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The doom of the Knights of Athena

La condena de los santos

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269 respuestas a este tema

#261 ALFREDO

ALFREDO

    Miembro de honor

  • 2,375 mensajes
Pais:
Chile
Sexo:
Masculino
Signo:
Libra
Desde:
Santiago, Chile

Publicado 15 abril 2018 - 19:04

-buena historia la de la oceánida Estigia

 

-Athena como de costumbre siendo usada como una fuente de energía--XD

 

-Eris  y su obsesión por la manzana es como gollum y el anillo--XD

 

-Eris  es muy tramposa al hacer tratos

 

-La diosa de la venganza actua como una feminazi

 

-Enoc si que se ha vuelto poderoso

 

-lo de los mitocosmos creo que te inspirastes en star wars

 

-Que me late que Andrós en el proximo capitulo podra lanzar las 12 tecnicas

doradas al mismo tiempo y pelear sin corazon --XD

 

-buen fic

 

PD:

 

se te invita  a participar en la siguiente dinámica:

 

http://saintseiyafor...a/#entry2595937

Hola de t-800

Spoiler

 

CAPITULO 53.- UNA PELEA ENTRE TRES HERMANOS.

 

Entretanto sucedían terribles acontecimientos en el santuario y en el jardín de las Hespérides. Nadie imaginaba que fuera del alcance del kekkai de Eris, alguien observaba la situación y aprovecharía este momento de gran vulnerabilidad en el santuario, para adentrarse con fines poco ortodoxos, una silueta empezó a movilizarse sin ser afectado por la atmosfera de fétido olor.

En la cima de las doce casas, Ganimedes de Acuario. Finalmente había arribado a los aposentos de Athena, sin encontrar rastros de nadie, parecía ser la única persona viva en todo el refugio ateniense, verificó que quedaban signos de un combate feroz el cual se había desarrollado entre las diosas de la guerra, pero ninguna dejó vestigio de sí misma. Incluso la misma estatua de Athena estaba desaparecida, cuando llego al altar. Ganimedes bajó por los aposentos del templo de la diosa, hasta donde descubrió el pozo de la virginidad sagrado el cual ella pretendía usar con fines egoístas.

Entonces utilizando las habilidades mágicas como un mago del agua y el hielo, emitió un gancho centrado en forma vertical, provocando un torbellino glaciar que hizo un cráter en el techo y distribuyó por los cielos el agua en forma de vapor. Logrando conectar su Kolony Smerch a gran escala fue capaz de anular el pozo de Athena.

Cuando descubrió que, al despejar el agua, un objeto muy invaluable se encontraba bajo el pozo vacío. Un cuerno hueco de color dorado. El cual supo reconocer, como el legendario cuerno de la abundancia que había descubierto en las cuevas de Dicte en la isla de Creta.

 

 

—¿Qué hace aquí la Corpnucía? —se cuestionó el copero de oro, cuando lo analizó bien—. Será que Athena utilizaba su poder para cumplir su deseo de permanecer virgen.

 

El copero no dudo en apropiarse del cuerno y lo tomó de un extremo para sacarlo de ahí, entonces lo llevo hasta la plataforma del altar, donde pudo divisar todo el santuario corrupto por la niebla.

 

—Si el deseo de Athena se podía cumplir mientras el cuerno estuviese en lo profundo de ese pozo, entonces quizás pueda devolver la tierra a su estado natural si lo uso en sus profundidades. ¿Dónde podría ser ideal soplarlo?

—En el centro de la tierra sería perfecto, no crees —dijo una voz conocida para él—. No obstante, la atmosfera de Eris permanece contenida en la barrera de Athena.

—Tú eres… ¡Surt! —reconoció de inmediato sin poder verlo—. ¿Dónde estás?

 

Cuando se hizo notar, divisando una sombra transparente de material muy brillante como si una persona estuviese oculta en un manto. Entonces Ganimedes se dio cuenta que él mismo Surt había llegado hasta ahí atreves de un velo de cristal para poder caminar con seguridad. De la misma manera que él lo hizo con una barrera de aire congelante.

 

—Has venido por esto, no es así. Justo ahora que no hay nadie esperas llevártelo para tu tierra.

—Si me das ese cuerno, no tendré necesidad de lastimarte. Ganimedes entrégamelo para evitar una disputa innecesaria.

—De verdad quieres pelear por esto, yo pienso que podríamos usarlo más de una vez.

—Para permitir que mi tierra permanezca siempre abundante necesito llevármelo para depositarlo en Shamballa. Aunque el santuario se quede así me favorece bastante.

—¿Es que acaso has decidido traicionarnos? Surt.

—Yo no los he traicionado, contigo, Enoc y Gabriel he sembrado una amistad. No obstante, me he dado cuenta de que mi deber es seguir la filosofía de mi maestro, proteger y revivir la tierra de nuestros ancestros de Mu. Eso nos pone en caminos diferentes.

—Ya veo, no estás pensando solo en ti. Pero por qué quieres ver destruido el santuario solo para que tu tierra resurja.

—Athena nunca permitirá que seamos una gran nación nuevamente. Es por eso por lo que solo puede sobrevivir uno de los dos. Muvianos o hombres, alquimistas contra santos.

—No comparto esa opinión. Yo también deseo salvar a las santias, la raza de los nazir.

—Son solo vidas artificiales, no naturales como nosotros. Ustedes han sido creados y no han nacido de forma natural. Además, que su forma de vivir solo se basa en la esclavización.

—No es verdad, no todos los nazir somos así, yo soy la prueba de ello y el señor David de Acuario, también lo era.

Haré que esa parte perdure, pero sin necesidad de destruir otra raza, no entiendo por qué dices que somos artificiales, ¿acaso vosotros los muvianos fueron creados también por los dioses?

—No tengo el deber de responder mis orígenes contigo.

 

Aries desenfundó una corriente de fuego como una cadena, la cual Ganimedes repelió con una onda de agua para desviarla. Cuando sintió que algo jaló el cuerno, se dio cuenta que el primer ataque solo era una distracción para que Surt con una cadena de oro, tratara de quitárselo, pero sostuvo con más fuerza el cuerno desde su punta. Asegurándose de que no se lo quitase, congeló su mano empuñada en el cuerno, para cicatrizar la punta con un velo de hielo.

 

—¿Quieres quedarte sin esa mano?

—No creo que puedas romperlo tan fácilmente.

 

Surt esbozó una pequeña carcajada, cuando jaló con más fuerza, pero se dio cuenta que el brazo de Ganimedes también, pronto comprendió que no eran solo palabras, él estaba adherido desde ese extremo. Entonces el muviano utilizó el poder de su mente para inmovilizarlo, pero también le fue inútil, ya que desde un principio sus ondas mentales eran repelidas por la barrera de aire congelante.

Ahora es cuando el copero vio venir una oportunidad, volvió a atacar con su aura glaciar al señalarlo con su dedo índice para emitir anillos de hielo a niveles glaciares extremos. Los cuales recorrieron la cadena de cristal como un manto de hielo hasta llegar a Surt, para inmovilizarlo parcialmente con su aura glaciar.

 

—Ese anillo de hielo esta elevado al cero absoluto, te será imposible salir de ahí.

—Ahora entiendo porque lograste destruir mi cadena de cristal, pero esto a mí no me detendrá, ya que conozco la forma de evadirlo —declaró Surt con una sonrisa confiada—. ¡Yo fui testigo de las habilidades de David!

 

Un manto de calor lo envolvió por completo y gradualmente Surt se fue calentando hasta volverse enteramente un humanoide de pura energía calorífica. Tanto que parecía un ser de fuego puro.

 

—¿Cómo lo hizo?

—Así como existe el frio absoluto, también lo es en su estado opuesto. ¡Este es el calor absoluto!

—La temperatura del Sol —vociferó el copero, pero le recordó que el sostenía el cuerno.

 

Entonces Surt retrocedió volviendo a su estado normal.  Solo que concentró en la punta de sus dedos un destello de esa gran temperatura formando un pequeño núcleo solar. Eso le dio a entender a Ganimedes que tenía planeado un ataque que solo dañara a él.

El joven muviano disparó su rayo de fuego desde la punta de sus dos dedos, y el copero contraatacó disparando un finísimo rayo glaciar. Nuevamente las dos temperaturas volvieron a colisionar, provocando un gran impacto que empezó a concentrar un núcleo de energía en el centro de los dos.

 

—Si las dos fuerzas siguen así, provocaremos una destrucción masiva…

 

La explosión los acabaría a los dos, sin que pudieran escapar debido a que están concentrados sosteniendo sus ataques el uno contra el otro. No obstante, un agujero negro comenzó a aparecer sobre el núcleo y lo succionó hacia su interior desapareciendo en un aura fantasmal.

 

—Se lo llevó a otra dimensión —musitó Surt.

—Tontos, hubieran muerto si no interfiero —vociferó una jovial voz desde las sombras, la silueta de un santo más bajo que ellos apareció también portando una armadura dorada con cortos cabellos rubios y de tez blanca—. Antes de que se maten yo destruiré ese cuerno.

—¡Gabriel! —exclamaron los dos al unísono al reconocerlo usando el cloth de Cáncer.

—Veo que todos hemos decido heredar las armaduras que nos fueron negadas sin el consentimiento de Athena —respondió el cangrejo de oro.

—Para habernos detenido, quiere decir que tú también te has vuelto más fuerte —añadió Surt analizando su mirada, como si intentara descifrar su interior—. ¿Qué te paso?

—Eso debería preguntártelo yo, ¿también has traicionado a Athena?

—¡¿Qué diablos les paso a los dos?! —exclamó Ganimedes.

—Yo he visto la verdad, pero Surt solo creo que vio hasta la mitad si no en vez de usar ese cuerno querría destruirlo igual que yo.

—Yo quiero utilizarlo para reconstruir mi nación y tú, acaso deseas que la humanidad no tenga como vivir de la tierra.

—Descuida el kekkai de Eris no puede alcanzar el planeta debido a la barrera de Athena, a mí solo me han encomendado destruirlo para la sobrevivencia de la humanidad.

—¿Qué clase de sobrevivencia hablas? —cuestionó el copero.

—Son unos ignorantes, no tiene caso que les explique nada —dijo Gabriel al encender su aura.

 

Ahora las cosas se pusieron peor, los tres estaban en contra de cada uno. Entonces Gabriel moldeó desde su brazo izquierdo una guadaña con sus ondas infernales, amenazándolos a los dos, siendo en primero en atacar a Surt, al estar sin el cuerno. Sin embargo, el muviano esquivó el corte usando su teletransportación. Para su regreso divisó como había quedado el suelo, no estaba perforado con un corte sino desfragmentado como si hubiese sido trasladado hacia otra dimensión.

 

—No hay destrucción atómica, sino que los átomos han sido removidos hacia otro plano, si me hubiese tocado me hubiera muerto al tener el cuerpo desfragmentado.

—Es mi nueva técnica. La llamo, la hoz del infernal —sonrió Gabriel, volviéndola a blandir—. Esta vez no podrás escapar.

 

Gabriel desapareció usando las ondas infernales en sí mismo. Para sorprenderlo por detrás, pero Surt también se movió deteniendo la guadaña con su brazal, el cual emitía una hoja de fuego.

 

—¿Qué es esto? —se encogió de hombros el cangrejo de oro—. ¿Cómo puede resistir mi hoz?

—Esto es el residuo de mi tesoro imperial que quedó en mi alma. El cual he dado forma —explicó Surt—. La energía de la espada flamígera arde en mí.

 

Los dos se repelieron de un espadazo, entonces se pusieron en guardia para chocar sus armas filosas. No obstante, se detuvieron cuando notaron orbes azules en los cielos. Los cuales estaban tomando una forma sólida.

 

—Deténgase ahora, si no los dejaré empalados con mis lanzas de hielo a los dos —amenazó Ganimedes.

 

Sin embargo, ninguno le tomo atención, entonces el copero bajo su brazo para lanzar sus lanzas, las cuales no lograron su objetivo de perforarlos. Ganimedes fue tomado por delante por la espada de Surt y amenazado por detrás por la guadaña de Gabriel.

Gabriel blandió su guadaña para alejarlo del cuerno, pero Ganimedes la esquivó, aunque no logró evitar que el soplo de energía fantasmal desapareciera el cuerno en un abismo. Seguramente lo trasladó al Yomotsu pensó el copero para que solo Gabriel pueda obtenerlo cuando termine de pelear.

 

—Ya no puedo dejarte ir, Gabriel —dijo Surt elevando su cosmos al cortar el espacio—. Los destruiré a los dos—. ¡Espada de Fuego Imperial!

Soy yo quien los vencerá a ambos —respondió Gabriel al elevar su aura fantasma y blandir su guadaña—. ¡Hoz Infernal!

—No me dejan otra opción más que atacarlos con todo lo que tengo —añadió Ganimedes, llenándose de su aura glaciar al moldear ondeando los brazos unas ondas de agua—. ¡Tormenta de Lanzas de hielo!

 

El santo de Aries blandió una onda de fuego gigantesca que carbonizó todos los kilómetros a la redonda como una gran llamarada, mientras de la izquierda una onda purpura absorbía parte del fuego hacia su interior, a la vez eran penetrados por incontables saetas de hielo que desaparecían en el camino por la ráfaga del sekishiki de Gabriel y otras incineradas por las llamas de la onda imprimida por la espada de Surt, no obstante algunas saetas lograron penetrar e impactarlos a ambos, de la misma manera Ganimedes recibió parte del impacto de las llamas y Gabriel fue arrastrado por la tormenta de hielo, deteniendo su ataque al ser clavado por algunas lanzas que lo sacaron del camino.

Los tres salieron volando hacia atrás en distintas direcciones, tanto que fueron a caerse del área de la cima de las doce casas. Gabriel cayó en la zona oriental con dirección al hogar de las santias, mientras Surt llegó hasta las escalinatas que unen el templo de Piscis con el del papa, descendiendo en el cortejo de rosas fúnebres. Por último, Ganimedes voló hacia mucho más lejos donde se hundió en el jardín secreto del templo de la Virgen.

El santo de Acuario fue el primero en reponerse cuando inconscientemente percibió la armonía del lugar y como sus energías le fueron restauradas parcialmente por su habilidad mágica de restaurarse que heredó del Cloth de Copa pudo distinguir como diminutos orbes de luz del jardín le brindaban fuerzas que le hicieron ponerse de pie. Divisó como los pétalos flotaban en el aire y se dio cuenta que algo no andaba bien.

 

—¿Qué extraño este lugar esta inmaculado? —se encogió de hombros al observarlo—. Cuando subí, no pase por aquí, sino que seguí solo por el templo.

 

Fue entonces cuando escuchó un mantra, un sonido primordial que agudizó sus oídos volteándose para ver cómo era la misma cloth de Virgo la que estaba resonando con armonía de la sala gemela. Entonces se ensambló tomando forma humanoide.

 

—No es posible este es cosmos es de… ¡Rafael de Virgo!

—Ganimedes vuestra presencia me ha despertado —dijo desde el interior tomando una forma astral en el cloth—.

Esta es mi último residuo de mi alma y tal vez el más puro que dejé aquí.

—¿Qué dices? ¿acaso no estás muerto?

—Cierto he muerto por la mano de la lanza de Enoc. No obstante, mi espíritu está en proceso de santificarse debido a mis actos pecaminosos en vida, deseo indemnizar mis errores ayudándolos, aunque sea un poco.

—No te entiendo, ¿Por qué ahora eres una buena persona?

—Tú y yo somos nazir, pero de diferentes extremos. Mientras que yo nací como la gran mayoría de la sangre izquierda, la envenenada. Por el contrario, tú eres una anomalía igual que David que nació del lado derecho, la simiente de la vida.

—Eso ya lo sabía. ¿Por qué el jardín no se ha contaminado?

—No reconoces tus raíces, este jardín que viene de los cielos del gran Huerto de las Hespérides que solo vive por la sangre derecha de Athena, mientras que los nazir nacíamos por un árbol en la tierra en las profundidades de Tesmicira, éramos creado de forma imperfecta. Aquí tienes el centro del santuario, si expandes el aroma de este lugar purificarás el santuario por completo —explicaba Rafael cuando hizo una pausa—. Deprisa sopla el cuerno de Amaltea desde aquí y expande su aroma, antes de que arribe una nueva amenaza.

—El cuerno de la abundancia lo tiene Gabriel en el Yomotsu, me es imposible recuperarlo —cuando también pudo percibir una gran amenaza a distancia—. ¿De quién es este cosmos tan abominable?

—No temas, yo mismo te enviaré a la Colina de la muerte. No obstante, debes regresar una vez recuperes el cuerno por el mismo camino —anunció Rafael al comenzar a orar, convocó un portal que arrastró a Ganimedes, quien no opuso resistencia.

—No sabía que podías usar las ondas infernales.

—No las conozco, pero puedo brindarte mi conocimiento para que puedas tú mismo trasladar tu espíritu entre dimensiones, después de todo por algo era conocido como el viajero del Cosmos.

 

Así mismo Ganimedes llegó a la Colina más lúgubre de los dominios de Athena, a los pies del gran cráter fue entonces cuando vio como unas sombras parecían amotinarse en una pila de cadáveres, cuando los apartó se dio cuenta que ahí estaba el cuerno. Sin embargo, fue atacado por la espalda por Gabriel, por una explosión de fuego fatuo que lo derribó antes de tomar la Corpnucía.

 

—¡Gabriel!

—No dejaré que te la lleves —dijo el cangrejo cuando unas cadenas de oro lo envolvieron en una red de cristal—. Tú de nuevo.

—¡Surt!

Yo también he logrado viajar hasta aquí.

 

Fue entonces que Ganimedes vio una oportunidad de atacarlos a los dos cuando estaban forcejando, utilizó sus brazos para agitarlos al cielo y convocar un torbellino glaciar que los congeló a ambos.

Rápidamente tomó el cuerno y regresó por el mismo camino iluminado, volviendo a la sala gemela del templo de la virgen. El copero se acercó al centro del Jardín entremedio de los dos árboles, entonces alzó el cuerno hacia arriba y sopló con fuerza, produciendo un sonido estridente como si mil trompetas resoplaran al instante. Creándose una inmensa onda expansiva desde el agujero de la Corpnucía. La cual fue cubriendo todo el santuario de una forma purificadora y nutriente, ya que volvió el color de la tierra y despejó el fétido olor de la barrera de Eris, los santos convertidos en santos fantasmas se hicieron cenizas, las dríades se adhirieron a la corteza de los árboles y se petrificaron para siempre ahí. Mientras la tierra se sanaba recuperando su fertilidad y restaurando los muertos a sus tumbas, en los cielos algo inusual estaba ocurriendo, pues en vez de que aconteciera el atardecer, una luna blanca se iluminaba con una tonalidad escarlata, mientras las nubes se tornaban rojizas.

 

—¿Qué significa esto? —se encogió de hombros frunciendo el ceño—. Este cosmos es tan gigantesco que es capaz de cubrir todo el ateneo.

 

Un pilar de fuego bajó desde la luna de sangre, apareciendo la silueta de un ser muy alto de túnica purpura con una diadema semejante al casco del Cloth de Cáncer, pero de púas más alargadas, ocultando su vista solo permitiéndosele ver sus cortos cabellos opacos amarillentos.

 

—Esta es la presencia de la que advertía Rafael, un daimon.

—Yo no soy un daimon, son un ser superior. Un dios, un heraldo de la guerra —declaró con una voz grave al aproximársele con la mirada—. Mi nombre es Fobos, dios del miedo.

—¿Qué esta sensación? —se cuestionó al sentir su cuerpo temblaba aceleradamente—. Todo mi cuerpo se paralizó de la nada ante él.

 

El dios del miedo levantó su brazo izquierdo para hacer explotar una pequeña bola de energía la cual apuntó hacia el santo de acuario, sin que este pudiera evitar, destruyendo el cuerno mágico en mil pedazos, haciendo caer al copero al retumbarle la explosión de cerca.

 

—¡No! —exclamó una voz desde atrás, volteándose la deidad.

—Baya, había otro santo de Athena.

—¿Qué has hecho? Eso me iba ser de mucha utilidad para revivir la tierra de mis ancestros —dijo Surt frustrado.

—Este instrumento traía prosperidad y armonía a los humanos, haciéndolos perezosos sin que tengan que trabajar la tierra ni pelearse entre ellos, sus ancestros de la edad de oro fueron los que tenían permitido usarla solo por consentimiento divino —explicaba el dios.

—¡No lo mires, Surt! —exclamó Ganimedes en el suelo.

—Demasiado tarde, ahora es tú turno de explotar —dijo Fobos al crear una esfera de energía, pero Surt logró esquivarla—. ¿Qué? Se teletransportó.

 

Entonces el muviano reapareció al instante lleno de furia intentando insertarle un espadazo de fuego que Fobos contuvo con una mano sin esfuerzo, quedándose estupefacto de que pudiera atacarlo.

 

—¿Por qué, puedes moverte?

—Ya había tenido la oportunidad de presenciar tu paralizante mirada, cuando rescataron a Amón en el Cáucaso, tú eras uno de esos cuervos —indicó Surt forcejeando.

—Ya veo, así que estabas prevenido —Fobos notó como un velo de cristal lo cubría por completo en todo el cuerpo del santo—. Has creado una barrera psíquica.

 

Sin embargo, eso no le importó al heraldo y lo mandó a volar con el soplo de su mano, haciéndolo estrellar contra unos muros. Entonces una estela de luz cósmica comenzó a reunirse desde los escombros, expandiéndose una red de cristal por los suelos, que el dios percibió al no poder mover sus pies, levantándose el santo de Aries al aglomerar entre sus manos un cumulo de polvo cósmico.

 

—¡Ahora eres tú, quien no podrás escapar! —exclamó lleno de ira el santo de Aries—. ¡Revolución de Polvo Estelar!

 

Al bajar su brazo en forma recta, hizo caer sobre el dios un torbellino de estrellas fugaces las cuales detonaron terribles explosiones hasta levantar una gran polvoreada. No obstante, Surt vio que el cuerpo de Fobos ya no estaba y se sorprendió cuando un rayo de fuego lo atravesó en el hombro izquierdo por detrás, cayendo herido.

 

—No eres el único que sabe trasladarse entre dimensiones, no te creas único —dijo el dios con una sonrisa en el rostro. Cuando un finísimo relámpago llegó hasta su rostro, detonando que su diadema le explotara en la frente—. ¿Cómo?

—Es alquimia de la destrucción, una habilidad que heredé de un tío malhumorado —añadió Surt poniéndose de pie, con el hombro desangrándose—. Tú también te crees intocable.

 

El santo de Aries maximizó su brazo derecho, de forma recta blandiendo una hoja de fuego flamígero alrededor de su brazo. Entonces creó multi imágenes de sí mismo para confundirlo, tomando distintas poses ofensivas. No obstante, el dios las hizo desaparecer de un solo movimiento de su mano, cuando notó que el viento ondeaba por detrás suyo, alcanzó a esquivar el sable de fuego a distancia, pero Surt se le lanzó directamente a rebanarlo sin que pudiera tener ángulo de escape, cuando colisionaron su espada y el brazal del dios, se produjo una vibración que hizo retroceder al santo dorado, haciendo que la onda de choque repeliera su estocada, desintegrando su hoja de fuego.

 

—No es posible, mi espada resonó como si chocaran dos hojas en fricción —especuló Surt en el suelo, cuando notó como el dios había desenfundado una hoja ondulada de color negra—. También tiene un espada, pero qué clase de arma es capaz de destruir mi de fuego imperial.

—La espada del Miedo, hace retroceder cualquier atacante. No importa que tu arma sea producto de una reliquia divina, esta hoja esta forjada por el fuego del reino de los daimon. Un fuego más abrazador que el de la tierra que es donde se crearon las reliquias —explicaba Fobos haciéndole ver la gran diferencia entre sus armas viniendo de una fragua más infernal—. Ni siquiera tu velo de cristal puede defenderte ahora…. ¡Siente el poder de mi espada del Miedo!

