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29.Fics-2017-Semifinales

Juegos y Dinamicas Foro

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11 respuestas a este tema

#1 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 10,562 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 14 octubre 2017 - 16:15

 
 
Reglas generales de las dinámicas
 
En esta dinámica solo pueden participar los ganadores de la dinámica anterior de clasificatorias
 
 
Los  participantes deberán colocar los siguientes 2 datos:
 
1-----Nombre del fic:
 
2----Aquí simplemente pegaras directamente en el tema, 1 capitulo al
 
azar de tu fic (Cualquiera que te agrade)
 
-------------------------------------------------------------------------------------------
 
 
El plazo de inscripción es del 14 - 10- 17 hasta el  26 - 10- 17
 
​Después daré un plazo para votar
 
 
RobesOsaMayor.jpg
 
 
 
 
 
-Los usuarios seleccionados son los siguientes:
 
1.   Seph_girl
 
2.   Ivan de Virgo
 
3.   blackdragon
 
4.   ALFREDO
 
firma2.png
 
 
5.   Killcrom
 
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6.   SagenTheIlusionist
 
 
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7.   Sagitario_no_Mika
 
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Editado por T-800, 25 octubre 2017 - 17:36 .

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                                         30.Fics-2017-El gran Final

 

 

 

 

 


#2 salagos_6

salagos_6

    Privilegiado

  • 37 mensajes
Pais:
Chile
Sexo:
Masculino
Signo:
Sagitario
Desde:
Santiago, Chile

Publicado 17 octubre 2017 - 12:57

LOS GUERREROS DEL INFIERNO-500

 

Capitulo 18:las caídas de guerreros

 

 

Mantos:a la carga

 

Seraphin:démosle duro a estos hijos de canina

 

Se produce un choque entre los 2 bandos, varios espectros golpeaban aun en cantidad a los demonios y los demonios trataban de defenderse, alrededor salía un humo inimaginable,aun que el campo de la hambruna se encontraba lejos de cualquier pueblo se podía ver con mucha facilidad

 

Seraphin:gran puño ataca a 3 de ellos pero, uno de ellos se interpone en camino perenolde:

 

Perenolde:queres jugar con unos juguetes, tira al cielo 5 juguetes de demonios y les da vida,: atáquenlo, los 5 se abalanzan encima, los demás los ven y tratan de ayudarlo, mirada doble destroza a los 5 demonios pero cae moribundo: escuchen estas serán mis siguientes ordenes, sigan a pesar de todo y no se rindan ni en desventaja por favor y seraphin cae,

 

pradmour:mira y ese era el líder, buen trabajo perenolde les pasa por meterse con nosotros

 

Lozar:ríndanse quizás así le perdonemos la vida

 

Cidfried:tamos claro que amigos no seremos pero si mephisto quiere torturar es por que los humanos no valen nada

 

Uno dice: pero no los espectros, cállate,

 

Se nota una furia entre todos ellos

 

Otro espectro: que haría seraphin

 

Tercero: todos lo sabemos

 

Los espectros se vuelven a golpear a los demonios mientras estos los esquivaban y respondían, de repente estaba anfisbena mirando a mantos

 

Asfisbena:solo tengo que atacar a este, salta y le pega: devora calamar, este le llega a mantos pero dice

 

Mantos: corrupción de almas, eran unos rayos transparentes y anfisbena siente un grave dolor,jajaja porque me fuiste a atacar

 

Anfisbena:de hay seguiré contigo iré por el resto

 

Mantos:te creo si

 

 

 

Los golpes entre los demonios y espectros eran continuos; En eso Los espectros se reúnen y forman entre todos una energía en forma de bola gigante: tarataratartarantarran,

 

Mantos: defiéndanse ellos no son niños, y se aleja un poco

 

Kadga:fuerza violenta de la marea,Carl:demonios infantes,kultiras:pena de culpa,geovanni: energías de la muerte ataca,perenolde:espiritus malditos asechen,lozar:joyas de la bestia,raymond:llamo a las fuerzas demoniacas,cidfried:tejidos de la bestia,pradmour:aroma pestilente,

 

Estos tiran sus poderes pero los espectros empujan mas la bola con la furia y erradican las técnicas de ellos, cantidad impactan a los demonios:haaaaa general se escucha y algunos se levantan

 

 

 

Kadga:uff todos están bien

 

Mantos:no todos, ellos miran y ven 4 en el suelo

 

Carl se ve en el suelo con mucha sangre,lozar su estomago esta destrozado hasta las piernas,kultiras pronuncia unas palabras que nadie entiende y muere, en otro ven unos restos de armadura destruida que reconocen, era de shilrade

 

Cidfried:Raymond,su cuerpo ya no existía era pura sangre y huesos

 

Praumour:asi que nos han tirado a varios de nuestros compañeros no pienso seguir yo, demonios ataquemos todos juntos, se tiran en contra los espectros, les hacen las mismas técnicas que nombre,mantos:resplandor del cielo,los espectros todos hacen sus técnicas, pero fue inútil, en un abrir y cerrar de ojos varios espectros explotaron sus cuerpos, los demás les tiraban golpes con todas sus fuerzas pero cansados se echaron para atrás y quedaron en un lugar

 

Pradmour:asi que reconocen que tenemos la victoria

 

Cidfried:calla ellos solo están haciendo tiempo están cansados

 

Perenolde:nosotros también deberíamos descansar un rato, pero salta mantos y le pega una patada en el trasero no con potencia

 

Perenolde:pero que le pasa

 

Mantos:si quieres descansar podrás hacerlo después de la pelea, vivo o muerto, debemos terminar con nuestra misión si dejamos a los espectros nos van a imposibilitar el trabajo,mephisto nos dijo que vivos cada uno de nosotros seria rey de una nación así que vamos

 

Un espectro grita: rey de los imbéciles

 

Otro:jajajajajajajaja

 

Tarmite:solo quedamos 15 de nosotros, debemos atacar

 

Estrella del calculo:escuchen,tamos claro que moriremos aun así nuestro dios es el dios de la muerte,pero debemos matar el mayor numero de demonios

 

desesperacion:si morimos solo reviviremos dentro de 100 o 200 años no será igual,quisas podríamos retirarnos,

 

Estrella terrestre de ataque: yo prefiero pelear con valentía, si nos vamos les daremos a victoria a ellos

 

Estrella claridad: vamos ataquemos lo mas que podamos

 

Hequert:muy bien vamos

 

Los 15 espectros se acercan a ellos comienzan a aumentar sus cosmos, solo algunos tiran técnicas mientras otros los apoyan con sus cosmos(como seiya cuando golpeaba y el resto ayudaba)

 

Tarmite:aguja de insecto

 

Estrella Calculo:1000 cubos de energia,aparecen puros círculos y atacan

 

Estrella Claridad:luz quemante

 

Estrella ataque:ave de hierro

 

Mummia:entierro eterno, aparece una tumba abierta en una imagen y hace que el suelo envuelva a su siguiente enemigo

 

Espectro de vacuidad: gran orificio sin fin

 

Los 5 poderes llegan y algunos demonios lo esquivan, pero había un demonio que no se dio cuenta,cidfried

 

Cidfried:haaa,al llegarle los golpes de hieno cae al suelo y dice: no porfa no quero ir al infierno díganle a mephisto que me perdone cuando llegue y muere

 

Estrella del calculo:jajajaja,que llorón era ese, y cuando matan no les interesa

 

En eso los demonios se preparan para su pelea

 

Mantos: esta ves pelearemos los 5

 

Estrella de la claridad: esto será muy difícil, y se preparan, en esto ocurre algo, la tierra se comienza a quebrantar pero no tanto, las grietas del suelo se rompen pero nadie cae

 

pradmour:que es esto

 

Mantos: esta tierra ya no servirá, se ha destruido el campo de la hambruna, ya no existirá

 

Perenolde:pero eso no nos importa a nosotros

 

Mantos: igual tiene importancia era el lugar de pelea de varios dioses ahora nunca mas existirá

 

Kadga:que pena,

 

 

 

Estrella del ataque: si es verdad este campo nunca mas servirá pero por culpa de ellos,mephisto nos envió esa invitación,ahora;SIGAMOS LA PELEA,POR HADES Y EL MUNDO,LOS DEMAS;POR HADES…

 



#3 T-800

T-800

    Miembro de honor

  • 10,562 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Cancer

Publicado 18 octubre 2017 - 16:30

Nota del autor de este tema:

 

Quisiera aclarar que en esta dinamica solo pueden

 

participar los 7 usuarios ganadores de la anterior dinamica

 

Pido disculpa al usuario salagos_6 por el malentendido

 

 

PD: Para:

 

1.   Seph_girl
 
2.   Ivan de Virgo
 
3.   blackdragon
 
4.   ALFREDO
 
5.   Killcrom
 
6.   SagenTheIlusionist
 
7.   Sagitario_no_Mika
 
 
 
No olviden inscribir sus fics

Editado por T-800, 26 octubre 2017 - 22:07 .

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                                         30.Fics-2017-El gran Final

 

 

 

 

 


#4 blackdragon

blackdragon

    Miembro de honor

  • 411 mensajes
Pais:
Mexico
Signo:
Libra

Publicado 18 octubre 2017 - 22:07

SAGRADO CORAZÓN

 

 

11 Leguas a Yokohama

 

segundo libro

 

    Equiti Phoenix

 

 

 

Caminare contigo 
hasta que el sol no brille 
caminare contigo 
estaré ahí todo el tiempo 
te digo que caminare contigo 
todo el tiempo 

Cuando camines en ese lugar 
 tengas que enfrentarlo cara a cara 
dame tu mano y caminare contigo

 

 

Walk with You

Marc Lichtman, Martha Williamson

Della Reese

 

Nota

Para la batalla entre Ikki y el Hado 

Debo confesar que la escribí escuchando Chevaliers du Sanreal de la película EL CÓDIGO DA VINCI,

Por si la quieren escuchar de fondo en esa parte.

 

 

 

 

 

 

 

"La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, sólo la luz puede hacer eso. 

El odio no puede expulsar el odio, sólo el amor puede hacer eso"

 Martin Luther King

 

 

 

 

 

La batalla se oía afuera estrepitosa, pero mas era adentro donde ese Hado y la marina que yo jamas había visto no daban tregua a nada....cada golpe era mas encarnizado que el anterior, tenia a Kin entre mis brazos y decidí escabullirme para que no fuese lastimado....si ese Hado creía que se saldría con la suya fácilmente, yo le haría ver su grave error al pensar así....

 

 

- ESCAMAS DE FUEGO!!!! - la marina no dejaba de combatir duramente al Hado, yo se lo agradecí en mis adentros, corrí por el pasillo llevando a mi bebe, tenia que salvarlo, debía hacerlo a cualquier costo....oí un estruendo de un gran golpe...pero continué mi carrera sin mirar atrás,  hasta que alguien me cerro el paso....

 

 

- VAYA ,VAYA INTENTANDO ESCAPAR..... - me detuve en seco al ver a quien yo creí peleaba con esa marina

 

- No puede ser...!!! - respiraba agitada y asombrada de verlo allí frente a mi, sonrió con sorna y...

 

- Bueno... lo quieres a la manera difícil así que.... - el tal Hado estaba recargado en un pilar del templo se miraba una mano al decirlo y volteando a ver - sera entonces la manera difícil.... - retrocedí, pero no permitiría que se acercara a Kin, levante el atizador....

 

 

- Te lo advierto....no soy como Sahori, te lo aseguro.... - nos mirábamos sin dejar de respirar, angustiada y agitada por la carrera, trato de arrebatarme a Kin y le lance un golpe con el atizador arañando la cara con el mismo, retrocedió dando tumbos por el golpe,  me miro sorprendido y enfurecido y...

 

- VOY A ARRANCARLE LA CABEZA AL MOCOSO ENFRENTE DE TI!!! - Se encamino enfurecido de nuevo a donde estábamos levante el atizador....no se la iba a hacer fácil, vi como emergía una extraña luz de su mano y... - METEORO PEGA..!!!!!!!

 

No alcanzo a decir ni dar el golpe una ráfaga que conocía bien le dio de lleno en el pecho, en eso sentí el abrazo de..

 

- ¿SOLO ESTAS BIEN? - nos abrazo con fuerza...

 

- ¡OH DIOS ESTAS AQUÍ!!! - mire sorprendida de ver a Ikki -¡DONDE RAYOS ESTABAN QUE NO SABÍAMOS NADA DE...! - me beso 

 

- PRIMERO LO PRIMERO!! - me miro - ¿QUÉDATE AQUÍ ENTENDISTE!, ¡NO QUIERO PERDER A NINGUNO DE LOS 2! - antes de que pudiera decirle algo se lanzo de nuevo contra el Hado que estaba aturdido por el golpe, destrozando una vieja pared del templo y sacándolo fuera de este a varios metros. alojándole de nosotros.

 

 

El polvo se disipo, ambos guerreros se vieron frente a frente, respirando agitado pero a la vez enfurecido Ikki no desviaba su mirada, la tenia fija en el.....

 

- Fénix...¿Así que ya eres el gran maestre eh? - el Hado sonrió al verle - esa estúpida arpía de Celeno no pudo contigo....

 

- No, nunca he creído en esas cosas... Ni en dioses..... - Ikki no dejaba la posición de guardia que tenia.

 

- Bien...entonces seré yo quien corte tu cabeza... - el Hado hizo emerger su fuerza, Ikki lo noto al ver que los ojos se transformaban a un rojo total, sin iris ni pupilas, allí fue cuando cerro los ojos e hizo la invocación que Hypnos le había enseñado para abrir el arca de la alianza....la cual tomo entre sus manos y...

 

 

- Ad mea magna potentia, potentia Domini ex altitudine caelum et terram, mare, et Dominus Israeli. Hic sapientia, postulet Yahvé currere potest ...

 

 

En eso el cielo del templo marino se obscureció...se oyó un retumbar de truenos, que paralizo a quienes peleaban a campo abierto, en eso y luego de derrotar a un Brontoloigo Jabu miro al cielo y abriendo los ojos......

 

 

- TEMPLI, EQUITES IN TERRAM, OPUS EST LOREM IPSUM LOREM!!!!!  - grito Jabu para alertar a los demás....

 

Scyla derribo a Shun al suelo, y ...

 

- CIERRA LOS OJOS SHUN!!!!, Y NO LO ABRAS ME OÍSTE!! - dijo cerrando el también los ojos - PASE LO QUE PASE Y OIGAS LO QUE OIGAS NO LOS ABRAS SHUN!!!!!

 

 

 

 

 

 

Una enorme luz emergió del interior del arca que de entre las manos de Ikki al decir la invocación, provoco que esta tomara su forma real, de la luz y llamas que salían de la boca del arca emergió un...

 

 

 

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Ave Fénix

Blog: Filosóficas iniciaticas

 

 

 - NO PUEDE SER!!! - Ikki parpadeo al ver a la mítica ave que su armadura representaba, en eso su armadura vibraba llamando al ave, esta extendió sus alas, en eso recordó las 5 palabras que le habían dicho los gemelos divinos que el ave representaba : virtud, rito, justicia, fiabilidad, y la humanidad ....ahora comprendía las palabras de Hypnos y Thanatos, por eso el era el único que podía abrir el arca... al mover sus alas el ave hizo emerger a varias mas que se lanzaron a exterminar a los brotoloigos...y demás ejercito del Hado....las huestes de este aterradas, no hacían mas que caer exterminadas al ver el poder de esos Fénix surgidos del arca....los templarios y demás guerreros yacían boca abajo en el suelo con los ojos cerrados oyendo los gritos de dolor ante tal masacre.

 

 

- MANTÉNGANSE EN EL SUELO - Poseidon lo decía mientras se mantenían con los ojos cerrados - EL TERMINARA PRONTO!!!

 

 

 

Los gritos se escuchaban mas alejados cada vez, lo que indicaba que las tropas que el Hado traia estaban siendo exterminadas..

 

 

- NO IMPORTA - Ikki volteo al escuchar la voz del Hado - con Fénix o sin el, te voy a arrancar la cabeza

 

En eso y de imprevisto el Fénix aleteo hasta donde estaba el Hado aleteo por detrás de el dando la vuelta y se dirigió directo al peto de la armadura de Ikki incrustándose en el mismo, este que se quedo sin dar crédito a lo que en ese momento ocurría, sintió un calor dentro de la armadura, pero a la vez un cosmos inmenso, poderoso, le daba la sensación de ser invencible, como jamas lo había sentido en su vida....las alas de su armadura se convirtieron en autenticas alas de ave brillantes como fuego y la cosmo energía emanaba de la armadura en un brilllante dorado con tintes rojizos ....fue cuando Ikki oyó que su armadura resonaba, le decía que estaban listos para pelear, miro al Hado y.....

 

 

- No creo que me arranques la cabeza - sonrió irónico al verle de frente y sentir el cosmos del Fénix recorrer su armadura y su cuerpo.

 

- MUERE!!!!! - el Hado se lanzo al mismo tiempo que él. el choque de ambos se escucho mas allá, hasta el campo de batalla, donde los pequeños Fénix daban cuenta del ejercito del Hado, en el interior del templo de Poseidon, este e Hypnos llegaron ante...

 

- Señora.... - Poseidon vio los ojos de Paloma que estaba de pie sosteniendo al niño pero los ojos de ella estaban amarillos. Fue cuando tanto Poseidon como Hypnos supieron que ella estaba aquí, Poseidon tomo al pequeño Kin entre sus brazos y.. - Llamare a Arion para que le lleve - diciendo esto silbo, Arion  apareció listo para el mandato del emperador. - llévala ante el Maestre -  le dio el niño a Hypnos y le tomo la mano a ella para ayudarle a subir a la grupa de Arion, le hizo una reverencia

 

- Hora si agárrese bien - dijo Arion que emprendió el galope a donde la lucha estaba en todo su apogeo.

 

 

 

 

 

Los golpes de Ikki y el Hado hacían que el cielo se viera de todos los colores rojos y amarillos que existieren, los cosmos de ambos estaban a su máximo los destellos de los golpes se distinguían a kilómetros, el Hado estaba sorprendido, ¡¿COMO ERA POSIBLE QUE YA DOMINASE EL PODER DEL ARCA?!, los mas grandes sacerdotes del templo de Jerusalem donde residió el arca, habían tardado años en dominarle, comúnmente era en su vejez cuando podían verle al Fénix en todo el esplendor de su gran poder....

 

 

Lanzo un golpe de meteoro de Pegaso con toda su furia, no iba a permitir que su esfuerzo de tantos años le fuese arrebatado por este aprendiz de Maestre Templario, no señor...años esperando el cuerpo perfecto y la irónico es quien ahora lo combatía era quien le había dado la oportunidad ese día que el Pegaso negro había herido a Seiya, fue cuando le vio el potencial, si...¿Quien sospecharía de la mano derecha de Atena?, Su mas fiel caballero....el guerrero perfecto para su plan, pero jamas sospecho que quien capitaneaba a los caballeros negros, fuese al pasar el tiempo el gran Maestre de la Orden Templaria reencarnado, el que hacia tanto tiempo esperaban esos renegados, esas escorias que se le habían escondido por siglos, protegiendo a la linea del pescador......inclusive a la sombra de los santuarios de los que eran parte, fingiendo sus muertes para mantener a la descendía y a la misma Orden a salvo....

 

 

Un golpe dio de lleno a Ikki estrellándolo contra unas rocas, haciendo que quedase aturdido, el Hado sonrió victorioso se acerco a Ikki que en ese instante vio su peto muy lastimado, el Hado sonrió y preparo otro meteoro pegaso....

 

- Yo gano... - ambos se miraron, Ikki resoplaba tratando de incorporarse - al final esta batalla es mía Ikki de Fénix, tal y como Seiya te derroto aquella vez claro que con las armaduras de tus amigos........ - levanto el puño para el golpe final....

 

De repente y de la nada una linea de fuego le cegó, haciéndolo retroceder y gritar de dolor por el calor que le había llegado a la cara, de pronto. miro y fue cuando la vio a lado del Fénix, las flamas de fuego hicieron un circulo protegiéndolos del Hado...este resoplo con furia, ¡ELLA QUE HACIA AQUÍ!, EL no era el mensajero...el Fénix no podía serlo.......

 

 

- ¡EL NO ES EL MENSAJERO Y TU LO SABES!!!!! - trataba con esto de hacerle dudar, pero quien estaba en el cuerpo de Paloma le sonrió  y le contesto...

 

- El mensajero siempre cree, el mensajero tiene fe....el que te hospeda en cambio tiene dudas sobre ti...... - en eso vio el arca de la alianza abrirse...

 

- NO PERMITIRÉ QUE ME DERROTES!!! - retrocedió aterrado al ver abierta el arca - NO!!!! JAMAS REGRESARE A ESA MALDITA CAJA!!!!!!

 

 

 

Quien estaba en el cuerpo de Paloma, comenzó a rezar muy bajo, solo era perceptible por Ikki y el Hado, el primero, no entendía las palabras, pero oyó que era griego copto muy antiguo.....

 

 

- Η βασιλεία του Θεού είναι μέσα σας και γύρω σας ,δεν σε αρχοντικά από πέτρα και ξύλο, κόψτε ένα κομμάτι ξύλο και θα είμαι εκεί, άρει μια πέτρα και θα με βρείτε.ποιος ξέρει το νόημά της δεν γνώριζαν το θάνατο.

