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-* El Legado de Atena *-


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#1 Seph_girl

Seph_girl

    Marine Shogun Crisaor / SNK Nurse

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Mexico
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Femenino
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Acuario
Desde:
Culiacán, Mexico

Publicado 15 diciembre 2008 - 21:20

Bueno, como prometí, este Lunes 15 de Diciembre empezaré a publiciar un fanfic de Saint Seiya que he aplazado muchos años (tal vez) por diversas razones XD
Pero fue sólo porque llegue a SNK que me motivé lo suficiente para ya no esperar más y darle rienda suelta a este proyecto, que sino, se queda en la Bandeja de Reciclaje de mi cabeza XD

Antes de comenzar quiero decir que este fanfic tiene como transfondo historico cierto fanfic que escribí y terminé hace tiempo, de hecho ni de SS es, era un crossover de otros animes y la verdad no tiene nada que ver con lo que sucederá aqui donde el anime de SS se lleva el protagonico.
Por si se lo estan preguntando, No, no se necesita leer el anterior para entender lo que en este fanfic ocurrirá pues se explicará por si mismo en la trama evitandoles la molestia de andar leyendo cosas anteriores XD

Y... ¿qué más? Bueno, es mi primer fanfic Saint Seiyesco asi que no sean tan duros. Gracias por su atención y comprensión ^^


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*************************************************************************

Se dice que el cielo y el infierno pueden encontrarse en la Tierra misma. Y que mientras los corazones humanos sean capaces de albergar tanto maldad como bondad, es imposible edificar el tan anhelado concepto que los hombres esperan del nombrado paraíso.
Sin embargo, el mundo gira ahora sobre una era en la que nunca estuvieron tan cerca de lograrlo.

Hace cuatro estaciones, los dioses de la muerte devastaron el mundo con su poder. Los guerreros de la Tierra se enfrentaron a ellos y a sus huestes malignas, librando encarnizadas y sangrientas luchas, logrando la victoria tras un camino tortuoso y lleno de sacrificios.
Se desencadenaron batallas sin cuartel. La más conocida será aquella en la que Hades, el antiguo dios del inframundo, fue vencido por la lanza dorada empuñada por Atena en compañía de sus sagrados santos. Sin embargo, la menos mencionada será la que decidió el fin del mundo cómo se conocía, aquella que está destinada a no ser recordada más que por escasos individuos en cuyas conciencias deberán cargar el peso de todas las pérdidas sufridas, es el precio por haber sido los causantes de tal desenlace.

Penoso fue que, pese a todo ese esfuerzo y la destrucción de las entidades oscuras, la victoria no repararía el daño irreparable que quebró el equilibrio del planeta, pero el milagro suscitado compensó en gran medida todas las lágrimas y el dolor… Aunque el costo siempre será debatible.


-* EL LEGADO DE ATENA *-
Por Seph_girl


PRÓLOGO.
“Herederos”
—Aún en la muerte, nuestras almas estarán al servicio de Atena.


A la velocidad del sonido, un joven corre por una planicie desolada y árida. El atardecer comenzaba sobre el escenario montañoso que se alzaba en el horizonte, por lo que los rayos del astro rey se reflejaban en su armadura sagrada una vez que decidiera detener su avance en un intento por orientarse. Tenía claro su destino, aunque no el camino que debía tomar para llegar a él lo más pronto posible.
Durante esa pausa que empleó para inspeccionar los alrededores, el joven se encorvó bruscamente al sentir esa inquietante punzada en el pecho, a la altura del corazón, justo el lugar donde recordaba haber sido herido por la siniestra espada de Hades
El Pegaso Seiya dio algunas respiraciones que le causaron dolor, no obstante, como en las ocasiones anteriores, la sensación se desvaneció sin más complicaciones después de unos segundos.
Decidió sentarse un momento, verificando que no ocurriría de nuevo para importunar de nuevo su recorrido.
Sentado ahí, y contemplando el paisaje frente a sus ojos, fue imposible para el Pegaso no pensar, una vez más, en los cambios extraños sufridos en el mundo.
Aún en la confusión en que se perdían sus memorias con respecto a los últimos momentos de su enfrentamiento contra Hades, Seiya y sus hermanos de bronce fueron capaces de volver a ver la luz del sol, aquella que el dios de la muerte intentó arrebatarles a los seres humanos.
Lograron salir del Elysium gracias al cosmos divino de su diosa, despertando en la Tierra, ilesos, sin que Atena se encontrara con ellos. Pero esa no fue su única preocupación, poco tiempo pasaría para darse cuenta de la renovación ocurrida en el planeta, la forma en la que se respiraba un aire nuevo y limpio, las aguas corrían con una nueva fuerza, y las plantas florecían radiantes de los suelos fértiles.
En su momento, todo lo atribuyeron al exterminio de Hades y a las oraciones de Atena, pero la realidad estará fuera de su comprensión por un tiempo más.
Tras su retorno al Santuario, esperando encontrar respuestas a la desaparición de Atena, Seiya, Shiryu, Hyoga, Ikki y Shun se percataron de la ausencia de ciudades enteras, aquellos lugares donde alguna vez se alzaron grandes metrópolis habían desaparecido, como si la tierra las hubiera engullido en espera de borrarlas, y no sólo los edificios, sino también un sinnúmero de sus habitantes.
¿Podría ser que todos ellos hubieran sido victimas de la guerra santa? Lo que descartó tal razonamiento fue sin duda llegar al Santuario, reencontrarse con Shaina, Marin, Kiki, Jabu y el resto de los santos de bronce, y que estos no entendieran a lo que se referían. Ellos no recordaban los escenarios modernos que describieron con detalles; para Shaina y los demás, las cosas en el mundo siempre habían sido así…
El desconcierto fue demasiado para Seiya quien, pese a haberse reencontrado con su hermana Seika, no pudo sentirse tranquilo, un sentimiento que compartió con sus compañeros quienes se esforzaron por hacerles recordar, sin éxito.
Decidieron separarse y buscar respuestas por donde fuera posible, aún ante el desconcierto de los demás. Seiya viajó junto a Seika hacia Japón, donde con alivio volvieron a ver a Mino y a los niños del orfanato.
Shiryu regresó a los cinco viejos picos, donde Shunrei lo recibió con gran alegría.
Hyoga se dirigió a Asgard esperando que Hilda, en su comunión con Odín, pudiera saber algo.
Shun volvió a lo que alguna vez fue la Isla Andrómeda donde June y otros sobrevivientes todavía vivían.
E Ikki desapareció sin decir cual sería su rumbo ni sus planes.
Y pese a sus esfuerzos, la situación continuaba siendo la misma. Aterradoramente, nadie recordaba la última versión del mundo que los jóvenes de bronce tenían impresos en sus recuerdos; ¿algún acto de los dioses? Tal vez, ¿pero con qué fin?
Pero, omitiendo ese inexplicable detalle, todo en el mundo parecía funcionar a la perfección, y se respiraba una paz que aparentaba que jamás tendría fin.
Entonces ¿por qué no podían sentirse satisfechos por ello? Se preguntaba constantemente Seiya. ¿No es lo que siempre buscaron? ¿No era ese el sueño de Atena? ¿Un mundo donde la paz y la bondad reinaran sobre las personas…? ¿Una era donde ellos pudieran vivir como jóvenes normales, lejos de los conflictos?
Seiya quisiera poder aceptar la realidad como es ahora en que todo parece casi perfecto, pero el pensar en el destino de los millones de habitantes que han desaparecido de la faz de la Tierra no se lo permite. Debe encontrar la respuesta, así como el paradero de Saori, la cual y se había convencido en un acto de mantener la esperanza, también fue victima del extraño fenómeno. Él jamás podría vivir tranquilo ni en paz en un mundo donde Saori no estuviera a su lado.

Seiya se alarmó una vez más en que escuchara ese replicar en su cabeza, aquel que llegaba a su cosmos y lo llamaba de forma incesante, mismo que lo había alcanzado hasta Japón, sintiendo en su interior que debía regresar al Santuario.
¿Sería Atena acaso? Pensando en eso es por lo que inmediatamente emprendió el rumbo hacia Grecia después de casi un año de no volver a ahí.
Seiya se giró repentinamente al sentirse acechado, pero sus puños sólo se alzaron el instante que le tomó reconocer que no se trataba de ningún enemigo, al contrario.
— Tenías razón Shiryu, se trataba Seiya— aclaró una de las tres siluetas que saltaron hacia Pegaso, el que poseía una voz mas delicada y frágil.
— ¡Shun, Hyoga, Shiryu, que gusto verlos, amigos!— se le iluminó el rostro a Pegaso una vez que volviera a estar junto a sus inseparables camaradas— Pero esto no puede ser coincidencia, no me digan que ustedes también…
— Así es— se adelantó Hyoga— También escuchamos ese llamado, Seiya. Y nos dirigíamos al Santuario para averiguar lo que sea que está ocurriendo allá.
Shiryu y Shun asintieron al mismo tiempo— En un principio creí que podría tratarse del cosmos de Atena intentando comunicarse con nosotros, pero… algo no está bien, este cosmos que percibo es totalmente diferente al de Saori, posee otro espacio— explicó Shiryu sus sospechas. Sus ojos sellados denotaban su ceguera perpetua.
— Es justo lo que había pensado— exclamó Pegaso— Pero ahora que lo dices, es verdad, no parece ser ella… Aunque eso quiere decir, que alguien deliberadamente ha logrado entrar al Santuario. ¡Tal vez esto sea una trampa!
— No lo descubriremos si eludimos la invitación que cortésmente nos han enviado— puntualizó Cignus con un semblante frío que se reflejó en ambos ojos.
— Y si santos como Shaina y Marin continúan vigilando el recinto, eso significa que podrían estar en problemas. No tenemos otra opción— añadió angustiado Andrómeda.
— Tienen razón. No demoremos más entonces— se volvió Pegaso hacia la dirección en la que se encontraba el Santuario.

Las cuatro saetas de bronce recorrieron a gran velocidad las distancias. Aún cuando sus ropajes divinos no lucieran como lo hicieron en el Elysium, la resistencia de sus armaduras era indiscutible, por lo que si debieran enfrentar a un nuevo enemigo ellos solos, sentirían la confianza de poder superarlo, no por nada ellos habían ido al inframundo y regresado con la victoria.

La noche llegó cuando pisaron las tierras dentro del Santuario. En su última visita, habían contemplado el complejo parcialmente en ruinas, huella irrefutable de las intensas batallas libradas entre los espectros y los santos dorados; y sin olvidar el choque de dos Exclamaciones de Atena que estuvo por destruirlo todo.
Esa es la imagen que esperaron encontrar en el Santuario, pero lo que estaba delante de ellos los dejó perplejos. Los templos y las instalaciones se alzaban intactos con la arquitectura de la época antigua, mas algunos nuevos detalles en relieve les cedían a cada estructura una imponencia jamás antes vista.
El sonido de una corriente de agua le indicó a Shiryu de la existencia de algún manantial, y el aroma de un fresco rocío la presencia de plantas y jardines.

— Esto es… ¿Qué es lo que pasó aquí?— se acercó Shun a una de las fuentes, observando su reflejo tan claro como si se tratara de un espejo.
Por mucho el esfuerzo que cualquier antiguo santo hubiera empleado en reconstruir el Santuario, no habría logrado llegar a este resultado en tan poco tiempo. Además, es sabido que la fortaleza tiene la capacidad de reconstruirse, pero sólo cuando el cosmos como el de Atena decidiera volver a levantarlo.
Alguien sin duda le había dado nueva vida al recinto sagrado, pero no se trataba de la diosa de la sabiduría, de eso se convencían cada vez más y eso aumentaba su inseguridad.
— Ahí está de nuevo— se sujetó la cabeza Shun al ser victima de esa vibración en su mente y que retumbó en sus oídos— Y es mucho más fuerte que antes, nos estamos acercando.
— La cámara del Patriarca, allá debe ser— calculó Shiryu dejándose guiar por sus sentidos.
— Atentos, amigos. Porque cualquier cosa podría esperarnos adelante— aconsejó Seiya al ser el primero en marchar a toda velocidad.

Ascendieron por pasajes que evitó que debieran infiltrarse por las doce casas. Caminos que conocían gracias al corto tiempo en que Saori pudo permanecer como mandamás de toda la Orden.
Esperaban ser atacados de un momento a otro, por lo que su cautela fue extrema. Sin embargo, avanzaron gran parte del camino y nada desagradable o imprevisto ocurrió.
Pegaso frenó en seco cuando a lo lejos pudo divisar una silueta inmóvil en el suelo.
— ¡Shaina!— gritó Seiya al agudizar su vista y alcanzar a reconocer a la mujer tendida en las escalinatas.
Corrió hasta ella seguido por sus compañeros, levantándola por la espalda y buscando una reacción de su parte. A simple vista no se encontraba herida.
La mascara de la amazona cayó de su rostro por su propio peso. Para alivio de Seiya, ni una sola marca de sangre era visible.
El resto de los santos respetaban la intimidan de los santos femeninos, por lo que decidieron mantenerse a distancia pese a ya conocer el rostro de la amazona.
Las facciones de su cara no reflejaban angustia o dolor, mas bien una inmensa tranquilidad, la misma que todo ser humano muestra al dormir placidamente.
— Shaina, por favor, reacciona— le pidió con un poco más de calma. Respiraba, eso era evidente ante el movimiento continuo de su pecho, pero no llegaba a comprender la razón de aquel estado— Despierta— le tocó el rostro con delicadeza, y ante el simple tacto, ella comenzó a reaccionar, sus cejas se arquearon débilmente antes de que sus pestañas temblaran para abrir sus ojos color esmeralda.
Ella contempló en silencio a Seiya quien emitió un sonido de alegría ante su despertar.
— Sei... ya...—musitó débilmente su nombre.
— Tranquila, todo está bien— pudo decirle aún manteniéndola en sus brazos.
Sólo por un momento, Shaina se permitió el papel de una débil mujer. El reencontrarse después de más de un año con el hombre que ama lograba que su voluntad accediera a ese capricho.
— ¿Qué es lo que pasó aquí Shaina? ¿Quién te hizo esto?— preguntó el Pegaso con evidente urgencia.
La guerrera de Ofiuco fue la única miembro del antiguo Santuario qué permaneció custodiándolo tal y cual creyó su deber. Los demás decidieron hace tiempo ir a buscar a sus familias y amigos. La era de paz y el último Apocalipsis que sufrió la Tierra, despertó en muchos la necesidad de buscar algo con lo cual llenar sus vidas ahora que Atena se había marchado y nadie se encontraba dirigiendo el Santuario. Además, la diosa de la sabiduría nunca mintió al pregonar que su mayor deseo era que sus santos vivieran una vida donde encontraran la felicidad. Fue la orden silenciosa que dejó para sus fieles caballeros ante el incierto final que la guerra contra Hades y sus espectros pudiera desatar.
Pero Shaina, encadenada a ese lugar sólo por convicción, permitió partir a todos, accediendo a velar el cementerio que este fue no hace mucho.
El ver a Seiya nuevamente le regresó un viejo resentimiento, pues, siendo él el único al que le permitiría romper la cadena que la mantenía unida al Santuario, el Pegaso egoístamente partió hacia Oriente y nunca miró hacia atrás. Dejando inconcluso el drama existente entre ellos.