 

Fobos concentró en su hoja, un magnético poder que al dar una estocada, imprimió un aire en forma de ondas, las cuales retumbaron en el santo de Aries, haciéndolo gritar de desesperación al sentir como todo su cuerpo comenzó a temblar y su piel sudaba con precipitación fácilmente, no podía pensar con claridad y su mente parecía más distorsionada que nunca al estar en presencia de esa magnética arma que afectó su cerebro como si fuese una fuente radiación gigantesca, Surt quedó con toda su sistema nervioso catatónico y se desplomó como si no sintiera energías para moverse, ni siquiera podía hablar, todo su ser había quedado como un vegetal. Entonces Fobos se le acercó para darle el golpe de gracia, cuando un cosmos desconocido lo hizo desaparecer de sus ojos.

 

—Alguien lo salvó a distancia, que inoportuno. Pero no me importa, ahora mi misión está cumplida.

—Señor Fobos, ya nos podemos ir —agregó la jovial voz de un joven santo de Cáncer detrás de él.

—Gabriel, has vuelto. Al final tuve que ser yo mismo quien terminara tu trabajo.

—Lo siento mucho, pero después de todo la Corpnucia está destruida.

—¡Gabriel, ahora trabajas para el enemigo! —exclamó Ganimedes paralizado, todavía.

—Es cierto, aún queda Acuario. Elimínalo y vámonos de aquí —ordenó el dios—. ¡Hazlo, Gabriel!

—Como ordene.

 

El santo de Cáncer desenvainó su guadaña de cosmos purpura para rebanarle la cabeza, ahora que Ganimedes no se podía mover, le sería muy fácil terminar con él. Entonces se le acercó lentamente hasta tener la distancia perfecta para que la punta de su arma le cortara el cuello.

 

—Gabriel me matarás realmente…

—Debo fortalecer mi alma para alcanzar el silencio.

 

El santo de Cáncer lo miró inexpresivo al alzar su arma, cuando unas rosas azules, brotaron de la nada desde la muñeca donde Ganimedes aún tenía su pulsera de flores, aquellas rosas lo inmovilizaron como dagas en las extremidades al joven cangrejo, logrando perforar su cloth dorada, pero no solo eso, sino que también de la nada el aire se polarizó en una nube que abordó al santo de Acuario en su interior, haciéndolo desaparecer de las garras de Fobos, quien se vio estático al sentir una sensación de repugnancia en su cuerpo.

 

—Este veneno me es familiar, claro es ella —murmuró para sí mismo el dios—. Se llevó a ese niño igual que lo hace con todos sus caprichos. 

 

En el fondo el dios, sabía muy bien a quien pertenecía ese cosmos, siendo no otro más que el de su madre, la diosa de la belleza y el deseo. Afrodita, ella se había llevado al Copero a su hogar.

Entretanto, más allá de la cordillera del Himalaya en las profundidades de las tierras del Tibet, la comunidad sedentaria de Jamir estaba vacía, las casas y los refugios más humildes estaban abandonados, solo en la torre estaba un estático Surt siendo curado por una mujer de hermosos cabellos ondulados de oro. La cual tenía dos puntos bermellón en su frente, aquella chica lloraba dejando caer sus lágrimas sobre el cuerpo sin vida del hombre con el que se había casado, cuando unos monjes entraron en la torre.

 

—¡Ymir! —llamó a la mujer el anciano al ver con tristeza al joven santo de Aries—. ¿Qué sucedió?

—Surt ha sido atacado por un dios de una forma irreversible, toda su mente a colapsado. No puedo reconstruir su cerebro, es como si hubiese perdido toda su percepción extrasensorial de una sola vez, solo logro escuchar el sonido de su corazón.

 

El anciano lo examinó con cuidado tocando su mano, viendo su pulso, pero no sintiendo la energía en su cuerpo. Entonces exhaló un suspiro con resignación, tocando el hombro de la muchacha.

 

—Nuestro joven rey ha muerto en vida, todo su sistema nervioso está destruido. No hay forma de poder ayudarlo, lamentablemente.

—Debemos buscar la manera, quizás si reunimos a todos los muvianos más experimentado puedan reconstruir su mente de alguna manera.

—Podemos intentarlo, pero el daño provocado por un dios es algo que ni siquiera nosotros los de la raza alquimista somos capaces de sanar. Sin nuestro brazo fuerte, debemos retirarnos para siempre a Shamballa donde estaremos seguros.

—No me rendiré, por el hijo que estoy esperando de él. Haré que mi esposo despierte algún día.

 

La muchacha se quitó sus lágrimas y se trasladaron junto con los monjes desapareciendo en el aire, sin dejar rastro de su existencia, quedando toda Jamir en un completo silencio.

 

 

                          ***

 

Fue como salir de lo profundo de un lago, cuando tocó suelo y recuperó la conciencia, después de sobrevivir a un combate a muerte con sus mejores amigos y que un dios le hiciera sentir en carne propia un miedo tan agobiante que le hicieron temblar todo su cuerpo como nunca había experimentado. Ahora por alguna razón podía dejar de estar tan tenso y su mismo cuerpo se había relajado al percibir la armonía del lugar, pues el santo de rubios cabellos lacios se encontraba a los pies de un oasis, que al parecer tenía una cúpula de cristal en su techo.

El copero de oro, fue recorriendo el lugar notando como se extendía una exuberante selva vitrineada por enormes extensiones que reflejaban la luz solar, parecía haber llegado a un exótico palacio que tenía en su interior un precioso y cálido jardín que era recorrido por extensas hiedras y donde podía apreciar que en el centro se erguía un pequeño y espumoso pozo como un manantial, donde alguien estaba bañándose, entonces pudo divisar la esbelta figura de una mujer de cabellos ondulados rosados, envestida solo con una especie de túnica espumosa como un capa gaseosa que circulaba por su cuerpo ocultando su feminidad.

 

—Tú eres la responsable de haberme traído aquí —entonces la pulsera que tenía adherida, la cual había originado su burbuja, se desvaneció en pétalos los cuales ella hizo aglomerarse en una semilla entre sus manos—. ¡Eres esa diosa que conocí en Cortejo de Rosas Fúnebre del Santuario!

 

Ganimedes de Acuario, se sintió frustrado al darse cuenta de eso. A la vez, soltó toda una ira y rabia que le tenía por haberlo violado ya que en su interior siempre lo supo, pero no como lo hizo mientras dormía. El copero sacó fuerzas de flaqueza toda la energía que le quedaba la utilizó para cristalizar una única lanza de hielo, con la que pretendía atravesar el corazón de la diosa, después de todo estaba desnuda ante él.

 

—Pretendes matar a tu salvadora, incluso después de que te arrancara de las manos de mi hijo —dijo la diosa de ojos dorados—. Espera una actitud más diferente de tu parte.

—Tú hijo, te refieres a Fobos el dios del miedo… —musitó Ganimedes deteniendo su ataque, cuando apreció bien su figura—. ¡Espera un momento!

 

Esa tez semejante a la de él, además de hermosas facciones que le hacían recordar a su difunta Betzabé, su aroma le parecía algo sofocante y la vez relajaba los latidos de su corazón. Era como si estar en presencia de ella todo se convirtiera en paz y armonía, si antes había sido frenado por una barrera del miedo extremo, ahora estaba ante una barrera opuesta. Ya que ni siquiera el cosmos de Athena era tan cálido como el de Afrodita.

 

—Fobos y Deimos, los heraldos de la guerra. Nacieron de mí, de mi cuerpo original que yace en el Olimpo —aclaró la diosa, ya que parecía muy joven como para haber sido madre de alguien se veía bastante mayor.

—Ese cuerpo que estas usando, es del linaje de Athena. De mí misma descendencia. ¿Por qué elegiste una descendiente de Athena?

—La mujer que escogí tiene un corazón noble y puro debido a que no fue afectada por el extremo cruel de la sangre de Athena. No sé si lo sepas, pero de aquel linaje existen dos simientes opuestas, una nacida de la sangre derecha de Athena que era capaz de curar y el otro extremo izquierdo que era un veneno de donde descendiente la gran mayoría de los nazir. Yo la escogí a ella ya que sus facultades son únicas, ya que al ser la más madura de sus hermanas sus genes puros son los que menos fueron degradando su pureza.

—Dices que el origen de nuestra sangre era una simiente sanadora… ¡Te has apoderado de los recuerdos de esa mujer que de seguro fue una santia!

—Esta mujer ha aceptado mi alma al haberse conectado con mi cosmos se dio cuenta que así sería de gran ayuda para proteger al mundo, ya que soy la personificación del amor, el sentimiento más puro.

—¡Puro! ¿Qué clase de pureza puede contener tu alma lujuriosa y egoísta como la tuya? —cuestionó Ganimedes amenazante con su landa nuevamente—. Si fuiste capaz de maldecir a las mujeres de su estirpe a comportarse como rameras.

—Te equivocas, mi profecía fue que se enamorasen para experimentar el amor. No obstante, si ese amor no fue correspondido esos sentimientos se convirtieron en obsesión y deseos mundanos por la influencia de Eris, la diosa maligna.

 

Esas palabras lo dejaron más atónito al copero, ya que eso quería decir que todo el tiempo la estuvieron culpando sin ser la responsable directa. Pero él seguía confundido ya que la Afrodita que conoció anteriormente no parecía la diosa real que ahora veía en carne propia. ¿Qué le había pasado?

 

—Athena creo una raza inanimada de emociones y de sangre fría, para que le sean útiles y presten devoción sin que sientan compasión, yo quise humanizarlos para que sean normales, pero no fui la única que le lanzó una profecía a su linaje.

—No puedo creerte ya que cuando te conocí solo eras una diosa egoísta y lujuriosa.

—Soy una mujer muy hormonal y emocional, me altero con facilidad. Cuando no cumplen mis expectativas. Antes era así, pero al haber reencarnado he sellado mis deseos mundanos ya que he encontrado un amor más placentero que el carnal.

—¿Qué dices? —Ganimedes no se sentía amenazado ni un gran cosmos, así que estaba seguro de que podía atacarla. Sin embargo, sintió que no sería honorable de su parte hacerlo—. ¿Por qué siento compasión por ella?

—Ganimedes estas herido, puedo sentirlo. Déjame aliviarte, yo he pasado por lo mismo por eso te he traído, no deseo que me sirvas como un amante, sino que vuelvas a ser el chico que albergaba un corazón noble y gentil con los demás —dijo la diosa quien parecía haber interpretado a su joven corazón de cuando era un copero de plata.

—No ha pasado mucho tiempo desde que mi ofendiste al violarme en mis sueños.

—No he sido yo, ya que he sellado mi lujuria y mi fuerza como para poder someterte, todo eso lo deposite en este jardín que pisas —reveló la diosa al empezar a caminar donde un árbol para tomar una semilla desde la raíz—. Quizás fue un residuo de mi alma los cuales yo separé de mí para no albergar más esos sentimientos. Estos debieron florecer como súcubos en mi jardín.

—¡Este lugar tiene vida!

—Así es, se ha hecho mi gran protector que quiere mantenerme aquí como su fuente de vida. Por eso hará lo que sea para protegerme —explicaba Afrodita al enseñarle una semilla dorada—. Esta es la semilla de que separé de mi alma para ser totalmente pura.

—Esa semilla dio origen a este hermoso jardín que en realidad es una falsa apariencia —dijo Ganimedes con ganas de destruir esa semilla, cuando algo le detuvo, ya que del césped se extendieron finísimas hiedras que lo dejaron inmóvil—. ¿Cómo supo que intentaría atacarlo?

—Ya te lo dije en este lugar no puedes albergar sentimientos hostiles ya que mi jardín lo huele como una amenaza hacia a mí.

 

Entonces Ganimedes sintió como unas garras le rosaron su cuello, pero en realidad eran pétalos que estaban creciendo de las enredaderas y comenzó a tener la visión más nauseabunda al grado de sentirse dócil y somnoliento, como si todo le agradase ya que dejo de sentir deseos de pelear y las enredaderas lo soltaron. Entonces Afrodita se le acercó.

 

—Yo he recuperado algo para ti, como compensación a mis sentimientos indebidos —la diosa le enseño un capullo de hielo que mantenía oculto en la maleza—. Es lo que queda de la mujer que alguna vez amaste.

—Betzabé —reconoció Ganimedes al recordar que el mismo la había construido ese ataúd—. Su cuerpo se deformó y fue víctima de un cruel asesinato.

—Sin embargo, los nazir no son humanos genéticamente iguales a los de la arcilla por Prometeo, sino que su ciclo de vida es más semejante a la de las plantas, germinan, florecen y se marchitan. Por lo que su verdadero corazón en realidad es el embrión que se encuentra latente en su cerebro.

—¿Qué estás diciendo? ¿Acaso me estas tratando de decir que ella aún vive?

—Al haberla congelado detuviste su deterioro gradual antes de que alcanzará la muerte orgánica, por lo que está en mis facultades que su embrión vuelva a germinar.

—Eso me dijo Athena, pero eso significaría que ya no sería ella misma.

—Seguramente Athena estaba pensando en resucitarla con la sangre cruel de los nazir.

—¡Maldita diosa Athena, yo la maldigo! —clamó Acuario al soltar la lanza, partiéndola en dos—. Afrodita tú puedes devolverla a la vida a como era antes.

—Puedo hacer que su semilla germine de nuevo, pero llevará tiempo.

—Te estaré agradecido por ese favor —dijo Ganimedes postrándose ante ella—. Me quedaré aquí hasta que Betzabé regrese a la vida.

—Mi más grande deseo es que los seres de la tierra no abandonen el deseo de amar, eso regocija enormemente mi alma —dijo Afrodita sonriéndole cálidamente—. Que Athena haya intentado negar el amor en la vida me es aborrecible.

—La diosa de la guerra cada vez se vuelve más fría y serena a medida que pasa el tiempo —añadió Ganimedes decepcionado—. No parece sentir remordimientos de esclavizar a los seres humanos.

—La virtud de la compasión es algo que no puede generar debido a su condición —aclaró Afrodita—. Al igual que Ares que es un ser sangriento, ella lo es a su manera en su rectitud.

—Una vez que Betzabé esté nuevamente conmigo buscaré la manera de que todos los seres humanos, sean muvianos, atlantes o nazir. Sean purificados.

—Hubo una época en que fue así, pero los males de la caja de Pandora los infectaron. Athena guarda celosamente la urna de los bienes ya que cree que los humanos no se merecen ese regalo.

—La Ánfora que contiene los Agato Daimon. Ya que perdí la Corpnucía no dejaré que ese tesoro se pierda también —dijo Ganimedes, jurando solemnemente en su pecho— ¡La encontraré para purificar la tierra!

—Si la abres volverás a los humanos a su estado original y eso hará que Athena ni ningún otro dios pueda influenciarlos nunca más.

 

Esas palabras sonaron como grandes esperanzas para el copero, ya que sin duda alguna esta vez sí que aliviaría la sed del mundo entero al satisfacer los corazones de todo y dejen de buscar respuesta en los dioses. Pero en donde estaría escondida la gran urna.


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FANFIC: La condenación de los caballeros de Athena

Capitulo 44 .-  desde el (06/04/2017)

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Publicado 16 abril 2018 - 17:15

-Esa Athena guarda muchos secretos

 

-es extraño que en esta ocasión acuario no sea el traidor XD

 

-Fuego VS hielo el combate clasico ,me agrada la idea

 

- la hoz del infernal  ,es una tecnica algo fumada

 

-Estoy seguro que el sensei canonico Dohko podria ganarles a los 3 al  mismo tiempo XD

 

-Rafael de Virgo realizo su cameo

 

-Fobos es un rival dificil de vencer

 

-A Surt  le paso algo similar a Seiya y quedo en coma

 

-Ganimedes ya esta peor que Ryuho de dragon porque no aprenden de Saga  XD

 

-ya es costumbre que los caballeros traicionen a Athena



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Publicado 15 mayo 2018 - 21:42

-Esa Athena guarda muchos secretos

 

-es extraño que en esta ocasión acuario no sea el traidor XD

 

-Fuego VS hielo el combate clasico ,me agrada la idea

 

- la hoz del infernal  ,es una tecnica algo fumada

 

-Estoy seguro que el sensei canonico Dohko podria ganarles a los 3 al  mismo tiempo XD

 

-Rafael de Virgo realizo su cameo

 

-Fobos es un rival dificil de vencer

 

-A Surt  le paso algo similar a Seiya y quedo en coma

 

-Ganimedes ya esta peor que Ryuho de dragon porque no aprenden de Saga  XD

 

-ya es costumbre que los caballeros traicionen a Athena

-Athena es una listilla.

-Aquí si q parecerá uno.

-Guiños q simplemente me encantan.

-La hoz de Gabriel fue concebida con los residuos de su orbe, igual q la espada de fuego q crea Surt.

-Por lo menos ahora virgo se redimio.

-Pues sí, por cuanto tiempo será o quizas se quede así xd

-Ganimedes en q sentido dices?

-Pues tampoco es q no haya hecho mucho para serle leal.

 

Bueno aqui va el siguiente chapter. Quizas se parezca un poco al reciente capitulo del next, pero este estaba escrito hace tiempo xd

 

 

 

CAPITULO. 54- PERFIDIA

 

Un estruendo de luz ocurría desde el interior de un monasterio en lo alto de una colina vertical, saliendo de su entrada una mujer, de lacios cabellos marrones y ojos grisáceos, envestida con una túnica sagrada la cual traía consigo a tres personas, un chico y dos jovencitas. Uno era un joven de torso superior desnudo, de piel bronceada y cabellos oscuros, una chica de rizos castaños con armadura platinada, y la otra niña era de cabellos cortos de color negro y de piel nítida sin ninguna armadura solo vestía un corto vestido de doncella harapiento, estando los tres inconscientes. Los dejó en el suelo, despertando al muchacho.

 

—¡Enoc! —lo llamó la mujer de vestido de oro con largos cabellos marrones, emitiendo una mirada, donde sus ojos azules se abrieron enormemente—. Despierta, debemos hablar.

—Athena… —musitó el joven escriba, poniéndose de pie lentamente—. ¿Estamos en star-hill?

—Así es, Némesis y Eris han sido derrotadas finalmente. Los he traído a ti, Juno y Shedir la santia que estaba siendo posesionada por Eris.

—Ya veo, entonces ¿Qué haremos ahora?

—Si mal recuerdo la última vez te condené a la prisión del Cabosunion, pero escápate y terminaste en un reino prohibido para los mortales.

—Yo fui abducido junto con Juno por Némesis —se excusó mirando a su compañera durmiendo a sus pies—. ¿Acaso me volverá a encerrar?

—Eso no es lo importante, noté vuestra nueva condición. Ahora entiendo como pudiste escapar, fue un error colocarte en la misma cárcel que Prometeo —dijo Athena mirando el horizonte—. No obstante, al haberte intercambiado su inmortalidad lo ha condenado a ser un mortal, ahora sí esta sellado para siempre en ese ataúd de hielo.

—Si no lo hubiera hecho, estaría muerto ahora —aclaró Enoc—. Athena ahora entiendo también la condición de su raza, los nazir. Usted fue concebida de tal forma que no pueda sentir emociones humanas, por eso no siente remordimiento en utilizarnos como le plazca con tal de seguir gobernando la tierra.

—Ya veo has descubierto eso, pero ya lo sabía —Athena se volteó sin asombro—. Crees que así soy más útil para ser la diosa de la justicia o debería ser más humana. De cualquier forma, si terminé heredando algunas inmundicias humanas como la maldición de Afrodita.

—No imagino cómo sería la diosa de la guerra, siendo sentimental.

—Así como yo herede rasgos mortales, tú has hecho lo contrario. Estas perdiendo tu humanidad.

—¿A qué se refiere?

—La inmortalidad y la sabiduría sagrada te han acercado al cosmos de la Nada. Te has convertido en el proto-hombre de la edad de oro. Los cuales tenían esos mismos rasgos, por eso los limitamos dándoles mortalidad y quitándoles el conocimiento, pues con el tiempo comprendieron nuestro gran secreto de nosotros los dioses —explicaba Athena.

—Creo que en el fondo lo sabía, nosotros los humanos fuimos alterados por ustedes, para hacernos dependientes de los dioses —respondió Enoc—. ¡Dolorosamente Prometeo decía la verdad! ¡Nos esclavizaron cuando en realidad no los necesitamos!

—¿Dices que no, nos necesitan? —Athena se enfadó al escuchar esas palabras—. Todavía eres un imprudente al creer que puedes sublevarte de mí, tu diosa. ¿Qué crees que harás? Regresar a la humanidad a su condición original.

 

Enoc se dio cuenta que la diosa estaba leyéndole el pensamiento, como si pudiera interpretarlo con facilidad sin necesidad de esforzarse, cosa que no sabía que pudiera hacer, entonces se dio cuenta que ella había evolucionado más desde la última vez que se vieron y su nueva habilidad y comportamiento le parecían más desagradables para él. Pues él detestaba que se encubriera la verdad, y eso era lo que deseaba en realidad que todos redescubrieran su origen. Cuando no tuvo tiempo de reflexionar vio aparecer la estatuilla de un ángel que lo paralizó por completo con su resplandor de luz.

 

—¡Nike!

—Todavía no has desarrollado el Cosmos de la Nada por completo —dijo Athena al acercársele lentamente—. No puedo seguir confiando en ti. Sin embargo, el santuario esta mermado más que nunca, por lo que me eres de utilidad.

—No me matará entonces qué hará, no tiene caso encerrarme.

—Soy la diosa de la sabiduría, no intentes competir contra mí en mi eso —entonces le puso sus dos dedos sobre su frente—. También soy la hija de Metis, la diosa de la prudencia y el engaño. Eso quiere decir que he heredado sus atributos.

—Oh no… ¡Siempre fue usted!

—Desde los tiempos de antaño engañé a los humanos otorgándoles mi protección, pero les adoctriné la creencia de que necesitan creer en los dioses al ser tan frágiles ahora —respondió la diosa, haciendo una pausa—. Todo fue para que puedan seguir viviendo de una forma en que pudiéramos controlarlos sin que representen una amenaza. Por eso les selle el séptimo sentido y el octavo. Solo a mis santos les permití despertar el cosmos de forma limitada.

—¡¿Cómo es posible que pueda ser capaz de hacer algo así?! —le cuestionó Enoc irritado—. Todo fue un truco, una falacia. Una mentira horrorosa.

 

Enoc emitió un pulso de energía verdosa desde su espalda, emergiéndole cientos de dragones gaseosos de color verde, intentando atacar a Athena. No obstante, ella levantó la otra mano libre y estos retrocedieron, volviéndose a introducir en la espalda de Enoc de donde salieron.

 

—Observa Enoc, esto fue lo que hice para volverlos lo que son ahora —dijo Athena—. ¡Sellaré tu libro de la vida!

 

El escriba sintió como por todo su cuerpo le era descargado una corriente que le alteró tanto física como espiritualmente. Pues su cuerpo se fue adormeciendo hasta que perdió la conciencia y sintió como todo se le olvidaba, volviendo atrás hasta caer en un profundo sueño.

 

—Cuando despiertes ya no podrás usar el cosmos de la Nada nunca más, tampoco serás inmortal porque te alteré genéticamente tu cerebro para que no recuerde como acceder a ese poder. Solo deje consiente tu séptimo sentido para que me sigas sirviendo. Lo que sí debo asegurar tu lealtad, ahora es lo único que falta.

 

La diosa comenzó a hablar con una lengua ininteligible para el intelecto humano, comenzando el cuerpo del escriba a tensarse, mientras ella recitaba esas palabras. Cuando se detuvo al notar que alguien estaba despertando, la doncella que era el receptáculo de Eris, por fin habría los ojos después de años estar posesionada.

 

—Shedir has despertado, ¿Cómo te sientes?