 (I̱ vasileía tou Theoú eínai mésa sas kai gýro̱ sas, den se archontiká apó pétra kai xýlo , kópste éna kommáti xýlo kai tha eímai ekeí ,árei mia pétra kai tha me vreíte . poios xérei to nói̱má ti̱s den gnó̱rizan to thánato . )

 

 

En eso se oyó el aleteo de los miles de pequeños Fénix que regresaban de la batalla, el Hado aterrado, vio como atravesaban el cuerpo de Seiya..y sintió como lo sacaban del cuerpo del muchacho....

 

- NOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!! - el grito fue tan desgarrador, Ikki miro asombrado lo que llevaban esos Fénix, el Hado en pequeños pedacitos de luz y comenzaron a entrar al arca....en eso el peto de su armadura brillo y vio emerger al primer Fénix lanzando su graznido que parecía un graznido de triunfo, este aleteo y se poso en la mano de Paloma o quien estuviese dentro de ella, esta le miro agradecida y le acaricio la cabeza y el pico a la ave que se inclino humilde ante ella, ambos miraron a Ikki que estaba sin habla ante lo que veía, en eso fue cuando el circulo de fuego comenzó a desaparecer, lo ultimo que vio Ikki antes de perder el conocimiento fue como el Fénix entraba al arca y como lo que tenia Paloma dentro de si le sellaba el cerrojo con el clavo que los templarios habían traído de Yokohama....

 

 

 

Cuando despertó lo primero que vio fue a alguien tendiéndole una mano para incorporarse, y que le sonreía ...

 

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Dibujo de  Sasaki Noriyo

 

 

 

- Bueno - le dije ayudándolo a levantarse - por lo menos esta vez estamos vestidos - me reí al decirlo, el solo sonrió y meneo la cabeza como diciendo no...

 

- Y no hubo tequila de por medio - en eso se dolió de un costado al estar de pie - AU, creo que tengo rota un costilla..o dos...

 

 

- Por Dios es una fractura!! - le mire - sera mejor curarte eso..... - en eso vio a su hermano y sus otros dos amigos ayudar a

 

- Y como esta Seiya... - esa pregunta la hizo entre dudando y temiendo la respuesta. Al ver a Pegaso aturdido pero vivo.

 

 

- Bueno... - nos miramos - pregunto que si habían recuperado la armadura dorada del torneo Galáctico y que si te habían vencido - me miro sorprendido - ¿Ese es tu asunto con la ley que tuviste en Tokio? - lo mire intrigada.

 

 

- Era para vengarme....en esa época tenia mucho resentimiento contra la humanidad, au!!! - grito y mirandome cuando le di en la parte que tenia fracturada - ¿Y ESO?

 

 

- ¡Eras tuuu!, ¡Por eso nos aventaron a la policía en la protesta en Kido entreprise!! - le dije mientras lo señalaba con un dedo - ¿¡TU ERAS EL DE ESA ARMADURA NARANJA Y BLANCO?!!!

 

 

 

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- ¡¿TU ERAS LA BOTARGA GRIS?!! - parpadeo asombrado al recordar -  LA QUE SE ME ATRAVESÓ!!!

 

 

 

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- NO ERA UNA BOTARGA ERA UNA BALLENA GRIS!!! - le aclare enfadada, el me miro se echo a reír - NO TE RÍAS ME RASPE LOS CODOS POR TU CULPA!!

 

 

- Y YO PERDÍ EL BARCO A LA ISLA DE LA REINA MUERTE, POR TU CULPA - se rió al recordar - Y JURE QUE IBA A ENCONTRAR A LA MALDITA BOTARGA QUE ME HABÍA HECHO ESO!!! - en eso yo lo mire y fue cuando ambos soltamos la carcajada

 

 

 

 

Shun hizo parpadear sus ojos, varias veces, es que no daba crédito a lo que veían sus ojos, ¿Ikki se estaba riendo con alguien?, Julius al ver la cara de asombro de Shun....

 

- No te apures Shun - le puso la mano en el hombro - mi hermana tiene sus loqueras y tu hermano las suyas, así que olvídalo!!, ¿Mejor le ayudamos a tus amigos no?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Shiryu solo miraba con tristeza el panorama del campo de batalla, habían ganado si....pero a un precio muy alto para el Dragón....se dejo caer al suelo de rodillas, puso sus manos en el suelo...las lagrimas le brotaban sin control, de su boca solo salio un crudo lamento....

 

- Sun Rei..... - en eso oyó la voz que jamas creyó volver a oír....

 

- SHIRYU!!!! - Le miro venir, corrió para alcanzarla y fundirse en un abrazo

 

- ¡PERO COMO, PERO...COMO!!!! - no podía creerlo Shiryu sentía que estaba en un sueño y que despertaría a la cruda realidad..., le tomo el rostro entre las manos

 

- Fue gracias a ellos - Sunrei le hizo mirar hacia atrás, fue cuando vio a......

 

- OH POR TODOS LOS DIOSES!!!!!! - Shiryu vio a Krishna, Bian , Geki y Thor, se inclino dando las gracias - Se los agradezco... -Krishna le sonrió y

 

 

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- De ahora en adelante ten fe Dragon Shiryu - sonrió y devolvió el agradecimiento con una reverencia - solo ten fe....

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Shun se incorporo, mas ya no había nadie de los Generales o Guerreros divinos con quienes había ido a Yokohama por el clavo en el campo donde habían combatido, solo alguien que le ayudaba a levantarse....

 

 

- ¡JABU! - parpadeo confundido - ¿Donde están Io y los demás - dijo extrañado de solo ver a su amigo.

 

- No te preocupes están bien - sonrió Jabu.

 

- Pero....¿Porque no están..? - Shun vio como su amigo le ponía una mano en uno de sus hombros.

 

- Shun....como templarios fingieron sus muertes, por eso no pueden quedarse - Jabu le miro comprensivo ante la tristeza de Shun - pero te prometo que te llevare a donde estan uno de estos días, ¿De acuerdo? - le palmeo el hombro sonriente.

 

 

 

 

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Notas:

 

Palabras en Griego Copto dichas por Paloma son del Evangelio Gnóstico de Tomas:

 

El reino de Dios esta dentro de ti y a tu alrededor, no en mansiones de madera y piedra, corta un trozo de madera y ahí estaré, levanta una piedra y me encontraras. Quien escuche estas palabras no conocerá la muerte.

 

 

Palabras en Latín de Ikki para abrir el arca :

 

Ante mi el gran poder, el sumo poder del señor de los cielos, del mar y la tierra, el señor de Israel. Yahvé aquí pido sabiduría para ejecutar tu poder..

 

 

 

Nota: Si la imagen de Ikki es del maestro Sasaki Noriyo, ME LA PRESTO!!!! Siiiiii. ES 100% Noriyo!!!, COMO DIJO ROSITITITA COMO FREGAOS NO!!!!!!! (Esta es una frase muy común por la zona de Muzquiz Coahuila, que un tío abuelo siempre lo decía)

 

 

 

 

VIDEOS

 

Walk With You de la serie TOCADO POR UN ÁNGEL

Della Reese

 

 

 

 

 

Chevalier de Sangreal de Hans Zimmer

 

Soundtrack del Código Da Vinci

 

 

 

 

 


Editado por blackdragon, 18 octubre 2017 - 22:09 .


#5 Ivan de Virgo

Ivan de Virgo

    El Caballlero Dorado Legendario de Virgo

  • 2,151 mensajes
Pais:
Peru
Sexo:
Masculino
Signo:
Virgo

Publicado 19 octubre 2017 - 17:08

Saint Seiya Origenes: Nightmare

 

 

- Monte Rushmore -

       

  Kurumi fue soltada por esa persona, cuando el Espíritu abrió los ojos vio a su salvadora, se trataba de una mujer que tenía los ojos cerrados, pelo lacio plateado, delgada, de tez blanca y medidas aceptables.

 

- ¿Estas bien, Kurumi? – Preguntó la chica

 

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-¿Quién eres?

 

 

- Perdón por no presentarme antes pero estabas en un gran aprieto; yo soy tu tía por parte de padre, mi nombre es Chloe Chronicle.

 

 

- Mi tía… es verdad que mi padre es Ivan Chronicle, él me contó mucho de ti pero dijo que estabas muerta.

 

 

- Es una larga historia, vamos a mi auto.

    

     Kurumi y Chloe entraron al auto que se encontraba no muy lejos de donde estaban ellas, cuando entraron comenzaron con la charla.

 

- Yo tuve que desparecer ya que tenía una importante misión como caballera dorada de Virgo que soy.

 

 

- Pero mi padre portaba la armadura de Virgo.

 

 

- Eso es porque se la presté mediante un juramento, la cosa es que ya casi estoy acabando con mi investigación – Dijo Chloe – Pero dicha investigación es muy secreta así que no te lo puedo contar.

     

    Chloe curaba las heridas externas de Kurumi pero se notaba a simple vista que no hacía efecto alguno en la chica.

 

- El chico que intentó matarme era mi hermano.

 

 

- ¿Qué sucede con él?

 

 

- Por favor tía Chloe ayúdame a detenerlo, quiero que mi hermano vuelva a ser el de antes, el chico que solo mataba por necesidad más no por diversión – Suplicó Kurumi

       

  Chloe se quedó pensando un momento mientras miraba fijamente a su sobrina.

 

- ¿Por qué quisieras hacer eso? Él también es mi familia por lo que sería lógico ayudarlo, no obstante yo no soy una beneficencia que se dedica ayudar  a los que lo necesitan – Dijo fríamente manteniendo cerrados sus ojos – Si quieres ayudar a tu hermano hazlo por ti misma con las armas que te daré.

 

 

- ¿Armas?

 

 

- Te convertiré en un verdadero Espíritu, te daré una gema que te permitirá despertarla – Explico Chloe – Te convertirás en el Espíritu más fuerte que haya existido y además con tu inmortalidad nadie te podrá derrotar…PERO te advierto que si aceptas te esperarán cosas horribles y no habrá vuelta atrás.

 

 

- Si con ese poder puedo ayudar a mi hermano y a las personas inocentes entonces soportaré cualquier dolor y cualquier castigo que me impongan…ACEPTO.

 

 

- En ese caso, nos vamos a mi laboratorio… conste que tu aceptaste – Susurró Chloe sonriendo malvadamente

     

    Kurumi seguía adolorida, la mayor parte de sus huesos estaban completamente rotos al igual que sus tendones y su columna vertebral, sin embargo estaba sorprendida al ver a su tía con los ojos cerrados.

 

- ¿Eres ciega? – Preguntó Kurumi

 

 

- Para nada, si abro los ojos puedo ver todo con claridad y sin problemas.

 

 

- Entonces ¿Por qué no los abres? Me da un poco de miedo ver a una chica conducir con los ojos cerrados – Insistió

 

 

- Aunque esté con los ojos cerrados igualmente puedo ver todo con claridad – Respondió – Me privo de la vista con el objetivo de almacenar la mayor cantidad de cosmos cuando los abra, además ya me acostumbré.

 

 

- Así que eres fuerte pero si abres los ojos te vuelves más fuerte aún.

 

 

- Estas entendiendo bien – Dijo – Es por eso que eres mi sobrina favorita.

 

 

- Gracias…

     

    Kurumi se retorció del dolor ya que la hemorragia volvió, sus huesos se debilitaban cada vez más y su cosmos era tan inferior que parecía el de un humano normal.

 

- Resiste un poco más, ya casi llegaremos al laboratorio.

 

 

- ¿Y por qué la caballera dorada de Virgo tiene un laboratorio? – Preguntó Kurumi

 

 

- Ya te lo dije ¿No? Estoy en la misión de encontrar una cura para sanar el lado maligno de mi hermano.

 

 

- Sería chocante para ella si le digo que mi padre murió – Pensó – Será mejor que no le diga nada

        

A lo lejos se divisó un monte el cual parecía común y corriente, sin embargo Chloe sacó un control remoto virtual y luego de presionar unos botones una especie de cochera se abrió, después de que entraron se cerró.

 

- Aun tienes oportunidad de arrepentirte.

 

 

- No; yo me convertiré en un Espíritu muy poderoso para salvar a mi hermano y a los indefensos –Replicó Kurumi

 

         Chloe y Kurumi bajaron del auto pero la segunda no pudo caminar y se cayó, su tía rápidamente la recogió.

 

- ¿Qué te sucede?

 

 

- Kaneki rompió casi todos mis huesos y articulaciones, no puedo caminar con normalidad ¿Me ayudas? – Respondió Kurumi

     

    Su tía agarró a Kurumi en brazos y entraron al laboratorio de Chloe, era un lugar oscuro y tétrico pero equipado con lo último de la tecnología.

 

 

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         En el lugar se encontraban 10 hombres y mujeres vestidos en batas de científicos, Chloe recostó a su sobrina en una cama de metal que se encontraba en medio de la habitación.

 

- No te preocupes por tu cuerpo, además de darte la gema también haré que tus huesos se vuelvan más fuertes – Dijo Chloe sonriendo

 

 

- Me sorprende este lugar ¿Todo esto es tuyo?

 

 

- Pero claro, yo soy gerente de marketing de una empresa importante en Japón, no creas que solo me dedico a preocuparme por tu padre Ivan – Respondió su tía sonriendo – Te lo preguntaré por última vez ¿Segura de esto? Te dolerá demasiado y no pienso anestesiarte, además toda tu vida estará lleno de sufrimiento; si me dices que no quieres hacerlo te dejaré libre…Responde rápido que alguien está por llegar.

 

 

- ¿Alguien está por llegar? ¿Quién?

 

 

- Mi maestro, dime tu respuesta.

 

 

- No te preocupes tía Chloe, acepto convertirme en el Espíritu más fuerte que haya existido, mi objetivo será salvar a mi hermano y proteger gente inocente de seres malignos como los que conocía – Sentenció Kurumi Tokisaki

 

 

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- En ese caso procederemos a la transformación – Aceptó Chloe de Virgo – Estaré en el segundo piso, te sumergiremos sobre el estanque, sanaremos tus huesos rotos y te insertaré el CRISTAL SEPHIRÁ.

       

  Chloe llegó al balcón del laboratorio, ella dio la orden y el cuerpo de Kurumi fue sumergido al estanque, la chica casi no podía respirar y no se podía mover ya que estaba atada por cintas gruesas.

 

- El cuerpo de Kurumi Tokisaki está dañado irremediablemente en un 95%, debemos sanarla de inmediato o de lo contrario no podrá resistir la transformación aunque sea inmortal – Informó un científico llamado Hank

 

 

- Eres el mejor del negocio Hank… Insértenle todo el ADAMANTIUN que tenemos en los almacenes – Ordenó Chloe

 

 

- ¡¿TODO EL ADAMANTIUN?! A pesar de ser inmortal, su cuerpo ordinario no podrá soportar y vivirá en coma para siempre – Dijo otro científico novato  llamado Wescoot

 

 

- El Adamantiun sanará sus huesos rotos y con su poder espiritual no habrá problemas, Wescoot –Dijo Chloe bromeando – Hank, doctor loco, procede con el llenado de Adamantiun en el cuerpo de Kurumi.

 

 

- Insertando Adamantiun en el 95% del cuerpo de Kurumi.

       

  Dentro del estanque unas agujas aparecieron insertándose en Kurumi, claramente se veía como un líquido gris entraba en el cuerpo de la chica.

 

- ¡AHHHHHH! ¡AHHHHHH! ¡AHHHHH!

      

   Los gritos de Kurumi eran desgarradores tanto así que los demás científicos se estremecieron, luego de un rato las agujas se retiraron del estanque pero los gritos de Kurumi no cesaron.

 

-Se completó el insertado de Adamantiun en el cuerpo de Kurumi – Dijo la científica Jessica

 

 

- El 50% del trabajo está hecho, no obstante ahora viene lo importante… Inserten el cristal Sephirá en LOS OJOS DE KURUMI – Ordenó – Esa es una zona segura, nadie imaginará que su fuente vital yace en sus ojos.

    

     Chloe hizo un movimiento de manos con su computadora, los ojos de Kurumi se abrieron, los gritos de la chica se incrementaron más.

 

- ¡AHHHHHHH! ¡AHHHHHH! ¡AHHHHHHH!

 

 

- ESTO ES PARA HACERTE FUERTE KURUMI…TE DOLERA MUCHO PERO LUEGO ME LO AGRADECERÁS.

    

     El Cristal Sephirá que Chloe robó de Chronos se insertó en los ojos de Kurumi, luego se terminó el proceso, las maquinas se estabilizaron, los científicos terminaron su trabajo pero los pulsos de Kurumi cesaron.

 

- Creo que al final…no lo consiguió, Kurumi murió – Dijo Hank

 

 

- Este era nuestro plan de mi maestro Shaka…la muerte de Kurumi.

     

    Al instante varias pulsaciones fuertes y seguidas resonaron en la maquina sorprendiendo a todos.

 

- ¿Qué pasó?

 

 

- Creo que te escuchó – Dijo Hank a su jefa Chloe

 

 

- No…puede ser….

     

    Un fuerte gritó se escuchó debajo del estanque, pero esta vez ya no era un grito de dolor sino se había convertido en un grito de ira.

 

- LO LOGRÉ…LO HICE – Dijo Chloe muy sorprendida – Su cuerpo resistió el adamantiun y además el insertado del Cristal Sephirá que robé de Chronos.

 

 

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         Kurumi dio un grito de ira y al instante rompió las cuerdas que la ataban, ella estaba completamente desnuda pero no le daba vergüenza por alguna razón, el grito causó miedo a todos además lo que más resaltó en ella fue su cambio de color de ojos, antes ella tenía ojos verdes y ahora poseía ojos heterocromáticos… ese fue el día en que nació NIGHTMARE.

 

 

 

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FIN


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#6 ALFREDO

ALFREDO

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Chile
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Masculino
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Publicado 20 octubre 2017 - 07:49

Nombre del Fic: The doom of Knights of the athena.

 

CAPITULO 46. SOLO DESEAMOS AQUELLO QUE NO TENEMOS

 

La diosa se encontraba meditando sobre la cima de la montaña estrellada en una noche, de luna llena. Donde el silencio abundaba a esas horas, le daba una tranquilidad subir a media noche, donde su espíritu entraba en una armonía al estar contemplando su santuario desde las alturas. Cuando algo le hizo romper su meditación al presentársele una entidad, la cual se manifestó como una columna de fuego que envolvió la cima de Stars-hill

 

―En todo este tiempo no habías hecho acto de presencia y ahora te apareces de forma improvista en mi templo más prohibido ―añadió la diosa volteando para dirigirse a la columna de fuego al frente de ella―. Veo que de verdad perdiste tu cascaron humano, ya que no puedes manifestarte en una forma corpórea, Ares.

―Athena, reconociste mi cosmos. Yo pensaba que al reencarnar como una humana habías perdido tus memorias ―respondió la voz desde el fuego como un estruendo.

―He recibido un entrenamiento para saber protegerme estando más vulnerable en este estado, sin embargo tú no has tomado tus precauciones y debido a eso, tu presencia es solo una manifestación de tu alma.

―No te equivoques, ya no soy tan impulsivo en algunas cosas, te he estado observando ―declaró la omnipotente voz escuchándosele una leve carcajada―. He venido con intenciones que te sorprenderán.

―¡¿Qué es lo que quieres?

―Nuestros ejércitos están mermados, no tiene caso continuar esta guerra. Yo solo deseo vivir en este mundo impulsándolo por la fuerza a su estado natural ―explicaba Ares, cuando hizo una pausa―. Tú quieres guiar a los humanos para que respeten a los dioses, no es así.

―Para que puedan vivir, deben respetarnos como lo que somos. Una existencia superior.

―Por lo tanto, mi interés en ellos es inspirarlos a su naturaleza más hostil para demostrarte que al fin y al cabo ellos no quieren ser gobernados por nosotros. Por eso debemos volver a moldear una nueva humanidad a nuestra imagen y semejanza.

―Se han hecho tantas razas humanas, ¿Por qué crees que es necesario reiniciar la humanidad?

―Pero ninguna con una simiente incorruptible como la nuestra. Si yo reencarno como tú, y juntos procreamos una nueva estirpe. Estoy seguro que daremos origen a una raza mortal en la cual podremos confiar para que nos sirvan. Pues será nuestro hijo quien se convierta en el príncipe de la nueva humanidad que dará a luz.

 

Athena se sorprendió ante tal propuesta abriendo los ojos enormemente, mientras una gota de sudor le recorrió su mejilla, su hermano y su rival más belicoso, le estaba pidiendo que tengan un hijo. La hizo sentirse repugnante con solo pensarlo, tanto que expulsó un soplo de energía para alejar la presencia ardiente de Ares.

 

―¡¿Cómo osas, crees que aceptaría algo así?! ―cuestionó Athena irritada―. Yo soy una diosa virgen, y ya cree una raza inmaculada sin necesidad de apareamiento.  Seguí la divina concepción de la madre tierra, igual que cuando alumbro a Urano por sí sola.

―¿Qué conseguiste con eso? Solo se comportan de forma hipócrita siguiendo tus principios castos. Igual que Urano se volvieron unos tiranos con los humanos.

―¡¿Qué conseguiste tú dándoles las armaduras Malkhai a los traidores de mi santuario? ―devolvió la pregunta Athena―. Ninguno te sirvió solo aprovecharon la herramienta que les diste para sus propios fines.

