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"Saint Effect": El Capitulo Final

Saint Effect Parodia Humor absurdo Fanfic Aún no me cierran el tema

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28 respuestas a este tema

#21 T-800

T-800

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Publicado 26 septiembre 2017 - 17:35

Ojala que esta vez Hades logre ganar una guerra---XD



#22 Macairo de Cancer

Macairo de Cancer

    Miembro de honor

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Publicado 02 octubre 2017 - 18:20

Hasta ahora es de lo mejor que leí... tu si sabes sacar una sonrisa xD.

 

Albiore simplemente es tan... tan XD.

 

Y menudas referencias a series jajaj. 

La verdad es que es cierto... De todas las babosadas previamente hechas por mi, nunca antes había escrito algo tan poco serio como la historia de Albiore y la Aryan Knight, es más, admito que en un principio contaba con que Xenna me cerrara el post y por lo tanto no tendría que acabar ni siquiera con la Misión Suicida... Y mira donde estoy ahora...

 

Igual, no durará mucho... Acabo de hacer algo que nunca jamás en la vida había hecho: Escribí un boceto de la historia. Ya sé como termina estoy, más, siempre lo supe, pero jamás se me ocurrió el como conectar esto con esto otro, etc etc y etc. Previamente sacaba capítulo tal cual Kurumada escribe Next Dimension, más, empecé con esta porquería el... 18 de enero, y sigo aquí, con solo cinco capítulos hasta ahora. Pero no más, ahora sé cuantos capítulos serán, y terminamos con la trilogía de Saint Deffect... Digo, "Effect".

 

PD: Y sí, esta mi$rda solo vive de referencias, es su único sustento económico.


Ojala que esta vez Hades logre ganar una guerra---XD

Mi$rda que nadie le tiene esperanzas a Hades  :t420:


Dohko_Billy_Jeans.gif

Fanfic parodia: "Saint Effect"

Parte 1: La Misión Suicida Parte 2: El Regreso de Zeus


Parte 3: El Capítulo Final (Aún no escrito)


#23 Macairo de Cancer

Macairo de Cancer

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Publicado 06 octubre 2017 - 16:03

Dejo esto aquí y me voy por el momento...

 

095.png


Dohko_Billy_Jeans.gif

Fanfic parodia: "Saint Effect"

Parte 1: La Misión Suicida Parte 2: El Regreso de Zeus


Parte 3: El Capítulo Final (Aún no escrito)


#24 Macairo de Cancer

Macairo de Cancer

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Publicado 06 diciembre 2017 - 11:11

Capítulo 6: Valores

 

En pleno campo alemán, en un terreno llano, cerca de abundantes hectáreas de cultivo, el Volkswagen negro iba descendiendo poco a poco, cada vez perdiendo más altura. Además de unas cuantas abolladuras en este mismo, el auto lucía triunfalmente, mientras se acercaba en el suelo, bajo un cielo que anochecía. Descendió lo suficiente como para rozar el suelo suavemente con las ruedas hasta que finalmente alcanzó andar en él. Luego fue perdiendo velocidad, y guardando sus alas. Finalmente, el auto se detuvo, y el constante sonido del motor dejó de oírse.

 

Una vez que el terreno se había sumido en un profundo silencio, las puertas delanteras del mismo auto (más la trasera del lado izquierdo) comenzaron a abrirse, las tres casi al mismo tiempo. Primero salió Sirius, con el rostro pálido, quién se desplomó en el suelo y comenzó a vomitar y a hacer arcadas. El soldado alemán también bajó, armado con su rifle. Asterión se limitó a dirigirse hacia Sirius y a hacerle palmadas en la espalda con el fin de ayudarlo a vomitar.

 

-Ya... Calma...-decía en tono paternal.-Hemos logrado huir.

 

Sin embargo, su compañero no terminó de devolver toda la escasa comida de la que se había alimentado en los últimos días, más finalizó pasados unos tres minutos, cuando el suelo ya se había llenado de sus vómitos, provocando un olor nauseabundo. A pesar de que el Caballero de Plata ya había logrado incorporarse (aunque mantenía una posición encorvada), su expresión de nauseas no se le quitó de encima. Pero, para Asterión, tal estado era "aceptable", y supuso que ya era tiempo de planear cual sería el siguiente paso del grupo.

 

-Bien...-dijo en tono autoritario, chasqueando los dedos.-Debemos seguir adelante. Hay que buscar un refugio, y después de eso, ver qué se supone que vamos a hacer después.

 

-Ya que lo mencionas...-comenzó a decir el soldado alemán, quién permanecía vigilante, mirando para todos lados.-No lejos de aquí se encuentra el cuartel militar al que yo me dirigía. Como ya dije anteriormente, algo muy gordo se está cociendo allí, después de todo, cada soldado, en servicio o en reserva, debe de dirigirse allí.

 

Asterión ya había olvidado la presencia de tal hombre quién los acompañaba hace no más de una hora. Se rascó la cabeza y comenzó a hablarle, sin moverse de su lugar.

 

-¿Y tú? ¿Quién demonios eres?-preguntó Asterión, intrigado.

 

-Llámame Heiser.-se presentó el soldado.-Como decía, estoy seguro que nos dejarán entrar a los tres, mientras vayan conmigo.

 

Luego de decir eso, Sirius comenzó a intentar hablar nuevamente, haciendo sonidos con la garganta. Tanto Asterión como Heiser voltearon sus cabezas para verlo. El Caballero de Can Mayor abrió la puerta delantera del auto, tomó el bolso verde, y comenzó a rebuscar algo en él.

 

-¿Qué buscas?-preguntó Asterión, pero Sirius no le hizo caso.

 

Finalmente encontró lo que buscaba: La cajita roja que previamente había robado de la base de los Ángeles, ese mismo día. Se alejó del auto y se la mostró a sus compañeros.

 

-No sé que demonios posee en su interior.-reconoció Sirius, seriamente.-Pero, dado toda la operación que los Ángeles se montaron para asegurar esto, seguramente es algo importante.

 

-¿Cómo se la robaste a los Ángeles, por cierto?-le interrogó Asterión.

 

-Me infiltré en un almacén el cual se encontraba protegido por ellos.-respondió Sirius.-Según tengo entendido, se encuentran llevando a cabo una gran operación a nivel global para recuperar diversos objetos de su interés, y estos son depositados en almacenes como en el que yo entré. Ahora hay que ver qué car@jo tiene dentro.

 

Y dicho eso, alzó la mano derecha y le quitó la tapa a la cajita. A su vez, tanto Heiser como Asterión se acercaron lentamente para ver su contenido, el cual dejó sorprendido también al mismo Sirius. En esta misma solo había un pequeño objeto: Una esfera luminosa celeste, la cual incluso parecía ser una pelota un poco más grande que una canica. Sirius soltó la tapa de la caja roja, y con la mano libre, la tomó para examinarla detenidamente.

 

-¿Pero qué mi$rda es esto?-se preguntó Sirius.

 

Heiser y Asterión se encogieron de hombros. Sirius, al notar que había ya poca luminosidad, extendió el brazo hasta el cielo para poder apreciar mejor el objeto con los últimos rayos del sol. Al hacerlo, este objeto comenzó a iluminarse aún más, y de este mismo salió disparado hacia el cielo un gigantesco rayo de luz celeste. Los tres hombres permanecieron en silencio, con los ojos como platos (en especial Sirius) mientras veían tal rayo volando. Este, poco a poco iba perdiendo altura.

 

-Espero que no hiera a nadie...-dijo Sirius con la voz quebrada.

 

...

 

La batalla en el Castillo de Hades se extendió por los siguientes veinte minutos, embargando una gran conmoción en todos los presentes. Se había dado la orden de proteger al Castillo a como de lugar, siendo Perséfone la que intentaría levantar una barrera para defender la estructura, a su vez, Hades permanecería a su lado, actuando como la última línea de defensa hacia esta. Por otra parte, eran los hombres de confianza de Hades los que dirigían la batalla en los alrededores, comandando a los ejércitos de Espectros y Esqueletos del dios del inframundo.

 

Aiacos reunió a una compañía de Espectros (junto a Albiore, Cristal y Bud), y marchó por la retaguardia del castillo, internándose en el bosque, y solo saldrían cuando se de la señal para que la compañía flanquease al enemigo. Hasta entonces, los Espectros de Hades se limitarían a resistir el ataque de tal fuerza invasora compuesta por seres humanoides con rostro de perros negros (cada uno cargando un cetro), asistidos por ángeles caídos y harpías. Para evitar que el enemigo apele a la misma táctica que ellos (flanquear al adversario), se apostaron una serie de tiradores en el castillo los cuales se encargarían de mantener a raya al enemigo. 

 

A su vez, la Aryan Knight sobrevolaría por el terreno de combate, atacando a las harpías y a los ángeles caídos (para otorgarles un respiro a los soldados de tierra). En esta misma habían sido apostados unos cuantos Espectros quienes defenderían la nave, y atacarían a algunos enemigos en la zona de combate. A la nave también se le dio otra función y es la de dar apoyo táctico a los Espectros allá en la tierra. Por eso mismo, el juez del infierno, Minos, abordó en ella, pues desde tal posición podía dirigir sin problema alguno la batalla. Por otro lado, Rhadamanthys dirigiría a los Espectros en el suelo. Con él también estaban Jango, Rafaelo y Valentine.

 

El juez del infierno optó por no llevar al grueso del ejército para dar una sensación de "vulnerabilidad" ante el enemigo logrando que estos se confíen, y recién allí pedir refuerzos los cuales esperaban dentro del castillo. Hasta entonces, marchó con sus tropas hasta la zona acordada y allí ordenó instalar una barricada la cual los Esqueletos armaron en un par de minutos. Mientras las defensas eran preparadas, Rhadamanthys reunió a todos los Espectros que le acompañaban, así como también a Jango y a Rafaelo.

 

Se reagruparon en medio de tal linea defensiva, pero a diferencia de los protocolos del Santuario (los cuales ordenaban que los soldados se agruparan en fila cuando su superior les dictase ordenes), todos estaban dispersos alrededor de Rhadamanthys, tal cual un grupo de camaradas. Tal característica fue del agrado de Rafaelo quién por lo general acostumbraba a saltarse todo tipo de reglas.

 

-La orden es sencilla.-afirmó Rhadamanthys.-Debemos proteger esta posición y aguantar hasta que el grupo de Aiacos ataque el flanco de nuestro enemigo, entonces abandonaremos esta posición y cargaremos de forma directa ¿Alguna pregunta?-interrogó el Juez a sus hombres.

 

Un espectro de mediana estatura y con el cabello alborotado, cuyo casco le ocultaba los ojos, alzó la mano, a lo que Rhadamanthys le dio permiso de hablar luego de asentir con la cabeza.

 

-Señor.-comenzó a hablar con una voz juvenil, no debía de pasar ni los diecisiete años.-Esa táctica parte de la creencia de que el enemigo solo atacará directamente, ¿Y si nos rodea?.

 

-De eso no te preocupes.-le calmó Rhadamanthys mientras iba y venía, recorriendo paseándose entre sus hombres.-Hemos apostado centinelas en el castillo.-afirmó mientras señalaba dicha fortaleza.-Ellos mantendrán a raya a todo aquel que intente dispersarse por el campo de batalla, y sacar partido a nuestro punto débil. También nos brindarán apoyo táctico. Por otro lado.-dijo viendo hacia las tropas enemigas las cuales se estaban reagrupando.-Minos se encargará de esos malditos seres voladores.-luego volteó, encarando nuevamente hacia sus hombres.-Voy a otorgarles a cada uno de ustedes un puesto.-y dicho esto, señaló a Rafaelo.-Tú...

 

El Caballero de Junini estaba algo distraído, y al ver que el Juez del infierno le señalaba, se sobresaltó un poco.

 

-¿Qu... Qué sucede?-preguntó Rafaelo nervioso.

 

Tal acción promovió unas pequeñas risas nerviosas entre los Espectros más jóvenes, aunque también influía el factor de la batalla inminente que se avecinaba, la adrenalina de esta misma. Pero Rhadamanthys siguió hablando naturalmente, sin cambiar su expresión.

 

-Tú seres nuestro centinela.-le dijo Rhadamanthys.-Necesito que los mantengas a raya y nos proporciones apoyo táctico desde esa posición.-y señaló un pequeño puesto elevado que los Esqueletos habían armado.

 

Ese puesto de centinela se encontraba en la parte trasera de aquel "campamento". Rafaelo estaba tenía ganas de protestar pero no dijo nada, y el Juez siguió asignándoles sus puestos a cada Espectro.

 

-Raimy.-llamó al Espectro de Gusano.-Tú nos darás "apoyo subterráneo", ¿Entiendes a lo que me refiero?.

 

Pero no hacía falta detallarlo más, inmediatamente el Espectro de Gusano esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

 

-¡No se diga más!-dijo este.

 

Sin más preámbulos, comenzó a escavar en el suelo a toda velocidad, hundiéndose en un par de segundos, dejando un pequeño hoyo en el suelo.

 

-¡Que alguien tape eso!-ordenó Rhadamanthys.

 

Y en un par de segundo aparecieron dos Esqueletos robustos, ambos portando una pala cada uno, y comenzaron a tapar el hueco que Raimy había dejado. Mientras trabajaban, Rhadamanthys continuó organizando las defensas. Distribuyó a los Espectros, colocando al menos a tres en cada posición defensiva.

 

-Cube, Giganto, Pharaoh.-nombró.-Ustedes al lateral izquierdo.

 

Tales Espectros asintieron y fueron hacia donde se les ordenó.

 

-Jango, Valentine.-llamó Rhadamanthys, luego de que el anterior grupo ya se hubiese ido.-Ustedes irán al frente conmigo, necesito a los mejores apoyándome en la vanguardia.

 

-Así que vamos a ir al frente, ¿No?-comentó Valentine, mirando a Jango.

 

-No me lo perdería por nada...-afirmó Jango, pero luego se mostró escéptico ante Rhadamanthys.-Oye ¿Qué te hace pensar que soy de los mejores?.

 

-Escuché de tus hazañas.-le respondió Rhadamanthys.-Tu participación en la batalla de Asgard, y tus contribuciones en el primer asalto al Castillo se volvieron muy populares últimamente.

 

Jango estaba por hablar nuevamente pero Rafaelo se le adelantó y encaró a Rhadamanthys.

 

-Oye.-comenzó a decir.-Seguro también oíste hablar de la "Explosión de Jalashkian".

 

-Quizás...-comentó Rhadamanthys cerrando los ojos.

 

El Caballero de Junini estaba a punto de volver a hablar pero Jango le interrumpió.

 

-¿Sucede algo?-le preguntó.

 

-Mira, nunca he sido un centinela.-comenzó a decir Rafaelo.-Esto es nuevo para mi.

 

-No le des mucha importancia.-le calmó Jango de forma despreocupada.-Imagina que será como ese juego que me comentaste la vez pasada... ¿Cómo se llamaba? ¿Call of Duty?.

 

-Ese mismo...-respondió Rafaelo, no muy animado.-Como sea...-Y empuñó su par de pistolas Berettas de Bronce.-Supongo que te veré al otro lado.

 

-Eso sonó patético...-le comentó Jango, riéndose.

 

Rafaelo también se rió y se marchó hasta su puesto, Jango también hizo lo mismo mientras empuñaba la Espada de Balmung, al frente, en donde Rhadamanthys y Valentine ya le estaban esperando. Los Esqueletos habían cavado hoyos en el suelo al frente para dificultar el paso de las tropas enemigas. Luego de preparar las defensas, todos fueron a sus puestos de batalla, cumpliendo más que nada el papel de soporte para los Espectros. Jango volteó y pudo ver a Sylphid detrás de ellos, no muy lejos de su posición. Había sido apostado en la retaguardia, y les apoyaría en el caso de que el juez del infierno así lo ordenase.

 

Ya estaba anocheciendo y por lo tanto los Esqueletos también habían traído materiales para encender una hoguera y varias antorchas. Pero con un enemigo como lo eran los Ángeles, no hacía falta esto mismo. Jango recordó como Cristal una vez le había comentado que, en la batalla de Asgard, la mayor debilidad de los Ángeles había sido el vestir Armaduras brillantes. También evocó el recuerdo del primer asalto al Castillo de Hades, y el como los Espectros se camuflaban en la oscuridad, y como los Ángeles fracasaban por dicho detalle. "Quizás la suerte esté de nuestro lado otra vez" pensó. Pero luego recordó a aquellos perros humanoides y a los ángeles oscuros, esta vez no iba a ser tan fácil, "Y Dios quiera que no hayan traído otra vez a esos malditos Titanes", pensó.

