemente fascinado pues no debía ser para nada fácil asumir tal responsabilidad al enfrentarse a otra deidad cara a cara.  
          
          —Con que esa es tu decisión, ¿no, Diosa de la Sabiduría? Lamento no poder ser leal a mis más primitivos impulsos, pero prefiero que seas partícipe de mi juego por un tiempo más prolongado. Después de todo, ¿qué motivación tendrían los peones sabiendo que dejaron morir a su reina? Con el cruel y hermoso sentimiento de saber que fracasaron en la más simple de sus misiones: defender a aquella a la que juraron proteger... De esa manera no me van a servir de entretenimiento...
 
          Parece irreal que Loki, siendo un ser infame y detestable, tuviese tales principios que se negase a incumplir. Lógica alguna no puede aplicársele a este ente que nos mantiene atrapados en su mundo de fantasía. Es quien mantiene viva a Ariadne con la inhumana promesa de que ella le proporcione la diversión que sus peones le puedan ofrecer. En cualquier momento ella correrá peligro... Y no por un enemigo... Sino por nosotros... Quienes la protegemos.
          Extendió su dedo índice hacia otra dirección. Este se ocultaba entre innumerables mantos blancos y apenas pudo mostrarla sin antes caer en el ridículo de perderse en ese mar níveo.  Podía percibirse que mantenía con estricto cuidado sus manos, las cuales, para ser de un dios, se veían suaves pero, a su vez, toscas.
 
          —He ahí la dirección en la que se encuentra Yggdrassil. El tiempo ya ha empezado a caminar. Muerte.
 
          Se desvaneció en el aire convirtiéndose partículas doradas que se dispersaron por doquier mientras reía. Su risa no es la de una persona común, sino que se asemeja más a la de un loco psicópata atrapado en un manicomio. No en uno común, sino en el de mayor seguridad, con miles de trampas rodeándolo para impedir que siquiera de un paso fuera de su celda. Una especie de Joker, con la única diferencia de que él solo existía en la ficción. Fue solo un pensamiento que pasó por mi mente, pero quizás era lo que más se acercaba a nuestra situación.
          Sabiendo donde se encontraba nuestro destino partimos sin demora. Estaba seguro que cada uno de los que acompañaba a la Señorita se preguntaba si estaba haciendo lo correcto. Si podrían vivir a sabiendas de que aquella preciosa joven, que —casi— siempre había sido amable y gentil con nosotros, moría por culpa nuestra. 
          Aquel es un destino que debemos evitar a toda costa. No importa si muero o no… no importa si morimos la mayoría o no, Athena debe salir triunfal de esta prisión demencial llamada Mannaheim, porque ella es nuestra diosa, la luz que protegerá a este mundo corrupto por la oscuridad y los males.  

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#12 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 24 diciembre 2017 - 12:34

Qué genial es poder leer esto desde el principio, bien fresco, hace tiempo que quería leer una buena y cuidada historia, y con dos capítulos queda claro que esto lo representa.

 

Vamos a lo más básico, la parte gramatical es casi impecable, muy ordenado, pulcro, sin fallas notorias. Aunque, honestamente, no podría esperar menos de UNN Sagen que lleva sus buenos tiempos escribiendo.

 

Luego tenemos la historia, sin prólogo, pues nos pone desde el principio en medio de la acción, un caos donde nadie sabe nada; un misterio ancestral de un Loki que (al fin) parece Loki, a diferencia del parcito que ya tenemos en la franquicia, un peón enojón y un malo maloso estándar.