— Un hombre…— logró pronunciar aún somnolienta— … está en el Santuario… Intenté detenerlo, pero el insistió en subir y… — el momento en que atacó al intruso vino a su mente. En el segundo en que su técnica mortal había sido eludida, ese sujeto solo tuvo que tocarle la frente con la punta de sus dedos para que todo se volviera irremediablemente oscuro— … Es muy hábil… Estoy bien, no me lastimó pero… Seiya, debes ir tras él— recogió su mascara y la colocó en su lugar, liberándose de los brazos del santo.
— Iremos juntos— previó Seiya, a lo que Shaina negó.
— Sólo los retrasaría, Seiya vete ya— recalcó al apoyarse contra una columna y permanecer en pie, todavía débil— No pienso repetirlo, anda— exigió al verlo titubear, como siempre lo ha hecho.
— Shaina, ¿tú sabes quién es ese hombre?— cuestionó Shiryu antes de partir.
— Es la primera vez que lo veo…— respondió la amazona— No me dijo su nombre pero… había algo en su cosmos que se me figuró familiar…
— Espera aquí entonces, regresaremos por ti Shaina— prometió Pegaso.

Las escaleras que conducían hacia el gran salón del Patriarca nunca le parecieron tan interminables como en ese momento, ni siquiera en aquella ocasión en la que cruzó por ellas buscando salvar la vida de Atena, superando la alfombra de rosas diabólicas con la que el caballero de Piscis protegía al camino hacia el Santo Pontífice y los aposentos de la diosa.
Sin embargo, Seiya, Shun y Hyoga notaron inmediatamente algo diferente, justo antes del umbral a la entrada del gran templo. Paso a paso redujeron su velocidad al quedar atónitos ante las esculturas bellamente elaboradas y tallados sobre la roca. Shiryu fue el último en detenerse al no comprender el motivo por el que sus compañeros aminoraron el paso.
Allí, emergiendo de entre las paredes de sólida piedra, las figuras de varios hombres formaban parte de una obra de arte. La maestría del artista debió ser tremenda para lograr esos exquisitos detalles que volvían relieves y volúmenes en un retrato exacto de rostros que conocían perfectamente.
Ese mural parecía estar vivo, las facciones de cada uno de ellos expresaba una naturalidad imposible de tallar en piedra. En el se mostraban en toda su gloria el poderío de los santos dorados, todos formando una imagen armónica en que la fuerza que poseyeron en vida se encontraba plasmadas ahí, bajo la magnanimidad del emblema de Niké.
— ¿Seiya, qué ocurre?— se apresuró a saber el Dragón.
— N-no me lo creerías si te lo dijera Shiryu… Esto es… Cielos, siento como si en cualquier momento fueran a moverse— comentó aun azorado por el trabajo elaborado en esas grandes paredes.
Cada línea de determinada armadura estaba ahí. No iban a engañarse pensando que se trataba de míticos santos de la antigüedad, no. Para Hyoga el reconocer al Santo de Acuario como su maestro Camus, y al Escorpión como el veloz Milo lo decía todo; así como para Shun al mirar detenidamente aquellas figuras que pertenecían a Afrodita de Piscis, Shaka de Virgo y Saga de Géminis. Seiya no contuvo su inconciente y con extremo cuidado se animó a tocar el brazo que alzaba airoso la escultura del santo que reconocía como Aiorios de Sagitario, junto a este el león dorado Aioria y el valeroso Aldebaran de Tauro. Shiryu habría compartido ese mismo asombro de poder ver y contemplar las imágenes pertenecientes a Mu de Aries, Mascara Mortal de Cáncer, su maestro Dokko de Libra, Shura de Capricornio y, en una posición más próxima al sol resplandeciente que figuraba el símbolo de la diosa de la victoria, Shion de Aries era visible con sus atuendos de santo Patriarca.
De una terrible nostalgia fueron victimas los jóvenes de bronce al reencontrarse, aunque fuera de esa forma, con aquellos que fueron sus hermanos dorados. No podían imaginar cómo es que algo como esto había sido elaborado pero, algunos se mostraron agradecidos de tal monumento para los caídos justicieros que sacrificaron sus vidas y almas para defender a Atena.

Una vez que Seiya recordará que no había que perder el tiempo, creyó ferviente que se trataba de un engaño por el que tontamente había bajado su defensa. Le parecía un truco muy sucio el utilizar el recuerdo de sus camaradas para ello, por lo que el Pegaso fue el primero en volver a andar, todavía más enfurecido que antes.
Sus pisadas resonaron en la lisa y reluciente superficie cuando entraron al templo, encontrándose con la gran puerta blanca adornada por detalles dorados, el obstáculo final para descubrir la identidad del invasor.
Seiya empujó con rudeza las puertas del Gran Salón, abriéndolas completamente.
De inmediato escucharon una voz que les dio la bienvenida— Inapropiada forma de arribar a esta sala de meditación, pudieron haber tocado para anunciar su llegada ¿no les parece? Que jóvenes tan maleducados...—escucharon una vez que los cuatro santos de bronce se adentraran.
Sus ojos rápidamente se lanzaron sobre el trono al final del pasillo en donde divisaron una silueta, de pie, junto a la escalinata recubierta por una alfombra roja.
— ¡Detente ahí mismo!— se adelantó entonces el Pegaso Seiya.
— ¿Cuál es el significado de esto?— cuestionó Shiryu— ¿Quién es usted y por qué se encuentra aquí?
Ante el acercamiento, los santos vieron a un joven bastante delgado vestido por una larga túnica marrón, quien subió las pequeñas escaleras y palpó la cabecera del trono con nostalgia. Después se volvió al grupo y sonrío ampliamente, con un gesto amigable y bastante pasivo.
— Seiya, Hyoga, Shiryu y Shun, los esperaba—aclaró— Tardaron más de lo que supuse, si que se han vuelto descuidados.
Los cuatro se miraron unos a otros, confundidos. Ese hombre resultaba un completo desconocido, pero él parecía saber demasiado de ellos...
Ante tal rostro frente a él, Shun buscó alguna reacción en sus cadenas, pero no reaccionaron de ninguna forma ante la presencia de ese individuo.
— Por un momento llegué a pensar que no les importaba para nada este Santuario ahora que la paz finalmente envuelve al mundo— habló el hombre de cabello café y ojos negros— Y eso me hace dudar un poco...— se acarició el mentón— Si ustedes son el futuro de este Santuario... ¿qué es lo que nos espera?—murmuró más para si que para ellos.
—Sólo hablas por hablar, si no tienes un motivo justificable por estar aquí y armar todo este alboroto, ahora mismo voy a sacarte por la fuerza—se apresuró a decir Pegaso.
—Basta Seiya—lo contuvo el santo de hielo— Identifícate ahora y nos ahorraremos más malentendidos— insistió Cignus al hombre.
Por alguna razón, ninguno de los santos se atrevía a dar ni un paso más, la presencia de esa persona resultaba demasiado abrumante... Su cosmoenergía parecía someterlos de alguna forma.
— ¿Que modales son esos?— preguntó sarcástico el sujeto— ¿Así es como tratan al pobre viajero cansado y hambriento después de largos días de viaje?—dijo sarcástico, con una mueca burlona.
— Lo dice un hombre que ha entrado a este Santuario sagrado sin permiso, y pasando por encima de uno de sus santos protectores—espetó Shiryu—No tiene ningún derecho para estar aquí, por lo que esperamos que tenga una excelente excusa para tal allanamiento, o mejor aún, que se marche.
— Por supuesto que tengo derecho de estar aquí—dijo él sonriente cuando, ante el asombro de todos, tomó asiento en el trono dorado.
— ¡Esto es inaudito...!— vociferó el santo de Pegaso, conteniendo a duras penas su furia por lo que veían sus ojos— ¡¿Quién te has creído?!
— Es todo un sacrilegio el que ose ocupar un puesto que no le pertenece, con tal descaro— secundó Hyoga.
— Por favor niños, únicamente revivo viejas costumbres— se relajó en el asiento ante la indignación de todos— Hace años, solía sentarme aquí durante todo el día, tomando decisiones importantes sobre el Santuario y todos sus habitantes.
— ¡Mentira!— exclamó Seiya ante tales palabras— Sólo grandes hombres han tomado ese lugar, incluyendo a la misma diosa Atena. No eres más que un hablador que ha profanado el Santuario solo para venir con cuentos absurdos.
— Haces mal en hablarme de esa manera Pegaso— le advirtió el joven sentado en el lugar del Gran Maestro.
— No eres más que un canalla al que no tolerare más— el santo de bronce se lanzó en dirección a él.
— ¡Seiya, detente!— intentó Shiryu detener a su impaciente compañero.
— ¡Espera Seiya, no hay necesidad, el hombre frente a nosotros no es una amenaza, mi cadena no lo considera alguien peligroso!— le gritó Andrómeda en vano.
—¡Pegasus Ryu Sei Ken! (Meteoros de Pegaso) – exclamó desplegando su cosmos en cientos de golpes.
El intruso, anticipando el acto se puso de pie, extendiendo ambos brazos en forma horizontal al permanecer inmóvil en su sitio. Para sorpresa de los presentes, y del mismo Seiya, los meteoros no alcanzaron a tocar a su oponente ya que fueron devorados por un muro de energía que se materializó a través del cosmos que desprendía el delgado cuerpo del invasor.
— ¡Imposible, Seiya no pudo tocarlo si quiera!— añadió sorprendido el Santo de Andrómeda— ¡Que cosmos tan sorprendente posee!
— Esa técnica... ¡No puede ser otro más que El Muro de Cristal!— analizó el dragón aun a través de sus ojos ciegos.
— ¿Qué dices Shiryu?— se pasmó Seiya— ¡Eso no puede ser!— observó al individuo quien bajó sus brazos y los contemplaba con una mirada prepotente. Ocultando a la perfección el intenso dolor que se encendió en su pecho al ejecutar su técnica.
— Pegaso, veo que sigues tan impertinente como siempre— habló el sujeto quien bajó escalón por escalón— Creí que durante la guerra contra Hades llegarías a madurar. Tal vez tu cosmos lo haya hecho, pero como santo debes crecer en muchos otros aspectos si en verdad servirás a los planes de Atena.
— ¿Planes de Atena?— preguntó intrigado Shun
— Explícate—pidió Hyoga aún con la defensa en alto.
— La reconstrucción del Santuario, claro está—respondió rápidamente— Esos son sus deseos y me ha pedido que regrese a este mundo sólo para comunicárselo a ustedes, sus santos mas fieles.
— Eres un...—Seiya no soportaba tal cosa, pero antes de poder expresar nuevamente su disgusto, Shiryu intervino.
— Habla en un modo que transmite la sensación de que nos conoce, nos habla con demasiada familiaridad y sin embargo su rostro, así como su presencia aquí, resulta todo un enigma— aclaró Shiryu con un tono respetable— No nos ha hecho daño ni a nadie más que haya intentado ponerse en su camino. Ahora dice tener un mensaje de Atena para nosotros ¿por qué creer tal cosa? ¿Quién es usted para que ella depositara tal confianza?
El joven misterioso guardó silencio y sonrió bastante complacido—Sin duda alguna, de los cinco, tú resultas el mas sensato, Dragón, pero no por nada fuiste discípulo de Dohko— se encaminó entonces hacia un gran espejo que cubría completamente una de las paredes laterales del salón, observando minuciosamente su reflejo, así como las caras llenas de interrogantes de los santos, y la de Seiya quien apenas y lograba contenerse.
Shiryu se encontraba cada vez más intrigado, ese sujeto habló de su maestro con demasiada camaradería y nostalgia.
El hombre cerró los ojos un momento antes de proseguir—Estos meses en los que reina la paz parecen haberlos estropeado un poco. Pero no los culpo, cualquiera se dejaría llevar por su influencia—realizó una pequeña pausa— Han olvidado que no sólo necesitan ojos para reconocer a un amigo, también cuentan con la sensibilidad de sus demás sentidos para encontrar lo que sus ojos no pueden. Este rostro, este cuerpo, esta voz, no son míos...— confesó— Pero debo admitir que ha sido divertido confundirlos un poco— sonrió cínico.
— Genial, ahora somos objeto de burla— agregó Pegaso perdiendo la paciencia.
— ¿Por qué no terminar con las intrigas de una buena vez?—preguntó el Cisne comenzando a sentir lo mismo.
— Jóvenes...—suspiró resignado— No dejan que un pobre viejo como yo se divierta—nuevamente guardó silencio y se volvió hacia ellos. Su mirada se torno seria y determinada conforme su cosmos se extendía por la habitación.
Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun se mantuvieron atentos ante el incremento de energía, pero el cosmos del extraño logró una reacción sobre el de ellos y a través de su cosmoenergia comenzarían a comunicarse.
Ante la incredulidad de los santos, el panorama que los rodeaba cambió por completo, dejaron atrás el Gran Salón y se encontraban rodeados por paredes que simulaban el espacio exterior, el suelo y el techo habían desaparecido. El cosmos dorado que emanaba del hombre frente a ellos se volvió tan espeso que formó una silueta y algunos detalles que permitieron el distinguir a una persona diferente, una que reconocieron con asombro al haber tomado una consistencia fantasmal. En cuestión de segundos se materializó un hombre de larga y despeinada cabellera esmeralda, vistiendo una toga larga y blanca que recaía sobre sus hombros, alcanzando a cubrir sus pies. Éste les dedicó una leve sonrisa, y esperó una reacción.
— ¡Shion de Aries!—exclamaron al unísono los santos, provocando que el hombre en cuestión sonriera aún más.
— No puede ser...— susurró abrumado el Dragón, expresando el pensamiento de los demás.
—Es un placer volver a estar frente a ustedes santos de Atena—les dirigió la palabra con una voz inquebrantable y retumbante, pero llena de serenidad— Estoy aquí con el único propósito de dictar las últimas ordenes que, como Patriarca de este Santuario, voy a encomendarles en nombre de nuestra diosa.
Para Seiya, Hyoga, Shiryu y Shun resultaba sorprendente y hasta imposible que el antiguo Patriarca se presentase ante ellos de aquella forma tan poca ortodoxa.
—... Gran Maestro... ¿cómo es que usted pueda estar aquí?— finalmente Seiya logró hablar con algo de respeto— Creí que...
— Son muchas las dudas que leo en tus ojos. Mi tiempo es corto, por lo que les suplico me permitan hablar— aclaró antes de dar comienzo a una intrigante explicación— Así que escúchenme con atención y lo comprenderán— les pidió— Éste mundo mortal cuenta desde tiempos remotos con numerosas órdenes encargadas de proteger la santidad de nuestro mundo de las fuerzas que intentan conquistarla o destruirla. Por centurias ha sido de esta manera. Nosotros como Santos de éste Santuario en Grecia, formamos parte de las líneas de defensa más importantes, pero no la única—explicó— La Tierra ha contado con decenas de hombres valientes que, como nosotros, ponen a su servicio y protección todas sus habilidades así como sus vidas. Como Patriarca tengo conocimiento de esto, y cada una de ellas se encarga de resolver lo propio.
— Eso suena demasiado egoísta— murmuró Shun— ¿Quiere decir que se han desatado batallas a manos de otros guerreros y que nosotros jamás les hemos ayudado?
— ¿Ellos les han ayudado a ustedes? —revirtió la pregunta el antiguo Patriarca.
Shun prefirió guardar silencio ante la mirada tan intensa de Shion.
— Andrómeda, los Santos del Santuario, así como los Dioses Guerreros en Asgard, e incluso los Marine Shoguns de Poseidón, tenemos nuestras responsabilidades establecidas y nos preocupamos por llevarlas a cabo; justamente como lo hacen los demás: guerreros, sacerdotes, hechiceros, shamanes e incluso los humanos comunes. Todos llevan a cabo su función en este mundo y así se mantiene un equilibrio. Además, si involucrábamos a seres como ellos en las numerosas guerras santas que se han desatado, ninguno hubiera llegado a sobrevivir, son sociedades poderosas, pero el derramamiento de sangre sería innecesario, y Atena lo sabía muy bien. En su infinita bondad es por lo que jamás ha pedido nada a las demás órdenes. Así han sido nuestras reglas desde la era del Mito, pero— realizó una ligera pausa— Atena desea que eso termine— añadió, despertando más la atención de los jóvenes frente a ellos.
— Finalmente se llegó a la paz por la que Atena y muchos otros han luchado siempre. Los mismos dioses se encuentran complacidos con lo que ha ocurrido en este mundo, pero no por ello se debe bajar la guardia. Aun en época de quietud, el Santuario debe existir, deberá resurgir y volver a ser lo que fue mucho antes de que Saga pudiese corromper y desprestigiar nuestra Orden, y todo deberá hacerse para proteger el Legado de Atena.
— ¿El Legado de Atena?— murmuró confundido el santo del Cisne.
— Debe referirse a este tiempo de paz que las luchas han traído—explicó Shiryu, comprendiendo a lo que Shion se refería— Atena siempre ha luchado para conservar la calma, y después de tantas guerras y sacrificios lo ha conseguido.
— Y como sobrevivientes de las pasadas guerra, ahora ustedes serán los responsables de que eso se lleve a cabo—añadió Shion, asintiendo.
— ¿Reconstruir el Santuario? ¿Cómo se supone que haremos eso?—preguntó Seiya al adelantarse, aceptando de ese modo la misión que se les encomendaba.
— En éste mundo una nueva generación ya ha nacido, existen un gran numero de individuos con las aptitudes necesarias para convertirse en parte del Santuario en el futuro.
— ¿Cómo los encontraremos?—inquirió Seiya nuevamente.
— Ellos vendrán a ustedes, algunos se encontrarán en su camino y otros serán acarreados por la mano del destino— dijo Shion—No teman Santos de Bronce—comentó Shion al ver la consternación en sus miradas— No estarán solos en esto. Aún hay personas del antiguo Santuario que no dudaran en apoyarlos— les aseguró con una mirada más cálida— Nuestra Orden se creó con la finalidad de proteger a Atena en cada ocasión en la que ella retornase a este mundo, pero aunque ella se haya ido, somos nosotros quienes debemos velar por preservar su legado, uno que, contra todo lo que ella creía, finalmente se ha logrado. Igualmente, debemos asegurar que nuestra Orden perdure para cuando ella retorne y nos necesite de nuevo.
— ¿Saori volverá?— preguntó inconscientemente el Pegaso.
— Saori Kido... Ella no volverá—respondió con sinceridad— Al final de su enfrentamiento contra Hade, despertó como Atena y por lo tanto, después de la batalla le fue imposible el regresar y retomar la identidad humana que llegó a forjar. Su vida aquí, con ustedes, sólo resultó una constante preparación que dio como resultado el despertar de su auténtica divinidad. De ese modo ahora se encuentra en donde debe de estar y en donde, sin duda, pertenece y hará un mayor bien.
Seiya bajó la cabeza, oprimiendo sus puños a su costado.
— Pero aunque ya no esté aquí, se preocupa por la Tierra que tanto ama—dijo animosamente— Y pensando en ustedes y en los demás es por lo que desea que el Santuario vuelva a vivir. Como ya lo dije, Atena desea algunos cambios, y entre ellos está el crear lazos de hermandad con otros guerreros sobrevivientes a las batallas que, hace tiempo decidieron el futuro de este planeta. Ante las confrontaciones que deban pasar en el nuevo mundo, Atena desea que se analice el pasado, encontrar los errores y evitar repetirlos en el futuro, es por ello que cree que establecer relaciones con otras órdenes resultará benéfico y dotará al Santuario de un nuevo comienzo, con cimientos más fuertes e indestructibles.
— Maestro Shion ¿sabe usted lo que pasó en la Tierra?— inquirió rápidamente el Dragón una vez que encontrara su oportunidad— ¿Por qué es que todos han olvidado cómo era este mundo en verdad? ¿Por qué únicamente nosotros parecemos recordarlo?
Shion respondió lacónicamente a esa cuestión que previó iba a recibir— No ésta en mí decírselos, algún día obtendrán su respuesta… Pero algo les puedo asegurar: es lo mejor, no intenten cambiarlo.
— ¡Pero…!— se exaltó Seiya ante la negativa de Shion por revelar ese enigma.
— Pegaso, confía— pidió el antiguo Patriarca con una mirada que suplicaba respeto a su decisión.
— ¿Cómo llevar a cabo tales uniones?— intervino Hyoga, retomando el curso inicial de la charla. No es que no deseara obtener respuestas sobre ese asunto con la misma intensidad que sus amigos, simplemente estaba dispuesto a fiarse de la promesa de Shion— Eso tomaría mucho tiempo...No sabemos ni siquiera con quienes debemos hablar o buscar.
— ¿Creen que hubiese venido sin las respuestas apropiadas?—preguntó el alguna vez Patriarca— Después de todo mi presencia aquí no sería posible de no contar con la ayuda y el apoyo de uno de los líderes de las grandes órdenes de las que hablo.
—¿Cómo dices?—preguntó consternado Seiya.
— Él cuerpo de quien me he valido para estar aquí pertenece a un guerrero que forma parte de la tribu de los shamanes.
— ¿Shamanes?—repitió Shun con extrañeza.
— Son aquellos cuyos cuerpos o sentidos llegan a ser el vinculo que unen a este mundo con el otro... Eso fue lo que escuché alguna vez de mi viejo Maestro— comentó Shiryu.
— ¿Puede ser eso posible?—recriminó Hyoga.
— Así es. Estas personas tienen la habilidad de permitir que un espíritu se aloje en sus cuerpos para llevar a cabo algún asunto pendiente en el mundo de los vivos... Es gracias al cuerpo de este hombre por lo que pude llegar hasta aquí, ante ustedes— explicó— Los shamanes son una tribu tradicionalista y en la que se puede confiar no sólo por sus buenas intenciones, sino por ser guerreros nobles y leales; sus artes en el combate llegan a ser de cuidado. Ellos, igual que nosotros, estuvieron plenamente involucrados durante los sucesos que decidieron el comienzo de ésta nueva era. Pueden confiar en ellos ya que Atena misma lo hace.
—No parecen ser guerreros—pensó Seiya al recordar el semblante tan despistado del shaman.
— No te dejes llevar por las apariencias Seiya, el hombre a quien viste es alguien muy importante y debes de tenerle respeto— le advirtió Shion como si hubiera sido capaz de leer su mente. Seiya solo realizó un gesto indiferente pero guardó sus comentarios.