 

Allí, en tal linea de defensa, aguardaron en silencio todos, expectantes, vigilando cualquier movimiento del enemigo. Valentine se le acercó a Jango y comenzó a murmurarle.

 

-¿Sabes?.-comenzó a decir.-En esta vida, yo crecí en el campo, un sitio igual de tranquilo que este. Me crió mi tío hasta que cumplí doce, los días de semana se marchaba a trabajar y volvía a la noche. Hasta que un día, el cielo se oscureció, y él no regresó. Me armé de valor y salí a buscarlo, y lo encontré allí afuera, reposando sobre la hierba, herido por dos balas. Un par de idi@tas lo confundieron con un animal nocturno, y él estaba ahí, muerto, en la oscuridad de la noche. ¿Puedes sentirlo?.-y luego de preguntarle eso, miró a Jango.

 

Este no entendía a qué se refería.

 

-¿Si puedo sentir qué?.-le preguntó Jango.

 

-Cientos de almas en una noche.-respondió Valentine.-Todas en silencio, aguardando su destino. Es el sonido de la muerte. Tranquilo, sereno, aguardando el momento de atacar, y cuando este llega, no lo ves venir.

 

Jango recordó a su madre, asesinada por ese Ángel al que tanto le odiaba. Volteó la mirada y vio a todos aquellos que combatían de su lado y reflexionó, ¿Cuantos de ellos tendrían historias similares a la suya? ¿Alguno de ellos habría perdido a algún familiar o quizás a un amigo?. Pensó también en todo aquellos que posiblemente morirían ese día, incluso cabía la posibilidad de que el también se les uniera. La historia de Valentine tenía un mensaje claro: Ante la muerte nadie está preparado, esta ataca sin previo aviso. Y él estaba ahora ahí, en medio de un campo de batalla.

 

-Entonces.-volvió a hablar Valentine.-¿Te consideras ahora un Caballero de Atenea?.

 

-No.-respondió Jango casi de inmediato, sin apartar la vista de las tropas enemigas.-Yo soy un Caballero Negro, no le debo la vida a nadie, solo peleo por mi propio bienestar o por la causa que yo elija, nadie más toma esa decisión por mi. No...-dijo luego de hacer un paro.-Yo soy mi propia causa.

 

Valentine esbozó una pequeña sonrisa.

 

-Sabes, yo era como tú.-afirmó.-Me sentía libre, no debía preocuparme por nada ni nadie, no tenía obligaciones, solamente hacía lo que se me cantara. Pero después me di cuenta que en realidad no era libre, era esclavo de mis propios intereses, y estos no me permitían ver más allá de mi mismo. Comprendí que existe la libertad en luchar por una causa y prestar juramento, que este era mi lugar. Yo, aquí, ayudando a mi dios a que este purificara el mundo y le de un nuevo orden. La vocación es lo que nos hace libres, el caminar herrado es lo que nos ata.

 

-Bien por ti...-le respondió Jango sarcásticamente.-Pero yo estoy bien donde estoy, gracias...

 

Pasados unos minutos, las tropas del enemigo comenzaron a marchar hacia el Castillo de Hades, y por lo tanto, también dirección de aquella linea de defensa que habían armado. Rhadamanthys preparó a sus tropas, avisándoles de que el enemigo se acercaba, y que bajo ningún concepto les den cuartel puesto que ellos no estaban dispuesto a tenerles piedad a los Espectros. Eran ellos o sus enemigos, la vida o la muerte, el triunfo de Hades o el de Zeus.

 

La marcha de los ejércitos del Olimpo pronto se transformaron en una carga hacia los Espectros quienes aguardaban, preparados para lo peor. Una vez que ya estaban en posición, Rhadamanthys ordenó el primer ataque.

 

-¡Tiradores!-llamó Rhadamanthys.-¡Fuego!

 

Los centinelas del Castillo comenzaron a disparar a diestra y siniestra, lo mismo hizo Rafaelo. Los tiros impactaron contra los Ángeles quienes componían el grueso de la primera oleada. Aquellos que impactasen en sus Armaduras no surtieron mucho efecto en ellos, pero aquellos que dieron en aquellas zonas desprotegidas, fueron muy efectivos, derribándolos, y, en el "mejor de los casos", acabando con sus vidas. Cuando ya estuvieron a una distancia prudente, Rhadamanthys volvió a lanzar una orden.

 

-¡A la carga!-gritó con potencia.

 

Y dicho esto, cargó violentamente contra los Ángeles, seguido por Jango y Valentine. El Caballero Negro, sumido en la atmósfera de la batalla, no pensó en nada más que en abatir a sus enemigos. Empuñando la Espada de Balmung, asesinó al primer Ángel que cargó contra él, y luego decapitó al más cercano. Empaló a otro, y asesinó al cuarto de un tajo limpio en el pecho. Se manchó de la sangre de sus enemigos la cual recorrió por todo su cuerpo. La Espada de Balmung estaba sedienta de sangre. Asesinó a sus enemigos sin parar. Escuchaba nada más los gritos de la batalla y los sonidos del acero, pero no les prestaba atención.

 

Valentine de Harpía extendió sus alas y lanzó el ataque, "Avaricia de la Vida", con la que acabó con la vida de varios Ángeles. Pero ni él ni Jango se comparaban a Rhadamanthys de Wyvern. Verlo en acción provocaba la admiración en sus aliados, y el miedo en sus enemigos.

 

-¡Gran Caución!-gritó el Juez.

 

Y dicho esto, ejecutó su terrible técnica, lanzado cientos de rayos y eliminando a varios Ángeles a la vez. Por el momento, tal batalla parecía sencilla para el bando de los Espectros. Pero de pronto, mientras Jango combatía contra otro Ángel, sintió un aullido terrorífico. Atravezó con la Espada a su enemigo para luego girar la cabeza y ver que se trataba de uno de aquellos perros quién cargaba hacia él, empuñando su cetro. Era al menos medio centímetro más alto que Jango, lo que le provocó una descarga de temor que casi paraliza su cuerpo. Logró responder a tiempo y corrió hacia su enemigo, deteniendo el ataque de su cetro valiéndose de la Espada de Balmung.

 

Ambos combatientes lucharon, cada uno valiéndose de sus habilidades de esgrima. Pero luego, cuando notó que su enemigo había bajado la guardia, Jango le atravesó con la Espada de Balmung, provocando la muerte de su rival. Retiró la espada antes de que aquel ser cayera al suelo, pero antes de que se diera cuenta, había un Ángel detrás suyo, dispuesto a asesinarle. Jango intentó responder pero ya era demasiado tarde para eso, sin embargo, su enemigo recibió un impacto y cayó al suelo. El Caballero Negro volteó hacia atrás y pudo ver a Rafaelo, con sus armas, haciéndole un gesto con la mirada. Jango asintió, y luego volvió a girar hacia el enemigo, dándose cuenta de que ahora venían muchos más seres humanoides como el primero que ya había abatido. Blandió con fuerza la Espada y cargó contra ellos junto a sus compañeros.

 

Mientras la batalla se llevaba a cabo, harpías y ángeles caídos se acercaban hacia tal puesto de defensa, con el fin de atacar a los Espectros. A su vez, varias tropas del Olimpo estaban comenzando a sortear a los centinelas del Castillo de Hades. En eso, la Aryan Knight hizo gala en el cielo, y atacó directamente a las hordas de harpías y ángeles caídos, valiéndose de sus armas, y de un ataque combinado con los Espectros que la tripulaban, entre ellos, Minos.

 

-¡Pilotos!-ordenó el juez.-¡Lleven la nave hacia los laterales del puesto de defensa! ¡Acaben con aquellos que intentan atacar por los costados a las tropas de Rhadamanthys!

 

-¡Entendido, señor!-respondió el pilo jefe de la nave.

 

Esta comenzó a bombardear el campo de batalla, acabando con las tropas del frente y laterales, dándoles un respiro a los combatientes de la superficie. Minos comenzó a hablarle al Cosmos de Rhadamanthys.

 

-¿Cuál es la situación?-le preguntó al Espectro de Wyvern.

 

-¡Es...tamos aguan...tando!-respondió Rhadamanthys entre jadeos y algunas interrupciones por encontrarse en ese mismo combatiendo.-¡Pero no sé si... podremos resistir... mucho tiempo!-agregó.-¡¿Aún no... hay señales de... Aiacos?!.-preguntó al final.

 

-¡Todavía no!.-le informó Minos.-¡Pero es preciso que seamos pacientes! ¡No tenemos más opción que confiar en Aiacos y los otros!.

 

...

 

Krishna, quién aún blandía su lanza, apuntaba hacia Maxul quién hacía malabares con su martillo de plata, algo sorprendente a causa de que tal arma daba la impresión de ser mucho más pesada de lo que en verdad era: Un arma ligera.

 

-El Castillo de Hades caerá.-le dijo a su oponente.-Los Espectros serán abatidos esta noche. Tus amigos también morirán. Luego iremos por Asgard y el Palacio de Poseidón, y finalmente acabaremos con los Caballeros de Atenea sobrevivientes. El Olimpo vencerá, y el mundo volverá a ser propiedad de los dioses Olímpicos. Y por supuesto, tu también morirás esta noche.

 

-Sobre mi cadáver.-dijo Krishna, amenazante.

 

Maxul le fulminó con la mirada, detenidamente. Luego detuvo su arma, y la empuñó con ambas armas.

 

-Eres valiente, General Marina.-alagó a su rival.-Eres un guerrero sin igual, y admiro tu valentía. Pero para ganar una guerra hace falta más que eso, ¿Por qué no rendirte de una vez?-le preguntó.-No tiene sentido que sigas luchando. Si te rindes ahora e imploras el perdón de Zeus, quizás este te permita seguir viviendo y deje que te pongas a su servicio.

 

-Eso solamente hacen los cobardes.-le respondió Crishna con el ceño fruncido.-Traidor es aquel que compra su seguro de vida con el enemigo cuando todo está perdido. Y créeme cuando te digo que un General Marina se mantiene implacable hasta el final, ¡Un Marina de Poseidón jamás se rinde!-afirmó con fiereza.-Io y Sorrento murieron no sin antes dar la cara en batalla, eso es lo que se puede esperar de una Marina de Poseidón. Y créeme cuando te digo que si esta guerra termina acabando con nuestra derrota, entre los esclavos no habrá ningún Marina puesto que habremos muerto todos en batalla. Por Poseidón, por mis camaradas, por los caídos, y por mi.

 

-De acuerdo.-dijo Maxul, preparándose para atacar.-Te daré el final épico que tanto añoras.

 

Pero de pronto se sintió un fuerte sonido a lo lejos seguido por un gran retumbar de la tierra, esto sorprendió a Krishna quién giró la cabeza a todos lados (sin bajar la guardia), sorprendido por esto. Pero por el lado de Maxul, este solo frunció el ceño, como si ya supiera que era lo que estaba sucediendo en ese momento.

 

-Esta aquí...-comentó.

 

-¡¿Quién?!-preguntó Krishna alzando la voz.

 

Su enemigo no respondió. Casi al instante, Maxul sacó de su bolsillo un pequeño espejo dorado, y de él, Krishna pudo oír la voz de Reiyel.

 

-Maxul.-llamó a su compañero.-¿Ya has acabado con el General Marina?

 

-Aún no.-respondió Maxul.

 

-Olvídate de él, ven rápido, te necesito aquí.-le ordenó Reiyel.

 

-De acuerdo.-dijo Maxul tranquilamente, para luego guardar el espejo. Luego miró a Krishna con desdén.-Tuviste suerte, General Marina, debo marcharme ahora.

 

Pero Krishna le apuntó con su lanza.

 

-¡Espera!-le gritó con furia.-¡¿Vas a abandonar este combate así como así?! ¡¿Acaso piensas que estoy pintado?! ¡No me ningunees!.

 

-Te respeto, General Marina.-le dijo Maxul.-Pero sigo siendo superior a ti, si seguimos luchando tan solo firmarías tu sentencia de muerte. Tan solo mira tu propio estado.

 

El General Marina bajo la cabeza para ver su cuerpo y se sorprendió al ver su Escama repleta de grietas. Y no solo eso, además sangraba por la boca, sus brazos estaban repletos de heridas. Tocó su sangre con la mano derecha y se la llevó al rostro para contemplarla mejor, poco a poco esta comenzó a temblar, y Krishna abrió los ojos de par en par, sin poder creerlo.

 

-Esto no es...-intentaba decir, pero sus palabras se entrecortaban.

 

"¡¿En qué momento este maldito me atacó?!" se preguntaba Krishna atónito. Creyó haber esquivado todos y cada uno de los ataques de Maxul, en ningún momento se percató de que él había acertado en algunos ataques. Dejó de ver su mano, y, frunciendo el ceño, vio a su adversario quién permanecía triunfal, sin un solo rasguño.

 

-Pertenezco a la Élite del dios Zeus.-declaró Maxul.-Un simple humano, por más que este sea un General Marina, no es un rival digno para mi. Aunque debo admitir que terminaste siendo más fuerte de lo que yo esperaba. No importa, ha sido divertido, guerrero de Poseidón, pero ahora debo marcharme. Ve y únete a la batalla, encuentra la muerte como tú quieras, no me importa. Hasta luego.

 

Y dicho esto, alzó el vuelo con sus alas y se marchó. Krishna se quedó allí de pie, aturdido por lo que acababa de suceder. No había podido vencer a su rival, pero lo que más le dolía era el hecho de que no pudo vengar las muertes de sus compañeros. Estaba destrozado y con la moral en los suelos. No pudo mantenerse de pie por el impacto, soltó su lanza y quedó de rodillas en el suelo, allí en medio del bosque. Luego golpeó el suelo con sus puños, de sus ojos brotaron unas cuantas lágrimas.

 

-No soy digno de ser un General Marina.-pensó con furia.-¡Dejé que mi enemigo me superara, y no pude hacer nada para evitarlo!.

 

En eso sintió como si alguien apoyara una mano en su hombro. Volteó violentamente la cabeza y se quedó atónito por lo que vio. Allí, en donde se suponía que no debía de haber nadie, había un hombre parado y este vestía una Escama así como él. Era el mismo Sorrento de Siren quién le devolvía la mirada.

 

-¡Sorrento!.-exclamó Krishna atónito.-¡Pero tú estás muerto!.

 

-Lo estoy...-afirmó Sorrento bajando la mirada, para luego volver a alzarla.-Pero aún vivo en tu corazón y en el de los demás Generales Marinas. Sigo vivo en tus acciones y en tus actos, por que nosotros no morimos, nos volvemos inmortales en nuestros compañeros, y dejamos nuestras causas en las manos de aquellos que seguirán luchando, en los que mantendrán vivo nuestro legado. Y por eso te pregunto, Krishna, ¿Vas a dejar que una derrota te destruya?, tú vales más que eso.

 

Y después de decir eso, otro hombre apareció al lado de Sorrento, era Io de Scylla.

 

-¡El weon tiene razón!.-dijo Io.-Por que la wera de la vida se vuelve una wea difícil no significa que tienes que tirar la toalla así o nuestros esfuerzos valdrán hongo, po weon. Morí pero jamás arrugué, hace lo mismo, weon.

 

-Io...-comenzó a decir Krishna.-Nunca te entendí una mi$rd@ pero sé que me estás dando ánimos para que siga adelante. Eso es...-se dijo a sí mismo.-No puedo morir aquí, todavía hay quienes me necesitan y no les puedo fallar. Seguiré luchando hasta que ganemos esta guerra o muera en el intento.-y luego miró a sus compañeros.-¡Sorrento, Io!-les llamó.-¡Les prometo que sus muertes no serán en vano!.

 

-Así será, Krishna.-dijo Sorrento.

 

En ese mismo instante, Krishna abrió los ojos. Estaba tumbado en el suelo, se había desmayado después de la batalla contra Maxul. No perdió el tiempo, se incorporó y recogió su lanza. La miró detenidamente y se aferró a esta. Luego alzó la vista y vio como dos rayos luminosos, en el cielo, se dirigían a toda velocidad hacia el Castillo de Hades.

 

-Será mejor que me apresure.-se dijo a sí mismo el General Marina.

 

...

 

El grupo de Aiacos estaba compuesto por una larga tropa de Espectros, y entre ellos se encontraban algunos de los mejores guerreros de dicho Ejército. Junto a ellos iban Bud y Cristal, y al frente, marchando junto a Aiacos, se encontraba Albiore. Se habían movido sigilosamente para pasar desapercibidos y así poder flanquear al enemigo en cuanto estén en posición, y Minos de la orden. Pero a su vez, se habían movido muy lentamente puesto que Aiacos había apostado en mandar exploradores para que investigaran el área y así poder asegurarse de que ningún enemigo se encontrase acechando por el bosque, lo cual provocaría que el plan fracasase.