―Yo no les pedí nada a cambio, por eso mismo lo hice. Para demostrarte que ellos solo buscan quedarse con tu poder, si les ofreces un recurso ilimitado ellos te abandonarán.

―Depende que tanta confianza le tangas a quien le deposites ese recurso. Por qué buscas tener una descendencia conmigo, cuando tienes a Afrodita que no se negaría ante vuestra carnal propuesta.

―Ella es una diosa que no me aportaría lo que busco en la nueva humanidad, además ya tuve hijos con ella con mi cuerpo original. Athena por primera vez te ofrezco una tregua que nos guie a la paz y te niegas.

―Tú no crees en la paz, a mi no engañas. La vez como una ilusión por eso te complace las batallas y te alimentas de su energía igual que los daimon. Solo te interesa tu supervivencia.

―Pues entonces no me dejas otra opción que llevarte al extremo, corromperé a la humanidad hasta el fin de los tiempos, para que des cuenta de tu error. Entonces lamentarás no haberme escuchado.

―No te lo permitiré, no dejaré que sigas manipulando a los humanos y mucho menos a mis santos.

 

La columna de fuego se alzó como una tormenta llameante para abrazar a la diosa con el terrible calor de sus flamas, las cuales incendiaron los alrededores de Star-Hill. Sin embargo Athena invocó su circular escudo dorado y lo levantó con ambas manos, enfocando su cosmos en el, para que expulsara un terrible resplandor cósmico que se manifestó como una gran ráfaga de energía que repelió las llamas, desintegrándolas en los cielos como una onda expansiva.  Cuando la diosa bajo su escudo y la calma volvió al lugar se dio cuenta que Ares se había ido y esto no fue más que un advenimiento.

 

                                         ***

Entretanto en la región de Asia menor, con un calor tropical, dos viajeros iban recorriendo una zona rural bastante desértica y desprovista de habitantes, sumergidos en una selva, en la cual el guía de los dos parecía bastante extrañado, pues no recordaba que el sendero al lugar que buscaban tenía que atravesar este bosque.

 

―¿Qué sucede, Oannes? ―cuestionó un muchacho de cortos cabellos rubios, cargando una urna en sus espaldas―. Hace rato que estamos dando vueltas en círculos.

―Quizás sea mejor separarnos ―agregó el santo de tez albina y ojos celestes―. De todas maneras, el primero en encontrar el lago Salmacis avisará al otro.

―Realmente será posible encontrarlo…

―Debes tener más esperanza si quieres separarte de tú hermana.

 

Oaanes subió por un sendero recoso y desapareció adelantándose, yéndose por las alturas mientras Andrós prefirió seguir por el bosque, siguiendo un pequeño rio esperando que lo guie a la fuente que está buscando.

 

Después de unos minutos llego a un jardín muy hermoso donde los pétalos se mantenían flotando y el aroma del lugar era bastante exquisito tanto que se detuvo por unos momentos a olerlo.

En el centro del jardín divisó un lago, el cual pensó que finalmente lo había encontrado. Andrós se dirigió rápidamente para acercársele y dejar caer su urna en la orilla para ver su reflejo en el agua. Se comenzó a desprender de sus vestiduras grisáceas de entrenamientos, como los protectores y camisón, quedando desnudo para sumergirse lentamente en el lago milagroso del que le hablo su compañero y esperaba que pudiera separarlo de su hermana definitivamente.

Sin embargo, al dejarse bañar por las aguas, aunque su cuerpo se relajó no sucedía nada, entonces se sumergió por completo quedándose unos minutos adentro, aguantando la respiración. De pronto, algo cambio. El cauce del agua se tornó violenta y comenzó a formarse un remolino que lo estaba ahogando.

Andrós no tuvo más opción que salir a la superficie bastante afligido, en la orilla escupió el agua salada que había tragado, pero se sentía más mareado para ver estado tan poco tiempo adentro, cuando se dio cuenta que su cuerpo era bañado por la luz de la luna, se reincorporó asombrado, viéndola. Ya era la segunda vez que podía resistir la noche, esta vez parecía ser diferente debido a que no estaba en el templo de los gemelos, ver solo la noche estrellada no le importó nada en ese momento, ya que su cuerpo parecía no sufrir cambios, pero por alguna razón su hermana no se manifestaba ni tampoco podía sentirla. Su alivio de ver la noche, se desvaneció al preguntarse por Gyné, acaso la había destruido, pues ella perdió su cuerpo y solo su conciencia permanecía durmiendo dentro de él.

El aroma por alguna razón se había hecho más fuerte, y de repente de los arbustos de un jardín, unas lianas se manifestaron enredándose en el cuerpo de Andrós quien se vio inmovilizado sin poder moverse.

 

―Esto es tu deseo más profundo ―dijo una voz femenina desde atrás.

 

Al voltearse, pudo ver la presencia de una mujer envuelta en una túnica oscura, pero con el rostro descubierto, supo reconocer esos ojos angelicales en cuanto los vio.

 

―¡Gyné! ―exclamó confundido―. ¿Cómo fue que nos separamos no sentí nada?

―Me abandonaste dentro del lago y fue el agua quien me dio un nuevo cuerpo el cual habitar ―respondió la encapotada, al bajarse la capucha para dejar ver sus cabellos ondulados dorados―. Hermanito, esto es lo que buscabas.

―¿Hermanito? ―se confundió con el tono de su voz―. Ahora ya no hay razón de estar en conflicto, por qué me paralizas, desde cuándo puedes controlar la vegetación.

 

Andrós no obtuvo respuesta, solo una leve sonrisa, que le hizo enfadar, queriendo liberarse con su cosmos, hizo expulsar una energía cósmica por todo su cuerpo que desintegró sus lianas que lo aprisionaban, pero su cuerpo aún seguía tenso y le costaba respirar. Por alguna razón su percepción estaba fallando.

 

―Claro esto es una ilusión, es ilógico que de pronto controles la naturaleza ―dijo al mirar su urna de oro, queriendo llamar su cloth que permaneció estática―. ¿Qué?...

―La cloth de Géminis es como nuestra madre y padre, nunca querrá que nos peleemos ―dio al sacarse su túnica, evidenciando un ropaje escarlata―. Hermanito, por fin podemos ponerle una conclusión a nuestra rivalidad.

―Esa vestimenta, es idéntica a la armadura de Géminis ―dijo Andrós viéndola con precisión―. ¿De dónde la sacaste?

 

―¡Mirror of Darkness! ―

“Reflejo Sombrío”

 

Al concentrar su cosmos en su puño derecho y después con los brazos extendidos al centro del cuerpo y unidos con las manos extendidas, lanza su cosmos formado de oscuridad, el cual envuelve a su hermano provocando que este sea víctima de unas densas tinieblas la cual su piel puede palpar, abrazándolo y quedando estático, se vio totalmente ahogado y confundido, pues no reconoció la técnica de su hermana.

 

―Pobre hermanito, esa es la libertad que buscabas.

 

No obstante, antes de que ella se fuera. Algo sucedió desde la bizarra estatua de oscuridad que quedo, una pequeña galaxia apareció en su interior, como un abismo de luz, despejó toda la oscuridad que lo aprisionaba, pero él que salió no fue Andrós si no Gyné, quien al estar con su cosmos encendido, rápidamente su armadura la cubrió por primera vez.

 

 

―¿Qué? Yo había cubierto su cuerpo con mi aroma de la locura para que su cloth no lo reconociera ―dijo la Gyné de vestimenta escarlata.

―¡Tú no eres yo! ―exclamó enfadada de verla con su apariencia―. Estás portando una Leaf, una vestimenta de la diosa Eris. Eso quiere decir que eres una dríade.

―Y tú eres una traidora que se pasa cambiando de bando ―replicó la doble de Gyné―. Yo cubrí este lugar con mi polen mágico, no deberías ser capaz de tener la energía suficiente para enfrentarme, pues su perfume adormece los cinco sentidos.

―Ya veo con que fue eso con lo que engañaste a mi hermano, quizás ahora no puedas verlo, pero mi cuerpo está cubierto por una red que retuerce las dimensiones, es por eso que tú aroma solo me rebota ―explicaba la santo femenino, cuando hizo aparecer detrás de ella un sombrío abismo―. ¡Que esta fantasía se pierda en el infinito!

 

De pronto de los cielos una gigantesca brecha dimensional engulló el jardín, despedazando la tierra con el lago y el aroma se fundieron en ese agujero sin fondo proveniente de la distorsión.

 

―¿Qué es este agujero negro?

Another Dimension ―musitó la santo femenino dorada―. ¡Ahora, muestra tu verdadera cara!

 

Gyné hizo concentrar la fuerza gravitatoria en una sola columna sobre su doble, que empezó a desfragmentar el cuerpo de su víctima hasta revelar un rostro de una mujer con hiedras en las mejillas, pero aun conservando sus ojos, solo que sus cabellos ahora eran negros y mantenía una Leaf con formas de hojas, mostrando una vestidura más atrevida.

 

―¡A mi Mania de Locura, no me gusta mostrar mi rostro! Solo por eso morirás de la peor manera, te venceré igual que tu hermano.

―Solo lo adormeciste, si hubieras conocido su fuerza desde un principio. Hubieras sido eliminada fácilmente, ya que él posee una fuerza superior a la mía ―respondió Gyné.

―Entonces me será más fácil derrotarte.

―Sin embargo, mi especialidad me hace inmune a tus ilusiones. Hiciste que se confiara al mostrarle su más íntimo deseo, para él ver la luna. Es una libertad que no podrías entender. Así como lo es para mí ver el sol. Aunque yo, llevo más tiempo viéndolo.

―Interesante, déjame brindarte ese deseo entonces… ―dijo Mania al levantar su brazo para distorsionar la realidad, nublando los cielos de unas nubes blancas y un sol cálido en una mañana tranquila, volviendo a florecer el jardín―. Que te parece, no querrías verlo eternamente.

 

No obstante, Gyné hizo volver la oscuridad del espacio. Despedazando el suelo, hasta que las dos queden en el vacío de un abismo que se extendía como redes en los suelos que avanzaban paralelamente.

 

―Aquí el tiempo es una constante, si quieres puedes quedarte eternamente aquí si lo deseas.

―¡Maldita, como te atreves! ―exclamó Mania irritada―. Una sucia traidora como tú, no merece encontrar la libertad por haber traicionado a nuestra madre.

―Eris, no era mi diosa. Solo dejé que me manipulara junto con mis compañeras para volver al santuario con la Labrys para dar a luz a la diosa Athena.

―Te atravesaré con mis diamantes de la oscuridad para despedazarte por completo ―añadió Mania al concentrar su cosmos y formar filosos fragmentos de la oscuridad―. ¡Muere!

 

¡Creazy Destruction!

 

Mania extiende sus brazos hacia adelante para lanzar sus fragmentos oscuros como dardos, los cuales antes de impactar en Gyné se detienen y cambian su trayectoria para dirigirse a su creadora quien se ve pasmada al ver como su técnica más fuerte se le regresa, pero cuando intenta moverse para esquivarlo. Un rayo a la velocidad de la luz la paraliza por completo, quedándose como un blanco inamovible, el cual es herida por los fragmentos de la oscuridad, quedando su cuerpo empalado. La dríade, se desintegra como una briza de hojas.

Mientras el entorno vuelve a la normalidad. Gyné percibe que aún seguía la claridad del sol y solo pudo transformarse debido a que su hermano fue engañado creyendo haber recibido la luz de la luna, pero solo fue el reflejo de una ilusión. Cuando vuelve el campo a su normalidad, sus rasgos comienzas a cambiar y cae inconsciente transformado nuevamente en Andrós. Mientras una sombra se acerca, cubre el cuerpo del santo con una telaraña comenzando a arrastrarla como un bulto.

                        ***

 

 

 

Cerca del atardecer, un perdido Oannes se hallaba subiendo la montaña más alta del bosque que rodeaba el valle, bajo una lluvia descomunal. Sin embargo, llegó a una zona más plana donde divisó un montón de lianas y como toda una vegetación cubría el terreno, algo muy extraño que le hizo preguntarse cómo era posible que creciera tanta maleza en un terreno tan elevado y árido. El santo dorado de Malena 0ndulada y tez albina era lo único bello en ese lugar que parecía ser un tétrico bosque encantado en las alturas.

Quiso seguir el sendero caminando con cuidado por algunos minutos, no encontró nada más que una vegetación abundante, que no permitía ver la cima. Fue entonces cuando quiso despejar el camino con una de sus técnicas.

 

—¡Ceto of Alrisha! —

“Azote del gran Pez”

 

Extendiendo sus extremidades concentró una gran cantidad de energía aguamarina con la que al conectar un gancho en vertical provocó que la fuerza tenue y sutil que lo rodeaba como un torrente, se estremeciera y fuese liberado de forma violenta arrastrando todas las lianas a su alrededor como un tifón gigantesco que se elevó hasta los cielos, pero más que eso parecía un gran chorro a presión de una enorme ballena que elevo y despedazó toda las enredaderas, cayendo residuos en pedazos a sus pies.

Fue entonces que después de despejarse el camino, pudo encontrar una cueva que parecía ser el epicentro, donde alguien vivía.

 

 

—Así que esto era lo que ocultaban estas lianas, pero quién se esconde aquí —se preguntó Oannes cuando divisó una sombra saliendo.

—No, me mates por favor —dijo una voz de una vieja envuelta en una capucha grasienta—. Solo soy una pobre anciana.

—Yo diría que eres una bruja si te escondías, haciendo crecer todas estas enredaderas —añadió Piscis—. Tú eres la responsable de que todo este bosque haya crecido de repente debajo de la montaña y en su cima.

 

No hubo una respuesta, solo escucho una leve carcajada que le hizo estar en lo correcto, por lo que el santo se puso en guardia esperando que su decadente oponente mostrara su verdadero aspecto.

 

—¡¿Qué esperas?! —exclamó con exigiéndole—. Por qué no muestras tú apariencia real.

—Esta es mi apariencia real jovencito.

—¿Qué?

 

Oannes percibió como un aura la rodeaba, un cosmos que rápidamente hizo brotar de la nada una gran cantidad de lianas como un jardín mágico nuevamente que volvió a la vida.

 

—A diferencia tuya no poseo una prolongada longevidad.

—Entonces quisiera saber, tu nombre y por qué me detienes.

—El por qué no te lo diré. Solo debes saber que nadie debe acercarse al lago de los deseos. Ya que quien lo haga morirá.

—Una vez conocí este lugar, como una fuente sagrada pero nunca comprobé si era verdad lo que decían los rumores.

—Entonces solo bienes por una vieja leyenda.

—No creo que sea una leyenda, sino alguien como tú no lo protegería perdiéndonos en el camino.

—¡Basta de charla! —ordenó la vieja, cuando unas lianas fueron en dirección a Oannes para golpearlo como un fuerte latigazo.

 

Sin embargo, éste dio una vuelta en el aire y en el proceso hizo que unas aletas de cosmos azul se le extendieran de sus brazales con las que cortó como espadas en múltiples pedazos las lianas.

 

—Ohh… Parece que también eres capaz de forjar tus propias armas, solo con tu cosmos.

—Solo cambio la densidad de la humedad que me rodea, transformándola en hojas a presión, el agua concentrada es incluso capaz de cortar hasta el diamante más duro —explicaba Oannes—. Sin embargo, tú de la misma tierra haces crecer estas lianas como si nada, no eres alguien ordinario.

—Yo soy un ser cercano a la gran madre de la tierra. Es por eso, por lo que me concede su poder —respondió la bruja haciendo brotar hojas verdosas desde las enredaderas—.

No eres el único con habilidades cortantes.

 

Entonces hizo dispararlas cuando las cargó de un finísimo cosmos afilado, al hacerlas girar y lanzarlas como discos esmeraldas, los cuales colisionaron con las aletas de Oannes, produciendo un chirrido como un acero afilándose, sacando hasta astillas brillantes, demostrando que sus dos armas tenían el mismo filo.

Aunque la bruja era capaz de producir cientos de hojas, las cuales fue arrojando una vez cargadas de energía, Oannes las repelía blandiendo sus brazos como espadas para repeler las hojas que lanzaba como discos de energía.

 

—¿Cuánto más podrás aguantar? —se mofo la vieja quien ni se movía, solo veía el espectáculo—. No importa, de cualquier manera, ahora sentirás como tu cuerpo es blanco de mis espinas mortíferas…

 

¡Thorns of ruin!

“Espinas de la Ruina”

 

Haciendo brotar múltiples dardos, desde sus enredaderas disparó espinas negras como una lluvia de flechas. Entonces, el santo supo que esta vez necesitaría una mejor defensa, por lo que levantó un muro de agua a presión dando una estocada en el suelo. Sin embargo, unas tres espinas lograron penetrarle en sus piernas, antes de que su defensa se endureciera por completo.

 

—Jajaja, no importa que hayan sido solo tres espinas —dijo la vieja complacida—. Muy pronto experimentarás un veneno que irá mermando tus fuerzas hasta que tu cuerpo quede sin energías.

—No siento nada… —dijo al momento de retirarse las espinas, las cuales se dio cuenta que habían perforada su cloth, cosa que lo hizo preocuparse—. Antes de que ocurra cualquier algo, terminaré contigo de una buena vez…

 

¡Ceto of Alrisha!

“Azote del Gran Pez”

 

Oannes liberó un golpe concentrado de humedad la cual se convirtió en un chorro horizontal que fue avanzando tomando más fuerza hasta liberar todo su clímax como un chorro submarino rodeando a la anciana en su ojo, cuando inesperadamente percibió que un gran cosmos diferente empezó a emanar, el cual se desintegró con facilidad su maremoto. Solo quedando la cortina de vapor, del que una mujer mucho más joven salió de ahí.

Aquella mujer traía el cabello negro azulado, liso y semi-ondulado hasta poco más abajo de los hombros, estando semi-desnuda poseyendo una falda blanca envuelta en una coraza muy atrevida de color marrón como la tierra. Su piel era blanca y ocultaba la mitad de su rostro por un manchón teniendo dos orejas puntiagudas como si fuese una criatura del bosque mágica.

 

—Hacía mucho tiempo que no rejuvenecía, te gusta mi Leaf. Esta es la prueba de que soy una dríade al servicio de la diosa Eris. Soy Ate de la Ruina.

—Ate. Has rejuvenecido… —dijo Oannes cuando se miró sus brazos y notó como su piel estaba más arrugada, entonces se tocó el rostro—. He envejecido.

—Gracias por compartir tu longevidad.

 

Oannes se dio cuenta muy tarde lo que realmente habían hecho las espinas de Ate sobre él. Quedando disgustado al sentir que su cuerpo ahora era más adulto en un par de años en tan solo un instante. Por lo que se lanzó con sus aletas para rebanarla, pero la dríade se quedó quieta para hacer brotar de la tierra incontables raíces las cuales fueron creciendo arrinconando al santo dorado hasta envolverlo en un capucho.

 

¡Million Hatred!

—¿Qué son estas zarzas?

—Son raíces fortalecidas con el poder de mi madre, no podrás liberarte ya que entre más cosmos uses, más energía te será drenada.

—Estoy seguro de que puedo soportarlo antes de perder toda mi fuerza.

Oannes reunió una gran cantidad de cosmos y se envolvió en un torrente de brillante fulgor, despedazando las zarzas usando su máxima fuerza, dio dos estocadas gigantes desde el interior, exclamando un gran alarido hasta elevarse sobre las alturas.

—¡Estúpido! —dijo Ate al sentir como más fuerzas se le renovaban a ella—. Me pregunto si serás tan veloz ahora.

 

Ate nuevamente disparó desde sus enredaderas múltiples hojas verdosas como discos de energía, los cuales Oannes rechazó con violencia por unos instantes. Aunque paulatinamente, fue perdiendo velocidad y fue retrocediendo comenzando a ser alcanzado por unas cuantas hojas que lo desequilibraron y estrellaron violentamente sobre la tierra que nuevamente lo aprisionó con sus raíces con más fuerza que antes.

Esta vez notó como su cabello se volvía gris y se sintió más cansado, envejeciendo todavía más, parecía ser el final de sus fuerzas al no poder invocar más su cosmos.

 

— ¿Por qué Eris protege este lugar? —cuestionó con una voz más ronca—. Al menos dímelo si me vas a matar.

—Gracias a ti he recuperado mi vigor supongo que puedo concederte ese pequeño favor como compensación antes de matarte —dijo la jovial dríade acercándose a él—. El agua del lago tiene extrañas propiedades que los dioses depositaron cuando el hijo de Hermes y Afrodita, Hermafrodito se convirtió en un ser andrógino. Tomando la apariencia de un hombre y mujer al mismo tiempo, como fueron creados inicialmente los humanos. No obstante, Hermafrodito suplicó a los dioses que cualquiera que se bañara en el agua sufriera el mismo martirio. Sin embargo, los dioses se cansaron de su exigencia y dotaron al lago con la capacidad de que los hombres se volvieran afeminados y masculina a las mujeres.

—Pero ¿qué tiene que ver con Eris?

—La diosa Eris quería reencarnar en una mujer que perdiera su feminidad y presentara aptitudes belicosas como los hombres, por eso nos dejó cuidando este lago, porque su cascaron debe hacerlo por su propia voluntad.