—Como si hubiera estado durmiendo un largo sueño —respondió con una voz grave, la joven al ponerse de pie, entonces lo notó—. ¡Esa cloth! ¡Este cosmos! ¡Athena!

 

La doncella se arrodilló al reconocerla sin pensarlo dos veces, pero Athena le indicó que vuelva a estar de pie, después de todo despertarse en de tanto tiempo le era confuso todavía.

 

—¿Cómo terminaste siendo el recipiente de Eris?

—Yo no lo recuerdo, lo último que tengo en mi cabeza fue que estaba con mi hermana cuando aparecieron dos espectros. Dos entes desconocidos nos atacaron. Después todo se fue a negro, mi hermana. ¿Dónde está mi hermana Makeda?

—Makeda de Andrómeda, la que se suponía debiese ser la líder de mis santias, y me traicionó pasando Ceres de Loto a sustituirla —recordó Athena—. Ella también desapareció hace años.

—Yo la buscaré, debo encontrarla. Estoy segura de que puedo hacerlo.

 

Fue entonces cuando una estrella surco los cielos, hasta llegar a lo alto de la colina de Star-hill. Una pandora box, se divisó sobre Shedir, reconociendo el object de la doncella mirando un espejo, el cloth de Casiopea la cual se desarmó para acoplarse a su cuerpo.

 

—¡Shedir de Casiopea! —exclamó Athena—. Ve y trae de vuelta a tu hermana y termina con Afrodita de una vez por todas.

—Espere Athena, la piensa mandar a ella sola. Déjeme ir también —dijo una voz desde atrás—. Yo Juno de Pavo Real también soy una santia.

—Vosotras dos, son las únicas que quedan con vida. Muy bien pero cómo la encontrarán.

—Donde me encontré con esas diosas por primera vez, en la isla de Chipre —respondió Shedir mirando el horizonte—. Muy bien vámonos.

—Diosa Athena… ¿Qué sucederá con Enoc? —preguntó Juno.

—Él está bien, solo lo dejaré dormir. Los últimos acontecimientos le deben haber pasado la cuenta, yo debo partir a buscar a Ares y también ya se cómo rastrearlo.

 

Las dos santias asintieron y partieron, bajando como dos estrellas. Mientras Athena se quedó mirándolas como se alejaban.

                                               

                                                 ***

 

Bajo la península de Anatolia, en una isla en el mar mediterráneo. Un pequeño reino permanece escondido a los ojos de las personas. Un palacio de corales y hermosas residencias se extiende por la isla, un grupo de pequeñas fuentes de aguas termales circundan los alrededores, donde en el centro. El templo más hermoso yace sepultado bajo unas enredaderas como si fuese un recinto en medio de la naturaleza. Nadie imaginaba que ahí la paz y la tranquilidad abundaban. Fue lo que los ojos de un joven de hermosa melena rubia contemplaron, viendo desde las alturas al pequeño poblado de habitantes en la zona baja de la isla.

Entretanto las ultimas santias se dirigían en la búsqueda de la diosa del Amor, nadie imaginaba que ya había un santo de Athena en sus aposentos, el cual había sido raptado por la misma diosa de la belleza. El esbelto muchacho se había quedado encantado al ver tal lugar que por alguna razón sus nervios debido a los tiempos de guerra se habían dormido en ese placido ambiente. No obstante, al percibir los cosmos de las doncellas, su aura helada despertó en él enseguida y salió del templo a encontrarse con ellas.

El copero las fue a recibir a la costa de la isla donde encontró a las santias. Una mujer de armadura verdosa con cabellos cortos oscuros medianamente alta y otra más baja con aspecto juvenil de rizos castaños con una vestidura platinada.

 

—¡Juno! —exclamó el copero de oro—. Ha pasado un buen tiempo sin vernos.

—¡Ganimedes, ¿Qué haces aquí?!

—Es una larga historia, pero no hay necesidad de que tomen la vida de Afrodita —aclaró Ganimedes—. Por favor, retírense.

—¿Qué dices? —se encogió de hombros la doncella de Pavo Real al verlo dándosela vuelta—. Es qué tú acaso nos ha traicionado por esa diosa, ¡Ganimedes!

 

Juno intentó alcanzarlo, cuando se detuvo al ver cristalizarse una pared de hielo transparente muy finísima en la entrada. La cual había obstaculizado su camino.

 

—¡Váyanse nunca podrán seguir adelante ahora que he levantado esta puerta de hielo! —exclamó el copero dándoles la espalda.

—¡No digas tonterías! —bramó Juno al dar un puñetazo con mucha fuerza, pero se hirió su nudillo y el puño de su cloth de plata se trizó al impactar contra esa finísima pared—. ¿Por qué es tan dura esta puerta tan fina?

—Hazte a un lado, Juno —dijo la doncella de Casiopea al ponerse delante de ella—. Yo Shedir de Casiopea seré quien se deshaga de esta pared de hielo, con la fuerza de la naturaleza…

¡Greatest Eruption!

“Gran Erupción”

 

Shedir incendió su cosmos al máximo para después elevar su brazo derecho concentrando su energía en su mano para posteriormente llamar la fuerza de la naturaleza realizando una erupción volcánica, lanzada en forma de torrente de magma contra la pared.

 

—No podrás destruirla con la fuerza de la naturaleza, esta es una variación del ataúd de hielo incluso aunque muchos santos dorados ataquen no podrían romperla —decía Ganimedes cuando sintió temblar su muro, se volteó para ver como la presión estaba sobrecalentando su pared—. ¿Esta es la fuerza de una santia?

—Aunque no podamos romperla es posible ver una abertura, donde se haya forjado con menor volumen, ya por ahí se filtra la voz —especificó Shedir cuando terminó de ejecutar su técnica levantando una capa de vapor—. Si no, no pudieras escucharnos si no hubiera un punto de menor densidad.

—Déjamelo a mí, yo podre descubrirlo —dijo Juno al volver a realizar un movimiento de cosmos, donde utilizó sus piernas para dar una patada con su tacón donde hizo vibrar la pared—. ¡Jampin Stone!

—¿Qué? —se encogió de hombros Ganimedes al reconocer la técnica de su antiguo maestro—. No puede ser, cuando tú has adquirido las disciplinas de Capricornio.

 

Ganimedes se quedó perplejo al ver como su muro se hizo trizas delante de él, después de la colaboración en equipo de las dos santias. Se dio cuenta que su amiga Juno no era la misma jovencita que conoció, ahora parecía más ruda y su amiga tampoco se quedaba atrás. Entonces dio un suspiro y volvió a retomar su postura seria con los ojos cerrados.

 

—Ya veo, entonces vosotras deben ser las santias más fuertes. En realidad, no deseo lastimarlas, ya que son las ultimas de mis hermanas.

—¿Qué has dicho? —Juno se sorprendió con tal declaración.

—Tú un nazir igual que nosotras….

—Así es, de la misma manera que mi antecesor el señor David de Acuario. Yo también formo parte del linaje real —espetó Ganimedes—. ¡Únanse a mí y quédense a vivir aquí para perdurar nuestro linaje!

—¿Qué sentido tendría vivir aquí con la diosa que nos maldijo?

—Te equivocas no fue una maldición sino una bendición —contradijo el copero—. Ahora que me he acercado a la diosa de la belleza, me he dado cuenta de que en realidad ella nos complementó con lo que nos hacía falta para ser humanos. Algo que Athena nos privó desde nuestro nacimiento. ¡Afrodita nos hizo nacer el sentimiento del Amor!

—¡Tonterías! —bramó la doncella de Casiopea, intentando golpearlo sin éxito—. ¡El amor es algo que no necesitamos!

—¡Opino lo mismo, solo nos ha hecho débiles! —apoyó Juno, afilando su brazo derecho—. ¡Ahora que he regresado a ser una santia, soy más fuerte!

 

Juno se lanzó a cortarlo con una hoja de cosmos filoso desde su brazal, pero Ganimedes detuvo su espada antes de que bajara su brazo sobre él, congelando parcialmente su extremidad derecha mientras extendía su mano deteniendo la hoja de Juno, usaba el otro brazo libre para contener el golpe ígneo de Shedir. Ganimedes empezó a tener dificultades al comenzar a sudar mientras detenía las técnicas de ambas.

 

—Vosotras se han deshecho de esos sentimientos, creyendo que las hacia vulnerables —dijo Ganimedes cuando comenzó a emitir su aura glaciar—. ¡Son unas tontas!

 

El copero expandió su cosmos como un tornado ártico que liberó desde sus palmas, haciéndolas retroceder las mandó a volar a las dos doncellas hasta impactarlas en el suelo.

 

—Sí hubieran abrazado sus sentimientos se habrían hecho más fuerte. No había necesidad de desecharlos. Yo soy la prueba de ello —explicaba Ganimedes con fervor—. Tendré que purificarlas yo mismo.

—No nos dejaremos vencer, esa diosa caprichosa es la causante de que todas nuestras hermanas se deshonraran así mismas —respondió Juno al ponerse de pie con dificultad.

—¿Acaso has olvidado tus sentimientos por Enoc, Juno? —la detuvo con esa pregunta, cuando miró a la otra santia—. Tú también debes haber amado alguien, Shedir.

 

La santia de Casiopea se quedó callada, mientras permanecía con la cabeza baja estando arrodillada, cuando se dieron cuenta que unos sutiles anillos de hielo las rodeaban a las dos. Se percataron que entre más se movían, más anillos concéntricos les surgían.

 

Grand Kolizo —musitó el copero—. Son círculos de hielo al cero absoluto. Ahora permanezcan ahí, ya que alguien más a llegado.

Ganimedes apartó la vista hacia la orilla de la playa de donde alguien comenzó a emerger, envuelto en un torrente de agua que no dejaba divisar su figura, solo una silueta de hombre de brillante armadura, la cual hizo resplandecer para evaporar el torrente desde adentro con su luz cósmica. Para dejarse deslumbrar con un brillo sutil de color celeste, mientras se sacaba su casco en forma de pez, dejando ver su abundante melena enrulada de color azulada.

—Tú el caballero dorado Piscis que apareció después de la caída del pontífice, sentándose en su trono —se dirigió él al albino santo dorado con aletas—. Había olvidado que Athena te mandó a ser de verdugo hasta aquí.

—Se supone que el cargo del pontífice es dado al más puro de nuestra casta. Siguiendo la línea de la simiente nazir. No obstante, solo quedamos nosotros dos —respondió Oannes mirándolo a los ojos—. Afrodita ha vuelto a corromper al único descendiente puro que queda para asumir el cargo.

—No me interesa ser el papa, ni seguir siendo el progenitor de la nueva casta sacerdotal —declaró Ganimedes rodeándose de su aura glaciar—. Le estoy agradecido a la diosa Afrodita por concederme un gran favor. Así que la protegeré en gratitud hacia su buena voluntad conmigo.

—¿Qué extraño? No pareces estar embrujado como yo —dijo Oannes, cuando miró a las santias—. Vosotras saben que le sucedió.

—Ha estado así desde que llegamos —añadió Casiopea.

—No es el mismo Ganimedes que conocí.

—Afrodita no me ha hecho nada. Solo me prometió algo que Athena me arrebató, por eso no los dejaré pasar hasta ver cumplido su favor.

—¡Ingenuo! —exclamó Oannes cuando extendió su palma derecha, volviendo liquido el hielo que las rodeaba a las santias en forma de anillos de hielo—. Vosotras, vayan con Afrodita, yo me haré cargo de él.

—No las dejaré —Ganimedes concentró sus fuerzas en su puño para lanzarles una ráfaga helada, pero de repente se volvió liquida y empezó a tomar más presión ahogándolo—. Esto de nuevo, no te servirá…

 

¡Diamond Dust!

“Polvo de Diamante”

 

La burbuja que había encerrado a Ganimedes explotó en una briza glaciar, que el copero les lanzó a todos. No obstante, fue detenida con las propias manos del santo de Piscis, quien volvió a reiterar a las santias que se adelantasen, cuando desde el centro del flujo del aire congelante entre los brazos cruzados de Oannes nació una esfera acuática de gran fulgor.

 

¡Alrisha of the Ceto!

“Azote del Gran Pez”

 

Oannes desencadenó una esfera a presión submarina como un tremendo chorro a presión de una ballena que fue lanzando en forma horizontal hasta llegar al santo de Acuario, quien se vio consumido. Dándoles la oportunidad a las doncellas. Quienes se fueron de ahí.

Entonces eso, provocó que Ganimedes se enfadara encendiendo su cosmos más todavía, danzó sus manos para cambiar la dirección del torrente acuático transformándolo en un torbellino glaciar más fuerte, devolviéndoselo a Oannes.

 

¡Kholodnyi Smerch!

“Tornado Congelante”

 

Esta vez el santo de Piscis quedó adentró de un tornado de hielo cristalizado, cuando Ganimedes se disponía a marchar para alcanzar a las doncellas, este se destruyó desde el interior, como si una ráfaga de luz lo cortara. Cayendo Oannes con las aletas de sus codos extendidas rodeadas de energía verdosa.

 

—Debí suponer que esa capa de aire glaciar cercana al cero absoluto no sería suficiente con el santo dorado quien se presume es el más fuerte.

 

Ese comentario, hizo rebotar una pequeña carcajada en Oannes, pero lo hizo ir mas enserio al quererlo atacar con sus aletas afiladas de cosmos. Cuando al llegar intentar rebanar directamente a Ganimedes, él las detuvo con facilidad con la punta de sus dedos volviéndolas de hielo y arrancándoselas de sus codos, ambas aletas quedando como espadas en forma de media luna para el copero, quien las utilizó en contra del santo del pez. Viéndose sorprendido por tal contraataque, volvió a retroceder esquivando los haces cortantes por poco.

 

—Te has vuelto todo un mago del hielo y del agua.

—No tiene caso que me ataques usando el agua. Cualquier cosa que hagas te la devolveré, como ya has comprobado —dijo el copero volviendo aire glaciar gaseoso las aletas, como parte de su aura—. Será mejor que te rindas, la victoria será mía.

—No estaría tan seguro, veamos cuanto puedes aguantar —Oannes se rodeó de un torrente acuoso a gran presión entonces se acercó a darle un golpe al santo de acuario que este no pudo congelar y sintió todo el impacto a presión quedando pegado a la pared.

—¿Por qué no pude congelar esa humedad?

—No podrás hacerlo, no es cualquier humedad. Está impregnada con mi cosmos y recorre mi cuerpo a la velocidad de luz para volverse energía —explicó el santo de Piscis cuando comenzó a elevar los brazos sobre su cabeza, creando un núcleo azulado de líquido brilloso—. Recibe mi más grande ataque submarino que inhibe los cinco sentidos hasta detener tu corazón...

 

¡Wrath of the Ceto!

“Ira del Gran Pez”

 

Oannes manifestó un tifón submarino de grandes ráfagas resplandecientes que hicieron vibrar la tierra. Sin embargo, todo el impacto se estaba conteniendo al no entrar al palacio, ya que Ganimedes había formado una barrera inamovible que no permitía el paso.

 

—¿Qué? No parece ser un aire glaciar cualquiera para contener mi ataque… ¿Acaso esto es el Ataúd de hielo que heredaste de David?

—El funcionamiento habitual del Ataúd congelante es extremadamente lento, esto es una versión incluso más potente y rápida al nivel del Cero Absoluto. Lo llamo el Freezing Shield —aclaró a Ganimedes al dar forma a una barrera cristalizada que empezó a formar un domo, encerrando al santo de Piscis en su interior.

—¡No puede ser, ahora que ya lo protegió a procedido a aprisionarme en un ataúd de hielo gigante!

—¡Este si es el Freezing Coffin! —gritó el copero, volviendo a utilizar toda la fuerza imprimida por Oannes a su favor, congelándolo por completo en ese domo de hielo gigante—. Te lo advertí, que volvería en tu contra todo lo que me lanzases.

 

El santo de Acuario se empezó a alejar caminando lentamente, cuando una voz en su mente lo detuvo. Se dio cuenta que era la voz de Oannes quien lo llamaba, pero desgraciadamente para el santo de Piscis seria todo lo que pudiera hacer.

 

—Ya veo, tu séptimo sentido te ha permitido seguir utilizando tu mente —se percató viendo que no se movía desde el interior de ese domo de hielo—. Sin embargo, dentro de poco tus funciones orgánicas cesarán por completo y ya no podrás hacer nada.

—Antes de eso, necesito saber qué es ese favor de Afrodita que te prometió para que traicionases a Athena y a tus camaradas.

—Traicionar a Athena no me duele tanto como lo he hecho a mis amigos, pero ellos ya antes me dieron la espalda al pelearse conmigo por sus convicciones personales, entonces yo pelearé por lo mismo.

—¿Qué quieres decir?

—Athena condenó la vida de la única persona que he amado, en una aberración que murió por manos enemigas. Afrodita me traerá el amor de esa persona de vuelta, ella revivirá a Betzabé de Corona Boreal para que este a mi lado nuevamente y esta vez abrazará sus sentimientos ya que le brindará lo que Athena nos privó.

—¡Afrodita no puede revivir a los muertos!

—Ella no está muerta del todo, de hecho, está volviendo a la vida —dijo Ganimedes al enseñarle en medio de una niebla entre sus manos. Donde tenía regenerándose el cuerpo de Betzabé en un capullo de hielo—. La semilla de su vida está germinando poco a poco.

—¿Qué?  ¡Realmente crees en su palabra, esa vida será una ilusión!

—Ya lo está haciendo, dentro de unos días volverá a la vida gracias al poder sagrado de Afrodita depositado en esa cámara de regeneración —explicaba Ganimedes—. Ese deseo ferviente de amor puro me ha hecho alcanzar un nuevo nivel. Finalmente he adquirido la misma fuerza del señor David o quizás más.

—¡Te equivocas! —gritó desde el interior del domo sorprendiendo al copero al ver como poco a poco se empezó a rasgar, debido a las fisuraras que se formaban de la nada.

—¡Imposible, ni siquiera los santos de oro o las armas de Libra serían capaces de romper ese hielo al cero absoluto!

 

No obstante, desde el interior una energía sublime de tonalidad rojiza inundó todo el interior del domo hasta volverlo más flexible y evaporó el hielo que parecía que perduraría por la eternidad como un glaciar perpetuo.  Saliendo Oannes con un aura azulada en su cuerpo.

 

—Ya veo, utilizaste tu sangre mestiza haciéndola arder con tu cosmos, lograste descongelarte. Debí suponer que recurrirías a ese atributo divino, aunque debió haber sido una gran cantidad de sangre que expulsaste.

—Mi sangre me salvó por poco, aunque fue una jugada arriesgada. Mi Cloth por el contrario pago el precio —dijo Oannes al despojarse de su ropaje congelado—. Ganimedes, quizás igualaste el nivel en cuanto a fuerza de David, pero no lo has superado en lo más importante. ¡No has alcanzado su frialdad inamovible como un glaciar!

—Su frialdad. De que le sirvió.

—Él no sucumbió a los deseos mundanos de un hombre ordinario porque no lo era, sino que murió como un guerrero permaneciendo con un corazón frio, como lo dicta la disciplina de Acuario.

—¿Disciplina de Acuario? ¿Qué sabes tú? —se enfadó Ganimedes encendiendo su cosmos al empezar a formar orbes azules—. ¡Los sentimientos fortalecen el alma!

—No es tu caso, te estas aferrando a una ilusión. Si fuesen puros habrías superado el nivel de David por mucho, pero lo has igualado solo por despertar el séptimo sentido.

—No es verdad, mis sentimientos no me han corrompido como a los demás miembros de mi raza —musitó Ganimedes con fervor al elevar sus dos brazos juntos sobre su cabeza—. ¡Te mostraré lo lejos que he llegado al emplear la más grande técnica de Acuario!

—¡Esa es la técnica que hace el mejor uso del aire congelado! —exclamó Oannes preocupado, ahora que no tenía protección se dispuso a encender su cosmos. Cuando notó que estaba imposibilitado, debido a una corriente helada—. ¿Círculos de hielo?

Grand Koliso. Están hechos con los residuos de hielo que quedaron en tu cuerpo, bajo el cero absoluto, no podrás defenderte ni huir —le hizo saber mientras un aura de una mujer con una vasija aparecía detrás de él—. Ahora recibe la Ejecución de…

 

Entonces en el último momento de bajar los brazos y proyectar toda la descarga invernal, algo lo inmovilizó, un rayo finísimo de cosmos atravesó su frente, quedándose un punto diminuto parpadeándole como un pequeño destello, sintiéndose muy conmocionado al estar paralizado.

 

—No puedo moverme, ¿Por qué? —se cuestionó perdiendo todo su autocontrol de sí mismo—. ¡Esto no es obra de Oannes!

—Descuida, solo es un golpe a tu sistema nervioso, no puedo dejar que mates a Oannes. Pero tampoco puedo dejarte libre ahora que sé que te interpones en nuestro camino —agregó una voz masculina, divisándose la figura de un sujeto en un ropaje de oro, con cortos cabellos rubios—. Yo Andros de Géminis tendré que hacerte ver la verdad.

—¡Andrós pensé que te quedarías entrenando en la isla de Kanon para comprender tu nueva fuerza! —exclamó Oannes recuperando su movilidad.

—Digamos que me extrañe por qué demorabas tanto, al todo caso comienzo adaptarme más fácil en una pelea real.

—¡El poder de este sujeto me ha doblegado! —añadió Ganimedes desvaneciéndose la energía entre sus manos y sintiendo una migraña constante al tratar de liberarse.

—Explorando tus pensamientos, puedo saber dónde está tu amada y es en esta isla en las profundidades, me será muy fácil ir —dijo Andrós al crear una esfera con una cuadricula alrededor que fue girando hasta convertir el espacio en una distorsión que los trasladó a los dos.

 

Ellos fueron a cambiar de posición sin ni siquiera moverse sobre una cueva bajo la isla de Chipre donde estaba regenerándose Betzabé en un capullo de hielo, mientras era energizada múltiples enredaderas que le irradiaban un cosmos germinando un nuevo cuerpo.

 

—¿Acaso me has traído para acá para matarla ante mis ojos? —se preguntó Ganimedes—. ¡Maldito si le haces daño, no te perdonaré!

—No seré yo, quien se deshaga de ella —le sorprendió con su respuesta al señalarlo con su dedo índice—. ¡Serás tú mismo! ¡Satán Imperial!

—¡¿Qué es esto?! —se tensó al sentir todo su cuerpo una intensa corriente que le electrocutó el cerebro—. ¡Mi cabeza me arde!

 

Ganimedes se le gatilló una nueva sensación de adrenalina que recorrió todo su ser, soltando sus músculos sintiéndose dócil a las primeras palabras que le ordenó su ejecutor al verlo con una sombra o mancha rojiza en sus ojos los cuales se dilataban.

 

—Ahora te ordeno que pongas fin a la vida de esa mujer —Resonó fuerte y claro Andrós señalándole a la doncella que estaba renaciendo en el capullo de hielo.

 

El copero de oro se acercó lentamente sin siquiera pensar extendió sus brazos y emanó de sus palmas un poderoso aire congelante que fue capaz de romper en mil pedazos al capullo al ser un aire frio superior. Volviendo escarchas de hielo a la doncella, entonces Ganimedes reabrió los ojos, recuperando la nitidez de su tez. Se dio cuenta de lo que había hecho con sus propias manos y cayó de cuclillas totalmente horrorizado, un frio lo inundó por dentro y su cosmos se apagó por completo como si hubiese perdido las ganas de vivir.

Mientras Andrós regresaba a la superficie encontró al santo de Piscis esperándolo sosteniendo algo entre sus manos.

 

—¿Qué sucedió con Ganimedes?

—Ha perdido la motivación de un guerrero, ahora solo él mismo puede retornar a ser quien era o quizás se quite la vida él mismo al sentirse tan miserable —dijo Géminis empezando a caminar—. Esa arma es lo que creo que es.