 

Salvo por los retrasos que habían tenido, la operación estaba siendo todo un éxito. Iban a poder llegar hasta el punto acordado, según el plan de Minos, en tiempo y forma. El camino era algo tortuoso teniendo en cuenta que les estaba prohibido hablar a todos los soldados a excepción de Aiacos para que este pudiese seguir dando órdenes a los suyos. Albiore se estaba preguntando acerca de qué tan lejos debía de estar el punto acordado en donde debería reportarse y esperar las órdenes de Minos.

 

Pero de pronto, el grupo completo oyó un fuerte sonido el cual no estaba lejos de su posición. Aiacos, inmediatamente, alzó la mano izquierda en señal de que todos debían de parar. Dio media vuelta, encarando a los suyos, señaló a un par de Espectros que ejercían la función de exploradores, para luego señalar hacia delante. Ambos Espectros entendieron a la perfección la orden y se fueron a explorar, procurando no hacer el menor ruido posible. Regresaron pasados un par de minutos, al parecer no habían visto nada sospechoso, por lo que al grupo no le quedó más que avanzar. Aiacos levantó la mano derecha, y todos siguieron avanzando. Tenían cuidado de no tropezar con alguna rama, teniéndose en cuenta que ya casi oscurecía por completo.

 

Desde tal posición podían escuchar los sonidos del campo de batalla los cuales cada vez eran más cercanos, se estaban acercando al punto acordado. Luego de un par de minutos más ya prácticamente estaban allí, pero luego sintieron otra vez ese fuerte temblor. Aiacos volvió a alzar la mano izquierda, y con la derecha levantó un solo dedo y señaló hacia un árbol, luego levantó dos dedos y señaló hacia otro árbol, y así sucesivamente hasta que señaló a otro árbol luego de levantar cinco dedos. Anteriormente le había asignado un número a ciertos Espectros, y con tales señas les estaba dando órdenes. Estos fueron directamente hasta las posiciones asignadas y se quedaron allí, vigilando. Luego señaló a otro par de Espectros (uno alto de barba rala negra llamado Mateo, y otro de estatura media y de cabello rojo de nombre Máximo, ambos eran poderosos soldados bajo las órdenes de Aiacos), a Albiore, a Bud y a Cristal. Se señaló a sí mismo y comenzó a caminar hacia los lindes del bosque, siendo seguido por aquellos a quienes nombró.

 

El grupo se atrevió a asomarse para poder contemplar la situación. El enemigo estaba reagrupándose, pero lo peor de todo no era eso puesto que pronto pudieron ver de primera mano el origen de tales temblores: Un titán mucho más grande que aquellos a los que Albiore y los demás se habían enfrentado en el primer asalto al Castillo de Hades. Vestía una túnica blanca como los demás Titanes, y su cabello era negro. Luego de dar órdenes a los ejércitos del Olimpo, se apartó del campo de batalla, dirigiéndose a la retaguardia.

 

-¡Miren el tamaño de esa cosa!-murmuró Máximo, atónito.

 

-Está claro que van a necesitar nuestra ayuda.-afirmó Aiacos.

 

Luego de decir eso, ordenó a los suyos que regresasen con los demás. Aiacos hizo lo mismo, y mientras se dirigía con su grupo, logró comunicarse con Minos.

 

-Minos.-llamó a su compañero y líder.

 

-¿Ya están en posición?-le interrogó Minos a Aiacos.

 

-Así es.-respondió este.-Estamos esperando tu señal.

 

...

 

Los combatientes que defendían las afueras del Castillo de Hades se encontraban intentando rechazar una oleada bastante dura en la que ya habían perdido a algunos Espectros y Esqueletos. Por otro lado, Jango luchaba incansablemente, liderando a los Espectros junto a Rhadamanthys. Más de una vez, cuando todo parecía perdido, la Espada de Balmung desfilaba por toda aquella linea de defensa y daba ánimos a los demás para seguir combatiendo. Pero esta vez estaban siendo empujados por sus enemigos. Fue cuando Rhadamanthys dio la señal y los refuerzos del Castillo de Hades salieron a socorrer a los suyos, algo que sorprendió a los soldados del Olimpo y los tomó por desprevenidos.

 

Sin que pudiesen hacer algo al respecto, todos cayeron ante tal fuerza de choque que emanaron los Espectros quienes no habían perdido energías en la batalla al igual que sus compañeros los cuales habían dado lo mejor de sí en la defensa del Castillo de Hades. Jango había luchado contra otro de aquellos perros humanoides el cual le había obligado a recostarse en el suelo, y allí intentó esquivar los golpes de su adversario. Pero fue salvado por un Espectro quién arremetió contra el adversario de Jango por medio de un arma larga, lo que parecía ser un bastón. Luego de eso, le extendió una mano a Jango para ayudarlo a incorporarse, cosa que este accedió. Se levantó y pudo comprobar que estaba frente un Espectro dientón, cuya arma no era un bastón si no que un remo.

 

-Tú eres el Espectro que a su vez es el barquero del río Aqueronte.-dedujo Jango.-¿No es así?.

 

-Así es.-respondió el Espectro Caronte de Aqueronte.

 

-Dime, ¿Viste a una Caballero Dorado dirigiéndose al Inframundo en estos últimos días?.-preguntó Jango.

 

-Qué curioso que lo menciones...-comentó Caronte, sonriendo.

 

Sacó de su bolsillo un medallón y se lo entregó a Jango quién se sorprendió por tal presente.

 

-Tú debes de ser Jango, ¿No es así?.-dedujo Caronte.-Tu madre me pagó una buena suma adicional para que te entregue esto, muchacho.

 

Jango tomó el medallón y se percató de que este podía abrirse. Así lo hizo y en él pudo ver una foto de su madre sosteniendo a un bebé, el Caballero Negro esbozó una pequeña sonrisa al ver esto. Luego de eso, se lo colocó en el cuello.

 

-Gracias.-le agradeció Jango al Espectro, a lo que este le miró con desdén.

 

-Oye, no me agradezcas, muchacho.-le dijo.-Lo hago también como parte de mi deuda hacia Albiore.-afirmó.

 

Tal declaración sorprendió un poco a Jango.

 

-¿Hacia Albiore?.-preguntó este atónito.

 

-Así es.-dijo Caronte.-En una ocasión participamos juntos en una misión en la que pude haber muerto, pero él logró que regresase con vida.-luego miró para otro lado.-Digamos que al ayudarte a ti podríamos decir que también le estoy ayudando a él, ahora tú eres parte de su "grupito suicida" por así decirlo.

 

El Caballero Negro iba a responder algo pero luego vio a Valentine quién estaba de cuclillas, y se acercó a él lentamente.

 

-No me digas que ya te cansaste.-le dijo Jango en forma burlona.

 

-Eso nunca.-declaró Valentine.

 

Jango se le quedó mirando y de pronto hizo algo que jamás se le hubiera ocurrido que haría alguna vez, le extendió una mano a Valentine para ayudarle a levantarse. Este tiró de esta y se incorporó. "¿Esto cambiando?", se preguntó a sí mismo. Volteó para ver a Rafaelo, y luego volvió a sumirse en sus propios pensamientos. Supuso que quizás la compañía del Caballero de Junini y de los demás había influido seriamente en su conducta, la muerte de su madre a manos del Ángel, el sentimiento de compañerismo, el altruismo, la lucha por una causa... "No...", se dijo a sí mismo, "Soy el mismo de siempre, solo que ahora sé trabajar más en equipo, es todo".

 

En eso, las tropas del Olimpo habían terminado de reagruparse y ahora cargaban nuevamente hacia los defensores del Castillo de Hades los cuales se habían reforzado con la inclusión de más soldados en la defensa.

 

-¡Preparados!-ordenó Rhadamanthys.

 

Todos los combatientes regresaron a sus posiciones, Jango regresó al frente junto a Valentine y Rhadamanthys, y ahora también les acompañaba Sylphid en el frente, todos listos para rechazar la siguiente oleada enemiga la cual parecía ser la última y contenía a todos aquellos soldados que aún permanecían con vida, el grueso del ejército. Cuando estos ya estuvieron a mitad de camino, la Aryan Knight, la cual sobrevolaba el campo de batalla, lanzó bengalas verdes.

 

Una vez que estas fueron vistas por el grupo de Aiacos, estos cargaron al enemigo por el flanco. Esto generó gritos de emoción por parte de los defensores del Castillo de Hades, la esperanza regresaba a los corazones de todos. Pero luego, dos rayos de luces en el cielo sobrevolaron todo el campo de batalla.

 

-¡¿Qué demonios es eso?!-preguntó Jango atónito.

 

Tales rayos iban en dirección al Castillo de Hades y chocaron con este, más no dañaron la estructura, simplemente traspasaron el escudo y entraron en el castillo.

 

-Mi$rd@.-murmuró Valentine...-Deben de ser dioses.

 

...

 

De regreso en aquel jardín, en el que la batalla entre Perséfone y Ares había concluido, la esposa de Hades había creado una barrera con la que protegía al Castillo de Hades, y para mantenerla esta se encontraba de pie, extendiendo sus brazos hacia los costados, más es esta era consciente de todo lo que estaba sucediendo puesto que el crear esa barrera no le hacía perder el conocimiento, y mantenía los ojos abiertos. Delante de esta, su esposo, Hades, con el ceño fruncido, empuñaba su espada con ambas manos. Delante de este habían aparecido dos dioses, Hermes y Démeter.

 

Ambos habían recibido órdenes directas de Zeus de acabar con Perséfone a toda costa, y ambos se habían presentado para cumplir con su labor. Pero en el caso de Démeter, esto no era más que un asunto personal puesto que después de todo, ella era su hija.

 

-¿Qué hacen ustedes dos aquí?-preguntó Hades fríamente.

 

-Hemos venido a acabar con Perséfone.-respondió Hermes con una sonrisa, rascándose la nariz con un dedo.-Claro que sabíamos que tú no lo ibas a permitir así como así, siempre fuiste un incordio, dios del Inframundo.

 

Y dicho esto, desenfundó una daga que llevaba consigo, arma digna de un dios tan cobarde como él que siempre apuñala a sus enemigos por la espalda. En el caso de Démeter, esta se contentó con desenvainar una espada, y blandirla con firmeza.

 

-¿Solamente dos?-preguntó Hades con decepción.-Soy uno de los dioses más poderosos, dos de ustedes no podrán eliminarme ni a mi ni a Perséfone.

 

-Hablas mucho.-afirmó Démeter a su hermano.-Veamos que tan bueno eres en realidad.

 

Y dicho esto, tanto ella como Hermes se lanzaron para combatir a Hades. Démeter siempre intentaba atacar a su enemigo de frente, mientras que Hermes optaba por flanquearlo, lo que hacía que ambos formasen una mortal combinación, incluso para un dios de la talla de Hades. Pero este rechazó todos sus ataques valiéndose de su espada con la cual maniobró de manera impecable, balancéandola de aquí a allá. De vez en cuanto, cuando el dios del Inframundo se encontraba distraído, Hermes intentaba tomar ventaja de la situación para ir y atacar a Perséfone, pero Hades siempre llegaba a tiempo para interponerse entre él su presa.

 

Apenas podían con él, ambos dioses no podían dividirse los roles, que uno contenga a Hades mientras el otro acabara con Perséfone. Ambos no eran rivales para el dios del Inframundo y optaron por llevar la batalla en el cielo, en donde valiéndose de sus habilidades divinas para emprender el vuelo, lucharon en una impactante batalla área, atacándose con sus armas y, de vez en cuando, arrojándose alguna técnica la cual un mortal no podría resistir.

 

Mientras esta batalla tenía lugar, los Espectros apostados en el Castillo de Hades la veían, boquiabiertos, comprendiendo de primera mano cual era la diferencia entre ellos y un ser divino. Pero pronto comprendieron que mientras su dios hacía todo lo posible por defender su posición, ellos también debían de cumplir sus labores asignadas. Por lo tanto volvieron a su trabajo como tiradores, asistiendo a los Espectros que allá, en tierra, se encontraban luchando para que el Castillo no sucumbiese ante las hordas de los ejércitos del Olimpo.

 

La batalla entre dioses se detuvo por un momento, Hades se mantenía triunfal, suspendido en el aire, con su espada en la mano, esperando el siguiente ataque. Démeter y Hermes se encontraban juntos, a unos metros de él, jadeando. Ya estaba claro que ambos no eran rivales para su enemigo.

 

-Esto es imposible...-comentó Hermes frunciendo el ceño.-¿Cómo puede ser que no podamos hacerle daño alguno?.-se preguntó.-Un dios enfrentando a dos, ¿En dónde más se ha visto esto? Es humillante.

 

-Debemos coordinar mejor.-le dijo Démeter sin apartar la vista de Hades.-Si no trabajamos en equipó, no habrá manera de que le ganemos.

 

-Quizás deberías de enfocarte más.-le reprendió Hermes.-Si fueses al menos un poco más atenta, quizás ya habríamos completado con nuestra misión.

 

Este comentario enfureció a Démeter.

 

-Quizás si tú no fueses un dios inútil que solo ataca por la espalda-comenzó a decir esta.-ya habríamos acabado con él.

 

Eso casi genera una discusión entre ambos dioses pero fueron interrumpidos por Hades quién contemplaba, divertido, tal escena.

 

-Qué linda pareja...-comentó Hades a lo lejos, sobresaltando a sus adversarios.-¿Van a seguir discutiendo o van a volver a atacarme los dos a la vez?.-les preguntó con arrogancia.

 

-Tú tan solo espera...-respondió Hermes con furia.-Solo dos dioses saldrán con vida de aquí esta noche.

 

-Eso quiero verlo.-afirmó Hades sarcásticamente.

 

Y dicho esto, los dioses reanudaron su combate nuevamente.

 

...

 

El grupo de flanqueó cargó hacia la retaguardia de los ejércitos del Olimpo. Cuando estos se percataron de tal estrategia ya era muy tarde, tenían a los Espectros pisándoles los talones para luego estos empujarlos de atrás.

 

-¡Por el Inframundo!-rugió Aiacos.

 

Tal grito de batalla se extendió por toda el área, sorprendiendo a aquellos que nunca lo habían visto antes cargar contra un ejército enemigo. Chocaron con los ejércitos del Olimpo y entablaron batalla. Por otro lado, la Aryan Knight sobrevolaba el campo de batalla y seguía atacando a las Arpías y a los ángeles caídos quienes intentaban atacar a los combatientes allá en el suelo. Minos, quién seguía dirigiendo la batalla, ordenó a los otros dos Jueces que intentaran rodear al enemigo con los Espectros y Esqueletos, y de esta forma atacarlos por todos los frentes posibles.

 

Tal estrategia comenzó a ser llevada a cabo por Rhadamanthys y Aiacos quienes coordinaron a sus tropas en la batalla. Dicha táctica comenzó a tener resultado, estaban abatiendo a sus enemigos los cuales prácticamente se estaban quedando sin salida alguna. La batalla ya parecía ganada cuando de pronto, tal retumbar se escuchó nuevamente. Allá, en la retaguardia del grupo de Aiacos, a tan solo unos metros de distancia, había aparecido nuevamente aquel Titán que parecía dirigir la batalla, y se dirigía directamente hacia aquel lugar en donde la lucha se estaba llevando a cabo. La Aryan Knight recibió órdenes de atacarlo, bombardeándolo, más tales ataques apenas lo detuvieron un poco, para luego continuar marchando hasta los soldados de Aiacos.

 

-¡Esto tiene que ser una broma!.-exclamó el Espectro Mateo.

 

El Caballero de Cefeo, Albiore, evaluó la situación y se dio cuenta que si ese Titán se acercaba hasta el campo de batalla, la lucha podría estar perdida, y todos los intentos por rechazar a los Ejércitos del Olimpo serían en vano.

 

-¡Aiacos!.-llamó Albiore de Cefeo.-¡Si permitimos que ese mastodonte se acerque hasta nosotros, estamos bien en el horno!.

 

-¡¿Propones atacarlo?!.-le preguntó Aiacos mientras combatía con un par de Ángeles.

 

-¡Tú reserva a tus hombres!.-le dijo Albiore.-¡Nosotros nos encargaremos de esto!.-y dicho esto, miró a sus compañeros.-¡Bud! ¡Cristal!.-Ambos respondieron casi al instante.-¡Síganme!.-y dicho esto, empuñó su Ak-47 de Plata, Cristal empuñó su MP5 de Plata, y Bud llevaba una Desert Eagle de Plata de la cual se habían olvidado anteriormente.-¡Minos!.-llamó al Juez vía Cosmos.-¡Necesito apoyo aéreo cuando te lo demande!.

