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Anécdotas de Oro


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133 respuestas a este tema

#121 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

  • 9,751 mensajes
Pais:
Chile
Sexo:
Masculino
Signo:
Virgo

Publicado 31 mayo 2018 - 13:22

Después de un largo conflicto sobre quién respondería qué xD y un montón de problemas personales por la universidad, mi pie roto, etc (en serio, han pasado tantas cosas en un mes que parece ridículo), al fin volvemos con el final final de Virgo, y les aviso que Libra ya está en proceso de desarrollo. Y espero que sea genial, pero diferente a todos los demás, pues el buen Dohko se lo merece.

 

Primero pasaré a responder sus amables comentarios.

 

Spoiler

 

Placebo manda a decir que los quiere mucho y "que son los mejores <3"

 

Ahora... el epílogo que prometimos.

 

Epílogo


Octubre de 2013.

Habían pasado varias semanas desde que la batalla había terminado, y el Santuario ya había retomado la vida habitual, así como el silencio. Shaka nunca había sido consciente de la presencia de sus compañeros, pero, ahora que gran parte de los Santos de Oro habían muerto, sentía como varios sonidos a los que estaba acostumbrado se habían silenciado. Ikki de Fénix se creía muerto, después de su combate que tanto duró en el Templo de la Doncella, en la que por fin abrió los ojos; Saga de Géminis, haciéndose pasar por el amable Sion que lo había acogido en el Santuario, también había caído, quitándose su propia vida al recobrar su humanidad. Shura de Capricornio, Camus de Acuario, Aphrodite de Piscis, DeathMask de Cáncer, y decenas de otros guerreros del Santuario en los que, creía, nunca tomaría especial atención, también perdieron la vida. Pero, ¿acaso se sentía mal por ellos? ¿Por el noble Shura, que se sacrificó por Shiryu? ¿Por Camus y la última lección que le dió a su alumno antes de morir?, ¿por Aphrodite y la venganza que Andrómeda tanto ansiaba? ¿DeathMask y…? Bueno, él tal vez sí merecía morir, pensó con una sonrisa. Le recordaba a alguien de su pasado.

¿Por qué se sentía así? No lo sabía con exactitud, ya que desde hacía mucho tiempo había decidido renunciar a dedicar sus emociones o pensamientos a la existencia de sus compañeros o del mundo alrededor. Cuando Ikki explotó con él, llegando al punto más lejano del universo, donde estuvieron seis horas que se hicieron siglos… Shaka tuvo mucho tiempo para pensar. Para dudar. Sobre su pasado, presente y futuro. Tantos años había vivido mentiras o absolutas certezas, creyéndose un ser superior, sin la presencia de aquella cosa tan preciosa y humana como era la duda. Desde el temor que lo invadía en su infancia, a manos de aquellos lejanos monjes cuyos rostros había olvidado y de su terrible antecesor, que siempre tendría en la memoria, hasta la sensación de que el mundo entero estaba compuesto de un montón de monos corriendo en la palma de su mano.

En la soledad del espacio, de lo más recóndito y lejano de la realidad, empezó a recordar el momento en que vio por primera vez a sus compañeros, a los que tenían cerca de su edad. Vio como llegaban por la bahía mientras flotaba sobre el mar, esperando a que sus maestros terminaran con su reunión (la que decidiría todo el futuro). Hablaban sobre la vida o lo que sea, mientras él se mantuvo lejos. ¿Por qué se mantuvo lejos? Hasta Muu, que no se caracterizaba por su camaradería, se había acercado a esas personas. Para hablar. El único, además de Shaka, que no se había integrado al grupo era Aphrodite, e incluso aquel sueco cubierto de rosas prestaba atención a lo que sus compañeros decían. Shaka no hablaba desde que era muy pequeño, no se acordaba cómo sostener una conversación en la que no tuviera que temer por su integridad física o psicológica. Pensaba en ello y en el rostro de Seth por igual…

Dudas en su corazón. Dudas y más dudas. Se veía a sí mismo flotando sobre los niños, y podía recordar con claridad la única vez en que un niño había tratado de ser su amigo. Llegó a pensar, en su adultez, que estaba por sobre ese niño y todos los demás, o sobre el concepto de amistad, o sobre cualquier sentimiento. Pero, así como ese chico que los monjes habían torturado cruelmente, o como aquellos que estaban destinados al sufrimiento en el mundo de los humanos, él era un hombre; mientras Ikki lo atenazaba, debió dudar de su poder, de su supremacía, de sus habilidades, creencias y tormentos pasados. Todo cambiaba, giraba como una rueda. Y él no era perfecto… eso era lo más importante.

La perfección no existía. Ni él, ni su maestro, ninguno de los otros Santos de Virgo del pasado, ninguno era perfecto. Sufrían, como todo el mundo. Los humanos nacen, viven, mueren y cometen miles de errores durante décadas, las que se repiten a través de las generaciones… ¿Y él se creía superior a eso solo porque le dijeron que era especial?

Ikki le mostró que también era especial. Que todos lo eran. Diferentes y humanos. Ni el gran templo donde vivía era una fortaleza impenetrable, como su mente y corazón no estaban hechos de piedra. Cuando era niño, aprendió a “encerrarse” en el Khan para protegerse, tanto su corazón como su cuerpo, hasta que llegó a un punto en que encerró al mundo de él. Luego, Ikki de Fénix hizo explotar ese escudo, y el mundo apareció ante sus ojos, que por tantos años había mantenido cerrados.


Así fue como se encontró a sí mismo caminando por la extensidad del Santuario, con la extrañeza de sentir de nuevo su cuerpo funcionando fuera del templo, sus manos acariciando la humilde túnica que le cubría, y sus pies descalzos pisando el concreto, mármol y polvo sobre el cuál habría flotado hace un par de meses.

La ciudad de Rodorio. Estaba rodeado de gente de verdad. Seth, los monjes, los niños, y el Sumo Sacerdote Sion, antes de que Saga atravesara su pecho, también eran personas, como él. Pero la tibieza de sus corazones era distinta; Nicole de Altar, también una víctima de Géminis, le tocó un hombro una vez, para salvarlo de Seth, y su mano era cálida. La de su maestro, por otro lado, le provocó un dolor tan grande que hasta ese momento, veinte años después, aún no podía evitar cierto malestar en su estómago cuando lo recordaba.

En la plaza había gente de todos los tipos. Padres, madres, niños y abuelos. Pintores, agricultores, pescadores, carpinteros, alguno que otro Santo sin llevar armadura, intentando pasar desapercibido. Cuando lo vieron pasar, hicieron el protocolar gesto de no mirarlo directamente ni parecer tan sorprendidos. Shaka hubiera preferido que fueran esos chicos… Seiya y los demás, pero estaban en la Fuente de Atenea, recuperando las heridas que les habían causado… que él mismo les había provocado por su estúpida certeza en tonterías. ¿E Ikki, el hombre que lo había salvado? Decían que estaba muerto, pero Shaka quería creer que seguía vivo. Creer. Fé, esa era otra cualidad que aprendió con una simple explosión. Una acción tan simple como pensar que algo es posible, y aferrarse a ello como si lo usaras para evitar caer en un acantilado. Como si tu vida dependiera de ello. La fé que los habitantes de Rodorio le tenían a los Santos, representado en la forma en que le rezaban a Atenea, la verdadera Atenea que había llegado al Santuario, para que las cosechas no menguaran con el viento o el sol; la fé era lo que les hacía seguir adelante, sin importar cuántas guerras azotara el Santuario o cuántas personas perdieran la vida.

Shaka, Santo de Oro de Virgo, caminaba y caminaba. Pensaba y pensaba. El mundo no dejaba de girar, pero no como Seth sugería. Giraba en un ritmo especial, una forma única en la que los seres humanos, más allá de la maldad que existiera, siempre tratarían de convivir en paz entre ellos. La paz y la bondad se reflejaban en los niños, los animales y las familias, en las sonrisas que podían apagarse temporalmente, pero que nada lograba extinguir del todo.

Se sentó en la pileta que marcaba el centro exacto de la plaza, mientras que aquellos pensamientos ocupaban su mente. Se sentó sin cruzar las piernas, sino como una persona de las que ahí abundaban. A su lado había una mujer con un bebé a quien le sonrió, dándole de comer. Más allá había un anciano, en el límite de su vida, leyendo un periódico, sujetándose con ayuda de un bastón. Sus cuerpos eran muy diferentes, pero así como el suyo, eran únicos; cuando era niño llegó a creer que solo su cuerpo era sagrado, único bajo el cielo y sobre el infierno… pero ese hombre de edad había vivido toda su vida con sentimientos que se marcaron en su piel; la mujer cuidaba de otro ser vivo con toda su alma, lo había creado con su propio cuerpo; y el pequeño, que ahora le intentaba agarrar el cabello con su manita, era un ser maravilloso, fruto del universo, que no necesitó nacer de una rosa. Shaka entendió que el mundo no era como creía, sino que era mucho más hermoso. No solo con los ojos, sino que con todos sus sentidos podía percibirlo.

“Ikki, si es que sigues vivo… agradezco tu enseñanza. Es la lección más dura que he aprendido”, pensó con cierto entusiasmo.

En ese momento, sintió algo en sus pies. Una pelota de goma le había golpeado, lanzada por un niño de ojos verdes. El mundo se silenció y el chico, con la boca abierta, tuvo miedo de acercarse. Como el miedo en los ojos de ese chico de su pasado. No más.

Nadie iba a torturar a ese niño por una injusticia nunca más, como habían hecho en los recuerdos de antaño; en eso no había cambiado ni tenía dudas.

Así que sonrió, tomó el balón, y se lo ofreció con gentileza y calidez de corazón. Y el niño, asintiendo con otra sonrisa, la aceptó.


Fin.


Editado por -Felipe-, 31 mayo 2018 - 13:23 .

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(by Placebo)


#122 Dbicho

Dbicho

    El Lag nos hace violentos, los videojuegos no.

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Publicado 02 junio 2018 - 06:24

*Aplausos*, *Mas aplausos*.

 

Un gran epilogo para uno de los mas grandes capítulos de Anécdotas.

 

Vimos los inicios de Shaka, desde que era solo un pequeño niño, idolatrado por unos pseudo-monjes quienes le obligaron a prácticamente no tener una niñez sana. Luego quedo bajo la tutela de otro pseudo-maestro, que lo único que quería era usar su poder.

 

Y al final tenemos al Shaka Post-batalla del Santuario. El como su visión del mundo cambio. Y como es que Ikki reventó su burbuja que tanto lo protegía y aislaba del resto.