Una estrella fugaz fue visible en la habitación estrellada, la que le indicó a Shion que era tiempo de partir— Jóvenes santos, mí tiempo aquí ha llegado a su fin— dijo él aún ante la impotencia de los santos— Fue poco, pero es un placer, a pesar de todo, continuar bajo el servicio de Atena y del Santuario aunque deba ser de ésta forma.
— Maestro, ¿de verdad nos cree capacitados para llevar a cabo tal mandato?—se apresuró a preguntar el Dragón.
— Dudar de si mismos sólo los llevará al fracaso, Shiryu. No se preocupen, lo harán bien, el que continúen con vida tras las numerosas batallas que se han desencadenado, es suficiente para reflejar lo capacitados que son ahora... Empezaron su travesía desde lo mas bajo dentro de nuestra Orden y con el tiempo han logrado encontrarse en la cima, son poderosos, todos ustedes. Atena no podría confiar en nadie más para cuidar su legado—contemplaba con gracia el rostro de los jóvenes, no parecían del todo convencidos— No se preocupen, si unos pobres incautos como yo y Dohko logramos reconstruir el Santuario alguna vez, para ustedes será mucho más sencillo— sonrió, pero su imagen comenzaba a desvanecerse entre el panorama de estrellas— Yo estuve en su lugar en ese entonces y sé como deben sentirse... Pero pese a sus miedos, sus dudas y su inseguridad, el cosmos de Atena los guiará siempre— sus palabras sonaron como las de un padre cariñoso esperando alentar a sus hijos pequeños. Finalmente agregó— Pero lo más importante, no olviden el deseo de nuestra diosa: vivan caballeros, disfruten de está paz que sus lágrimas y sangre han logrado, lo merecen. Son jóvenes, aún tienen mucho que descubrir de ustedes mismos, encuentren la felicidad…
— Maestro Shion—musitaron al unísono.
—Aún en la muerte, nuestras almas estarán al servicio de Atena—alcanzó a decir antes de desaparecer y que todo el panorama cósmico se desvaneciera como neblina alejada por el viento.


Por un instante sus vistas se cegaron, pero pronto, al abrir sus ojos, se encontraron de nuevo dentro del salón del Gran Maestro. Los santos se aseguraron que estuvieran bien, cuando de pronto escucharon un quejido.
— Auuuh, si que es difícil mantener en este mundo a un Santo Dorado— dijo el joven de túnica una vez que se dejara caer en el suelo y sentarse, expresando una mueca que reflejaba su cansancio. Se sobó la cabeza, removiendo algo de su largo cabello oscuro.
Seiya, Hyoga y Shun lo miraron con desconcierto.
— ¿Hmmm?— él los miró por unos segundos— Hola— saludó risueño, desde su posición tan poco distinguida.
Nuevamente los santos se miraron entre ellos, todo se había vuelto tan extraño...
— Ah... hola— alcanzó a animarse el Dragón Shiryu, adelantándose— ¿Estás bien?
— Un poco cansado nada más, pero estoy bien gracias—observó su alrededor— ¿Dónde estoy?—preguntó bastante desorientado y despistado.
— ¿Qué acaso no recuerdas nada?— cuestionó Shun.
— Creí que los shamanes serían mas listos...— musitó Seiya.
Después de una última ojeada a los aposentos es que el shaman comprendió— Entiendo—permaneció en el suelo para analizar a los jóvenes que lo rodeaban— Así que Shion finalmente cumplió con su misión, eso me alegra. De ser así, eso quiere decir que estamos en el Santuario de Atena, en Grecia—dedujo— Y ustedes deben ser el Pegaso Seiya, Shun de Andrómeda, el Cisne Hyoga y el Dragón Shiryu ¿no es verdad?— preguntó después de haber atinado correctamente.
— ¿Shion te lo contó?— preguntó Hyoga.
— No precisamente, hemos tenido largas charlas él y yo, es cierto, pero cuando le permití entrar a mi cuerpo, muchos de sus recuerdos quedan a la vista y no pude evitar darles un vistazo— dijo aquel joven de aspecto amable e indefenso.
— Parece que tienes mucho que contarnos, pero antes de ello nos gustaría saber tu nombre— dijo Shiryu al extenderle una mano amiga, algo que Seiya desaprobó totalmente.
El joven tomó la mano del Dragón, quien lo ayudó a levantarse— Soy Yoh Asakura*, es un placer conocer a tales celebridades como ustedes— añadió sin apartar su sonrisa tranquila y sincera.
— ¿Cómo es qué te involucraste en todo esto en primer lugar?— cuestionó Seiya, aún no tan confiado.
— Shion debió decírselos ¿no? He accedido al pacto que su diosa me ha pedido— respondió despreocupadamente.
— ¡¿Viste a Saori?!— preguntó Seiya.
— Hablé con Atena— rectificó Asakura— Es una mujer muy interesante y simpática, me agrada. Ella me contó mucho sobre ustedes, e igual me advirtió que si yo solo me presentaba aquí, seguramente habría muchos problemas, es por ello que le pidió a Shion el que me acompañase. Veo que no se equivocó.
— ¿Un shaman es capaz de estar en contacto con una divinidad como Atena?— se preguntó Shun en silencio.
— ¿Cómo puedes hacer tal cosa?— preguntó nuevamente Seiya.
— Puedo hacer eso y mucho más, Seiya— le comentó Yoh, sin la intensión de presumir.
— ¿Qué estás escondiendo?
— Seiya, ya basta— lo contuvo Shiryu— Si el Patriarca y la misma Atena nos han pedido confiar en él, no veo por qué no hacerlo.
— Shiryu tiene razón, no creo que lo vimos sea una simple ilusión. Era el cosmos de Shion de Aries, y eso es indiscutible Seiya— impuso Hyoga.
— Además dijo que él—refiriéndose a Yoh— era el líder de una de las órdenes a las que debíamos contactar— le recordó Shun.
— No parece lo que dice— insistió Seiya.
— ¿Crees que porque no visto una armadura vistosa como la tuya, no soy digno de mi titulo?— inquirió Yoh serenamente.
— Simplemente no aparentas serlo...— repuso Seiya con aire irrespetuoso.
— Si no me crees no me importa...—murmuró el shaman con gestos despreocupados, caminando lentamente hacia Seiya.
El Santo de Pegaso tomó aquello como una provocación, estaba dispuesto a levantar la guardia en ese mismo segundo pero, en ese momento, sintió como es que sus extremidades se paralizaron ante la cercanía de aquel individuo.
El resto de los santos sólo pudieron percatarse de la gran cosmoenergía que emanó del shaman. Creyeron que le demostraría a Seiya lo equivocado de sus conjeturas, tal vez lo lastimaría, pero de igual forma fueron incapaces de moverse o hablar.
La mirada de Seiya le mostró aun coraje y determinación, pero Yoh poseía una mucho más intensa y que llegaba a ser temible al estar envuelto por aquella aura.

