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Omega: Prologue


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93 respuestas a este tema

#1 -Felipe-

-Felipe-

    SNUFKIN

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Publicado 27 octubre 2013 - 16:10

Este fic relatará la primera guerra contra Mars, que SS Omega aún no nos ha dado. Por supuesto, no me limitaré a lo que se vio en los flashbacks, en lo más mínimo. Los legendarios, personajes nuevos, batallas extendidas y nuevas, pondré todo mi Cosmos aquí xD

 

CAPÍTULO I, MARTE

 

Más allá de los prados, de los ríos, de las montañas, de los cielos... más allá del planeta azul, se halla un astro que arde con fuego carmesí, cuyos cielos están manchados por la oscuridad y sus tierra sembradas con el color de la sangre. La Estrella Escarlata, el planeta Marte.

Esa noche brillaba con una luz particularmente mayor, incluso parecía de mayor tamaño. El político alemán aún melancólico se percató de esto, pero fue una percepción dejada de lado después de los primeros segundos, y reemplazada por el recuerdo de Misha. Su amada, su esposa, la madre de la hija que dormía plácidamente en la habitación contigua, después de llorar por horas sin entender la ausencia de su madre.

 

¿Por qué había le sucedido eso? ¿Qué acto tan cruel y despiadado había realizado para recibir de regreso una suerte tan triste? Las estrellas le deparaban un destino sombrío, dejado solo con su hija, su esposa había sido asesinada en un acto terrorista. Durante otro segundo vio el planeta vecino, aún más grande y brillante, pero nuevamente sumó la cabeza entre sus brazos sobre el escritorio. Era otra estrella, otro oráculo cruel.

¿Qué les había hecho a los dioses para que lo castigaran así? Más aún, Misha era una mujer impecable, intachable. Bondadosa y amable, un alma caritativa, alguien sin mancha. No merecía morir. Eso era el destino que debía sufrir otro tipo de alma. Aquellos que la asesinaron... ¿Pero qué cambiaría con eso? Las estrellas se burlaban de él, seguirían destruyendo las vidas de las buenas almas, y la luz resplandecería para aquellos que no lo merecían.

La luz era injusta, los astros eran odiosos. Allí sentado en la oscuridad se sentía mucho más cómodo, podía pensar más tranquilamente. No era tan mala como se les enseñaba a los niños como Sonia. No. Era hasta reconfortante. ¿Por qué a Misha le gustaba tanto la luz, mirar las estrellas, los atardeceres, y las luces del teatro, si éstas la traicionarían?

 

Oyó un quejido, se sobresaltó. Se levantó de su silla y giró la cabeza esperando encontrarse con un alma, no importaba si fuese de luz u oscuridad. Nada.

“Es solo Sonia... pobrecita, debe estar teniendo una pesadilla” —pensó.

Escuchó el palpitar de su propio corazón. Llevó la mirada y su mano al pecho, y notó el ritmo descompasado y retumbante de su vida. Al levantar el rostro lleno de angustia, se encontró con las paredes negras de su estudio cubiertas del brillo rojo que hace rato lo molestaba inconscientemente. Se volvió hacia la ventana, y abrió las cortinas para que Marte, el planeta que lo observaba desde unos cuantos metros sobre su castillo, oyera su desahogo.

“¡¿Qué es lo que quieres, también te burlarás de mí, maldita estrella?!”

Ella no respondió. Solo palpitaban sus luces carmesí en su atmósfera de sombras.

“¡¡¡Mentirosa!!! Eres otra estrella, otra de las que marcan injustamente el destino de los inocentes, como mi amada Misha, ¡Eres otra de esas luces que me repugnan!

Marte era enorme. Ya estaba muy cerca del ventanal de cristal, pero el hombre jamás se sintió débil. Al contrario, se sentía mucho más fuerte.

“¡¡¡Deja de brillar así, maldita sea, si quieres destruir mi corazón hazlo ya, estás acostumbrada!!!”

El corazón le dolía, palpitaba con mucho más velocidad y violencia, pero no se rindió. Esa esfera roja debía oír bien lo que tenía que decir. La luz se apagó, Marte comenzó a cubrirse de sombras espectrales.

“Mucho mejor... la oscuridad es más justa, más transparente de lo que la gente cree..., es la luz la mentirosa, ¿cierto?”

Marte volvió a brillar, y él se derrumbó en el suelo frío. Una mujer ante la puerta del castillo sonrió, sin perder detalle de los gritos del hombre en la ventana unos pisos arriba.

 

 

Una coraza gris relucía sobre el cuerpo alto y fornido del político alemán. Antes no estaba ahí, pero no importaba, ya que no tenía ni siquiera una chispa. Sonó la campana. ¿Quién podía ser a esa hora? A pesar del peso encima, caminó lentamente a través de los pasillos y escaleras. Una de las sirvientas hizo el además de abrir, pero huyó alarmada cuando vio a su amo extender la mano hacia la perilla.

—¿Qué busca? —preguntó a la extraña sonriente.

—A Ludwig Von Kampf.

—Se equivoca —respondió él. Por alguna razón no se sentía identificado con el nombre —Mi nombre es Mars.

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#2 -Felipe-

-Felipe-

    SNUFKIN

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Publicado 28 octubre 2013 - 14:00

CAPÍTULO II, ALAS

 

El Santuario. Lugar de refugio para aquellos que después de un arduo entrenamiento, desafíos, y la superación de adversidades y límites humanos, tienen el derecho y honor de llamarse a sí mismo Santos. Capaces de romper la tierra con sus pies y rasgar el cielo con sus puños, los Santos se reúnen en el centro de Grecia, un lugar sagrado desde donde salvan el mundo y mantienen la paz y la armonía en la Tierra, gracias a le energía cósmica que brindan las 88 constelaciones del cielo, el poder de sus protecciones, las Cloths, todo según los mandatos de la diosa de la guerra y la sabiduría: Athena.

Sin embargo, después de tantas batallas, el número de Santos se había reducido bastante. La Rebelión del Santo de la constelación de los gemelos, los ataques de dioses como Poseidón y Hades. Todo había opacado el poder bélico de Athena y sus Santos, y eso era peligroso en caso de que surgiera otra amenaza, a pesar de que vivían tiempos de paz.

 

La diosa Athena reencarnó hace más de 20 años como una muchacha dulce a la vez que valiente, Saori Kido, quien gobernaba desde lo más alto del Santuario.

—Acércate, Seiya —ordenó con voz suave. Un hombre puso una rodilla en tierra.

—Aquí estoy, como fue solicitado —le respondió su más leal Santo. Aquel que dirigió las batallas contra los más grandes enemigos de su diosa, aquel que jamás conoció la palabra “derrota”, aquel cuya tenacidad, valor y fuerza eran características que lo hacían único. El Santo de Bronce Celestial, Pegasus Seiya.

—Sabes la razón de que solicitara tu presencia. Las estrellas, Seiya, se están oscureciendo, ya no brillan como antes. Presiento un mal augurio, algo terrible está a punto de comenzar. Hemos estado en tiempos en paz, pero creo que pronto llegarán a su fin —sentada en su trono dorado, se veía triste, a pesar de estar tan cerca de las estrellas.

—Entiendo tu preocupación. El Santuario está falto de mucho poder bélico —dijo él, vistiendo su reluciente Cloth blanca, representante del caballo celestial que nació de la cabeza de Medusa. Sus ojos oscuros miraban fijamente las esmeraldas de su diosa.

—Seiya. Necesitamos mostrar que no será fácil enfrentarnos. Sé que tienes una brillante conexión con tu Cloth de bronce, pero necesito hacer esto.

—Lo entiendo perfectamente, además presiento que alguien puede ocupar esta Cloth y continuar su legado con el mismo honor que la vestí yo.

—Para mí siempre serás Pegaso, Seiya, pero desde que atravieses ese portón, serás el Santo Dorado de la Luz, serás el Comandante de mi ejército, serás aquel que penetra la oscuridad con su flecha dorada y que asciende hasta los cielos con sus alas brillantes. Serás Sagittarius Seiya.

El recién ascendido Santo se levantó para quitarse su Cloth de Bronce. Luego iría al Templo del Centauro por su nueva luz.

—Honraré tu espíritu, Aiolos. Continuaré tu legado y protegeré a mi diosa con mi vida si es necesario. Daré todo por ti, Saori... quiero decir, Athena —se corrigió.

—¿Qué? ¿Después de todo lo que hemos pasado dejarás de llamarme por mi nombre? —preguntó ella divertida, alejándose de los protocolos.

—Tengo que respetarte más ahora que usaré las alas. ¿O crees que no haría que la gente hablara si el Comandante se dirigiera tan libremente a su diosa? —intentó no reírse, pero le era difícil. Siempre fue un muchacho alegre, ahora debía guardar más la compostura.

—Seiya..., dime, ¿no vendrán los demás? —preguntó repentinamente.

—Sabes que Shunrei no permitirá que Shiryu se venga a vivir aquí ahora que está en su condición. Shun le tiene mucho cariño a las cadenas como para usar la Cloth de Oro, y Hyoga... no tengo idea donde está.

—Y supongo que no hace falta preguntar por...

—¡Con permiso, Athena! —interrumpió el Santo de Bronce de la Fuerza Bruta, Geki de Osa Mayor. Era enorme y físicamente muy fuerte, pero venía exaltado como nunca.

—¡Geki! ¿Qué pasa? —preguntó Seiya.

—¡Los soldados del área oeste están muertos! ¡Todos ellos! Sus protecciones fueron totalmente vaporizadas.

—¿Quién hizo algo así?