 

Es un tanto melancólico ver al final que el se da cuenta que estuvo rodeado de buenas personas (sin contar a mascara) y que ahora no pueda contar con la mayoría de ellas.

 

Sin embargo ese final donde el niño teme ante la figura de Shaka y que este con una sonrisa le devuelve la pelota, demuestra como ustedes dicen que el no sera mas la misma persona que era antes que Ikki le mostrara el mundo fuera de su burbuja.

 

Me hubiese gustado en el epilogo un pequeño cameo de la saga de Hades, donde estaba frente a los tres revividos, si eso salia hubiese sido un aaarg, me entienden no? jajaja.

 

En fin exijo un crossover entre Mito y algunas escenas de Anécdotas xD.

 

Como dije, maravilloso final para uno de los mejores capitulos, que a cada que avanzan se van superando aun mas.

 

Felicidades!!!

 

Pd: Si Nicole es un Saint, ya me di cuenta que el nombre casi no importa xD

 

Saludos!


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 Mi Fic: http://saintseiyafor...a-guerra-santa/

Fichas de personajes: http://saintseiyafor...a/#entry2584194           

 
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#123 Nemesis_Venganza

Nemesis_Venganza

    La chillaneja

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Publicado 04 junio 2018 - 20:40

Que bonito epílogo, me deja con una sensación de nostalgia tremenda.

 

Sé que los dorados no son los protas del canon, pero para mi siempre serán el grupo más interesante, ¿porqué? porque no son perfectos, ellos son los que pierden, los que son juzgados, los que dudan, los que se equivocan, aprenden, se vuelven a equivocar y así una y otra vez, es decir, son mucho más humanos que los protas de turno que suelen encarnar ideales de héroes. Dicho de otra manera, los encuentro más reales y eso me encanta ^_^

 

Pero volviendo a nuestro buda rubio, esas reflexiones finales post santuario son tan lindas, supongo que por eso me dejan la sensación de nostalgia o algo similar. Me agrada ver cómo se sintió uno de los sobrevivientes de la batalla luego de que esta acabara y se debe intentar volver a la normalidad, comenzando a notar todos los vacíos que dejó la misma. Se perciben las emociones de Shaka cuando piensa en todo lo que fue su vida, lo bueno y lo malo, y todo lo que aprendió del camino recorrido... oh, y esa escena final recordando al pequeño niño Hindú, fue como para terminar con más nostalgia aún. Lindo.

 

Los felicito por esta tremenda anécdota, muy trabajado el lado emocional y psicológico del personaje para que los lectores comprendiéramos su comportamiento y nos haga sentido el Shaka de la saga santuario y tambien post- santuario.

 

Saludos y más felicitaciones a los dos peques :s71:

 

 

 

 

 

 

PD: ¿¿así que Afrodita no se integraba mucho al grupo de aprendices?? :ninja:  ...

(lo siento, no puedo controlar a la fan.girl que vive en mi)

 

 


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#124 girlandlittlebuda

girlandlittlebuda

    Souldgodiana de corazón

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Publicado 04 junio 2018 - 22:59

Que hermoso! Hermoso epílogo.

Me encanto ese momento autoreflexivo, esa rápida retrospectiva que hace mi rubilindo de su historia de vida, de su "relación" con sus compañeros, ese reconocimiento y agradecimiento que hace a Ikki y ese final es muy emblemático. Un final que recupera un momento que sin duda lo marco y lo hace tener otra perspectiva de quién es y cuál es su misión en la vida

Excelente!


Finalmente puedo decir que en general estos cuatro capítulos y el epílogo me fascinaron.

Sólo tengo una discrepancia con respecto a la personalidad arrogante y arisca con la que se suele representar o asociar a Shaka (incluido su fic). No porque no crea que él es así, desde mi perspectiva es sólo una cara o faceta de él y no es una presunción inventada por mí, basta con que recordemos esa pequeña escena del manga en la que está frente a la estatua de Buda.

Comúnmente se tiene la idea de que su combate con Ikki lo hizo cambiar; pero como lo dije anteriormente, desde mi punto de vista ese batalla lo llevo a recordar parte de sí. Nadie cambia de la noche a la mañana.

No me enrollo más y paso a dar mi reconocimiento a ambos por esta increíble historia, por su talento, su tiempo y su dedicación.


Gracias mil a ambos!

Editado por girlandlittlebuda, 05 junio 2018 - 22:38 .

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"Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y hacer un nuevo final"


#125 Placebo

Placebo

    表裏一体

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Chile
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Tauro

Publicado 10 junio 2018 - 15:49

Spoiler

 

Para que se pongan en contexto

 

-Entra Placebo, con un bastón y arrugas pintadas con maquillaje- Ayyy, esta juventud de hoy en día...esperando capítulos de fanfics no canónicos. Bueno, hemos llegado a Libra, y ustedes saben lo que significa eso; lo que pasa en la casa de Libra, se queda en la casa de Libra. -A lo lejos se escucha a Felipe gritando "¡NO ES ESE TIPO DE FANFIC!"- Okay, okay. Empezaremos con un capítulo laaaaaaaaargo, porque el protagonista tiene un chilión de años. -Lanza el bastón lejos y se endereza la espalda- Ufff, mucho mejor. Este fanfic tendrá interludios, así que no se los pierdan! 

Esperamos sus comentarios escritos en tinta china, enviados por barco, bote, diligencia a caballo, paloma mensajera, y susurrados directamente en nuestros oídos(??).

 

 

 

 

 

 

 

 

LIBRA

 

Parte 1

 

 

Diciembre de 2010.

La Navidad en China no era la celebración más importante. Era difícil que la gente supiera por qué razón occidental exactamente estaban celebrando, o en honor a quién. De todas maneras, grandes ciudades como Beijing o Shanghai adornan sus calles, y especialmente mercados, con los decorativos tradicionales que ven a través de la televisión o en internet, traídos principalmente de Estados Unidos. Incluso en algunos pueblos más pequeños, los niños adornan pinos de fantasía y ponen calcetines en las murallas esperando a Shengdan Laoren, el “viejo de la Navidad”, para que les traiga obsequios. No es más que eso, sin embargo. En ocasiones, las familias salen a comer comida extranjera, como pizza, durante la Nochebuena, pero no pasa de ser una celebración similar a lo que en zonas lejanas y sin relación con el mundo anglosajón sería el Halloween.

De todos modos, no significa que no pueda aprovecharse. Hay un sitio oculto entre los montes de Lu Shan, en la región de Jiangxi, al centro del país, entre cinco poderosas montañas que le susurran al cielo cubierto de estrellas y una luna pálida que se refleja en los estanques. A pesar de estar más allá del tercer milenio, la gente allí aún vive de manera tradicional, viven de la ganadería, la agricultura y la pesca. Es un pueblo humilde de pocas personas, conectados a la naturaleza, los árboles, los ríos, lagunas y la piedra. Se le conocía como Goroho en japonés, Wulaofeng en chino… Los Cinco Picos Antiguos.

Allí también vive una familia de cuatro personas, importantes como ninguna, que, sin embargo, se consideran tan comunes como cualquiera. Para la noche de Navidad decidieron sacar el mejor arroz que ellos mismos habían cultivado, un buen Baijiu (licor tradicional chino) y varios vegetales de buena calidad, comprados a una vecina comerciante que conocían desde hacía años.

Había un chico y una chica, que se amaban como pocas personas podrían llegar a hacer, a pesar de su corta edad. En este tiempo, sin embargo, aún no lo sabían, y se trataban con tímida cordialidad, decoro y una oculta, pero inocente pasión adolescente que no tardaría en desbordarse. Él se llamaba Shiryu, que significaba “Dragón Púrpura”, tenía catorce años y había llegado de Japón para entrenar la doctrina del Cosmos; era un joven lleno de valor, una nobleza sin par, y un gran valor por la amistad. Ella se llamaba Shunrei (en chino Chun Li) lo que significa “Belleza Primaveral”, que, precisamente, con trece años era una muchacha hermosa como la más bella flor de loto, fuerte de corazón y pura de espíritu. Había sido encontrada, una tarde de abril, flotando en el río Pong en su cesta de recién nacida, por el anciano que protagoniza nuestro relato. Él era amado como un padre por Shunrei, y por Shiryu; y así también él los amaba a ellos como hijos, así como a Genbu (en chino Xuanwu), el muchacho de quince años que se sentaba a su lado, cuyo nombre significaba “Tortuga Negra”. Era aguerrido, noble y divertido, venido del norte del país para “volverse más fuerte”, y le era difícil entender la filosofía detrás, como a una tímida tortuga que se oculta con su caparazón, pero su ideal era robusto como ésta. Se consideraba hermano de los demás, y también le consideraban uno de ellos, pues su deseo era igualmente vivir con nobleza y determinación, a pesar de los desafíos de la vida, que su maestro conocía tan bien. Tantos años no pasaban en vano.

Su nombre era Tong Hu, pero ya hacía muchos años había optado por la transcripción japonesa de los caracteres en su nombre para olvidar… lo que había perdido. Shunrei le llamaba “padre”, Shiryu y Genbu se dirigían a él como Roshi, “viejo maestro”. Pero el mundo lo había conocido antaño como el “Tigre Joven”, el Santo de Oro de Libra, Dohko. A sus 258 años de edad, todavía le parecía extraño llamarse Dohko, pues había dejado la juventud también mucho tiempo atrás. Sin embargo, era divertido bromear con ello. Dohko siempre se tomaba la vida con humor, pues era una sola, y consideraba que había que valorarla con todo el alma y el corazón… a pesar de que jamás habría esperado pasar de los veinte años de edad.

Bebía su tercer vaso de baijiu cuando Shiryu le dirigió la mirada, algo nervioso, después de un cuchicheo incesante con su hija. Ella sonreía y miraba sus propias rodillas bajo la mesa. La barbilla de Shiryu tembló, y se le subieron algunos colores a la cara.

—Oh, no. —Dohko casi escupe su licor en la mano de Genbu, que se apartó exageradamente a un lado—. No… ¡aún son muy jóvenes!

—¡Maestro, casi cae en mi brazo, rayos!

—¿M-maestro? —preguntó Shiryu, sin entender. Shunrei se quedó atónita. ¿Creían que era un asunto muy fácil, acaso?, se preguntó Dohko.

Pero él ya tenía más de dos siglos de edad. Si no era ya el momento para ser abierto de mente y celebrar el amor, nunca lo sería.

—Está bien, está bien, feliz navidad… u-ustedes tienen todo el d-derecho… Lo cuidaré… o la cuidaré, claro… —Dohko se detuvo para servirse otro vaso más, que se tragó junto al arroz que todavía no acababa—. ¿Es lo o la?