Yoh pasó de largo al santo, dirigiéndose una vez más hacia el trono del salón.
Conforme se alejaba, Seiya recuperó un poco el movimiento de su cuerpo.
— Agradezco mucho la confianza de ustedes, Shun, Hyoga, Shiryu, y espero que tú, Seiya, algún día llegues a comprender que mis intenciones son sinceras. Quiero ayudar a que el deseo de su diosa se cumpla, ya que es algo que beneficiará notablemente el futuro de este mundo y a todos sus habitantes. El que ella me pidiese aliar fuerzas con ustedes es todo un honor. Les ofrezco mi ayuda a partir de este momento.
— Dime algo, ¿tú recuerdas cómo era el mundo antes de tal... ‘paz’?— preguntó Shiryu, curioso.
Yoh asintió— Igual o mejor que ustedes.
— ¿Entonces sabes lo qué ocurrió? Atena, ni Shion lograron explicárnoslo— comentó Hyoga.
— Sólo pocos tenemos la desdicha de recordar lo que sucedió...— dijo con cierta tristeza— Y no puedo contarles todo, no ahora, pero sí puedo decirles que todos los seres vivos de este mundo pasaron por un proceso de selección. A quienes ven ahora caminar por la Tierra, son aquellos que fueron dignos de permanecer aquí.
— ¿Qué dices?—preguntó consternado Shun.
— Sé que cuando esto ocurrió, ustedes se encontraban en el inframundo, el reino del dios Hades; por encontrarse en el mundo de la muerte es por lo que no pasaron por tal proceso....
— ¿Pero por qué ocurrió tal cosa? ¿Qué ocurrió con las demás personas, las ciudades, todo?— preguntó Seiya.
— Tendremos mucho tiempo para hablar de ello, pero ahora no es el momento— les dio la espalda y se acercó al telón que cubría la estancia detrás del salón.
— ¡No! ¡Después de mucho buscar eres la primera persona que admite saber lo qué ocurrió aquí, y no pienso dejarte ir sin que nos lo digas!— insistió Pegaso.
— Se los diré cuando los considere listos— sentenció el shaman— Cuando crea que son en verdad dignos de estar aquí pese a que a millones se les fue negado este derecho— aclaró con severidad— No me resta nada más qué hacer en este lugar, sólo mostrar la sinceridad de mis palabras. Pero, si reconstruir el Santuario no es suficiente para ustedes, espero que la alianza entre santos y shamanes quede pactada con este obsequio que he traído conmigo— jaló entonces las cortinas rojas, abriéndose de par en par y mostrando tras de ella doce objetos que asombraron a los santos.
— ... No puede ser...— susurró casi sin aliento Seiya.
— Creí que jamás volvería a verlas...—pensó Hyoga.
— ... ¿Cómo pueden estar aquí?...— murmuró Shun.
— Increíble... las doce armaduras de Oro han regresado al Santuario...— dijo Seiya sin poder creerlo.
— Pero pensé que habrían desaparecido para siempre junto al Elysium...—habló Shun, recordando esos difíciles momentos contra el dios de la muerte Thanatos y la destrucción del Muro de los Lamentos.
Poco a poco los cuatro jóvenes se acercaron hasta donde se encontraban las doce relucientes cajas doradas, debiendo palparlas para desechar la posibilidad de tratarse de ilusiones, sintiendo su poder.
— ¿Tú hiciste esto?— le pregunto Shiryu a Yoh.
— No fue tan difícil. Es bastante simple tratar con los seres del más allá cuando eres un shaman— sonrió ante la incredulidad de los jóvenes santos— Ahora podrán empezar con su misión. Ya que estas doce armaduras han regresado a casa, sólo falta el que encuentren o aparezcan los dueños apropiados para cada una de ellas. Sé que las protegerán bien hasta entonces.

En verdad estaba sucediendo... Ahora ellos se convertirán en los maestros para la futura generación que algún día reclamarán los ropajes dorados, sin duda deberán tener todo listo para cuando ese momento llegue.
El contemplar las doce armaduras doradas los llenó de melancolía, al pensar en los antiguos portadores de cada una de ellas, pero a la vez los llenó de esperanza y de la seguridad de que los próximos en usarlas serían dignos de tal honor.
— Hay mucho que se debe de hacer, les deseo mucha suerte santos, y no olviden que no pueden considerarme sólo su aliado, sino también su amigo— anunció el shaman.
— Aún hay muchas preguntas...—se volteó Shiryu, buscando a Yoh, pero este había desaparecido.
— ¿Adónde se fue?— exclamó Seiya con desesperación.
Estuvo a punto de salir corriendo detrás él. Aunque no tuviera ni la menor idea el camino que tomó, tenía que encontrarlo. Sin embargo, un repentino sonido frenó sus impulsos.
Los santos observaron como es que las doce cajas comenzaron a resplandecer en energía dorada, y ante el choque de ellas, se desató una resonancia melodiosa, una que se extendió por todos los rincones del Santuario, como si deseara anunciar el regreso de los mantos sagrados al recinto.

En el exterior las estrellas se mostraban con una claridad que cualquier astrólogo agradecería para admirar la majestuosidad de la pequeña porción del universo que podían alcanzar sus ojos y artefactos. El viento soplaba con tranquilidad, arrastrando consigo la frescura de los jardines y del rocío, aromas agradables para cualquier olfato.
Yoh contemplaba dentro del templo mayor la estatua a escala de diosa Atena esculpida en oro puro, la misma en la que el báculo de Niké descansaba en su mano derecha, y a la izquierda se encontraba el escudo sagrado que se dice es capaz de reflejar y resistir cualquier ataque.
— Cumplí tu deseo, espero que estés contenta y a la vez espero que estemos haciendo lo correcto— dijo Yoh sonriendo con cierta amargura.
— Ante una entrada tan triunfal a este lugar, era predecible que desearías hacer lo mismo a tu salida— escuchó el shaman a sus espaldas.
— ¿Qué se le puede hacer? Uno debe tener su estilo para estas cosas, además me divierto mucho haciéndolo...—río levemente el shaman, sin girarse todavía— Imagino que me comprendes, ya que pareces ser un hombre que gusta de aparecerse únicamente hasta que en verdad se trata de un situación crucial ¿no es verdad?— preguntó Yoh con tranquilidad.
— Así es, igual cuando deseo dar una buena impresión a alguien de quien desconfío totalmente...
— No me sorprende, no esperaba que me recibieran con los brazos abiertos o algo parecido, únicamente cumplí con una promesa— Yoh dio media vuelta lentamente y se encontró de frente con otro santo— Cuando menos te presentas, fuiste muy desconsiderado al permanecer oculto todo este tiempo... Ikki Fénix, presumo.
Con su armadura inmortal protegiéndolo, el Ave Fénix confrontó al extraño viajero— Yo desconfío de cualquiera que intenta pasarse de listo— puntualizó Ikki— Tus acciones, aunque desinteresadas, me parecen demasiado repentinas.
— ¿No confías en las palabras del Antiguo Patriarca?
— De quien no me fío es de ti— aclaró— Yoh Asakura ¿quién eres en realidad?
— Solo un simple shaman...— respondió hundiendo los hombros
— Tal vez seas el primer shaman que conozca, pero no creo que seas simple...— le dijo con firmeza— El mismo Shion lo dijo, aunque los de tu clan son fuertes, en una guerra santa no hubiesen tenido grandes oportunidades... Y sin embargo, tú pareces capaz de intimidar a un Santo.
— ¿Te intimidé— preguntó Yoh, divertido.
— He vivido en el mismo infierno más de una vez, ya nada es capaz de intimidarme.
— Hmmm existen diferentes clases de infiernos por los que uno puede pasar, ¿cómo puedes estar tan seguro de que has vivido en el peor?— preguntó tranquilamente.
Fénix no era capaz de encontrar malicia en esa mirada, o en su tono de voz... Yoh sonreía como un niño, con inocencia, algo demasiado extraño para alguien de su edad. Ikki intentaba conocer al hombre frente a él a través de sus ojos, pero no encontraba algún defecto, ni mentiras o malas intenciones; si las hubiera, desde hace tiempo lo habría atacado.
— Fénix, no tengo el gusto de conocerte, pero he escuchado mucho de ti, al igual que de los demás. Ante lo que he visto con mis propios ojos al venir aquí, tengo la completa confianza de que lograrán reconstruir este lugar y tal vez llegue a ser la época dorada del Santuario, sin duda la más prometedora— habló rompiendo el incómodo silencio que había confabulado para mantener la tensión entre ellos— Créeme lo que te digo, tengo respeto por ustedes, por su diosa y por su causa, es por ello que accedo a una unión con el Santuario en un futuro, si lo permiten claro, ya que en este momento no es el apropiado. Hay mucho trabajo que debemos hacer.
— Suponiendo que hablas con la verdad, ¿qué es lo que harás tú?
— No me interpondré en sus caminos, yo debo recorrer el propio y hacer lo mismo que ustedes con mi pueblo. Pero eso no quiere decir que no vaya a volver—aseguró el shaman.
— Jamás pensé lo contrario.
— Bueno, creo que ya es hora de marcharme—musitó Asakura al volver el rostro hacia la estatua de Atena— A menos que tengas algo más que quieras decir... o impedir que me vaya como tu amigo Seiya...
— A diferencia de él, yo pienso, luego actúo— dijo al darse vuelta y emprender la marcha hacia el Gran Salón— Eres un sujeto extraño, y por más que lo he intentado no encuentro algo en ti que me permita mantener mi creencia de que eres un farsante.
— Eso ya es todo un avance...
— Pero eso no quita que te considere de cuidado... Yoh Asakura, aún tengo mis dudas sobre ti, pero sé que el tiempo me dará la razón o me mostrará mi error al haberte dejado ir así como así...— su voz se perdió por la distancia entre ambos y la resonancia de las armaduras.

Una vez solo, Yoh suspiró y comenzó a caminar, dirección opuesta a la del Fénix.
— Disculpa su impertinencia, son jóvenes y aún conservan la rebeldía de la edad— escuchó Yoh durante su andar.
— Descuida, yo lo entiendo, de verdad— dijo sin resentimiento alguno, pudiendo él ver a su lado a Shion de Aries.
— Aún así, me avergüenzan sus acciones, todo lo que hagan aún lo siento como mí responsabilidad y es por ello que le reitero mis disculpas— el espíritu del Patriarca se inclinó en una reverencia formal— Son tan impetuosos que ni ante el mismo Shaman King han sabido comportarse— pensó Shion con malestar.
— Shion, por favor. A la única que debes rendirles cuentas es a tu diosa, y como no han cometido ninguna falta contra ella entonces... no veo la necesidad de que te disculpes, todo está bien amigo mío.
Shion sonrió discretamente ante el cumplido, y se puso de pie— No hay duda, esta nueva era estará al cuidado de personas extraordinarias...— pensó ante la generosidad del actual Shaman King— Seiya, Shun, Hyoga, Shiryu, Ikki, el mayor reto de sus jóvenes vidas comenzará ahora, pero Atena ha depositado todas sus esperanzas en ustedes; no por nada les ha cedido grandes aliados. Bajo su protección estoy seguro que lograrán el éxito de su misión...— miró en dirección al Santuario, despidiéndose en silencio del refugio antes de desvanecerse en el aire junto con la melodía de las armaduras.

Como un canto de sirenas, aquella resonancia los atrapó e indujo al silencio completo, prestando toda su atención a las doce cajas doradas. Hasta que el cántico cesó es cuando pudieron reaccionar. Seiya fue el primero, pero sus pensamientos seguían siendo los mismos y comenzó a correr de nuevo.
— ¡Seiya, detente, no tiene caso!— alcanzó Hyoga a sujetarlo por el brazo— Ese hombre se ha ido.
— ¡¿Acaso piensan dejarlo ir sin responder a todas estas intrigas?!— logró soltarse, pero postergó sus intensiones.
— No quisiera, pero si te tranquilizas un momento te darías cuenta que su presencia ha desaparecido, por completo— respondió serenamente el Cisne— Estoy tan desconcertado como tú, pero ahora todo parecer tomar sentido gracias a que los mantos dorados están aquí.
— Olvida a ese hombre por el momento Seiya, hay cosas que debemos atender ¿no lo crees?— se acercó Shiryu.
— Pero él...
— Suficiente— pidió Shun— Él solo era un mensajero, ya ha demostrado decir la verdad ya que el mismo Patriarca lo ha respaldado, y tras Shion la misma Atena. ¡Además mira esto!— apuntó las armaduras— ¿Por qué traerlas de vuelta y entregárnoslas? Seiya, sé que debemos ser cuidadosos, y más al tratar a una persona que esconde tremendas habilidades... Pero también debemos aprender que no todos los que se presentan ante nosotros deben ser nuestros enemigos...
— Shun tiene razón, el tiempo nos dirá si ese sujeto es nuestro aliado o enemigo, por ahora sólo podemos juzgarlo por sus acciones y... no veo el por qué desconfiar, incluso deberíamos sentirnos agradecidos— recalcó el Dragón.
— .... Está bien. Pero algo me dice que me arrepentiré después por esto— suspiró resignado Seiya— Ahora ¿Cuál es el plan a seguir?
— Eso es sencillo— escucharon proveniente del acceso trasero del salón— Construir el camino por el que los próximos santos deberán cruzar para llegar hasta aquí. ¿O no fueron esas las palabras de Shion?
El rostro de Andrómeda se iluminó de alegría al reconocer el timbre de aquella voz— ¡Ikki!
En cuestión de instantes Ikki, el ave Fénix, arribó cerca de sus camaradas, contemplando discretamente las cajas doradas y despertando en él los mismos sentimientos de dicha.
— Ikki, parece que ya sabes de la situación— inquirió Shiryu.
— ¿Cuándo llegaste?— agregó el Cisne.
— Justo a tiempo para escuchar lo que debía escuchar— respondió a secas el santo.
— ¿Y qué opinas hermano?
— Me reservaré mi juicio sobre lo ocurrido... — palpó uno de las columnas del templo— Aunque, es abrumante el pensar que fuerzas que desconocemos se hayan reunido en este lugar para levantarlo tal y como hace años se encontraba... Sin embargo, creeré lo que ven mis ojos, y en este caso la prueba de que Atena desea el renacimiento del Santuario se encuentra frente a nosotros.
— Parece que la decisión es unánime— comentó Shun.
— Pero la pregunta es.... ¿por dónde comenzar?— murmuró pensativo el Pegaso, callando, así como sus demás compañeros quienes intentaban extraer la respuesta más adecuada de las cajas de oro.

Si hace años les hubieran dicho que ellos estarían a cargo de tal obligación, no lo hubieran creído....
Eran sólo niños cuando comenzaron a portar sus mantos sagrados y luchar en las interminables guerras santas. Irónicamente pasaron por encima de sus superiores, y el haber sobrevivido hasta hoy corroboraba lo indicados que resultaban para tal responsabilidad. Sus amargas pero victoriosas experiencias, los han convertido en maestros.
En el interior de cada uno de ellos, cierta impaciencia comenzó a crecer, al igual que un poco de temor por el fracaso, la inseguridad ante la desconfianza de los hechos, pero igualmente crecía una alegría y emoción indescriptible por el futuro que, hace poco, resultaba incierto para ellos.
Finalmente una pequeña luz había aparecido y les alumbraba un panorama bastante prometedor.... difícil, pero el resultado valdría la pena.
Las palabras de Shion parecían confortar sus inquietudes y apartar sus temores — ... pese a sus miedos, sus dudas y su inseguridad, el cosmos de Atena los guiará siempre....



Continuará…



* Yoh Asakura: Protagonista del anime/manga ‘Shaman King’. Al comienzo de esta historia tiene alrededor de veinte años y todo indica que es dueño del titulo de ‘Shaman King’

Editado por Seph_girl, 19 diciembre 2008 - 13:58 .

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EL LEGADO DE ATENA - Capítulo 60. "El día más oscuro. Parte VII."


#2 nexus

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Publicado 16 diciembre 2008 - 14:11

genial la mezcla de Shaman King con SS
He regresado!!!...

#3 Seph_girl

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Publicado 16 diciembre 2008 - 16:52

=O
Nunca me imagine toparme a alguien aqui que conociera Shaman King s46.gif

Gracias, espero que siga pareciendote igual conforme avance la cosa ^^

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#4 Lady_Death

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Publicado 16 diciembre 2008 - 18:50

La verdad no conozco mucho de shaman king, pero este fic me está gustando... espero que la continues pronto... ^^

Muy lindooo!!!

Bye!!

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~A mitad del camino de la vida

en una selva oscura me encontraba

porque mi ruta había extraviado.~


#5 Seph_girl

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Publicado 16 diciembre 2008 - 19:18

Muchas gracias Lady por leer =)

Aah no se preocupen, NO tienen que conocer Shaman king para entender, cuando mucho el personaje que saldrá una que otra vez será este Yoh, pero por lo demas, cosas Saint Seiya señores y señoritas ^^
No deben preocuparse, que son pequeños Cameos que tendrán XD nada más.