—No lo sabemos. Shaina y Jabu están buscando al culpable por todos lados.

—Seiya, Geki, vayan a buscar al culpable y pidan explicaciones. Mis preocupaciones se están materializando.

Antes de pasar por el portón, Seiya miró al caballo alado blanco que se erguía en el centro del Salón. Sintió una nostalgia profunda, pero sonrió.

—Cuídala, Saori, por favor.

—Con mi vida, Seiya.

 

Mientras bajaban las escaleras, Seiya sintió un cosmos agresivo en las cercanías del Templo del Carnero Blanco. Fuese quien fuese el enemigo, se estaba acercando al corazón del Santuario.

—Geki, reúnete con los demás cerca del primer Templo. El enemigo llegará allí.

—¿Qué harás tú, Seiya?

—Estaré con ustedes en poco tiempo, necesito buscar mis alas primero.


Editado por Felipe_14, 28 octubre 2013 - 19:19 .


#3 Archad

Archad

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Publicado 28 octubre 2013 - 14:41

Bueno me gusta tu forma de escritura compañero, desde luego vas a mostrarnos algo más que no hemos visto en la serie. Con toda la crítica que ha tenido Omega creo que será un contratiempo añadido, pero sin duda un gran reto, pero desde luego a mi me está gustando como vas por el momento. Me gusta que exista tanto diálogo te hace meterte un poco más en la historia. 

 

un saludo compañero 



#4 -Felipe-

-Felipe-

    SNUFKIN

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Publicado 29 octubre 2013 - 14:08

CAPÍTULO III, CASCADA

 

La luna se presentaba majestuosa, reflejándose en el estanque. Era imposible tocarla, igual que las flores en un espejo, pero eso la hacía tan hermosa, allí en las montañas de LuShan. Le encantaba verla, lo relajaba, igual que la dulce voz de su esposa.

—¿Qué es lo que me tiene tan inquieto? La luna está serena, la noche está calma... ¿Se avecina acaso una tormenta? —se dijo en voz alta el dragón. Tenía largo cabello negro, y ojos tan tranquilos como las aguas del estanque frente al que estaba de pie.

Oyó unos pasos acercarse a su espalda. No le preocupó. Los reconocía tanto como la melodiosa voz que oyó.

—Shiryu, cada vez que me despierto a la mitad de la noche y no te encuentro reposando a mi lado, creo que te fuiste a otra batalla. Me tienes tan mal acostumbrada —le dijo su esposa, caminando con dificultad, apoyándose sobre la espalda de su marido con sus suaves y cándidas manos, sonriendo tiernamente.

—Lo siento, Shunrei. Pero sabes que si no hubiera hecho todo eso, quizás no existiría el mundo como lo conocemos. Y por supuesto... él tampoco nos estaría haciendo tan felices —se volteó para poner su mano en la barriga abultada de su mujer con cariño. Ella se estremeció como siempre lo hacía.

—Lo sé. Pero, Shiryu... presiento algo malo. Mira el cielo, las estrellas están apagadas.

Había perdido la vista en más de una ocasión. Podía sentir que el cielo estaba tranquilo, pero se perdía esos pequeños detalles como el que le presentaba su dulce esposa.

—¿Qué haría sin ti?

—Irte a otra guerra —soltó una tierna risotada, mientras se sostenía el vientre.

Ella le tendió una carta a Shiryu, quien la tomó confuso en sus manos.

—¿Qué es esto?

—Acabo de verla en la puerta. Dime de qué se trata.

Shiryu la leyó en silencio usando la luz de la luna.

—Es de Genbu —su tono de voz se había enfriado totalmente.

—¿Genbu? Hace años que no sabíamos de él. ¿Qué dice? ¿Qué pasa?

—Dice que se enteró de una situación muy grave en Alemania. Parece que un Cosmos sombrío surgió repentinamente allí, cerca del atentado que fue informado. Dice que es peligroso, no sé qué está... ¡¿Quién está ahí?!

            Shiryu cubrió instintivamente a su mujer con su brazo, y miró fijamente a un punto en lo alto de la cascada. Un hombre con una armadura negra cortaba con su gran figura la esfera lunar.

 

—Señor Ludwig... —un hombre de mirada firme, largo cabello verde y una contextura física impresionante, se acercó al hombre de la negra armadura al borde de un risco.

—Ya he dejado ese nombre, Mykene. Ahora soy Mars.

—Señor Mars..., lo siento. Quería saber cuáles son sus planes ahora.

—Me dijiste una vez que querías cambiar al mundo. Athena, la diosa para la cual trabajas, permite que la luz brille para todos, incluso aquellos que no lo merecen. Es injusto. Lo que haré será crear un nuevo mundo, solo para aquellos justos, leales y bondadosos a los que entregaré de mi oscuridad.

—¿Cómo logrará algo así? Suena muy idealista, pero difícil de lograr —Mykene sujetó la joya verde que yacía en su cinturón. Sabía lo que Mars diría a continuación.

—Debo eliminar a aquellos que impiden egoístamente la creación de un mundo mejor. Debo eliminar a Athena y a sus Santos.

 

—¡Eres el dragón! Dicen que fuiste el que mató al dios del sueño, aquel que logró eliminar dos Santos de Oro hace muchos años. Eso significa que eres una amenaza para el señor Mars —su voz era ruidosa y violenta.

—¡Tu nombre y motivos! —pidió Shiryu. No solía sentir miedo, pero la presencia de su esposa y su hijo en el vientre eran demasiado preocupantes.

—¡¡¡Alto Marciano, Relogho de Tarántula!!! Soy uno de los mejores hombres, el más fuerte del ejército marciano —tenía cabello negro muy alborotado, ojos rojos sangrientos, su armadura tenía lo que aparentaban ser las patas de la tarántula, creciendo desde la espalda.

—¿Mars? ¿Ese es el nombre de nuestro nuevo enemigo? De acuerdo... Shunrei, por favor entra a la casa, tal vez necesite pelear en serio.

—Shiryu...

—¡Un momento! ¡Ja! Esa mujer está embarazada, ¿Cierto? Eso significa que otro de la sangre del dragón nacerá, y puede causar tantos problemas en el futuro como su padre, a menos que no sea alguien vengativo... ¡¡¡Pero no puedo arriesgarme!!! —Relogho saltó y se deslizó en el aire hacia Shunrei, quien llevó sus manos instintivamente a su vientre.

—No lo intentes —Shiryu apareció entre su amada y su enemigo, dispuesto a proteger a la primera a cualquier costo.

¡REPASO DE HERIDA!

Relogho usó las largas patas de su espalda para atacar a Shiryu. Los apéndices solo lograron tocar sus ojos, y fue todo lo que bastó.

—¡¡¡Shiryu!!! —gritó Shunrei al ver a su esposo caer pesadamente al suelo, con las manos sobre los ojos adoloridos.

—La leyenda era cierta. Tus ojos han sido dañados muchas veces, tu vista ha sido sesgada. Mis patas de tarántula buscan, encuentran y dañan las partes del cuerpo más lastimadas a través de la historia de mi enemigo. Encontró tus ojos. ¡Es hermoso, no podrás ver a tu bebé sonreír jamás!

DRAGON VOLADOR DE LUSHAN! —Shiryu se arrojó contra su enemigo como un bólido a pesar de sus heridas. Relogho estuvo a punto de ser aplastado por ese poder, pero Shiryu falló y chocó contra un árbol, derribándolo al instante.

—Si me hubieras dado con eso, podría haber sido fatal. Qué lástima que no puedas ver. Como sea, dime, ¿Cuál es la segunda parte de tu cuerpo más dañada? Espero que sea algo fatal, ya que me gustaría deshacerme de un futuro posible problema —Tarántula miró maliciosamente a Shunrei, quien soltó una lágrima.

—¿Quién es Mars? Me gustaría saberlo antes de seguir luchando.

—Vas a perder, dragón.

—¡¿Quién es Mars?! —repitió Shiryu iracundo.

—El rey del nuevo mundo. Jamás volveremos a sufrir con él al mando. Ni hambre, ni dolor, ni tristeza. Incluso yo podría disfrutarlo, me encargaría de todo aquel que perdiera el rumbo seguido por el señor Mars. Y los primeros serán los guardianes del Santuario: Los Santos de Athena.

—¡Dragon Cloth!

La armadura esmeralda salió del fondo de la cascada y cubrió el cuerpo de Shiryu. El puño con cabeza de dragón estaba en su brazo derecho, y el escudo más fuerte del mundo yacía en el izquierdo. El Santo de Bronce Noble, Dragon Shiryu.

—Por más armadura que uses, no podrás vencer al Señor Mars. Te acabaré antes de que llegues a su posición.

—¿Va al Santuario?

—Aún debe reunir a su ejército. Roma es el centro, me encantaría conocer ese lugar, así que me desharé de ti rápido, y luego de tu mujer e hijo.

El Cosmos de Shiryu empezó a hervir de repente. Tarántula no pudo contener un creciente miedo, sin entender la razón.

—¿Por qué? ¿Por qué hay gente que se esfuerza por hacerme enfadar? Puedes hacerme lo que quieras, ¿Pero a Shunrei y mi hijo? ¿Por qué tuviste que nombrarlos? ¿Para qué intentarlo? —Aunque con los ojos cerrados, se podía sentir la mirada furiosa del dragón.

—Pobre tonto arrogante, te mostraré el poder bruto de la oscuridad ¡HERIDA A PRESIÓN! —con su puño lanzó una descarga de energía que Shiryu esquivó fácilmente. Pero pudo notar que él no era el objetivo.