—¿De qué habla, padre? —Shunrei tuvo problemas para abrir la boca… y de pronto, también abrió los ojos muy grande. A diferencia de su más lento alumno, su hija era sumamente lista. En este caso, eso era una maldición—. ¡Padre!

—¡Pues de…! ¿Qué querían decirme?

—¡Jajajajaja! —rio Genbu, que también había captado el meollo del asunto. Casi mete la cabeza en el bol de arroz—. Pobre maestro, casi le dan un ataque, tórtolos.

—¿Tórtolos? —Shunrei le dirigió una mirada asesina a su pelirrojo hermano, a la vez que su rostro se ponía del mismo color.

—Hace mucho que he querido preguntarle… —Shiryu inclinó levemente la cabeza, sonrojado y algo titubeante— sobre su vida. Sé que es una falta de respeto a un hombre de… a usted. Sin embargo, la admiración que le dirijo es imperturbable, y si quiero ser como usted algún día…

—Espera. ¿Eso es todo? ¿Quieres saber sobre mi pasado? —Sobre la poblada barba canosa de Dohko de Libra, se asomó una sonrisa levemente avergonzada, y principalmente dichosa.

—Si no es mucha molesta, viejo maestro.

—Oh bueno… mañana es día de descanso en casi todas partes, no veo por qué no. Shunrei, mi querida niña, ¿fue esto tu idea? ¿También quieres saber sobre mí?

—D-desde luego que sí, padre. Si sabe todo sobre mí, lo lógico es que yo sepa sobre usted.

—Por un instante pensé que no lo sabía todo… pero bueno… es una historia larga. Eso es, por supuesto, ridículamente evidente. —Dohko dejó la comida y las verduras de un lado, al igual que el vaso humilde de madera. Se acomodó la elegante túnica negra que vestía para la ocasión, y se puso de pie con el rudimentario bastón, que era parte del cuento. Contra todo protocolo, se sentó sobre la mesa para dirigir la voz a sus tres chicos a la vez. Se preguntó qué debía contarles—. Imagino que debería empezar con el principio. Hm. Pero no tan al principio, o sería irreverente y terriblemente incómodo, hasta que ustedes tengan mejores clases de biología.

—¡Padre! —reprendió Shunrei, la flor de sus ojos.

—Comenzaré entonces. La llamaré “la historia de mi tatuaje”. Sí, ese es un nombre radical, como dicen ustedes los jóvenes, ¿verdad, Genbu? —Al viejo maestro le encantaba avergonzar a sus estudiantes, haciendo el gesto típico de los surfistas y fingiendo que no sabía lo anticuadas que eran sus referencias. Por supuesto que lo sabía, pero era mucho más divertido ver cómo se cubrían la cara con las manos y suspiraban incómodamente.

 

Otoño de 1760.

Corría el año 1769, en plena dinastía Qing. En la historia de la humanidad, esta sería conocida como la última de las dinastías de emperadores en lo que, en occidente, se conoce como China, pero allí era llamado Zhongguo, lo que significa “Reino Medio”. Acababa de finalizar la revolución de Altishahr Khojas contra el Emperador Qianlong, que se había defendido eficientemente. La paz reinaba para el imperio… y eso también significaba paz para el pueblo de Lu Shan y sus cinco enormes montañas. De hecho, en términos económicos jamás habían estado con más recursos… lo que no quería decir, de ninguna manera, que estuvieran “bien”. El dinero tenía que salir de alguna parte, y ese detalle tan único, tan particular del ser humano, es lo que da origen a la historia que, en realidad, nada tenía que ver con las monedas.

Su casa estaba al oeste del río, con fácil acceso para sus cultivos y la pesca de truchas. Vivía allí con sus cuatro hermanos y hermanas, y con su madre, Xia Li (“Belleza Veraniega”). A su padre no lo conoció, y no preguntaba sobre él. Quería creer que fue un samurai o algo así, pero probablemente sólo había sido otro granjero azotado por la peste.

La historia en sí misma comenzó un día de otoño, cuando el emperador Qianlong decidió que era necesario comenzar a aumentar la cantidad de impuestos y tributo que debía ser entregada. Para ello había designado un grupo de cobradores imperiales, que supuestamente necesitaban tener una variedad de códigos morales y éticos, y la justicia necesaria como para no tomar más de lo que debían cobrar.

En las grandes ciudades centrales del país, sobretodo en la capital Beijing, en la cual residía el emperador, los impuestos se podían pagar con solo el contenido de un campo, ya que la gente solía tener tres o cuatro plantaciones por familia, y conocían bien las formas en que podían invertir y usar su dinero para generar ganancias que los hicieran vivir cómodamente. Pero el pueblo de Lu Shan no tenía grandes terratenientes, ni inversionistas de aquellos lugares más allá de los mongoles, solo vivían con la calma humilde y característica de los pueblos pequeños, junto a las altas montañas, así que no era necesario indicar lo mucho que esa recolección de impuestos les afectaba para la economía de sus hogares, sobretodo cuando las familias como la de Dohko, en aquel tiempo llamado apropiadamente solo Tong Hu, vivían en el campo de alguien con un poco más de suerte que ellos y trabajaban en una plantación no tan grande como para generarle grandes ganancias a su dueño. Si tenían que ser sinceros, el dueño de la plantación los dejaba vivir ahí solo por buena voluntad. Era uno de los pocos hombres que tenían su propio terreno, y todos en Lu Shan harían, naturalmente, lo que fuera para ayudar a Xia Li, aún cuando supieran que nunca podrían desposarla. Los hombres detenían sus obligaciones de tener una esposa, ya que el caso de ella era especial; muchos sentían lástima al ver cómo hacía lo posible para sacar adelante a aquellos cinco niños, mientras que otros afirmaban que la “pérdida” de su esposo la convertían en una mujer maldita, que empezaría a parir quimeras cuando volviera a quedar embarazada. Era un secreto a voces el porqué, pero nadie había tenido el valor de contárselo a sus hijos, ni siquiera a los dos mayores.

Ese día era la recolección de impuestos. Xia Li no tenía cómo pagar, y de ello eran conscientes sus hijos. Particularmente el chico del medio, un feroz y bravo muchacho de diez años, que no estaba dispuesto a permitir que su familia siguiera sufriendo tormentos o pagar de más (dentro de lo que podía entender por “pagar de más”), solo por la falta de un padre o todas las cosas horribles que hablaban de su madre, la persona más importante de su breve existencia. O al menos… en ese tiempo creía que sería una existencia breve.

Algunas mujeres ya lloraban afuera de la casa, rogando por piedad y compasión; luego, claro, venían los golpes. Tong Hu no entendía las razones detrás, pues no lo habían criado de esa manera, pero para la sociedad que lo rodeaba, las mujeres eran sólo las criaturas que procreaban y criaban hijos. ¿Por qué tenían que ser tan diferentes? ¿Por qué las trataban así los hombres de afuera?

Finalmente pasó lo que tenía que pasar, y golpearon la puerta de su humilde hogar. El cielo aún no oscurecía, pero igualmente las sombras pasaban frente a los ojos de Tong Hu. Su hermano mayor, Tong Yen, le detuvo y le hizo retroceder. Él era un estudioso, se pasaba el día sobre o frente los libros, no podría hacer nada más que, por enésima vez, ser la víctima de la tradicional golpiza de los guardias del Emperador. O de la persona a cargo, que subía tanto los precios, de la que tantos rumores corrían.

—¡Familia Tong! ¡Abran en nombre del Emperador!

Tong Yen abrió la puerta, y dos soldados lo tomaron de la camisa y arrojaron al suelo. Uno de ellos sacó una gran y afilada espada del cinto.

—¡No! —gritó su madre, saliendo de casa a pesar de las protestas de sus hijas, que lloraban tan desconsoladas, o al menos eso era lo que podía recordar.

—Llevan dos meses de atraso, es algo que no podemos permitir —dijo el soldado que cargaba la espada. En ese tiempo, los capitanes eran también los ejecutores, en lugar de obligar a los de menor rango a mancharse las manos.

—Juramos que pagaremos, pero las cosechas no han dado los frutos que esperábamos —se excusó Tong Yen, antes de ser golpeado en el suelo por el otro soldado, mientras otros, alrededor, se largaron a reír.

—¿Y eso qué nos importa? Todo esto es del Emperador, no de ustedes.

—Pagaremos… solo denos un poco más de tiempo. Por favor —rogó la madre, que se abrazó a su hijo mayor. Nadie les daba mucho dinero ni ayudaba demasiado… les temían. Le temían. Si no era se hubiera entrometido con aquel hombre…

—No nos hagan nada. Menos a mi madre —suplicó Tong Yen, poniéndose raudamente de pie para evitar que su madre sufriera algún daño. Los soldados lo rodearon.

—No es algo que puedan pedir… le están robando al Emperador. Y saben lo que se paga por robarle a los demás.

Uno de ellos golpeó a Tong Yen en la rodilla, haciéndole caer, mientras otro le tomaba del brazo izquierdo. Tong Hu, desesperado, trataba de escaparse de los brazos de sus hermanas, y pasar por encima de su otro hermano, que golpeaba las murallas mirando por la ventana. Reían. Los muy malditos se reían de su infortunio.

Tong Hu y su madre gritaron de dolor cuando a Tong Yen le cortaron, de un solo tajo, la mano izquierda, pintando de rojo los verdes campos de Lu Shan, por primera vez en mucho tiempo. Los más ancianos de la aldea movieron la cabeza de lado a lado… ya conocían ese sentimiento y habían vivido aquellas situaciones; los más jóvenes hicieron el intento de ayudar, pero las espadas de los soldados del Emperador los detuvieron.

—Y que les sirva de advertencia… a la otra oportunidad que no paguen, tomaremos su cabeza —amenazó el capitán imperial.

—Así será, señor —sollozó Xia Li, cobijando a su valiente hijo mayor—. Usted es bueno con nosotros, gracias.

—¿Bueno? Mujer estúpida… ya verás lo que es bueno.

Obviamente el espectáculo no había acabado. Xia Li fue tomada de los brazos por tres soldados sudorosos, y tirada sobre la hierba como una vulgar prenda. El ruido de las armaduras cayendo en el suelo y las túnicas desatándose, perseguiría a Dohko durante el resto de su vida, a sabiendas de que los demás aldeanos, probablemente, en poco tiempo lo olvidarían.

Pues así era el mundo en aquellos tiempos.