 

-¿Qué piensas hacer?.-le preguntó la voz de Minos.

 

-Lo que mejor sé hacer.-respondió Albiore.-Improvisar.

 

Y dicho esto, dio media vuelta y se apartó de la batalla junto a Bud y Cristal quienes le seguían por detrás. Ambos corrieron directamente hasta el Titán el cual se estaba acercando.

 

-¡Sepárense!.-les ordenó Albiore a sus compañeros.-¡Cristal, ve por la izquierda! ¡Bud, por la derecha!.

 

Ambos asintieron, y mientras Albiore seguía encarando al Titán, Bud y Cristal fueron hacia sus costados. El Titán recibió los balazos y comenzó a retorcerse, luego juntó sus manos y comenzó a acumular Cosmos en él.

 

-No puede ser... ¿Me estás j@diendo?.-se dijo a sí mismo Albiore con una mezcla de sarcasmo, preocupación e ironía en su voz.

 

El Titán dejó de acumular Cosmos y le arrojó todo ese poder en un solo rayo ken a Albiore quién lo esquivó de un gran salto. Pero el impacto de la explosión lo lanzó lejos, retumbando la tierra. Bud y Cristal se menearon por dicho temblor. Albiore cayó al suelo pero se incorporó rápidamente de un salto. Miro hacia su costado y allí pudo ver un gran cráter en el suelo.

 

-¡Este no es un titán cualquiera!.-exclamó Bud.

 

-¡¿En serio?!.-le preguntó Albiore sarcásticamente.-¡No me di cuenta!.

 

Aquel Titán intentó aplastar a Cristal quién se encontraba cerca, pero este retrocedió de un gran salto. Pero para sorpresa de este, el Titán ya se esperaba tal movimiento, y lanzó rayos ken con su mano hacia la posición en la que el Caballero de Cristal se dirigía, logrando acertar unos cuantos tiros. Aún así, Cristal no iba a rendirse y siguió corriendo. Por otro lado, Bud intentó atacarlo físicamente.

 

-¡Recibe la Garra de Tigre de la Sombra del Vikingo!.-exclamó Bud mientras de las uñas de sus manos se transformaban en garras gigantescas.

 

Corrió a grandes velocidades y dio un gran salto para ponerse a la altura de su rival, quién estaba de espalda por que seguía yendo a por el Caballero de Cristal. Bud lanzó su ataque, y luego de un pequeño destello de luz, cayó al suelo. Alzó la vista y se sorprendió al ver que el Titán no había recibido daño alguno.

 

-¡¿Pero qué?!.-exclamó Bud.-¡Esa era mi mejor técnica!.

 

El Titán dio media vuelta y le encaró. Juntó ambas manos nuevamente para lanzar otro ataque. Bud comenzó a correr mientras el Titán apuntaba hacia él, pero Albiore lanzó sus cadenas hasta el brazo de su enemigo, logrando desviar tal técnica la cual fue a parar dos metros más lejos que Bud, y aún así el suelo retumbó, y este cayó al suelo, para luego volverse a levantar. El Titán giró hacia Albiore y le encaró, luego volvió a preparar su técnica para arremeter contra su pequeño enemigo.

 

En ese preciso instante, un rayo de luz celeste, que venía desde el cielo, cayó exactamente por encima del Titán, y su técnica le explotó a él mismo, dañándolo un poco. "¿De dónde demonios salió ese ataque?", se preguntó Albiore pero no le dio importancia, ya sabía cual era el punto débil del Titán. De pronto se le ocurrió una idea descabellada pero que quizás podría funcionar.

 

-¡Sigan resistiendo!.-exclamó Albiore.

 

-¡Imagino que tienes un plan!.-le gritó Cristal quién seguía disparando.

 

-¡Algo así!.-afirmó Albiore.

 

Mientras hablaban, el Titán comenzó a cargar contra Bud, intentando aplastarlo.

 

-¡Suena genial!.-exclamó Bud con sarcasmo mientras corría.-¡Espero que funcione antes de que este hijo de p$t@ me aplaste y me deje como una calcomanía!.

 

-¡Tú sigue así!.-le animó Albiore.-¡Lo estás haciendo bien!.-y luego de decir eso, llamó nuevamente a Minos.-Minos, ordena a la Aryan Knight que sobrevuele por encima del Titán, y prepárense a atacar cuando yo lo ordene ¿Entendido?.-preguntó Albiore.

 

-¡Así será!.-respondió Minos.

 

-Bien...-se dijo así mismo Albiore.-La hora de la verdad.

 

Empuñó su arma y corrió hasta donde se encontraba el Titán quién todavía intentaba aplastar a Bud. Este estaba a punto de ser alcanzado por su enemigo el cual iba a darle un gran golpe con su mano derecha, pero de pronto, un cuarto combatiente apareció para apoyar al dios Guerrero. Corrió velozmente y se lanzó hasta el Titán, empalandole la mano con lo que parecía ser una lanza. El Titán retrocedió, adolorido por tal ataque.

 

-¡Krishna!.-exclamó Bud.

 

El General Marina cayó limpiamente al suelo, por delante del dios Guerrero. Volteó la cabeza hacia él, y Bud pudo notar que llevaba una sonrisa de oreja a oreja.

 

-Siento llegar tarde.-dijo el General Marina. Luego volteó nuevamente hacia el Titán, este ahora miraba con furia al recién llegado.-Parece que tienen un gran problema...-comentó Krishna con una tranquilidad sorprendente, mientras se aferraba a su lanza la cual apuntaba a su enemigo.

 

-Sí.-le corroboró Bud.-¡Uno muy grande en verdad!.

 

En eso, el Titán cargó hasta donde se encontraban ambos guerreros, y pisó el suelo con una fuerza extraordinaria la cual hizo temblar la fuerza. Estaba intentando aplastarlos a ambos, pero estos lograron esquivar tal ataque a tiempo, dando ambos un gran salto en direcciones opuestas: Krishna por la derecha, Bud por la izquierda. El Titán ya se esperaba esto, y cuando Krishna estaba en el aire, le dio un potente golpe el cual lo lanzó hasta el suelo. Krishna logró recomponerse a tiempo, cayendo de cuclillas mientras se arrastraba en el suelo. Logró detenerse y se limpió la sangre que brotaba de su boca con su brazo.

 

-Sí que eres duro.-comentó Krishna frunciendo el ceño.-De acuerdo...-dijo mientras se incorporaba y empuñaba su lanza.-Juguemos.

 

Y dicho esto, corrió hasta el Titán. Cuando estaba a una distancia razonable, su imponente enemigo intentó darle un golpe en el suelo, con una mano. Krishna logró esquivarlo, deslizándose por el terreno, entre los pies del Titán, y le clavó su lanza en la pierna derecha. La retiró del cuerpo de su rival (el cual estaba retorciéndose), y comenzó a correr. Su enemigo estaba a punto de seguirlo, pero Albiore, quién ya había llegado, le lanzó sus cadenas, agarrándole fuertemente del brazo.

 

-¡Oye!.-le llamó Albiore.-¡Aquí, gigante $stúpido!.

 

El Titán volteó hasta Albiore, y cuando lo hizo, el Caballero de Cefeo comenzó a elevar sus Cosmos, retando a su enemigo.

 

-¡Cristal, Bud, Krishna, apártense ahora mismo!.-les ordenó a sus compañeros.-¡Confíen en mi!.

 

Estos dudaron por un momento, pero al final optaron por obedecer a Albiore, sin saber siquiera qué demonios estaba tramando este. Por otro lado, el Titán, quién ahora solo se enfocaba en Cefeo, comenzó a preparar su técnica nuevamente. "Eso es...", pensaba Albiore, "Aquí me tienes...". Bud, Krishna y Cristal, los cuales se habían alejado de la batalla, observaban a Albiore, impactados.

 

-¡¿Qué demonios está haciendo?!.-exclamó Bud.-¡¿Por qué no huye?!.

 

Pero aún a pesar de que quedarse quieto era prácticamente una muerte segura, Albiore no se movió, y el Titán siguió preparando su técnica. "Un poco más..." pensaba Albiore. Cuando notó que su enemigo ya había comenzando a inclinarse hacia él, Albiore salió corriendo.

 

-¡Ahora!.-gritó el Caballero de Cefeo a Minos.

 

En ese precisos instante, la Aryan Knight sobrevoló por el encima del Titán y le bombardeó con todo lo que tenía. Minos y los demás Espectros que la tripulaban lanzaron también sus ataques. La técnica de aquel ser, la cual ya estaba muy desarrollada, le estalló nuevamente, produciendo una terrible explosión que lo engulló. La onda de choque lanzó disparados a Krishna, Bud, Cristal, y a Albiore hacia las direcciones opuestas.

 

Cuando estos se incorporaron, notaron que había un gigantesco cráter en dónde se encontraba el Titán. Corrieron hasta este y, allí, en el fondo reposaba este con severas heridas a causa de las quemaduras que le provocaron su propio ataque. Los cuatros bajaron hasta el fondo de tal hoyo, y allí pudieron contemplar que el Titán aún seguía con vida a duras penas. Krishna se atrevió a dar unos pasos hacia él.

 

-¿Por qué los Titanes se aliaron con el Olimpo?.-le interrogó Krishna.-¡Responde ya!.

 

-Nos... Pro... Metieron... Beneficios...-respondió el Titán con dificultad.

 

Bud se acercó hasta donde se encontraba Krishna.

 

-¿Hay más como tú?.-le preguntó Bud.

 

-Si...-respondió el Titán y luego esbozó una sonrisa de malicia.-Y nuestro líder es el más poderoso de todos los Titanes. No importa que hayan ganado esta batalla, muy pronto todos ustedes c...

 

Pero antes de terminar su frase, comenzó a hacer arcadas, para luego dejar de sonreír. Terminó de emitir sonido alguno, y finalmente no se movió más. El grupo se le quedó mirando por un rato, reflexionando, para luego todos saltar para salir fuera del cráter. Allí afuera pudieron contemplar el como los Espectros prácticamente ya habían ganado la batalla, los pocos sobrevivientes del Olimpo comenzaban a rendirse. Krishna y Bud intercambiaban miradas serias, por otro lado, Cristal se le acercó a Albiore.

 

-Esto es serio.-le dijo a su compañero y líder.-Hemos ganado ya varias batallas, y a pesar de eso, siempre me da la impresión de que nuestro enemigo va siempre un paso delante de nosotros.

 

-Por eso hemos venido a aliarnos a Hades.-le recordó Albiore.-Debemos ver si, después de esto, acepta nuestra oferta.

 

-Tiene que aceptarla.-afirmó Bud.

 

-Eso espero.-confesó Albiore.-De lo contrario, me temo que no podremos seguir perdiendo más el tiempo aquí, Dohko, Aioros, y los otros confían en nosotros.

 

...

 

Los dioses seguían luchando entre ellos. Démeter giró la cabeza y pudo ver como allá, en la superficie, la batalla estaba perdida. No lo dudó más y abandonó la batalla, dejando a Hermes solo resistiendo contra Hades. Pero la diosa no huyó, en cambio, se dirigió hasta la posición de Perséfone la cual seguía manteniendo la barrera. La inmovilizó por la espalda, y encaró a Hades con ella en manos. El dios del Inframundo, al darse cuenta de que la diosa se dirigía hacia donde se encontraba su esposa, lanzó al suelo a Hermes con un potente ataque y cargó lo más rápido que pudo, pero no llegó a tiempo.

 

-¡Detente!.-le exclamó Démeter con Perséfone a la que agarraba con un brazo, y con el otro (con el cual empuñaba su espada) apuntaba hacia el cuello de su hija.-Detente ahora o la mataré.

 

Hades, a regañadientes, obedeció. Frunció el ceño aún más que nunca.

 

-Bien, hermano...-comenzó a decir Démeter.-Ordena a tus tropas que se rindan ahora mismo si no quieres ver como le corto el cuello a ella.

 

Eso impactó a Hades quién se quedó helado por un momento, y abrió los ojos de par en par. Pero pronto volvió en sí. No estaba dispuesto a permitir que Démeter asesinara a Perséfone.

 

-De acuerdo...-dijo Hades luego de reunir el valor suficiente para decir tales palabras.

 

Pero tal respuesta decepcionó a su mujer la cual frunció el ceño aún más que nunca.

 

-¡$stúpido!.-reprendió a su marido.-¡¿Vas a permitir que todos tus esfuerzos hayan sido en vano?! ¡¿Qué las muertes de todos aquellos que juraron luchar por ti no tengan sentido alguno?! ¡¿Qué clase de hombre eres?!.

 

-¡No puedo permitir que mueras por mi culpa!.-exclamó Hades.

 

-¡Para ganar una guerra tienes que hacer sacrificios!.-exclamó Perséfone.-¡Si mi muerte sirve para que te pongas los pantalones de una maldita vez entonces estoy dispuesta a aceptarla!.-pero luego cambió el tono a uno más familiar.-¡Pase lo que pase, siempre estaré aquí contigo!.

 

El dios del inframundo apretaba su espada con fuerza, estaba indeciso y no sabía qué hacer. Por otro lado, escuchar tales palabras sorprendieron a Démeter la cual también estaba inmóvil. Luego de unos diez segundos, Hades por fin tomó una decisión.

 

-Tienes razón.-dijo por fin, y su esposa le asintió.-Si cedo ahora a mis deseos egoísta, jamás me lo perdonaría, y tú tampoco...-y luego miró a los ojos a Démeter.-¡Si vas a hacer algo entonces hazlo ya!.

 

Pero esta permaneció inmóvil, paralizada.

 

-No puedo...-dijo por lo bajo.-No mataré a mi propia hija.

 

-¡Madre!.-exclamó Perséfone sin atreverse a creerlo.

 

Pero luego de tal respuesta, Hermes reaccionó y arrojó la daga directamente hasta donde se encontraban ambas diosas. La hoja las atravesó a ambas. Hades abrió los ojos de par en par, lo mismo hicieron Perséfone y Démeter, sorprendidas por tal acción. Lentamente, el dios de la muerte vio como estas caían al suelo. Volteó la cabeza y pudo ver como detrás suyo estaba Hermes.

 

-Te lo dije, Hades.-afirmó el dios.-Solamente dos dioses saldrían vivos de aquí.

 

Y dicho esto, se marchó a toda velocidad del lugar, elevándose en el cielo, convirtiéndose nuevamente en lo que parecía ser un rayo de luz. Pero Hades no estaba dispuesto a permitir que Hermes se marchase así como así.

 

-¡Maldito!.-rugió Hades mientras le arrojaba técnicas, más ninguna acertó.

 

Luego de eso fue hasta donde estaba Perséfone, tanto ella como su madre no tenían pulso, el mismo Hades lo comprobó. Se quedó allí, al lado del cuerpo de su mujer, para luego arrodillarse. Albiore y su grupo llegaron hasta allí, corriendo. Se detuvieron al ver la situación, y el Caballero de Cefeo bajó la vista al ver a Perséfone muerta. Luego de eso, se aproximó hasta Hades, pero este le habló.

 

-Aléjate, Albiore.-le ordenó al Caballero de Cefeo.-No quiero volver a verte ni a ti ni a ningún otro Caballero de Atenea nunca más.

 

Albiore estaba por insistir pero se contuvo, dio media vuelta y siguió caminando.

 

-Al menos Perséfone lo hubiera entendido.-dijo Albiore mientras se retiraba.-Ella lo sabía muy bien...

 

...

 

La victoria en el segundo asedio del Castillo de Hades pronto se vio interrumpida por la noticia de la muerte de la diosa Perséfone. Las celebraciones se detuvieron de inmediato, lo que antes parecía ser un logro pronto se transformó en una derrota. Habían perdido a algunos soldados en esa batalla. Jango pudo contemplar el como transportaban en una camilla el cuerpo de aquel Espectro joven que había dudado de la táctica que los Jueces elaboraron. Se quedó mirando los ojos de ese joven los cuales miraban a la nada. Solo había silencio, nadie hablaba, solo trabajaban, así aliviaban el dolor. "El sonido de la muerte" recordó Jango.

 

Rafaelo se le acercó y se quedó allí parado a su lado, haciéndole compañía a su amigo. Él había tenido la suerte de salir tan solo con unos cuantos rasguños, por otro lado, Jango se había ganado una nueva cicatriz en el rostro por un descuido mientras luchaban con varios Ángeles a la vez. Ver a los Espectros despechados produjo una cierta sensación de vacío dentro de Jango. Ya habían sido comunicados de que Hades había rechazado tal alianza con Atenea, sintió el amargo sabor de la derrota dentro de él.