El ataque iba directamente a la inmóvil Shunrei.

—¡Shunrei! —Shiryu pateó el suelo a pesar de no ver la situación. Un segundo golpe, un Repaso de Herida, lo lastimó en el pecho, empezando a hacerlo sangrar. Sin embargo, su patada hizo saltar una roca que desvió levemente el ataque, el cual rasguñó a Shunrei en la cara y la derribó en el polvo.

—Muy bien... veo que tu pecho ha sido dañado muchas veces. Pero dime, ¿Cuántas veces habrá sido herida tu mujer? Llevo la cuenta de una vez con mi Herida a Presión en la cara.

Shiryu tenía la cabeza gacha, pero su Cosmos se incrementaba más y más a pesar de que la hemorragia bajo su peto no se detenía.

—Una vez. Solo una vez me han hecho enfadar y, tal como dijiste antes, ese hombre terminó en el fondo de un abismo oscuro. Te mostraré por qué no hay que tocar lo más preciado para el dragón ¡¡¡Te mostraré por qué no hay que hacerme perder la calma!!!

—¿Qué pasa? —El Cosmos de Shiryu se transformó en una lluvia que golpeó ligeramente la cara de Relogho. Un dragón surgió e invirtió el flujo de la Gran Cascada. Shiryu tenía preparado ya su puño derecho, en posición para elevarlo como un gancho.

—¡DRAGON ASCENDENTE DE LUSHAN!

 

---

—¿Shiryu?

—Debo ir, Shunrei. Por el bien de ese niño y de ti, debo eliminar a Mars. Tenías razón, la oscuridad se acerca. Genbu estaba en lo correcto también. Buscaré a los demás, derrotaré a la oscuridad, a los Marcianos y Altos Marcianos, y traeré la luz nuevamente al cielo estrellado.

—Shiryu. Esta vez no es solo por mí. Debes volver por él también. No quiero pasar más noches sin ti a mi lado, sin saber si vas a sobrevivir o no...

—Shunrei...

—O si quedarás ciego otra vez —hacer reír a Shiryu era algo difícil, pero una carcajada tan dulce de seguro era algo que el dragón quería compartir con su esposa otra vez.

—Volveré por ti. Y por Ryuho.

---



#5 Archad

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Publicado 29 octubre 2013 - 14:25

Me ha gustado que en tu historia hicieras que Genbu y Shiryu hablasen, por cierto el personaje ese inventado Relogho te ha quedado muy bien.

 

Un saludo compañero y va muy bien tu fic.



#6 pegasus01

pegasus01

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Publicado 29 octubre 2013 - 18:31

asi debio haber comenzado omega talvez no hubiera habio tanto revuelo


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#7 Archad

Archad

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Publicado 30 octubre 2013 - 12:55

Desde luego estoy muy de acuerdo en eso, a Omega le falta un buen inicio y un buen guión, sin duda las buenas ideas que tenían se han convertido en rana y no les salió tan bien, sin embargo el omega 2. Pallas gana mucho más en calidad de guión.

 

Hay si nos preguntaran un poco más a los fans, sacarían unas ideas magníficas y encima seguro que la gente se engancharía más a la serie. en fin es lo que hay

 

un saludo compañero



#8 -Felipe-

-Felipe-

    SNUFKIN

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Publicado 30 octubre 2013 - 14:20

CAPÍTULO IV, SACRIFICIO

 

Sentado solo con una vela encendida, apoyó su mano en uno de los libros de medicina de la enorme biblioteca de los Kido. ¿Cuántas veces había lastimado a otros? Peor aún, ¿Cuántas veces más lo tendría que hacer en el futuro? No le gustaba pelear, lo detestaba, pero jamás había hecho algo a la inversa para remediarlo.

Tomó el libro y lo abrió. Comenzó a leerlo a la luz de la llama danzante sobre la mesa. Era interesante. Desde niño leía muchos libros, le gustaban mucho y se le hacía fácil hacerlo, a la vez que sus compañeros entrenaban y fortalecían su cuerpo. Lo llamaban “debilucho”.

Luego, en una isla cerca de las costas etíopes, comenzó a cultivar su cuerpo sin dejar de lado la mente. Recordó cuantas veces leyó historia, ciencias, matemáticas, etc, con June. Su maestro lo ayudaba mucho también. Todos lo ayudaban. Tal vez era momento de hacerlo él esta vez, no solo luchando sin descanso contra los enemigos, sino que de otra forma.

 

Se levantó de un salto cuando oyó el grito de Tatsumi en el piso de abajo. Corrió por las escaleras y encontró al mayordomo de la familia Kido agarrado del cuello por un hombre con armadura negra. Tenía largas alas transparentes, y dos antenas salían de su casco. Tenía cabello celeste muy corto, un semblante juguetón, sus ojos sonrientes eran negros.

—¡Suéltalo en este instante! —gritó.

—Claro, como digas —el marciano soltó a Tatsumi quien cayó pesadamente al suelo con sangre en los oídos.

—...Shu... Shun...

—Le pregunté a este hombre donde estaba aquel que fue cuerpo de un dios, y que luchó en los Campos Elíseos. Ya no necesito la respuesta. Eres tú, el muchacho de la constelación del sacrificio, el Santo de Bronce de la Pureza, Andromeda Shun.

—Por favor, vete de aquí, no quiero pelear contigo —decía la verdad. Shun solo deseaba dejar las peleas, y ahora que buscaría otras maneras de ayudar en estos tiempos de paz, aparece un nuevo enemigo.

—¿Cuántas veces más tendrás que luchar? —oyó Shun en su cabeza, acompañado de un pitido insoportable, que le hizo taparse los oídos.

—Vaya, veo que tienes una migraña. Si quieres te golpeo yo, no tienes para qué luchar.

 

—Hermana, ya estoy aquí —tenía una voz encantadora.

—Has venido, muy bien —le respondió la bruja Medea. Hizo a un lado su bola de cristal para recibir bien a su hermano.

—Y dime, ¿Cómo se ha comportado mi querido cuñado? ¿Tiene pensando matarlos a todos... o solo a los humanos? —el muchacho rubio sonrió. Hasta su sonrisa era cautivante.

—Mars quiere crear un nuevo mundo. Supongo que a todos los que estén en su contra, o aquellos que han recibido luz injustamente —Medea llevaba un vestido elegante, parecía flotar sobre el piso.

—Ja, y tú nos has recibido ni una chispa. Ok, yo tampoco. Si solo el destino nos hubiera dado una hermosa habitación cuando nacimos, unos cuidados de realeza, alimentos, amor... ¡Oh, cruel destino que le quitas a buenos hermanos lo mejor de este mundo maldito! —el chico se llevó una mano a la frente, y fingió sufrimiento con increíble habilidad.

—¿Qué sandeces dices? Nosotros fuimos criados de...

—¡No tienes ni una pizca de apreciación teatral, ¿Cierto hermana?!

—¿Qué parte del pastel pides? Tengo una idea, pero me gustaría oír la opinión de tu propia boca.

—Eso es obvio. Dirigiré la orquesta desde lo más alto. Quiero el puesto más elevado posible, hermana. Sueño tanto con ver este espectáculo de tu cuñado, y a los actores presentes y aquellos no contratados.

—Eres muy especial, Amor —Medea le dio un beso en la mejilla a su hermano, antes de irse a acostar, mientras Amor seguía ensayando sus poses teatrales para cuando el nuevo mundo comenzase.

 

—¿A cuántos más tendrás que matar?

—¡Cállate!

—¿A cuántos más no podrás salvar?

—¡Qué te calles! —Shun se arrojó al suelo. No eran solo las palabras las dolorosas, sino ese pitido infernal que retumbaba en su cerebro, mientras el marciano lo admiraba complacido.

—Shun de Andrómeda. Dicen que no te gusta pelear. A mí sí, es la única forma de cambiar las cosas. Si no destruyes lo malo, ¿Cómo puedes hacer el cambio? Respóndele eso al gran Alto Marciano, Acris de Saltamontes, el hombre más veloz del Señor Mars.

—¡Andromeda Cloth!

La armadura de Shun, púrpura, e incorporada con dos cadenas maravillosas, una especializada en ataque y la otra en defensa, se amoldaron al cuerpo de Shun.

Cada vez que se ponía las cadenas, su corazón derramaba otra lágrima de culpa por todos aquellos que había lastimado, y todos los que no había podido salvar. Trató de no pensar en eso.

—¿Vas a pelear o no?

—No me gusta hacerlo..., pero ¿Crees que será tan fácil derrotarme?

—¡Jeh! Interesante.

Justo en ese segundo, Shun sintió otro agudo sonido en su cabeza al mismo tiempo que Acris desaparecía. Trató de seguirlo con la mirada, pero solo encontró su pie, cuando impactó contra su cara, lanzándolo al suelo.

No pudo ver a su enemigo atacarlo. ¿Cómo era eso posible? Se levantó y decidió tomar la ofensiva.

CADENA NEBULAR!!!

La cadena de la mano derecha con punta de triángulo se dirigió a Acris, quien seguía sonriendo maliciosamente. Qué sonrisa más desagradable era para Shun. Otro pitido acompañó la desaparición del marciano, pero esta vez el Santo de Athena trató de no perder detalle. Vio una mancha correr a toda velocidad por un pasillo del piso superior, y luego un puño golpearlo en el estómago. También notó como sangraba de los oídos. ¿Qué estaba pasando?

—Muy bien, Andrómeda, casi divisas la punta de mi pie, es fabuloso. De verdad eres un Santo poderoso, es una lástima que le tengas miedo a la muerte.