 

Sin embargo, para Tong Hu, eso daba igual. Ella había comenzado a gritar cuando el primer hombre la forzó a adoptar cierta posición de lo más horrenda. El soldado sería el primero en probar si estaba o no maldita, como él mismo sugería a gritos de satisfacción. Xia Li intentó protegerse con todas sus fuerzas, pero los demás soldados eran más fuertes que ella.

—¡¡Dejen en paz a mí mamá!! —gritó Tong Hu, corriendo hacia ellos. La hoja de un soldado cercano a él silbó, en dirección al niño. Y allí fue cuando todo cambió.

El muchacho de cabello oscuro tropezó, y así esquivó el filo de la espada, lo que le permitió seguir corriendo. Cuando se detuvo frente a la humanidad del hombre que ya casi estaba desnudo, lo miró con la ferocidad de la más grande bestia, y siempre recordaría que fue la primera vez que dejó ver a su animal interior.

—¿Y este cachorrito? —se burló el soldado, seguido por las risas de sus amigos.

—Aléjate de mi mamá.

—No te metas, enano, son solo negocios.

—Aléjate de mi mamá.

—Oh, qué molesto, no estoy de humor para niños, sino mujeres, así que hazte a un lado y ¡ah! ¡ahhhhhhh! —gritó el hombretón cuando Tong Hu le mordió la mano que se le acercó. Tomó una rama del suelo, y la clavó en la pierna de uno de los sujetos que aprisionaba a su madre, pero el otro fue más rápido, y le mandó al suelo con un guante que se cubrió de joven sangre.

—¡Hijo! —gritó Xia Li, y el feroz nombre del muchacho se repitió en la boca de sus hermanos y hermanas. Pues “joven tigre” no podía significar cualquier cosa.

Con los labios rotos, Tong Hu se puso de pie, y repitió las palabras de su propio juramento. “Aléjate de mi mamá”. Cinco soldados con las espadas desenvainadas se acercaron a él, y concluyó que allí culminaría su corta vida. En aquella época, el respeto por la infancia no era como ahora… no había respeto alguno por un futuro que probablemente no llegaría. La inocencia se había acabado.

Así fue que Tong Hu, el joven hijo de Xia Li, tomó la vara y la blandió como un sable, a pesar de que no desconocía su destino. Con un movimiento veloz, el espadazo del soldado cortó la pobre ramita que simbolizaba la fuerza en crecimiento del joven Tong Hu, y las hojas de las hierbas danzaron con el viento, que acababa de cambiar.

La espada no había detenido su curso. Se acercaba al niño que no pretendía saber qué sería de su destino. Sin embargo, cuando tocó su mejilla, la mitad de la hoja salió volando a un lado, clavándose en el pecho de uno de sus compañeros, y el soldado atacante cayó al piso por efecto de la física. Su cara había cortado la espada de un guardia imperial…

No. Eso no tenía sentido. Tong Hu, a pesar de su corta edad, era perspicaz y sabía que habían cortado el sable antes de que lo tocara. No necesitaba comprobarlo, pues sentía el universo, y su mantra especial, “aléjate de mi mamá”, al fin se silenció al volverse innecesario.

—¿Quién es ese cretino?

—¿Qué demonios hizo ese tipo?

Cuando Tong Hu se volteó, más allá de su madre y el hogar en que había nacido y crecido, entre la mata de hojas y los troncos del bosque, se hallaba un monje aparentemente vagabundo, un errante, vestido con una larga toga negra, un cinturón raído de color gris, y un enorme sombrero de paja dorada que cubría enteramente sus ojos. A su alrededor bailaba una llama imposible de color azul, y su larga barba llena de canas era como la cola de un dragón vetusto, ya cerca de su hora para partir al cielo.

—Aléjense de ellos, si no quieren perder la cabeza.

El Dragón Milenario se quitó el sombrero, y menos de un segundo después el mismo sombrero había cortado la mano derecha de todos los soldados. ¡Al mismo tiempo!, pensó el joven Tong Hu. Ni siquiera había salpicado la sangre, solo caía a goterones sobre la hierba desde sus muñones, y las manos extirpadas estaban tiradas entre sus pies. El sombrero pronto volvió a la cabeza del Dragón Milenario, y no tuvieron tiempo de conocer las facciones de su héroe.

 


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CERVEZA GRATIS Ahora que tengo tu atención, ¡pásate por Anécdotas de Oro. y aprende sobre el (probable) pasado de los Gold Saints!


#126 Shiryu

Shiryu

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Publicado 10 junio 2018 - 15:52

Es ameno

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#127 Sagen of Atenas

Sagen of Atenas

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Publicado 11 junio 2018 - 13:52

Como lo prometido es deuda, me acerco humildemente a este sagrado recinto a presentar las debidas disculpas por no peregrinar hasta aqui antes y me postro ante la magnificiente obra de Felipe y Placebo.

Me sorprendí que pude terminar hoy el capítulo de Aries y esa es la razon por la que comento, pues como ya habia mencionado a Placebo, yo comentaría cuando acabara un signo, como mínimo.

Mu me ha parecido muy... miedoso. Bueno, es un niño que no conoce mundo y eso es razonable. Ademas de desconfiar de un señor que dice ser su pariente y que aparecio despues de la muerte de su padre para llevarselo a una torre sin salida alguna. Con esas descripciones Sion da miedo... ._.

Un punto que me gusto es que Sion haya tenido la intención de palmearse la cara repetidamente. En parte es gracioso, pues dada la progresión que seguía, si se hubiese pegado tanto ya no habría un Sion que salvase a los animalitos.

Despues de ello, solo resalto la capacidad que tuvieron los autores para describir cada escena del acercamiento entre los que serian alumno y maestro. Cada escena tensa, cada acercamiento... está tan bien redactado. Es precioso.

En los siguientes días estaré tratando de ponerme al corriente. Vuelvo cuando acabe con el torito y su maestra, de la cual me spoilee gracias a Raissa.

Pd. Es curioso que siendo Libra el signo 7 se haya posteado su primer capitulo en esta página que es la número 7. :ninja:

Saludos. :lol:

Si gustas leer un fanfic, échale un vistazo a mi historia

 

"Prisioneros de Mannaheim - Capítulo 15: Oasis"

 

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#128 -Felipe-

-Felipe-

    El temor de un hombre sabio

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Publicado 06 julio 2018 - 21:54

Oh, señor Sagen... usted estimula mi imaginación.

 

Es genial que vayas signo por signo. Sería aún más genial que pronto... muy pronto, pases a Tauro. Por un asunto de coherencia, vamos.

Claro que es miedoso, por todo eso que describes. Incluso para un niño de cinco años debe ser muy creepy la situación xD Claro que, como dices, la cosa va para ambos lados. Sion tampoco está muy cómodo con estar, de un momento a otro, a cargo de un infante pariente lejano.

Gracias por los halagos, Sagen. Nos vemos entonces.

 

Saludos :D

 

 

Y ahora... seguimos con la historia de Librita.

 

Parte 2

 

INTERLUDIO

 

—¿Dragón Milenario? —preguntó Shiryu, asombrado por la historia. Durante el rato que duró la primera parte del relato, apenas había tomado sorbo de su bebida—. ¿El que fue su maestro, Roshi?

—Él mismo, Shiryu.

—Un momento, yo escuché que usted había sido entrenado por un dragón… ¡uno de verdad! —protestó Genbu, buscando en los ojos de Dohko la mentira o la verdad, lo que llegase primero.

El anciano mostró una sonrisa brillante, que no había sido golpeada por el vendaval de la edad, mientras miraba a sus alumnos con un aire de chiquillo travieso. Sus ojos eran verdes y cansados, pero la llama de la audacia no se había apagado.

Lo cierto era que él mismo había alimentado el mito de que aquel hombre que le había salvado en la niñez era un verdadero dragón, de color blanco y del tamaño del Buda del Templo de Primavera, que residía bajo las aguas del Mar de la China. Lo había hecho especialmente durante los años que siguieron a la Guerra Santa. No sabía por qué, pero supuso que, en el momento, se le había hecho gracioso, o estaba aburrido. En cualquier caso, Dohko de Libra no había inventado aquel cuento. Como todos los rumores, nacían de una sola persona, un solo individuo con muchísima imaginación. A él solo le pareció gracioso.

—En muchas formas, Hao Cheung era un dragón de verdad, mi querido Genbu… pero no. No escupía fuego por la boca, ni tenía garras de obsidiana, ni escamas blancas, ni medía cien metros de largo —explicó el viejo maestro, intentando componer su mejor expresión de disculpa—, fue un relato que se salió de mis manos.

—¿Entonces no lo era?

—No. Hao Cheung ni siquiera era un monje errante, como pensé al principio. Un vagabundo. Era una persona increíblemente importante. El hecho de cortar las manos de todos los soldados en un instante, como retribución a lo que habían hecho a mi hermano mayor, decía mucho de él. —Dohko se acomodó sobre la mesa, y se frotó las rodillas para que no se le durmieran—. No. Le decían “dragón” porque sus movimientos eran fuertes, pero muy gráciles a la vez. Además, pocas personas conocí que fueran más sabios que él. Y hay otra razón, pero si se las digo arruinaré la historia.

Sus tres chicos se miraron entre sí, probablemente buscando el significado del apodo entre las miles de opciones. Algunas geniales, otras ridículas, otras escandalosas, y solo un puñado con un épico sentido Taonia.

—¿Hao Cheung fue su maestro? Entonces… ¿él se lo llevó? —El rostro de Shunrei adoptó una expresión sumamente triste al pensar en ello. Ella había sido abandonada por su familia original, y los asuntos de esa clase eran como picaduras de insecto que nunca dejaban de molestar.

—Voy a omitir esa parte de la historia, porque no es el meollo del asunto. Omitiré cómo Hao Cheung espantó a los soldados y rescató a mi madre. Omitiré los detalles de su tiempo en mi hogar, no muy lejos de nuestra vivienda actual, mientras se hacía pasar por un vagabundo. Omitiré cómo trajo a un misterioso curandero coreano que reparó la herida de mi hermano. Omitiré cómo llegué a admirar a esa persona, poco a poco, que se comportaba cordialmente con nosotros, que nos ayudaba a cocinar, a limpiar la casa, a cosechar… que venía a reclutar. Omitiré los detalles que llevaron a Tong Yen a decidir refugiarse para siempre en sus libros en casa, obviar una familia propia y cuidar a nuestra madre, y también omitiré la triste despedida que ella y yo tuvimos, durante el invierno.

—M-maestro… —murmuró Shiryu. Genbu y Shunrei también lo miraban estupefactos. No todos los días verían las mejillas del Roshi manchadas de breves lágrimas.