Mi intensión es publicar un cap por Mes, y si el tiempo es generoso tal vez y sólo tal vez 2 (pero no me crean mucho esto XD)

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#6 Killcrom

Killcrom

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Publicado 16 diciembre 2008 - 19:32

¡¡Seph!! ¿Qué has hecho? ¿Por qué tantas palabras? ¡¡Me quieres matar de un disgusto!! ¡¡Eso es una certeza!! Bueno, te pongo esto para que veas que no me olvido de ti, y cuando le dé a Nira un par de cositas que le debo, le echaré el ojo -no literalmente- a tu fic.

¡Suerte!

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(Parte 1 de 2)

Publicación: 4 de febrero de 2017)


#7 Seph_girl

Seph_girl

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Publicado 16 diciembre 2008 - 20:43

Ah si, bueno... soy de las que escribe caps relativamente larguitos....
Pero no es tan malo ¿o si? ;_; Ay si aqui tambien he visto cosa más kilometricas ¿y me he quejado? T.T

Gracias por 'intentar' leer esto XD jejeje

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#8 Aither

Aither

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Publicado 19 diciembre 2008 - 08:04

Normalmente el género de crossover no es uno q me llame la atención, sin embargo he de admitir que planteas una propuesta muy interesante. Me intriga sobremanera las razones que pudo tener Athena para aceptar el dichoso juicio y la desaparición de ciudades enteras, y millones de personas.

Aquí quiero hacerte un comentario que espero no tomes a mal. A lo mejor me tomo muy en serio lo del "orgullo de caballero", pero en realidad creo que has hecho uso de varios off-characters que le quitan credibilidad a la historia.

Considero que los únicos que mantienen su personalidad son Seiya e Ikki, a los cuales tratas muy duramente por no aceptar la presencia e Shion, pero creo que es lo que se podía esperar de ellos, son guerreros, cuyo Santuario ha sido profanado, sus amigos han sido atacados (aunque sin recibir daño), y todo por un Shion en cuerpo ajeno, ¿qué quiere hacerles una broma?

Al contrario, yo me extraño del comportamiento de los 3 que fácilmente aceptaron las palabras de Shion. Shun sabe que no es la primera vez que su cadena no detecta a un enemigo aun teniéndolo enfrente, Hyoga ha luchado con multitud de enemigos que han sido capaces de imitar a la perfección a sus seres queridos y Shiryu, bueno, es bastante sabio como para aceptar razones tan vagas sin cuestonarlas.

Una cosa que no me gustó nada, nadita ver, y disculparás que te lo diga, es a Shion arrodillándose frente a Yoh...

Espero no tomes este comentario a mal, y seguiré leyendo vuestra historia (aunque si tú me lo pides, no vuelvo a opinar, =P)

Saludos

#9 Seph_girl

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Publicado 19 diciembre 2008 - 09:51

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Muchas gracias Aither por animarte a leer y comentar. (Disculpa si perdiste tiempo)
No me molesto, para nada, al contrario quien soy yo para reprimir lo que tengan que comentar? o.o

Gracias por tus sinceras observaciones XD
Lamento que no te gustaran como manejé a los personajes (sé de antemano que no serás el unico blink.gif...) Pero pues... realmente no sé que decir XD Ju, supongo que conforme los use más podré atrapar mejor la esencia de los santos originales. Y pues había cosas que debían pasar forzosamente.

Pues nuevamente gracias por leer XD, que en el próximo capitulo (si es que de pura casualidad lo llegas a leer) Damos un salto en el tiempo años después XD!

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EDIT: Y bueno, despues de pedir unos consejillos de aqui y alla cambie un detalle. Espero y puedan soportar cuando menos una 'reverencia'
(Digo, Shion tambien tiene modales y aunque no lo crean no está frente a cualquier hijo del vecino xD) Chaito!

Editado por Seph_girl, 19 diciembre 2008 - 14:05 .

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EL LEGADO DE ATENA - Capítulo 60. "El día más oscuro. Parte VII."


#10 nexus

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Publicado 19 diciembre 2008 - 14:21

shaman king, una buena historia nunca se me hubiera ocurrido mezclarlos así. s91.gif
lo importante es el cuidado como manejas la historia y puede funcionar espero poder leer el siguiente capitulo. s20.gif
He regresado!!!...

#11 Rexomega

Rexomega

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Publicado 22 diciembre 2008 - 11:16

Saludps

¡Nueva víctima! O no tanto, siendo yo el beta tester, sin embaro aquí estoy yo, Lord del Sith, dispuesto a defender mi fama de estas garrapatas siniestras (cof cof Aither cof cof XD) que pretenden quitarme el puesto. Bien, tómate tus tranquilizantes que állá voy.

Un nuevo fic inicia, y el prólogo nos evoca a eso. Puedo suponer que no sigues `la película Overture sino que más bien escoges Do Cvidzanja (o como se diga, ahorita no me apetece buscar). Es buena elección, dado el hecho de que, por neceso de Kurumenso/Kufumada, esta película realmente perdió oficialidad hace mucho. La historia inicia calmadamente tal y como otras muchas de Saint Seiya, las guerras santas parecen haber acabado con la caída de Hades y cada quien va al lugar que le corresponde, siendo Shaina la única que permanece al cuidado del Santuario, algo triste que es inherente a su destino de estar enamorada de alguien como Seiya XD XD (mis saludos a sus fans)

Ahora, en cuanto sienten el llamado, todos van al Santuario y eso me lleva al directo comentario de Aither. ¿Qué tanto desean los Santos la paz? ¿Realmente es un mundo pacífico o... estñan condenados a ser por siempre guerreros? Quizá Kuru nunca explote esto, pero no es tan descabellado pensar que los Santos no puedan ya tener una vida normal, así como los ´niños que en la vida real van a la guerra en ciertos países, es difícil pensar que ese pasado se diluya tan fácilemnte. Por decirlo simple, estos muchachos han dedicado sus vidas al entrenamiento para la guerra, realmente... no están tan asentados en la cordura.

Disculpándome por este desvío. Considero que la posición de Shun, Hyoga y Shiryu no debería sernos tan extraña pues... ¿Que acaso estos jóvenes nunca van a cambiar y serán siempre igual de impetuosos? Tantas guerras que han vivido les debe de haber enseñadoa pensarse más las cosas, aunque sabemos que Seiya es... Seiya, es de esperar que Shiryu sea más reflexivo, así como Shun e Hyoga. Si bien estando Shaina dormida en el Santuario pudo ser causa de una actitud más violenta, es mejor así, puesto que una historia no debe fundamentarse en lased de lucha (y protagonismo) de los santos de bronce. Por otro lado, buen descripción la del relieve que nos muestra a tan nobles guerreros como los Santos de Oro.

Confieso que la traviesa actitud de Shion me extrañó un poco al principio, pero bueno, no sabemos tanto de Shion como para asegurar que no sería capaz. Las palabras del antiguo patriarca nos evoca una fuerte alianza. ¿Será que el peligro que enfrenten será mayor de lo que la orden pueda superar? Lo más reconfortante es que los santos de oro no fueron resucitados, y la reconstruccón del Santuario me hace pensar que veré una nueva orden de los caballeros de oro, la originalidad se premia jejeje. Evidentemente, Ikki dando la nota, sin duda es el Ikki que todos conocemos.

Finalmente, dos grandes personalidades, el Shaman King y el Patriarca del Santuario, se despiden. Era necesaria una muestra de respeto del Sumo Pontífice pues entiendo que el Shaman King debe ser una figura poderosa y digna, siendo líder de los shamanes (o algo así XD). El resto de cosas ya las hablamos en su día por el MSN así que solo me queda despedirme XD, espero pronto leer el capítulo 1.

Adeus



#12 Aither

Aither

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Publicado 23 diciembre 2008 - 09:21

QUOTE (Rexomega @ Dec 22 2008, 08:51 AM) <{POST_SNAPBACK}>
¡Nueva víctima! O no tanto, siendo yo el beta tester, sin embaro aquí estoy yo, Lord del Sith, dispuesto a defender mi fama de estas garrapatas siniestras (cof cof Aither cof cof XD) que pretenden quitarme el puesto. Bien, tómate tus tranquilizantes que állá voy.


¬¬** Garrapata siniestra?


#13 Seph_girl

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Publicado 23 diciembre 2008 - 10:01

Oigan oigan esto tampoco es un concurso para ver quien me pega más fuerte eh? XD jaja
Agradezco sus sinceros comentarios y los tendré muy en cuenta en el futuro (mas no puedo prometer que todo o como quisieran jeje sólo sientense y disfruten ^^... si pueden XD).

Rexo, sabes bien que me puedes alertar de cosas por el msn cuando lees primero el cap, y no lo hiciste, te esperaste a la humillación publica XD jajaja que malvado, pero recuerda que el Karma ataca despues XD, no te quejes en el futuro.

Me alegra ver que no hayan rechazado todavia esta historia y que probablemente le den oportunidad conforme vaya avanzando, claro que tambien sé que son un publico dificil y me va a tocar más regañadas XD Pero bueno, espero retroalimentarme de esta loca experiencia =)

Chaito!!

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Editado por Seph_girl, 23 diciembre 2008 - 13:49 .

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EL LEGADO DE ATENA - Capítulo 60. "El día más oscuro. Parte VII."


#14 Rexomega

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Publicado 23 diciembre 2008 - 13:21

Saludos

Sí Aither, le digo así a los que se empeñan en quitarme el puesto de crítico oficial del SNK, tampoco te lo vayas a tomar muy en serio. ¿Eh?

¡El Karma! Ese es un enemigo peligroso... ¡Pero puedo con él!

Adeus


#15 Aither

Aither

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Publicado 24 diciembre 2008 - 00:14

Bleh

Seph-girl: Gracias por haber considerado mi comentario, sé que soy como una patada en el hígado, pero de verdad me había enfadado esa escena. Con la nueva edición le encuentro un sentido más creíble y agradable, espero no haber afectado con ello la visión que vos tenías de tu obra.

Saludos

#16 Seph_girl

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Publicado 24 diciembre 2008 - 09:54

Ah no te preocupes Aither, a mi me gustan los crossovers desde hace un buen tiempo (y decia cuando comencé en el mundo del fanfiction que jamas haria de esos... pero pues jajaja son los que mas exito han tenido en mi ficker carrera XD) entiendo que no a todos les agraden (podría ser peor, podría ser de DB y ahi si se alzan flamas x.x)

Al principio sólo queria ver sangre derramada por tu observación XD (jaja broma), pero ya que lo analicé objetivamente pues dije "Ok, escuchemos opiniones" tanto de mi lector beta medio purista (Rexomega) como la de mi hermano que me apoya al 100 en esta historia, y entre detalles dije "Bueno pues, esto es un fic SS... esta vez hare caso al sentido común, demos algo de gusto"

Pero no se acostumbren XD!! que no siempre se podrá jajaja y esta vez les di la razón ;) Muchas gracias. A mi lo unico que me interesaba con la escena es que se viera que lo del Shaman King no es un titulo asi que se daba tomar a la ligera y esas cosas XD, quedó bien ya asi, contentos todos XD!

Creo que en el proximo Cap me asesinaran x.x... Pero bueno, firme como el hierro ><!!

Besos a todos!

s73.gif

firma14.png

 

EL LEGADO DE ATENA - Capítulo 60. "El día más oscuro. Parte VII."


#17 Seph_girl

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Publicado 23 enero 2009 - 00:14

Antes de que acabe Enero, traigo el siguiente capitulo de esta extraña historia.
Y cada vez me convezco más que no es el mejor fic que pueda subir a este foro por muchas razones que ya les voy conociendo XD s46.gif , pero que diablos.
Siempre quise hacer algo así pese a lo muy utilizado que pueda ser, por lo que si otros ya lo han hecho ¿por qué jijos no yo? XD Claro que mi versión espero pueda tener elementos nuevos o cuando menos interesantes para el público que se anime a leer s46.gif

**********


La forma perfecta en que la Tierra gira sobre si misma y alrededor del inmaculado sol, refleja la actividad de las constantes fuerzas que almacena en su interior.
Son numerosos los ciclos que se suscitan en la naturaleza, aquellos que permiten la vida y la coexistencia de todos los seres quienes la han habitado en el paso de los siglos. Algunos saben que tales bendiciones son posibles gracias al equilibrio existente entre las fuerzas elementales, donde el fuego, el agua, el aire y la tierra mantienen la prosperidad, permiten la creación y la vida.
Pero en la existencia, se dice que todo necesita su igual opuesto, creando un equilibrio fundamental por el que el mundo puede continuar girando y funcionando; siendo la muerte esa ley natural que va junto a las otras en un ciclo perfecto e interminable.
Desdichado fue que el hombre, criatura siempre curiosa y con un hambre insaciable de poder y conocimiento, entendió estos principios, buscando la manera de apropiarse de dichos poderes.
Comenzaron entonces a aparecer aquellos que pudieron dominar a los gigantes de los elementos, representaciones aúricas de las fuerzas de la naturaleza. Los volvieron sus sirvientes y cómplices tanto para llevar a cabo el bien como el mal. Esos seres sin mente, y sólo instintos, empezaron a tener personalidad y conciencia, pues la obligada unión espiritual que sus amos mantenían sobre ellos les permitía ver el mundo a través de sus ojos; escuchar a través de sus oídos; sentir tal cual ellos. Aprendiendo así el concepto del placer y del sufrimiento; la alegría y la tristeza; el amor y el odio.
Las frecuentes guerras los convirtieron en armas bélicas y personales que al final llevaron a una desastrosa situación, pues al enfrentarlas unas con otras provocaron su extinción y con ello acabaron con el equilibrio.
Que quede claro que el mundo, en esta ocasión, no llegó a su fin a manos de los dioses. Los mismos humanos fueron arquitectos de su propia destrucción. Las decisiones tomadas por un grupo de hombres sellaron el destino y, así como Atena, terminaron con un círculo vicioso que impedía la evolución de la Tierra.
Culpar no deben a esos guerreros, ya que no existió otra salida. De una u otra forma la Tierra iba a perecer, eso era inevitable, y los dioses, quienes siempre han esperado ese momento con ansias, no iban a impedirlo.
Impedida estuvo Atena de intervenir, puesto que su lucha contra Hades se encontraba en su clímax.
Pero cuando todo se creyó perdido, al final se desató un milagro y la Tierra pudo renacer. Nuevas fuerzas elementales cobraron vida gracias a los espíritus de los humanos quienes se convirtieron en sus padres. El mundo volvió a brillar como en esa antigua era cuando los dioses la crearon de acuerdo a su voluntad, aunque el costo de tal maravilla fue muy grande…
La Tierra hizo un juicio imparcial, como el ente viviente y conciente que siempre ha sido. Similar al que se narra en algunos textos sagrados, juzgó a cada individuo, separando a los que sabía ayudarían a cultivar una vida plena de aquellos que sólo continuarían haciéndole daño y de los que ya habían cumplido con su destino.
En pocas palabras, en el mundo habitan únicamente personas que son necesarias para forjar ese futuro idealizado… De un modo u otro.



Capitulo 1
Encuentros dorados. Parte I
Destino y castigo


Grecia, 15 años después.