—¡No le temo a la muerte!

—¿Entonces por qué no peleas? ¿Por qué no puedes atraparme?

—¿Cuántos más morirán sin que hagas nada? —oyó en su cabeza.  Se tapó los oídos a la vez que dejó que su cadena arrancara contra Acris.

¡SALTO LARGO! ¡Fallaste! Ahí va otra, casi, ¡Opa, casi me das!... Muy bien, cerca... ¡Fallaste! —reía el hombre esquivando sin dificultad la cadena de Shun que destruía floreros y ventanas en la Mansión Kido, saltando de un lado a otro con agilidad y gracia, cual langosta.

“¿Pero qué sucede? He luchado con Santos Dorados que se mueven a la velocidad de la luz. Es imposible que este hombre sea más rápido.”

—¡Shun, este tipo no es...! —gritó Tatsumi, pero una fuerte patada del saltamontes lo dejó inconsciente.

 

—Shun. Dime, ¿Por qué viniste a esta isla? —le preguntó June una vez.

—Detesto pelear. Mientras sea posible, deseo evitar las luchas, pero me gustaría cambiar este mundo —Miraban fijamente la roca a la que sería atado en medio de las olas.

—Pero tomar la prueba del sacrificio, ¿No crees que es demasiado para ti? ¿Qué ganarás si mueres? No destruirás la maldad, pero tampoco salvarás a los inocentes, solo morirás.

—Es un error, June. Sacrificarse por otros es una manera de ayudar al mundo. Combatir contra el enemigo es otra. Incluso los policías, los bomberos, los doctores, los carpinteros, los jardineros, todos ayudan al mundo a su manera. La vida del Santo es el destino de la mía.

—¿Y dices que morir es otra manera de ayudar? ¿Sacrificarte?

—No, June. Mi manera de luchar es sobreviviendo.

 

Shun encendió su Cosmos. Sangraba de los oídos, y cada vez que oía un pitido y la vez en su cabeza, recibía alguna patada desde una dirección al azar en el aire, de parte de Acris. Pero si quería seguir leyendo esos libros, si quería ayudar a Tatsumi, si quería salvar al mundo con más de una manera, debía luchar. Físico y mente.

Lanzó su cadena circular hacia una dirección en su espalda, haciendo trizas un jarrón y notando la mancha que deseaba ver. Solo fue un segundo, pero logró verlo corriendo. Acris, al frente de él, seguía sonriendo, pero esta vez se notaban los nervios.

—¿Por qué atacaste hacia allá? Tonto y debilucho ¿Creíste que me movería velozmente a tu espalda y deseaste acertar y lastimarme? Con tantas opciones es casi imposible que lo logres... ¿Qué haces ahora?

Shun cerró la visión a sus ojos esmeraldas. Se puso en posición tranquila, con las piernas cerradas y las manos contra su cuerpo. La cadena del brazo izquierdo comenzó a extenderse a lo largo del salón en aros luminosos, alrededor de los pies de Shun.

—¡Qué! ¿Crees que esa alfombra va a detenerme? ¡SALTO LARGO! —Acris desapareció y comenzó a dar vueltas velozmente alrededor de la mansión, buscando el ángulo para atacar, pero Shun se mantuvo tranquilo. Incluso dejó ver un detalle de su dulce sonrisa.

—No puedo verte, pareces ser más rápido que la luz. Eso es imposible, así que dime. ¿Qué es tu compañero? ¿Una hormiga, un avispón? No..., alguien que se esconde en la oscuridad y emite esos ruidos solo puede ser un grillo —un ruido se oyó detrás de la escalera, Shun lo percibió perfectamente.

—¿Qué tonterías dices? Sigues alargando esa cadena, pero no va a detenerme, te seguiré golpeando sin problemas —Acris pasó varias veces cerca de Shun, golpeándolo en la cara, brazos y torso sin que este se defendiese. Aún sangraba de los oídos— ¿Solo te sacrificarás en vano? ¿Cómo se puede disfrutar golpear a alguien tan cobarde?

—El sacrificio es una forma de ayudar. Pero para salvar a otros, yo tengo pensando sobrevivir —Shun sintió la corriente de aire desde arriba, esa era la dirección de ataque que esperaba. Extendió de golpe los aros de su cadena en el suelo, y arrojó la que llevaba en el brazo derecho hacia el cielo.

—¡¡¡Ahhhhhhhhhh!!! —gritó un hombre pequeño, con armadura negra y marrón, retorciéndose de dolor detrás de la escalera, sufriendo cientos de descargas eléctricas.

—¡Adros! —exclamó Acris mientras descendía con el pie extendido. Eran idénticos, solo los diferenciaba la estatura.

—¡Los ataques aéreos son los más peligrosos de mi cadena! ¡NEBULOSA DE ANDRÓMEDA! —los voltios de la cadena redonda destruyeron a Adros de Grillo, y la triangular pulverizó la armadura de Acris, quien se derrumbó en la alfombra, sangrando por los agujeros que hizo la cadena de Andrómeda.

—¿Pero... cómo...?

—Nadie puede moverse tan velozmente. Tu compañero se metió en mi cabeza con sus pitidos de grillo, confundiéndome y lastimando mis oídos, además de hacer que percibiera tu velocidad como mayor de lo que realmente era. Pero te diré algo. Hay muchas formas de ayudar a la gente y salvarlos a todos. Puede que lea más libros y salga a los pueblos a curar enfermos, puede que lleve a Tatsumi a un hospital, puede que vaya a combatir con el tal Mars que ha oscurecido las estrellas, o puede que haga todo eso al mismo tiempo. Ya no soy tan inocente como para simplemente rendirme y sacrificarme sin hacer algo con ello.

La sonrisa se apagó finalmente de la cara de Acris de Saltamontes.


Editado por Felipe_14, 21 noviembre 2013 - 13:52 .


#9 Archad

Archad

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Publicado 31 octubre 2013 - 13:51

Sigue muy bien la historia, con más acción muy bien eso me encanta. 

 

Un saludo compañero



#10 -Felipe-

-Felipe-

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Publicado 31 octubre 2013 - 20:52

CAPÍTULO V, FRÍO

 

Se dice que los glaciares que se alzan en el este de Siberia son totalmente indestructibles. Ni los más helados vientos, ni los mares del océano ártico, ni siquiera los cañones de un soldado pueden romperlos o derretirlos. Se les llama “Muros de Hielos Eternos”.

La pequeña niña rubia se colocó la máscara para ocultar sus ojos verdes y su corazón. Corrió por las tierras heladas en las que cualquiera podía perderse, y los fríos vientos que podían triturar la piel, hasta que llegó al misterioso lugar de entrenamiento que le habían destinado hace dos años: El Valle de los Lamentos.

Se decía que en ese lugar se podía enfrentar los miedos, pero lo que estaba frente a la niña era un hombre de ojos celestes y fríos, que estaba sentado frente a una fogata, única luz entre la oscuridad.

—Ya llegué, maestro.

—Comencemos entonces, Pavlin.

 

—Hace siglos, en la era mitológica, la Piedra de Rómulo fue la llave que los invocaba y liberaba. Desencadenaba sus poderes en la Tierra, pero Poseidón, el Emperador de los Mares, la robó para eliminar la competencia de la guerra.

—¿Es decir que está en su santuario, la Atlantis? —preguntó Mykene, observando fijamente al pequeño hijo de Mars jugar en el jardín.

—No, ya no. Hace más de diez años, uno de los barcos de la fundación Kido, llevó mercancías y pasajeros a Japón. Sin embargo, también iban algunos arqueólogos que lograron desenterrar la piedra, la cual había sido enterrada después de un maremoto, para venderla, ya que estaba hecha de un mineral que esos humanos jamás habían visto en su vida, el mismo del que están hechas nuestra Galaxy —explicó Mars, observando a su hijo mientras bebía de una copa de vino.

—Sin embargo, ese barco sufrió un grave accidente, y se hundió en los alrededores del océano ártico. Por eso acabo de enviar a Buthus a buscarla —tenía una voz gruesa, que hacía mover su larga barba. Su semblante disciplinado siempre le llamó la atención a Sonia, quien se asomó por la ventana.

—Ionia, ya llegaste —lo saludó Mykene.

—¿Qué noticias tienes? —preguntó Mars.

—Relogho en China, Acris en Japón, las abejas en Grecia, todo está saliendo según su plan, señor Mars.

—Y tú los sigues. Qué traidores somos —Mykene bajó la cabeza con tristeza, pero Ionia mostró una mueca de sonrisa.

—No sé tú, pero yo soy un noble traidor. Todo lo que hago es por Athena y el mundo.

—No discutan. Mykene, será mejor que estudies bien los movimientos más débiles de Edén para saber en qué entrenarlo más; Ionia, no pierdas el contacto con nuestros agentes. Todo lo que tenemos que hacer es esperar la piedra, y revivir a mis generales: los dioses de la guerra.

Sonia no entendía ni una palabra.

 

—Quiero que seas totalmente sincera conmigo. ¿Por qué quieres convertirte en Santo? —preguntó el hombre. Parecía estar totalmente acostumbrado al frío.

—Porque quiero... volver a ver a mis padres. Mi pueblo fue afectado por la guerra, y mis padres tomados prisioneros. No sé si están vivos o no, pero incluso si lo están, quiero verlos una vez más. Y para eso, para vencer a los enemigos, debo tener suficiente poder como para eliminar todo un ejército —no podía ver la expresión de la chica, pero él sabía que era sincera y valiente... sin embargo...