—Sí, mis jóvenes chicos… aún recuerdo el rostro de mi madre con pesar, y por eso no quiero rememorar esa noche en que me fui con Hao Cheung. ¿Por qué un niño de diez años abandonaría toda su vida, para irse con un viajero con sombrero de paja que parecía sacado de un violento videojuego? ¿Por qué un chico sin pertenencias dejaría el beso y los brazos de su madre por un viaje a un templo viejo, lleno de monjes fanáticos de la tinta y los animales, y sin nada más que un bolso con dos prendas de ropa, que en el viaje se comió un lobo? ¿Por qué me apartaría de una vida tranquila de campo por la reclusión en un edificio espiritual, para entrenar como guerrero? La respuesta es muy sencilla. —Dohko alzó la voz, carraspeó y se preparó para continuar la historia, sonriendo con complicidad—. Porque eso me llevó a estar aquí.


Invierno de 1760.

Había aprendido a admirar a ese hombre. Había visto parte de lo que era capaz de hacer, y el joven Tong Hu le había enseñado lo poco que él conocía del mundo, en regreso. Podía parecer poco, pero aquel anciano parecía querer saber todo sobre todo, valoraba la sabiduría y el conocimiento más que cualquier otra cosa.

En tanto, también se había enterado de varias cosas. Por ejemplo, Hao Cheung era un Taonia. ¿Qué era un Taonia? Se enteraría de ello durante la caminata por los bosques bajo las montañas de Wudang, al oeste de LuShan. Dormían cobijados por las estrellas (no era como si Tong Hu no estuviera acostumbrado, pues el techo de su casa estaba dañado y gastado, la lluvia jamás lo había respetado como barrera), comían conejos o peces (un día, un enorme jabalí sirvió de almuerzo, aunque Tong Hu no supo nunca de dónde salió), se entretenían mirando especies de animales que el chico no conocía; además, aprendió muchísimo sobre plantas, conocimientos que le servirían durante toda su vida. Era un aprendiz muy rápido, parte de eso fue lo que llevó a Hao Cheung a reclutar al joven, además de su extremo coraje y valor, y su extraordinario talento nato. No cuestionaba sin argumentos, era respetuoso generalmente y muy honesto; si bien, algo travieso. Bastante, en realidad, y era por eso que entrenarlo también era un reto para su maestro.

Sin embargo, Hao Cheung era un erudito hasta en los detalles más sencillos de la interacción social. Había deducido que Tong Hu quería evitar pensar en su madre, en el abandono por una mejor oportunidad. A él mismo se le había hecho muy difícil intentar convencerla de que, si dejaba LuShan, podía convertirse en un guerrero que la protegiera, y a sus hermanas, de aquellos que usaban su poder y autoridad en contra del pueblo llano. No porque no lo hubiera hecho antes (al contrario, Tong Hu no era el primer chico que reclutaba para convertirse en Taonia), sino porque era una familia muy especial, con una madre que ya conocía, aunque ella no lo recordase.

Tong Hu se impacientaba. Mientras comía la cola de un pez frito (cuidando de no clavarse por tercera vez una espina entre los dientes) y planeaba qué tipo de gusano podría meterle a Hao Cheung bajo el sombrero mientras dormía, para convencerlo, optó por la pregunta respetuosa:

—¿Se da cuenta de que llevamos diez días caminando y todavía no me dice que es un Taonia?

—Me doy cuenta perfectamente, sí.

—¿Y bien?

—Y bien, sí. Perfectamente.

—Vamooooooos.

—Ahora no.

La respuesta no había sido guiada por la antipatía, sino por la precaución. Tong Hu no podía saberlo ni advertirlo, pero el Dragón Milenario había entrenado por mucho tiempo para estar conectado lo suficiente con la naturaleza, para saber cuándo era invadida.


Tres hombres de ojos negros, desnudos de la cintura para arriba, portando espadas en el cinto y luciendo pantalones oscuros, aparecieron frente al hombre y el niño a la luz del sol, tan sigilosamente como si hubiera sido de noche. Parecía demasiado entrenados como para ser simples bandidos. Sus brazos eran parecidos a robles, sus abdominales tan fuertes como el acero, y sus movimientos eran fluidos pero agresivos, como los de una garza a punto de atacar.

—¿Seguirás con esta tontería, Dragón? —preguntó uno de ellos, con actitud de fingida lástima.

—¿Llevas más niños a vivir una mentira? —inquirió otro, que lucía el largo pelo castaño atado en una cola de caballo. Fue el primero en sacar la espada—. ¿Igual que a nosotros nos engañaste?

—¿Mentira? —se irguió Hao Cheung, sin soltar su trozo de pescado—. Fu Zan, te llevé allí para que sacaras todo lo mejor de ti mismo, para enseñarte lo que los mayores sabemos, y nosotros aprender de ustedes, los más jóvenes.

—¿Y qué dices que aprendiste de mí, viejo?

—Que no puedes ver más allá de tu nariz. —Apenas terminó la oración, Hao Cheung apartó a Tong Hu con su mano izquierda y se sacó el sombrero con la derecha.

Mientras caía, Tong Hu pudo ver, casi en cámara lenta, cómo se movía el Dragón para enfrentar a uno de los hombres, al que no había dicho nada, que cargaba con la espada. Hao Cheung dobló una de sus piernas hasta que marcó un ángulo recto, mientras la otra se extendía. Los brazos abiertos, uno hacia atrás y el otro hacia adelante. Era una postura sumamente incómoda, a los ojos de Tong Hu.

Y sin embargo, esa curiosa postura le sirvió para sacarse de encima en un santiamén tanto al tipo que no había dicho nada, como al primero que había hablado, que atacó rápidamente, levantando la espada, detrás del otro, por sorpresa. Ambos guerreros de pantalón negro, cayeron ruidosamente sobre la hierba cubierta por piedras, hormigas y champiñones. Tenían cortes en la piel, por la que sangraban profusamente, aunque no parecían muertos.

Fu Zan se arqueó como una serpiente y atacó también. Su afilada espada blanca chocó contra el sombrero de paja de Hao Cheung, que en lugar de romperse, aferró la hoja como las fauces de un león sobre su pequeña presa. El anciano (que no parecía tan viejo en ese momento) se giró con un feroz y ágil movimiento, como el agua de una cascada derramándose sobre gruesas piedras, y dio un patadón que Fu Zan bloqueó con el brazo derecho. Tong Hu no perdía detalle, a pesar de lo rápido que ocurría todo el espectáculo.

—No te entrené para que te unieras a él, muchacho.

—No, me llevaste al Templo y me entrenaste para ser un esclavo de los árboles, a pesar de todo el cambio que podíamos hacer.

Nueva postura. Cambiaron la espada y el sombrero de mano, mantuvieron las poses extrañas, y el subsecuente choque provocó chispas que asustaron al pequeño Tong Hu. El eléctrico, llamativo y sonoro impacto se repitió decenas de veces… o quizás muchas más.

—¿Esclavo? Cuidamos la naturaleza, tanto plantas como animales y personas.

—Cuidar a otros es una pérdida de tiempo, y un despropósito; si los espíritus nos dan tanto poder, ¿por qué no usarlo en favor de nosotros mismos?

—Eso no es un Taonia.

Cambiaron de postura. Hao Cheung era poderoso y flexible como un dragón. Los movimientos de Fu Zan eran similares a los de una astuta y letal serpiente. Esta vez, la espada del joven se enterró en la rodilla del viejo, y el sombrero rasgó el hombro del primero.

La carne de Fu Zan se desgarró y sangró. En cambio, la de Hao Cheung parecía hecha de acero, o de imperturbable hierro, y resistió la espada como si hubiera sido una hoja de magnolia soplada por el viento. No derramó ni una sola gota escarlata. Más aún, la espada sufrió una escandalosa trizadura.

Tong Hu ahogó un grito cuando vio a los dos compañeros del enfurecido Fu Zan saltar por la espada del viejo, y atacar con las espadas, a pesar de las heridas. Se sorprendió aún más cuando los dos cayeron en la hierba nuevamente, esta vez inconscientes, al igual que Fu Zan, fulminado por la mano derecha de Hao Cheung, que quebró el filo en su rodilla con los músculos de su propia pierna.


Dos personas aparecieron allí. Dos chicos. Uno era rubio, robusto, de cabello corto, con sonrisa fácil, nariz chata y dientes que parecían afilados. El otro lucía anteojos, tenía cabello negro y era más moreno y pequeño que su compañero. Parecía extranjero.

—No creo que nos necesitará, ¿verdad, maestro? —preguntó el rubio, mirando a Tong Hu de reojo. A éste le pareció que tenían la misma edad.

—¿Tú bien estar, señora Hao? —inquirió a su vez el otro chico, con un chino atropellado.

—“Señor” —le corrigió el Dragón, con una sonrisa—. Y recuerda que el pronombre formal de la segunda persona es “usted”, Jeon.

—Sí... señor —asintió el chico, con una reverencia. Hao Cheung se dirigió al único de los niños que no entendía nada.

—Tong Hu, te presento a Hui Chang y a Jeon-Seok. Ambos son estudiantes de Taonia como lo serás tú. Y ellos —indicó con la mano a los tres jóvenes tirados— también lo fueron, pero se unieron a un hombre que se hace llamar Tao Tei, que fue expulsado de nuestro Templo, porque sus ideales eran completamente opuestos a lo que…

—E-espere… no entiendo nada —interrumpió Tong Hu—. ¿Qué es un Taonia?

—Taonia somos…. eh… cuidar natureza. Cosmos —intentó explicar Jeon-Seok, con un cada vez más evidente acento proveniente del sur de Corea. A pesar de sus tropezones orales, su expresión facial no indicaba que tuviera problemas con algo.

—Naturaleza —corrigió Hui, apoyando sin contemplaciones sus brazos en las espaldas de Tong Hu y de Jeon, como si fueran amigos de toda la vida, con una sonrisa de oreja a oreja—. Somos guerreros protegidos por los espíritus animales de la naturaleza, y protegemos a las personas de esta nación, de gente como Tao Tei y los demás rebeldes. Eso es un Taonia.

—No te adelantes, Hui, que tú aún no eres elegido por algún espíritu —sonrió Hao Cheung, y Hui le devolvió el gesto con una risita traviesa.

—Tao Tei ser rebil… rebelde. Quiere usar poder por Tao Tei mismo, no para otras personas. Tai Tei abandonó el templo con amigos. Rumores… d-dicen que estar detrás, líderes políticos.

—Hay quien dice que maneja todo China detrás de las sombras, incluso al Emperador —dijo Hui, tratando de ayudar a su compañero—. Nuestra misión actual, de nosotros los jóvenes, es entrenar e investigar el paradero de Tao Tei para detener sus fechorías con el pueblo llano.