Lo mejor en este punto, aparte del aura de misterio muy interesante que lo rodea, es justamente lo que lo hace misterioso: la perspectiva de un protagonista. Sé lo que es eso, centrarse en un solo personaje que cuenta lo que ve, incapaz de meterse en los zapatos de aquellos con quienes se involucra, te estás saliendo con la tuya sin errores. Y más aún, está CONTADA en primera persona, lo que es dificilísimo, el intentar que no sea simplemente cambiar los pronombres de una narración común como hacen muchos que escriben en este modelo y queda, a veces, pésimo. Tú no... nos relatas los detalles más ínfimos de tus personajes, de lo que está viendo y sintiendo (si bien siento que te falta más descripción de personajes, pero obviamente, no todo es perfecto, o sino cuál sería la gracia de escribir?). Son narradores, a veces, poco confiables, y más cuando no entiende un DIABLO lo que ocurre. Eso es lo que genera la intriga.

 

Después tenemos a los personajes. Una diosa agradable, un enemigo bien metido en su papel de dios del engaño y la travesura, un Patriarca que conoce a sus Santos bastante mejor de lo que se da crédito, con un corazón. Luego, Aries tiene sus propios conflictos internos, pero intenta no enfocarte solo en ellos, no es necesario mencionar varias veces que es cambiante de carácter, las acciones lo demestran por sí solas. Virgo es... diferente, quizás qué pasa por su cabeza, es demasiado débil de carácter. Pero si algo es claro en cualquier narración, es que el personaje "débil" siempre es el más peligroso.

En seguida está Cáncer, el primer narrador (y bueno... Kuru es Sagitario, todo tiene lógica aquí), un tipo interesante que actúa, en su perspectiva, de manera diferente a como los demás lo ven. Por eso hablaba de los narradores poco confiables. Cuál es el verdadero Shiou? Cuál es el verdadero Sagen?

Piscis es, desde luego, un imbécil, y no necesita más caracterización que elllo, es fantástico. En el caso de Dreud, apuesto mis cartas a que es el sabelotodo Acuario.

 

Hay otros detalles que apreciaré más adelante. Por ahora me quedaré con la reflexión sobre los negros y blancos, y los vívidos colores, fue genial.

 

Saludos y felices fiestas :D


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(by Placebo)


#13 Jápeto

Jápeto

    No importa el color del cielo. Quien hace el día bonito eres tú

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Publicado 25 diciembre 2017 - 18:03

Me hizo sentirme un momento estuviera leyendo como un periodo dictadura como paso muchos paises hace tiempo, cuando habia un grupo oponia ese regimen, me vino a la mente y no puedo decir mas, igualmente tu tengas felices fiestas Izaya


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#14 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Souldgodiana de corazón

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Publicado 26 diciembre 2017 - 14:11

Hola Sagen!

Espero que te la hayas pasado bien esta Navidad y, sobre todo, con la compañía de tus seres queridos. Mis mejores deseos para el año que ya casi comienza, entre ellos, que tengas mucha-muchísima inspiración para escribir tu fic.

Pasando al capítulo, diré que me gustó bastante. Si bien, personalmente lo califico todavía como intoductorio, es destacable que antes de entrar a la acción nos describas a los personajes para darnos una idea de que podemos esperar de cada uno (claro, que habrá sorpresas). Creo que en esa descripción falta la física.

También es rescatable el panorama de cómo se dan las interrelaciones entre algunos de los personajes, sobre todo con los Golds, aspecto que por lo que nos das a entender jugará gran importancia para su supervivencia. Buen recurso el usar una reunión dorada para mostrar esa dinámica.

Rescato dos frases que me causaron gracia:

1. Ariadne dice: "...estoy súper segura...".- Suena tan coloquial y como decimos por aquí a las jergas que usa una "chava fresa".

2. Nadeko pronuncia: "... Una duda, una duda".- No estás para saberlo ni yo para contarlo, pero esa es mi frase, agregándole el gesto de levantar timidamente el dedo índice a la altura de la barbilla (por eso me hacian bullyng unas amigas). Disculpa, sólo es una anécdota personal que te quise compartir.

Sigo atenta a tu fic.

Próspero 2018!

PD 1: Tiene razón Mystoria, de repente la situación del ejército de Athena recuerda a algunos regímenes dictatoriales y con el título se reafirma.