—Ya veo, ahora depende de él —respondió Oannes al enseñarle un pequeño puñal de oro—. Así es, es la daga del patriarca. La daga que Athena me dio y todo lo que tengo ahora.

—Vayamos entonces.

                                                                       ***

 

Los dos se apresuraron a ir con las doncellas, entrando en el palacio. Entretanto las santias de Casiopea y Pavo Real ya habían llegado al centro del hogar de Afrodita, pero no la encontraban, sino que se impresionaron como por dentro crecía todo un inmenso jardín con retorcidas ramas y hiedras entre las ventanas, sintiendo que exploraban una selva amazónica que cada vez que se sumergían terminaban más perdidas.

 

—¿Dónde estará esa diosa repugnante? —se cuestionaba Juno al levantar su brazal y cortar unas hiedras para abrir el camino—. Esto es muy tedioso.

—Siento una extraña sensación de ser observada.

—Yo no me siento amenazada. No hay rastro de un cosmos divino en toda la isla.

—Eso es lo más enigmático, por qué se ocultaría de nosotras.

 

Fue cuando fueron atacadas por unas plantas carnívoras que Juno cortó con su espada y Shedir incineró con sus flamas, sin muchos inconvenientes. No obstante, volvieron a crecer más, entonces decidieron podar el jardín que las veía como invasoras. Juno movió sus piernas en posición circular, creando ondas de corte expansiva, mientras la santia de ropaje verdoso llamó a la fuerza de la naturaleza en sus manos y creo unas llamaradas volcánicas que empezaron a consumir las plantas, quedando el jardín reducido a un mal oliente y amplio campo de flores, donde en el centro estaba un pequeño lago espumoso. De donde una voz les habló por primera vez.

 

—¡Qué insensibles son siendo unas doncellas! —exclamó una voz femenina—. Las mujeres no deberían portar armaduras, saben lo tosca que se ven usando esos horribles atuendos.

—¿Afrodita?... ¡Sal ya de tu escondite! —gritó Juno encolerizada—. ¡Oh también drenaremos ese lago!

—Hemos venido a desterrarte de este mundo, pero antes debes liberar a mi hermana —le aclaró Shedir—. ¡Sal del cuerpo de Makeda de Andrómeda!

—Tu hermana, te refieres a mi cascaron. Este cuerpo ya lo he usado por muchos años, por lo que lo he asimilado por completo —respondió la diosa desde el fondo del lago—. ¿Qué te hace pensar que queda algo de ella? ¿Quién eres tú?

—Soy Shedir de Casiopea. Yo también fui poseída por Eris al mismo tiempo que mi hermana y me exorcizaron después de tantos años, por eso creo que puedo hacer lo mismo por ella.

—Ya veo, pero Athena aquí no está.

—Tomaremos tu vida entonces si no aceptas salir por las buenas —amenazó Juno al elevar su brazo.

—Serias capaz de atacar a una mujer indefensa —musitó con una suave voz, cuando una delgada mujer comenzó a salir del agua en vuelta en espuma apreciándose una melena de ondulados cabellos rubios—. Yo odio pelear. Pero tampoco me iré de aquí.

—¡Entonces tomaré tú vida! —exclamó Juno al bajar su brazo cuando Shedir le agarro el hombro, deteniéndola—. ¿Qué haces?

—No lo sé, no es porque sea el cuerpo de mi hermana. Solo que no siento deseos de herirla.

—Tonta —pensó la santia de rizos cuando devolvió la mirada a la diosa algo paso que se desarmó su guardia—. ¿Por qué no siento la ira que sentía hace unos momentos de acabar con ella?

—Es como si todo se desvaneciera.

 

Las santias se vieron desconcertadas, por una extraña sensación de paz al tener al frente a la diosa de la belleza, quien con tan solo su presencia las había detenido. Cuando sus cuerpos tambalearon y se ruborizaron por una extraña razón sus sentidos se desvanecían perdiendo las fuerzas. Muy pronto se dieron cuenta que el deseo de pelear era solo el comienzo porque sus cuerpos habían sido envenenados y estaban sucumbiendo ante una fragancia desconocida que comenzó a brotar con gran aglomeración delante de ellas.

 

—¡Es el campo de flores que quedó!

—No son flores, son rosas. Campo de rosas creciendo que acaban de germinar cuando ustedes redujeron mi jardín.

—¿Qué dices? —se encogió de hombros la santia de Casiopea—. Tú no estás haciendo nada.

—Este jardín tiene vida propia, actúa como mi gran protector y a ustedes las ve como una amenaza. Ahora están ante la última defensa de mi jardín, morirán por la fragancia de mis rosas demoniacas reales.

—No podemos morir por algo tan simple —musitó Juno cuando quiso moverse, pero su vista se le distorsionó y los músculos se le aflojaron perdiendo el balance—. ¡No!

 

Gritó con todas sus fuerzas la santia del Pavo al abrirse las plumas por detrás, soltando una explosión de cosmos que pudo gatillar un último e impetuoso ataque de su espada, concentrando sus fuerzas en su brazal, saltó para cortar el cuello de la diosa, pero una rosa salió volando para interponerse como un escudo, sintiendo como rompió por dentro sus huesos, el brazal del cloth se resquebrajó al hacer contacto con esa rosa oscura que la hizo retroceder.

 

—Una rosa negra me demolió el brazo.

Piraña Rose. Es una rosa capaz de destruirlo todo —aclaró la diosa de le belleza—. No contienen veneno, pero sus espinas lo devastan todo.

 

Entonces una ráfaga de espinas de rosa negras le llovieron sobre la santia del Pavo, quien sintiéndose adormecida no pudo defenderse y todo su ropaje de plata fue desgarrado, por las espinas que retumbaban sus extremidades, dejando sus huesos temblando. Cayó desplomándose.

 

—Juno —exclamó Shedir al acercársele cuando ahora las rosas negras fueron con ella, pero Shedir levantó una ola de lava como escudo protector—. Una técnica vista no funciona dos veces.

 

Las rosas negras se fundieron en la masa volcánica que ella volvió a hundir en la tierra quedando como grava, entonces puso a Juno detrás suyo.

 

—¿Por qué sigues resistiéndote a la fragancia de las rosas rojas? —se encogió de hombros la diosa—. Ya no debería quedarte fuerzas.

—Digamos que Ganimedes me heló tanto la sangre que tu veneno no me llega, en pocas palabras es muy lento para mi metabolismo —sonrió la doncella el encender su cosmos con ferocidad—. ¡Aniquilaré este jardín por completo!

—Yo no haría eso, ni siquiera yo misma soy capaz de detenerlo ahora que ustedes están atacándolo.

 

Burning Lava Rain

“Lluvia de Lava Ardiente”

 

La santia elevó su brazo derecho para posteriormente lanzar una erupción volcánica en forma de meteoritos minúsculos que, reduciendo todo el campo a un suelo de puro magma, logrando incluso evaporar el lago.

 

—Se acabó.

—No estaría tan segura —dijo Afrodita al extender sus extremidades y unirse con unas enredaderas que quedaron, volviendo a dar vida a su jardín nuevamente, retomando el color silvestre que tenía, pero esta vez la diosa se volvió parte del jardín al fundir su cuerpo en la tierra, parecía una dríade adherida la corteza terrestre—. Mientras yo sea la fuente de energía, este lugar tendrá vida eterna.

—Maldita seas.

 

Entonces algo abismal sucedió, todo el lugar se distorsionó por una enorme fisura en el espacio que hizo desaparecer el jardín quedando la diosa sin ningún rastro de él, solo ocultando sus atributos femeninos con restos de enredaderas y hojas por su cuerpo, pero se vio horrorizada al ver que estaba flotando en un abismo sin fin.

 

—Ya no estamos en mi hogar.

—Es otra dimensión —vociferó una voz apareciendo desde la oscuridad un hombre de ropaje dorado—. Yo Andrós de Géminis soy el responsable.

—Insolente, por qué me has alejado de mi hogar.

—Porque era una molestia para acabar contigo —respondió con una sonrisa al encender su aura—. Ahora tendré que hacerme cargo yo de ti.

 

El santo de Géminis fletó un brazo para crear una esfera con cuadriculas, mientras reunía una energía dimensional en su interior como un pequeño agujero negro que le lanzó a la diosa sin importarle que estuviera desprotegida y fuera mujer.

 

—¿Qué es esto?  —se encogió de hombros la diosa al entrar en el interior de la esfera que se amplió al tamaño de su cuerpo para atraparla en una gravedad sobrenatural—. Esta fuerza es demoledora para un hombre, incluso un santo dorado…

¡Arc Geminga! —exclamó Andrós cuando empuño su mano con la que ejecutó su técnica en una explosión—. Sentirás tu cuerpo convulsionar hasta que no soporte esa gravedad.

 

Afrodita exclamó un alarido. Mientras la esfera explotó desfragmentando el cuerpo de la diosa en partículas distorsionando su estructura molecular hasta niveles subatómicos. No obstante, algo quedó suspendido en el aire como un residuo del cuerpo de la diosa, una especie de semilla que latía como un corazón rojizo y enredaderas alrededor, haciendo que rápidamente se empezara a regenerar con una velocidad acelerada hasta reconstruir todo su cuerpo, sin daño alguno.

 

—¿Qué? —Andrós frunció el ceño—. No parece recibir daño, su cuerpo ya no es humano entonces.

—Fuiste un tonto —dijo la diosa—. Debiste acabar con mi corazón cuando lo viste, ahora has perdido tu oportunidad.

—¡Entonces te destruiré de nuevo y esta vez por completo! —bramó Géminis creando su esfera con cuadriculas nuevamente.

 

Sin embargo, esta vez, la diosa con un solo soplido detuvo la esfera, regresándosela sin dificultad, no teniendo otra opción que esquivarla perdiéndose en el especio. Andrós comprendió que Afrodita parecía una diosa más fuerte de lo que creía. Entonces el santo de Géminis pensó en detener sus articulaciones controlándola para destruirla nuevamente. Utilizando su técnica secreta la cual era capaz de dirigir el cerebro.

 

—¡Recibe la herencia que me dejo mi hermana! —gritó al lanzar un rayo de luz recto sobre su cerebro—. Ahora que he penetrado tu mente ya no podrás moverte… ¿Qué no es posible?

 

Andrós quedó perplejo cayéndole una gota de sudor cuando la diosa comenzó a caminar con bastante facilidad hacia él, entonces la atacó con un gran ataque entre sus manos, pero ella solo extendió el brazo creando una barrera de energía. Entonces esta vez la diosa parpadeo al no verlo, siendo sorprendida por detrás por otro golpe que destelló en su frente, siendo tocada en su cabeza por el dedo índice de Andrós. Pero esta vez la diosa sostuvo el brazo de su oponente y giró su otro brazo sobre el rostro del santo, pasando su muñeca sobre la nariz de él, haciendo que probara una fragancia que le nublo la vista quedando algo entumecido.

 

—El Another Dimensión se desvanece… Estoy perdiendo mis energías.

—Parece ser que querías controlar mi cerebro, pero este cuerpo ya no se controla por ahí sino por otro órgano que yo misma he creado —aclaró la diosa mostrando una pequeña mueca—. Ahora serás tú el que caiga bajo mi control.

 

Dijo la diosa al arañarle levemente el cuello, ocasionando que sus venas se hicieran de un tono verdoso que originaron una alucinación por dentro de él, perdiendo la concentración por completo. Se fue a negro. Entonces los dos regresaron al palacio en la isla de Chipre.

Las santias se asombraron junto con Oannes al ver que ella había regresado junto con Andrós, pero este tenía una especie de flor que le había crecido en su pecho, dándole un color a su piel más opaco y sus ojos de un tinte verdoso.


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FANFIC: La condenación de los caballeros de Athena

Capitulo 44 .-  desde el (06/04/2017)

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Publicado 16 mayo 2018 - 15:27

Ganimedes en q sentido dices?-------me referia la escena del dragon de omega con Paradox

 

-----------------------------------------------------

 

-Athena actua como una feminazi sin remordimientos de sus acciones

 

-Athena  vendria a ser una villana astuta que ha mantenido esclavizada en cierta forma a la raza humana

 

-pobre Enoc ,lo unico que le faltaba es que Athena  lo trate como caballo mientras lo golpea XD

 

-buena batalla de Ganimedes  y Oannes

 

-Andros de Géminis si que es despiadado

 

-Ese jardín es mortal

 

-buen fic

 



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ALFREDO

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Publicado 08 junio 2018 - 13:03

Hola t-800

Ganimedes en q sentido dices?-------me referia la escena del dragon de omega con Paradox

 

-----------------------------------------------------

 

-Athena actua como una feminazi sin remordimientos de sus acciones

 

-Athena  vendria a ser una villana astuta que ha mantenido esclavizada en cierta forma a la raza humana

 

-pobre Enoc ,lo unico que le faltaba es que Athena  lo trate como caballo mientras lo golpea XD

 

-buena batalla de Ganimedes  y Oannes

 

-Andros de Géminis si que es despiadado

 

-Ese jardín es mortal

 

-buen fic

-Es la diosa de la guerra sus acciones son radicales pero eficientes. Como un soldado

-Si ps villana?... Mas una antiheroina q tarde o temprano experimentará q se siente.

-A Enoc todavía le queda por sufrir.

-Gracias.

-Todo un gemenis.

 

Bueno a pesar de q queda un solo lector de este fic q publica. Deseo terminar esta historia, ya q me quedan muy pocos caps para el final. Aqui les dejo el siguiente chapter.

 

CAPITULO 55.- EL ENCANTO MORTAL DE AFRODITA.

 

 

Las cosas se habían complicado cuando la diosa de la belleza regresó junto con Andrós como si fuese una especie de marioneta bajo su control, pues le ordenó que la defendiese de los que intentasen atacarla y el santo de Géminis dio un paso adelante, elevando sus dos brazos reunió algunos orbes de estrellas y galaxias en miniatura creando una densa masa espacial que detonó en una gran explosión de estrellas y meteoritos.

Las santias salieron volando recibiendo un gran daño, pero cuando cayeron se dieron cuenta que Oannes había amortiguado gran parte del impacto al interponerse como escudo, quedó con todo su cuerpo desangrado en una posición estática como si estuviese empujando una muralla.

 

—¿Por qué lo hiciste?

—Ya había recibido la explosión de Galaxias de Andrós, por lo que era el único que podía resistirla, aunque estuviese sin un cloth —sonrió Piscis al levantarse con dificultad—. Aunque todas mis células están destruidas por lo que estoy acabado.

 

Fueron sus últimas palabras al desplomarse sin energías. Cuando Géminis se acercó para rematarlo, la santia de Casiopea se levantó reuniendo entre sus manos toda la energía que le quedaba para atacarlo con una erupción volcánica que lanzó como una lluvia de magma sobre Andrós quien permaneció inmóvil.

 

—Si logro al menos destruir esa planta en su pecho, creo que podré liberarlo.

—Tonta crees que sería tan fácil. Mi toxina ha penetrado su sistema nervioso, aunque la destruyas, la flor volverá a germinar alimentándose de su torrente sanguíneo. Las hiedras crecerán mientras atacan el hipocampo de su cerebro —explicaba Afrodita confiada en que sería en vano.

—Eso quiere decir que mientras este con vida él estará bajo tu control.

—Así es mi pequeña hermanita. Si quieres la rosa más hermosa tendrás que pasar por una gran espina antes —dijo la diosa cuando le indicó que se detuviera—. Pero no deseo seguir con esta masacre. Si abandonas la vida de una guerrera y te dedicas a vivir el amor como una mujer yo te dejaré libre junto con tu amiga.

—¡Crees que me interesa la vida ordinaria! —exclamó iracunda—. Solo deseo liberar a mi hermana de tu inmundo espíritu.

 

La diosa puso el ceño fruncido al escuchar que se refirió así a ella, con lo que asintió con un gesto de enfado, indicándole a Andrós prosiguiera aniquilándolas, entonces él comenzó a caminar cuando algo muy tenue detuvo sus movimientos.

 

—¿Ondas de Agua? —se preguntó la santia cuando volteó al sentir una cosmosenergía que reconoció como un anterior oponente—. ¡Ganimedes!

—Mi querido copero ha regresado, pero qué haces no habrás decidido traicionarme después de que te ganaste mi favor para que vivieras nuevamente tu gran amor.

—Lo siento —se disculpó avanzando lentamente, dejando a la diosa desconcertada. — Perdónenme Shedir, Juno, Oannes y tú también Andrós. Estaba atrapado en un delirio del pasado.

—No te preocupes todos caímos en eso, es natural que busquemos ser felices como un humano cualquiera —dijo entendiendo sus palabras con una leve mueca—. Lo bueno es que ahora has regresado a ser tú mismo.

—¿Por qué renuncias al propósito de tu vida? —se decepcionó la diosa cerrando sus ojos—. Serias tan dichoso si hubieses seguido tu corazón.

—Te agradezco la oportunidad Afrodita, pero solo era un sueño de felicidad egoísta del pasado que ya no volverá, el amor solo se vive una vez. Ahora en mí ya no queda un corazón humano —declaró inexpresivo en sus palabras cuando soltó una tremenda aura glaciar que volvió todo el suelo, hielo—. ¡Sino un tempano inamovible!

—¡Andrós deshazte de ellos! ¡Elimínalos a todos!

—Ahora es mi turno de devolverte el favor, Andrós —le emitió esas palabras acuario al extender su brazo hacia arriba—. ¡Recibe los colmillos del Loto Blanco!

 

El copero intentó cristalizar sus orbes en lanzas de hielo. No obstante, algo detuvo la creación de sus lanzas que no podían formarse debido a que todos los orbes estaban atrapados en campos dimensionales deteniendo su crecimiento. Sin duda era obra del santo de Géminis, quien convirtió los orbes azules en esferas negras con cuadriculas las cuales formó en una sola gran esfera que levantó con sus manos liberando una descarga de aire que parecía succionarlo todo a su paso.

 

—¡Ha creado un agujero negro! —exclamó Casiopea cuando no pudo sostenerse y junto con Juno comenzó a ser arrastrada, pero una cristalización en sus pies la ancló al suelo junto con su amiga—. ¡Oannes!

 

Ella lo vio que estaba también cubierto de hielo entre sus pies y sus extremidades para sujetarlo, solo Ganimedes era capaz de tolerar esa fuerte presión, asombrando a la santia de que pudiera resistirlo. Cuando divisó que un aura congelante rodeaba el cuerpo de Ganimedes como si fuese una barrera invisible.

 

—¡No creas que podrás congelar este agujero negro!

Andrós le lanzó su esfera de distorsión, la cual iba a arrastrando todo a su paso, deformando el espacio por el que avanzaba.

—Ya lo veremos —El copero dio un gancho hacia arriba, formando una briza que se extendió como una barrera de hielo transparente—. No creas que necesito congelar todo para defenderme.

 

La pared de hielo reflejo la trayectoria de la esfera de distorsión y logró cambiar su dirección en sentido opuesto, regresándosele a Andrós quien la contuvo con sus manos haciendo un gran esfuerzo la hizo desaparecer. Ocasionado un estruendo al cerrar sus manos. Entonces el santo de Géminis empezó a concentrar más energía entre sus palmas, creando estrellas y meteoritos deformando su masa en una combustión de estrellas, detonando una vez más su más terrible técnica.

 

—¡Es la explosión de galaxias! —añadió Casiopea—. ¡Si nos golpea estamos perdidos!

—No será así —dijo Ganimedes quien volvió a formar nuevamente varias barreras de hielo finísimas como una continuidad de puertas que reforzaron su defensa.

 

El impacto fue destruyendo una a una todas las paredes de hielo hasta que la onda de choque alcanzó a Ganimedes quien la resistió con su propio cuerpo hasta que salió volando por el ultimo residuo de la explosión logrando que no alcanzara a las doncellas. El copero quedó con su ropaje dorado con fisuras parciales, descubierto de una hombrera y parte del faldón.

 

—Fue amortiguando el impacto con todas sus barreras hasta solo disminuir la explosión a una mínima parte —analizó Casiopea impresionada.

—No esperaba que tuviera que actuar yo mismo como una última barrera, a pesar de que las forme al cero absoluto —agregó Ganimedes poniéndose de pie con dificultad—. Andrós ha incrementado su cosmos de una manera descomunal para ser un santo de oro.

—Así es, ha adquirido el doble de mitocosmso en sus células que tiene un santo de oro promedio, sin duda merece ser llamado el santo dorado más fuerte —corroboró Oannes al despertar.

—Ya veo con que esa es la razón. ¿Quiere decir que no podremos detenerlo?

—¿Qué hacemos entonces?

—Solo podremos contenerlo para aprovechar una oportunidad de asestar un golpe en contra de Afrodita, pero me temo que es una posibilidad mínima —aclaró Oannes.

—Arriesguémonos. Yo lo contendré —Ganimedes se ofreció al juntar sus brazos mientras los elevaba por encima de su cabeza.

 —Entonces yo te daré un blanco fijo —secundó Oannes al lanzarse en contra el del santo de Géminis corriendo mientras de su cuerpo emanaba un torrente de agua.

 

Corriendo en dirección a su rival, su cuerpo se fue multiplicando en varias réplicas de Oannes que contenían ese torrente a presión sin necesidad de llevar un cloth se disponía a atacar. Sin embargo, su oponente no se inmutó ante su ejército de sombras acuosas y poniendo su cuerpo en forma tensa reabrió una fisura en el espacio en forma de cuadriculas en el cielo y el suelo, donde planetas y galaxias se veían aproximarse, y empezaron a caerse todas las sombras de Oannes sin llegar a su objetivo de alcanzar a Andrós, pues se había convertido en un blanco a cientos de años luz de distancia.

No obstante, cuando solo quedó una copia sin que se perdiera en el abismo, este logró alcanzar a su oponente por medio de un lazo de luz que le lanzó desde sus dedos como una soga que lo unió, entre sus brazos. La misma habilidad que usó para destruir a la dríade Ate de la ruina, la usó contra Géminis para mantenerlos unidos.  Sin embargo, cuando Andrós puso su dedo sobre el lazo, fue desfragmentándose.

La cuerda de oro se fue desintegrándose hasta destruirla por completo, pero no se detuvo ahí, sino que continuó destruyéndose en partículas al santo de Piscis, quien se hizo polvo cósmico sin que ni siquiera su torrente de agua lo pudiera defender.

 

—Ese fue tu fin. 

 

Entonces Andrós regresó al templo de la diosa de la belleza, viendo que solo estaba Ganimedes todavía a punto de lanzarle su ejecución de Aurora.

 

—¿Qué sucedió con Oannes?

—Es ahora parte de la nada. Lo reduje a polvo estelar y ahora es tu turno.

—No estaría tan seguro, mira detrás de ti.

 

Al voltearse Andrós, no percibió que alguien lo sostuvo por detrás con sus dos brazos lo agarró por la espalda. Mientras comenzó a estremecer su cosmos como un torbellino de agua que lo empezó a inhibir de sus movimientos.

 

—¿Cómo?

—Solo viste un reflejo en el agua, una ilusión óptica desde que liberaste tu otra dimensión te fuiste solo con mis replicas y yo me quedé aquí esperando que volvieses —respondió mientras lo sujetaba incrementando su cosmos al máximo.

—¡Pero si ya no tenías más fuerza! ¿Por qué tú cosmos arde ahora tan fuerte?

—La sangre de mi estirpe es más propensa a arder el cosmos, aunque eso reviente mi corazón —dijo Oannes—. Pero sé que esto todavía no es suficiente para detenerte… ¡Ganimedes!

—¡Ejecución de Aurora!

—¿Te sacrificarás solo para contenerme?

 

La ráfaga de Acuario tomó más fuerza junto con el torrente a presión de Oannes combinadas las dos aleaciones se complementaron con una presión aún más intensa que empezó a congelar a los dos.

 

—¡Ataúd Congelante!