 

Pronto, Albiore, Cristal, Krishna y Bud se reunieron con ellos. Rafaelo le lanzó una mirada expectante a Cristal, como si aún tuviese la esperanza de que Hades haya decidido cambiar de opinión a último momento, pero su compañero negó con la cabeza, por lo que Rafaelo bajó la vista. Una vez estando el grupo completo nuevamente, quedaron enmudecidos. Albiore quería decir algo pero se quedó callado. Fue Bud quién rompió el silencio.

 

-Hemos fracasado...-dijo este con pesar.-¿Qué se supone que haremos ahora?.-preguntó, mirando a Albiore.

 

-Tenemos que irnos...-respondió Albiore.

 

-Pero sin el ejército de Hades no podremos hacer nadar.-dijo Jango.

 

-Tendremos que encontrar otra forma.-afirmó Albiore a todo el grupo.-No lo olviden, nosotros somos la punta de la lanza.-y luego sonrió.-No podemos desanimarnos ahora, muchos confían en nosotros. Tenemos que seguir luchando juntos, y encontraremos la manera de parar esta guerra.

 

Jango y Bud permanecieron serios, pero Rafaelo comenzó a esbozar una sonrisa, Cristal asintió con la cabeza, y Krishna miró a Albiore con aprobación. No habían logrado su objetivo esta vez, pero no todo estaba perdido aún.

 

-Bien...-comenzó a decir Albiore.-Volvamos a la Aryan Knight y vayámonos a la mi$rd@de una vez por todas.

 

Y dicho esto, comenzó a caminar, seguido de su grupo, hasta la nave la cual había aterrizado cerca del Castillo de Hades. Pero en el camino se cruzaron con el Juez, Aiacos de Garuda, el cual iba seguido por una pequeña tropa de Espectros, entre ellos Valentine de Harpía (quién también había recibido algunos ataques durante la batalla).

 

-Albiore...-le saludó Aiacos.-Vengo a darte mi regalo de despedida.

 

-¿Regalo de despedida?-preguntó Albiore, sorprendido.

 

Aiacos se le acercó un poco.

 

-Le debemos mucho a ti y a tu grupo.-afirmó Aiacos.-Por eso, déjenme compensarlos por todo lo que hicieron por nosotros todo este tiempo.

 

Miró para todos lados, luego se le acercó más a Albiore, y le entregó una nota de papel en la mano al Caballero de Cefeo.

 

-Sé que no es mucho.-dijo Aiacos.-Pero esta nota contiene datos de una excavación que están llevando a cabo los Ángeles del Olimpo. Nuestros exploradores los han avistado por todo el mundo buscando objetos enterrados. Según lo que nos informaron, están buscando un "arma letal". Espero que esta pista te sirva, amigo mío.

 

Y luego de decir eso, se marchó junto a su tropa, dejando solos al grupo de Albiore.

 

-Bueno...-dijo este con optimismo.-Creo que ya sé dónde podemos empezar...

 

Dicho esto, se dirigieron hacia la Aryan Knight y la abordaron. Después de un rato, la nave despegó finalmente, y el grupo de guerreros, en los cuales todos depositaron sus esperanzas, se marchó hacia su próxima aventura.


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#25 T-800

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Publicado 06 diciembre 2017 - 16:40

-me pregunto para que servirá esa esfera

 

- Rhadamanthys. es todo un lider estrategico

 

-Valentine se ve que es leal  a su ejercito

 

-para mi que  Krishna fumo de la mal y por eso empezó

a imaginarse a sus camaradas

 

-lastima que dohko no estaba ahi el hubiera podido vencer fácilmente al titan--XD

 

-



#26 Macairo de Cancer

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Publicado 07 diciembre 2017 - 14:40

-me pregunto para que servirá esa esfera

 

- Rhadamanthys. es todo un lider estrategico

 

-Valentine se ve que es leal  a su ejercito

 

-para mi que  Krishna fumo de la mal y por eso empezó

a imaginarse a sus camaradas

 

-lastima que dohko no estaba ahi el hubiera podido vencer fácilmente al titan--XD

 

-

1)Na, la esferita solo incrementa en gran magnitud el poder del usuario, no tiene una función muy relevante para la trama, lo importante es el contenido de la otra caja, la que desenterraron la otra vez.

2)Minos, Minos es la posta.

3)Todos son leales, más o menos.

4)El único que fuma es Saga.

5)Albiore y los otros siguen las órdenes de Dohko, en teoría, cada enemigo al que matan en realidad es asesinado por Dohkodios.


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#27 Macairo de Cancer

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Publicado 26 enero 2018 - 00:46

Capítulo 7: Cautivos

 

A partir de la información que le entregó Aiacos a Albiore, una importante excavación, dirigida por los ejércitos del Olimpo en secreto, estaba siendo llevada a cabo en el desierto de Nevada en los Estados Unidos, por lo que la orden del Caballero de Plata fue que la nave se dirigiera hasta allí. No debía de preocuparse por los sistemas de detección aérea de dicho país, este había sido devastado en la primera oleada de ataques que realizaron los ejércitos del Olimpo, tan solo debían de preocuparse de no ser vistos por estos.

 

Mientras esperaban que la nave llegase, el equipo de la tripulación comenzó a hacer los preparativos para esta misión. Rafaelo tomó una siesta en su camarote, el cual compartía con el Caballero de Cristal. Ante los fuertes ronquidos de su compañero de habitación, este optó ir a tomarse un baño, por otro lado, Krishna fue a la enfermería a que le revisasen una herida que se había abierto en su batalla contra Maxul, Albiore fue hasta una habitación sin ruido para intentar comunicarle las noticias al Patriarca Dohko. Bud y Jango se sentaron a conversar en la sala de juntas la cual poseía una mesa la cual en ese momento se encontraba vacía.

 

Platicaron sobre distintos temas, actualidad, noticias del frente, la situación en Asgard, el movimiento de los Ejércitos del Olimpo, etc. A Jango le caía bien Bud, era un soldado y muy experimentado, un digno dios Guerrero. Este le contó su anécdota acerca de la batalla que ellos habían tenido contra aquel Titán, en el segundo asalto al Castillo de Hades.

 

-Dijo que no era el único.-rememoró Bud preocupado.-Se necesitó un ataque de gran magnitud para acabar con él, ¿Qué tal si tienen de reserva un ejército entero de esos?.

 

-Van a caer.-afirmó Jango confiado.-Por más poderosos que sean, solo tienen una cabeza cada uno. Córtasela y se dejarán de mover, ya lo verás.

 

-No creo que sea tan sencillo.-reflexionó Bud, aunque ya no parecía darle tanta importancia al tema.-Y quizás tengamos suerte, es decir, hemos gozado de mucha hasta ahora, ¿No?.

 

-Bueno, es cierto...-le corroboró Jango. Luego de una pausa, decidió cambiar el tema.-Por cierto, me dijeron que tú estuviste allí con Albiore y Cristal desde el principio, ¿No es así?.-preguntó.

 

-Creo que "desde el principio" no es el término que yo usaría.-respondió Bud.-Todos los compañeros que en verdad estuvieron junto a Albiore desde el principio, murieron, a excepción de Aioros. En cambio, estuve allí cuando se pasó por Asgard, y lo acompañé por el Inframundo.

 

-¿Al inframundo?.-preguntó Jango, sorprendido e incrédulo a la vez.

 

Y en eso, la puerta de la sala de juntas se abrió, dejando al descubierto al Caballero de Cristal quién aún estaba secando su cabello con una toalla. Volvía a vestir su Armadura, preparado para cuando la Aryan Knight aterrice. Detrás de él estaba Rafaelo aún somnoliento, Cristal le había despertado para que su compañero esté preparado cuando sea necesario.

 

-Yo soy testigo de eso.-afirmó Cristal quién había oído la conversación.-Yo estuve ahí cuando hicimos un sorteo para ver quién acompañaría a Albiore hasta el inframundo.

 

-Sorteo...-repitió Jango, sospechando acerca de a que se refería su compañero.

 

-Jugamos a la ruleta rusa.-dijo Cristal como si fuese un tema natural.

 

Y dicho eso, se sentó en una silla libre. Rafaelo también lo hizo mientras se reía.

 

-¿Eso es verdad?.-preguntó sonriendo.-Debes contármelo algún día.

 

El Caballero de Cristal asintió. Nótese que cuando este hacía alguna expresión con su rostro, sus cicatrices en el rostro resaltaban, detalle que no pasó desapercibido por Jango ni por Rafaelo.

 

-Por cierto...-comenzó a decir Jango, dirigiéndose a Cristal.-Me estaba preguntando últimamente, ¿Dónde te hiciste esas cicatrices?.

 

-Ah, ¿Estás?.-le preguntó Cristal, señalándose el rostro.-Mi padre era un alcohólico...-comenzó a decir en tono natural.-Un día bebió más de la cuenta y se puso violento. Mi madre tomó un cuchillo de la cocina para defenderse, a él no le gustó eso, ni si quiera un poco. Lo vi todo...-afirmó mirando a todos los presentes mientras fruncía el ceño.-El volteó hacia mi y me preguntó, ¿Por qué tan serio, hijo?, y me colocó el cuchillo frente a mi rostro. "Le voy a poner una sonrisa a ese rostro", dijo.

 

-¿Eso es cierto?.-preguntó Jango, abriendo los ojos.

 

-Nah...-respondió Cristal, meneando la cabeza, para luego mirarle.-Uno de tus hombres me lanzó un rayo ken en la isla de la Reina Muerte, y me deformó el rostro, es todo.

 

-Hay...-se lamentó Jango, sin cambiar su expresión de sorpresa.-Bueno, lo siento...

 

-Ni me importa.-le calmó Cristal.-Me ofrecieron llevar una máscara como el fracasado que enseña en la isla de la Reina Muerte, pero la rechacé, me gustan mis cicatrices a decir verdad.

 

Y una vez que Cristal dejó de hablar, Bud miró a Rafaelo.

 

-Bien, Caballero de Junini.-le dijo.-Es hora de que comiences tu historia, ¿En qué momento te uniste al grupo?.

 

-Soy un Caballero Sonota.-explicó Rafaelo.-Pero hice un trabajito que podríamos considerar "ilegal", bajo los ojos del Santuario, claro.-aclaró ante la mirada de desaprobación de Bud.-Eh... Contrabando ilegal de plantas alucinógenas...

 

-Pero eso es ilegal en muchas partes del mundo.-le contradijo Bud, frunciendo el ceño.

 

Por otro lado, Cristal y Jango se rieron.

 

-Sí, ya lo sé...-lo reconoció Rafaelo.-Cuando me atraparon con las manos en la masa, uf... Se armó un despelote bárbaro.-comentó en tono sarcástico.-Ya tenía cargos por otras estúpideces, ya sabes... Sobornos, peleas con otros caballeros, trabajar estando ebrio, cosas así. Pensaron seriamente en quitarme la Armadura y el rango de Caballero, pero uno de los jerarcas de alto rango, Saga de Géminis, intervino para que la condena sea menor, así que solo me suspendieron por un par de meses. Y después me enteré por que él habló en mi nombre...-y miró a todos los presentes.-El cargamento era para él...

 

-Perdona que te interrumpa.-dijo Bud alzando las dos manos.-Pero, siendo así, ¿Cómo demonios te volviste un Caballero?.

 

-Es que en realidad no soy un Caballero por así decirlo.-respondió Rafaelo.-Entrené para obtener una Armadura, sin embargo, al final de mi entrenamiento, Tony, uno de los altos jerarcas, al que nosotros le llamábamos "El loco Tony", vino hasta mi y me dijo.-y Rafaelo comenzó a imitar la voz de un hombre con voz gruesa.-"Mira, Rafaelo, eres buen sujeto y todo, lo sé, pero... No da... ¿Entiendes?, es decir, eres una mi$rd@, Rafaelo, un desastre, uno de los peores reclutas que vi en toda mi vida, así que por favor, si algún día un sujeto te ofrece unirte a él para irte del Santuario, vete a la reverenda mi$rd@, por favor". Pero el Patriarca Shion había visto mis habilidades y me ofreció un puesto entre los Caballeros Sonotas, y aquí estoy.

 

Estaba claro, a Bud no le agradaba mucho Rafaelo pero estaba dispuesto a colaborar con él por el momento. Aún así recordó a Jango e inmediatamente se le vino a la mente que él posiblemente había hecho cosas peores como líder de los Caballeros Negros. Estaba allí, en medio de todo un grupo de "marginados", guerreros virtuosos y despreciables, honorables y pragmáticos, personas no muy valoradas por sus aspectos sociales, pero cuyos superiores no dudan en llamarlos cuando todas las demás tácticas convencionales fallan.

 

Se marchó de la habitación dejando solos a Cristal, Rafaelo y Jango, y se quedó de pie en un pasillo de la nave, solo, aguardando hasta que esta llegase a su destino. Luego de estar largo rato en silencio, sacó de su bolsillo una daga maltratada por el tiempo, en cuya empuñadura había una B. Se quedó mirándola largo rato, y no se percató de que Krishna, quién regresaba de la enfermería (con unas cuantas banditas en el rostro, y una venda en su brazo derecho), se acercó sigilosamente hasta él, y se quedó de pie cerca hasta que finalmente decidió romper el silencio con su gruesa voz.

 

-¿Qué es eso?-le preguntó el General Marina.

 

Bud se sobresaltó un poco por esto y estuvo tentado en guardar la daga rápidamente, pero se detuvo al darse cuenta de que esto no serviría de nada, que su compañero ya le había visto con ella.

 

-¿Cuanto estuviste observándome?-le preguntó Bud molesto y frunciendo el ceño.

 

-No mucho.-le respondió Krishna en tono natural.-Por cierto ¿Me vas a decir que tienes entre manos?-volvió a preguntarle.

 

-Ah ¿Esto?-dijo Bud primero mirando a su daga y luego hacia Krishna, dejando de fruncir el ceño e intentando quitarle importancia a la daga.-No es nada, es una simple arma de reserva que llevo conmigo.

 

El General Marina notó el nerviosismo en la voz del dios Guerrero por lo que no dejó de insistir y se la arrebató de la mano en un movimiento rápido que ni el mismo Bud pudo prever. Si el General Marina lo hubiese intentado antes del asalto al Castillo de Hades, posiblemente habría fallado, pero desde su pelea con Maxul, sus habilidades y sentidos se habían agudizado.

 

-¡Oye!-le gritó Bud molesto.-¡Devuélveme eso!

 

Pero fue demasiado tarde, y Krishna desenfundó la daga. Como lo esperaba, la hoja estaba impecable aún a pesar de que la funda estaba un tanto maltrecha por el pasar de los años. Pero no pudo revisarla mucho ya que Bud se la quitó rápidamente y la volvió a enfundar.

 

-Esa arma nunca ha visto una batalla.-afirmó Krishna astutamente.-Incluso dudo que alguna vez la hayas utilizado para algo.-y luego sonrió de forma burlona.-No me digas que ese objeto tiene un valor sentimental para ti.

 

El dios Guerrero de Mizar Zeta estaba preparado para contradecir las palabras del General Marina, y estuvo tentando de intentar inventarse cualquier excusa que justificase el hecho de que portara tal daga, pero para su sorpresa, el deseo de revelar la verdad fue más grande que esto.

 

-Así es.-respondió Bud hecho una furia.-Lo tiene ¿Algún problema con eso?

 

Y dicho eso, se lo guardó en el bolsillo nuevamente. Krishna estaba a punto de hablar nuevamente, pero ambos fueron interrumpidos por Albiore de Cefeo quién acababa de llegar. Vestía su Armadura de Plata, y llevaba en manos su Ak-47 de plata.

 

-Bud, Krishna.-les llamó a ambos, en tono natural.-¿Qué hacen acá?

 

Ambos giraron la cabeza hacia Albiore quién comenzó a caminar tranquilamente hasta donde se encontraban ellos. Bud permaneció quieto, pero Krishna se le adelantó y fue con el Caballero de Plata, algo que preocupó al dios Guerrero puesto que temía que le hablase a Albiore acerca de la daga que llevaba consigo. Pero Krishna no lo hizo, más intentó desviar la pregunta inicial de Albiore.

 

-Estábamos teniendo una conversación amistosa.-afirmó Krishna naturalmente.-Y luego emprendimos una inspección rutinaria en la nave, ¿Y tú?-le preguntó a Albiore.

 

-Ya he contactado con el Patriarca.-le respondió Albiore seriamente.-Se ha enterado de la situación. Tal parece que está retrasando el ataque al Olimpo por nosotros así que espero que valga la pena lo que sea que vayamos a encontrar en esa excavación.-y luego encaró a ambos guerreros.-Avisen a todos que llegaremos pronto al desierto de Nevada.-les ordenó.