PD 2: Se me pasó decirte en al anterior review que me parecío formidable la frase con la que inicias el capítulo uno.

Editado por girlandlittlebuda, 26 diciembre 2017 - 14:16 .

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"Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final"


#15 T-800

T-800

    Miembro de honor

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Publicado 26 diciembre 2017 - 15:24

-Te sugeriría que especifiques quien es el personaje

narrador antes de iniciar el capitulo

 

-se ve que los dorados no se llevan bien entre si

 

-Ese Loki si que es todo un villano psicópata manipulador--ojala no sea un trol

como el de alma de gordo--XD

 

-Que me late que el patriarca es fans de batman


Editado por T-800, 26 diciembre 2017 - 15:24 .

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B AZ  Fic terminado

 

Multiverso Zodiacal: Fic terminado

 

 


#16 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

    Ocioso las 23:59 horas.

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Publicado 31 diciembre 2017 - 18:05

Buenas.

 

Como último capítulo del año (aunque será el primero en horario español...), creo conveniente agradecerles estas dos semanas de reviews y esperar que durante el 2018 mi historia les siga agradando como actualmente escriben vuestros dedos. 

 

Antes de pasar al capítulo, como acostumbro, en el Spoiler he dejado respuesta a los comentarios de mi anterior capítulo. 

 

Spoiler

 

 

ARCO  DEL  DÍA  PRIMO
III – Sylene. Pacto de amigas.
 
“… Nosotros no engañamos al mundo al ocultar nuestra existencia… El mundo se engañó a si mismo al olvidar nuestra existencia…”
 
 
 
 
          Aventura. Una aventura por fin. Creí que nunca tendría una oportunidad así debido a que mi maestro es demasiado sobreprotector, pero al fin está aquí. Estoy emocionada aunque… esta no es la mejor de las situaciones para emocionarse. 
          Mi maestro Shiou siempre mencionaba que era descuidada, incapaz de hacer una misión de espionaje por mi propia cuenta. Quizás algunas veces tenía toda la razón y aunque le contradijese con mis palabras, dentro de mí sabía que él hacía lo mejor para el Santuario, para no manchar su reputación y… para que yo fuese una mejor Santa. 
          Ocultando mi rostro bajo una máscara debía servir a la Señorita Ariadne, aunque siempre me aburrieron todas esas formalidades. Siendo ya seis años desde que le conocí y tras hablar casi todos los días con ella, siento que es un enorme sinsentido que le trate de una forma especial siendo que, de una manera un tanto rebuscada, entrenamos y crecimos juntas. Ella es nuestra diosa, pero nunca le sentí tan lejana de nosotros. En verdad nunca lo sentí de esa forma.
 
          —Sylene, ¿podrías soltar mi brazo? Ya no eres una niña después de todo.
          —Perdón, maestro.
 
          Sí, tenía razón, yo ya no tenía edad para ir de la mano con él como si aún tuviese seis años. Aun así, siento que lo único que me protege en este mundo es mi maestro, y sin él, me encontraré indefensa. ¿Indefensa sería la palabra correcta? No lo creo, después de todo, esta máscara plateada y mi armadura, de un tono similar, indican todo lo contrario. Supongo que es mejor decir que me sentiría intimidada.
          Cada vez que cerraba los ojos antes de dormir venía a mi mente un recuerdo, una simple escena donde yo y otros más de mi edad nos veíamos a través de barrotes y pese a estar en nuestra tierna infancia comprendíamos claramente que nuestra libertad había acabado. No porque hayamos hecho algo malo. No. Nosotros no hicimos nada malo. Fueron ellos, quienes nos mantuvieron prisioneros… Prisioneros… Aunque esa escena ahora parecía tan lejana, no podía evitar compararla con mi presente, y aunque nuestras jaulas son invisibles, ahí siguen.
 
          —Sylene. Sylene. Ven un momento. Por favor.
 