Una barca de madera, pequeña y malgastada, surcaba por aguas del mar Egeo. En ella, dos hombres viajaban en dirección a la mítica Grecia.
Un hombre navegaba y, sin mostrar cansancio en su movimiento constante con el remo, divisó a lo lejos una línea de tierra, el faro por el que cualquier hombre en el mar sentía placer de ver. Sabedor de que su viaje estaba a pocos kilómetros de llegar a su fin.

Sí, su viaje en muchos aspectos llegaba a su término, mas el del joven que le acompaña apenas daría inicio en cuanto pusiera sus pies sobre ese suelo sagrado.

Amanecía lentamente. El sonido del remo funcionó de arrullo durante toda esa noche, con un efecto sedante que aplacó los nervios del joven que habría sido victima del insomnio de no ser por ello.
Lo despertó la voz de su mentor junto a un ligero golpe del remo sobre su hombro.
—Ey, bello durmiente, es hora de despertar —sarcástica, pero firme, era la voz que le pertenecía al hombre que durante diez largos años le había entrenado. El maestro estaba cubierto por una capucha de viajero deshilachada que protegía su cuerpo y cabeza del sol y del ambiente—. Tus días de holgazán terminaron, de pie.
El joven retiró la manta que lo calentó durante la noche, que no era otra cosa más que su propia capa.
Un poco mareado por el movimiento del mar es que el muchacho de cabello rojizo pudo decir— ¿Hemos llegado? —acompañado de un bostezo corto y que trató de ocultar.
—Así es, allá se encuentra Grecia —señaló con su mano de piel clara.
El joven miró con sus ojos azules dicha dirección y poco a poco el puerto obtenía mas detalles y colores conforme se acercaban a la orilla.

La renombrada Grecia, el sitio del que su maestro no le dejó de hablar desde que emprendieron ese largo viaje por el mar. Grande fue su sorpresa cuando le escuchó decir que partirían hacia allá desde Turquía. Cruzar ese mar en una embarcación tan pequeña y con tan pocos suministros sería toda una hazaña, algo loca, pero actividades recreativas como esas fueron eventos cotidianos durante su entrenamiento. Tenía cicatrices que le impedirían olvidar todas ellas.
Su mentor siempre ha sido un hombre testarudo y estricto, pero en el fondo una buena persona. Le tomó años comprender que realmente él no le hacía pasar por situaciones molestas sólo para hacerlo enfadar, de alguna manera, todo había sido por su bien y su crecimiento como caballero de la justicia.

El momento de separarse estaba muy cerca, y eso despertaba algo de nostalgia en el joven que permaneció con la vista sobre su maestro por largo rato. Al saberse observado, el hombre le devolvió una mirada profunda.
—¿Qué pasa? —inquirió al saber que esos ojos, acompañados de ese mismo silencio, eran las señales que anticipaban alguna pregunta incómoda o tonta por parte de su pupilo.
—Maestro Deneb, nunca me dijo si usted fue o no un santo en el pasado —el hacer un recuento de las memorias que compartía con su mentor, le hizo recordar esa pequeña charla que Deneb se ingeniaba en eludir.
—¿Sigues con eso? Si que eres insistente Sugita —respondió ligeramente molesto—. ¿Por qué no eres de más ayuda y te pones a remar? —le arrojó la otra pala que el muchacho atrapó.
Sugita se puso de pie, obedeciendo antes de volver a intentarlo— Después de diez años no creo que sea tan vil para dejarme con esa duda… ¿o sí?
—Qué es lo que siempre te he dicho ante esa cuestión, Sugita? —dijo el maestro.
—Que escuche mi intuición —respondió sin dudar.
—¿Y qué es lo que te dice?
—Que sí lo es… Pero también, dijo que no siempre debía confiarme de lo que ésta dice.
—Así es, porque eres joven y aún no puedes juzgar a las personas con tanta prisa.
—Pero diez años es mucho tiempo, no creo estar equivocado.
—Si así piensas, ¿quién soy yo para desilusionarte? Supongo que no sería grato para ti el saber que un hombre cualquiera te enseñó todo lo que sabes.
Hombro con hombro es que permanecieron remando con una sincronía perfecta— Dudo que un hombre ordinario sepa todo lo que usted. Escuche, no sé que es lo que haya pasado para eludir un simple sí o un no durante tantos años, pero puedo asegurarle que jamás podría renegar de la persona que me ha convertido en lo que soy ahora.
—¿Vas a ponerte sentimental, muchacho? —sonrió el hombre—. Me conmueves, también te echaré de menos.
De nuevo eludía una respuesta concreta, pero estaba bien, Sugita lo aceptaba. Sin importar de lo que pudiera enterarse en el futuro, para él Deneb era la clase de guerrero que deseaba ser en la vida.

A temprana hora, pequeños barcos de pesca abandonaban tierra para adentrarse al mar, topándose con los viajeros a quienes miraron con curiosidad.
Finalmente llegaron a la orilla, Deneb no se molestó por atar el bote al muelle, sería una pausa breve la que ahí haría.
—Bien, aquí te bajas —dijo al tomar el saco que contenían las pocas pertenencias de su pupilo, arrojándosela a las manos.
—¿Acaso no piensa acompañarme? —preguntó confundido al pisar el desembarcadero.
Deneb guardó silencio, observó el suelo con un recelo extraño, como si estuviera ungido por una fuerza que lo repeliera de alguna forma o lo prohibiera poder pisar la tierra de Atena.
—Te he mostrado el camino Sugita, lo que un santo debe saber para servir a la justicia, lo que debe de sacrificar para servir a la Orden, pero te reitero lo que siempre te he dicho: eres libre de decidir si tomas o dejas ese sendero —explicó Deneb—. Aquí en Grecia reside el Santuario, la cuna de los caballeros. Sólo ahí podrán concederte el titulo de santo y la aprobación de la diosa a la que sirven. Pero un consejo —le indicó con uno de sus dedos—. Abre bien los ojos. Analiza, estudia y decide finalmente si estás listo para formar parte del Santuario por el resto de tu vida, ya que una vez nombrado caballero, ni la muerte te privará de las responsabilidades que eso conlleva… Si lo sabré yo —musitó resignado.
—De acuerdo maestro —sonrió tras saber con esa última sentencia que su mentor, en otra vida tal vez, fue un glorioso guerrero del Santuario—. Así lo haré pero, nada de lo que pase ahí puede ser peor que lo que viví con usted —dijo rascándose la mejilla, medio en serio, medio en broma.
—Je, recordarás esas palabras muchacho —con el remo impulsó el bote para alejarse del muelle, dejando que lo conduzca la corriente—. Y no olvides darle mis saludos al Patriarca como te indiqué.
Sugita torció los labios con disgusto— ¡Me continua sonando una locura… pero aún así lo haré! —repuso—. ¡Maestro! ¡¿Nos volveremos a ver?! —se apresuró a preguntar, invadido por un mal presentimiento.
Deneb no respondió al instante, pero sonrió ligeramente a su pupilo— Me gustaría pero… —reflexionó lo que estuvo por decir, optando por una despedida más apropiada— Sugita, mientras respetes el obsequio que te he otorgado, será como si nunca nos hubiéramos separado.
El joven que mantenía recogido su cabello rojo en una coleta, tocó su brazo derecho intuitivamente.

Su mentor le dio la espalda entonces, comenzando a alejarse. Este se permitió una señal de despedida en la que extendió su brazo junto a dos de los dedos de su mano.
Sí que echaría de menos a Deneb. Uno no pasa su infancia con una persona sin crear alguna clase de lazo sentimental con ella; era la imagen del padre que su verdadero progenitor no le cedía y por ello se atrevía a apreciarlo a ese nivel.

Todo maestro debía sentirse como él tras dejar atrás a un discípulo. No imaginó que llegaría el día en que tomara a un pequeño como su pupilo y le enseñaría a entender la vida de un guerrero sagrado.
Los años en que Sugita estuvo bajo su custodia le permitían saber que sería un gran caballero, pero, no podía evitar sentir cierta preocupación por él... Eso debía ser lo que un padre siente al desprenderse de un hijo.
Una última mirada sobre su hombro y el muchacho también se alejaba de ese lugar de adioses. Sonrió complacido de no ver titubeos en él, marchaba seguro y decidido a cumplir su objetivo, aquel para el que nació.
—Que el cosmos te proteja —musitó Deneb antes de desaparecer entre otras balsas pesqueras a la redonda.


Pedir indicaciones jamás fue un problema para él a diferencia de quienes se dejan llevar por el orgullo y la soberbia. Sería un camino fácil de seguir ya que al habitante a quien preguntó sólo le bastó apuntar hacia la colina más alta para indicarle que allá se encontraba el Santuario. Para el hombre de aspecto tosco y trabajador no fue sorpresa que un joven como Sugita preguntara la ubicación de dicho lugar. Con los años muchos han sido los rostros que hacen lo mismo y, podría decir con certeza, a la mayoría de ellos vio regresar sobre sus pasos, derrotados y desilusionados de lo que sea que allí enfrentaban.

Llegó el mediodía cuando arribó a la Villa Rodorio, cuyo camino principal guiaba hacia el pie de la colina. Resultaba la avenida más apropiada para comerciantes ofrecer su mercancía. Había mucho bullicio, pero no era un ambiente que no haya visto ya en otros poblados o ciudades.
Un viajero no era algo que llamara la atención de la gente en esos días, sin embargo no pasó desapercibido para otra clase de ojos que le dieron importancia y decidieron observarlo de cerca.

Dejó pasar la ciudad, subiendo por el sendero de la colina con un hambre que lo hizo sentir malestar, pero se repuso rápidamente al encontrarse muy cerca el gran portón, custodiado por dos guardias de mediana edad y vestimentas sencillas.
—¡Eh, alto ahí extranjero! —pidió uno de ellos, cuyo casco cubría su cabello oscuro— Decid vuestro asunto.
Sugita obedeció al instante, no era su intención empezar con malas impresiones— He venido desde el otro lado del mar con la esperanza de tener una audiencia con el Patriarca del Santuario.
Los custodios se miraron entre si, sonriendo de forma burlona— Pierdes tu tiempo, el Patriarca no recibe a nadie a quien no espere. Temo que no mencionó nada acerca de alguien con tus características, por lo que puedes irte resignando.

Sugita frunció el entrecejo ligeramente ofendido, pero aún así conservó un buen tono— Está bien, estoy aquí para probar que soy merecedor de unirme a la orden de Atena.
—Si claro, ¿un santo verdad? — se mofó el segundo sin casco que lo protegiera— Mira, no sé que clase de infamias hayas escuchado por ahí muchacho, pero aquí no se vive cómodamente. Ya hemos perdido mucho tiempo y recursos en admitir a chiquillos tontos con aires de grandeza para que a la primera se retiren lloriqueando, por lo que te ahorramos tu tiempo, retírate.
—Pero… —no había viajado desde tan lejos para que el primer obstáculo lo detuviera, pero tampoco podría abrirse camino a la fuerza. Si esas eran las órdenes que el Patriarca ha dado a esos centuriones entonces él no puede hacer nada al respecto… Sin embargo, se negaba a creer que no existiera otro camino.
—Guardias ¿qué es lo que pasa aquí? — preguntó una voz masculina detrás de él. Sugita miró sobre su hombro, exaltado al no haber percibido ninguna presencia hasta ese momento.

La mirada esmeralda de ese hombre golpeó algunas barreras de su confianza. Largo cabello azulado caía sobre su espalda; una decoloración gris colgaba de su frente cubriendo su ojo izquierdo.
—Señor Albert —habló con solemnidad el guardia de cabello oscuro —C-cosas sin importancia, este joven ya se marchaba.
Vestía un atuendo de batalla de telas grises; una protección ligera y sencilla de cuero negro que formaban pequeñas hombreas sujetas a un peto; cinturón en el que se incrustaban algunos círculos dorados; botas que se encintaban alrededor de sus piernas hasta llegar a las rodilleras; sus brazos cubiertos por vendas desde los nudillos hasta los codos. Aún en su sencillez, la confección de su vestuario poseía un porte más distinguido que la de los custodios de la puerta.
Sereno, Albert pasó al lado de Sugita sin que sus ojos verdes dejaran el duelo de miradas. El que un chico lo retara de esa forma indicaba una cosa: agallas, pero a la vez lo consideraba una insolencia.
—¡Abrid la puerta, el señor Albert ha vuelto! —alzó la voz el centurión a alguien que al otro lado del gigantesco portón manejaba los seguros.

—Todavía no terminamos —advirtió Sugita a los guardias.
—¿Sigues aquí? Te lo pondré sencillo, niño, no estamos admitiendo reclutas en estos días, ya suficientes niñatos hay como para recibir a uno más— agregó el de casco de plomo.
—Jum, déjame adivinar —habló de pronto el de cabello azul, quien permaneció dándole la espalda al viajero. Las puertas no se terminaron de abrir gracias a que él lo ordenó con una seña de su mano—. Otro iluso aspirante a santo —contuvo una sonrisa—. En mi opinión todos son iguales, hechos por la misma plantilla. Me basta una mirada para juzgarte y saber que será inútil. No resistirías ni la primera prueba —dijo confiado— Un consejo, niño, dedícate a plantar nabos.
El joven de coleta estaba acostumbrado a esa clase de actitudes pedantes, por lo que sabía jugar con la misma carta de ser necesario, sabiendo que muchas veces las palabras son mas hirientes que cualquier golpe y también te permiten victorias significativas— Vaya, parece que el Santuario no es cómo dicen entonces —acomodó el saco con sus cosas sobre su hombro—. ¿Acaso no les enseñan las reglas básicas del combate? No deberían juzgar tan ligeramente a una persona sólo por su apariencia. Si fuera un enemigo, seguramente eso ya les hubiera costado la vida. Si gente así es por la que está formado el Santuario, tal vez deba buscar en otra parte.
—¡Chiquillo endemoniado! —exclamó el guardia de cabellos rubios—. ¡Nadie habla del Santuario de esa manera!
—¡¿Cómo osas insultarnos así?! —con sus lanzas en manos, los dos guardias estuvieron a punto de lanzársele encima, mas una sola palabra de Albert bastó para hacerlos desistir.
Un simple ‘alto’ y obedecieron cual ratas asustadas. El de mechón gris se giró un poco, manteniendo un rostro impasible para el extranjero.
—Está bien, pareces tener mucha confianza en ti mismo —dijo en tono de desafío—. ¿Qué te parece si hacemos esto? Te permitiré demostrarme que eres digno de que haga una excepción y te deje pasar.
— Pero señor...! —se atragantaron los guardias.
—¿Lo dice en serio? —se mostró escéptico el joven de ojos azules.
—Si de tres movimientos no te he vencido, habrás ganado el reto ¿qué dices?
El joven se tomó un momento para pensarlo, pero cuando su mano estuvo por retirar su abrigo, aceptando el duelo, prefirió reforzar la forma en la que cogía su equipaje.
—Lo siento pero, considero que si mi valía depende de algo tan trivial como eso, no vale ni siquiera la pena —hundió los hombros con resignación—. Gracias por su tiempo caballeros —dio media vuelta y se retiró.
Los guardias permanecieron mudos, lanzándose miradas entre ellos al no saber si importunar al señor Albert con algún sonido si quiera.
El de cabello azul sonrió para si mismo antes de emprender su camino original hacia el Santuario.
—No creo que los moleste más. Los niños pueden hablar mucho pero es su forma de mostrar valentía cuando carecen de otras herramientas. Sigan en su posición —aclaró a los soldados quienes asintieron.