—Entonces morirás. Quieres salvar solo a un par de personas, ¿y a nadie más? Algo tan egoísta solo te llevará a la muerte —su mirada era glacial, puso a Pavlin al borde de las lágrimas de inmediato.

—Pero... yo...

—Los has visto, ¿Cierto? Afuera de este valle, a lo lejos, se encuentran los Muros de hielo eterno, los cuales no se han derretido en miles de años. Mi maestro me enseñó que hay que ser tan firmes como esos glaciales, teniendo la fuerza para sobrevivir en esta tierra cruel, a la vez que nos hacemos más fuertes. Y para eso no solo debemos proteger a unos pocos. Proteger a los inocentes, a todos ellos, nos hace más fuertes, hasta que seamos indestructibles, ¿lo entiendes, Pavlin?

—Sí, maestro —ella sonrió. Sabía que su maestro sonreía poco o nada, pero quería hacer todo lo que él dijera, como palabras sagradas, para así devolverle todo lo que él había hecho por ella. El Valle de los Lamentos hacía honor a su leyenda, los miedos se disipaban y las respuestas salían a flote en ese lugar con extraordinaria rapidez. En ese momento...

—¡¡¡Oye tú!!! —gritó una voz.

—Cabello rubio, ojos celestes y un cuerpo adaptado a las temperaturas bajo cero, debe ser él —dijo otro.

—¡El Santo de Bronce Gélido, el que derrotó a un dios, y ha asesinado incluso a amigos y maestros a sangre fría! ¡¡¡Cygnus Hyoga!!!

—¿Y ustedes? —el rostro de Hyoga no mostró ni una pizca de sorpresa al ver a la centena de marcianos al interior del valle.

—Somos soldados marcianos al servicio de Mars, el dios de la guerra y nuevo regente del mundo.

—Somos el escuadrón Termita, somos capaces de comernos hasta los más pequeños átomos.

—Venimos por ti, Cisne.

—Es increíble, tantos vinieron solo por mi maestro, debe ser formidable —se sorprendió Pavlin cuando vio tal cantidad de hombres de negro.

—Pueden ser diez, cien o mil si quieren. ¿Creen que unos soldados pueden vencer al cisne? —preguntó Hyoga, impasible.

—Nadie podría vencer tantos a la vez. Además, somos de los mejores ejércitos, no podrás destruirnos a todos.

—¡¡¡Soldados del escuadrón Termita, ataquen!!!

—¡Maestro!

—Pavlin, da cinco pasos atrás y no te muevas —ordenó Hyoga. Los marcianos  de avanzada atacaron en todas direcciones.

Pequeñas partículas de hielo comenzaron a reunirse a gran velocidad alrededor del puño derecho del Cisne, era un espectáculo hermoso a pesar de lo mortal que eran sus efectos.

Polvo de DiamanteS.

Pavlin ya había contemplado el ataque preferido de su maestro en acción, pero jamás contra un enemigo, por lo que ver a esa ráfaga de hielo puro congelar a todo el equipo de avanzada de un solo soplido en segundos era más que impresionante.

—Increíble, acabó con tantos en poco tiempo.

—Es muy poderoso...

—Maestro, ¿Qué le pasa? —preguntó Pavlin viendo que Hyoga observaba fijamente un punto entre los marcianos. Ya conocía a su maestro lo suficiente como para saber que algo le preocupaba.

—No todos ustedes son escoria, ¡Sal de ahí!

—Ja, interesante Santo —un hombre surgió de entre la multitud, su armadura tenía varias púas, y una cola de escorpión surgía del yelmo.

—¿Eres el líder de estos tipos?

—No precisamente, ese sería Caleb de Termita, quien no está presente en este momento. Yo soy Buthus de Escorpión, un Alto Marciano —hizo una graciosa reverencia, dejando caer su cabello gris sobre sus ojos, mientras sonreía con elegancia.

—Pavlin, necesito que salgas de aquí, este lugar se pondrá peligroso.

—¿Salir? Maestro, no soy tan poderosa...

—Eres mejor que estos tipos, pero no te preocupes, te haré un camino, ve a donde sabes, por favor —nuevamente la ráfaga de aire helado despegó, congelando una línea de enemigos por la que Pavlin corrió con una impresionante velocidad para su edad. Comprendió perfectamente la orden de su maestro, quería que ella protegiera lo más preciado para él.

—¿Quieres pelear afuera? No se ve muy cómodo aquí —Buthus se quitó algo de escarcha y pedazos de Galaxy del cuerpo.

—Escorpión..., ya luché con uno una vez, y no era tonto como tú, ¿Crees que no me he dado cuenta? El líder de estos tipejos..., ¿Dónde está?

—No es importante. No sé si querrás ponerte tu Cloth, ya que esto se pondrá caliente —el Cosmos de Buthus era inverso al de Hyoga, era ardiente como las llamas del sol, ese que pocas veces brillaba con intensidad en las tierras heladas de Siberia —Te presento mi técnica, también es un fenómeno natural como la tuya... ¡VIENTO SOLAR!

El Valle de los Lamentos, el cual estaba en una profunda caverna de Siberia, estalló como un volcán, derrumbándolo al subsuelo, generando una torre de flamas por sobre las capas de hielo.

 

“Oh no, es el lugar al que siempre va mi maestro, ¿Qué pasa ahí?” se preguntó Pavlin, al ver a un hombre portando una Galaxy, saliendo de la que fue una firme capa de hielo donde yacía lo más preciado de Hyoga. Ahora era un enorme cráter.

—Comiendo, comiendo... no soy fanático del hielo, prefiero la madera, esta cosa era demasiado fría y no pude encontrarla... aunque ese barco sabía delicioso —se decía Caleb de Termita, grande, robusto y con cara de idiota. Pavlin corrió hacia él, estaba solo, no lo consideró muy peligroso. Tenía el cuerpo empapado, y aunque intentaba que no se notara, temblaba de frío.

—¡Oye tú! ¡Ese lugar es sagrado para mi maestro, aléjate!

—¿Eh? ¿Una niña? Pequeña rata, si no quieres que llame a mi escuadrón Termita, aléjate en dos segundos. Uno...

—No me iré.

—...Dos. Ya pasaron los dos segundos... ¡Qué frío!

—¿No soportas esta temperatura? Qué patético —A Pavlin le pareció bien burlarse del marciano. Se sentía con ventaja por alguna razón.

—¡¡¡No te burles de mí ahora!!! El señor Ionia y el señor Buthus me ordenaron que encontrara esa piedra, pero por más que me sumerjo y como hielo y madera, no puedo hallarlo, ¡No puedo! —la Termita se sujetó la cabeza como si sufriera una migraña.

—¿Quieres contarme todo tu plan, acaso? —Pavlin pensó que ese tipo era definitivamente descerebrado.

—¡Cállate! No creo que tengas un buen sabor, pero no importa ahora... ¡GRAN GULA! —su boca se abrió a un tamaño considerable, y como una aspiradora, empezó a tragarse el aire y atraer a Pavlin hacia él. Pero a ella le habían enseñado a mantener la frialdad en todo momento.

¡PLUMAS SILVESTRES! —Pavlin había aprendido a generar una especie de dardos de hielo, como las plumas de un pavo real, el animal representado en la Cloth oculta en lo profundo del Valle. No eran muy poderosas, pero serían suficientes, apuntó directamente a los dientes. Logró que se detuviera a la vez que propinarle un agudo dolor de muelas.

—¡¡¡Arghh!!! ¡Miserable, maldita niña miserable! Te llevaré a mi boca, y te escupiré en este océano, te conduciré hasta ese barco y te ataré allí, para buscar esa maldita piedra.

—Oh, tranquilo, hombre. No tienes que buscar, yo la tengo —Buthus llegó con la cola de escorpión de su diadema totalmente congelada, al igual que varias partes de su Galaxy, pero sonreía con gracia, y traía algo en la mano.

—¿Qué? ¿Dónde está mi maestro? ¿Qué le hiciste? —exclamó Pavlin, sin poder creer que ese tipo sobreviviera a los ataques de hielo.

—El fuego derrite al hielo, es básico, pequeña señorita. Y además, el imbécil no se puso su Cloth, era un final lógico. Ahora, Caleb, llévate esto por favor. El señor Ionia estará muy complacido.

—¿Qué yo lo lleve? ¿En serio? —la sonrisa de imbécil era algo que le salía muy natural a la termita.

—Sí, considéralo una señal de buena fe... y que me gustaría quemar toda esta zona también... —Buthus le entregó lo que llevaba a su compañero. Era una cruz dorada con joyas incrustadas. Una de ellas destellaba con un brillo poco natural.

—¿Esto?

—Es la Piedra de Rómulo. ¿Curioso, cierto? Pasó por tanto... de Roma a Atlantis, de allí a ese barco, de aquel a alguno de sus pasajeros, y de allí a uno de sus sobrevivientes. Cada vez más reducido.

—Ah, claro —evidentemente se había perdido a la mitad de la reflexión, se rascaba la cabeza—, me voy ahora.

—Quiero entender esto. Se metieron a mi lugar sagrado, invadieron la tumba, el lugar de descanso eterno de mi madre... ¿Y quieren escapar vivos de aquí? —Pavlin estaba segura que esa voz era capaz de congelar un desierto solo con unas letras. Jamás había visto a su maestro tan gélido a la vez que furioso. Llevaba su hermosa Cloth blanca de Cisne puesta, aunque tenía quemaduras en sus brazos y cuello.

—¿Sobreviviste? Digno del hombre que asesinó a su propio...

—¡Silencio! —Hyoga no estaba para discursos. Movió su brazo y un aire frío cruzó los vientos para impactar contra Caleb.