          Mis pensamientos se esfumaron en un instante en cuanto sentí como, casi insistentemente, llamaban a mi hombro con los simples toques de un dedo. Era Ariadne. Con una enorme y bella sonrisa en su rostro, todo tan característico de ella. Es tan solo un poco mayor que yo —un año… o dos… no hace una gran diferencia—, pero mi maestro siempre decía que si él no llevara cuentas creería que somos de la misma edad. No sé si lo dijo porque parezco un tanto madura o si estaba insinuando que la “Señorita” se comportaba de forma infantil para su edad. Quien sabe que piensa mi maestro.
 
          —Ariadne, creí que estabas con el Patriarca.
          —¿Cómo crees que voy a abandonar a una amiga mía? 
 
          Mantenía las manos juntas ocultándolas detrás de su cuerpo. En cierto punto, eso y su incomparable sonrisa le hacían verse aún más tierna, si es que la amplitud de aquella palabra se lo permitía. 
 
          —Igualmente me sentía aburrida —añadió. 
          —Te comprendo, debe de ser difícil buscar algo con qué entretenerse con todo este problema y encima tener que llevar esta carga en tus hombros.
          —¿Ah? ¿Eso? No es nada.
          —¿Nada?
          —Nada, Sylene.
 
          Ariadne continuaba con su radiante sonrisa en su rostro, pero a diferencia del resto de ocasiones en que le había observado, esta parecía forzada. Creo que dentro de sí, ella se bombardeaba con esta situación una y otra, y otra vez. Así que lo mejor sería cambiar la conversación de una vez por todas. Sí, esa sería la mejor opción en este caso.
 
          —Y… Esto… ¿Has leído los últimos escritos de Sophie? 
          —¿Sophie escribe? Recién me entero de ello. Aun así, no tengo idea alguna sobre cuáles serán sus escritos. ¿Los publica en algún lado? 
          —Son los que semanalmente se publican en el diario. Quizás no sea tan raro que no sepas que son de ella ya que escribe bajo un sobrenombre.
          —¿Un seudónimo? Entonces, ella es Is…
 
          Le interrumpí.
 
          —Sí. Isabell Hoyd. Creo que algo así era. Ella escribe esa novela “El siervo de la diosa” si mal no recuerdo.   
          —¿Sophie es ella? ¿En verdad? ¡Es mi escritora favorita! Me gusta como elige precisamente cada palabra para sus relatos. Tengo todos y cada uno de los capítulos que salen en el diario ordenados y guardados. Aunque por ello el Patriarca se enoja conmigo ya que siempre le falta la última página del periódico…
          Su risa ahora suena tan natural, como si de un momento a otro se hubiese olvidado de todos los problemas que cargaba consigo y simplemente quisiese seguir conversando un buen rato, descuidando sus labores como líder. Ella a veces era así, y es por ello que me agrada. Cómo de un momento a otro lograba desvanecer ciertos pensamientos. Era una característica muy particular.
 
          —Sylene —me dijo. Le veía algo nerviosa.
          —Dime. 
          —¿Qué es lo que ves? 
          Su pregunta me resulta extraña y repentina. No entiendo a qué se estaba refiriendo, después de todo, estamos en un escenario algo familiar: un bosque. No es nada tan extraño como un volcán o, aunque suene extraño, una ciudad. Ni girando mi mirada de un lado a otro encuentro nada. Sigo pensando en lo que se estaba refiriendo.
 