—Ese ser nuestro trabajo.

—Eso somos, Tong Hu. Si quieres proteger a tu gente y evitar que más injusticias se propaguen por nuestro mundo, además de aprovechar tu feroz bravura en el bien de los inocentes y el balance natural, ser un Taonia es una gran opción… incluso si conlleva un sacrificio enorme. —El Dragón Milenario se arrodilló con agilidad, como si no acabara de tener una pelea contra tres jóvenes a la vez—. ¿Qué dices, ahora que has visto y oído todo esto?

Tong Hu bajó la cabeza con tristeza, pero era evidente en sus ojos que había algo más. El fuego de la justicia ardía en ellos, no podía apagarse, era una llama eterna y brillante como el sol, mucho más ardiente que el sentimiento de pérdida. Lo que Tong Hu deseaba, más que nada, es que la injusticia no se repitiera en el mundo.

—Quiero ser un Taonia, señor.

—Ese es el espíritu —congratuló Hui, y algo espectacular ocurrió después.


Detrás de Hao Cheung, entre los árboles y debajo de las montañas que servían de cortina de fondo, apareció en un enorme palacio de muros blancos y columnas violetas. Se apareció como si una bruma casi invisible la hubiera ocultado poco antes de diseminarse; como si se hubiera sumergido en el mundo detrás del reflejo en un estanque de aguas inquietas.

—Esta es la Tierra Encantada de los Taonia, con el palacio que se aparece solo ante los elegidos —explicó el Dragón, acariciándose la larga barba, sin quitar los ojos de Tong Hu—. Se llama Templo de la Nube Púrpura, y es dirigido por mí… el Gran Maestro de los Taonia, el Dragón Hao Cheung.

—¿U-usted? ¿E-el gran….?

—El templo se mueve constantemente a lo largo y ancho de la Tierra Encantada, que es una dimensión paralela a nuestro mundo —dijo Hui, caminando al castillo, a la vez que invitaba a Tong Hu con la mirada y una sonrisa cómplice—, por lo que puede aparecer al azar en cualquier parte, pero para el Gran Maestro no presenta ningún problema el saber dónde.

Construido al clásico estilo de la época, tenía torres en cada esquina, un amplio patio junto a los salones en el centro, portones adornados con animales grabados de todo tipo, armerías, habitaciones, plazas de entrenamiento, armerías, sitios de relajación y descanso (como estanques y prados), y una gran estatua de dragón sobre la torre principal.

Un joven de largo cabello blanco, esbelto y de mirada enfocada, su rostro mostraba pequeños tatuajes en su frente y bajo sus ojos, sin que pareciera importarle las miradas extrañas que pudieran darle. Se dirigía a la entrada con dos grandes cubetas llenas de agua en las manos, cuando Tong Hu, nervioso, le dedicó un saludo con un grito y un movimiento de mano.

—¡Hola!

—Hm —fue toda la respuesta del chico, que le proporcionó a Tong Hu una mirada tan fría que podría haber sido despectiva, mientras Hui y Jeon reían.

 

 

INTERLUDIO

—Así comenzó mi entrenamiento en el Templo de la Nube Púrpura —dijo Dohko de Libra, a quien los tres chicos no habían dejado de escuchar atentamente. Se bebió el resto de lo que quedaba en el vaso y se acomodó nuevamente sobre la mesa. Comenzaba a servirse otro trago, cuando sus alumnos no pudieron resistir las ganas de acosarlo con preguntas.

—¿Y luego qué sucedió, Roshi?

—¿Derrotó a Tao Tei, padre?

—¿Qué tiene que ver un monje espiritual con un Santo?

—¿Existía gente rubia en la China del siglo XVIII?

—¿Por qué..? —Shiryu pensó por un momento su pregunta, pero no podía decidir entre toda la información que quería obtener. Dohko no pudo evitar reír al ver la indecisión de su alumno—. ¿Por qué no le dijo algo a ese chico de cabello blanco? Su comportamiento era muy antipático y de mala educación. No tenía derecho a ignorarlo, Roshi.

—Jejeje, bueno, Fei Yan era una persona muy especial. Algún día les contaré la historia que tuve con él, pero de momento, solo conocerán esta: la historia de mi tatuaje. Y respecto a sus preguntas hay respuestas para todas ellas también, menos la de la gente rubia, por favor, Genbu, sé profesional. Les contestaré ahora lo de la relación de esto con un Santo. Me comencé a entrenar como Taonia, como un guerrero que cuida la naturaleza, pero… en secreto, incluso para mí mismo. Secretamente estaba recibiendo otro tipo de entrenamiento también, uno ligado mucho más profundamente al Cosmos, y a las esperanzas que Hao Cheung tenía en mí. Eso fue lo que llevó a que Sion llegara al Templo también…

—¿Qué? ¿Sion, el Sumo Sacerdote? ¿Él y usted se conocen desde…? ¿¡Qué!? Espere…

—Jujujuju, bueno, nuestra historia es larga y llena de diversas aristas y dinámicas, cada una más intrigante y épica que la anterior. Pero denme un respiro… necesito ir al baño después de tanto baiju.

—¡¡Padre!!

—Tengo más de dos siglos de edad, puedo ser lo descarado que quiera, hija mía. Además, jeje, la siguiente parte de la historia transcurre tras un salto de tiempo. El buen drama no puede faltar en la historia de Dohko de Libra. Así que espérense ahí, ansiosos, hasta que vuelva… en unas dos horas.


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(by Placebo)


#129 ℙentagrλm ♓Sнσgōкι

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    Teozakeru

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Publicado 11 julio 2018 - 09:26

Aún no voy al día, pero creo que ya iba tocando el pasarme por estas maravillosas historias que nos contáis, Felipe y Placebo. No dejáis de sorprenderme.

 

Como llevo repitiendo unos cuantos meses, la humanidad de un personaje es lo que lo hace real. Con una construcción sólida, unos eventos que le hagan avanzar de forma lógica... Todo eso lo habéis traído a la Palestra con el último capítulo de Virgo y su correspondiente epílogo. Si bien es cierto que no he podido evitar ver a Seth como una especie de mezcla entre Deathmask y Saga de Géminis versión mala malosa, este fue el que hizo avanzar a Shaka de un estado de indiferencia a otro de clarividencia. Shaka no era nada, hasta que se creyó un Dios, para luego regresar a la humildad que mostraría en la Saga de Hades a posteriori.

 

El análisis mental que Shaka ofrece es digno de elogio. El tiempo corre, y Shaka no pasa por él como si nada, sino que aprovecha y aprende lecciones que pueden servirle. Para bien o para mal, pues no todo lo que se aprende en esta vida es bueno.

 

Las apariciones de los conocidos Santos Shion, y sobre todo, un formidable Nicole de Altar, con esa seriedad tan cómica, han sido perfectas. Por otra parte, los cameos de otros santos, ya fuesen personajes originales como Paris o Verona, o de Aiolos, cumplieron las expectativas. También es cierto que no tenían mucho que hacer aquí. Sirvieron para hacer avanzar la trama.

 

No tengo mucho más que decir esta vez, Felipe. Así como la otra, me extendí de manera inútil, esta voy a ser claro y conciso. La montaña rusa no hace más que subir, lo cual me alegra, pues se nota que vais cogiendo sobriedad a la hora de escribir, sacando historias más adultas y más enfocadas en el punto humano que falta en Saint Seiya.

 

Un saludo, señores.


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#130 Beau

Beau

    "Tenemos 500 años aquí y nunca nos callaremos"

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Publicado 17 julio 2018 - 01:20

Vuelvo a comentar que casi no lo hago aunque siempre leo. 

 

Una vez más se superaron. Virgo fue marco un ascenso de peldaño. No mi favorito (sigue siendo Tauro), pero se notó. Entiendo muy bien entonces la apreciación de Penta.. mi amigo Penta. Ahora, si hay algo que me gusta de este fic, dentro de las muchas cosas que me gustan, son como manteniendo el espíritu han ido cambiando el estilo  y el enfoque capítulo a capítulo. Eso es muy difícil de lograr: mantener la unidad narrativa. 

 

Yendo a Libra particularmente, un aplauso para la presentación de la presentadora  :09: . El inicio teatral, la escenografía y el maquillaje estupendos, el paso de comedia, simplemente genial. Tan sencillo como fiel a quienes lo llevan a cabo. 

 

La historia empieza muy bien, gran acierto de la interacción familiar, me gusta Shun rei y ese Dohko tan... Dohko. Aunque creo ver también a algún que otro Roshi. Ahora bien, sólo esta frase

 

"Allí también vive una familia de cuatro personas, importantes como ninguna, que, sin embargo, se consideran tan comunes como cualquiera."

 

justifica que el capítulo haya sido escrito, independientemente de lo narrado. Y lo mejor es que no es sólo esa frase, sino mucho más.

 

"Obviamente el espectáculo no había acabado. Xia Li fue tomada de los brazos por tres soldados sudorosos, y tirada sobre la hierba como una vulgar prenda. El ruido de las armaduras cayendo en el suelo y las túnicas desatándose, perseguiría a Dohko durante el resto de su vida, a sabiendas de que los demás aldeanos, probablemente, en poco tiempo lo olvidarían."

 

Toda esa escena está tan bien lograda que uno puede verla al leerla. Y la crudeza que tiene... hace rato no leía algo que trasmitiese tan vívidamente el contexto de desesperación. 

 

Después en el segundo si bien me pareció en comparación al segundo menos impactante, hay un par de cosas que quiero remarcar.

 

De nuevo un pasaje exquisito: 

 

—Voy a omitir esa parte de la historia, porque no es el meollo del asunto. Omitiré cómo Hao Cheung espantó a los soldados y rescató a mi madre. Omitiré los detalles de su tiempo en mi hogar, no muy lejos de nuestra vivienda actual, mientras se hacía pasar por un vagabundo. Omitiré cómo trajo a un misterioso curandero coreano que reparó la herida de mi hermano. Omitiré cómo llegué a admirar a esa persona, poco a poco, que se comportaba cordialmente con nosotros, que nos ayudaba a cocinar, a limpiar la casa, a cosechar… que venía a reclutar. Omitiré los detalles que llevaron a Tong Yen a decidir refugiarse para siempre en sus libros en casa, obviar una familia propia y cuidar a nuestra madre, y también omitiré la triste despedida que ella y yo tuvimos, durante el invierno.

 

Recordó por momentos a la muerte de Alde, pero diferente. 