—¡Argh! —su boca se abrió más que al realizar una técnica, una mueca que se mantendría para siempre, congelado en las tierras frías de Siberia. O así sería si Hyoga no lo quebrara en pedazos.

—Ya entiendo... indestructible como un muro de hielo eterno, impasible, frío y poderoso. Pero con sentimientos... —Pavlin se alejó diez pasos esta vez. Sabía que su maestro necesitaría espacio.

—Hombre, tranquilo. Ya no tengo esa cruz..., la acabo de enviar a mis señores mientras te calentabas, jeje..., sin remordimientos, ¿Ok?

Pavlin vio como su maestro levantó los brazos sobre su cabeza, y los unió mientras los vientos se arremolinaban a su alrededor. Su Cosmos ardía como nunca, a pesar del frío que despedía. Nunca había visto aquella técnica, de la que se decía había sido creada por el propio Hyoga manipulando los vientos más gélidos del norte, pero había oído de su poder insuperable.

La Cloth blanca destelló con hielo y nieve, mientras la Aurora Boreal surgía en el cielo nocturno de Siberia Oriental. Era un espectáculo maravilloso, Pavlin sabía que era una señal del destino. Los vientos estaban a favor de esas luces del norte.

El Alto Marciano también levantó los brazos, y encendió su Cosmos.

—Ya veo, lo intentarás otra vez. Muy bien, pero no digas que no te lo advertí. Mi Viento Solar es poderoso, pero nada es más potente que una Tormenta Solar. Este fuego derretirá cualquier polvo de diamantes que hagas.

—Lo que digas. Solo una cosa: Nadie toca a mi madre. Es así de simple.

Los Cosmos chocaron cuando las luces de colores en el cielo alcanzaron su máxima energía electromagnética, y la constelación de la cruz del norte brilló tanto como aquella que le arrebataron al cuello del triste cisne.

¡TORMENTA SOLAR!

¡TRUENO AURORA!

 

Hyoga le había enseñado a Pavlin que había que ser frío e impasible, para lograr la indestructibilidad de los glaciares eternos de Siberia. Pero, tal como el Cisne había aprendido de su propio maestro, Pavlin, quien postulaba para la plateada Cloth de Pavo, sabía ahora que dejar los sentimientos no era tan absoluto como sonaba. Si Buthus yacía como un escorpión congelado a metros de distancia, expulsado por los vientos glaciares, era porque Hyoga había temido por su madre. Era porque el Cisne había derramado una lágrima.


Editado por Felipe_14, 21 noviembre 2013 - 13:54 .


#11 Apsu.

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Publicado 31 octubre 2013 - 21:30

woow está buena la historia


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#12 T-800

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Publicado 31 octubre 2013 - 22:53

Cada vez se pone mas interesante,felicitaciones y sigue asi.


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#13 -Felipe-

-Felipe-

    SNUFKIN

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Publicado 01 noviembre 2013 - 14:00

En este punto me encantaría tanto hacer un caítulo así:

"CAPÍTULO VI, BADASS"

"Los marcianos entraron en muchedumbre al enorme volcán. Las llamas de fuego ardiente los calcinaron, a ellos, a los Altos Marcianos y al mismísimo Mars, terminando la guerra por fin. Era el fuego legendario que solo podía provocar un hombre, cuyas ilusiones llevaron los deseos de sus compañeros al futuro.

 

El hombre del fuego incandescente que mata a todos: Lionet Ban."

 

 

"CAPÍTULO VII...."

 

 

 

 

 

 

 

 

xD


Editado por Felipe_14, 01 noviembre 2013 - 14:00 .


#14 Apsu.

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Publicado 01 noviembre 2013 - 15:26

cuándo el próximo cap?

 

me gusta como mezclas lo ''oficial'' de omega con tu historia :D


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#15 -Felipe-

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    SNUFKIN

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Publicado 01 noviembre 2013 - 16:18

Es muy probable que lo tenga listo hoy :D



#16 -Felipe-

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    SNUFKIN

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Publicado 01 noviembre 2013 - 20:03

Me salió bastante largo este capítulo. En fin, este es el verdadero capítulo 6.

 

CAPÍTULO VI, AGUIJÓN

 

—¡¡Zánganos D y G, avancen!! —ordenó la Obrera, Kamirra, una mujer de gran contextura física, hombros anchos, gruesos músculos y corto cabello rubio.

—No me subestimen. No pasarán por aquí.

Unos cien hombres, divididos en dos grupos, todos con Galaxy que asemejaban abejas, ingresaron a terreno enemigo. Arrasaron con los soldados rasos que había en el camino como si estuvieran hechos de papel, y se acercaron al enorme Reloj de Fuego. Solo una persona los esperaba de pie, apoyada en el inmenso monumento que marcaba las horas con llamas de fuego.

—¿Crees que podrás sola con todos nosotros?

—¡Pobre ingenua!

—¿Es que no saben quién soy? No olviden mi nombre, gusanos irrespetuosos, soy la Santo de Plata Fatal, Ophiucus Shaina, ¡GARRA TRUENO! —Shaina elevó el puño derecho, y de sus largas uñas salieron potentes descargas eléctricas que dejaron rápidamente inservibles a ambos grupos de avanzada dejándolos con serias quemaduras y chipas saliendo de sus cuerpos.

—¡Ja! Qué interesante —Kamirra fue la única que no retrocedió ante el poder de la Santo de Plata, se mantuvo firme en su lugar— disculpa la insolencia de estos zánganos, yo sí sé quién eres. Luchaste contra el mismísimo Poseidón, eres aquella mujer fatal a la que incluso los hombres más poderosos temen.

—Al menos alguien aquí ha estudiado historia. Escucha, rata, no pasarán más allá de este reloj. No importa cuántas letras tenga este ejército de abejas, es imposible que les deje llegar ante el primer Templo.

—Sí, me imagino que harás todo lo posible para detenerme. Soy una simple obrera, pero cuando llegue el Rey, quien nos comanda, no sé si te sentirás tan segura. Por lo pronto, tus soldados son peor basura que los míos, y quedan aún decenas de grupos, así que no te confíes tanto.

—No estoy sola —Shaina sonrió detrás de su máscara.

—¿Qué dices?

—Digo que no soy la única que te podría detener. Comando mi propio equipo, lleno de hombres capaces de derrotar a cada uno de tus zánganos como si aplastaran a una mosca.

—Está hablando de más, Kamirra. No podrá vencernos a los cuatro —dijo otro Obrero, un hombre con mirada desquiciada en sus ojos rojos, y largo cabello negro. Apareció desde la derecha haciéndose paso a golpes, a amigos y enemigos por igual. Miró de arriba abajo a Shaina y rió.

—Incluso si es poderosa, un tema de número es demasiada ventaja para nosotros —un tercero se acercó sigilosamente hacia la contienda, llevaba la misma Galaxy que los otros dos, pero tenía cabello azul, peinado hacia un lado. Era mucho más alto que cualquier marciano presente.

—Haremos espacio al Rey, ¡A un lado! —exclamó una muchacha joven y pequeña con el cabello rojo recogido. Su Galaxy incluía largas garras carmesí.

—No sé quiénes son tus hombres, pero estos son mis compañeros. Vlad, Rudd, Catella y yo somos las Abejas Obreras de Mars, a las órdenes del Rey Anthos de Abeja.

—Basta de hablar, ¡Ataquemos a esa loca! —exclamó Vlad.

—Sí, sería prudente. Dicen que menos de la mitad de los Templos están ocupados, será fácil —indicó Rudd.

—¡Zánganos A, B, C, E, F y H, muévanse desgraciados! —ordenaron ambas obreras.

—Chicos, llegó la hora, no dejen que llegue hasta Athena por ningún motivo, ¿Está claro? —Shaina junto energía eléctrica en su mano. Estaba decidida a atravesar las filas enemigas hasta llegar a Kamirra.

—¡Sí! —respondieron unas voces. Cinco sombras surgieron de entre los montes para atacar distintos flancos.

—Soy el Santo de Bronce Fiel, Unicorn Jabu, la señorita Athena está ocupada, ¡No podrá recibirlos! ¡GALOPE DE UNICORNIO! —Jabu, segundo al mando detrás de Shaina, llegó con su Cloth púrpura, aquella con cuerno incorporado que Jabu usaba a veces para canalizar sus habilidades psíquicas, ahora apilaba rivales a punta de fuertes y veloces patadas. Después de tantas batallas, era capaz de realizar su técnica a la velocidad del sonido sin problemas —Tomaré al tal Vlad, le quitaré esa maldita sonrisa.

—¡¡¡Jua jua jua!!! Gusanos, no son nada para mí, ¡ESTRANGULACIÓN DEL OSO! —Geki agarró a cuatro marcianos y los ahorcó como si estuviesen hechos de mantequilla. No tuvo problemas para poner su fuerza en tantos enemigos a la vez, sus brazos eran máquinas de matar.

—Llegaste Geki —lo saludó Jabu, haciéndose paso entre la polvareda. Los soldados rasos habían vuelto a la batalla también.

—Sí, y pronto tendremos un poco más de ayuda. Athena quiere saber todo sobre nuestro enemigo.

—Interrogar al enemigo, de eso me encargaré yo, Santo de Bronce Venenoso, el hermoso y maravilloso Hydra Ichi.

—¿Quién es ese? —preguntó Catella, atravesando a un soldado en el estómago con el aguijón de su brazo.

—Un payaso —respondió Rudd.

—Insensatos, ¡VENENO SUAVE! —Ichi fue derribado por dos de sus compañeros, impidiendo que recibiera un proyectil de parte de Catella que el muchacho de pelo blanco no percibió.