          —No entiendo a qué te refieres Ariadne.
          —Tu máscara. Estaba tratando de decirte sobre tu máscara. Supongo que no debe ser nada cómoda. Y basándome en que cubre todo tu rostro incluyendo, por supuesto, tus ojos, no puedo comprender cómo puedes observar a tu alrededor sin dificultad.
          —Ah eso. Ni idea. Creo que puedo ver porque… —Me detuve un momento—. No, no tengo idea alguna de porqué sucede eso.
           —¿Sabes? Desde hace algún tiempo he estado pensándolo. Creo que deberías arrojar esa cosa por algún arbusto de estos.  
          —Ariadne, ¿de qué estás hablando?
          —Solo vagos pensamientos. Estaba pensando en que lo mejor para ustedes, las Santas, sería mejor que tuvieran los mismos privilegios que los hombres. Que pudiesen observar el mundo sin tener que ocultar su rostro bajo un frío trozo de metal. 
          —Pe-pero Ariadne, la “Ley de la Máscara” fue impuesta desde tiempos inmemoriales. Es una ley y se debe cumplir queramos o no. Eso es lo que está escrito en piedra y nadie lo puede borrar.
          —La piedra puede desgastarse. Las leyes pueden cambiar. Si el Patriarca en algún momento cedió ante mis caprichos, esta vez también podrá hacerlo. Después de todo, esto no es la petición de una, es el mensaje de varias generaciones de guerreras quienes fueron incapaces de abolir dichosa ley. 
          —Señorita… 
          —Descuida Sylene. Esto no es nada. Como diosa debo asegurarme que mis guerreros se sientan lo más conformes que puedan. Después de todo, es lo que un buen líder debería hacer. 
          —¿Qué hacen? —Una voz femenina se hizo notar.
 
          Su aura sombría se puede sentir a distancia, pero estando tan centrada en nuestra conversación, se me había pasado desapercibido. Si hubiese sido un enemigo, quizás tanto yo como Ariadne hubiésemos muerto en un solo instante. A quien me refiero se encuentra atrás nuestro, sujetándonos de los hombros y acogiendo su cabeza en medio de las nuestras. Parecía muy interesada en nuestra conversación, y dado su rango, al menos yo no podía desobedecer sus peticiones. Muy aparte de las formalidades de todo lo convincente a jerarquías y todo eso, ella es también mi maestra, a la cual le debo mucho. 
 
          —Maestra. Pensé que estaría delante de nosotras. Con los demás…
          —Sabes bien que ellos están ocupados en sus asuntos y por lo tanto, entre tanta estúpida charla, a uno no le dejan más opción que apartarse de ellos. Además, quería ver a mi alumna favorita.
          —A vista de todos, mi maestro es Shiou. Formalmente tú estás en el grupo de quienes no tienen alumnos. O según lo ven otros, el grupo de las perezosas que tienen más tiempo libre que nadie.
          —Sylene querida… No tenías que acotar esa última parte.
 
          La voz de ella se torna, en ciertos puntos de nuestra conversación, misteriosa. Una pizca de misterio con otra de burla. Me resulta extraño escucharla ser algo “compasiva”, dado que ella era sinónimo de todo lo contrario, y de hecho, así la conocían todos en el Santuario. La más misteriosa entre los ochenta y ocho caballeros. La más peculiar entre los doce guardianes del zodíaco. Esa era ella, mi maestra.
 
          —Bueno, después me contarás qué es de lo que tan animosamente hablan. Me retiro. Con su permiso —hizo una venia al despedirse de la Señorita. 
 
          Ella dio unos cuantos pasos en dirección al borde del sendero hasta adentrarse en el bosque. Poco a poco su cuerpo se fue cubriendo con las sombras que habitaban bajo las hojas de frondosos árboles hasta finalmente desaparecer frente a nuestros ojos. Su presencia se desvaneció de un segundo a otro, tal como si los instintos asesinos de un animal se apaciguaran luego de capturar a su presa. Bueno, quizá no sea el mejor ejemplo que pueda pensar, pero me parece que es algo así.
          Nadie nos adelanta, y sabiendo que estamos caminando a paso de caracol, supongo que nosotras estamos al final de toda la pasarela de guerreros que habían emprendido esta misión. Así que cerca no se escuchaba ninguna voz. Caminamos, caminamos y caminamos aún más en el sendero infinito este. Parecieron varias horas las que transcurrieron, sin embargo, no fue así. El sol apenas se movió de su posición.  
 