 

...

 

Asterión intentaba conducir el auto, tarea de gran dificultad a causa de que las rutas alemanas se encontraban en un estado lamentable a causa de una guerra civil que había comenzado en el país. Conducía siguiendo las indicaciones de Heiser, con el fin de llegar hasta la base militar de la que él les había hablado unas horas antes. Ya había oscurecido, lo que les daba más seguridad a Asterión, Sirius y a Heiser a causa de que así sería menos probable de que el ejército del Olimpo les encontrase. De todas formas no pasaba ninguna alma por las rutas además de ellos, por lo que si alguien se acercaba, ellos se enterarían al instante.

 

Luego de un largo viaje, lograron ver a la dichosa base militar a lo lejos, iluminada como una antorcha encendida en medio de la oscuridad. Ocupaba una parcela de tierra cuadrada, y se encontraba resguardada por grandes vallas electrificadas. A lo alto se alzaban torres de vigilancia las cuales posiblemente se encontrarían ocupadas por francotiradores. Sirius pudo ver un aeropuerto lleno de cazas de combate, y cerca un estacionamiento en donde estaban apostados varias docenas de tanques.

 

-Allí es.-le indicó Heiser a Asterión.

 

Se aproximaron un poco más a esta hasta que pudieron ver un camino  de tierra que llevaba hasta la entrada de la base la cual estaba vigilada por un puesto de control conectado a una valla la cual no se levantaría a no ser que el guardia diera la orden. Asterión se aproximó hasta este y bajó la ventanilla del auto con el objetivo de hablar con quien quiera que sea que se encontrara allí vigilando. Fue grande su sorpresa al percatarse de que el puesto de control se encontraba completamente vacío.

 

-Aquí hay algo raro.-afirmó Asterión un tanto confundido.-¿No se supone que debería de haber alguien vigilando la entrada?

 

-Sería lo normal.-le corroboró Heiser quién también parecía desconcertado.

 

-Tendremos que bajar para averiguar qué sucede.-dijo Asterión.

 

Y dicho eso, bajó del auto y se aproximó hasta la valla, mientras tanto Heiser y Sirius hicieron lo mismo. Heiser miró de arriba a abajo la valla, le apuntó con su brazo derecho y le dio un potente golpe la cual la mandó despedida hasta el otro extremo, chocó contra una estructura, y se hizo añicos. El soldado alemán se quedó estupefacto por esto, pero Asterión y Sirius entraron naturalmente ya que para ellos era algo común el destruir de un solo golpe un objeto tan resistente como ese.

 

Los tres entraron y se pasearon por la base la cual parecía estar desierta. Pasaron por estructuras con alojamientos para los soldados, armerías, comedores, talleres, salas de entretenimiento, etc. No parecía haber nadie, o al menos eso creyeron por un momento hasta que tanto Asterión como Sirius se percataron de que en realidad estaban siendo observados por varios ojos a la vez. Ambos se detuvieron en seco y voltearon con gran velocidad, y gracias a esto pudieron ver como siluetas, a lo lejos, se ocultaban. Heiser también se detuvo al darse cuenta de que los otros dos ya no avanzaban.

 

-¿Qué hacen?-les preguntó a ambos Caballeros.

 

-Nos vigilan.-respondió Asterión seriamente.

 

Al oír esto, Heiser retrocedió hasta donde estaban ellos, y vio hacia la nada con la esperanza de poder encontrarse con algunos de sus camaradas.

 

-¡Oigan!-les gritó.-¡¿Me escuchan?!-preguntó a quién quiera que sean aquellos que les seguían.-¡Soy yo, Heiser!

 

Y al oír ese nombre, se escucharon murmullos por toda la base. Sirius y Asterión intercambiaron miradas. Finalmente, una voz, a lo lejos, se escuchó.

 

-¡¿Heiser?!-preguntó una voz masculina.-¡¿Eres tú en verdad?!

 

Y luego de eso, varias luces de linternas se pudieron divisar, las cuales provenían de varias direcciones. Las llevaba militares que vestían el mismo uniforme que Heiser, y la mayoría portaban fusiles G36. Eran un grupo numeroso, de quizás doscientos soldados, y su cabecilla era un soldado de cabello claro y barba rala. Este era quién había reconocido la voz de su compañero, y también a quién Heiser se dirigía.

 

-¡Heinrich!-le saludó Heiser, alegre.

 

-¡Heiser!-exclamó Heinrich.-¡Pensábamos que estabas muerto!-y luego vio a los dos Caballeros de Plata.-¿Quienes son estos sujetos?-preguntó.

 

-Ellos son Sirius y Asterión.-les presentó Heiser a sus compañeros.-Son dos guerreros muy poderosos, no me creerían si les dijese de lo que son capaces.-afirmó el soldado.

 

Uno de los soldados alemanes que estaba presente, de cabello oscuro y mandíbula cuadrada, corroboró esa aclaración.

 

-Eso es cierto.-afirmó con una voz gruesa.-Yo les vi. Uno de ellos destruyó la entrada con tan solo un golpe.

 

Y dicho eso, todos los soldados comenzaron a hablar en alemán entre ellos, parecían estar discutiendo algo. Algunos sonaban escépticos, otros sorprendidos. Esto molestó un poco a Asterión quién era el único presente que no entendía nada de lo que hablaban, en cambio para Sirius y Heiser, el alemán era su lengua madre, y siguieron la conversación.

 

-¡Oigan!-les gritó Asterión a todos, interrumpiéndolos.-¿Pueden dejar de hablar entre ustedes? No hemos venido aquí a perder el tiempo. Oímos que algo extraño estaba sucediendo por aquí.

 

-Es cierto.-le corroboró Heiser.-¿Qué se está cociendo por aquí?-les preguntó a sus compañeros.

 

Heinrich y los demás soldados, al oír esto, comenzaron a mirarse a los rostros los unos a los otros, con preocupación y nerviosismo. Y ante las expresiones de confusión de Heiser, Asterión y Sirius, decidió hablar.

 

-Merkel está aquí.-dijo Heinrich con dificultad.-Y nos ha ordenado reunirnos aquí para rendirnos hasta el enemigo. Todos los altos mandatarios de cada país Europeo (y creo que también de otros países como Japón o Estados Unidos) han recibido una "oferta de paz" la cual exigía la rendición de las fuerzas armadas a cambio de no ser exterminados.

 

Esa respuesta sorprendió a los tres, sobretodo a Sirius quién frunció el ceño como nunca antes lo había hecho, estaba verdaderamente furioso.

 

-¡¿Qué dijiste?!-les pregunto con cólera.-¡¿Cómo pudieron permitir eso?!

 

Los soldados alemanes se sobresaltaron ante tal reacción por parte del Caballero de Plata. Por otro lado era Heinrich quién más sorprendido estaba puesto que Sirius se dirigía a él.

 

-Escucha...-comenzó a decir con la voz quebrada.-No es que nos agrade la idea pero tampoco podemos hacer nada, son órdenes de arriba, ¿Entiendes?

 

-"Ordenes de arriba".-repitió Sirius en tono burlón y luego miró a su alrededor, dirigiéndose a todos los soldados.-Escúchenme, grupo de ineptos, ustedes son soldados alemanes, y los soldados alemanes jamás se rinden ¿Les quedó claro?-les preguntó e hizo una pausa, para luego continuar.-Los soldados alemanes no fueron derrotados en la Segunda Guerra Mundial sin antes dar todo lo que tenían, aún a pesar de que los atacaban por todos los frentes y les cortaban las líneas de suministros todo el tiempo. Eran guerreros, y ustedes descienden de ellos, lo llevan en la sangre. Díganme, ¿Cómo creen que se sentirían ellos si vieran que sus descendientes son unos fracasados que no pueden proteger lo que ellos amaron? ¡Pónganle huevos, j@der!-y luego miró directamente a Heinrich.-Llévame hasta Merkel ahora.-le exigió.

 

El soldado alemán no puso objeciones, asintió con la cabeza, y comenzó a caminar hacia el norte guiando a Sirius quién le siguió de cerca. Asterión no dudó en seguir a su compañero. Por otro lado, los demás soldados quedaron inmóviles, conmocionados por ese discurso que Sirius había recitado, es más, en realidad había sido un reproche. Heiser se colocó al frente de todo el grupo y volteó hasta estos.

 

-Ese hombre no se equivocó en nada de lo que dijo.-afirmó Heiser con decisión.-Era nuestro deber proteger nuestra tierra y no hicimos nada para evitar que todo esto sucediera. Voy a apoyarlo.

Y dicho esto, siguió a Sirius, Heinrich y a Asterión los cuales ya se les habían adelantado. Pasado un momento, el soldado de la mandíbula cuadrada sonrió y decidió seguir a Heiser quién aún no estaba muy lejos.

 

-¡Por fin alguien pone orden!-exclamó mientras marchaba, empuñando con decisión su rifle francotirador.

 

Y no se fue solo ya que al menos una docena de soldados le siguieron. Luego otro par decidió marchar también, luego otra docena, y así siguió hasta que finalmente todos los soldados marcharon hasta donde Merkel se encontraba.

 

Heinrich condujo a Sirius y Asterión hasta un gran edificio de ladrillo en medio de la base militar, cuya entrada eran unas doble puertas de un color verde oscuro, blindadas. Del interior se oían cientos de voces, todas gritando cosas diferentes, sin embargo los dos Caballeros de Plata no tenían ni idea acerca de como la estructura luciría por dentro a causa de que no tenía ninguna ventana.

 

-Aquí es.-le dijo Heinrich a Sirius.-Allí adentro podrás encontrar a la canciller junto a diversos funcionarios del gobierno. El resto de las fuerzas armadas se encuentro dentro, y también están abajo, en un bunker subterráneo.

 

Mientras él le hablaba, Heiser les alcanzó y se posó cerca del grupo, formando un cuarteto. Luego de oír lo que Heinrich tenía para decir, Sirius no lo dudó en ningún instante y se acercó a la puerta. Respiró hondo, y le propinó una patada la cual provocó que esta, por más blindada que se encontrara, se abriera de par en par, emitiendo un muy agudo ruido que inundó a toda la gran sala, y cayó a todo el mundo. Sirius no perdió el tiempo y entró seguido de Asterión, luego de Heinrich, y finalmente por Heiser.

 

Adentro había una gran sala de mando repleta de computadoras ocupadas por estadistas y otro tipo de trabajadores. Los funcionarios del gobierno se paseaban por la sala, controlando que todo salga bien. También habían militares por todos lados, portando sus rifles, y cuidando que no hayan disturbios. Y al fondo, sobre una especie de escenario, y sentada en una silla dorada estaba Angela Merkel (y detrás de ella, dos soldados de alto rango resguardándola). Todo el mundo giró violentamente hasta Sirius quién llamó la atención de toda la sala.

 

-¡Heinrich!-gritó uno de los soldados que cuidaban de Merkel.-¡¿Quién es este irreverente?!-le preguntó.

 

El soldado Heinrich siempre había seguido las órdenes de sus superiores, y los dos guardaespaldas de Merkel no eran la excepción. Pero esta vez se aproximó junto a Sirius y respondió desafiantemente.

 

-¡El es Sirius!-le presentó a todos los presentes.-¡Un soldado alemán, y me pesa decir que es el último de los soldados alemanes! ¡Tienes las pelotas bien puestas, no como tú!

 

Ante tal declaración, hubo una oleada de murmullos entre todos los presentes los cuales estaban sorprendidos por dicha insubordinación por parte de Heinrich. Sirius no se quedó callado y se dirigió directamente a Merkel.

 

-He venido a detenerte, vieja bruja.-afirmó Sirius.-Durante años has destruido el orgullo del pueblo alemán, lo humillaste, permitiste que inmigrantes entraran si freno a violar a todos nuestros ciudadanos. Para ti, todo hombre que no sea alemán o sea un.-y en este punto, Sirius cambió su tono a uno burlón.-"un pobre discriminado por la sociedad".-y recuperó su tono normal.-tiene más valor que un ciudadano alemán.
 

Pero Merkel no se quedó callada, se incorporó y dio unos pasos hacia Sirius.

 

-Compañeros presentes.-dijo ella dirigiéndose a todos el mundo.-¿Acaso ven a un hombre de piel oscura junto a este sujeto? ¿O a una mujer? ¿O a un homosexual? ¿O a un vegano? ¿O a un musulmán? ¿O sobretodo a un judío? Pues no, por que él es un intolerante discriminador, solo escuchen su discurso lleno de odio.-afirmó ella como si fuese algo obvio.-Alemania está progresando.

 

-Y también será destruida por tu culpa.-afirmó Sirius con furia.-Yo he venido a salvar a Alemania para garantizar un futuro para los alemanes, pueblo al que yo pertenezco.-y luego miró a su alrededor.-¡Compatriotas! ¡¿Vamos a dejar humillarnos otra vez?!

 

En ese preciso momento apareció el resto de los soldados alemanes que habían seguido al grupo, y estos se posicionaron detrás de Asterión, Sirius, Heirinch y Heiser.

 

-¡Pues claro que no!-afirmó el soldado de la mandíbula cuadrada.

 

-¡Alemania está despertando!.-exclamó Heiser.

 

Pero de pronto, Merkel comenzó a sollozar.

 

-¡Intolerantes llenos de odio!-exclamó.-¡Por culpa de Alemania, millones de vidas se perdieron en la Primera y Segunda Guerra Mundial! ¡Fue nuestra culpa! ¡Ustedes son unos nazis!

 

Al escuchar esto, Sirius no lo dudó y se posicionó detrás de Merkel, aprovechando el hecho de que podía moverse al match 5. Y sin que nadie se lo esperaba, le dio un pequeño golpe en el cuello provocando que la canciller de Alemania cayera al suelo, inconsciente. Luego de eso, Sirius golpeó a los dos soldados que la resguardaban, y estos también cayeron inconscientes.

 

Cuando los demás soldados que vigilaban la sala se percataron de ellos, intentaron todos alzar sus armas, pero aquellos que habían seguido a Sirius se les adelantaron, entraron con la velocidad de un rayo en la sala, y apuntaron hacia todos lados.

 

-¡Tiren sus armas!-ordenó Heinrich.

 

Hubo algunos gritos por parte de los civiles no armados. Por otra parte, los guardias no tuvieron otra opción y decidieron todos comenzar a arrojar sus armas, sin embargo Sirius volvió a gritar.

 

-¡Alto, no!-exclamó, y nuevamente todos centraron su atención en él.-¡Somos soldados alemanes todos, camaradas, hermanos de armas. Nosotros no luchamos entre nosotros, nos ayudamos, y trabajando juntos salimos adelante!

 

Dicho esto, bajó del escenario y comenzó a pasearse de la sala mientras seguía hablando.

 

-Yo no estoy por encima de ninguno de ustedes.-afirmó.-Y yo tampoco estoy por debajo de ninguno. Todos somos iguales. Y nuestros héroes, los cuales antaño murieron por defender esta tierra, no deben de ser olvidados ni recordados como bestias sanguinarias. Mucho se ha dicho de que los Nacionalsocialistas eran unos monstruos desalmados, y diversos homicidas intentaron quitarnos lo que es más importante para nosotros ¡El orgullo de ser alemanes! ¡Nuestro nacionalismo! Intentaron mezclar nuestra raza germánica para volvernos seres sin hogar, sin cultura, todo en nombre de lo que llaman "diversidad" y "multiculturalismo, y los que no estaban de acuerdo con el asesinato de su raza siempre fueron tratados de intolerantes, de personas llenas de odio. Querían que rechazáramos a la familia tradicional, obligarnos a creer que los géneros pueden ser modificados, arrebatarnos nuestras creencias, nuestro orgullo, y nuestras esperanzas ¡Pero no lo lograron! ¡Por que somos alemanes y estamos orgullosos de serlo!

 

Finalmente dejó de pasearse y se acercó nuevamente a los soldados que le habían acompañado.

 

-Pero ahora el mayor problema no son los políticamente correctos.-afirmó Sirius.-Hoy nos enfrentamos a un enemigo que nuevamente amenaza nuestro futuro ¡No se rindan ante él! ¡Síganme, por favor, y luchemos para asegurar el futuro de los alemanes! ¡Hacia la victoriaaaaaaaaaaaaaaaa!

 

Al principio su grito fue lo único que se escuchó, pero luego otras voces le acompañaron. Todos los presentes gritaron, y la resonancia de miles de almas gritando llegó hasta varios kilómetros de distancia. Asterión se sorprendió, Sirius lo había logrado: Le devolvió el orgullo a un pueblo que había sido despojado de él, y nuevamente les dio esperanza de un nuevo mañana.

 

...