 

Y luego si que la historia empieza a levantar vuelo, al menos para mí, en la otra historia (creo, quizás esa es la historia que van a narrar) ¿Qué pasó con la familia de Tong Hu? ¿Su hermano que decidió olvidar? ¿La madre abandonada pero no olvidada? ¿Sus hermanas? ¿El destino del pueblo?

 

Así como quiero saber sobre los taonias... ¿Qué son? ¿por que a Dohko lo entrenaron de forma diferente? ¿Y ese muchacho de pelo blanco, tan pequeño Gintoki, que papel va a jugar?  

 

Pedido de la tribuna: como nos dieron la canción de Sion, queremos la historia del Templo de Nube Púrpura; un castillo con tales cualidades tiene que tener una historia más que interesante. 

 

 

Y creo que eso es todo, Mii, Felipe, de nuevo felicitaciones. Quedamos a la espera de la próxima entrega. 

 

 

Saludos.


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#131 Placebo

Placebo

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Publicado 24 julio 2018 - 21:37

Spoiler

 

Parte 3

 

Invierno de 1763.

Tres años habían transcurrido desde que llegara a aquel templo, a aquel sitio donde me habían prometido hacer una diferencia. Donde la grandeza se manifiesta como poder de la naturaleza, y donde los grandes espíritus vivían en armonía y comunión junto a los Taonia. Era increíble, pero aún no era ninguna de esas cosas. No había hecho ninguna diferencia más que convencer a Hui de que los dientes se lavaban en todas direcciones, y no solo de lado a lado; y lograr que Jeon se aprendiera cincuenta ideogramas completamente irrelevantes del idioma chino. Eso sería.

La naturaleza… sí, muy bonita, especialmente dado que el Templo de la Nube Púrpura nunca se quedaba en un solo lugar. Pero eso no significaba que se sintiera en “armonía” con ella, menos ahora que atravesaba por plena adolescencia. De hecho, ni siquiera era un Taonia, ¡ni siquiera había hablado con algún espíritu!

Muchos de los compañeros que conocía bien desde hacía tres años, con los que entrenaba a diario bajo el sol o la lluvia, las diversas (y fascinantemente creativas) artes marciales de los Taonia, habían conseguido su lugar en el templo gracias a los Tatuajes en sus espaldas. Sus espíritus los habían encontrado. Jeon o Fei Yan, por ejemplo. Claro que sería necesario explicar qué era eso de los Tatuajes en primer lugar.

La filosofía de los Taonia se basaba en la conexión interna con la naturaleza, y el equilibrio en entre el ser, la mente y todo lo que le rodea. Sólo después de un desarrollo constante en términos mentales y físicos, sin dejar de lado la importancia de mantener un alma cordial y simple, podría considerarse al estudiante como alguien digno de recibir la protección de un espíritu guardián animal, uno de los cientos o miles en el reino espiritual.

No existía una forma exacta para saber qué espíritu nos escogería, pero se rumoreaba que sentías un ardor o dolor muy fuerte cuando eso ocurría, sobretodo en la espalda. Todo Taonia que se respetara tendría un “tatuaje” en la espalda, el espíritu guardián transfigurado en el mundo físico, que sería su guía y fuente de poder durante el resto de su vida.

En los tres años de mi estadía como estudiante, creí que estaba perdiendo el tiempo.

No, eso suena demasiado cruel. No estaba perdiendo el tiempo, ya que había aprendido más de lo que otros chicos de mi aldea podrían siquiera soñar saber. Podía romper un tronco de roble a base de patadas con facilidad, podía destruir piedras con un cabezazo, podía desprenderme de mi cuerpo físico cuando ralentizaba mi respiración, podía comer cincuenta tazones de fideos picantes sin enfermar del estómago, incluso estaba comenzando a entender lo que Jeon decía cuando usaba su lenguaje natal. Los amigos que había hecho en el Templo de la Nube Púrpura eran lo más interesante que me había pasado; nunca hubiera pensado en conocer a un chico de un país donde hablaran tan extraño y pudieran curar un dedo roto en menos de una semana, como tampoco me esperaba ver a alguien cuyo cabello fuera del mismo tono del trigo, así como sus dientes tan afilados como los de un animal. Si los hubiera visto en LuShan, habría dado la alerta de que un par de demonios estaban invadiendo la aldea.

En todo caso, sentía que aprendía cosas que los demás no, y que avanzaba rápidamente, pero al mismo tiempo no sentía que avanzara nada. Hao Cheung me llevaba al corazón del templo, un sitio con velas de todos los colores y aromas, donde los cuadros de los líderes Taonia anteriores te miraban con gentileza y protección, y allí me entrenaba en solitario, hasta muy entrada la madrugada. En ese tiempo suponía que lo mismo pasaba con todos los demás, y los secretos de ese entrenamiento no tenía permitido comentarlos con nadie. Era muy conveniente pensar que todos tenían la misma oportunidad que yo, pero el mundo no es justo para nadie, ni siquiera para quienes eran estudiantes desde antes que yo llegara al templo.

Pero vamos con esos Tatuajes. Jeon-Seok no era particularmente habilidoso en el combate cuerpo a cuerpo, no era un guerrero nato, pero vaya que estaba conectado con el medioambiente, en especial con los animales más frágiles del bosque, donde entrenaban de vez en cuando. Resultaba que estaba en China buscando conocimientos sobre acupuntura, porque le interesaba la medicina. La verdad era que era un curandero excepcional. Una tarde, salvó a una pequeña liebre de caer en una trampa que estaba hecha para generar el desangramiento del animal cuando fuera atrapado. Por supuesto, casi pierde la mano salvando a ese pobre animal.

Así de sencillo fue para él encontrar a su espíritu animal, pero lo que seguía era lo más terrible del proceso; soportar el dolor de la transfiguración de un espíritu sobre la piel, sobre el frágil cuerpo de un humano, podía durar desde un par de horas hasta una semana entera. No podías negarte a que pasara, porque era el más grande honor para un estudiante, pero si podías quedarte en una especie de “cuarentena” cuando pasara, para que los demás no vieran tu dolor.

En el caso de Fei Yan, mismo caso, aunque él no contó muchos detalles. No le convenía, más bien. Entrenando en el río, intentando ser amable con ese tipo tan apático y poco sociable, le intenté convencer a nadar y… accidentalmente cayó al río. Uno de los ríos menos limpios de donde fuera que nos había dejado el Templo de la Nube Púrpura ese día. Tomó una fiebre grave y soñó… algo. El caso es que tras ese día, el espíritu del Bai Zé lo tomó como su compañero. También sufrió los dolores tan característicos del proceso de tatuado natural, pero nunca le vi quejarse.

 

INTERLUDIO

 

—Ustedes dos lo saben mejor que nadie, ¿no? —preguntó Dohko a sus jóvenes alumnos, que ya habían pasado por el proceso, cuando culminaron su entrenamiento básico Taonia, y la naturaleza los eligió como emblemas del equilibrio.

—Dolió como mil demonios —dijo Genbu, sonriendo, mientras se sobaba casualmente la parte baja de la espalda—. Pero no me quejo, aumentó mi Cosmos de golpe.

—Yo tampoco me quejo —asintió Shiryu, compartiendo una sonrisa cómplice con Shunrei.

—Claro, la armadura de Dragón será para uno de los dos, y justo te tocó ese Tatuaje a ti. Pero no te des por victorioso aún, hermano, la competencia todavía no termina.

—No es una competencia —sonrió Dohko—, ambos se entrenan para ser dignos guerreros.

—Solo que algunos corren con más ventaja que otros —se burló Shunrei, soltando una risita tímida como si fuera primera vez que hacía ello. Genbu la conocía mejor, y su cara se tornó tan roja que pareció a punto de empezar una de sus clásicas discusiones con la chica.

—Ya, ya, chicos… lo importante es que, a pesar del dolor, Jeon y Fei consiguieron su Tatuaje, el símbolo de su espíritu guardián y su existencia como Taonia. Hui y yo, en cambio, estábamos un poco más retrasados, y cuando llegamos a la meta… digamos que fue el principio del cambio. También fue el principio de la secuencia de eventos que me llevaron hasta ese punto de manera directa.

 

Invierno de 1763.

Cuando llegó el turno de Hui para ser elegido, fue un completo desastre. Recuerdo que estábamos desayunando cuando nos contó que, en la expedición de la semana anterior, un zorro lo había seguido casi como si quisiera hablar con él. En cuanto había terminado su segundo tazón de bollos de carne, se puso pálido. Antes de que Jeon pudiera preocuparse, Hui ya estaba arañando sus  brazos para soportar el dolor, al mismo tiempo que vomitaba violentamente todo lo que había comido. Jeon corrió hacia su compañero, para comenzar a examinarlo. Casi con miedo, levantó la túnica que portaba, para revisarle la espalda.

—¡Está pasando! ¡Al fin espíritu lo ha escogido! —Después de soltar este grito, todos los otros estudiantes se amontonaron a su alrededor, cuchicheando entre ellos sobre qué era lo que estaba apareciendo en su espalda; incluso Fei miraba entre la multitud, en su cara se presentaba una expresión de asco al ver el contenido estomacal de Hui.

Hao Cheung se acercó rápidamente, para comenzar a detener el estómago del rubio, ya que temía que comenzara a sangrar. Todos guardaron su distancia, a pesar de que era algo a lo que todos ya estaban más que acostumbrados. A pesar de las numerosas veces que podían contemplar escenas de ese tipo, siempre era un evento especial.

—A-al fin… El feroz y valiente Tigre será mío —comenzó a decir Hui, a pesar de que su rostro se deformaba del dolor.

—Pfff, quiere el Tigre —susurró Fei Yan, a quien solo oí porque le estaba poniendo atención en ese momento—. Uno de los más grandes espíritus. ¿Qué se cree este mestizo? Está delirando.

Recuerdo que me llevé la mano a la boca, en horror. No podía decir nada. ¡No podía decir lo que me había ocurrido esa misma noche!

—Hui, deja de hablar, será mejor que vayas a descansar —recomendó Hao Cheung, que pidió con la mirada a los demás guerreros, respetuosamente, que se dedicaran a sus propios asuntos.

—¡No! —Hui se sobrepuso a su dolor, para tomar de los hombros a Jeon-Seok, aplicando tanta fuerza que casi parecía querer romperle los huesos. Lo sacudió un par de veces, con desesperación en su rostro y voz— ¡Diles a todos que es el poderoso tigre quien me ha escuchado, Jeon, no seas cruel y dilo de una vez! —¿Cuántas veces había dicho lo mismo? ¿Cuántos desayunos habían sido protagonizados por el deseo ferviente de Hui de ser el Tigre elegido? El fiero y bravo animal considerado uno de los más poderosos, Hui se creía el único capaz de abrazar su poder. ¡Yo no podía decir nada!