          —Creo que ya llegamos —me dijo Ariadne.
 
Sus repentinas palabras me hicieron guiar mi mirada hacia lo que se encontraba enfrente de nosotras. Apenas hacía unos instantes no había nadie delante, pero ahora, todos y cada uno de los Santos se encuentran estancados. No tengo ni la más remota idea de qué es lo que está ocurriendo allí delante.
 
          —Nuestro primer obstáculo —concluyó mi maestra apenas observar nuestra situación.
          —¿Qué es lo que sucede allí adelante? —pregunté, sin lugar a dudas me moría de la curiosidad.
          —Loki plantó una “ilusión vampírica” —contestó ella segura de sus palabras.
          —¿Una qué?
          —En realidad no tiene un nombre por el cual llamarlo, tan solo me gusta clasificarlo así. Son ilusiones, fáciles de eludir dependiendo de con quién hables. Dependiendo del grado de cosmos que uno posea se puede atravesar sin problemas. Es casi del mismo tipo de ilusiones que usan los Santos de Géminis para proteger su templo cuando están de vacaciones. Los corredores infinitos.
          —Entonces, ¿cuál es la complicación? —pregunté.
          —El problema es la cosmoenergía misma. Sabes que hay rangos dependiendo de ello en el Santuario. Por ejemplo, tanto Ariadne como yo no deberíamos tener problemas en traspasar esta ilusión. Al igual que Veiss, el más antiguo y experimentado santo de plata sobre la faz del Santuario. Sin embargo tú y las demás basurillas de Bronce no creo que puedan pasar de aquí, a menos que…
          —¿A menos que qué? 
          —Transfusión de cosmos. Supongo que esa sería la única opción viable. ¿O no, Señorita? 
          —Eso depende de ustedes Santos Dorados. Vean ustedes las posibilidades que puedan formularse.
          —Iré a avisarle a los demás. Por favor venga conmigo Señorita. Usted ya es capaz de continuar con nuestra empresa. Debe avanzar junto con su Ilustrísima, después de todo, esta es una carrera contra el tiempo. No se preocupe por nosotros, ya le alcanzaremos.
          —Si tú lo dices. Supongo que este será un hasta luego Sylene —me dijo.
          —Sí, hasta luego Ariadne. Descuida, en menos de lo que te imaginas volveré a tu lado.
 
          Ella asintió con una sonrisa en su rostro, tenía plena confianza en que mis palabras fuesen verdad, aunque ni yo misma creía lo que le estaba diciendo. Vamos Sylene, no es tiempo de retractarse. Tu promesa es algo que debes cumplir, es algo que te enseñó tu maestro Shiou, ¿no?
Ariadne se alejó poco a poco junto con mi maestra. Y delante de ellas, la muchedumbre se abría ante ellas al sentir el aura asesina de mi maestra. Era similar a cuando en caricaturas muchos animales evitan a un zorrillo. O a aquella ocasión en que un señor de la Biblia abrió las aguas del Mar Rojo. Me resultaba peculiar aquella escena. Avanzaron paso a paso, hasta que llegó junto al Patriarca. Los vi hablar un momento, pero como me hallaba tan lejos no pude escuchar ni una palabra de su conversación. 
          El Patriarca colocó su brazo sobre la Señorita, se dio media vuelta, dándome a entender que estaban a pocos segundos de que Ariadne desapareciese de mi vista. No quería que eso sucediese pero no había otra opción. Antes de que su Santidad siquiera pudiese dar un paso Ariadne le jaló de la túnica, supongo que quería pedirle que esperase un momento. Él agachó su cabeza y entonces ella comenzó a susurrarle al oído.
          Cuando se apartó de su oreja, Parsath, el Santo de Tauro se acercó a ellos luego de que el Patriarca le hiciese una especie de seña. Me acerqué un poco dada mi curiosidad. Parsath se agachó y Ariadne se sentó sobre él, como si fuese una plataforma. Él se reincorporó y entonces ella tomó aire. Por supuesto que no sabía qué era lo que estaba ocurriendo.
 