 

Para la infiltración en la excavación que el Olimpo estaba llevando a cabo, Albiore no pudo prescindir de ninguno de sus compañeros. Debían de proceder con cuidado, haciendo el menor ruido posible, según el plan. La Aryan Knight dejaría a los seis guerreros en una zona cercana a la excavación para luego retirarse de inmediato. Cuando Albiore lo ordenase, la nave regresaría para recogerlos y así evacuarían la excavación. La nave sobrevoló la zona desde una gran altura para no ser vistos, y logró encontrar la zona de la excavación la cual se encontraba justo en donde Aiacos les había indicado. Aún era de noche, pero pudieron verla a causa de que estaba completamente iluminada, y podían distinguir varias pequeñas siluetas brillantes en ella, por lo que dedujeron que eran Ángeles trabajando.

 

Ya hecho esto, Albiore ordenó a la nave aterrizar, y esta les dejó a varios kilómetros de distancia para no correr riesgos, y luego se marchó dejando al Caballero de Cefeo, Cristal, Krishna, Jango, Bud y a Rafaelo en tierra.

 

-Debemos avanzar hacia esa dirección.-dijo Bud señalando hacia el norte.

 

-Esto va a ser muy divertido...-comentó Jango con sarcasmo.

 

Dicho esto, el grupo se puso en marcha. No hablaron mucho durante todo el camino para ahorrar energías, debían de estar en perfectas condiciones para cuando llegaran a su destino para así infiltrarse en la base. Aprovecharon la oscuridad para no ser detectados fácilmente por los ángeles si es que alguno se encontrara allí mismo. Y a pesar de que no era muy posible de que eso sucediera, procedieron con cuidado. Caminaron si parar por horas hasta que se encontraron con un camino empinado por el cual debían subir para continuar.

 

Albiore estaba a punto de llegar a la cima cuando, por su instinto, Cristal le detuvo por último momento, tomándolo del hombro.

 

-¡Espera, Albiore!-exclamó por lo bajo Cristal.

 

El Caballero de Cefeo se detuvo en seco y, para su asombro,aquella zona en donde él estaba por dirigirse fue iluminada por una gran luz la cual luego se alejó para iluminar otra zona.

 

-¡Todos pónganse cuerpo a tierra!-exclamó Albiore por lo bajo.

 

Rafaelo, Bud, Krishna y Jango obedecieron y se recostaron sobre el suelo. Albiore y Cristal, quienes iban por delante, lo hicieron también, subieron un poco y pudieron ver a lo lejos aquella excavación: Una estructura fabricada de un material que nunca antes habían visto en su vida. A su lado se encontraba un gran agujero, tal parecía que lo habían excavado los mismos Ángeles los cuales todavía, a la luz de la luna, seguían trabajando. Por otra parte, la estructura se encontraba acompañada por torres de vigilancia las cuales tenían grandes focos haciendo de faroles con los cuales vigilaban el perímetro.

 

-No podemos entrar ahí como si nada.-comentó Albiore.

 

Y luego de eso, retrocedió junto a Cristal y reunió a todo el equipo.

 

-Escuchen todos.-comenzó a decirles Albiore.-No tendremos otra oportunidad para entrar allí por lo que debemos de hacer todo bien, y para eso necesito que tú, Bud.-dijo dirigiéndose al dios Guerrero.-Hagas un reconocimiento, acercándote a esa estructura lo más que puedas sin ser detectado. Cristal y Rafaelo.-llamó a los otros dos.-Ustedes darán un rodeo a toda la excavación, Cristal por la izquierda, y tú Rafaelo, por la derecha. Yo, Jango y Krishna nos quedaremos aquí por si algo sucede, ¿De acuerdo?

 

Bud y Cristal asintieron, por otro lado Rafaelo lo hizo a regañadientes pero también obedeció. Los tres guerreros se marcharon a hacer un reconocimiento rápido a la excavación, dejando a los otros tres solos a la espera del regreso de sus compañeros. Albiore aguardó pacientemente, por otro lado Jango y Krishna comenzaron a hablar entre ellos.

 

-No será fácil entrar allí.-afirmó Krishna seriamente y entrecerrando los ojos.-Debemos de tener sumo cuidado.

 

-¿Tú qué crees que podamos encontrar allí?-le preguntó Jango algo intrigado.

 

-No lo sé.-lo reconoció Krishna.-Pero si el Olimpo gasta recursos en ello, debe de ser muy importante.-dijo astutamente.-Quizás antaño se enterró conocimientos importantes, un arma de alto calibre, y hasta incluso un objeto de gran valor. Una vez escuché hablar de ese tipo de objetos, enterrados por los dioses en la Guerra Mitológica por que no podían confiar en que nadie más se apoderara de ellos, para solo desenterrarlos en un momento de gran necesidad ¿Qué crees que les sucedía a aquellos que los enterraban?

 

-Déjame adivinar.-dijo Jango deduciendo la respuesta.-Les asesinaban para guardar el secreto, ¿No?

 

Krishna asintió. Esperaron por un tiempo hasta que finalmente regresó Bud quién les comunicó que los Ángeles que resguardaban la entrada tenían una ruta prefijada la cual seguían al pie de la letra. Hecho esto, Albiore comenzó a formular un plan en silencio, por lo que los demás se limitaron a esperar el regreso de Cristal y Rafaelo. Bud se sentó en el suelo, y a su lado se ubicó Krishna quién permaneció callado por un tiempo. Fue Bud quién rompió el silencio.

 

-Pensé que le hablarías a todos acerca de la daga.-le susurró a su compañero sin mirarle.

 

-Estuve tentado, lo admito.-afirmó Krishna.-Aún así, déjame decirte que me malinterpretaste. Yo jamás me burlaría por que lleves algo así.-dijo Krishna.-Quizás no tanto.-añadió luego de una pausa.-A propósito, ¿Cuál es su historia?

 

Bud no iba a responder, ni tampoco hubiera tenido tiempo para hacerlo puesto que más pronto que tarde llegaron Cristal y Rafaelo contaron todo lo que habían visto durante la misión de reconocimiento. Una vez que terminaran sus relatos, Albiore se puso manos a la obra.

 

-De acuerdo.-dijo el Caballero de Cefeo.-Haremos lo siguiente.-y dicho esto, volteó para ver a Krishna.-Oye Krishna, pasame tu lanza, ¿Quieres?-y Krishna se la entregó, la cual Albiore tomó con ambas manos y comenzó a garabatear en la arena.-Según lo que Bud, Cristal y Rafaelo contaron, la entrada de aquí.-dijo dibujando una puerta.-es una entrada trasera por lo que no es altamente vigilada, tan solo hay dos Ángeles que se turnan para vigilar la puerta en pequeños lapsos de tres minutos aproximadamente.-y dibujó dos palitos los cuales terminaban en un círculo (que representaba sus cabezas), les colocó extremidades, y una carita sonriente a cada uno, a uno le dibujó una X en la cabeza y al otro una Y.-Bien, cuando X se vaya.-y lo dibujó marchándose.-Bud atacará a X.-y dibujó otro palito pero este tenía el casco de un tigre en la cabeza.-Luego de eso, yo y los demás, a excepción de Cristal quién se quedará atrás para ayudar a Bud, entraremos.

 

-Me parece bien.-dijo Bud.

 

-Cuando Y regrese, ustedes deberán acabar con él así como lo hicieron con X.-continuó explicando Albiore.-Y se quedará vigilando por si algo sucede. En ese caso deberán avisarnos, ¿De acuerdo?

 

-Así será.-dijo Cristal confiado en su habilidades.

 

-Por otra parte...-comenzó a decir Albiore.-No tengo ni idea de que nos podemos encontrar una vez que estemos adentro, pero si todos hacemos nuestra parte, podremos salir de aquí, ¿De acuerdo?

 

Todo el grupo asintió. Luego descansaron un rato para prepararse y llevar a cabo la misión. Cuando ya estuvieron listos se pusieron en marcha hacia la excavación, primero partieron Bud y Cristal para llevar a cabo su parte en el plan. Bud le atacó por la espalda al Ángel, y Cristal le remató cuando ya estaba en suelo, luego escondieron el cuerpo, y le hicieron señas al grupo de Albiore para que se aproximase.

 

-¿Por qué tengo la impresión de que todo esto va a salir mal?-se preguntó Jango un tanto molesto.

 

Corrieron procurando no ser enfocados por las luces de las torres de vigilancia, y llegaron hasta donde el Caballero de Cristal y Bud les esperaban.

 

-¡Suerte!-susurró Albiore mientras entraba primero.

 

Fue seguido por Jango, luego por Rafaelo y finalmente por Krishna. Los cuatro entraron haciendo el más mínimo ruido, andando casi en puntas de pie. No sabían que se encontrarían allí, tan solo tomarían lo primero que se encontraran y después se marcharían lo más rápido posible. Cruzaron pasillos los cuales parecían estar hechos de metal y a su vez estos desprendían luces que iluminaba por dentro la estructura. Iban hacia donde no veían Ángeles y así continuaban su camino hasta que finalmente dieron con una habitación la cual parecía estar vacía.

 

Esta estaba casi completamente a oscuras de no ser por que en un extremo había un ordenador con una gran pantalla que desprendía algo de luz. Entraron inmediatamente y cerraron la puerta con cuidado.

 

-¿Hay algo de valor aquí?-preguntó Rafaelo.

 

-Eso vamos a averiguar ahora.-afirmó Krishna quién se acercó al ordenador y comenzó a escribir con un teclado que este tenía.

 

Albiore, Jango y Rafaelo se acercaron hasta ese aparato y se quedaron contemplando a Krishna quién trabajaba silenciosamente, tecleando sin parar. Parecía estar muy concentrado en lo que hacía.

 

-Oye Krishna.-le llamó Rafaelo.-¿Sabes lo que haces?

 

-Eso creo.-dijo el General Marina.-Esta computadora tiene un lenguaje de programación muy extraño pero que, al hacer bien las cosas, sientes una sensación de tranquilidad, es difícil de describir.

 

Tal declaración confundió un poco a Rafaelo y a Albiore. Por otro lado, Jango se cruzó de brazos, bajo la cabeza y cerró ambos ojos.

 

-¿Qué quiso decir con eso?-se preguntó Rafaelo, estupefacto.

 

-Que no sabe qué car@jo está haciendo.-respondió Jango.-Pero por pura suerte le está saliendo bien.

 

-No suena tan mal...-comentó Albiore.

 

De pronto, en la pantalla apareció algo que los dejó estupefactos a todos: Un objeto que parecía ser un gigantesco cañón de metal el cual estaba apoyado en el suelo en dos patas.

 

-¿Qué es eso?-le preguntó Albiore a Krishna.

 

-Es una especie de "super-arma".-respondió Krishna aunque también estaba confundido.-Es uno de los tantos objetos que vinieron a desenterrar, y según lo que dice aquí, es un arma tan peligrosa que ni si quiera el Olimpo se atrevió a probar alguna vez.-afirmó mientras leía, luego hizo una pausa de forma brusca.

 

-¿Qué sucede, Krishna?-le preguntó Rafaelo.

 

-Su fuerza equivale a la de siete dioses Olímpicos.-dijo Krishna estupefacto.

 

Pero de repente, los cuatro guerreros escucharon una voz, alguien les hablaba a sus Cosmos.

 

-¡Albiore!-gritaba la voz la cual reconocieron que era la de Cristal.-¡Bud y yo hemos sido descubiertos! ¡Necesitamos ayuda pronto o no podremos resistir mucho tiempo!

 

-J@der.-se quejó Albiore.-¡Si el Olimpo utiliza esa arma, estamos perdidos! ¡Debemos encontrarla, destruirla e ir a ayudar a Cristal y a Bud!

 

-Propongo algo mucho mejor, Albiore.-le dijo Krishna con astucia.-Nos la llevaremos nosotros.

 

Tal idea sorprendió a sus compañeros los cuales quedaron un poco estupefactos, sin embargo pronto todos fruncieron el ceño.

 

-¡No podemos cargar esa cosa!-afirmó Jango molesto.

 

-Verás que sí podremos.-dijo Krishna.-Esperen un segundo.

 

Y comenzó a teclear rápidamente hasta que la pantalla se puso roja, y finalmente se apagó. Del gabinete del ordenador salió humo, luego abrió una bandeja y de ella salió una pequeña moneda de metal la cual tenía un botón rojo. La moneda colgaba de un pequeño hilo, quizás antaño fue portada como un collar.

 

-¿Qué es eso?-preguntó Albiore, estupefacto.

 

-Ese es el cañón.-respondió Krishna aunque también estaba confundido.-Tal parece que al apretar ese botón, la moneda se transforma en una poderosa arma.

 

-Pe... Pero...-tartamudeó Rafaelo quién estaba completamente perdido.-¿Cómo es...?

 

-¡No hay tiempo que perder!-le interrumpió Jango.-¡Tomen esa cosa y larguémonos de aquí!

 

Y sin decir nada más, Albiore tomó la moneda y se la colocó en el cuelo, por debajo de la ropa que venía con su Armadura (sintió el frío haciendo contacto con su piel), y se marcharon todos de la sala, directamente hasta la salida. No tardaron mucho en encontrarla, y al salir pudieron ver al Caballero de Cristal y a Bud, ambos de espaldas, y enfrentando a un buen grupo de Ángeles los cuales estaban a punto de atacar.

 

-¡Cristal!-gritó Albiore.

 

El Caballero de Cristal volteó hasta él, sorprendido. Palideció casi al instante cuando vio al Caballero de Cefeo y a los demás aproximándose hacia ellos.

 

-¡¿Qué haces aquí, Albiore?!-le gritó.-¡Les dije que escaparan cuanto antes!

 

Ante tal declaración, Albiore se detuvo en seco, y lo mismo hicieron Rafaelo, Jango y Krishna. Los cuatro ya se encontraban fuera de aquella estructura, y se percataron de que habían sido rodeados por casi un centenar de Ángeles. Pero más les inquietaba lo que el Caballero de Cristal le había gritado a su amigo Albiore.

 

-¡Dijiste que necesitaban ayuda!-exclamó Rafaelo confundido y frunciendo el ceño.

 

Eso también dejó estupefacto a Cristal.

 

-Imposible...-murmuró este y luego volvió a alzar la voz.-¡Les dije que debían de marcharse cuanto antes o nos matarían a todos! ¡Jamás les pedí ayuda! ¡Esto no tiene sentido!

 

Para el grupo de Albiore no hubo mucho tiempo para reflexionar acerca de lo ocurrido ya que en un abrir y cerrar de ojos, un ataque fue directo hacia ellos y los cuatro dieron un gran salto para esquivarlo, y cayeron todos de pie, junto a Cristal y Bud, reuniéndose así el grupo.

 

-Juntos nuevamente...-comentó Krishna con ironía.

 

-Me alegro volver a verlos.-dijo Cristal con sarcasmo.

 

-Les dije que todo esto saldría mal.-afirmó Jango molesto.

 

-Deja de quejarte, ¿Quieres?-le exigió Albiore.-Ahora no tenemos tiempo para discutir.

 

Pero de pronto una gran figura apareció de entre los Ángeles, una silueta negra que adoptó la forma de un titán de cabello largo y negro y de ojos rojos, vistiendo una Armadura negra hecha de un material que parecía ser obsidiana, y que le cubría todo el cuerpo como si fuese una especie de "tanque guerrero".

 

Apenas hizo presencia acto de presencia, se dirigió directamente al grupo de guerreros.

 

-Cayeron en nuestra trampa.-sentenció el titán.-Ahora están acorralados.y no podrán escapar.

 

-Efectivamente.-dijo una segunda voz la cual les resultó muy familiar al grupo de Albiore.

 

El hombre que habló se encontraba entre los ángeles los cuales comenzaron a hacerse a un lado para que este pudiese pasar. Y allí se encontraba el Ángel Reiyel, y detrás de él (y cubriéndole las espaldas) se encontraban Midas y Maxul. Los ojos de Jango se encendieron por la furia apenas vio a Reiyel, algo muy similar le ocurrió a Krishna cuando cruzó miradas nuevamente con Maxul.

 

-¡Tú!-exclamó Jango con cólera.

 

Pero Reiyel no le prestó atención a él, tan solo tenía ojos para encarar a Albiore quién le devolvía la mirada de forma desafiante aunque tan solo lo veía como a otro enemigo más, no como a su "rival" tal y como Reiyel lo hacía.

 

-Reiyel.-llamó el Titán al Ángel.-Tú y tus compañeros ya saben lo que tienen que hacer.

 

-Así será, señor Hyperion.-le respondió el Ángel y luego encaró al grupo de Albiore.-Todos ustedes van a ser derrotados aquí y ahora, sin embargo tienen suerte de que Zeus los quiera a todos con vida.