 

Entonces aceleró el proceso de inamovilidad, dejándolos a los dos dentro de un enorme tempano de hielo que incluso hizo un agujero en el techo. Ganimedes sonrío cayendo de cuclillas exhausto. Felicitando a Oannes aunque sabía que ahora no lo podría escuchar nunca más.

Entretanto la doncella de Casiopea se había alejado de ellos para acercarse al centro de los aposentos de Afrodita donde la diosa observaba con una mirada entristecida. No le importó que la santia se asomara por detrás a punto de asestarle un golpe crucial que la mataría, la doncella de cabellos cortos castaños y ropaje verdoso contuvo su golpe ígneo al percibir que la diosa no emanaba un aura amenazante, sino que por alguna razón le hacía sentir muy regocijante al hacer contacto con su sutil esencia.

 

—¿Qué es esta energía de nuevo, es diferente al cosmos de Athena? —se preguntó Shedir—. No puedo entenderla, realmente es la cosmoenergía de la diosa de la lujuria.

—Soy más que el deseo encarnado, soy la diosa de la belleza y el encanto. Una existencia más antigua de lo que crees, es por eso que Athena me teme y las envió. Por ello estas dudando solo por sentir mi aura que te hace sentir tan bien —explicaba Afrodita sin voltear a mirarla. Cuando su cosmos se desarrolló de forma tenue—. ¡Soy la personificación del amor!

—¡No puede ser! ¡La personificación del Amor, una diosa egoísta como tú no puede brindar eso! —exclamó Casiopea, mientras sudaba con precipitación—. ¿Por qué ahora siento este miedo tan terrible ante ella?

—Del amor al odio hay un solo paso y así viceversa, mi niña —emitió la diosa al enseñarle una flor de color amarillo con semillas rojizas—. Ahora purifícate con mi esencia.

 

Afrodita emitió un soplido que emanó desde su flor un polen que hizo a Shedir estornudar, sintiéndose somnolienta mientras la cabeza le daba vueltas y vueltas. El corazón acelerado de la doncella se relajó y su mirada cambió como si estuviese dócil ante la diosa se arrodilló como signo de sumisión.

 

—Perdóneme, hermana…

—Ibas a matar a tu hermana menor.

—Yo juro que siempre te protegeré de ahora en adelante.

 

Justo en ese momento de solemnidad Ganimedes de Acuario llegó viéndolas así le pareció extraño, entonces la doncella se le abalanzó para atacarlo con una patada voladora de forma ígnea que el copero alcanzó a contener con sus brazos cruzados con bastante esfuerzo, pero no pudo evitar el rápido contraataque en el estómago que le dio con un gancho centrado, entonces el copero trató de emanar su aire glaciar, pero antes de crearlo desde su mano que alzó, ella le sujeto la muñeca doblándosela y lo hizo caer en una embestida de golpes muy efectivos que lo tumbaron al suelo en unos instantes antes de que pudiese emanar su aire congelante.

 

—Mi cuerpo ya no reacciona tan rápido para desarrollar mi aire glaciar… Así no podré hacer mucho.

—Ríndete Ganimedes y júrame lealtad de nuevo.

—¡Nunca! —exclamó él.

 

Cuando la santia exclamó un alarido de guerra queriendo herirlo, este solo chistó sus ojos de un tono azul y ella se vio paralizada sin que entendiera la razón. Unas ondas de agua habían bloqueado sus movimientos.

 

—Si me demoro creando mi aura congelante entonces utilizaré la humedad del aire para sellar tus movimientos —dijo Ganimedes al cristalizar del ambiente unas pequeñas lanzas de hielo—. ¡Perdóname Casiopea! ¡Lanzas de Hielo del Loto Blanco!

Ganimedes gritó con fervor al momento de asestarle en todo su cuerpo, sus saetas de hielo que inhibieron sus extremidades dejándola estática empalada de sus lanzas de cristal.

—Asesino, ¿Cómo pudiste actuar tan frio con ella?

—El destino de Acuario es ser así —refutó con énfasis en sus palabras al ponerse de pie—. ¡Ahora es tu turno!

—Si me matas extinguirás el amor en el mundo y solo habrá odio que beneficiará a Ares y Athena, los dioses de la guerra.

—Tus palabras son el veneno de una serpiente que ya no escucharé —respondió al nuevamente usar la humedad del ambiente para crear sus lanzas mortíferas—. ¡Ahora recibe el castigo que mereces por maldecir a nuestra raza!

 

El copero lanzó sus lanzas sin vacilar, pero esta vez algo se interpuso pues de la flor que sostenía Afrodita un rosal de hiedras con espinas y rosas negras se formaron como una red que hizo impactar todas las lanzas contra las rosas negras, las cuales al hacer contacto las hicieron añicos en diminutos residuos de hielo.

 

—Pensé que dijiste que no atacabas. ¿Qué son esas rosas negras?

Piraña Rose. Sus espinas son capaces destruir lo que sea y tus lanzas ya no son durísimas como antes o me equivoco —dijo la diosa en el momento de expandir su red de hiedras, las cuales lanzaron espinas o eso parecían—. ¡Dager Rose!

 

No obstante, el copero aplicó su polvo de diamantes en distintas direcciones como una pantalla de luz que reflejo todas las rosas daga para que impactaran en la muralla. Salvándose él también.

 

—Ya veo, tú no eres la que está peleando sino esa planta con la que te has fusionado —concluyó frustrado al ver como bombeaba esa flor sin florecer en su pecho—. ¡Esa maldita flor es la causante!

—Parece que al fin alguien te diste cuenta, para defenderme he creado un espécimen con todo mi odio a los que quieran oponerse a mis deseos, y esta flor tan preciada se alimenta de mi cosmos divino, por eso siempre germinará.

—Es una abominación —añadió elevando los brazos juntándolos por encima de su cabeza—. Tendré que hacer que llegue el invierno para marchitarla.

 

Una vez más el copero preparaba su ejecución de Aurora, cuando la diosa desenvainó una rosa blanca que hizo crecer del corazón de su flor central que brillaba con fulgor.

 

—Esta es la rosa sangrienta, no intentes nada porque no dudaré en utilizarla.

—¡No me importa si sacas una rosa blanca, negra o roja y azul! ¡Este es tu fin! —exclamó Acuario al bajar los brazos—. ¡Ejecución de Aurora!

 

Al lanzar su torrente de aire invernal, la diosa le lanzó como un rayo en espiral su rosa blanca la cual por unos momentos se retrasó debido al aire congelado. Sin embargo, logró clavarse en el pecho del santo dorado, quien vomitó una bocanada de sangre al sentir como el tallo penetró en su corazón, siendo capaz de perforar su pectoral dorado.

 

—La rosa blanca jamás erra su trayectoria, ahora toda tu sangre se ira drenando hasta que esa rosa se ponga roja, entonces morirás —explicaba Afrodita cuando fue embestida por la ráfaga de Ganimedes ferozmente, quedó estática con su cuerpo cubierto parcialmente de un velo azulado—. Ya veo esto fue tu último aliento.

 

El copero estaba a punto de desplomarse cuando alguien lo sostuvo y le removió la rosa blanca antes de que el ultimo pétalo se tiñera de rojo.

 

—Juno —musitó Ganimedes apenas reconociéndola.

—¡No puede ser, tu cuerpo estaba desecho! —exclamó Afrodita sorprendida—. Si las rosas negras rompieron tus huesos.

 

Sin embargo, no hubo respuesta y la doncella del Pavo empuñó su mano con la que destruyó la rosa, entonces extendió su brazal con el que hizo aparecer un puñal de oro que sostuvo en su mano derecha.

 

—Es la daga de la diosa —añadió el copero.

 

Juno se abalanzó en contra de Afrodita para intentar apuñalarla, y aunque la diosa de la belleza le lanzó sus dager rose que se le clavaron por distintas zonas de su cuerpo, eso no la detuvo y logró penetrar en la flor central de su pecho que la hizo estremecerse, soltando un alarido cuando su flor explotó y las hiedras se destruyeron, desplomándose Afrodita en el suelo muy debilitada. Sintiendo como un desgarro por dentro, esta vez ella misma vomito sangre.

 

—Tú eres… ¡Athena! —concluyó al abrir los ojos con pavor.

 

Entonces la doncella se le pusieron los ojos de un solo color grisáceo, y soltó un gran cosmos divino que inundó todo el palacio y muy pronto fue cubriendo toda la isla de Chipre con su presencia. La diosa de la guerra estaba posesionando a Juno desde a la distancia como un instrumento a su favor.

 

—Athena… ¿Cómo es posible? —se confundió Ganimedes, cuando recordó que Oannes tenía la daga—. ¿Acaso usted…?

—Yo los liberé a ambos, pero no sé si sobrevivan, mucho menos Oannes que estaba sin su armadura —respondió Athena como si se hubiese adelantado a sus pensamientos.

—Eres una cruel, no te importa ni tus santos ni tus santias. Los ves solo como herramientas —dijo Afrodita en el suelo—. Tú no sientes amor por nadie.

—Todos los nazir son solo una extensión de mí, ahora que he removido tu esencia de Juno pude volver a tenerla bajo mi control, había perdido ese poder en mis doncellas desde que tú las maldijiste a que se enamorasen.

 

Esas palabras hicieron entender a Ganimedes que ella podía controlarlo a él también sí quisiese y cualquiera de su especie. Por lo que eso lo hizo atemorizarse y alejarse todavía más de Athena.

 

—Debí suponer que la diosa de la guerra retornaría a ser quien es, aunque hubiese reencarnado como humana. Así que esta era la finalidad de tus descendientes.

—Descendientes dices… Solo les di vida como hicieron los dioses a los humanos atreves de la arcilla, no por eso son mis hijos —emitió Athena con ferocidad en sus palabras—. He venido a acabar contigo de una buena vez.

—Sabes muy bien que si me matas extinguirás el amor de los humanos, el sentimiento más puro y noble que los hace buenos —dijo Afrodita al ponerse de pie—. Athena no te importa que ellos dejen de atesorar cualquier respeto hacia a los dioses porque ya no sentirán compasión ni bondad por nada ni nadie.

—No te equivoques, necesito desvanecer tu influencia de mis santos, pero en los demás humanos normales deben seguir con esos sentimientos ingenuos —explicaba Athena cuando clavó con más fuerza la daga hasta llegar a su corazón—. ¡Ahora abandona la tierra!

 

La muchacha que tenía adherida hiedras por todo su cuerpo las cuales cubrían su feminidad se marchitaron y quedó desnuda ante Athena, cayendo inconsciente recuperando el color original de su cuerpo como una hermosa mujer de cabellos verdosos y piel nítida.

Entretanto Shedir se despertaba después de que Ganimedes la liberase ahora que estaba libre de la influencia de Afrodita, ella corrió al ver el cuerpo de su hermana desangrarse con una gran herida en el pecho.

 

—Makeda…

—No hubo opción al penetrar la flor con la daga su corazón fue herido también —respondió Athena con sus ojos cerrados al darles un momento a solas alejándose.

—No… Yo solo quería liberarte para que volviésemos a estar juntas y olvidásemos el amor que profesamos al mismo hombre y que nos separó —sacó esas palabras las cuales tenía guardadas desde lo más profundo de su alma, al abrazarla mientras sollozaba con tristeza.

—Hermana no te sientas mal —musitó una voz suave en el oído de Casiopea—. Yo por lo menos fui libre en mi último momento.

—¡Makeda! —exclamó Shedir al reconocer su voz después de tantos años—. No te mueras, hermana, yo me quería disculpar contigo.

—No te preocupes yo te entiendo…

 

Musitó levemente al cerrársele los ojos para siempre, mientras una lagrima de Shedir le cayó sobre la mejilla, la doncella de Casiopea la abrazó con fuerza el cuerpo estático de su hermana mayor sintiendo su calor corporal antes de que desvaneciera. Después Athena hizo aparecer el Cloth de Andrómeda para que la vistiese por última vez.

                       

                              ***

 

 

Entretanto Shedir se sumergía en la última vez que se vieron antes de que pudieran ser víctimas de las diosas que las posesionaron hace algunos años, antes que la maldición de Afrodita naciera y la guerra santa se desatara, en ese entonces el santuario vivía una época de paz en su interior, pero sometía a sus más grandes benefactores como los muvianos y los atlantes, solo la casta de los nazir era la que no trabajaba ni entrenaba en esos tiempos de formación.

Mientras la diosa todavía no nacía, las doncellas a su servicio solo habitaban Tesmicira como musas administrando y dando clases a las futuras santias, culturizándose de la historia del mundo y de cómo criar a la diosa Athena, pero se mantenían separadas de un entrenamiento para santos todavía.

Entonces fue anunciado por el papa, que las mujeres de la realeza debieran empezar a entrenar para ganar un cloth y proteger a Athena. Por ello fueron enviadas a distintas zonas de entrenamiento donde estaban los santos retirados.

Siete jóvenes doncellas se habían reunidos antes de partir. Makeda, Ceres, Shedir, Betzabé, Vesta, Pallas y Juno. Sin embargo, el papa había ordenado que solo cinco serian enviadas a entrenar debido a que las últimas dos todavía eran muy jóvenes. Pallas y Juno se quedaron, mientras las demás partieron hacia el mundo exterior.

Ceres obtuvo la cloth de Loto y Vesta la cloth de Coma Berenice entrenando con Rafael su hermano mayor en oriente, Betzabé la armadura de Corona Boreal entrenada por David de Acuario en Siberia, mientras que Makeda y Shedir se fueron a la región del Cáucaso donde Makeda se ganó la armadura Andrómeda y Shedir la de Casiopea. Sin embargo, nadie imaginaria que las dos hermanas se enamorarían de su maestro, el santo del Fénix exiliado, viéndose compadecidas de su triste historia de príncipe desterrado.

Al cabo unos cinco años las santias empezaron a regresar, y el papa necesitaba escoger a la santia más fuerte, que sería la líder de todas las y su gran sacerdotisa.

Las santias fueron llevadas al jardín de las Hespérides por el papa, esperándolas en Star-hill. Donde solo una podría soportar el baño de Mnemosine.  Ahí conocieron a la guardiana del Jardín sagrado, la caballero femenino del Águila.

 

 

—Así que vosotras sois las doncellas que disputarán a ser la suma sacerdotisa de Athena —agregó una mujer de cabellos azabache y armadura azulada—. Solo la santia que me derrote podrá ser digna de ver las memorias Athena.

—¿Qué tú eres nuestro gran obstáculo? —se encogió de hombros una joven Vesta—. Esto será más fácil de lo que pensé.

—No estaría tan segura —dijo la guerrera enmascarada—. ¡Yo soy Iris de Águila, la primera caballero femenino de los santos de Athena!

—He escuchado sobre tu leyenda, fuiste escogida por la misma Athena durante la primera generación, pero no eres digna ya que no desciendes de la realeza como nosotras —dijo Shedir viéndose una gran conocedora de la historia de la única mujer del santuario—. No fuiste más que una niña que Athena salvó de una masacre de los hombres.

—¡ Aquila Ryu sei Ken! —

“Meteoros del Águila”

 

Al extender ambas palmas de forma recta, creo una gran esfera blanquecina casi del tamaño de su cabeza hasta su cadera, expandiéndola en una ola onda expansiva de rayos en múltiples direcciones los cuales destellaron como pequeños impactos sobre todas las santias hasta tumbarlas en un instante al suelo, quedando todas inconscientes menos Shedir quien se repuso bastante golpeada.

 

—¡¿Qué fue eso?! —se cuestionó la doncella de Casiopea—. No pude verlo. Fue capaz de noquear a todas mis hermanas de un solo ataque.

—Bueno, esto es una sorpresa. Resultaste ser la más fuerte, pero solo por un poco. Si no puedes ver un golpe que multiplica la velocidad del sonido, entonces no puedes ni acercarte a mi verdadera velocidad.

—Tienes experiencia de eso no hay duda, pero yo soy Shedir de Casiopea. Descendiente de los nazir, he venido para heredar las memorias de Athena a como dé lugar.

—¿Por qué quieres ser la gran sacerdotisa?

—Porque así podría cambiar la historia original de las mujeres, los hombres del exterior las ven como objetos sexuales solo para reproducirse y adoran dioses patriarcales masculinos dejándonos en segundo plano.

—Con que has viajado por el mundo, ya veo. Es cierto la última guerra de los hombres, la guerra de Troya fue promovida por una mujer llamada Helena como trofeo, la cual disputaban sus pretendientes griegos. No obstante, el santuario también es guiado por un hombre como patriarca siendo su diosa una mujer.

—¡Haré que la gran sacerdotisa este al mismo nivel que sumo pontífice! —exclamó la chica de cabellos castaños y ojos verdosos—. Para que vuelva el culto matriarcal al mundo.

—El santuario se encarga que religiones crean los hombres y con tal de que sean patriarcales no les importa que sean distintos dioses —respondió ella al indicarle un huerto mas allá donde estaban los cimientos del gran árbol con forma de montaña—. Ves esa cueva donde comienza la montaña atlas, ahí dentro yace un pozo oculto. Donde está prisionera la responsable de la guerra de Troya.

—La responsable… ¿acaso te refieres a la diosa de la discordia?

—Así es Eris, la diosa que fomenta las guerras y matanzas se encuentra atrapada ahí. Por la misma Athena que separó su cuerpo de su alma, solo aquí puede ser contenida su maldad. Si quieres que se extinga el culto a los dioses masculinos, entonces libérala.

—¿Por qué me pides eso?

—Porque también deseo lo mismo. Los hombres masacraron a mi pueblo de origen, las amazonas durante la guerra de Troya, causando su extinción —explicaba Iris guiándola por el sendero, entrando en la cámara subterránea—. Los santos de Athena deben mermarse en una nueva guerra hasta que solo queden las santias que no pelean. Pues tienen prohibido salir de Temiscira, solo cuando eso ocurra podrás alzarte como la nueva matriarca del santuario.

—Me estas ofreciendo que organice un golpe de estado para que tome el poder, qué te hace pensar qué podría realizarlo.

—Porque los hombres son toscos y propensos a los conflictos, así es también el corazón del papa —contestó Iris enseñándole un pozo bajando por unas escaleras—. En esta cámara se encuentra el lago del Olvido, el Lete que contiene flotando en su vacío al cometa Repulse. Donde se encuentra capturada el espíritu de Eris.

 

Shedir vio como en el interior de ese oscuro pozo permanecía una roca dorada flotando en forma estática, emitiendo un fulgor dorado que mantenían iluminado el lugar sin que perturbara el ambiente.

 

—Adelante si tienes la osadía necesaria, entra ahí y saca el meteoro. Solo una descendiente de la realeza puede hacerlo.

—Si lo que dices es cierto, entonces espérame aquí hasta que la guerra termine. Liberaré a la diosa de la discordia para que acabe con los hombres y así termine el sufrimiento que me separó de mi querida hermana mayor. Makeda.

—Ya veo, con eso es tu sufrimiento. Si deseas que ella sobreviva entonces, que sea la sacerdotisa para que no pueda irse con nadie.

—Así lo haré.

 

Shedir se metió en las aguas oscuras del Lethe. La chica de cabellos castaños nado hasta llegar al meteoro que parecía ser una joya dentro de un pequeño lago cuando sintió como unos bullicios les susurraban a sus oídos como fantasmas, las aguas se tornaron violentas y la comenzaron a arrastrar. Comenzando a ahogarse.

 

—Tonta, si no tienes un espíritu fuerte serás presa de esos fantasmas condenados. ¡Vamos que la sangre mestiza te sirva para algo!

 

La enmascarada le grito con euforia al clavarle unas plumas en los hombros causándole unas leves heridas que hicieron derramar su sangre del lado derecho, entonces Shedir emitió un alarido fuertísimo que al contacto con el agua, causó que se volvieran nítidas por unos momentos como si estuviese purificándolo. Entonces pudo alcanzar el pequeño meteoro dorado, tomándolo con las manos. No obstante, cuando la tocó se dio cuenta que el meteoro se empezó a desmoronar hasta convertirse en una manzana dorada. Que, al sostenerla con su mano, mágicamente perdió su brillo.

 

—¿Qué fue esa sensación? Sentí como algo dentro de mí.

 

Cuando una lechuza de plumaje de plateado le robó el fruto el cual comenzó nuevamente a cambiar de color a un tono rojizo. La pequeña ave tomó el fruto entre sus garras y se posicionó en una parte elevada.

 

—¿Qué de donde salió ese búho?

—No es un búho, es el oráculo de Athena que vigila todos los dominios de la diosa, eso incluye este reino —aclaró Iris al ver que las miraba emitiendo rodamientos al girar su cabeza—. El único cloth con el don del habla. ¿Qué harás con ese fruto?

—Debo asegurarme de que no florezca este fruto prohibido para que Eris no sea una amenaza para Athena —dijo la lechuza con voz femenina—. Llévate a esa niña lo más lejos de aquí. ¡Que nunca más pise el santuario!

—¿Qué dices, por qué debo ser desterrada?

—Es la voz de Athena, no puedo negarme a su mandato. Ahora eres una potencial amenaza que debe germinar en el mundo de los hombres para que lo destruyas algún día.

—La isla de la reina muerte es la cárcel del santuario perfecta para ti —dijo el búho emitiendo desde los ojos unas ondas circulares sobre ella que la teletransportaron—. Hasta la vista, futura receptáculo de Eris.

—¡Protejan a mí hermana!

 

Fueron las últimas palabras de Shedir antes de desaparecer de esa dimensión. Entonces el Búho voló hasta donde estaban las demás niñas y las observó bien, notando deteniéndose sobre la más chica de todas, una santia de rizos castaños y vestimenta platinada.  Entonces depositó sobre su pecho el fruto prohibido, que mágicamente se fundió en la niña sin causarle ningún inconveniente.

 

—¿Qué has hecho?

—Debo asegurarme de que nunca encuentre esa manzana. Ella es la más pura podrá mantener escondido esa manzana. Será mejor que ni ella se entere.

—Ella es Juno de Pavo Real si mal recuerdo —dijo Iris recogiéndola.

—Iris infórmale al papa que Andrómeda paso la prueba, para convertirse en la sacerdotisa.

—Así lo haré, solo espero que las cosas sucedan como lo tenemos previsto.

—Descuida yo misma me aseguraré de eso.

 

 

                             ***

 

 

Entonces sucedió que del cuerpo de la difunta Makeda, bostezó un soplido que se fue transformando en un ser hecho de espuma gaseosa, con la misma apariencia que Makeda se materializó entre los presentes. Era la misma alma de Afrodita que salía de su cascaron ahora que ya no servía para nada.

 

—¡Afrodita, todavía te reúsas a abandonar la tierra!

—No me iré sin otorgarte mi más grande bendición, Athena. ¡Ahora serás tú la que sienta un fuerte deseo incondicional de amar a los demás!

—¿Qué dices?

 

Del espíritu de Afrodita algo se separó como una flor, la cual arrojó como una rosa invisible que se clavó y se fundió en el cuerpo de Juno.

 

—Tonta en realidad ni siquiera mi alma esta en este cuerpo, solo la controlo a distancia.

—Esta es la rosa Astral del Amor. No se clava en tu corazón sino en tu espíritu, donde nace tu cosmos. No importa donde estés, esta roza te alcanzará.

—Acabaré con tu espíritu de una buena vez, antes que se me origine tu maldición…

 

Decía Athena en el cuerpo de Juno, cuando cayó desplomándose. Sin que Shedir y Acuario entendieran que había sucedido. Pues su aura se desvaneció tan mágicamente como había posesionado a la joven santia.