          —Escuchen, Atenienses, nuestra diosa tiene algo que decirles —exclamó Mizael, el que según dicen es portador de la legendaria Excalibur.  
          —Esto… Buenos… ¿días?... Como sea. Les tengo un aviso algo importante que hacer.
 
Los murmullos que hasta ese entonces escuchaba cerca de mí, se callaron de una vez por todas.
 
           —Como bien saben, a lo largo de los siglos, en el Santuario ha imperado una ley que se ha hecho conocida y a su vez odiada por muchos. Bajo ese juramento de lealtad que implicaba el hacer vuestra labor, independientemente del género al que pertenezcan, una injusticia se venía cometiendo todos y cada uno de los días en que esa ley fue aplicada. Es momento de que cambie. Por favor les imploro, no hagan distinción entre hombres o mujeres. Todos aquí cumplimos una misión, la cual es defender al planeta y eso es lo que nos debe motivar. Desde este preciso instante declaro abolida la dichosa “Ley de la máscara”.
          —Señorita… —comentaron algunas que se encontraban delante de mí mientras veía como cada una de ellas se sacaba su máscara y las guardaban donde creían conveniente.
          —Ariadne… —Las lágrimas cayeron debajo de mi máscara. Ella había eliminado una tradición de miles de años. Todo por mí. Pese a que lloraba, esas lágrimas en verdad fueron derramadas por una desbordante felicidad.
 
          Parsath bajó a la Señorita de sus hombros de una manera un tanto delicada, pues ella no debía lastimarse. Entonces tanto ella como el Patriarca se marcharon caminando. Traspasaron aquella ilusión que en el momento en que se fundieron con ella se volvió una especie de espiral de aire algo misteriosa. Una barrera como muchas que anteriormente había visto. 
          Mi maestro Shiou, con ambas manos bien metidas en sus bolsillos, se abría paso entre toda la multitud hasta llegar a donde me encontraba. Se agachó un poco y entonces él me despojó de mi máscara plateada lentamente. Cada segundo que pasa, sentía que lo que aprisionaba a mi cara era una pesada carga que se aligeraba conforme él develaba mi rostro y a su vez el sol lo iluminaba. 
          Aunque no me puedo ver, intuyo que mis ojos están rojos debido a las lágrimas que había soltado. No quiero que mi maestro me vea en ese estado. ¡No quiero! Aun así me contradeciré, aunque mi cerebro me diga una cosa, mi corazón me dice otra y eso me impulsó a darle un abrazo como nunca antes lo había hecho. Él, apoyando su mano en mi cabeza, alborotaba un poco mi cabello mientras me hablaba tranquilamente al oído.
 
          —Sylene, alégrate. Lograste que la Señorita velara por tu felicidad. No eres una Santa más, eres una de las más cercanas amigas de Ariadne y esta es la prueba máxima de su afecto.
          —Sí maestro —seguía llorando y eso impedía que mis palabras se pronunciasen bien.
          —Ahora, seca tus lágrimas. Es hora de continuar con lo que vinimos a hacer. 
          —¡Sí! 
 

 


Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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Publicado 31 diciembre 2017 - 18:31

Me gusto los personajes Sylene, Ariadne y veo un poco dificil para las mujeres ser santas 


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#18 T-800

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Publicado 02 enero 2018 - 08:56

al parecer ser amiga de la reencarnación de Athena le sirvió de algo después de todo

 

 

 

 

ALGUNOS PREMIOS:

 

http://saintseiyafor...s-–-2017/page-3


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Publicado 04 enero 2018 - 00:43

Leyendo este capitulo pasó a rectificar una observación que te hice en otro review Sagen.