—Ya entiendo, entonces si un andrógino se baña en el lago…

—Pues es posible que el caso contrario, pero se acabó tu tiempo —dijo Ate al lanzarle sus zarzas para penetrar su rostro. Sin embargo, antes de que lograran tocarlo se detuvieron en el último momento—. ¿Qué sucede?

—Creo que ya es suficiente —respondió Oannes—. Ya me aclaraste mis inquietudes, por lo que no necesito seguir dejándome consumir por tu veneno.

 

Las enormes zarzas se replegaron liberando a Oannes de su encierro y se volvieron en contra de su creadora quien quedo confundida al ver que estaba controlando las raíces otorgadas por su madre.

 

—La voluntad tuya ha sido anulada —dijo Oannes al inhalar sutilmente aspirando una cálida briza regocijante para él—. Todo este tiempo, la lluvia que caía en la montaña era obra mía. Por lo que la tierra esta mojada con mi esencia.

—No entiendo, ¿cómo es posible?

—Cada gota de agua dejo incubada de manera microscópica una partícula de mi cosmos, quedando en estado de suspensión, solo estoy expandiendo mi campo de energía igual que tú.

 

Oannes aspiró con más fuerza el aire del ambiente, volviendo a rejuvenecer milagrosamente, llenándose de su cosmos lleno de vitalidad nuevamente y aun con más intensidad que antes.

 

—¡Has recuperado tu condición normal!

—Es producto de mi cercanía extrema con el cosmos, la fuente de la vida. El séptimo sentido en su máximo es capaz de estimular los demás sentidos, produciendo este milagro.

—Esa explosión de cosmos solo fue momentánea, te sirvió solo para recuperarte.

—Es todo lo que necesito, ahora estamos iguales.

—Soy la dríade más cercana a la diosa Eris, jamás sería igual a un humano.

—Te dejé extraer mi juventud efímeramente, a cambio de tus secretos. A cambio te mostré mi secreto para estimular mi cosmos —explico Oannes rodeándose de un gran cosmos aguamarina en forma de torrente sobre su cuerpo—. Déjame ensañarte mi látigo de agua.

¡Rope of life!

“Cuerda de la vida”

 

Oannes extendió sus dedos para comenzar a aspirar desde los poros de ella toda el agua de su cuerpo en forma de pequeños y diminutas moléculas de agua las cuales se fueron fragmentando en una finísima cuerda de agua que se extendieron desde sus venas como una red, que al agitar le dejó seca como una flor marchitada. Quedándose estática y comenzándose a podrir aceleradamente mientras perdía toda su belleza que le robó, cayó volviéndose una anciana nuevamente hasta secarse por completo y quedar sin ningún vestigio de vida.

 

                                  ***

 

Debido a que los santos habían vencido a los obstáculos que le nublaban el camino, el primero en divisar un sendero a la fuente Salmacis original no fue otro más que Andrós, quien ya se había recuperado y ahora caminaba con lentitud con algo de cansancio, viendo desde la lejanía como su camino terminaba llegando a un pequeño pozo a la sombra de un viejo roble.

En los cielos las nubes se habían tornado medias rojizas, debido al ángulo de los rayos del sol en el atardecer, un crepúsculo se prolongaba en esos momentos.

 

—Esta es la verdadera fuente —agregó Andrós con los ojos semi-cerrados—. Puedes escucharme Gyné…

—¡Espera, Andrós! —exclamó Gyné desde el interior—. Antes de entrar en esas aguas, debes estar seguro de que lo quieres.

—Lo que quiero es complementarme a mí mismo sin seguir buscándote para lograrlo —respondió con sinceridad—. ¿Tú qué buscas?

—Ya experimenté la libertad de estar separados y no me hizo sentir completa, ahora en tú interior ya no siento esa necesidad, pero si eso es lo que deseas…

 

Desacoplándose de su ropaje entró en la fuente comenzando a bañarse en sus aguas, las cueles estaban frías y dentro del agua la fisionomía de Andrós comenzó a cambiar, de su nuca un rostro de mujer apareció, mientras dos brazos y dos piernas más le brotaron. Quedando como un humanoide de grandes proporciones.

 

¡Me he vuelto un hermafrodita! —exclamó Andrós sintiéndose confundido, pues pensaba que tal abominación era producto de la radiación del templo de los gemelos—. ¿Por qué Gyné?

—¡Yo no he sido! —vociferó su hermana, bastante irritada también—. ¡Fue la fuente!

—¿Qué dices?

—No puedo cambiar nuestro cuerpo, mi cosmos no hace efecto.

—¿Acaso ese no era su deseo? —cuestionó una voz desde las sombras del árbol, un ulular se escuchó, acercándose un mochuelo de brillantes colores platinados—. La fuente fue maldecida por Hermes y Afrodita en venganza de que su hijo quedara igual que ustedes en esas aguas.

—¡Esa voz! —exclamó Gyné—. ¡Eres Pallas!

 

De pronto de una abertura del roble, una silueta de una mujer de coleta oscura salió. Reconociéndola de inmediato como la doncella de Athena, que Gyné conoció, pero tenía un semblante diferente, pues sus ojos estaban expresando un rostro adormecido. Parándose el búho en su hombro.

 

—Este es su castigo por su desmesura —declaró una voz más fuerte viniendo del búho que se desarmó cubriendo el cuerpo de la doncella—. No debieron haber venido a este lugar.

—¿Qué no es Noctua el búho de Athena, por qué nos siguió? —cuestionaba Andrós.

—Noctua no es más que mi nombre humano, igual que Pallas no son más que identidades marionetas para ocultar mi verdadero ser —dijo al manifestar un gran cosmos que le hicieron extender sus alas—. Yo soy la diosa que castiga a los humanos por desequilibrarse, Némesis la vengadora.

—¿Por qué nos haces esto? —la interrogó Gyné—. ¿Acaso sabes que sucedió con nosotros cuando nacimos?

—Su madre fue una pecadora en contra de los dioses, por eso ustedes merecen este castigo —respondió la diosa—. Quieren revivir el pasado…

La diosa vatio sus alas, expulsando unas plumas oscuras que cubrieron los cielos como si fuesen una parvada de pájaros donde unas nubes fueron tomando la silueta de un remoto lugar en el santuario.

 

Su madre se llamaba Adrasteia, una niña amazona que Dastan de Escorpio salvó en uno de sus viajes exterminando a los sequitos infieles de Athena. En ese tiempo yo solo esperaba a que naciera una mujer fuerte y digna de albergar mí divinidad, pero casta y ella era perfecta. Ya que de las santias en ese tiempo solo estaban Makeda de Andrómeda que había traicionado al santuario al dejarse llevar por las pasiones humanas con Amón y Ceres de Loto, que había sido escogida como la madre que daría luz a Athena. Con el tiempo, Adrasteia creció, pero por alguna razón no siguió sus principios de permanecer virgen y cuando termino su entrenamiento, su maestro la envió a buscar su cloth a la isla de Kanon, donde conoció varón que la dejo embarazada. Se quedo a vivir ahí durante un año a pesar de haber encontrado el cloth desde hace tiempo en su estado de reposo, cuando estaba a punto de dar a luz, la cloth la trasladó al templo de los gemelos, justo cuando quise asesinarla por haberme ofendido con sus actos.

Ella dio a luz en el templo de los gemelos a vosotros dos, pero en mi afán de vengarme, cuando cumplieron la edad la edad suficiente para iniciar un entrenamiento les lance una maldición alterando la realidad del templo de los gemelos le di vida propia para que los bañara con su extraña radiación que los hizo simbióticos al templo. De una forma retorcida a lo que provocan las aguas del lago Salmacis, de forma cíclica, durante el día, la radiación solar trasladaría a Gyné al templo para que su hermano deambulara en el mundo y durante la noche, la luna trasladaría a Andrós al recinto para que su hermana viviera en el mundo exterior. Los dos estarían flotando en ese recinto durante el día o la noche de forma eterna.

 

—¿Qué por eso nos maldijeron? —cuestionó Andrós—. ¿Cómo nuestra madre iba a saber que estaba destinada a ser tu receptáculo?

—Ella quiso tener descendencia es por eso por lo que los separé. Después de todo habían sido escogido por las estrellas para ser el nuevo santo de Géminis, no los podía asesinar y degradar la orden de Athena —explicaba Némesis—. Su deseo fue que permanecieran juntos y se lo cumplí de forma inesperada.

—¡Nos separaste! —exclamó Gyne—. Esta aberración solo nos llevó a distanciarnos.

—Este lago es una maldición que suprime la virilidad en los hombres y en las mujeres su feminidad, al bañarse aquí ustedes obtuvieron una inhibición de ambos sexos a la mitad, es por eso por lo que solo pueden existir así ahora.

—Siendo un andrógino —concluyó Andros decepcionado—. Todo fue por nada, al final nuestra esperanza de libertad fue todo lo contrario.

—No la escuches —espetó Gyné del otro lado de su cuerpo—. No tendríamos necesidad de buscar este lago si pudiéramos dominar el núcleo del templo de los gemelos.

—¿Qué dices?

—Ya entendí que ella nos conjuró su venganza en el templo, pero si nuestro cosmos logra deshacerlo dominando la radiación, está ya no nos alternará trasladándonos durante el día o la noche.

 

Podría ser posible, eso dejo que su hermano lo pensara, mientras la diosa solo permaneció en silencio al elevarse como un ser alado sobre el árbol. Mientras su cosmos lo bordeaba todo, cambiaba la atmosfera del ambiente en una noche tormentosa. La diosa empezó a flotar en el aire alzando sus manos por encima de su cabeza creando entre sus palmas una fuente de energía que irradiaba como una luminosidad tan intensa como un astro, emitiendo ondas que refractaban la luz y la sombra del lugar.

El ser andrógino, la vio desde la orilla del lago con resentimiento preparándose para defenderse, por primera vez estaban en comunión entre ambos hermanos, cuando la diosa liberó ese tremenda descarga de energía como un enorme relámpago, el gigante de cuatro brazos trató de soportarlo o ese parecía al extender sus extremidades, pero en realidad trataba de hacer que su espacio no se resquebrajara y pudiera cambiar la dirección del ataque sobre su propia ejecutora como siempre lo hacía, pero esta vez parecía ser demasiada la carga, a pesar de que su fuerza estaba duplicada debido a su condición. Todo su cuerpo fue sobrecargado por esa densa energía azulada que lo baño en una energía magnética, pero en un alarido de agonía, incontables lenguas de energía salieron del cuerpo andrógino de los gemelos como si estuviese rebotando la descarga por partes, hasta quedarse solo con la suficiente sobre su cuerpo, la cual pudo anular hasta desintegrarla en la palma de sus brazos.

Terminó exhausto, mientras su cuerpo caía de rodillas y humeaba desde su coraza dorada que lo cubría parcialmente. Entretanto Némesis lo observaba sin dar crédito a lo que veían sus ojos.

El gigante cuádruplo se le lanzó saltando directamente hacia ella, pero la sorprendió apareciendo desde atrás para cubrirla con una estampida de golpes a la velocidad de la luz, que multiplicaron en el doble su velocidad habitual sobre la diosa, quien pronunció un chirrido como defensa que lo hizo retroceder tanto que los golpes no lograron alcanzarla, sino que estallaron con la onda destructora que emitía desde sus labios. Hasta que el andrógino se alejó de ella al ver que no pudo tomarla por sorpresa y solo terminó con un zumbido que no le permitía pensar con claridad a ambos hermanos.

La diosa se cubrió de una oscura bruma hasta acumular toda su energía en su palma izquierda de la que hizo chocar con su puño derecho, pero en realidad sonrió con malicia al empezar a extraer de su palma iluminada, una hoja que blandió como una espada curva de cosmos morado.

Gyné y Andrós alzaron sus brazos creando múltiples galaxias mientras Némesis forjaba su espada, el ser andrógino multiplicó la ejecución de su técnica más devastadora en una oleada explosiones cósmicas que dieron origen una mega explosión de galaxias como nunca antes la había liberado, en una gran ola que devastaba estrellas en el procesos, pero la diosa blandió su enorme espada curva, provocando dividir la mega explosión en dos, desviando su máxima capacidad destructora hacia los costados sin que la alcancen, el ser andrógino se vio sorprendido cuando ella apareció sobre él en un parpadeo, mientras estaba estático por tal esfuerzo frustrado. La diosa dio una estocada para cortarlo a la mitad de forma vertical, lo dividió en dos a los gemelos, con la mitad su cuerpo despedazado, cayeron desangrándose en el suelo. En una agonía que parecía ser el llanto de un engendro.

 

—Querían separarse, pues ahora estoy cumpliendo su deseo. Eso les pasa por ser muy desmesurados en su crimen de buscar escapar de la cólera divina.

 

Mientras comenzaba a reír de una forma demencial, la mitad del cuerpo que pertenecía a Gyné alzó un brazo y emitió un rayo de energía muy finísimo sobre el cerebro de Pallas, produciendo no más que una leve herida en ella, que le pareció su último aliento insignificante.

 

—¿Querías vengar a tus hermanas amazonas? —cuestionó la doncella al alzar sus alas—. Pues de todas formas tu castigo será el peor de todos, ahora desaparecerás para siempre…

 

¡Nebulosa del Búho!

 

La diosa extendió su brazo izquierdo y emitió una oscura materia como el ébano que envolvió el cuerpo de Gyné hasta succionarla y desaparecerla en una luz que desintegró la nebulosa desde adentro.

 

—Contigo seré más clemente, morirás sin sufrir más —dijo la diosa al extender su extremidad en forma recta para destruirlo.

 

Cuando en ese momento un lazo dorado detuvo que destruyera a Andrós, al rastrear de donde venia esa cuerda, la diosa divisó la figura de otro individuo, un hombre de hermosa cabellera ondulada como las olas del mar, portando una armadura con aletas en los codos, mientras sostenía ese lazo de cosmos.

 

—Tú —se asombró levemente la doncella de coleta oscura—. Llegas tarde Oannes de Piscis, estoy dándoles el golpe de gracia.

—No lo lograrás con este gemelo —clamó Piscis al alzar su brazo libre y reunir la humedad en el aire en forma de una burbuja—. Mientras aún viva, por lo menos lo salvaré a él.

 

Oannes hizo estallar la esfera brillante en una cortina de vapor, que no significó nada para ella quien lo despejó con el aleteo de sus alas produciendo una ráfaga huracanada que cuando terminó se dio cuenta que había huido sin dejar rastro.

La diosa sabía que no lograría salvarlo en su condición agonizante, así que se envolvió y extendió sus negras alas como los de un cuervo y alzó el vuelo para regresar al santuario.


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FANFIC: La condenación de los caballeros de Athena

Capitulo 44 .-  desde el (06/04/2017)

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Publicado 20 octubre 2017 - 09:19

Nombre del Fic:

EL LEGADO DE ATENA

 

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Capítulo 65
Batalla de reyes. Parte III
 
Antes de que el poder de Apolo escapara de su dedo y atravesara el corazón de Poseidón, ambos Olímpicos fueron bañados por una intensa luz proveniente de un bólido cegador que se dirigía hacia ellos.
Apolo redirigió su mano hacia aquella manifestación y lanzó el ataque destinado para Poseidón, mas cuál fue su sorpresa cuando el calcinante rayo escarlata rebotó sobre la aparente estrella fugaz que los engulló irremediablemente.
Apolo se quedó un mero segundo cegado por el paso de la feroz corriente cósmica sobre él, la cual no lo hirió o agredió de ninguna forma, pero sí le arrebató a Poseidón de las manos. Para cuando Apolo recuperó la visión, vio que en la lejanía aquel resplandor quedó estático, liberando un fulgor palpitante, como si algo fuera a nacer de él.
 
Atrapado dentro de aquel halo, el dios del mar se sobrecogió por la cálida y amigable energía que lo rodeaba. Abrió con dificultad los ojos, notando algo más allí con él que no logró distinguir rápidamente, mas cuando lo hizo su sorpresa fue enorme. Su quijada quedó trabada e imposibilitada de hacer cualquier pregunta, pues no podía creer lo que volvía a él… Después de milenios estaba allí…. — ¿Por qué?— se preguntó a sí mismo, ignorando su demacrada imagen reflejada en la reluciente figura que lo había salvado.
— Entiendo —pensó, como si hubiera recibido una respuesta que sólo él pudo escuchar.
 
Apolo percibía cómo es que dentro de ese huevo cósmico un gran poder estaba creciendo en su interior y latía, cada vez con más fuerza. El Olímpico observó cómo el perdido Tridente de los Mares cruzó el universo a gran velocidad y se impactó contra el ovalo luminoso, rompiéndolo y liberando todo el poder dentro de él.
El cosmos de Apolo y su propia magnificencia quedaron eclipsados por la del dios rival, quien emergió de entre los deslumbrantes resplandores.
Los alargados ojos de Apolo se congelaron en un gesto azorado al contemplar el magnífico fulgor azul que rodeaba a Poseidón.
— ¡Es inaudito!— el dios clamó con desconcierto—. ¡Esa kamui… creí que había sido destruida junto a tu cuerpo en la Era Mitológica!
Poseidón irradiaba en poder al verse totalmente cubierto por su armadura divina, la original que creyó perdida tras su primera derrota ante Atena. Escamas de adamantio azulado como el zafiro con vistosos detalles dorados reflejaban la exquisita belleza de las profundidades marinas y representaban dignamente la nobleza de quien regía sobre los mares. En su espalda dos grandes aletas curvas simulaban las alas que lo alzaban como una auténtica divinidad.
El poder de las tormentas y maremotos moraban en el cosmos radiante del hijo de Cronos, siendo sobre su armadura donde algunas descargas eléctricas viajaban como estelas luminosas.
Poseidón permaneció con el rostro ensombrecido un momento, permitiéndose disfrutar aquel reencuentro con su preciada armadura. Sentía un palpitar junto al suyo, un aliento sobre sus oídos, una calidez que fue capaz de exorcizar de su cuerpo el dolor y las heridas, regresándole la forma, juventud  y vida que ya creía perdidas.
Manteniendo los ojos cerrados Poseidón habló—: Yo también lo creía así, Apolo. — Sujetó el Tridente de los Mares que flotaba frente a él, el cual sufrió una leve transformación en cuanto fue tocado por el dios, cambiando sus colores dorados por el mismo azul de su kamui—. Pero tal parece que tu sabia hermana tenía otros planes para ella. Nunca dejó de creer que algún día la necesitaría de regreso.
— ¡¿Atena hizo tal cosa?! ¡¿Cómo es que se atrevió a engañarnos?! —Apolo cuestionó con indignación—. ¡¿Por qué intercede por aquel que fue su enemigo durante todos estos siglos?!
— Para mí es claro. —El dios del mar abrió los ojos, mostrando una mirada que fulminaría legiones enteras del Olimpo con sólo desearlo—. Atena clama ser la diosa de las guerras justas,  el destino de la Tierra y de la humanidad se decidirá en igualdad de condiciones. —Su cosmos creció, creando una feroz tormenta cósmica que nubló los astros del universo.
Su kamui no sólo estaba allí para reparar y proteger su cuerpo mortal, sino que también le garantizaba que sería capaz de emplear todo el poder del que era dueño sin poner en peligro su existencia.
— No dices más que disparates —masculló Apolo con el ceño fruncido—. Esto no cambiará nada, sigues siendo un dios inferior para mí.
— ¿Inferior, dices? He aprendido lo que los mortales veneran de un dios— apuntó su tridente hacia el corazón de Apolo con desafío—: su sentido de la justicia y su compasión. Dos cosas que alguien como tú jamás comprendería, por estar sumido en una existencia vacía y egoísta durante siglos. Tú y el resto de los dioses que se resisten al cambio están destinados a desaparecer y ser olvidados por los hombres, ya que no pueden ganarse su devoción permaneciendo sentados en sus tronos celestiales. Sólo hasta que hayas peleado al lado de ellos, hasta que hayas sangrado por ellos, es que realmente serás digno.
— ¿Un dios, dando su sangre por un humano? — La indignación del dios del sol se reflejó en el cosmos llameante de sus ojos—. Poseidón, es toda una ofensa tenerte ante mi presencia. Desaparece, eres tú quien merece el olvido, me aseguraré de ello. A diferencia de Atena, no permitiré que tu alma errante regrese a desafiarme. ¡Tu círculo de derrotas interminables finaliza aquí! ¡Sucumbe ante el poder de un auténtico dios!
 
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Territorio Sagrado, ante los Grandes Espíritus.
 
Yoh Asakura no tenía por qué contener la fuerza del espíritu que lo acompañaba, en ese lugar sagrado que existe entre el mundo de los vivos y la antesala al más allá, las consecuencias de cualquier batalla no afectarían a nadie, salvo a los participantes de tan titánica contienda.
 