—¡Nos toca a nosotros!

—Los haremos arder, ¡Ichi, mantente concentrado!

—Soy el Santo de Bronce Silente, Wolf Nachi. Escuchen mi técnica perfecta, ¡AULLIDO DE LOS MUERTOS! —Nachi era capaz de generar ondas de energía a través de pequeños cristales a súper velocidad.

—Y yo el Santo de Bronce Enérgico, ¡Lionet Ban! Déjenme pasar mientras son abrasados por mi fuego, ¡¡¡BOMBARDERO DE LEONCILLO!!! —Ban atropelló a una gran cantidad de enemigos, acercándose cada vez más a Rudd. Nachi lo siguió.

Catella quebró las garras de Ichi con facilidad, pero este sonrió, y las hizo crecer otra vez, enterrándolas en las piernas de la muchacha, mientras aprovechaba de “sentir” las suavidades de su cuerpo. Solo se ganó un poderoso manotazo esta vez.

 

—Señor Mars. Acaba de llegar la Piedra de Rómulo —le dijo Ionia.

—Muy bien, no hay que perder más tiempo. Ellos fueron encerrados en Roma, así que allí es donde debemos ir.

—Haré los preparativos para nuestra salida...

—Espera, Ionia. Solamente me llevaré a Amor, tú vuelve a Palestra. Necesito que mantengas a los Santos que se hallan allí lejos de la pelea, que los convenzas de que todo está bajo mi control, yo, el Supremo Pope del Santuario —Mars dejó la copa de vino y se levantó. Su yelmo negro estaba sobre la mesa, y el planeta rojo brilló otra vez. Era la señal.

—Así los tendremos de nuestro lado en el futuro a la vez que creen que Athena está segura con nosotros. Muy bien, señor Mars —Ionia desapareció entre las sombras al mismo tiempo que una mujer se asomaba por la puerta.

—Medea, ¿Qué sucede?

—Oí que se llevaría a mi hermano a la batalla. Es muy joven, haga que no se arriesgue mucho, por favor —ella tenía una sonrisa maliciosa que siempre lo puso nervioso y a la defensiva.

—¿Cuál es tu plan, mujer?

—Nada en especial, mi querido esposo. Iré con usted para revivir a los Dioses de la Guerra, y luego regresaré para estar con Edén y Sonia... Oh, pero qué tonta soy, si ella no está aquí... ¿Dije demasiado? —Medea no dejaba de sonreír. Era totalmente distinta a la dulce y amable que se asomaba en Misha cuando se alegraba.

—¡¿Qué dices?!

 

¡GARRA TRUENO!

¡AGUIJÓN CHUPAVIDA!

Ambas guerreras chocaron, una mezcla de electricidad y las sombras del aguijón en el brazo se presentaron al lado del Reloj. Las chispas hacían imposible que los soldados se acercaran.

—Eres muy fuerte, mujer.

—Lo mismo digo, eso no va a evitar que te asesine. Mi aguijón chupa la vida de mis enemigos rápidamente. Ya debes estar sintiendo el cansancio.

—Lo repetiré: ¡No entrarás a territorio del Carnero aunque se me vaya la vida en ello!

Shaina usó el brazo izquierdo para lanzar una descarga eléctrica al suelo. La conducción hizo que subiera por el cuerpo de Kamirra, destruyendo y calcinando sus nervios.

Sin embargo, la fiera mujer Santo perdió mucha energía por culpa del aguijón, cayó pesadamente al suelo, con dificultad para mover las extremidades. Jabu corrió hacia ella, pero fue detenido por Vlad, quien ya tenía varias marcas de patada en su Galaxy. A su vez, la Cloth de Unicornio estaba severamente dañada en sus hombros, y el casco había sido destruido.

—Eres mejor que esos soldados. Pero yo soy un Obrero insaciable, soy alguien que no puede perder.

—Todos pueden perder.

—No es cierto. Yo vivo para matar, y si sigue existiendo gente que pueda morir, entonces yo debo seguir viviendo —Vlad parecía bastante seguro en lo que decía.

—Estás loco.

—Correcto.

Volvieron a chocar sus golpes. La Abeja se movía rápidamente, pero sus puñetazos eran poco precisos, solo trataban de hacer mucho daño. El Unicornio sabía qué hacer. Unas cuantas ondas psíquicas bastarían para desequilibrarlo, y aunque no era precisamente su fuerte, y su Cloth se hacía pedazos progresivamente, logró que Vlad fallara.

—¡¡¡Fallé!!!

—Ya lo noté, buddy. Y te diré algo —conectó una fuerte patada en su mentón— tú también sigues viviendo, tal vez también puedes morir.

—Solo los hermosos sobreviven, tú no estás entre ellos —Ichi había aparecido por la espalda, y penetró su cuello con las garras eternas de la hidra de Lerna. El veneno ya había hecho su efecto, y Vlad cayó muerto.

—¡Cuidado, Ichi, ahhhh! —Jabu gritó de dolor, y voló por los aires junto a su compañero, presas del ataque de las garras de Catella.

GARRAS DE SANGRE. Atacar por detrás es efectivo solo si cuidan su propia espalda —explicó la muchacha, saboreando el líquido carmesí que había quedado en su arma con la lengua.

 

“¿Qué clase de batalla es esta? No puedo ver entre tanto polvo, pero parece que el Escuadrón Abeja está dándole problemas al ejército ateniense” —Sonia había llegado a la villa Rodrio, el lugar más cercano al Santuario, llevada por sus doncellas. Con unos binoculares, no quería perder detalle, después de todo, le encantaban las abejas. También los avispones, todos esos insectos con aguijones que podían acertar desde larga distancia. Solo bastaba un golpe, uno solo, y podían matar a otro. Claro, a veces a costa de su vida, pero lo encontraba fascinante de todas maneras.

 

—Fuerte. Feroz. Veloz. Ustedes tres son muy buenos, pero no pueden derrotarme —le dijo Rudd, con la hombrera del Oso en su inmensa mano. Su Galaxy estaba severamente dañada, como si la hubiesen apretujado, calcinado, y cortado, pero él no parecía sentir dolor, solo algo de agotamiento. Muchos marcianos habían atacado a los tres al mismo tiempo también, pero estaban todos muertos en el suelo.

—Nosotros somos Santos de Athena. No se trata de derrotarte o perder, se trata de que nunca nos demos por vencidos —como un oso salvaje, Geki se puso de pie nuevamente mostrando su amplia sonrisa característica. Una explosión se oyó en las cercanías.

—Los Santos de Athena luchamos por siempre. Nuestras Cloths son dañadas, pero nuestros espíritus siempre están peleando, ¡Vamos a acabar contigo y con ese tal Mars! —gritó Ban, rugiendo como un león. Una segunda explosión se hizo paso entre las filas enemigas.

—Aunque preferiría una batalla justa, y no un cien contra tres. Aún así es difícil acabar con un oso feroz, un león despierto y un lobo astuto —Nachi también se puso de pie y encendió su Cosmos.

Atacaron a la vez, y su enemigo se puso en guardia, pero no pudo contener el poder unido de sus contrincantes. Rudd cayó muerto segundos antes que la seguidilla de explosiones llegara hasta Catella.

—¡Voy a matarlos a todos! Mi Rey no ha llegado aún, es muy extraño, pero lo aprovecharé. Los eliminaré a todos antes que él llegue —gritó la muchacha, desgarrando la carne de una decena de soldados a la vez.

—Ichi, hazte a un lado —le dijo Jabu, percibiendo algo.

—¿Por qué lo haría?

—Para esquivar su ataque. Y el de ese hombre también —Jabu le lanzó una patada a Ichi para retirarlo del camino, y un cosmos de fuego llegó hasta la última de las abejas obreras.

—¡¿Quién eres tú?!

FORAJIDO DE LLAMAS!!!

 

En el Templo del Carnero Blanco, el Rey del Escuadrón, Anthos de Abeja, un hombre con aspecto feroz, con larga barba y ojos intimidantes llegaba hasta su portón. Las luces de las alas doradas lo esperaban ansiosamente.


Editado por Felipe_14, 01 noviembre 2013 - 20:05 .


#17 Apsu.

Apsu.

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Publicado 01 noviembre 2013 - 23:29

buenisimo


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#18 -Felipe-

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Publicado 05 noviembre 2013 - 14:19

CAPÍTULO VII, VALOR

 

El primer Templo de los Doce, el comienzo del camino que llega hasta los aposentos de la diosa Athena, en la cúspide de la gran montaña. Las alas radiantes, brillando con luz solar lo esperaban desplegadas.

—¿Eres el hombre que intentará evitar mi avance? —preguntó Anthos. Dirigía un escuadrón de unos cincuenta marcianos rasos.

—Así es.

—No pareces representar un carnero...

—El hombre a cargo del primer Templo no está presente, si quieres puedes dejarle un mensaje —el muchacho castaño sonrió. Siempre mantenía su alegría y optimismo, sin importar cuando difícil se viera la situación.

—¿Y quién eres tú, entonces?

—Soy aquel que rige sobre la Luz, Sagittarius Seiya, un Santo Dorado.

 

—¿Hay alguien aquí? —preguntó un marciano frente a la majestuosa mansión en las alturas de Jamir, entre las montañas del Tíbet.

—Se dice que aquí vive el único reparador de Cloths --dijo otro.

—Si lo matamos, los Santos se quedarán sin forma de reparar sus corazas. Tendríamos la victoria.

—¡Vuelve aquí! —se oyó una voz desde el interior.