Sugita pateó una pequeña piedra con enfado— Que sujeto tan engreído —pensó en voz alta, seguro de que nadie por ahí lo escucharía.
—Sí, la verdad es que es todo un pelmazo —concordó una voz risueña en las cercanías.
Sugita miró hacia su flanco derecho y ahí, cerca de una pila de rocas, un muchacho de una edad menor descansaba cómodamente con las manos sirviéndole de almohadilla.
El joven de rostro sucio se levantó, permaneciendo sentado bajo la sombra de la formación de rocas.
—No me digas, te cerraron la puerta en la nariz —dijo de pronto.
—Estabas observando, ¿eh? — intuyó Sugita.
—Bueeeee... Sí, algo así. No me culpes, siempre es divertido ver cuando viajeros como tú se toman todas las molestias en venir hasta acá sólo para ser rechazados. Si vieras todas las lágrimas que he visto, huesos rotos y cosas así —sonrió amistosamente—. Pero…. es la primera vez que pasa algo diferente...
—¿A sí? ¿El salir ileso? —bromeó Sugita.
—El dejar pasar una oportunidad como la que te ofrecieron —explicó—. Claro, fue sensato, ese hombre parece invencible, he visto que un golpe le basta para dejarlos inmóviles en el suelo— enfatizó al extender el dedo índice—. Eso quiere decir que en verdad estás conciente de tus habilidades y las utilizas con responsabilidad, y no para responder a las altanerías de cualquier pobre diablo. Autocontrol, eso me gusta, sí— se cruzó de brazos y asintió repetidas veces el niño pueblerino.
—Sí... Bueno... —sintió cierta incomodidad ante el muchacho tan extraño— ¿Gracias? De cualquier forma, de nada me sirve si de esos sujetos depende si entro o no.
—Oh vamos no seas tan duro. Al pueblo bajan muchos de lo santos ocasionalmente, incluso el mismo Patriarca. Son buenos tipos, pero desde que ese hombre ronda por aquí todo se ha vuelto un poco... estricto.
—¿Y tú como sabes tanto?
—Bueno, no me lo creerías si te lo dijera —sonrió ampliamente— Mi nombre es... Rock —dijo tras estar jugueteando con un pedazo de roca en la mano.
—Soy Sugita.
—¡Ah! ¡Japonés! —se levantó precipitadamente—. Tus oportunidades se incrementan, amigo. ¿Sabes? Usualmente no le digo esto a nadie pero, hay una forma en la que puedes escabullirte para ver al Patriarca. Él es un hombre de razones, seguro te irá mejor con él. Lamentablemente no creo que alguien de su categoría vaya a estar en el recibidor ¿verdad?
—¿Me crees acaso un tonto? —arrugó el entrecejo, volviendo a caminar—. Seguramente estás a punto de pedirme dinero, lo siento pero aunque lo tuviera no se lo daría a un estafador.
—Ey, ey, no te precipites —le pidió al trotar a su lado—. No pienso pedirte nada, de hecho es una opción tan riesgosa que lo pensarás dos veces antes de intentarlo —Sugita se detuvo—. Escucha, el Santuario es una fortaleza natural, rodeada por grandes montañas y abismos. El camino por el portón principal es el más seguro y viable, pero si logras cruzar por el camino no convencional pues... tendrás una oportunidad y el resto dependerá sólo de ti.
—Entrar de esa forma seguiría siendo desobedecer las leyes... —meditó con congoja— Mas... parece que no hay otra alternativa.
—Como suelo decir, es mejor pedir perdón que permiso. Pero, si te llegaran a atrapar, nunca me has visto ¿de acuerdo?
—¿Me crees un soplón? —Sugita enarcó una ceja.
—No, no, no, claro que no, pero hay veces en las que el dolor te hace decir cosas que no quieres —corrigió sin perder su buena cara—. ¿Entonces que dices? ¿Lo intentarás? Como un dato extra, yo aconsejaría que lo hicieras al atardecer— meditó.
—... ¿Por qué te interesa tanto en ayudarme? —inquirió con desconfianza.
—Eres de los que duerme con una daga debajo de la almohada, ¿verdad amigo? Pero está bien, yo entiendo. Mira, realmente admiro a los guerreros del Santuario, considero un desperdicio que buenos reclutas sean pateados de esa forma. Otros ya han intentado lo que tú harás y, está bien, no te mentiré... No suelen llegar muy lejos —silbó ante eso último.
—Eso es muy alentador....
—Lo tomas o lo dejas, es tu decisión —el muchacho se desentendió de los peligros.
Pensando en las palabras de su maestro, fue que Sugita se prometió que no le fallaría, ni a su padre, por lo que cualquier riesgo valdría bien la pena— Está bien, muéstrame el camino ¿Qué es lo que debo hacer?

****

Caminaba sin rumbo específico por ese desierto interminable. Sus pies cruzaban el sendero que los Grandes Espíritus le susurran al oído, así había sido desde aquel día en que se convirtió en Rey de todos ellos. Pero ahora los espíritus callan y dormitan tranquilos.
Han pasado quince años en las que sus instrucciones y enseñanzas fueron muchas, manteniéndolo en el desvelo y en la constante preocupación pero, ahora, es que las voces cesaron, indicando que, después de mucho esfuerzo y dedicación, finalmente todo... todo se encontraba en balance.
Él permanecía sumido en sus pensamientos, buscando si algo estaba escapando de su lista de deberes, pero le complació notar que todo estaba ya colocado en su lugar.
Su cabello largo y castaño golpeteaba con brusquedad su cuerpo por el viento desértico. Sus pies calzados por unas sandalias simples detuvieron su andar tras divisar, como si se tratara de un espejismo entre la arena, la silueta encapuchada de un viejo amigo.
—Lo buscaba, señor—le saludó con una ligera reverencia.
El de cabello largo lo reconoció al instante, sus ojos le permitieron ver por debajo del cuerpo físico y contemplar su auténtica apariencia.
—Ah, vaya, parece que sólo fue ayer la última vez que nos vimos —comentó sonriente, con bastante naturalidad.
—El tiempo es apreciado por los vivos de una manera diferente —se atrevió a responder—. He terminado con el entrenamiento del joven que puso bajo mi tutela, su camino a convertirse en uno de los ochenta y ocho protectores ya ha dado inicio.
—¿De verdad? Me alegra mucho escuchar eso —fue sincero y sonrió del mismo modo—. Ha superado todas mis expectativas... es tan joven —meditó.
—No existe edad para servir a Atena, yo era todavía más joven cuando vestí por primera vez los ropajes sagrados.
—Eres otro de tantos tutores que han venido a mí con tan buenas noticias ¿Qué me puedes decir de él? ¿Qué es lo que brindará a la nueva Orden?
—¿Desea una respuesta sincera?
—Por supuesto —pidió el de cabello largo que, con alzar su brazo, el viento aminoró, deseando poder escuchar más claramente a su amigo.
—... Su destino dual... es mi temor más grande. Nació bajo una de las estrellas del zodiaco gracias a su padre, pero el haber nacido de esa mujer lo condena a tener que responder a otra voluntad...
—Despreocúpate —lo interrumpió el de cabellera larga, tomando una cantimplora que se ataba a su cintura para beber de ella—. Yo y él ya hemos charlado al respecto, y no se muestra interesado en exigir sus derechos sobre el chico. Puedes estar tranquilo. Pero ignorando eso ¿qué más me puedes decir?
—... Es todo lo que cualquier guerrero sagrado debe ser. Joven, es cierto pero todos aprendemos ejerciendo el oficio. Aún con la desventaja de su edad, y el plazo que usted nos trazó, no existía ya nada que pudiera enseñarle, su entrenamiento fue completo.
—Debes sentirte orgulloso ¿Estás satisfecho con la elección, lo consideras un buen sucesor para el puesto que de seguro le será asignado? —preguntó curioso el llamado Yoh Asakura, el Shaman King.
—Sí señor, lo estoy —aseguró—. Sólo desearía que...— guardó silencio al considerarlo inapropiado, decirlo sería admitir que su pupilo era débil e inepto, mas no era el caso, pero... en verdad no deseaba verlo sufrir por los dilemas que situaciones muy complejas pueden conllevar. Acciones que buscan una victoria pueden convertir al santo más leal a la Orden en el traidor más mezquino de la historia.
—Entiendo... —leyó el Rey lo que escondía el alma de ese hombre— Bien ¿Qué es lo que harás ahora? Le hice la misma pregunta a tus compañero y decidieron, como de seguro tú lo harás, poder quedarse un poco más, lo suficiente para comprobar si sus discípulos son dignos o no.
—Si eso es posible, sí, desearía poder verlo con mis propios ojos —pidió volviendo a inclinarse.
—Está bien, puedes hacerlo —rápidamente le concedió su deseo—. Aunque debes recordar algo Santo de Atena —una pausa para beber agua y limpiar sus labios con su antebrazo—. Recuerda cual es tu lugar en el orden de las cosas…
Deneb bajó la cabeza, sumiso a esas palabras— Así será.

****

Sugita se aferró fuertemente a la pared rocosa, cuando uno de sus pies se apoyara en una débil roca saliente que no aguantó su peso.
Miró hacia abajo, siguiendo las rocas y polvo que se desprendieron, temiendo de la oscuridad del abismo de cuyos pies colgaban. Se podía imaginar infinidad de peligros que se escondían en esa negrura, pero decidió volver su atención hacia arriba, retomando el difícil camino.
Era de noche y la luna se convirtió en la única fuente de luz que podía divisar a los alrededores. Desde que tomó esa vereda, las horas las había pasado escalando y saltando entre montañas y pendientes desde que Rock le indicó el camino.
Esta situación le obligaba a recordar algo de su riguroso entrenamiento, sobre todo esas ocasiones en las que su maestro lo sometía a escalar una montaña similar o cascada, con una roca pesada atada a su cintura. Todo (decía él) para asegurarse de una condición física ejemplar. Si lo comparaba con ese entonces, esto era mil veces más fácil.
Y aun ante la aparente soledad, Sugita era precavido. Si el Santuario era la fortaleza que se dice ser, no podía saber en qué parte algún guardia podría estar merodeando, por eso mismo escondía su propia presencia y se limitó a no usar ninguna habilidad especial o algo que dejara fluir su cosmos con libertad.

Llegó hasta una cima plana donde se permitió el descansar y fue ahí donde meditó bien las cosas, implantándose la duda sobre lo que haría si llegara a tener éxito en esto. El Patriarca podría considerarlo una ofensa y expulsarlo, o algo peor... No dejaba de ser algo atrevido y que estuviese fuera de toda ley. Maldijo a su maestro en un arranque, si lo hubiera acompañado tal vez nada de esto estuviera pasando. Se llenó de rabia al pensar que muy posiblemente él sabía que esto sucedería, buscando que debiera enfrentar esta clase de situaciones... El muy canalla, se burlaba de él aún a lo lejos.
Estaba cansado, mas el hambre era la insoportable. Buscó en la valija que ató a su cintura, metiendo la mano hasta lo más recóndito para poder alcanzar la hogaza de pan que con tanto recelo había guardado para la encrucijada por el mar. La ocultó ahí, prometiéndose que no recurriría a ella a menos que su mente se viera invadida por el delirio y las ideas canibalistas hacia su maestro.
El pan estaba duro y desabrido, pero su estomago agradeció hasta la última migaja. Decidió continuar. Pasó la noche en saltos y maniobras suicidas, pero finalmente, cerca del amanecer, logró divisar los primeros pilares blancos a lo lejos. Sintió alivio, pues había comenzado a creer que estuvo avanzando en círculos todo el tiempo.
Se sentía cada vez más cerca, incluso podía sentir las presencias de otros guerreros, algo que extrañamente no pudo percibir hasta ahora.
Se sentó un momento únicamente para recordar el plan que trazó en su mente todo el camino, pero se distrajo al ver sus manos rasposas, rojas y sensibles. Un sonido lo alertó de alguien acechándolo cuando unas rocas cayeron por una pendiente cercana.

Al sentirse descubierto, el acechador olvidó la cautela y saltó con una pierna extendida.
Lenta fue la reacción de Sugita al su vista tener el sol en su contra. El ensombrecido guerrero volvió a tierra tras atinar la patada en el rostro del intruso.
Sugita cayó, descubriendo a su atacante. Se trataba de un recluta sin duda por su pobre atuendo azulado, poseía cabello corto de color rojo sangre.
—No sé cómo osaste decidir irrumpir en este Santuario, pero ninguna intrusión es permitida, mucho menos tolerada —aclaró severamente el muchacho que no abandonó su pose ofensiva.
—Espera, no estoy aquí para pelear ni causar daño —dijo Sugita, irguiéndose, tratando de mostrarse lo más sumiso que le era posible.
—Nadie que irrumpe de esta forma puede ser amigo del Santuario, no finjas y descubre tu verdaderas intenciones —severas eran las palabras del precavido guerrero.
—Estoy aquí para ver al Patriarca. Intenté hacerlo por los métodos apropiados pero fueron demasiado rigurosos —explicó Sugita tranquilamente y con las manos arriba.
—Nadie ve al Patriarca sin su consentimiento —se apresuró a decir el joven, elevando su cosmos. No se fiaba de las apariencias, sobretodo al saber que son pocos los realmente capaces de acercarse al Santuario de esa forma—. Has violado las leyes y por eso debes responder. Sométete y no deberé hacerte ningún daño.
Si hacía eso, de seguro no tendría ni una oportunidad para verle. En casos como esos, no creía que molestaran al Patriarca con tan pequeñas trivialidades, debía actuar rápido si quería seguir conservando el factor sorpresa.
—Lo siento mucho pero, temo que debo rechazar la oferta.
—Entonces no me dejas alternativa —dijo el aprendiz antes de alzar sus brazos, devolviéndolos a sus costados, tomando impulso para lanzar sus dos puños hacia el frente sobre los que actuó su cosmoenergía. Los dos dragones que formaron sus puños volaron hasta Sugita con ferocidad.
El joven de coleta se apartó ágilmente de un salto, refugiándose un nivel más abajo de la montaña.
—Es veloz, pero no lo suficientemente listo —pensó el guerrero del Santuario, en cuya frente se ataba un retazo de tela que aparentaba una clase de tiara.
Extendió su dedo índice hacia el intruso, siendo un fino rayo de luz el que escapara de este. El resplandor trazó un círculo alrededor del forastero, quien descubrió su efecto tardíamente.
El suelo dentro del círculo perfecto estalló repentinamente al no poder contener la fuerza que subió como un imparable geiser. Sugita quedó atrapado en esa columna de energía, rocas y cristales afilados, que elevó por los aires mientras incontables fragmentos de cristal golpeaban y cortaban con profundidad su cuerpo.
Cuando la técnica se apaciguara, el guerrero del Santuario esperó ver caer el cuerpo de su oponente, pero lo único que cayó fueron pedazos de tela de la vestimenta del viajero. Buscó sorprendido hacia arriba, encontrando al de cabello largo en perfecto estado. Los diamantes habían dejado su marca en algunos puntos de su rostro, brazos y ropas, pero nada letal hasta ahora.
—Eso fue peligroso —pensó Sugita con desconfianza.
—Eres bastante escurridizo, pero se acabaron los juegos —advirtió el guerrero, volviendo a prepararse para el ataque de los dragones—. Es la última vez que lo diré, ríndete.
Pero Sugita se alistó para defenderse— Adelante, ataca cuando gustes. Encontré tu punto débil y con eso pienso detenerte— aclaró sonriente.
El joven de cabello rojo se estremeció al escuchar tal afirmación. Su preocupación no sería tal si no estuviera al tanto de sus propias debilidades. Pero el saberla es la razón por la que estaba ahí en el Santuario ¿no es así?... Sin embargo ¿cómo podía un chiquillo como ese asegurar conocer la flaqueza de su técnica tan pronto?
Optó la pose anterior antes de liberar a las bestias de sus puños— ¡Osadas palabras para alguien que está a punto de caer!— los dragones encolerizados buscaron el cuello de Sugita, mas el muchacho se lanzó antes, cuando el brazo izquierdo de su oponente descubriera su pecho por menos de milésimas de segundo; eludiendo a los dragones con una ágil acrobacia, pasando en medio de ellos permitiéndole a su brazo actuar.
El de cabello rojo se encogió ante una fuerte opresión en su hombro cuando el forastero lo sujetara por este, empujándolo al suelo donde lo hizo girar hasta mantenerlo inmóvil por una llave en la que su brazo podría dislocarse con un mínimo esfuerzo.
Con el rostro contra el polvo, los ojos azules del guerrero miraron frustrados al impertinente muchacho que mantenía todo su peso sobre su espalda.
—¡¿Qué pretendes?! ¡¿Qué suplique?! —bramó furioso.
— Sólo quiero que te quedes quieto, lo suficiente para poder encontrar mi camino hacia el Patriarca.
El sometido rió burlonamente— Es una lástima forastero, pero el Gran Patriarca no se encuentra en este momento en el Santuario, es en vano tu intento.
—¡¿Qué?! ¡¿Y hasta ahora se les ocurre decírmelo?! Demonios —se lamentó sobresaltado—. Bueno, no creo que esto pueda complicarse más.
—Je, yo no diría eso si fuera tú —murmuró, conciente de los movimientos que se efectuaban en la cercanía.
Sugita lo tomó como una advertencia, lanzó un vistazo en redondo, encontrando alrededor de diez aprendices del Santuario, pero sin duda, aquella que resaltaba en poder era la mujer enmascarada que los lideraba a todos ellos.
— Parece que es nuestro día de suerte— dijo ella, con su voz afectada por la mascara que portaba— Atrapamos a un lindo espía.
Los nueve guerreros permanecieron en sus puestos, mas estaban listos para actuar a cualquier señal hostil del enemigo o alguna orden de su superior.
Sugita reconocía que el proseguir de esa forma era inútil. Ya bastantes normas había roto como para encima tener que vérsela con diez guerreros más. Comprendió que si todavía existía alguna oportunidad, sería rindiéndose y afrontar las consecuencias.