El colosal espíritu de la tierra se abalanzó contra el gigante alado que flotaba unos cuantos metros sobre el suelo. Como réplica del primer ataque de Yoh hacia Avanish, el ángel con corona extendió una sola mano para contener el puñetazo de su rival. Para sorpresa de Yoh, el brazo de su espíritu acompañante se quebró en miles de fragmentos en cuanto impactó la mano azul del ángel.
El espíritu dorado rugió molesto y adolorido, mas rápidamente una gran cantidad de tierra se alzó del suelo para reformar el brazo destruido. En contra de todo pronóstico, pese a su inmensidad, el espíritu de la tierra lanzó golpes con sus brazos a una velocidad impresionante, sin detenerse pese a que cada que era bloqueado sus extremidades se rompían, pero con la misma velocidad eran reemplazadas por la materia bajo sus pies.
A diferencia de Avanish, Asakura decidió apoyar a su compañero, lanzando grandes ataques cortantes nacidos de su espada, logrando impactar el flameante cuerpo azul.
Cortes se abrieron en el cuerpo del gigante alado, mas en vez de salir sangre emergieron gritos de dolor de cientos de almas combatientes.
— ¡¿Pero qué…?! —Yoh exclamó confundido, buscando respuestas en el hombre que se mantenía flotando por encima de la corona de llamas blancas del coloso.
— Los espíritus de la tierra, agua, fuego y aire pueden ser los regentes dominantes de este planeta,  mas el tiempo nos ha permitido atestiguar que su grandeza y majestuosidad pueden desaparecer y corromperse ante la presencia y labor de los humanos —explicó Avanish con placer, permitiendo que por un instante el ángel mostrara su auténtica forma, la de millones de almas humanas de todas las edades, razas, géneros y tiempos, que unificadas se volvieron una fuerza imparable.
En cuanto recobró su forma titánica, el ángel azul precipitó un puñetazo contra el coloso dorado, destrozándole la cabeza.
Asakura salió disparado junto a las piedras y tierra, manteniéndose en el aire gracias a sus habilidades.
— Valerte de almas prisioneras no te servirá, las liberaré de tu dominio —sentenció, frustrado por aquel acto tan abominable.
— ¿Prisioneras? —Avanish sonrió—. No juzgues tan deprisa, Asakura. Tú y yo sabemos que un alma leal es mucho más poderosa y efectiva que una esclavizada… ¿Crees que yo me rebajaría a imitar actos tan viles como los tuyos? —le recordó pasajes de sus vidas pasadas—. Puede que sea uno de tus más odiados enemigos, pero hay cosas que hasta yo sé respetar... Estas almas, estas personas, están aquí porque así es su deseo —aclaró entre el estruendo del gigante descabezado cayendo al suelo—. He pasado los últimos siglos  conociendo a cada uno de ellos y han decidido pelear a mi lado.
En ese instante, del inmóvil cuerpo del espíritu de la tierra crecieron centenares de brazos que, como los de una araña, lograron sujetar al ángel azul.
— Desde las almas que fueron abatidas por el primer diluvio divino —Avanish continuó relatando con tranquilidad pese a ver que el espíritu dorado recobró su cabeza, la cual se duplicó numerosas veces por todo su torso, simulando ahora ser un centimanos* de la Era Mitológica—, hasta aquellas que se negaron a partir al otro mundo después del último Gran Eclipse y otras más que rescaté del Cocito cuando el Inframundo estalló en caos…
De repente, el colosal centimanos se vio acompañado por cinco réplicas de él mismo que emergieron del suelo para rodear al ángel y a su creador.
Simultáneamente, los centimanos descargaron toda la fuerza de sus golpes contra el inmóvil ángel, alzando grava y polvo como si fuera una violenta erupción volcánica que obligó a Yoh a alejarse.
El Shaman King no se engañó, por lo que permaneció atento a cualquier contraataque que no demoró en ocurrir.
De un sólo aleteo de aquellas alas de luz, el colosal ángel destruyó a tres de los seis gigantes dorados, liberándose en el proceso. Voló veloz por el cielo, siendo perseguido por brazos de roca serpentinos que no lograban más que rozar sus piernas, sin percatarse de que otros tres colosos enemigos se alzaban del suelo para suplantar a los que fueron destruidos.
A cierta altura, el ángel se detuvo y, antes de que fuera alcanzado por los numerosos brazos, de sus alas liberó una ola expansiva de energía que desintegró a  cada uno de sus titánicos enemigos, aplastándolos contra la misma tierra dentro de la que sus restos se fundieron. Kilómetros de suelo se hundieron tras el estruendoso aleteo por el cual el espíritu de la tierra no volvió a materializarse.
— Y eso es sólo un juego de niños… —Yoh escuchó a su diestra, girándose sólo para recibir un único golpe en el estómago que lo dobló hacia al frente.
Avanish mantuvo su puño contra el vientre de Asakura, la armadura sagrada no se rompió, pero el dolor por poco y dejó en blanco los ojos de su sucesor.
— Pienso que lo mejor es matarte de una vez —el peligris musitó al levantar la cabeza de Asakura, tocándole el cuello con la punta de su dedo flamígero con la clara intención de perforarle la yugular.
 
Asakura aprovechó la corta distancia y logró asestar un mandoble en el cuerpo de Avanish que le permitió alejarse de él. El filo de la espada no se vio manchado por ningún fluido, mas el ataque diagonal no sólo cortó el ropaje de su enemigo sino también la piel en su pecho, creando una abertura por la que pudo ver el interior del primer Shaman King. Allí sólo había energía en su estado más puro, una intensa y poderosa esencia espiritual indescriptible… Una gota de poder divino que la misma Gran Voluntad vertió allí.
Como si aquello no pudiera ser visto más que por los mismos dioses, Yoh Asakura sintió el castigo de tal atrevimiento en sus ojos, los cuales ardieron y se cegaron.
— Ah, debí haber esquivado eso —Avanish dijo divertido, volviendo a cubrirse con su capa resplandeciente—. Perdona que mi descuido te haya costado la vista— dijo de manera siniestra—. ¿Lo sabes no? Una vez cumplido el ritual de iniciación debes dejar tu cuerpo atrás para que permanezca en el trono del Rey, sólo para que sea lo primero que el próximo elegido se encuentre al llegar allí, una inservible pila de huesos... La última señal de advertencia —añadió, custodiado una vez más por el ángel azul—. Afortunadamente logré recuperar mis restos y con ellos recree mi cuerpo original… pero sin importar las apariencias, es sólo un cascarón que oculta la divinidad que tanto temes.  ¿Acaso ver ese montón de huesos en tu trono fue lo que te aterrorizó, Asakura? —preguntó con curiosidad.
Logrando sobrellevar el dolor Yoh mantuvo los ojos cerrados, pero con firmeza y seguridad sostuvo su katana.
— ¡No has ganado todavía como para que tenga que responder a eso! —clamó, sonriendo pese a las adversidades.
Antes de que Avanish decidiera el siguiente movimiento, un sonoro grito de guerra se anticipó a la manifestación de un gran poder que cayó de los cielos.
— ¡Ave Fénix!
 
El primer Shaman King alzó la vista para que en sus pupilas se reflejaran las infernales llamaradas rojas que lo cubrieron.
Asakura fue envuelto por un ventarrón de aire que lo alejó del peligro sin demasiada delicadeza. Para cuando todo dejó de dar vueltas en la oscuridad, sintió que alguien lo tenía sujeto del brazo como si él fuera un mero niño pequeño.
— Por poco y fallo —dijo una voz femenina carente de emociones—. Si está impedido para luchar lo mejor es que se abstenga de estar en la batalla.
Pero Yoh Asakura no necesitaba sus ojos para contemplar lo acontecido, no mientras continuara unido a su espíritu acompañante, quien le compartía la vista omnisciente que él tenía en aquel mundo.
— Ikki, ¿ acabas de salvarme? —Yoh preguntó risueño, anticipando el acercamiento del santo del Fénix, cuya cloth ardía con el brillo divino que ganó en el Eliseo.
— Yo lo salvé, él tiró a matar —lo acusó la joven de cabello rosado que vestía una scale bendecida por la sangre de Poseidón.
 
Mientras las llamas del fénix continuaban ardiendo en una alta hoguera que enrojeció el entorno, el ángel azul quedó impedido de auxiliarlo cuando de manera inesperada nueve tritones colosales lo empalaron con sus tridentes. El aullido de todos esos espíritus fue monstruoso, más de bestias que de hombres, quedando aletargados por los hechizos ancestrales puestos en las armas de los Pretorianos de Atlantis.
 
— Tenéis subordinados que creyeron apreciaríais un poco de ayuda —dijo Atlas de Aries, quien contemplaba todo desde el suelo erosionado. Su cloth de oro lucía radiante pese a la batalla contra los ángeles de Apolo.
— ¿Subordinados? —repitió Yoh, entendiendo rápidamente —. Esos niños astutos —murmuró, agradeciendo las atenciones que siempre han tenido para con él—. Gracias por venir, como pueden apreciar no me está yendo tan bien como creía…
— No me sorprende de ti, Asakura, pero las charlas tendrán que darse después —comentó Ikki, adelantándose a la extinción de las llamas que su cosmos luchó por mantener vivas.
 
Avanish apareció indemne aun tras la prolongada estancia entre las iracundas flamas sin que uno solo de sus cabellos se hubiera rostizado.
— Vaya reunión la que aquí se está suscitando —dijo al contemplar a los recién llegados—. Héroes, santos, atlantes, humanos, todos ingenuos siervos de los dioses, y entre ellos un semidiós y un falso dios —se burló, siendo su risa lo que comenzó a reanimar a su espíritu acompañante—. Éste sí que es un panorama por el que ha valido la pena vivir tanto tiempo… —murmuró para sí, dando una orden silenciosa a sus espíritus aliados.
El ángel azul comenzó a retorcerse entre los tridentes que luchaban por retenerlo dentro del circulo que los nueve tritones formaron a su alrededor.
— Probemos la fuerza de tal alianza —Avanish decretó, siendo en ese instante en el que al ángel de flamas azules le crecieron una veintena de brazos con los que empujó a los nueve pretorianos armados para liberarse.
Al mismo tiempo, la energía espiritual de Avanish se incrementó y apuntó con su mano a los guerreros que intentaban cumplir con la demanda de los dioses.
 
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Grecia, Santuario de Atena.
 
Después de mucho luchar, la tranquilidad había vuelto al Santuario de la diosa Atena, mas el amargo sabor de la victoria estaba en la boca de todos aquellos que fueron parte de tan intensas batallas, ya sea como partícipes o meros espectadores.
 
Para cuando la presencia de Hades fue erradicada de tierra santa, todo se sumió en una lúgubre espera por las consecuencias.
 
En cuanto ocurrió, Shun de Andrómeda perdió todo sentido, cayendo en un profundo y temporal sueño infligido por la Patrono Tara quien, pese a ya no seguir el camino de Avanish, no dejaba de ser una hija que se preocupaba por su padre y por ello jamás lo expondría a enfrentar a un santo legendario como Andrómeda.
 
Asis de Sagitario permaneció en la cumbre de la Estatua de Atena, sabiendo que en aquel momento el corazón de más de uno de los presentes le guardaba resentimiento, pero él no se arrepentía de ser quien ejecutara al célebre santo de Pegaso. Sus manos no temblaron en el momento de disparar pues sintió la guía de una fuerza extraordinaria apoyando sus actos, y si por ello merecía un castigo terrenal o celestial entonces lo aceptaría sin más.
 
Aunque Shaina buscó un último  milagro más en el cuerpo tendido de Seiya, no encontró más que un semblante de paz en el rostro del finado santo. Entre lágrimas, Shaina vio cómo la mancha de Hades abandonaba los restos del valiente guerrero, pues la cloth de Pegaso volvió a recuperar su pureza y sus cabellos se tornaron una vez más castaños.
La amazona colocó con gentileza la cabeza de Seiya sobre su regazo y ahí aguardó sin que nadie se atreviera a molestar su luto. Sólo el Patriarca Shiryu permaneció a su lado, mientras el resto decidió respetar su pena y aguardaron en la cima de las Doce Casas.
 
Anna Hiragizawa sorpresivamente le confió el cuidado de su bebé al shaman Kenta, pues ella tenía algo importante que hacer. Con ayuda de Anfinn bajó rápidamente hacia el destruido templo de Virgo y, escondiendo sus verdaderas intenciones, se agazapó junto al cadáver del bravo guerrero para acomodarle las manos en el pecho. Tal acercamiento no perturbó ni incomodó a nadie, ni siquiera cuando la mujer unió sus propias manos en un humilde acto de oración de acuerdo a su religión, sin embargo, Kenta y Anfinn pudieron sentir el poder de la sacerdotisa recuperando el alma que fue arrancada del infante Syd.
Anna suspiró al saber intacta la reluciente esfera que tomó entre sus manos, sin que nadie más que ella y los shamanes pudieran verla. — Un milagro más— pensó con gratitud.
En silencio la sacerdotisa se levantó y junto con Anfinn volvieron a donde se encontraban los señores de Asgard.
Hilda miró esperanzada a Anna, quien sólo se acuclilló un momento y posó su dedo índice sobre los labios amoratados del agónico príncipe. En tan simple acto el milagro se concretó, Syd tosió repetidas veces y abrió los ojos para mirar confuso a sus padres cuyos rostros se llenaron de alegría en cuanto él pudo decirles —: Mamá… papá…
 
— Aún no termina —escucharon Bud de Mizar y Shiryu de Dragón respectivamente.
 
Shiryu creyó que se trataba de la Patrono Tara, pero en la oscuridad de sus ojos distinguió la aparición de una nueva figura, una espectral niña de vestido blanco.
 
Bud miró sorprendido a su izquierda, viendo a pocos metros de distancia la oscura silueta de una mujer montando un caballo sombrío.
 
— Hay un hombre que todavía debe ser castigado —dijo la niña de pálida piel, largo cabello blanco y poseedora de unos cautivadores ojos verdes.
 
— El responsable de que todo esto pudiera ocurrir —dijo la valquiria, una réplica sombría de la que Bud reconocía como la norna Skuld.
 
— Tú que has traído luz y una nueva vida a tantos jóvenes — escuchó Shiryu de la sonriente niña.
 
— Tú que has sido marcado dos veces por la muerte —oyó Bud, viendo cómo los cabellos de la norna revolotearon y mostraron ese hilo único y especial que lo representa en el telar del destino.
 
— ¿Te gustaría tomar mi lugar? —preguntaron ambas entidades a sus respectivos elegidos.
 
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Territorio Sagrado, ante los Grandes Espíritus.
 
Siendo Yoh, Ikki y Caribdis el blanco de Avanish, sólo les quedó esquivar el cegador ataque de energía, mientras que desde el suelo Atlas de Aries se impulsó para atacar con ferocidad al primer Shaman King.
El puño de Atlas fue atrapado por la flameante mano de Avanish quien lo miró directamente a los ojos.
— Los legados de Poseidón y Atena depositados en un mismo hombre, Atlas de Aries. Será una pena tener que matarte —dijo Avanish, recibiendo un puñetazo en pleno rostro de parte del santo dorado.
— No lo haréis —Atlas aclaró, sujetándolo del brazo llameante para arrojarlo contra la tierra.
Ikki de Fenix lanzó su cosmos flamígero, embravecido por los vientos huracanados de  Caribdis de Scylla, formando una gran flecha de fuego que cayó sobre Avanish.
 
— Pese a que les ordené el no intervenir en esta pelea se las ingeniaron para no desobedecerme del todo. —Yoh recordó la última orden que les dio a los otros cinco espíritus de la Tierra—. No pudieron sólo mirar, ¿cierto? —descubriendo la estratagema de todos ellos al haber elegido a un campeón que los sustituyera en la batalla—. Tendré que reprenderlos otra vez… pero gracias, mis queridos amigos— murmuró, seguro de que esos traviesos espíritus podían escucharlo.
 
La gran flecha golpeó a Avanish, encerrándolo dentro de una intensa hoguera dentro de la que su silueta se reincorporó rápidamente sin que el fuego fuera un tormento para él.
— Fuego —miró hacia Ikki—, aire —a Caribdis—, agua— a Atlas— y tierra —fijando la vista en el actual Shaman King—. ¿Intentas recrear para mí un nuevo Godaiseirei*?
— No soy la clase de hombre al que se le da bien hacer planes, sólo echarlos a perder — Yoh confesó, sonriendo de manera descarada—. Esto no es obra mía, pero si los Grandes Espíritus Elementales han decidido actuar de esta manera, no pienso rechazar su ayuda.
Yoh bajó una mano, señal que le permitió al espíritu de la tierra volver a reconstruirse en menos de un parpadeo y aplastar con su gran puño al pequeño hombre en llamas.
 
Más allá, los nueve Pretorianos de Atlantis luchaban con el ángel azul, que se desvivía por eludir los constantes y bien coordinados ataques de la guardia personal de Atlas de Aries, sin posibilidades de ir en auxilio de su señor.
Por fortuna, Avanish no necesitaba de ninguna ayuda para lidiar con los cuatro molestos guerreros. Con su deforme brazo logró levantar el puño del gigante, y con un pensamiento hacer estallar al coloso de tierra, desintegrándolo en arena que se esparció como una tormenta que Caribdis limpió con un simple aleteo de su scale.
Ya en el suelo, Atlas de Aries volvió a atacar a Avanish con sus más fieros golpes. El primer Shaman King se privó de la capa que sólo le estorbaba, pudiendo responder los ataques con una agilidad y velocidad que le permitió mandar hacia atrás al santo con una palmada en el pecho.
Atlas resintió la presión y el estallido de ese golpe que lo prendió por completo en llamas rojas. Las flamas se mantuvieron vivas un par de segundos solamente, mas Atlas estaba confundido al sentirse tan lastimado como si hubiera recibido una terrible golpiza.
 
En cuanto el santo de Aries fue empujado, Ikki de Fénix ya estaba relevándolo en un fiero intercambio de golpes y cosmos.
— Fénix, tu incandescente cosmos es impresionante —Avanish le dijo al bloquear cada uno de sus puñetazos—, pero para alguien que fue abatido por las llamas del mismo dios del Sol, tu fuego es sólo un cálido soplo sobre mi piel. — Con su palma derecha golpeó la barbilla del santo de Fenix.
Las llamas estallaron en la quijada de Ikki, quien fue envuelto por ellas durante el obligado retroceso.
Para cuando Avanish se precipitó hacia el santo del Fénix para rematarlo, la feroz fuerza del viento aprisionó su cuerpo, logrando contenerlo por unos momentos.
Las bestias de Scylla que danzaban dentro del torbellino abrieron cortes muy superficiales en el cuerpo del primer Shaman King, siendo Yoh Asakura quien se desplazara a toda velocidad hacia el enemigo ahora inmóvil.
En el efímero trayecto, Yoh materializó una segunda katana dorada en su mano izquierda. — ¡Corte de los dragones gemelos!— gritó, chocando ambas cuchillas una sobre la otra,  y del estruendo emergieron dos ráfagas de energía espiritual que avanzaron como hélices hasta formar dos temibles dragones dorados que golpearon a Avanish con brutalidad.
Los santos de Fénix y Aries se impulsaron para unir fuerzas, golpeando al primer Shaman King con la cosmoenergía acumulada en sus puños. Los haces energéticos castigaron al enemigo, quien al caer al suelo rodó un par de metros hasta que logró dar una pequeña pirueta y levantarse, quedando completamente de espaldas a sus oponentes.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que luché así? —alcanzó a murmurar, sabiendo que los cuatro guerreros se arrojaron sobre él desde los cuatro puntos cardinales.
— Mi humanidad… sólo en la batalla puedo recordar lo que es volver a ser un ser humano — fueron las palabras, y tal vez el conjuro, por el que símbolos escarlatas aparecieron en la blanca piel de Avanish, tatuajes tribales que en su mayoría Yoh reconoció como parte de la cultura de los Apaches. Asimismo, Atlas y Caribdis distinguieron algunos símbolos atlantes, e Ikki un par de jeroglíficos egipcios.
Los tatuajes formaban líneas verticales que cruzaban por el medio de su espalda, brazos, manos, pecho, piernas y rostro, siendo en su frente donde una águila con las alas extendidas se marcó como un símbolo de la realeza.
— Que desagradable sensación… pero al mismo tiempo, nostálgica—el peligris dijo, liberando una onda de energía espiritual, la cual formó una gran burbuja a su alrededor dentro de la que pareció detenerse el tiempo, mas no fue así. La velocidad de aquel hombre sobrepasaba la de cualquiera de los presentes, quienes pese a poder ver sus desplazamientos no podían moverse tan deprisa como para confrontarlo. Avanish repartió golpes con las palmas desnudas a los lentos rivales, en sus vientres, pechos y cabezas.
Los cuatro guerreros escupieron sangre antes de ser envueltos por las llamas que esos tres simples impactos en cada uno encendieron.
Rodeado por las cuatro hogueras, Avanish miró a Yoh al ser el primero en poder levantarse, lastimado y debilitado.
Al ver su armadura desgastada y sentir su cuerpo herido, Yoh entendió la gravedad de aquellos golpes que eran capaces de herir a guerreros que portaban armaduras divinas.
— Estás… usando nuestra fuerza contra nosotros mismos… —alcanzó a decir, reparando su armadura espiritual una vez más.
— Para alguien que es capaz de destruir un alma, es sencillo poder utilizar la fuerza que hay en ellas a su favor… Y ustedes son guerreros virtuosos con almas férreas que jamás se rinden, por eso les duele tanto —Avanish se mofó, admitiendo la habilidad especial con la que era capaz de emplear la fuerza espiritual de un oponente contra sí mismo, por lo que mientras más fuerte sea el alma de un enemigo, más daño ocasionará al cuerpo del mismo.
— Si ese es el caso… —meditó Atlas al dar una rápida orden por la que cuatro de los nueve Pretorianos abandonaron la lucha contra el colosal ángel para atacar el primer Shaman King.
Conectados no sólo por líneas de sangre sino por el cosmos que compartían, Caribdis de Scylla supo lo que el santo de Aries haría, por lo que manipuló el aire para alejar a sus compañeros antes de que la inmensidad de los Pretorianos aplastaran la zona sobre la que el enemigo estaba de pie.
Los majestuosos tritones armados notaron los movimientos audaces con los que Avanish los eludió para buscar refugio en el cielo, mas los Pretorianos lo siguieron y atacaron sin piedad.
Yoh invocó nuevamente al espíritu de la tierra para que enfrentara al titán azul de Avanish, permitiéndole a toda la armada Pretoriana luchar contra el primer Shaman King.
Atlas subió al hombro de uno de sus soldados, acompañándolos en la persecución mientras el resto de los guerreros se reagrupaban.
 