Anteriormente te mencioné que te falla un poco la descripción física de los personajes, lo cual creo que irás trabajando poco a poco. Sin embargo, esa "deficiencia" la compensas muy bien con algo que en lo personal valoro mucho de un fic y es la descripción de la subjetividad de los personajes, me refiero a sus pensamientos, sus emociones y sentimientos.

Con tu relato pude sentir la duda, la expectación, la admiración, la sorpresa, la alegría, etc., de Sylene y de Ariadne (sobre todo de la primera).

Aunque suene prejuicioso, esa habilidad para transmitir la subjetividad no la he visto con mucha frecuencia en autores de fics varones. Probablemente esto se deba más que nada a cuestiones culturales o de intereses personales. Sea como sea te lo reconozco como escritor.

Sobre la ley de las máscaras tengo una duda que no tiene gran importancia, pero no me quiero quedar con la duda ^^: sólo las guerreras de rangos menores a los Golds usaban máscaras o también estás las empleaban?

Y por lo visto esa cercanía de Athena con sus santos la ayuda a ser más empatica con ellos. Sirvió de mucho la amistad que sostiene con Sylene para abolir esa ley, (quisiera tener esas influencias en mi trabajo ^^).

Muy buena frase para comenzar el capítulo.



Hasta la próxima.

Editado por girlandlittlebuda, 04 enero 2018 - 21:59 .

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Publicado 05 enero 2018 - 12:44

Buenas.

Crei conveniente redactar este mensaje, pues me olvide recordar que este domingo 07 no habrá capítulo, como mencioné en el primer post del tema. Asimismo, me estoy planteando un ritmo de publicacion, pero todo dependerá de cuanto sea mi ritmo de avance.

Para responder tu duda, Girl, tal parece que Athena no le tenía mucha esperanza a que en algún momento Santas con un aspecto físico asombroso (véase la exageración) llegara a tal rango. Quiza lo pensaba por que no creia que aquellas 110% dedicadas a ser sus guardianas tendrían un cutis más fino que el de la misma diosa...

Bueno, no. En realidad sé que es un fallo mío el no haberlo mencionado y me lo planteé muchas veces. Plantiamiento que quedó en dejar el capítulo así. Bueno, me ando extendiendo donde no debo. Lo que sucede es que Athena dicta esa regla para que sus guerreras sean tratadas del mismo modo que si fueran varones. Ya sabes, dar patadas y o golpes sin que venga la defensoría de la mujer. El caso de las Santas Doradas es distinto. Athena confía plenamente en que ellas no serán la excepción a la regla. Sabe que ellas son dedicadas con o sin la máscara así que por ello tienen ese permiso especial.

Rspuesta corta: Solo aquellas de plata y bronce las usan.

Y ya que te respondi una pregunta, me toca dar una disculpa para seguir la conversación.

Me disculpo de que en los primeros 10 u 11 capítulos vaya a haber poca descripción fisica de personajes. Desde ya lo digo para que no pienses que sus comentarios son en vano. Solo que ya están escritos como póliza y, pues, si es que alguno importante sobrevive, le dare su descripción física (?)

Asimismo tambien agradezco la onsideración que me haces por la que llamas descripcion de la subjetividad. Me siento contento de que les parezca bien y que les parezca que me salga bien. Pues idea no es lo mismo que ejecución. Y bueno, considero que aparte del físico, es bueno (siendo una narrador alguien interno en la historia) decribir sus sensaciones. El aspecto psicológico tambien es importante, sobre todo en una situación en la cual tienes una mezcla extraña de personaliadades.

Y bueno, despues de tantos años -7- que Sylene recibió entrenamiento en los aposentos de Athena (Shiou vago por no querer bajar hasta su templo), pues algun que otro vinculo debia tener con Ariadne. Vínculo, lazo, relación...

Por último, para cerrar este mensaje, gracias por comentar Mystoria, T y Girl. En verdad agradezco que comenten.

Saludos y que pases un bonito día.

:ss6:

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