Aunque no había necesidad alguna, pues el intruso no se resistió al arresto de ninguna forma, un guardia lo sostenía por cada brazo con la rudeza de cualquier carcelero hacia un prisionero rebelde.
Le habían vendado los ojos por precaución, por lo que a ciegas recorrió gran parte del Santuario.
Lo empujaron entonces, logró interponer sus manos para no golpear las escalinatas que palpó antes de que le retiraran la venda, siendo unos pies lo primero que mirase.
—Así que después de todo eres más persistente de lo que creí —esa voz arrogante sería algo difícil de olvidar.
Sugita se encontraba postrado ante el mismo hombre de cabellera azul que le negó el acceso al Santuario. Resultaba bastante humillante volver a encararlo con las rodillas pegadas al suelo.
Estudió discretamente su entorno y a quienes estaban dentro de su rango de visión: dos guardias, la amazona de cabello esmeralda, el guerrero que le descubrió y ese sujeto engreído, todos ellos compartiendo ese espacio al pie de las escaleras que conducían a lugares desconocidos para él.
—¿Lo conoces? —cuestionó la amazona, confundida.
Albert se mantuvo de brazos cruzados, sin dedicarle ni una mirada a la mujer— No es mas que un niño revoltoso que no acepta un ‘no’ por respuesta —musitó con un hilo de desprecio—. Explíquenme exactamente qué es lo que pasó —quiso saber, sin permitirse perder ese duelo de miradas con el prisionero, uno que guardó completo silencio.
—Fue Sieg quien lo interceptó —señaló la amazona, a lo que el joven recluta se dispuso a dar su versión de los hechos.
—Así es señor Albert. Fue cuestión de suerte que me percatara de su intrusión, pero una vez detectado es cuando decidí enfrentarlo para que recibiera el castigo por su desacato. Dijo que el Gran Patriarca es su objetivo, al enterarme de eso me vi obligado a actuar por mi cuenta.
—Y sin embargo te venció —comentó el de cabello azul claro.
Sieg inclinó la cabeza, avergonzado por el reproche. Sugita apretó los labios, esperando que no escapara nada que pudiese arrepentir, pero le causó gracia la forma en la que estaban torciendo sus palabras.
—El entrar al Santuario sin autorización es por si sola una gran ofensa con su gran represalia, sin embargo es todavía peor el agredir a un guerrero de Atena en suelo sagrado —recriminó Albert al detenido.
—Estoy conciente de mis faltas —repuso Sugita, intentando levantarse, pero los guardias lo obligaron a permanecer en su lugar— ...Y por ello pido perdón y aceptaré el castigo justo por ellas —explicó con honestidad—. Pero a cambio necesito esa audiencia de la que le hablé y por la que he llegado hasta aquí.
—Creo que realmente no sabes la delicada situación en la que te encuentras, no estas en posición para negociar nada —añadió Albert con un gesto agresivo. Indicando a los que lo conocen que en cualquier momento podría perder los estribos y no existiría nadie que pudiera detenerlo.
—Albert, basta ya ¿no crees que estas siendo un poco rudo con el chico? —intervino una voz tranquila y relajada.
Más arriba de las escaleras que Albert pisaba, un hombre apareció, descendiendo escalón por escalón con mucha calma. Hasta Sugita se permitió el verlo: alto, piel ligeramente amarillenta, ojos claros, cabello oscuro del que resaltaban algunas extensiones rojizas, sobretodo cuando el sol lo iluminaba con sus rayos. Vestía justamente como Albert, lo que indicaba que también era un guerrero de elite.
—Souva, no te metas —pidió rígido e inmóvil el de cabello azul.
—Lo siento, pero no pude evitar venir a ver. Me enteré del alboroto y decidí pasar a conocer al poderoso invasor del que están hablando los estudiantes ¿y esto es lo que me encuentro? A un niño en vez de un gigante de tres metros, qué gracioso —sonreía placidamente y hasta con amabilidad.
—Estaba por decidir cuál será la mejor penitencia para él. ¿Alguna sugerencia? —le preguntó Albert ignorando sus absurdas bromas.
—¿Penitencia? Por favor Albert, peores cosas se han hecho aquí y el Patriarca los envía a casa a tomar leche —comentó hilarante, logrando que la amazona sonriera debajo de su mascara.
—El gran Patriarca me dejó a cargo —recordó pretencioso—. Yo no soy como él.
—Por Atena que no —susurró Souva tras fingir un malestar en su garganta.
—Estoy cansado de la poca disciplina que el Patriarca emplea para esta clase de sucesos. Creo que hay que mostrar un poco de mano dura de vez en cuando.
—¿Y vas a empezar con el chico? Qué desafortunado —examinó sutilmente al prisionero —. ¿Y qué es lo que exactamente buscaba este muchacho?
Al sentir que habría mas comprensión de parte de ese hombre es que Sugita se atrevió a decir finalmente— ¡El único motivo por el que estoy aquí es para convertirme en un santo, servir a la diosa Atena es mi deseo y sólo ante los ojos del gran Patriarca eso es posible! —los soldados lo sujetaron por los hombros—. ¡He entrenado toda mi vida para el día en que tuviera que venir hasta aquí y demostrarle que estoy capacitado!
Al expresar tal convicción, Sieg sintió hasta deseos de ponerse de su parte. Ya que era capaz de recapacitarlo, Sugita no parecía una mala persona, y al hablar con esa pasión, expresando abiertamente su deseo por servir a la causa de los santos de Atena, le impedía seguir sintiendo recelo o rencor hacia él.
—Es evidente que conoce sobre el cosmos —señaló la amazona quien del mismo modo había estudiado al muchacho —Está activo en él y posee su propio brillo.
—Concuerdo con Shaina, y hasta tú debiste percatarte de lo mismo desde la primera vez —comentó Souva—. Yo digo que le demos la oportunidad, pero... ¿por qué no te quitas las dudas de encima, Albert? Tú sabes... —se tocó la frente con un dedo— Has eso que siempre haces. Descubre si lo que dice este chico es cierto o no, pero no juzgues tan a la ligera, recuerda que al gran Patriarca no le gusta perder a ningún joven con talento— le recordó Souva con un deje de advertencia.
Souva tenía razón, pero sólo en parte. Si Albert desea conservar la apariencia de hombre justo y respetable, debía dejar a un lado su soberbia y buscar la verdad. Bajó hasta donde Sugita, extendiendo una de sus manos hacia él.
Por reflejo es que el muchacho echó la cabeza para atrás cuando quiso tocarle.
—No te muevas, esto no te dolerá —le explicó pasivamente, sin forzar el contacto.
Sugita buscó un consejo silencioso en Souva quien asintió, animándolo a aceptar.
Él ya no se resistió, por lo que Albert fue capaz de poner su mano sobre su cabeza. El responsable ahora por el Santuario cerró los ojos, conectando su mente a la de Sugita.
Los presentes lo vieron cerrar los ojos. Souva y Shainan sabían de la habilidad telepática de Albert. Sólo la gran voluntad sabe cómo reparte esas habilidades especiales a los seres humanos, tal vez él previó que en su vida Albert sería un hombre que se dejaría llevar por su suspicacia cuando en verdad debía ser capaz de ver más allá de ella.

Albert comprobó que la mayor parte de su vida Sugita efectivamente había sido entrenado en las enseñanzas de los santos; la forma en la que controlaba su cosmos, el rostro del maestro que lo adiestró, sorprendiéndose al descubrir el poder que le fue cedido; ilustraciones que había visto en libros antiguos saltaba dentro de esa lluvia de imágenes. Pero había algo más ahí, debajo... muy por debajo de los recuerdos, oculto en el subconsciente, grabado en el alma...

Albert abrió lentamente los ojos, tomándose su tiempo para retirar su mano. Su mirada se acentuó más seria de lo usual, un brillo de desconfianza los iluminaba.
En silencio y sin dirigirse a nadie todavía, Albert comenzó el ascenso por las escalinatas blancas. Souva lo siguió con la mirada, despertando en él una corazonada no muy alentadora.
El de cabello azul subió bastantes escaleras, pero en un último peldaño es que ordenó sin mirar a atrás— Llévenlo a Cabo Sunión.
—¿Qué dices? —exclamó contrariado Souva, golpeado por la misma sorpresa que invadió a Shaina y a Sieg—. ¿Qué acaso te has vuelto loco? —espetó Souva antes de subir para darle alcance y enfrentarle.
—Centuriones, hagan lo que les digo —ignoró toda palabra por completo.
En Sugita se despertó un mal presentimiento al ver la reacción en Souva. Estuvo a punto de resistirse pero la voz de Albert lo tranquilizó. Él no le hablaba con su voz natural, pero de alguna forma estaba transmitiendo sus pensamientos a su mente.
—Si estás dispuesto a convertirte en un santo sin importar el costo, entonces deberás aceptar esta prueba. Te juro, por mi nombre y posición de Santo Dorado de Géminis, que si superas esta afrenta, yo mismo te llevaré hasta el Patriarca y le pediré ante Atena que te acepte como uno de nosotros.
Sugita no se opuso a ser conducido por los centuriones. Sieg intentó frenarlos pero el prisionero le hizo ver que no había necesidad.
—En Cabo Sunión te probarás a ti mismo, es el lugar donde Atena responderá a ti si en verdad te cree digno de pertenecerle.

—Albert ¿qué crees que estas haciendo? —reprochó Souva al meterse en su camino—. Acepto que el Patriarca te haya dejado a cargo en su ausencia, mas creo que estás tomando decisiones equivocadas ¿Qué pasa contigo? —reclamó irritado—. ¿Cabo Sunión? ¿Qué es lo que viste en el chico como para mandarlo a vivir ese infierno?
Albert respondió con su voz carente de remordimiento— No tengo porque darte explicaciones —decidió a pasar de largo, aunque Souva lo sujetó por el brazo, encarándolo
—Me enferma tu maldita forma de ser y si tolero esta ridiculez es sólo porque el Patriarca te cedió algunas libertades y fui testigo, sin embargo, aunque a mi no me tengas que explicar nada, espero que tengas una buena excusa para convencerlo a él de que tu decisión fue sensata.
—Suéltame, que no lo repetiré dos veces —sugirió Albert con severidad—. Para que te quedes tranquilo Souva, puedo decirte que no busco el que muera. El resto será entre al Patriarca y yo ¿quedó claro? —preguntó sin ejercer fuerza en su brazo retenido.
Souva lo soltó de mala gana, maldiciendo algo en su idioma natal.
Albert se detuvo un momento únicamente para agregar— Ah, algo más. Creo que ya viene siendo tiempo en el que dejes tu ridícula manía de andar por ahí oculto tras la apariencia de un muchachito pueblerino alentando a sucios rapaces de violar la ley; si no quieres que estas cosas sigan pasando, claro.
Souva enchuecó la boca con fastidio, su pasatiempo ha sido descubierto. Fue una mala idea el dejarle leer la mente del muchacho, no por esa insignificancia sino por lo lejos que han llegado las consecuencias de todo esto.
—Niño, ¿en que te he metido? —pensó afligido.

FIN DEL CAPITULO 01

Editado por Seph_girl, 15 enero 2010 - 10:51 .

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EL LEGADO DE ATENA - Capítulo 60. "El día más oscuro. Parte VII."


#18 Lady_Death

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Publicado 24 enero 2009 - 21:09

Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmh... interesante.... muy interesante... cuanta curiosidad despierta.... mmmmmmmmmmmmmmmh...... bueh! Vamos a ver como sigue esto.. Mira que hasta ahora yo lo veo bastante bieeen... aunque no soy de tener paciencia...

Me gusta mucho el fic y me gusta que escribas cap largos.. seguí así!!! ^^

Bye!!


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~A mitad del camino de la vida

en una selva oscura me encontraba

porque mi ruta había extraviado.~


#19 Chiriko_Casiopea

Chiriko_Casiopea

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Publicado 11 febrero 2009 - 08:33

Guau intersante... Albert es el caballero de Géminis y Souva?? Vaya esta historia me llama mucho la atención, es interesante y original, ¿Volverás a actualizar pronto??

Besos Dohko.gif
SECTA DE LOS ROSTROS MUERTOS ADORNARÁS NUESTRA PARED...





#20 ...

...

    Visitante

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Signo:
Aries

Publicado 11 febrero 2009 - 22:30

largisima me gusto

CITA(... @ Feb 12 2009, 04:04 AM) <{POST_SNAPBACK}>
largisima me gusto

sobervia idea la tuya




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