— Esto no está funcionando —anunció Caribdis de Scylla.
— No es la primera vez que enfrento y venzo un enemigo temible, pero no siempre el arrojo y la tenacidad son suficientes parar ganar una batalla. — Ikki miró a Asakura acusadoramente, pues era consciente de la inefectividad de todos—. Si tienes algún plan, es momento de decirlo.
Tras unos segundos de silencio Yoh dijo—: Su cuerpo es sólo una formalidad —apuntó, aún cegado por lo que vio dentro de Avanish—. Sólo lo utiliza para tener una forma corpórea y proteger su alma ya que es el único punto débil de cualquierinmortal.
— Destruir el cuerpo, después el alma, entendido —Caribdis dijo sin encontrarle objeción o dificultad.
— Aun sin una armadura el maldito es bastante resistente —admitió Ikki con un deje de frustración—. Pero si es lo que se necesita hacerse se hará —puntualizó—. Eres el único shaman aquí así que más te vale cumplir tu parte.
— Aunque sea lo último que haga no les fallaré —Yoh juró.
 
En el cielo amarillento, los Pretorianos atacaron de manera incansable al sagaz Avanish, quien se limitó a eludir las filosas espadas y resistentes escudos sólo hasta que decidió  atacar.
El pequeño punto que él era a comparación de los colosales guerreros saltó hacia uno de ellos, pateándolo en el pecho sin demasiado esfuerzo, pero el suficiente como para mandar al gigantesco tritón a hundirse en el suelo.
Cuando otro Pretoriano precipitó su afilado tridente hacia Avanish, el primer Shaman King sólo estiró el brazo, permitiendo que la enorme cuchilla chocara contra él para que ésta se rompiera y quedara inservible.
— Nueve guerreros —dijo Avanish al ver al antiguo soberano de la Atlántida en la cima de uno de los gigantes—. Uno por cada hermano asesinado, la representación eterna de una pena que ni siquiera milenios de castigo te permites dejar atrás. Traer al asesino de reyes en persona fue un movimiento astuto —comentó sonriente y desafiante.
— Será un honor ayudar a un rey milenario como vos a encontrar la paz que tanto necesitáis — respondió Atlas, despertando la curiosidad del primer Rey de los shamanes.
 
El cosmos aguamarina de Atlas lo cubrió, creciendo enormemente cada segundo  que pasaba. Centellas comenzaron a cruzar por su armadura dorada, iluminando sus ojos al despertar la chispa divina que como hijo directo de Poseidón poseía. Mas no sólo su cosmos cambió; en respuesta a tal poder, la cloth de Aries dejó atrás su forma original para resplandecer y moldearse de acuerdo al majestuoso brillo divino que irradiaba. Con dos grandes alas a su espalda, Atlas ahora pudo elevarse por sus propios medios en el aire, adelantándose a su armada personal.
Ante el paso de su Rey, las armaduras, escudos y armas de los Pretorianos cambiaron, casi replicando la majestuosidad de la cloth divina de Aries, mas en hermosos colores azules y dorados.
 
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Al borde de la eternidad.
 
Cada que un sol nacía estallaba una vez que alcanzaba su máximo esplendor. Abriéndose numerosos agujeros negros cada que el dunamis de los dioses del sol y del océano chocaban, los Olímpicos se desplazaban en medio de esa devastada fracción del universo desconocido.
Poseidón liberaba fulminantes rayos del tridente en su mano mientras que Apolo los eludía de manera zigzagueante.
Las hojas doradas que formaban el disco solar en la espalda de Apolo se soltaron de la estructura de adamantio, convirtiéndose en una centena de flechas por las que el dios no requería utilizar ningún arco para lanzarlas contra su oponente.
Las flechas se dispararon hacia Poseidón, arrastrando consigo el fuego más intenso del cosmos.
El tridente del Emperador soltó un resplandor blanco por el que las flechas se detuvieron antes de tocarlo, mas ante un deseo de Apolo éstas liberaron el calor de las llamas sagradas que llevaban en su interior un poder capaz de incinerar las galaxias.
Para el hijo de Zeus los residuos de su propio cosmos no eran más que una sutil brisa cálida, por lo que no retrocedió pese a ser alcanzado por la mortal llamarada. Sin embargo, por aquella nube hirviente se extendió el cosmos de Poseidón en forma de centellas que arremetieron contra Apolo.
El dios del sol se tensó al ser alcanzado por tan temibles descargas de poder que llegaban por doquier. Entumecido por el dolor,  logró divisar a un audaz Poseidón que precipitó las puntas de su tridente contra su cuerpo. Apolo materializó rápidamente el arco forjado por Hefesto en su mano y, milímetros antes de que lo impactara contra el arma del Poseidón, se transformó en una brillante espada dorada que resistió el envite.
Las armas de los dioses chocaron sin cesar en un duelo inmisericorde que terminó cuando la espada de Apolo partió en dos la corona en la cabeza de Poseidón y éste retrocediera con el rostro ensangrentado.
 
Apolo se permitió una pausa, sólo para vanagloriarse de ello.
— Sin importar detrás de cuantas corazas te protejas, continúas siendo un dios débil.
Poseidón se tocó el rostro, manchándose los dedos con la sangre que fluía de su frente. La miró por un momento, roja, como la de todos aquellos hombres y mujeres valientes que han luchado y muerto en su nombre; roja, como la de cada recién nacido, joven o anciano que habita el planeta en el que él mismo nació, ya sea del vientre de Rea como el de la noble mujer de los Solo.
— Débil —Poseidón repitió, meditabundo—. Cierto, es así como juzgué a Atena y a los santos desde la Antigüedad, y aun así ellos —dudó, pero al final pudo decirlo hasta con orgullo—… me vencieron — dejando ver una leve sonrisa que se adelantó a la incredulidad de Apolo.
El dios del sol observó anonadado cómo sobre los brazales, peto y hombreras de su kamui roja comenzaron a abrirse grandes fisuras, en un efecto tardío del intercambio de ataques del que creyó haber salido indemne.
— Como yo te derrotaré ahora— sentenció el Emperador.
El poder de Poseidón volvió a estremecer el universo conforme su dunamis lo inundaba todo. Sobre el acuoso cosmos aguamarina las imágenes de infinidad de criaturas marinas resaltaron en líneas más destellantes que las estrellas mismas, siendo siete las más inmensas y brillantes que respaldaban al dios.
El rugiente cosmos de Poseidón convirtió el Tridente de los Mares en un objeto de luz blanca y radiante.
Por un momento fugaz, Apolo sintió estar mirando un rayo del mismo Zeus, pero no, todo ese poder le pertenecía a Poseidón, quien parecía haber igualado el poder del Rey de los dioses.
— No lo acepto —fue el pensamiento por el que Apolo logró salir de su estupor, alineando su espada para bloquear el tridente con el que el enemigo volvió a atacarlo.
La espada del dios del sol se partió en dos antes de siquiera golpear el Tridente de los Mares.
Apolo quedó pasmado cuando el tridente de Poseidón logró lo impensable al clavarse profundamente en su pecho, destruyendo por completo el peto de la fracturada kamui. Las tres puntas salieron con violencia por su espalda, cubiertas de icor divino.
Con cierta solemnidad, Poseidón permaneció inmóvil y silencioso, sosteniendo con firmeza el tridente mientras Apolo asimilaba lo que acababa de pasar.
El hijo de Zeus abrió la boca, en un vano intento por hablar que se obstruyó al sentir que su pecho ardía, producto de un fuego que ni él sería capaz de extinguir.
El tridente se mantuvo flameante por el cosmos del dios del mar, quien no parecía impaciente por terminar con el sufrimiento de quien fue su rival en tal contienda.
— ¡Inconcebible…! ¡Yo, derrotado por ti… aun después de todo el poder que obtuve… es inaceptable! —Apolo logró musitar con total furia—. ¿Por qué?... No lo entiendo… —murmuró, intentando ocultar la indignación que sentía por el destino que las Moiras marcaron sobre él. Buscó respuesta en el hermano de su padre, mas Poseidón mantenía silencio y una mirada inflexible.
— Qué deshonroso y lastimero final… Supongo que ahora mi último destino será el que tú determines para mí… —rió con hilaridad—. ¿Qué harás, Poseidón? ¿Dejarás que mi dunamis desaparezca en el infinito… o decidirás apropiarte de él?… Nadie te culparía… —sonrió con complicidad.
El serio rostro de Poseidón mostró una siniestra mueca.— ¿Para qué necesitaría yo el dunamis de un perdedor como tú? —cuestionó,  liberando a Apolo de su tridente con un rápido y despiadado movimiento.
De las tres heridas en el pecho de Apolo continuaba resplandeciendo el cosmos aguamarina de Poseidón, el cual rápidamente comenzó a consumir el icor y cuerpo del hijo de Zeus, así como su kamui.
— Sin embargo… la muerte es un descanso, jamás un castigo —Poseidón dijo, recordando el último encuentro que tuvo con Atlas de Aries—. No hace mucho dijiste que admirabas mi inclemencia, ¿alguna vez imaginaste que serías juzgado por mí? —Lo miró con severidad—. He cambiado Apolo, es cierto, pero no lo suficiente como para que quedes impune de esto, y por ello he decidido un castigo apropiado para ti — sentenció, abriendo una de sus manos hacia un costado y ante ella apareció algo tras un leve resplandor.
La luz rápidamente desapareció, descubriendo un objeto ante el que Apolo quedó enmudecido.
— ¿La reconoces, cierto? —cuestionó Poseidón, tomando aquel objeto por la base circular.
— ¡No! ¡Tú…!
— Te haré el mismo favor que tu hermana me hizo un día, Apolo, y tal vez en el futuro aprendas una valiosa lección. —El cosmos de Poseidón cubrió la mítica ánfora que por centurias sirvió como prisión y morada de su alma.
— ¡Detente! —pidió con un rictus de furia total, gritando por el dolor que el cosmos de Poseidón lanzó sobre su ser, destruyendo el cuerpo bendito que la sangre de Zeus le heredó, volviendo polvo la kamui que vistió en cada una de sus batallas, extrayendo de todo ese montículo de partículas el alma divina que contenía la esencia de su enemigo y confinándola en la misma ánfora que Atena empleó en la Antigüedad.
Los furiosos alaridos de Apolo se silenciaron en cuanto la tapa del ánfora tomó su lugar y apareció un largo sello sobre el que Poseidón imprimió un hechizo poderoso que fortaleció con su sangre y cosmos; así, sólo con su divino permiso es que alguien podría removerlo.
Poseidón contempló la ánfora por largos segundos, tomándola por una de las asas, sellando así su implacable victoria.
 
Antes de poder siquiera dar un suspiro de alivio, escuchó unos repentinos y sarcásticos aplausos. Para cuando Poseidón giró un poco el rostro, alguien más lo acompañaba en la tela del espacio.
— Felicidades, querido tío, venciste— dijo la divinidad que se encontraba dentro de una densa bruma carmesí, sólo su silueta oscura se dibujaba en tal cortina de poder—. Aposté contra ti, pero qué importa, adoro esta clase de sorpresas inesperadas —dijo con voz animada.
Poseidón miró con desprecio al aparecido antes de pronunciar su nombre—: Ares.
 
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Territorio Sagrado, ante los Grandes Espíritus.
 
— ¿Armadura divina? —cuestionó Avanish al ver al semidiós como todo un campeón del Olimpo.
— El último obsequio de mi padre —fue la única respuesta de Atlas antes de que su cosmos estallara con violencia y volara hacia Avanish.
La cloth de Aries quedó destruida tras su batalla contra el Patrono Caesar, por lo que cuando le fue devuelta totalmente restaurada en la Atlántida, intuyó que Poseidón estuvo detrás de su renacimiento… y ahora lo comprobaba.
 
El primer Shaman King quedó sorprendido cuando el puño de Atlas se incrustó en su mejilla y le volteó el rostro. Por tal rapidez, fuerza y precisión, Avanish quedó indefenso ante los fulminantes golpes del santo de Aries, sintiendo por primera vez en muchísimo tiempo lo que era el dolor.
Alertado por Caribdis, Aries decidió atacar al enemigo con todo su poder con el fin de destrozar su cuerpo.
Aunque Avanish intentó repetidas veces bloquear los ataques de Atlas, estos no paraban de castigarlo.  Aunque por segundos el shaman salía despedido por la fiereza de los impactos, los veloces Pretorianos se encargaban de regresarlo a la trayectoria por la que su Rey surcaba, ya sea golpeándolo con los escudos o aprisionándolo entre sus gigantescas manos.
Avanish logró salir de ese círculo interminable de golpes, frenando en el aire antes de que cualquiera de los tritones lo alcanzara, expulsando su poder espiritual con el que logró mantener a raya a todos esos peces impertinentes.
Avanish permaneció en las alturas, mirando hacia abajo con una extraña calma. Su pálido cuerpo presentaba arañones y moretones negros por donde la piel comenzó a cuartearse un poco.
— Ahora entiendo por qué Caesar murió enfrentándote… no tenía ninguna oportunidad —masculló con la mirada ensombrecida, analizando, decidiendo su siguiente paso.
Ante la extraña pausa del enemigo, Atlas decidió ejecutar su poderosa técnica, una por la que los nueves Pretorianos se enfilaron a su espalda, alineando sus tridentes para formar una gran esfera de energía azul que giraba rápidamente sobre su propio eje. El santo de Aries la empujó y dirigió finalmente con su cosmos— ¡Astro Marino!— enviándola hacia el inmóvil Avanish a quien estuvo a poco de impactar.
— No— dijo el peligris, y como si sus palabras llevaran un conjuro en el que le ordenaba a tal fuerza detenerse, lo hizo.
Atlas abrió enormemente los ojos al ver cómo la inmensa esfera energética quedó estática ante Avanish, irradiando en poder mas incapaz de seguir su camino o siquiera estallar.
Antes de que Avanish o Atlas actuaran, tres centellas atravesaron el cielo e impactaron la esfera de poder, ayudándola a detonar y liberar toda la energía encerrada en ella.
El ataque de Atlas  estalló, la energía engulló a Avanish, quien desapareció en su interior. La esfera de plasma creció  tanto hacia el cielo como hacia la tierra mientras el torrente que le daba forma giraba sin control, pulverizando todo lo que hubiera dentro de ella hasta finalmente explotar.
 
El místico territorio se iluminó por la explosión blanca, dejando una estela resplandeciente en todo el lugar por largos segundos.
Atlas miró a su izquierda, pudiendo ver a Yoh, Ikki y Caribdis volando en la cercanía, pues fueron ellos quienes al unir sus fuerzas lograron que el Astro Marino pudiera detonar, mas ninguno de ellos esperó realmente que aquello terminara con la batalla... y así fue.
Entre la densa estela de polvo cósmico, vieron un cuerpo descubrirse poco a poco, se trataba de Avanish pero de su pecho emergían dos cuchillas resplandecientes, una hecha de energía dorada y la segunda de un metal azul celestial.
Ikki y el resto de los guerreros se sorprendieron al ver a otros dos hombres detrás del herido Avanish, ambos sujetando las espadas con las que atravesaron al primer Shaman King por la espalda. Se trataba de Shiryu de Dragón y Bud de Mizar Zeta.
 

 

FIN DEL CAPÍTULO 65


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EL LEGADO DE ATENA - Capítulo 67. "Epílogo"


#8 Orihara Izaya

Orihara Izaya

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Publicado 20 octubre 2017 - 16:07

Bueno, voy a postear uno de los capítulos que más veces he reescrito... 

 

 

Nombre del Fic:

Saint Seiya: La torre del mundo humano.

 

 

 

Capítulo 8: II / III – Aquella ocasión

 

 

         Hacía demasiado frío. Era comprensible debido a que no llevaba mi armadura, pero aun así… era mucho. Había terminado de reparar la suya. No lo había notado hasta entonces, era bella. La delicada forma en la que esta se acoplaba a su cuerpo me gustaba. Unos finos bordes, detalles varios… Todo ello me volvía loca. Estaba demasiado obsesionada con esos pedazos de metal y lo sabía. Debía concentrarme, Violet debía volverse el centro de mi atención en este momento. Ella no se recuperaba aún. Necesitábamos a alguien que fuese capaz de entender a las personas. No a mí, una compulsiva que prefería pasar el tiempo con frías armaduras. Llevarla con Parsath para que nos dé un diagnóstico fue lo único que se me ocurrió.

 

         —Cyan, se nos ha hecho tarde. Llévate a Violet contigo, estará más segura con nosotros.

         —Está bien maestra —respondió sin rechistar.

         —Cielos, se nos deben haber adelantado mucho… Cyan, apresura el paso.

 

         No podía sentir el cosmos de los demás. Claro, estábamos en un lugar donde el tiempo y espacio no eran los mismos que en un lugar cualquiera. No era una torre más, era el territorio creado por un dios, diseñado para complacer sus caprichos. Maldición. Aún si mis compañeros estuviesen en problemas no lo sabría. Eso era un problema. Uno muy grande en caso de que alguien más se separase.

         

         Mejor cambio de tema. Siete años han pasado, ¿no? Que rápido transcurre el tiempo. Con tal de que no parezca vieja está bien. No me veo así, ¿no? Son solo veintiséis años, no es para tanto. Ellos dos supongo que compartirán la misma edad, diecisiete. Violet aún es muy joven como para encontrar el amor. O quizás está confundiendo la sensación de amar con la de admiración. No lo sé. Aunque he de reconocer que Cyan tuvo sus méritos en aquel entonces. Pero… eso no quita que gracias al azar del destino pude llegar a tiempo. Si no, ¿qué hubiese pasado con ellos?

 

 

* * *

 

         Los conocí en una ciudad de Japón. En aquel entonces ya había conseguido mi título como Santa Dorada. El Patriarca partió en una misión y tuve que acompañarlo por obligación. Confiaba en mí y sabía que yo no haría esa misión sola por una simple razón: Yo nunca quería volver a aquel país oriental donde nací. Me traía muy malos recuerdos. La misión era muy simple, eliminar a cierta organización que estaba atrayendo el ojo de todo el mundo. Nada de drogas para variar. De entre toda la escoria existente, ellos eran traficantes de niños. Muy conocidos, es decir, sumamente idiotas como para que el Gobierno Japonés se entere de su accionar. El Estado nos contactó para eliminar esta plaga.

 

         Según lo que me contó Cyan acerca de ese día ellos fueron a unas clases particulares de música. Arpa si mal no recuerdo. Eran niños muy peculiares. Volvían caminando a su casa juntos cuando el cielo se tornaba de un bello tono anaranjado. Ambos vivían juntos, pero no eran familiares. Se habían hecho tarde deteniéndose en un parque en el cual habían parado a divertirse un rato. El sol se había ocultado y la ciudad había oscurecido por completo. Se apresuraron a volver. Él por mera casualidad giró un poco su cabeza y observó que los estaban siguiendo.

 

         Cogió a la pequeña Violet de la muñeca y echó a correr. Fue muy inteligente a excepción de una decisión que tomó al final: acortar camino atravesando un callejón oscuro. Fue muy crédulo pensando eso. En cuanto lo intentó uno de los dos hombres lo cogió del cuello. Estaban completamente vestidos de negro, además de que cubrían su rostro con una máscara blanca. Como decía, eran idiotas.

 

         —¿Qué tenemos aquí? Eres una niña muy bella —le tomó del rostro con su otra mano.

         —Déjala. Los jefes no la venderán si es que tú le haces daño —La voz del segundo hombre se les hizo conocida a ambos pequeños. 

         —Vale, vale está bien.

 

         Ninguno de los dos parecía especialmente robusto. Tenían una contextura normal y solo usaban la “fuerza bruta”. Su altura tampoco era del otro mundo pero igual les llevaban más de medio metro a Cyan. Incluso eran un poquito más altos que yo. Pero no eran intimidantes. Es más, con esa apariencia hasta parecían sacados de una serie de televisión antiquísima en la que vestían con trajes estrafalarios y usaban robots. Un chiste de traficantes.

 

         —¡Suéltenla ya! —gritó Cyan con todas sus fuerzas pero fue lanzado al suelo por el matón. El segundo hombre fue quien le siguió sujetando del cuello.

         —¿Qué hacemos con el chico? ¿Lo matamos? —Estaba acercándose. A punto de darle un golpe para que se callase.

         —Nos lo llevaremos también. No son muchos clientes en el bajo mundo los que prefieren varones pero igual los hay. Y pagan decentemente. Cualquier ingreso vale.