 

 


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FANFIC: La condenación de los caballeros de Athena

Capitulo 44 .-  desde el (06/04/2017)

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Publicado 11 junio 2018 - 22:04

El dialogo ente afrodita y su hermana me recuerda un poco a la escena cuando shun hades conversa con el fenix

 

Andrós tiene un poder fumado

 

el plan de Oannes funciono a las justas

 

El destino de Acuario al parcer es traicionar continuamente y a la vez ser despiadado XD

 

esas rosas son poderosas siempre y cuando la utilice alguien con buen dominio del cosmos XD

 

Athena se parece a Misumasa kido ve a sus hijos solo como herramientas

 

pobre Makeda

 

esas santias si que son inexpertas para asombrarse demasiado del Aquila Ryu sei Ken

 

Afrodita al final troleo a Athena

 

 

 

 

 

PD:

 

 

No te preocupes por el bajo numero de lectores es algo habitual en los fics ,seguramente cuando tengan mas tiempo dejaran algún comentario

 

Ojala te animes a participar en la siguiente dinamica:

 

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ALFREDO

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Publicado 01 julio 2018 - 19:49

El dialogo ente afrodita y su hermana me recuerda un poco a la escena cuando shun hades conversa con el fenix

 

Andrós tiene un poder fumado

 

el plan de Oannes funciono a las justas

 

El destino de Acuario al parcer es traicionar continuamente y a la vez ser despiadado XD

 

esas rosas son poderosas siempre y cuando la utilice alguien con buen dominio del cosmos XD

 

Athena se parece a Misumasa kido ve a sus hijos solo como herramientas

 

pobre Makeda

 

esas santias si que son inexpertas para asombrarse demasiado del Aquila Ryu sei Ken

 

Afrodita al final troleo a Athena

Gracias por seguir esta historia T-800.

-Pues Shedir y Makeda son como Shun e ikki un poco parecido, pero es al revez, la hermana mayor le gustaba proteger a la mayor.

-Andrós es prodigio genetico en el cosmos. 

-Oannes es el mas experimentado entre los santos dorados vivos.

-Digamos q al fin Ganimedes alcanzó la disciplina original de acuario, a lo camus y mystoria.

-Pues sí xd, aun me falta legar esas rosas al santo de piscis.

-No lo habia notado, buena comparación.

-Solo se le conocio por flash

-Pues acaban de convertirse en saintias en el recuerdo de shedir

-Afro la maldijo a ser la athena compasiva q todos conocemos en saori a lo jesucristo xd.

 

Pues aqui va el siguiente chapter. Uno de mis favoritos.

 

CAPITULO 56.- EL ORIGEN DE LA GUERRA.

 

 

Meditando con su cuerpo estático recostado sobre un altar de piedra, la diosa de la guerra permaneció sin poder despertar a los pies del pequeño monasterio donde estaba la colina de las estrellas. Fue cuando su más odioso santo la encontró, debajo de él. Pues había permanecido inconsciente en la zona de arriba en el monasterio, por la misma Athena.

El escriba se le acercó para examinarla sin poder entender, que le había sucedido. Cuando se dio cuenta que todo el gran cosmos que emanaba la diosa se había reducido por alguna razón.

 

—¿Qué le paso, diosa Athena?

—Ella no te escucha, ahora se encuentra en un estado de media muerte —dijo una omnipotente voz que resonó en los cielos.

—¡¿Quién es?! —se encogió de hombros, volteándose al instante.

 

Rápidamente unas nubes espesas ocultaron la cima de Star-hill. Ocasionando un sonido de trompetas, cuando un ser se manifestó como la erupción de un volcán. Una columna de fuego se elevó desde la cúspide del monasterio.

 

—Este cosmos tan lleno de ira es abominable para un humano…

—Porque no lo soy, sino que estás en presencia del espíritu mismo de la desolación de los hombres. ¡Arrodíllate ante el dios de los ejércitos!

—¡Ares! —exclamó viéndose algo impotente sin una vestimenta sagrada y en su nueva condición de mortal, era más vulnerable que nunca.

—Tú debes ser Enoc, no es así. He oído hablar de ti.

—¿Me conoces? —frunció el ceño—. ¿Acaso Deymos te dijo sobre mí?

—Fuiste uno de los portadores de los tres tesoros. Vuestra vida formaba parte de mis planes.

—¿Qué quieres, has venido a tomar la vida de Athena?

—Ella ha comenzado a separar su potestad divina de su humanidad, debido a la rosa Astral que tiene clavada. Toda su evolución va a degenerarse poco a poco.

—Una rosa, no veo que tenga nada. Sin embargo, no percibo el poderoso cosmos de Athena.

—Es una rosa invisible que la misma Afrodita le clavo en el alma —aclaró Ares—. Está degradando su conciencia divina, cuando termine nunca más podrá volver a ser como era antes.

—Eso significa que su cosmos se reducirá, igual que a mí, y al resto de los humanos. Una involución de nuestro cosmos. ¡Que derivará en convertirla en una humana!

 

Razonaba el escriba comparando la involución de la diosa con el retroceso que le hizo ella a los humanos y a él con respecto a su conciencia, para que no recordaran la existencia del séptimo y el octavo sentido, e incluso el cosmos. Borrando toda clase de esencia mística en los humanos, volviéndose seres creyentes de solo materia.

 

—Debo aprovechar de adquirir toda su potestad divina, ahora que me la está ofreciendo tan fácilmente —dijo Ares cuando lo atacó con unas llamaradas que lo inmovilizaron al escriba—. ¡El poder de Athena será mío!

 

La gran columna de fuego se desplazó en forma de aura, posándose sobre el cuerpo de Athena y comenzó a aspirar una sutil energía fluorescente, que lo hizo engrandecer en tamaño y muy pronto dejó a Athena con un semblante pálido, como un cadáver. Mientras el espíritu de Ares se empezó divisar como un humanoide de sombra oscura, de la espalda se le concentró todas sus llamas como un horno que humeaba, de grandes cuernos alargados de la cabeza, con rasgos de cabellos y ojos como lobo, de color rojizo, con una cola llameante la daba la apariencia de una colosal bestia, ya que superaba a Enoc como en el triple de su tamaño, siendo que él era un joven de casi dos metros.

 

—Se ha hecho más grande y el cosmos de Ares ahora luce más diabólico que nunca.

—¡La fuerza de Athena es mía! ¡Muy pronto volveré a retornar con mi cuerpo a este mundo!

—¡No lo permitiré! ¡Los cien Dragones de Ascienden! —vociferó Enoc extendiendo su brazo derecho para liberar una honda de dragones gaseosos que apago las flamas que lo rodearon, pero que no pudieron hacerle nada al demonio que tenía en frente, pues solo con abrir sus fauces y usando sus mismas garras contuvo la técnica—. ¡Está absorbiendo los dragones!

 

El demonio de poder despedazó con sus manos algunos y al resto de la onda de choque la absorbió como un soplido, entonces de un latigazo lo mandó a volar a Enoc, sacándolo de la colina salió en dirección al santuario, perdiéndose en la gran caída que tuvo.

 

—¡Ahora terminaré con Athena! —exclamó el colosal demonio, cuando se volteó ya no estaba—. ¿Qué significa esto?

 

El cuerpo de la diosa había sido teletransportado misteriosamente, sin dejar rastro cosa que hizo enfurecer al nuevo demonio de la guerra, que exclamó un gran alarido que se escuchó por todo el santuario, desapareciendo en una cortina de humo.

 

                                     ***

 

Entretanto, en la isla de Chipre las cosas tampoco se habían tranquilizado debido que Ganimedes y Shedir estaban frente al espíritu de la diosa de la belleza, quien se había manifestado en forma de una mujer de espuma.

La diosa los miró a ambos como los únicos de pie, debido que Juno permanecía inconsciente junto con los demás que estaban unos metros más atrás. No obstante, su presencia no parecía amenazante para ninguno de ellos.

 

—El rencor y los sentimientos egoístas han desaparecido, ya veo sentía esa lujuria y odio debido a la condición del cuerpo de Makeda. Mi espíritu me hizo recordarme nuevamente.

—¿Qué fue lo que hiciste Afrodita?

—Digamos que me encargue de que Athena sienta remordimiento, ahora será una diosa más benévola de ahora en adelante. No me lo agradezcan, esto conllevará consecuencias.

—¡Maldita seas, primero cambias a mi hermana y ahora a Athena! —exclamó Casiopea rodeándose de flamas entre sus manos, la cual arrojó con ímpetu sobre ella—. ¡Purifícate tú ahora, con el fuego de Casiopea!... ¡La gran Erupción!

 

Shedir hizo caer sobre el espíritu de Afrodita una gran onda en forma de erupción volcánica que hizo hervir todo el ambiente, sin embargo, fue reducido a cenizas por la diosa. Aun en su condición parecía superar con creces la fuerza humana.

 

—No soy una diosa bélica, así que no tiene caso que me ataques, pero tampoco pueden herirme.

—Aun así, tú no puedes hacernos daño, estando sin un cuerpo —agregó Ganimedes—. Por lo tanto, estamos iguales.

—Mi querido copero, no deseo tu mal ya te lo he dicho. Soy la diosa del amor, solo quiero ver que no dejen de amar. Es por eso, que maldije a su diosa que parece estar inhibida de sentir compasión por las condiciones en que nació. Ahora sí que es un ser humano completo. ¡Debo continuar con ustedes!

—¡No hay necesidad de hacerlo! —exclamó una voz más varonil desde atrás de los jóvenes nazir—. Ellos están más humanizados, pues no estarían peleando por otros. Si no que sus corazones ya no se percibe egoísmo, como el resto de mí raza.

—¡Oannes! —vociferó Ganimedes—. ¡Qué bueno que estas bien!

—Aún vivo gracias a mi sangre mestiza —dijo Oannes poniéndose delante de él y la joven doncella—. ¡Afrodita, ya no quedan descendientes de la estirpe maligna!

—Los descendientes de la simiente izquierda, la venenosa se ha extinguido, ahora nuestra raza volverá a ser noble y humana —añadió Ganimedes—. De alguna forma también es gracias a ti.

—Sin embargo, vuestra presencia no es bienvenida será mejor que te retires —le pidió el santo de Piscis.

—No hasta que vea mi misión cumplida, he de purificar todos los corazones para que renazca el amor.

—Dices tonterías, los hombres son egoístas y bélicos debido a tu cómplice, Ares el dios de la guerra —interrumpió enfadada Shedir.

—Ya no será así, si nos dices como vencer a Ares —agregó Ganimedes.

—Vencerlo… Ustedes, es una proeza imposible para humanos vencer a un dios.

—Al menos debe haber una forma de contenerlo. Incluso su cuerpo ha sido destruido, pero su influencia continúa alcanzando al mundo.

—Es porque las puertas de su reino siguen abiertas, sellen las puertas de la guerra de su reino y Ares ya no podrá volver si lo aprisionan allí para siempre.

—Puertas de la guerra…

—Has hablado demasiado, Afrodita —dijo una estruendosa voz—. Esto confirma que me has traicionado.

 

Un colosal ser humanoide de manto de tinieblas en su cuerpo se dejó caer como si viniese de otra dimensión, con aspecto demoniaco de cuernos alargados desde su cabeza y con unas llamas que brotaban de su espalda hizo vibrar toda la isla con su gran voz de terror que los hizo a todos conmocionarse con su presencia.

 

—¡¿Qué es esta criatura de fuego?! —se asustó Shedir llena de pánico.

—Es incorpóreo, se ha hecho un ser de poder del bajo astral —describía Afrodita su aspecto espiritual—. No nos veíamos desde que Athena nos separó, después de la guerra de Troya, Ares.

—Veo que también te han separado de tu cascaron humano, Afrodita. Quien alguna vez fue mi más grande amante y madre de mis hijos, ahora es solo una diosa apagada de su verdadera gracia. ¿Qué sucedió, no íbamos a divertirnos juntos en la tierra?

—Eso ya no tiene gracia para mí, reencarnar en la tierra y convivir con los humanos de esta isla, me ha enseñado el verdadero significado por el que nací y había olvidado. Es por ello que deseo sembrar ese sentimiento en los dioses desprovistos de la gran compasión que sienten los humanos hacia el resto.

—Estúpida, el amor es una ilusión. Tú eres la diosa del deseo, he venido por ti —dijo la gran voz del demonio iracundo—. Para que seas mi reina y te encuentro deshonrándome.

—Ares, de todos los dioses debo purificarte a ti. Incluso más que Athena vuestro espíritu es indigno de ascender al Olimpo —decía Afrodita mientras almacenaba energía entre sus manos—. Has pasado mucho tiempo en ese reino de baja vibración que te ha enfermado tu conciencia.

—Yo soy el dios de la guerra. Los que no me adoren por lo que soy, deberán morir.

 

Los santos solo los miraban expectantes sin interrumpir la discusión, cuando Afrodita lanzó su rosa invisible sobre el cuerpo incorpóreo de Ares. El demonio iracundo la rechazó, pues interrumpió el trayecto con un arma que teletransportó sobre su brazo, la cual fue capaz de blandir para destruir la rosa astral que era invisible. Era un hacha de doble hoja, de un mango negro y hoja diamantina que brilló al contacto del brazo del dios

 

—Esa hacha doble, creo haberla visto —mencionó Ganimedes, cuando recordó con más seguridad—. ¡La usaba una daimon, la cual vi en la isla de Creta!

—Es la Labrys, la legendaria arma que fue legada a las amazonas, por el mismo Ares. Sin embargo, lo que los humanos no saben es que originalmente fue creada por Hefesto, quien la usó para abrir la cabeza de Zeus para que Athena naciera. Ares la hurtó hace mucho tiempo ya que es un arma capaz de herir a los dioses —explicaba Afrodita al reconocerla.

—¡Así como fue capaz de dar a luz a un dios, también es capaz de hacer lo contrario! —exclamó Ares al hacerla girar, provocando un tornado.

 

De la fuerza de rotación provocada comenzó a absorber a la diosa Afrodita, deformando su figura hasta reducir el espíritu de la diosa en un pequeño universo en miniatura la cual sostuvo en su mano libre para luego sellar el alma de Afrodita en el Hacha. Desapareciendo el pequeño universo en la doble hoja diamantina.

 

—¡Afrodita! —exclamó Ganimedes conmocionado—. Se desvaneció como si nada en esa hacha.

—Humanos, vosotros sois descendientes de Athena. Huelo su olor en ustedes —añadió el ser colosal de fuego envuelto en una sombra oscura—. Santos de Athena, serán mi ofrenda de sacrificio para probar mi nueva fuerza.

—Nueva fuerza… ¿Qué quieres decir?

—He obtenido la potestad de Athena y ahora ella no es nadie. Muy pronto la tierra será mía y la convertiré en el reino que siempre quise.

—Un mundo de masacres y matanzas solo causará que los humanos nos vallamos a la extinción —dijo Ganimedes, adelantando a los planes de Ares.

—Te equivocas. Mi intención es llevar a la humanidad a un gran cataclismo que gatille su verdadero potencial para que se conviertan en mi espada. Donde solo los fuertes sobrevivan para reinar en el nuevo mundo.

—Es un exterminio selectivo, jamás ya estoy harto de que nos matemos los unos a los otros. Lo que más quiero ahora, solo es descansar de estas disputas y alcanzar la paz entre todos los humanos —dijo el copero manifestando su aura glaciar al elevar sus brazos por sobre su cabeza—. ¡Terminaré contigo aquí y ahora, así sea me cuesta la vida!

—Aquellos que desean paz son unos ilusos, pero no puedo culparlos ya que es su naturaleza humana original de la edad dorada cuando eran hombres perezosos y gozaban de la longevidad. Después de todo yo también alguna vez pensé así cuando era un dios joven y vivía en la abundancia y prosperidad del Olimpo, pero tuve una revelación cuando descendí hacia lo más bajo y comprendí que los hombres deben vivir una vida corta, pero gloriosa —razonó Ares cuando desenfundó su doble Hacha—. ¡Muere, humano iluso!

 

Justo cuando iba a rebanarlo con su gran arma, un aire invernal lo detuvo, deteniendo su ataque a medio movimiento.

—¡Ejecución de Aurora! —

 

Gritó Acuario al lanzar su torrente glaciar al bajar los brazos juntos, emanando un aire de gran intensidad que fue capaz de hacer mermar el calor que brotaba del humanoide ígneo por unos momentos.

 

—¡Increíble, está conteniendo el ataque de Ares! —exclamó Casiopea asombrada.

 

Aunque cuando notó bien cada vez, el hacha iba bajando más, en el momento en que estuvo a punto de sesgarle el cuello. Algo sucedió que fue capaz incluso de rechazar la hoja diamantina, pues alguien se interpuso. Quien parecía estar sosteniendo la punta afilada con sus dos manos, pero estaba conteniéndolas con otra arma, pero mucho más pequeña

 

—¡Andrós! —dijo Ganimedes—. Esa es, la daga de Athena.

—Fue lo único que vi en el suelo que podía salvarte —agregó el santo de Géminis, esbozando una mueca, cuando el impacto produjo una onda expansiva que los hizo retroceder.

—¿Quién eres? —cuestionó Ares, cuando verificó que su hacha quedo con una fisura—. No es posible, esa arma es divina.

—La daga también se ha dañado, serás capaz de enfrentarme sin esa hacha, dios de las batallas o eres el dios de los cobardes que necesita armas para enfrentarse a humanos.

—¿Cómo osas retarme? —esas últimas palabras, hicieron que soltara el hacha—. ¡Crees que la necesito para destruirlos!

 

Ares se le abalanzó sobre el santo de Géminis quien en un instante se distancio a años luz, pues se vio flotando en el espacio. Ya que Andrós desencadenó su otra dimensión. Sin embargo, Ares descuartizó el espacio y volvió a la realidad sin el menor esfuerzo, cuando vio que Géminis ya no estaba, sino que esta vez fue él quien le saltó encima a punto  de impactarlo con una esfera oscura con cuadriculas, la cual hizo vibrar al ser colosal de fuego, como si estuviese haciéndolo estallar, pero no consiguió eso ya que el cuerpo ígneo de Ares se extendió como llamas que lo atraparon en ondas de fuego, empezando a acorralar al santo dorado en un intensa bola de fuego carmesí.

 

 —Creíste que me sorprenderías con eso, no me hagas reír. Ahora serás tú el que quede atrapado por mis llamas —dijo Ares, hablando desde el fuego.

—Te equivocas, estás justo donde te quería. Recuerda que te enfrentas a Andrós de Géminis, el santo de Athena quien tiene el mayor potencial de mitocosmos.

—¿Qué dices?

 

—¡Explosión de Galaxias! —

 

Andrós detonó con sus brazos una terrible onda expansiva que hizo estallar la bola de fuego y deformó la realidad en el espacio viéndose planetas y estrellas sacudirse por la terrible explosión que los hizo vibrar hasta hacerlos volar, llevándose al espíritu de Ares hacia el infinito, perdiéndose en el gran estallido. El gran palacio quedo reducido a escombros y por unos momentos no hubo rastro de Ares, ni tampoco de Andrós.

Entonces Ganimedes salió del interior, retirando enormes piedras. Ayudando a Casiopea quien estaba sosteniendo el cuerpo de Juno inconsciente.

 

—Lo logró, ya no siento la presencia de Ares. En tan solo un instante fue capaz de borrarlo, no sabía que el santo de Géminis fuese tan poderoso —dijo Shedir.

—¿Dónde está Andrós? ¿Acaso fue masacrado por su propia técnica?

 

Cuando de entre los escombros, salió otro sujeto pues no estaba cerca de la explosión. Oannes se levantó descubierto de su coraza dorada, cubierto de grandes heridas secas. Desangrándose fue capaz de ponerse de pie, todavía con vida.

 

—¿Cómo es posible?

—La sangre mestiza de Athena es fuerte en mí.

—Me alegro de que todos estén bien.

—¡Andrós!

 

Los santos se dieron cuenta que había permanecido con los brazos cruzados y estaba con algunas grietas por alrededor de su ropaje dorado, más algunas heridas por los brazos. Se dejó ver que tenía una gran mancha de sangre sobre su frente y grandes quemaduras sobre su brazo derecho, y en su cuello también con parte de la pierna izquierda.

 

—Esa jugada fue muy arriesgada, pero tenía que hacerlo si quería atinarle mi mejor técnica desde la distancia más cercana.

—Eso significa que pudiste morir tú también.

—Mi armadura me protegió. Sin embargo, creo que no fui capaz de acabar con él, pues solo lo mandé a volar a cientos de años luz de aquí.

—¿Qué?... Está con vida.

—Regresará muy pronto, así que antes de que vuelva. Vosotros debéis salvarse —Andrós de un pestañeo fue capaz de abrir un portal—. Entren ahí, solo yo puedo pelear con él.

—Vayan santias de Athena —secundó Oannes—. Yo ayudaré a Andrós.

—Entonces también me quedaré —añadió Ganimedes—. Shedir, tú busca a Athena junto con Juno.

—No puedo dejarlos a todos —replicó ella.

—La misión de las santias es acompañar a Athena para cuidar de su cuerpo, no es así. Ahora que ha renacido. Es cuando más las necesita —le respondió Oannes, cosa que hizo entrar en razón.

 

Shedir con Juno se fueron por el portal, dejando a los tres santos de oro en las ruinas del palacio. Entonces de lo más profundo, unas llamas se empezaron a manifestar nuevamente, regenerándose el cuerpo colosal de un ser de tinieblas con llamas que le brotaron como cabellos desde la espalda.

 

—Nunca pensé que un humano pudiera hacerme ese daño, a mi alma. Debo reconocer tú fuerza, tú deberías formar parte de mi nuevo reino.

—Yo soy un santo de Athena, yo creo en la paz que creen mis hermanos. Construir un mundo justo sin guerras, libre de la influencia de los dioses belicosos como ustedes.

—Si pelearan por sus propios bien estar y no por un objetivo en común serían más fuerte. Solo el orgullo y deseo de pelear por ustedes mismos les hará alcanzar la verdadera fuerza del Cosmos.

—No podemos abrazar ese camino, porque nuestras almas no son egoístas como la tuya —respondió Oannes.

—Tú eres un nazir, no es así. No son más que engendros creados por Athena, hasta los humanos de arcilla de Prometeo fueron más naturales que sus vidas artificiales.

 

Esas palabras lo dejaron desconcertado al mismo santo de Piscis, quien quedó confundido cuando el humanoide de fuego le atrapó, pescándolo con sus garras. Andrós trató de ir a ayudarlo, pero por alguna razón no podía moverse, entonces se dio cuenta que las quemaduras lo habían afectado, pues estaba parcialmente paralizado.

 

—Ya no siento dolor en las zonas de mi cuerpo quemadas —Andrós divisó que esas quemaduras habían puesto su piel de un color gris y amarillento—. No entiendo por qué afecta todo mi cuerpo.

—Eso es necrosis, cuando la sangre no llega a circular por el cuerpo. Mis llamas te calcinaron esas zonas causando una muerte celular de esos tejidos de tu piel —le mencionó Ares, aclarándole su estado—. Muy pronto derivará en una Gangrena que es la extensión de la necrosis por el interior del cuerpo como un virus. Morirás debido a esas heridas ya que son irreversibles.

 

Ganimedes se intentó acercar, pero se vio obstaculizado por una barrera de fuego que el mismo dios originó. Comenzando a estrangular al santo de Piscis con sus garras de ígneas, mientras este se retorcía de dolor.

 

—Sin un cloth no resistirás mucho, me pregunto si de tu sangre mestiza ocurrirá un milagro y nacerá otra criatura —dijo Ares al verle como se le escurría su sangre por el cuerpo.

—No te va a gustar averiguarlo —vociferó Oannes, cuando manifestó un torbellino de agua muy brilloso—. ¡Azote del Gran Pez!

 

El brazo del dios se desintegró al ser succionado por el torbellino ascendente, permitiendo que soltara al santo de Piscis, retrocediendo el dios. Quien solo volvió a recrear su brazo, extendiendo sus llamas.

Por otro lado, Ganimedes diezmó las llamas, cubriendo el suelo con una cortina de hielo nivelada. Posicionándose al lado de su compañero, los dos juntos decidieron atacar al unísono.

 

¡Ejecución de Aurora!

 

Ganimedes bajó sus brazos, liberando una ráfaga de viento invernal que lo congelaba todo a su paso, en forma de un gran torbellino glaciar azulado.