—H-Hui, cálmate. Te estás desangrando en la… —La expresión asustada de Jeon solo aumentó más cuando su compañero empezó a sangrar por la nariz. Por suerte, alcanzamos a agarrarlo antes de que perdiera el conocimiento.

¿Qué puedo decir? Me sentí la peor persona del mundo aquella noche, mientras hacía lo posible para resistir el ardor de mil soles encima de mi espalda. No solo había omitido la verdad a quienes eran casi como mi nueva familia, sino que, inconscientemente, le había robado su mayor sueño a mi mejor amigo. La noche anterior a aquel incidente, había soñado lo que Hui más quería.

 

Me encontraba en un campo de arroz, cuya agua me llegaba hasta las rodillas. El cielo estaba nublado, pero no llegaba a ser totalmente oscuro. El viento rugía a su alrededor, al mismo tiempo que se transformaba en la lluvia más fría que había sentido. Las gotas cambiaban de forma, se unían y componían imitando diferentes objetos, como palillos de madera, escudos, platillos de balanzas y la sonrisa de mi madre.

Traté de pestañear, pero sólo conseguí hacerlo lentamente, mientras que comprobaba que podía mover las piernas, para luego encontrarse con una manada de tigres, tanto blancos como dorados, con rayas negras como el ébano, que surgían desde el fondo del agua. Se acercaban en formación de círculo, ronroneando gravemente como un mantra ancestral, uno que podía entender mientras dormía. Me arrodillé sobre una poza, sin saber cuándo recuperaría la movilidad de mi cuerpo, mientras que uno de los tigres, uno de rostro oscuro y audaz, se acercaba a mi rostro. Miré directamente en los ojos del tigre, verdes como esmeraldas, sin sentir miedo a ser devorado. La frente del animal se posó sobre la mía, y casi pude sentir la suavidad de su pelaje y el calor de su cabeza.

 

Desperté cubierto de sudor, aferrándome a la sábana de mi futón para no gritar del dolor. Comprendía lo que había pasado, como si hubiera estado despierto todo ese tiempo. Había traicionado a mi mejor amigo, y había sellado mi futuro como Taonia, y como Santo. Aunque en ese momento no sabía qué tan bueno sería en lo primero, ni qué diablos era lo segundo.

Llegado el momento, cuando el gran Tigre Feroz apareció en mi espalda, casi como si rugiera de felicidad, yo me sentía culpable. Hui fue más violento que nunca cuando se lo dije durante nuestro entrenamiento matutino. Los demás se acercaron para comprobarlo, pero lamentablemente (tanto para mí como para él) estaba un poco mejor preparado. No me fue muy difícil enfrentarlo y derrotarlo. Él sabía que así sería. Intenté disculparme, pero no quiso escuchar a nadie, ni nada.

Él, que contaba con un astuto zorro rojo en la espalda.

 

Pasaron tres meses, veloces como el viento de otoño. Durante ese tiempo, Hui ni siquiera me dirigió la palabra, y eso me ayudó a concentrarme mejor. No solo seguí con el entrenamiento usual de Taonia, abrazando la naturaleza, conociendo sus secretos, aprendiendo a escucharla, comprendiendo su idioma universal, y mejorando mis habilidades espirituales, sino que continué aquel otro entrenamiento. Aquel con el que Hao Cheung era tan reservado… A esas alturas, y gracias a mis meditaciones, me era bastante más que claro que no era un entrenamiento usual. Algo me estaba enseñando, más allá de los conocimientos Taonia.

Un día decidí preguntarle, y el Dragón Milenario esquivó elegantemente la pregunta, siendo un poco más brutal con sus ataques. Yo, por supuesto, me defendí como pude, y ambos descubrimos que me había vuelto bastante bueno en ello. Con la postura del tigre en la que me había especializado, podía convertir la defensa en ataque, podía danzar como un tigre jovial, era agresivo pero efectivo, rápido y voraz, con el uso de mis poderosas manos. En esos tiempos, mis manos podían hacer maravillas, y eran tan veloces que parecía que se multiplicaban, incluso para mis ojos.

De esa forma fue que logré convencerlo de que me dijera. De que me explicara de qué diablos se trataba todo. Así fue como me relató qué eran los Santos y el Santuario, muy a grandes rasgos. Eran guerreros que luchaban por la justicia, en nombre de la diosa griega Atenea, utilizando el Cosmos para partir las estrellas con sus puños, la tierra con sus pies y todo lo demás. Hao Cheung era un aliado del Santuario, y buscaba entrenar a alguien para un cargo muy especial en sus filas, ahora que se acercaba algo que llamó “Guerra Santa”. Sin embargo, los Taonia tenían su propio problema…

Se enfrentarían finalmente a Tao Tei. Lo tenían casi en sus garras, y al parecer, yo sería vital en las dos batallas, por razones que no me molesté en entender.

Me iba hablando de eso cuando se escuchó un gran barullo afuera. El escándalo eran las voces que se despertaban de sus compañeros, de cien Taonia que salían de sus camas a enfrentar al invasor, anunciado por una gran trompeta en la torre más alta del templo. Era rarísimo, porque hallar el templo móvil ya era lo suficientemente difícil, como para que además un extraño pudiera entrar. Lo peor era que la alarma seguía sonando, lo que significaba que todavía no lo podían expulsar.

Hao Cheung y yo salimos también al patio. Mi cabeza daba vueltas, pensaba en mil cosas: me necesitaban para enfrentar a Tao Tei, mis problemas con Hui, todos los misterios que rodeaban a aquel dichoso Santuario, cuál era la diferencia entre un “Santo” y un Taonia, entre otras cosas, hasta que vi al invasor.

Fue la primera vez que vi al Carnero mayor, a un Santo con armadura de Oro, a alguien con esa apariencia tan extraterrenal (incluyendo piel pálida, cabello verde y ausencia de cejas) y mi amigo del alma, que compartiría su destino estelar conmigo, todo al mismo tiempo. Era la primera vez que veía a Sion de Aries, que en ese momento era un joven Santo que había detenido a todos los que intentaron ponerle las manos encima, sin usar las suyas.

—Buenas noches. Busco a Hao Cheung.

—Soy yo —asintió el Dragón, justo cuando me vi tentado a servirle de escudo.

—Necesitamos hablar sobre la armadura. E imagino que ese chico es el nuevo portador, ¿no?

—¿Yo qué? —Un murmullo estaba recorriendo las filas de Taonia, estupefactos por todo lo que ocurría. Yo decidí actuar como idiota—. ¡Soy Tong Hu, y así debes referirte a mí! ¡Y no soy un “chico”!

—Así será. ¿Tong Hu? Mis disculpas. ¿Podemos hablar en privado los tres? ¿Y podrían ordenar a este chico que deje de intentar atacarme? —dijo con toda la inhumana calma del mundo, indicando a Hui con la cabeza, que daba golpes y gritaba frente a un muro invisible tratando de acercarse.

—Por aquí, por favor —asintió Hao Cheung, y se introdujo nuevamente en el templo mientras yo me quedé mirando al extraño, que caminó entre los Taonia como si fuera un rey entre hombres, con la imponencia y autoridad de un dios de oro, con experiencia y sabiduría, a pesar de que no podía ser más viejo que yo. Era imposible.

Dejó a Hui echando saliva por la boca, mirándonos intercaladamente. Jeon y Fei decidieron no interferir más que con miradas confundidas y severas, respectivamente. Seguí a mi maestro, y Sion a nosotros. Ese fue el verdadero inicio de todo. Esta vez va en serio. Este sí es el verdadero inicio de la historia más grande de todas.

 

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#132 -Felipe-

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Publicado 24 julio 2018 - 21:43

Penta y Beau, paso también a agradecerles, por si no lo hice lo suficiente por interno. Que le encuentren esos detallitos positivos, esas cosas que comparan y conectan con otras, las frases que de alguna manera nos salieron bien. En el caso de lo de Shaka, especialmente que se notara cómo pasa el tiempo con él, cómo va creciendo, aprendiendo y fallando; y en el caso de Dohko, que se resaltara el asunto de los dos frentes narrativos.

También las fallas y los defectos, desde luego, que para eso vamos creciendo y aprendiendo (en nuestro caso, como "escritores").

 

Así que eso... saludos, amigos. Y ojala guste la parte 3.


Editado por -Felipe-, 24 julio 2018 - 22:18 .

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#133 Nemesis_Venganza

Nemesis_Venganza

    La chillaneja

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Publicado 11 agosto 2018 - 22:08

Al fin me puse al día con la historia :sonaro:

 

Y bueno, difícil comentar como se debe sobre tres capítulos leídos al hilo, pero vamos a intentarlo. Comencemos:

 

Esa idea de que la historia de Dohko fuera una historia contada por él mismo a sus alumnos me parece un gran acierto. Hasta ahora todas las anécdotas han tenido algún detalle que las distingue y le dan su toque de originalidad, en este caso la celebración familiar entre el anciano maestro y sus alumnos, no podría quedarles mejor... y sobre eso, Genbu es uno de los pocos personajes de Omega que realmente me gustaron, así que se me hizo agradable verlo ahí.

 

Sobre la historia misma, la escena de los soldados imperiales cobrando impuestos me recordó un poco al principio de la historia de Shaka, específicamente cuando los monjes azotan al niño que intentó ser su amigo. Podría pensarse que ambas situaciones tienen poco y nada que ver, sin embargo, yo veo el mismo abuso de poder así que fue inevitable hacer la conexión, más aún cuando en ambas situaciones se puede percibir la desesperación de las víctimas a través de la narración. Lo bueno es que al menos aquí los soldados recibieron un inmediato castigo al más puro estilo Hammurabi. Bien ahí :s46:

 

Destaco la descripción sobre la filosofía y espiritualidad Taonia, porque a su vez ayuda a entender mejor a los personajes. Y en relación a ese tema, me tinca que el ex-amigo de Dohko podría llevar su enojo y frustración demasiado lejos, quizás... no sería algo extraño en el mundo de Saint Seiya... ¿cómo enfrentaría el joven tigre una situación así?

 

Por último, debo decir que esta entrada de Shion estuvo maravillosa y estoy deseando ver el inicio de esa bicentenaria amistad con Dohko.

 

 

Eso chicos, continúen desatando ese talento e imaginación.

 

Saluditos :s71:


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#134 maximomeridio

maximomeridio

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Publicado 12 agosto 2018 - 10:58

he leido el inicio y me gusto,felicitaciones




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