         —¿Entonces no puedo golpearlo? Que aburrido.

 

         El pequeño Cyan estaba enojado. No podía permitir que ellos los tratasen como simples objetos. Él me aseguró que en ese momento su cuerpo comenzó a emanar una misteriosa energía que quemó la mano de quien le sostenía del cuello contra el piso. Lo soltó rápidamente y entonces pudo ponerse de pie. Sus ojos se envolvieron en enojo. Un aura blanca rodeó su puño. Corrió hacia el que tenía prisionera a Violet y le dio un fuerte puñetazo en el estómago. Este lo estampó contra la pared que había a sus espaldas. Luego cogió a su amiga, quien seguía paralizada del miedo, y corrió hacia la luz que provenía del final de aquel callejón.

 

         —¿Adónde crees que ibas mocoso? No escaparás de nosotros. No sé cómo hiciste para vencerlo pero no te dejaré escapar Cy… niño —Sus palabras incompletas demostraron lo inevitable.

         —Suéltenos profesor —Lo miró fijamente decepcionado, sabía que no se podía equivocar.

         —Así que me descubriste, eh. Aun sabiendo mi supuesta identidad, no te saldrás de esta, mocoso.

 

         Justo en ese momento entré en escena. Solo pasaba por allí, ni siquiera estaba investigándolos en ese momento, pero me topé con sus vocecillas pidiendo auxilio. No podía mantenerme tranquila. Esperé un momento para actuar y creo que hice bien. Sino no hubiese conocido el potencial oculto de aquel niño. Y por suerte nadie había resultado herido de gravedad, excepto el payaso ese. Observé la situación y me planté en medio del callejón con una sonrisa en el rostro.

 

         —Ustedes son secuestradores que trafican niños, ¿o me equivoco? —pregunté, estaba segura de que no me iban a responder.

         —Sí, y, ¿qué si lo somos? —gritó adolorido el que había sido golpeado.

         —En ese entonces no me queda más que eliminarlos… —usando una velocidad mayor a la normal le di un golpe al que había detenido a mi futuro alumno y en un parpadeo le di otro al de atrás.

         —Argh... —se quejó de dolor el “segundo secuestrador” y solo él. Al otro ya lo había incapacitado… de vivir.

         —¿Están bien niños? Ya pueden estar tranquilos —me acerqué a ambos y les di un abrazo a ambos. Tenían miedo.

         —Sí, estamos bien señorita. Tenemos que volver rápido a casa o mamá se preocupará —me dijo Violet, aunque en ese momento no conocía sus nombres. Estaba llorando de miedo. Mi camiseta lo sabía.

         —Está bien, los acompañaré. No es bueno que dos niños vaguen solos en la oscuridad de Japón.

         —Es por aquí —me iba señalando el camino él. Sentía que no era alguien que confiara plenamente en las personas, pero supongo que por haberle salvado, obviaba que yo era una desconocida.  

 

         Antes de llevarlos me contacté telepáticamente con el Patriarca Haloid. Le mencioné donde estaba el secuestrador para que viniese a interrogarlo y que iría con un par de niños a acompañarlos a su casa. Me respondió que lo hiciese y luego de que terminase él llegaría para conversar con nosotros. Me dijo que si su familia preguntase, actuase como miembro del Estado. Para “pasar desapercibido”. Ciertamente suena algo más creíble que decir toda la explicación acerca de que somos Santos de Athena.

 

         Llegamos a donde ellos dos vivían. La madre de Violet la estaba esperando en su puerta y lloró al ver a su hija y su amigo a salvo. No era raro debido a la hora que era, cualquiera se hubiese preocupado. Me preguntó que quién era y qué es lo que hacía con ellos. Le pedí que hablásemos dentro de su casa a lo cual aceptó amablemente. Le mostré el documento que revelaba mi identidad: Mi nombre, edad, lugar de nacimiento. Luego de ello, cuando Haloid me indicó que estaba cerca de la casa le dije a la señora que mande a los niños a otra habitación. Entonces tocó a la puerta.

 

         Ambos conversamos con la madre de Violet acerca de lo que hacíamos allí comenzando con la mentira de que éramos agentes del Estado y le seguimos hablando de nuestra misión y en cómo ambos pequeños se habían involucrado. Fue tal vez una media hora pero entonces recordé una cosa: ambos no parecían ser ni hermanos ni primos. La curiosidad no aguantó más dentro de mí.

 

         —Señora, tengo una duda. Ellos dos no parecen ser familiares. ¿Entonces por qué él vive aquí? Disculpe la pregunta.

         —Es duro de decir. A los padres de Cyan los asesinaron en su casa hace tres años. Eran nuestros vecinos. Él estaba aquí junto a Violet cuando eso ocurrió, por eso no le pasó nada. Y cuando oí disparos cerca, y rumores en la calle diciendo que fue en su casa entonces no le dejé volver esa noche.

         —Por suerte usted estuvo allí para protegerlo.

         —Luego del funeral, busqué familiares cercanos. No tenía ninguno. Entonces, decidí “adoptarlo”. Para nada soy una madre según él, sin embargo me quiere como una. Es muy buen chico.

         —Siempre he pensado que hay muchas injusticias en el mundo y justo los buenos sufren eso. Cyan ya sufrió dos veces… —comentó el Director Haloid.

         —Señora, ¿le puedo pedir una cosa? ¿Podríamos cuidar nosotros de Cyan?

         —Eso es descabellado. ¡Cómo se le ocurre pedir eso! —No estaba enojada, simplemente le había descolocado tal petición.

         —Por favor olvide lo que acabo de decir. Y si…

 

         Al final no le convencimos. Sin embargo no recuerdo bien cómo fue que Cyan vino conmigo. No, nosotros no resolveríamos nada por medio de la violencia, menos hacerlo por mero placer, somos profesionales por algo. Sin embargo, esa parte de la historia me resulta confusa. Solo esa, porque recuerdo perfectamente el resto de la misión. El secuestrador al que dejé vivir resultó ser el profesor de música de ambos niños. Todo era parte de un plan estratégico que había creado tal organización. Simplemente me repugnan.

 

         Recuerdo que al volver al Santuario con Cyan tomado de mi mano, Shiou se burló de mí. Aunque, en parte, tenía razón al decirme siempre que se estaba convirtiendo a aquel sacro lugar en una guardería. El Patriarca no estuvo ahí para reprimirle, él se había quedado para encargarse de erradicar lo que se debía erradicar. Quería quedarme con él pero me dijo que pondría en peligro a mi alumno. En ese momento me quedé paralizada, nunca pensé en tener un alumno hasta ese día.

 

* * *

 

         Por andar pensando se me nubló la noción del espacio, por lo menos ya bajamos de la montaña. Nos dirigimos hacia la puerta donde hace casi una hora me separé del grupo. Cuando la atravesamos y por fin llegamos a la tercera planta me quedé sorprendida. Pude al fin sentir nuevamente los cosmos del grupo. Habían desaparecido más de uno. Ocho de ellos para ser exactos. Sin embargo, había débiles llamas a punto de extinguirse.

 

         —¿Qué rayos ocurre en este lugar? —Tenía suerte de que podía discernir entre los cosmos y por ello sabía que Ariadne no estaba en peligro. Pero no podía decir lo mismo de Nereida o Dreud.

         —Maestra, hay que darnos prisa y averiguar qué está ocurriendo.


Editado por SagenTheIlusionado, 20 octubre 2017 - 16:07 .

Si gustas, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 10: La Sanguinaria Doncella"

 

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Publicado 25 octubre 2017 - 17:45

Este fic es del usuario: Killcrom

 

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FIC: Saint Seiya: Némesis Divino: El Juicio de las Horas
 
 

Capítulo 10: Marionetas del león

22 de enero de 1492

 

Debía de ser más de medianoche ya. Desde que llegaron a la pequeña casa de Baltsarós y hablaron y acostaron a la febril Astrea en la cama, el tiempo había volado. El cielo seguía encapotado por un mar de nubes oscuras, no era posible ver más que formas negras a ras del suelo. Gracias a su cosmos, que actuaba como una antorcha, Leo podía guiarse por las ruinosas calles hasta el lugar en que descansaba su maltrecha armadura.

 

—Me pregunto si esas dos energías serán de las Horas que menciona el viejo en la carta… Sea como sea, no juega limpio. Siempre fue así —se dijo el hombre mientras giraba por una estrecha avenida—, siempre utilizaba a los demás como herramientas. Parece que el tiempo no le ha cambiado en absoluto.

 

Cuando Perseo y Virgo llegaron a la ciudad, Baltsarós les había sorprendido en aquella atalaya semiderruida. No le resultó extraño, pues había imaginado que llegaría el día en que le pidieran regresar al Santuario. Ese fue el pacto que hizo con el Patriarca seis años antes, cuando acordaron que sería reconocido como desertor. Y es que el Sumo Sacerdote era así; nadie sabía qué era lo que pensaba en realidad. Era un estratega, y como tal, la deserción de Leo había sido uno de sus escenarios.

 

Pero no se imaginaba que el juego siguiese, y cuando Astrea le entregó una carta lacrada mientras caminaban hacia su casa, se sorprendió antes de sonreír. Sin duda, el sello del Santuario en el lacre rojizo destacaba. Su viejo amigo Kishut debía tener algo en mente. Las palabras viajaron a la deriva en su cabeza cuando las leyó, pero ahora, al haber sentido esas dos tenues cosmoenergías, presentía que todo encajaba. Repasó una vez más el contenido de la carta en su mente. Contenido que literalmente decía:

 

«19 de enero de 1.492.

 

Presiento que el Santuario será atacado, pero desconozco la naturaleza del enemigo. Iskandar de Escorpio se enfrentó a él, y según dijo, utilizó una técnica que desata el egoísmo y la maldad de su objetivo. Los efectos son irreversibles, afirma, pero sé que hay algo que omite; al fin y al cabo, él aparenta ser el de siempre.

 

Tus órdenes son las siguientes: en caso de que se presente el enemigo en Melitón, evita a toda costa recibir esa técnica. Pero asegúrate de que Astrea no tenga tanta suerte. Quiero que me informes de los efectos de la misma. Redúcela si es necesario y tráela de vuelta al Santuario. Aunque no me gustaría prescindir de Astrea, es la más joven y la única en quien pienso correr el riesgo.

 

No te preocupes por Perseo. Parece que los objetivos de esa técnica somos tan solo los santos dorados.

 

A la vuelta, trae tu tesoro.

 

Confío en ti, Príncipe. Que Atenea perdone nuestros pecados.

 

Firmado: Kishut de Capricornio, Sumo Pontífice del Santuario de Atenea.»

 

—Claro que sigue siendo el mismo Patriarca —murmuró Leo antes de bajar por un callejón y atravesar una casa destrozada—. ¿Quién si no utilizaría a sus santos dorados como peones?

 

*  *  *

 

[PARTE IRRELEVANTE PARA LA DINÁMICA]

 

*  *  *

 

El caballero de plata de Perseo aguardaba en la estrecha calle con paciencia. Su espalda estaba en contacto con uno de los muros de la casa de Baltsarós. Aunque podría iluminar en derredor con el mero resplandor de su armadura, se mantenía a oscuras ocultando su cosmos mientras acechaba los movimientos de sus enemigos potenciales.

 

En aquel momento ya había sentido con claridad la energía de las dos personas desconocidas. Se movían rápido, al parecer en direcciones opuestas; una de ellas avanzaba rauda hacia donde estaba. Quizá hubieran estudiado el terreno antes y ahora supiesen exactamente a dónde ir… Dedujo que seguir ocultando el cosmos no le sería útil, pues si estaban atacando Melitón —¿para qué otra cosa habrían ido si no era así?— era porque sabían a lo que se iban a exponer.

 

Dejó de apoyarse en la pared y caminó para girar tras la fachada hacia un callejón angosto. Lo atravesó sorteando ventisqueros y escombros hasta que por fin hizo contacto visual con uno de aquellos asaltantes. Puesto que aún estaba lejos, no supo diferenciar si era hombre o mujer, si estaba armado o no; tan solo vio cómo avanzaba rápido en su dirección. ¿Acaso pretendía atacar directamente? Therón saltó con agilidad felina sobre el techo de la casa de Leo. Equilibró sus movimientos en el inclinado tejado de pizarra. A continuación, hizo resplandecer la energía de su corazón templando la oscuridad con destellos de plata.

 

«O todo o nada. No dejaré que se acerque a Astrea.» Perseo respiró con calma antes de ver cómo el asaltante se detuvo en seco tras ver el destello de luz argéntea. Sin duda había sentido su presencia. Los dos contendientes se contemplaron en silencio. Ante Perseo se erguía una bestia de casi dos metros envuelta en una toga blanca. Cuando habló, aun teniéndola cerca, el plateado dudó de si era una mujer…

 

—Así que uno de los pajaritos ha abandonado el nido… —La monstruosa mujer contempló con gesto confiado al que tenía delante. Dio un saltito para colocarse delante de él, en el tejado. Cruzó los brazos dejando intuir aquellos bíceps casi tan gordos como su propia cabeza—. Pero este es el pajarito que no sirve —sonrió.

 

—¿Debo asumir que estáis aquí para suicidaros? —preguntó Perseo con voz seca—. Nadie sería tan estúpido como para atacar a dos santos dorados y uno de plata sin temer.

 

—¿De verdad? —A pesar de que tan solo les iluminaba el cosmos de Therón, la mujer, de voz grave, se quitó la capucha para dejar al descubierto su aspecto poco agraciado. Las sombras bailaban por su rostro de facciones duras; el pelo lo tenía tan corto que a plena luz del día habría sido posible ver la piel del cuero cabelludo. Su hostilidad evidenció intenciones cuestionables, o al menos esa fue la idea que atravesó la mente de Perseo.

 

—¿A qué habéis venido tú y tu compañero? —preguntó. Miró en la dirección en que sentía la energía de la otra persona—. Porque sois dos, ¿no es así?

 

—Correcto. No somos enemigos. No necesariamente. Pero los caballeros de Atenea sois tercos por lo que tengo entendido…

 

—Quizá si me explicas lo que queréis podamos entendernos… Si no lo intentas, acabaremos matándonos aquí mismo —Therón expulsó parte de su energía haciendo temblar el inclinado suelo bajo sus pies y alargando las sombras al emitir una intensa luz de plata. Un manto de nieve se precipitó por debajo de ambos, susurrando. Mientras duró su exhibición, los copos helados que caían en derredor se evaporaron antes de tocar algo firme.

 

*  *  *

 

[PARTE IRRELEVANTE PARA LA DINÁMICA en la que Leo da una paliza a su oponente y hay un gran resplandor en el cielo a causa de su ataque]

 

*  *  *

 

El destello en el cielo llamó la atención de ambos: Therón y Ánfora contemplaron cómo un pilar de truenos llameantes ascendía rasgando la mismísima faz de la tormenta. Ambos quedaron en silencio hasta que el estruendo cesó.

 

—Ave… —La voz de Ánfora evidenciaba sorpresa. No alcanzaba a entender o no quería comprender lo que había sucedido, pero el cosmos de su aliada había desaparecido casi por completo—. ¿Qué ha ocurrido?

 

«Si Baltsarós, del que nos avisaron que era pacífico, ha atacado así, debe ser porque sus intenciones no son para nada amistosas.» El santo de plata volvió a alzar la guardia. No concedió crédito alguno a las palabras que había escuchado sobre un juicio que impediría que Astrea cometiese errores en el futuro.

 

—Ahí tienes tu respuesta, Ánfora —advirtió Therón—. No te dejaré acercarte a ella. Tendrás que luchar contra mí…

 

—¡Que así sea! —La enorme Hora iluminó su cosmos y lo hizo arder quemando la toga alba que la había cubierto.

 

A la vez que los jirones de tela ascendían consumiéndose, la brillante prenda de combate que portaba empezó a resplandecer. Primero las botas y perneras, plagadas de púas blancas y celestes. Las rodilleras, también añil, eran rombos estilizados que se acentuaban en el vértice superior. Las musleras no eran más que una cota de malla plateada, pero el cinturón sí destacaba por su gran tamaño: rodeaba el cuerpo de la ya de por sí colosal mujer protegiendo sus muslos y trasero con placas metálicas blancas, curvas y gruesas. El broche del cinturón era una piedra preciosa roja en cuyo centro estaba grabado el número seis en caracteres romanos de color oro. Los guantes y brazales eran como una masa metálica entre gris y azul en la que incluso los dedos eran agujas curvas. La parte más desproporcionada del conjunto era la pechera, una aparatosa combinación de placas superpuestas que imitaban la silueta del torso de una mujer de curvas generosas. Entre los dos senos destacaba otro rubí grabado. En los hombros, resplandecía en tonos celeste y marino dos piezas que recordaban a conchas marinas estriadas. No había casco que protegiera aquel rostro varonil.

 

—¿A quién tendré el honor de despedazar? —La amenaza de Ánfora iba en serio. El santo se sentía intimidado por la armadura de su enemiga, pero no se dejó acobardar por sus palabras.

 

—A Therón de Perseo, caballero de plata de Atenea. Si eres capaz, por supuesto…

 

Perseo casi voló de lo rápido que se movió entre las tejas para colocarse a la espalda de la Hora. Saltó y estrelló su pernera esmaltada en morado brillante contra la enorme espalda de la mujer. El golpe no surtió efecto como había imaginado, pero lo que no esperó fue que ella se girase rauda como el viento y le agarrase por la espinilla. Esta saltó voleándolo con su implacable puño. El impacto sonó como el grito de un demonio y el santo de plata se estrelló contra unas ruinas semienterradas desparramando escombros y ventisqueros.

 

Antes de que pudiera tan siquiera incorporarse, la Hora, que ya estaba de nuevo en guardia, cerró el puño derecho en torno a su pecho y lo movió hacia fuera como si estuviese sacando algo de él. Cuando acabó de moverlo, brilló en ella una espada de cosmos que fue solidificándose hasta parecer envuelta en acero basto. Su hoja se veía muy afilada.

 

Desde los cascajos, Therón lanzó un destello de cosmos que acortó distancias entre ambos con el único propósito de estrellarse contra la Hora. Esta lo cortó con su nuevo mandoble y saltó hacia abajo, al encuentro de Perseo. Pero él ya había imaginado que ocurriría eso también, y no estaba allí.  Ánfora tuvo que reconocer que era rápido… ¡pero no tanto como ella!

 

El puño del santo chocó contra la hoja de la espada, colocada estratégicamente para detener el golpe. La Hora sonrió mientras él chistó. «Buen intento.» Arqueó el arma, que impactó contra la coraza del caballero generando una corriente de chispas amarillentas y anaranjadas. Arrodillado por el empuje, Therón no tuvo más remedio que rodar a la izquierda y dar una acrobática voltereta que le dejó a varios metros de Ánfora. Se sintió tan vivo como cuando años atrás luchó en aquella competición contra su buen amigo, el caballero de Orión. ¡Dulces recuerdos de batalla! Eso era. Aquel combate también le traería recuerdos.

 

La bota del santo rasgó el antebrazo de la Hora. Esta le respondió con un revés de izquierda que desvió con una hombrera. El intercambio de golpes prosiguió mientras Therón trataba por todos los medios mantenerse a menos de medio metro de su oponente. Sabía que al alejarse más cedería ventaja a aquel mandoble tan áspero a la vista. Cuando Ánfora se dio cuenta de lo que estaba tratando de lograr, blandió el arma sin importarle más que alejar al caballero. Este recibió el golpe en el costado, pero gracias a su pechera no fue herido. Eso era lo que había estado esperando, un golpe innecesario y a distancia corta, para que no cogiera fuerza. Ahora, con la defensa abierta, cerró el puño y golpeó con todas sus fuerzas el rostro de la fea mujer. Esta trastabilló y dio varios pasos hacia atrás, pero Therón la persiguió, dio un salto y quedó suspendido en el aire el tiempo suficiente para ejecutar una de sus técnicas.

 

Desde el cielo, una delgada línea de energía ondeó hasta chocar con la armadura de la Hora. Brotaron chispas como sangre de una garganta desgarrada, y cuando quiso dar cuenta de qué había pasado, Ánfora se encontró una grieta profunda que recorría en diagonal desde su brazalete izquierdo hasta el rubí del cinturón, partido en dos. La profundidad de aquel surco casi atravesaba por completo la pechera, a pesar de que era la pieza más gruesa de toda la vestimenta. Se dio cuenta de que le sangraba el brazo.

 

—El Destello de Adamantio[1] —proclamó el santo de plata mientras tocaba el suelo tras levitar—. Una técnica capaz de atravesar cualquier material que toque. A pesar de todo, tu armadura lo ha soportado bastante bien.

 

—No está mal. ¡Pero nada impedirá que aplaste tu cabecita, miserable! —Apenas creía la Hora aquella herida que lucía su gruesa prenda. Volvió a erguir sus fuertes brazos sobre la empuñadura del mandoble, que alzó como si fuese tan ligero como una pluma—. Es mi turno…

 

«Eso será si yo te dejo… —El santo de plata no se consideraba tan estúpido como para acceder a una lucha por turnos, por lo que chasqueó los dedos y desapareció ante los ojos de Ánfora, que quedó extrañada. A pesar de todo, la mujer no bajó la guardia; arqueó el gran mandoble dibujando un círculo alrededor de su cuerpo. Pero no topó con nada. Therón, sin embargo, seguía estando en el mismo lugar, observándolo todo con cautela—. Pero no le he hecho demasiado daño. Y el escudo de Medusa… es mejor no utilizarlo a la ligera».