¡Ira del Gran Pez!

 

Oannes alzó su extremidad derecha simulando un chorro a presión de un cetáceo, dirigiéndose en forma horizontal como un tornado espumoso de intenso fulgor.

Muy pronto las técnicas se combinaron en un solo ciclón de ráfagas heladas y agua a presión, que cubrió al ser colosal de fuego quien lo contuvo con sus garras, logró ser capaz de resistir el embate, pero sus llamas se dispersaron producto de la presión del Maremoto de Oannes, quedándose como un ser de sombra oscura, divisando como era su cuerpo espiritual como un bestia cuernuda, venida del averno. Y gracias al viento polar del copero el cuerpo se fue congelando en una estatua de hielo de sombra tenebrosa.

Apenas terminó la sequía de ambas técnicas, los santos cayeron de rodillas agotados, con una leve sonrisa sintiéndose victoriosos. Cuando mágicamente el ser solo traspaso la estatua de hielo solidificada y volvió a emitir fuego como un demonio ígneo.

 

—¡No le hicimos nada!

—Su poder no se vio mermado en lo absoluto, su cosmos sigue igual de imponente.

—Ingenuos no importa cómo me ataque, yo decido si me vuelvo incorpóreo o no —aclaró Ares, escuchándose una carcajada—. Es momento de acabarlos.

 

Sin embargo, algo sucedió pues, fue atravesado por un rayo finísimo de cosmos, desde la frente del cuerpo estático de Andrós que los unió entre sus cabezas por unos momentos. El ser colosal solo se vio entumecido por unos momentos, parpadeando cuando quiso destruirlos a ambos los abrazó con sus llamas calcinándolos hasta volverlos cenizas a los dos nazir.

Pero eso solo lo veía Ares, pues los demás estaban confundidos porque estaba calcinando dos pedazos de columnas del templo derrumbado.

 

—Debo aprovechar que todavía tengo mi cabeza intacta para atacarlo. Ya que el satan imperial es originada por un golpe en el cerebro solo me quedaba extender mi influencia en tu alma.

—¿Qué dices Andrós? Pudiste afectar su espíritu —cuestionó Oannes.

—Váyanse ahora, vosotros. Solo experimentó una ilusión, el Genrouken —especificó Andrós—. Digamos que perfeccioné el puño de la ilusión diabólica para afectar el alma. Aunque si hubiera sido como mi hermana hubiera podido perfeccionar el Genromauken.

 

Fueron las ultimas, palabras de Andrós cuando su cosmos se esfumó, quedo en esa postura ofensiva. El cloth de Géminis se desacopló formando su modo object al ver que el cuerpo de su usuario se volvió cenizas, producto de la incineración que sufría.

 

—Formidable, muchas gracias es nuestra oportunidad entonces —agregó Acuario alabando el sacrificio de su compañero.

—Debemos sellar a Ares, pero él único que puede sobrevivir ahora eres tú —Oannes miró refiriéndose al copero—. Ahora que el cosmos de Ares ha disminuido, mientras tanto debo aprovechar para sellarlo con la sangre de Athena que me queda.

—Oannes. Cómo planeas hacerlo si ya expulsaste gran cantidad de tu sangre. Si lo vuelves a hacer, morirás.

 —Con mi última técnica —chistó Oannes al extender sus brazos para rodearse de un torrente acuoso—. ¡Ira del Gran Pez!

 

Él desenfundó un torrencial remolino submarino de grandes proporciones que rodeó al colosal demonio ígneo, encerrándolo en una burbuja que fue girando a gran presión.

 

—No es igual que su técnica original, está dejando fluir toda su sangre. Si continua así no sobrevivirá.

 

La gran burbuja tomó un color cristalino, con un matiz azulado debido a la sangre mestiza de Oannes que había conseguido hacerla arder hasta alcanzar esa tonalidad divina como el Icor. Hasta que finalmente Oannes cayó desplomándose al quedar sin flujo sanguíneo por sus venas, pero la burbuja, no se desintegró, sino que siguió reteniendo el alma de Ares como una cámara de animación suspendida.

 

—El cosmos de Oannes desapareció —añadió Ganimedes con tristeza al percatarse de su muerte—. Gracias a ti y Andrós, Ares ha sido contenido.

—¡No estaría tan seguro!  —exclamó una voz iracunda, sembrando el pánico—. Yo estoy consiente todavía.

—¡Ares! —se sorprendió abriéndose los ojos enormemente—. ¿Cómo es posible?

—¿Crees que una sangre mestiza de Athena será tan eficiente para encerrar mi alma? —clamó el dios evaporando la esfera de agua que había formado Oannes—. ¡Ahora los incineraré a todos hasta los cadáveres!

 

Ares lleno de rabia comenzó a intensificar sus llamas que le brotaban en su colosal cuerpo, no obstante, antes de que pudiera continuar una corriente en círculos polares inhibió sus movimientos. Manifestando más y más anillos entre más tratase de liberarse.

 

—Que molesto, en tanto suba el calor se derretirá.

—Quizás, pero me aseguraré de que no puedas si quiera generar ese grado de calor con mi sangre también —añadió Ganimedes posicionándose por sobre debajo de los pies del ser ígneo, extendiendo sus brazos—. ¡Esta será la última urna de hielo que forjaré!

—¿Por qué puedes tocarme? —se cuestionó confundido el dios—. Además, puedo sentir el frio que antes no tenía efecto en mí. Maldito también has integrado tu simiente para que tu técnica tenga efecto.

—Gracias Oannes me ensaño como pelear contra un dios…

 

—¡Eternal Urn! —

 

“Urna Eterna”

 

Ganimedes sostuvo sus palmas sobre las piernas del gigante ígneo, siendo cubierto por su sombra tenebrosa, la fue solidificando hasta que los anillos se extendieron en una capa más sólida, formando una gran vasija de cristal de reluciente matiz azulado, producto de la sangre mestiza adquiriendo el color del Icor en su máximo cosmos. El copero expulsó su ropaje dorado volviéndose su modo object antes de que se solidificara toda la vasija que atrapó el cuerpo espiritual de Ares.

 

—El hielo no me contendrá por siempre…

—No importa, llevaré un mensaje final en mi armadura —vociferó Acuario sonriendo—. ¡Ahora vete armadura de Acuario!

 

                             <<Gracias señor David, adiós amigos, Betzabé. Este copero descansará para siempre>>

 

Los dos quedaron dentro de la gran vasija que media varios metros de altura casi del tamaño de un recinto, Ganimedes consiguió levantar un gran monumento en forma de urna que parecía hecha por gigantes por su colosal tamaño, sobre las ruinas del palacio de la diosa Afrodita.

 

                                         ***

 

Mas allá de la vida y la muerte, cuando las deidades fallecen sus almas no bajan por el Yomotsu al infierno por poseer un espíritu divino. Están por encima de esa ley, sino que sus almas transitan por un mundo apartado más elevado para retornar a su reino en los cielos.  El reino de las Hespérides es el equivalente al de la colina de los muertos para los dioses, ahí regresó Prometeo cuando murió y fue capaz de volver a la vida gracias a un fruto del árbol de las manzanas doradas que otorgan la vida eterna. Sin embargo, debajo de ese reino, bajo tierra existen dos fuentes misteriosas donde una trae agua del oriente y la otra de occidente. Desde ahí dos almas divinas llegaron en un estado de quietud, tomando una forma física. Un hombre salió de las aguas con un cuerpo blanquecino, de atléticos músculos y de cortos cabellos marrones, se envistió con unos harapos que encontró por ahí en las piedras.

 

—¿Dónde estoy? —se cuestionó el hombre de ojos marrones. Cuando se miró su semblante en el reflejo del agua—. Ahora recuerdo, así me veía cuando nací, pero si mi cuerpo original yace encerrado.

—Ares tú también has ingresado aquí—añadió una mujer de castaños cabellos y ojos verdosos en la orilla del lago, vistiendo una túnica blanca.

—¡Athena! —exclamó el dios, cuando intento encender su cosmos—. No puedo, ¿Por qué?

—Estas perdiendo voluntad al estar en un estado de animación suspendida, caminas como si estuvieses a punto de saltar al agujero de los muertos, igual que yo. Gracias a ti. Solo que, en nuestro caso, los dioses ascendemos.

—¿Quién te salvó?

—Supongo que Nike, ya que es la única que todavía cree en mí.

—Tampoco siento un gran cosmos emanando de ti, eso quiere decir que no somos mas que una simple proyección no es que realmente estemos muriendo.

—Si no podemos pelear, qué hacemos aquí.

—Subir si quieres purgarte de tus pecados para llegar al Olimpo, pero no creo que quieras.

—Si tú no quieres volver, yo tampoco. Es mi oportunidad para quedarme con la tierra que siempre debió ser mía.

—Molesto por eso todavía —bostezó ella decepcionada—. Bueno después de todo, el rencor de un dios es algo que no se puede olvidar por mas que reencarnemos. Ya que es tu identidad.

—Ahora que estamos en esta etapa de nuestra conciencia mas pura, no siento las influencias negativas que se arraigaron a mi alma al caer en el reino de los daimon —explicaba Ares—. Incluso recuerdo que una vez solía ser justo y temerario, antes de ser conocido como el dios de la guerra.

—Antes de que yo tomase el dominio de la tierra, en ese entonces éramos dioses jóvenes —contestó Athena al caminar descalza hacia él—. Porque no bebes un poco, de seguro recordarás todo, como yo lo hice.

 

Ares tomo entre sus manos un poco de agua, sintiendo como imágenes se le venían a la cabeza, en tan solo unos momentos toda una vida le recorrió en un parpadeo, desde su nacimiento hasta su pubertad, su infancia, su juventud y su adultez hasta que llego a ser un dios guerrero reconocido por los hombres.

 

—¡Lo recuerdo, lo recuerdo todo! —exclamó Ares—. ¿Qué son estas aguas?

—Son las aguas del Mnemosyne, el lago de la memoria. Cuando un alma divina retoma su ascenso a su mundo original, llega por acá en ese lago de la memoria, recordando toda su vida, convirtiendo en un ser omnisciente de su existencia. Sin embargo, cuando los dioses reencarnan se sumergen en el lado del Olvido, el Lete, suprimiendo sus recuerdos. Aquel lago que esta del otro lado en la zona oriental.

—Ya veo, significa que debemos subir ahora que somos conscientes de todo lo que hemos hecho. Porque yo recuerdo una promesa que les hice, la razón del cual nunca mas quise regresar al Olimpo.

 

Los dos se sumergieron en un recuerdo compartido por alguna razón estaban retrocediendo en el tiempo, buscando las explicaciones de su enemistad entre hermanastros, habían pasado siglos en disputa que ya casi habían olvidado cuando comenzó su rivalidad.

En el tiempo en que los dioses convivían con los humanos y el Olimpo estaba sobre la tierra, los hijos de Zeus vivan en armonía y disfrutaban inspirando a los humanos, como Apolo que era el dios de los oráculos y la caza junto con su hermana Artemisa, Afrodita promovía la belleza y el amor, Hermes el comercio, Hefesto la herrería, Athena las artes y Ares proclamaba la lucha.

En la tierra se vivía la edad de los héroes, aquellos virtuosos guerreros inspirados por los dioses buscaban su valor y gloria para ser recordados, pero de donde obtuvieron esa idea, pues de los mismos dioses que fueron glorificados anteriormente.

En una guerra sin cuartel por el dominio de la ciudad de Troya, lo cual significaba controlar todo el mar mediterráneo, convertiría a los hombres en reyes de leyenda por conquistarla y su dios seria adorado por todo continente.

Sin embargo, el rey de los dioses en el comienzo se mantuvo al margen y neutral sin dejar participar a ningún dios, debido a que se habían entremezclado los suficiente según él.

Fue entonces cuando Ares entró en el trono de su padre muy enfadado, pidiéndole explicaciones por haberles prohibido participar justo ahora que la guerra llegaba a su clímax.

 

—¡¿Por qué, padre Zeus?! —cuestionó Ares irritado—. Solo quiero guiar a los troyanos a la victoria, después de todo se están defendiendo de la invasión extranjera. ¡Es lo justo, ya que es en defensa propia!

—No lo ves, Ares. Ya es suficiente el tiempo en que han pasado con los hombres, ninguno de mis hijos parece ser el mismo. Han pasado tanto tiempo en la tierra que su compartimiento ha cambiado, ahora se han humanizado.

—¡Tonterías, padre Zeus! ¡Si me dieras el permiso de ir, yo impondría tu patriarcado!  —exclamó Ares—. No es eso lo que tú hiciste en Europa para ser conocido, lo que hicieron Cronos, Urano. Buscar ser el rey de los dioses.

—No será que tu deseas imponer tu culto como el único dios de ese reino Ares —dijo una voz saliendo de las sombras detrás del trono de Zeus—. Apolo no le gustará saber que le quieres sustituir en esa nación, que no tienes Tracia.

—Athena. Tú has apoyado a los griegos todo es te tiempo. Solo porque un príncipe troyano te desprecio como la más bella, otorgándole la manzana a Afrodita.

 

La diosa lo miró frunciendo el ceño, permaneciendo en silencio. Sintiéndose un poco avergonzada, después de todo ese comportamiento humano no era algo común en ella.

 

—Sin embargo, ninguno de ellos perduró, porque no pudieron imponer su culto ya que originalmente nació el culto a la diosa madre, proveniente de oriente. La cual se ha extendido por todo el mundo, yo guie a Perseo para destruir ese culto e imponer el patriarcado en los griegos —explicaba el rey de los dioses—. Sin embargo, no lo hice directamente, sino que ordené Athena a que lo guiase. Y sobre todo nunca busque hacer olvidar a los demás dioses, sino que me encargue de privilegiar el politeísmo.

—¿Qué me quieres decir? Que debiera actuar bajo la sombra de una diosa si quiero glorificarme como tú —le cuestionó Ares, sintiéndose frustrado—. No quiero hacerlo. Seria deshonroso para mí.

—¿Por qué entonces te has puesto del lado de los troyanos? —preguntó su padre—. ¡Por consentir a Afrodita, tu amante!

 

Zeus esbozó una carcajada, reconociendo la juventud pasional de su hijo en él cuando era un dios mas longevo. Entonces le reiteró que no se involucrara, sino le pesaría y le pidió que se fuera de la sala de trono. Sin embargo, Ares se enfureció dando una sacudida de cosmos al dar un pisotón que hizo vibrar el suelo del trono, pero Athena fue incluso más rápida que su padre y repelió el alcance de esa onda expansiva, imponiendo su escudo.

 

—¡Ares, eres un insolente! ¡Estás sediento de sed y gloria! —exclamó Athena.

—¿Cuantas veces tú no hiciste lo mismo por una mujer?... Padre Zeus—cuestionó frustrado—. No tenéis moral para cuestionarme mi libertad. Apoyaré a los troyanos, sería un cobarde que negase mi participación después de pelear en gran parte de la guerra.

—¡He dicho que no vayas! ¡También se lo prohibí a Athena!

—No soy un cobarde como tú, que prefiere la neutralidad. Desde que te coronaste como el rey de los dioses, ya no te importa pelear por el mundo, dejas que otros lo hagan.

 

Eso provocó que Zeus se enfurezca, poniéndose de pie rodeándose de un aura de electricidad por todo su cuerpo, lo cual hizo destellar al levantar sus brazos sobre su hijo, que recibió una descarga feroz sobre todo su cuerpo.

 

—¡Desde ahora en adelante por tu imprudencia e insolencia, ira y sed de sangre, te destierro del Olimpo! —decretó Zeus—. ¡Serás conocido como el dios de la guerra!

 

La descarga terminó volviendo su rubia cabellera, de color ceniza y sus ojos marrones como cuencas escarlatas y su tez se bronceó a un color mas pálido. Quedando Ares de cuclillas frente a su padre.

 

—¡Pues si es la voluntad del padre de los dioses, que así sea! —exclamó con la cabeza gacha, sin reclamar—. ¡Estaré orgulloso de motivar a los hombres a pelear por lo que quieren!

—Todavía no escarmientas —frunció el ceño el rey de los dioses—. Ares, Athena te venció en el campo de batalla y aún así piensas que mereces guiar a la humanidad.

—Tú también fuiste vencido una vez por Tifón, y lo derrotaste después de la revancha —respondió Ares arrodillado—. Sin embargo, los hombres no buscan evitar los conflictos sino promoverlos. Por eso me siguen más a mí que Athena.

—Es suficiente ya no puedo permitir que un dios como tú, siga en el Olimpo ni en la tierra —espetó Zeus, dirigiéndose a su hijo—. Tu eres un germen entre los dioses, mereces caer en lo mas bajo donde no puedas infectar a nadie.

 

Zeus alzó sus brazos y destelló sus rayos, produciendo que una abertura se abriera en el suelo hacia un mundo desconocido, donde Ares no parecía tener miedo de caer. Sin embargo, Athena, hizo aparecer un ataúd grisáceo entre sus manos.

 

—Esa vasija es, la que usaron para encerrarme una vez.

—Así es, será el contenedor que guarde tu cuerpo inmaculado hasta que tu alma recupere su pureza.

 

El rey de los dioses separó el alma de Ares de su cuerpo, y entonces Athena introdujo el cuerpo en la vasija, sellándola con uno de sus talismanes. Mientras Zeus sostenía el espíritu de Ares, el cual se veía como una proyección de su cuerpo blanquecina, la cual se iba incinerando, mientras se acercaba a al agujero.

 

—Antes de irme les haré una promesa a ambos. Zeus, Athena y a todos los dioses —anunció Ares, comenzando su voz a sonar como un estruendo—. ¡Les prometo que yo volveré para convertirme en su peor desgracia! ¡Pues ustedes me despreciaron, por lo tanto, haré que su mayor obra se derrumbe!

 

Athena y Ares se reencontraron despiertos en todas sus memorias después de tanto tiempo. Los dos sabían sus motivaciones para odiarse, Athena veía a Ares como un precursor de causar la hostilidad entre los humanos para sublevarse de los dioses, solo por venganza y Ares la despreciaba por no escuchar a los hombres ya que ellos lo siguieron a él en un principio y eso no le importó para borrar su culto del mundo.

Entonces Ares comenzó a correr hacia el otro lago del oriente, donde el agua era mas azabache y helada, llegó hasta la orilla donde Athena lo siguió confundida, y muy preocupada.

 

—¡Ares, no me digas que vas a reencarnar!

—Yo no volveré al Olimpo. Reinaré en la tierra, no me importa olvidar mi existencia.

—No lo ves, yo estaba esperando este momento, en que retornes aquí e inicies la expiación de tus pecados para que tu alma se purifique y podamos reconciliarnos. Subiendo juntos el Jardín de las Hespérides.

—¡No digas tonterías! ¡Te hice una promesa, recuerdas!

 

Ares comenzó a nadar, sumergiéndose en las aguas del Lete. Comenzó a olvidar una vez su vida y solo mantendría su rencor que lo que lo mantuvo con vida hasta ese momento, perdiéndose en las oscuras aguas del lago del olvido, dejando a Athena desconsolada.


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FANFIC: La condenación de los caballeros de Athena

Capitulo 44 .-  desde el (06/04/2017)

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Publicado 02 julio 2018 - 17:05

-Lo de la  rosa invisible me recuerda un poco al asunto de la espada invisible que tenia seiya

 

-ese ser debio haber sido muy poderosos para haber sobrevivido a la tecnica fumada

de Los cien Dragones de Ascienden

 

-asi que algunas athenas en el futuro seran tontas debido a Afrodita XD

 

-buena batalla entre Ares y los dorados

 

-buena escena de la epoca de Troya en el Olimpo

 

-Ares si que no sabe perdonar

 

 

 

 

PD:

 

Tus capítulos son muy buenos pero quizás algunos no se animen a leerlos ya que les parezcan algo largos podrías hacerlos un poco mas cortos  o de lo contrario dividir los acontecimientos en otro capitulo adicional



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ALFREDO

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Publicado 26 agosto 2018 - 10:40

-Lo de la  rosa invisible me recuerda un poco al asunto de la espada invisible que tenia seiya

 

-ese ser debio haber sido muy poderosos para haber sobrevivido a la tecnica fumada

de Los cien Dragones de Ascienden

 

-asi que algunas athenas en el futuro seran tontas debido a Afrodita XD

 

-buena batalla entre Ares y los dorados

 

-buena escena de la epoca de Troya en el Olimpo

 

-Ares si que no sabe perdonar

 

 

 

 

PD:

 

Tus capítulos son muy buenos pero quizás algunos no se animen a leerlos ya que les parezcan algo largos podrías hacerlos un poco mas cortos  o de lo contrario dividir los acontecimientos en otro capitulo adicional

-Quizas por ser invisible pero con diferentes fines, la rosa invisible en sí. No te mata sino que te limita, cambiando la esencia del espiritu.

-Jajajja

-Fue una manera de justificar a la saori jesucristo de la actualidad q tenemos y de como la athena original, la belicosa de los mitos se perdio en los tiempos xd

-Ares se ha hechado a casi todos los gold

-Gracias estaba en la duda si considerarla o no.

-Rencoroso total o quizas de algun giro inesperado.

 

 

Aqui va el siguiente chapter algo atrazado...

 

CAPITULO 57.- PARAÍSO PERDIDO.

 

Tras despertarse después de una dolorosa caída desde Star-hill. Enoc el escriba, llegó a las cercanías de Temiscira que estaba desolado, se cuestionó por qué su cuerpo no sufrió grandes heridas, y eso que su sangre le estaba escurriendo, pero por alguna razón pareciese que su misma simiente le hubiese cicatrizado sus lesiones después de un rato, entonces se fue al santuario, viendo que nadie lo habitaba solo veía cadáveres de algunos soldados rasos y otros santos, como si todo estuviese abandonado después de una gran confrontación.

Llegó a su recinto en el templo de la Balanza Celestial donde encontró a su ropaje guardado en su caja dorada y encima estaba una estatuilla marrón de una mujer vendada, la cual reconoció como el objeto que Juno había traído desde el interior del santuario. Entonces la tomó y la dejó a un lado, para abrir la urna de Libra, notando que cuando vio su armadura en modo object, esta estaba desequilibrada.

 

—¿Qué sígnica esto? —se encogió de hombros, flectando los brazos—. Este cosmos que emerge desde el interior es de…

—Deberías saber que la justicia y la fuerza siempre deben estar en equilibrio —dijo una voz femenina desde la pequeña figura marrón—. ¿Es que acaso Heng no te enseño eso?

 

Entonces la estatuilla de madera se empezó a desmoronar en una pequeña figura femenina con ropaje dorado, posicionándose sobre uno de los platillos donde estaba más abajo para igualar el equilibrio.

 

—Es un cloth… ¡¿Por qué ahora revive?!

—Porque ahora reina el caos como yo quería que sucediese —dijo una voz ronca de una mujer—. Enoc, veo que perdiste la manzana que extrajiste de Juno.

—¡Themis, la diosa del Equilibrio! —reconoció el escriba—. Tú planeaste esto.

—Ha pasado ya muchos días desde que Ares esparció su influencia, los humanos han dejado de creer en los dioses y han abandonado todo carencia hacia su devoción religiosa. Athena, aunque recuperó su fuerza se irá debilitando gradualmente hasta que tenga que abandonar la tierra al no poder seguir viviendo en este mundo de baja frecuencia que se está convirtiendo en un Shura-Kai.

—El mundo de los guerreros demonios —musitó Enoc ya que una vez escuchó acerca de la existencia de ese mundo, lo cual creía una ilusión inventada por Rafael cuando hacía alusión de que existían seis infiernos—. No se supone que tú eres la diosa del orden y la ley divina. ¿En qué te beneficia esto?

—El caos es el orden natural, la libertad más anhelada que deseo alcanzar. Cuando el mundo llegue a su punto de inflexión de desorden, es cuando todo terminará y mi misión estará completa.