—¡Solo quiero hacer mis construcciones, no me importa la tal Athena ni menos los tipos que están afuera! —le respondió otro, saliendo de la alta torre de seis pisos. Tenía una creciente barba, cabello castaño encrespado, se veía vigoroso y llevaba una Cloth de Plata, el rango medio entre los Santos de Athena. Se detuvo impávido ante el ejército Marciano.

—¡¿Quién eres tú, maldito?!

—El Santo de Plata Constructor, Caelum Micahelangelo. Si no quieren morir, les pediré que se hagan a un lado, no tengo intención ni ganas de luchar.

Por supuesto, los marcianos no tomaron en cuenta la sugerencia y atacaron en horda al joven Santo de Plata.

—Inútiles zánganos, ¡VIVAN, COLOSOS! —Michaelangelo elevó un dedo, y de bajo tierra surgieron unos monstruos hechos de roca, enormes y deformes, parecían tener vida propia. A la orden del Santo, atacaron a la horda con sus manos gigantes, moviéndose sin problema según los gestos de su amo.

—¿Qué son estas cosas? ¡Ahh! —gritó un marciano, cayendo muerto por el puñetazo de uno de los monstruos.

—Son mis Golems. Les advertí que no se acercaran más. A pesar de ser un pésimo maestro, no tienen por qué dañar a...

—¡Michaelangelo! Puedo ser joven, pero decirme “mal maestro” solo por las peticiones que hago, no es muy correcto —un muchacho pelirrojo surgió por la puerta de entrada de la torre. Tenía unos curiosos puntos en la frente en lugar de cejas.

—¡¡¡Me pides que detenga mis construcciones!!!

—Te pido que las uses por el bien, no solo por tu deleite personal. Si piensas tan egoístamente, hasta un lobo podrá devorarte, no quería enseñarte solo a construir, no te entregué mis herramientas para... Ehm... ese Golem de allí tiene manos en lugar de pies —apuntó el muchacho sonriendo sin preocuparse de la matanza que se daba en sus puertas.

—¡No tienen por qué salirme perfectos, ¿ok?! —Michaelangelo no se había movido de su posición inicial desde que invocó a los golem.

—Si pelearas sin egoísmo, es muy posible que lo lograrías, ¿Eh? Cuidado, hombre, puedes chocar —sorprendentemente el maestro de Michaelangelo desapareció en un abrir y cerrar de ojos, haciendo que el marciano que se lanzó contra él impactara contra un muro. Apareció con la misma velocidad en lo alto de la torre.

—¡Oye tú! Soy el Comandante de este grupo, ¿eres tú el reparador de Cloths? Si es así, prepárate para tu fin —preguntó el que se veía más fuerte.

—¿Yo? ¡Vaya, qué perspicaz! ¿Saben? Si mi venerado maestro estuviera vivo, los habría eliminado sin contemplaciones desde el momento que los viera por la ventana. A mí, por otro lado, me entretiene que gente tan estúpida venga a una misión suicida a la punta del Himalaya.

—¿Misión suicida?

—Ya estoy harto. Vine a buscar la instrucción del legendario reparador, y he obtenido los conocimientos para crear estos golems, además obtuve la Cloth que yacía aquí y sus herramientas. Eso lo agradezco. Pero alguien tan inmaduro y poco ambicioso no puede ser mi maestro. ¡Me largo de aquí! —Michaelangelo subió en uno de sus golems, y junto a los demás, se alejó por el puente hasta que desapareció de la vista.

—Vaya, en el momento en que alguien le destruya una de esas cosas va a llorar como nunca. En fin, ¡Ustedes! —el muchacho llamó la atención de los hombres de armaduras negras, o al menos los que sobrevivieron a la golpiza.

—¡Tu nombre, bastardo!

—Soy el discípulo del legendario Muu de Aries y el único reparador de Cloths del mundo. Aunque eso ya lo saben, no así mi nombre. Soy el Santo que rige sobre la Reconstrucción, Aries Kiki.

—¡Esperen, no ataquen! Es Aries, una de las doce constelaciones del zodiaco... eso significa que este hombre es... —el Cosmos de Kiki comenzó a incrementarse, brillando con un tono dorado. La mayoría de los marcianos no oyeron la reflexión de su líder y atacaron sin perder el tiempo. Una hermosa Cloth dorada con intimidantes cuernos cubrió instantáneamente el cuerpo del muchacho, haciendo hervir su Cosmos.

—Debo esperar aquí a que vengan aquellos que sufran daños en sus Cloths por orden de Athena. Preferiría no tener otras visitas que no sean los Santos, así que desaparezcan entre las luces de las estrellas en los confines del espacio... ¡EXTINCIÓN DE LUZ ESTELAR!

 

Pocos Altos Marcianos quedaban ya, y eso tranquilizó a Kiki, pero se sentía aburridísimo de quedarse en Jamir, tan solo. Ingresó a la torre de Jamir para conversar con su Cloth de Oro, y pedirles a los dioses que hubiera más Marcianos ingenuos que creyeran que los Santos Dorados eran derrotables.

 

—No puedo... no puedo creerlo —Anthos estaba estupefacto al ver a las decenas de marcianos masacrados frente al Templo del Carnero Blanco. Solo corrieron ante ese de las alas doradas, surgió una luz y todos cayeron muertos.

—Te lo dije. Un viejo amigo me dejó a cargo de este Templo mientras él cumple su otro deber. ¿Crees que faltaré a la promesa de reemplazarlo y te deje llegar con mi diosa? Yo lo dudo mucho.

—A--ahora entiendo. P--por eso se cuentan esas leyendas sobre este hombre. Es aquel que asesinó a la muerte en los Campos Elíseos, de quien se dice que hasta los dioses le temen, ¡Seiya!

—Veo que ya me he hecho famoso. Aunque ahora que soy un Santo de Oro, parece que mi reputación aumentara, jaja —Seiya rió, pero incluso así Anthos se sentía intimidado.

—N-- no importa qué tan poderoso seas, yo soy el mejor Alto Marciano del señor Mars, Anthos de Abeja Reina.

—¿Reina?

—¡Silencio! Toma esto, ¡¡¡EXPLOSIÓN DE AGUIJONES!!! —Anthos extendió los brazos y una lluvia de aguijones rojos salieron de él, en dirección al Santo de Oro. Era una centena de dagas escarlata que se dispersaron y giraban alrededor de Seiya esperando la oportunidad de inyectar su veneno fatal, aunque el japonés estaba de pie tranquilo, con los ojos cerrados —Con que solo uno de estos aguijones llegue a ti, caerás muerto, por eso me llaman el más poderoso de los Altos Marcianos.

—Te lo diré de una vez para que no te sientas mal luego. Puedo percibir a cada una de tus agujas, y adivinar sus movimientos incluso con los ojos cerrados. Mira esto.

Seiya levantó un dedo, y surgió una luz que destruyó todos los aguijones en menos de un segundo. Era la misma luz que había visto antes eliminar a sus compañeros con varios centenares de haces luminosos.

—¿Qué pasa? No entiendo nada...

—Mi golpe a la velocidad de la luz, lo llaman RELAMPAGO ATOMICO. Es la herencia de mi predecesor, Aiolos de Sagitario.

—No te creas tanto. Ya te lo dije, una sola basta para inyectar el veneno. Haré que todas las agujas ataquen al mismo tiempo, y no podrás detenerlas, ¡EXPLOSIÓN DE AGUIJONES!

—De acuerdo, inténtalo, aquí espero —esta vez Seiya no movió ni un músculo, permitió que todas las agujas le llegaran. Anthos rió maliciosamente por unos segundos hasta que vio al recién ascendido Santo de Oro sin ningún rasguño. Sus alas seguían extendidas con actitud amenazadora.

—¿Qué demonios pasa aquí? ¿Acaso te moviste a la velocidad de la luz? ¿O quizás tus alas dispersaron mi técnica?

—Insensato. Mi armadura es la legendaria Cloth de Sagitario. Solo una vez fue dañada gravemente, y fue culpa de un dios, ¿Crees que unos aguijones debiluchos podrían atravesar esta coraza? —Seiya encendió su Cosmos y caminó hacia Anthos. Los demás marcianos sobrevivientes se pusieron en el camino, sudando y temblando de miedo.

—Aléjate, o mis zánganos y obreros te destruirán.

—Cobarde, usando a otros para crear tu camino o para bloquear el de tu enemigo, como toda una abeja reina. Si quieres eliminar al contrincante, debes hacerlo tú mismo, es algo que mi maestra, Eagle Marin me enseñó hace años. La valentía es lo que hace al guerrero, Anthos, ¡METEOROS DE PEGASO!

Una lluvia de estrellas fugaces surgió del puño de Seiya, y a enorme velocidad destruyó a los Marcianos y a su líder. Solo le quedaba esperar que el tal Mars no fuera tan cobarde, ahora era su deber liderar a aquellos que lo vencerían. Eso es lo que hacía un verdadero guerrero.



#19 Apsu.

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Publicado 05 noviembre 2013 - 21:08

genial, pero que sean más seuido los capítulos!! xD


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#20 Archad

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Publicado 06 noviembre 2013 - 14:08

sin lugar a dudas mejor que el omega de la saga Mars... has sabido inculcar a Seiya su valor característico cosa que hace ya tiempo no se ve en omega por sus papeles de secundario, lo forman más como un guerrero poderoso de otros tiempos, pero nada hay de su valor de antaño...

 

buena acción la de los combates, me gusta como le das forma con las palabras y además el uso que le das a los personajes muy bueno incluso a los siempre mencionados secundarios.






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