 

—¿Confusa, Ánfora de Mesembria? ¿Qué te ocurre? —La Hora escuchó la voz de su enemigo por delante, pero también por detrás. Incluso parecía que reverberaba a los lados. ¿Dónde estaba? Ella frunció el ceño y entornó los ojos.

 

—Solo los cobardes se esconden —escupió.

 

—¡Es cierto! —El santo apareció tan rápido como el chasquido de un trueno clavando su puño en el rostro de la mujer, que retrocedió, pero logró agarrar el brazo hostil. Entonces sonrió dejando ver cómo un hilillo de sangre le resbalaba por la comisura de la boca.

 

—¡Eres mío! —Therón chistó, pero no pudo hacer más. Una masa de energía le golpeó como la ola que rompe entre las rocas ahogándole entre estruendosos crepitares. El impacto fue lo suficientemente violento como para agitar el suelo y quebrarlo. Perseo, alcanzado de lleno, voló de espaldas contra un muro. Chocó contra él y lo hizo añicos quedando sepultado por los escombros y la nieve. Repetidos restallidos pétreos se sucedieron hasta quedar acallados por el viento y la respiración de Mesembria.

 

El caballero de plata se alzó. Los cascotes cayeron a sus pies mientras terminaba de erguirse. Sus ojos estaban entornados, brillando con rabia. No esperaba una reacción así; cayó en la trampa como un novato. ¿Cómo había podido ceder ante una provocación tan evidente? Aquello debía ser fruto de infravalorar a su enemiga. Ya no había espacio para aquello; tenía que tomárselo en serio o le costaría muy caro.

 

El cosmos argénteo de Therón de Perseo se incendió alzándose sobre su cuerpo con lenguas susurrantes. El siseo de su energía tornó en un aullido iracundo y hostil que pronto inundó el campo de batalla. La Hora, por su parte, alzó la guardia inclinando el mandoble en señal de ataque.

 

Pronto, los dos se abalanzaron el uno contra el otro y continuó la lluvia de golpes. Ambas estelas mágicas, la plateada y la celeste, se abrazaron con pasión. Los puñetazos y patadas de Therón chocaban contra la hoja de Ánfora, quien la agitaba como poseída. El santo de plata esquivaba las embestidas también. Entre gritos, los contendientes danzaban bajo una lluvia de nieve y golpes, y ninguno lograba tocar al otro. Para sorpresa del santo, estaban igualados; tan igualados que temió por un momento. «No tengo más remedio.»

 

Perseo dio un largo salto hacia atrás quedando a varios metros de Ánfora y se llevó la mano a la espalda. Allí, al dorso de su coraza, había dos pequeñas correas paralelas de cuero envejecido sujetas por ambos extremos; eran las enarmas de su última carta. Deslizó los dedos bajo ellas y apretó el puño antes de tirar. Un chasquido metálico sonó, siendo apenas perceptible para el propio Therón. Era como si hubiese desensamblado algo. El santo jugaba con la curiosidad de su oponente, que no dejaba de observar con cautela. Ella jamás podría imaginar lo que haría a continuación… «La ingenuidad será su perdición», se dijo.

 

De la espalda, Perseo mostró una pieza de metal con el mismo lacado entre rosa y morado que el resto de la armadura; era un escudo del tamaño de su antebrazo con forma hexagonal. El patrón del mismo no era sino el rostro de Medusa, cuyos cabellos, serpientes según la mitología, hacían las veces de refuerzos radiales. El rostro grabado de la bestia mitológica parecía sereno; sus ojos lucían cerrados, los labios, firmes sobre el metal.

 

—¿Un escudo? —inquirió la Hora con hastío—. Esperaba algo más impactante.

 

—¿No es lógico usar un escudo ante una espada? —Perseo había previsto aquella reacción. No en vano, siempre que usaba su escudo era objeto de mofa de su oponente. Ahora hacía de ello su fortaleza; un escudo para su escudo. «Perfecto. Es mía.»—. ¿Por qué no atacas? —sugirió mientras alzaba su nuevo juguete.

 

Pero Ánfora había desviado la mirada. Sus ojos reflejaban un interés insólito que era reforzado por la amplia sonrisa en su feo rostro. Sin saber lo que ocurría, el santo de plata usó el reflejo del dorso del escudo para mirar tras de sí de reojo. Tras mover ligeramente el brazo, vio una silueta conocida; era Astrea, que lo observaba todo desde el techo de la casa de Baltsarós ataviada con la armadura de Virgo. ¿Cuándo había…?

 

—Es suficiente, Therón. Ya me ocupo yo —replicó la muchacha desde las alturas al notar el cansancio en el cuerpo de su camarada. Lo cierto era que Perseo, le gustase o no, se había desgastado más de lo necesario en aquella batalla. Virgo dio un saltito y la gravedad hizo el resto; cayó entre los dos contendientes, grácil como los copos de nieve que la acompañaban. Se irguió con delicadeza y dedicó una sonrisa a su compañero. Su rostro lucía rosado, congestionado, por lo que el santo de plata dedujo que aún debía tener fiebre. Una ráfaga de aire traviesa le meció los ondulados rizos dorados. 

 

—Así que por fin se digna a aparecer mi plato fuerte —declaró la Hora. Mesembria había clavado el mandoble en el ventisquero que tenía bajo los pies y apoyaba en él su peso. Therón volvió a colocar el escudo de Medusa con la cara hacia dentro en el hueco que la coraza le dejaba en la espalda.

 

—Señorita Astrea, puedo encargarme perfectamente de ella —señaló el plateado. Pero Astrea le dedicó una mirada severa y negó con énfasis.

 

—No voy a permitir que luches por mí solo porque esté algo cansada.

 

La muchacha parecía aún más bonita bajo la nieve, en la penumbra, y con el rostro enrojecido. Parecía una adolescente enamorada. Pero Therón incidió más en sus palabras. «Primer error: admitir que no estás en condiciones». Precisamente por eso, se mostró reacio a pasar el relevo. Pero Ánfora interrumpió antes de que pudiese replicar.

 

—Entérate de una vez, escoria… ¡No me interesas! —dijo señalando a Perseo—. Mi único interés es esa niña. ¡Yo estoy aquí por ella, no por ti!

 

—¿Todavía esperas que me crea ese cuento del juicio? —contestó el santo de plata. Volvió a alzar la guardia y casi a punto estuvo de reanudar su ataque. Pero una voz le sorprendió por detrás.

 

—Aunque no lo creáis, es cierto. —Todos se giraron para ver quién hablaba—. El Juicio de las Horas no es ningún engaño. —Ante la tríada de espectadores apareció la que se llamaba Ave; la mujer baja y rechoncha que recogía su melena castaña en un moño—. Nosotras, las Horas, no somos vuestros enemigos, caballero de Atenea. —Ahora se dirigía hacia Therón—. Tan solo queremos otorgaros el don de Diké, la diosa de la justicia, para que vuestras muertes no estén empañadas por el egoísmo.

 

—Eso dijo tu compañera, pero no podemos simplemente creeros.

 

—Ave está siendo sincera —dijo Ánfora mientras se relamía la sangre reseca que seguía teniendo en la comisura del labio—. Pero sois tercos. Más de lo que deberíais. Y por lo que veo vuestro amigo ha tratado de parar a mi compañera por la fuerza, ¿no?

 

Ave de Anatole asintió. Tenía una brecha en la frente, y de alguna manera, la sólida coraza que llevaba había sido agrietada en el pecho, probablemente por un golpe directo. Además, aunque no le gustó reconocerlo, Ánfora percibió cómo su camarada irradiaba un cosmos algo afligido. «¿Qué le habrá pasado?»

 

—Os lo diré una sola vez más —dijo la recién llegada—, así que escuchadme y actuad en consecuencia.

 

»Las Horas de Diké pretendemos salvaros del destino negro que os aguarda. Estáis condenados. Lo hemos visto. Todos los santos dorados moriréis a causa de vuestra estupidez y egoísmo si no recibís el Juicio de las Horas. Para ello, Diké, la diosa de la justicia, nos ha agraciado con un don, el Juicio de las Horas. Debéis aceptarlo para ser purificados. Y por eso estamos aquí.

 

—Pero… —Therón quiso preguntar algo, mas Ánfora le interrumpió señalándole con el mandoble, que esgrimía con una de sus manos.

 

—Solo para caballeros dorados. Tú aquí no pintas nada, Perseo.

 

—Así es. Ni caballeros de plata, ni caballeros de bronce. Solo caballeros dorados, Therón. —Aquella voz no podía ser más que de una persona. Entre las tinieblas, caminó con parsimonia llevando la caja de Pandora de Leo a la espalda. Baltsarós sonreía, como siempre, pero había algo que no acabó de gustar al santo de plata.

 

—¡Baltsarós! ¿Acaso has aceptado recibir el juicio?

 

—Podría decirte que sí. Podría mentiros a la chica y a ti, pero… —El dorado caminó hacia su compañera de Virgo y tomó su mano entre las suyas. La muchacha se sonrojó más de lo que ya estaba por la fiebre y le devolvió la mirada. Sus ojos eran profundos, pero inescrutables—. Lo cierto es que no me gusta ser hipócrita. El Sumo Pontífice ha ordenado que seas tú, Astrea, quien reciba el juicio. Si este funciona de verdad, yo lo aceptaré, y después, el resto de santos dorados también lo hará. Pero si falla… ¡ah! Si falla, yo mismo tendré que mataros a las tres. Sí, Astrea, a ti también… —explicó, haciendo una jocosa reverencia a la muchacha febril.

 

 

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[1] Esta técnica de Perseo es simplemente un guiño a la hoz irrompible que recibe de Hermes en el relato mitológico.

 

 

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PD:

 

-Pido disculpas a los participantes de esta dinámica por no haber seguido el plazo establecido para proseguir con estas dinámicas pero no podia entrar al Foro debido  a las flagrantes mentiras y actitud déspota de cierto usuario

 

-Mañana  indicare el plazo en el cual se votara por sus 3 fics favoritos

 

-Mucha suerte a todos los participantes


Editado por T-800, 25 octubre 2017 - 17:47 .

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                                         30.Fics-2017-El gran Final

 

 

 

 

 


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Shiryu

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#11 T-800

T-800

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Publicado 26 octubre 2017 - 22:05

Este Fic pertenece a : Sagitario_no_Mika

 

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Fic: La Marcha del Olimpo

 

Capitulo Dos: La decisión de Atena

 

 

Y las grandes puertas del salón abriéronse dando paso a Atena, quien pudo ver como estaba estructurado el salón.

Era un enorme salón tan grande como el santuario entero, al frente se encontraban once sillas dispuestas una alado de la otra y una mas grande en el centro, todas revestidas de terciopelo rojo vino, decorado con oro, lapislázuli, jade, zafiros, entre otras piedras preciosas. En el centro se encontraba Zeus, de aspecto imponente y mirada seria, aparentaba un hombre de 30 años, pero la presencia que emanaba de el hablaba de miles de años de experiencia. A cada lado de el se encontraban 6 sillas con los principales dioses del Olimpo, todos vestidos con clásicas prendas griegas.

A la derecha de Zeus la primera silla estaba vacía, pertenecía a Poseidón, en la siguiente se encontraba Hera, de semblante respetable y bella, tenia una mirada estricta; luego seguía Ares, un hombre fornido que mostraba interés, continuaba Dionisio, el conocido dios del vino, que miles de años antes le había sido cedido el puesto por Hestia. Luego venía Hefesto, su apariencia era tosca y fuerte, al final se estaba Démeter, diosa de la agricultura.

Hacia el lado izquierdo de Zeus, estaba otra silla sin dueño, aunque ésta pertenecía a Hades, le seguía Afrodita, la más bella entre todas las diosas, continuaba una silla vacía, esta lugar le pertenecía a Atena, seguidamente estaba Apolo, un joven hombre bello pero denotaba preocupación, luego su hermana gemela Artemisa quien mostraba un semblante independiente, por ultimo Hermes quien mostraba una leve sonrisa traviesa.

A cada lado del salón se reunían todos los demás dioses, aunque menores en importancia también fueron convocados a la reunión, por lo que Atena entendió que ese día se discutiría algo muy importante.

Atena camino al medio de la sala, dejo las ánforas en el suelo e inclino el cuerpo para saludar a los dioses, pero Zeus no actuó como ella esperaba, pues se levantó y dijo con seriedad:

Zeus: ¿Qué es esto Atena? ¿Acaso es un afrenta? Libera inmediatamente a mis hermanos – notó la sorpresa de Saori, estaba algo dudosa, así que finalizo diciendo – Es una orden.

Atena estaba sorprendida no esperaba esa reacción, pero se encontraba en una mala posición, debía obedecerlo sin rechistar, al menos frente a los demás dioses, un paso en falso y todos lo entenderían como una afrenta directa hacia Zeus. Lo pensó muy rápido y decidió obedecer.

Inmediatamente los cuatro dioses salieron de las urnas y al verse en el salón del Olimpo sin decir palabra alguna se dirigieron a su respectivos puestos, realmente no necesitaban explicación entendían que la situación era relevante y sobretodo no podrían a discutir en ese lugar, a diferencia de Atena tenían modales. / Uy Atena estas quedando mal parada -.-"/

Luego Zeus mas calmado que hace unos segundos dijo: Ven Atena, siéntate.
Así lo hizo Atena, pues la corte estaba por empezar.

Zeus se levanto y dijo con voz alta pero respetuosa: Hoy queridos hermanos y hermanas, tengo un anuncio de suma importancia que darles, mi hijo, Apolo, quien posee el don de la adivinación a notado algo preocupante en el futuro, una guerra se avecina – todos en el salón se sorprendieron, aún mas Atena – una guerra tan grande e importante como nuestra luchas contra los Titanes y los Gigantes, tendremos un enemigo en común y tendremos que unirnos para combatirlo, no conocemos nada acerca de ellos por lo que debemos prepararnos y luchar nuevamente como una sola entidad para reafirmar nuestra hegemonía. !Todos por el Olimpo!

Y los dioses gritaron al unisono – ¡Todos por el Olimpo! Luego de unos segundos Zeus golpeo el suelo con su cetro en señal de que guardaran silencio.

Zeus: Ahora Apolo les explicará con mas detalle lo que vió en sus profecías – dijo mientras se sentaba.

 

Apolo tomó la palabra y se levantó del asiento.
Apolo: Hace cuatro días mientras estudiaba las estrellas, pude notar que la luz que emanaban las galaxias mas lejanas del Este se apagaban intempestivamente dejando un rastro de oscuridad absoluta que se dirige hacia nosotros. Los únicos capaces de logran tal hazaña solo somos los dioses.

 

En la Sala, Imnuta minutos antes, se empezaba a sentir murmullo departe de los presentes.

 

Apolo: Calma! No los estoy acusando. Tampoco se trata de los dioses primigenios, es algo mas, sospecho que se trata de dioses mas antiguos que el mismo Caos. Su existencia se encontraba “inerte” hasta hace muy poco. Probablemente con el correr de los milenios han logrado despertar y reunir energía suficiente para dirigirse hacia nosotros. Por la forma en que avanzan y la cantidad de galaxias que destruyen intuyo que son un ejercito grande y poderoso e intentarán instaurar aquí su hegemonía.

Calculo que tardarán 16 años en llegar.

Mi consejo es que preparemos un plan de ataque y fortalezcamos nuestros ejércitos. - Finalizó

Hades y Poseidón escuchaban atentamente toda la información, ciertamente el asunto pintaba mal para todos, pues no sabían a que se enfrentaban. Athena quien también prestaba atención elucubraba como podría ésto afectar a los humanos.

Zeus: Ya han oído a mi hijo, es momento de preparar nuestras armas, y nuestra milicia. No podemos perder esta guerra, por nuestra supremacía y nuestro orgullo ¡Viva el Olimpo!

Al unísono todos: ¡Viva!

Zeus: Nos veremos en 15 años y TODOS deben estar listos. Declaro el fin de esta Sesión.

Uno a uno los dioses salían del salón con una sola cosa en mente, la próxima gran guerra.

Zeus miró a sus hermanos, Hades y Poseidón, y a Atena haciéndoles una leve señal para que lo siguieran, debía aclarar las rencillas entre ellos de una vez.

Zeus entró en una pequeña sala lejos de los demás dioses y con el Hades, Poseidón y Atena,

Zeus: Ya conocen las razón por la cual los he traído aquí – dijo- deberán dejar a un lado sus problemas personales, no pueden estar discutiendo en medio de lo que se avecina.

Hades: tomando la palabra – Entiendo tus palabras hermano, pero es tu hija, Atena, quien nos ha puesto en esta posición, poniéndose de parte de los humanos y avergonzando nuestro orgullo sellándonos.

Poseidón: Estoy de acuerdo con Hades, esta niña solo ha causado conflictos entre los dioses.

Zeus: - Dirijiéndose a Atena – ¿Que tienes para decirnos?

Atena: Padre, soy la protectora de los seres humanos, mi misión es cuidarlos y velar por ellos, Hades y Poseidón amenazaron en reiteradas ocasiones a la humanidad y he cumplido con mi deber.

Zeus: Ciertamente es tu deber, pero no puedes oponerte de esa forma, has actuado mal y me has avergonzado a mi, tu padre, frente a todos los dioses, eres inteligente, existen mejores formas de actuar, pero te has comportado como una pequeña adolescente. Tu comportamiento amerita un castigo. Pero antes. - Dirigiéndose a sus hermanos – Los humanos son inferiores, pero su vida y existencia les pertenecen a todos los dioses, no debieron tratar de eliminarlos sin conciliarlo con todos, en especial conmigo – Seria y amenazantemente dijo – No vuelvan a decidir sobre el futuro de la humanidad sin consultarme. Ahora pueden retirarse.

Poseidón y Hades se fueron por separado. En sus actuales situaciones solo eran como espíritus, Para luchar en la guerra debían renacer en un cuerpo humano.

Cuando Zeus quedo solo con Atena ella dijo:

Atena: ¡Padre! Los humanos son criaturas con sentimientos, no puedes tratarlos como objetos, ellos merecen mas que eso.

Zeus: ¡Silencio! Tus acciones no son aceptables para una diosa, tu comportamiento es desafiante, incluso a mí que soy tu padre, y jefe entre los dioses, intentas convencerme de no ser responsable. Estar tanto tiempo entre los humanos te ha vuelto débil – dijo esto con un aire de decepción – No obstante, los humanos nos serán útiles en la próxima guerra, serán nuestra milicia, y estarán en primera línea.

Atena: Entiendo la importancia en la próxima guerra, pero no enviare a mis santos a luchar para que los asesinen, no conocemos a nuestro enemigo, no tenemos ni una mínima idea de su número y . . .

Zeus: !Ya basta! No me importan los humanos pero entiendo que están cumpliendo con tu obligación, sin embargo que estén en primera linea es una buena estrategia, pero eso ya se verá en su momento, aun faltan dieciseis años, y por lo que sé apenas si tienes algunos santos.

Atena: Pero, padre . . .

Zeus: Si dices querer tanto a los humanos entonces arma tu batallón, entrénalos y selecciona solo los mejores. A nosotros los dioses nos divierten los humanos, no tenemos intención de eliminarlos, pero aquellos que están por venir los eliminaran sin duda, debes elegir, si participar con nosotros los Dioses Olimpicos, tu familia, o luchar sola y perder.

Atena conocía la respuesta, no era una pregunta difícil, pelear sola contra un enemigo numeroso y desconocido era un suicidio, en cambio al luchar mano a mano con los dioses habría esperanza en la victoria, pero tendría que aceptar las vejaciones hacia sus queridos humanos, algo doloroso para ella, las cartas estaban sobre la mesa, y ella decidió que aceptaría el sufrimiento que estaría por venir a cambio de una esperanza para la humanidad.

Atena: Acepto colaborar con uds, incluso si debo sacrificar a mis santos.

Zeus: Buena respuesta, hija, al fin te estas comportando como la diosa que eres. Aún así tienes pendiente un castigo. . .

Fin del capítulo.

 
 
 
 
SE  CIERRAN  LAS  INSCRIPCIONES
 
 
Los participantes de esta dinámica, son los siguientes:
 
 
1.   Seph_girl
 
2.   Ivan de Virgo
 
3.   blackdragon
 
4.   ALFREDO
 
5.   Killcrom
 
6.   SagenTheIlusionist
 
7.   Sagitario_no_Mika
 
 
 
 
 
EMPIEZAN LAS VOTACIONES
 
 
 
-Tienen de plazo desde hoy día  26  - 10 - 17
 
 hasta el  06 -11 -17  para votar
 
 
 -Los concursantes también pueden votar pero obviamente no pueden votar por sí mismo.
 
-En este caso el que vote, debe elegir a 3  FICS  que considere que son los mejores
 
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                                         30.Fics-2017-El gran Final

 

 

 

 

 


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T-800

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Publicado 07 noviembre 2017 - 15:17

 
Mis votos son para:
 
Seph_girl
 
Ivan de Virgo
 
SagenTheIlusionist
 
 
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SE CIERRAN LAS VOTACIONES

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                                         30.Fics-2017-El gran Final

 

 

 

 

 






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