—¡Eres una anarquista! —exclamó Enoc enérgicamente—. Todo este tiempo, me promovías que acabara con el papa, pero solo querías que el santuario se destruyera.

—El santuario de Athena es la nación que controla al mundo, la hija de Zeus ha inspirado a los seres humanos a iniciar gobiernos tontos separando a la humanidad y dividiéndola a un más, creyendo en distintos dioses. Eso ha llevado al mundo al desequilibrio, es el verdadero desorden en cual creían que vivían como civilizados.

—No tiene sentido, pensé que toda esta energía que se generaba por la maldad te debilitaba y ahora dices lo contrario —le dijo Enoc cuando recordó a otra diosa—. Némesis dijo que quería vengarse de ti, atreves de Athena.

—Némesis quería que los humanos actuasen bajo la guía de los dioses, yo por el contrario deseo que sigan su instinto natural —se escuchó una risa desde el interior de la estatuilla—. Solo entonces la justicia abandonará este mundo sin esperanza.

—La justicia, eso quiere decir que en realidad no la representas como yo creía —añadió Enoc decepcionado—. Ya no puedo creer en nada ni en nadie, primero Prometeo, Athena y ahora tú. ¡No se puede confiar en vosotros, los dioses!

—¡Adelante Enoc! ¡Haz lo que creas correcto! —exclamó la voz femenina—. Asesina a los que crees que sostienen este engaño en el que vives, después de todo es lo que piensas.

 

Esas palabras lo asombraron, pues pareció que la diosa interpretó su realidad, la sola existencia de toda su vida la cual creía documentaba como un escriba para no olvidar, siempre hubo algo que lo hacía cuestionar que no estaba bien, si no que estaba ocultando una verdad sin escribir. ¿Qué era eso?

El cosmos de Enoc se máximo serenándose en sí mismo cuando cerró sus ojos, dio un gancho centrado hacia arriba, originando una fuerza torrencial que ascendió con la forma de un gran dragón esmeralda, llevándose entre sus fauces a la estatuilla hablante, perforando el techo del templo, llegó hasta lo más alto de los cielos en las estrellas donde se perdió en el firmamento en una explosión estelar.

 

—¿Qué fue esta fuerza? Mi puño hizo esto solo por sentir toda esta impotencia —se dijo así mismo al sentir como irradiaba esa energía dentro de él—. No creí que pudiera lanzarla tan lejos, acaso voló hasta el cielo.

 

A él le recordó cuando Seiryu del Dragón lo devolvió del mundo marino ejecutando el mismo golpe hacia la superficie de la tierra, y ahora Enoc le pareció creer que quizás había alcanzado su misma fuerza. Siendo merito no más que suyo, ahora que ya no era inmortal, ni tenía vestigio del espejo imperial. Por lo que podía sentirse orgullo de que pudiera deshacerse de Themis solo con su fuerza propia. ¿Hasta dónde habría ido a parar la estatuilla de madera?

 

                   ***

Ella se quedó mirando el horizonte de las aguas azabache del lago del olvido. Sin saber si él volvería algún día al Olimpo con ella, oh quizás todo debiese a comenzar de nuevo entre ellos su gran rivalidad como un ciclo sin fin. Cuando una pequeña estatuilla que medía tres codos de altura, y tenía los pies juntos, una lanza en la mano derecha y una rueca con un huso en la izquierda se empezó a elevar de las aguas.

 

—¡Esta escultura, no es mi cloth! —exclamó ella, reconociendo mejor al abrir sus ojos enormemente—. ¡Es el Paladio!

—¡Athena! —vociferó una voz femenina desde la escultura—. El destino ha vuelto a reunirnos, mi discípula.

—Esa voz, recuerdo esa voz que me guiaba cuando entrenaba en el Olimpo para ser la diosa de la justicia en la tierra. ¡Themis!

—Así es, tú seguías la disciplina del equilibrio. No obstante, me olvidaste a mí y mis enseñanzas del orden natural cuando reencarnaste como humana.

—Yo lo siento mucho, entrene con Némesis. Vuestra rival, que quería utilizarme para su propio beneficio y castigar a los humanos injustamente.

—Némesis no creía en el libre albedrío. Por eso los manipulo, Athena debes seguir el camino de la justicia si quieres volver a reencarnar como una diosa mas justa en la tierra.

—¿Qué sucederá si sigo a Ares?

—Él ha absorbido tu fuerza divina. Pero eso no es lo peor, sino que tu divinidad está mermada debido a la influencia de Afrodita, serás presa fácil para Ares. Si vuelves a la tierra.

—Afrodita me clavo su rosa Astral para depositar en mi espíritu emociones terrenales que frenen mi evolución como diosa. Necesito volver, y detenerlos.

—Ares se ha desquiciado, incluso a sellado a Afrodita. Tus santos lo frenaron congelándolo con su sangre mestiza, pero no será suficiente. Es cuestión de tiempo para que salga de ahí.

—¡Se sacrificaron! —esas palabras la dejaron desconcertada, sintiendo algo de culpa—. Sin embargo, si pudo regresar, ¿Quién protegerá la tierra?

—Athena. Es imposible que vuelvas reencarnando por tus descendientes, ellos han sido exterminados, si quieres volver debes hacerlo de la nada.

—De la nada…

—Así es. Solo despertando el cosmos de la Nada, podrás realizar el milagro de la vida nuevamente en la tierra.

—¿Cómo puedo adquirir ese poder? No se supone que los dioses somos mas que los humanos, no debería ser obstáculo para mí manifestarme en la tierra.

—Si lo es ya que vuestro cuerpo original yace en el Olimpo y está prohibido que los dioses se manifiesten directamente por Zeus. Por eso creaste una línea de la simiente especial entre los humanos para reencarnar. Solo puedes crear de la nada un cuerpo si tuvieras el cosmos primordial de la vida, pero es imposible sin tu cuerpo original. Por ello solo puedes nacer usando el cosmos de la nada, el poder del milagro entregado a los humanos en su cuna de la vida. Es una fuente exclusiva de ellos.

—El lugar donde nacieron, solo ahí podre adquirir lo que necesito. Pero cómo lograré llegar allá.

—Subiendo la colina del monte Atlas. Llévame contigo, sí lo haces podré ayudarte.

—Themis en verdad puedes ayudarme. Puedo confiar en ti.

—Yo buco solo el equilibrio entre el bien y el mal. El destino de los santos es oponerse al mal, manifestado en Ares. Ahora en la tierra ese equilibrio se ha perdido, la fuerza está superando a la justicia.

—Entonces vamos.

 

Athena tomó el paladio entre sus manos y comenzó a subir por una caverna. Caminaba descalza con una túnica blanca por los rocosos senderos del interior de la montaña Atlas, más alta y ancha que Star-hill y el santuario junto. La diosa Athena había pasado primero por las fuentes subterráneas del Lete y Mnemosyne. Después arribó al centro de la montaña donde se encontraba la bóveda celeste del pilar del occidente. Ahí divisó la estatua de uno de sus más antiguos heraldos, el dios de la fuerza. Krato quien reencarno como el santo de Tauro, Sansón. Se encontraba postrado igual que el titan Atlas cargando el pilar de la tierra, totalmente petrificado.

La diosa continuó su sendero resignada a no poder hacer nada por él, al estar inhibida de sus cualidades divinas en esa colina. Se introdujo por unas escalinatas que seguían subiendo para acceder a un camino donde una luz caía sobre la montaña como una cupula, llego a una cámara más pequeña. La gran cúspide después de horas de recorrido, pero lo que encontró ahí en él fue unas ruinas de unos altares destruidos, en una sala de plana de piedra caliza, todo el espacio estaba cubierto por una espesa nube. Donde ya no había más camino, solo le quedaba descender por el tremendo acantilado, pero qué sentido tendría saltar.

 

—¿Qué se supone que deba hacer ahora?

—¡Athena sigue mis pasos! —dijo la escultura comenzando a levitar.

—Themis, hasta aquí llega el camino. Los altares que eran mis pasajes secretos hacia el santuario fueron destruidos.

—Eso no tiene importancia, el verdadero camino de expiación comienza desde aquí. Athena. ¡Ahora salta como si quisieras volar!

—¡¿Qué me estas pidiendo que salte hacia el vacío?!

—Si eres una diosa debes poder pasar esta prueba ascensión —la impuso Themis esa prueba de valor—. Los dioses tienen prohibido acceder si no cuentan con una protección primordial. No obstante, tú, aunque seas una diosa debes poder elevarte hacia un nuevo plano, debido a tu condición humana.

—¿A dónde me quieres llevar?

—Hacia el hogar de la primera edad de los hombres, un mundo más allá del norte. Ahí encontrarás tu salvación.

—No recuerdo, mis memorias todavía no afloran del todo. Sin embargo, si debo ir para poder cumplir mi misión como diosa de la tierra, lo haré.

 

La diosa se subió encima de una roca en la cúspide donde sentía como el viento caía en el vació que se perdía en la densidad de las espesas nubes que rodeaban la cima de la montaña sin dejar ver que había más allá en los cielos o más abajo. Entonces cerró sus ojos y pegó un salto confiando en que no caería, cosa que sucedió ya que su cuerpo se empezó a elevar por sí solo, lentamente se fue elevándose más y más, tanto que podía ver la punta de la montaña como se alejaba viendo el huerto del jardín de las Hespérides como una pequeña isla con una montaña central.  Hasta que divisó que en realidad estaba entrando por un túnel la atraía ella y a Themis, un puente de múltiples colores, que la hizo llegar a una zona palpable, para pisar en los cielos, una pequeña roca flotante, donde ahora el espacio era oscuro como la galaxia. Sin embargo, se sentía una gran fuerza de atracción que si se alejaba un poco podría ser arrastrada con facilidad, por lo que Athena se mantuvo en el centro.

 

—Y ahora, Themis.

—Esto es un mar entre dimensiones que conectada todas las realidades. Si te caes aquí nunca más podrías volver. Esta es la Hyperdimensión.

—Me quieres llevar a los Campos Elíseos?

—No solamente ahí se puede llegar por aquí, sino también a otros lugares. Como el reino de los hombres de la primera edad. Donde residieron una vez los Agatho Daimon.

—¿Cómo atravesaré esta Hyperdimensión para tomar el camino correcto?

—Sigue el rastro de Cupido, tiende a cruzar entre dimensiones. Si puedes escuchar su música podrás encontrar el verdadero camino.

—El rastro de Cupido, el dios del amor. No escucho nada.

 

Athena miró a su alrededor sin ver nada salvo el espacio caótico de estrellas en un mar de espesas nubes azabaches como un cielo estrellado en continuo movimiento. Mientras pensaba como podría viajar por ese mar de estrellas, una pequeña estatuilla apareció sobre ella misma levitando en el aire. La cual reconoció al instante, como su cloth sagrada en estado de reposo. Entonces esta se agrandó retomando su aspecto original como ropaje dorado, que envistió a la diosa. Athena alzó sus alas y comenzó a volar con la estatua, cuando divisó un canto que antes no escuchaba. Rápidamente lo siguió haciéndose mas y más fuerte, cuando empezó a divisar como las nubes oscuras se dispersaban para llegar a un mundo en un espacio flotante, la cual esta tenía una gran una montaña con construcciones megalíticas erguidas en un circulo concéntrico. Divisándose a su lado un enorme árbol blanco que iluminaba toda la isla como si fuese un sol.

 

Athena aterrizó sobre la orilla sobre un bosque al ver que se alzaba una alta cordillera con frondosos campos donde una muralla impedía el paso. Solo podía escuchar el sonido de un coro angelical a sus alrededores, sin saber quiénes lo emitían.

Cuando vio como en la maleza, seres luminosos se escondían como si al verla a ella les transmitieran desconfianza. Entonces los distinguió, seres de energía los cuales no pronunciaban una lengua entendible solo cantaban manteniendo una armonía en el lugar y otros en la atmosfera volaban dejando senderos brillosos como astros muy veloces.

 

—¿Qué son estas criaturas etéreas?

 

Se cuestionaba la diosa en el momento en que la estatua que traía en sus manos empezó hablar nuevamente.

 

—Bienvenida a Hiperbórea —dijo Themis—. Esos son los habitantes del reino, espíritus humanos mas cercanos a la fuente de la creación.

—No entiendo, ¿Acaso no fue Prometeo quien creo a los hombres?

—Sin embargo, la vida misma no le fue posible crearla, solo sus envoltorios. Para eso tú misma extrajiste almas de aquí para atraparlas en cuerpos de materia. Estas criaturas te recuerdan muy bien pues tú te llevaste a muchos de ellos para poblar la tierra como los primeros humanos.

 

—Yo no recuerdo todavía, es extraño se supone que bebí del lago de la memoria.

—Athena. Muy pronto entenderás que incluso es posible sellar cosas que no queremos recordar. Ahora debes continuar hacia el centro de Hiperbórea.

—¿Qué se supone que haga?

—Debes ir a la caverna primordial. Si sustraes energía de ahí podrás adquirir el cosmos exclusivo de los humanos para poder crear un cuerpo de la misma nada.

—Ya veo, pues entonces iré.

 

La diosa comenzó a caminar por el campo hasta que se introdujo en un pantanoso bosque donde la niebla abundaba, y el silencio se hizo mas presente. Los cantos de los seres angelicales se perdieron además podía percibir la tierra que pisaba, húmeda y seca la cual se siguió esparciendo hasta que llegó a una cueva bajo una montaña, cubierta por enredaderas y extensa maleza. Sin embargo, eso no era lo que más le desconcertaba si no que del interior unos gases emanaban un extraño sustrato que cada vez le distorsionaba más la vista y era la razón de que todo el bosque en su centro estuviese neblinoso.

 

—Este lugar… siento un gran cosmos que da vida y la vez huele a muerte.

—Un dominio del bien y el mal es donde tú debes ir —vociferó Themis.

—¿Qué hay allí?

—Sólo lo que llevas contigo.

 

Athena se introdujo en la oscura caverna, iluminando el camino con el velo resplandeciente de su cosmos. Percibió que caminaba por horas un estrecho sendero rocoso, que por un instante un flash la cegó para darse cuenta de que la guio a otra dimensión. Pues estaba pisando un puente de cristal resplandeciente, el cual guiaba hasta un altar que indicaba el fin del camino.

 

Lo que había mas allá solo era un extenso agujero negro supermasivo, donde incontables estrellas y galaxias se acumulaban, manteniéndolo como un bulbo deslumbrante.

 

—Esto es… ¡El centro de la creación!

—Así es, la caverna primordial. Es en realidad donde nació el universo, los dioses primordiales y la vida misma. De aquí se expandió todos los mundos que conoces, lo que ves es lo que queda de Caos.

—Caos lo que estaba antes que todos los dioses. Según sé solo Chronos estaba con él y dio vida al big-bang. Entonces de aquí todo surgió.

—Aquí en la fuente del cosmos, estaba la fuerza milagrosa que los humanos recibieron y que los dioses envidiaron por hacerlos semejantes. La esencia del cosmos de la Nada.

—Puedo sentirla, pero si continuó podría caerme en esa oscuridad de Caos.

—Así es y entonces nunca más podrás regresar. Athena acércate solo un poco para ser bañada en esa esenia.

 

Athena fue acercándose sigilosamente cuando sintió una briza que le hizo estremecerse, entonces algo apareció. De la nada un pequeño agujero se manifestó en el altar, como si estuviese materializando algo o alguien, ya que tomo forma humanoide.

Una mujer de velo oscuro se puso enfrente de ella, solo pudiéndosele ver la mitad de su rostro, blanco como la nieve y tapado por un mechón oscuro de su cabello, viéndosele solo el ojo izquierdo de color verde. 

 

—Gracias, era todo lo que necesitaba.

—Esa voz, eres Themis —musitó Athena confundida—. ¿Qué sucedió?

—No viste como mi espíritu tomó forma humana de la nada. Así es como debes hacerlo.

—Pensé que habitabas en el Paladio.

—Solo era mi nexo de comunicación con el mundo terrenal. Había estado sellada aquí desde tiempos remotos por tu mismo padre, ahora por fin pude escapar.

—Por mi padre, eso quiere decir que tú en realidad no me entrenabas por orden de él.

—Athena, yo me convertí en tu maestra para que algún día. Fueses la diosa de la tierra y terminaras la misión de devolver al mundo su estado original —dijo Themis cuando hizo materializar una balanza gigantesca atrás suyo—. ¡Ahora es tiempo de que seas juzgada por tus pecados!

 

El enorme platillo descendió sobre Athena, intentando aplastarla con una brutal fuerza de gravedad que la hizo quedar agachada mientras frenaba el peso con su escudo, apenas resistiendo la gran presión.

 

—¡¿Tú quieres vengarte, igual que Némesis?!

—No te equivoques, ella quería que tú castigaras a los humanos siguiendo las leyes de los dioses. Yo sigo solo una única ley. La cual es el verdadero equilibrio. Regresar a su estado natural la libertad al mundo. Antes de que ustedes los dioses civilizarán a los humanos creando naciones separándose en distintas culturas.

—Ya veo te refieres al periodo cavernícola en que antes vivían en sus inicios sin ley ni orden.

—¡Eso era el verdadero equilibrio! — decretó Themis solidificando aún mas su peso, al resquebrajar su escudo—. Prometeo era mi discípulo igual que tú, pero él solo le gustaba inspirar a los humanos a vivir cercanos al cosmos. Yo deseo que los humanos no se acerquen al cosmos, ni si quiera que haya grupos selectos como los de tu raza elegida. Solo guiados por el instinto.

—¡Eres una anarquista prehistórica! —le gritó Athena, cuando pensaba—. ¿Cómo pudiste volver a la vida tan fácilmente?

 

La cercanía al caos era un estado en constante movimiento, por alguna razón creo un cuerpo de vida para Themis. Era como si estuviese sintetizando una pequeña explosión del big-bang.

 

—¡Terminaré contigo de una vez! —dijo Themis al desenfundar una espada de cosmos—. Esta es la hoja de la justicia que anclará tu vida al caos mismo. Volverás a un estado de equilibrio antes que te nacieras.

 

Sin embargo, justo cuando elevo su espada energética, una estatua en miniatura dorada se materializo en frente de Athena. Deteniendo el tiempo mismo, como si todo se eclipsara.

 

—¡Nike!

—La diosa de la victoria, estás concediéndole un minuto antes de que Athena reciba su juicio divino.

—¡Athena, puedes escucharme!

—Nike, por primera vez me hablas. Eres la única que todavía me acompaña incluso hasta aquí.

—No intentes luchar en contra de Themis. La diosa del destino, debes aceptarla en ti misma, ella posee el poder de crear vida al ser una diosa primordial, poseedora de la energía anterior al cosmos, el dunamis.

—El dunamis, el cosmos exclusivo de los titanes. Con el que crearon el mundo. No puedo competir con ella solo con mi cosmos.

—No necesitas vencerla, estás en el mundo de las ideas, la realidad intelectual. La realidad misma es que aquí puedes crear con el pensamiento si poses una gran voluntad. Esta realidad es lo que había antes del big-bang. De aquí mismo me permite idear para proporcionar esa imaginación en los humanos, cosa que le permite crear un milagro.

—Si esta realidad es tan especial y benefactora porque nadie ha venido hacerse con el control.

—Los titanes son la esencia del mundo sensible, la realidad material que controlan. Su esencia misma es elemental, recuerda Athena tú misma descubriste esto. El secreto del nacimiento del cosmos de la nada está aquí, proveniente de la realidad inteligible que es su fuente.  

—Nike tú has despertado el cosmos de la Nada…

—Yo soy un nexo con esta realidad es todo lo que permite acercarme, solo los humanos les es permitido acceder. Ya que aquí nacieron, diferenciándose de nosotros los dioses que somos la creación misma. Tú puedes ser un catalizador mas potente que yo si reencarnas en una humana.

—Ya veo esta era la razón de reencarnar así, pero las energías malignas que infectan la tierra me nublaron el juicio haciéndome olvidar mi verdadero objetivo. Gracias por habérmelo recordado.

—A mí también me paso. Hay que purificar la tierra para que puedan fluir libre con esta realidad.

—Así lo haré.

 

La estatuilla de Nike, tomó forma de cetro en manos de Athena quien al tocarlo entró en un estado de meditación que le permitió soportar la gravedad misma sin oponer resistencia ante la mirada de Themis quien recuperó su movilidad.

 

—¿Cómo mi balanza del Juez no te afecta?

—Solo puedes manipular la gravedad sobre mí si creo que puedes hacerlo debido a tu voluntad superior, pero ahora ya no pienso así.

—¡Has comprendido la esencia del cosmos de la Nada! —musitó Themis al momento desenvainar su espada—. Pero es demasiado tarde... ¡ESPADA DE JUEZ!

—Si me matas aquí más fuerte me volveré.

 

En el momento que iba a dar el espadazo, la diosa de la guerra puso su báculo en forma recta delante de ella a la mitad de su rostro, enfatizando una expresión serena su cuerpo se desvaneció al momento de recibir el ataque.

 

—¡¿Qué?¡ —se encogió estupefacta—. Athena no fue atraída a mí espada si no que desapareció.

—Estamos en el mundo de las ideas, la realidad intelectual donde no soy mas que una conciencia, no tiene caso usar una proyección física —respondió desde la oscuridad.

—¡No puedo creerlo te has unido a este caos!

—Vosotros los dioses siempre vieron esta realidad como un lugar de desorden imposible de habitar, pero es la fuente de del mundo espiritual para imaginar mas allá de toda comprensión metafísica de la realidad sensible que han creado vosotros los dioses primordiales.

—Desprecias las leyes que hemos decretado al proclamar que puedes alterar el mundo que los dioses han creado —esas palabras la hicieron enfadar más a Themis—. ¡Eres una ingenua, estás pensando como una humana!

—¡Como una humana iluminada!

—¿Qué sucede mí cuerpo comienza a desfragmentarse? —se asustó la diosa al comenzar a desaparecer—. ¡Athena, maldita te opones a tu maestra!

—No temáis, ahora yo seré quien te enseñe a volverte uno con esta realidad es el origen de todo, aunque para ti que eres una titanide signifique nunca más regresar al ser una fuerza elemental. Adiós gran maestra.

—¡¡Athena!!

 

Fue el ultimo grito de desesperación de la diosa de equilibrio al desfragmentarse por completo volviéndose parte de la nada en ese espacio caótico. No obstante, la que pudo volver a formarse en una estrella en miniatura, o al menos eso parecía al divisarse la eclosión de un huevo cósmico. El cual parecía acumular su fuerza en el núcleo del cosmos.

 

Solo quedó el ropaje de Athena el cual volvió a su forma object, retomando su pequeña figura en miniatura y a su lado el báculo Nike, comenzó a levitar en el aire.

 

—Muy bien Athena, has podido imaginar la grandeza del milagro aquí en la fuente del Cosmos de la Nada. Me temo que tendrás que esperar todavía un poco más antes de volver a la tierra.

—Nike, ¿Cuánto tiempo me tomará formar mi propio cuerpo?

—Un día estimo será suficiente. Cuando estés lista me temo que será la ultima vez en que hablemos directamente.

—¿Qué dices?

—Solo aquí en el campo de la realidad de la ininteligible puedo manifestarme así.

—Ya veo, gracias por todo. Nike.

—No me agradezcas, Athena. Nuestro deber es devolver a los humanos esta esencia de libre voluntad de obrar para que puedan vivir en su forma original.

—Así lo haré.

 

Fin del capítulo.


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FANFIC: La condenación de los caballeros de Athena

Capitulo 44 .-  desde el (06/04/2017)

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Publicado 28 agosto 2018 - 20:16

asi que si hay un poco de verdad en las creencias de los dorados de virgo

 

las deidades de tu fic son como políticos  da igual quien gane las personas siempre pagan pato XD

 

pobre Enoc 

 

hasta que por fin Athena sintio algo de culpa

 

lo de la caverna me recordó a star wars

 

buen capitulo






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