 

Midas, quién aún permanecía detrás de Reiyel, caminó lentamente hasta su compañero y superior, y se posó a su lado.

 

-Nosotros tres los derrotaremos.-dijo frunciendo el ceño y con una sonrisa en el rostro.

 

Escuchar eso sorprendió a Albiore, Rafaelo, Krishna y Cristal, provocó que Bud y Jango fruncieran el ceño.

 

-¿Acaso nos están subestimando?-le preguntó Bud.

 

-Somos parte de la élite del Olimpo.-afirmó Maxul con orgullo.-Estamos por encima de los Caballeros Dorados de Atenea, de los dioses Guerreros de Asgard, de los Generales Marina de Poseidón, y de los tres Jueces del infierno de Hades. Con tres de nosotros es más que suficiente.-luego alzó su puño derecho, apuntó al grupo de Albiore, y bajó su pulgar.-Están perdidos.-sentenció.

 

-Eso lo veremos.-dijo Jango desafiantemente, aferrándose a la espada de Balmung.

 

Maxul, quién aún estaba detrás de Reiyel, se colocó a su lado como también lo había hecho Midas.

 

-Yo me encargaré del General Marina.-sentenció.-Aún tenemos cuentas pendientes.-dijo mientras hacia contacto visual con Krishna quién frunció el ceño y se aferró a su lanza.

 

-A mi no me importa para nada tus asuntos personales, Maxul.-le dijo Reiyel sin mirar a su compañero.-Vamos a hacer nuestro trabajo solamente por que Zeus así lo quiere, ¿Está claro?

 

Dicho comentario habría molestado a cualquiera, pero Maxul era paciente con Reiyel ya que lo conocía desde hace años y sabía cual era su temperamento, por lo que se limitó a asentir con naturalidad.

 

-Yo me encargaré de Albiore.-dijo Reiyel.-Ustedes dos repártanse las sobras.

 

-¿Las "sobras"?-repitió Rafaelo un tanto ofendido.-Oye oye oye... ¿Nunca oíste hablar de "La Explosión de Jalashkian"?-y luego se señaló hacia él mismo con un dedo.-¡Soy el m@ldito Caballero de Junini, j@der! ¡¿Nadie escuchó hablar de mi?!-preguntó a todos los presentes.

 

Todos los Ángeles permanecieron callados, alimentando a un silencio incómodo que vino después de dicha pregunta. Algunos Ángeles no sabían si tenían permitido reírse por ese comportamiento tan estúp$%@ por parte del Caballero, más no lo hicieron por su profesionalismo.

 

-Oye Midas.-le dijo Maxul a su compañero.-Encárgate de ese idi@ta.-le exigió.

 

-Me parece bien.-dijo Midas de acuerdo con la idea.-A propósito, ¿Con quienes pelearás tú?-le preguntó.

 

-Con el General Marina.-respondió Maxul.-Y también con el dios Guerrero y con el sujeto que lleva una espada en la mano.-dijo refiriéndose a Bud y a Jango.

 

-En ese caso lucharé también con el otro Caballero Sonota.-concluyó Midas con optimismo aunque un poco decepcionado.-Como siempre tu te quedas con toda la diversión, yo solo tengo dos enemigos.

 

-No te preocupes.-le tranquilizó sarcásticamente Jango.-Por que cuando acabe con tu amiguito seguirás tú.

 

-Se ve que te gusta mucho hablar.-comentó Maxul despectivamente.

 

Ambos Ángeles caminaron un poco, dejando atrás a Reiyel quién no dejaba de fulminar con la mirada a Albiore. Maxul hizo aparecer su martillo, y Midas hizo aparecer una larga lanza la cual empuñó con ambas manos. Se detuvieron en seco, cara a cara contra los rivales que habían escogidos (los cuales ya se habían dividido en Jango, Bud y Krishna, y Cristal y Rafaelo). Luego de una pausa en la que chocaron miradas, ambos se lanzaron rápidamente hasta sus rivales, comenzando una feroz batalla, y dejando atrás a Albiore quién seguía enfrentado a Reiyel.

 

El Ángel, sin dejar de verlo, hizo aparecer una espada la cual tomó de la empuñadura con ambas manos. La hoja no era muy larga, era tan solo un poco más larga que las espadas romanos, y tenía algo escrito en ella. La empuñadura era completamente del mismo material que su Armadura, brillante y de plata. Albiore quería combatir cuerpo a cuerpo contra él por lo que soltó su Ak-47 de Plata y se valió tan solo de sus cadenas las cuales sujetó con ambas manos.

 

-Hace tiempo que quería luchar contigo...-comentó el Ángel fríamente.-Soñé muchas noches con la llegada de este día.

 

-Aún no se por qué me odias tanto.-le dijo Albiore.-Ni si quiera te conozco.

 

-Odio...-repitió Reiyel un tanto confundido pero sin cambiar su extraña mirada fría.-No, no te odio, Caballero de Plata. Pero te tengo un gran resentimiento.-y ante la mirada confusa de Albiore, volvió a hablar.-Durante años yo he servido lealmente a la causa del dios Zeus, yo y mi esposa. Luché en diversas batallas, sobreviví a cientos de enfrentamientos, vi a muchos amigos caer, tuve que tomar decisiones... Difíciles.-y dicho esto último cambió su expresión a una de que daba la impresión que estaba conteniendo una gran furia dentro de él, pero luego se contuvo y volvió a tener su mirada fría.-Así me gané la confianza de Zeus y mi puesto dentro de la Élite. Sin embargo, con tu llegada, él comenzó a poner en dudas mis capacidades, creyó que yo no estaría a la altura. Tantos años de trabajo solo para que mi señor me desprecie de esa manera...-pareció volver a reprimir una gran furia para luego adoptar su expresión habitual.-No te odio, Caballero de Plata, pero tampoco puedo permitir que otros consideran que eres superior a mi. Debo derrotarte aquí, no es nada personal.

 

-De acuerdo.-dijo Albiore comprendiendo a su enemigo.-Qué así sea, luchemos.-y luego decir eso se puso en guardia.

 

Ambos rivales comenzaron a luchar fieramente. Reiyel se valió de su espada con la cual rechazaba los ataques que Albiore intentaba propinarle empleando sus cadenas. Al notar que esta táctica no le serviría para nada, dejó de usarlas e intentó golpear a Reiyel quién esquivó el ataque, y al notar que el Caballero de Cefeo había bajado la guardia, estuvo decidido a cortarle con la espada, tajo que Albiore esquivó con rapidez dando un gran salto. En el cielo comenzó a arrojarle rayos ken a su oponente quién no se quedó quieto en el suelo, y esquivó tales ataques, saltando y yendo a toda velocidad hasta la ubicación de Albiore. Intentó darle un tajo en el aire, pero falló.

 

El Caballero de Cefeo no era el único que estaba teniendo problemas en su batalla. Maxul dominó con total facilidad a Bud, Krishna y Jango, aún a pesar de que se encontraba luchando contra tres oponentes. En teoría, no era más poderoso que la fuerza combinada de ese trío de guerreros, en cambio su mayor fuerte era su gran capacidad de adaptación y sus buenas estrategias para dominarlos. Los tres atacaban juntos: Jango por delante, Krishna por los costados, y Bud intentaba golpearlo por la espalda, pero Maxul supo esquivarlos a todos, y de vez en cuando chocar su martillo con la lanza de Krishna o con la Espada de Balmung.

 

El problema para ellos es que sus ataques se volvían muy rutinarios, y Maxul (quién tuvo algunos problemas al principio) comenzó a leerlos. Sin problemas supo el momento preciso en el que Bud intentaría atacar por la espalda nuevamente, y fue cuando, por instinto, dirigió su martillo hacia su espalda. Y en efecto, logró darle en el torso a Bud quién escupió sangre. Sin esperar más le dio un nuevo golpe en las costillas que lo hizo volar unos cuantos metros. Maxul estaba a punto de saltar para poder tomarlo en el aire y así evitar que muera, pero Krishna se le adelantó, dio un gran salto y lo tomó.

 

-¡Bud!-le gritó Krishna intentando que el dios Guerrero reaccionara.

 

Fue en vano debido a que Bud estaba ya inconsciente. Cayó de pie y depositó a su compañero en el suelo. Luego se puso en posición de guardia, apuntando con la lanza a Maxul, mientras Jango se acercaba a Krishna.

 

-Debemos atacar juntos.-le dijo Krishna.

 

-¡No gracias!-se negó Jango.

 

Y luego de decir eso corrió directamente hasta Maxul quién lo esperaba, blandiendo su martillo. Krishna intentó detenerlo tomándole del brazo pero no pudo lograrlo. Jango intentó darle un tajo a su enemigo con la espada de Balmung, pero el Ángel era astuto y también podía leer los movimientos de su adversarios. No necesitó utilizar su martillo para frenar los ataques de Jango, simplemente lo esquivó con total facilidad hasta que vio que su rival había bajado la guardia y le golpeó con el martillo en el torso (cuando Jango alzó la espada hacia el cielo, dispuesto a golpear con toda su fuerza a su enemigo).

 

Jango no se esperaba eso y abrió los dos ojos. Pero ese no fue el último ataque de Maxul ya que luego le volvió a golpear en el torso pero esta vez valiéndose de su puño, luego le golpeó dos veces el rostro, y finalmente atacó otra vez el torso de su rival quién cayó al suelo, también inconsciente.

 

-Pagarás por eso.-afirmó Krishna amenazante.

 

-Si lo que quieres es que te vuelva a destrozar...-comenzó a decirlo Maxul mientas jugaba con su martillo para luego apuntar con él a Krishna.-entonces ataca.

 

Krishna aceptó esa "invitación" y cargó con furia hasta su adversario, intentando empalarle con la lanza repetidas veces, pero sin lograrlo ya que Maxul las esquivaba a todas.

 

-¡Esperaba más de los Generales Marinas!-afirmó Maxul mientras esquivaba los ataques.

 

Midas no era tan poderoso como sus compañeros pero sus trucos y estrategias también lo volvían un rival de temer, y eso lo demostró en la manera en la que pudo manejar tanto a Cristal como a Rafaelo. Él no atacaba directamente, en lugar de eso esperaba que sus enemigos se acercaran, y cuando lo hacían, se teletransportaba de lugar en un instante. También se mofaba de ellos en varias ocasiones, lo que molestó mucho al Caballero de Junini quién era infantil por naturaleza.

 

Claro que no solo se limitaba a "escapar" de sus enemigos, también ocasionalmente les golpeaba en la espalda, algunas veces lo hacía fuerte, y otras veces más despacio. Pero si había algo seguro era el hecho de que pudo haberlos derrotado con facilidad desde el principio, pero se limitó a jugar con ellos.

 

Cristal y Rafaelo estaban algo heridos por la batalla, y se reagruparon mientras vigilaban atentamente los movimientos de su enemigo.

 

-Tengo una idea.-le dijo Cristal a su compañero.-Yo le distraeré, tu prepara la técnica de la Explosión de Jalashkian y luego atácale con ella, ¿De acuerdo?

 

-Parece un buen plan...-comentó Rafaelo.

 

Sin más que decir, Cristal fue hasta Midas quién le estaba esperando, y volvió a "jugar con él" mientras Rafaelo preparaba su técnica. Extendió sus brazos y de ellos salió una gran energía cósmica la cual estaba concentrando, luego los junto nuevamente y los hizo retroceder hasta su pecho en donde acumuló la energía la cual estaba preparando para lanzar.

 

Midas volteó y pudo ver a Rafaelo haciendo eso, y abrió de par en par los ojos. Estaba a punto de ir hasta allá para atacarlo, pero Cristal lo sujetó con ambos brazos para que no pudiera moverse.

 

-¡Hazlo, Rafaelo!-gritó Cristal.

 

Dicho eso miró directamente hasta Midas quién le observaba con asombro, pero luego sonrió burlonamente y desapareció, sorprendiendo a Cristal. Este alzó la vista nuevamente hasta donde estaba Rafaelo, y allí vio como Midas ya se encontraba detrás del Caballero Sonota y le golpeó en la espalda con una gran fuerza. Esto provocó que Rafaelo, levantara ambas manos hasta el cielo, y su técnica salió disparada hasta el aire. Luego cayó inconsciente.

 

Volviendo con Albiore y Reiyel, estos continuaron luchando en el suelo hasta que Reiyel dio un gran salto, y Albiore lo siguió, y reanudaron su batalla en el aire hasta que la Explosión de Jalashkian les rozó a ambos, y esta explotó no muy lejos de ellos.

 

Los dos no permanecieron mucho tiempo en el aire y comenzaron a caer, y aún así ambos intentaron atacarse, pero ninguno tuvo éxito alguno. Solo Albiore tuvo éxito en darle un golpe a la mano de Reiyel quién soltó su espada la cayó al suelo. Casi antes de tocar el suelo, ambos chocaron sus puños, y el impacto provocó que los dos salieran disparados en direcciones contrarias, pero no tardaron en correr ambos hasta donde se encontraba su rival. Al encontrarse nuevamente intentaron golpearse, sin éxito alguno hasta que finalmente Reiyel golpeó de lleno la barriga de su enemigo.

 

Albiore escupió sangre a causa del ataque, pero hizo lo impensado y le devolvió el ataque a su rival quién no se esperaba dicho contraataque a causa de que le había propinado un excelente golpe a su enemigo. El Caballero de Cefeo golpeó de lleno el rostro del Ángel el cual le hizo perder el conocimiento por un momento. En verdad no se lo esperaba, ni si quiera se había dado cuenta de ello cuando comenzó a salir disparado, estaba atónito. Comenzó a tener visiones de él, su esposa fallecida, y su pequeña hija, y cuando recordó a esta última, pudo escuchar una voz en su interior.

 

-¡Papá!-gritaba una voz femenina con desesperación.

 

Creyó que era de su alucinación, pero mientras era arrastrado por la onda de choque que produjo el golpe que le propinó Albiore, pudo despertar al ver que, entre la multitud de los Ángeles que observaban el encuentro, se encontraba su hija, vistiendo la Armadura de Satelite, observando el encuentro, y preocupadísima por lo que acababa de suceder. Estaba gritando y quizás incluso llorando. Al principio no entendió bien lo que sucedía, pero de pronto despertó y automáticamente regresó a la batalla. Cayó al suelo, pero se incorporó en un instante y se dirigió hasta Albiore a quién atacó a diestra y siniestra. El Caballero de Plata tampoco se esperó ese contraataque y recibió todos los golpes, sin la posibilidad de poder esquivarlos. Finalmente Reiyel le hizo un uppercut, y Albiore cayó al suelo violentamente.

 

Reiyel le había vencido, y estaba jadeando por ese combate tan corto pero intenso. Luego volteó y pudo ver como Maxul ya había vencido a Jango y a Bud, y como Midas jugaba con Cristal (ya que Rafaelo había sido el primero en ser vencido). Se "teletransportaba" en diversos lugares del campo de batalla siempre que Cristal estaba a punto de alcanzarlo, y algunas veces aparecía detrás de él y le daba una patada en la espalda.

 

-¡Maxul! ¡Midas!-les gritó a sus compañeros.-¡Acaben con ellos de una vez!

 

Y al oír esto, Midas aplaudió y se dirigió a Cristal.

 

-¡Ya oíste al jefe!-exclamó Midas en tono satírico.-¡Me he divertido mucho pero ya es tiempo de acabar!

 

Se colocó detrás del Caballero de Cristal nuevamente, le golpeó la espalda, y este cayó inconsciente al suelo. Por otro lado, Maxul le dio un martillazo en el torso a Krishna (quién había bajado) la guardia, y salió disparado. Midas se teletransportó y logró detenerlo, le sujetó y lo arrojó al suelo.

 

-Está inconsciente.-afirmó.-Como todos los demás.

 

Una vez que los seis guerreros habían sido vencidos, Hyperion se dirigió al trío de Ángeles.

 

-Buen trabajo ustedes tres.-les felicitó.

 

-No fue nada, señor.-dijo Reiyel.

 

El Titán se aproximó hasta estos y les miró desde arriba.

 

-Le hablaré al dios Zeus de sus esfuerzos.-dijo el titán.

 

Los tres Ángeles le dedicaron una gran reverencia.

 

A lo lejos, un hombre había estado observando toda la batalla. Llevaba una capucha que le tapaba hasta el rostro, pero el viento se la quitó: Era Valentine de Harpía a quién se le había asignado la misión de seguir al grupo de Albiore.

 

-Han sido derrotados.-murmuró sorprendido pero sin perder su expresión de seriedad.-Será mejor que se lo comunique a Aiacos y pronto...


Editado por Macairo de Cancer, 26 enero 2018 - 17:31 .

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